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Tesis AMF

Este documento presenta la tesis doctoral de José Alberto Miranda Filloy sobre los efectos del tratamiento con el fármaco anti-TNFα infliximab sobre la resistencia a la insulina, las adipocinas y la angiopoyetina-2 en pacientes con espondilitis anquilosante no diabéticos. La tesis fue dirigida por el Dr. Miguel Ángel González-Gay y el Prof. Dr. Francisco Javier Llorca Díaz de la Universidad de Cantabria.

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Tesis AMF

Este documento presenta la tesis doctoral de José Alberto Miranda Filloy sobre los efectos del tratamiento con el fármaco anti-TNFα infliximab sobre la resistencia a la insulina, las adipocinas y la angiopoyetina-2 en pacientes con espondilitis anquilosante no diabéticos. La tesis fue dirigida por el Dr. Miguel Ángel González-Gay y el Prof. Dr. Francisco Javier Llorca Díaz de la Universidad de Cantabria.

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TESIS DOCTORAL

EFECTOS DEL TRATAMIENTO CON ANTI-TNF-α, INFLIXIMAB,


SOBRE LA RESISTENCIA INSULÍNICA, ADIPOCINAS (VISFATINA,
LEPTINA, ADIPONECTINA, RESISTINA Y APELINA) Y
ANGIOPOYETINA-2 EN PACIENTES CON ESPONDILITIS
ANQUILOSANTE

Autor:

José Alberto Miranda Filloy

Directores:

Dr. Miguel Ángel González-Gay Mantecón


Jefe de Sección de Reumatología
Hospital Universitario Marqués de Valdecilla

Prof. Dr. Francisco Javier Llorca Díaz


Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública
Universidad de Cantabria

Departamento de Ciencias Médicas y Quirúrgicas. Facultad de Medicina.


UNIVERSIDAD DE CANTABRIA
Año 2013
El Dr. Miguel Ángel Gónzalez-Gay Mantecón, Jefe de Sección del Servicio de Reumatología
del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y miembro del Instituto de Formación e
Investigación Marqués de Valdecilla (IFIMAV)

El Prof. Dr. Javier Llorca Díaz, Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la
Universidad de Cantabria

CERTIFICAN:

Que el trabajo titulado “Efectos del tratamiento con anti-TNF-α, infliximab, sobre la
resistencia insulínica, adipocinas (visfatina, leptina, adiponectina, resistina y
apelina) y angiopoyetina-2 en pacientes con espondilitis anquilosante”, ha sido
realizado bajo su dirección por José Alberto Miranda Filloy, Licenciado en Medicina y
Cirugía por la Universidad de Santiago de Compostela, para optar al GRADO DE
DOCTOR por la Universidad de Cantabria.

Santander, 23 de Septiembre de 2013

Miguel Ángel González-Gay Mantecón Francisco Javier Llorca Díaz

III
IV
AGRADECIMIENTOS

V
VI
Agradecimientos

Científicamente…

A mi amigo, compañero y maestro Miguel Ángel Gónzalez-Gay Mantecón.

Al profesor Llorca.

Al resto de autores de los artículos.

A la enfermera Susana Escandón, y al personal de laboratorio.

Personalmente…

A Bea, por su inmenso amor.

A mi familia, por todo lo que ha hecho para que llegase hasta aquí.

En memoria de mi abuela, Rosario.

Muchas gracias a todos.

VII
VIII
Este proyecto de investigación ha sido financiado con la ayuda de dos

becas del Fondo de Investigaciones Sanitarias: PI06-0024 y PI09/00748.

También con la ayuda del Programa RETICS, RD08/0075 (RIER), del

Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).

IX
X
ÍNDICE

XI
XII
ÍNDICE

Abreviaturas 3

1. - Resumen 9

2 . - Introducción 14

2 . 1 . - Espondilitis anquilosante 14

2.1. a.- Concepto 14

2.1. b.- Epidemiología 14

2.1. c.- Características clínicas 15

2.1. d.- Patogénesis 17

2.1. e.- Genética 19

2.1. .- Diagnóstico 21

2.1. f. 1 – Criterios clasificatorios 21

2.1. f. 2 – Pruebas de laboratorio 23

2.1. f. 3 – Pruebas de imagen 23

2.1. g.- Medición de la actividad de la enfermedad 25

2.1. h.- Tratamiento 26

2 . 2 . - Riesgo cardiovascular en la espondilitis anquilosante 30

2.2. a.- Introducción 30

2.2. b.- Mortalidad 31

2.2. c.- Morbilidad 32

2.2. d.- Factores de riesgo clásicos 33

2.2. e.- Inflamación como factor de riesgo cardiovascular 37

2.2. f.- Resistencia insulínica y riesgo cardiovascular 38

2.2. g.- Síndrome metabólico 39

2 . 3 . - Adipocinas y aterosclerosis 40

2.3. a.- Leptina 41

XIII
2.3. b.- Visfatina 43

2.3. c.- Adiponectina 44

2.3. d.- Resistina 46

2.3. e.- Apelina 49

2 . 4 . - Inflamación y angiogenesis: las angiopoyetinas 50

2 . 5 . - Efectos del tratamiento antireumático sobre el riesgo cardio-

vascular asociado a la espondilitis anquilosante 53

3.- Justificación y objetivos 58

4.- Material y métodos 65

5.- Artículos publicados 72

5.1.- Miranda-Filloy JA, Llorca J, Carnero-López B, González-Juanatey C, Blanco R,

González-Gay MA. TNF-alpha antagonist therapy improves insulin sensitivity in non-diabetic

ankylosing spondylitis [Link] Exp Rheumatol. 2012 Nov-Dec; 30(6): 850-5.

5.2.- Miranda-Filloy JA, López-Mejias R, Genre F, Carnero-López B, Ochoa R, Diaz de

Terán T, González-Juanatey C, Blanco R, Llorca J, González-Gay MA. Leptin and visfatin

serum levels in non-diabetic ankylosing spondylitis patients undergoing TNF- α antagonist

therapy. Clin Exp Rheumatol. 2013 Jul-Aug; 31(4):538-45.

5.3.- Miranda-Filloy JA, López-Mejias R, Genre F, Carnero-López B, Ochoa R, Diaz de

Terán T, González-Juanatey C, Blanco R, Llorca J, González-Gay MA. Adiponectin and resistin

serum levels in non-diabetic ankylosing spondylitis patients undergoing TNF-α antagonist

therapy. Clin Exp 2013 May-Jun; 31(3):365-71.

5.4.- Genre F, Miranda-Filloy JA, López-Mejias R, Carnero-López B, Ochoa R, Rueda

J, González- Juanatey C, Blanco R, Llorca J, González-Gay MA. Apelin serum levels in non-

diabetic ankylosing spondylitis patients undergoing TNF-α antagonist therapy. Clin Exp

Rheumatol. 2013 Jul-Aug; 31(4):532-7.

5.5.- Genre F, Miranda-Filloy JA, López-Mejias R, Carnero-López B, Ochoa R, Rueda J,

González-Juanatey C, Blanco R, Llorca J, González-Gay MA. Antitumour necrosis factor-

XIV
α therapy modulates angiopoietin-2 serum levels in non-diabetic ankylosing spondylitis

patients. Ann Rheum Dis. 2013 Jul; 72(7):1265-7.

6.- Resultados 106

6.1.- Tratamiento con anti-TNF-α y sensibilidad insulínica 106

6.2.- Tratamiento con anti-TNF-α y niveles de leptina y visfatina 109

6.3.- Tratamiento con anti-TNF-α y niveles de adiponectina y resistina 113

6.4.- Tratamiento con anti-TNF-α y niveles de apelina 116

6.5.- Tratamiento con anti-TNF-α y niveles de angiopoyetina-2 119

7.- Discusión 124

7.1.- Tratamiento con anti-TNF-α y sensibilidad insulínica 124

7.2.- Tratamiento con anti-TNF-α y niveles de leptina y visfatina 127

7.3.- Tratamiento con anti-TNF-α y niveles de adiponectina y resistina 132

7.4.- Tratamiento con anti-TNF-α y niveles de apelina 138

7.5.- Tratamiento con anti-TNF-α y niveles de angiopoyetina-2 141

7.6.- Perspectivas de futuro 142

8.- Conclusiones 146

9.- Bibliografía 150

XV
1
ABREVIATURAS

2
3
ABREVIATURAS

AINES: antiinflamatorios no esteroideos

Ang: angiopoyetina

Ang-1: angiopoyetina-1

Ang-2: angiopoyetina-2

ADMA: dimetilarginina asimétrica

ADSF: ADypocite-Secreted Factor

AR: artritis reumatoide

ASDAS: Ankylosing Spondylitis Disease Activity Score

ASAS: Assessment in Ankylosing Spondilitis Working

BASDAI: Bath Ankylosing Spondylitis Disease Activity Index

COX: ciclooxigenasa

CV: cardiovascular

DM: diabetes mellitus

DMARDs: Disease-Modifying Anti-Rheumatic DrugS

EA: espondilitis anquilosante

EII: enfermedad inflamatoria intestinal

EIMc: espesor íntima-media carotídea

ELISA: Enzyme-Linked ImmunoSorbent Assay

4
EULAR: European League Against Rheumatism

FIZZ3: Found in Inflammatory Zone 3

HDL: High Density Lipoproteins

HDL-colesterol: colesterol unido a lipoproteínas de alta densidad

HEID: Hiperostosis esquelética idiopática difusa.

HLA: Human Leukocyte Antigen

HOMA: Homeostasis Model Assessment

HTA: hipertensión arterial

ICAM-1: molécula de adhesión intercelular 1

IMC: índice de masa corporal

IL-1: interleucina 1

IL-6: interleucina 6

IL-8: interleucina 8

IL-17: interleucina 17

LDL: Low Density Lipoproteins

LDL-colesterol: colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad

NF- κβ: factor nuclear potenciador de las cadenas ligeras κ de las células β activadas

MMP-2: metaloproteinasa de matriz 2

MMP-9: metaloproteinasa de matriz 9

5
NAMPT: Nicotinamide phosphoribosyltransferase

PBEF: Pre-B cell colony-Enhancing Factor

PCR: proteína C reactiva

QUICKI: Quantitative Insulin Sensitivity Check Index

RI: resistencia insulínica

RLM: Resistin-Like Molecules

RM: resonancia magnética

sIL-6R: receptor soluble de la interleucina 6

SM: síndrome metabólico

STIR: short time inversion recovery

TEMs: Tumor Endothelial Markers

TNF: Tumour Necrosis Factor

VCAM-1: Vascular Cellular Adhesion Protein 1

VSG: velocidad de sedimentación globular

6
7
RESUMEN

8
9
1.- RESUMEN

La Espondilitis Anquilosante (EA) es una enfermedad inflamatoria crónica que

afecta fundamentalmente a las articulaciones de la columna vertebral en forma de

sacroileítis. Los pacientes con EA tienen mayor riesgo cardiovascular que los

individuos sanos porque presentan una aterogénesis acelerada y resistencia a la insulina,

lo que favorece a su vez la disfunción del endotelio.

El tratamiento con fármacos anti-TNF-α mejora la función endotelial de los

pacientes con EA. En el presente trabajo llevado a cabo en pacientes no diabéticos con EA

y tratados con el anti-TNF-α infliximab, se ha visto que la infusión de éste produce una

rápida mejora de sensibilidad a la insulina.

Se ha descrito que la inflamación sistémica aumenta las concentraciones séricas

de adipocinas tales como la leptina, la visfatina, la resistina o la apelina, y disminuye las

de otras, como la adiponectina, con un efecto desfavorable en el metabolismo y el riesgo

cardiovascular. Los pacientes no diabéticos con EA tratados con infliximab en nuestro

estudio, no mostraron correlación entre los niveles de actividad de su enfermedad o

la inflamación sistémica y los niveles séricos de leptina, visfatina, adiponectina, apelina

y resistina; por el contrario, las concentraciones de visfatina se correlacionaron con la

resistencia insulínica y las de adiponectina con la sensibilidad insulínica. Este hallazgo

plantea la posibilidad de que bajas concentraciones de adiponectina circulante puedan

estar involucradas en la patogénesis de la enfermedad cardiovascular (CV) en la EA. Por

el contrario, las concentraciones séricas de apelina no se modificaron tras la infusión de

infliximab.

La angiopoyetina-2 (Ang-2) es un marcador de activación endotelial que participa

en la angiogenesis haciendo que el endotelio responda a citoquinas inflamatorias.

Describimos por primera vez que el bloqueo de TNF-α disminuye las concentraciones

séricas de Ang-2, si bien son necesarios estudios confirmatorios.


10
11
INTRODUCCIÓN

12
13
2.- INTRODUCCIÓN

2.1.- ESPONDILITIS ANQUILOSANTE

2.1. a - Concepto

Las espondiloartropatías son un grupo de enfermedades inflamatorias crónicas que

cursan con dolor lumbar inflamatorio, oligoartritis periférica asimétrica (predominantemente

de miembros inferiores), entesitis y afectación de algunos órganos extraesqueléticos

específicos, como son los ojos (uveítis anterior), la piel y mucosas (psoriasis) o el intestino

(enfermedad inflamatoria intestinal).

Se diferencian 5 subgrupos clínicos: espondilitis anquilosante, artritis

psoriásica, artritis reactiva, espondiloartritis asociada a enfermedad inflamatoria intestinal

(EII) y espondiloartritis indiferenciada. La EA es la más frecuente y por ello se utiliza

como prototipo en el estudio de las espondiloartropatías. El nexo genético común de todas

ellas es la presencia del antígeno humano de histocompatibilidad (HLA) B27, aunque no

todos los pacientes lo presentan, y existen posiblemente otros factores implicados, que

aún no se conocen por completo.

2.1. b – Epidemiologia

La incidencia de la EA es de 0,5-14 nuevos casos/100.000 habitantes/año

según las series consultadas (1). La selección de la población, las pruebas de cribado

utilizadas para su despistaje, el empleo de unos u otros criterios diagnósticos, la prevalencia

del HLA B27 y la distribución de subtipos de éste según la etnia estudiada justifica estas

diferencias.

La prevalencia de la enfermedad está entre el 0,1-1,4% en Europa, ascendiendo al

14
1-2% si se considera el conjunto de las espondiloartropatías, siendo una cifra entonces

similar a la prevalencia de la artritis reumatoide (AR), que es la enfermedad reumática

inflamatoria más frecuente a nivel mundial (2).

La EA es más frecuente en varones, con un ratio 2:1 (3); alrededor del 80% de los

pacientes debutan antes de los 30 años y menos de un 5% lo hacen después de los 45 años,

situándose entorno a los 30 años la mediana de edad al diagnóstico. La edad temprana al

comienzo de los síntomas se asocia con un peor pronóstico funcional a largo plazo (4).

La existencia de limitación funcional y un tiempo de evolución de la enfermedad superior

a 20 años es más frecuente en aquellos pacientes con trabajos físicos, fumadores y con

comorbilidades significativas, que en aquellos que presentan antecedentes familiares de

espondilitis y un nivel educacional alto (5).

Existe una estrecha correlación entre la prevalencia del HLA B27 y la de la EA.

Dicho antígeno es más prevalente en los países del Norte, entre los esquimales, y en los

indios Haida (6).

2.1. c- Caracteristicas clínicas

La principal y más frecuente característica clínica de todas las espondiloartropatías

es el dolor lumbar inflamatorio causado por la sacroileítis, seguido de las artritis periféricas,

la entesitis y la uveítis anterior (7, 8). La afectación de otros órganos, como el corazón, es

rara. La valvulopatía aórtica y los trastornos de conducción son complicaciones

infrecuentes y exclusivas de la EA (9). Las EA juveniles pueden tener síntomas diferentes

de las de los adultos, como la presencia de inflamación severa en el tarso.

Característicamente la EA produce rigidez de la columna y pérdida de movilidad

de la misma, que se justifican por la inflamación y/o el daño estructural (10). Los cambios

15
estructurales son principalmente debidos a la proliferación ósea, más que a la destrucción.

Los sindesmofitos y la anquilosis son los signos más frecuentes de esta enfermedad y son

visibles en las radiografías simples, entre meses y años después del inicio de la misma. La

osteoporosis y el riesgo incrementado de fracturas (11), así como la hipercifosis, son

rasgos mayoritariamente presentes en varones, cuya enfermedad es más agresiva (12) y

presenta más cambios estructurales (4) que la de las mujeres.

La artritis periférica es habitualmente mono u oligoarticular y más frecuente,

pero no exclusiva de los miembros inferiores. La cadera y los hombros están dañados en el

20% de los pacientes constituyendo un signo de mal pronóstico, aunque no hay consenso en

la definición de enfermedad severa (13).

La entesitis clásica se presenta en el tendón de Aquiles o en la fascia plantar; en

otras localizaciones, como la espalda, se diagnostica cada vez con más frecuencia.

La inflamación ocular en las espondiloartropatías es exclusivamente uveal excepto

en la artritis reactiva, que puede cursar con conjuntivitis. La uveítis es unilateral con más

frecuencia, si bien puede variar de ojo en los sucesivos brotes de la enfermedad (8).

No existen estudios adecuados que valoren el pronóstico de la EA. Hay dos

estudios retrospectivos (14, 15) que sugieren que en los diez primeros años de evolución de

la enfermedad es cuando ocurre la progresión radiológica más importante. Otro estudio

(16) ha demostrado que el daño estructural al diagnóstico es el mejor factor predictivo

del daño futuro. Amor et al. propusieron unos factores pronósticos para el grupo de las

espondiloartritis que incluyen la afectación de cadera y el inicio precoz de la enfermedad,

que ya han sido validados (17).

16
2.1. d- Patogénesis

La etiología de las espondiloartropatías es desconocida. Fisiopatogénicamente se

produce formación de hueso nuevo e inflamación, especialmente en la columna vertebral.

Aunque la inflamación se piensa que desencadena la formación de hueso, no existe una

estrecha relación descrita hasta la fecha entre inflamación y proliferación ósea.

Existe una fuerte carga genética en las espondiloartropatías, especialmente en la

EA. Aproximadamente la tercera parte de este efecto es explicado por el HLA B27; la parte

restante, indefinida en gran medida, se encuentra asociada con otros genes que no forman

parte del complejo mayor de histocompatibilidad (18). El 90-95% de los pacientes con

espondilitis anquilosante son HLA B27 positivo. El riesgo de desarrollar la enfermedad

en un individuo sano HLA B27 positivo es de aproximadamente un 5%. Asimismo, es

sustancialmente mayor en los individuos sanos familiares de pacientes HLA B27 positivo

si bien, la mayor parte de sujetos HLA B27 positivo nunca desarrollarán la enfermedad (19).

La posible interacción entre bacterias y el HLA B27 tiene un papel crucial en

modelos de experimentación acerca de la patogénesis de la enfermedad. El hecho de que la

artritis reactiva se desarrolle tras infecciones genitourinarias por Chlamydia trachomatis sp

o tras enteritis por bacterias Gram negativas, tales como Shigella, Salmonella, Yersinia y

Campylobacter sp (20), supone un argumento de peso para apoyar la hipótesis de que

estas infecciones actúan como desencadenante o “gatillo”, aunque su papel en la patogenia

de otras espondiloartropatías es mínimo.

En base a la presencia de antígenos microbianos en la sinovial de pacientes con

artritis reactiva (21) se ha sugerido que la persistencia de estos pudiese ser esencial para la

cronificación de la inflamación articular. Aproximadamente entre el 10-20% de los

pacientes con HLA B27 positivo y artritis reactiva desarrollan un cuadro clínico de EA
17
después de 10-20 años (22).

Otro dato que apoya el papel de las bacterias en la patogenia de las espondiloartritis

es la relación entre la enfermedad de Crohn, el HLA B27 positivo y la EA: el 54% de

los pacientes con HLA B27 positivo y enfermedad de Crohn desarrollarán EA,

pero solamente del 2-6% de los pacientes con HLA B27 negativo y enfermedad de Crohn,

la padecerán (23). Aproximadamente el 50% de los pacientes EA sin enfermedad de

Crohn conocida tendrán en la mucosa de su intestino lesiones crónicas, micro o

macroscópicas, que se asemejan a las descritas en la enfermedad de Crohn (24).

Algunas estructuras cartilaginosas, como el colágeno tipo II y los proteoglicanos,

han sido estudiadas como dianas de la respuesta autoinmune en la espondilitis (25, 26).

Aunque la artritis inducida por colágeno tipo II en modelos animales se asemeja a la AR,

los animales inmunizados con proteoglicanos muestran las características típicas de la EA

(27).

En pacientes con esta enfermedad, las células mononucleares invaden las

estructuras cartilaginosas de las articulaciones sacroilíacas y los discos intervertebrales,

provocando destrucción y anquilosis (28). La respuesta de las células T a los agrecanos no

ha sido vista solo en las espondiloartropatías sino también en otras patologías articulares

(29). Estudios de las articulaciones interapofisarias de pacientes sometidos a cirugía de la

espalda a consecuencia de hipercifosis severa demuestran la persistencia de inflamación

incluso en enfermedades de muy larga evolución (30).

Tanto la inmunidad innata como la respuesta inmune adquirida podrían jugar un

papel en las espondiloartritis. El haberse encontrado que el factor de necrosis tumoral alfa

está sobreexpresado en las articulaciones sacroilíacas, supone una importante justificación

racional para el uso de terapia con inhibidores del TNF-α (27).

18
En el tratamiento de los pacientes con EA se utilizan frecuentemente

antiinflamatorios no esteroideos (AINES), incluyendo a los inhibidores selectivos de la

ciclooxigenasa (COX-2). La COX-2 es una enzima inducible que convierte el ácido

araquidónico en prostaglandina E2, un modulador del metabolismo óseo (31). La inhibición

de la progresión radiográfica por la toma continuada de AINES (32) podría ser explicada

por la inhibición de las prostaglandinas que producen estos fármacos; sin embargo, estos

hallazgos necesitan ser confirmados.

Varios estudios in vitro y trabajos con animales demuestran un empeoramiento de

la cicatrización ósea en presencia de AINES. Las prostaglandinas participan activamente

en la respuesta inflamatoria, incrementando la actividad osteoclástica y la subsiguiente

resorción ósea, y aumentando la actividad osteoblástica y la formación de nuevo hueso. A

través de la inhibición de la COX y como consecuencia de las prostaglandinas, los AINES

podrían inhibir la formación de hueso nuevo (33).

2.1. e- Genética

Aunque el HLA B27 por sí mismo es el gen que predispone a la EA, existe una

clara evidencia de la asociación de otros genes con la susceptibilidad a la misma.

Estudios en gemelos (18) sugieren que la contribución del HLA B27 es de un

20-30% del riesgo genético total y que todo el complejo mayor de histocompatibilidad

contribuye aproximadamente entre un 40-50%. La tasa de concordancia es de un 63% para

los gemelos monocigotos HLA B27 positivos y de un 23% para los heterocigotos.

Los individuos HLA B27 positivos con un familiar en primer grado que tenga

EA tienen entre 6-16 veces más riesgo de tener la enfermedad que los individuos HLA B27

positivos sin antecedentes familiares (18).

Todas estas evidencias sugieren que otros factores de riesgo familiares no

19
relacionados con el HLA B27 tienen una fuerte influencia en el riesgo de desarrollar la

enfermedad.

Otros genes HLA, tales como el HLA B60 y HLA DR1, se han relacionado con la

EA pero su importancia es mucho menor. El gen del TNF-α podría estar implicado, pero el

papel de sus polimorfismos no parece fundamental (34).

Los estudios del ligamiento del genoma completo han sugerido que pudiera haber

otros marcadores de riesgo genéticos distribuídos por diversos cromosomas, pero ninguno

es concluyente (35). No se ha encontrado relación con el cromosoma X (36), como pudiera

pensarse por las diferencias entre sexos en la prevalencia de la enfermedad. Hay

evidencia de la presencia de susceptibilidad en el locus para la EA del cromosoma 9q 31-

34, que no guarda relación con el complejo mayor de histocompatibilidad.

La presencia de uveítis anterior en los pacientes con EA se ha relacionado con una

región de genes localizados en el cromosoma 9 (37).

El cluster de genes relacionados con la interleucina 1 (IL-1), localizado en el

cromosoma 2, se ha relacionado con la espondilitis (38) pero qué genes exactamente, no

está todavía aclarado.

La mayoría de los estudios de espondilitis anquilosante se basan en la

susceptibilidad genética a padecer la enfermedad, pero los estudios realizados acerca de la

severidad de la misma, ponen también de manifiesto un fuerte papel de la genética, más que

un efecto ambiental (39).

20
2.1. f - Diagnóstico

2.1. f. 1 - Criterios clasificatorios

Como ocurre en muchas otras enfermedades cuya etilogía no está bien

definida, el diagnóstico de EA se basa en una combinación de características clínicas y

hallazgos radiológicos y analíticos. No existen unos criterios diagnósticos establecidos de

EA.

Se dispone de unos criterios de clasificación utilizados para establecer categorías

de pacientes en los estudios de investigación, aunque en la práctica clínica habitual se

utilizan tanto como criterios clasificatorios como diagnósticos. Los más ampliamente

utilizados son los criterios de Nueva York modificados (40), que datan de 1984, y son

los que se han empleado en este trabajo. Se considera probado el diagnóstico si el

paciente cumple un criterio de los radiológicos y cualquiera de los clínicos; se resumen

en la Tabla 1.

CRITERIOS CLINICOS

Lumbalgia ≥ 3 meses de duración que mejora con ejercicio y no alivia con reposo

Limitación de movilidad de la columna lumbar en los planos sagital y frontal

Disminución de la expansión torácica comparada con el valor normal (edad y sexo)

CRITERIOS RADIOLÓGICOS

Sacroileítis bilateral de grado 2 a 4

Sacroileítis unilateral de grado 3 a 4

Tabla 1. Criterios diagnósticos modificados de Nueva York (1984) de EA.

Son utilizados en la enfermedad establecida y dependen excesivamente de la

presencia de sacroileítis radiológica, por lo que su aplicabilidad disminuye en pacientes con

enfermedad incipiente.

21
Con el objetivo de un diagnóstico más precoz de las espondiloartritis, en los

últimos años se desarrollaron dos nuevos criterios: los Criterios de Amor (41-43) y los

Criterios del Grupo Europeo para el estudio de las Espondiloartritis (European

Spondyloarthropathy Group). La afectación radiográfica de las sacroilíacas está incluída en

ambos, pero no es un requisito imprescindible. Ambos criterios son clasificatorios, si bien

se han utilizado con fines diagnósticos, y poseen una sensibilidad y especificidad del 85%

respectivamente.

Finalmente en 2009, el grupo ASAS (Assessments in Ankylosing Spondylitis

International Society) propuso unos nuevos criterios clasificatorios para la espondiloartritis

axial y otros para la periférica, que tenían en cuenta las características clínicas de la

enfermedad, la imagen de resonancia magnética (RM) y la presencia o no de HLA B27. Se

representan en la Figura 1 los criterios para espondiloartritis axial, que es la que padecen

los pacientes objeto de estudio en nuestro trabajo.

Figura 1: criterios clasificatorios de ASAS para la espondiloartritis axial.


(reproducido de Rudwaleit M, van der Heijde D, Landewé R et al. Ann Rheum Dis 2009;
68:777-83).
22
2.1. f. 2. - Pruebas de laboratorio

Existen dos pruebas de laboratorio potencialmente relevantes: el HLA B27 y la

proteína C reactiva (PCR). El papel de la velocidad de sedimentación globular (VSG) está

menos claro. La rentabilidad de la realización del HLA B27 depende de la prevalencia del

mismo en la población a la que pertenece el sujeto. No existe necesidad de valorar los

subtipos de HLA B27 en la población china, dado que algunos subtipos de HLA B27

no se relacionan con la espondilitis anquilosante. La correlación de la actividad de la

enfermedad con los test de laboratorio que reflejan inflamación es limitada. Sólo la mitad

de los pacientes con EA presentan elevación de la concentración de PCR en sangre

(44).

2.1. f. 3. - Pruebas de imagen

2.1. f. 3. a - Radiología simple

Según los criterios modificados de Nueva York (1984), cuyo uso está aún

ampliamente extendido hoy en día, la característica clave en el diagnóstico de la EA es la

detección de la sacroileítis mediante radiografía (40) por su elevada frecuencia.

Se propone una gradación de la misma en cuatro grados:

- Grado 0: radiografía normal.

- Grado 1: cambios sospechosos.

- Grado 2: anomalías mínimas, tales como áreas pequeñas de erosión o

esclerosis, sin alteración de la anchura de la articulación.

- Grado 3: cambios moderados o anomalía inequívoca, como por ejemplo,

sacroileítis moderada o avanzada con uno o más de los siguientes:

erosiones, evidencia de esclerosis, ensanchamiento, estrechamiento o

anquilosis parcial.
23
- Grado 4: anquilosis completa (Figura 2).

En esta última modificación se introduce el parámetro clínico del dolor lumbar

inflamatorio, y se modifica el criterio de restricción de la expansión torácica, ya que

ahora se ajusta por edad y sexo.

Al inicio de la enfermedad las radiografías de sacroilíacas son normales por lo que

los cambios estructurales sólo se vuelven aparentes después de algunos años. Mientras que

la Rx simple detecta el daño resultante de la inflamación (daño óseo y del cartílago), la RM

permite detectar la inflamación en etapas precoces de la enfermedad, cuando los cambios

crónicos aún no son detectables. Este periodo de latencia en la detección radiográfica

ha contribuído al retraso diagnóstico de la EA (3).

Figura 2: sacroileítis grado IV bilateral en un paciente varón de 29 años. Además, se observa la afectación
de la cadera izquierda.

2.1. f. 3.b – Resonancia Magnética (RM)

Las típicas lesiones de inflamación activa de las articulaciones sacroilíacas son: el

edema de la médula ósea subcondral (osteítis), la capsulitis, la sinovitis y la entesitis. La

osteítis se comporta como hiperintensa en secuencias STIR (Short Time Inversion

Recovery) e hipointensa en T1. La sinovitis se observa como señal hiperintensa en

secuencias T1 post-gadolinio, no distinguiéndose en STIR del líquido articular. La capsulitis


24
es comparable a la sinovitis en términos de características de la señal, pero estos cambios

implican a la cápsula anterior y posterior. La entesitis se manifiesta como una señal

hiperintensa en STIR en los lugares donde los ligamentos y tendones se unen al hueso.

Las lesiones de inflamación crónica son: las erosiones, la esclerosis, los depósitos

de grasa y los puentes óseos. Las erosiones son hipointensas en T1 e hiperintensas en

STIR si son activas. La esclerosis se observa con señal hipointensa o nula en T1, STIR y

T1 post-gadolinio. Los depósitos grasos muestran un aumento de señal en la secuencia

T1 y los puentes óseos, constituyen defectos óseos en los márgenes articulares.

La RM se considera positiva para el diagnóstico de EA según los criterios

ASAS si existe una única lesión que sugiera inflamación activa y está presente en dos

cortes consecutivos o bien, si hay más de una lesión en un único corte.

La RM ha demostrado ser especialmente útil para la detección de sacroileítis

precoz y EA, incluyendo pacientes con espondiloartritis indiferenciada (45). Se han

documentado cambios en las mediciones de la inflamación en la columna vertebral con

las nuevas escalas de medición en pacientes con dolor lumbar inflamatorio y que

reciben terapia anti -TNF (46).

2.1. g - Medición de la actividad de la enfermedad

Además de una completa anamnesis y exploración física, los ya citados test de

laboratorio y los mencionados estudios radiológicos, el grupo ASAS ha recomendado la

monitorización de los pacientes en la consulta mediante escalas de medición de la

funcionalidad del paciente. Se valoran aspectos como: la función física, el dolor, la

movilidad vertebral, la duración de la rigidez matutina, si existe afectación de las

articulaciones periféricas y/o entesitis y la presencia de cansancio, entre otros.

La actividad global de la enfermedad debería medirse mediante el índice Bath

Ankylosing Disease Activity Index (BASDAI), que incluye seis preguntas dirigidas al

25
paciente para evaluar cansancio, dolor de cadera y global de la espalda, artritis

periférica, entesis y duración e intensidad de la rigidez matutina (47). Además debe

realizarse una evaluación médica global teniendo en cuenta los datos clínicos, analíticos y

de imagen disponibles, ya sea mediante el uso de una escala analógica visual o bien una

escala de puntuación numérica.

Recientemente, se ha desarrollado el Ankylosing Spondilytis Disease Activity

Score (ASDAS), que es el índice desarrollado por ASAS para la valoración de la actividad

de la enfermedad en pacientes con EA. Este índice pretende ser una medida de actividad de

la enfermedad más objetiva al incluir variables objetivas como la PCR (48).

2.1. h - Tratamiento

Las principales recomendaciones para el manejo de la EA han sido propuestas por

un grupo de trabajo colaborativo entre ASAS y la “European League Against Rheumatism

(EULAR)” en 2005 (49), y actualizadas en 2010 (50).

El tratamiento debe de realizarse de acuerdo con las manifestaciones de la

enfermedad al diagnóstico, la severidad de los síntomas y las preferencias del paciente,

entre otras variables. El mejor tratamiento posible incluye medidas farmacológicas, no

farmacológicas y la educación del paciente.

En la actualización de tratamiento de la EA establecida por la ASAS/EULAR en

2010 se incluyó la participación de pacientes y fisioterapeutas. Se realizaron

modificaciones en los apartados sobre tratamiento no farmacológico, antiinflamatorios

no esteroideos (AINES), terapia anti-TNF-α y cirugía ortopédica. Se presentaron dos

nuevos apartados, uno correspondiente a las manifestaciones extraarticulares y

comorbilidades, y otro acerca de la necesidad de una evaluación intensiva en aquellos

pacientes en los que se observe una modificación importante en el curso de la enfermedad.

Por otro lado, la ASAS/EULAR ha establecido también en 2010 unas


26
recomendaciones para el uso de terapia anti-TNF en pacientes con espondiloartritis

axial (51). El cambio más importante es la posibilidad de tratamiento en pacientes que

cumplan los nuevos criterios de espondiloartritis axial aunque no exista afectación

radiológica y, por lo tanto, que no cumplan criterios de EA. Otras modificaciones

relevantes, son que se acota el período de tratamiento previo con AINES a cuatro

semanas (frente a los 3 meses de antes), por una parte, y que se aconseja una valoración

de la respuesta como mínimo al cabo de 12 semanas, por otra parte. En el momento

de la elaboración de nuestro trabajo se utilizaron los criterios EULAR previos (52).

El objetivo es un tratamiento más temprano, lo que debería repercutir en un mejor

pronóstico a largo plazo. El tratamiento estándar de los síntomas axiales en los pacientes

con espondilitis anquilosante ha incluído los AINES y los programas de ejercicios.

Los AINES son bastante eficaces en los pacientes con EA. Una favorable

respuesta a éstos se ha establecido como un criterio diagnóstico para las espondiloartritis,

y la no respuesta podría identificar a un grupo de pacientes con peor pronóstico.

La experiencia clínica sugiere que los pacientes con enfermedad activa deberían

de tomar continuamente AINES, a la dosis que consiga controlar el dolor y la rigidez.

Algunos investigadores, han incluso propuesto que la toma continuada de AINES podría

retrasar la progresión radiológica al cabo de 2 años (32). Sin embargo, los AINES,

incluyendo los inhibidores de la COX-2, producen daño a nivel gastrointestinal y aumentan

el riesgo cardiovascular, lo que restringe su uso. Aun así, aproximadamente la mitad de

los enfermos presentan un control insuficiente de los síntomas con la toma sola de AINES

(49).

El uso de DMARDs (Disease-Modifying Anti-Rheumatic Drugs) para el

tratamiento de la enfermedad axial en las espondiloartritis ha sido bastante desalentador.

Los tratamientos que son eficaces en la disminución de la actividad de la enfermedad y en

enlentecimiento de la progresión de la artritis reumatoide han fracasado en los pacientes


27
con espondiloartritis, sobre todo en aquellos con afectación axial. La sulfasalazina mejora

la artritis periférica que se asocia a las espondiloartritis, pero no el dolor axial (49).

La introducción de los anti-TNF ha sido el hito más relevante acontecido en los

últimos años en el tratamiento de la espondilitis anquilosante. Cuatro fármacos están

actualmente aprobados en este contexto: infliximab, etanercept, adalimumab y golimumab.

Un quinto fármaco, el certolizumab, está todavía en fase de aprobación y un anticuerpo

inhibidor de la interleucina 17 (IL-17), llamado secukimumab, podría también ser eficaz.

Recientemente, se han presentado datos favorables de fármacos biosimilares de anti-TNF-

α.

Infliximab es un anticuerpo monoclonal quimérico que se administra por vía

intravenosa a una dosis de 3-5 mg/kg/6-8 semanas (la dosis aconsejada en la ficha

técnica es 5 mg/kg/6-8 semanas).

Adalimumab es un anticuerpo monoclonal humanizado que se adminsitra

por vía subcutánea a una dosis de 40 mg/15 días.

Etanercept es una proteína de fusión de 75 KD que se une y bloquea el receptor de

TNF, de administración subcutánea, a una dosis de 50 mg semanales o 25 mg dos veces

por semana.

Golimumab es un anticuerpo monoclonal humanizado que bloquea el TNF, de

administración subcutánea, en dosis mensual de 50 mg.

El tratamiento con anti-TNF debiera administrarse, de acuerdo con las

recomendaciones de 2010 de ASAS/EULAR, a aquellos pacientes con elevado índice de

actividad de la enfermedad a pesar del tratamiento convencional (AINES en la enfermedad

axial +/- salazopirina en la enfermedad periférica) (51).

El cambio a un segundo anti-TNF podría ser beneficioso especialmente en

aquellos pacientes que han presentado pérdida de respuesta al previo. No existe todavía

28
evidencia que justifique el uso de otras terapias biológicas en el paciente con espondilitis.

Se ha documentado que la inflamación espinal valorada por resonancia mejora

sustancialmente después del tratamiento con terapia anti-TNF. La progresión

radiográfica (fundamentalmente la neoformación ósea) parece no ser inhibida o

modificada por los fármacos anti-TNF, pero tampoco existe evidencia de que la formación

de sindesmofitos se acelere.

Con las antiguas recomendaciones, la terapia anti-TNF debía de adminsitrarse a

pacientes con índice de actividad elevado persistentemente a pesar de los tratamientos

convencionales; actualmente, no hay evidencia que apoye el uso previo o concomitante con

el anti-TNF de un fármaco del grupo de los DMARDs.

La tasa de permanencia con el mismo fármaco después de un año de tratamiento

con anti-TNF en pacientes con EA es superior a la de los pacientes con AR. Existe evidencia

de que la eficacia de la terapia anti-TNF persiste a lo largo de los años.

29
2.2. - RIESGO CARDIOVASCULAR EN LA ESPONDILITIS

ANQUILOSANTE

2.2. a - Introducción

Se han documentado alteraciones funcionales y morfológicas a nivel vascular que

apoyan la hipótesis de que existe una aterosclerosis acelerada en las espondiloartritis. La

inflamación parece desempeñar un papel fundamental, influyendo tanto en los factores de

riesgo clásicos (perfil lipídico y sensibilidad insulínica, entre otros) como directamente

sobre el proceso de daño y disfunción endotelial, que conduce a la aterogénesis (53-

56).

Diversos trabajos en AR postulan que la supresión de la inflamación con fármacos

modificadores de la actividad reumática y/o con terapias biológicas podría ejercer un

efecto favorable sobre el riesgo cardiovascular. Aunque este tipo de evidencia es

menor en la espondiloartritis, existen pocas dudas de que es importante un buen control de

la inflamación y de los factores de riesgo cardiovasculares clásicos.

Un reciente trabajo firmado por Papagoras et al. (57) analizó exhaustivamente

los artículos publicados previamente en la literatura médica acerca de la morbimortalidad

cardiovascular en pacientes con espondiloartropatías, particularmente espondilitis

anquilosante y artropatía psoriásica, tratando de establecer un nexo de unión entre

inflamación y aterogénesis. La conclusión de los autores es que hasta que grandes estudios

prospectivos, con suficiente seguimiento confirmen si efectivamente la supresión de la

inflamación contribuye a reducir el riesgo cardiovascular de estos pacientes, este concepto

no debe de permanecer solamente como un supuesto teórico, sino que el reumatólogo

debe abordar el riesgo cardiovascular como otra manifestación extraesquelética más y

no asumir que es cometido de otros especialistas, y obviar su diagnóstico y seguimiento.

30
2.2. b - Mortalidad

Diversos estudios publicados entre 1965 y 2011 han tratado de describir el riesgo

de mortalidad y las causas de la misma en los pacientes con EA (58-67); la mayor

parte de estos estudios muestran un mayor ratio de mortalidad estandarizada en

comparación con la población general para los pacientes con espondilitis, entre 1,32 y

1,8. Excluyendo las estimaciones que tienen en cuenta a los pacientes tratados con

radioterapia, que puede aumentar la mortalidad debido a neoplasias secundarias, el

ratio de mortalidad estandarizada sigue siendo mayor que en la población general en la

mayoría de los estudios.

Los AINES han sido el tratamiento de elección en la EA durante mucho

tiempo por lo que es difícil ponderar si pueden haber contribuido y cuánto al

incremento en el riesgo de mortalidad en espondilitis a lo largo de los años,

particularmente si tenemos en cuenta el amplio número de eventos adversos que

producen, incluyendo los cardiovasculares. Un reciente estudio (67) establece como

factores de riesgo para mayor mortalidad en EA la presencia de PCR elevada, el

retraso diagnóstico y el uso infrecuente de AINES. Esto refleja probablemente que los

efectos de la inflamación sobrepasan con creces a los potenciales efectos adversos de

los fármacos empleados en su tratamiento.

Si nos centramos en las causas de muerte de los pacientes con EA, la principal

es la enfermedad cardiovascular en todos los estudios, seguida de las neoplasias malignas.

Comparado con la población general, el ratio de mortalidad estandarizado por causas

cardiovasculares es mayor para los pacientes con EA, entre 1,22 y 1,4. Algunas de las

causas de muerte cardiovascular en estos enfermos son los trastornos de conducción, las

valvulopatías aórticas y las miocardiopatías, que pudieran también ser manifestaciones

propias de la espondilitis anquilosante (68). Sin embargo, ningún estudio establece una
31
clara distinción entre las causas de muerte directamente relacionadas con la espondilitis

y las que no lo están. De este modo, no se sabe ciertamente si el aumento de mortalidad

cardiovascular en los pacientes con EA debe atribuirse exclusivamente a

manifestaciones cardiacas de la EA o bien también se debe a un aumento de riesgo

cardiovascular relacionado con la aterosclerosis.

2.2. c – Morbilidad

Se han publicado varios artículos comunicando una mayor morbilidad

cardiovascular en los pacientes con EA comparada con la población general. Han et al.

(69), analizando una gran base de datos que incluía 1.800 pacientes con EA,

describieron que estos enfermos tenían con más frecuencia enfermedades

cerebrovasculares, cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca, enfermedad arterial

periférica, dislipemia e hipertensión que los controles. Los respectivos ratios de

prevalencia (con sus respectivos intervalos de confianza) para los pacientes con EA

comparados con los 100 pacientes tomados como control son de:

- 1,7 (1,2-2,6) para el fallo cardiaco congestivo

- 1,7 (1,3-2,3) en el caso de la enfermedad cerebrovascular

- 1,6 (1,2-2,2) para la enfermedad arterial periférica

- 1,3 (1,1-1,4) en la hipertensión arterial

- 1,2 (1,1-1,3) en el caso de la dislipemia

- 1,2 (1,0-1,5) para la cardiopatía isquémica

En el análisis de otra base de datos que incluía 8.616 pacientes con

espondilitis, la EA estaba también asociada con un significativo aumento de riesgo

cardiovascular. Los ratios de prevalencia estandarizados con un intervalo de confianza del

95% son de: 1,37 (1,31-1,44) para cardiopatía isquémica, 1,34 (1,26-1,42) para la

insuficiencia cardiaca congestiva y 1,25 (1,15-1,35) en el caso de la enfermedad

32
cerebrovascular (70).

En un pequeño estudio retrospectivo de Sukenik et al. (71) se encontró que la

prevalencia global de las complicaciones cardiovasculares de la espondilitis era de un

42,5%, mientras que la cardiopatía isquémica era del 17,5% (siete pacientes). Cuatro de

estos siete pacientes no tenían ninguna otra manifestación cardiaca. Entre los controles,

40 pacientes, la prevalencia de cardiopatía isquémica fue del 12,5%. En un cuestionario

realizado a pacientes con EA, la prevalencia del infarto de miocardio se estimó en un

4,4% y el odds ratio ajustado (intervalo de confianza del 95%) para la población fue de

3,1 (1,9-5,1) (72). Por último, en otro reciente estudio de cohortes con 935 pacientes

con EA, el ratio estandarizado de mortalidad (calculado tomando como referencia los datos

de la población local) fue significativamente mayor para la cardiopatía isquémica [2,20

(1,77-2,70)], para la hipertensión [1,98 (1,72-2,28)] y para la diabetes mellitus [1,41 (1,10-

1,78)]; sin embargo, el ratio para infarto de miocardio no estaba elevado (73). De cualquier

modo, las espondiloartropatías han demostrado ser un factor predictor independiente

de los demás factores de riesgo cardiovascular, incluso mayor que éstos, para padecer

coronariopatía precoz que precise by-pass (74).

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente citado, parece existir un aumento de la

prevalencia de la enfermedad cardiovascular en los pacientes con espondilitis, lo que

probablemente contribuye a un aumento de la mortalidad.

2.2. d - Factores de riesgo clásicos

Tabaco: el tabaco se define como un factor de riesgo cardiovascular dosis

dependiente para el desarrollo de aterosclerosis. El exceso de mortalidad de origen

cardiovascular en la EA podría ser explicado si el tabaquismo fuese más prevalente en

los pacientes con EA, o si el fumar fuese un factor de riesgo para una acelerada morbilidad

cardiovascular en comparación con la población general (75). Averns et al. no encontraron


33
una diferencia significativa entre fumadores y no fumadores, independientemente de la

edad de comienzo de la espondilitis y la duración de ésta; de este modo parecería no existir

relación entre el tabaquismo y la aparición de EA (76). Sin embargo, el fumar se asociaba

con un peor pronóstico clínico, funcional y radiológico en los pacientes con EA. Doran

et al. confirmaron la relación entre el tabaco y el peor pronóstico funcional en EA

(77). Dos pequeños estudios posteriores indican que los pacientes con EA fuman

aproximadamente el doble que la población general (78, 79).

Lípidos: un perfil lipídico atererogénico es un factor de riesgo para el

desarrollo de enfermedades cardiovasculares (75); en particular, unos altos niveles de

colesterol total, un aumento de la relación colesterol total/HDL-colesterol (colesterol unido

a lipoproteínas de alta densidad), los altos niveles de las lipoproteínas de baja densidad

(LDL) y de lipoproteína A, así como los bajos niveles de lipoproteínas de alta densidad

(HDL) están asociados con un aumento de la prevalencia de enfermedades

cardiovasculares en la población general (80, 81). El LDL-colesterol (colesterol unido a

lipoproteínas de baja densidad) y el HDL-colesterol pueden ser divididos en subfraciones

por densidad (82): LDL3 tiene una mayor densidad que la LDL2; y la LDL2, que la LDL1.

Los altos niveles de LDL3 están fuertemente asociados con aterosclerosis; de igual modo,

el HDL2 tiene una densidad menor que HDL3, y se piensa que tiene un mayor efecto

protector frente la aterosclerosis. Aparte del estudio de Han et al. (69) que mostraba que

los 1.843 pacientes con EA de base presentaban hiperlipemia comparados con los no

espondilíticos (28 % vs 23%), varios estudios (la mayor parte, con un número pequeño de

participantes) han establecido comparaciones entre el perfil lipídico de los pacientes en

comparación con los sanos, con resultados variables (57). Sin embargo en un reciente

metaanálisis del perfil cardiovascular de pacientes con EA se estimó, combinando todos

los estudios, que los pacientes con EA presentaban unos niveles menores de colesterol
34
total, HDL-colesterol y triglicéridos comparados con los controles, pero no mostrando

diferencias en el LDL-colesterol ni en el índice aterogénico (83). Además, otros estudios

han observado que los niveles lipídicos en los pacientes con EA se correlacionaban con

una actividad clínica importante o con unos marcadores inflamatorios de laboratorio

muy aumentados (84, 85) y que las diferencias entre los niveles lipídicos de pacientes

y controles desparecían tras la corrección por los parámetros de inflamación (86).

Diabetes Mellitus (DM): en el estudio de Han et al. (69), la DM no era más

prevalente. En el metanálisis de Mathieu et al. (83) los niveles de glucosa eran comparables

con los del grupo control. Por el contrario, Bremander et al. observaron un aumento de la

prevalencia de DM en su cohorte de pacientes con EA en comparación con la población

general (73). En consecuencia la asociación de la EA con la DM persiste controvertida.

Hipertensión Arterial (HTA): Bremander et al. objetivaron en sus 935 pacientes

con EA del sur de Suecia, que la HTA era el doble de frecuente (73). El estudio

epidemiológico de mayor tamaño proviene de Tailandia, donde se observó también un

aumento en la prevalencia de la HTA (16 % de los 11.701 pacientes con EA y un 11%

de las 58.505 personas sin EA) (87). En el metaanálisis de Mathieu et al (83) anteriormente

mencionado, no se encontraron diferencias significativas en los componentes del síndrome

metabólico a excepción del HDL-colesterol.

Índice de masa corporal (IMC): un índice de masa corporal alto está

asociado con un aumento de la mortalidad, especialmente de causa cardiovascular, pero la

espondilitis anquilosante se relaciona con un bajo IMC, por lo que no es un factor de riesgo

cardiovascular en este subgrupo (75).

35
Homocisteína: la hiperhomocisteinemia (definida como una homocisteína

mayor de 15 micromoles/L) es un factor de riesgo cardiovascular independiente. Un

aumento de los niveles de homocisteína puede el ser resultado de defectos genéticos en

los enzimas involucrados en su metabolismo o en deficiencias de vitamina B6, B12,

folato, o de medicaciones como metotrexato y salazopirina (88-90). En un estudio ésta

fue significativamente más prevalente en los pacientes con EA que en el grupo control

y su presencia se correlacionaba con una peor función y una mayor VSG (91). En otro

estudio, los pacientes con EA tenían también unos niveles mayores de homocisteína

comparados con los controles y los niveles de homocisteína eran mayores en aquellos

pacientes que tomaban sulfasalacina, con o sin metotrexato, comparados con aquellos

que recibían sólo AINES. Sin embargo, en este estudio, la homocisteína no se

correlacionaba con el nivel de actividad de la enfermedad (92).

Actividad Física: la EA está asociada con un lento deterioro de la función

física a lo largo del tiempo. Otros factores que contribuyen a la disminución de la

actividad física son la edad avanzada, el inicio precoz de la enfermedad, un nivel

educacional bajo, el sexo femenino, la presencia de artritis periférica, el tabaquismo, los

niveles elevados de dolor, la presencia de depresión y la ansiedad. Por el contrario, un

mejor soporte social y la realización frecuente de ejercicios de espalda se asocia con

una mejoría de la capacidad funcional a lo largo del tiempo en los pacientes con EA

(5).

36
2.2. e - Inflamación como factor de riesgo cardiovascular

La inflamación es un desencadenante de enfermedad cardiovascular, bien

directamente, como un factor de riesgo independiente, o indirectamente, influyendo en los

factores de riesgo clásicos. Por otro lado, la aterosclerosis acelerada aumenta la morbilidad

cardiovascular en los pacientes con EA. Como consecuencia de todo lo anterior, la

inflamación es clave en los mecanismos que explican esta aterosclerosis acelerada,

contribuyendo en todas las etapas del proceso aterogénico: formación precoz de ateromas,

inestabilidad de la placa y formación de trombos (93).

En la población general, se ha observado que pequeños aumentos en la

proteína C reactiva circulante, medidos con PCR ultrasensible se asocian a un aumento del

riesgo cardiovascular (94). De este modo los altos niveles de inflamación sistémica

característicos de los procesos articulares inflamatorios, se asociarían a una

aterosclerosis acelerada. Un estudio de cohortes prospectivo en afectos de poliartritis

inflamatoria, los niveles basales de PCR fueron un factor predictivo de futuras muertes de

causa cardiovascular, independientemente de la presencia o no de otros marcadores de

severidad (95).

Los potenciales mecanismos por los que la alta inflamación contribuye a una

acelerada aterosclerosis incluyen (96, 97) el desarrollo de disfunción endotelial, la

activación de la cascada de la coagulación, la inducción de dislipemia secundaria, el

aumento de la vulnerabilidad de la placa y el incremento de la calcificación de las arterias

coronarias.

Las complejas interacciones que existen entre los factores de riesgo

cardiovascular clásicos y nuevos marcadores, hacen que sea difícil establecer la

contribución relativa de cada uno de ellos. A pesar de todo, existen estimaciones de lo que

contribuiría cada factor clásico al riesgo total; así, se ha calculado que los factores

37
clásicos explicarían un 80% del riesgo cardiovascular en los pacientes sin artritis

reumatoide, pero sólo un 40% en pacientes con ella, sugiriendo que otros factores no

clásicos o nuevos, realizan una importante contribución a este exceso de riesgo (98).

2.2. f - Resistencia insulínica y riesgo cardiovascular

La resistencia a la insulina (RI) es un trastorno metabólico caracterizado por

una respuesta biológica atenuada a la acción de esta hormona, que tiene como consecuencia

una disminución en la captación de la glucosa por las células del músculo y del tejido

adiposo, una disminución en la producción hepática de glucógeno y un aumento en la

producción hepática de glucosa. En la mayoría de los casos, este hecho conduce a un

incremento en la secreción de insulina para compensar la elevación progresiva de los

niveles de glucosa circulante (hiperinsulinismo compensatorio). Esta situación explica por

qué el rasgo más característico de la RI es el incremento en la concentración de insulina,

ya sea en condiciones de ayuno o como respuesta a un esfuerzo (99).

La resistencia a la insulina se puede determinar directamente si se evalúa la

respuesta fisiológica a la acción de una infusión de insulina exógena que promueve la

captación de glucosa en los tejidos insulinodependientes y, de manera indirecta, a través de

la relación glucosa insulina en el estado de ayuno o después de haber recibido un estímulo

por vía oral o intravenosa (100).

El índice HOMA (Homeostasis Model Assessment) propuesto por Mathews et al.

en 1985, es el método más utilizado para diagnosticar RI. Deriva de la interacción entre la

función celular β y la sensibilidad a la insulina en un modelo matemático donde se utilizan

las concentraciones de glucosa e insulina en ayuno. El modelo se calibra con una función

celular β del 100% y una resistencia a la insulina igual a la unidad, de acuerdo con la

siguiente fórmula (100): HOMA-IR= [insulina plasmática en ayuno (μU/ml) x glucosa

plasmática en ayuno (mmol/L)]/22.5.


38
Otro método ampliamente difundido en la determinación de RI es el índice

QUICKI (Quantitative Insulin Check Index) que se basa en un modelo logarítmico que

también se calcula a partir de las concentraciones de glucosa e insulina en ayuno mediante

la siguiente ecuación (101): QUICKI= 1/[(log insulina plasmática en ayuno (μU/ml) + log

glucosa plasmática en ayuno (mg/dl)].

En sentido estricto, QUICKI es una medida de sensibilidad insulínica y HOMA

de resistencia insulínica, siendo el primero de ellos más exacto al ser transformado

logarítmicamente. En la práctica, ambos se usan indistintamente como medidores de

resistencia insulínica.

Se sabe desde hace décadas que la inflamación sistémica puede aumentar la

insulinoresistencia a través de las acciones del TNF-α (102), mientras que el

tratamiento con terapia anti-TNF-α en pacientes con enfermedades reumáticas mejora la

insulinosensibilidad (103). Más aún, que la hiperinsulinemia es un componente del

síndrome metabólico y juega un papel importante en la hipertensión. Todos ellos son

factores asociados a la ECV (104).

2.2. g - El síndrome metabólico (SM)

El síndrome metabólico - conocido también como síndrome plurimetabólico,

síndrome de resistencia a la insulina o síndrome X - se caracteriza por la presencia de

insulinoresistencia e hiperinsulinismo compensador asociados a trastornos del metabolismo

de los hidratos de carbono, cifras elevadas de presión arterial, alteraciones lipídicas

(hipertrigliceridemia, descenso del HDL-colesterol, presencia de LDL tipo B, aumento de

ácidos grasos libres y lipemia postprandial) y obesidad. Es una entidad clínica controvertida

que aparece, con amplias variaciones fenotípicas, en personas con una predisposición

endógena, determinada genéticamente y condicionada por factores ambientales.

39
Supone un incremento de la morbimortalidad de origen ateroesclerótico,

aunque aún no se ha determinado con certeza el riesgo absoluto que confiere a las

diferentes poblaciones. Múltiples evidencias demuestran la mayor probabilidad de

desarrollar diabetes mellitus, cardiopatía isquémica y progresión de la enfermedad

cardiovascular existente de base en los pacientes que presentan un SM (105). Además, 2

estudios han documentado una mayor prevalencia de síndrome metabólico en pacientes

con EA comparado con los controles (106,107). Por el contrario, un tercer estudio, no

objetivó diferencias (108).

2.3. – ADIPOCINAS Y ATEROSCLEROSIS

El tejido adiposo blanco es un órgano endocrino que secreta una amplia variedad

de sustancias llamadas adipocinas, que desempeñan un papel relevante en la

fisiopatología de las enfermedades reumáticas y cardiovasculares.

La acumulación de grasa visceral asociada con la disregulación de las adipocinas,

afecta tanto al desarrollo de la placa aterosclerótica como a la ruptura de la misma; cuando

ésta se vuelve inestable y rompe, se establece un síndrome coronario agudo, que a su vez

se agrava por el estado protrombótico y proinflamatorio inducido por las adipocinas (109-

111).

La inflamación sistémica a su vez puede también inducir adipocinas tales como la

leptina, la resistina o la visfatina y suprimir otras, como la adiponectina, con un efecto

desfavorable en el metabolismo y el riesgo cardiovascular (112).

40
2.3. a - La leptina

La leptina es una hormona de 16 kDa no glicosilada que consta de un haz de 4

hélices-α perteneciente a la superfamilia de citoquinas de clase I. Es producida

principalmente por los adipocitos y sus niveles circulantes se correlacionan con la cantidad

de tejido adiposo blanco porque disminuye la ingesta de alimentos y aumenta el consumo

de energía al actuar sobre núcleos hipotalámicos específicos.

Los niveles de leptina son en su mayoría dependientes de la cantidad de grasa

corporal, pero su síntesis también está regulada por mediadores de la inflamación. Hay seis

isoformas diferentes de receptores de leptina, pero sólo la isoforma larga es funcional.

Varios tejidos pueden producir leptina y expresar sus receptores, incluyendo los del sistema

cardiovascular, tales como los vasos sanguíneos y los miocardiocitos.

La expresión del gen de la leptina está regulada principalmente por la ingesta

de alimentos, el estado energético, las hormonas, y los mediadores inflamatorios. La

deficiencia genética en el gen que codifica la leptina o sus receptores provoca obesidad

severa y diabetes mellitus (109).

La leptina está asociada con las enfermedades CV (Figura 3); de hecho,

sus concentraciones elevadas en suero se relacionan con el infarto de miocardio y los

accidentes cerebrovasculares, independientemente de los factores tradicionales de riesgo

cardiovacular (113). Por otra parte, se ha propuesto que la leptina desempeña un papel

patogénico en las placas de ateroma debido a su asociación positiva con la PCR y del

receptor soluble de interlecucina 6 (sIL-6R), dos mediadores inflamatorios implicados en

la patogénesis de la aterosclerosis (114). Las acciones proaterogénicas de la leptina están

sustentadas por varias observaciones experimentales que demuestran que esta adipocina

induce la hipertrofia de células musculares lisas de los vasos y la producción de

41
metaloproteinasa de matriz 2 (MMP-2), que desarrolla acciones importantes en la ruptura

de la placa. Además, la leptina podría estimular la remodelación vascular mediante el

aumento de la producción de citocinas profibróticas y sabe también que aumenta la

secreción de lipoproteín lipasas proaterogénicas, y la agregación plaquetaria e induce la

expresión de la PCR en las células endoteliales de las arterias coronarias (109, 115) .

La leptina se ha asociado con enfermedades reumáticas debido a su capacidad para

modular el metabolismo osteocartilaginoso. Esta idea está apoyada por varios estudios in

vitro e in vivo, donde se objetivó que los niveles séricos de leptina eran mayores en

pacientes con AR en comparación con los controles sanos (116). Varios autores sugieren

que podría existir una correlación entre la actividad de la AR y los niveles de leptina

(117) pues en pacientes sometidos a tratamiento con anti-TNF-α, existe una correlación

positiva entre el índice de masa corporal de los pacientes y el nivel sérico de leptina

(118), además de entre los niveles de leptina y la proteína de adhesión vascular celular

1 (VCAM-1).

El papel de la leptina en la EA no está todavía claro y los datos disponibles son

contradictorios. Por ejemplo, algunos estudios no han encontrado ninguna correlación

entre las concentraciones séricas de leptina y los marcadores de actividad de la enfermedad

(119). Sin embargo, otros sí detectaron una asociación entre éstos y los niveles séricos

de leptina, interleucina 6 (IL-6) y PCR (120). Además, también se ha demostrado que las

células mononucleares de la sangre periférica de pacientes con EA expresan mayores

cantidades de leptina que las de los controles (121) y que la administración exógena de

leptina exacerba más en ellos la producción de citoquinas proinflamatorias que en los

sujetos sanos.

42
2.3 b - Visfatina

La visfatina, también llamada PBEF (Pre-B-cell colony-Enhancing Factor) o

NAMPT (Nicotin-AMide Phosphoribosyl-Transferase), es una proteína de

aproximadamente 471 aminoácidos y 52 kDa producida en el hígado, la médula ósea, el

músculo y en menor medida en la grasa visceral. Se postula que la visfatina tiene tiene

propiedades miméticas a las de la insulina, sin embargo, el papel de esta adipocina en el

metabolismo de la glucosa todavía no está claro (122).

Se ha observado que la visfatina está aumentada en la obesidad (123) y que los

granulocitos y monocitos de los pacientes obesos producen cantidades más altas de

visfatina que los de los sujetos delgados. Los macrófagos también producen visfatina,

pero en menor medida (124).

El papel desempeñado por la visfatina en la aterosclerosis sigue siendo

confuso, pero algunos estudios reconocen su participación en los procesos ateroscleróticos

(Figura 3).

Las concentraciones séricas de visfatina son más altas en los pacientes con

síndrome metabólico con placas ateroscleróticas carotídeas que en los sanos (125) y

además, su expresión está incrementada en las placas sintomáticas, con respecto a las

asintomáticas (126).

Las células espumosas macrófagicas de las lesiones ateroscleróticas coronarias

producen visfatina y ésta aumenta la síntesis de factores inflamatorios tales como la

interleucina 8 (IL-8), la metaloproteinasa de matriz 9 (MMP-9) o el TNF-α (126). La PCR

y los niveles de las subclases de lipoproteínas de baja densidad aterogénicas eran mayores

en individuos con niveles más altos de visfatina en algunos estudios (127).

43
Todos estos datos sugieren por tanto que la visfatina juega un papel relevante en

la progresión de la aterosclerosis, probablemente en relación con el hecho de que actúa

como mediador inflamatorio y está involucrada en la desestabilización de la placa que

sucede en los procesos aterogénicos complicados.

Los niveles séricos de visfatina también son mayores en los pacientes con AR que

en comparación con los controles sanos (116). Debido a sus funciones proinflamatorias

y catabólicas en la patogénesis de la AR, ahora está siendo estudiada como diana

terapéutica potencial en esta enfermedad. Las concentraciones séricas y sinoviales de

visfatina se asociaron con el grado de inflamación, con la actividad clínica de la

enfermedad y con el mayor daño radiográfico articular (128). No obstante, los datos de

los que disponemos no son concluyentes todavía: mientras un estudio que incluyó a

pacientes con AR grave a tratamiento con anti-TNF-α (infliximab), mostró que los niveles

de visfatina no estaban asociados con la inflamación o el síndrome metabólico, y que la

infusión de infliximab no producía cambios significativos en los niveles de visfatina (129),

otro estudio demostró que el tratamiento prolongado con anti-TNF-α reducía los niveles de

visfatina (130).

2.3. c - Adiponectina

La adiponectina - también conocida como GBP28, apM1, Acrp30, o AdipoQ - es

una proteína de 30 kDa compuesta por 244 aminoácidos, codificada en el brazo largo del

cromosoma 3 (locus 3q27), con homología estructural al colágeno tipo VIII y X y al factor

del complemento C1q.

Es secretada por los adipocitos que regulan el metabolismo energético del

organismo, ya que estimula la oxidación de ácidos grasos, reduce los triglicéridos

plasmáticos y mejora el metabolismo de la glucosa mediante un aumento de la

44
sensibilidad a la insulina. Además, inhibe las fases iniciales de la aterosclerosis reduciendo

la expresión de las moléculas de adhesión en las células endoteliales, la transformación de

macrófagos en las células espumosas, la expresión del factor de necrosis tumoral (TNF-

α) y la proliferación celular en el tejido muscular liso. Diferentes estados de

resistencia a la insulina, como la obesidad o la diabetes tipo 2, y el desarrollo de

enfermedades cardiovasculares se han asociado con una reducción de los valores de

adiponectina plasmática (131).

La adiponectina circula en la sangre en grandes cantidades y como diferentes

fórmulas moleculares (trímeros, hexámeros, y también formas 12-18-monómero) y

constituye aproximadamente el 0,01% de las proteínas totales del plasma (132).

A diferencia de la mayoría de adipocinas, los niveles plasmáticos de adiponectina

están disminuidos en la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares

(133). Posee efectos favorables sobre las complicaciones metabólicas de la obesidad, la

dislipemia, la esteatosis hepática de origen no alcohólico y varios tipos de cáncer (134).

Se ha sugerido que la hipoadiponectinemia es un factor de riesgo independiente para la

hipertensión y la dislipemia (135), incluso en ausencia de otros factores de riesgo de

síndrome metabólico (136). Asimismo, se ha relacionado con la aterosclerosis

inflamatoria, lo que significaría que unos niveles de adiponectina normales son

necesarios para mantener un fenotipo no inflamatorio en la pared vascular.

La adiponectina podría regular muchos pasos en el proceso aterogénico, como las

acciones antiapoptóticas en las células endoteliales y los efectos angiogénicos sobre la

vasculatura. Además varios estudios in vitro e in vivo demostraron que la adiponectina

actúa directamente sobre los cardiomiocitos, protegiendo al corazón de la lesión isquémica,

la hipertrofia, la miocardiopatía y la disfunción sistólica. Además, los altos niveles de

adiponectina en plasma están asociados con un menor riesgo de infarto de miocardio en


45
los hombres, un reducido riesgo de enfermedad coronaria en pacientes con diabetes

mellitus, y un menor riesgo de síndrome coronario agudo (137).

En contraste con lo que se ha descrito anteriormente, existen múltiples evidencias

de que la adiponectina actúa como un factor proinflamatorio en las articulaciones y que

podría estar implicada en la degradación de la matriz cartilaginosa. Los niveles de

adiponectina parecen ser más altos en los pacientes con AR que en los controles sanos.

Existe una correlación entre los niveles circulantes de ésta y la severidad de la AR (138).

En los pacientes con AR sometidos a terapia anti-TNF (infliximab), el presentar un alto

grado de inflamación fue un factor pronóstico independiente y se correlacionó de forma

negativa con las concentraciones circulantes de adiponectina, mientras que los niveles

bajos de ésta se correlacionaron positivamente con las características del síndrome

metabólico, la dislipidemia y los niveles altos de glucosa en plasma, todos ellos

reconocidos factores que contribuyen a la aterogénesis en la AR (139).

2.3. d – Resistina

La resistina, también conocida como ADSF (ADipocyte-Secreted Factor) o FIZZ3

(Found in Inflammatory Zone 3), fue descubierta en 2001 y propuesta como un posible

vínculo entre la obesidad y la diabetes (140). Debe su nombre a su supuesto efecto

sobre la inducción de la resistencia a la insulina. Es una proteína secretada por el tejido

adiposo pero se ha encontrado también en los macrófagos, los neutrófilos, y en otros tipos

celulares (141). Sus niveles séricos aumentan con la obesidad en ratones, en ratas y en seres

humanos (142). Pertenece a una familia denominada “moléculas similares a la resistina

(Resistin-Like M olecules, RLM)” que comprende distintas proteínas con diferentes

patrones de expresión y efectos biológicos.

En modelos animales la resistina promueve la resistencia a la insulina, mientras

46
que en humanos no está del todo confirmado. Se observó que la producción de resistina en

los ratones se limita a los adipocitos, mientras que en los seres humanos deriva

principalmente de los monocitos circulantes y de los macrófagos (140, 143).

La resistina también desempeña importantes funciones reguladoras en la

aterosclerosis y en las enfermedades cardiovasculares. Varios estudios sugieren que la

resistina está implicada en la inflamación, la disfunción endotelial, la trombosis, la

angiogénesis y la disfunción de células musculares lisas. Las enfermedades CV se

acompañan de cambios en los niveles séricos de resistina, siendo significativamente

mayores en los pacientes con angina inestable que en los que padecen angina estable o

en los sujetos sanos. Los niveles de resistina están elevados en el síndrome coronario agudo

y se ha planteado la hipótesis de que esto podría deberse a la liberación de resistina por la

placa aterosclerótica durante su ruptura (144). Recientemente, también se ha comprobado

el papel de la resistina en la modulación de las lipoproteínas de baja densidad en suero

(145).

Existen varias evidencias de que la resistina parece estar involucrada en la

patogénesis de la AR. Se han observado niveles aumentados de esta adipocina en el líquido

sinovial de los pacientes con AR en comparación con pacientes con enfermedades

reumáticas no inflamatorias (141, 146-148).

Los niveles séricos de resistina se asocian con la actividad de la enfermedad

(DAS28) y con la elevación de los reactantes de fase aguda (PCR) (149). Bokarewa et al.

han demostrado que la resistina induce y es inducida por varias citoquinas proinflamatorias,

tales como el TNF-α o IL-6, en las células mononucleares de la sangre periférica a

través de la vía del factor nuclear κβ (NF-κβ); lo que indica que puede aumentar su propia

actividad por un mecanismo de retroalimentación positiva (150). El aumento de la resistina

en el suero de pacientes con artritis reumatoide se correlaciona tanto con la PCR como con
47
el DAS28, lo que sugiere un papel de ésta en la patogénesis de la AR (149). González-Gay

et al. han confirmado esta asociación y han demostrado que la terapia anti-TNF-α

(infliximab) produce una rápida reducción de sus niveles séricos (151).

En un estudio muy reciente se han documentado unos niveles séricos basales

altos de resistina en pacientes con EA en comparación con sujetos sanos, orientando a que

la resistina podría tener también un papel en la patogénesis de la EA (152), al igual que

sucede en la AR.

Figura 3: representación esquemática de la implicación de la leptina, adiponectina, resistina y

visfatina en la aterosclerosis (reproducido de Scotece et al., Mediators of Inflammation

[Link]).

48
2.3 e – Apelina

La apelina es un péptido bioactivo con diversas acciones fisiológicas mediadas por

su unión al receptor específico APJ, una proteína G con 7 dominios transmembrana aislada

de extractos de estómagos bovinos en 1998. Es secretada como una preproteína inmadura

de 77 aminoácidos y es troceada por una proteasa en varias partes C’ terminales (apelina-

13, apelina-17 y apelina-36); estas isoformas tienen distintas actividades, siendo la isoforma

más corta la que parece unirse de un modo más fuerte al receptor APJ. El receptor APJ

tiene una secuencia parecida a la del receptor tipo I de la angiotensina II, pero no se une a

la angiotensina II .Tanto la apelina como su receptor, son expresados en muchos tejidos

periféricos y regiones cerebrales, particularmente en el hipotálamo. La apelina media en

una gran cantidad de procesos fisiológicos, incluyendo la regulación de funciones

cardiovasculares, la homeostasis de fluidos, el eje adipo-insular y la angiogénesis La

apelina produce un efecto hipotensor, que es resultado de la activación intracelular de

la óxido nítrico sintetasa, y también produce vasoconstricción, a causa de la contracción

de las células del músculo liso vascular (153). Los niveles plasmáticos de apelina y la

expresión de APJ están claramente modulados en pacientes con fallo cardiaco (154); se ha

descrito que tiene un efecto inotrópico positivo en estudios in vitro e in vivo (155, 156)

y que pudiera jugar un papel en la homeostasis de los fluidos, la estimulación de

gastrina y la respuesta inmune. Por otro lado la apelina se expresa y se libera en los

adipocitos durante el ayuno y retroalimentan a factores como la insulina, pudiendo actuar

como una adipoquina (153). Por estas razones, la apelina está siendo estudiada en el

contexto de la enfermedad metabólica. En pacientes con diabetes tipo 2, las concentraciones

plasmáticas de apelina se incrementan (157).

El efecto vasodilatador de la apelina parece ser más importante en presencia de

49
un endotelio activado: a nivel cardiaco, como se ha referido previamente tiene un

potente efecto inotrópico positivo, es vasodilatadora y mejora la eficiencia de

miocardio (158). Estudios anteriores también han demostrado que se comporta como un

inductor angiogénico potente, lo que contribuye al desarrollo de una red vascular en el tejido

hipóxico (159); además, es un potente regulador antioxidante en los miocardiocitos

contra el estrés oxidativo de la insuficiencia cardíaca (160). Otros estudios sugieren que

frena la progresión de la fibrosis y preserva la función contráctil durante los episodios de

descompensación cardíaca (161).

La disfunción endotelial representa la fase temprana de la aterosclerosis, que

está típicamente asociada a enfermedades sistémicas inflamatorias como la AR. Di Franco

et al. analizaron su valor en la AR precoz y vieron que se encontraba disminuída, pero que

su valor no se alteraba con el tratamiento con DMARDs (162).

2.4. INFLAMACIÓN Y ANGIOGÉNESIS: LAS ANGIOPOYETINAS

El endotelio vascular conforma una superficie no trombogénica que controla la

entrada y salida de plasma y leucocitos del torrente circulatorio. Es una de las

superficies internas corporales más grandes y puede ser considerada como un órgano. El

endotelio inactivo tiene una tasa de recambio que varía entre meses y años, y sólo prolifera

después de la activación angiogénica (163).

Los mecanismos que controlan el endotelio inactivo todavía no se conocen

completamente. De cualquier modo, la pérdida del estado de inactivación es una de las

características comunes de diferentes procesos como la inflamación, la reestenosis, la

angiogénesis y varios tipos de vasculopatía. Podría existir un mecanismo patogénico

común que uniese estas diferentes enfermedades con la activación de las células

endoteliales. Recientes investigaciones indican que moléculas estructurales de los vasos

también tienen un papel relevante en el control de las funciones de homeostasis vascular en


50
el endotelio inactivo. Entre éstas, el ligando Tie2 de la Ang-2 tiene un papel esencial en

controlar la sensibilidad del endotelio a citoquinas exógenas.

El sistema de unión entre la angiopoyetina y su receptor ligando Tie tiene un

papel clave en la regulación de la integridad de los vasos y su estado de inactividad.

Además de su importancia en la angiogénesis, es un regulador fundamental en

numerosas enfermedades, incluyendo las enfermedades reumáticas. La activación de Tie2

a través de angiopoyetina 1 (Ang-1) es necesaria para mantener en inactividad el endotelio.

Las funciones agonistas de Ang-1 están antagonizadas por Ang- 2, inhibiendo el sistema

de activación Ang-1-Tie2. Ang-2 desestabiliza el endoletio inactivo y lo lleva a responder

a estímulos exógenos, facilitando de este modo las acciones de las citoquinas

inflamatorias (TNF e IL-1) y angiogénicas (factor vascular de crecimiento endotelial).

Curiosamente, Ang-2 se expresa pobremente en el endotelio no activo y mucho más

fuertemente tras la activación endotelial. Por otra parte, el almacenamiento de Ang-2 en

los cuerpos de Weidel-Palade de las células endoteliales, desde donde se puede liberar

rápidamente, sugiere la existencia de un papel de Ang-2 en el control del rápido proceso

adaptativo vascular y que Ang-2 sea un regulador dinámico del eje Ang- Tie2, que de este

modo controlaría la activación endotelial (164).

La activación del endotelio vascular origina la expresión de moléculas de

adhesión, la molécula de adhesión intercelular 1 (ICAM-1) y VCAM-1 en los lugares de

inflamación, así como de los marcadores tumorales endoteliales (TEMs) en los vasos

tumorales (165, 166). La expresión de Ang-2 está regulada por varias citoquinas, como

el factor de crecimiento fibroblástico 2, el factor de crecimiento derivado del endotelio

vascular o el TNF, que ejercen un efecto trófico sobre el endotelio y por señales

ambientales, como la hipoxia, los niveles altos de glucemia o los superoxidos (167). La

liberación de Ang-2 genera una rápida desestabilización del endotelio, sugeriendo que Ang-

2 ejerce una función autocrina negativa sobre la inactividad del endotelio (168, 169). Por
51
otra parte, Ang-2 desencadena una respuesta inflamatoria al activar el endotelio e

inducir la permeabilidad (170). El estado quiescente del endotelio se mantendría por un

sistema de señales ente Ang-1-Tie2, en el que la relación existente entre Ang-1 y Ang-

2 estaría a favor de Ang-1 debido a una regulación a la baja de Ang-2. Tras la activación

de las células endoteliales, la Ang-2 almacenada en los cuerpos de Weidel-Palade es

rápidamente liberada y se aumenta su producción variando la relación entre Ang-1 y

Ang-2, a favor de esta última; esto desestabilizaría el endotelio y lo haría más reactivo a

otras citoquinas. En ausencia de otros estímulos el endotelio volvería a un estado inactivo.

La presencia de otros estímulos exógenos, como el TNF o el VEFG, induce una

respuesta inflamatoria y angiogénica, y adicionalmente, una sobreexpresión de Ang-2.

Fisiológicamente los niveles circulantes de Ang-1 en adultos sanos exceden los niveles de

Ang-2, para así contrarrestar los potenciales efectos deletéreos de la liberación de Ang-2.

Así pues un factor clave en la activación endotelial es la Ang-2, que causa una

desestabilización vascular, haciendo que el endotelio responda al estímulo ejercido por la

inflamación y las citoquinas angiogénicas (164, 171). Un estudio realizado en la sinovial

de pacientes con AR precoz mostró que, tanto Ang-2 como su mRNA (ácido ribonucleico

mensajero), se encontraban elevadas (172). Ang-2 está también elevada en pacientes

hipertensos, en particular en aquellos con aterosclerosis, reflejando activación endotelial

(173). Westra et al. en un trabajo realizado con 176 pacientes con AR precoz, observaron

que los marcadores de activación endotelial (Ang-2 y el factor de crecimiento

derivado del endotelio vascular) estaban altamente correlacionados con la inflamación y

la actividad de la enfermedad, pero no con la progresión radiológica.

Ang-2 podría ser un factor predictivo para el desarrollo de enfermedades CV, ya

que sus niveles se encontraban significativamente más elevados en los pacientes con estas

patologías que en aquellos sin ella. (174).

En resumen, los mediadores que se producen y operan en los lugares donde hay
52
inflamación, como es la sinovial en las artritis crónicas, tienen un efecto sistémico. En el

hígado, inducen la producción de reactantes de fase aguda, como la PCR, el amiloide A

sérico y los factores de coagulación; además alteran el metabolismo lipídico, produciendo

un empeoramiento del balance HDL/LDL. En el tejido adipose y los músculos, la

insulinoresistencia se encuentra aumentada. El endotelio resulta dañado como consecuencia

de la alteración del perfil lipídico, siendo activado así con la ayuda de las citoquinas

circulantes y atrayendo a células inflamatorias, que promueven y perpetúan la respuesta

inflamatoria. Todo este proceso redunda en la formación de ateroma y, al estar asociado

a un estado procoagulante, el riesgo de trombosis se incrementa.

2.5. EFECTO DEL TRATAMIENTO ANTIRREUMÁTICO SOBRE EL

RIESGO CARDIOVASCULAR ASOCIADO A LA ESPONDILITIS

ANQUILOSANTE

Actualmente se ha demostrado que la aterosclerosis es una enfermedad

inflamatoria de la arteria (175), y por tanto, sería de esperar que el tratamiento

antirreumático-antinflamatorio, tuviese un efecto favorable sobre el riesgo cardiovascular

en los pacientes con EA.

La terapia con fármacos inhibidores del TNF en AR reduce un 20-50% el

riesgo cardiovascular, aunque todavía no se han publicado ensayos clínicos que tengan

como objetivo primario la reducción de éste. En la EA este tipo de estudios probablemente

no son factibles porque necesitarían gran cantidad de pacientes y varios años de

seguimiento.

El espesor intima-media carotídeo (EIMc) está validado como un marcador de

riesgo cardiovascular y de ateroesclerosis subclínica. Son necesarios más estudios que

investiguen el efecto del tratamiento anti-TNF en la progresión del EIMc. Un primer

53
estudio piloto demostró una disminución de la progresión del EIMc en 12 pacientes con

EA tratados con anti-TNF-α frente a 7 pacientes no tratados con anti-TNF-α (176). Además,

este grupo también ha demostrado recientemente que la terapia anti-TNF-α mejora la

elasticidad de la aorta (177). Un estudio controlado en 15 pacientes con EA reveló que, en

comparación con los controles sanos, la vasodilatación dependiente e independiente del

endotelio en la piel (capilares del lecho ungueal del tercer dedo) estaba alterada en los

pacientes con EA al inicio del estudio y que mejoraba significativamente después del

bloqueo del TNF (178). Otro grupo encontró resultados similares utilizando el flujo

mediado por vasodilatación de la arteria braquial después de 12 semanas de tratamiento

con anti-TNF en 12 pacientes con EA (179).

Hasta el momento, tres estudios han analizado el efecto bloqueo del TNF-α en el

perfil lipídico de la EA con resultados dispares. Éstos no mostraron efecto en dos estudios,

uno después de 6 meses de terapia en 32 pacientes (180) y el otro, tras 14 semanas de

tratamiento en 34 pacientes (181). En el tercero de los estudios se mostró una modesta

mejoría del perfil lipídico, después de 6 meses de terapia en 26 pacientes (182).

En resumen, el tratamiento antirreumático efectivo parece tener efectos favorables

sobre la aterosclerosis preclínica y sobre los factores de riesgo cardiovascular en la EA,

pero faltan estudios que tengan a la reducción de riesgo cardiovascular como objetivo

primario.

54
55
JUSTIFICACIÓN Y OBJETIVOS

56
57
3.- JUSTIFICACIÓN Y OBJETIVOS

Los pacientes con espondilitis anquilosante tienen una aterosclerosis acelerada y

un mayor riesgo de síndrome metabólico en comparación con los sujetos sanos (93, 183,

184, 83), siendo la enfermedad cardiovascular la primera causa de muerte en esta población

(75, 72).

La resistencia insulínica, la inflamación sistémica y la disfunción endotelial,

son clave en el desarrollo de enfermedad cardiovascular en los pacientes con artritis

reumatoide (AR) y ésta es el prototipo de enfermedad inflamatoria crónica con aterogénesis

acelerada (185-188).

Se sabe que la alteración de la función endotelial es un paso crítico y precoz en el

desarrollo de aterosclerosis en los pacientes con AR y se postula, que estos mismos

mecanismos sean los implicados en el caso de la enfermedad cardiovascular asociada a la

EA (184, 189, 178).

Los fármacos antagonistas del TNF-α se utilizan para el tratamiento de ambas

patologías (190-192). La resistencia insulínica, favorece la disfunción endotelial y se ha

documentado que el tratamiento con anti-TNF-α mejora dicha disfunción y la

resistencia insulínica en la AR (187), pero aún no se conoce bien su efecto sobre los

pacientes con EA.

En los individuos con enfermedades inflamatorias crónicas reumáticas, los

adipocitos y los macrófagos producen adipocinas (leptina, visfatina, adiponectina, resistina

y apelina), que son unas sustancias bioactivas implicadas en la regulación de la inflamación

sistémica (193, 194, 115).

Se dispone de poca información acerca de los valores de las adipocinas en los

pacientes con EA tratados con anti-TNF-α y de si éstas están implicadas en los mecanismos

que conducen a la aterogénesis acelerada.

58
La leptina es un factor proinflamatorio derivado de los adipocitos que

interviene en la cascada de las citocinas, vinculando los procesos inmunes e

inflamatorios del sistema neuroendocrino (195, 116). Se han encontrado aumentados

los niveles séricos de leptina en los pacientes con AR en comparación con los controles

sanos (196). Sin embargo, los resultados en pacientes con EA son contradictorios (197).

La visfatina es una adipocina con función insulinomimética (198) que se ha

vinculado con la inflamación (199, 132). También, al igual que sucede con la leptina,

sus valores circulantes son mayores en los pacientes con AR que en los controles sanos

(200), si bien en la EA el conocimiento es reducido.

La adiponectina aumenta la oxidación de los ácidos grasos y reduce la síntesis de

glucosa en el hígado y otros tejidos, ejerciendo una función protectora contra las

enfermedades cardiovasculares y la obesidad. Sin embargo, a diferencia de lo hallado en

pacientes sin patología reumatológica inflamatoria, esta adipocina actúa como un factor

proinflamatorio en las articulaciones inflamadas, promoviendo la degradación de la matriz.

Los niveles de adiponectina se han encontrado aumentados en los pacientes con AR en

comparación con los controles sanos (196), pero en los afectados con EA los resultados son

contradictorios.

La resistina es un mediador derivado de los adipocitos implicado en la

insulinorresistencia de la diabetes mellitus tipo II, pero recientemente se ha comprobado

que también desempeña un papel importante en la inflamación (141, 147). Se han descrito

niveles altos de resistina en el líquido sinovial de pacientes con AR (148). Nuestro grupo

encontró una correlación positiva entre la PCR y los valores de resistina en pacientes con

AR severa refractaria a terapia convencional tratada con infliximab (151). Además,

describimos por primera vez que el bloqueo del TNF-α producía una reducción rápida de

los niveles de resistina en pacientes con AR severa (151). La información sobre

resistina en pacientes con EA a tratamiento con agentes anti-TNF-α es limitada.


59
La apelina es otra adipocina asociada al riesgo cardiovascular, ya que provoca la

relajación de las células musculares lisas de la pared arterial, promoviendo la liberación de

óxido nítrico. Los niveles bajos de apelina se han asociado con niveles elevados de LDL

(122). Además los niveles de apelina, fueron correlacionados con biomarcadores de

activación de células endoteliales, tales como VCAM-1 y E-selectina (201). Los resultados

acerca de las concentraciones de apelina en pacientes con AR son contradictorios y, hasta

donde sabemos, no se ha estudiado en pacientes con EA.

La angiopoyetina-2 es un marcador de activación de las células endoteliales que

participa en la angiogénesis, y que hace que el endotelio responda a citoquinas

inflamatorias (185). Los niveles de Ang-2 están aumentados en pacientes con AR y

enfermedad cardiovascular, cuando se comparan con aquellos sin ella (174), pero no existen

estudios que evalúen los niveles de Ang-2 en EA.

El interés del trabajo de investigación que da lugar a esta tesis radica en tratar de

descubrir si en la EA sucede lo mismo que en la AR, ya que no se ha descrito todavía.

Los objetivos principales del trabajo de investigación que da soporte a esta

tesis doctoral, y que se ha plasmado en la publicación de cinco artículos en dos revistas de

Reumatología, por tanto son:

1.- Evaluar si la infusión de un anticuerpo monoclonal anti-TNF-α, infliximab,

reduce la insulino-resistencia y mejora la sensibilidad a la insulina en pacientes no

diabéticos con EA.

2.- Determinar si el nivel de actividad de la EA, la inflamación sistémica y el

síndrome metabólico se correlacionan con los niveles circulantes de adipocinas (leptina,

visfatina, adiponectina, resistina y apelina) y un marcador de activación endothelial

(Ang-2) en pacientes con EA tratados con infliximab.

3.- Evaluar si la infusión de infliximab altera las concentraciones circulantes de

dichas adipocinas y de Ang-2 en estos pacientes.


60
61
MATERIAL Y MÉTODOS

62
63
4.- MATERIAL Y MÉTODOS

Se analizó de modo transversal, prospectivo y descriptivo, una serie de 30

pacientes consecutivos atendidos en el plazo de 14 meses (desde Enero de 2009 hasta Marzo

de 2010) en Consultas Externas del Servicio de Reumatología del Hospital Xeral de Lugo

con diagnóstico de EA por los criterios modificados de Nueva York (30).

Por razones éticas, no existe un grupo control aleatorizado tratado con placebo.

Se excluyeron del estudio a aquellos pacientes con cifras de glucemia mayores de

110 mg/dl, a los que padecían insuficiencia renal, a los que sufrieron eventos

cardiovasculares (coronarios, cerebrales y arteriales periféricos) durante el periodo a

estudio y a los que tuvieron disfunción tiroidea e insuficiencia cardiaca.

Se catalogaron como hipertensos aquellos pacientes con cifras mayores o iguales

a 140/90 mmHg o quienes ya tomaban antihipertensivos.

Se definieron como obesos aquellos individuos con un IMC > 30, siendo el IMC

el cociente resultante de dividir el peso en kilogramos entre la talla al cuadrado en

metros.

Se administró el fármaco antagonista del TNF-α (infliximab) en infusión

intravenosa en una solución salina durante 120 minutos. En todos los casos el paciente

permaneció sin tomar ningún alimento durante la administración del fármaco.

El criterio para iniciar un tratamiento con infliximab fue la persitencia de

actividad de la enfermedad a pesar de haber recibido tratamiento con al menos tres

antiinflamatorios no esteroideos. En el momento de inicio del estudio todos tomaban

antiinflamatorios, la mayor parte con naproxeno 500-1.000 mg/día.

En la Tabla 2 se recogen las principales variables demográficas, clínicas y de

laboratorio del estudio. En el momento de inclusión, todos los pacientes estaban a

tratamiento con infliximab, por lo que el índice de actividad de la enfermedad era bajo.

64
VARIABLE

Edad media (años) ±DE


Al inicio del estudio 50,5±14,8
Al inicio de los síntomas 28,2±10,4
Retraso diagnóstico (años) ± DE 11,5±9,0
Hombre/Mujer 21/9
Duración media de la enfermedad (años) ± DE* 22,0±13,2
Historia de factores de riesgo cardiovascular clásicos, n (%)
Hipertensión 12 (40,0%)
Dislipemia 11 (36,7%)
Obesidad (IMC > 30 kg/m2) 3 (10,0%)
Fumadores 13 (43,3%)
Presión sanguímeda media (mm Hg) ± DE*
Sistólica 123,2±18,2
Diastólica 75,7±12,5
Índice de masa corporal medio (kg/m2) ± DE 26,7±3,3
Media BASDAI ± DE* 2,94±2,11
Media VAS ± DE* 31,1±24,2
Afectación de cadera, n (%) 6 (20,0)
Sinovitis o entesitis en otras articulaciones periféricas, n (%) 11 (36,7%)
Uveítis anterior, n (%) 6 (20,0%)
Sindesmofitos, n (%) 10 (33,3%)
PCR media (mg/l) ± DE**
Al diagnóstico 24,0±33,4
Al inicio del estudio 6,2± 8,7
VSG media (mm/1ª hora) ± DE***
Al diagnóstico 30,1±28,2
Al inicio del estudio 19,0±15,2
Media de colesterol y triglicéridos (mg/dl) ± DE*
Colesterol total 199,1±30,6
HDL colesterol 53,2±12,8
LDL colesterol 126,8±26,5
Triglicéridos 94,0±53,7
Cifra media de glucosa sérica (mg/dl) ± DE* 92,8±8,6
HLA-B27 positivo (n=27, %) 20 (74,1%)

Al inicio del estudio* Valor normal <5 mg/l ** Valor normal < 20 mm/1ª hora***
Tabla 2: variables clínicas, demográficas y de laboratorio de los 30 pacientes con EA.

El estudio fue aprobado por el comité institucional local y todos los pacientes

dieron su consentimiento expreso por escrito para participar en el trabajo. Ninguna

compañía farmacéutica colaboró en modo alguno durante el estudio.

Las muestras de sangre fueron extraídas a las 08:00 horas (tiempo 0),

inmediatamente antes de la administración de infliximab, para analizar la velocidad de

sedimentación globular, proteína C-reactiva (látex inmuno-turbidimetría), lípidos

65
(colorimetría enzimática), glucemia, insulina sérica (mU/ml) (DPC, Dipesa, Los Angeles,

CA, [Link].) y las adipocinas objeto de estudio. Además, se extrajeron otras muestras de

sangre para la determinación de glucosa en plasma, insulina en suero y nuevas

concentraciones de adipocinas justo al final de la infusión de infliximab (tiempo 120).

Las concentraciones de adiponectina total y resistina en plasma se calcularon por

ELISA (Linco Research, St. Charles, MO, [Link].). En el caso de la adiponectina, el

valor de sensibilidad del ensayo era de 0,5 ng/ml y los coeficientes intra e interensayo de

variación de 3,3% y 5,5%, respectivamente. En el caso de la resistina, la sensibilidad del

ensayo era de 0,16 ng/ml y los coeficientes de variación intra e interensayo de <5% y

<7%, respectivamente.

Los niveles séricos de leptina se determinaron por ELISA ("Human leptin Kit

ELISA", EZHL-80SK, Linco Research, St. Charles, MO, [Link]). Para su cálculo se

utilizó un valor de sensibilidad del ensayo de 0,135 ng/ml ± 2DE, con unos

coeficientes de variación intra e interensayo del 3,7% y 4%, respectivamente.

Los niveles de visfatina en suero se determinaron por ELISA ("Visfatin C-

Terminal EIA Kit", EK-003-80, Phoenix Pharmaceuticals, Inc., California, [Link]) con

una sensibilidad del ensayo de 2,68 ng/ml y unos coeficientes de variación intra e

interensayo de <10% y <15%, respectivamente.

Para calcular las concentraciones séricas de apelina se utilizó un test de ELISA

igual que para las demás adipocinas (“Apelin-12 EIA Kit”, EK-057-23, Phoenix

Pharmaceuticals, California, [Link].). La sensibilidad del ensayo era de 0,06 ng/ml y los

coeficientes de variación intra-e interensayo fueron <10% y <15%, respectivamente. El kit

de ELISA para Apelina-12 tiene un 100% de reactividad cruzada con la apelina-12, 13 y

36 humanas.

66
Las concentraciones en suero de Ang-2 se determinaron igualmente por ELISA

(Abcam, AB99971) antes (tiempo 0) y después (tiempo 120) de la infusión de

infliximab.

Los índices de QUICKI y HOMA son marcadores subrogados de resistencia a la

insulina que se utilizan comunmente. La resistencia a la insulina se calculó inmediatamente

antes y después de la infusión de infliximab por el modelo de evaluación de la

homeostasis para la resistencia a la insulina (HOMA) utilizando la siguiente fórmula:

insulina en suero (mU/ml) x glucosa en plasma (mmol/l) / 22,5 (19), y la sensibilidad de la

insulina con el índice cuantitativo de verificación (QUICKI) utilizando la fórmula: 1/log

insulina (mU/ml) + log glucosa (mg/dl) (20). El uso de la QUICKI es más exacto que

el índice HOMA ya que las variables se transforman logarítmicamente (20). Los

pacientes con valores de HOMA ≥ 2,29 fueron clasificados como resistentes a la insulina,

tal y como se recomienda en la literatura (21).

La glucosa, el HOMA, el QUICKI, las concentraciones de adipocinas y de

Ang-2 antes (tiempo 0) y después de la infusión (tiempo 120) se compararon mediante la

prueba t de Student para datos pareados. Se ajustaron los cálculos por edad, sexo e IMC.

La correlación entre el HOMA basal en el tiempo 0 con una selección de las

variables continuas se realizó a través de la estimación del coeficiente de correlación parcial

de Pearson (r), ajustando por edad en el momento del estudio, sexo y factores de riesgo

cardiovascular clásicos. De igual modo se realizó para el cálculo de la correlación entre

los niveles basales de adipocinas, de Ang-2 y las variables contínuas

seleccionadas.

Las asociaciones entre las características basales de los pacientes y las

concentraciones séricas de adipocinas y de Ang-2 se establecieron con la prueba de t-

67
Student. Las diferencias entre los niveles de adipocinas en función del sexo y de la

presencia o no de hipertensión se analizaron con el test U de MannWhitney.

Se fijó el nivel de significación estadística como p ≤ 0,05. Los análisis se

realizaron utilizando Stata 12/SE (StataCorp, College Station, TX).

68
69
ARTÍCULOS PUBLICADOS

70
TNF-alpha antagonist therapy improves insulin sensitivity in non-diabetic ankylosing spondylitis
patients J.A. Miranda-Filloy, J. Llorca, B. Carnero-López, C. González-Juanatey,R. Blanco, M.A.
González-Gay

Clinical and Experimental Rheumatology 2012 Nov-Dec; 30 (6): 850-855

Leptin and visfatin serum levels in non-diabetic ankylosing spondylitis patients undergoing TNF-
α antagonist therapy J.A. Miranda-Filloy, R. López-Mejias, F. Genre, B. Carnero-López, R.
Ochoa, T. Diaz de Terán, C. González-Juanatey, R. Blanco, J. Llorca, M.A. González-Gay

Clinical and Experimental Rheumatology 2013 Jul-Aug; 31(4):538-545

Adiponectin and resistin serum levels in non-diabetic ankylosing spondylitis patients


undergoing TNF-α antagonist therapy J.A. Miranda-Filloy, R. López-Mejias, F. Genre, B.
Carnero-López, R. Ochoa, T. Diaz de Terán, C. González-Juanatey, R. Blanco, J. Llorca, M.A.
González-Gay

Clinical and Experimental Rheumatology 2013 May-Jun; 31(3): 365-371

Apelin serum levels in non-diabetic ankylosing spondylitis patients undergoing TNF-α


antagonist therapy F. Genre, J.A. Miranda-Filloy, R. López-Mejias, B. Carnero-López, R. Ochoa,
J. Rueda, C. González-Juanatey, R. Blanco, J. Llorca, M.A. González-Gay

Clinical and Experimental Rheumatology 2013 Jul-Aug; 31(4):532-537


Antitumour necrosis factor- therapy modulates angiopoietin-2 serum levels in non-diabetic
ankylosing spondylitis patients Fernanda Genre, José A Miranda-Filloy, Raquel López-Mejias, et
al.

Ann Rheum Dis 2013 72: 1265-1267 originally published online March 12, 2013

doi: 10.1136/annrheumdis-2012-203169
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Letters

Antitumour necrosis factor-α


therapy modulates angiopoietin-2
serum levels in non-diabetic
ankylosing spondylitis patients
Ankylosing spondylitis (AS) has been associated with increased
cardiovascular (CV) mortality1 2 and accelerated atherosclerosis.3
Traditional CV risk factors and inflammation contribute to
increased CV morbidity in AS.2 Antitumour necrosis factor
(anti-TNF)-α therapy has been found to be effective in patients
with AS and other spondyloarthropathies.4 We have observed
that non-diabetic AS patients treated with infliximab experi-
enced a dramatic reduction in serum insulin levels and improve-
ment of insulin sensitivity after administration of this drug.5 It
is plausible to think that TNF-α blockade may account for some
other biological changes that slow the progression of atheroscler-
osis in AS. Therefore, it may be important to establish potential
changes in biomarkers of endothelial cell activation following
the administration of anti-TNF-α drugs in AS patients.
Angiopoietin-2 (Angpt-2) is a marker of endothelial cell acti-
vation, involved in angiogenesis, which makes the endothelium
responsive to inflammatory cytokines.6 Angpt-2 levels have
been found increased in rheumatoid arthritis (RA) patients
with CV disease (CVD) when compared with those without
CVD.6 However, to our knowledge, there are no studies asses-
sing Angpt-2 levels in AS. Due to this, our aim was to deter-
mine whether disease activity, systemic inflammation and
metabolic syndrome are potential determinants of circulating
Angpt-2 in AS patients undergoing TNF-α antagonist-inflixi-
mab therapy. We also assessed the impact of TNF-α blockade
on circulating Angpt-2 concentrations.
We measured Angpt-2 serum levels by ELISA (Abcam,
AB99971) in a series of 30 consecutive non-diabetic AS patients

Ann Rheum Dis July 2013 Vol 72 No 7 100 1265


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Letters

Table 1 Partial correlation of serum Angpt-2 with selected continuous and a marginally significant correlation with disease duration
variables adjusting by age at the time of the study, sex and classic (r=0.941; p=0.06). No significant correlation between Angpt-2
cardiovascular risk factors in 30 patients with ankylosing spondylitis concentration and clinical variables of disease activity, labora-
Variable r p Value
tory markers of inflammation, adiposity, metabolic syndrome
features or adipokine serum levels was seen (table 1). It was
Age at the onset of symptoms 0.949 0.05 also the case for correlations between Angpt-2 serum levels and
Disease duration* 0.941 0.06 adipokine, homeostasis model assessment of insulin resistance
BMI†* −0.885 0.12 and quantitative insulin sensitivity check index values obtained
Systolic blood pressure†* 0.806 0.19 immediately after infliximab infusion (data not shown).
Diastolic blood pressure†* −0.885 0.12 Angpt-2 serum levels before and postinfusion were compared
BASDAI* −0.431 0.57 using the paired Student t test. Following an infliximab infu-
VAS* −0.354 0.65 sion, a significant reduction of Angpt-2 serum levels was
ESR* (natural-log-transformed) −0.370 0.63 observed. The median (IQ range) values of Angpt-2 decreased
CRP* (natural-log-transformed) −0.912 0.09 from 1901 (1352–2540) pg/ml immediately before infliximab
ESR‡ (natural-log-transformed) 0.760 0.24 infusion (time 0) to 1387 (1109–1855) pg/ml at the end of the
CRP‡ (natural-log-transformed) −0.663 0.34 infusion (time 120 min) ( p<0.001) ( figure 1).
Total cholesterol* (natural-log-transformed) −0.374 0.63 A significant increase of Angpt-2 levels was found in patients
HDL cholesterol†* (natural-log-transformed) −0.290 0.71 with recent onset RA suggesting that it could be a potential bio-
LDL cholesterol* (natural-log-transformed) 0.624 0.38 marker for the development of CVD.6 Angpt-2 expression was
Triglycerides†* (natural-log-transformed) −0.154 0.85 also significantly increased in early psoriatic arthritis synovial
Serum glucose†* (natural-log-transformed) 0.474 0.53 membrane.7 Angpt-2 promotes the pro-inflammatory activation
HOMA-IR†* 0.916 0.08 of human macrophages in RA synovial tissue, and Angpt-2 neu-
QUICKI* 0.894 0.11 tralisation in an in vivo model of RA decreased disease severity,
Resistin at time 0 −0.684 0.32 inflammation, neovascularisation and joint destruction.8 High
Adiponectin at time 0 −0.883 0.11 levels of Angpt-2 have also been associated with Crohn’s disease.9
Leptin at time 0 0.669 0.33 In conclusion, we found, for the first time that TNF-α block-
Visfatin at time 0 −0.612 0.39 ade in patients with AS results in decreased circulating Angpt-2
*At the time of the study. concentrations. It is possible that this effect may be part of the
†Features of metabolic syndrome. complex mechanisms leading to the reduction of the risk of CV
‡At the time of disease diagnosis. events associated with this intervention in patients with
Angpt-2, angiopoietin-2; BASDAI, Bath ankylosing spondylitis disease activity index; chronic inflammatory diseases.10 However, as our series was
BMI, body mass index; CRP, C reactive protein; ESR, erythrocyte sedimentation rate;
HDL, high-density lipoprotein; HOMA-IR, homeostasis model assessment of insulin
relatively small, further replication studies are needed.
resistance; LDL, low-density lipoprotein; QUICKI, quantitative insulin sensitivity
check index; VAS, visual analogue scale. Fernanda Genre,1 José A Miranda-Filloy,2 Raquel López-Mejias,1
Beatriz Carnero-López,3 Rodrigo Ochoa,1 Javier Rueda,1
without history of CV events before and after an infliximab Carlos González-Juanatey,4 Ricardo Blanco,1 Javier Llorca,5
infusion. Local institutional committee approval and patients’ Miguel A González-Gay1
informed consent was obtained. Information on blood sample
1
determinations in this cohort of patients with AS has previ- Epidemiology, Genetics and Atherosclerosis Research Group on Systemic
ously been reported.5 Infliximab was given as an intravenous Inflammatory Diseases, Rheumatology Division, IFIMAV, Santander, Spain
2
Rheumatology Division, Hospital Xeral-Calde, Lugo, Spain
infusion in a saline solution over 120 min. All measurements 3
Oncology Division, Hospital Del Bierzo, Ponferrada, León
were made in the fasting state. 4
Cardiology Division, Hospital Xeral-Calde, Lugo, Spain
Angpt-2 concentration showed a significant positive correl- 5
Department of Epidemiology and Computational Biology, School of Medicine,
ation with age at the onset of AS symptoms (r=0.949; p=0.05) University of Cantabria, IFIMAV, and CIBER Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP),
Santander, Spain

Correspondence to Dr Miguel A González-Gay, Epidemiology, Genetics and


Atherosclerosis Research Group on Systemic Inflammatory Diseases, Rheumatology
Division, Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, IFIMAV, Avenida de Valdecilla,
s/n, Santander 39008, Spain; miguelaggay@[Link]

FG and JAM-F contributed equally.


MAG-G and JL shared senior authorship in this study.

Acknowledgements The authors thank Mrs Susana Escandon and Isabel


Castro-Fernandez, nurses from the Rheumatology Outpatient Clinic, and Ms Pilar Ruiz, a
nurse from the Hematology Division, and the members of the Biochemistry Department
from Hospital Xeral-Calde, Lugo, for their valuable help to undertake this study.
Contributors FG performed the study, contributed to the elaboration of the protocol
of study, helped in the interpretation of data and in the elaboration of the manuscript.
JAM-F recruited patients for the study, contributed to the elaboration of the protocol
of study, helped in the interpretation of data and the elaboration of the manuscript.
RL-M, BC-L, RO, JR, CG-J and RB helped in the interpretation of data and contributed
Figure 1 Box plot showing differences between basal (time 00 ) and to the elaboration of the manuscript. JL contributed to the elaboration of the protocol
postinfusion (time 120 min) in angiopoietin-2 (Angpt-2) serum of study, helped in the interpretation of data and the elaboration of the manuscript
concentration. and performed the statistical analysis. MAG-G recruited patients for the study,

101 Ann Rheum Dis July 2013 Vol 72 No 7


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Letters

contributed to the elaboration of the protocol of study, helped in the interpretation of


data and was responsible of the final drafting and elaboration of the manuscript.
Funding This study was supported by grants from ‘Fondo de Investigaciones
Sanitarias’ PI06/0024, PS09/00748 and PI12/00060 (Spain). This work was also
partially supported by RETICS Program, RD08/0075 and RD12/0009/0013 (RIER) from
‘Instituto de Salud Carlos III’ (ISCIII) (Spain).
Competing interests None.
Patient consent Obtained.
Ethics approval Local institutional committee.
Provenance and peer review Not commissioned; externally peer reviewed.
Received 22 December 2012
Revised 12 February 2013
Accepted 24 February 2013
Published Online First 12 March 2013
Ann Rheum Dis 2013;72:1265–1267. doi:10.1136/annrheumdis-2012-203169

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Ann Rheum Dis July 2013 Vol 72 No 7
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Antitumour necrosis factor- therapy


modulates angiopoietin-2 serum levels in
non-diabetic ankylosing spondylitis patients
Fernanda Genre, José A Miranda-Filloy, Raquel López-Mejias, et al.

Ann Rheum Dis 2013 72: 1265-1267 originally published online March
12, 2013
doi: 10.1136/annrheumdis-2012-203169

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103
RESULTADOS

104
105
6.- RESULTADOS

6.1.- TRATAMIENTO CON ANTI-TNF-α Y SENSIBILIDAD

INSULÍNICA

Se evaluó una serie de 30 pacientes no diabéticos con EA que acudieron a consultas

externas hospitalarias y que cumplían los criterios de Nueva York modificados para el

diagnóstico de EA. En todos los casos, el fármaco (infliximab) se administró como una

infusión intravenosa en una solución salina durante 120 minutos. Se tomaron muestras de

sangre en ayunas para la determinación de glucosa en plasma y los niveles de insulina en

suero inmediatamente antes (tiempo 0) y después de la infusión de infliximab (tiempo

120).

En el momento del estudio sólo 8 (26,7%) de los 30 pacientes cumplían las

definiciones de resistencia a la insulina. El valor de ésta según la fórmula de HOMA fue en

la mayoría de los casos menor de 2,29.

Se produjo un descenso significativo en los niveles de insulina sérica después de

la infusión de infliximab. Los valores de HOMA previos a la infusión (tiempo 0) presentaron

una reducción estadísticamente significativa comparados con los valores posteriores al

tratmiento (tiempo 120) (p <0,001) (Tabla 3).

Basal (tiempo 0) Postinfusión (tiempo 120) p

Media ± DE Media ± DE
Glucosa plasma (mg/dl) 9269 ±9,2 89,3 ±7,4 0,005

HOMA 16,72 ±1,22 1,18 ±0,94 <0,001

QUICKI 0,37 ±0,04 0,39 ±0,04 0,004

Tabla 3. Diferencias entre el valor basal y post-infusional de glucosa, HOMA y QUICKI.

106
La disminución en el valor de HOMA fue más importante en los pacientes con

los mayores valores de HOMA preinfusionales, pero se apreció descenso en todos ellos

como puede observarse en la Figura 4.

1
HOMA time 120' - HOMA time 0'

-1

-2

-3
0 1 2 3 4 5
HOMA time 0

Figura 5 : Cambios en el índice HOMA en función de los valores basales. Valores basales
negativos de HOMA indican que éste decrece después de la infusión de infliximab. La figura muestra como
HOMA disminuye en la mayoría de los pacientes y que cuanto mayor valor de HOMA basal tenga el paciente,
mayor es el descenso tras la infusión de anti-TNF-α.

Por otra parte, se objetivó una mejoría significativa de la sensibilidad a la insulina

en la mayoría de los pacientes al comparar los valores de QUICKI previos a la infusión de

infliximab (tiempo 0) con los posteriores a la misma (tiempo 120) (p = 0,004) (Tabla

3). La Figura 5 muestra que el incremento en los valores de QUICKI postinfuisionales

(tiempo 120) fue menor en los pacientes con valores más altos en el tiempo 0.

107
Un valor bajo de QUICKI se correlaciona con la presencia de resistencia a

la insulina.

.1
QUICKI time 120' - QUICKI time 0'

.05

-.05

-.1
.3 .35 .4 .45
QUICKI time 0

Figura 5: cambios en el índice QUICKI en función de los valores basales de éste. Los valores positivos
indican que el índice QUICKI se incrementa después de la infusión de infliximab. La figura muestra que
QUICKI aumentó en la mayoría de los pacientes y que cuanto mayor es su valor basal, menor es su
incremento tras la infusión de infliximab.

Aparte de la actividad de la enfermedad, la obesidad se correlaciona de modo

positivo con la resistencia a la insulina en la artritis inflamatoria. Sin embargo, sólo 3 (10%)

de los 30 pacientes de la serie utilizada en el presente trabajo tenían un IMC superior a 30

(Tabla 2). No se apreció correlación significativa entre el valor inicial de HOMA y el IMC

(Tabla 4); tampoco entre los valores de los reactantes de fase aguda (VSG y PCR), el

índice de medición de actividad de la enfermedad (BASDAI) y el valor de HOMA

preinfusional (tiempo 0) (Tabla 4).

108
r-valor p-valor

Edad al comienzo de los síntomas 0,1358 0,50

Duración de la enfermedad* -0,1345 0,50

IMC* 0,2532 0,20

BASDAI* 0,3483 0,08

VAS* 0,1629 0,42

VSG al diagnóstico -0,0714 0,72

(natural-log-transformed)

PCR al diagnóstico -0,0580 0,77

(natural-log-transformed)

VSG al inicio del estudio 0,0332 0,87

(natural-log-transformed)

PCR al inicio del estudio 0,0465 0,82

(natural-log-transformed)

*al inicio del estudio

Tabla 4 : Se muestra la correlación parcial entre el valor del índice HOMA de Resistencia
insulínica basal (tiempo 0) con las variables contínuas seleccionadas, ajustadas por edad el inicio del estudio,
sexo y factores de riesgo cardiovascular clásico en los 30 pacientes con EA estudiados.

6.2.- TRATAMIENTO CON ANTI-TNF-α Y NIVELES DE VISFATINA

Y LEPTINA

Se investigaron las concentraciones séricas de leptina y visfatina en una serie de

30 pacientes con EA no diabéticos sin historia de enfermedad cardiovascular que fueron

tratados con infliximab, inmediatamente antes (tiempo 0) y después (tiempo 120) de una

infusión de infliximab. Las concentraciones de leptina y visfatina no mostraron una

correlación con significativa con la edad al inicio de los síntomas o en el momento del

estudio (Tabla 5).

109
Variable r p r p
(con leptina) (con leptina) (con vvisfatina) (con visfatina)
Edad al inicio de los síntomas -0,195 0,35 0,117 0,56
Duración de la enfermedad* 0,157 0,45 0,108 0,59
IMC* -0,233 0,26 0,033 0,87
Presión arterial sistólica* -0,08 0,69 -0,239 0,23
Presión arterial diastólica* -0,002 0,99 0,002 0,99
BASDAI* -0,133 0,53 -0,014 0,94
VAS* -0,199 0,34 -0,051 0,80
VSG* (natural-log-transformed) 0,073 0,73 -0,195 0,33
PCR* (natural-log-transformed) 0,004 0,98 -0,052 0,80
VSG** (natural-log-transformado) 0,117 0,58 -0,067 0,74
PCR ** (natural-log-transformed) 0,113 0,59 0,126 0,53
Colesterol total* (natural-log- 0,163 0,44 -0,063 0,76
transformed)
HDLc* (natural-log-transformed) 0,151 0,47 0,006 0,98
LDLc* (natural-log-transformed) 0,062 0,77 -0,149 0,46
Triglicéridos* (natural-log-transformed) 0,103 0,62 0,067 0,74
Glucemia (natural-log-transformed) 0,131 0,53 0,316 0,11
HOMA-IR* 0,258 0,21 0,493 0,009
QUICKI* -0,249 0,23 -0,294 0,14
Resistina tiempo 0 0,114 0,62 -0,006 0,98
Adiponectina tiempo 0 -0,179 0,39 -0,115 0,58
Leptina tiempo 0 - - 0,232 0,26
Visfatina tiempo 0 0,232 0,26 - -
* Al inicio del estudio. ** Al diagnóstico de la enfermedad. BASDAI: índice de actividad de Bath de la
espondilitis anquilosante. IMC: ïndice de masa corporal. PCR: proteína C reactiva. VSG: velocidad de
sedimentación globular. HDL: lipoproteína de alta densidad. HOMA-IR: Modelo de valoración por
homeostasis de la resistencia insulínica. LDL: lipoproteína de baja densidad. QUICKI: ínidce cuantitativo
de detección de resistencia insulínica. VAS: escala analógica visual.

Tabla 5. Correlación parcial entre los niveles de leptina y visfatina basales con las variables contínuas
seleccionadas, ajustadas por edad al inicio del estudio, sexo y factores de riesgo cardiovascular clásicos.

Se objetivaron diferencias significativas entre las concentraciones de leptina de los

hombres (8,85 ± 5,31 ng/ml) y las mujeres (18,96 ± 9,72 ng/ml) (p = 0,001). Sin embargo,

no se encontraron diferencias en los niveles visfatina en función del sexo (Tabla 6).

110
Variable Categoría Leptina: p Visfatina: p
Media ± DE Media ± DE
Sexo Hombre 8,85±5,31 0,001 2,07±1,41 0,18
Mujer 18,96±9,72 1,41±0,52
Hipertensión arterial Sí 11,07±7,85 0,58 1,71±0,99 0,57
No 12,87±8,90 1,98±1,40
Dislipemia Sí 11,92±8,09 0,93 1,36±0,53 0,09
No 12,21±8,78 2,17±1,44
Obesidad Sí 12,24±7,40 0,96 1,22±0,53 0,35
No 12,08±8,61 1,94±1,28
Fumador actual Sí 10,07±5,35 0,31 1,90±1,35 0,90
No 13,41±9,77 1,84±1,19
Afectación de cadera Sí 11,87±8,50 0,95 1,66±0,51 0,65
No 12,15±8,53 1,92±1,37
Sinovitis y/o entesitis Sí 11,12±6,99 0,65 1,44±0,48 0,15
en otras art. periféricas
No 12,64±9,18 2,12±1,47
Uveítis anterior Sí 14,05±10,08 0,57 1,26±0,16 0,19
No 11,67±8,14 2,02±1,35
Sindesmofitos Sí 14,93±7,98 0,19 1,89±0,79 0,95
No 10,52±8,37 1,86±1,43
HLA-B27 Positivo 12,62±9,33 0,37 1,70±0,78 0,36
Negativo 9,15±5,45 2,23±2,21
HLA: antigeno leucocitario humano. DE: desviación estándar.

Tabla 6. Diferencias en los niveles basales de leptina y visfatina estratificados por variables
categóricas.

No se demostró que hubiese correlación entre la PCR y VSG en el momento del

estudio o en el momento del diagnóstico de la enfermedad y las concentraciones de leptina y

visfatina.

No se observó ninguna correlación significativa entre los niveles séricos de

leptina o visfatina y el IMC (Tabla 5), si bien en nuestra serie de 30 pacientes con EA el

90% tenían un índice de masa corporal normal.

111
No se objetivó correlación significativa entre las concentraciones de leptina y

visfatina y la presión arterial sistólica o diastólica, el HDL colesterol total y el LDL-

colesterol, los triglicéridos y los niveles de glucosa (Tabla 5).

De acuerdo con estas observaciones, no se demostraron tampoco diferencias

significativas en las concentraciones de leptina y visfatina al estratificar a los pacientes

atendiendo a la presencia o n o de hipertensión y/o dislipidemia (Tabla 6 ). Sin embargo,

sí se apreció una correlación significativa entre las concentraciones visfatina y la resistencia

a la insulina (HOMA en el momento del estudio) (r = 0,493, p = 0,009) (Tabla 5).

Las concentraciones circulantes de leptina y visfatina no se correlacionaron con la

duración de la enfermedad, el BASDAI y la VAS del dolor espinal al inicio del estudio

(Tabla 5).

Asimismo, no se observaron diferencias entre las concentraciones de leptina y

visfatina cuando los pacientes con antecedentes de uveítis anterior o presencia de

sindesmofitos se compararon con el resto de pacientes que no presentan estas características.

Sucedió lo mismo al comparar a los pacientes HLA-B27 positivos con los negativos y al

estratificarlos por la presencia o ausencia de afectación de cadera o de sinovitis y/o entesitis

en otras articulaciones periféricas (Tabla 6).

Las concentraciones de leptina y visfatina no cambiaron antes y después de la

infusión de infliximab (Tabla 7) y las concentraciones basales de leptina no se

correlacionaron con los niveles obtenidos de visfatina inmediatamente antes de la infusión

de infliximab.

No se observó igualmente correlación entre los niveles de leptina, visfatina,

adiponectina y resistina anteriores a la infusión de infliximab (Tabla 5).

112
Basal (tiempo 0) Postinfusión (tiempo 120) p

Leptina

Media ± DE (ng/ml) 12,10 ± 8,36 11,15 ± 8,22 0,26

Mediana (rango IQ) 11,61 (5,12 – 16,18) 8,09 (4,68 – 15,30)

Visfatina

Media ± DE (ng/ml) 1,87 ± 1,24 2,16 ± 1,75 0,26

Mediana (rango IQ) 1,33 (1,13 – 2,03) 1,53 (1,12 – 2,71)

DE: desviación estándar. IQ: interquartil.

Tabla 7 . Diferencias entre los niveles basales y postinfusionales de las concentraciones séricas de
leptina y visfatina.

La correlación entre las concentraciones circulantes de leptina y visfatina

postinfusionales de infliximab con las características iniciales registradas no difiere de la

correlación entre las concentraciones circulantes de leptina y visfatina basales

(obtenidas a tiempo 0) y las características iniciales registradas.

6.3.- TRATAMIENTO CON ANTI-TNF-α Y NIVELES DE

ADIPONECTINA Y RESISTINA

Se investigaron las concentraciones en suero de adiponectina y resistina, antes

(tiempo 0) y después (tiempo 120) del tratamiento con una infusión de infliximab en una

serie de 29 pacientes con EA no diabéticos sin antecedentes de enfermedades

cardiovasculares.

Las concentraciones de adiponectina y la resistina no mostraron correlación

significativa con la edad del paciente al inicio de los síntomas (Tabla 8).

113
Variable r (con p (con r (con p (con
resistina) resistina) adiponectina) adiponectina)
Edad al inicio de los síntomas -0,374 0,09 0,118 0,57

Duración de la enfermedad* 0,373 0,09 -0,017 0,93

IMC* -0,227 0,31 -0,367 0,07

Presión arterial sitólica* 0,105 0,64 -0,108 0,60


Presión arterial diastólica* -0,018 0,94 -0,111 0,59
BASDAI* -0,101 0,65 -0,126 0,54
VAS* -0,117 0,60 0,123 0.55
VSG* (natural-log-transformed) 0,254 0,25 -0,085 0,68
PCR* (natural-log-transformed) 0,043 0,85 -0,002 0,99
VSG**(natural-log-transformed) 0,235 0,29 -0,025 0,90
PCR ** (natural-log-transformed) 0,259 0,24 -0,050 0,81
Colesterol total* (natural-log- 0,061 0,79 0,094 0,65
transformed)
HDLc*(natural-log-transformed) -0,070 0,76 0,009 0,96
LDLc*(natural-log-transformed) 0,156 0,49 0.039 0,85
Triglicéridos* (natural-log- 0,201 0,37 0,117 0.57
transformed)
Glucemia* (natural-log-transformed) 0,100 0,66 -0,177 0,39
HOMA-IR* -0,326 0,14 -0,354 0,08
QUICKI* 0,393 0,07 0,384 0,05
Resistina en el minuto 0 -0,054 0,81
*Al inicio del estudio. **Al diagnóstico de la
enfermedad.

Tabla 8. Correlación parcial de los niveles séricos de resistina y adiponectina en el minuto 0 con las
variables contínuas seleccionadas, ajustadas por edad al inicio del estudio, sexo y factores de riesgo
cardiovascular clásicos en 29 pacientes con espondilitis anquilosante.

Del mismo modo, no hubo diferencias entre las concentraciones de

adiponectina y resistina atendiendo al sexo (Tabla 9) ni se objetivó tampoco correlación

entre la PCR y VSG (ni al diagnóstico ni en el momento de inclusión) y los niveles de

adiponectina y resistina. Se observó una correlación ligeramente significativa entre los

niveles séricos de adiponectina y el IMC (r = -0,367; p=0,007), por el contrario. No se

evidenció correlación significativa entre las concentraciones de adiponectina y resistina y

la presión arterial (sistólica o diastólica), el colesterol total, el colesterol HDL, el colesterol

LDL, los triglicéridos o los niveles de glucosa (Tabla 8).

De acuerdo con estas observaciones, no hubo diferencias significativas entre los

valores de adiponectina y resistina al estratificar a los pacientes según la presencia o no de

hipertensión y dislipemia (Tabla 9).


114
Sin embargo, sí se encontró una correlación significativa entre lasconcentraciones

de adiponectina y la sensibilidad de la insulina (QUICKI) en el momento de iniciar el

estudio) (r = 0,384, p = 0,05) (Tabla 8).

Las concentraciones circulantes de adiponectina y resistina no se correlacionaron

con la duración de la enfermedad ni con los índices de actividad de la misma, BASDAI

y VAS, en el momento de la inclusión en el estudio (Tabla 8 ).

Asimismo, no hubo diferencias entre las concentraciones de adiponectina y

resistina de los pacientes con antecedentes de uveítis anterior o presencia de

sindesmofitos y los pacientes que no presentaban estas características (Tabla 9). Eso

mismo sucedió cuando se comparó a los pacientes HLA-B27 positivo frente a los

negativos (Tabla 9 ). Sin embargo, los pacientes con afectación de cadera o sinovitis

y/o entesitis en otras articulaciones periféricas tenían mayores concentraciones de

adiponectina que los que no tenían estas complicaciones (valor de p para las dos

comparaciones = 0,01) (Tabla 9).

Variable Categoria Resistina: P Adiponectina: p


Media ± DE Media± DE

Sexo Hombre 14,63±7,90 0,79 15013±6705 0,46


Mujer 15,47±6,77 17256±9017
Hipertensión arterial Sí 13,45±7,40 0,32 16621±6042 0,59
No 16,36±6,71 15066±8356
Dislipemia Sí 11,69±5,58 0,09 17421±7330 0,34
No 16,85±7,13 14664±7462
Obesidad Sí 10,91±3,36 0,38 14205±8801 0,72
No 15,57±7,15 15883±7412
Fumador Sí 16.91±6,63 0,33 12960±5903 0,09
No 14,06±7,22 17650±7897
Afectación de cadera Sí 15,14±4,96 0,98 22418±5086 0,01
No 15,22±7,65 13959±6961
Sinovitis y/o entesitis Sí 15,52±7,28 0,84 20003±6751 0,01
en otras art. periféricas
No 14,95±7,04 13086±6657
Uveítis anterior Sí 10,57±5,45 0,10 18480±7312 0,37
No 16,36±6,97 15132±8057
Sindesmofitos Sí 15,69±8,15 0,78 16669±5455 0,62
No 14,87±6,40 15205±8347
HLA-B27 Positivo 14,49±7,24 0,47 15343±7543 0,72
Negativo 16,71±6,64 14107±7641

Tabla 9. Diferencias entre la resistina y adiponectina basales estratificadas según las variables
categóricas.

115
Las concentraciones de adiponectina y resistina no cambiaron antes y después

de la infusión de infliximab (Tabla 10), y las concentraciones basales de adiponectina no

se correlacionaron con las de resistina (Tabla 8).

Tampoco hubo diferencias en la correlación existente entre las concentraciones

de adiponectina y resistina circulantes al diagnóstico y las documentadas en el momento

basal (tiempo 0) de inclusión en el estudio.

Basal (tiempo 0) Postinfusión (iempo 120) p

Resistina

Media ± DE (ng/ml) 15,20±7.00 14,61±7,16 0,63

Mediana (rango IQ) 14,58 (9.37-18.07) 14,19 (9,52-17,.85)

Adiponectina

Media ± DE (ng/ml) 15709±7406 14845±6280 0,19

Mediana (rango IQ) 14117 (10428-22285) 13672 (10392-19674)

Tabla 10. Diferencias entre la concentración sérica de resistina y adiponectina basales iempo 0)
y postinfusión (tiempo 120).

6.4.- TRATAMIENTO CON ANTI-TNF-α Y NIVELES DE APELINA

Se investigaron las concentraciones séricas apelina en una serie de 30 pacientes

con EA no diabéticos, sin historia de enfermedad cardiovascular, que estaban a tratamiento

con infliximab inmediatamente antes y después de la infusión de éste.

La concentración de apelina no mostró una correlación significativa con la

edad al inicio de los síntomas, el IMC, la PCR y la VSG al inicio del estudio o en el

momento del diagnóstico de la enfermedad, ni con las concentraciones de adiponectina,

resistina, leptina, y visfatina (Tabla 11).

116
Variable r p
Edad al inicio de los síntomas -0.507 0.49

Duración de la enfermedad* -0.369 0.63

IMC* 0.349 0.65

Presión arterial sistólica* -0.487 0.51


Presión arterial diastólica* 0.377 0.62
BASDAI* 0.135 0.87
VAS* 0.437 0.56
VSG* (natural-log-transformed) -0.431 0.57
PCR* (natural-log-transformed) 0.723 0.28
VSG**(natural-log-transformed) 0.617 0.38
PCR ** (natural-log-transformed) -0.130 0.87
Colesterol total* (natural-log- -0.256 0.74
transformed)
HDLc*(natural-log-transformed) 0.458 0.54
LDLc*(natural-log-transformed) 0.033 0.97

Triglicéridos* (natural-log- 0.560 0.44


transformed)

Glucemia* (natural-log-transformed) -0.029 0.97


HOMA-IR* -0.655 0.35

QUICKI* -0.593 0.41

Resistina minuto 0 0.563 0.44

Adiponectina minuto 0 0.178 0.82

Leptina minuto 0 -0.598 0.40

Visfatina minuto 0 0.524 0.48

* Al diagnóstico. ** Al inicio del estudio.

Tabla 11. Correlación parcial entre los niveles séricos de apelina (tiempo 0) con las variables
contínuas seleccionadas, ajustadas por edad al inicio del estudio, sexo y factores de riesgo cardiovascular
clásicos en 30 pacientes con espondilitis anquilosante.

Asimismo, no se observó que hubiese diferencias entre las concentraciones de

apelina en suero entre hombres y mujeres (Tabla 12).

117
Variable Categoría Apelina: p
Media ± DE
Sexo Hombre 1.13±0.66
Mujer 0.97±0.38 0.52
Hipertensión arterial Sí 1.02±0.22
No 1.12±0.75 0.65
Dislipemia Sí 0.95±0.25
No 1.16±0.71 0.36
Obesidad Sí 0.82±0.14
No 1.11±0.61 0.43
Fumador Sí 1.23±0.81
No 0.97±0.33 0.24
Afectación de cadera Sí 1.34±1.12
No 1.02±0.38 0.23

Sinovitis y/o entesitis Sí 1.26±0.84


en otras art. periféricas
No 0.98±0.37 0.22
Uveítis anterior Sí 0.92±0.35
No 1.12±0.64 0.46
Sindesmofitos Sí 0.92±0.22
No 1.16±0.70 0.30
HLA-B27 Positivo 1.02±0.66
Negativo 1.30±0.45 0.30
Tabla 12. Diferencias en los niveles séricos basales (tiempo 0) de apelina estratificados por las
variables categóricas.

No se objetivó que hubiese una correlación significativa entre la concentración de

apelina y la presión arterial sistólica o diastólica, el colesterol total, el colesterol HDL

o el LDL, los triglicéridos y los niveles de glucosa (Tabla 11). De acuerdo con estas

observaciones, no se vieron diferencias significativas en la concentración de apelina

cuando los pacientes se estratificaron de acuerdo con la presencia o ausencia de

hipertensión y dislipemia (Tabla 12). No se encontró una correlación significativa

tampoco entre la concentración de apelina y la sensibilidad a la insulina por el método

QUICKI al iniciar el estudio (Tabla 11).

La concentración circulante de apelina no se correlacionó con la duración de la

enfermedad, el BASDAI y la VAS de dolor espinal al comienzo del estudio (Tabla 11).

Asimismo, no hubo diferencias entre las concentraciones de apelina en los pacientes con

118
antecedentes de uveítis anterior, la presencia de sindesmofitos, la afectación de la cadera o

sinovitis y/o entesitis en otras articulaciones periféricas cuando se compararon con el resto

de pacientes que no presentaban estas características (Tabla 12). Lo mismo se observó

cuando los pacientes fueron estratificados en función de la presencia o ausencia del HLA

B27 (Tabla 12).

Después de la infusión de infliximab, se observó una reducción de los niveles

séricos apelina. A este respecto, la mediana (rango IQ) de los valores de apelina disminuyó

de 0,99 (0,74-1,25) ng/ml inmediatamente antes de la infusión de infliximab (tiempo 0) a

0.92 (0.72-1.39) ng/ml al final de la infusión ( tiempo 120). Sin embargo, la reducción en

los niveles séricos apelina después de la administración del fármaco no fue

estadísticamente significativa (Tabla 13).

Apelina Basal (tiempo 0) Postinfusion (tiempo 120) p

Mediana (rango IQ) 0,99 (0,74-1,25) 0,92 (0,72-1,39) 0,36

IQ: interquartil

Tabla 13. Diferencias entre la concentración sérica de apelina inmediatamente antes


(tiempo 0) y después (tiempo 120) de la infusión de infliximab.

6.5.- TRATAMIENTO CON ANTI-TNF-α Y NIVELES DE

ANGIOPOYETINA-2

No existen estudios que evalúen los niveles de Ang-2 en EA, por lo que en nuestro

estudio se midieron los niveles séricos de Ang-2 por ELISA (Abcam, AB99971) en una

serie de 30 pacientes con EA atendidos de modo consecutivo, no diabéticos y sin

antecedentes de eventos cardiovasculares antes ni después de la infusión de infliximab.

La concentración de Ang-2 mostró una correlación positiva estadísticamente

119
significativa con la edad al inicio de los síntomas (r = 0,949, p =0,05) y una correlación

marginalmente significativa con la duración de la enfermedad (r = 0,941, p = 0,06). No

hubo correlación significativa entre la concentración Ang-2 y las variables clínicas de

actividad de la enfermedad, los marcadores de laboratorio de inflamación, la presencia de

obesidad o de otras características de síndrome metabólico ni con los niveles de

adipocinas. (Tabla 14).

Variable r p
Edad al inicio de los síntomas 0,949 0,05

Duración de la enfermedad* 0,941 0,06

IMC*Ϯ -0,885 0,12

Presión arterial sistólica*Ϯ 0,806 0,19


Presión arterial diastólica*Ϯ -0,885 0,12
BASDAI* -0,431 0,57
VAS* -0,354 0,65
VSG* (natural-log-transformed) -0.370 0,63
PCR* (natural-log-transformed) -0,912 0,09
VSG**(natural-log-transformed) 0,760 0,24
PCR ** (natural-log-transformed) -0,663 0,34
Colesterol total*Ϯ (natural-log- -0,374 0,63
transformed)

HDLc*Ϯ(natural-log-transformed) -0,290 0,71


LDLc*(natural-log-transformed) 0,624 0,38
Triglicéridos*Ϯ (natural-log-transformed) -0.154 0,85
Glucemia*Ϯ (natural-log-transformed) 0,474 0,53
HOMA-IR*Ϯ 0,916 0,08
QUICKI* 0,894 0,11
Resistina minuto 0 -0,684 0,32
Adiponectina minuto 0 -0,883 0,11
Leptina minuto 0 0,669 0,33
Visfatina minuto 0 -0,612 0,39Ϯ
* Al diagnóstico. ** Al inicio del estudio. Ϯ Características del síndrome metabólico.

Tabla 14. Correlación parcial entre los niveles séricos de Ang-2 y las variables contínuas
seleccionadas, ajustadas por edad al inicio del estudio, sexo y factores de riesgo cardiovascular clásicos en
30 pacientes con espondilitis anquilosante.

120
Tampoco se evidenció correlación entre los niveles séricos de Ang-2 y las

adipocinas, los valores de HOMA-IR y de QUICKI obtenidos inmediatamente después de

la infusión de infliximab. Después de una única infusión de infliximab, se observó una

reducción significativa de los niveles séricos de Ang-2. La mediana (rango IQ) de los

valores de Ang-2 se redujo de 1901 pg/ml (1352-2540) inmediatamente antes de la

infusión de infliximab (tiempo 0) a 1387 pg/ml (1809-55) al finalizar la misma (tiempo 120)

(p < 0,001) (Figura 6).

Figura 6: Box-plot mostrando las diferencias entre la concentración sérica de Ang-2 basal
(tiempo 0) y postinfusional (tiempo 120).

121
DISCUSIÓN

122
123
7. – DISCUSIÓN

7.1.- TRATAMIENTO CON ANTI-TNF-α Y SENSIBILIDAD

INSULÍNICA

Los pacientes con EA presentan mayor mortalidad que la población general,

debido en gran medida a las complicaciones cardiovasculares que sufren, como se ha

referido previamente, y la aterogénesis acelerada es un factor crucial para ello. Varios

investigadores encontraron mayor espesor en la íntima-media carotídea en los pacientes

con EA que en sujetos sanos, lo cual es indicativo de aterosclerosis temprana subclínica

(93, 183, 184). Por otro lado, recientes estudios mostraron alteraciones en la función

endotelial en pacientes con EA (184, 189, 178) y ésta se relaciona estrechamente con el

desarrollo de aterosclerosis.

Hay varios mecanismos que vinculan la inflamación sistémica como promotora

de la disfunción endotelial en la AR (186) y es plausible pensar que sean los mismos

hechos los que acontecen en la EA. El tratamiento de la inflamación sistémica presente en

la EA y en la AR con antagonistas del factor de necrosis tumoral alfa ha supuesto una

revolución en el control de estos pacientes y hoy día es el pilar de su terapéutica.

Se sabe que la resistencia a la insulina puede promover la disfunción endotelial y

que los anti-TNF-α mejoran la función endotelial en pacientes con EA (178), por ello, en

el presente estudio se trató de evaluar si una infusión del anticuerpo monoclonal anti- TNF-

α, infliximab, podía mejorar la sensibilidad a la insulina. Se eligieron para ello pacientes no

diabéticos con EA que precisaban de esta terapia por refractariedad a los AINES. Se ha

podido comprobar en nuestro trabajo que los pacientes experimentaban una reducción

rápida y drástica en los niveles séricos de insulina y una mejoría inmediata de la

sensibilidad a la insulina después de la administración de este fármaco.

124
En línea con lo anterior, Kiortsis et al. realizaron un perfil bioquímico completo

antes y después de administrar tratamiento durante 6 meses a 17 pacientes con EA con el

antagonista del TNF-α, infliximab. Comprobaron que se producía una disminución

significativa del índice HOMA y un aumento de la QUICKI en el tercio de pacientes que

tenían mayor resistencia insulínica (107). Dado que la mayoría de los pacientes de nuestra

serie no eran obesos y ninguno de ellos tenía niveles basales de glucosa superiores a 110

mg/ dl, la media de HOMA estaba por debajo de los niveles necesarios para establecer el

diagnóstico de resistencia a la insulina. Por otra parte, la población analizada no tenía

gran actividad de la enfermedaden el momento de la inclusión en el estudio, medida con el

índice BASDAI, a pesar de ser refractarios a AINES. Estos tres hechos podrían explicar el

por qué los pacientes tenían un índice HOMA bajo, teniendo en cuenta la relación de la

inflamación con la disfunción endotelial. Sin embargo, nuestros datos están en consonancia

con los de Sari et al., quienes pusieron de manifiesto que, en ausencia de factores

clásicos de riesgo cardiovascular, los niveles de insulina y los índices de resistencia a la

misma, son similares en pacientes con EA que en sujetos sanos (120).

Hace casi tres décadas los investigadores escandinavos describieron la presencia de

intolerancia a la glucosa en pacientes con artritis reumatoide y otras enfermedades

inflamatorias crónicas (202). El grado de utilización de la glucosa se relacionó con la

gravedad de la actividad inflamatoria, como se vio reflejado en la medición de los reactantes

de fase aguda (202), que estaban más elevados cuanto más intolerancia a la glucosa

presentaba el sujeto. En los pacientes con AR activa el manejo de la glucosa se relacionaba

con hiperinsulinemia y ello, estaba directamente involucrado a su vez con la resistencia

periférica a la insulina (203).

Más recientemente, Paolisso et al. confirmaron la presencia de resistencia a

lainsulina en diferentes enfermedades inflamatorias crónicas y encontraron que la

resistencia a la insulina estaba confinada principalmente a l tejido muscular, en lugar de


125
en a l hígado como se pensaba (204).

Dessein et al. documentaron que la respuesta de fase aguda en pacientes con AR

predecía la resistencia a la insulina (205). En un estudio anterior se había descrito una

importante y rápida disminución del índice HOMA, así como un aumento del QUICKI

inmediatamente después de la infusión de infliximab en pacientes con AR grave de

larga duración (206). En esta serie, al contrario que en la nuestra, la carga inflamatoria era

elevada; por ello, el nivel medio de HOMA basal de estos pacientes con AR era mayor que

2,29 (media: 3,4), mientras que el valor medio de nuestros pacientes con EA ascendía tan

solo a 1,72.

Estas observaciones apoyan las conclusiones planteadas por Dessein et al. (205) y

reflejan la importancia de la respuesta inflamatoria en los complejos mecanismos que

conducen al desarrollo de síndrome metabólico en pacientes con enfermedades inflamatorias

crónicas.

La producción de TNF-α se incrementa en situaciones de hiperglucemia crónica y

ésta tiene efectos deletéreos sobre la sensibilidad a la insulina (207). Es un importante

mediador de la resistencia a la insulina en pacientes obesos y diabéticos, porque disminuye

la actividad tirosina quinasa del receptor de la insulina (208). El TNF-α impide directamente

la captación de glucosa mediada por insulina en el músculo esquelético (208).

El bloqueo con anticuerpos del TNF-α en pacientes con EA tiene efectos

beneficiosos sobre la actividad de la enfermedad, sobre la disfunción endotelial y sobre la

sensibilidad a la insulina (191, 192). Estos efectos pueden estar además implicados en la

reducción de las complicaciones cardiovasculares de los pacientes con enfermedad

reumática, causa principal del fallecimiento de éstos.

126
7.2.- TRATAMIENTO CON ANTI-TNF-α Y NIVELES DE LEPTINA Y

VISFATINA

Aunque se conoce que los macrófagos y adipocitos que rodean a la inflamación en

los enfermos con patología reumática inflamatoria crónica producen gran variedad de

adipocinas, poco se sabe sobre la leptina y la visfatina en los pacientes con EA

sometidos a terapia con anti-TNF-α. Tampoco se conoce su posible implicación en los

mecanismos que conducen a la aterosclerosis acelerada en EA.

La leptina juega un papel importante en la regulación del peso corporal por la

inhibición de la ingesta alimentaria y la estimulación del gasto energético (111) que

produce. También es un factor proinflamatorio derivado de los adipocitos, que actúa en la

red de las citoquinas mediante la vinculación de los procesos inmunes e inflamatorios con

el sistema neuroendocrino (111, 195).

La leptina regula y participa tanto en la homeostasis inmune como en los procesos

inflamatorios y parece estar implicada en el mecanismo complejo asociado a algunas

enfermedades autoinmunes tales como la artritis reumatoide (116).

Los niveles de leptina son en su mayoría dependientes de la cantidad de grasa

corporal, pero su síntesis también está regulada por mediadores inflamatorios como TNF-α

y la interleucina -1 (116).

Se ha documentado que los niveles de esta adipocina están aumentados en los

pacientes con AR en comparación con los controles sanos (196). Sin embargo, los resultados

en los niveles de leptina en la EA han arrojado resultados contradictorios.

Park et al. encontraron que la producción de leptina estaba aumentada en 20

pacientes con EA activa, en comparación con 20 controles (121). Sin embargo, en otra serie

de 53 pacientes con EA con enfermedad activa, los niveles circulantes de leptina

fueron menores que en los 35 controles, incluso después de realizar un ajuste por la cantidad

127
de grasa (119). En concordancia con estos resultados, en un tercer trabajo se objetivó que

los niveles de leptina fueron significativamente más bajos en 28 pacientes con EA que en

17 controles sanos (120). Por el contrario, en una serie de 30 pacientes con EA tratados con

infliximab, los niveles séricos de leptina que se obtuvieron antes del inicio de la terapia

fueron similares a los encontrados en los controles (197). Igualmente, los niveles séricos de

leptina no cambiaron significativamente después de un programa de tratamiento con

infliximab durante 6 meses (197) en otra serie.

La Visfatina es una adipoquina mimética de insulina (198) que también se ha

asociado con la inflamación (199, 209, 130, 132) y cuyos niveles circulantes se han

correlacionado con la cantidad de grasa visceral (123). La visfatina recombinante activa los

leucocitos humanos e induce la producción de IL-1β, TNF-α e IL-6 (130).

Otero et al. observaron niveles circulantes más altos de visfatina en pacientes con

AR que en sujetos sanos (196). Brentano et al. confirmaron el papel de la visfatina como un

mediador proinflamatorio y de la degradación de la matriz en la articulación inflamada en

la AR (209).

En una serie de 26 pacientes con EA con enfermedad leve-moderada no se encontró

correlación entre los niveles de actividad de la enfermedad y visfatina, el estado funcional

o los reactantes de fase aguda (210). En esta serie de pacientes con EA, un programa de

fisioterapia intensiva de 3 meses llevó a una mejoría clínica, que no se asoció con un cambio

significativo en los niveles séricos de visfatina (210).

Como se informó en la AR (206), la administración de una sola infusión de

infliximab produjo una reducción rápida y drástica en los niveles séricos de insulina y una

rápida mejoría de la sensibilidad a la insulina en los pacientes con EA (211). Por lo tanto,

es posible que la terapia con anti-TNF-α influya en los mecanismos y mediadores asociados

con el desarrollo del síndrome metabólico en la EA.

En pacientes no diabéticos con EA a tratamiento con infliximab, los niveles


128
de adiponectina y de resistina en suero no se correlacionaron con la actividad de la

enfermedad (212). Sin embargo, la concentración de la adiponectina sí se ha correlacionado

con sensibilidad a la insulina (212).

En línea con lo anterior, en el presente estudio se investigó si la inflamación, la

obesidad, la resistencia a la insulina o algunas otras características asociadas con el

desarrollo del síndrome metabólico eran los posibles factores determinantes de las

concentraciones circulantes de leptina y visfatina en una serie de pacientes con EA no

diabéticos en tratamiento con infliximab. Por otra parte, se investigó si la

administración de infliximab alteraba las concentraciones circulantes de leptina y visfatina

en este subgrupo de pacientes tratados con infliximab por refractariedad a AINES.

Las adipocinas están involucradas en la regulación de la inflamación (196),

habiéndose descrito elevadas concentraciones de leptina sérica en pacientes con infarto de

miocardio y accidentes cerebrovasculares independientemente de los factores de riesgo

cardiovascular tradicionales y la presencia de obesidad (113). Por otra parte, se ha propuesto

que la leptina juega un papel patogénico en las placas de ateroma, debido a su asociación

positiva con la PCR y el receptor soluble de IL-6 (114). Desde que la EA se ha asociado

con una aterosclerosis acelerada y un aumento de la incidencia de infarto de miocardio (72),

podría ser de interés el estudiar la asociación potencial de la leptina con la inflamación y

otros factores asociados con la enfermedad de CV como el síndrome metabólico y los

factores clásicos de riesgo cardiovascular en pacientes con EA.

Aunque se ha encontrado correlación entre la IL-6 y el BASDAI con los niveles de

leptina en pacientes con EA de Corea (121), en otros trabajos (119, 210) y en nuestra cohorte

de pacientes tratados con terapia anti-TNF-α, no se ha observado una correlación entre los

niveles séricos de leptina y los parámetros clínicos y de laboratorio de actividad de la

enfermedad y de inflamación. Estas observaciones están en consonancia con un estudio

anterior de nuestro grupo, que también llegó a los mismos resultados en los pacientes con
129
AR grave activa en tratamiento periódico con infliximab (118).

La concentración plasmática de leptina se relaciona directamente con el grado de

obesidad y es mayor en las mujeres que en los hombres con igual IMC (213). En nuestra

serie de pacientes con EA no diabéticos, la mayoría con un peso normal, la única

diferencia apreciada fue el aumento de leptina en las mujeres en comparación con los

hombres. No se encontró que hubiese correlación entre los factores de riesgo CV, la leptina

y las variables asociadas con el síndrome metabólico.

Kim et al. informaron recientemente de una asociación entre la presencia de

sindesmofitos y los niveles de leptina en pacientes varones coreanos con EA (214). No fue

el caso de nuestra serie, ya que no se observó una asociación entre los niveles de leptina y

características específicas clínicas de los pacientes con EA.

El presente estudio mostró que en los pacientes con EA a tratamiento con

infliximab, no había correlación entre los niveles séricos de visfatina y los parámetros

clínicos y de laboratorio de actividad de la enfermedad y de inflamación. Del mismo

modo, en una serie de 26 pacientes con EA y actividad de la enfermedad de leve a moderada,

los niveles basales de visfatina no se correlacionaron con los marcadores de actividad, el

estado funcional o los reactantes de fase aguda (210). En la misma serie (210), los niveles

basales de visfatina no predecían un cambio en el nivel de actividad de la enfermedad o

en la capacidad funcional después de 3 meses de fisioterapia intensiva. Como se ha descrito

para la leptina (118), no hay correlación entre la visfatina y los niveles de actividad de la

enfermedad o los marcadores de inflamación, tal y como sucede en los pacientes con

AR grave a tratamiento con infliximab (215).

La visfatina promueve la adipogénesis (198, 216) pero todavía es parcialmente

desconocido su papel fisiológico y su relevancia clínica en el contexto de las enfermedades

reumáticas inflamatorias. En este sentido, a diferencia de lo que se ha visto en sujetos

no reumáticos con distintos grados de obesidad (123), los niveles de visfatina no se


130
correlacionaron con el IMC en nuestra serie de pacientes con AR no obesos ni tampoco en

el presente trabajo, en pacientes con EA tratados con infliximab.

La diabetes asociada con la obesidad y los trastornos metabólicos que la

acompañan se han relacionado específicamente con el aumento de la cantidad de tejido

adiposo visceral.

La visfatina es producida por el tejido adiposo visceral y tiene acciones

insulina-miméticos, sin embargo, la relación entre los niveles de visfatina y la resistencia a

la insulina y otras características asociadas con el síndrome metabólico en pacientes con

enfermedades reumáticas inflamatorias requiere una mayor aclaración.

En este sentido, aunque la mayoría de los pacientes con EA de nuestra serie no eran

obesos y la estratificación de los pacientes según el IMC no reveló diferencias significativas,

en el presente estudio se observó una correlación significativa entre la visfatina circulante y

la resistencia a la insulina determinada por HOMA. Se encontró un resultado similar en

una serie de 21 mujeres obesas, que mostraron una correlación significativa entre las

concentraciones séricas de visfatina y la insulina (217).

También, se encontró que la visfatina se asocia con la resistencia a la insulina en

mujeres delgadas con síndrome de ovario poliquístico (218).

Aunque los niveles de visfatina se encuentran aumentados en individuos con

hiperglucemia (219), no pudimos explorar esta situación en nuestro estudio, al estar los

pacientes con diabetes excluidos durante el período de reclutamiento.

En pacientes con artritis psoriásica, también englobada dentro de las

espondiloartropatías, también se ha observado la presencia de aterosclerosis subclínica y una

mayor incidencia de mortalidad CV (220, 93, 221). En línea con esto, en el suero de

pacientes obesos con artritis psoriásica se observaron unos niveles elevados de leptina (222).

Por otro lado, los niveles de visfatina estaban también incrementados en

pacientes con EII activa, pero no en aquellos en remisión (223). Con respecto a la
131
leptina en la EII, un aumento significativo en los niveles séricos de leptina se encontró en

los pacientes con colitis ulcerosa aguda en comparación con los controles (224). Sin

embargo, como se observa en nuestra serie de pacientes con EA, no se encontró correlación

entre los niveles de leptina y el IMC (224).

Con respecto al efecto potencial que la terapia anti-TNF-α podría ejercer en las

concentraciones de leptina y visfatina, se encontró en nuestro trabajo que la infusión de

infliximab no alteró los niveles circulantes de estas adipoquinas en pacientes con EA. Del

mismo modo, en una serie de 30 pacientes con EA, los niveles séricos de leptina no

cambiaron significativamente después del tratamiento con infliximab durante 6 meses (197).

Estos resultados están en concordancia con lo descrito por Popa et al. que no objetivó

ningún efecto con el bloqueo del TNF-α ni a corto (menos 2 semanas) ni a largo plazo

(en 6 meses) en las concentraciones circulantes de leptina en AR (225).

Una posible limitación de nuestro estudio es que tiene un diseño transversal y,

por lo tanto, los resultados deben ser de interpretados como generadores de hipótesis

más que como conclusiones definitivas. Debido a eso, se requieren futuros estudios

longitudinales con el fin de definir mejor las interacciones entre las adipoquinas y las

características de la enfermedad y los factores de riesgo CV.

7.3.- TRATAMIENTO CON ANTI-TNF-α Y NIVELES DE

ADIPONECTINA Y RESISTINA

Además de la inflamación crónica, los factores de riesgo cardiovasculares clásicos,

como la obesidad y el síndrome metabólico, están presentes con frecuencia en los pacientes

con enfermedades reumáticas y se ha postulado que pudieran influir en el mayor riesgo

cardiovascular de estos individuos. Una revisión sistemática confirmó que los pacientes con

EA tienen mayor riesgo de síndrome metabólico que la población general (83).

132
En personas con enfermedades reumáticas inflamatorias crónicas, los adipocitos y

los macrófagos producen una gama de sustancias bioactivas, llamadas adipoquinas,

implicadas en la regulación de la inflamación sistémica (110, 200). Sin embargo, se sabe

poco acerca de la función desempeñada en la aterosclerosis y la EA por la adiponectina y

la resistina, dos factores tisulares derivados del tejido adiposo.

La adiponectina circula en la sangre en grandes cantidades y es liberada al torrente

circulatorio por los adipocitos en sus distintas formas moleculares (200), produciendo un

aumento en la oxidación de ácidos grasos y reduciendo la síntesis de glucosa hepática y

tisular (200). La adiponectina ejerce una función protectora contra la enfermedad de CV y

la obesidad, sin embargo, a diferencia de las observaciones en pacientes no reumáticos, esta

adipocina actúa como un factor proinflamatorio en las articulaciones inflamadas

promoviendo la degradación de la matriz. Se ha documentado que los niveles de

adiponectina están elevados en los pacientes con artritis reumatoide en comparación con

los controles sanos (196), no así en la EA, donde los resultados son contradictorios.

En una serie de 53 pacientes con EA, con enfermedad activa, la adiponectina en

suero no fue diferente de la observada en los controles (119). Por el contrario, en otra serie

de 30 pacientes con EA tratados con infliximab, los niveles séricos de adiponectina

obtenidos antes del inicio de la terapia fueron significativamente mayores que en los

controles (197).

La resistina es otro mediador derivado de los adipocitos que juega un papel

importante en la inflamación. Aunque puede ser detectada en valores muy bajos en

tejido adiposo humano, se encuentra también en las células mononucleares de la sangre

periférica (141), y allí la expresión de los genes de la resistina es regulada positivamente

por algunas citoquinas proinflamatorias tales como TNF-α (147). Se han encontrado niveles

elevados de resistina en el líquido sinovial de pacientes con AR (148).

Se observó una correlación positiva entre la proteína C reactiva, la velocidad de


133
sedimentación globular y los niveles de resistina sérica en pacientes con AR (146, 149, 151).

Un reciente artículo documenta también que los niveles de resistina en suero, en una muestra

de 30 pacientes con EA, son significativamente mayores que los de los controles (152).

Como se mostró previamente en la AR (206), recientemente se ha comunicado en

la literatura médica que los pacientes no diabéticos con EA en tratamiento con infliximab,

que se une específicamente y con alta afinidad al TNF-α y lo neutraliza, experimentan una

reducción rápida y considerable en el suero de los niveles de insulina y una mejoría de la

sensibilidad insulínica después de la primera infusión de este fármaco (211). Por lo

tanto, es posible pensar que la terapia con anticuerpos anti-TNF- α podría influir en los

mecanismos y mediadores asociados con el desarrollo del síndrome metabólico en EA.

Tomando en consideración todos estos datos, en el presente estudio se exploró si la

inflamación, el síndrome metabólico o ambos son determinantes potenciales de las

concentraciones circulantes de adiponectina, y si las concentraciones bajas de ésta se

asocian con la presencia de síndrome metabólico en los pacientes con EA. También se

evaluaron las asociaciones entre las concentraciones circulantes de resistina con los

marcadores de laboratorio del síndrome metabólico y la inflamación y las características

demográficas de los pacientes. Por otra parte, se investigó si la administración de infliximab

alteraba las concentraciones circulantes de adiponectina y la resistina, en una serie de

pacientes no diabéticos que requerían esta terapia a causa de la resistencia de la enfermedad

a los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos.

Adipocinas como la adiponectina y la resistina están involucradas en la regulación

de la inflamación (116). La adiponectina controla la sensibilidad a la insulina, la función

endotelial y la inmunidad. Sin embargo, la información de este tipo de adipocinas en

pacientes con EA es limitada (119, 197). Aunque la inflamación sistémica se correlaciona

negativamente con los niveles de adiponectina en pacientes obesos y sujetos con AR (200,

226, 139), en nuestra cohorte de pacientes sometidos a tratamiento periódico con terapia
134
antiTNF-α, la PCR y los niveles de VSG no se correlacionaron con las bajas concentraciones

de adiponectina circulante. Esta falta de correlación entre la inflamación y los niveles séricos

de adiponectina en la AR también fue documentada por Toussirot et al (119).

En nuestra serie se observó una correlación negativa marginalmente significativa

entre los niveles séricos de adiponectina y el IMC. La adiposidad se correlaciona con bajos

niveles de adiponectina en pacientes sin AR (110, 200). Esto se debe no sólo a la disfunción

metabólica de los adipocitos agrandados en la obesidad, sino a la producción de cantidades

excesivas de citoquinas tales como IL-6 y TNF-α por los adipocitos y los macrófagos que,

a su vez inhiben la producción de adiponectina (110, 200). A diferencia de los pacientes

con AR grave, en los que el alto grado de inflamación articular puede ser un determinante

fuerte en la producción de adiponectina (139), más que la propia alteración de la adiposidad,

nuestros resultados indican que ésta es un determinante muy relevante en la baja

producción de adiponectina, por encima del bajo grado de inflamación observado en estos

los pacientes con EA tratados con infliximab.

De acuerdo con nuestros resultados en EA y AR (139), Peters et al. no observaron

un cambio significativo en los niveles de adiponectina en el tiempo en pacientes con

artritis psoriásica a tratamiento con anticuerpos anti-TNF-α (227). Sin embargo, como se

observó en pacientes con EA (152), los pacientes con EII tenían unos mayores niveles

de resistina que los controles (228). Además, el nivel de resistina era un factor predictor

independiente de actividad de la enfermedad en pacientes con enfermedad de Crohn (228).

Mecanismos diferentes, incluyendo la resistencia a la insulina, contribuyen al

desarrollo de la disfunción endotelial como paso temprano en el proceso de aterogénesis. En

nuestro estudio se observó una correlación significativa entre las concentraciones de

adiponectina y la sensibilidad a la insulina. Este efecto beneficioso de la adiponectina sobre

la sensibilidad a la insulina está mediado en parte por su capacidad para activar la 5'adenosin

monofosfato protein-quinasa activada por AMP (AMPK), en el músculo esquelético y el


135
hígado, ya que su activación conduce a un aumento de la oxidación de ácidos grasos y

la absorción de glucosa en el músculo, así como a la inhibición de la gluconeogénesis

en el hígado (229).

Puede ser de interés potencial en este sentido, que en el Health Professionals

Follow-Up Study se demostró que las altas concentraciones de adiponectina reducen el

riesgo de infarto de miocardio independientemente de la PCR y de otros factores clásicos

de riesgo cardiovascular (230). Sin embargo, a diferencia de los pacientes con AR con

enfermedad grave (139), en nuestra serie de pacientes con EA que en el momento del estudio

tenían niveles bajos de inflamación, no se observó correlación entre la baja concentración

de adiponectina y la dislipemia.

Los estudios anteriores no mostraron correlaciones claras entre las concentraciones

séricas de adiponectina y la actividad de la enfermedad en pacientes con AR sometidos

a terapia anti-TNF-α (225). De acuerdo con estas observaciones, nuestros datos y los de

otras series (119) no evidencian correlación entre los niveles de adiponectina y BASDAI en

EA.

La expresión de la adiponectina y de su propio receptor es mayor en los líquidos

y tejidos sinoviales de pacientes con AR que en los controles, lo que confirma la correlación

de los niveles circulantes de adiponectina con la severidad de la AR (196, 231).

De acuerdo con estas observaciones, se documentó que los pacientes con EA con

afectación de cadera y aquellos con sinovitis y/o entesitis en otras articulaciones periféricas

exhiben mayores niveles de adiponectina que el resto de los pacientes con EA sin

afectación periférica clínicamente evidente. Por lo tanto, el aumento de los niveles de

adiponectina podría ayudar a establecer un subgrupo de pacientes con EA con afectación

periférica predominante.

Se han comunicado resultados contradictorios con respecto a las diferencias en los

niveles séricos de resistina entre los pacientes con enfermedades reumáticas y controles.
136
Algunos estudios revelaron una mayor concentración de resistina en pacientes con AR,

mientras que otros no mostraron diferencias con los controles (196, 146, 150).

En un estudio reciente se observaron altos niveles de resistina en suero en 30

pacientes con EA en comparación con 30 sujetos sanos (152). Sin embargo, la información

sobre la resistina en EA es limitada, especialmente en lo referido a los niveles de resistina

en pacientes sometidos a tratamiento anti-TNF-α.

En este sentido, a diferencia de los pacientes con AR grave en quienes los niveles

séricos de resistina se correlacionan con la PCR y con la actividad de la enfermedad, lo que

sugiere un papel de esta adipocina en la patogénesis de la AR (151), no hay correlación

entre laconcentración de resistina y VSG, PCR o BASDAI, según lo descrito por Kocabas

et al. en una serie de 30 pacientes con EA (152).

En nuestra serie no se observó tampoco correlación entre la concentración de la

resistina y la actividad de la enfermedad ni con los marcadores de laboratorio de

inflamación.

Por lo tanto, son necesarios nuevos estudios en el futuro que aclaren estas

diferencias con respecto a la AR. Una posible explicación puede ser la menor carga

inflamatoria en la EA, en particular en los pacientes tratados con terapia anti-TNF-α, en

comparación con individuos diagnosticados de AR y enfermedad severa.

Con respecto al efecto potencial que la terapia anti-TNF-α pudiera ejercer sobre

las concentraciones de las adipocinas, se encontró que la infusión de infliximab no alteró

las concentraciones circulantes de adiponectina en pacientes con EA. Del mismo modo,

Popa et al. no encontraron efectos a corto ni a largo plazo del bloqueo anti-TNF-α en

las concentraciones circulantes de adiponectina en la AR (225). De manera similar, en

contraste con los resultados observados en los pacientes con AR grave en los cuales la

terapia anti-TNF-α resultó en una rápida reducción de los niveles séricos de resistina, la

infusión de infliximab no condujo a una reducción significativa en los niveles de resistina


137
en suero en nuestra cohorte de pacientes con EA.

Los distintos mecanismos patogénicos que conducen a diferentes grados de

gravedad de la carga inflamatoria podrían explicar las diferencias entre la AR y EA.

Nuestro pequeño estudio tiene limitaciones, tales como son que se ha medido la

concentración total de adiponectina y ello engloba tanto a la adiponectina de bajo peso

molecular como a la de alto peso molecular que circulan por el suero (232). Neumeier et al

describe que estas isoformas diferentes de adiponectina ejercen algunos efectos similares y

otros diferentes sobre las células monocíticas (232). La isoforma de alto peso molecular

induce apoptosis y activación de la protein-quinasa activa del 5'adenosin monofosfato y

reduce la expresión del receptor A de los macrófagos sobre el ARNm, mientras que la de

bajo peso molecular sólo muestra propiedades antiinflamatorias (232). Las interacciones

entre las distintas isoformas de la adiponectina y las características de la enfermedad y los

factores de riesgo CV en la AR deben de ser evaluadas en ulteriores estudios.

Otra posible limitación es que nuestra investigación se diseñó transversalmente y

por lo tanto, los resultados deben de ser interpretados como generadores de hipótesis más

que como conclusiones definitivas. Se requieren estudios longitudinales encaminados a

definir mejor estos aspectos.

7.4.- TRATAMIENTO CON ANTI-TNF-α Y NIVELES DE APELINA

La terapia anti-TNF-α es eficaz en pacientes con espondiloartropatías (190 -

192) y se sabe que los pacientes con EA no diabéticos tratados con infliximab experimentan

una reducción rápida y drástica de los niveles séricos de insulina y una mejoría inmediata

de la sensibilidad a la insulina después de la administración de este fármaco (211). Por lo

tanto, es posible que el bloqueo del TNF-α pueda explicar los cambios biológicos que

retardardasen la progresión de la aterosclerosis en pacientes con EA.

Un importante paso adelante en nuestra comprensión de los efectos de los fármacos


138
anti-TNF-α en EA podría ser el establecimiento de los posibles cambios en las adipoquinas

y biomarcadores de activación de las células endoteliales tras la administración de estos

agentes biológicos.

El sello distintivo de la disfunción endotelial, un paso temprano en el proceso

aterogénico, es la vasodilatación endotelial dependiente del óxido nítrico; puede ser el

resultado de una producción disminuida o de una alteración de la actividad del óxido nítrico

(179).

La apelina es una adipocina de reciente descubrimiento que se ha asociado al riesgo

CV, ya que provoca la relajación de las células musculares lisas de la pared arterial,

promoviendo la liberación de óxido nítrico. Los niveles bajos de apelina se han asociado

con niveles elevados de LDL (122) y biomarcadores de activación de células endoteliales

tales como VCAM-1 y E-selectina fueron correlacionados con los niveles de apelina (201).

Por tanto, los niveles elevados, debieran ser antiaterogénicos (162).

La importancia de la apelina se ejemplifica en ratones deficientes de ésta, los cuales

sufren insuficiencia cardíaca prematura, a menos que se restauren sus concentraciones

plasmáticas de apelina (233).

Por esto, Goetze et al. sugirieron que la apelina podría ser un buen marcador para

la enfermedad cardiovascular (234) y Li et al. habían comparado los niveles de apelina

entre pacientes con angina estable y controles, encontrando unos niveles bajos de esta

adipocina en el primer grupo, lo que sugería que la apelina estaría implicada en el

proceso fisiopatológico de la estenosis coronaria (235).

Se ha demostrado que la apelina se expresa y se libera de los adipocitos por

factores tales como la insulina (236). Esto hace que este péptido en un candidato atractivo

para ser estudiado en enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2. Sin embargo, los

resultados con respecto a los niveles de apelina en esta enfermedad son contradictorios;

algunos autores encontraron un aumento de las concentraciones plasmáticas de apelina (157)


139
mientras que otros, la encontraron baja (237).

El presente estudio tuvo como objetivo el determinar si la inflamación, el síndrome

metabólico o ambos son determinantes potenciales de las concentraciones circulantes

apelina, y si las bajas concentraciones apelina se asociaban con las características del

síndrome metabólico en los pacientes con EA. También se evaluaron las asociaciones de las

concentraciones circulantes de apelina con marcadores de laboratorio de inflamación y las

características demográficas de los pacientes.

Por otra parte, se investigó si la administración de infliximab alteraba las

concentraciones circulantes de apelina en una serie de pacientes no-diabéticos que requierían

esta terapia a causa de una enfermedad resistente a los antiinflamatorios no esteroideos.

Se evaluó también la posible asociación de la concentración apelina y las

características demográficas, la inflamación, la obesidad y las características del síndrome

metabólico. No se encontró tal correlación, ni se observaron diferencias en las variables

categóricas asociadas a EA.

Todos los pacientes recibieron tratamiento con infliximab, motivo que podría

explicar los bajos valores de BASDAI que presentaban, esto es, la poca actividad de la

enfermedad al inicio del estudio.

Se encontró que, después de la infusión del tratamiento, los niveles séricos apelina

se redujeron. La disminución, sin embargo, no alcanzó significación estadística.

En línea con nuestros resultados, Ferraz-Amaro et al. evaluaron los niveles de

apelina y otras adipoquinas en la artritis reumatoide en pacientes tratados con anti-TNF-α,

pero no vieron ninguna diferencia en sus niveles después de 12 meses de tratamiento.

Tampoco ellos encontraron ninguna correlación entre las concentraciones de adipocinas y

el IMC o la resistencia a la insulina (238).

Di Franco et al. también estudiaron los niveles apelina en un grupo de

pacientes diagnosticados de AR precoz. Tenían niveles más bajos apelina que los
140
controles y, después de 12 meses de tratamiento con DMARDs, hubo una disminución

apreciable de los niveles de apelina. Igual que sucedió en nuestro trabajo, las diferencias

no fueron estadísticamente significativas (162).

7.5.- TRATAMIENTO CON ANTI-TNF-α Y NIVELES DE

ANGIOPOYETINA-2

La angiopoyetina-2 es un marcador de activación de células endoteliales que

participa en la angiogénesis, y que hace que el endotelio responda a citoquinas

inflamatorias (174). Los niveles de Ang-2 están aumentados en artritis reumatoide en

pacientes con enfermedad cardiovascular en comparación con aquellos sin ella (174).

Sin embargo, hasta donde sabemos, no existen estudios que evalúen los niveles de Ang-2

en EA.

En nuestro estudio se ha descrito por vez primera que el bloqueo de TNF-α en

pacientes con EA disminuía las concentraciones circulantes de Ang-2.

Previamente, se había documentado un aumento significativo de los niveles de

Ang-2 en pacientes con AR de reciente comienzo, lo que sugiere que podría ser un

biomarcador potencial para el desarrollo de enfermedad CV (174). La expresión de Ang-2

también fue significativamente mayor en la membrana sinovial de pacientes con etapas

iniciales de artritis psoriásica (239). La Ang-2 promueve la activación pro-inflamatoria

de los macrófagos humanos en la sinovial de pacientes con AR y, en un modelo in-

vivo de AR, la neutralización tisular de Ang-2 disminuyó la gravedad de la enfermedad, la

inflamación, la neovascularización y la destrucción articular (240). Se han asociado

también a enfermedad de Crohn (241).

Es posible que este efecto pueda ser parte de los complejos mecanismos que

conducen a la reducción del riesgo de acontecimientos cardiovasculares asociados con esta

141
intervención en pacientes con enfermedades inflamatorias crónicas (242). Sin embargo,

nuestra serie es pequeña, por lo que son necesarios estudios confirmatorios.

7. 6.- PERSPECTIVAS DE FUTURO

El trabajo de investigación en el que se fundamenta la presente tesis doctoral como

compendio de publicaciones, ha dado lugar a dos publicaciones más en revistas de impacto

para la especialidad.

En la primera de ellas (195) hemos tratado de evaluar si el tratamiento con

infliximab alteraba los niveles circulantes de grelina, un péptido gástrico

antiinflamatorio. También, las posibles asociaciones entre las concnetraciones de grelina y

la PCR, la VSG, el síndrome metabólico, las variables demográficas seleccionadas y las

concentraciones de las otras adipocinas que previamente habíamos estudiado.

Se ha utilizando la misma serie de pacientes no diabéticos con EA, sin factores de

riesgo cardiovascular, tratados con infliximab.

Hemos observado una correlación negativa entre la concentración de grelina y

la resistencia insulínica (HOMA-RI), basal y postinfusional (r=-0,496; p=0,01 basal;

r=-0,393; p=0,047 postinfusional). También se ha documentado una correlación positiva

con la sensibilidad a la insulina (QUICKI) (r=0,415; p=0,035 basal; r=0,465; p=0,017

postinfusional).

Se objetivó una correlación positiva entre los niveles basales de grelina y resistina

(r=0,429; p=0,046), y negativa entre los niveles de grelina basal y los de triglicéridos

(r=-0,416; p=0,035).

No se objetivaron diferencias en las concentraciones séricas de grelina atendiendo

a las características clínicas de la enfermedad. Una infusion de infliximab produjo un

incremento leve, no significativo estadísticamente, en la concentración sérica de grelina.

142
En la segunda (196) de las publicaciones, se analizó si el índice de actividad de

la enfermedad, la inflamación sistémica o el síndrome metabólico eran potenciales

determinantes de los niveles circulantes de dimetilarginina asimétrica (ADMA) en nuestra

seria de pacientes con EA tratados con infliximab. También se analizaron los cambios

potenciales en la concentración de ADMA tras la infusión de infliximab.

Se objetivaron concentraciones más altas de ADMA en varones (p=0.012) y en

hipertensos (p=0.001).

Se apreció también una correlación marginalmente positiva entre los niveles

séricos de ADMA y los de PCR (p=0.08).

Por otro lado, se hallo una correlación negativa entre los niveles de ADMA, las

cifras de colesterol total y el colesterol LDL (p= 0.05).

No se apreciaron diferencias en los niveles de ADMA en function de las

características clínicas de la enfermedad y tampoco se apreciaron diferencias en los valores

de ADMA pre y postinfusionales.

Debido a que nuestro estudio es transversal y cuenta con un número

relativamente escaso de pacientes, sirve tan solo como generador de hipótesis. Nuestro

grupo de investigación está en trámites de desarrollar un estudio prospectivo con mayor

número de pacientes en colaboración con otros centros para poder confirmar las hipótesis

establecidas.

143
CONCLUSIONES

144
145
8.- CONCLUSIONES

1.- En pacientes no diabéticos con EA a tratamiento con infliximab, se produce una

reducción rápida y significativa de los niveles séricos de insulina y una mejoría inmediata

de la sensibilidad a ésta, después de una sola infusión de tratamiento. Estos efectos

podrían estar implicados en la reducción de las complicaciones cardiovasculares que

sufren estos pacientes y que constituyen su primera causa de mortalidad.

2.- Los niveles séricos de leptina y visfatina no se correlacionan con la actividad

de la enfermedad o la inflamación sistémica en pacientes no diabéticos con EA a

tratamiento con infliximab; sin embargo, la concentración de visfatina sí se correlaciona

con la resistencia a la insulina. Este hallazgo puede indicar un posible papel de la visfatina

en la patogénesis de la enfermedad cardiovascular de la EA.

3.- Las concentraciones de adiponectina sérica y los niveles de resistina no se

correlacionan con la actividad de la enfermedad en pacientes no diabéticos con EA a

tratamiento con infliximab; sin embargo, la concentración de adiponectina sí se

correlaciona con la sensibilidad a la insulina. Este hecho, similar a lo descrito en sujetos

sanos, plantea la posibilidad de que las bajas concentraciones circulantes de

adiponectina puedan estar involucradas en la patogénesis de la enfermedad cardiovascular

de la EA.

4.- En pacientes no diabéticos con EA a tratamiento con infliximab los niveles

séricos de apelina no se correlacionan con la actividad de la enfermedad o el síndrome

metabólico. Una sola infusión de infliximab no produce una reducción significativa de los

niveles séricos de apelina en dichos pacientes.

5.- El bloqueo del factor de necrosis tumoral-α con infliximab en pacientes no

diabéticos con EA disminuye las concentraciones circulantes de Ang-2. Este efecto

146
puede ser parte de los complejos mecanismos que dan lugar a una reducción de la

frecuencia de eventos cardiovasculares en pacientes con enfermedades inflamatorias

reumáticas crónicas tratados con agentes bloqueadores del factor de necrosis tumoral- α.

147
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148
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