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El Burrito Blanco

El burrito blanco nació diferente a los demás burros de color gris en la pradera. Al sentirse diferente, decidió irse de la pradera en busca de un lugar donde no se burlaran de su falta de color. En el camino, varios animales nocturnos le preguntaron a dónde iba su "burrito blanco". Finalmente conoció al Niño Jesús, quien lo encontró hermoso y le pidió que lo ayudara a repartir regalos de Navidad montado en él.

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El Burrito Blanco

El burrito blanco nació diferente a los demás burros de color gris en la pradera. Al sentirse diferente, decidió irse de la pradera en busca de un lugar donde no se burlaran de su falta de color. En el camino, varios animales nocturnos le preguntaron a dónde iba su "burrito blanco". Finalmente conoció al Niño Jesús, quien lo encontró hermoso y le pidió que lo ayudara a repartir regalos de Navidad montado en él.

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El Burrito Blanco

Cuento boliviano

Una vez nació en una pradera un burrito blanco. Su mamá lo miró extrañada: -¿Por qué mi
burrito nació sin color? -le preguntó al padre del burrito.
-Tú eres gris, yo soy color de plomo y todos nuestros parientes, en las praderas y en los
pueblecitos, son de color plomizo - dijo el padre, inclinando sus largas orejas con preocupación.
-Es verdad, a nuestro nuevo hijito le falta algo. Esperemos que crezca -dijo la madre del burrito-
Aparte del color no le falta nada, tiene dos largas orejas, una colita larga y suave y cuatro patas
esbeltas. No es feo. Tal vez cuando crezca el color le aparezca.
Pero al burrito no le gustó ser diferente de los demás. Estaba triste por no tener la piel gris como
sus primos y sus hermanos de la pradera, como su papá y su mamá.
Y apenas sus delgadas patas le sostuvieron bien, decidió marcharse.
Cuando sus padres dormían se levantó, miró a su alrededor y vio el campo silencioso. La luna
blanca bañaba en plata las piedras y las flores, y el burrito se veía más blanco aún en la noche clara.
-No importa -se dijo- todos duermen y nadie me verá. Mañana buscaré una cueva donde
ocultarme.
El pequeño burrito no sabía que algunos animales despertaban de noche. Y así fue como, al
caminar por la hierba, se encontró con una mariposa nocturna que buscaba savia de las hojas para
beber.
Al ver al susurró:

¿Adónde vas, burrito blanco,


como la nieve parece tu manto,
como la nube es tu andar,
¿un color vienes a buscar?

-Qué triste -pensó el burrito- ¿acaso no puedo encontrar un lugar donde nadie me vea ni pueda
burlarse de mi falta de color?
Al pasar por un muro de piedras se encontró con una lechuza de grandes ojos luminosos, que
buscaba algún ratoncito para comer. Al ver al burrito blanco abrió sus anchas alas y suspiro:

¿Adónde vas, burrito blanco,


como la escarcha parece tu manto,
como neblina es tu andar,
¿un color vienes a buscar?

El burrito bajo la cabeza y la lechuza se deslizó por el aire para atrapar un ratón que había salido
de su agujero.
Siguió caminando el burrito, y la luna redonda estaba ya muy arriba en el alto cielo. Al pasar por
viejo árbol, un puma negro que aguardaba allí lo divisó y lo miró con sus malos ojos amarillos. El
burrito se asustó y pensó que habría llegado su fin, cuando escuchó gruñir al puma desde el árbol:

¿Adónde vas, burrito blanco,


como la espuma parece fu manto,
como el aire es tu andar...
¡Nada que pueda mi hambre saciar!

-Al menos no me quiere devorar el puma malo -pensó el burrito-

Cuando a lo lejos vio a alguien caminar a la luz de la luna.


-Buenas noches, hermoso burrito blanco -dijo acercándose un extraño niño,
El niño llevaba una camisita alba como flores de naranjo y a su alrededor irradiaba una luz
excepcional. Llevaba una carga pesada que apenas podía alzar.
-Muchas gracias -dijo el burrito- ¿quién eres tú que no me dices feo como todos los demás?
-Soy el Niño Jesús y del mundo voy por todos los caminos, para llevar a cada niño de esta Tierra
un regalo, porque pronto será Navidad. ¿Quieres venir conmigo para poderme ayudar?

El Niño Jesús se acercó al burrito y le acarició entre las orejas diciendo:

Tu piel es de nubes,
y tus ojos son estrellas,
tu andar es ligero, no hay cosa más bella.
Tus atentas orejas son de terciopelo
¡Pareces venir del mismísimo cielo!

El burrito blanco sintió latir su pequeño corazón como un martillito, y pensó que estallaría de
tanta alegría.
El Niño Jesús le puso en el cuello una rienda hilada de luz de luna y la adornó con cascabeles de
oro.
Y así fue como el Niño Dios ya no tuvo que ir a pie a repartir los regalos de Navidad.
Desde ese día, siempre llegaba montado en su burrito blanco.

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