UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
DEPARTAMENTO DE TRABAJO SOCIAL
Tesis Licenciatura en Trabajo Social
Sobre la categoría praxis en trabajo social:
Marx, Sartre, Sánchez Vázquez
Claudia Gavello
Tutora: Mónica De Martino
2015
Resumen
La temática de ésta monografía se enfocó en la posibilidad de
identificar pautas para un abordaje profesional que aspire a acciones
transformadoras de largo alcance, comenzando por el análisis del
concepto de praxis y visualizando posteriormente el rol profesional del
Trabajador Social en el contexto actual.
Para dicho propósito se desarrolló una investigación de carácter
eminentemente teórico, donde fueron seleccionados autores
considerados fundamentales, y se realizó un análisis de la práctica
profesional, sus condicionamientos, y el rol del Trabajador Social.
A modo de síntesis podemos afirmar que en base a la información
recabada, el proyecto ético-político es clave al permitirle al profesional
trascender lo esperado desde la institución en la que trabaja, proponiendo
alternativas desde la misma intervención, orientándola hacia el logro de
una mayor autonomía del sujeto, a su empoderamiento, a ser sujeto de
derecho, atendiendo las demandas inmediatas pero buscando sus
mediaciones, sin reducir las demandas profesionales a las necesidades
de las instituciones que lo contratan; es decir, realizando una
reconstrucción crítica de la misma. Así pueden trazarse fines comunes y
desarrollar una praxis colectiva consciente que subraye y de consistencia
a la idea de que la praxis es una actividad específicamente humana, ya
que exige una consciencia del fin y es reflejo de una determinada actitud
del hombre como sujeto frente a la realidad.
Palabras claves: praxis/ cuestión social/ rol profesional/ proyecto
ético-político.
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Índice
Introducción ....................................................................................... 4
CAPÍTULO 1 Concepto de praxis
1.1 Praxis para Marx ............................................................................ 10
1.2 La perspectiva sartreana................................................................ 15
1.3 Los aportes de Sánchez Vázquez ................................................. 20
CAPÍTULO 2 La praxis en el Trabajo Social Crítico
2.1 Contexto......................................................................................... 26
2.2 Propuesta de abordaje desde el ejercicio de la profesión .............. 32
CAPÍTULO 3 Conclusiones ............................................................... 41
Bibliografía ......................................................................................... 46
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iii
Introducción
El presente texto corresponde a la elaboración de la Monografía
Final de grado correspondiente a la Licenciatura en Trabajo Social de la
Facultad de Ciencias Sociales, plan 1992, de la Universidad de la
República (UdelaR).
Nos proponemos realizar un análisis teórico del concepto de praxis
en varios autores, y a partir del mismo problematizar las condicionantes
existentes en el ejercicio profesional y los niveles o tipos de
transformación que alcanza desde las miradas y la definición de praxis en
el Trabajo Social Crítico, analizando los condicionamientos del ejercicio
profesional y realizando algunas propuestas de abordaje.
En lo referente a la elección del tema, partimos de la base que la
práctica profesional tiene por resultado una transformación de la realidad,
en el sentido que:
“La nueva cuestión social nos exige como
profesionales identificar los convergentes procesos en la
dinámica del desarrollo humano, los cuales posibiliten
programas y proyectos en la educación y promoción
social de la ciudadanía, y garanticen la participación
protagónica de nuevos actores sociales en el contexto
social” (Spalding en Rozas ; 2006:325)
y también que se encuentra condicionada.
Para fundamentar estas afirmaciones, realizaremos un análisis del
concepto de praxis, ya que la praxis “exige la reflexión, define el fin de la
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acción e impone la libertad responsable de alcanzarlo” (Aquín en Rozas;
2006: 103) y de las limitantes que se dan en el desarrollo del ejercicio
profesional, intentado presentar algunas propuestas de abordaje frente a
tal desafío.
Praxis como toda actividad específica, como actividad objetivo-
creadora del ser social; praxis designa la actividad consciente objetiva.
“En tanto praxis que se desarrolla bajo la lógica del
capital, la práctica profesional es tensionada por las
contradicciones inherentes a la reproducción social
capitalista.” (De Martino y Espasandín: 2010; 13).
La práctica profesional es una forma específica de praxis, es una
actividad práctica que tiene por resultado una transformación de la
realidad y que está mediada por la conciencia del sujeto. Es la praxis la
que expresa la especificidad del ser social, es lo que lo constituye. (Netto:
1994; 12)
Históricamente, la cuestión social, -entendida como el conjunto de
problemas sociales, económicos y políticos vinculados al mundo del
trabajo, que surgen y se desarrollan con la constitución del sistema
capitalista-, se hace visible con las movilizaciones de los trabajadores
que exigen su reconocimiento como clase y mejoras en sus condiciones
de vida frente al Estado y al mundo empresarial.
La intervención del Estado a partir de tal situación fragmenta y
parcializa tal problemática, dividiéndola en temas como desempleo,
vivienda, educación, salud, implementando políticas por ende desligadas
unas de otras.
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Con el modelo neo-liberal implementado, el Estado deja de
garantizar esos derechos planteando que cada persona, individualmente,
accede o no a ellos según su posición en el mercado. Con lo cual se nos
demuestra que la cuestión social y por añadidura las políticas sociales
han sufrido modificaciones importantes según el momento histórico en el
mismo devenir del capitalismo.
El Trabajador Social trabaja con algunas refracciones de la cuestión
social, con aquellas más visibles. Dentro de las políticas sociales hay un
corte institucional, que es la que hace el recorte en la cuestión social. Se
encamina, se deriva, porque se atiende dentro de lo institucional. Es una
forma de organizar la cuestión social: cómo se manifiesta, cómo se la
estructura.
Desde la perspectiva dialéctica sería no tener en cuenta la totalidad,
la esencia del fenómeno, lo que llevaría a su “fetichización” o
“cosificación”.
Intervenir sobre la totalidad, desde la dimensión técnica y la teórica,
dar cuenta de esa unidad. Entonces, el rol del profesional Trabajador
Social, no es ser un mero ejecutor terminal de las políticas sociales. Si no
que debe estar presente en todo el proceso: elaboración, formulación y
ejecución de las mismas. Y visualizar él mismo las demandas
emergentes.
Consideramos a priori, que para lograr estos objetivos, porque
verdaderamente son logros, es necesaria la organización del colectivo
profesional, utilizar la investigación, elaborar o enriquecer saberes, lo que
creemos permitirá mejorar la intervención profesional al contar con bases
teóricas sólidas y conocimientos profundos de las problemáticas
abordadas.
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Desde la práctica profesional, coincidimos en que se nos plantea el
desafío de
“superar el plano de la inmediaticidad, de la
apariencia, en búsqueda de la esencia, lo que exige
construir intelectualmente mediaciones para reconstruir el
propio movimiento del objeto…para una comprensión
mediatizada, que aprehenda la dialéctica de la relación
entre lo universal y lo singular, entre las leyes
tendenciales y las situaciones con las que se enfrenta
diariamente.” (Guerra en Rozas: 2006; 245-246)
También coincidimos con varios autores estudiados en nuestra
formación como profesionales, pertenecientes a la corriente del Trabajo
Social Crítico, que el proyecto ético-político es un buen instrumento para
intervenir profesionalmente en forma calificada, lo cual se reafirmará o no
en el transcurso de la elaboración de la monografía. Por lo cual sus
planteos teóricos serán insumos fundamentales que se desarrollarán en
el presente estudio, integrando la bibliografía consultada.
El interés en tal temática referente a la categoría de praxis en
Trabajo Social surge a partir de la siempre presente necesidad de volver a
fuentes teóricas clásicas, con la intencionalidad de repensar estrategias
para el desenvolvimiento histórico crítico de la profesión, orientada hacia
la transformación.
De ésta manera nos proponemos como objetivo general: explorar a
través de los diferentes autores estudiados el desenvolvimiento de la
praxis en el Trabajo Social. Para ello nos planteamos como objetivos
específicos:
7
- Analizar el concepto de praxis desde el aporte de diferentes
autores de referencia insoslayable.
- Indagar acerca de la visualización y toma de decisiones desde el
Trabajo Social de las contradicciones existentes en la realidad social que
aborda.
- Clarificar la identificación de pautas para un abordaje profesional
que aspire a acciones transformadoras de largo alcance.
Desarrollaremos, para alcanzar tales objetivos, una investigación
de carácter eminentemente teórico, donde la categoría “praxis” es el
“lente” a partir del cual leeremos los autores seleccionados; siendo éstos,
a tales efectos, los siguientes: Marx, Sartre, Sánchez Vázquez; teniendo
como referencia sus textos “La ideología alemana”, “La crítica de la razón
dialéctica”, “Filosofía de la praxis” respectivamente. Tanto los autores
como los textos tienen una presencia relevante en diversas asignaturas
de la Licenciatura. Teóricamente nos amparamos también en la corriente
del Trabajo Social Crítico, a partir de alguno de sus representantes.
Desde éste sustento teórico y para la realización de los objetivos
planteados, la monografía se estructurará en tres capítulos,
presentando al inicio un resumen de la misma y al final el listado de la
bibliografía consultada.
El primer capítulo referirá a las reflexiones surgidas de lo propuesto
directamente por los autores mencionados referente al concepto de
praxis, profundizando en sus perspectivas y aportes; el segundo capítulo
tratará sobre la categoría de praxis en el Trabajo Social Crítico,
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analizando el contexto en el cual se realiza y los aportes que
consideramos como insumos de relevancia para el ejercicio transformador
de la profesión. Para finalizar el trabajo monográfico, se redactará un
tercer capítulo con algunas conclusiones y reflexiones surgidas a partir del
estudio realizado.
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CAPÍTULO 1. Concepto de praxis
1.1 Praxis para Marx
La obra de Karl Marx se desarrolla en el contexto del siglo XIX que
es el siglo de la revolución industrial, del triunfo de las revoluciones
burguesas, y en su contexto más cercano del nacionalismo unificador de
Alemania e Italia.
Con la industrialización surge una nueva clase social, el proletariado,
y nuevos movimientos políticos y filosóficos relacionados especialmente
con las condiciones sociales de miseria, explotación, enajenación y
alienación en que viven.
Marx considera que el avance de las fuerzas productivas de la
revolución industrial es el motor de cambio de las relaciones de
producción cuando estas están en contradicción con aquellas y que la
lucha de clases contra la burguesía deberá conducir a la apropiación de
los medios de producción por parte del proletariado, una revolución
violenta que termine con las condiciones de explotación de los
trabajadores.
La categoría de praxis es básica en la filosofía de Marx, es el
concepto que orienta su labor teórica y política.
Para Marx la praxis es la actividad humana fundamental, es lo que
define al hombre como tal y por la cual el hombre produce la realidad
histórica y se produce a sí mismo. Se parte de un conocimiento de la
realidad, de una crítica respecto a la misma, y de un proyecto que orienta
la acción para su transformación.
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En este sentido el autor nos hace reflexionar acerca de su propio
pensamiento, ya que realiza un análisis científico de la realidad estructural
del sistema capitalista- un diagnóstico de los procesos productivos
vigentes, la distribución y consumo de bienes, las fuerzas productivas, los
condicionamientos del Estado y las ideologías imperantes, las relaciones
dialécticas-, para, a partir de la crítica del mismo, (resultado del estudio
de sus propias contradicciones como modelo), proponer un nuevo
proyecto socio-histórico que de alguna manera supere la
deshumanización que el mismo genera. Por lo cual su praxis tendría una
intencionalidad que es la superación, por la revolución, del capitalismo;
creando un nuevo orden social.
La praxis expresa la unidad dialéctica entre pensamiento y realidad;
interacción de conocimiento y acción, de pensamiento teórico y acción
revolucionaria. La unión dialéctica de la teoría social con la práctica
emancipatoria.
Marx aplica al capitalismo un método de análisis dialéctico
apoyándose en el principio de contradicción: cada cosa lleva en sí su
contradicción. La dialéctica es el estudio del encadenamiento de las
contradicciones que genera la historia. Así formula sus ideas desde una
situación histórica concreta, -el occidente industrializado-, interpretando
los cambios como resultados de las contradicciones que todas las cosas
encierran en sí mismas. Desentrañando las contradicciones estructurales
del sistema capitalista se daría sustento a la necesidad de su eliminación.
Analizando el sistema capitalista, concluyó que su rasgo principal es
la propiedad privada de los medios de producción en manos de una clase,
la clase propietaria, burguesa, capitalista; con exclusión del resto de la
sociedad, integrada por quienes venden su fuerza de trabajo para
11
sobrevivir, los obreros o proletarios. La clase social que se ocupa está
definida por el lugar que se tiene en el proceso productivo de acuerdo a
su relación con los medios de producción.
Tanto las relaciones de producción como las fuerzas productivas
tienen carácter histórico.
El modo de producción se presenta como la base material de la vida
social y tanto él como las relaciones de producción determinan todas las
demás relaciones sociales.
La división de la sociedad en clases y los antagonismos que
producen generan las luchas de clases a partir de las exigencias de la
producción y la organización del trabajo. Es la respuesta a la violencia u
opresión que ejerce la clase dominante en contra de las otras.
Por la praxis revolucionaria se puede cambiar radicalmente esa
realidad injustamente opresiva -las relaciones productivas y la inequitativa
repartición de la riqueza-, rompiendo la opresión enajenante que sufren
los obreros, instaurando la justicia.
“La praxis es reconstruida por Marx como la
actividad objetivo-creadora del ser social y el trabajo es su
forma, ontológico-primaria. Es la praxis la que expresa la
especificidad del ser social. Su desarrollo y complejidad
creciente es el indicador del desarrollo y de la complejidad
creciente del ser social. (…) La praxis es lo constitutivo
del ser social” (Netto: 1994; nº44)
De lo cual se desprende que el ser humano no puede realizarse
como tal íntegramente si no es en cooperación con los demás; de ahí su
crítica a la “atomización” generada por el modo de producción capitalista y
12
la deshumanización que arrastra consigo.
El hombre crea un entramado objetivo y subjetivo que son las
relaciones sociales, a partir de la relación entre actividad material y
actividad intelectual, que implica la intencionalidad. Eso significa que con
su praxis construyen un mundo social.
Marx comprende la sociedad a partir de la praxis, y solamente el
hombre conoce al mundo por medio de su actividad transformadora. Por
lo tanto se opone a quienes consideran separadas la práctica de la teoría
o actividad perfilada por las conciencias. Entre ellas se retroalimentan.
Cada individuo existe como ser social en cuanto es “ser que se
objetiva” y es en el trabajo, actividad colectiva, que lo realiza primero;
posibilitándosele nuevas objetivaciones.
La praxis como forma de actividad específica, designa la actividad
consciente objetiva. Transforma la naturaleza, la sociedad y al hombre
mismo. Por tanto está en la génesis de todo conocimiento.
El resultado del proceso de trabajo es siempre alguna
transformación de la realidad. Toda objetivación – entendida como
transformación de lo que fue previamente idealizado en un objeto
perteneciente a la realidad externa al sujeto- produce una nueva
situación, por lo tanto la realidad ya no es más la misma, fue
transformada, así como el individuo ya no es más el mismo. La interacción
de las objetivaciones de los sujetos desencadena procesos que los
trascienden. (Netto: 1992; 11)
La producción de mercancías en el capitalismo atomiza la vida
individual y social y deshumaniza al hombre porque le impide realizarse
13
como ser de la praxis, es decir, como un ser que al transformar la realidad
natural y social se transforma a sí mismo.
Su construcción se da en la praxis socio-histórica, ya que puede
modificar las estructuras. Es a la vez sujeto y objeto de las relaciones
sociales.
Estas contradicciones son vividas e interpretadas por las clases
subyugadas, explotadas, enriquecida por la dinámica histórica que se
padece y se quiere transformar, exigiendo de ellos una participación
consciente y crítica.
El objetivo de esa práctica revolucionaria, de esa transformación,
sería establecer un orden socio-histórico verdaderamente humano, nunca
alcanzable definitivamente, que aspira a un mundo mejor, superando el
orden histórico existente. Ese nuevo orden no podría ser construido en
forma inmediata, se iría configurando en etapas, producto de una
transición.
La contradicción capital-trabajo genera tensiones; el capitalismo no
resuelve ninguno de los problemas fundamentales creados por él, sino
que los agudiza, como ser en el conflicto generado por la producción
cada vez más social y la apropiación cada vez más privada. Esto hace
que los hombres se comporten como átomos, buscando un interés
individual sin importar el conjunto de la sociedad.
Se deja al descubierto los obstáculos que pone este sistema a la
capacidad humana de trabajo, y por tanto, a la realización del hombre
como ser de la praxis.
El trabajador no puede realizarse como una realidad total e integral;
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en su conjunto hacen referencia a la deshumanización de la que
hablábamos antes. A lo cual Marx se opone planteando que la actividad
práctico-revolucionaria de los hombres mediante un proyecto de
transformación histórico-social del orden establecido alcanzará la
socialidad plena tanto de las relaciones sociales como de la personalidad
humana.
La praxis revolucionaria parte de la contradicción entre las fuerzas
productivas y las relaciones de producción.
La revolución comunista abolirá la organización clasista mediante la
supresión de la propiedad privada de los medios de producción. Se aspira
a una vida colectiva en el marco de instituciones más justas
De lo antedicho no debe desprenderse que el capitalismo caerá solo,
por sus propias contradicciones, sino que la clase que es fundamento del
funcionamiento de esa sociedad burguesa construirá una nueva sociedad;
es decir, a partir de las condiciones objetivas dadas por el propio sistema
capitalista, los obreros introducirán las condiciones subjetivas necesarias
para hacer efectivo el cambio revolucionario de la sociedad.
Un proyecto de transformación revolucionario del orden establecido,
donde el nuevo modo de producción se caracterizará por la dimensión
social y comunitaria del trabajo humano.
1.2 La perspectiva sartreana
La vida de Sartre abarca casi todo el siglo XX. Siglo signado, en
orden cronológico, por la primera guerra mundial, la revolución rusa, la
crisis del 29, el ascenso de los fascismos y la segunda guerra mundial, la
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política de bloques y la guerra fría con sus puntos calientes, el proceso de
descolonización y la pérdida del protagonismo europeo.
Período de grandes conflictos sociales y muy rico en cuanto a
expresiones humanas desde todos los aspectos, y como es sabido, París
centro mundial de todas las vanguardias.
Sartre fue uno de los filósofos más conocidos al popularizarse la
corriente filosófica del existencialismo, siendo uno de sus máximos
representantes. Un intelectual marcado por el progresismo de izquierda, el
comunismo, el maoísmo; movimientos de los cuales participó
activamente.
En su obra, Sartre realiza un análisis de la perspectiva de Marx y
otros autores marxistas. Partimos del mismo haciendo en algunos casos
un paralelismo entre ambos, teniendo presente que para el autor de la
Crítica de la razón dialéctica el materialismo histórico es la única
interpretación válida de la historia.
La praxis para Sartre es a la vez proceso de objetivación y de
subjetivación.
“La praxis es un paso de lo objetivo a lo objetivo por
la interiorización; el proyecto como superación subjetiva
de la objetividad hacia la objetividad , entre las
condiciones objetivas del medio y las estructuras objetivas
del campo de los posibles, representa en sí mismo la
unidad moviente de la subjetividad y de la objetividad, que
son las determinaciones cardinales de la actividad....Así lo
subjetivo mantiene en sí a lo objetivo, que niega y que
supera hacia una nueva objetividad; y esta nueva
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objetividad con su título de objetivación exterioriza la
interioridad del proyecto como subjetividad objetivada. Lo
que quiere decir a la vez, que lo vivido en tanto que tal,
encuentra su lugar en el resultado, y que el sentido
proyectado de la acción aparece en la realidad del mundo
para tomar su verdad en el proceso de totalización.”
(Sartre: 1963; 81)
La existencia humana es una existencia consciente, del mundo y de
sí mismo, es un fenómeno subjetivo. Eso lo distingue de las cosas.
La praxis es la actividad humana intencionada, con un proyecto que
trasciende las condiciones materiales, a través del trabajo y guiado por
sus fines. “Lo que mantiene y transforma sin cesar a la colectividad es el
porvenir real y permanente.” (Sartre: 1963; 79) El trabajo sería la forma
original de la praxis.
La praxis individual es generadora dialécticamente de totalizaciones
a nivel de la sociedad en su conjunto.
“Afirmamos la especificidad del acto humano, que
atraviesa al medio social aun conservando las
determinaciones, y que transforma al mundo sobre la
base de condiciones dadas.” (Sartre: 1963; 77)
Eso es lo que conforma la realidad.
El individuo se relaciona con el otro por la escasez, y para Sartre la
historia humana es una lucha permanente contra ella.
La necesidad instituye la primera contradicción entre el hombre y el
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medio creando la posibilidad de antagonismos sociales. Algo falta, no
existe o escasea; así el campo de la praxis individual es totalizado como
unidad de recursos y medios para satisfacer necesidades. La praxis como
necesidad es trabajo.
Estas reflexiones del autor nos hacen volver sobre las ideas de Marx
para quien la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases
por los lugares opuestos que ocupan en los modos de producción a lo
largo del tiempo; para Sartre la lucha es contra la escasez, y la relación
social entre sujetos puede ser conflictiva o de cooperación.
Si hay reciprocidad se puede llegar a un fin conjunto, único y
trascendente, siendo agentes totalizadores en el movimiento orientado
hacia su logro. Si no la hay, se utilizará al otro para el logro del fin
individual y diferente; en ese caso habría conflicto.
El hombre necesita de recursos pero no alcanzan para todos. La
escasez es lo que impulsa a la violencia, a la explotación, a la alienación,
a la lucha de todos contra todos.
Y mientras que para Marx el propio concepto de praxis tiene una
dimensión emancipatoria, para Sartre la praxis individual libremente
orientada pero condicionada en su relación con los otros y encauzada
hacia acciones comunes tenderá, finalmente, aunque a la totalización
(produciendo los cambios históricos), a su cosificación. Los logros
humanos se revertirían, la praxis estaría condenada a la alienación, ya
que la lucha contra la escasez volvería a traer contradicciones de clase.
Los hombres no sólo se enfrentarían a la naturaleza, al medio social,
a otros hombres; sino que su propia praxis se vuelve contra ellos,
pasando a ser antipraxis. Esta es la alienación primitiva y la distinguimos
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de la alienación para Marx, que comienza con la explotación.
Para Sartre la praxis humana implica una libertad enfrentada a la
necesidad, dejando de lado las especificidades de la totalidad social-
natural como criterio necesariamente correlativo a las praxis particulares.
Por el contrario para Marx, la praxis es ejercida individualmente pero
bajo condiciones históricas anteriores a esa subjetividad, que deben
tenerse en cuenta si se piensa dialécticamente en relación con la
totalidad.
Según el autor, la relación de varios individuos con la praxis
consiste en la propia relación de cada uno con ella y en sus
reciprocidades. Ya sea la relación del hombre con el hombre o con la
materia, la fundante de la historia es la relación recíproca necesidad-
escasez. La escasez la determina la necesidad y viceversa. Esta
dialéctica es la historia, un mundo futuro muy alejado de la plenitud,
tornando imposible la existencia coesencial.
Se ve a los seres humanos como amenaza, como otro que es un
peligro para mí. Al destruirlo, destruyo en él la humanidad del hombre y
arraigo en mí su inhumanidad.
Entendida de tal modo, la reciprocidad está condenada por la
escasez interiorizada; la praxis convierte a la materia en un instrumento
para fines individuales, con lo cual el destino del hombre es nefasto.
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1.3 Los aportes de Sánchez Vázquez
Adolfo Sánchez Vázquez nació en España y murió en México, país
al cual emigró a los 24 años al caer la segunda república durante la
guerra civil española, siendo activo militante socialista.
Fue recibido por el gobierno de Lázaro Cárdenas, junto a varios
exiliados más y vivió desde ese país situaciones similares al resto del
continente latinoamericano durante el neoliberalismo, permaneciendo fiel
a sus ideas políticas.
Realiza una interpretación del pensamiento de Marx y rescata la
categoría de praxis como principal y básica de su pensamiento, al cual
adscribe.
Para el autor, “praxis designa la actividad consciente objetiva”,
(Sánchez Vázquez: 1980; 240) con lo cual consideramos que, al igual
que para Marx, esta categoría es la principal, al ser la actividad
transformadora mediante la cual se unen, en forma consciente,
pensamiento (interpretación del mundo) y acción (transformación del
mismo).
La actividad específicamente humana incluye la construcción en la
conciencia del resultado probable de una determinada acción –teleología-
, por lo cual el resultado existe dos veces, como resultado ideal y como
producto real. Se da en tiempos distintos, se anticipa el resultado real que
se quiere alcanzar, por eso la actividad es conforme a fines, y esta
conciencia del fin siempre está presente mientras se desenvuelve la
actividad misma.
Esto significa que aunque el resultado alcanzado no sea el previsto,
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estaba en la consciencia su logro, por lo cual no deja de ser una acción
intencional, y allí radica el centro del concepto, pues a pesar de, los actos
se ajustaron como partes de una totalidad orientada por el fin.
Esto subraya y da consistencia a la idea de que la praxis es una
actividad específicamente humana, ya que exige una consciencia del fin y
es reflejo de una determinada actitud del hombre como sujeto frente a la
realidad.
Esta vinculación con la realidad y su transformación parte de la
concepción de que la praxis es una actividad de la conciencia, siendo a su
vez, la mediadora de todas las dimensiones humanas.
Consideramos que en el pensamiento de Sánchez Vázquez está
presente, al igual que en Sartre, la idea de “necesidad” de modificar la
realidad. Para éste, el motor sería la escasez; para aquél, la búsqueda de
la transformación de una sociedad capitalista rebosante de
contradicciones.
Las nuevas situaciones hacen surgir nuevas necesidades y nuevas
posibilidades que impulsan al individuo a tener nuevas ideas previas,
nuevos proyectos y nuevas objetivaciones.
En ambos casos, es condición que los hombres tengan una
verdadera conciencia de la praxis para actuar en un sentido
revolucionario, (aunque el puerto al que arriben sea tan diferente para los
autores: la enajenación, la autoemancipación); tener conciencia de las
posibilidades objetivas y subjetivas como seres prácticos, aclarar desde la
teoría sus prácticas sociales, en definitiva, regular conscientemente sus
acciones percibiendo y haciéndose cargo de la importancia de ello,
sintiéndose y sabiéndose sujetos de la historia.
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Como plantea el autor aquí analizado, el fin expresa una necesidad
humana que solo se satisface con el logro del resultado que anticipó. Por
eso en cuanto anticipación ideal de un resultado real que se quiere
alcanzar es causa de acción y determina los actos presentes.
Para Sánchez Vázquez la praxis es además generadora de
conocimiento, por lo cual no solamente el hombre transforma al mundo,
sino que además se transforma a sí mismo. Al tener intencionalidad,
buscar el logro de una meta, relacionar pensamiento y acción, todo ello
exige un conocimiento del objeto, un análisis de aquello que allana el
camino a seguir o lo dificulta, y en ese sentido, consecuentemente, “las
actividades cognoscitiva y teleológica de la conciencia se hallan en una
unidad indisoluble” (Sánchez Vázquez: 1980; 240)
La praxis es crítica de la realidad y autocrítica, ya que como significa
una práctica orientada a fines, el camino hacia su realización está
empapado de valores y conciencia de clase. La actividad de la conciencia,
inseparable de toda actividad humana, se presenta como elaboración de
fines y producción de conocimientos, íntimamente relacionados.
El proceso de transformación de lo real es interminable. La práctica
amplía los horizontes teóricos, valida la teoría y la enriquece con nuevas
propuestas, posibles soluciones, realizaciones innovadoras. Así la teoría
transforma nuestra conciencia de los hechos, nuestro conocimiento, pero
no modifica esos hechos. Así como también juegan un papel fundamental
las condiciones objetivas en que nos encontramos.
Desde allí se desenvolverá la praxis, teoría fundada en la práctica
que actúa ante las condiciones objetivas que interpreta y quiere
transformar, con el fin de resolver las contradicciones existentes. La
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práctica no obedece ciegamente a la teoría, sino a sus propias
contradicciones que generan, en el devenir de la historia una teoría que
responde a prácticas y a su vez es fuente de ellas. Esta sería la idea de
praxis revolucionaria adoptada por Vázquez Sánchez y ya trabajada en
Marx. La praxis es una actividad que se materializa, es práctica. Pero se
efectúa dirigida a fines (antes de alcanzarlo, existen sólo en ideas), y
parte de conocimientos, siendo ambos teóricos.
Con lo cual queda en claro que hay una íntima vinculación entre
teoría y práctica: su unidad supone su mutua dependencia y una relación
dialéctica entre ellas.
La praxis es una actividad teórico-práctica, cuya separación supone
un proceso de abstracción.
“La actividad práctica humana es propiamente tal
cuando rebasa ese lado subjetivo, ideal, o más
exactamente cuando el sujeto práctico transforma algo
material, exterior a él, y lo subjetivo se integra así en un
proceso objetivo.” (Sánchez Vázquez: 1980; 276)
En vistas que la praxis es acción del hombre sobre la materia y
creación de una nueva realidad, habrá diferentes praxis -si bien el autor
realiza una tipología planteando diferentes formas de praxis, haremos
mención aquí únicamente a la praxis revolucionaria, ya que es la que
dialoga con los otros autores y la que hace referencia a las utopías del
contexto histórico, socio-político en el cual viven-, según la penetración
de la conciencia del sujeto en el proceso práctico, o sea, cuando convierte
un resultado ideal en real.
Cuando la relación entre conciencia y praxis es reflexiva y no
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espontánea, estamos ante la conciencia de la praxis verdaderamente
revolucionaria, único medio para lograr la transformación social, ya que es
un aspecto subjetivo que contiene la conciencia de las posibilidades
objetivas. La actividad de la conciencia se despliega en la producción del
proyecto del que se parte, en el proceso práctico de su realización, y en el
resultado de éste en cuanto que en él se objetiva o materializa el sujeto.
Los hombres producen las relaciones sociales y también las
expresiones abstractas de esas mismas relaciones, ya que sólo ellos
pueden destruir lo que han creado.
El marco de la praxis revolucionaria en su contexto, es la estructura
capitalista, y es la que debe superarse, ya que la misma estructura es la
que hace que los individuos produzcan algo no deseado ni proyectado por
ninguna conciencia, si no logran elevarse a la conciencia de sus intereses
de clase. Así pueden trazarse fines comunes y desarrollar una praxis
colectiva consciente.
La praxis revolucionaria aspira a mejorar radicalmente una sociedad,
a una ética, a vivir bien con y para los otros en el marco de instituciones
justas. Ninguna sociedad permanece estable.
Si los individuos unen sus fuerzas, son capaces de revolucionar un
sistema.
Es necesario preocuparse por entender cómo se rompe la relativa
estabilidad de una organización social, es decir, entender la historia, ya
que ello supone el cambio de las circunstancias sociales y del ser humano
mismo.
El trabajo de cada ser humano entra en las relaciones de producción
24
relativas a un ámbito socio-histórico. Cada acción deja huellas que
revelan su historicidad, así se humaniza el entorno y las propias personas.
La conciencia no sólo se proyecta en ese momento, sino más allá del
mismo.
Porque si las personas son hechas por la historia, también la
historia es hecha por estas. Y para Sánchez Vázquez, ni ella ni la utopía
tienen fin.
25
CAPÍTULO 2. La praxis en el Trabajo Social Crítico
2.1 Contexto
Como ya hemos analizado anteriormente, la praxis humana
transforma las relaciones sociales.
Para Netto, la práctica profesional es una forma específica de praxis,
es una actividad práctica que tiene por resultado una transformación de la
realidad y que está mediada por la conciencia del sujeto. Es la praxis la
que expresa la especificidad del ser social, es lo que lo constituye. (Netto:
1994; 12)
Cuando el Estado a través de las Políticas Sociales comienza a
interferir en la cuestión social con el objetivo de satisfacer necesidades
que el mercado no resuelve, se crea el espacio socio-ocupacional del
Servicio Social. El Estado utiliza las políticas sociales como estrategia
para alcanzar el consenso y ser legitimado políticamente, pero también
son expresión de las conquistas de los diferentes movimientos sociales
que denuncian situaciones y luchan por superarlas. Ambas acciones
“sufren una amplia regresión en la prevalencia del
neoliberalismo…en el reino del capital fetiche, en el
apogeo de su desarrollo y la alienación.” (Iamamoto:
2011; 107)
Las Políticas Sociales son el mercado de trabajo para el Trabajador
Social y sólo administran la cuestión social, no la resuelven, no pueden
resolverla, porque el capitalismo crea y recrea la cuestión social.
26
El estatuto profesional es dado por las respuestas que la profesión
crea en el proceso de producción y reproducción de la vida social.
No se rompe con la lógica capitalista. Se fragmenta, se compensa,
se instrumentaliza la resolución inmediata de los problemas sociales.
“En la raíz del actual perfil asumido por la cuestión
social se encuentran las políticas gubernamentales que
favorecen la esfera financiera y el gran capital productivo
de instituciones y mercados financieros y empresas
multinacionales. Estas son fuerzas que capturan al
Estado, las empresas nacionales, al conjunto de las
clases y grupos sociales, que pasan a asumir la
responsabilidad de las exigencias de los mercados.
El predominio del capital fetiche lleva a la
banalización del ser humano, a la desechabilidad y la
indiferencia hacia el otro, que está en la raíz de las
nuevas configuraciones de la cuestión social en la era de
las finanzas.” (Iamamoto: 2011; 124-125)
En el trabajo profesional de los Trabajadores Sociales se les
imponen las demandas de naturaleza instrumental, es decir, que se
accionen los elementos necesarios para alcanzar sus fines sin pensar en
los fines.
La instrumentalidad del ejercicio profesional se manifiesta en las
respuestas profesionales, en las funciones que le son requeridas, en la
inmediatez exigida de sus respuestas, en las modalidades de intervención
que se le exigen.
“La relación que el profesional establece con el
27
objeto de su trabajo-las múltiples expresiones de la
cuestión social, tal como se expresa en la vida de los
sujetos con los que trabaja-depende del previo recorte de
las políticas definidas por los organismos que lo contratan,
que establecen demandas y prioridades a ser atendidas.”
(Iamamoto: 2011; 421)
Hay una ruptura entre medios y fines porque no hay reflexión, y las
situaciones sociales se perciben como problemáticas individuales.
Desde la categoría de praxis, las necesidades del colectivo que
luego se transforman en demandas son las que hacen útil socialmente a
la práctica profesional del Trabajo Social.
Para ello es necesario superar esa dualidad que Bourdieu
“designa como funesta dicotomía entre quienes se
consagran al trabajo científico y quienes se comprometen
y sacan afuera su saber. Bourdieu nos invita
insistentemente a abolir la diferencia entre los
profesionales y no profesionales, y entre los profesionales
de la investigación y los de la acción social. El desafío
actual sería entonces, producir saberes comprometidos.
Los nuevos movimientos sociales necesitan de los
investigadores tanto como los investigadores de los
movimientos sociales. Y no sólo investigadores, sino
profesionales capaces de establecer nexos, crear redes
de emergencia y de conocimiento entre movimientos y
organismos, pensando en la acción”. (Aquín en Rozas:
2006; 103)
28
Como ya hemos trabajado, la praxis exige la reflexión, define el fin, y
actúa para su logro.
Es necesaria la investigación, analizar los problemas con
exhaustividad y desde una mirada colectiva, para hacer propuestas de
intervención adecuadas y que den respuestas que no se agoten en lo
inmediato.
“La reproducción de esta relación demanda
emergente-respuesta inmediata lleva al profesional (y a la
profesión como un todo) a una lógica pragmática, movido
por la pre-ocupación. ...En la vida cotidiana (desde que
sea alienada, como lo es en el contexto capitalista), más
que trabajar, nos “ocupamos” de las cosas que requieren
respuesta directa e inmediata.” Según Kosik 1989:63 el
pasaje del trabajo (actividad creadora) a la preocupación
(mera reproducción) refleja el proceso de “fetichización
de las relaciones humanas...donde el mundo humano se
manifiesta a la conciencia diaria...como un mundo ya
hecho.” (Guerra en Rozas: 2006; 245)
Lo cual deja sin lugar a la praxis; no hay espacio para la
transformación. Por el contrario, se reproduce el sistema, lo ya dado, se
deja inalterable una estructura que termina naturalizándose como
inmutable.
Esto nos lleva a reflexionar que siendo así, terminamos en una
encrucijada sin salida, sin esperanza, sin utopía, donde lo único que resta
es esperar más de lo mismo, porque no se realizarán cambios
estructurales, ni siquiera se tendrá la intencionalidad de, porque no hay
base reflexiva desde donde plantear la transformación, porque no se
29
perciben las contradicciones al estar tan enquistadas; se deja de ser
sujeto; se pierde la historicidad.
“Con esto el asistente social tradicional (y el implícito
proyecto conservador) apenas opera, manipula los
instrumentos, los aparatos, aunque sin siquiera conocer la
estructura y su dinámica, ni la realidad más allá de la
fenomeneidad, de la pseudoconcreticidad. Tiene un
conocimiento instrumental, operativo, no crítico, ni
fundamental. Así en realidad, él es quien es
instrumentalizado, manipulado, refuncionalizado, para la
reproducción del sistema que no conoce y considera
como dado, estructuralmente inalterable.” (Guerra en
Rozas: 2006; 245)
Como estamos dentro del orden burgués, vamos a trabajar con esas
contradicciones propias de la lógica neoliberal e intervenir respecto a
ellas. Para Netto no hay transformación aunque se intervenga porque
“no se rompe con la positividad con que se
presentan los procesos sociales en la sociedad burguesa;
no los rompe porque no supera su inmediaticidad. En el
plano de la intervención clarifica nexos causales e
identifica variables, pero su incidencia no vulnerabiliza la
lógica de la reproducción de las relaciones sociales..”
(Netto: 1992; 94)
“La perspectiva inmediatista que tiende a impregnar
la práctica profesional –y que tiene su origen en la
reificación de las relaciones sociales- es acentuada por la
propia formación profesional (...) Teoría y práctica,
30
abstracto y concreto, sujeto y objeto, etc. aparecen como
polos dicotómicos para la razón analítica, que no logra
reconstruir la dialéctica de los fenómenos.” (De Martino y
Espasandin: 2010; 14)
Frente a tales constataciones, y sabiendo que pensadores como los
trabajados nos han dado pautas de por dónde transitar para visualizar y
superar estas dificultades, no podemos permitirnos soslayarlas. Ya otros
profesionales lo han hecho, a saber:
...”dotar a la práctica profesional, que se desarrolla
en la cotidianeidad, de conciencia humano-genérica,
desalienada, es tarea fundamental para romper la
instrumentalización ...El tránsito de las necesidades
inmediatas hacia lo humano-genérico ciertamente no
puede prescindir de las formas de mediación presentes en
la praxis social y política.”
La mediación (conjunto de particularidades que
relaciona dialécticamente lo universal y lo singular)
constituye “una necesidad imperiosa para superar la
inmediaticidad alienante…., en búsqueda de la esencia, lo
que exige construir intelectualmente mediaciones para
reconstruir el propio movimiento del objeto…develar las
fuerzas y procesos que determinan la génesis, el
nacimiento, y el modo de ser, el funcionamiento, de los
complejos y fenómenos que existen en una determinada
sociedad.
Así, el camino que va de lo abstracto a lo concreto,
partiendo del concreto real, surge como la verdadera
31
posibilidad de superar la visión caótica de la totalidad, de
hechos aislados, supuestamente auto-explicados, tal
como se le presentan de forma inmediata, directa, al
sujeto, para una comprensión mediatizada, que
aprehenda la dialéctica de la relación entre lo universal y
lo singular, entre las leyes tendenciales y las situaciones
con las que se enfrenta diariamente.” (Guerra en Rozas:
2006; 245-246)
Partiendo de éstas reflexiones orientadoras elaboraremos el último
apartado del presente trabajo.
2.2 Propuesta de abordaje desde el ejercicio de la profesión
La práctica profesional está inserta en un espacio de contradicción y
conflicto de intereses, porque está inserta en la realidad y así es ella.
La intervención no puede verse reducida a la atención de demandas,
sino que el profesional también interviene y actúa al intentar dar
respuestas de carácter teórico, metodológico y ético-político.
Cuando se pregunta qué hacer, se introduce en temáticas referentes
a qué concepciones de sujeto y de ciudadanía tiene, qué condiciones
están dadas y qué posibilidades se presentan. Todas son interrogantes o
temáticas teóricas, políticas, éticas, organizativas. Implica un espíritu
crítico, interpretar y abordar la realidad integralmente, comprometiéndose
en lograr transformaciones pertinentes a la equidad social, fortaleciendo la
generación de la ciudadanía democrática.
Aunque el Trabajador Social es un asalariado que trabaja en
32
instituciones con un determinado marco de Políticas Sociales donde
indudablemente la racionalidad y la lógica institucional lo superan, y
donde tiene que cumplir determinadas acciones y no otras, puede lograr
niveles de autonomía, porque es un intelectual y no un mero operador de
Políticas Sociales. Lo que lo permite es su posicionamiento ético-político;
en relación a la manifestación de la cuestión social, pretender describir,
problematizar, entender, y en la medida de lo posible actuar.
Como plantea Montaño, (Montaño en Rozas: 2006; 229) el origen y
la expansión de la profesión de Servicio Social está vinculada al origen y
expansión de las políticas sociales estatales, siendo éstas la base
funcional-laboral de la profesión. Por lo cual los asistentes sociales, están
empapados del sentido social de esas políticas funcionales al sistema y
de su contradicción y tensión al constituir derechos conquistados por las
clases vulneradas. Esto hace que la práctica profesional sea
esencialmente política, ya que se inserta en el interior de las
contradicciones entre las clases y ocupa un espacio en el cual se disputan
intereses (al desarrollar su intervención en ese espacio de tensión y
contradicción). Aunque lo condicionen las estructuras sociales y las
demandas institucionales
“puede presentar un cierto protagonismo y un
margen de maniobra relativo, para orientar su accionar
profesional; en la medida en que dirija su proceso de
formación no meramente para el atendimiento directo de
las demandas institucionales, sino formando un
profesional crítico y competente que organice el colectivo
en entidades fuertes y representativas, y que consolide
códigos de ética claramente orientados por ciertos valores
definidos colectivamente, el asistente social puede ver
reforzado su margen de maniobra para una práctica
33
profesional que, sin eliminar los condicionantes
sistémicos, privilegie la garantía de los derechos sociales
conquistados.” (Montaño en Rozas: 2006; 231)
Para mejorar la intervención es imprescindible contar con bases
teóricas sólidas y conocimientos acordes a las problemáticas sobre las
que se interviene. Ya que
“las ideas necesarias a la cotidianeidad jamás se
elevan al plano de la teoría, del mismo modo que la
actividad cotidiana no es praxis. La actividad práctica del
individuo sólo se eleva al nivel de praxis cuando es
actividad humano-genérica consciente, se hace necesario
para la profesión trascender la cotidianeidad “para
alcanzar el escalón del ejercicio crítico, competente y
comprometido”. (Guerra en Rozas: 2006; 258)
“En idéntico sentido, resulta fundamental saturar de
mediaciones la práctica profesional, rompiendo la relación
inmediata, utilitarista o activista, entre
hecho/percepción/respuesta, permitiendo el entendimiento
de la vida cotidiana como instancia particular que articula
las situaciones singulares con la totalidad social.”
Así, el camino que va de lo abstracto a lo concreto,
partiendo del concreto real, surge como la verdadera
posibilidad de superar la visión caótica de la totalidad, de
hechos aislados, supuestamente auto-explicados, tal
como se le presentan de forma inmediata, directa, al
sujeto, para una comprensión mediatizada, que
aprehenda la dialéctica de la relación entre lo universal y
34
lo singular, entre las leyes tendenciales y las situaciones
con las que se enfrenta diariamente.” (Guerra en Rozas:
2006; 245-246)
Esto nos lleva a ubicar al Trabajador Social como alguien que actúa
sobre el comportamiento de los individuos, sobre relaciones sociales,
cuya forma y contenido depende en gran medida de lo que los propios
individuos piensan y sienten en cada momento, de la reacción de los
individuos frente a cada acontecer.
La relación del Trabajador Social con ellos es de convencimiento, lo
que implica siempre la mediación de la ideología: se trata de modificar lo
que las personas piensan, cómo sienten, cómo perciben el mundo en que
viven, para que sea posible el cambio o el mantenimiento de
determinadas relaciones sociales. Se transforma a las personas, a las
relaciones sociales; éstas pueden conscientemente oponerse o apoyar
una determinada iniciativa, y puede o no convencerse de cuál es la mejor
alternativa. Por eso el Trabajo Social está mediado por la política y por la
ideología.
Hay una tensión entre el proyecto profesional que habla de un
Trabajador Social capaz justamente de proyectar y el Trabajador Social
como un asalariado subordinado a un empleador y determinado por las
condiciones externas. Para Iamamoto la denuncia de ésta tensión es
expresión de otra más profunda:
“la existencia de un campo de mediaciones que
necesita ser considerado…y la exigencia de ruptura de los
análisis unilaterales que enfatizan uno de los polos de
aquella tensión transversal del trabajo del asistente social,
privando a las relaciones sociales de sus
35
contradicciones”. (Iamamamoto: 2011; 416-417)
Las relaciones sociales pueden y deben ser transformadas por la
praxis humana, aunque la realidad nunca duplica el modelo pensado; se
realizan planes, acciones subjetivas y colectivas orientadas idealmente
por él.
Según Lessa (Lessa: 1999; 16)) todo acto de trabajo tiene
consecuencias que no se limitan a su finalidad inmediata. También
posibilita el desarrollo de las capacidades humanas, de las fuerzas
productivas, de las relaciones sociales, lo que se denomina reproducción
social. La totalidad social es el conjunto de todas las relaciones sociales
que sintetizan una formación social dada. Ella es expresión del desarrollo
histórico pasado, de la realización de algunas de sus potencialidades y
posibilidades del pasado en el presente, y también posibilidades y
desafíos para el futuro.
Por eso, todo ejercicio profesional debe comprenderse en su
contexto histórico, sociocultural, económico. Desde los problemas que se
eligen indagar hasta cómo se formulan, están atravesados e insertos en
contextos. Tiempo y espacios determinados que amplían o limitan los
márgenes de la intervención, la cual lleva implícita una concepción acerca
de lo que se interviene, hay un recorte de la realidad que se delimita como
objeto de esa práctica que es lo que se quiere transformar; lo cual
conlleva una reflexión acerca de la relación entre conocimiento e
intervención, por lo cual la investigación permite mejorar y garantizar una
intervención fundada.
“La investigación debidamente fundamentada
teórica y empíricamente refuta al empirismo ingenuo, que
desconoce las mediaciones de sentido entre la mirada y
36
los hechos, tanto como a su contracara, según la cual
bastaría correr el velo de la ideología burguesa para hallar
la revelación de los hechos como son, que desconoce la
mediación de la práctica social.” (Grassi: 2011; 131)
La práctica como acción racional es ejecutada por sujetos y su
sistematización puede aportar a la producción de conocimientos sobre la
realidad en que se actúa pero en sí misma no constituye ni produce
teoría.
“La teorización es un proceso de mediación y
generalización que va más allá de la sistematización,
ordenamiento y mirada crítica de las prácticas.” (Aquín:
2005; 25)
Siguiendo a Estela Grassi, quien plantea que
“lo que aúna al trabajo social con el conocimiento
producido por este quehacer, es la profesionalidad
sustentada en teorías sociales y en la producción de la
investigación” (Grassi: 2011; 134)
nos lleva a reflexionar sobre el compromiso del ser profesional y lo
importante de generar conocimiento saliendo de la práctica rutinaria del
hacer y responder con urgencia a las necesidades que van surgiendo. Sin
buscar excusas para actuar sólo en base al sentido común limitando la
reflexión, sintiendo la obligación ética de
“desnaturalizar conceptos que, entre otras cosas,
pasan al uso corriente e incluso al pensamiento político
como cosas.” (Grassi: 2011; 135)
37
Tal como ella lo indica, el Trabajador Social debe tener una actitud
investigativa, de alerta, de cuidado de los objetivos que plantea o se le
plantean, de los medios y sus efectos, teniendo presente y evidenciando
que hay conflictos y contradicciones entre la toma de decisiones y la
emergencia o problema social frente al que se actúa.
La institución no está ajena, también debe problematizarse, ya que
investigar el impacto de las estrategias de intervención capaces de
romper con lo instituido nos permitirá reposicionarnos en el espacio
profesional.
En la acción profesional, para emprender acciones colectivas, es
necesario tener capacidad organizativa y poder objetivar los procesos de
creación, desarrollo, modificación y reproducción de las estructuras
institucionales sobre las cuales se asienta la práctica investigativa.
Es fundamental adoptar una postura crítica que incorpore la
dimensión del cambio.
Crear alternativas parte de una investigación de la realidad. Al
comprender el contexto institucional se pueden establecer nuevas
posibilidades y proyectar nuevas acciones. La práctica está
“fuertemente condicionada por la estructura y
dinámica social, donde las clases sociales presentan
intereses antagónicos, donde existe clara hegemonía del
gran capital.... La única forma de alterar en cierto grado tal
situación, parte de la toma de conciencia del papel social
real de la profesión y de su tensionamiento -saturarlo de
contradicción, entre la funcionalidad sistémica y la acción
38
que refuerce intereses populares y derechos
conquistados-, politizando la práctica profesional.” (Guerra
en Rozas: 2006; 242)
Tener en cuenta los factores reales y presentes que estructuran las
realidades y presentan sus propias contradicciones, es fundamental
porque desde allí es desde donde se parte para superar la situación;
generar conocimiento y reflexionar, para proponer acciones
transformadoras de largo alcance.
Es entender la realidad para transformarla, como plantea Fals Borda,
el criterio de validez del conocimiento científico es la praxis
“…entendida como una unidad dialéctica formada
por la teoría y la práctica. La praxis como acción política
para cambiar estructuralmente la sociedad.” (Fals Borda:
1978; 223)
Como Trabajadores Sociales nos enfrentamos a realidades que
requieren ser estudiadas y resueltas; con problemáticas socio-culturales
complejas y heterogéneas.
En el proceso de investigación el desafío consiste en transformar los
problemas sociales percibidos por el común de la gente en problemas
científicos, en problemas del conocimiento.
Como ya hemos trabajado en los apartados anteriores,
consideramos que el Trabajo Social al intervenir, introduce cambios en el
transcurrir de los eventos o en sus resultados; con el tiempo ha ido
ampliando sus funciones desprendiéndose de su condición histórica (ser
instrumento del Estado, buscar alterar las condiciones individuales), para
39
colocarse en el ámbito de los derechos sociales, fortaleciendo las
estructuras democráticas y los derechos colectivos, mediante la
elaboración y puesta en práctica de un proyecto ético-político.
La clave es pensar estrategias de intervención y encontrar cómo
modificar esa realidad social a partir del empoderamiento de las clases
explotadas. “Éste es el destino final del conocimiento, el que valida la
praxis y cumple el compromiso revolucionario.” (Fals Borda: 1978; 230)
Se necesita un proyecto profesional totalizador e integrador,
proyecto ético-político, ya que históricamente la profesión viene siendo
orientada por proyectos colectivos conservadores.
Poner el eje en que
“En la sociedad capitalista hay un desequilibrio
estructural, consustancial a su naturaleza; una
contradicción anida y define al capitalismo: …la igualdad
formal implica una desigualdad real.” (López en Rozas:
2006; 214)
Corresponden proyectos de sociedad que refuerzan la manutención
del sistema o defienden la ruptura con él. No hay concepciones neutras.
Se requiere el apego a compromisos éticos y políticos con valores
universales y emancipadores.
40
CAPÍTULO 3. Conclusiones
A partir del estudio teórico realizado, consideramos que el rol del
profesional Trabajador Social, no es ser un mero ejecutor terminal de las
políticas sociales. Si no que debe estar presente en todo el proceso:
elaboración, formulación y ejecución de las mismas.
Para lograr estos objetivos, porque verdaderamente son logros, que
incluirían intervenir sobre la totalidad, desde la dimensión técnica y la
teórica, es necesaria la organización del colectivo profesional, utilizar la
investigación, elaborar o enriquecer saberes, lo que creemos permitirá
mejorar la intervención profesional al contar con bases teóricas sólidas y
conocimientos profundos de las problemáticas abordadas.
Considerando que la práctica profesional es una forma específica de
praxis, es una actividad práctica que tiene por resultado una
transformación de la realidad; y que está mediada por la conciencia del
sujeto, reafirmamos que el proyecto ético-político permite una calificada
intervención profesional.
Hemos vuelto la mirada hacia fuentes teóricas clásicas, con la
intencionalidad de repensar estrategias para el desenvolvimiento
histórico crítico de la profesión, orientada hacia la transformación,
explorando a través de los diferentes autores estudiados el
desenvolvimiento de la praxis en el Trabajo Social, analizando el concepto
de praxis, indagando acerca del rol profesional inmerso en las
contradicciones existentes en la realidad social presente, con el fin de
identificar pautas para un abordaje profesional que aspire a acciones
transformadoras de largo alcance.
41
En el desarrollo de ésta investigación de carácter eminentemente
teórico, hemos concluido que el proyecto ético-político da la posibilidad de
un criterio racional para la crítica y una orientación para la acción,
buscando estrategias orientadas a la defensa de los derechos sociales y
humanos en el marco del desarrollo de una verdadera ciudadanía.
Nuestra profesión cuestiona y problematiza su papel en la sociedad,
el sentido de su práctica, la crítica al capitalismo, las situaciones de
injusticia social, intentando asumir perfiles más críticos y comprometidos
con los intereses de los trabajadores y sectores subalternos.
Hay diferencias entre el profesional que tiene clara intención de
romper con el conservadurismo de las prácticas profesionales y de la
sociedad burguesa con el que desconoce que está siendo dirigido por
proyectos profesionales que se vinculan a la manutención de la sociedad.
Él mismo tiene que luchar para romper con la relación de explotación en
la cual se encuentra sometido como trabajador.
Como ya planteamos anteriormente, la realidad nunca duplica el
modelo. Lo mismo acontece con el proyecto, que aunque permita anticipar
un resultado, no ofrece garantías de que ello ocurra. Los profesionales
actúan en circunstancias socio-históricas dadas y hay intencionalidades
de otros sujetos que también actúan; entre la proyección y la realidad
están las casualidades, lo inesperado en las acciones de los sujetos
sociales y los resultados que de éstas se esperan.
Ese es el desafío del profesional: trascender lo esperado desde la
institución en la que trabaja proponiendo alternativas desde la misma
intervención orientándola hacia el logro de una mayor autonomía del
sujeto, a su empoderamiento, a ser sujeto de derecho, atendiendo las
42
demandas inmediatas pero buscando sus mediaciones, sin reducir las
demandas profesionales a las necesidades de las instituciones que lo
contratan; es decir, realizando una reconstrucción crítica de la misma.
Para defender su autonomía y definir el perfil de su profesión, el
Trabajador Social cuenta con su propia profesionalización y la de su
colectivo.
“Este respaldo político-profesional se muestra en lo
cotidiano como una importante estrategia de ampliación
de la relativa autonomía del asistente social contra la
alienación del trabajo asalariado.” (Iamamoto: 201; 422)
Los Trabajadores Sociales que actúan a partir de un proyecto
profesional tienen más posibilidades de alcanzar sus compromisos éticos
y políticos, pues el proyecto posee una dimensión crítico-reflexiva. Se
reflexiona sobre los valores, las implicancias de sus acciones, la postura
profesional, eligiendo con responsabilidad sus estrategias y tácticas,
sabiéndose limitados por ser trabajadores asalariados. Pero eso no les
quita autonomía, son sujetos de razón y de voluntad, son sujetos éticos:
definen su propia norma aunque dentro de límites históricos y sociales.
Politizar la práctica profesional implica ser conscientes del papel
social real de la profesión y de su tensionamiento en la contradicción
entre la funcionalidad sistémica y la acción que refuerce intereses
populares y derechos conquistados.
Como indica López
“…el discurso dominante no concede espacio a la
razón emancipatoria…genera poco margen para un
43
posicionamiento subjetivo comprometido con asumir una
crítica del orden económico, social, jurídico y político
actual. Esto implica la necesidad de elaborar un proyecto
colectivo concreto de transformación sociopolítica que sin
negar las razones estructurales que se imponen
interrogue a las luchas antagónicas.” (Lópezen Rozas:
2006; 217)
Recordemos que Marx planteaba que la actividad práctico-
revolucionaria de los hombres mediante un proyecto de transformación
histórico-social del orden establecido alcanzará la socialidad plena tanto
de las relaciones sociales como de la personalidad humana. Si bien
podemos considerarlo como una aspiración, como tal, orienta, guía.
El objetivo es interpretar y transformar con el fin de resolver las
contradicciones existentes. Así pueden trazarse fines comunes y
desarrollar una praxis colectiva consciente que subraye y de consistencia
a la idea de que la praxis es una actividad específicamente humana, ya
que exige una consciencia del fin y es reflejo de una determinada actitud
del hombre como sujeto frente a la realidad.
Desde allí se desenvolverá la praxis, teoría fundada en la práctica
que actúa ante las condiciones objetivas que interpreta y quiere
transformar, con el fin de resolver las contradicciones existentes.
Constituyéndose desde los saberes y el conocimiento, el profesional
logra una intervención técnicamente competente, ya que el proyecto le
permite tener claridad en su intencionalidad.
Esa es la decisión fundamental; la neutralidad no tiene lugar. Tal
como lo escribiera Marx en Tesis sobre Feuerbach
44
“Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo
de distintos modos; de lo que se trata es de
transformarlo”. (Marx y Engels: 1974; 668)
45
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