El Dragón Vegetariano
El Dragón Vegetariano
El dragón, que no entendía el len guaje humano, se quedó mirando al extra ño. Dafne, en
cambio, no pudo menos que sonreir: ella era la única doncella de la historia ofrendada a un
dragón vegetariano y defendida por un caballero petiso, barri gón y ceccoso. Pa El magullado
caballero arremetión contra el dragón y, con todas sus fuerzas
le pegó en una pata lo que él creía era un terrible y mortal espadazo, pero la espada rebotó en
una de las gruesas escamas y se escapó de sus manos. Orff meneó la cabeza y se agachó,
siempre conteniendo la res piración, hasta casi tocar al hombre, que cerró los ojos esperando
el final. Con la cabeza Orff lo empujó haciéndolo caer. El caballero estaba a merced del dragón,
que levantó una pata amenazadoramente. Esta vez sí, pensó el aterrado caballero desde el
piso, pero otra vez se equivocaba: Orff había visto la escandalosa trompeta tirada y en ella
apoyó su pata, pulverizán dola. Luego, todavía sin entender lo que pasaba, meneó una vez más
la cabezota y se alejó bufando de las ruidosas criaturitas, rumbo a su cueva. ar y sa Segui
ENTINA OS El caballero desató las ataduras de Dafne, la ayudó a montar en la grupa de su
percherón y la llevó de regreso a
su pueblo, donde ambos fueron recibidos como héroes y festejados con una ruidosa fiesta.
Despertado a la mitad de la noche por el festejo, Orff se apresuró a sellar la cueva con una
gran piedra (ni siquiera sabía quién era el dueño del tesoro y la verdad era que le importaba un
comino) y se marchó volando, buscando un lugar donde los veci nos fueran menos
escandalosos
22 ORFF Y EL CABALLERO VIOLINISTA
Orff, el enorme dragón vegetariano, había dejado ya hacía un tiempo la cueva donde había
dormido cerca de cien años y se paseaba por las distintas comarcas buscan do campos de
tréboles, su comida predilecta. En su largo viaje había visto muchas aldeas, pequeñas y
medianas, donde los hombres 201 huían aterrorizados ante su amenazante presencia o bien se
preparaban valiente mente para enfrentarlo, cosa que nunca sucedía, pues Orff no tenía
intención de pelear con las pequeñas criaturas. En ese tiempo, entre aldea y aldea, y entre
campo y campo, fue aprendiendo muchas cosas: supo que los humanos le temían y de tanto
oírlos gritar -cosa que siempre irritaba sus delicados oídos- comenzó poco a poco a
entenderlos, y practicando en la soledad de
las montañas logró, con esfuerzo, aprender a repetir ese lenguaje, con su voz ronca y
cavernosa. (Lo que más le costaba era contener el aliento de fuego que cada tanto se le
escapaba por los orificios de la nariz y lo hacía estornudar). En su peregrinaje,
lamentablemente, no había podido encon trar a ningún dragón con quien conversar y la
verdad era que se sentía bastante solo y un poco aburrido. Una nochecita de primavera,
habiendo cenado dos hectáreas completas de tréboles frescos, Orff se retiró a lo alto de una
colina donde había instalado su refugio y al llegar, volando pesadamente, se sorprendió con el
ruido de un hipo entre cortado que salía de detrás de una piedra, a pocos metros de su
guarida. En silencio, Orff asomó su cabeza y vio, sentado en el piso, a un caballero de armadura
que era quien producía los ruidos. El caballero, demasiado distraído como para percibir su
presencia sollozaba débilmente, y las lágrimas le caían
por el hierro de la armadura, amenazan do con oxidarla. Entre hipo e hipo, Orff pudo entender
algunas de las entrecorta das palabras del hombre, quien se quejaba de su mala suerte.
Conteniendo el aliento quemante, el enorme dragón se le acercó, convencido de que esta era
su oportunidad para probar el lenguaje que había aprendido en su viaje. -B-bu-e-nas noches -
dijo con su voz estruendosa, procurando sonar lo más amable posible. orani énband
esquitación, huia hasta El caballero levantó la cabeza sobresal tado y al ver la gigantesca figura
del dragón retrocedió con espanto, y procurando ocul tarse aún más tras la piedra se tapó la
cabeza con ambas manos. Pero Orff se acercó otro poco y volvió a repetir su saludo. El caballe
ro, aunque temblaba del susto, se atrevió a bajar las manos muy despacio y a levantar la
mirada hacia el monstruo, que lo observaba divertido
-Por favor, no me mates --dijo con voz temblorosa. Orff meneó la cabeza, dándole a enten der
que no tenía la menor intención de hacer tal cosa. sup -¿Qué te sucede? -preguntó el dra gón,
siempre intentando ser amable. aburrido. uno El caballero lo miró con un poco más de
confianza. Parecía que el gigantesco ani mal tenía buenas intenciones. diag Out se reti dead-
Me han echado de mi hogar-dijo con tristeza. Es una larga historia. Orff se sentó sobre sus
poderosas patas traseras y con la cabeza a la altura del hombre, le pidió que le contara. El
caballero, más relajado, y satisfecho de tener alguien a quien narrar sus penas, le refirió su
triste historia. Se llamaba Romualdo y en la aldea de la cual provenía tenía asegurado un
futuro resplandeciente: su padre, su abuelo, el padre de su abuelo y todos sus antepasa dos
habían sido valientes caballeros, diestros espadachines y mejores jinetes, y se suponía que él
tenía que seguir ese camino, como marcaba la tradición. Pero a Romualdo no le gustaba
espadear, ni galopar en su caballo llevando la larga lanza de sus antepasados, ni le gustaba el
sonido estridente del clarín por de la batalla; a Romualdo, el contrario, lo que le gustaba era la
buena música. Desde chico su sueño había sido ser violinista y, cuando su padre lo mandaba a
las clases de esgrima y equitación, él huía hasta la casa de un viejo violinista y ahí se quedaba,
tratando de aprender a tocar... Pero ine vitablemente los servidores de su padre lo
encontraban y lo obligaban a hacer los ejer cicios militares que le correspondían como futuro
caballero. Y así había llegado a la adultez, sin poder aprender a tocar el violín como siempre
había querido y convirtién dose en un guerrero muy ineficaz, torpe en su cabalgadura, lento
con la espada y con
muy mala puntería. Tanto que en concurso de caballería, organizado por su familia en el patio
del castillo paterno, el pobre Romualdo había sido derrotado en todas y cada una de las
competencias, por lo que su padre lo había echado del castillo delante de los ojos de Varinia, la
muchacha a quien él amaba. el último Cuando Romualdo terminó su triste historia, Orff se
sintió muy conmovido. Giró pesadamente la cabezota y tratando de alegrar al caballero le
pidió que tocara el violín para él. La cara de Romualdo se iluminó con el pedido y al instante
sacó de entre sus pocas cosas un viejo violín y comenzó a tocar. Las notas se elevaron en la
soledad de la colina y Orff, que como todos los dragones tenía el oído sensible, retroce dió
espantado: Romualdo era un músico espantoso, y su violín sonaba tan mal que el delicado
dragón estuvo a punto de abrir sus alas y salir huyendo a toda velocidad, pero le pareció que
era mejor no agregar otra triste za a la ya triste vida del caballero violinista
-Está bien lo interrumpió Orff, procurando no ser muy descortés-. Quizá tengas que practicar
un poco más, ¿no es cierto? El caballero asintió con la cabeza y guardó el violín en su bolsa,
para tranquili dad del dragón. -No me queda más remedio-dijo Romualdo-. Viviré de aldea en
aldea y de у camino en camino, tocando mi violín para ganarme el pan. Orff lo miró con ojos
desorbitados. Si realmente ese hombrecito estaba conven cido de lo que decía, iba a llevarse la
peor de las sorpresas: con su manera de tocar el violín lo más probable es que lo corrieran a
pedradas y se muriera de hambre. Sin sospechar nada de lo que Orff pensaba, Romualdo dijo
que se iba dormir a y el dragón se quedó despierto a su lado, pen sando en qué podía hacer
por el violinista
Ya era muy tarde cuando Orff cerró los ojos bajo las estrellas, satisfecho. Las horas le había
quitado al sueño habían valido la pena, pues ya tenía un plan para la mañana. agi Los furiosos
aleteos del dragón levan taban nubes de polvo en el centro de la aldea y las largas llamaradas
de su boca calentaban las piedras del único castillo. Aterrorizados, todos los habitantes del
lugar se habían refugiado tras las torres del casti llo abandonando sus casas y sus animales,
tratando de salvar la vida. Los bramidos del dragón, que parecía un ser salido del mis mísimo
infierno, espantaban a todos y en el patio del castillo los caballeros que habían participado del
último concurso tembla ban dentro de sus armaduras. La gente pedía que bestia les salieran a
enfrentar a la horrible que los estaba atacando, pero ellos se resistían: era demasiada la furia
del dragón, demasiados su poder y su fuerza. De pronto
alguien gritó desde la torre, haciendo callar al pueblo entero. -Allí, allí, miren allí! gritaba
Varinia, como poseída, señalando hacia el camino, por detrás del furibundo dragón. Los
aldeanos, los caballeros y el señor del castillo se asomaron a ver. Para su sorpre sa, a unos
cuantos metros del dragón se perfilaba la resuelta figura de Romualdo, quien avanzaba en
dirección al monstruo portando en sus manos no una espada ni una lanza, sino su violín. Orff
caminó hacia el hombre y se arqueó como para lanzarle su terrible fuego, pero el caballero, a
toda velo cidad, empuñó su instrumento y tocó unas notas. El dragón retrocedió. Parecía
espanta do y en verdad, aunque estaba actuando, la actuación no le costaba gran cosa, porque
violín de Romualdo era algo que no podía aguantar. Una vez más amagó con atacar al
caballero violinista y este tocó su violín con mucha fuerza. Orff fingió un grito de dolor,
desplegó sus alas y se elevó en el aire, listo para huir, oyendo los gritos de los hombres
y mujeres que aclamaban a Romualdo, el héroe que regresaba para salvarlos. Antes de
emprender su vuelo, el dragón se mantuvo un instante suspendido en el aire, como
esperando. Con mucho disimulo Romualdo levantó la vista y le sonrió. Orff guiñó uno de sus
enormes ojos y se fue lentamente, satisfecho y feliz. No era poco lo que había logrado ese día:
había ganado su primer amigo y, por una vez, los estridentes gritos de los hombres le sonaron
bien
333 ORFF Y EL MAGO
[1:50 p. m., 20/7/2022] alenka: Luego de su aventura con el caba llero violinista, el primer
hombre con el que había hecho amistad, Orff, el enorme dra gón de la Montaña Blanca, dirigió
su lento pero elegante vuelo a través de una zona de colinas bajas para descender, sin saberlo,
en un valle conocido como Valle Verde, donde se encontraba el castillo alto y oscuro del mago
Galluno, curandero, hechicero y especialista en basiliscos y dragones. Sin que Orff lo supiera, el
mago Galluno, utilizando su esfera de poder, conocida vulgarmente como "bola mági ca",
había visto su pesado aterrizaje sobre el único prado de tréboles de toda la zona y lo
observaba comer, mientras se acariciaba pensativo la puntiaguda barbita cana. "De
[1:51 p. m., 20/7/2022] alenka: algún lado yo conozco a este dragón", se decía el mago,
mirando la bola y exprimiendo su memoria. De pronto, en la imagen de la esfera el dragón
levantó su cabezota y resopló con fastidio porque había tragado, junto con un bocado de
tréboles, un pedazo de ortiga que le había pinchado la lengua. Galluno obser vó entonces con
más atención y descubrió, en el cogote lleno de durísimas escamas del monstruo, una mancha
blanca inconfundible. y redonda, Ensino al ob nog olauv sinsgals or -¡Es Orff! -exclamó
triunfalmen te, sobresaltando a Tierno, el búho que dormía sobre su hombro—. El dragón de la
Montaña Blanca. 200alliand no sailsinsq Tierno graznó con desagrado y procu ró seguir
durmiendo, pero ya Galluno se dirigía a grandes pasos hasta la castillo y llamaba con un puerta
del de dedos a su caballo, que mágicamente y al instante estuvo en la simple tronar servir a su
amo. Sin perder un puerta, listo Ano sided sougsunuq si ovac para segundo
[1:51 p. m., 20/7/2022] alenka: los tres, búho, mago y caballo se dirigie ron a toda velocidad
hasta el prado donde se hallaba Orff, tan apurados que recién a mitad de camino Galluno
recordó que se había dejado la bola encendida. Mientras el mago y sus sirvientes se acercaban,
Orff, ignorando lo que debería afrontar en poco tiempo, eructó un par de veces, echando cada
vez una nubecita de humo, y se preparó para dormir, ya que estaba muy cansado. Enseguida
empezó a roncar, pero iba todavía por el primer sueño cuando lo despertó la sonora voz del
mago Galluno, que había descendido del caballo y se acercaba al monstruo, sin miedo. Orff
miró al inoportuno mago con cierto fastidio pero, como era un dragón bastante educado y
además le había tomado el gusto a esto de tener amigos, procuró olvi dar que tenía sueño y
saludó al extraño con у toda amabilidad. La respuesta de Galluno
[1:52 p. m., 20/7/2022] alenka: que no parecía ser tan educado como le gustó en absoluto. él,
no -Yo te conjuro, bestia de las mon tañas gritó el mago pomposamente y levantó su mano
derecha, donde tenía una amenazante vara de fresno. Orff, todavía medio dormido, no pudo
reprimir uno de los típicos estornudos que le agarraban cuando se ponía nervioso y, con el
estornudo, partió de su boca una involuntaria lengua de fuego que quemó la vara y chamuscó
los puños de la túnica de Galluno. El mago retrocedió un paso, ahora sí un poco asustado, pero
enseguida se recupe ró con una tosecita y volvió a avanzar. ¿Qué has hecho, bestia insensata?
¿Vas a enfrentarte a un otra vez pomposamente. mago? -exclamó
[1:52 p. m., 20/7/2022] alenka: A Orff ya lo estaba fastidiando eso de "bestia", pero prefirió
esperar antes de enojarse y sacudió su enorme cabezota, negando así cualquier intención de
atacar al mago. Ya más tranquilo, Galluno se acercó hasta situarse a un paso de la cabeza del
dra gón y volvió a hablar, esta vez sin gritar, para alivio de los sensibles oídos de Orff. -Tú eres
Orff, el de la Montaña Blanca —dijo Galluno, sorprendiendo al dragón, y tu sitio está allí,
cuidando el tesoro que se te ha encomendado. Orff pensó en el famoso tesoro. No sabía de
quién era, ni tenía la menor idea de quiénes le habían encargado cuidarlo, ni le importaba un
comino su contenido, así que volvió a negar sacudiendo la poderosa cabeza. Galluno se
escandalizó ante la negativa: ¡Te atreves a negarte! —estalló, otra vez gritando. Fuiste
depositado allí para
[1:53 p. m., 20/7/2022] alenka: dormir tu largo sueño y cuidar ese tesoro, esa es la tradición y
hay que cumplirla, por que...Galluno buscó una razón rápida mente, y al no encontrarla
terminó la frase con otro grito, pretendiendo suplir la falta de argumentos con la firmeza de la
voz-, porque... ¿Porque sí, qué carambanos! nog Tho ab zobio zaldiarts2 201 sb oivile A Orff
cada vez le fastidiaba más todo el asunto, pero apeló nuevamente a su paciencia y se decidió a
hablar. btorial involuY si no me interesa ese tesoro, ¿qué puede pasar, señor...? de la -Galluno
dijo el mago-, Mago Galluno, doctorado en Ciencias Ocultas en la escuela de [Link] aida
neatograi -...Señor Galluno, mago doctora do continuó Orff-, porque usted debe saber que yo
lo que quiero es conocer el mundo, hacer amigos, encontrarme alguna vez con un hermano
dragón o una dragona
[1:53 p. m., 20/7/2022] alenka: en fin, cualquier cosa menos estar dur miendo aburridamente
en la cueva de la Montaña Blanca, que es fría, fea y, con todo lo que engordé comiendo
tréboles, ahora debe de estar demasiado pequeña para mí. Galluno se quedó mirando al dra
gón. En toda su vida de mago jamás había encontrado a un dragón que hablara con tanta
corrección y expresara con tan firme amabilidad sus puntos de vista. Era un grave dilema, y el
mago empezó a pasearse dando grandes trancos frente a la carota de Orff, buscando una
solución. De pronto tronó los dedos con fuerza y un gran libro apareció de la nada entre sus
manos, para sorpresa de Orff, que se sintió tentado de aplaudir, pero se contuvo al ver el gesto
serio del hom bre. El mago recorrió lentamente las hojas, hablando en voz baja, como para sí
mismo. ibeq en Is sup -A ver..., a ver..., la D... Damas peligro, Dolores que se alivian con
brebajes, Dramas pasionales entre magos
[1:54 p. m., 20/7/2022] alenka: y brujas, acá está... Dragones. Bien, bien, bien. Dragones
chinos, Dragones cobardes, Dragones feroces, Dragones que atacan cas tillos, Dragones que no
pueden volar... ¡Acá está! Dragones que no quieren cuidar teso ros. Muy bien, vamos a ver al
decir esto levantó la voz e invitó a Orff a acercarse. Si un dragón renuncia a cuidar el tesoro
que le han encomendado por tradición, las consecuencias pueden ser terribles: uno, el tesoro
puede ser robado -Galluno levantó las cejas, mirando a Orff, pero este encogió los grandes
hombros, indicando que no le importaba ni un poquito-. Dos, a instan cias del dueño del
tesoro, el dragón puede perder su fuego, dejar de volar o convertirse en laucha-Galluno volvió
a detenerse y a mirar a Orff, que había abierto los ojos con temor-. Tres, el dragón puede
liberarse de su obligación si cumple con los tres deseos que al dueño del tesoro se le antojen
pedir le. -Galluno cerró el libro con estrépito y encaró al dragón: ¿Quién es el dueño del
tesoro? -Orff lo miró desconcertado. No
[1:54 p. m., 20/7/2022] alenka: tenía la menor idea, ni recordaba nada ante rior al sueño que
lo había tenido cien años durmiendo en la Montaña Blanca. El mago meneó la cabeza,
resignado. -Vamos-dijo al fin-, en mi cas tillo lo averiguaremos. Un rato después se
encontraban en el alto castillo. Orff había aterrizado en una amplia terraza y estirando su
cuello hacia abajo asomaba la cabeza por una de las ventanas más altas, la que daba al taller
del mago. Galluno consultaba con su bola mágica, miraba en varios libracos, caminaba por el
cuarto, parloteaba. Para los ojos de Orff era todo un espectáculo, y lo habría disfrutado mucho
más si no hubiera sido porque la amenaza de terminar convertido en laucha lo preocupaba
enormemente. -En estos cien años se han pro ducido muchos cambios dijo por fin el mago,
mirando a Orff a través de la ventana
[1:54 p. m., 20/7/2022] alenka: Luego de tres guerras, varios juicios sucesorios, dos
matrimonios (uno feliz y otro desgracia do), una inundación y un desalojo, el actual dueño del
tesoro es Eufemio el joven, hijo de Eufemio el viejo y primo-nieto lejano de quien te
encomendara cuidar el tesoro, Urbino el audaz, muerto en un torneo de espadas sin vainas,
que en paz descanse. -¿Y dónde está? -preguntó Orff ¿En qué castillo vive? Galluno repasó
unos datos en un libraco y sonrió satisfecho.l -Montañas Rojas, aldea de los car pinteros, a
unos dos días de vuelo desde aquí. Orff agradeció la ayuda y ya se disponía a partir cuando el
mago lo paró con un gesto. -Será mejor que te acompañe dijo, y rápidamente apagó la bola
mágica y subió a la terraza para montar sobre el lomo
[1:55 p. m., 20/7/2022] alenka: de Orff. No era quizá muy necesaria su pre sencia, pero le
habían dado ganas de volar en dragón, cosa que, pese a su especialidad, nunca había hecho
antes. Dos días después llegaron, al anoche cer, a la colina en que se hallaba la aldea de los
carpinteros. No había en las cercanías ni un solo castillo y Orff se preguntó por qué viviría en
esa humilde aldea alguien que poseía semejante tesoro. Galluno descendió del lomo de Orff,
ayudado por este, y se dirigió al pueblo, indicándole que lo esperara escondido, para no
asustar a los habitan tes. Un rato después, tras preguntarle a un vecino, golpeó la puerta de la
casa-taller de Eufemio el joven, quien, como casi todos en el pueblo, se dedicaba a la
carpintería. Desde el interior de la morada llegaban los ecos de una dura discusión. -Si no paga
sus impuestos maña na escuchó el mago que decía una voz autoritaria, lo llevaremos detenido
[1:57 p. m., 20/7/2022] alenka: Galluno iba a golpear nuevamente cuando la puerta se abrió
con y de la casa salió como una brusquedad exhalación el cobrador de impuestos, enojadísimo.
Galluno aprovechó para entrar. Apoyados los codos sobre la mesa, Eufemio el joven miraba
con pena tendría que la casa que, abandonar estaba muy pronto. seguro, Oy ollises oloa nu -Mi
nombre es Galluno... -empe zó a decir el mago, pero la triste voz de Eufemio lo interrumpió. O
sb bb -No gracias, no compramos nada. abuqab om U Galluno lo miró ofendido. dove nalul
¡Señor, yo no vendo nada! -tronó el mago. Al contrario, vengo a traerle una solución para sus
problemas. bom nem Eufemio lo miró con Galluno estaba sucio por el largo viaje y
escepticismo. toda vía tenía la manga de la túnica chamuscada
[1:57 p. m., 20/7/2022] alenka: El mago notó la incredulidad del joven y haciendo tronar los
dedos hizo aparecer sobre la mesa una gran ánfora de barro, llena hasta el borde de leche
fresca. A Eufemio el joven casi se le salen los ojos de las órbi tas, y ya iba a abalanzarse sobre la
bebida cuando comprendió que no tenía cómo pagarla. Galluno adivinó sus pensamientos le
indicó que bebiera con un simple gesto, para luego sentarse a la mesa y servirse, él también,
un generoso trago. En pocas pala bras el mago explicó al legítimo dueño del tesoro cuál era la
situación y esperó que este decidiera. Podía obligar a Orff a volver a la cueva, podía, con solo
desearlo, transformar al fabuloso animal en una simple laucha o podía pedir los tres deseos.
Por supues to, Eufemio, que no era tonto, eligió esto último, teniendo muy en cuenta que
pedir tres cosas que debía el dragón fuera capaz hacer. De la casa de al lado llegaban los ecos
de de una nueva discusión con el recaudador de impuestos y Eufemio sonrió con malicia: -
Primero-dijo lleno de alegría-
[1:58 p. m., 20/7/2022] alenka: quiero que el dragón termine con las injus ticias del señor de
estas tierras, que cobra impuestos desorbitados. Segundo, quiero que el dragón me traiga mis
pertenencias y tercero, tener la oportunidad de declararle mi amor a Hipólita, la hija del señor
feudal, para que ella decida. Galluno sonrió ante los juiciosos pedidos del joven: estaba seguro
de que Orff podría encargarse de los tres y pensando en eso se despidió y regresó a la colina
donde el dragón lo esperaba. Tarmo A la mañana siguiente, antes de que el recaudador
empezara su tarea, el bramido horripilante de Orff despertó a todos en el castillo del Señor de
las Montañas Rojas. Montado sobre el lomo del dragón, Galluno exigió la presencia del Señor
del castillo, quien se asomó a las ventanas, temblando de miedo
[1:59 p. m., 20/7/2022] alenka: -Señor, ha llegado la hora de que usted cobre impuestos
razonables y que, por todo lo que girlos por ha cobrado de más, deje de exi el término de,
digamos, cinco..., no, mejor, diez años. El Señor del castillo, a pesar del miedo, calculó todo el
dinero y pretendió envalentonarse. que perdería -¿Y si no quiero? -dijo con voz prepotente. Al
oírlo, Orff lanzó una enorme lla marada que quemó por completo una de las torres de la
fortaleza. El Señor del castillo no necesitó más. Inmediatamente gritó una orden y accedió al
pedido. -Además, en tres días recibirá aquí, con honores, a Eufemio el joven, carpintero de la
aldea y señor de tesoros, para permi tirle que le proponga matrimonio a su hija Hipólita
[1:59 p. m., 20/7/2022] alenka: El Señor del castillo empezo a negar con la cabeza, pero viendo
que quemarle otra torre, aseguró que así lo haría y mandó a avisar a su hija que se preparara
para la ocasión. Una vez arreglado el asunto, Galluno habló al oído de Orff, quien desplegó sus
alas enormes y bramando otra vez, un poco fanfarronamente, se dirigió a toda velocidad hacia
la Montaña Blanca, a su vieja cueva, a un día de vuelo. Sin tiempo que perder, cargaron entre
el mago y el dragón el teso ro escondido y regresaron a toda velocidad hacia la aldea de los
carpinteros. Al verlos llegar, Eufemio salió de su casa levantando los brazos en son de triunfo.
Sus vecinos, enterados de que no deberían pagar más impuestos abusivos, recibieron al mago
y al dragón como a verdaderos héroes, a pesar de que les impresionaba un poco presencia del
gigantesco animal, y aceptaron felices los espléndidos regalos que el la genero
[1:59 p. m., 20/7/2022] alenka: so Eufemio les hacía. Luego, Eufemio vis tió las mejores ropas
que pudo conseguir y recién bañado y perfumado montó junto a Galluno sobre el lomo de Orff
y emprendió el vuelo hacia el castillo. Hipólita esperaba la llegada de su pretendiente en una
de las terrazas, muerta de curiosidad, y al verlo llegar en tan fantástica cabalgadura se sin tió
emocionada. Eufemio descendió como un príncipe y, tomando entre sus callosas manos de
carpintero las delicadas manitas de la joven, le confesó su amor. Hipólita, por supuesto, no le
contestó enseguida. Como correspondía, se hizo rogar un poquito, y le pidió a Eufemio que le
diera un tiempo para pensarlo, pero en el brillo de sus ojos se adivi naba que la respuesta
sería, indudablemente, un rotundo sí. Eufemio saludó a su casi seguro ro suegro, que estaba
verde de rabia, futu chó otra vez montado sobre el dragón, que y se mar un rato después lo
depositó en las afueras de la aldea. Allí, teniendo como testigo al mago
[2:00 p. m., 20/7/2022] alenka: Galluno, le otorgó solemnemente la libertad Orff, quien ya no
tenía ninguna obliga ción con el tesoro. El dragón se despidió de a Eufemio y condujo al mago
de regreso a su Castillo. Galluno, sobre el lomo de Orff, iba tan feliz como el propio dragón:
había adqui rido una nueva experiencia en su profesión, había cumplido su sueño de volar
largas dis tancias y se llevaba, como pago a su trabajo, una espléndida cadena de oro que
Eufemio le había dado en señal de agradecimiento
4 EL DRAGON MISTERIOSO
[2:02 p. m., 20/7/2022] alenka: De todas las aventuras que le sucedie ron a Orff, el dragón de
la Montaña Blanca, la más extraña fue, quizá, la de su encuentro con Snáporaz, el dragón
misterioso. La aventura comenzó un día de leve llovizna. Orff, que iba volando tranquilamente
buscando unos tréboles para comer, divisó desde el cielo, entre las gotas de una fina lluvia que
amenazaba con transformarse en aguacero, una larga procesión de aldeanos que se dirigían en
fila hasta un montícu lo al pie de una colina, dejaban allí un paquete y volvían presurosos, con
las cabe zas gachas y sin mirar hacia atrás. Como Orff no podía distinguir lo que llevaban los
humanos, y sentía más curiosidad que ham bre, detuvo su vuelo y, aprovechando la ya
[2:04 p. m., 20/7/2022] alenka: Orff, que era un animal fuerte y poderoso, tuvo una primera
reacción de temor y casi se pone a correr junto a los demás, pero pudo contenerse, y abriendo
bien grandes los ojos se preparó para descubrir de dónde provenía el espantoso sonido. Lo
supo apenas un ins tante después: desde lo alto de la colina bajaba pesadamente un dragón
casi tan grande como él, de brillante cuero verde, pezuñas doradas y enormes alas blancas. En
un primer momento, después del instante de miedo, Orff se alegró. No era para menos: desde
el mismo primer día de su viaje había esperado encontrarse con algún animal de su especie, y
eso al fin sucedía. Pero su alegría duró poco: luego de acercarse hasta I montón de ofrendas, el
brillante dragón se detuvo un instante, pareció agacharse y lanzar algo desde su boca y unos
minutos después, antes de que colina tan Orff se acercara, volvió a subir la pesadamente como
la había bajado. En el montículo no quedaban paquetes, todos se los había llevado la gran
bestia verde
[2:04 p. m., 20/7/2022] alenka: Orff se quedó pensando durante buen rato. No conseguía
entender lo un que pasaba, porque no era lógico que un dra gón necesitara monedas, o miel, o
gallinas. Picado otra vez por la curiosidad, decidió seguir las pisadas de su congénere y subió a
la montaña. Las pisadas terminaban en la boca de una cueva taponada con una enorme piedra
y, aunque intentó moverla apoyando su cabeza contra ella, no pudo correrla ni un centímetro,
por lo que, desilusionado, volvió sobre sus pasos hasta el montículo. Apenas llegó, se detuvo
para descansar y para seguir pensando en lo que había pasado. Estaba en eso, meditando,
cuando un grito de terror le erizó las escamas. No tuvo que buscar mucho para descubrir el
motivo de los nuevos gritos: a pocos metros del montículo encontró a un niño que había
quedado perdido luego de que los hombres huyeran hacia el pueblo. El chico, un jovencito de
unos diez años, estaba atrapado en unas matas y gritaba ante la sencia de Orff, pues pre
estaba convencido de que el dragón se lo comería.
[2:04 p. m., 20/7/2022] alenka: -¡Por favor, Snáporaz, no me hagas daño! -pedía el asustado
niño. ¡Yo ya dejé mi ofrenda, te lo juro! o Orff se agachó hacia el chico y, tratando de que este
le perdiera el miedo, deshizo con un soplido el nudo de matas que lo tenían atrapado y se lo
quedó mirando, con lo que él creía era su mejor cara de buen amigo. El niño, que no pare cía
entender las buenas intenciones de Orff, siguió gritando. -Por favor, no grites pidió el dragón
con su voz cavernosa, y el chico, más aterrado que nunca, se calló-. No me llamo Snáporaz, mi
nombre es Orff y no quiero hacerte daño. dos, El niño lo miró con ojos desorbita pero intentó
calmarse y logró hablar. ¿No sos Snáporaz, el terrible
[2:05 p. m., 20/7/2022] alenka: Orff meneó la [Link] -¿No vas a exigirme una ofrenda a
cambio de mi vida? Orff volvió a negar, sacudiendo otra vez su cabezota. ¿Seguro? Orff
resopló, ya un poco fastidiado. -No me interesan las ofrendas. Puedo buscarme la comida
solito. -¿No comés carne humana? Orff rio. Su risa estruendosa y grave era tan contagiosa que
hizo que el niño perdiera definitivamente el miedo y esbozara una sonri sa. Orff, aprovechando
el momento, acomodó su pesada grupa y se sentó junto al pequeño humano. Tenía mucho
interés en que le con tara lo que estaba pasando. Un rato después, cuando el chico terminó la
historia, el dragón
[2:05 p. m., 20/7/2022] alenka: levantó vuelo y se buscó una cueva donde pasar la noche. Al
otro día tendría mucho que hacer. A la mañana siguiente, Orff se desper tó bien temprano,
hizo un rápido vuelo hasta un campo de tréboles que estaba cerca, desa yunó y regresó a la
cueva que había encontra do, donde se había propuesto montar guardia hasta descubrir el
misterio de Snáporaz. Las horas pasaban aburridas y Orff ya estaba pen sando en irse cuando
una oportuna visita lo detuvo: Melizón, el niño con el que había hablado la tarde anterior, se
había acercado hasta la montaña a pesar de las prohibiciones que había en el pueblo, sólo para
poder hablar con el dragón. -Tengo una importante noticia que darte-fue lo primero que dijo el
niño, ape nas se saludaron-. Argón, el brujo de la aldea, está viniendo hacia aquí. Quiere
entrevistarse con el dragón Snáporaz. Dice que quizá con siga que Snáporaz reciba las últimas
ofrendas y después se vaya
[2:06 p. m., 20/7/2022] alenka: Orff miró hacia el camino. Efecti vamente, a unos doscientos
metros de la mon taña marchaba con paso firme el brujo Argón, un hombre alto y flaco,
envuelto en una larga capa negra. A Orff, sin saber por qué, no le gustó el aspecto del hombre.
-¿Es un buen brujo ese Argón?-pre guntó levantando las cejas. Mi padre dice que no es muy
con pero, como todos en el pueblo le hacen shelded sided fiable caso, prefiere callarse. Muy
bien-dijo Orff aunque nada de lo que pasaba le parecía bien. Ahora subi te a mi lomo. Vamos a
ver qué hace el brujo. Dicho esto, Orff y Melizón se dirigie ron en silencio hasta la base de la
montaña y allí escondidos esperaron la llegada de Argón, que no se demoró. El brujo pasó
rápidamente por el lugar de las ofrendas y comenzó a subir tras las pisadas de Snáporaz
[2:07 p. m., 20/7/2022] alenka: Iba tan apurado y seguro que no reparó ni por un instante en
las huellas de Orff, un poco más grandes, que aún se notaban en la tierra húmeda. Orffy el niño
lo siguieron en silencio. Al llegar a la gran piedra que Orff no había podido mover, el brujo
corrió una mata de hierbas y accionó una palanca escondida: inmediatamente, con un gran
ruido de cadenas, la piedra empezó a moverse hasta dejar una abertura suficiente para que
Argón entrara. Luego de la sorpresa y aprovechan do que el brujo no se había preocupado en
volver a cerrar, el niño y el dragón se aso maron a la abertura y se pusieron a espiar. Dentro de
la cueva, parado junto al inmóvil Snáporaz, Argón discutía con un persona je completamente
nuevo, un hombrecito pequeño que no paraba de gesticular. Orff miró a Melizón como
interrogándolo, pero el niño se encogió de hombros: jamás lo había visto en toda su vida, el
hombrecito era un perfecto desconocido
[2:07 p. m., 20/7/2022] alenka: in A Orff todo el asunto le olía cada vez peor, i que, luego de
discutir las próximas así acciones con Melizón, se retiró a su escon dite y junto al niño esperó a
que los aldea nos regresaran con las ofrendas. ded Al caer la tarde, se repitió la escena del día
anterior: otra vez la larga fila de aldeanos se acercaba, con las manos carga das de
mercaderías, a la base de la colina. Orff dejó que las depositaran en su sitio y, cuando se oyó
nuevamente el bramido de Snáporaz, se preparó para actuar. Los aldeanos habían huido al oír
el grito del dragón, mientras el brujo Argón los conso laba diciéndoles que esta sería la última
vez. Snáporaz llegó con sus lentos el montículo y allí se detuvo. Escondidos a pasos hasta unos
pasos, pero observándolo todo, Orff y Melizón esperaban. La boca del brillan te dragón se
abrió para dejar paso a una especie de larga lengua plateada y otra vez el horrible bramido
ensordeció el lugar, donde ya no quedaba nadie más que Orff
[2:07 p. m., 20/7/2022] alenka: y el niño. Las fauces de la bestia se abrieron aún otro poco y
cuando Orff se tapó los oídos esperando otro alarido insoportable, salió de adentro de la
mismísima boca del dragón un pequeño hombrecito portando una larga trompeta plateada.
Orff no entendía lo que estaba pasando, pero una sospecha empezaba a crecer en su cabeza.
El hombrecito se aco modó la trompeta en la espalda y luego, con una escala de cuerda que
desenroscó de su cintura, se descolgó hacia el piso y empezó a recorrer el montículo de las
ofrendas, metien do en unas grandes bolsas de cuero lo que le gustaba y dejando de lado lo
que no parecía apreciar. Tan concentrado estaba en su trabajo que Orff, siempre con Melizón
en el lomo, aprovechó la oportunidad se dirigió hasta donde estaba el inmóvil y muy despacio
dragón. Al llegar junto a él, lo empujó apenas con la cabeza, mientras le susurraba un saludo.
Snáporaz permaneció inmóvil y mudo. Orff, que ya casi no tenía dudas, lo empujó más fuerte:
como estaba esperando, el brillante y verde dragón se tambaleó con
[2:08 p. m., 20/7/2022] alenka: un crujido como de tablas rotas y muy des pacio se fue
cayendo hacia un costado, hasta golpear con estrépito en la tierra, levantando una enorme
polvareda. Por entre el polvo que subia, Orff pudo comprobar sus sospechas: el dragón verde y
brillante no era más que un gran muñeco de madera recubierto de cueros pintados y su
dueño, el hombrecito que ahora corría despavorido por el camino, pretendien do salvarse, era
nada menos que un ingenioso estafador que se aprovechaba del temor de los aldeanos. Orff
meneó la cabeza, entre enojado y divertido por la desfachatez del hombre, y desplegando sus
grandes alas tomó altura y en un instante estuvo sobre él. El hombrecito, sin parar de correr, le
suplicaba compasión. Orff abrió 5 muy grande la boca y se abalanzó sobre el asustado ladrón,
que cerró los ojos y esperó el final. Pero Orff se conformó con apresarlo por los hombros y
levantarlo por el aire: ya vendría el momento del castigo. BLEX En tanto, en la pequeña aldea,
Argón reunía a los habitantes en la plaza
[2:09 p. m., 20/7/2022] alenka: para convencerlos de que el peligroso dragón, palabras gracias
a sus poderes -y a las ofrendas- por fin se había ido. Estaba diciendo estas cuando el espantado
griterío del pueblo lo interrumpió. -¡Snáporaz! ¡Vuelve Snáporaz! -¡Trae una víctima en su
boca!us -¡Huyan! ¡Sálvense! Todos los aldeanos, al ver llegar a Orff en rápido vuelo, corrieron a
esconderse, salvo Argón, que había quedado paralizado por la sorpresa. Orff descendió en el
centro de la plaza y depositó al estafador en el piso. Después, con una amenazante mirada, se
acercó al tembloroso brujo, que no atinaba a escaparse. Los aldeanos, suponiendo que dragón
estaba atacando al brujo, recogieron el palos y piedras y volvieron a la plaza a pesar de su
miedo, dispuestos a defenderse de una vez por todas. Viéndolos llegar tan enojados
[2:09 p. m., 20/7/2022] alenka: Orff penso que esta era una actitud valiente y sonrió para sus
adentros: estaba esperando la intervención de Melizón, quien, montado sobre su amigo,
disfrutaba el momento. ¡Alto!-gritó el niño, sorpren diendo a todos los adultos. ¡Hemos sido
engañados! En una cueva de la montaña están las ofrendas robadas. Snáporaz no existe. Y
Argón es el socio del estafador. abrons sq divis Los aldeanos, confundidos, miraron hacia
Argón. El brujo, aunque temblaba de miedo, intentó negar con la cabeza, pero una llamarada
de Orff, calentándole los pies, lo volvió a la realidad: no tenía más remedio decir la verdad. En
unas cuan que tas palabras balbuceantes el mentiroso brujo confesó sus artimañas y pidió
perdón para él y su socio. El silencio se apoderó de la plaza por un instante, pero en seguida
Orff pudo ver cómo los aldeanos resolvían el problema
[2:10 p. m., 20/7/2022] alenka: Los más viejos del pueblo se reunieron en una breve ronda y
en pocos minutos decidieron lo que pasaría: Argón y el hom brecito fueron condenados a
cargar todas las ofrendas desde la montaña hasta el pueblo y a trabajar hasta reponer todas y
cada una de las mercaderías faltantes. Melizón y Orff, héroes de la jornada, fueron el centro
del banquete con que esa misma noche se festejó el fin de la farsa, y Snáporaz, el falso dragón
de madera, sirvió encender la hoguera con que los para aldeanos iluminaron la fiesta. bls
egioed Antes de marcharse, cuando el festejo aún no había terminado, Orff recibió, como un
solemne regalo, la escandalosa trompeta con que los estafadores asustaban al pueblo y
mientras levantaba vuelo, entre las risas de todos, se encargó de convertirla en polvo con una
fuerte llamarada
Una fresca mañana, Orff, el dragón vegetariano, despertó de una larga noche de sueño y luego
de bostezar aparatosamente de refregarse los ojos llenos de enormes lagañas, encaminó sus
lentos pasos hacia un trebolar cercano, a desayunar. Se aga chó sobre los tréboles y estaba por
tomar su primer bocado cuando sus finísimos oídos captaron un murmullo como de animalitos
pequeños. Sorprendido, ya que por lo general los animales evitaban acercarse a él cuando
comía, el dragón abrió bien grandes los ojos para descubrir la causa del murmullo, pero no
distinguió casi nada, salvo, apenas, un leve movimiento de hojas, en unas matas. Movido por la
curiosidad, Orff se acercó casi de puntillas y metió el hocico entre las hojas. En ese momento
un denso humo subió de
las matas y Orff retrocedió aturdido: tan aturdido que, antes siquiera de poder pensar de
dónde diablos había salido ese humo, sin tió que las poderosas rodillas se le aflojaban y se fue
desplomando muy despacio, pero con enorme estrépito, sobre el verde trebolar, aplastando
su desayuno; El poderoso, el casi invencible dragón de la Montaña Blanca, había caído
desmayado, como una dulce e inofensiva doncella asustadiza. Cuando , . . Orff despertó,
sintiendo un fuerte dolor de cabeza y sin saber todavía dónde estaba ni cuánto tiempo había
pasado, intentó abrir la boca para resoplar su fastidio pero no pudo hacerlo. Quiso moverse y
tampoco pudo. No as on omo o entendía nada y ya empezaba a desesperarse, cuando un
pequeño hombrecito, más peque ño que todos los 2010 201 BAB 19 que el dragón había visto
en su vida, se plantó frente a él, y con gran solemnidad, luego de hacerle una exagerada
reverencia, le explicó la situación: -Buenos días, estimado dragón -dijo el extraño enano. Mis
hermanos y
yo te saludamos. Estás, por ahora, fuerte mente atado y es inútil que intentes desatarte. Yo,
Alduino, rey de los enanos, te conjuro por la fuerza de la tradición a que colabores con
nosotros en la recuperación de nuestro tesoro real. Estamos dispuestos a liberarte, pero tienes
que prometer tu obediencia hasta el fin de la aventura. nuestros motiv Orff abrió los ojos
desmesuradamen te. No podía creer lo que le estaba pasando y sentía un justo desagrado. El
enano que había hablado, un pequeño hombrecito barbudo, vestido con una larga capa y toca
do con una pequeña corona de hojas, tenía una clara mirada de buena persona, pero esta no
era la forma de conseguir su ayuda, así que intentó sacudirse las ataduras con fuerza. Sin
embargo, Alduino tenía razón. Las ataduras eran imposibles de romper. Mientras tanto habían
ido apareciendo cinco enanos más, vestidos también con largas capas, pero sin coronas: eran
los caballeros de la custodia real de Alduino
que con sus respectivas reverencias, fueron presentándose al dragón: -Olfán, caballero del
hacha. -Orlón, príncipe del arco y la flecha. -Aldún, duque del pico y la pala. -Rosán, caballero
del cincel. -Erfest, mago del humo que des maya. Orff los miraba cada vez más aturdido.
Sentía, inexplicablemente, que los enanos le caían simpáticos, y el enojo se le iba pasando
poco a poco. Alduino, el rey, pareció compren der el sentimiento de Orff y, desenvainando su
pequeña pero filosa espada, se acercó hasta la boca del dragón y de un certero espadazo cortó
las sogas que ataban sus mandíbulas. Orff abrió la bocaza y miró a sus captores. Un solo
soplido de fuego y los cinco enanos
desaparecerían calcinados, pero ninguno de ellos se movió de su lugar. -Son valientes-dijo Orff,
con su voz cavernosa―, pero muy maleducados. Erfest se adelantó un paso. El mago nor oublA
son -Tenemos nuestros motivos, estima do dragón. Te liberaríamos con gusto, pero queremos
tu promesa. tioqujol bab sonens zol ob olduq -Yo no obedezco a nadie si no lo creo justo. No
pueden obligarme. Alduino se acercó otra vez con la da desenvainada, meneando la cabeza.
espa -El dragón tiene razón. No pode mos obligarlo. Desátenlo. Los cinco caballeros se
acercaron con las armas en sus manos y cortaron todas las ataduras. Orff se sacudió el cuerpo
muy
despacio y miró en derredor. Todavía estaba en el trebolar y tenía hambre. U-Si me cuentan la
historia mientras desayuno-dijo mirando golosamente los frescos tréboles, los escucharé
gustoso. hogam 19 Entonces Alduino tomó otra vez la palabra y fue contando, con muchos
gestos y voz emocionada, la historia del tesoro real de los enanos. El importante tesoro, que
perte necía al pueblo de los enanos desde el princi pio de los tiempos, había sido robado, con
la ayuda de un enano traidor, por un grupo de hombres sin escrúpulos al mando del Príncipe
Oscuro. Apoyado por los invasores, Lato, el enano traidor, se había apoderado del trono y
había expulsado a Alduino. Los cinco caballe ros de la escolta del rey se habían juramentado
para recuperar el tesoro y devolver el trono a su legítimo dueño, y en eso estaban cuando
vieron aparecer a Orff en el trebolar y se les ocurrió la idea de convertirlo en su colabora dor.
Estaban sinceramente arrepentidos de la
forma en que habían actuado, pedían discul pas y pedían, también, la ayuda del dragón. Orff
los miró uno a uno cada vez con más simpatía. Tenía todavía algunas hojas de trébol colgando
de la bocaza: las sopló, bañando a los enanos, que cayeron sentados, y sonrió. -Acepto sus
disculpas -dijo sim plemente, cuenten conmigo. Dos días después los seis enanos vola ban
montados sobre Orff rumbo a la Selva Negra, donde Bonhoff, el Príncipe Oscuro, ocultaba el
tesoro robado. Los enanos iban convencidos de que con la ayuda de Orff sería fácil recuperar
el tesoro y luego deponer a Lato, el enano traidor, pero se equivocaban. Apenas entraron a los
dominios del Oscuro, una densísima lluvia de flechas detuvo el vuelo del dragón y lo obligó a
retroceder
Algunas de las flechas, lanzadas con precisión por los guardias del príncipe, habían lasti mado
las partes que las gruesas escamas no cubrían, y Orff sentía fuertes dolores. Una vez fuera del
alcance del enemigo, el mago Erfest preparó un brebaje con yuyos y curó al dragón. Alduino,
mientras tanto, conversaba con los otros caballeros. 86 -Tenemos que pensar en otra forma de
ingresar en los dominios de Bonhoff. -Yo tengo una idea-dijo Orlón—, pero tendremos que
trabajar muy duro. olush adb de Principe Un rato después, cuando le contaron a Orff, este
aceptó complacido. La idea era divertida y tenía ganas de cobrarse las heri das recibidas: la
aventura cada vez le gustaba más. yobin ostohailo coase A la mañana siguiente, un improvisa
do tirado carro, por cuatro burros que los ena nos habían comprado a un campesino, hizo
Su entrada por el camino real que conducía al castillo de Bonhoff. La gente se acercaba a
curiosear, y no era para menos: sobre el carro, conducido por dos altos hombres barbudos,
yacía muerto un enorme dragón lleno de fle chas. Los conductores del carro reclamaban una
recompensa por entregar el fabuloso ani mal muerto en manos del Príncipe Oscuro, y los
guardias los dejaban pasar porque esta era una prueba de su capacidad: ellos eran, con sus
flechas, quienes habían matado al dragón, y esperaban, por lo tanto, una buena recompensa.
Después de unas horas de viaje llegaron, al fin, hasta las puertas del castillo y los guardias se
encargaron de comunicar la novedad. Bonhoff, vanidoso como era, pensó enseguida en lo bien
que quedaría una cabeza de dragón adornando su salón principal, pero antes de autorizar el
ingreso del carro envió a un veterinario a comprobar si la bestia estaba realmente muerta. El
veterinario, un hombre flaco llamado Pedul, comprobó con sus pro pios ojos que el dragón no
respiraba y autori zó la entrada. El enorme puente levadizo bajó
sobre el foso y el carro que los dos barbudos conducían entró en la plaza, seguido por una
multitud de curiosos. Pomposo y seguro de su poder, Bonhoff bajó las escalinatas y se acercó
hasta el carro. Uno de los hombres altos ofreció al príncipe el cuerpo del dragón e hizo una
reverencia, mientras el otro hombre se dirigía hasta el carro y se agachaba sobre la bestia.
Bonhoff sonreía ante sus súbditos, orgulloso. Todos los presentes, guardias y curiosos, estaban
tan ocupados en aplaudir al príncipe, que nadie notó cómo uno de los hombres altos echaba
un polvillo en la nariz del dragón, que se fruncía levemente. Bonhoff llegó hasta el carro y
desenvainó su espada. Estaba a punto de descargarla sobre el cuello del dragón para cortar su
cabeza, cuando la farsa terminó: los dos hombres altos se lo transformaron en que cada uno
era, tres enanos montados uno a caballito de otro, y saltaron sobre el príncipe, apuntándolo
con sus armas. Orff, mientras tanto, se incorporó cuan grande era
minutos la carroza real, rebosante de oro y plata, estuvo lista para partir y los arcos de los
guardias formaron un enorme montón de leña en el centro de la plaza, leña que Orff se
encargó de encender con apenas un par de potentes llamaradas. Después, a galope tendido,
los ena dejaron el castillo de Bonhoff, seguidos nos de cerca por Orff, que volaba bajito. Una
semana más tarde, Alduino regresaba triun falmente a su reino, expulsaba para siempre a
Lato, el enano traidor, y condecoraba con la orden de Real Caballero de los Enanos al
emocionado Orff, que desde ese día lleva colgada, con enorme orgullo, la diminuta medalla
que apenas se ve entre sus escamas
6 LA GRAN BATALLA
[2:19 p. m., 20/7/2022] alenka: Sentado sobre sus patas traseras, pedazo de trébol colgándole
de las fauces, el poderoso Orff, el dragón de con un la Montaña Blanca, llamado también "el
protector de los enanos", "el dragón vege tariano' e, incluso, "el justo", meditaba. Había
pasado bastante tiempo desde su despertar en la cueva del tesoro y en todo ese tiempo Orff
había corrido maravillo sas aventuras, y su fama, como la canti dad de sus amigos, crecía día a
día. Pero no estaba conforme. A pesar de que era amigo de príncipes y reyes, tanto como de
magos, artesanos y campesinos, se sentía solo: lo que él quería era un amigo dragón, alguien
de su especie, con sus mismas escamas, parecidas fauces, similar aliento a hierbas
chamuscadas y capaz de
[2:20 p. m., 20/7/2022] alenka: acompañarlo en sus vuelos por encima de las aldeas y los
castillos. Orff suspiró y empezó a sacudir lentamente sus alas para entrar en calor. De nada
servía lamentarse. Lo que debía hacer era recomenzar el vuelo, tratar de oír rumores acerca de
la presencia de dra 198 gones, buscar. Su viaje era eso, una bús queda. Volvió a lanzar un largo
y caliente suspiro y empezó a volar, pero en ese mis mísimo instante una voz conocida lo obli
gó a detenerse y a aterrizar contento: el mago Galluno, con el búho Tierno sobre un hombro,
le hacía señas agitando su vara mágica. obi Orff, viejo amigo-gritó el mago apenas el dragón
estuvo junto a él-. Qué suerte tan grande encontrarte: necesito tu ayuda. -Te escucho gustoso
-dijo Orff y se sentó junto al mago, dispuesto a ayudar en lo que pudiera
[2:20 p. m., 20/7/2022] alenka: -Es fácil aseguró Galluno, recordarás que mi especialidad son
los basiliscos y los dragones, ¿verdad? Orff asintió, sonriendo. -Pues bien-prosiguió el mago me
he enterado de que en las Colinas de Bomarz se está preparando un gran con greso, y no
puedo faltar. -¿Un congreso de magos? -pre guntó Orff, que no entendía en qué podía servir su
ayuda. -No -sonrió Galluno, claro Un congreso de dragones. que no. Por primera vez en toda su
vida, Orff casi se desmaya de la emoción. ¡Un congreso de dragones, nada menos! Era la
oportunidad que estaba esperando: al fin se encontraría con sus congéneres, al fin dejaría de
ser un dragón solitario
[2:20 p. m., 20/7/2022] alenka: -¡Vamos, no perdamos tiempo! -casi gritó Orff, de puro
emocionado, haciendo reír a Galluno, que, sin per der un instante, subió por las escamas al
lomo de su amigo y se preparó para volar, que era una de las cosas que más le gustaban. Tras
dos días de vuelo, Orff y el mago avistaron los contornos de las Colinas de Bomarz, tan famosas
por los prodigios que en ellas ocurrían que prác ticamente ningún hombre se atrevía a poner
allí sus pies. Orff estaba nerviosísi mo, se sentía como un chico en el día de su primer baile,
como un alumno nuevo entrando por primera vez a clase, como un actor el día del estreno. Le
castañeteaban los dientes, y Galluno tuvo que repetirle varias veces que no habría problemas,
para que se tranquilizara
[2:21 p. m., 20/7/2022] alenka: otros se lanzarían al ataque en un instante. Galluno, desde el
lomo de Orff, levantaba los brazos, pero nadie parecía prestar aten ción a la extraña aparición,
en medio del campo de batalla, de un dragón y un viejo que parecían ser amigos. Los dragones
comenzaron a volar en círculos alrededor de su jefe, y las cuerdas de las catapultas se tensaron
al máximo: sólo faltaba un ins tante para que comenzara la terrible bata lla, en la que, seguro,
muchos morirían en ambos bandos. Orff no sabía qué hacer: si volaba hacia los suyos, se vería
obligado a intervenir en una guerra que no quería ni comprendía; si volaba hacia los soldados,
estos interpretarían su vuelo como un ataque y le lanzarían sus piedras y sus fle chas mortales.
Galluno tampoco sabía qué hacer, su magia, en ese instante crucial, no parecía servir para
nada. Y, cuando todos creían que ya nada detendría la lucha, Tierno, el búho de Galluno, tuvo
una feliz inspiración y levantó vuelo, graznando. Se dirigió a través de las filas de los hombres
[2:21 p. m., 20/7/2022] alenka: hasta el lugar donde estaba Lorenzino. El príncipe, intrigado,
detuvo a los arqueros que querían dispararle al pájaro y dejó que se posara en su hombro y
graznara suave mente en su oído, ante el mudo asombro de las tropas. Un instante después
Tierno volvió a volar sobre el ejército humano surcó el aire en dirección a Lemm, el jefe de los
dragones. También entre los grandes animales fue recibido en silencio y se le permitió llegar
hasta la cabeza del patriar ca, que pareció oír con atención sus áspe ros graznidos. Finalmente,
ante la expec tante mudez de los dos grupos, Tierno voló hasta el hombro de su amo y otra vez
graznó. Tan sorprendido como com placido, el viejo mago acarició la emplu mada cabeza del
búho y habló con Orff. у Tierno había conseguido una brevísima tregua: ahora ellos dos, el
hombre sabio y el valiente dragón, debían actuar. Orff se elevó por el aire, hizo una elegante
pirueta con Galluno muy aferrado a su lomo y descen dió entre los dos batallones. Allí,
haciendo
[2:22 p. m., 20/7/2022] alenka: retroceder un paso al ejército humano, lanzó al aire la
llamarada más enorme vida había logrado, y mientras deshacía en largas chispas como que en
su esta se de fuegos de artificio, el mago levantó su varita y entrelazó con el fuego una enor
me cortina de humo de colores, en la que, muy lentamente, empezaron a formarse claros y
bellos dibujos. Como en un mági co teatro transparente los personajes de humo comenzaron a
desarrollar sus esce nas. Tanto los hombres como los dragones pudieron ver a un gigantesco
Orff desper tando en la cueva; salvando a Däfne, la doncella; ayudando a Romualdo, el caba
llero violinista; recibiendo la ayuda del propio Galluno; destruyendo a Snáporaz, el falso
dragón, para alegría de toda una aldea; rescatando con Alduino y sus com pañeros el tesoro de
los enanos y llevando por el aire a los enamorados Hipólita y Eufemio. Cuando Galluno,
agotado por el enorme esfuerzo, hizo desaparecer del aire su teatro de humo, los hombres
habían
[2:22 p. m., 20/7/2022] alenka: bajado las armas y los dragones miraban hacia su jefe como
esperando de este la orden de volver atrás. El viejo Lemm, entonces, avanzó hacia el centro
majestuosamente y el príncipe Lorenzino hizo lo mismo sobre su caballo blanco. Los jefes se
encontraron en el terreno se de que sangre y había estado a punto de teñir allí mismo sellaron
las paces, mientras los rugidos de los dragones y los gritos de los hombres atronaban la
montaña de Bomarz con una alegría pocas veces vista. Unas horas después, respetuosamente,
los hombres de Lorenzino se retiraron, dejando que los dragones celebraran en Bomarz su
pacífica convención. Galluno, único huma no invitado a la reunión, aprendió esa noche y las
dos siguientes una enorme cantidad de cosas nuevas sobre sus amigos los dragones, y Orff,
para qué decirlo, gozó hasta la maravilla de la compañía de sus hermanos. Y dicen, aunque
esto quizá lo cuen ten otras crónicas, que al cuarto día el enorme y heroico dragón de la
Montaña
[2:22 p. m., 20/7/2022] alenka: Blanca partió de regreso a su vieja cueva, pero esta vez
acompañado de una esplén dida dragona, con la que tiempo después poblaron el mundo de
otros dragones tan fuertes y valientes como ellos