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DR.

HOUSE
Guía para la vida

Toni de la Torre
Incluye todas las frases del médico más borde de la televisión.
Este libro es un trabajo independiente de comentario, análisis y crítica.
Ni el libro, ni su autor, ni la editorial están autorizados, apoyados, patrocinados o afiliados en
ningún sentido con el propietario del copyright de House M.D. ni los creadores de House M.D.
Primera edición: febrero de 2007
Segunda edición: marzo de 2007

© de esta edición
ara llibres, S.L.
Corders 22-28
08911 Badalona
Tel. 93 389 94 70
[Link]

© Toni de la Torre, 2007

Diseño de cubierta: Neli Ferrer

ISBN: 978-84-937225-7-9

Todos los derechos reservados.


Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra mediante cualquier medio o procedimiento,
y el alquiler o préstamo público sin la autorización escrita de los titulares del copyright.
Para la única persona que no me fallará jamás…
¡para mí!
¿Cuánto de House hay en ti?
Este es un libro de auto-ayuda, ¿pero te va a servir de verdad? ¿Cuántos
libros que te prometían la felicidad compraste antes y acabaron en el cubo
de la basura? Antes de perder tiempo y dinero en la adquisición y lectura de
esta guía que tienes entre manos, te recomiendo que contestes, lápiz en
mano, las siguientes preguntas...

1. En una discusión alguien te lleva la contraria.


a) Claro que me la lleva, ¿y quién no me la llevaría? ¡Soy patético!
b) Vamos a hablar, que hablando se entiende la gente.
c) Intento convencerle de mi tesis... a puñetazos.
d) ¿Qué más da? Al final se hará lo que diga yo.

2. Te encuentras un vecino esperando el ascensor...


a) Subo con él y hablamos del mal tiempo.
b) Lo saludo con un «hola» y subo por las escaleras.
c) Subo con él en el ascensor con los auriculares puestos y no me los quito
hasta que bajo.
d) Subo con él en el ascensor, no digo nada, y al bajar suelto: «Su mujer le
pone los cuernos».

3. Cuando te invitan a un cumpleaños.


a) ¡Por fin una oportunidad para conocer gente!
b) Oh-oh... toca comprar un regalo, ¡qué tostón!
c) Iré a la hora del café, cinco minutos y fuera.
d) Estaría mejor en casa viendo un DVD.

4. Llegas a la oficina y tu compañero de mesa no te responde los buenos


días.
a) ¿Qué le habré hecho? ¡Seguro que está enfadado conmigo!
b) Debe de estar dormido aún, voy a saludarlo otra vez.
c) Pues lo lleva claro, no le dirijo la palabra nunca más.
d) Perfecto, así me ahorro tener que tratar con él.

5. Si te comparas con los demás...


a) Me entra una depresión de caballo.
b) Veo que me queda mucho que mejorar.
c) Todos tenemos nuestros defectos, pero ellos más.
d) Sólo con Dios siento que podría salir perdiendo.

6. Tu jefe le pide que le lleves un café...


a) Voy corriendo al bar a buscarlo y lo pago con mi dinero.
b) Le llevo uno de la máquina de la oficina.
c) Le indico amablemente donde queda el bar.
d) Le doy cinco euros y le digo que me traiga uno para mí también.

7. La camarera te trae el cambio mal a su favor...


a) Es igual, déjalo. Que se lo quede, no importa.
b) Se lo pido tímidamente, espero que no le siente mal.
c) Me pongo a gritar que es una estafadora y la dejo en ridículo.
d) No pasa nada, no todo el mundo tiene estudios.
8. Yo he tenido la culpa de mis fracasos amorosos.
a) Sí, siempre me equivoco y lo hago todo mal.
b) Un poco sí, pero él/ella también tuvo su parte de culpa.
c) No, fue él/ella, quien me dejó tirado como a un perro.
d) Dejarla no fue un fracaso, sino una victoria.

9. En el gimnasio un/a chico/a cañón te mira enroscando los ojos...


a) ¿Llevo la bragueta abierta?
b) Se le debe de haber metido algo en los ojos.
c) Esperaré a que lo repita antes de atreverme a hablar con él/ella.
d) ¿Un chico/a dijiste? Normalmente son varios.

10. Buscas un taxi de madrugada para volver a casa...


a) Jamás lo encontraré, tengo el destino en contra.
b) Me saldrá más a cuenta volver a pie.
c) Le quitaré el taxi al primero que pueda.
d) Yo no busco a los taxis, los taxis vienen a mí.

Mayoría de D: Gregory, te dije que tú no podías hacer este test, que era
sólo para los lectores.
Mayoría de C: Podrías pasar sin este libro, pero un poco de filosofía
House no le sobrará nunca a tu vida.
Mayoría de B: Cómprate el libro ya.
Mayoría de A: Cómprate el libro YA y, además, haz de él tu libro de
cabecera, subráyalo y toma notas.
I. Yo y yo mismo
Yo soy House
El doctor altruista, amable y servicial que Emilio Aragón interpretó en
Médico de Familia se metió en el bolsillo a miles de espectadores a finales
de los años noventa. Hoy en día, el que triunfa es un doctor borde, cínico y
desagradable que responde al nombre de House. No se trata de una
comparación casual, sino de un ejemplo del cambio que se ha producido en
los perfiles protagonistas en las series de televisión.
No hace tanto tiempo, el héroe de los niños era un hombrecito gracioso
y rellenito llamado David el Gnomo que hacía todo lo posible para llevar la
paz y la armonía al bosque. Ahora, nuestros hijos alucinan con las aventuras
de Shin Chan y su pasión por bajarse los pantalones constantemente y
levantar la falda de las chicas. El personaje blanco, correcto y
eminentemente bueno está en franca decadencia. Ya no hay defensores del
bien como McGyver o la señora Fletcher. La bondad aburre al espectador.
Ahora funcionan las emociones fuertes, los personajes agrios, capaces
de manipular a los demás y utilizarlos para sus intereses. Ellos son los hijos
bastardos del J.R. de Dallas, la mala leche elevada a la máxima potencia, y
de entre ellos, el primogénito avanzado es el Dr. House. Con sus andares de
eminencia y su irritante tendencia a creer que siempre tiene razón, el buen
doctor va sacando a todo el mundo de sus casillas con sus comentarios
ácidos sobre la naturaleza humana mientras cojea con su bastón por los
pasillos del hospital y se pega un trago (sin agua, ni nada) de su querido
Vicodin.
Pero a pesar de ser un individuo maleducado, borde, arrogante, solitario
y con muy mal carácter es sorprendente la cantidad de suspiros femeninos
que provoca el pomposo Dr. House. Aunque la mayoría reconocen que
convivir en la vida real con este negrero sería un auténtico infierno, las
mujeres no pueden evitar encontrar arrebatador a tan singular médico.
Quizás sea por su brutal honestidad a la hora de tratar a los pacientes, por
sus firmes convicciones y por su estilo desaliñado (camisas mal planchadas,
barba de tres días...) que encaja bien con su cojera y su áspero carácter, así
como un mal disimulado espíritu rebelde que se dibuja en su rostro las pocas
(muy pocas) veces que sonríe.
¿Serán sus frases lapidarias? ¿Será su carácter asocial? Las mujeres no
pueden resistirse al encanto de House. Pero los hombres tampoco: a ellos les
gusta el carácter transgresor del personaje, sus comentarios racistas, su
tendencia casi patológica a menospreciar a la mujer, el cinismo y la crueldad
que exhibe diagnosticando a sus pacientes y, sobre todo, el efecto de
admiración y respeto (que no cariño) que inspira entre los que le rodean.
Todo ello ha generado un fenómeno singular: un notable número de
hombres intenta parecerse a House en su vida cotidiana para ver si se les
pega algo de su descomunal encanto. Desde hace algún tiempo se viene
detectando por la calle a una nueva estirpe de machos que van igual de
descuidados, contestan con exabruptos, no se afeitan y van fardando de sus
conocimientos en alguna materia de su especialidad. Algunos incluso
cojean, ignoro si los más osados se han enganchado al Vicodin.
Sin embargo, ser borde lo puede hacer cualquiera, pero tener una vida
malhumorada es un arte para el que sólo están preparados unos pocos. Pues
no basta con tener un mal día: hay que conseguir que todos sus días sean
pésimos. Sólo viviendo una vida llena de amargura y mal humor, logrará
parecerse (aunque sea de lejos) al genial Dr. House.
Un par de días buenos
Y con ello, vendrá el éxito. Las mujeres lo adorarán y los hombres querrán
parecerse a usted (aunque ambos lo suspiren en secreto). Puede ser que
gracias a la receta del Dr. House por primera vez en mucho tiempo se sienta
usted un triunfador; un ganador atípico, claro, pero es que el perfil de héroe
amable y sincero ya hace tiempo que ha fracasado. El caballero ya no
intenta salvar a la princesa, sino a sí mismo; el antihéroe sin escrúpulos es el
modelo que arrasa en la televisión. Y también en la vida real.
Por supuesto, habrá usted leído infinidad de libros en los que aseguran
haber encontrado la fórmula mágica para encontrar la felicidad. El mismo
House le ha echado un vistazo a alguno de ellos, pero los rechaza todos. Su
motivo es bien sencillo. Para ser distante y borde hay que estar amargado.
Estar amargado es, en realidad, lo que le dará la felicidad y éxito en la vida,
no la búsqueda de la felicidad misma, que no lleva a ninguna parte.
Es lógico que piense que su objetivo en la vida es ser feliz. Centenares
de cuentos infantiles, tradiciones milenarias, escritos filosóficos y prejuicios
culturales le han orientado para que persiga la felicidad aunque ésta sea algo
cercano al Santo Grial, aunque lleve colgada de ella una etiqueta con la
palabra utopía y además sepa que millones de personas en la Historia la han
buscado sin éxito antes que usted.
Sin embargo, para House la felicidad está sobrevalorada en detrimento
de la amargura. La búsqueda de felicidad no nos lleva a la consecución de la
felicidad. Necesitamos en realidad infortunios, desgracias, tragedias,
catástrofes, crímenes, pecados, delirios y peligros en nuestras vidas. Y si no
los tenemos nos los inventamos. ¿Por qué? Porque la felicidad es en realidad
aburrida. Imagínese un coro de ángeles posando sonrientes en una nube y
verá que pronto bosteza; observe entonces cómo esos mismos ángeles
discuten, se traicionan y sufren los unos por los otros y sentirá cómo se
conmueve.

EJERCICIO:

Haga una visita al zoológico. Observe a los animales que hay allí y advierta
que tienen todas las necesidades cubiertas: les alimentan sin ni siquiera
pedirlo, están protegidos contra las enfermedades y no deben tener miedo a
los depredadores, pues su vida ya no es una cuestión de supervivencia.
Pueden relacionarse con los de su especie y campar libremente por un
entorno (limitado eso sí) adaptado a sus necesidades. Sin embargo, ¿esos
animales son felices? ¿No es cierto que se encuentran en un estado de hastío
y sopor infinitos? Imagínese ahora el efecto de la felicidad en un ser
humano.
Llenar a un ser humano de felicidad es el camino más rápido para
aburrirlo, hundirlo en el tedio y dejarlo en un ahogante estado de sopor
depresivo. No hay nada más difícil de soportar que una serie de días buenos
seguidos. Sin dificultades no podemos ser felices. La verdadera felicidad, el
auténtico éxito que tanto persiguen los libros de auto-ayuda y realización
personal, reside entonces en el arte de llevar una vida amarga. En esta guía
se encuentran todos los trucos de House para conseguirlo. Puede tomárselos
medio en broma o medio en serio, pero seguro que encuentra en ellos algo
de usted mismo.

Recuerde...
La búsqueda de felicidad no le llevará a la consecución de la
felicidad.
Las personas mienten, los perros no

Una de las reglas básicas para la vida de la filosofía de House es que todo el
mundo miente. Para él, la mentira es una condición intrínsecamente
humana. Está convencido de que nadie dice la verdad, lo cual lo lleva a no
confiar en nadie que no sea él mismo. Esto lo lleva a apartarse de todo el
mundo, especialmente de los enfermos. Odia a sus pacientes y no siente el
más mínimo interés por sus problemas personales, a no ser que tengan una
relación directa con el diagnóstico.

Dr. Foreman: ¿Y si hablamos con el paciente antes de hacer


el diagnóstico?
Dr. House: ¿Es médico?
Dr. Foreman: No, pero...
Dr. House: Todo el mundo miente.
Dra. Cameron: Al doctor no le gusta tratar con los pacientes.
Dr. Foreman: Para tratar pacientes nos hicimos médicos.
Dr. House: No, para tratar enfermedades nos hicimos
médicos, tratar pacientes es el inconveniente de esta profesión.

Por supuesto, tal creencia no es gratuita. La desconfianza hacia los


demás proporciona a House (y también a usted cuando acabe de leer este
libro) grandes y profusos momentos de amargura. Porque si no confía en
nadie significa, no sólo que se encuentra solo para tomar cualquier decisión
o pasar una situación difícil, sino que todos los que le rodean pueden
intentar hacerle daño adrede. Este pensamiento asegurará más momentos de
amargura, así que debe intentar generarlo con pensamientos negativos.
Por regla general es muy útil basarse en una mala experiencia del
pasado. Si alguien en el pasado le hizo daño, no intente buscarle una
explicación, concéntrese en esa persona, en las circunstancias de ese
momento y convénzase de que éstas (y no usted mismo) son las únicas
culpables de su conflicto. De este modo, la posibilidad de volver a pasarlo
mal no dependerá de usted, sino de la aparición de estas personas-
circunstancias, y podrá temer libremente que éstas se puedan repetir sin
responsabilizarse de ello. Debe desconfiar de las circunstancias y estar
atento a su aparición para poder evitarlas, aun cuando sepa que esta vez no
le vayan a proporcionar dolor, sino alegría.

EJEMPLO:

Había una vez un hombre que cruzaba los pasos de cebra pisando sólo las
rayas blancas. Cuando un día le preguntaron por qué, él respondió que era
para que no lo atropellaran. Según parece, un día lo embistió un camión
justo cuando pisaba fuera de las rayas. Por supuesto, el hombre nunca se
cuestionó si debía haber mirado antes de cruzar la calle, y aún menos si las
rayas eran las culpables de su infortunio. Desconfiaba de las rayas y punto.
El ejemplo le puede parecer absurdo, pero piense en la mujer que desconfía
de todos los músicos porque un trompetista le fue una vez infiel, el
vendedor que agarra la escopeta cada vez que un negro entra en su tienda
sólo porque una vez uno de ellos le robó en la tienda o en el país que invade
al vecino sólo porque le inspira desconfianza.

Recuerde...
Desconfíe siempre de los demás. Si no tiene argumentos
para ello, invéntelos.
El principio del Mal Humor

Sin embargo, apoyarse en una experiencia del pasado para generar


desconfianza hacia los demás es algo que puede hacer cualquiera. Los
auténticos maestros no necesitan una experiencia amarga para crear
conflictos. Son capaces de persuadirse de que todo lo que le sucede es malo
para que le acabe sucediendo lo peor. En realidad, es fácil generar una
buena dosis de desconfianza hacia los demás si uno se lo propone.
¿No le ha ocurrido nunca que alguien le ha gritado sin un motivo
aparente? ¿No es cierto que muy a menudo su jefe le reprende de forma
desproporcionada sin que usted no haya hecho nada en concreto? Cuando
esto ocurra, procure sobre todo no buscar ninguna razón y cargue usted con
las culpas. Esta actitud le procurará una buena dosis de enfado que luego
podrá volcar en el primero que se cruce con usted (probablemente uno de
sus subordinados). Así lo hace House con Foreman, quien se queja a
menudo.

Foreman: ¿Por qué me pinchas?


House: Es lo que hago... ¿ha empeorado últimamente?
Foreman: Sí, creo que sí.
House: ¿De veras? Eso descarta el racismo. Eres igual de
negro que la semana pasada.

Como bien reconoce House, no es necesaria ninguna razón para


«pinchar» a los demás. Podemos generar desconfianza hacia el otro y
aumentar nuestro mal humor contra él sin ningún argumento, sólo uniendo
una larga cadena de casualidades negativas en las que damos a esa persona
un papel decisivamente negativo. Es posible que la víctima se sienta
desconcertada y se muestre asombrada, incluso es probable que haga
declaraciones de inocencia, pero todo esto no hará más que demostrarle que
tenía razón. Usted depositó todo su cariño y confianza en esa persona y una
vez más abusaron de su bondad.

EJEMPLO:

Había una vez un oficinista que quería grapar unos papeles, pero a pesar de
tener una grapadora se había quedado sin grapas. Pensó en pedírselas a su
compañero de mesa. Pero le asaltó una duda: «¿y si no me las presta? Esta
mañana no me ha saludado al llegar. Quizás es que estaba muy liado, ¿pero
y si es que no me quería saludar? ¿Y si está enfadado conmigo? Yo no le he
hecho nada. Si alguien me pidiera grapas, yo se las dejaría... ¿Cómo puede
alguien negarse a hacer un favor como éste? Individuos como él le amargan
a uno el día. Y aún se creerá que dependo de él. Sólo porque tiene unas
grapas». Así que el oficinista se levanta y se dirige a la mesa de su
compañero para espetarle: «¡No necesito tus malditas grapas, imbécil!».
Si insiste con esta práctica pronto descubrirá que hay millones de cosas
negativas en su vida que conspiran contra usted. Cuando va al banco
siempre encuentra más cola de la que es normal, siempre se encuentra los
semáforos en rojo. Si observa bien encontrará un culpable para todas y cada
una de estas casualidades. Cuéntelo a sus amigos. Si tratan de convencerle
de que son imaginaciones suyas, desconfíe de ellos también.

Recuerde...
El mundo conspira contra usted, haga todo lo posible por
encontrar a los culpables.
La realidad está por debajo de mí

Crear argumentos, como decíamos en el capítulo anterior, tiene sus peligros,


como que de pronto éstos choquen contra la realidad. Por ese motivo, House
ha desarrollado un método infalible para dar esquinazo a cualquier cosa que
contradiga nuestras hipótesis: creer que uno siempre tiene razón y los demás
siempre se equivocan. Supeditar la realidad a nuestra conveniencia no sólo
dará solidez a nuestra desconfianza, sino que nos dará nuevas y brillantes
oportunidades para sentirnos desdichados.

«Resulta que tus opiniones no dan buenos resultados. Te


aconsejo que uses las mías.»
Dr. House a Dr. Foreman.

Si uno se acoge a su propia opinión como la única posible pronto se dará


cuenta de que el mundo va de mal en peor, ya que nunca nada será como
usted quiere y encontrará quejas y problemas por todas partes. Sin embargo,
no renuncie jamás a su opinión y conviértala en su estandarte vital, aunque
la realidad intente hacerla pedazos. Cuando la opinión de uno se ha
convertido en algo tan importante en su vida no está dispuesto a resignarse,
así que deberá seguir para siempre fiel a sus convicciones, renunciando a
cualquier tipo de negociación con la realidad, es decir, ignorándola.
No se limite a ver cómo es la vida, imponga su opinión sobre ella.
Avance como un navío por las aguas del tiempo con paso imperturbable,
conviértase en un atormentado espíritu de contradicción que sabe cómo
debe ser el mundo pero que no puede hacer nada por cambiarlo. Por
supuesto, esta creencia excluye la posibilidad de estar equivocado, puesto
que su opinión está ahora indisolublemente ligada a la verdad.
Teniendo la propia opinión como la única válida pronto se encontrará
solo, abandonado y único al mismo tiempo, sujeto a su creencia de cómo
debería funcionar el mundo y profunda e injustamente incomprendido. Si
consigue lograr un auténtico sentimiento de aislamiento e incomprensión, la
amargura que tanto anhela está asegurada, pues ahora se encuentra luchando
solo contra el mundo, siendo el único capaz de ver la realidad.
Por supuesto, si uno cree en sus propias opiniones como si fueran las
únicas posibles, aceptar otra opinión es poco menos que una auto-traición,
un engaño inadmisible a sus propias convicciones. Así que por nada del
mundo acepte que hay otra visión posible que no sea la suya. House siempre
niega las opiniones de sus subordinados, cosa que los irrita notablemente
(apunte aquí un positivo efecto secundario de esta técnica).

Dra. Cameron: Tú siempre tienes razón y los demás somos


idiotas.
Dr. House: Es que no creo que yo sea idiota y todos los
demás tengan razón.

Esta suficiencia resulta muy atractiva porque respira una seguridad en


uno mismo casi aplastante que resulta muy sexy. Además, de este modo
House refuerza su propia visión sobre el mundo y niega la entrada a
cualquier interferencia o influencia que no sea de su agrado. Los verdaderos
expertos en pisotear las opiniones de los demás llegan incluso a negar
opiniones con las que están de acuerdo, aunque entren en contradicción.

Recuerde...
Rechace las opiniones de los demás, incluso cuando opinen
lo mismo que usted.
El oportuno peso de los errores

Sin embargo, no siempre se puede esquivar la realidad y a veces no hay


forma de ignorar que nos hemos equivocado. En el caso de tener que admitir
un error, House aboga siempre por la culpabilidad máxima, un sentimiento
que se agrava hasta límites insospechados en alguien que cree que nunca se
equivoca. El error, entonces, ya no es sólo un fallo humano ni un golpe a su
ego, sino una derrota de su yo más íntimo.
Convertir el error en una derrota personal le proporcionará horas y horas
de lamentos y auto-menosprecio. No acepte que se ha equivocado y
castíguese por ello. No sea amable con usted mismo cuando la fastidie, no
sea condescendiente. En caso contrario, podría aprender de sus errores y
entonces no podría repetirlos jamás. La sabiduría no consiste en descifrar
dónde se ha equivocado, sino en asegurarse que repetirá el error para poder
fustigarse con mayor ahínco la próxima vez y hacer su vida aún más
amargada.
Puede convertir su error en un peso que tenga que arrastrar durante años
e incluso puede atribuir sus futuros infortunios a «aquella vez que se
equivocó». Los especialistas en los errores tienen todo el día en los labios
construcciones como «si no hubiera» o «podría haber». Consideran que toda
su vida se fue al garete a causa de ese error y se culpan a diario de haberlo
cometido; aunque jamás intentan aprender nada de él, no fuera a ser que
eliminen la posibilidad de volver a repetir ese mismo error en el futuro.
Esta forma de vivir el error tiene en House una doble utilidad, pues toda
regla que se aplique a usted también se aplica a todas las personas que le
rodean. Ellas también se equivocan, y también son culpables de sus errores.
En vez de comprender que los seres humanos pueden equivocarse,
reprócheles una vez tras otra su fallo, extendiéndose ampliamente en las
consecuencias negativas que puede tener su error (sobre todo aquellas que le
afectan a usted mismo y a terceras personas). Oblíguele a sentirse culpable y
rotundamente fracasado pero no le explique en ningún momento cuál ha
sido su error. Eso hará que pase las noches en vela intentando averiguar en
qué se equivocó.

Stacy: Si Chase cometió un error tan grave, ¿por qué no lo


despediste?
Dr. House: Me gusta su pelito.

House maltrata constantemente a Chase por sus múltiples errores (uno


de ellos acaba con la vida de un paciente) y se los recuerda a diario. Pero
nunca lo despide. Para él, equivocarse tiene un precio, todos deben asumir la
culpa y lamentarse por ello hasta el infinito. Recordar a Chase que se
equivocó es la manera que tiene de humillarlo.
Los usuarios más avanzados del método House no sólo son capaces de
decirle a alguien que se ha equivocado sin ni siquiera explicarle por qué,
sino que pueden cargar a otra persona con un error propio, haciendo mella
en la autoestima de ésta y consiguiendo que se sienta culpable sin conocer
los motivos de su equivocación.

Recuerde...
La sabiduría no consiste en aprender de los errores, sino en
lamentarse por ellos.
II. A corazón abierto
Esperando la llamada de Stacy

Seguro que alguna vez ha oído la milagrosa frase de «el tiempo todo lo
cura». Quizás se lo dijo un amigo el día que lo dejó su primera novia, puede
que un hermano tras esa horrible discusión con mamá. Puede que esta
famosa frase funcione bien dentro del universo de la sabiduría popular, pero
en la peculiar filosofía de House el tiempo nunca cura nada, más bien es una
fuente de resentimiento y culpabilidad constante.
En próximos capítulos hablaremos del futuro, pero ahora nos
centraremos en el pasado. Para House el pasado siempre fue mejor que el
presente, se ha convencido de que todo lo que hubo antes siempre fue mejor.
No sólo en lo que a sus valores se refiere, sino sobre todo respecto a su
bienestar personal y su estabilidad emocional.
No importa que la pubertad y la adolescencia (y no hablemos de la
niñez) sea una época de inseguridad, dolor existencial, angustia de futuro y
todo tipo de traumas y falsos mitos que tardará toda una vida en arrancarse a
base de terapia; el auténtico experto en la idealización del pasado conseguirá
convertirlo en una época dorada a la que ya no puede volver, una
oportunidad perdida por la que puede afligirse y llorar.
Sublime el pasado convirtiéndolo en un mundo rosa ideal y sufra porque
éste no sea el presente. Añore el pasado y desee volver a la infancia,
convierta el mundo anterior en un paraíso nostálgico de felicidad y
laméntese de no poder dar marcha atrás. Sueñe con el pasado idealizado
para encontrar el presente lo más miserable posible.
Por supuesto, la infancia es sólo un ejemplo. ¿Quién no ha conocido
alguna vez a una de esas personas que son incapaces de olvidar una relación
de pareja que ya ha terminado? Se aferran tanto al pasado con su pareja que
lo idealizan, eliminando como por arte de magia todo lo que no les gustaba
de esa persona. Ponen todo su énfasis en los aspectos positivos de la
relación, convenciéndose de que era ideal y no encontrarán nada mejor. No
dan crédito a los consejos de sus amigos que le confiesan que esa relación
ya hacía tiempo que no funcionaba y que, de hecho, estarán mejor solos.
Pasan las noches en vela esperando la llamada de esa persona y, por
supuesto, si algún día empiezan una relación con una persona nueva
escogen una idéntica a la anterior.
Como buen maestro de la infelicidad, House nunca ha podido olvidar su
relación con Stacy, y aunque se meta con ella a menudo (y con su actual
marido aún más a menudo) es obvio que él daría las dos piernas por volver
con ella. Por supuesto, nunca lo va a admitir. «¿Creías que no soportaría la
noticia?», le contesta a Wilson cuando éste le explica que ella ha vuelto a la
ciudad. House nunca podría reconocer que necesita a nadie (eso lo pondría
en una situación débil, como veremos en próximos capítulos) aunque viva
pendiente —y atormentado— por recuperar esa antigua relación.

Recuerde...
Convierta el pasado en una época idílica que nunca se podrá
comparar con el presente.
Siempre es demasiado tarde...

Contemplar el pasado como una oportunidad perdida no sólo le llenará de


angustia sino que le dará la oportunidad de culparse de ello. Porque, ¿quién
sino usted tiene la culpa de todo lo que ocurrió? Por supuesto, como ya todo
forma parte del pasado, ya no puede hacer nada para resolverlo, pues «ya es
demasiado tarde». Así que es usted libre de hundirse en la pena de haber
fallado y ahogar sus errores del pasado con alcohol.

Dr. House: Vives con la ilusión de arreglar todo cuanto no es


perfecto.
Dra. Cameron: Y tú vives con la ilusión de que nunca podrás
arreglarlo.

Tal como señala la Dra. Cameron, uno de los puntos fundamentales de


la filosofía para la vida de House es la creencia inquebrantable de que uno
no puede arreglar sus errores, así que ni siquiera vale la pena intentarlo.
Quizás crea que no ha cometido fallos muy grandes en su vida; pero de
hecho, no tiene más que mirar atrás para encontrar alguna oportunidad
perdida, cosas que debería haber dicho, personas que dejó marchar. Puede
que si no hubiera pensado en ello a propósito no los habría vuelto a
recordar, pero ésa es precisamente la clave de esta técnica: la búsqueda
intencionada de errores del pasado.

EJERCICIO:

Cada mañana mírese en un espejo y pase una hora recordando todos los
errores que ha hecho en su vida. Ésta es una gran manera de llenar de color
el día que empieza.
Ahora que ha encontrado esa oportunidad perdida que ya no puede
recuperar estará de acuerdo conmigo en que su vida hubiera sido distinta si
no la hubiera dejado escapar, ¿verdad? No hay ningún motivo razonable
para pensar que ahora sería más feliz; pero eso no importa, juegue con su
imaginación y descubra por sí mismo todo lo que ha perdido: una pareja que
le entiende y le apasiona, un trabajo en el que se hubiera sentido realizado y
bien pagado y una casa el doble de grande, con aparcamiento y mascota.
¿Se siente como si hubiera perdido el premio del gran concurso sólo por
fallar la última pregunta? Pues tenga bien presente que el que se equivocó
fue usted. Y por si saberse el culpable no fuera suficiente, convénzase de
que su error no tiene marcha atrás, de modo que lo que hizo en el pasado va
a determinar, lo quiera o no, el resto de su vida. Lo que hizo es demasiado
grave como para arreglarlo, de modo que puede ahora convertirse en víctima
del pasado y mortificarse con ello día sí y día también. Responsabilice al
pasado de su situación actual y no haga nada para cambiarla pues nada se
puede hacer ya.
Si por alguna casualidad del destino resultara que tiene la oportunidad
de resolver su supuesto error en el presente, convénzase de que ahora ya no
vale, que es «demasiado tarde», pues admitir lo contrario supondría
abandonar su posición de víctima y bajar de la torre de marfil de la
indignación. No se permita que se le curen las heridas, pues entonces ya no
podrá seguir responsabilizando al pasado de todo lo que le ocurre y tendría
que empezar a tomar las riendas de su vida.

Recuerde...
Responsabilice al pasado de todo lo que le ocurra, incluso de
lo que le salga bien.
...Excepto para el orgullo

A pesar de que el reencuentro con Stacy llega a afectar de veras a House,


éste nunca le muestra a ella una voluntad auténtica de recuperarla. La trata
de un modo agresivo, fruto de su resentimiento, y pretende acercarse a ella
mediante comentarios de corte sexual.
Sin embargo, el espectador puede entrever en la expresión de su mirada
una ternura que no es consecuencia de las feromonas, sino de algo mucho
más profundo, aunque House jamás le confiesa este sentimiento a Stacy,
pues pondría su orgullo en peligro.
El orgullo es, precisamente, uno de los grandes protectores de la
filosofía de House, y es por ello que se merece una mención especial. Su
orgullo es lo que hace que suponga en vez de preguntar e imagine en vez de
descubrir. En vez de confesarle sus sentimientos a Stacy y comprobar si le
corresponde es mucho más inteligente intentar suponer qué es lo que ella
siente a través de las pistas que se pueden descifrar de su comportamiento.
Eso le proporciona horas y horas de dolores de cabeza dándole vueltas
incansablemente a las palabras de ella. ¡Y usted también puede hacerlo! Esté
atento a todo lo que diga o haga la persona que le llama la atención: lea
entre líneas todas sus decisiones, analice cada palabra letra por letra,
interprete sus gestos, elucubre teorías y deduzca arriesgadas conclusiones; si
puede ser, junto a una persona de confianza a la que pueda atormentar con
su obsesión platónica. Hágase el encontradizo con ella para conseguir
nuevas pistas para alimentar sus ansias detectivescas y vuelva a empezar
otra vez. Pero sobre todo, no trate de preguntarle directamente lo que piensa
o la emoción de la búsqueda se habrá acabado para chocar con la realidad
(que él/ella ni siquiera se ha fijado en usted).
«Si quieres llegar al fondo del asunto lo estás haciendo muy bien: no
hablas con los indicados y distraes a la gente de su trabajo para especular.»
Wilson a House.

EJERCICIO:

Busque el número de teléfono de un antiguo amor al que siempre quiso


volver a ver y mándele un mensaje al móvil invitándolo a tomar algo un día
de éstos. Cuando resulte que esa persona no le contesta el mensaje, empiece
a darle vueltas a los motivos que puede tener la ausencia de respuesta. Le
recomendamos pensamientos como éstos:

— Lo hace para hacerse de rogar, seguro que en cinco minutos me


llama.
— Ya han pasado cinco minutos, a lo mejor es que no ha leído el
mensaje aún.
— Media hora más tarde y no contesta, puede que esté en una reunión
de trabajo.
— Podría tener el móvil apagado, si no, ¿cómo no me ha contestado en
una hora?
— Quizás le han robado el móvil, o se ha quedado sin batería fuera de la
ciudad.
— Si se cambió el número, ¿por qué no me llamó para avisarme?
— Intenta darme esquinazo, pues no sabe lo que se pierde.
— Pues ahora ya no quiero quedar contigo. Total, ¡no me gustas!

Vuelva a enviar otro mensaje con renovada esperanza y repita la cadena


anterior.

Recuerde...
En vez de averiguar la verdad, haga suposiciones e
imagínese lo peor.
El escudo del guerrero

Dado que ahora sabemos que House sufrió mucho en el pasado y que es
víctima de él, el objetivo prioritario es no volver a sufrir en el presente.
Como hemos aprendido en el capítulo anterior, las historias siempre se
repiten (y empeoran). Así que nada mejor que una buena coraza para
mantener a los demás a raya, no fuera a ser que encontrara la felicidad o,
peor aún, creara lazos profundos con otra persona (entonces se convertiría
en una persona vulnerable y su bienestar estaría en manos ajenas a usted).
«Lo que ocurrió en tu última relación no es razón para que te alejes de
los demás para siempre. Cinco años de autocompasión son suficientes.»
Cuddy a House.
Quien más y quien menos alguna vez ha revestido su entorno con una
coraza después de un desastre amoroso, pero sólo los auténticos genios
consiguen llevarla tanto tiempo como para que ésta quede pegada a su piel y
olviden quién eran antes de esconderse. House es uno de ellos. Sabe que
sólo tras la frialdad y el cinismo de su coraza va a estar siempre seguro del
exterior, no fuera casualidad que las emociones encontraran un resquicio en
su corazón y volvieran a hacerle daño, pues no lo podría superar. Así se lo
cuenta Wilson a Cameron cuando se entera de que ambos tendrán una cita.

Dr. Wilson: Eh, Cameron, respecto a vuestra cita con


House...
Dra. Cameron: Primero Foreman, luego Chase, ahora tú...
¡Qué pesados estáis! ¡Ni que fuera a salir con Jack el
Destripador!
Dr. Wilson: No, lo que quería decirte es que... House no se
entrega a nadie desde hace años. Si lo hace y le hacen daño, no
lo va a superar.
Dra. Cameron: ¿Cómo? ¿Me estás diciendo que tienes
miedo... de que le rompa el corazón?

Construirse una coraza dura y resistente no es fácil, pero si lo consigue


se asegurará una desconexión emocional total, es decir, una sensación de
soledad y una actitud victimista que lo acompañará allá donde vaya. Gracias
a su coraza podrá enfrentarse con decisión a cualquier duda y moverse entre
las relaciones humanas con fluidez sin temor a que le causen ninguna
herida. Pues si se equivoca, no se equivocará usted; si se indigna, no se va a
indignar usted; si le hacen sentir triste, no lo sentirá usted; si alguien se
enfada con usted, no le afectará; si le traicionan, no es por usted y si fracasa,
fracasará su coraza.
Todos los golpes se los llevará su magnífica armadura que, además,
puede construir del color y con la forma que quiera, de modo que puede
ajustarla a los gustos de su entorno y cumplir —al fin— con la imagen que
la sociedad espera de usted. Al fin podrá satisfacer las exigencias de su
entorno, compañeros y familiares. Por supuesto, esta bella coraza también le
impedirá vivir otras tantas experiencias, como aprender de sus propios
errores, hacer nuevos amigos, apreciar la tranquilidad de un fin de semana
en contacto con la naturaleza, conocer culturas diferentes o encontrar al
amor de su vida. Pero vale la pena si a cambio le garantiza que no va a sufrir
nunca más, ¿verdad?
Tiene usted que desempeñar una relación con la coraza lo más cercana
posible, llevar su relación al extremo, hasta llegar al punto en que la necesite
tanto como respirar y que no se vea capaz de relacionarse con el mundo sin
ella. Esto sin duda le causará gratificantes momentos de amargura si algún
día quiere sacársela de encima, ya que gracias a ella a partir de ahora vivirá
la vida a través del miedo (de que alguien penetre su coraza, y en
consecuencia de parecer vulnerable ante los demás, siempre ansiosos de
hacerle daño cuando usted ceda dos milímetros de su maltratado corazón).
EJERCICIO:

Siéntese en la bañera con el agua hasta arriba y empiece a recordar todas las
veces que se ha sentido herido. Todas las veces que alguien le decepcionó,
lo abandonó o le dijo algo que le hizo daño. Piense en todas las personas
que se han portado mal con usted en el pasado. En general no ha sido
necesariamente porque hayan querido hacerle daño, sino porque son tan
humanas como todas las demás. Es posible que se equivocaran en la forma
como le dejaron plantado o en cómo pusieron fin a su relación o en
cualquier otra cosa, no porque quisieran hacerlo de esa forma, sino porque
no conocían ninguna otra. Pero no importa, recuerde todas y cada una de sus
palabras y deje que se albergue en usted el resentimiento, el pesar y la rabia.
Deje que todas estas cosas le depriman y hunda la cabeza bajo el agua. El
pasado se deslizará lentamente dentro de usted como un ácido emocional
enfermizo que recorrerá su cuerpo dejándolo resentido y bloqueado.

En vez de superar lo que ha pasado y seguir adelante, quédese estancado


en el conflicto. Ahora prométase que jamás va a consentir que lo vuelvan a
tratar así, llénese de odio y construya a su alrededor una coraza que le
proteja de próximas situaciones dolorosas. Dentro de ella no volverá a tener
miedo, así que procure no abandonarla nunca.

Éstas son algunas de las recetas del Dr. House para mantener la coraza
reluciente:

1. Tenga miedo constantemente, de cualquier cosa (como hemos visto


en los capítulos 3 y 4, es fácil encontrar motivos para desconfiar y temer a
los demás). Sobre todo de que le hagan daño y a perder el amor de su pareja
o el aprecio de personas cercanas.
2. Escóndase tras su inteligencia y muéstrese como un individuo
eminentemente lógico y racional, nada inclinado a hablar, mostrar o incluso
tomarse en serio las emociones. Imponga el carácter científico por encima
de los versos románticos del poeta.
3. No se implique emocionalmente con nadie (House no lo hace ni con
los pacientes ni con sus compañeros de trabajo). En el caso de tener que
interesarse por alguien parezca siempre distante. Cultive un carácter frío
hasta ser del todo insensible. Cuando ve a Cameron llorando es capaz de
decirle: «No puedes ser tan buena sin estar loca».
4. Evite preguntas personales con un chiste. Muéstrese siempre evasivo
y cerrado si alguien intenta que muestre sus sentimientos. Cameron le
pregunta a House si ha estado casado y éste responde: «No jodas una velada
estupenda con preguntas personales».
5. Recuerde todos los días los motivos por los que decidió esconderse
tras la coraza. Vuelva a traer del pasado cada frase que le hizo daño y
repítasela una docena de veces hasta que quede convencido que se está
mejor dentro de la coraza que fuera.

Recuerde...
Para que no le hagan daño, lo mejor es encerrarse en un
calabozo y tragarse la llave.
El complejo de Rubik

Otra forma de mantener una coraza sólida y aislarse eficientemente del


exterior es lo que Wilson denomina «el complejo de Rubik». El compañero
de House utiliza este paralelismo con el rompecabezas para explicar qué
tipo de médico es House:
«La mayoría de los médicos tienen el complejo del Mesías, o lo que es
lo mismo, creen que están destinados a salvar el mundo. Tú tienes el
complejo de Rubik, o sea, que crees estar destinado a resolver cualquier
rompecabezas». Dr. Wilson a Dr. House.
Wilson utiliza la palabra «rompecabezas» para ilustrar la manera en que
House ve a sus pacientes (no como personas, sino como puzles, verdaderos
retos mentales). Esta visión científica y deshumanizada de las personas es
una forma brillante para crear una barrera entre usted y los demás, haciendo
que sus conflictos «le importen un carajo», como dice literalmente el mismo
House. Si practica una visión racional de la humanidad, también conseguirá
usted que las emociones (y en especial el amor) repugnen a su mente fría y
precisa, lo que le garantizará una protección total contra los sentimientos.
La obsesión por sus pacientes como casos que debe resolver es lo único
que puede sacar a House de su inopia y, en contadas ocasiones, hacerle
superar su aversión a cualquier tipo de relación social. Al mismo tiempo, su
trabajo (esos pequeños retos mentales) consiguen encerrar a House en sí
mismo. Detesta la rutina aburrida de pasar consulta porque anhela la
exaltación mental (como antídoto ante lo humano). Dadle problemas, la
radiografía más obtusa o el diagnóstico más complejo y estará en su salsa.
Acostumbra a defender su postura asocial argumentando que es la mejor
actitud posible para hacer bien. «Si yo me dedicara a arroparle por las
noches y ustedes a recetarle medicinas figúrense qué lío», le dice a los
padres de un paciente. «¿Qué preferiría, un médico que le coja la mano
mientras se muere o uno que le ignora mientras mejora?», le suelta a otro. Y
a un tercero, que está muy triste lo anima a su estilo: «Está bien, le doy 10
pavos si deja de llorar».
Esta genial actitud puede (en un plazo de tiempo largo) convertir a
cualquiera en una persona insensible a la que le cuesta preocuparse por los
demás sin parecer distante.

Dr. House: ¿Qué tal lo está llevando Cameron?


Dr. Foreman: Pues bien.
Dr. House: Me alegro. Adiós.
Dr. House: ¿Has perdido a alguien? ¿A un bebé?
Dra. Cameron: Eres un cabrón.

También el Vicodin le ayuda a aislar las emociones. Como cualquier


otra droga, el Vicodin no sólo calma el dolor, también clarifica y seduce a la
mente de House para poder aguantar la rutina de la consulta. El dolor al que
hace referencia cuando alguien le pregunta para qué son las pastillas, no es
sólo dolor físico, sino sobre todo mental.

Recuerde...
Enciérrese en su mente para convertirse en una persona fría
y distante.
El perrito lastimado, guau, guau

Quizás crea que convertirse en una persona fría y distante, que rehúye las
emociones y se comporta de un modo despreciativo alejará a todo el mundo
de su alrededor. Pero se equivoca, ponerse una coraza no sólo sirve para
protegerse, sino que envía un segundo mensaje al mundo: «He sufrido
mucho, necesito a alguien que me rescate, que me saque del pozo y me
salve de esta perdición que es mi propia vida».
Si analiza este mensaje de forma fría, verá que quien lo transmite es una
persona que tiene problemas, así que probablemente piense que no necesita
a nadie con problemas y salga corriendo a toda velocidad. Pero esto no es
tan fácil. Ya hemos dicho al empezar esta guía que necesitamos problemas
para ser felices. Es por esa razón que muchas personas —y en especial las
mujeres— se enamoran de hombres conflictivos. House lo sabe, y disfruta
de su condición de perrito lastimado para atraer a los demás.
[Una niña le pregunta a House en el hospital.]

Niña: ¿Por qué estás triste?


House: No estoy triste, soy complicado. A las mujeres les
gusta. Cuando seas mayor lo entenderás.

House se presenta a sí mismo como un puzle complejo que hay que


descifrar, un alma herida que hay que curar, un rebelde sin causa que se
mete en problemas por seguir con sus convicciones y un corazón que podría
volver a amar si se lo cuidara con devoción. ¿Quién dejaría escapar una
pareja que le puede proporcionar tanta diversión? He aquí las claves para ser
indescifrable:
1. Nada ni nadie despierta en mí ni la más mínima emoción.

Pero eso no significa que no pueda encontrar a alguien que lo consiga.


Convénzase de que la vida lo ha endurecido hasta tal extremo que lo ha
convertido en una persona arisca, desagradable y fría. Utilice la teoría del
complejo de Rubik explicada en el capítulo anterior para aparecer como una
persona insensible y distante a la que le cuesta mostrar su interés por los
demás y ya no digamos abrir su corazón al otro. Descubrirá que hay muchas
personas que estarán encantadas en tener en sus manos el imposible reto de
hacer despertar en usted alguna emoción. Empezarán enfadándose con su
manera de tratarlas, y posiblemente lo censurarán, se quejarán y le
reprocharán su comportamiento, pero al mismo tiempo querrán quedarse a
su lado para cambiarlo.

2. Estoy tan herido que me he hundido en una espiral de autodestrucción.

Caiga al abismo para que lo rescaten. Las mujeres, desde tiempos


inmemoriales y por motivos históricos han adaptado —y mantienen todavía
— el papel de cuidadoras de la humanidad. Es por ello que muchas de ellas
buscan un hombre al que poder sanar y acoger en sus brazos. Muéstrese
como un corazón que ha recibido demasiadas balas y será cuestión de
minutos que encuentre una mujer dispuesta a sacárselas todas, de una en
una. Sin embargo, es fundamental que no contribuya usted a su curación.
Intente destruirse cada día más y desprecie sus esfuerzos para hacerle bien y
así la arrastrará con usted al abismo. De este modo, la convertirá en
partícipe y dependiente de su dolor.

3. Tengo un miedo al compromiso tan grande que sólo seremos amigos.

Eso sí, su relación no será la de unos amigos. Podrá tener sexo con ella
siempre que quiera, lo cuidará de día y de noche a pesar de que ignore lo
que siente, estará siempre disponible para usted cuando la llame pero a usted
no lo va a encontrar nunca cuando lo necesite y le exigirá que cambie su
forma de ser y se adapte a su vida, aunque usted no vaya a hacer lo mismo y
para nada piense en un futuro junto a él/ella... pero en vez de darse cuenta
de que ésta es una relación desigual, el miedo al compromiso despierta en la
otra persona (y, otra vez, más a menudo en las mujeres) la ambición de ser
la persona que consiga que usted se comprometa y pueda vencer su miedo.
Como ya hemos dicho, los grandes retos obsesionan, así que en vez de
implicarse en la relación, convierta su compromiso con la otra persona en un
trofeo casi imposible de ganar.

4. Mi amor, soy rebelde porque el mundo me hizo así.

El cine está repleto de personajes que fascinan al público femenino por su


imparable espíritu rebelde al que une un look atormentado por sus
convicciones (esos ideales por los que lucha contra el poder) y una facilidad
pasmosa por transgredir las normas, ya sea en pro de una gran causa o por
diversión, para experimentar el vibrante placer de la libertad. Es fácil
imaginar a House con una chaqueta de cuero y pulsando el acelerador de
una Harley Davidson. Esta rebeldía fascina por su voluntad de ir a
contracorriente de todo, pero es adictiva sobre todo por los riesgos que
supone (un auténtico estimulante para las personas que creen que su vida es
gris y monótona). Estas personas no paran de meterse en líos pero siempre
tienen a alguien para sacarlos de cualquier situación, pues consiguen que el
otro se ponga al servicio de ellos y su causa (es decir, ellos mismos).
Mientras, por lo general, escogemos las amistades entre aquellas que
más nos gratifican, respetan y que más compensaciones emocionales y
afectivas nos reportan, la mayoría tendemos a relacionarnos como pareja
con personas que no sólo no nos gratifican, sino que nos llenan de
amargura: ésa es la clave del éxito de House entre las mujeres.
Por supuesto, este tipo de relación no tiene ningún futuro y
generalmente se acaba al finalizar la cura, porque las personas que aman de
este modo no están enamoradas en realidad de su objeto de deseo, sino de su
manera de entender el amor (del hecho de poder cuidar a alguien). Así de
claro se lo deja House a Cameron:
«No tienes ningún interés en salir conmigo. Lo tenías antes, cuando no
podía andar, cuando era como una mascota enferma a la que podías mimar y
cuidar para que se pusiera bien. Ahora que estoy sano, ya no me quieres
para nada.»
Otra opción es que ella acabe desistiendo en la cura de él y finalmente se
dé cuenta de que nada de lo que haga podrá cambiar. Eso es lo que le sucede
a Stacy, que abandonó la relación harta de que en su vida todo girara
alrededor de House.
«Eras brillante, gracioso, sorprendente y sexy. Pero contigo estaba sola.»

Recuerde...
Si se deja caer al abismo alguien acudirá a su rescate.
Una atracción fatal

Ser amado es algo extraño, enigmático. Investigar en los motivos del amor
puede ser algo bastante pesaroso. Si uno le pregunta a la persona que le ama
los motivos de su amor probablemente no sabrá qué decirle, y en el caso de
que responda, tiene muchas posibilidades de que sea por algo que a usted le
pasó desapercibido, como la forma en que le brillan los ojos, o por alguna
cualidad que usted ni siquiera habría considerado jamás como tal, como esa
simpática cicatriz que adorna su frente desde la infancia.
Ponerse a pensar en los motivos por los que uno es amado e intentar
sacar razones inteligibles es un reto que un individuo como House no puede
dejar escapar. En vez de aceptar agradecido el amor de otra persona,
pregúntese en secreto (porque es seguro que su pareja tiene sus motivos
pero no se los va a revelar) qué es lo que ha visto en usted.
«Te doblo la edad, no soy guapo ni encantador. Pero soy lo que
necesitas porque estoy lastimado y tú vives con la ilusión de que puedes
arreglar todo cuanto no es perfecto. Por eso te casaste con un hombre que
tenía cáncer, y por esa misma razón ahora quieres estar conmigo.» House
buscando las razones de Cameron en su primera cita.
Decía Groucho Marx que nunca sería socio de un club que le admitiera
como socio. Una ley similar es la que rige las relaciones amorosas de
House, pues se quiere tan poco a sí mismo y se tiene en tan baja
consideración que cualquier persona que se interese por él pierde su crédito
automáticamente. «Si me quiere es que ha perdido el juicio», parece pensar.
Por ello descalifica a todo aquel que muestra interés por él y, en cambio,
pierde la cabeza por Stacy, que se muestra despreciativa con él en todo
momento.
En vez de fijarse en aquella persona que siempre está pendiente de usted
(la que siempre lo acompaña), obsesiónese por una persona distante y
despreciativa. Su conquista debe convertirse en todo un reto para usted, pues
el amor no puede ser una tarea fácil. ¿Por qué debería serlo pudiendo
acarrearle toneladas de sufrimiento que llenen su vida gris y rutinaria?
Intente quedarse prendado de una persona que ya esté comprometida, a
poder ser de una clase social distinta a la suya y que viva en otro país.
Los especialistas del amor dificultoso son capaces de enamorarse
perdidamente de una persona a la que sólo vieron una vez, atribuirlo a las
flechas de Cupido o al destino cruel y montar guardia en el lugar donde se la
encontraron con la esperanza de cruzarse de nuevo con tan bella criatura. El
amante, convencido de su pasión, asaltará a su adorada de todos los modos
posibles: a través de cartas, envíos de flores y llamadas al móvil.
Por supuesto, su obsesión romántica se terminará en el mismo instante
en que su objeto de deseo se entregue a él, pues ya no encajará con su idea
prototípica del amor. Ante la incomprensión de la adorada, el enamorado
perderá rápidamente su apasionado interés por fijarse en aquella persona que
no le hace ni caso, mientras su amiga de toda la vida, aquella que ha estado
enamorada de forma sincera de usted desde el primer día, espera que algún
día se decida a abandonar el romanticismo de libro y quiera ser feliz.

Recuerde...
Aprecie a quienes lo desprecian y desprecie a los que lo
aprecian.
Corazón roto
En el caso de que alguien consiga traspasar su coraza, el doctor House se
revelará como un romántico idealista que, con confianza, es capaz de darlo
todo por amor. Si no se entregara con tanta intensidad, no le daría tanto
miedo empezar una relación.
House cree en el amor verdadero y pasional, el sublime, el auténtico, el
original. El que han alimentado durante décadas películas y novelas; el amor
que es puro fuego y pasión, el que puede con convenciones sociales y todos
los impedimentos que se le pongan por delante, pues es un amor que bebe
del destino antes que de la voluntad.
Este tipo de amor, eterno y permanente, exige del que ama una entrega
incondicional, sin reservas, autodestructiva. Sólo sintiendo el amor como
una gran fuerza que une a dos personas en una simbiosis mágica y duradera,
puede uno convertirse después en víctima de la ruptura y caer en el
mismísimo infierno cuando la pasión inicial termine.
Por supuesto, puede tomarse el amor como la elección de compartir la
vida con una persona, puede considerar que es usted una persona completa
(no una media naranja) e incluso que el amor no tiene por qué ser para
siempre. Pero, ¿para qué? ¿Para vivir una relación sin conflictos ni
dramáticas discusiones? ¡Menudo aburrimiento! Si quiere que su vida en
pareja sea un auténtico tormento, siga los consejos de House:

1 . Entréguese totalmente a la otra persona hasta que se olvide de sí


mismo. Para usted sólo debe existir su amor. Así cuando se acabe, usted no
será nada.
2. Una su existencia a la existencia de la otra persona. Convénzase de
que la vida sin ella no vale la pena. Si lo hace bien, no le importará morir
por amor.
3. Justifique cualquier comportamiento de la otra persona en nombre del
amor. Da igual si no lo valora o le hace sentir mal, el amor todo lo supera,
¿verdad?
4. Adáptese a esa persona a todos los niveles. Cambie su forma de ser,
sus gustos y su personalidad. Dedique todo su tiempo y recursos al bienestar
del otro.
5. Idealice a su amor todo lo que pueda, hasta el punto de no poder ver
defecto alguno en la otra persona, por muy evidente que éste sea.
6 . Sepa que no puede luchar contra el amor, porque es un arrebato
imparable que está por encima de su voluntad. Quede claro que no podrá
dejar de amar.
7 . Tenga por seguro que jamás nadie amó así, aunque haya habido
millones de parejas a lo largo de la Historia, sólo usted ha sentido el
verdadero amor.
8. Desespérese ante la mínima idea del abandono y, en caso de que éste
ocurra, considere seriamente dejarse morir, pues su vida ya no tiene sentido.

Recuerde...
En el amor, entréguese del todo para poder perderse del
todo.
III. Jugando a ser Dios
Grandes hombres, grandes retos

Se sorprendería de la cantidad de personas que limita sus sueños. Son


sueños, ¡por el amor de Dios! No tendrían que ser realistas, no deberían
tener límites. Soñar es lo que separa a los hombres de los animales (tener
una ambición, una idea de vida). Como se cuenta en la novela El
Alquimista, de Paulo Coelho, cada uno debe mirar en su interior y encontrar
su «leyenda personal», es decir, aquello para lo que ha venido a este mundo.
House no llega tan lejos, pero eso no significa que no tenga sueños.
Desea y ansía ser el mejor doctor del hospital, pero en vez de «leyenda
personal», prefiere considerarlo una ambición. Se define a sí mismo como
«competitivo por naturaleza», y de hecho, muestra una tenacidad admirable
para descifrar los diagnósticos especialmente complicados.
Sin duda la meta que se ha propuesto es ambiciosa. Si en el terreno
amoroso busca retos imposibles, en su camino personal y profesional quiere
tumbar una montaña. Cierto es que no hay que poner límites a los sueños,
pero en la filosofía House éstos son utopías.
Cuanto más grande es un sueño más improbable es que se haga realidad.
Que llegue a alcanzarlo puede convertirse en según qué casos en un
auténtico milagro. Nada va a atormentar más su vida que un sueño
imposible de cumplir, pues de la consecución de los sueños depende que
uno tenga la sensación de haber llegado a «ser alguien». Es por ello que a
House le irrita tanto que cuestionen su trabajo tras veinte años de profesión:

Cuddy: ¿Por qué le estás dando corticoides?


House: Es mi paciente, suelo tratar a mis pacientes con
medicinas.
En vez de proponerse un sueño razonable que dependa únicamente de
usted, intente encontrar un objetivo que se escape de su control y que, al ser
incapaz de lograrlo durante años, le impida sentirse realizado y aumente su
frustración personal. Variables como éstas acostumbran a funcionar muy
bien, pruebe con ellas:

«Voy a ser el mejor en...» sea lo que sea, siempre habrá


alguien mejor que usted.
«Voy a cambiar el mundo...» puede aportar su opinión, pero
no cambiarlo a su gusto.
«Voy a ser diferente a los demás...» todos somos diferentes
sin proponérnoslo.

Y sobre todo, no haga un plan. Porque un plan es un mapa, una guía, un


foco, una ruta, un indicador, un camino o una estrategia para alcanzar sus
sueños, y es mejor que éstos se queden en la fase del deseo. Así, dentro de
unos años se podrá lamentar de no haber logrado tal o cual cosa y de no
haberse esforzado lo suficiente por lo que quería.
Sin plan no podrá luchar por su reto personal, pues necesita una
dirección, una serie de pasos lógicos y asequibles a corto plazo. Con un reto
imposible de asumir y ningún tipo de estructura que seguir para conseguirlo,
pronto descubrirá que ha perdido el control de su vida, pues su día a día
dejará de tener un sentido claro. De este modo conseguirá sentirse
completamente bloqueado y podrá sumergirse en un tedio inacabable.

Recuerde...
Impóngase metas imposibles y así nunca podrá alcanzarlas.
Tácticas de escaqueo

Una de las cosas que más enganchan de la personalidad de House es su


habilidad para no cumplir las órdenes de su jefa y además lograr ser el
favorito estando siempre al límite de las reglas del hospital. En vez de
intentar complacer a sus superiores, trata de escaquearse constantemente de
la consulta. Aunque nos guste nuestro trabajo, siempre hay pequeñas tareas
que no nos gusta hacer pero que las hacemos con desgana.
A House le chifla resolver enfermedades, pero no soporta tratar a los
pacientes en la consulta, como deja claro en la siguiente declaración de
principios:

«Hola, enfermillos y familiares, soy el doctor Gregory


House, o sea, Greg. Soy uno de los doctores que pasan consulta
esta mañana, y este capullito de alhelí es la doctora Cuddy, la
directora del hospital. Por eso, pobrecita, está demasiado
ocupada para atenderles. Soy especialista en nefrología y en
enfermedades infecciosas, además soy el único médico que está
aquí contra su voluntad. Si se ponen pesados verán que echo
mano de esto. Es Vicodin, es mía y no les doy. La mayoría de
sus enfermedades las resolvería hasta un mono con un frasco de
analgésicos. Espero no confundirme con ustedes, a veces vengo
con un pedo...»

Tras oír esto, ninguno de los pacientes quiere pasar consulta con House
y éste consigue lo que quería: librarse de los irritantes enfermos con
enfermedades de manual. Otras de sus tácticas son más sutiles. Tome nota y
aplíquelas en su oficina:
— Desaparece en la sala de descanso. Se encierra allí y se pone a ver la
televisión (adora ver la serie de médicos Los días de nuestra vida). Una vez
incluso se llevó con él a su paciente y estuvieron matando el tiempo juntos
hasta que House acabó su turno.
— Ignora a su paciente. Simplemente se pone a jugar a su consola
portátil Nintendo DS y no ceja en su empeño hasta que consigue pasarse la
pantalla. Sus pacientes están tan sorprendidos por su comportamiento que
por lo general no dicen nada.
— Encuentra un caso mejor. Busca desesperadamente una enfermedad
interesante para tratar y así poder dejar la consulta para centrarse en un
nuevo diagnóstico. Busca nuevos pacientes donde sea y si hace falta incluso
consulta el archivo del hospital.
— Acaba de trabajar antes de tiempo. Si se escapa del trabajo justo antes
de empezar su turno en la consulta se puede librar de ella. En vez de dar
explicaciones, se va gritando: «Las cinco, el Dr. House se va». Da igual que
sean menos cuarto, «era por redondear».
— Procura estar ilocalizable. Desconectar el móvil es la regla número 1.
Si alguien se lo reprocha, responda algo irreverente que desvíe
completamente el tema. «Cuando quieras llamar mi atención ponte un
piercing en el ombligo», le dice a Cameron.

Recuerde...
No se moleste en dar explicaciones, simplemente dé por
hecho que puede hacerlo todo.
Nunca se es demasiado sincero

House es un fervoroso practicante de la honestidad brutal. Eso significa que


mientras la mayoría de nosotros no nos atrevemos a decir lo que pensamos
en según qué situación o según delante de quién y usamos una máscara
social en función de la situación en la que nos encontremos, él siempre se
comporta como le da la real gana.
¿Cuántas veces no habrá querido decirle lo que pensaba a su jefe y se ha
tenido que morder la lengua por temor a su reacción? House, en cambio, no
tiene ningún reparo en soltarle a Cuddy lo primero que se le ocurre, incluso
poniendo en duda su valía como directora del hospital. «Me gusta su
vestido», la elogia para darle los buenos días, dice: «Soy profesional sin
dejar de ser mujer». Lo segundo lo dice a gritos.
Se salta los consejos de ella cuando quiere y como le parece. Y si a ella
se le ocurre pedirle explicaciones por su desobediencia, él se sale por la
tangente. Cuando le pide que se ponga una bata como los demás médicos él
contesta que no quiere parecer un médico, y cuando le advierte de que toma
demasiadas pastillas y los pacientes empiezan a hablar, él le responde: «¿De
qué? ¿De lo gordo que se te ha puesto el culo?». Tampoco sirve de nada
ponerle contra las cuerdas y amenazarlo con despedirle, pues si algo tiene
House es que tiene respuestas para todo.

Cuddy: ¿Y si te despido por no hacer tu trabajo?


House: Estoy de nueve a cinco.
Cuddy: No has hecho ningún informe este año.
House: Mal año.
Cuddy: No atiendes a las consultas.
House: Pero doy buenas excusas.
Wilson tiene su propia teoría acerca de la irreverencia de House.
«Mientras no intentes ser bueno, puedes decir lo que quieras», le explica a
modo de consejo. Esto significa que en nuestro intento de querer ser buenos
(¿quién no quiere ser bueno, noble y generoso, si es eso lo que nos inculcan
que debemos ser?) reprimimos una parte de nuestro ser.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que House basa su libertad ante
sus superiores en el hecho de que se sabe imprescindible. Sabe que es el
mejor médico del hospital y por ello tiene claro que no lo van a despedir.
Gracias a su prestigio puede permitirse más de una licencia extra que la
mayoría de los trabajadores no podría tomarse.
Pero no es sólo su prestigio lo que le libra de las represalias de sus
superiores: si House cautiva es sobre todo por su seguridad. Su actitud es
tan importante o más que el hecho de saberse imprescindible. Apúntese su
receta: diga lo que piensa sin ningún miedo. Sólo por la osadía de dar sus
opiniones sin sutilezas se ganará el respeto de los que le rodean. Adoptar las
opiniones de la mayoría y seguir la corriente de sus jefes no va a sorprender
a nadie y resulta empobrecedor para su autoestima. Muestre sus ideas sin
miedo a equivocarse o que se rían de usted. Arriésguese para triunfar.

Recuerde...
Gánese el respeto de los demás teniendo la osadía de ser
usted mismo.
Para el pueblo, pero sin el pueblo

¿Desde cuándo es importante la verdad? ¿Qué es la verdad? La verdad es


sólo una teoría trascendentalista inventada por los filósofos y, en realidad,
muy poco útil. Además, ¿quién quiere la verdad mientras sepa lo que es
mejor? House sabe lo que es mejor, el resto no importa.
Como doctor, House está siempre al borde de la fina línea que separa lo
legal de lo ilegal. En más de una ocasión Cuddy debe acudir al abogado del
hospital para decidir si debe hacer o no caso a House. Sin embargo, él ni tan
siquiera escucha sus argumentos. No le importan. Lo único que ocupa su
mente es que debe resolver el puzle con éxito, y si para ello debe arriesgar la
vida de un paciente, mentir a sus familiares, engañar a otros médicos o pasar
por encima de la ley, lo hará sin ningún remordimiento.
De la resolución de la enfermedad depende su éxito, y eso es algo que
House pone por encima de todo. Seguirá su criterio (o su instinto) pase lo
que pase, aunque eso incluya decidir por los demás y poner en peligro sus
vidas, como en aquella ocasión en la que dilató el cáncer de 12 kilos de un
paciente para que el cirujano aceptara operarlo.

Dr. Foreman: No tienes ninguna evidencia que apoye tu


diagnóstico.
Dr. House: Por eso voy a parecer tan inteligente cuando
resulte que tengo razón.

Es habitual que falsifique análisis de ADN, intercambie tests entre


pacientes, obtenga muestras (de orina o de lo que sea) sin informar al
paciente o les mienta en nombre de su salud. Para tener un caso interesante
en el que ocuparse puede llegar a mentir a los pacientes o a sus padres,
manipulando sus emociones y jugando con sus vidas. La mayoría de
ocasiones ni siquiera explica a sus pacientes qué es lo que les ocurre ni qué
medicamentos están tomando. Pero, ¿para qué necesitan saberlo si House lo
sabe todo?
En realidad, todo lo que quiere es resolver el rompecabezas, y para ello
puede tomar las decisiones más arriesgadas que jamás ha tomado un médico
en la televisión.

Dr. House: Ponle inmunoglobina ya. Si mejora gano yo; si


muere, tú.

House cree saber lo que necesitan los demás, cree que sabe lo que debe
ocurrir, y pone su convencimiento por encima de la voluntad de todos los
que hay a su alrededor. Y no lo hace sólo en cuestiones médicas (donde es
un experto) sino que también se mete en la vida personal de sus compañeros
de trabajo. Obligó a Chase a encontrarse con su padre, a pesar de que éste
no quería, y lo hizo sólo como una forma de entretenerse.
«¿Cómo interaccionan dos substancias químicas? Si se lo preguntas te
mentirán con sus boquitas químicas, así que los juntas en una probeta y los
calientas, a ver qué es lo que ocurre.» House hablando de la relación entre
Chase y su padre.

Recuerde...
Típico pero cierto: el fin justifica los medios.
Si tú bajas, yo subo

En el hospital, House es el gallo del corral. Cuando él habla todos callan, los
médicos lo miran con admiración e incluso algunos apoyan ciegamente sus
arriesgadas decisiones, como si él nunca se pudiera equivocar. El mismo
House explica que su «capacidad de errar es teórica», dejando a entender
que eso nunca sucederá en la práctica.
¿Cómo puede estar tan seguro de sí mismo? La tranquilidad que muestra
y la suficiencia con la que trata a los demás cautiva a cualquier incauto. Y el
motivo es bien sencillo: tiene la autoestima por las nubes; pero no sólo eso,
consigue que los demás la tengan por los suelos. Una cosa va relacionada
con la otra. Se crece aplastando a los demás, como una balanza. Para que él
esté arriba, los demás deben estar abajo.
Trata a sus compañeros de trabajo como si fueran instrumentos,
utilidades que él usa en sus investigaciones: a Foreman lo utiliza para el
trabajo de calle, pues llevará a cabo sin reparos cualquier cosa que se salga
de la legalidad; a Chase le encomienda el aburrido trabajo de laboratorio,
pues realiza con eficiencia todo tipo de pruebas químicas, y a Cameron la
tiene como un objeto de oficina, para alegrarse la vista, aunque no duda en
aprovecharse de su sensibilidad para mandarla a dar malas noticias a los
pacientes.
Los cuatro se reúnen cada mañana ante una pizarra blanca para
encontrar los orígenes de cada enfermedad, pero la única opinión que
escucha House (la única válida) es la de él mismo. «Vamos a hacer lo de
siempre», le dice a Chase, «tú me dices lo que piensas, yo te digo que no
tienes ni idea y entonces hacemos lo que yo pienso».
House sabe que es la clave de su equipo («no soy el único en mi equipo,
pero en mi equipo soy único», responde a Cuddy cuando ésta lo acusa de ser
un egocéntrico) y da por sentado que Foreman, Cameron y Chase no saben
hacer nada sin él. «Llamadme si hay algo importante o sin importancia»,
dice cuando hace una pausa para comer.
Pasa una semana con House y acabarás sintiendo, no sólo que eres peor
doctor que él, sino que eres uno de los peores doctores de toda la ciudad y,
de hecho, quizás te hayas equivocado de profesión. Intentar entender su
desprecio no lleva a ninguna parte más que a una angustia opresiva. «Si no
lo haces, mal; y si lo haces, mal», se queja Chase.
Por si eso fuera poco, House se dedica a indagar en la vida privada de
sus subordinados y a echársela en cara cuando le viene en gana. Satiriza la
personalidad de Cameron, se dedica a convertir a Foreman en un estereotipo
del negro delincuente y le toma el pelo a Chase a costa de los problemas que
éste tiene con su padre. Incluso llega a jugar a ser Dios y a influir en la vida
de los demás para ver qué sucede y distraerse.
Del mismo modo que se protege de los otros escondiendo cualquier
detalle de su vida y mostrándose como una persona fría, distante y segura de
sí misma, House sabe que conocer las debilidades de los demás le hace a él
poderoso, pues tiene el control en todo momento: puede herir a los demás,
pero los demás no pueden herirlo a él.

Recuerde...
El mejor método para subirse la autoestima es bajársela a los
demás.
A preguntas absurdas...

Uno siempre se encuentra en momentos en que, sí, ¿por qué no admitirlo?,


no sabe qué contestar. Sea por la absurdidad de las mismas preguntas, sea
porque, simplemente, son demasiado incisivas. La cuestión, en cualquiera
de los casos, es no alterarse. Ésta es la clave para cualquier experto en
filosofía House que se precie. He aquí una pequeña lista de reglas prácticas
fáciles de aplicar...

PRIMERO: Nunca des explicaciones. De hecho, para qué las necesitan


si ni tan siquiera las iban a entender.

Dr. Foreman: Creo que tu argumento es confuso.


Dr. House: Yo creo que tu corbata es fea.

SEGUNDO: La profundidad aburre, siempre es mejor hablar de sexo. Y


más si se goza de un estilo personalmente humillante.

Dra. Cuddy: ¿Has vuelto al hospital para ver a un paciente?


Dr. House: No, a una puta. Me da más morbo aquí que en
casa.

TERCERO: ¿Ante acusaciones y críticas? El conformismo, hacerse la


víctima o un sable envenenado en la espalda del interlocutor. Pasen, vean y
escojan en cada ocasión.

Dra. Cameron: Los hombres deberían crecer.


Dr. House: Sí, y los perros deberían dejar de lamerse.

CUARTO: Siempre ser el más ingenioso. Si uno es inteligente, debe


demostrarlo, si no, ¿para qué le ha dado este don la naturaleza?
Estudiante de medicina: ¡Está leyendo un cómic!

Dr. House: Y tú, enseñando las tetas con ese top tan
ajustado.
[La estudiante se queda sorprendida.]
Dr. House: Oh, lo siento. Creía que era un concurso de
obviedades. Soy muy competitivo.

QUINTO: Humilla. Siempre habrá alguien preparado para hacértelo a ti,


y lo sabes. Quien da el primero, da dos veces.

Dra. Cuddy: Necesito que te pongas tu bata de laboratorio.


Dr. House: Y yo necesito dos días de sexo salvaje con
alguien obscenamente más joven que tú. Como la mitad de tu
edad.

SEXTO: Las personas son tontas y, a veces, no lo saben. Mejor


decírselo nosotros antes que cualquier otro, ¿no?

Dr. House: Su hígado se está cerrando.


Padre del paciente: ¿Qué? ¿Qué significa eso?
Dr. House: Que ya está mejor, se puede ir a casa.
Padre del paciente: ¿Qué?
Dr. House: ¿Qué cree que significa? No puede vivir sin un
hígado, se está muriendo.
Padre del paciente: ¿Cuál es su problema?
Dr. House: Una pierna jodida, ¿y el suyo?

La retórica es un arte que no debe malgastarse. Y House lo tiene claro.

Recuerde...
A la hora de hablar, ponga la palabra más cruel en el lugar
donde más duela.
Compararse o morir

Hoy vivimos en un mundo donde la vida social nos lleva a un continuo


ejercicio de comparación con los demás. Comparamos nuestra apariencia,
nuestro éxito, nuestro sueldo, nuestras relaciones personales, nuestra
posición, nuestra salud, nuestros hijos, nuestro coche... —la lista es
interminable— con los demás. La publicidad y los medios de comunicación
refuerzan este hecho presentándonos unos modelos imposibles de imitar.
Cuando se trata de mirar lo que han conseguido otros, este mundo se
divide entre los que miran a los demás con envidia, y los que los miran para
motivarse. Por supuesto, hacer lo último sería lo más sencillo, y por eso
House escoge el camino de la envidia.
«Ni siquiera es un médico de verdad, es un telemaratón con patas», dice
House cuando Chase habla con admiración de un médico que lucha contra
la tuberculosis en África.
Tener envidia de los demás no es sencillo, pues cuando uno se compara
con los demás, debe esforzarse en salir perdiendo. Para ello, House utiliza
una mirada negativa algo forzada pero que consigue sus objetivos: se fija en
todo aquello en que los demás son mejores que él e ignora todo lo demás.
Su lectura siempre es: «Mira éste que tiene tal o cual», «mira el otro que ha
conseguido eso o aquello». Este tipo de pensamientos van a darle unos
momentos de amargura incomparables, además de bajar su autoestima.
Por ejemplo, a su mejor amigo le envidia a rabiar su éxito con las
mujeres y siempre que le ve hablar con una enfermera le insinúa que está
siendo infiel a su mujer. Y no importa lo que Wilson diga, él está
convencido de que tiene líos con todo el personal femenino; pero ignora a
propósito los problemas que su amigo tiene con su mujer.
[Wilson aparece con una caja de bombones.]
Dr. House: ¿Bombones? ¿Por qué son?
Dr. Foreman: Son para mi mujer.
Dr. House: No te he preguntado para quién son, sino a quién
te estás tirando.

Probablemente tendría usted suficiente con aceptarse a sí mismo tal


como es, pero ¿por qué hacerlo tan fácil si puede compararse con un ideal?
¿Por qué amarse a uno mismo cuando puede dedicar su vida a llegar a la
perfección? Debe esforzarse en mejorar para alcanzar un ideal de persona
(no hace falta que sea el suyo, puede ser el ideal de su pareja, o el de sus
padres o el que imponga la sociedad, el caso es que debe ajustarse a él todo
lo que pueda). No acepte sus imperfecciones, ni sus fracasos, ni sus
debilidades. Castíguese por todo lo que no le gusta de usted mismo.

EJERCICIO:

Haga una lista de todas las cualidades que usted no posee y que le gustaría
tener para sentirse perfecto. Busque a las personas de su entorno que tengan
esas cualidades. Cada vez que se encuentre con ellas, macháquese pensando
en la poca suerte que ha tenido en la vida repitiendo varias veces la tonadilla
«¿por qué él sí y yo no?».

Recuerde...
Codicie las cualidades de sus vecinos pasando por alto sus
problemas.
Nunca es suficiente

Convertir el trabajo en una obsesión no sólo ayuda a que House rehúya las
emociones al quedarse en un plano puramente racional, sino que también
absorbe todo su tiempo e impide que se reserve un pequeño espacio para él
cada día. Todo lo llena con los análisis médicos, de modo que nunca tiene
un pequeño momento para no hacer nada.
Pero, ¿quién necesita tiempo para regenerarse, renovarse y cargarse de
vigor? ¿Quién necesita tiempo para descansar y reparar? Sin duda, el
descanso es un signo de debilidad. No se puede perder el tiempo tirado en el
sofá holgazaneando, hay que continuar con la actividad febril del trabajo.
Resolver un problema tras otro, ganar dinero y progresar en la empresa.
Imponerse un gran reto profesional y llenar nuestra vida con ello es una de
las formas más sencillas de mantenernos ocupados.
Debe conseguir un trabajo que le ocupe el máximo de horas al día, que
lo mantenga despierto de madrugada y que le exija cada vez más, con unos
jefes que le pidan más de lo que puede llegar a hacer un ser humano, y
amontonando una lista de tareas que no se termine jamás (pues cada vez que
finaliza una se añaden otras tres).

EJERCICIO:

Siéntese en el sofá y prepárese para descansar. Y cuando decimos descansar


no se trata de leer el periódico o mirar la televisión, sino de no hacer
absolutamente nada. Debe dedicarse un tiempo para usted y su propio
mundo, escuchar el silencio, sentir el vacío, no mover ni un músculo. Al
cabo de un rato oirá una vocecita en su interior, primero desde muy lejos y
luego cada vez más fuerte. Tiene un tono agudo y chillón, y no para de
recordarle que tiene cosas que hacer. «No llegarás a tiempo de terminar el
trabajo si te estás ahí sentado sin hacer nada», «Venga, no te pares, sigue
con los informes», «¿Cómo puedes ser tan vago? ¡Vuelve a trabajar!» y
«¿Qué diría tu jefe si te viera así?».
Intente hacer caso omiso a la vocecita, cuanto más tiempo esté
ignorándola, más va a insistir en sus órdenes y rezos. Cuando finalmente
decida hacerle caso, siéntase mal por haber descansado y deje que el peso de
la culpabilidad (y los remordimientos) caigan encima de usted. Piense en
todas las tareas que le faltan por hacer y en la posibilidad de equivocarse y
fracasar en todas y cada una de ellas.
Si fracasa, la sociedad lo verá como un fracasado. Como todo el mundo
sabe, es importante cumplir con las exigencias de la sociedad. Así que
trabaje y esfuércese al máximo para ser lo que los demás esperen de usted.
Nunca esté contento con sus progresos. En vez de darse cuenta de lo mucho
que ha mejorado, centre su atención en aquella cosas que aún le faltan, esos
pequeños defectos que sólo ve usted. Obsesiónese con ellos para ser feliz.

Recuerde...
No piense en lo que ya consiguió, obsesiónese por lo que
aún no ha hecho.
IV. Elemental, querido House
Todo maestrillo tiene su librillo

House también tiene sus propios guías, y el número uno de todos ellos es
Sherlock Holmes, el detective literario creado por el escritor Arthur Conan
Doyle en 1887. El personaje de House casi se puede interpretar como un
homenaje a las aventuras de Holmes, y como ha explicado el propio creador
de la serie, David Shore, para él, Holmes fue una inspiración inevitable que
se puede ver en cada frase de nuestro doctor favorito: «Cada vez que alguien
dice “rompecabezas” y “deducción brillante” en una misma frase es
imposible no pensar en el gran detective de ficción Sherlock Holmes y su
inseparable ayudante, el Dr. Watson». Es sencillo buscar los paralelismos
entre House y Holmes. Ambos son asociales, pueden ser muy
desagradables, ponen la mente por delante del corazón, tienen una gran
capacidad de deducción, pecan de pretenciosos, son seguros de sí mismos y
de sus cualidades y viven por y para sus investigaciones (clínicas uno,
detectivescas el otro) usando los mismos métodos.
Por otra parte, es fácil establecer un símil entre el amigo de House,
Wilson; y el compañero de Holmes, Watson. La doctora Cuddy, que
representa las reglas y las normas establecidas, bien podría ser el inspector
Lestrade, que intenta que Holmes no tome acciones que bordean la
ilegalidad en sus investigaciones. El gran enemigo de Holmes, el malvado
Moriarty, fue en la serie el multimillonario Boyd, que intenta echar a House
del hospital.
Así pues, los expertos en filosofía House deberían tener también las
novelas de Sherlock Holmes como libro de cabecera. Vean aquí unos
motivos para ello:
HOLMES HOUSE

Su nombre (Holmes) suena muy parecido a Su nombre (House) significa


«home» (que significa casa, hogar). Arthur hogar o casa, y puede usarse
Conan Doyle basó el personaje de Holmes como sinónimo de «home».
en un médico, el Dr. Joseph Bell. Gregory House es médico.
Lucha a muerte con
Luchaba a muerte con criminales.
enfermedades.
Era adicto a la cocaína. Es adicto al Vicodin.
Es extremadamente
Tenía una personalidad arrogante.
arrogante.
Le gustaba leer las páginas de sucesos y Le gusta ver culebrones y
las esquelas de los periódicos. jugar a videojuegos.
Su amigo más cercano (Watson) tenía Tiene problemas de salud con
problemas con una herida en su pierna. su pierna.
Perezoso hasta que lo fuerzan
Lánguido y perezoso cuando no está
a fijarse en algún caso que lo
investigando un caso que le motive.
cautiva.
Distante con todo el mundo
Distante con todo el mundo excepto con su
excepto con su mejor amigo y
mejor amigo y compañero Watson.
compañero Wilson.
Le gustaba mucho la música y tocaba el Le gusta mucho la música y
violín. toca el piano.
Vive en el 221B (se ve en el
Vivía en el número 221B de Baker Street. capítulo 7 de la segunda
temporada).
Podía deducir un crímen con sólo mirar a Puede deducir un diagnóstico
una persona. con sólo mirar a un paciente.
House llama por el apellido a
Sherlock Holmes llamaba por el apellido
todos sus compañeros de
hasta a su mejor amigo.
trabajo, también a Wilson.
La primera paciente de House
La única mujer que le cautivó se llamaba
(en el piloto) también se
Rebecca Adler.
apedillaba Adler.
Se salta las normas de Cuddy
Se saltaba las normas de Lestrade y ponía
y pone en riesgo además por
en riesgo la vida de los demás por su caso.
su diagnóstico.
Ver lo que nadie puede ver

Tanto House como Holmes son expertos observadores. Con sólo observar a
una persona, Holmes puede saber qué crímen cometió, y observando a un
paciente, House es capaz de identificar una enfermedad y darle un
diagnóstico. Ambos son maestros de la observación, del arte de ver lo que
nadie es capaz de ver. Cuando usted mira rápidamente a una persona sólo ve
a esa persona; sólo si la examina con detalle se dará cuenta de que nadie es
lo que parece y pondrá atención en detalles reveladores que antes ni siquiera
percibió.
La comunicación del lenguaje del cuerpo y de la forma de vestirse lleva
millones de años en funcionamiento pero hay que saber interpretarla para
poder leer sus mensajes. A menudo, estos detalles son inconscientes e
involuntarios, por lo que localizarlos le pone en una posición aventajada
sobre su interlocutor. House y Holmes dominan esta técnica, de la que en
este capítulo describiremos los elementos fundamentales para empezar a
observar:
Sonrisa: Las sonrisas producen arrugas junto a los ojos. La gente que no
es sincera sólo sonríe con la boca, así que ya sabe como cazar sonrisas
falsas. Si sonríe con los labios tensos, esa persona tiene un secreto; y si
tuerce la sonrisa, tiene sentimientos encontrados.
Ojos: Si su interlocutor tiene las pupilas dilatadas indica aceptación e
interés en usted. Si mira hacia arriba recuerda una imagen, hacia abajo, un
sentimiento; a los lados, se lo está inventando todo en usted. También puede
protegerse con un objeto, como un bolso. Si los brazos están abiertos, tiene
una actitud receptiva e interesada en usted.
Manos: La posición de las manos revela el poder que la otra persona
desea ejercer sobre usted. Las palmas abiertas indican una perspectiva
honesta que señala que su interlocutor le pide que confíe en él. Si las palmas
están giradas hacia abajo se interpreta como señal de autoridad. Si levanta
un dedo o señala con él, le quiere dar una orden.
Apretón de manos: Cuando alguien le da la mano, fíjese en si lo hace
desde arriba o desde abajo. En el primer caso, esa persona se quiere poner
por delante de usted. Si además, esa persona avanza un pie antes de dar el
apretón, usa las dos manos para saludarlo o le coge del brazo al mismo
tiempo que se dan el apretón, significa que lo quiere controlar.
Cabeza: Si en vez de mantenerla recta, la tiene ladeada, su interlocutor
indica sumisión, pero si mira hacia abajo muestra su consentimiento, aunque
puede ser con desaprobación.
Brazos: Si los mantiene cerrados, se protege contra usted. Puede ocultar
algo o puede no confiar en usted. También puede protegerse con un objeto,
como un bolso. Si los brazos están abiertos, tiene una actitud receptiva; pero
si se los pone delante de los genitales significa que se siente inseguro de sí
mismo, independientemente de usted.
Pies: Si junta las piernas, indica respeto. Si las separa, demuestra su
seguridad (y en los hombres, su masculinidad). El cruce de piernas de pie
indica inseguridad. Allá donde miran los pies es la dirección donde en
realidad quiere irse corriendo su interlocutor.

Recuerde...
Sabrá si alguien miente si... se tapa la boca, se frota la nariz,
se rasca el ojo, se toca la oreja, se rasca el cuello, se tira del
cuello de la camisa o se pone los dedos en la boca.
Las frases de House
Las respuestas ácidas, crueles y sorprendentes son el fuerte de House. Si
Holmes mostraba su inteligencia en cada una de sus observaciones, House
muestra su filosofía a través de sus comentarios sarcásticos sobre la vida y
la naturaleza humana.
Dr. House: ¿Viste eso? Creen que soy un paciente sólo por el
bastón.
Dr. Wilson: Entonces, ¿por qué no te pones una bata blanca como
los demás?
Dr. House: Entonces pensarían que soy un doctor.

***
[Un paciente observa cómo House se saca sus píldoras del bolsillo.]
Paciente: ¿Para qué son?
Dr. House: Para el dolor.
Paciente: Oh, claro, para usted, por la pierna.
Dr. House: No, porque están deliciosas.

***
[House atiende a un paciente con la piel de color naranja.]
Dr. House: Su mujer le pone los cuernos.
Paciente: ¿¿Qué??
Dr. House: ¡Está usted naranja, imbécil! Y que usted no se dé
cuenta, pase, pero si su mujer tampoco ve que ha cambiado de color
es mala señal...
***
Dra. Cuddy: No prescribimos medicamentos basándonos en tus
intuiciones. No, al menos desde los tiempos de Tuskeegee y Mengele.
Dr. House: ¿Me estás comparando con un nazi? (sonríe con
admiración). Mm...

***
[House discute sobre inhaladores con la madre de un chico.]
La madre del chico: Me preocupa que tome una medicina tan
fuerte.
Dr. House: Probablemente su doctora estaba preocupada también
por la potencia de la medicina. Seguro que puso en una balanza el
peligro del inhalador contra el peligro de no respirar. El oxígeno es
muy importante durante la preadolescencia, ¿no cree?

***
Dra. Cameron: Contrataste a Foreman porque es negro y tiene
antecedentes.
Dr. House: No, no fue por su raza. No vi a un tipo negro. Sólo vi a
un doctor... con ficha policial. Contraté a Chase porque su papá hizo
una llamada. Y te contraté a ti porque estás como un queso.
Dra. Cameron: ¡¿Me has contratado para echarme un polvo?!
Dr. House: ¡Mujer... no te lo tomes tan a la tremenda! Eso no es lo
que he dicho. Te contraté porque eres bonita. Es como tener una obra
de arte en el despacho.

***
Dr. House: Las mujeres hermosas no estudian medicina. A
menos... que tengan tantos problemas como belleza. ¿Has sufrido
maltratos familiares?
Dra. Cameron: ¡No!
Dr. House: ¿Abusos sexuales?
Dra. Cameron: ¡No!
Dr. House: Pero tienes problemas, ¿a que sí?

***
Dra. Cuddy: La reputación no va a durarte si no haces tu trabajo.
La clínica es parte de tu trabajo. ¡Quiero que hagas tu trabajo!
Dr. House: Pero como dice el filósofo Jagger: «No siempre se
consigue lo que se quiere».

***
Paciente: No le he puesto las vacunas al niño porque creo que es
una forma de las grandes compañías farmacéuticas para engañarnos y
sacarnos dinero.
Dr. House: ¿Sabe cuál es otro buen negocio? Los minúsculos y
pequeñitos ataúdes para bebé. Los hay en verde rana o rojo manzana.
Puede elegir.

***
Dra. Cuddy: ¿Has vuelto al hospital para ver a una paciente?
Dr. House: No, a una puta. Me da mucho más morbo aquí que en
casa.

***
Dr. House: Oh, mierda. [Al ver a los padres de un paciente
dirigiéndose hacia él.] Otra razón por la que no me gusta conocer a
los pacientes. Si no saben cómo eres no pueden venir a gritarte.

***
Dr. House: Hola, enfermillos y familiares, soy el doctor Gregory
House, o sea, Greg. Soy uno de los doctores que pasan consulta esta
mañana, y este capullito de alhelí es la doctora Cuddy, la directora del
hospital, por eso, pobrecita, está demasiado ocupada para atenderles.
Soy especialista en nefrología y en enfermedades infecciosas, además
soy el único médico que esta aquí contra su voluntad. Si se ponen
pesados verán que echo mano de esto. Es Vicodin, es mía y no les
doy. La mayoría de sus enfermedades las resolvería hasta un mono
con un frasco de analgésicos. Espero no confundirme con ustedes, a
veces vengo con un pedo...

***
Dra. Cameron: Los hombres deberían crecer.
Dr. House: Sí, y los perros deberían parar de lamerse.

***
Dr. House: ¿Qué preferiría, un médico que le coja la mano
mientras se muere o uno que le ignore mientras mejora? Aunque yo
creo que lo peor sería uno que te ignore mientras te mueres...

***
Dr. Foreman: Creo que tu argumento es confuso.
Dr. House: Yo creo que tu corbata es fea.

***
Dr. House: Tiene usted un parásito.
Paciente: ¿Como la solitaria o algo así? ¿Puede sacármelo?
Dr. House: Sólo hasta de aquí a un mes. Luegó será ilegal sacarlo,
excepto en un par de estados...
Paciente: ¿Ilegal?
Dr. House: No se preocupe. Tiene uno de esos parásitos que salen
a los nueve meses. Normalmente las mujeres se encariñan con ellos,
les compran ropitas, les llevan de paseo y les limpian el culo.

***
Dra. Cameron: No podía encontrarte por ninguna parte.
Dr. House: Cuando quieras llamar mi atención ponte un piercing
en el ombligo.

***
Dra. Cuddy: Trabajar con la gente te hace mejor doctor.
Dr. House: ¿Cuándo me he apuntado a ese cursillo?

***
[Una paciente curada da su agradecimiento a House.]
Paciente: Muchísimas gracias doctor, le tendré que traer un regalo
o algo.
Dr. House: A veces el mejor regalo es no volver a ver a alguien
nunca más.

***
Dra. Cameron: Tú siempre tienes razón y los demás somos
idiotas.
Dr. House: No, mujer. Es que no creo que yo sea idiota y todos los
demás tengan razón.

***
Dra. Cuddy: Te esperaba en mi despacho hace veinte minutos.
Dr. House: ¿En serio? Pues no tenía intención de ir a tu despacho
hace veinte minutos.

***
Monja: La hermana Agustina cree en cosas que no son reales.
Dr. House: ¿Eso no es un requisito indispensable en su oficio?

***
Paciente: ¿Es éste un buen hospital?
Dr. House: Depende de a qué se refiera con «buen». Me gustan
esas sillas.

***
Dra. Cuddy: ¡Buenos días, Dr. House!
Dr. House: ¡Buenos días, Dra. Cuddy! Sabe, me gusta el traje que
lleva hoy. Dice, «soy profesional sin dejar de ser mujer». Lo segundo
lo dice a gritos.

***
Dr. House: No es posible que una mujer esté inusualmente
irritable.
Dra. Cameron: Sabía que eras misántropo, pero no misógino.
***
Dr. Foreman: Lo hemos mirado todo.
Dr. Wilson: ¿Le echaste un vistazo a sus pechos?
Dra. Cameron: [Mira a House.]
Dr. House: [Girando los ojos.] Pff... ¡Hombres!

***
Dr. Foreman: ¿Por qué me pinchas?
Dr. House: Es lo que hago... ¿ha empeorado últimamente?
Dr. Foreman: Sí, creo que sí.
Dr. House: ¿De veras? Eso descarta el racismo. Eres igual de
negro que la semana pasada.

***
Dra. Cuddy: ¿Y si te despido por no hacer tu trabajo?
Dr. House: Estoy de nueve a cinco.
Dra. Cuddy: No has hecho ningún informe este año.
Dr. House: Mal año.
Dra. Cuddy: No atiendes a las consultas.
Dr. House: Pero doy buenas excusas.

***
Dr. House: Ciertamente amas decirlo.

***
Dr. House: Mientras intentes ser bueno puedes hacer lo que
quieras.
Dr. Wilson: Y mientras tú no lo intentes, puedes decir lo que
quieras.
Dr. House: ¡Entre los dos podemos gobernar el mundo!

***
[Los padres de un paciente se acercan a House mientras está en el café.]
Padres: ¿Cómo puede estar ahí sentado?
Dr. House: Es más cómodo que comer de pie.

***
Dr. House: Oh-oh. ¿Qué sucede?
Dra. Cameron: Estoy programando la centrifugadora.
Dr. House: Gírate. [Ella se gira y es obvio que ha estado
llorando.] Qué cosa más triste, una centrifugadora sin programar. Me
hace llorar a mí también.

***
Estudiante de medicina: ¡Está leyendo un cómic!
Dr. House: Y tú enseñando las tetas con ese top tan escotado.
[La estudiante se queda sorprendida.]
Dr. House: Oh, lo siento. Creía que era un concurso de
obviedades. Soy muy competitivo.

***
Dr. Wilson: No necesitas saberlo todo de todo el mundo.
Dr. House: Tampoco necesito mirar The O.C., pero me hace feliz.
***
Dr. House: [A Cameron.] Perseverancia no es igual a resultados.
La próxima vez que quieras atraer mi atención, ponte algo divertido.

***
Estudiante: ¿No se supone que debería escuchar nuestra historia
de los pacientes?
Dr. House: No. Se supone que tengo que enseñaros. Si puedo
hacerlo sin escucharos, mejor para mí.

***
Dra. Cuddy: ¿Robar el test de otro paciente? ¡No puedo creer que
lo hicieras!
Dr. House: ¿De veras? Suena exactamente como algo que yo
haría.

***
[Viendo cómo House toma sus pastillas.]
Dra. Cuddy: Sabes, hay otras maneras de controlar el dolor...
Dr. House: ¿Me traerás a un tipo que me arregle el tercer chakra?

***
Dr. House: Su hígado se está cerrando.
Padre de paciente: ¿Qué? ¿Qué significa eso?
Dr. House: Que ya está mejor, se puede ir a casa.
Padre de paciente: ¿Qué?
Dr. House: ¿Qué cree que significa? No puede vivir sin un hígado,
se está muriendo.
Padre de paciente: ¿Cuál es su problema?
Dr. House: Una pierna jodida, ¿y el suyo?

***
Paciente: No me puedo sacar las lentillas.
Dr. House: ¿Sacar de dónde? No las tiene en los ojos.
Paciente: Pero los tengo rojos.
Dr. House: Eso es porque está intentando arrancarse las córneas.

***
Paciente: Estoy limpio tío, no tomo esteroides, ni nada.
Dr. House: Tus labios dicen no, tus ciruelitas dicen sí.

***
Dr. House: [A Cameron.] Una vez me dijiste que creo que
siempre tengo la razón y he entendido que es verdad, que tienes
razón.

***
Dr. House: ¿Cómo? ¿Dices que sólo tengo un amigo?
Dr. Wilson: Claro, sino quién...
Dr. House: ...Kevin, de archivos.
Dr. Wilson: Vale, para empezar, su nombre es Carl.
Dr. House: Yo lo llamo Kevin, es su nombre clave de nuestro club
de amigos secreto.

***
Dra. Cuddy: Le pusiste Lupron.
Dr. House: Uh-huh.
Dra. Cuddy: Y le dijiste que era algo parecido a la leche.
Dr. House: Sí.
Dra. Cuddy: ¿Hay alguna manera de decirlo en la que esto no sea
una mentira?
Dr. House: Tengo tres razones.
Dra. Cuddy: ¿Buenas?
Dr. House: Lo veremos en un minuto, aún me las estoy
inventando.

***
Dr. Chase: ¿Cómo te sentirías si me metiera en tu vida privada?
Dr. House: No lo soportaría. Por eso no tengo vida privada.

***
Dra. Cuddy: Necesito que te pongas tu bata de laboratorio.
Dr. House: Y yo necesito dos días de sexo salvaje con alguien
obscenamente más joven que tú. Como la mitad de tu edad.

***
Dr. Wilson: Los ultrasonidos y la biopsia confirmaron nuestros
peores temores. El tumor es extremadamente grande, al menos doce
quilos.
Paciente: Oh, Dios mío.
Dr. House: ¡Alégrese! ¡Es el récord de la clínica!
***
Paciente: No estoy embarazada.
Dr. House: Lo siento, no puede decir eso sin tener un
estetoscopio. Normas del hospital.

***
Dr. House: Vaya. La verdad es que me has dado mucho en lo que
pensar. Si yo sólo fuera tan abierto como tú...
Dra. Cuddy: Bueno...
Dr. House: Estaba hablando de tu blusa.

***
Dr. House: Dejad al maestro que os enseñe cómo se hace. ¿Mr.
Park? Es el doctor House llamando del Princeton-Plainsboro Hospital
en Nueva Jersey. Su hijo Harvey está muerto. Necesitamos que
identifiquen el cuerpo. Sí, lo siento, es la ley. [Cameron se queda
congelada, Chase mira hacia el cielo, Foreman abre la boca.] Esto
de dar malas noticias es un auténtico arte.
Dra. Cameron: No puedes mentirles sobre su hijo sólo para que se
presenten.
Dr. House: Avisadme cuando Cuddy empiece a gritar.

***
Dr. Wilson: Sé tú mismo: frío, despreocupado, distante.
Dr. House: Por favor, no me pongas en un pedestal.

***
[Cuddy va tras House para anunciarle algo.]
Dr. House: [Gritando en medio del hospital.] ¡No quiero
acostarme contigo nunca más! La primera vez fue lamentable, porque
seas mi jefa no utilizarás mi cuerpo.

***
Dra. Cameron: [Refiriéndose a Stacy.] La mujer con la que solías
vivir.
Dr. House: Eso es su nombre en indio. En inglés es Stacy.

***
Dr. House: No me gusta decir nada malo sobre otros doctores,
especialmente cuando se trata de un borracho tan torpe.

***
Dr. Foreman: Su nivel de saturación de oxígeno es normal.
Dr. House: Está un punto por debajo.
Dr. Foreman: Está dentro de los parámetros. Es normal.
Dr. House: Si su ADN estuviera un punto por debajo sería un
delfín.

***
Dra. Cuddy: ¿Estás siendo denso a propósito?
Dr. House: ¿Huh?

***
[Sobre Cuddy.]
Stacy: Lo está pasando mal, se siente responsable.
Dr. House: La palabra técnica es narcisismo. No puedes creer que
todo es culpa tuya a menos que creas que eres todopoderoso.

***
[A un periodista.]
Dr. House: ¡En mi opinión, el Dr. Sebastian es un completo
idiota! Sí, puede citarme si quiere... C-U-D-D-Y.

***
[House acaba de hablar por teléfono con su madre.]
Dra. Cameron: ¿Quién era?
Dr. House: Era Angelina Jolie, le gusta que le llame mami, le
pone cachonda.

***
Dr. Foreman: No tienes ninguna evidencia que apoye tu
diagnóstico.
Dr. House: Y eso es por lo que voy a parecer tan inteligente
cuando resulte que tengo razón.

***
Dr. House: Está curado. Levántese y camine.
Paciente: ¿Está loco?
Dr. House: En la Biblia sólo dicen, «Sí, Señor», y se levantan.
[El paciente protesta pero finalmente se levanta, sorprendido.]
Paciente: ¿Cómo lo hizo?
Dr. House: ¿Cómo lo hizo, Señor?
***
Dr. House: Sólo porque él dice que le pegué no significa que sea
verdad. Mira. [Grita al cielo.] ¡Estoy rodeado de animadoras
desnudas! [Nada ocurre.] ¿Lo ves?

***
[Dr. House está con Stacy cuando llega su marido.]
Mark: ¿Qué ocurre?
Dr. House: No es lo que piensas. Parece que estemos lavando los
platos, pero estamos follando.

***
Dr. Foreman: ¿Has leído su historial?
Dr. House: Empecé, pero los personajes me parecieron demasiado
planos.

***
Stacy: Si Chase cometió un error tan grave, ¿por qué no lo
despediste?
Dr. House: Me gusta su pelito.

***
Dr. House: No debería tener sexo durante un tiempo.
Paciente: ¿Durante cuanto tiempo?
Dr. House: Por el bien de la especie... se lo prohibiría para
siempre.

***
Dr. Wilson: ¿Sabías que tenías el móvil desconectado? No te he
podido localizar durante horas. ¿Es que nunca recargas la batería?
Dr. House: ¿Las baterías se recargan? Y yo comprando un móvil
nuevo cada día.

***
Dr. House: Fume dos cigarrillos al día, es una de las mejores
formas de controlar la inflamación intestinal y fardas un 30% más.
Paciente: ¿Está de cachondeo?
Dr. House: En lo de fardar sí, en lo demás no.
Paciente: ¿Fumar no es adictivo y peligroso?
Dr. House: Todo lo que receto es adictivo y peligroso.

***
[A un paciente que le corta el paso.]
Dr. House: Tengo un bastón y sé cómo usarlo.

***
Dr. House: Las cinco en punto, el doctor House se va.
Dra. Cuddy: Son menos cuarto.
Dr. House: Era para redondear.

***
Dra. Cameron: Mis opiniones no se tienen en cuenta. No le gusto
a nadie.
Dr. House: Le gustas a todo el mundo.
Dra. Cameron: ¿A ti también?
Dr. House: No.

***
Paciente: Las enfermeras hablan mucho de usted.
Dr. House: No les crea. Llevo un calcetín en los pantalones.

***
Dra. Cameron: Es tu cumpleaños, deberías estar contento.
Dr. House: ¿A qué has venido, a regalarme un pony?

***
Paciente: Lleva el cartel de «no molestar» pegado en la frente.
Dr. House: Vaya por Dios, les dije que lo clavaran en la puerta.

***
Dr. House: Está embarazada.
Paciente: Hace años que no me acuesto con nadie.
Dr. House: Pues monte una religión.

***
[A un candidato negro a la presidencia de Estados Unidos.]
Dr. House: No ganará. No la llaman Casa Blanca por la pintura,
¿sabe?

***
Dra. Cuddy: ¡El caso es hacerte la víctima!
Dr. House: Soy un pobre cachorrito huérfano, guau, guau, guau.
***
Dr. Foreman: Eres adicto al conflicto.
Dr. House: [Mirando a su Vicodin.] ¿Le cambiaron el nombre?

***
[A una paciente embarazada de su ex novio.]
Dr. House: ¿Su ex novio se parece a su marido?
Paciente: Sí.
Dr. House: Pues tenga al niño. No se enterarán. Pasa en las
mejores familias. ¿Por qué no en la suya?

***
Dra. Cuddy: Tengo malas notícias para ti. Ella no te ama.
Dr. House: Estás fea cuando te pones celosa.

***
[Los médicos le dicen a House que deben amputarle la pierna y él se
niega.]
Dr. House: Me gusta mi pierna, está conmigo desde que era un
niño.

***
Dra. Cuddy: ¡¿Le has mirado las tetas?!
Dr. House: Fue un examen médico. Estaba escuchando su
corazón. Hacía algo así como: «Greg-House, Greg-House, Greg-
House».
***
[Le llaman al móvil, contesta.]
Dr. House: La casa de los lloriqueos de House, exponga su queja.

***
Dr. Foreman: ¿Escondes droga en el libro sobre el lupus?
Dr. House: Nunca es lupus.

***
Dr. House: Ya lo veo. Tiene siete años, es mona, no puede tener
asquerosas bacterias come-carne. ¡Vamos a curarla con rayos de sol y
peluches!

***
Dr. House: El 30% de los padres no saben que están criando al
hijo del otro.
Dr. Foreman: He leído que la paternidad falsa no pasaba del 10%.
Dr. House: Eso es la cifra de las madres.

***
[House le dice a un político que tendrán que abrirle el cerebro.]
Dr. House: Será difícil porque los políticos no acostumbran a
llevarlo puesto.

***
Dra. Cuddy: Tomas demasiadas pastillas, los pacientes empiezan
a hablar.
Dr. House: ¿De qué? ¿De lo gordo que se te ha puesto el culo?

***
[Wilson aparece con una caja de bombones.]
Dr. House: ¿Bombones? ¿Por qué son?
Wilson: Son para mi mujer.
Dr. House: No te he preguntado para quién son, sino a quién te
estás tirando.

***
Dr. House: Tenemos un policía con herida de bala.
Dra. Cameron: ¿Le han disparado?
Dr. House: No, se la han puesto en la sopa.

***
Dr. House: Resulta que tus opiniones no dan buenos resultados.
Te aconsejo que uses las mías.

***
[Un paciente le explica a House una operación que le han hecho.]
Dr. House: Una historia fascinante. ¿Ha pensado en adaptarla para
el teatro?

***
[El equipo de House opina que un paciente debe dejar el hospital.]
Dr. House: A no ser que me hayan declarado el cuarto miembro
del eje del mal invadido y ocupado, esto sigue sin ser una democracia.
Se queda.

***
[En los aseos del hospital.]
Dr. House: Eh chaval, ¿sabes lo que son las hemorroides?
¡Búscalo en Google! Y come menos donuts y más cereales.

***
[House a Cuddy cuando ve que tiene un ayudante nuevo.]
Dr. House: ¿Para qué quieres un secretario, la agencia
matrimonial no te funciona?

***
[House ha descubierto una infección en un paciente.]
Dr. House: Me encanta el olor a pus por la mañana. ¡Huele a
victoria!

***
[A un familiar, antes de empezar la operación.]
Dr. House: ¿Puede salir un momento?
Familiar: ¿Por qué?
Dr. House: Porque me cae mal.

***
Dr. House: Las mujeres sin dientes siempre me han puesto
cachondo.
Wilson: Eso es asqueroso.
Dr. House: Y eso gerontofobia.

***
[Sobre los correos electrónicos.]
Dr. House: No sé por qué la gente lee los e-mails, el botón de
borrar está tan a mano...

***
Dra. Cameron: Mi tía Elisa vive en Filadelfia...
Dr. House: ¡Oh! Hora de los cuentos. Déjame ir a por mi
almohadita.

***
[Un hombre exige a House que cure a un paciente porque es su hermano.]
Dr. House: Entiendo que su hermano le importe, así que nada de
placebo como a los demás, esta vez le daremos medicinas.

***
[Discutiendo con Cameron sobre un paciente.]
Dr. House: Ponle inmunoglobina ya. Si mejora gano yo; si muere,
tú.

***
Dr. Foreman: ¿Puedo hablar contigo?
Dr. House: Claro.
Dr. Foreman: Verás, es que...
Dr. House: Se acabó el tiempo, gracias por jugar.
Recetando música

A Holmes le encanta tocar el violín, y a House el piano. El doctor es un gran


aficionado a la música y tiene una gran colección de canciones en su
ordenador. La música que escucha también define su personalidad. Para
seguir el mismo estilo de vida de House, aquí tiene la banda sonora de su
vida, una completa lista de todo lo que lleva en su iPod:
«Teardrop» de Massive Attack. Es la canción que aparece en los títulos
de crédito de la serie. Es perfecta para lamentarse y fustigarse por todos sus
problemas. Consumir a ser posible con una botella de whisky y metido en la
bañera con agua hasta arriba.
«On Saturday Afternoons In 1963» de Rickie Lee Jones. Al final del
piloto, House mira un partido de béisbol de uno de sus pacientes, ya
recuperado. Un tema ideal para sentir nostalgia del pasado, en el caso de
House, de cuando podía hacer deporte.
«One is the Loneliest Number» de Three Dog Night. Al final de «La
navaja de Occam», cuando House logra resolver el caso de las pastillas
amarillas. Un tema para sentirse vencedor pero al mismo tiempo
abandonado y hundido por la soledad.
«Feelin’ Alright» de Joe Cocker. House se sienta en su oficina justo
después de tomar Vicodin y sonríe de placer. La canción es perfecta para
evadir nuestros problemas y así nunca conseguir solucionarlos, para que nos
acompañen toda la vida.
«I Never Saw it Coming» de Windy Wagner. En «Medicina deportiva»,
Foreman se da cuenta de que House tenía razón. Éste sonríe con malicia. Un
tema para recordarnos a nosotros mismos que siempre, siempre, siempre
(sin excepción) tenemos la razón.
«Got to Be More Careful» de Jon Cleary. Suena esta canción cuando
Wilson y House se suben en el deportivo que un mafioso le ha regalado al
doctor. En esta secuencia Wilson advierte a House de que no debe jugar con
sus subordinados ni enfrentarlos.
«It’s Okay to Think About Ending» de Earlimart. Cameron se despide
del hospital y de sus compañeros. House les espeta: «¿Otro noble gesto de
los tuyos?». Una canción que nos pide que lo pongamos todo en su sitio y
dejemos las cosas claras.
«High Hopes» de Frank Sinatra. House llega a casa y mira al
contestador, el cual indica 12 mensajes pendientes. House pasa de contestar
y tararea esta canción, que refleja toda la victoria que representa tener a
alguien que gira a tu alrededor.
«I Call It Love» de Windy Wagner. En el bar, House confiesa a Wilson
que no sabe si quiere que el marido de Stacy sobreviva a la operación. Una
visión dramática del amor que evita que pensemos en él como algo sencillo,
fácil y que mejorará nuestra vida.
«You Can’t Always Get What You Want» de The Rolling Stones. Mick
Jagger es uno de los fetiches de House y la primera temporada termina con
este definitivamente negativo tema que nos recuerda que en la vida no todo
es posible como en los cuentos.
«Mad World» de Gary Jules. Una canción que describe un mundo vacío
sin ningún tipo de sentimientos ni de esperanza de futuro, suena en el
ordenador de House cuando éste recibe la visita de Chase en su oficina. Para
renunciar a la humanidad.
«Delicate» de Damien Rice. La ruptura amorosa es retratada por Damien
Rice como una larga y tortuosa caída al infierno. Suena este tema en una
escena en la que House piensa en Stacy. Recuerde vivir en el pasado y
anclado (y amargado) en él.
«Gravity» de John Mayer. Después de estudiar a una estudiante de
medicina que pedía a House un poco de atención, el doctor se encierra en su
oficina donde suena esta canción que nos propone encerrarnos en nuestro
mundo interior y pasar de los demás.
«Waiting on an Angel» de Ben Harper. Esperar a un ángel para que
venga y le rescate del mundo cruel que lo envuelve es el sueño oculto de
House. Si en vez de solucionar su vida quiere esperar a que venga a
ayudarle otro, grábese esta canción en la cabeza.
A. Agradecimientos

Para Carla, por ser el sol que me ilumina cada día y me ayuda a caminar por
la vida con una sonrisa. Gracias por hacerme más feliz de lo que jamás
habría podido imaginar.
Para mis padres, por su apoyo sincero en todos los aspectos de mi vida.
Por saber estar siempre a mi lado. Gracias por todo el amor que me habéis
dado.
Para Glòria Gasch, directora editorial de Now Books y la mayor fan de
House que he conocido. Por creer en mí desde el primer día a pesar de mis
arriesgadas ideas.
Para mis amigos Jordi y Xavi, quizás sean lo más parecido a House que
uno pueda encontrar en la vida real. Gracias por ser siempre tan brutalmente
honestos.

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