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Belleza Inesperada

El documento habla sobre las metas y sueños que persiguen las personas y cómo lidian con la frustración cuando esos sueños se rompen. Relata la historia de Howard, quien perdió a su hija y cayó en una profunda depresión, pero luego encontró la belleza inesperada al darse cuenta de que todavía estaba vivo. Finalmente, concluye que la vida obtiene su significado de las experiencias vividas y que debemos aprender a vivir el momento presente sin aferrarnos al pasado.

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Belleza Inesperada

El documento habla sobre las metas y sueños que persiguen las personas y cómo lidian con la frustración cuando esos sueños se rompen. Relata la historia de Howard, quien perdió a su hija y cayó en una profunda depresión, pero luego encontró la belleza inesperada al darse cuenta de que todavía estaba vivo. Finalmente, concluye que la vida obtiene su significado de las experiencias vividas y que debemos aprender a vivir el momento presente sin aferrarnos al pasado.

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Belleza inesperada, análisis

Sueños, metas, y manejo de la frustración.


Estamos acostumbrados a vivir queriendo más, buscando más, necesitando ser y tener cada vez
más. Desde el momento en el que nacemos estamos destinados a buscar una vida planeada bajo
los estándares de la sociedad, crecemos deseando llegar a ser como aquellos modelos de belleza,
tener lo que aquellos más poderosos tienen, buscando ser suficientes para merecer lo que todos
dicen que debemos obtener; dinero, fama, belleza y admiración…dejando el amor como lo último,
sin darle mucha importancia. Nuestra infancia está llena de frases como: “Esfuérzate en los
estudios para no quedarte sin nada”, “Disfruta mientras puedas, cuando crezcas no tendrás
tiempo para eso”, “Cuida tu apariencia o nadie va a tomarte en serio”; inculcando en nuestras
mentes la importancia de la apariencia y el deseo de complacer a otros, sin importar lo que
tengamos que hacer para llegar a esto.
Cuando llegamos a tener la suficiente madurez, nos damos cuenta de importancia de las tres
abstracciones: Amor, tiempo, y muerte. Más allá de todo nuestro esfuerzo por mantenernos
ignorantes a nuestros propios sentimientos, nos mantenemos anhelando amor, deseando tener
más tiempo, y teniendo un miedo constante a la muerte o, en casos extremos, deseando que
llegue. Entonces es cuando notamos lo doloroso que es vivir una vida planeada por otros que solo
buscan beneficiarse de nuestro propio esfuerzo por obtener algo que nunca llegará y, aún más
importante, que no deberíamos anhelar con tanta fuerza.
Llega el día en el que entendemos el significado de la felicidad y buscamos desesperadamente
llegar a tenerla, ya que esta vez se trata de un deseo propio, algo que verdaderamente queremos
y no una meta impuesta por alguien más. Aquí es cuando llegan los sueños, nuestros verdaderos
deseos, aquello que verdaderamente vale todo nuestro esfuerzo. Soñamos con una familia, con un
hogar, con tener un lugar seguro, incluso con cosas materiales que llegarán a hacernos
genuinamente felices como: el trabajo de nuestros sueños, un boleto para un concierto de nuestra
banda favorita, culminar nuestra carrera soñada y ejercerla como tanto nos hubiera gustado
hacerlo, entre otras cosas que seguramente no teníamos planeado querer cuando éramos
pequeños, al menos no de esa forma.
Todos estos sueños se convierten en metas cuando nos disponemos a hacer algo para llegar a
hacerlos parte de nuestra realidad. Nos esforzamos y luchamos contra los obstáculos que se
interponen en nuestro camino hacia ellos, derramando nuestra sangre, sudor, y lágrimas, si es
necesario, solo para alcanzar ese gran objetivo. Cuando llega el momento de recoger los frutos de
todo esto, podemos ver que cada segundo de espera valió la pena, porque finalmente somos
felices, estamos bien con nuestro entorno y con nosotros mismos, nos sentimos completos y
estamos agradecidos.
Pero, ¿qué pasa cuando todo se viene abajo? Nada nos asegura que esa felicidad durará por
siempre, así que, ¿qué sucede cuando termina y acaba con todas nuestras expectativas y todos
nuestros planes a futuro? A veces perdemos lo que tanto nos costó conseguir, sin importar cuán
injusto sea, a veces simplemente se esfuma ese pequeño paraíso, se rompe la burbuja en la que
tan seguros nos sentíamos. Entonces todo lo demás deja de tener sentido, deja de importar y
regresa el vacío que antes sentimos, esta vez mucho más grande que cuando todo comenzó. Es
aún más doloroso cuando estamos tan lastimados y decepcionados que no tenemos la fuerza ni
las ganas de continuar y retomar nuestra vida; ya no hay sueños, metas, ni un camino al cual
aferrarnos. Nos frustramos tanto que simplemente no podemos ver una vida más allá de eso,
como si hubiéramos muerto justo en el instante en el que perdimos todo.
Es el caso de Howard, el protagonista de esta película. En algún momento tuvo el mundo en sus
manos, veía el amor en los ojos de su pequeña hija y también lo escuchaba en su risa, el tiempo
era solo una variable a su lado y se olvidó por completo del frío que podría llegar con la muerte,
hasta que finalmente llegó y tomó a su hija, arrebatándole todo aquello que daba significado a sus
días. Entonces escribió tres cartas a las tres abstracciones bajo las cuáles basaba su vida.
Comenzó con el tiempo: “Dicen que tú sanas todas las heridas, pero nunca mencionan cómo
destruyes todo lo bueno en el mundo, cómo conviertes la belleza en cenizas. Para mí, tú solo eres
madera petrificada, tejido sin vida que no se descompone; no eres nada.”
Luego siguió con la muerte: “Viajas con mucha antología, causas mucho dolor e inspiras mucho
miedo. Para mí, eres un tigre de papel, solo eres un patético burócrata sin ningún poder, ni
siquiera tienes la autoridad para hacer un simple cambio. La muerte no tiene admiradores.”
Y, finalmente, con el amor: “Adiós.”
Porque su herida no conseguía cerrar, ni aunque hubieran pasado ya dos años, así que se había
rendido por completo. Todo aquello que le quedaba, su trabajo, sus amigos, su vida, no le
importaba si llegaba a perderlos, simplemente habían dejado de importar. No pensaba que sus
amigos causaran una respuesta por parte de las abstracciones, pero cuando ocurrió pudo ver más
allá de su dolor y se encontró con su realidad, entendió que todavía estaba viviendo, a pesar de
que su agonía nunca fuese a desaparecer.
Howard se encontró con la belleza inesperada, aceptó la frustración como una forma más de vivir,
no mala ni buena, aunque fuera injusto, simplemente como una forma más de vivir. Se reencontró
con su esposa y decidió seguir adelante, llevando consigo su gran dolor, pero sin llegar a perderse
a sí mismo de nuevo.
Si nos detenemos a analizarlo por un momento, podemos concluir que la vida obtiene su
significado conforme a nuestras experiencias y las situaciones que atravesamos conforme
transcurre el tiempo, amando, odiando, hasta que finalmente llega la muerte y miramos hacia
atrás, hacia aquellas personas y aquellos momentos que hicieron de nuestra vida lo que fue; un
aprendizaje.
Hay muchas cosas que nos limitan a encontrar nuestro verdadero potencial, especialmente si no
entendemos que nuestra percepción de la realidad y lo que somos en esencia definen todo
nuestro mundo y nuestro propio universo, todo lo que conocemos. Talvez, si solo pudiéramos ver
más allá de cada situación, entenderíamos su significado. Talvez deberíamos aprender a
entendernos a nosotros mismos antes que a cualquier cosa. Talvez, simplemente, deberíamos
aprender cómo vivir correctamente, dándole a cada momento su valor correspondiente y dejando
ir todo aquello que necesitamos soltar, quedándonos con el aprendizaje y el sentimiento que dejó
en nosotros.

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