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Metodologia

El documento describe los sistemas de drenaje urbano, incluyendo su definición, componentes y paradigma tradicional de diseño. Explica que el cambio climático representa un reto para los sistemas de drenaje debido a que las precipitaciones pueden aumentar y hacer obsoletos los diseños actuales. También discute nuevos enfoques de diseño sustentables y el manejo de cuencas hidrográficas para mejorar la gestión del agua de lluvia en las ciudades.
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El documento describe los sistemas de drenaje urbano, incluyendo su definición, componentes y paradigma tradicional de diseño. Explica que el cambio climático representa un reto para los sistemas de drenaje debido a que las precipitaciones pueden aumentar y hacer obsoletos los diseños actuales. También discute nuevos enfoques de diseño sustentables y el manejo de cuencas hidrográficas para mejorar la gestión del agua de lluvia en las ciudades.
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SISTEMAS DE DRENAJE URBANO

Definición: “Se entenderá por sistema de drenaje urbano un conjunto de acciones,


materiales
o no, destinadas a evitar, en la medida de lo posible, que las aguas pluviales causen daños
a
las personas o a las propiedades en las ciudades u obstaculicen el normal desenvolvimiento
de la vida urbana…. Dentro del término aguas pluviales quedan comprendidas no
solamente
las originadas de las precipitaciones que caen directamente sobre las áreas urbanizadas
que
conforman la población, sino también aquellas que se precipiten sobre otras áreas, pero que
discurran a través de la ciudad, bien sea por cauces naturales, conductos artificiales o
simplemente a lo largo de su superficie” ( Bolinaga , 1979).
6.1 Componentes. En definitiva toda agua producto de la pluviosidad que de alguna u otra
forma pase por la ciudad es considerada dentro del sistema urbano. Nótese que no se toma
en
cuenta para este concepto las aguas servidas, ya que son sistemas generalmente
separados,
aun cuando en algunas ciudades todavía existen sistemas mixtos.
Uzcategui (2016) separa el drenaje urbano en tres etapas: drenaje superficial o terciario,
constituido por techos, terrazas, jardines, etc. Es decir desde donde cae la lluvia hasta la
red de
drenaje secundario. Este es definido a su vez, como las obras de conducción o
almacenamiento, tales como sumideros, colectores, estaciones de bombeo, etc. que llevan
las
aguas hasta el drenaje primario, siendo este último los cursos naturales de agua.
6.2 Paradigma tradicional de diseño. La práctica usual en los sistemas de drenaje consistía,
y
aun consiste, en evacuar las aguas lo antes posible a objeto de evitar daños, como bien
menciona Bolinaga. Adicionalmente, y especialmente en países tropicales, la rápida
evacuación de las aguas cumple un objetivo sanitario importante, el cual es evitar que la
acumulación de las mismas permita la proliferación de mosquitos y la consecuente
transmisión de enfermedades como dengue, malaria, etc.
6.3 Cambios en el paradigma tradicional de diseño. Sin embargo la acción del cambio
climático y su variabilidad pluviométrica presenta un reto importante para los ingenieros que
diseñan los sistemas, ya que las series históricas , patrón de diseño utilizado hasta ahora,
puede
que no permitan una información adecuada para unos sistemas sometidos a nuevas
condiciones climáticas no conocidas. Un estudio realizado por investigadores de varios
países muestran que:” Las observaciones señalan que en cada país en consideración
(excepto
China) la precipitación media de verano ha incrementado por al menos un 5 % en el siglo
pasado” (Groisman et al, 1999). Esto pudiese significar que las obras de drenaje existentes
no serían capaces de trabajar eficientemente bajo estos nuevos parámetros, con el
consecuente
aumento de inundaciones en algunas áreas de las ciudades, y de daños a propiedades.
Obsolescencia de los sistemas actuales de drenaje pluvial. Si a un posible aumento en la
cantidad e intensidad de la precipitación, según señala Groisman, se le añade una mayor
ocupación de áreas por una creciente población urbana, con la consecuente
impermeabilización de dichas áreas, podemos concluir que los sistemas de drenaje urbano
ya
construidos serán deficientes y esto tendrá una importancia significativa para el normal
desenvolvimiento de la actividad en la ciudad. De especial consideración son aquellos viejos
sistemas de drenaje construidos hace décadas bajo condiciones de diseño muy distintas a
las
actuales, y por tanto ya sujetas a una operación deficiente de sus funciones. Sin embargo,
poca o ninguna atención se ha tomado por parte de las autoridades correspondientes para
analizar y evaluar estos comportamientos y el posible riesgo que puede existir para la
población cercana a dichos sistemas. Esto sería una parte importante de la evaluación de
aguas en esa nueva gestión de aguas urbanas que se mencionase previamente.
6.5 Nuevos sistemas de drenaje, funcionales y ambientalmente adecuados. En la actualidad
en
muchas ciudades del mundo se busca no solo optimizar los sistemas ya existentes, sino
hacerlos más amigables al ambiente. Es por ello que se ensayan diversas formas de
manejar el
agua pluvial de manera de que no solo se evacuen las aguas con eficiencia, sino que a la
vez, y
donde sea posible, contribuya en satisfacer la demanda de agua potable, y ayude en el
paisaje urbanístico para disfrute del ciudadano.
Estas formas varían dependiendo de muchos factores, siendo quizás los principales la
topografía del sitio, el tipo de suelo, la pluviosidad en la zona, el tipo de vivienda o de uso de
la tierra e, inclusive, el tipo de habitante que vive en la zona. Factor adicional a considerar
es
la gestión del recurso en cuanto a la legislación que la conforma, ya que puede variar por
estados o municipios. En Venezuela, a pesar de varios instrumentos legales como la ley de
Aguas, la aplicación de normas o reglamentos no existen y aún están por desarrollarse.
6.6 Criterios y guías de diseño de nuevos sistemas de drenaje urbano. En líneas posteriores
se
indicaran algunos de los varios métodos usados en distintas partes del mundo, que han
venido
demostrando lo que significa un drenaje sustentable y como realizarlo.
Bengstsson y Semadeni-Davies (2000) resumen todas las ideas anteriores de la siguiente
forma: “Tradicionalmente, los sistemas de drenaje urbano han sido diseñados para
eficiencia
hidráulica, para transportar las aguas pluviales de ambientes construidos tan rápido como
sea posible. El caer en cuenta que el agua pluvial es un recurso ha llevado a un cambio
reciente hacia mejores prácticas gerenciales (BMP12) para minimizar costos e impactos
ambientales y, más estéticamente, para crear una atmosfera, especial, positiva dentro de la
ciudad.”.(En inglés en el original. Traducción propia).
6.7 Drenajes urbanos y manejo de cuencas hidrográficas. Maksimovic (2000) señala que la
cuenca cobra una mayor importancia para la ciudad cuando su área es pequeña y
disminuye su importancia a medida que el área de la cuenca aumenta. Es decir, cobra
mayor importancia
una quebrada que nace en el área urbana y la atraviesa, que un rio que nace distante y solo
transcurre por la ciudad. Básicamente por que la cantidad y calidad de las aguas varía con
el
área de la cuenca y con la distancia a la descarga de las aguas. Por ejemplo, en el caso de
la
Ciudad de Caracas toma mayor importancia para el drenaje de la ciudad una quebrada
como la
quebrada Chacaíto o el mismo rio Guaire, que el rio Tuy, en cuya cuenca se ubica la ciudad
de Caracas. Siguiendo el mismo razonamiento las quebradas del Ávila son más importantes
para los habitantes que habitan la zona norte de la ciudad que el mismo rio Guaire, por la
vulnerabilidad que tienen esos habitantes a desbordamientos de las quebradas13
.
La nueva concepción holística de una gestión integral de las aguas hace que al final todas
las
aguas que de una u otra forma están en contacto con el área urbana deben ser tomadas en
cuenta para un mejor aprovechamiento de ellas y para el beneficio de los ciudadanos. Aun
cuando se reconoce la variabilidad y estacionalidad de las aguas pluviales no dejan de ser
importantes, dada la magnitud de las mismas y lo poco que se aprovechan actualmente.
“Las tecnologías para el aprovechamiento del agua lluvia encajan muy bien dentro de
los lineamientos del desarrollo sostenible, ya que contribuyen al uso racional del agua y
los recursos. Las nuevas tecnologías y los materiales modernos permiten que los
sistemas para el aprovechamiento de agua lluvia sean factibles y estén al alcance de
las comunidades donde se carece de un suministro adecuado de agua” (Ballén, Galarza &
Ortiz, 2006)
7- LA VULNERABILIDAD ANTE EL CAMBIO CLIMATICO
Venezuela no escapa a los efectos del cambio climático. Según Martelo (2016) “los totales
de
lluvia anual y de la época lluviosa durante el siglo XX disminuyeron en casi todo el país,
entre
3 y 20 %, siendo estadísticamente significativo en las regiones central y occidental. El total
de
lluvia en la época seca disminuyó en algunas zonas y, por el contrario, aumento en
noroccidente y partes de la cordillera de la costa”. Viana (2007) en un análisis sobre los
posibles cambios de tendencias en el patrón de lluvias en la zona norte-costera de
Venezuela
encontró que “en la década de los setenta ocurrió un cambio profundo con relación a las
medias” dentro de un número de 36 estaciones analizadas (28 del Ministerio del Ambiente y
6 de la Fuerza Armada Nacional). Asimismo indica la necesidad de ampliar la investigación
a
otras regiones del país, lo cual está pendiente.
En un estudio sobre el impacto del cambio climático en la infraestructura urbana de la
ciudad
de México, Ibarrarán (2011) señala un aumento en la precipitación anual de 600 mm/ año a
900 mm/año en un periodo de 100 años (1877-1997), con la consecuente frecuencia de
eventos extremos, los cuales pasaron de uno a dos por año a seis o siete por año al final
del
siglo pasado, incrementando el número de inundaciones súbitas (denominadas flash floods
en
inglés).
Se deduce de lo anterior que el cambio climático puede afectar, y de hecho lo hace, el
comportamiento de los sistemas de drenaje. Sin embargo, poca o ninguna atención se
presta a
la vulnerabilidad de la población ante eventos extremos que puedan hacer insuficientes los
sistemas y causen daños a personas o cosas. Irónicamente volviendo poco eficientes
sistemas
que se diseñaron precisamente para protección.
Groismann et al (1999) señalan como conclusión de su trabajo que la probabilidad de que
exista un aumento en la magnitud de fuertes precipitaciones en verano es cuatro veces
mayor
que la precipitación media esperada. Si consideramos que la mayoría de los sistemas de
drenaje urbano se calculan para periodos de retorno de 10 años como máximo14, y que
dichos
valores son tomados de valores de precipitaciones históricas, aunque extremas, no sería de
extrañar que ante estas nuevas condiciones climáticas, como son las planteadas en dicho
estudio, los sistemas no cumplan ni siquiera para esos años previstos en el diseño,
causando
como mínimo inundaciones en calles y avenidas.
No hay duda, entonces, que “La alteración de la naturaleza de los recursos hídricos
ocasionada por el cambio climático tendrá efecto sobre el desarrollo humano. Aunque no se
sabe con exactitud los efectos que se verán a nivel local, se espera que haya cambios en la
disponibilidad y calidad del agua debido a la modificación del régimen de precipitación y
aumento de la evaporación”. (Castellanos & Guerra ,2009). En un discurso de la canciller
alemana Ángela Merkel en las Naciones Unidas señalaba, aun mas enfáticamente que “ los
estudios realizados revelan que de no frenarse el cambio climático, nuestro bienestar puede
retroceder entre un 5 % y un 20 %”( Konrad Adenauer Stiftung, 2009). Señalaba igualmente
que solo se requería sacrificar un 1 % del bienestar para lograr ese freno, indicando que esa
acción era también un “imperativo de racionalidad económica” (ibid).
El Gobierno de la República de Panamá en su Plan Nacional de Seguridad Hídrica (2016)
especifica los principales impactos que el cambio climático tendrá sobre dicho país, que por
ser un país tropical refleja en parte lo que pudiese ocurrir también en Venezuela:”
La ocurrencia de eventos extremos de precipitación y las consiguientes inundaciones y
deslizamientos sobre pendientes inestables;
Los eventos de escasez de agua productos de fenómeno como El Niño;
El aumento de la incidencia de las enfermedades relacionadas con el agua y
trasmitida por vectores como el dengue, zika, chikungunya, malaria, hantavirus15
,
entre otras.”
Sin embargo en el país todavía no se toma muy en serio la problemática del cambio
climático,
aun cuando siempre se menciona que el efecto de El Niño crea inconvenientes en el
suministro de agua para energía y abastecimiento a las poblaciones, más como una excusa
ante
esa carencia que como un problema al que hay que enfrentar y solucionar.
Materan (2016) señala que desde 1888 hasta 1997 han ocurrido 25 eventos de El Niño. En
ese
estudio se observa que en los años 60 hubo cuatro eventos, pero separados por 3 o 4 años
entre sí, mientras que en los 90, en donde también hubo 4 eventos (91, 93, 94 y 97), solo se
ven diferencias de intervalo de 1, 2 y 3 años entre ellos. La CAF señala que solo en el siglo
XX “se han presentado veintidós episodios El Niño, siendo los mismos cada vez más
recurrentes e
intensos.”
Como puede apreciarse hubo 5 eventos en apenas 14 años y tres fenómenos seguidos con
intervalos mínimos de dos años, a excepción de los dos últimos del 2009 y 2015. Aunque
podría no considerarse concluyente, si llama la atención en esos primeros años del
presente
siglo, y los de los años de los finales del siglo anterior, muy en especial los de la década de
los
noventa, su recurrencia y sus efectos dañinos. En Venezuela, no es este último fenómeno el
que causa alta pluviosidad, sino su efecto contrario, La Niña. Siguiendo el mismo patrón
anterior tenemos que La Niña solo se produjo en los siguientes años para el presente siglo
No es el objeto del presente trabajo el análisis riguroso de estos fenómenos climáticos, pero
si
el llamado de atención a los efectos que puede causar en el drenaje los períodos de lluvias
intensas que se produzcan por los efectos de La Niña, más aún si aumenta la frecuencia de
su
ocurrencia como pareciera.
7.1 Vulnerabilidad física de los sistemas de drenaje. Lamentablemente poca atención se ha
tomado en el país a los posibles efectos de la acción de esas aguas pluviales
extraordinarias en
las ciudades, a pesar de haber sufrido recientemente los eventos de 1999 en las costas
venezolanas y muy intensamente en el estado Vargas16, hecho que debería haber creado
cierta
conciencia en las autoridades de que bien puede repetirse allí y en otras zonas del país, y
que
se debe estar preparado para evitar la magnitud de daños como los que allí ocurrieron.
Córdova y González (2010) señalan sobre ese evento: “Se puede decir, de esta
comparación,
que si los 160 y 250 milímetros que cayeron en Maiquetía en 1951 (en 1 y 3 días) tienen
periodo de retorno de 10 años; para esta vez, en 1999, la lluvia en Maiquetía (410 y 910
milímetros) tiene un periodo de retorno de casi 1000 años”. Si bien es cierto que es
económicamente inviable diseñar sistemas de drenaje para un periodo de retorno tan alto,
no
es menos cierto que los cálculos se basan en series históricas elaboradas bajo un patrón de
comportamiento climático que definitivamente está cambiando, tal como lo señala Viana
(2007) en la zona norte costeña. Surge la interrogante de ante este cambio cuál será
realmente
el periodo de retorno de un evento de esa magnitud y cuál para eventos menores pero de
magnitudes superiores a las estimadas bajo la información disponible actualmente. Parte de
un
sistema de drenaje sustentable está en analizar las áreas donde esos caudales puedan
escurrir
sin causar daños o, al menos, minimizarlos. Aunque esto se ha hecho en casos de algunos
ríos,
respetando en lo posible sus planicies inundables, es también muy cierto que poco se hace
a
nivel urbano en los ríos o quebradas que atraviesan nuestras ciudades (como sucedió en el
estado Vargas). Menos aún, en aquellos casos donde ya existen obras construidas hace
años,
no se ha evaluado que podría pasar bajo unas condiciones distintas a las de diseño, su
potencial acción dañina sobre la ciudad y la vulnerabilidad de los ciudadanos ante esos
efectos.
En la ciudad de Caracas, la periódica inundación de calles y avenidas y de algunas zonas
pobladas (como, por ejemplo, en el puente Baloa sobre el rio Guaire en Petare) corroboran
el
poco esfuerzo que se hace en solventar esta recurrente situación. En un análisis realizado
por
el Instituto de Mecánica de Fluidos de la Universidad Central de Venezuela en 2008
(basado,
por supuesto en series históricas), ya se comprobó que el canal actual del Guaire no
soporta
crecientes mayores a periodos de retorno de 50 años sin desbordarse en algunos sitios
(citado
en Ochoa Iturbe, 2011). Si llegase a producirse un incremento de un 5 % en la magnitud de
las
lluvias intensas (como sugiere el estudio de Groissman ya mencionado), se tendría una
disminución en el período de retorno, con un consecuente desbordamiento del rio mucho
más frecuente. Sin embargo solo se ven algunas acciones por parte de los organismos
competentes
para prever estos escenarios y posibles soluciones, ni siquiera de alerta temprana a la
población. (Debe mencionarse, a manera de excepción que en el año 1987 se instaló con
ayuda japonesa un sistema de alarma en el rio Limón en el estado Aragua, luego de una
tragedia que ocurrió allí, y se habló de instalar uno en el rio Guaire, pero nunca se hizo17
. (No
se tiene conocimiento de si el del rio Limón está operativo).
Sin embargo a nivel mundial (contrario a lo que ocurre en el país) cobra cada día más
importancia el estudio del efecto que causan las inundaciones sobre la población urbana.
“Una tercera parte de los desastres naturales anuales y de pérdidas económicas y más de
la
mitad de todas las victimas están relacionadas con inundaciones “(Escuder-Bueno et al,
2012). Esto es indudablemente causado, en primer lugar, por ocupación de espacios no
aptos,
usualmente por poblaciones de bajos recursos; pero también por el aumento significativo de
la
periodicidad de eventos de alta intensidad pluviométrica (Ochoa-Iturbe & Parkinson, 2010).
Sobre si estos eventos son producto de los efectos del cambio climático o de una
variabilidad
climática, existen opiniones de expertos que dudan del cambio climático y señalan que un
cambio es algo definitivo en el comportamiento o patrón del clima con lo cual no habría
retorno a las condiciones antecedentes. Mencionan que es muy temprano para afirmar esto,
mientras que lo que ocurre, en su opinión, es solo una variabilidad por un tiempo
determinado
para volver al patrón anterior. Este argumento podría causar que no se modificaran las
obras
de drenaje previendo un retorno a condiciones iniciales de diseño. De hecho existe, dentro
de
esa discusión, que la medición de la temperatura en la superficie del océano como uno de
los
factores para medir el cambio climático no es lo más adecuado, sugiriendo el aumento del
nivel del mar como más acertado. (NAP, 2015)
18
La vulnerabilidad de la población que vive en las ciudades a esos eventos pluviales
extraordinarios (producidos o no por los cambios climáticos) es cada vez mayor, ya que
dicha
población urbana continúa su crecimiento, ocupando, cada vez más, esas áreas sujetas a
riesgo.
Poe ejemplo,“ Durante el período de 1995-2004 , en América Latina y El Caribe, se
reportaron 840 desastres naturales ocasionados por el agua, dejando como saldo más de
70.525 personas muertas y pérdidas económicas estimadas en miles de millones de
dólares”
( Cautilli & Sigala, 2007).
La eliminación o mitigación de daños es parte de la sustentabilidad urbana. La resiliencia
ante
daños que no pueden evitarse, dada la magnitud de los eventos, es también parte de esa
sustentabilidad de la ciudad a la que se pretende llegar. “La adaptación al cambio climático
no puede eliminar muchos de los riesgos de eventos de
clima extremos, así que necesita limitar sus impactos a través de una buena prevención y
una
buena respuesta post-evento” (Hardoy & Pandiella, 2009). Parte de estos esfuerzos viene
reflejada en una nueva concepción del uso de las quebradas y ríos y la ocupación o no de
sus
planicies inundables, permitiendo la evacuación de las aguas pluviales por zonas no
urbanizadas. Pero viene también acompañada de necesarios avances en las políticas
públicas y
en la manera de relacionarse las autoridades estatales con las regionales, municipales y las
comunidades susceptibles de daños. “estas relaciones entre las comunidades locales, los
gobiernos y el sector privado aún tienen que madurar” (Hardoy & Pandiella, ibid.). En un
estudio sobre riesgos y políticas de seguridad en toda América Latina, Hubner (2016)
señala
que es necesario el desarrollo de estructuras de gobierno locales, con políticas sensibles al
ambiente y eficientes sistemas de aplicación de las leyes. En el país, como se mencionara,
se
vienen haciendo esfuerzos en este sentido, de allí la “Guía de Gestión Ambiental Urbana”
previamente mencionada.
Cabe destacar que en Venezuela existe la ley sobre Gestión Integral de Riesgos
Socioambientales y Tecnológicos (2009) que, además de que obliga a la creación de
distintas
instancias a nivel nacional, estatal y municipal de gestión de riesgos y de diversos planes
para
la protección, prevención y respuesta, contempla en su título VII -disposiciones finales, la
elaboración de un “Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático. El Consejo Nacional
de
Gestión Integral de Riesgos Socionaturales y Tecnológicos dictará, en el plazo de un año,
las
directrices para la formulación del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, que
incluye las actividades de evaluación de impactos, amenazas, vulnerabilidades y la
estrategia
nacional de adaptación al cambio climático. La coordinación de su formulación será
responsabilidad del despacho ministerial al que corresponda el área de ambiente”.
8- SISTEMAS URBANOS DE DRENAJE SUSTENTABLE
Según la Scotish Environmental Protection Agency, un sistema urbano de drenaje
sustentable
se define como “una secuencia de prácticas y obras diseñadas para drenar el agua
superficial
en una forma que provea una aproximación más sustentable que lo que ha sido la práctica
convencional de transitar las aguas en una tubería hasta un curso de agua”
([Link]).
Como ya se mencionaba en el libro “Drenaje Urbano” de Bolinaga (1979), la práctica usual
en un sistema de drenaje era sacar las aguas lo antes posible del sitio donde existiese un
potencial de daños a personas y cosas, lo cual, de cumplir con los parámetros adecuados
de
diseño, funcionaba satisfactoriamente. Sin embargo, muchos sistemas fueron construidos
hace
décadas bajo condiciones diferentes del uso de la tierra, e inclusive con cambios de la
topografía original, sobretodo en algunas zonas de ciudades en desarrollo continuo,
aumentando así la impermeabilidad del área a drenar. Estas nuevas áreas generalmente
descargan sus aguas a colectores ya existentes haciéndoles ineficientes.
La impermeabilización de áreas es una actividad de urbanismo que ha tenido desde
siempre
un alto impacto en el escurrimiento superficial, incrementando el pico de la creciente y
aumentando el volumen del escurrimiento, ha reducido la infiltración y ha degradado la
calidad del agua (Pazwash, 2011). Esto, por supuesto, no es un concepto nuevo, y
generalmente se considera en la práctica usual de diseño para un nuevo urbanismo, en
cuanto a
la consideración de las variables de cálculo y el desarrollo total y potencial futuro de una
zona.
Lamentablemente, en muchas oportunidades, el diseño se limita a un sector determinado a
desarrollar por un promotor urbanístico, dueño de los terrenos, y no se toma en cuenta los
efectos sobre zonas circundantes, especialmente si están aguas abajo del urbanismo19. Es
bueno mencionar que en Venezuela se hizo un esfuerzo serio en los años 70 y 80 por parte
del Ministerio de Obras Públicas y luego por el Ministerio de Desarrollo Urbano para
elaborar
planes maestros de ciudades, y con ellos (sobre todo en la Dirección de Obras Hidráulicas
del
MOP) se procuró realizar planes rectores de drenaje urbano intentando poner un orden
lógico
al crecimiento urbano de las mismas y planificando para umbrales de hasta 25 años. La
mayoría de esos planes no se han seguido, y posiblemente ni siquiera se han consultado.
Por ser los sistemas de drenaje muy costosos se estilaba diseñarlos, en los planes
maestros,
para la condición más desfavorable, es decir, la ciudad ya desarrollada, a fin de que el costo
fuera uno solo e inicial y ya estuviera cubierta la ciudad para eventos de cierta magnitud.
Asimismo se planificaba para sucesivas etapas de desarrollo progresivo. En la práctica,
cada
urbanizador coloca obras de drenaje que garanticen solo la evacuación de aguas de sus
propiedades (dado el alto costo que usualmente tienen estos sistemas).
A medida que la ciudad se expande se van conectando tuberías de distintos diámetros, e
inclusive se dan casos de tuberías de mayor diámetro descargando a unas de menor
diámetro,
causando remansos y hasta resaltos hidráulicos en donde existen cambios fuertes de
pendientes.
Un sistema de drenaje sustentable pretende, entre muchos de sus objetivos, corregir estos
vicios, ya que al aplicar algunos de los métodos que se señalan más adelante, permitirá un
comportamiento más apropiado de los colectores existentes, al disminuir los caudales que
circulan por las tuberías. Aún más, el verdadero drenaje sustentable es aquel que pretende
comportarse como lo haría el terreno en su estado natural, el cual escurría caudales
históricos
por la superficie y permitía la infiltración que le era correspondiente al tipo de suelo original.
En la medida en que esto se logra, simulando lo que ya la naturaleza hacía, se estaría
llegando al estado ideal de sustentabilidad en donde se re-establecería el ciclo hidrológico
previo a la intervención antrópica. Siguiendo la clasificación realizada por Uzcátegui (2016)
en cuanto a los tipos de drenaje, el drenaje sustentable es el que se realiza básicamente en
el
drenaje terciario (techos, patios, calles, etc.), es decir aquel que puede ser susceptible a
modificaciones. El drenaje secundario o el primario, por su carácter de indispensable es
difícil
o muy costoso de modificar. Las técnicas que componen un sistema de drenaje sustentable
se
pueden dividir entre estructurales y no estructurales (Morassutti, sin fecha). Las
estructurales
son aquel tipo de obras que modifican el drenaje existente o la incorporación de sistemas a
zonas que carecen de dichos sistemas y que, por lo tanto, requieren de ciertas inversiones,
como zanjas de infiltración, cunetas verdes, depósitos de lluvia, humedales artificiales, etc.
Algunas veces esas inversiones pueden ser cuantiosas como los pavimentos permeables
(ver
acápite 10.4), mientras que las no estructurales se refieren a “aquellas que no precisan ni
actuación directa sobre la red, ni la construcción de infraestructura alguna.
EL DRENAJE SUSTENTABLE Y LA SEGURIDAD HIDRICA23
La seguridad hídrica viene definida como:” capacidad de una población para salvaguardar el
acceso sostenible a cantidades adecuadas de agua de calidad aceptable para sostener los
medios de vida, el bienestar humano y el desarrollo socio-económico, para garantizar la
protección contra la contaminación transmitida por el agua y los desastres relacionados con
el agua, y para la preservación de los ecosistemas en un clima de paz y estabilidad política”
(UN-Water, 2013. Citado por Ramos, 2014).
Como se ha venido presentando, puede verse como el uso del agua pluvial de manera
sustentable puede contribuir de manera significativa a una mayor disponibilidad de agua
para
las ciudades, al poder almacenarlas, ya sea en pequeñas lagunas o infiltrando dichas aguas
mediante fosas de infiltración o pavimentos permeables como se mostrara más adelante en
el
texto, contribuyendo así a la seguridad hídrica definida previamente.
9.1 Disponibilidad, captación y uso del recurso. La periódica precipitación que cae sobre las
ciudades y que escurre por la superficie en un alto porcentaje es, sin duda, un agua
potencialmente disponible. En un reciente estudio sobre el escurrimiento total de la ciudad
de
Los Ángeles, California se señala que el escurrimiento total de la ciudad es de unos 2000 a
3000 m3/ha/año. Esa cantidad de agua (de poder almacenarse) equivale a 4 veces el
volumen
total anual de agua necesario para bajar sanitarios en la ciudad (450 m3/ha/año), liberando
así
una misma cantidad de agua potabilizada para otros fines. (NAP, 2016).
En un nivel menor, pero que vale la pena mencionar, es el estudio realizado por Montilla y
Roncayolo ( 2012) en la Colonia Tovar, Estado Aragua donde se demostró que colocando
sumideros en ciertas calles de la población , que captan toda el agua de dichas calles y de
cuencas que drenan naturalmente a ellas, y que luego son llevadas dichas aguas, ya
concentradas, a tres tanques convenientemente ubicados a cotas inferiores, lograban
almacenar 1.027 m3 de agua con tormentas de apenas un periodo de retorno de 2 años y
duración de 5 minutos.( como beneficio adicional señalaban la disminución de aguas en las
calles corriendo sin ningún control, en una población carente de un buen sistema de
drenajes).
Igualmente dejan ver que su estudio no incluía un potencial análisis de la calidad de las
aguas
y su posible tratamiento, de necesitarse24
.
9.2 Disminución de vulnerabilidad ante sequias. Estas acciones indudablemente
disminuirían
la vulnerabilidad de los habitantes de ciudades a sequias e inundaciones, eventos que han
ido
aumentando en frecuencia y en magnitud. En la época de sequias existiría un volumen
apreciable de agua almacenada para mitigar sus efectos.
9.3 Protección contra inundaciones. En la época de lluvias, el almacenaje permitiría bajar
los
picos de crecientes disminuyendo así las inundaciones, como se menciona en el ejemplo
anterior de la ciudad metropolitana de Saitama en Japón.
Si consideramos que alrededor del 65 % de las personas afectadas por desastres naturales
lo
han sido por inundaciones (Ochoa-Iturbe & Parkinson, 2010), el ahorro a nivel de la ciudad y
de los ciudadanos en si sería muy alto ya que bajarían los costos de remediación y de
recuperación de bienes, factor de mucha importancia ya que “los impactos económicos de
sequias, inundaciones y tormentas desde 1980 han representado en promedio el 0,5 % del
PIB
de ALC25, aunque puntualmente se han alcanzado máximos de hasta 2 %” (Fundación
Botín,
2014).
De lograr disminuir los picos de las crecientes, así como los volúmenes de agua superficial
mediante las técnicas de drenaje sustentable, se contribuiría a disminuir el riesgo para los
habitantes que ocupan zonas de cierta peligrosidad, especialmente los sectores de bajos
recursos que usualmente ocupan dichas zonas y que no poseen medios económicos para
recuperarse, creando de hecho un mayor problema social en la ciudad. Es decir, el drenaje
sustentable permite aumentar la resiliencia de la ciudad ante eventos catastróficos, muy
especialmente para los sectores de bajos recursos que no poseen medios económicos.
9.4 Usos municipales del agua de lluvia en las ciudades. El almacenar las aguas “in situ”
permite su utilización para riego de parques y zonas públicas durante sequias o para,
inclusive,
suministro de agua potable (de recibir tratamiento adecuado con técnicas actualmente
disponibles, como se señalara previamente que ocurre en el Orange County en California).
Es
decir se aumenta la confiabilidad de disponer del recurso para una población urbana que no
cesa de aumentar. En definitiva se aumenta la seguridad hídrica de la urbe y a la vez se
cumple con los objetivos 3 y 4 del marco de acción para la reducción de desastres de la III
Conferencia sobre Reducción de Desastres de Naciones Unidas celebrada en Sendai,
Japón
en Marzo de 2015 (UN. A/ CONF.224/CRP.1). Dichos objetivos señalan la necesidad de
invertir en la reducción de riesgos ante desastres, para resiliencia de las ciudades, mediante
la
adopción de medidas estructurales y no-estructurales y la necesidad de la preparación de
planes de respuestas rápidas ante desastres, y también de planes de recuperación que
contemplen respuestas efectivas e inmediatas, a todo nivel, ante un desastre. Una medida
importante estructural es contar con capacidad de almacenaje para caudales extraordinarios
como se mencionase previamente, que ya ocurre en varias ciudades.

Problemas que afectan los sistemas que transportan aguas residuales


2.1. Proceso de corrosión por sulfuro de hidrógeno (H2S)
2.1.1. Antecedentes
Las primeras evidencias de que las estructuras de concreto de los sistemas de drenaje
podían sufrir una rápida y extensiva degradación aparecen documentadas en California en
1900 (Sand, 2001). Sin embargo, no es hasta 1945 cuando Parker descubre que la
corrosión
acelerada de las superficies de concreto es causada por poblaciones de bacterias del
género Thiobacillus, y asocia el desarrollo de este proceso a la presencia de atmósferas con
altos contenidos de sulfuro de hidrógenoH2S (Vincke et al., 2000).
En 1946 Pomeroy y Bowlus publican las conclusiones de diferentes estudios realizados en
colectores por gravedad de Estados Unidos con el propósito de determinar las condiciones
marginales que separan la acumulación de sulfuro de hidrógeno en las aguas residuales de
la
no acumulación (USEPA, 1974). Holder y Hauser (1987) comentan que existe una
correlación
directa entre el incremento de la velocidad de flujo y la reducción de los problemas
derivados de la presencia de sulfuro de hidrógeno, del mismo modo que se constata el
acoplamiento de los efectos que la concentración de materia orgánica y la temperatura
ejercen sobre la acumulación de esta sustancia.
En 1950 y sobre la misma línea de investigación que Pomeroy y Bowlus, Davy presenta una
expresión que relaciona la velocidad de flujo necesaria para la prevención de la ac
umulación
de sulfuro de hidrógeno con diversas variables del sistema. Éste utiliza como principal
herramienta de trabajo la combinación de principios teóricos con correlaciones numéricas a
partir de datos obtenidos en colectores de Melbourne (Holder y Hauser, 1987).
En 1959 Pomeroy proporciona una primera fórmula experimental desarrollada sobre la base
de estudios realizados en conducciones operando a sección llena. Esta expresión permite
predecir la máxima acumulación de sulfuro de hidrógeno posible para diferentes tipos de
colectores, clasificados de acuerdo a un parámetro K característico (Holder y Hauser,
1987).
En 1970, Pomeroy deriva en la expresión universalmente conocida como fórmula-Z. Ésta es
considerada la primera fórmula empírica de cierta significación (USEPA, 1974) y evalúa de
forma cualitativa (en base al valor del parámetro Z) el riesgo potencial de acumulación de
sulfuro de hidrógeno a partir de variables hidráulicas, geométricas y parámetros de calidad
del efluente (ASCE-WPCF, 1982). Sin embargo, tiene como limitación su aplicabilidad
exclusiva a conducciones trabajando por debajo de media sección (USEPA, 1974).
En 1972 Thistlethwayte presenta el primer modelo para la predicción de la formación de
sulfuro de hidrógeno en conducciones a presión. Calibrado a partir de colectores que
operan
a bombeo, el modelo pone de manifiesto la importancia que tienen en la formación de
sulfuro
de hidrógeno la velocidad del flujo de agua residual y la concentración de las especies
químicas que participan en el metabolismo de las bacterias sulfato-reductoras (Holder y
Hauser, 1987).
En 1974 la Agencia de Protección Medioambiental de los Estados Unidos (USEPA, 1974)
bajo la dirección de Pomeroy, reúne las experiencias precedentes y publica el primer
manual
práctico orientado hacia el control de la formación de sulfuro de hidrógeno en los sistemas
de alcantarillado. El documento incluye además diversas expresiones que permiten estimar
sobre el terreno el orden de magnitud del proceso de corrosión desarrollado. En años
sucesivos la información contenida en esta referencia se va actualizando con publicaciones
(ASCE-WPCF, 1982; USEPA, 1985) del mismo alcance que la anterior.
En 1975 Boon y Lister reescriben la expresión de Pomeroy y Bowlus de 1959 considerando
que la concentración de materia orgánica, hasta ese momento expresada en términos de
Demanda Bioquímica de Oxígeno (DBO5), podía ser calculada en términos de otros
parámetros característicos consiguiendo un mejor ajuste en las predicciones (Holder y
Hauser, 1987). Tomando como parámetro representativo la Demanda Química de Oxígeno
(DQO), los trabajos de Boon (Boon, 1995; Boon et al., 1998) se desarrollan en paralelo a los
estudios de Pomeroy y colaboradores.
En 1977 Pomeroy y Parkhurst dan el paso definitivo en sus investigaciones y publican el
modelo para la predicción de la formación de sulfuro de hidrógeno en colectores que la
literatura científica recoge con mayor profusión (Kienow et al., 1982; ASCE-WPCF, 1982;
Holder, 1983; USEPA, 1985; Beeldens y Van Gemert, 2000). Este modelo se construye
sobre una base deductiva a partir de las leyes físico-químicas que rigen el equilibrio entre
las fases acuosa y gaseosa por lo que cubre las condiciones que caracterizan los sistemas
a
presión y los sistemas por gravedad (USEPA, 1985).
A partir de 1977, superados los primeros períodos de aproximación a un modelo llevados a
cabo en los Estados Unidos de América, Australia, Sudáfrica y en el Reino Unido, se
suceden numerosos trabajos de experimentación con el modelo de Pomeroy y Parkhurst
repartidos por las zonas cálidas de todo el mundo (Holder, 1986). Paralelamente, en los
primeros años de la década de los 80´s del siglo pasado, la extensión de los problemas de
corrosión por Ácido Sulfúrico Biogénico (ASB) a zonas de clima templado y la existencia de
importantes lagunas de conocimiento en la materia conducen a la realización de numerosos
estudios de laboratorio (Holder, 1986; Nielsen, 1987) con el objeto de caracterizar la
dinámica y la cinética de las biopelículas responsables de la reducción anaerobia de los
sulfatos.

En 1988 Hvitved-Jacobsen, Nielsen y diversos investigadores publican conjuntamente


varios
trabajos encaminados al control de la formación de sulfuro de hidrógeno en sistemas que
transportan aguas residuales domésticas (Nielsen et al., 1998). Con una consistente base
teórica tomada de estudios precedentes (USEPA, 1985; Nielsen, 1987) y con los
antecedentes expuestos por Boon y Lister, los diferentes ensayos de campo realizados en
Dinamarca conducen a la presentación de un nuevo modelo empírico para la predicción de
la
formación de sulfuro de hidrógeno en conducciones a presión (Nielsen y Hvitved-Jacobsen,
1988).
En 1992 Matos y Sousa presentan un modelo para la predicción de la acumulación de
sulfuro
de hidrógeno en fase gaseosa en el interior de colectores (Matos y Sousa, 1992). El
modelo,
que se apoya en algunas expresiones anteriormente presentadas, integra los procesos que
afectan al balance másico de sulfuro de hidrógeno (gas) en una “rebanada” de aire.
Estudios
posteriores en el mismo entorno de trabajo (Matos y Aires, 1995; Dias y Matos, 2000)
muestran resultados que proporcionan fiabilidad al modelo.
En 1998 Nielsen, Raunkjær y Hvitved-Jacobsen (Nielsen et al., 1998) reescriben el modelo
presentado por ellos mismos en 1988, ajustando los coeficientes empíricos a las
temperaturas de invierno. Sin embargo, la principal virtud de este trabajo reside en
destacar la importancia de la calidad de la materia orgánica presente en el agua residual
con
respecto a la formación de sulfuro de hidrógeno (Tanaka y Hvitved-Jacobsen, 2000).
2.1.2. Descripción del problema
La existencia de conductos de drenaje con longitudes considerables, así como la
introducción
de numerosos puntos de bombeo intermedios ha fomentado el acceso a condiciones
sépticas
generalizadas en las aguas que circulan por estos sistemas. Esta circunstancia además de
generar innumerables distorsiones en la circulación de las aguas residuales y en las plantas
de
tratamiento, conduce a medio y largo plazo al desarrollo en infraestructura de concreto del
denominado biodeterioro del concreto. Este proceso es consecuencia del ataque por Ácido
Sulfúrico Biogénico (ASB) sobre los elementos fabricados con materiales con base de
cemento
tipo Portland y su origen se debe a la formación de sulfuro de hidrógeno en las aguas
residuales en condiciones anaerobias persistentes.
En Canadá y en la parte norte de los Estados Unidos, las fallas en los sistemas de drenaje
por
corrosión-ácida no son tan frecuentes, en ciudades como Boston, Edmonton, Montreal,
Nueva
York, etc. Sin embargo, en la parte sur de los Estados unidos y México, el rápido deterioro
de
la infraestructura para el manejo de agua residual presenta problemas serios y caros de
resolver. Este tipo de biodeterioro de la infraestructura hidráulica, causado por micro-
organismos productores de ácido está afectando a casi todas las ciudades en el corredor
del
Río Bravo (Rendón et al., 2012). Las bacterias asociadas a la producción de sulfuro de
hidrógeno en los sistemas que
transportan aguas residuales requieren un medio anaerobio (ausencia de oxígeno) para su
crecimiento celular. Normalmente este medio se presenta en la parte sumergida de la
tubería,
donde se desarrolla una película biológica
Efecto del pH en el equilibrio del H2S (Hidráulica de las bolsas de gases
corrosivos en sistemas a bombeo que transportan aguas residuales)
Después de su emisión a la atmósfera interna del tubo, el siguiente paso en el proceso de
corrosión consiste en su transferencia a la zona de paredes del conducto situada por
encima de
la superficie del agua. Debido a que las paredes de la tubería están húmedas a causa de
las
condensaciones en ellas acumuladas, el sulfuro de hidrógeno de la atmósfera quedará
fijado a
las paredes tan pronto como entre en contacto con éstas. El sulfuro de hidrógeno retenido
en
esas zonas húmedas es transformado en ácido sulfúrico por la acción de bacterias del tipo
Thiobacillusy principalmente por las de la clase Thiobacillus Concretivorus, que se puede
traducir literalmente como devoradoras de concreto.
En el siguiente paso del proceso de corrosión, el ácido sulfúrico reacciona con el cemento
del
concreto. Si la tasa de producción de ácido sulfúrico es baja, la mayor parte del mismo
reacciona con el cemento, dando lugar a un material pastoso que queda muy pobremente
ligado
a los agregados empleados en la fabricación del tubo. Si la tasa de producción de ácido
sulfúrico es elevada, gran parte del mismo no podrá difundirse a través de la masa pastosa
citada y, consecuentemente, será arrastrado de las paredes por la corriente cuando el tubo
trabajé a tubo lleno o se desprenderá por su propio peso. Este proceso se repetirá a medida
que continúa la corrosión de la tubería. La forma de evolución de la corrosión varía,
dependiendo de la circulación de aire, de la cantidad de condensados existente, de la tasa y
cantidad de sulfuro de hidrógeno producido y de otros factores locales.
Temperatura
El metabolismo de las bacterias sulfato-reductoras presenta una gran dependencia con
relación a la temperatura. Un importante grupo de éstas corresponde por clasificación
termal a
bacterias mesófilas(Widdel y Bak, 1991), de forma que las temperaturas habituales en las
aguas residuales en nuestro ámbito (15-25 ºC) ofrecen condiciones óptimas para su
desarrollo.
Sin embargo, la variación de la velocidad de formación de sulfuro por efecto de la
temperatura
es compleja de evaluar, puesto que este parámetro afecta con distinta intensidad a los
procesos estrictamente biológicos y a los procesos físicos (i.e. los fenómenos de difusión).
Desde la USEPA (1974, 1985) se sostiene que, en conjunto, las respuestas a la variación
de la
temperatura en un grado centígrado se manifiestan con una variación de la velocidad de
formación de sulfuro de 7 puntos porcentuales y en el sentido (incremento-decremento) de
la
variación térmica.
Tiempo de permanencia
El tiempo de permanencia hidráulica en los tubos se considera un parámetro fundamental
para
la generación de las condiciones ambientales necesarias para el desarrollo de las vías del
metabolismo anaerobio (USEPA, 1974, 1985; ASCE- WPCF, 1982).
2.1.4. Control de la corrosión causada por H2S.
Se puede decir que existen dos clasificaciones de los métodos para el control de la
corrosión,
los métodos físicos y químicos. Estos métodos se emplean, comúnmente, en tuberías o
sistemas
ya existentes, sin embargo, se puede evitar su uso si se tiene presente, desde la etapa de
diseño, que se puede desarrollar el problema de corrosión, es decir, para evitar la corrosión
se
pueden hacer consideraciones de diseño para evitar puntos donde se pueda desarrollar
este
fenómeno.
[Link]. Métodos químicos.
Estos métodos tienen por objeto la interrupción del proceso de producción del H2S por
medio
de adición de algún agente químico. A continuación, se mencionan algunos de los métodos
químicos más utilizados:
Uso de cloro
Adición de peróxido de hidrógeno
Adición de nitratos
Adición de sales metálicas

Obstrucciones en los sistemas de alcantarillado


2.2.1. Intrusión de raíces
[Link]. Antecedentes
La intrusión de raíces en el alcantarillado ha sido descrita en la literatura en varias
ocasiones.
Geyer y Lentz (1964) encontraron que las raíces eran una de las principales causas de la
paralización del alcantarillado en ciudades de Estados Unidos. Hood (1957) describió cómo
se
podría controlar el problema de las raíces y el crecimiento de hongos en las alcantarillas
sanitarias y desagües pluviales. Sullivan et al. (1977) hicieron un estudio en 64 ciudades de
Estados Unidos para determinar el alcance y el efecto de las raíces en las alcantarillas. El
estudio reveló que las raíces son un importante problema de mantenimiento del
alcantarillado y
las raíces junto con las grasas y arenas contribuyen a las obstrucciones en el alcantarillado,
lo
que reduce las características de flujo. Rolf y Stål (1994) describen el problema, incluyendo
los métodos de resolución en Malmö Suecia. McPherson y Peper (1995) presentan los
costos
relacionados con la intrusión de raíces en ocho ciudades de Estados Unidos y Canadá. En
la
figura 2.8 se observa la obstrucción por raíces en un sistema de alcantarillado.

Los defectos iniciales en los sistemas de alcantarillado son generalmente el resultado de


una
mala construcción (Sullivan et al, 1977; Schrock 1994; Brennan et al 1997), cargas
excesivas
(SCH rock 1994), juntas con fugas (Schrock 1994), conexiones inadecuadas (Randrup y
Faldager 1997; Stal y Rolf 1998), o la interferencia de terceros (Schrock 1994). La intrusión
de raíces puede ampliar una abertura existente en las alcantarillas, permitiendo que la tierra
circundante pueda entrar a través de la abertura, lo que debilita aún más la estructura y en
última instancia conduce a la ruptura y el colapso de la estructura de alcantarillado (Schrock
1994).
Muchos investigadores indican que las raíces de los árboles no dañan la infraestructura.
Ellos
sugieren que la infraestructura está mal construida y la razón de las interrelaciones entre las
raíces de los árboles y las infraestructuras están relacionadas con la ingeniería y fallas en el
diseño [por ejemplo, Cutler (1995), Brennan et al. (1997) y Coder (1998)]. Cualquiera que
sea la
razón, lareparación resultante de los sistemas de alcantarillado es a menudo costosa (Rolf y
Stal 1994; Randrup 2001) y puede resultar en un daño a los propios árboles (Stål, 1996).
[Link]. Descripción del problema
La intrusión de las raíces en las tuberías de alcantarillado es probablemente el problema
más
destructivo encontrado en un sistema de alcantarillado. Estas raíces pueden bloquear o
reducir
el flujo, causar desbordamientos, o reducir la capacidad hidráulica.
Las raíces también pueden dañar los tubos y otras partes estructurales del sistema de
alcantarillado. Debido a que los sistemas de alcantarillado son subterráneos, los paros en el
alcantarillado así como los desbordamientos son la manera en que la mayoría de los
municipios y
los propietarios se enteran de los problemas con raíces. Los daños estructurales, a menudo
son
más costosos que los paros, que por lo general pasan desapercibidos hasta que el daño se
determina a través de una inspección visual.
El control de raíces en los sistemas de alcantarillado es una cuestión de usar las
tecnologías
adecuadas y de forma segura.
[Link]. Crecimiento de las raíces
A menudo, un sistema de raíces sobrevive después de que la parte superior es cortada. Los
sistemas de raíces de los árboles de sauce pueden sobrevivir durante años después de que
la
parte superior se ha eliminado. Los sistemas de raíces de algunas hierbas se cree que han
vivido durante miles de años. Las raíces también pueden crecer increíbles distancias en
busca
de agua y nutrientes: las raíces de árboles vivos se han encontrado en tuberías que
atraviesan
las montañas rocosas a casi 3 kilómetros del árbol más cercano.
Sistemas de raíces
Las plantas con sistemas de raíces fibrosas, como la mayoría de las hierbas y plantas de
jardín,
ocupan las capas superiores del suelo y normalmente no se asocian con problemas de
alcantarillado. Los árboles y plantas leñosas tienen sistemas de raíces de derivación. Las
raíces
principales de los sistemas de derivación crecen hacia abajo en el suelo y a menudo
alcanzando
el nivel freático. Las raíces secundarias crecen lateralmente desde la raíz primaria. Estas
raíces pueden llegar a medir varios centímetros de diámetro. Si invaden las tuberías de
drenaje, pueden ejercer la presión suficiente para extender la unión de una tubería y
romperla.
La punta de las raíces es capaz de crecer en minutos si encuentra una fuente de nutrientes
y
agua.
[Link]. Factores que afectan el crecimiento de las raíces
Las condiciones del suelo alrededor de las líneas de drenaje pueden influir en el crecimiento
de
la raíz. El relleno utilizado durante la construcción del alcantarillado puede proporcionar
suelo
más favorable que el suelo no perturbado. Durante las estaciones más secas, las raíces de
los
árboles crecerán más profundas en busca de humedad. Durante las estaciones más frías,
las
raíces pueden extenderse hacia la tierra más caliente que rodea a una tubería de
alcantarillado.
[Link]. Crecimiento de las raíces dentro del alcantarillado
En las zonas urbanas, las raíces de árboles pueden tener dificultades para encontrar una
buena
fuente de nutrientes. El limitado espacio en áreas verdes, la remoción de las hojas y otros
materiales orgánicos, así como el escurrimiento superficial hacia el sistema de alcantarillado
provoca que las raíces busquen agua y nutrientes a mayores profundidades. El sistema de
alcantarillado es un ambiente perfecto: bien ventilado, rico en oxígeno, lleno de agua y
nutrientes. Las aberturas microscópicas en los sistemas de alcantarillado pueden permitir
que
raíces semejantes a cabellos puedan penetrar en las juntas de las tuberías, grietas,
conexiones, o en cualquier otra abertura, y después empezar a crecer tal como se muestra
en
la figura 2.9. Las raíces de la mayoría de los árboles no pueden crecer o sobrevivir si se
encuentran sumergidas constantemente, por lo cual generalmente no son un problema en el
alcantarillado que se encuentra por debajo del nivel freático. Si el nivel freático fluctúa, o si
los perfiles de suelos porosos permiten una rápida infiltración de las aguas pluviales, las
raíces
se pueden encontrar en el suelo saturado y esta puede ser una causa importante de la
invasión
en los sistemas de alcantarillado.

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