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Aceptando la Inseguridad y Frustración

La inseguridad es una sensación de peligro o riesgo que surge de nuestras propias interpretaciones y creencias. Todos sentimos inseguridad en algunos aspectos de nuestras vidas y seguridad en otros. La inseguridad está ligada al miedo a lo desconocido y a no poder enfrentar nuevas situaciones. Sin embargo, debemos aprender a vivir con la inseguridad e incertidumbre porque forman parte de la vida.

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Aceptando la Inseguridad y Frustración

La inseguridad es una sensación de peligro o riesgo que surge de nuestras propias interpretaciones y creencias. Todos sentimos inseguridad en algunos aspectos de nuestras vidas y seguridad en otros. La inseguridad está ligada al miedo a lo desconocido y a no poder enfrentar nuevas situaciones. Sin embargo, debemos aprender a vivir con la inseguridad e incertidumbre porque forman parte de la vida.

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SENTIMIENTO DE INSEGURIDAD

Todas las personas alguna vez sienten inseguridad ante la vida. En algunos aspectos solemos ser
seguros pero en otros, inseguros. La inseguridad tiene que ver directamente con el miedo a no
saber afrontar una situación y a las consecuencias negativas de la misma. La seguridad, sin
embargo, es una especie de valentía que nos hace creer en nosotros mismos y en nuestras
capacidades personales.

La persona insegura, no cree en sí misma pero sobre todo, tiene mucha desconfianza ante todo.
Esta desconfianza le hace dudar a la hora de tomar decisiones, relacionarse con nuevas personas,
ante la posibilidad de cambiar de trabajo, de pareja, de casa, etc…

La inseguridad tiene que ver también con no tolerar las situaciones nuevas. Dice el refrán que mas
vale lo malo conocido que lo bueno por conocer y a esta frase, muchas personas se agarran, para
no sentir el miedo, la incertidumbre o la inseguridad que producen las situaciones nuevas de la
vida.
El inseguro, evita todo aquello que sea nuevo, porque al no tener seguridad no da pasos y esto es
una equivocación, porque en la vida, nada se sabe hasta que no se dan los pasos. Sin embargo,
muchas personas prefieren no dar pasos antes que arriesgar.

Garantías de seguridad en la vida, no hay en nada. Nadie te da seguridad de que tu pareja no te


vaya a abandonar, tampoco hay seguridad de que un trabajo vaya a durar toda la vida. No hay
seguridad de los años que vamos a vivir, por lo tanto, el ser humano, vive continuamente en la
incertidumbre “ de no saber qué les va a pasar mañana en su vida “ y se agarra a lo seguro como a
un clavo ardiendo.

Por lo tanto, se confunde inseguridad con incertidumbre. A todos nosotros, nos gustaría saber “
qué nos va a pasar en el futuro “ y eso, nadie lo sabe. Es por eso mismo que LA SEGURIDAD
NUNCA ES SEGURA, PORQUE CUANDO ALGO FALLA, la persona se puede derrumbar. No te
esperas que tu pareja te sea infiel y se va con otra persona, no te esperas problemas en el trabajo
y los tienes, no te esperas que los familiares se mueran y se mueren… etc.

Debemos aprender a vivir con la inseguridad y la incertidumbre porque forman parte de nuestras
vidas y lo único seguro en la vida es que todos nos vamos a morir. Por lo tanto, si de vivir se trata,
mejor apostar por la vida y aprovechar y buscar las oportunidades y las cosas buenas que la
misma tiene.

La inseguridad es una sensación de peligro, es una situación cualquiera que nos hace pensar que
estamos en riesgo de ser heridos, y podemos sentir que vamos a ser heridos en muchas
circunstancias.

Para cualquier ejemplo, la inseguridad va unida a la interpretación que hacemos del resultado, el
cual en realidad no deja de ser una hipótesis. La sensación de peligro es siempre para algo que
aún no ha sucedido, por tanto, es nuestra manera de pensar la única responsable de la sensación
de inseguridad que sentimos.

Por ser la inseguridad una sensación dependiente de la manera de pensar, conforme consigamos
apreciar lo que está por ocurrir de distinta manera, esta sensación se modifica. Cabe señalar que la
manera de pensar es complicada de corregir pues el pensamiento no es solamente imaginación, se
compone también de la memoria que acumulamos de sucesos ya pasados y de creencias
profundamente arraigadas consecuencia de la educación recibida por los padres y la sociedad.

Así pues, pensar que podemos ser heridos es sentirse inseguro. Y ciertamente tiene lógica sentirse
así si cruzamos la calle con el semáforo en rojo por ejemplo, pero ya no es tan lógico cuando
sentirse herido deriva de un juicio completamente subjetivo que hacemos sobre nosotros mismos.
Este juicio dependiente de la manera de pensar, auspiciado por las siempre odiosas
comparaciones con los demás, lejos de reportarnos más paz y seguridad se convierte en una
angustiosa manera de vivir.

La inseguridad se disuelve aceptándonos a nosotros mismos como seamos, lo cual significa


amarnos como somos. Cualquier diferencia con los demás significa tan solo que no somos iguales,
no por ello que seamos mejores o peores, entender esto ayuda a quererse más a uno mismo, a
subir la autoestima y a reducir la inseguridad.

En último término, solamente se puede superar la inseguridad al adquirir conciencia de que cada
persona es distinta y cada uno tiene sus propias limitaciones. Los juicios de valor y presiones a los
demás y a nosotros mismos generará inseguridad y aceptar las cosas como son hará que se
desvanezca.

FRUSTRACION

El ser humano es un ser de deseos, que busca cambiar, ascender y mejorarse a sí mismo y a su
entorno. Aunque desea tener estabilidad, vive un permanente contrasentido pues en su interior se
enfrenta al deseo de permanecer estable y en equilibrio, y por otro lado, posee dos impulsores
poderosos, que son la ambición y la curiosidad.

Así como tenemos deseos, detrás de cada deseo hay un temor y al lado de cada posibilidad de
logro existe también la posibilidad de un fracaso. Y es justamente, esa situación de dificultad o
impedimento de éxito, la que genera en nosotros, como tendencia, un estado que denominamos
frustración. Así, la frustración es, conceptualmente, el estado interior experimentado por la persona
que viendo limitado su accionar o impedido su logro, se resiste a aceptarlo y sufre.

En esta definición se destacan tres aspectos:

1- Un deseo o meta que se pretende alcanzar.


2- Un impedimento de la acción o una imposibilidad temporal de logro.
3- Una evaluación mental culposa o acusatoria.

A veces la frustración aparece cuando no logramos lo que deseamos, como salir reprobados en un
examen; o cuando podemos lograr varias metas pero la circunstancia demanda renunciar a una o
varias de ellas, como cuando es posible tener dos parejas pero la ética personal o la moral social
imponen una decisión excluyente; también cuando la evaluación de los riesgos nos sugiere
posponer la acción, como cuando deseamos decir una verdad al jefe, pero el riesgo de perder el
trabajo imponen moderación y prudencia. Asimismo, cuando ganamos una cosa y perdemos otra,
al mismo tiempo, como cuando un divorcio resuelve un conflicto y nos alivia, pero nos enfrenta a la
soledad y a un recomenzar.

La frustración puede generar  en nosotros diversos estados:

- Parálisis
- Tristeza
-  Rabia

Son las interpretaciones y no los eventos los que nos afectan y perturban, por ende, está en
nuestras manos evitar o superar la frustración.
No todos valoran ciertos resultados de la misma manera. Lo que puede derrumbar a unos, puede
no molestar a otros. Esa capacidad de resistencia a eventos de apariencia adversa se llama
Resiliencia, y en cada persona, los niveles de resiliencia son variables, pues como dice el slogan de
una marca de refrescos: “la vida es como te la tomas”.

Entonces que es lo que nos frustra?

Tendemos a ver como frustrantes, los eventos que afectan nuestros objetivos, si se nos lesiona de
manera personal o si nuestra autoestima se ve malograda o golpeados nuestros valores. También,
si nos sentimos responsables o culpables de los resultados negativos y el creer que si carecemos de
poder para modificar los eventos, nos lleve a pronosticar un futuro negativo.

En ocasiones los factores bloqueadores vienen de afuera y o no tenemos responsabilidad directa o


no la percibimos. La visión de que se trata de un karma mortifica a algunas y resigna a otros. De
nuevo, resulta claro que todo es cuestión de lente, de ángulo, de visión. Tengo una amiga, que de
visita por la India, fue vapuleada por un elefante. Su explicación al evento, fue que Dios la estaba
limpiando de sus karmas y con la dislocación de su hombro ya había pagado sus deudas. Además
del miedo momentáneo, me contó que no hubo lágrimas, ni lamentos, pues fue “un favor que le
hicieron”.

¿Qué hacer para prevenir o superar la frustración?

1-       Obtenga mayor información antes de tomar decisiones o actuar en algo importante que
pueda tener consecuencias de peso.
2-       Tenga un plan B por si acaso su deseo no se cumple como lo esperaba.
3-       Desarrolle una visión sistémica, y no analice las situaciones de manera simple o lineal.
Esfuércese por ver todos los elementos implicados.
4-       Reduzca sus expectativas acerca de la actuación de otros, incluyendo pareja, amigos o
parientes. Si espera menos sufrirá menos.
5-       Acostúmbrese a aceptar resultados adversos, pues muchas veces lo que sucede termina
siendo mejor que lo que deseábamos que sucediera.
6-       Detecte posible patrones autosaboteadores en su comportamiento y deshágase de ellos
desplegando conductas nuevas y más sensatas y adecuadas.
7-       Póngase objetivos realistas, y se evitará desengaños.
8-      Realice planes de acción. No actúe de manera impulsiva n por consejos de otros que
desconocen sus necesidades y potencialidades verdaderas.
9-       Dispóngase a aprender de sus errores, con la humildad que pueda.
10-   Tenga intereses variados. No se quede encerrado en “una sola calle”.
11-   Recuerde que toda valoración es relativa. Usted da el significado.
12-   Recuerde que todo es impermanente y transitorio. Un poco de desapego no le hará mal.

No pretendo con estas sugerencias, cambiar su manera de vivir, sino abrir un espacio para nuevas
formas de andar la senda. Sé bien que en un mundo como el nuestro, abarrotado de publicidad,
competitividad y valores consumistas, es casi imposible renunciar al deseo. Aunque creo que así
como un beisbolista acepta como parte del juego la posibilidad de cometer un error o perder un
juego, puede usted reducir o superar la sobre exigencia, el perfeccionismo o la necesidad de
aparentar o de complacer a la sociedad y acostumbrarse gradualmente a tomar por normal el error
y el fracaso eventual, y codificarlos  como vivencias de valor, como parte de un valioso
entrenamiento y no como una desgracia sin solución

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