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Culpa

Este documento explora el concepto de culpa, definiéndola como un sentimiento desagradable que surge al romper reglas culturales. Explica que la culpa puede ser normal o un trastorno si es excesiva e interfiere con la vida diaria. Aunque la culpa tiene un lado positivo al enseñarnos a evitar comportamientos dañinos, también puede ser negativa cuando surge de normas impuestas en lugar de transgresiones reales, lo que puede llevar a una vida atormentada. El documento concluye explicando que la culpa debe analizarse
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Culpa

Este documento explora el concepto de culpa, definiéndola como un sentimiento desagradable que surge al romper reglas culturales. Explica que la culpa puede ser normal o un trastorno si es excesiva e interfiere con la vida diaria. Aunque la culpa tiene un lado positivo al enseñarnos a evitar comportamientos dañinos, también puede ser negativa cuando surge de normas impuestas en lugar de transgresiones reales, lo que puede llevar a una vida atormentada. El documento concluye explicando que la culpa debe analizarse
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LA CULPA GUIANDO LA VIDA


En términos generales La culpa es la experiencia inquietante o molesta que se siente al romper las
reglas culturales (tanto religiosas, como políticas, familiares, de un grupo de pertenencia, etc.), o
por el pensamiento de cometer dicha transgresión.
Si Comenzamos a explorar un poco el término: la culpa. Podemos definir este concepto como un
sentimiento desagradable nacido de la sanción, el señalamiento acusador o la condena producida
por “algo que hicimos o que no hicimos y se asumía que debíamos hacer o no hacer”. Este
señalamiento genera sentimientos como la tristeza, el remordimiento, el lamento, la angustia, la
impotencia y la frustración.
La culpa puede ser normal y es solo un indicador de una enfermedad subyacente cuando los
sentimientos se vuelven excesivos, ocurren en todo momento e interfieren con la vida cotidiana.
Cuando la culpa tiene un alto nivel de descontrol se considera a esta como un trastorno que
conducen a los siguientes sintomas:
- Te sientes decaído o deprimido.
- Tienes problemas para dormir o falta de apetito.
- Tienes problemas con las relaciones en el trabajo, la escuela o el hogar.
- No puedes controlar los síntomas.
Luego están los síntomas más graves en los que se debe busca ayuda de emergencia:
- pensamientos suicidas
- autolesiones graves
Todos los síntomas anteriores pueden llegar a convertirse en trastornos como:
- trastorno depresivo mayor
- trastorno por estrés postraumático
- depresión posparto
- alcoholismo
- trastorno bipolar
La culpa principalmente se impone por las mismas personas, Partiendo de este punto, se deja
claro que la culpa es la decisión exclusiva del sujeto para estar poniéndose la condena a sí mismo.
La crianza y la educación recibida en general pueden influenciar en la adquisición de conductas
autoimpuestas.
Definir la culpa como algo negativo o positivo no es tan simple como identificarla a los
sentimientos que pueden venir parejos a ella, sino que requiere un análisis más profundo e
individualizado de todos los factores que intervienen.
La culpa es una emoción, pero ¿que son las emociones? Las emociones son indicativos, señales
de nuestro cuerpo y psique que nos indican o propician estímulos útiles para identificar nuestro
camino y acciones en la vida, facilitando nuestro proceso adaptativo al entorno en que nos
movemos.
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Y ¿cuándo sentimos culpa? Normalmente cuando rompemos o creemos haber roto ciertas normas
o significados tanto personales como sociales, de carácter ético, natural, religioso, sexual,
existencial… podemos encontramos ante una culpa causa-efecto, hicimos algo que pensamos que
no debíamos haber hecho, o a la inversa, no hicimos algo que creíamos debía haberse hecho y
ahora nos sentimos mal, pudiendo ser todo esto algo real o imaginario.
La culpa como factor positivo
Resulta obvio que todos deseamos evitar el sentimiento de culpabilidad, pues es un sentimiento
que nos lleva con facilidad a la tristeza, la vergüenza, la autocompasión, la mala conciencia, los
remordimientos, provocando una mezcla de emociones y sentimientos que nos hacen sentir mal y
que además se retroalimentan entre sí dificultando su identificación y una superación positiva de
los mismos. Como consecuencia de no querer experimentar lo anterior, se produce un proceso de
autoaprendizaje y evitación de lo que nos llevó a ello anteriormente, por ejemplo, si lastimar a
alguien nos produce sentimiento de culpa, dicho sentimiento a su vez nos enseñará a no desear
lastimar nuevamente a nadie, encontrando aquí un factor positivo propio de las emociones,
adaptativo y social.
La culpa no debe eliminarse, hay que hacer un proceso de reflexión que nos permita olvidarla,
que entendamos que hemos aprendido algo de ello, que podemos emprender acciones de
reparación si es posible, que en definitiva seguimos avanzando siendo más sabios y mejor
personas. Debemos saber identificar sus causas, pero también que estas no son homogéneas, dado
que el sentimiento de culpa está profundamente relacionado con la escala de valores personales
producto de la educación recibida, no todos experimentaremos culpa ante las mismas cosas y no
toda culpa tiene un origen necesariamente reprobable, por tanto es fácil caer ante sentimientos de
culpabilidad que choquen con la biología propia de las personas o sus intereses universales.
La culpa como factor negativo.
La culpa puede convertirse en una emoción carente de utilidad si su generación no responde a
hechos objetivamente reprobables. En la teoría, los grupos sociales, desde la sociedad a la
familia, se dotan a sí mismos de un conjunto normativo para mantener un orden y armonía
colectivos, sin embargo esta normatividad es normalmente prestablecida e impuesta, por lo que
en la práctica es necesario comprender que dicha normativa no siempre responde a intereses
colectivos.
Este factor nos puede llevar a una culpabilidad generada desde las estructuras de control que no
responde a transgresiones de hechos natural y racionalmente negativos, una culpabilidad
manipulada, a menudo provocada por culturas predominantemente moralistas, rígidas y puritanas,
o imbuida por religiones que con maestría han sabido explotar el ciclo de confesión,
arrepentimiento y penitencia; sociedades que han caído en usos que responden a condicionantes
meramente económicos e incluso por figuras familiares perfeccionistas en exceso o chantajistas.
Quebrantar o creer haber quebrantado de algún modo dicha normativa, asumida sin más, sin tener
en cuenta nuestros propios intereses como individuos y como sociedad, provoca que
innumerables personas lleven vidas atormentadas en sí mismas a causa de hechos que no se basan
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en ninguna transgresión real, personas que viven acarreando una culpa que los tiene atados y en
cierta medida fracasados a nivel emocional.
No es infrecuente ver personas que auto reprimen su sexualidad, porque la perciben como sucia,
pecaminosa, inaceptable, y sienten ante ella una culpa confundida con vergüenza. Quienes
sienten que han fracasado en la vida por no haber llegado a una meta o estatus social. Por no
haber cumplido las expectativas familiares. Incluso quien se siente culpable por tener éxito si
quienes le rodean no lo tienen. Todo ello afecta negativamente en la autoestima y el estado de
ánimo.

¿Por qué se debe exterminar la culpa?


La culpa genera sentimientos desgarradores, porque hace prisionera a la persona ante una
situación emocional. Ejemplo: imaginemos que cerca de donde vivimos ocurre un desastre
natural y muchas personas queridas se vieron afectadas; sentimos su dolor y preocupación, por
tanto, si está en nuestras posibilidades corremos a auxiliarlos, procurando dar lo mejor de
nosotros ante tal catástrofe; casi impensable sería que una persona se coloque unas esposas en sus
manos y se ate a la cama, de tal manera que sienta el dolor de sus amigos pero sin poder hacer
nada.
Este precisamente es el panorama que asumen las personas que se culpan; se quedan paralizadas,
se lamentan, sienten dolor, pero no asumen acciones que le permitan mejorar el panorama. Se
quedan “atadas”, “prisioneras” en su sentimiento sin capacidad de colaborar.
Así como en los anteriores casos del punto anterior hay que aprender a contrarrestar el
sentimiento de culpa con un análisis integral, crítico y racional de la situación, los hechos, las
causas, las consecuencias y los valores personales, contraponiendo responsabilidad a
culpabilidad, un sentido de la responsabilidad que nos ayude nuevamente a reconducir nuestra
emoción y nuestra posición en el entorno.
Aliviar el sentimiento de culpa reside en:
- Tratar de encontrar en sí mismo los recuerdos que lo hacen a uno todavía sentirse culpable por
situaciones pasadas.
- Entender que vivir el presente con la pesada carga del pasado, impide que uno cambia su
mentalidad, y en definitiva que cambie la vida.
- Ser consciente de que los errores ocurren. Son parte de nuestro día a día y de sus lecciones nos
preparamos para mejorar en situaciones futuras.
- Aliviar toda culpa y Preguntarse a sí mismo: “¿Actué de una manera voluntaria? ¿Traté
conscientemente de causar dolor a otras personas o a mí mismo? ¿Fue premeditado?”
Una vez que la culpa se vea desde otra perspectiva, se podrá dejarla ir.
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La culpa en la psicología
Con frecuencia personas que, con diferentes perfiles, caracteres, dificultades y contextos,
coinciden en verse afectadas por un sentimiento que les produce un gran malestar y afecta a sus
decisiones, relaciones y experiencias. Es un sentimiento que actúa a diferentes niveles y en el que
influyen la educación más temprana en la familia, los estereotipos sociales y los propios aspectos
psicológicos de la persona. Estoy hablando del sentimiento de culpa.
Las emociones desempeñan un papel adaptativo. Cuando la culpa actúa de esta forma, es decir,
cuando la culpa es adaptativa, su función es reconocer los errores y poner en marcha conductas
de ajuste y reparación. En este caso, la culpa nos ayuda a no transgredir ciertas normas y códigos
éticos, digamos que enciende un «aviso» que nos previene de cometer errores que podrían tener
graves consecuencias mientras en la culpa desadaptativa, la que por su intensidad y frecuencia es
fuente de dificultades y desórdenes emocionales.
Cuando hablamos del sentimiento de culpa desde la Psicología, tenemos que hablar de otros
términos y conceptos muy próximos: autoestima, perfeccionismo, rumiación, falta de
autoconfianza, autocensura, miedo, asertividad, regulación emocional…; en efecto, la culpa está
incorporada a muchas de nuestras dificultades emocionales, y en muchas ocasiones, no es fácil
identificar si es el origen o la consecuencia. Debido a todos los distintos factores de la culpa y su
desarrollo en las distintas personas han aparecido una gran variedad de psicólogos y filósofos en
esta área como:
Sigmund Freud: Freud dio una interesante definición. Los sentimientos de culpa, dijo, emergen
por la distancia entre el superyó y las pulsiones. En términos sencillos; entre lo que deseamos y lo
que nos prohíbe la norma social que hemos interiorizado durante el proceso de aculturación. Esta
idea, totalmente cierta, explica las duras guerras internas que muchas personas mantienen consigo
mismas. Pero si abrimos un poco el objetivo, vemos que la culpa también es una forma de
vinculación entre dos o más personas, a veces, todo un estilo de relación. Desde esta óptica, la
angustia de culpa se produce por dos motivos; cuando los deseos propios distan demasiado de los
ajenos, y cuando alguien cometió un error. En el primer caso estamos frente a una problemática
simple pero compleja, fundamentada en una dura realidad; que en muchas situaciones es
imposible satisfacer las necesidades propias y las ajenas al mismo tiempo. Por ese motivo se
suele inferir que la otra cara de la moneda de la culpa es el enfado. Los sentimientos de culpa
cursan con sentimientos de rabia (más o menos conscientes) y construyen relaciones de conflicto,
a veces encubierto, como cuando se expresa la hostilidad con el látigo de la indiferencia, otras
veces explícitos, como cuando el campo de batalla es muy visible y la culpa el arma arrojadiza
que va pasando, como una patata caliente, desde los unos a los otros. En resumen, cuando los
acontecimientos no coinciden con los deseos o alguien no hizo lo correcto empieza la rueda; “tu
deberías haber hecho esto o o deberías haber hecho aquello”
Nietzsche: Para Nietzsche la culpa procedía de la deuda, algo que precisa de dos actores, un
acreedor y un deudor. Probablemente la justicia emergió como un modo de regular las relaciones
entre acreedores y deudores y el castigo o la sanción correspondiente un modo de ajustar cuentas
con aquellos que no pagan lo que deben o no devuelven lo que tomaron de otros.
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Algo que se resume en la frase “El deudor es culpable”.


Y que tiene profundas razones teológicas: pues el pecado, la culpa propiamente humana tiene un
carácter esencialmente dialógico, solo puede pecarse contra Dios. Así que tienen razón los que
dicen que el origen de la culpa es teológica -relacionada con lo oculto o lo sagrado- pero hay que
decir ahora que el teocentrismo se terminó allá por el siglo de las luces tal y como nos contó el
Raskolnikov de “Crimen y castigo”. Una vez desaparecido Dios del horizonte del hombre ¿contra
quién se peca cuando se peca? El intento de elaborar una moral sin Dios ha dado lugar
paradójicamente a múltiples e infructuosos intentos de la modernidad para acá a fin de construir
una moral, una civilidad que, prescindiendo de Dios, pudiera servir como Fundamento de
conducta: el romanticismo, positivismo, marxismo, freudismo y finalmente el existencialismo y
el nihilismo contemporáneo han terminado por sembrar el huerto de aquella búsqueda de
cadáveres cognoscentes.
Cuenta la tradición que fue Sísifo condenado por los dioses a empujar eternamente una piedra
enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la
piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio. En su
feroz crítica contra los valores de Occidente, Nietzsche se detuvo especialmente en el concepto
de culpa como sentimiento que, según él, el cristianismo y el judaísmo se inventaron para tener
sometidos a los débiles y evitar que los hombres superiores destacasen por encima del resto.
Sísifo, que era considerado el más astuto de los hombres y que sería el promotor del superhombre
nietzscheano, pagó un alto precio por su atrevimiento: burlarse de Hades, dios del inframundo.
Desconozco si Sísifo se sintió culpable, lo cual dudo, pero sí fue castigado duramente. Para
Nietzsche la culpa, el arrepentimiento es un error inventado por los fuertes para dominar a los
hombres de voluntad débiles. Los hombres superiores, poseedores de una férrea voluntad –
voluntad de poder– han dejado a un lado la culpa.
Heidegger: Para Heidegger la culpabilidad procede de la misma existencia. Somos culpables por
existir. Existiría una culpabilidad “existencial” que sería taponada por las otras, por las
culpabilidades de la psicopatología o por las culpabilidades individuales. Todo fracaso
existencial, todo proyecto clausurado sería un combustible adecuado para la culpa.
¿Pero de qué somos culpables?
Basta con echar una mirada a nuestra vida (hay que hacerlo de vez en cuando para limpiarse de
culpas) para escoger de un amplio catálogo de afrentas ¿Quién no ha traccionado, abandonado a
un amigo a su suerte? ¿Desairado a un padre o a una madre o hermano? ¿Quién está libre de
culpa? ¿Hemos tomado venganzas sutiles contra alguien? ¿Es que usted no ha traccionado a
nadie, no se ha alegrado cruelmente de la desgracia de su enemigo? ¿Ha devuelto todo lo que le
dieron? Si usted no se arrepiente de nada de todo lo que ha hecho consciente o inconscientemente
usted es un santo, pero la humanidad no es un almanaque de santos, sino que es lo que es.
Es suficiente con despachar la cuestión de la culpa alegando que esta misma no es más que una
mera denominación de un concreto estado de ánimo, esto es, una convención lingüística para un
determinado estado de agregación de la materia, en concreto, nuestra situación hormonal
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Es inevitable detenerse ante el fenómeno de la culpa, puesto que no es válido la cantidad de


elementos tanto de la vida cotidiana como de los más complejos entramados teóricos presentes en
disciplinas de toda clase, que precisan de dicho concepto a la hora de su desarrollo y
justificación.
Jacques Lacan: la culpa es el acompañante inevitable del sujeto significante quien da cuenta de
la normalidad en la forma del orden simbólico.
Alice Miller: afirma que “mucha gente sufre todas sus vidas por este opresivo sentimiento de
culpa, el sentimiento de no haber vivido a la altura de las expectativas de sus padres ningún
argumento puede superar estos sentimientos de culpa, pues estos tienen sus inicios en los
períodos más tempranos de la vida, y es de este hecho del que derivan su intensidad”. Esto puede
estar ligado a lo que Les Parrott ha llamado “la enfermedad de la falsa culpa en cuya raíz está la
idea de que lo que sientes debe ser real. Si sientes culpa, ¡debes ser culpable!
Defensas contra la culpa
Las defensas contra la culpa se pueden convertir en un aspecto primordial en la personalidad del
individuo. Existen múltiples métodos que se pueden utilizar para evadir la culpa. Estos incluyen:
La represión: es usada usualmente por el superego y el ego contra los impulsos instintivos, pero
en ocasiones es empleada contra el superego/conciencia misma. Si la defensa falla, entonces (en
un regreso de lo reprimido) la persona puede sentirse culpable años después por acciones
cometidas a la ligera en el pasado.
La proyección: es otro mecanismo de defensa con amplias aplicaciones. Puede tomar la forma
de culpar a la víctima: la víctima del accidente de alguien más o de la mala suerte puede ser
sujeta a críticas, siendo la teoría que la víctima tiene la culpa por haber atraído la hostilidad de
otra persona. De manera alternativa, no la culpa, sino la agencia condenatoria, podrían estar
siendo proyectadas en otras personas, con la esperanza de que las acciones propias sean vistas de
manera más favorable que en la propia conciencia (un proceso que raya en ideas de referencia).
La negación: Consiste en retirar de la conciencia hechos muy dolorosos, y no querer aceptar que
hayan sucedido. Por ejemplo, cuando fallece un familiar querido y una persona se niega aceptar
su muerte, y sigue preparándole la comida, lavándole la ropa, arreglándole el cuarto, etc.
El aislamiento: Consiste en desconectar situaciones de la vida con las emociones. Se eliminan
las emociones de una situación hasta que queda en un simple relato, una simple descripción fría.
Se aísla el sentimiento, no se trae a la consciencia. Por ejemplo, relatos de los soldados de alguna
batalla que la cuentan como si no hubieran estado allí.
El desplazamiento: Consiste en cambiar un objeto que nos produce una reacción emocional
inaceptable, por otro. Desplazamos ciertas emociones asociadas a un objeto, a otro objeto que
atacamos o evitamos, pues no proporciona tanto miedo como el primero.
Por ejemplo, tengo sentimientos de odio hacia mi vecino pero como no los puedo aceptar o no me
atrevo a enfrentarme a él desplazo el sentimiento hacia su perro al cual maltrato.
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La culpa en la espiritualidad
La culpa es el peso que arrastramos en nuestro corazón por los pensamientos que siempre hablan
mal de nosotros. Aquellos que nos recuerdan constantemente los errores que cometemos en
nuestra vida o aquellos que consideramos como tales. La culpa es una piedra en nuestra mochila.
Dejarnos guiar por la culpa es elegir el camino del castigo, aquel que está lleno de fantasmas del
pasado, que nos nublan el presente y que nos hacen sentir miedo del futuro. La culpa nos limita la
visión que tenemos de nosotros y del mundo.
La culpa del pasado
Todos cometemos errores en la vida. Es una de las frases más escuchadas por los demás cuando
nos culpabilizamos, pero la dificultad está en no olvidarnos de que somos humanos. No dejarnos
arrastrar por la culpa es aceptar que los errores forman parte de nuestro repertorio.
Así, aceptando nuestra condición de personas de carne y hueso con intentos fallidos, nos
desprendemos de la idea de que la perfección es alcanzar la meta imposible de no fallar nunca.
No es posible hacer todo y siempre bien, son palabras imposibles.
Echar la vista atrás y sólo recordar lo que hacemos mal es caer en la trampa de que el pasado tan
sólo se compone de actuaciones o palabras que nos gustaría cambiar y no podemos. Si
cambiáramos nuestro pasado no seríamos los mismos. Aprender los pasos en falso es el mejor
aprendizaje posible, es plantarles cara a los fantasmas y decirles: “no sólo ya no me asustáis sino
que encime me habéis enseñado a ser mejor personas”,
“No estamos buscando a alguien a quien culpar. Eso lo hemos hecho toda la vida y no nos ha
llevado a ninguna parte”
-John Verdón-
La culpa del presente
La sombra de lo que deberíamos haber hecho y de lo que no deberíamos haber hecho nos nubla la
vista ante todas las posibilidades que se nos presentan. La tiranía de los debería es siempre
someterse a ella. La culpa hace que nuestro presente se cubra con un manto negro de desilusión y
pesimismo.
Tenemos muy arraigada la idea de que pensar en lo que hicimos mal es nuestro castigo merecido
por haber actuado de forma incorrecta (o que la consideramos así). La reflexión es importante
para nuestro aprendizaje pero en exceso sólo conseguimos hacernos más daño.
Mantenemos en muchas ocasiones la concepción errónea de que golpeándonos con un látigo en
nuestro pensamiento hará que la culpa se elimine. No sólo no es así, sino que caemos en el error
de pensar que castigándonos realmente conseguimos cambiar la realidad.
La culpabilidad no se elimina mediante el auto-castigo, sino que lo mejor que podemos hacer es
pensar en lo que nos llevó a cometer el error y tener en cuenta todos los factores que existieron
para que ocurriera dicha situación. No todo lo que ocurre depende de nosotros, la realidad se
compone de vientos incontrolables y de otras personas.
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“Si el sentimiento de culpa fuera un bicho, sería un pulpo. Todo viscoso y retorcido y con cientos
de tentáculos que se te enroscan en las tripas y te las aprietan fuerte”
-Annabel Pitcher-
El peso de la culpa
Vivir bajo el peso de la culpa es sentirse paralizado para mirar hacia delante. Si vivimos bajo su
pesada influencia, tendremos miedo de cualquier paso que damos por el temor de que sea en
falso. Mirar hacia el futuro es saber que habrá cosas buenas y momentos malos, es la vida, y hay
veces que es triste.
Para caminar más ligeros por el camino, es necesario quitarnos las cadenas y:
Decirnos: “sí, lo pude haber hecho de otra manera, pero ya pasó”
Aceptarnos: “no soy sólo mis errores, sino el aprendizaje que saqué de ellos”
Perdonarnos: “soy un ser humano con derecho a cometer fallos”
Querer a los demás: “lo pudiste hacer mejor, pero basta con que reconozcas el error para que
sea un acierto”
Querernos: “lo pude hacer mejor, pero no sería la persona que soy hoy en día”
“Quizá hay algo más que todos podríamos haber hecho, pero tenemos que dejar que la culpa nos
lo recuerde, para hacerlo mejor la próxima vez”
-Veronica Roth-

La culpa es una de las emociones más tóxicas, nocivas y destructivas en la vida de un ser
humano. La culpa, pide castigo y el castigo entraña dolor, un dolor que puede ser sufrido por el
cuerpo. Muchos de los dolores corporales, están directamente asociados al hecho de arrastrar un
sentimiento de culpabilidad contra nosotros mismos debido a la conexión mente-cuerpo.
Realmente nos estamos castigando.
Cuando juzgas a los demás, culpas a los demás de tus problemas, tu ego trata de infligir dolor,
castigo en la otra persona. Quiere despertar el sentimiento de culpa en el ego de esa persona para
verse así recíprocamente alimentado de ella. Y lo mismo ocurre cuando lo haces contigo mismo.
Si es así, y el sentimiento de culpa te persigue por tus errores, deberías reflexionar sobre estas
cuestiones:
- Nadie está libre de error
- Debes comenzar a ver lo errores, no como algo negativo, sino como oportunidades de mejora.
Es una de las claves para vivir con una actitud positiva
- Culpar a los demás no te ayudará a sentirte mejor. Aunque creas que sí lo hace.
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- Cambia tu actitud de buscar culpables definitivamente, por otra que trate de resolver
situaciones. De encontrar soluciones.

Cuando elimines la culpa, te sentirás ligero, libre, enérgico. Es una maleta llena de piedras que
debes dejar de una vez por todas a un lado de tu camino. Lo que aprendiste de ello, siempre
seguirá contigo, es nuestra forma de crecer, algo muy distinto a perpetuar el dolor en nosotros por
algo que no puede ser cambiado,

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