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Pendulaciones Version Final

Este documento presenta un resumen de 3 oraciones del libro "Pendulaciones" de Edmundo Hölters: Edmundo Hölters creció en un entorno escolar donde observó contradicciones entre lo que se enseñaba y cómo se enseñaba, generando desilusión. A lo largo de su carrera como educador, buscó respuestas a estas contradicciones y desarrolló un enfoque basado en los valores y especialmente en el amor. El libro comparte sus experiencias y reflexiones sobre la educación.

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Pendulaciones Version Final

Este documento presenta un resumen de 3 oraciones del libro "Pendulaciones" de Edmundo Hölters: Edmundo Hölters creció en un entorno escolar donde observó contradicciones entre lo que se enseñaba y cómo se enseñaba, generando desilusión. A lo largo de su carrera como educador, buscó respuestas a estas contradicciones y desarrolló un enfoque basado en los valores y especialmente en el amor. El libro comparte sus experiencias y reflexiones sobre la educación.

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PENDULACIONES

Un sendero educativo hacia el futuro


Hölters, Edmundo
Pendulaciones / Edmundo Hölters; editado por Gustavo Lencina. - 1a ed . -
Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Leviatán, 2019.

170 p. ; 20 x 14 cm.

ISBN 978-987-514-987-8

1. Pedagogía. I. Lencina, Gustavo, ed. II. Título.


CDD 370.15

Ilustraciones: Martín Eduardo Ricciardelli


Corrección: Dalia Goldman
Edición: Gustavo Lencina

Diseño gráfico: Vanesa Villalba

Libro de edición argentina


Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723

Editorial LEVIATÁN, Alsina 1170, piso 5to, of 511


C1088AAF – Ciudad de Buenos Aires – Argentina
Tel. (011) 4381–7947

[Link]

Impreso en Argentina – Printed in Argentine


PENDULACIONES
Un sendero educativo
hacia el futuro

POR
EDMUNDO HÖLTERS

leviatán
HERMANN
HÖLTERS
A él le dedico especialmente esta obra con profundo agra­de­
cimiento por el camino que abrió a pico y pala en una época tan
di­fícil. Tuvo la fortaleza de mantenerse en sus principios básicos
uni­versales, sostenerlos en el camino de la educación y dejar su
pro­funda huella en los Colegios Hölters, que siguen pendulando
con el objetivo puesto en los valores en acción.
También dedico este libro a mi esposa Mirta y especialmente
a mi hija Connie, quien se abocó a la difícil tarea de interpretarme,
se convirtió en mi voz y me ayudó a entenderme; aportando la
gracia y claridad de la que su padre tal vez carece.
Y finalmente, a la comunidad escolar toda: ex alum­nos,
directivos y docentes que luchan por sostener esos valores, hoy
todavía, a pesar de la incertidumbre de los tiempos venideros, sin
dejar de pensar ni por un segundo en los niños de mañana.
No es poco…

Pendulaciones nos pone frente a la pregunta nodal ¿Qué es educar?


Esta esconde, como agazapada, otra pregunta ¿Qué es el hombre?
Edmundo parte de su propia historia, como todos nosotros
deberíamos hacer, para buscar respuestas a estos interrogantes tan
actuales en un mundo que, a veces parecería, perdió su brújula.
No pretende imponer, sólo contar una experiencia de años de
educador, y de generaciones de educadores. Sin embargo, no mira
para atrás con nostalgia, al contrario, mira para tomar carrera y
lanzarse hacia delante. Ese solo esfuerzo, ya es bien meritorio.
Muchos formadores creen que “todo tiempo pasado fue me­
jor”, ese aporte es corrupto desde su matriz, por ser narcisista y
pretencioso.
Los tiempos no son ni mejores ni peores, son claramente dis­
tintos. Mucho se gana y mucho se pierde. Este libro asume el
presente con claridad, rescata lo mejor de la tradición, pero no
se engaña con lo que no es esencial para el mundo de hoy. Por
otro lado, mira de frente al futuro y todo su potencial, pero no se
obnubila con espejos de colores, sabe discernir lo bueno de lo que
no lo es, va al corazón del problema, a la centralidad de los valores
en la vida de las personas y dentro de ellos al amor, como la más
digna de las respuestas humanas.
Educar proviene de dos raíces etimológicas del latín. Una es
educare, que significa alimentar, producir, poner algo a otro, com­
ple­tar. La segunda acepción es educere, que implica el movimiento
con­trario, es hacer salir, sacar de adentro algo, educir.

– 9 –
La primera definición implica un movimiento donde un
docente da algo a un alumno; en la segunda la acción sería la de
un docente que logre sacar el mejor potencial de un alumno. Algo
así como la escultura de los esclavos de Miguel Ángel, donde esas
criaturas surgen de un mármol, como si ya estuvieran allí y el
autor sólo quita lo que les sobra.
El equilibrio en este doble movimiento de afuera hacia adentro
y de adentro hacia fuera es el camino adecuado para una educación
con sentido para el siglo XXI, y es muy difícil de conceptualizar en
una metodología posible de llevar a la práctica.
Esta propuesta es un camino asequible, equilibrado y viable, que
contempla ambos movimientos.
Resulta relevante ver como Pendulaciones elige el camino de la
educación entendida como ethos.
Ethos puede ser traducido del griego como la morada exterior
donde alguien vive, su propia patria, costumbres, formas de ser y
hacer. Pero también significaba la morada interior desde donde
sale las acciones humanas, el corazón de cada hombre, no como
órgano vital, sino como núcleo central de la propia humanidad.
Podemos entonces afirmar que la ética (ethos), así como la
educación, recorren este doble camino de afuera hacia adentro y
de adentro hacia fuera.
En este sentido podemos pensar el libro como un método para
formar a los estudiantes y a los docentes en este círculo virtuoso
entre educación y ética, donde hay una propuesta educativa que
parte del exterior pero que intenta calar en el corazón del hombre.
Pero a la vez, el texto nos muestra que hay conductas externas que
emanan desde el interior de cada ser, pero que pueden ser influidas
positivamente desde afuera. Este movimiento interior – exterior
y exterior – interior, sintetiza esta metodología que une ética con
educación y es la razón fundamental para la cual la acción educativa
debe ser realizada.

– 10 –
A mi entender, este libro propone perfeccionar las acciones
humanas, sabiendo que esa tarea nunca es total, nunca se agota,
pe­ro que con una mirada educativa centrada en los valores, y prin­
ci­palmente en el amor como punto de partida y de llegada, cada
uno, y la sociedad en general, pueden arribar a su mejor promedio,
y lo­grar eso no es poco…

Alfredo Vota
Docente, sociólogo,
investigador, escritor.

– 11 –
I
Decodificar el amor
“Intenta no volverte un hombre de éxito,
sino volverte un hombre de valor”
.- Albert Einstein

PLAN DE VUELO

¿Qué diferencia hay entre educar y formar?


Ampliar la percepción
Los principios Herméticos
La Campana de Gauss
Los niños, material sensible
Siembra y cuidados del amor

N ací entre alumnos pupilos, en un entorno escolar. Mi familia


y yo compartíamos el hogar con los alumnos. En ese
ambiente de aulas, libros y tareas, me daban la mamadera y me
cambiaban los pañales. Crecí con vivencias fuertes y reales de lo
que pasaba en una escuela. Y no siempre era agradable lo que veía.
Era la época de “la letra con sangre entra” y, bajo esa premisa se
aplicaban métodos ciertamente cuestionables: el aprendizaje de
memoria, la manipulación a través de la culpa, la penitencia y los
castigos corporales.

– 13 –
Recuerdo que entre los ocho y los diez años comencé a descubrir
que el pastor de la iglesia y las maestras dominicales tenían serias
contradicciones entre lo que decían y hacían. Hablaban del amor
pero gritaban y se enojaban. Nos amenazaban diciendo que si
nuestra conducta no era acorde a lo que Dios deseaba no iríamos al
cielo y que el diablo acechaba constantemente.
Intentaban educarnos sembrando peligrosas amenazas en nues­
tro subconsciente. Y en su megalomanía “adulta” no se daban
cuen­ta de que a pesar de nuestra corta edad ya percibíamos sus con­
tradicciones y dejaban de ser interlocutores válidos para nosotros.
Y el problema, no es sólo la pérdida de credibilidad en el adulto,
sino la insondable soledad en que queda sumergido el niño o la
niña. Porque ya no tiene en quién creer, en una época en que las
preguntas estallan en su mente segundo a segundo.
Lo cierto es que ya desde aquel momento me entretuve in­ves­
tigando sus incoherencias. Buscaba respuestas. Me interesaba lo
bue­no, pero sus discordancias entre el decir y el hacer, en ocasiones,
me lastimaban, me desconcertaban y me desilusionaban.
Cuando fui creciendo descubrí que estas contradicciones estaban
presentes también en mi casa y en la escuela, donde la educación
se impartía con dureza. Así fui entendiendo que las incongruencias
se repetían constantemente. Mi mirada, observadora de estas tristes
paradojas, se fue entrenando en las diferentes etapas de mi vida.
Me llamaba la atención que había excepciones en los grupos de
docentes con trato distinto, que me me llegaban al corazón, porque
se movían en el amor. Sus palabras, sus sonrisas, las acciones que
los distinguían. Con los años comprendí que las contradicciones
son algo que compartimos todos.
Pero nunca me abandonó esa costumbre de observar nuestras
contradicciones como seres humanos y educadores. Y a medida que
fui creciendo -como profesional docente y como persona, con la

– 14 –
experiencia de fuertes y profundas injusticias-, fui escribiendo estos
fragmentos que ahora decidí publicar.
Mis vivencias educativas prosiguieron en Alemania. En la Uni­
ver­sidad pedagógica y en sus colegios públicos. De vuelta en La
Argentina fui docente, director de nivel primario, director general y
pre­sidente de la Fundación Hölters Simon en Villa Ballester, y fun­da­
dor del Colegio Hölters en Los Cardales, provincia de Buenos Ai­res.
Repasando todos estos años encuentro “pros” y “contras” en
ca­da época. También he hallado respuestas a algunas preguntas que
mi abuelo, Herman Hölters, me despertó durante mi iniciático viaje
de estudios a Alemania.
Antes de continuar quisiera hacer una referencia a mi abuelo,
nacido en Alemania, contemporáneo de Albert Einstein y de Fritz
Perls (médico, psicoanalista y creador de la terapia Gestalt).
Me ha llamado la atención la similitud de la filosofía que se fue
desarrollando en esa época entre Fritz Perls y Herman Hölters.
Ambos vivieron en Alemania la primera gran guerra y el comienzo
de la segunda; y ambos tuvieron que huir de su país.
Uno, Fritz Perls, era un pequeño demonio, estudioso, filósofo.
El otro -mi abuelo- un jugador de la vida, guerrero, cabeza dura,
músico de cuerda y órgano, docente alemán, fanático de los valores
y del deporte (Mens sana in corpore sano) y opositor a ese régimen que
-según su criterio- tiraba los valores por la borda.
Ambos fueron inquietos investigadores del ser humano y sus
maneras de relacionarse. Vivieron la misma época y cultura; eran
duros y de gran corazón. Casi en el mismo período tuvieron que
emigrar hacia el hemisferio sur. Fritz Perls a Sudáfrica y Herman
Hölters al Paraguay. Perls perseguido por su condición de judío y
Hölters por su ferrea oposición a aceptar educar acorde al régimen.
Hölters era un defensor acérrimo de los valores en acción, lo que
le costó dejar su patria pero no resignar principios como educador.

– 15 –
Más allá de importantes detalles, coincidencias y enfoques, ha­
go esta comparación porque habiendo ordenado unos escritos
que tienen que ver con la educación y formación, me apareció un
“Achtung” (Atención) como decía mi abuelo. Este achtung fue como
un ¿Por qué no relees la Gestalt? ¿Acaso no es posible que lo que
que­res transmitir encaje perfectamente en el mosaico Gestalt?
Y así fue. Mi abuelo siempre decía “los valores universales, pe­ro
en acción, son la única garantía para asegurar el futuro de la hu­ma­
nidad”. Esa fue su guía de vida y su forma de encarar la edu­ca­ción,
ya en aquellos tiempos. Y eso caracterizó de alguna manera las es­
cue­las Hölters.
Mi abuelo me acompaño -a mis 19 años- a cursar una parte
de mi preparación en la “Padagogische Hochschule de Wuppertal-
Elberfeld. Aprendí a conocerlo y fue “ÉL” mi verdadera escuela
pedagógica (mucho más que la Universidad). Por momentos lo
padecí, y en muchos otros lo amé. Eramos representantes de dos
generaciones cuya convivencia no resultaba nada fácil.
Pero él la tenía muy clara: Para moverte en la vida con los valores
en acción tenés que mejorar día a día tu percepción y tu “darte
cuen­ta” de quien sos en el preciso momento de la acción. Sólo así
podrás comprenderte realmente.
Fritz Perls, un adelantado en el tema percepción y darse cuenta,
ya desarrollaba y discutia su filosofía de terapia Gestalt con los más
grandes filósofos de la época. Le decían “loquito” y, con­ci­den­
temente, a mi abuelo le decían “loquito lindo”. Mi abuelo era un
hombre alto con presencia señorial. Transmitía una autoridad sere­
na y natural. En esos tiempos de disciplina militar y rigurosa lectura
de la Biblia, lo amaban y lo odiaban.
De la Biblia opinaba que su contenido era altamente positivo, pe­
ro los hombres que la interpretaban no eran dignos representantes
de su contenido en acción.

– 16 –
Sin embargo, de aquel temprano contacto heredé ciertas con­sig­nas:
Ampliar el campo de la percepción de mi realidad emocional.
Comprender que los valores existenciales son la huella activa de
la supervivencia y el límite conductual del amor.
Las acciones de amor son una experiencia espiritual.

Gracias a esas experiencias que me hicieron volar por


los aires los valores pude superar terribles in­ jus­
ticias,
difamaciones con profundo sufrimiento que me llevaron a
aferrarme aún más a esta experiencia es­pi­ritual basada
en el amor compasivo, comprensivo, trans­formando esa
realidad en un aprendizaje que es mi in­tención capitalizar
para la educación.

Herman Hölters dejó su patria y sus educandos por priorizar


los valores universales que en ese momento se habían perdido.
La tozuda defensa de estos valores llegó a poner en peligro su
vida y la de su familia.
Intenté dar respuestas a las preguntas de Herman Hölters -que
pa­saron a ser mis preguntas-, con foco en la educación de estos ni­
ños que nacen día a día y que necesitan herramientas adecuadas a
los tiempos por venir.
¿Por qué, si sabemos dónde está el bien y dónde está el mal;
por qué si nuestra formación y nuestro impulso nos llevan hacia
lo bueno y luminoso; una y otra vez nos alejamos yendo hacia la
oscuridad, lo negativo y lo violento?
En la búsqueda de ese enorme interrogante me aventuré en los
campos de la religión, la filosofía, algunas nociones de sociología,
en fin, un poco en la historia del comportamiento humano.
Y encontré algo. Por supuesto no verdades absolutas. Pero sí
cierto patrón de conducta cuyas causas quisiera compartir antes

– 17 –
de continuar. Básicamente porque me instalan en un lenguaje que
será recurrente a lo largo de esta modesta obra y es necesario que
escritor y público lo compartamos para su correcta aprehensión.
Me refiero a Los 7 Principios Herméticos y la Función Gaussiana
(o Campana de Gauss). No voy a hacer aquí una digresión me­ta­
física y/o científica, sino a tomar de estos dos elementos los datos
comprobadamente universales que nos ayudarán a manejar un len­
gua­je común -más allá de la dualidad contrapuesta entre lo laico y
lo religioso- para analizar la decodificación del amor.
Haciendo una síntesis muy simple, los Principios Herméticos
enun­cian que:

1. Todo en el universo es mente o espíritu. Existe un orden su­pe­


rior; una energía del amor. Cada quién puede llamarla como se
lo dicte su conciencia.
2. Existe correspondencia en los estados del Ser y la Vida: Como
es arriba es abajo, como es abajo es arriba.
3. Todo el universo está en vibración permanente. Todo es energía
en movimiento.
4. Enlazado con el punto 3, nos dice que todo tiene dos polos.
To­do tiene su opuesto. El frio y el calor; la oscuridad y la luz; la
angustia y la felicidad, el odio y el amor.
5. El ritmo. Esa vibración tiene un ritmo constante de avance y
retroceso. Todo fluye y refluye. Lo que está arriba debe bajar, lo
de abajo debe subir. Las polaridades se alternan infinitamente.
6. Todo tiene su causa y produce un efecto. El principio de causa y
efecto elimina cualquier posibilidad de casualidad. Todo ocurre
por algo y para algo.
7. Con esta misma lógica, todo tiene su lado femenino y su lado
masculino. Y esto afecta no sólo el plano físico sino también
el espiritual.

– 18 –
Hasta aquí tenemos trazado un contexto; un encuadre donde
situarnos como seres humanos, espíritus en evolución, energía que
se manifiesta o como queramos llamarnos. Ahora vamos a ver de
qué se trata la resonancia o “Campana de Gauss” y aquí sí vamos
a extendernos un poco más porque es necesario que fijemos este
lenguaje a fin de que sus implicancias puedan ser debidamente
interpretadas a lo largo de esta obra.
En principio la Campana de Gauss, también llamada “curva
de normalidad” es una herramienta que se utiliza para el or­de­
na­miento de datos.
Más adelante desarrollaremos una explicación gráfica en pro­fun­
didad, pero por el momento la resumiremos de la siguiente manera:
De los 7 principios herméticos que he mencionado hay 3 que
tienen directa relación con la Resonancia de Gauss, (el 3, el 4 y el
5). Todo tiene una vibración, dos polaridades y un ritmo de avance
y retroceso entre dichas polaridades.
Vivimos, existimos, pendulando continuamente entre nuestras
polaridades personales y universales. Con ritmos y vibraciones en
diferentes grados; cada uno diferente y único en sí mismo.
Todo es mucho más sencillo en tanto más universal. Y si bien
es cierto que no existen las verdades absolutas (al menos a nuestro
alcance), sí existen en cambio interpretaciones de la realidad que
nos permiten aprehender el todo, o al menos sus inmediaciones.
Y aquí es donde entra en juego una herramienta valiosísima: La
famosa Resonancia de Gauss. Veamos de qué se trata.
Imaginemos una campana. En su interior cuelga el Fiel, que
pendula oscilando de un lateral al opuesto dentro de esa campana.
Cuando toca los extremos produce sonido. Esto es, una vibración
que se proyecta hacia el entorno. Ese Fiel somos nosotros, los
extremos de cada pendulación son nuestros opuestos: Res­pon­
sabilidad - insensatez; solidaridad - egoísmo; respeto - insolencia;
humildad - soberbia, etc.

– 19 –
Mediante las acciones en valor el péndulo se armoniza y se
acerca al equilibrio. Su pendulación decrece y al hacerlo aumentan
los promedios de valor de sus acciones. Al producirse este mo­vi­
miento van mejorando los promedios y el Fiel se eleva hacia la par­te
superior de la campana, donde la posibilidad de oscilación dis­mi­
nuye. Los laterales se acercan y se angostan. Las exageraciones o
recaídas ya no serán tan graves. Los promedios se elevan.
Esto sólo es posible a través de acciones de amor. Y, aquí una
aclaración: cuando decimos “amor” no lo decimos en el sentido de
“amor amoroso”; sino en un sentido práctico, honesto, de intentar
hacer las cosas bien, de manera colaborativa y tolerante. Tal vez sin
poner tanto “emoción”, como serenidad y eficacia.
Estos temas van a desarrollarse más en detalle en capítulos pos­te­
rio­res, porque tienen muchas implicancia en nuestra búsqueda. Pero
por ahora -como ya he dicho- lo que necesitamos es establecer un
lenguaje común. Ahora el lector ya está avisado sobre determinada
terminología que notará recurrente: pendulaciones, vibraciones en
positivo o negativo, promedios, acciones en valor.
Día a día pendulamos en nuestra vida social, trabajo, hogar; en
todos los ámbitos en que nos movemos. En muchísimas ocasiones
con una gran pérdida de valores. Sin que lo notemos aceptamos
nuestra propia mediocridad amparándonos en la mediocridad que
nos rodea. Nos mimetizamos con un entorno nefasto y pre­ten­
demos ignorar que cuesta el mismo trabajo pendular hacia el otro
la­do. Creo que como educadores, padres y docentes, debemos ha­
cer­nos responsables y poner en marcha herramientas prácticas
pa­ra mejorar los promedios de acciones positivas empezando en
no­so­tros y el entorno.
Las pendulaciones del ser humano son entre lo bueno y lo
malo; lo que conviene al buen hombre y lo que no le conviene. ¿No
pendulamos entre Dios y el Diablo? Al fin y al cabo, siempre lo
hacemos entre el amor y el desamor. Pero esa pendulación no tiene

– 20 –
por qué ser forzosamente simétrica. Porque tenemos voluntad y
libre albedrío. Y siempre existe la posibilidad de cambiar acortando
los desplazamientos hacia lo negativo.
– Aprender es descubrir.
– Todos y cada uno de nosotros trabaja en este mosaico universal
buscando encajar sus acciones en el “bien hacer”.
– En materia de Acciones de Amor, el todo es muy diferente que
las partes, pero la suma de los promedios de conductas de las
par­tes, hacen al mejor o peor promedio del todo.
– Si se vive haciendo ejercicio de la percepción, la vida en relación
es aprendizaje constante, terapia de grupo. Dar y recibir, expresar
sentimientos y recibir los ajenos, es amor en movimiento.

Quiero hoy transmitir estos fragmentos de escritos propios -en­


ri­quecidos por bibliografías de todo tipo-, convencido de que el
amor en la educación necesita a “gritos” ser revalorizado.

– 21 –
Pendulaciones en la Campana de Gauss
Campana viva latiendo Crecimiento espiritual Acortando
Movimiento contínuo pendulaciones
Sus ritmos entre opuestos
vibraciones y tiempos
pendulando
Energía amor compasivo
Estructura colaborativa horizontal
Cuerpo - mente - alma - emociones
Promedios ascendiendo o no
Sufrimientos aprendizajes
Siempre equidistante
ascendiendo o descendiendo
Campana se expande - negativo
o contrae y asciende - positivo

Eje ideal
Superficie de aprendizaje
Se expande en su base Se centra crece paralela más
sin aprendizaje cerca al eje ideal hacia arriba
A quién doy

Los niños que están naciendo vienen con gran evolución, prin­ci­
palmente en lo emocional y perceptivo.
Y esto no es una cándida teoría new age, es algo comprobado y
cierto. Existe una distancia abismal entre nosotros y estos chicos.
Nosotros crecimos a mediados del siglo XX, con 4 canales de TV
en blanco y negro y un teléfono por cuadra; jugábamos en la calle
hasta que caía la noche y teníamos una noción de autoridad por los
ejemplos de la familia y el entorno e inculcada muchas veces por la
fuerza. Los hijos de la hipermodernidad desconocen ese principio,
se educan y relacionan a través de pantallas, crecen al amparo de
nuestras paranoias pero no se contagian de nuestros prejuicios. En
las series infantiles de la actualidad es usual ver parejas del mis­
mo sexo, personajes trans y una crítica feroz de cualquier forma
de segregación. Y ellos lo incorporan. Desde bebés tienen otra
mi­ra­da, sus ojos nos observan fijamente, como si nos estuvieran
de­co­dificando. Y disponen de un acceso infinito a los medios de
comunicación, traductores, grupos de interés, información alter­na­
tiva. Estímulos, todo tipo de estímulos.
Estos niños, nativos digitales, hablan, comen, caminan, dis­cu­
ten, hacen preguntas más adelantados que las generaciones que los
precedieron. Se acercan prematuramente a conductas de prea­do­
lescentes con 7 – 8 años.
Esto no deja de ser un buen augurio, una excelente noticia,
pero desgraciadamente convive con una realidad muy difícil de
soslayar. Y es que los padres, los docentes y las instituciones no
estamos ofreciendo a estos niños y jóvenes el entorno que ellos
necesitan, y con urgencia.
Faltan comprensión, capacidad de escucha, calidad en el tiempo
a compartir; en definitiva, amor para dar y recibir. Y mientras tanto

– 23 –
el reloj sigue corriendo. Se pierde un tiempo vital, tiempo de buena
vida. Pero no sólo se pierde ese valioso tiempo, sino que además se
lo utiliza lastimando y deformando. Y aunque esto suene como una
generalización brutal, sabemos que “algo de eso hay”.
Debemos acompañarlos para ir conociendo la semilla del amor
que anida en cada uno y colaborar en una germinación armónica
que le ayude a conocer sus dones y le sume conocimientos para las
artes de la vida. La felicidad es un camino y los sufrimientos son
una parte en el aprendizaje.
Pero muchos de esos sufrimientos son evitables si las he­rra­
mientas que vamos adquiriendo las ponemos en real práctica -jun­
to al amor en movimiento- a nuestro servicio. Y para ello es in­
dis­pensable comprender a estos niños y sumarle a sus adelantos
y ven­tajas digitales la fortaleza de espíritu que surge del sostenido
cre­cimiento con valores en acción.

Los niños y la naturaleza

Los niños de hoy nacen con una gran percepción y sensibilidad


emocional. Estos niños poseen la excelente facultad de ma­ra­vi­llarse
descubriendo. Y así es como en el camino de percibir el mun­do y
comprender la vida nunca dejan de ampliar su conciencia.
Esta maravillosa capacidad de asombro los mueve a investigar.
Y así es como un impulso intelectual se convierte en instinto.
En sus observaciones para con la naturaleza se hace evidente
su notable poder de decodificación y su capacidad de encontrar
res­puestas, que a sus vez les generan más preguntas. No paran de
in­vestigar, de indagar y -acaso lo mejor- de verse a sí mismos en ese
pro­ceso de investigación.

– 24 –
Debemos permitir que desarrollen su poder de decodificar/
in­ves­tigar y motivarlos a ello, para que logren emanciparse de
nues­tras mochilas.
Asombrarse, relacionarse y comprender la realidad es ir con­
cien­tizando lo que es naturalmente la comprensión de lo vivido.
El desafío de decodificar el amor con ellos -en ellos- ex­pe­ri­men­
tando, descubriendo; despertará ese asombro, ese maravillarse y nos
dejarán estupefactos en más de una oportunidad.
Los niños perciben inmediatamente la energía positiva que pro­
du­ce el moverse con valores en acción; y asimismo registran el des­
gas­te infinito, la pérdida de energía, que producen el desamor y la
falta de valores.
Y sin embargo nunca debemos perder de vista que, con todas sus
aptitudes y ventajas “evolutivas”, siguen siendo niños. La esencia de
la infancia no cambió la necesidad de aprender a vivir en relación
con estímulos de diálogo, confianza en los vínculos, y la necesidad
de crear hábitos desde los valores universales.
Estas consignas siguen siendo la base necesaria para la for­
mación de un rol activo en este mundo tan complejo. Creo que
nunca fue necesario de manera tan urgente y universal en la His­
toria, ha­cer circular expresiones profundas de amor compasivo
entre los hom­bres. Estas generaciones que nacen día a día, lo
tendrán como desafío y tienen la capacidad para hacerlo, si los
guiamos con valores en acción.
Estos escritos no pretenden ser un código moral sino más bien
una decodificación del amor en acción, una guía del sentir en accio­
nes de amor. Un acercamiento a la mejor práctica de nuestras osci­
laciones entre lo bueno y lo no tan bueno.
Un picoteo de filosofías, culturas, religiones propuestas que
desde hace cientos miles de años se fueron repitiendo en la historia
del hombre con evolución. Las propongo ordenadas de esta manera

– 25 –
como guía del camino para nuestro sentir de la vida. En síntesis,
amor/valores en acción.
El ser humano viene pendulando desde su nacimiento -hace
mi­les de años- y seguirá pendulando entre opuestos, mejorando
pro­medios, por más que algunos auguren su decadencia. Y este
pen­dular promediará -lento pero sin pausa- más grados hacia lo
po­sitivo. Es una cuestión de grados, de tiempos, de vibraciones, de
ritmos, yendo y viniendo con correspondencia.
Como fundador, miembro y representante de una Institución
pro­pongo intervenir en el entorno educativo (padres, docentes,
alum­nos) a fin de generar realidades más “románticas”, esto es, re­
la­cionadas con el amor en la vivencia diaria.
Los claustros son ámbitos que educan para la vida. Verdaderos
la­boratorios que permitan percibir al niño en sus acciones, re­la­cio­
nándose con los demás; en su capacidad de dar y recibir con amor,
inclusive más allá del conocimiento que allí se imparte. Para los
que les hace ruido esto de “romántico”, lo que quiero expresar es
que, cuando la calle es cada vez más dura y agresiva, la respuesta a
esa realidad es con más acciones en valores; permitiéndose sentir.
Esto es nada más y nada menos que participar con acciones de
amor. Con tolerancia y firmeza.
¿Es fácil o es difícil tener el valor de decidir acciones cada vez
más ajustadas a los valores universales?
Educar – formar a los niños y jóvenes es únicamente posible
de la mano de valores realmente en acción, de instante en instante.
Todos nacemos con las semillas del amor, sin excepción, que
haremos germinar-en mayor o menor grado- en este camino de
la felicidad.

– 26 –
Acerca del amor

Amor es un concepto tan mancillado que ya es imposible po­der


utilizarlo sin experimentar cierto pudor. Es necesario, de algún
modo, recuperarlo.

LO MEJOR DE TU VIDA
¿Qué es lo mejor que tenemos? ¿Dólares, relojes, oro? ¿Hay
algo mejor que el amor como monda de in­tercambio? Y si
todos estamos de acuerdo en que el amor es lo mejor
que tenemos ¿por qué no lo hacemos cir­cular y potenciar
nuestro dar y recibir?
En el ámbito de la educación pensemos seriamente si
a estos niños les estamos dando realmente lo mejor
que tenemos. Y en esto nada tiene que ver el costo de
vida ni las paritarias, ni cada una de nuestras broncas
y nuestros fastidios, más allá de lo justo o injustos que
éstos puedan ser.
Siempre podemos dar amor porque nos energiza y es
superior a cualquier otro “dar”.
El amor es el trueque más equitativo al que los hu­
ma­nos podemos aspirar. Porque es lo mejor que tene­
mos, todos y cada uno. No es un valor mensurable
ni com­parable; no es embargable y la inflación no lo
puede devaluar. No necesitamos atesorarlo, porque
justamente adquiere más valor cuando lo damos. El
amor es nada menos que los valores unidos en un
conjunto armónicamente equilibrado. La ausencia de
un valor, en alto grado, perturba el amor, lo desgasta,
y hasta lo hace imperceptible para uno mismo y para
los demás.

– 27 –
Todos sabemos quién fue Albert Einstein y tenemos alguna
idea de cuáles fueron sus enormes aportes a la Humanidad, como
cien­tí­fico. Pero el Einstein hombre, también habló de la guerra,
de la paz y del amor.
Y fue entonces cuando afirmó que el ser humano no está pre­
pa­rado todavía para darse cuenta por completo de que el amor es la
energía más potente del universo.
Todos portamos el amor en nuestro interior. Los niños que es­
tán naciendo con esa pureza amorosa deben ser correspondidos
por nosotros -padres, docentes, institución- y, en lo posible, por
to­dos sus entornos.
Es impensable querer motivarlos, si no lo hacemos acom­pa­
ñando todo su crecimiento con acciones de valores. Sin dejar de
enfocarnos además en mejorar nuestros promedios reales per­so­na­
les. Debemos interesarnos por nuestras oscilaciones emotivas-ne­
ga­tivas, protegiendo a los niños de ellas.
Los valores hay que vivirlos y sentirlos en experiencias diarias
con emociones (que son parte del amor en movimiento). No
se pla­nifican a cada instante, se nos presentan y respondemos
como sen­timos.
Pero debemos ser conscientes de que ese “sentir” siempre estará
en concordancia con nuestros promedios pendulares. También es­to
le estará ocurriendo a nuestros pequeños educandos, cuando tran­
si­ten sus propias experiencias (surgidas de sus propias acciones) y
se construyan a sí mismos, se emancipen. Podemos acompañar esas
ex­periencias, pero no interferir.
Lo que sí podemos es actuar a modo de faro. No poniéndonos
como ejemplo a cada instante, sino trabajando nuestro interior y
nuestras acciones, para que sea la energía positiva surgida de nuestra
actitud la que primero llame su atención y luego los inspire a imitarla.
No somos perfectos, pero nuestra responsabilidad como padres
y educadores nos impone el desafío de interesarnos en nosotros.

– 28 –
Debemos saber quiénes somos realmente, y conocernos a lo largo
de todas nuestras oscilaciones; en cada punto. Tanto en los positivos
como en los negativos.
Para llegar lejos debemos empezar muy cerca y el cerca es
uno mismo. No hay camino sin punto de partida. Eso es lo que
debemos comprender y recordar cada día. Para que se convierta en
un Alerta, en relación a lo que realmente es y sucede (más allá de
todas nuestras buenas intenciones) y se recibe de verdad.

Esa percepción, ese “darse cuenta” debe ser un ejercicio


diario, de interés propio y con fuerte intención, con control
y vigilancia atenta. Con el objetivo de conseguir cada día
un grado más en su promedio de amor ex­pre­sado en
acciones de valor.

El mundo es la relación de uno con el otro. Cuanto más simple


y directa es la relación menos compleja será la convivencia.
Cada individuo es creador de problemas, daños, odio y dis­
cordia en sus entornos. Cada uno de nosotros genera y aporta su
dosis de confusión. La solución es sencilla, pero lo simple lo com­
plicamos y pasa a ser difícil.
Primero necesitamos tener confianza en nosotros. Pero no ha­
blamos de simple autoestima. Sino confianza creativa en el des­cu­
bri­miento del “quién soy”, de mi propio proceso en la acción.
Es necesario que haga nacer en mí la sana y profunda intención
de conocerme, lo que realmente soy grado por grado: Pensamiento,
emociones, sentimientos, yendo y viniendo dentro de mis con­te­ni­
dos reflejados en mis acciones.
Debemos ser muy claros respecto de nuestras intenciones de
búsqueda real de la verdad y estar en estado de alerta, de vigilancia,
para poder descubrirnos.

– 29 –
Tener la intención de descubrir el proceso de la comprensión de
nosotros mismos. Si queremos formar, educar, debemos sabernos
en acción en relación con los niños a acompañar. Asumir la clara
intención de comprender.
Podemos exponer nuestros descontentos y canalizarlos para
descubrirnos en acciones con intención de saber quién soy ahora.
Podemos enfocarnos hacia valores, percibir si realmente los ejer­
ce­mos en plenitud, asumir y rectificar. Porque no siempre somos
bue­nos ni practicamos lo que nos conviene como seres humanos
im­perfectos que somos.
En cambio si nos supiéramos en cada acción, si nos diésemos
cuenta de cuánto significa cada pequeño acto en acciones de amor
-para nosotros y para nuestro entorno- fortificaríamos la intención
de mejorar promedios en buenas acciones. No lograremos la per­
fec­ción, pero sí mejoraremos, grado por grado.
Primero debemos concentrarnos en comprender al creador del
problema, que no es otro que uno mismo. Y para ello es necesario
hacer foco en nuestros propios conflictos y descubrir cómo se
manifiestan en acción.
Es un proceso simple, pero sólo con esa atención y honestidad
podremos mejoramos, mejorar nuestras pendulaciones y elevar
nuestros promedios.
Si ejerzo la profesión docente, si además soy padre, tengo la res­
pon­sabilidad de practicar activamente mi propio conocimiento, para
poder transmitir a los niños y jóvenes esta gran herramienta para
la vida: La constante y sostenida intención de saberse en relación y
descubrirse para mejorar promedios; y así ver lo que es nuestra rea­
li­dad a cada instante, pendulando siempre entre opuestos.
Debemos educar una mente inquisitiva.
Es obvio que para crear hábitos positivos los lugares de apren­di­
za­je ideal son el entorno familiar y el ámbito escolar.

– 30 –
Con una intención fuerte y enfocada podemos llegar a la com­
pren­sión que hace a la sensatez. La madurez no es cuestión de edad
si­no de comprensión.
Si en el entorno están dadas las intenciones de ser creativos para
comprender las oportunidades; mantener la atención a las alertas,
poniendo el foco en las acciones de valores, estaríamos creando
un campo de aprendizaje de vida en relación donde cada uno, con
sus características y tiempos propios, pudiera concentrarse en com­
prender sus acciones reales.
Esto es, saber y comprender claramente quién y cómo es uno
mismo en acción en las relaciones para así propiciar la creación de
estructuras colaborativas transparentes, honestas y dinámicas.
El conocimiento propio es el principio de la sabiduría, es
un campo de afecto, cordialidad y amor. Es lo que hace a la di­
ferencia entre ser meros transmisores de conocimientos o for­
ma­dores para la vida.
Así es como uno se apropia de su conocimiento de valores y puede
evaluar con intención su próxima acción, mejorando promedios,
to­mando día a día más confianza en sí mismo y disminuyendo sus
re­caídas. Cabe aclarar aquí que hablamos de una confianza que no
es agresiva, sino inteligente, autoafirmativa.
Confianza que se reafirma al ver las cosas sin distorsión alguna.
Esa confianza de valores en movimiento es amor, afecto. Y ayu­
da a que las pendulaciones vayan bajando sus oscilaciones y rit­
mos, grado por grado, mejorando promedios a través de la au­to­per­
cepción honesta y el darse cuenta de las cosas.
Y cuando hablamos de acciones en valores estamos hablando
de acciones de amor. Esa energía superior que está en nosotros
y constituye nuestra más importante herramienta educativa.
Cuando el amor entra en acción aparecen en movimiento los
valores ar ­mo­nizados.

– 31 –
Su participación es indispensable para que el amor sea.
No existe el amor accionando sin valores. Estos accionan coor­
di­nados entre ellos en conjunto. Cada uno con sus promedios, con
sus armonías y equilibrios.

Cuidar el amor de su desgaste natural

Muchas veces, más de las deseables, se confunde el amor con la


pasión. Esa mezcla de ansiedades que nos impulsa hacia adelante
autojustificándose y en general invalidando cualquier posibilidad de
auto cuestionamiento.
Pero la pasión es un estado pasajero. Y esto también lo sa­be­
mos. Es como un barniz dorado que el tiempo se encarga de bo­
rrar. ¿Qué sucede entonces con el amor genuino y profundo que
acaso le dio origen?
Cuando la pasión se desgasta, el amor se sostiene con su propia
estructura de acciones amorosas basadas en valores.
Cuando uno de los valores flaquea, desaparece o tiene muy
mal promedio, comienza la desarmonía en diferentes grados
de otros valores que son arrastrados por esa desestabilización.
El amor y sus emociones positivas se endurecen y declinan en
emociones ne­g a­tivas.
Si seguimos fogoneando con emociones negativas el odio, la
ra­bia, la ira, el desagrado y la insatisfacción infectarán todo. No
habrá manera de darse cuenta de lo que está ocurriendo para poder
encausar la armonía nuevamente.
Y esta disarmonia está en movimiento arrasa con todos los de­
más valores en diferentes grados.
Para cuando percibamos que esta estructura de valores es­tá
ca­yendo, el amor ya habrá sufrido desgastes evidentes. Y fi­nal­
mente se derrumba.

– 32 –
Cuando se cae el amor todo lo demás se derrumba. Las emo­
cio­nes positivas se enturbian, las emociones negativas lo em­
pantanan todo.
Se desarma la estructura del amor, que son los valores, y el amor
se desploma como un castillo de naipes.
Ese lugar es ocupado por lo negativo, sin felicidad, infectado de
contradicciones, desesperación, venganza, odio, ira, etc. que se va
retroalimentando en grados infinitos.

LA IRA
Cuando nos descontrolamos y nos entregamos al enojo,
inmediatamente nos desplomamos hacia lo negativo, la
furia, desplazándonos sin remedio hacia la pendulación
negativa. No tenemos siquiera percepción de lo que nos
pasa en el cuerpo, las malas vibraciones, el desagrado
y lo injusto. El daño es para todos. Para el objetivo de
nuestra ira y para nuestro propio cuerpo que responde
con contracturas y todo tipo de malestares.
Inconscientemente perdemos seguridad, porque perdemos
de vista la armonía en valores.
Perdemos de vista el valor que deberíamos acentuar para
volver al equilibrio.
Si pudiéramos aferrarnos a nuestra tabla de valores,
con una interpretación veloz, recuperaríamos nuestra
seguridad y saldríamos del conflicto que se está
gestando.

Desgraciadamente sólo el sufrimiento tiene la capacidad de


despertarnos e impulsarnos hacia la reconstrucción de la estructura
de valores, para así regresar al amor en movimiento con emociones
positivas grado por grado en crecimiento.

– 33 –
Pero es un camino errático y peligroso. Y nunca se sabe el daño
que se puede ocasionar en la caída.
Evidentemente en cada individuo cada paso es un tema de
grados para ir y volver. Pero en todos la estructura del amor que
debemos cuidar y alimentar está constituída por los valores con
emociones positivas. Sólo de esa manera se merece y se logra la
vida feliz en relación. Pero es una tarea que debe comprometer cada
instante de la vida.
Porque también es cierto que cuando la estructura del amor
-sontenida por valores y recorrida por emociones positivas- se
desarmoniza, siempre se tiene la posibilidad de volver a es­ta­bi­li­
zarlo, a armonizarlo.
Esto sucede ascendiendo, disminuyendo las pendulaciones
gra­do por grado, con valores en acción apoyados en emociones
po­sitivas.

Donde germina el amor

El amor no existe en función de nuestro cerebros, no se genera por


una sucesión de ideas. Su origen es más profundo. Proviene de las
honduras donde anidan los instintos, y brota como agua, a través
de nuestros corazones abiertos a percibirnos en acción de valores
universales, sintiendo.
El hombre sin valores en acción/amor tan solo puede existir,
que no es lo mismo que vivir.
Y su existencia sin la energía del amor es confusión, descontrol,
pesadumbre, un simple transcurrir alejado de su corazón, del sentir.
Transcurrir con foco en lo que debería ser y no en lo que ES,
vivir con pasiones tristes.

– 35 –
El amor contiene valores moviéndose con buenos promedios.
Sin ellos no existe amor alguno. Son meras palabras sin contenido. Y
es cosa del corazón no del cerebro. Y esto, me permito recomendarle
al lector: investíguelo, siéntalo y compruébelo en usted y en otros.
Cuando perciba que no hay amor, escudriñe las causas y verá que
el territorio del desamor es un espacio en el que no hay valores en
acción con buen promedio.

Es necesario comprender que cuando los valores están


en acción, hay amor en movimiento. Y esto es fácil de
comprobar si uno recuerda momentos de amor pleno que
modificaron la realidad en su presente. Como cuando uno
conoció a una pareja con la que luego fue feliz por mucho
tiempo. Hubo algo allí que actuó en sincronía, con acciones
en la dirección adecuada. Ese “algo” contenía la estructura
de los valores en movimiento.

Si como docentes y padres no entendemos la energía del amor


expresada en valores en acción, será imposible transmitirle esta he­
rra­mienta existencial a los niños y jóvenes.
Si educamos, formamos, sin poder comprender lo que es el
amor, lo estamos haciendo mal. Simplemente estamos inculcando
nor­mas, sin propiciar que entiendan e incorporen valores en ac­
ción como conducta de vida. Estamos forzando vanamente algo
que debería ser incorporado desde la vivencia y aprehendido en
profundidad: que el amor son valores en acción. Y a toda presión se
le opone una resistencia, ya que no es vivencia con acciones reales.
No hay percepción de la realidad sin experiencia vivida.
Nosotros somos quienes primero debemos tener la intención y
voluntad de entender, para poder transmitir ese interés a los niños
y jóvenes que intuitivamente buscan comprenderse.

– 36 –
A medida que cada uno se va construyendo, va empezando a
madurar y no sucede por el paso del tiempo sino solamente por
la sumatoria de experiencias vividas interpretadas correctamente.
Así es como se madura, convirtiendo el entendimiento en valores
y éstos en conductas.
El sabio no lo es por viejo, sino porque pudo ir sumando vi­ven­
cias comprendidas.
El bastón del sabio representa valores comprendidos, que pasan
a ser su apoyo constante. Por eso entre los santones el bastón se
convierte en báculo, símbolo de su recorrido espiritual.
El amor es energía superior que influye y gobierna a todas
las demás energías y no se deja dominar por el Hombre. Hablo
de una energía en la que se fluye con fe, y une a las personas,
en­tornos, comunidades. Siempre suma. Siempre será superior.
Cuan­do se manifiesta nos da indicios, certidumbre de un secreto
que lleva a redescubrir la vida.
Estar en el amor es un estado entrañable que también está sujeto
a la pendulación constante del ser humano. Esto es, inevitablemente
tenderá a tener momentos de pérdida de valores que, en casos ex­
tre­mos, podríamos llamar desamor.
Habrá pérdidas de fe y de energía amorosa en el camino de
apren­dizaje. Es en ese instante preciso cuando el “darse cuenta”
(en el ni­vel que cada uno lo pueda percibir) nos advierta y nos
permita ini­ciar el camino de regreso al amor en positivo, grado
por grado, valor por valor.
Pero en estas pendulaciones el amor no es imparcial, sino que
ma­nifiesta su voluntad, para muchos Divina. Si nos dejamos atraer
por él, mejorando el promedio de nuestras pendulaciones, muy
pronto estaremos oscilando entre opuestos con valores. El amor
atrae y salva, si estamos atentos (darse cuenta) siempre podremos
contar con eso.

– 37 –
Según Albert Einstein: “Una explicación formal del amor es
inexistente, es una fuerza universal extremadamente poderosa y
hay quienes la descalifican. Aunque muy a menudo se choca con la
incomprensión y prejuicios de los entornos, por ello es rechazada
en muchas oportunidades, hasta con temor. Pero el amor fue, es y
seguirá siendo, la única y ultima respuesta.”
Y aquí quiero detenerme para -como suele decirse- “traer agua
a mi molino”. Ya que estoy convencido de que si existe una “re­
volución del amor” será con aprendizaje, grado por grado, me­jo­
rando promedios. En la famosa carta a su hija Lieserl el científico
además se cuidó de aclarar:
“Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de
amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio,
el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada
individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador
de amor cuya energía espera ser liberada. Cuando aprendamos a dar
y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que
el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el
amor es la quinta esencia de la vida.”
Pues tengamos la intención de prepararnos y prepar a los niños
para que esta bomba de amor se convierta en una posibilidad real.
Educar consiste en transmitir valores universales para la
coope­ración en diarias acciones de valor. Para que este mundo
tenga alguna esperanza es necesario que quienes lo habitamos
aprendamos a vivir en el amor -hablo del amor con los demás,
pero también con uno mismo- y que en esa convivencia cada cual
trabaje conscientemente en mejorar sus promedios. Formar es
entonces convertir una actitud positiva en instinto de vida y en
tal sentido guiar, estimular, permitir el desarrollo de lo propio y
especial de cada ser, respetando los tiempos, ritmos y vibraciones
de la evolución de cada individuo.

– 38 –
Las señales del mundo

En los últimos tiempos hemos sufrido terribles desgracias que,


al calor de la inmediatez informativa actual, despertaron ins­tan­
táneamente grandes y potentes olas de empatía en toda la Hu­
ma­nidad.
Por extraño que parezca, la gente es capaz de mirar hacia otro
lado si ve que le están robando a alguien en la calle, pero en cambio
puede adoptar una militancia feroz por animales abandonados o
reaccionar inmediatamente con donaciones, peticiones, di­ vul­
gación, ante todo tipo de catástrofes aunque ocurran a miles de
kilómetros de su entorno.
Estas actitudes, a las que llamaremos “conductas de amor ma­
si­vas”, suelen ser menospreciadas por tener un origen mediático,
con­siderarse superficiales, carentes de compromiso profundo, para
mu­chos hasta son un índice de hipocresía social.
Y sin embargo surgen de algo auténtico que anida en el corazón
de cada uno. Ya que, para todos, en algún momento ese dolor fue
real y surgió desde el amor por la vida, por la Humanidad.
Tragedias como la caída del avión que trasladaba al equipo de
fút­bol brasileño Chapecoense o el hundimiento del submarino
ARA San Juan produjeron un sentimiento solidaria que traspasó
las fronteras y generó movimientos reales, donaciones, oraciones
ma­sivas, la cooperación internacional.
Suele suceder que cuando ocurren estas manifestaciones ma­
si­vas de solidaridad aparece un ejército de escépticos (quien no se
ha contado entre ellos alguna vez) que tuerce la boca de costado
al decir: Todos los días mueren multitudes en grandes o pequeñas
gue­rras y a nadie se le mueve en un pelo.
Y lo peor es que esto es verdad. Pero también lo es la solidaridad.
Todo es verdad. ¿A qué se debe entonces la diferencia?

– 39 –
Creo que fundamentalmente necesitamos identificarnos con la
víctima de la tragedia. Sentir que nos pudo haber pasado a nosotros,
ver los rostros, el vecindario, los gestos de la angustia, las fotos
familiares de las víctimas. Sólo entonces nos damos cuenta del
dolor que provocó el evento.
Si nos dicen que en una guerra de etnias en Africa una tribu ma­
sa­cró a otra nos están dando datos sin nombres. Sentimos un es­tre­
mecimiento y lamentamos vivir en un mundo así, pero es to­do tan
lejano que la noticia en seguida es arrastrada por nuestras preo­cu­pa­
ciones inmediatas.
Pero cuando los medios -en general motivados por cuestiones
económicas- deciden poner la maquinaria informativa al servicio
de las víctimas de una tragedia “con gancho” la respuesta de la
Humanidad es inmediata, potente y contundente.
Eso, más allá del sarcasmo, es una señal visible de que efec­ti­
va­mente la energía del amor está presente y latente, sobrevolando
todas las sociedades, lista para ser activada, preparada para vibrar y
pendular en solidaridad amorosa con el prójimo.
Y, créanme, no es poco. Ejemplos de vivencias en red emocional
positiva hay y habrá muchísimos. Momentos en que se despiertan la
responsabilidad, la solidaridad, el respeto, la tolerancia y la ho­nes­
tidad; y se ponen en acción dejando entrever la voluntad colectiva e
instintiva de asegurar la supervivencia del ser humano.
Por cierto la tecnología acompañó estas manifestaciones co­la­bo­
rando con el despertar masivo de estos particulares actos de em­patía.
Pero también es cierto que, grado por grado, la humanidad
mejorara sus promedios para asegurar la supervivencia. Claramente
con recaídas y avances, pero mejorando en movimiento.
Siempre aparecerán las preguntas, la duda: ¿por qué el su­fri­mien­
to?, ¿por qué la tragedia?, ¿por qué sólo podemos aprender a través
de estas experiencias tristes para acelerar nuestra concientización y
generar actos reales de amor?

– 40 –
También somos eso. Las dudas, las preguntas, vibrar y pendular
entre opuestos.
Es lo que es – nos movemos así vamos y venimos, y en cada
ida y vuelta avanzamos un poquito, y cuando nos ocurre una
experiencia que realmente nos conmociona, nos lleva de regreso a
lo que realmente ES. Somos eso.
Y si el amor se cae, todo alrededor se cae. Y lo poco que sabemos
acerca de él es que se trata de una fuerza extrañamente poderosa.
Todo lo demás son conjeturas. Nadie ha podido dar una explicación
real sobre su origen y comportamiento. No podemos multiplicar
el amor por la velocidad de la luz al cuadrado pero si podemos
multiplicarlo entre humanos en acción constante dando, recibiendo
y educando con actos amorosos genuinos.
Es evidente que la carta de Albert Einstein ha impregnado
mi introducción y fortificado mi propuesta. Pero en definitiva no
hemos hecho ningún gran descubrimiento. Son muchísimos los
padres y docentes que instintivamente buscan formar a través de
acciones de amor. El secreto es mantener constancia en la búsqueda
de mejorar promedios y nunca perder de vista el gran objetivo.
¿Cuál es ese gran objetivo? Encontrar un camino simple y pro­
fun­do que nos aclare paso a paso cómo salir de tanta confusión
en la que estamos atrapados, impotentes, alejados de lo que
realmente es. Y el origen de esa confusión se encuentra en la
condición mental, generalmente caótica, en que navegamos. “Si
no estamos viendo lo que estamos realmente viviendo”, estamos
casi en un mundo de sueños y el mundo de sueños no se relaciona
con lo que realmente es, y así nos vamos separando de la realidad,
creyéndonos este sueño, sin darnos cuenta, atrapados en acciones
incoherentes, creando conflictos sin saber quiénes somos y
dificultando la convivencia de nuestros entornos.
Somos los pilotos de nuestros vuelos de vida pero debemos
navegar a través de realidades. Y es necesario también sostener la

– 41 –
posibilidad de ayudarnos unos a otros mejorando nuestra mirada,
VIENDO. Así, tal vez, en un estado de lucidez constante (ese
estado al que llamaremos “darse cuenta”) podamos despertar de
los sueños ficticios y volar realidades con más amor, modificando
paso a paso todos esos patrones de pensamiento que nos desvían
hacia lo negativo.
Esto se vuelve extraordinariamente importante si apuntamos
a la formación y educación de las próximas generaciones con
inteligencia.

– 42 –
II
ENTORNO
No necesitamos ninguna educación.
No necesitamos que controlen nuestros pensamientos,
ni oscuros sarcasmos en las aulas.
Maestros, dejen a los chicos en paz.
.- Roger Waters

PLAN DE VUELO

La influencia del entorno


Atrapados en la pendulación negativa
Ser el entorno
La mirada del niño
Un largo vuelo hacia el futuro

M uy poca importancia le damos los educadores al entorno como


formador constante. Preferimos creer que nuestra la­bor se ejerce
únicamente en el aula, o en casa. Y no nos damos cuen­ta del inmenso
valor que tiene el entorno en la formación de los niños y jóvenes.
El entorno es el lugar de la puesta en práctica “del quién soy”
de cada niño. El lugar donde puede comprender la realidad de sus
acciones y las de los demás. Cada uno de los valores en movimiento
que fluyen naturalmente en él y debe aprender a reconocer en los
demás. Es el lugar de corrección y repetición que deviene en Virtud.

– 45 –
Repetición de conductas que forman hábitos (debemos tener
en cuenta que los hábitos se forman únicamente por repetición).
Este es un mecanismo común a todos, derivado de las primeras
acciones incorporadas para el vivir: ir al baño, vestirse, mirar al
cruzar la calle.
Si en el entorno conviven con repeticiones negativas, formaran
hábitos que contradicen “lo que es” en el aula o en la casa. Y ese tipo
de repetición negativa, también se transforma en hábito negativo.
No es ilógico pensar que la mayor repetición no conveniente de
conductas provenga de los entornos.
Los niños no están formados todavía para acompañar un en­tor­
no no tan conveniente y resistir a la contaminación. A su edad el
apren­dizaje de vivir en relación debe hacerse en práctica sostenida
con nuestra guía, en tanto ellos se construyen.
Es muy normal preferir las charlas entre mayores y olvidarnos
de la oportunidad formativa del entorno, que debiera educar -y no
deformar- a los niños.
Desde donde estamos cualquier granito de arena aportado en el
entorno con amor -y poniendo el foco de ese amor en el niño- es
un aporte a ese entorno. Una vibración que intenta llevarlo hacia los
promedios buenos.
He visto muchas veces a docentes y padres, en recreos o salidas
del colegio, parados en ronda, distraídos en charla coloquial. Sin
darse cuenta de que dejaban pasar la oportunidad de percibir,
ob­ser­var, experimentar. Saber quién es cada uno en el recreo o
en la sa­li­da. Observar sus conductas y personajes. Y, sobre todo,
actuar. De manera profesional, con correcciones repetitivas que
generarían hábitos positivos.
Y esto es mucho más que la lógica del 2 x 2. Es un aporte a
la vi­da. Porque se trata de formar buenas personas para mejorar
los en­tornos.

– 46 –
Todos somos parte de ese entorno y nuestro proceder siempre
influye -directa o indirectamente- en su promedio.
Estamos todos influidos-sometidos a las leyes universales. Por
lo cual el entorno también lo está.
Tenemos periodos de avance y retroceso. Todo se mueve como
un péndulo, con igual movimiento hacia la derecha que hacia la iz­
quierda. A su vez toda causa tiene su efecto y esto se repite cí­cli­ca­
men­te. Este equilibrio no se rompe si no hay aprendizaje.
Como arriba es abajo, como adentro es afuera, con corres­pon­
dencia entre los diferentes estados del ser y de la vida. Cuando hay
apren­dizaje, avanzamos.
Todo está en continuo movimiento entre sus opuestos -en di­
fe­rentes grados- fluye y refluye en diferentes estados vibratorios,
y na­da escapa a esta ley universal. La ley del amor que crea, genera
y regenera sin parar.
Todo pasa por la mente sensible que nos mueve y sentimos:
Tie­ne sus polos y su par de opuestos semejantes; y los antagónicos,
idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado.
Los extremos se tocan, todas las paradojas pueden reconciliarse.
Por eso hay que accionar.
Siempre tenemos que escuchar a los otros. Los otros son la ma­
ne­ra más efectiva de darnos cuenta de nuestra pendulación negativa.
Y muchas veces podemos ser nuestro propio otro. Salir de
nosotros, observarnos, y luego sí, charlarlo a solas, en total ho­nes­
ti­dad, escuchando silencios, ordenándonos; tomando la decisión de
no ser parte del conflicto.
“Si no me lo decías no me daba cuenta”. Una frase que ad­
quiere mucho más sentido cuando es uno mismo quién se la dice
en diá­lo­g o interno.
No es para alarmarse, pero esto va a suceder. Porque pendulando
hacia el positivo fatalmente aparece el momento en que -por puro

– 47 –
desgaste- aparecen los desagrados, las broncas, fuerzas negativas,
que nos sacan hacia el otro polo, sin que nos demos cuenta.

En la pendulación negativa

Este cambio de sentido suele comenzar sutilmente y la pérdida de


orden interno casi siempre tiene que ver con el ego. Una cas­cada,
un eco, que nunca deja de decir “mi” y que sólo se detiene con la
irrupción del darse cuenta.
Esta “onda gravitacional” hace concientizar esa explosión del
darse cuenta. La realidad de lo que es y produce. Y al hacerlo, fa­ci­
lita el retorno pendular al extremo positivo, creando una energía im­
portante de entusiasmo, renovación de fe, felicidad, seguridad con
aprendizaje y con base en las acciones de valor. A su vez esos actos
de amor se contagian y reproducen hasta el próximo momento de
pérdida de energía, con la consecuente pendulación negativa que
culminará con un nuevo estallido de “darse cuenta” y un regreso a
la pendulación positiva mediante acciones de valor.

Teniendo en cuenta todos estos movimientos, ritmos, pen­du­


la­ciones – los opuestos – avances y retrocesos – idas y vueltas –
causas y efectos, la correspondencia real entre diferentes estados
– el amor y su participación, tenemos la gran oportunidad de
evolucionar, gra­do por grado.
La mente -con su imparable trabajo- a cada instante nos da
opor­tunidad del darnos cuenta de quiénes somos en cada acción.
Y esto es fundamental porque cada acción influye en la edu­
ca­ción. Y la educación es nada menos que la formación de niños,
jóvenes y entorno.

– 48 –
Todo es movimiento constante, nada es para siempre y gra­vi­
tamos en nosotros con evolución y en otros. Y el amor es la energía
insustituible de esta onda gravitacional hacia lo positivo
Lo negativo y lo positivo nos acompañan toda la vida y de no­
so­tros depende ser consientes de hacia dónde pendulamos a cada
ins­tante. El péndulo no se detiene. Nuestro promedio es nuestro y
de nuestras decisiones y acciones depende.
Repasemos entonces: Cuando disminuye la energía de la pen­
du­la­ción hacia lo positivo ésta pierde fuerza, pierde ritmo, vi­
braciones po­sitivas, y se detiene. Esto ocurre por influencia de de­
sa­g rados, es­peculaciones, miedos, o cualquier tipo de emociones
negativas. Pe­ro lo cierto es que cambia el sentido del péndulo
y pendula hacia el opuesto negativo, con ritmos diferentes y
vibraciones diferentes ne­gativas, desagradables.
Esta ondulación interna tiene un “maximum”, límite que surge
naturalmente al concientizar la realidad negativa. El tema es en
qué momento se produce esa concientización. Y eso depende
del propio interés y constancia en pendular hacia lo positivo. Y
de cuánto se haya avanzado cuando se estuvo en la vibración
positiva. A mayores acciones de valor, más fácil será volver al
redil cuando nos toque pendular hacia zonas menos luminosas de
nosotros mismos.
En ese vaivén es posible -y recomendable- pulsar cuando se vi­
bra en sentido positivo, procurando ganar terreno, avanzar, para
que el retroceso NO sea equivalente o equidistante. Siempre se
debe intentar desplazar el eje hacia el lado positivo.
Se oscila entonces hacia el positivo con más energía, superando
la pendulación anterior hasta ir perdiendo fuerza nuevamente y
recaer en el próximo cambio de sentido hacia lo negativo. Al darse
cuenta enseguida, es posible superarse mediante la repetición de
pendulaciones que intenten mejorar promedios positivos.

– 49 –
En cada ida y vuelta tenemos la oportunidad de aprovechar el
regreso hacia el positivo para superar la altura anterior.
Ningún estadio pendular es para siempre, cuando logramos
nues­ tro máximo, tanto hacia el polo negativo como hacia el
polo posi­ti­vo, no es para siempre. Es muy importante tenerlo
presente, para no desesperar en el negativo ni confiarse y creerse
en superhombre en el positivo.
Un consejo a recordar. Al acercarse al negativo o al positivo, se
recomienda tener en cuenta estas palabras:
“Este momento también pasará.”
Esto se llama evolucionar. No aprovechar esta oportunidad, es­
te ida y vuelta, implica seguir pendulando en la misma intensidad,
pe­ro sin aprendizaje; y siempre buscando culpables, justificando y
eno­jándose con la vida, sin mejorar promedio.
El darse cuenta nos va dando energía para seguir hacia delante
en el aprendizaje. Intentando mejorar siempre, de grado en grado;
evolucionando, pero además, dándole sentido a la vida al proyectarse
en el tiempo sin falsos discursos ni actitudes rimbombantes, sim­ple­
men­te a través de acciones de valor.
Tal vez alguien pueda objetar que estoy evaluando situaciones
del presente en base a principios filosóficos del antiguo Egipto
-en­se­ñanzas milenarias-; y sin embargo estas enseñanzas se revelan
ní­
tidamente en nuestros comportamientos personales. Y más
aun, no se trata de una lectura individual. Sociedades completas
están visiblemente en constante movimiento pendular. Es como
observar la naturaleza. Todo esta allí. Por eso estos principios son
adecuables a esta época y nuestras realidades, más allá de toda
creencia, credo, o religión.
Cuántas veces a diario caemos en la cuenta de que en algún
mo­mento nos pasó: “No nos dimos cuenta”. Y entonces vienen
(tar­de) las disculpas: “Perdón, no me di cuenta; disculpe, no fue mi

– 50 –
in­tención; no quise lastimar; no pude ver lo que hacía”. Y podemos
seguir enumerando acciones que fueron ajenas a nuestro real pro­
pó­sito, nuestro proyecto de vida.
Darme cuenta equivale a estar pendiente con intención real
(aten­ción, enfoque) de mis idas y vueltas entre emociones positivas
y ne­gativas para saber quien soy en determinada acción y, en caso de
ser necesario, poder corregir el rumbo cada día con mayor celeridad.
La suma de los que componemos un entorno o comunidad
ha­ce al promedio del darse cuenta de todos para corregir conductas
co­lectivas. Cuantos más integrantes con buena auto observación
hay, mayor es la autopercepción comunitaria, con correcciones
del entorno, grado por grado, de manera solidaria, con tolerancia,
res­ponsabilidad y respeto. Darnos cuenta y sumar a esa mejoría
-repito: grado por grado- es tarea de todos y cada uno. Para uno
mismo y para el entorno. Para lograr esa tan deseada estructura
colaborativa.
No somos perfectos ni lo seremos nunca, siempre habrá más
grados a sumar o restar.
Cada uno es su propio investigador constante, trabajando en
un mismo rompecabezas, en tiempos y formas universales que van
sumando lentamente a la evolución humana. Esa es la tarea para la
cual nos tiene reservados “el superior”. Encontrar las piezas que
encajan perfectamente en su desarrollo.
A medida que crecemos, chicos y grandes, vivenciamos cada
mo­mento una clase abierta que nos propone la realidad con opor­
tu­nidades de aprendizaje que tomamos o dejamos pasar en un en­
torno en constante movimiento.
Y somos parte de ese entorno.
Cada día nos ofrece la oportunidad de una práctica contemplativa
que podríamos sostener en ese entorno. Pero necesitamos en­tre­
na­miento diario para darle a nuestra vida el sentido correcto. Las

– 51 –
acciones de amor son como el pan de cada día. Hay que amasarlo,
con entusiasmo, en cada instante.
Esta práctica da coherencia en nuestro diario vivir, fortalece
nues­tros proyectos y suma al mejor promedio del entorno. Así
sali­mos de la zona de confort y creamos sabiduría, sin temores,
fluyendo con alegría para sumar al entorno que educa y forma para
la vi­da de nuestros niños y jóvenes.
Poner como objetivo la mejora de conductas, tomando ro­
ta­ti­va­mente el trabajo de diferentes valores es, sin duda, un ob­
jetivo ne­cesario.
Ahora bien, ¿partimos de lo que el grupo debería ser? ¿O par­
timos investigando lo que es? ¿Qué capacidades, hábitos, valores en
acción diaria tiene lo que debería ser?
¿Hacemos una lista de valores? ¿Priorizamos?
Sabemos lo que hay. La auto observación nos permite el en­tre­na­
miento de percibir malos y buenos promedios. ¿Queremos ser meros
transmisores de conocimiento o queremos crear hábitos de lo bueno?
En acción sostenida el hábito nos ordena, resetea nuestro piloto
automático y se enriquece en la práctica constante.
Si decidimos crear hábitos en niños se debe hacer en forma
pa­ralela a la instrucción de conocimientos. Los hábitos se logran
úni­camente por repetición para lograr asentarlos en nuestro ins­
tin­to, nuestro piloto automático.
Para lograr repetición de conductas basadas en la concientización
de lo bueno lo primero es crear un ambiente propicio en el se perciban
las oportunidades. Tal vez inclusive ocasionalmente haya que dejar
de lado otros temas para poder profundizar conscientemente las
repeticiones -sin enojos, con ternura y firmeza- y así incorporar los
hábitos buenos. Es necesario un entorno consiente del objetivo,
participativo, atento, natural, y con buena escucha; e interlocutores
válidos para el fluir de los acontecimientos de aprendizaje.

– 52 –
Pero los que integramos este entorno no somos perfectos por lo
cual nuestras conductas (hábitos buenos y no tan buenos), deberían
coincidir en promedio ascendente, acorde con nuestro objetivo.
Las contradicciones nos llevan a incoherencias que los niños no
dejarán de observar. Por lo cual nuestro ejemplo repetitivo estará
también creando algunos hábitos que no son deseados.
¿Cómo hacer entonces? Porque no somos ni seremos perfectos.
Somos esto, “éste” que necesitamos conocer para aprovechar sus
dones en la educación.
También resulta formativo que los niños perciban que no somos
perfectos, pero que estamos recorriendo el camino del aprendizaje
en busca de lo bueno; que nos esforzamos en sabernos y mejorar
nuestro promedio.
Pero eso debe ser real, por lo tanto debemos interesarnos y no
significa haber llegado a ser el promedio ideal en saber quiénes
somos en cada momento porque debemos poder paralelamente
ir practicando nuestra mejora de promedio porque es la que sirve
de ejemplo y cuando lo reconocemos mejoramos y o pedimos
perdón somos interlocutores válidos en esta senda de aprendizaje
en la que nos toca guiar porque caminamos mas años adelante con
tropiezos y nos levantamos y seguimos con la responsabilidad de
guiar mientras vamos corrigiéndonos en promedios con interés de
sabernos investigando con amor.
Por lo tanto no podemos pretender participar del objetivo de
“crear hábitos” si no nos interesamos en sabernos en que debemos
mejorar etc. Y esto es válido ya se trate de un docente de inglés,
italiano, matemáticas, o cualquier materia.
Los promedios no mejoran en los niños creando hábitos si no
hay un real interés de quiénes somos nosotros en relación con nues­
tra conducta – nuestras faltas de promedios en movimiento con
errores y rectificaciones.

– 53 –
En realidad el entorno va madurando todo, y todos mejorando
promedios en su entorno en movimiento sostenido hacia la mejora,
a pesar de que no lo integran personas perfectas.
Argumentar que este objetivo no es realizable porque no somos
perfectos sería una simple justificación para no encarar lo que es
–quiénes somos– y quedamos pegados al debería ser.
Lo que sí es posible es crear grupos de personas y jóvenes
que se interesan en saberse y practicar la percepción, el darse
cuenta. Para así mejorar ese promedio que contagie al entorno y
multiplique solidariamente.
Si los directivos, docentes y padres queremos educar desde el
estrado de lo que suponemos que somos, y no nos interesa co­no­
cer­nos realmente, seguiremos tropezando con la misma piedra, sin
po­der formar en el entorno al que pertenecemos.
Quedamos estancados, allí, aquí. Dejamos de ser interlocutores
válidos para los niños y los jóvenes.
No somos perfectos.
No creamos que podremos serlo porque nunca lo seremos.
Sí podemos y debemos tender a mejorar nuestros promedios
con base en el amor.
Único camino para que la humanidad siga evolucionando.
Único camino para dar y mejorar lo que nos dieron para trans­
mitirlo a la próxima generación.
Es un proceso, no importan los km a recorrer por minuto
im­porta estar en movimiento grado por grado cada instante con
intención y práctica del darse cuenta mejorando promedios con ca­
da vez más actos de amor con nosotros y con otros.
Vamos y venimos, pendulamos siempre a ritmos diferentes cada uno.
Nunca nos sabremos totalmente, siempre habrá más grados a
conquistar de nosotros a medida que avanzamos. Pero sí es im­por­

– 54 –
tante estar en movimiento constante con intención, fe y voluntad
de evolucionar grado por grado. El sentirnos sabernos quiénes
somos en acción sin miedos ni desesperación, porque somos nada
más que eso que iremos modelando y que es parte del sentido de
nuestra vida. Amarnos y al prójimo y en ese camino educamos
amando.
Tengamos la fuerte intención de sabernos y darnos cuenta de lo
que es cada instante y no nos perdamos en el debería haber sido o
debería ser, sino enfoquémonos en lo que realmente es y quienes
somos siendo parte del entorno que educa – forma constantemente
o interfiere en nuestros proyectos positivamente o negativamente.
Lo que importa es lo que ahora soy, somos y es; y sobre ello
sin esfuerzo se fluye con valores en acción mejorando promedios
de acciones que influyen directamente en el promedio del entorno
que educa y forma. “Para que el amor deje de ser simplemente una
palabra, es preciso conjugarla a cada instante desde el yo hasta el
nosotros y ellos mejorando los promedios de los que integramos el
entorno con foco en los niños.”
Pendulamos entre opuestos en 2 sectores (vectores). Negativos
y positivos.
Vibramos en cada vector positivo o negativo. Estas vibraciones
emiten ondas positivas o negativas y atraen las vibraciones de su
misma especie por lo tanto las respectivas ondas atraen las ondas
de su misma especie.
Esta dualidad en la que nos movemos según el momento de
pendulación nos hará más proactivos a ser atraídos por el polo
en el sector de nuestra tendencia de pendulación, cada uno en
grados diferentes.
Esas dos vías son realidades de nuestro diario vivir con altos y
bajos en uno u otro sector y nos atraemos o repelemos acorde a la
especie de vibración en la que vibramos.

– 55 –
Somos ya mayores y perdemos agilidad de percepción y ad­qui­
rimos vicios escondedores de nosotros mismos y pocas veces sa­
bemos exactamente en qué sector estamos, en qué instante.
Somos formadores y los niños -ágiles perceptores- detectan en
qué sector vibramos, que onda tenemos; y se conectan o des­co­nec­
tan según la buena o mala onda que tenemos.
Si nuestra mala onda es recurrente, dejamos de ser interlocutores
validos.
Y allí vamos y venimos frente a los niños que nos estudian, nos
investigan, nos copian, exigen, los formamos o deformamos.
La comunidad escolar se conecta de determinada forma o des­
co­necta. Vibra, tiene onda.
Es necesario ser coherente con nuestra actitud hacia el entorno.
Muchas veces nos dejamos llevar por nuestros estados de ánimo:
Saludamos hoy, mañana no; deseamos buenos días hoy, mañana
no; nos hablan y no contestamos con atención. Y esas actitudes
(aunque no lo percibamos) también son ejemplos.
El amor es un sentir profundo con emociones, eso lo sabemos
todos. Pero también es el fluido de mayor energía universal. Nos
lleva a vincularnos y tiene la fuerza de mover montañas, pero hay
que trabajarlo. Hay que cuidarlo, hacerlo crecer. Y esto se logra
mediante el ejercicio permanente de llevar a cabo acciones de valor
en la vida en relación, mejorando nuestros promedios -grado por
grado- e influyendo en los demás. Pero no por imposición, sino
por contagio, por respeto, por la simple generación de un ambiente
“amable”, conquistando a diario nuestro título de “Interlocutores”.
Cada uno siente, se emociona, vibra, con ritmos diferentes
se­gún su ser; amando, dando y recibiendo, entre el amor y el
de­samor, en pendulación constante; modificando ese eje pen­
du­lar según su pro­medio personal: ya más cerca del amor, ya
alejándose hacia el de­samor.

– 56 –
Así vamos formando nuestro sentir en la vida. Aquello que da
sen­tido a todos nuestros momentos y significado a nuestras accio­nes.
¿Qué son nuestras intenciones sino decisiones que vn terminan
en acciones? Nuestras intenciones contienen el amor o el desamor
en grados diferentes. Y entre extremo y extremo de nuestra pen­du­
lación emocional existen miles de situaciones, actitudes, impulsos,
que hacen a nuestro devenir por la vida.
Es nuestro sentir, pensar y decidir lo que hace a la calidad de cada
acción. Y cada uno de nuestros movimientos definirá la calidad de
nuestra experiencia, con la consiguiente nueva reflexión y decisión,
hacia el amor o el desamor. Nuestro tiempo es un entramado de
ciclos. Lo que algunos llaman destino es en realidad el tejido de
nuestras intenciones y decisiones.
El amor no es algo fijo, estático, constante. El amor merece
llamarse así sólo cuando realmente actúa con amor (léase “acciones
de amor”), actos con contenido real de valores en movimiento
sentido e intencionado a mejorar promedios.
Si comienza a desmoronarse un valor comienza a debilitarse el
amor, y este declive va arrastrando paulatinamente otros valores;
desordena y carcome el equilibrio, desorienta el sentir y lo empuja
pendularmente hacia su opuesto.
Así se pierden grados en acciones de real amor y el rumbo se
desplaza implacablemente hacia su opuesto: el desamor. Se avienen
entonces fuertes vientos, temporales y desorientación sin rumbo
fijo, sin percepción de que su pendulación ha cambiado de sentido
y sus sentimientos positivos dejaron de serlo.
Cada uno va formando su propio promedio pendular hacia lo
po­sitivo o hacia lo negativo. Este promedio determina su lugar
en el mundo, su ser.
Personalmente puedo asegurar que el que ama, educa; y úni­ca­
mente puede educar el que ama.

– 57 –
Pero nadie puede decir que su único sentimiento es el amor, que
lo ejerce de forma constante. Teresa de Calcula hubo una sola, pero
podemos intentar ir hacia allá.
Ama quien tiene valores en relativa acción sostenida. Pero nadie
es perfecto y está en condiciones de mantenerse con valores en
acción sostenida. Es un ir y venir, ida y vuelta, más y menos.
Pero si de verdad únicamente puede educar el que ama, y
cons­tantemente pendulamos entre el amor y el desamor, ¿cómo
po­de­mos formar?
Porque no es necesario ser perfecto para educar, pero sí es cierto
que educamos cuando amamos con acciones de valor.
Y cuando pendulamos hacia el desamor también podemos edu­
car si hacemos conciencia en que nos interesa darnos cuenta, parar,
y corregir. Grado por grado, con intención, alejarnos del desamor y
poner proa únicamente hacia el amor, pendulando con aprendizaje,
sin esconder la desorientación; y sí en cambio utilizarla para recrear
la importancia del darse cuenta del error.
Y, fundamental, participar al grupo del cambio de sentido de la
pendulación. Darse el tiempo para detenerse a señalar y estudiar
que somos humanos en camino de aprendizaje, siempre, la vida
entera. No como justificación, sino como una demostración real de
que todos los seres humanos pendulamos entre extremos en grados
diferentes, con ritmos diferentes. Y lo que realmente importa es
nuestro promedio en lo positivo, y en ello debemos trabajar toda la
vida y eso es lo que es y no se esconde, eso educa.
Sólo educa el que se interesa en saber en lo profundo quién es
y cuál es su real su promedio en el amor, en acciones de valor. Y lo
hace amándose, con interés de mejorar. Interesarse en quién es uno
mismo, es el primer acto de amor necesario.
Sólo el que ama manteniéndose a conciencia en relativo buen
promedio está en condiciones de educar.

– 58 –
El gran campo de acción del ser humano es el intercambio, so­
bre todo si éste ocurre viviendo en relación, amorosamente. Pero
no es algo que se de así porque sí. Como todo lo bueno hay que
tra­bajarlo, requiere intención y voluntad.
Aprender a vivir en relación es aprender a convivir con emo­cio­
nes, dando y recibiendo. Es dejar fluir en aprendizaje lo que siento
y hago sentir, crecer en movimiento feliz, dejando que la realidad se
nos presente, se revele. Permanecer en estado de atención sen­si­ble­
mente, sumando sin miedos ni temores.
En colegios de doble escolaridad las horas de convivencia en
relación escolar llegan a sumar hasta 17.000 ó 18.000. Eso es mucho
tiempo en una vida joven, son más de 2 años. Pero ese tiempo a la
vez nos ofrece una oportunidad inmejorable para brindar formación
en el dar y recibir; sentir y hacer sentir. Y sobre todo enseñar que se
es parte responsable de ese ambiente que, desde la naturalidad y la
suavidad, enseña y forma.
Cuando pendulamos hacia lo negativo, hacia el desamor, en­tra­
mos en un caos emocional y buscamos refugio en justificaciones y
cul­pas. Nos convertimos en un personaje incierto que se esconde
de sí mismo, que necesita desligarse del “quien soy”.
Las emociones se congelan y se enturbia la autopercepción. No
percibimos el alcance de nuestros actos, ni nuestra capacidad de
lastimar. Nos transformamos en un elefante en un bazar. Nuestro
ser amoroso desaparece sin dejar vestigios. Nos desconocemos y
nos desconocen. ¿Cómo podríamos sentir al otro si no podemos
conectar con nosotros mismos? Pero nuestra única realidad es la
del amor que naufraga, grado a grado, y se pierde en el vendaval.
Esto durará hasta que los vientos temporales se aplaquen len­ta­
mente y el silencio vuelva a ocupar su lugar. Ese es el momento de
rescatar al ser amoroso y acompañarlo a contemplar los daños. Es
preciso no caer en el abismo de la culpa y el dolor porque éstos muy
pronto pueden llevarnos de regreso a pendulaciones negativas. Es
un momento complejo, pero es necesario atravesarlo estoicamente

– 59 –
porque en él anida la concientización y el consiguiente aprendizaje;
el perdón, el regreso de la fe (o la confianza, si se prefiere llamarla
así); en definitiva, el regreso a la lucha por mejorar los promedios.
No nos engañemos. Podemos creer que estamos vibrando en
nues­tro mejor promedio, pero si estamos aislados del entorno no
hay tal. Simplemente nos estamos refugiando, escondiendo. Esta­
mos como un músico del Titanic. Nos hundimos con el entorno
aferrados a la efímera y egoísta fantasía que nos dibuja el ego.
Pero con amor y valores en acción este hielo emocional se de­
rri­te categóricamente. La huida se ve como es. No sólo inútil sino
pa­tética. La herramienta amorosa es más fuerte y efectiva que
cualquier arma o estrategia.
Muchas veces (y esta escena se repite cotidianamente en quién
sabe cuántos patios, de cuántos colegios en cuántas ciudades) he
observado como en los recreos los niños se lastiman mutuamente,
con bullying, prepotencia, palabras y hasta golpes, mientras los maes­
tros y directores pretenden mantenerse ajenos mientras charlan fin­
giendo no ver lo que ven.
Y es seguro que lo ven. Tal vez, a lo sumo, no les importa. Pero
son docentes, tienen ojos en la nuca, y ven.
Un niño es un pequeño ser suelto; una cosa viva que molesta en
los patios de las escuelas, en los comedores y los pasillos. Pero tam­
bién es un cúmulo de necesidades en un mundo que le es con­fuso.
Nos ve, nos siente, nos necesita y nos lo hace saber. Con gritos o en
silencio, tal vez lastimándose y llorando. Muchas veces sin re­fe­ren­tes
claros, sin inquietudes precisas. Pero nos necesitan, sin una voz nítida,
pero gritan, sin expresiones claras, pero presentes. Y nos exigen que
los conozcamos, que no generalicemos, que nos ha­gamos cargo.
Es cierto que los mayores (docentes, directivos, etc.) necesitan el
recreo para intercambiar opiniones, chismes, competir verbalmente
en quien está peor, quién tiene más problemas, criticar al colega,

– 60 –
defenestrar a padres, alumnos y a todo ser vivo que pulule por las
inmediaciones. Si algún alumno osara pedirles atención es probable
que lo saquen corriendo con expresiones, digamos, muy poco
académicas. Y lo que olvidan es que esos momentos dejan huellas,
qué digo huellas, verdaderos cráteres, quebradas y precipicios de
dolor. No generalicemos, tal vez exagero, pero sé que no demasiado.
Y no se trata sólo de una decisión de un día. Debe ser un cam­bio
de ac­titud de vida que se reafirme cotidianamente. Porque no sir­ve
que un día realicen acciones amorosas y ejerzan lectura de ex­pre­
siones de los niños en recreos con el consiguiente diálogo de apo­yo,
y al siguiente abandonen esa actitud y les den la espalda.
Muchas veces da la sensación de que el recreo, los pasillos, el
comedor, los baños, no pertenecen a la responsabilidad formativa.
Recién cuando una situación límite golpea su realidad con gritos y
llantos de dolor se dan cuenta de lo que deberían haber hecho, y
eso ya es demasiado es tarde. Pierden autoridad y respeto, queda
en evidencia que no son referentes y así comienza el deterioro de
las relaciones. Ellos no dan y tampoco perciben cuando reciben o
dejan de recibir amor. No hay correspondencia.
Y si bien esto puede sonar como una generalización injusta,
insisto, algo -mucho- de eso hay.

Los niños pueden llegar a hacer todo lo que se pro­pongan


si el entorno lo facilita, anteponiendo al “de­be­rías hacer”,
la intención del “dejar hacer”, con ternura y firmeza.

Si los contaminamos y lentificamos, estaremos complicando sus


intentos de llegar a la acción de sus propuestas, quedarán aislados
por propia decisión, tratando de cumplir formas inconscientemente.
Se sentirán afuera, sin atención ni deseo.

– 61 –
III
Darse cuenta
Lo más difícil del mundo es conocerse a uno mismo,
y lo más fácil hablar mal de los demás.
.- Tales de Mileto

Conocerse a sí mismo es estudiarse a sí mismo


en acción con otra persona.
.- Bruce Lee

PLAN DE VUELO

El ego que enceguece y el yo mentiroso


La explosión del “darse cuenta”
Hablar solo no es tan malo
Las emociones
Bucear en el amor
Einstein y la semilla universal

N uestro funcionamiento está condicionado por las generaciones


pasadas y los patrones de conducta que se fueron instalando
a lo largo de décadas y siglos. Y éstos son semejantes a sueños. No
los percibimos como tales hasta tanto no haya un “despertar”. Esto
es, darse cuenta con discernimiento entre lo que es real y lo que no
es; lo que nos conviene y lo que no, lo bueno y lo no tan bueno, etc.

– 63 –
El entorno diario (léase televisión, revistas, publicidades, el in­
finito laberinto de las redes sociales) colabora a engrandecer nues­
tro yo, al tiempo que nos hace víctimas de un sinnúmero de nue­
vas adicciones. Nuestro ego agigantado termina siendo el único
testimonio de nuestra existencia.
Ese yo es en sí mismo segregacionista. Nos separa. Cons­tan­te­
men­te crea conflictos que a su vez agregan sufrimientos a la vida
de relación. Hasta que la propia vida en relación de algún modo se
hace adicta al conflicto. Esto es algo no tan fácil de percibir porque
uno se autoengaña pensando “son las cosas de la vida”, pero lo que
está ocurriendo es grave. La energía del amor se erosiona a me­di­da
que disminuyen los valores en circulación. La decadencia y la me­
dio­cridad emotivas son como la herrumbre, en su propia inercia
todo lo corroen.
El pensamiento está en movimiento continuo, es en realidad un
proceso de cambio de lo que ha de sobrevenir en este movimiento de
continuas oscilaciones entre opuestos que nos conducirá hacia más
madurez de conductas para una mejor convivencia en aprendizaje.
El pensamiento es el movimiento de la experiencia, conocimiento
y memoria que, vibrando en las emociones, nos lleva a la decisión
del hacer coherentemente. Así es como nos vamos construyendo.
Somos parte de una conciencia universal a la que aportamos
nues­tra individualidad. Con nuestro promedio en acciones de amor
o desamor, sumamos o restamos.
Debemos sabernos, interesarnos en quienes somos a cada ins­
tan­te. Dedicarle a esta atención la misma energía que generalmente
le entregamos a otras actividades de la vida que consideramos de
in­terés vital para nosotros.
De nuestro interés en conocernos dependen cuantos vie­jos pa­
trones podremos ir superando mientras pendulamos ho­nes­ta­men­te,
sin autoengaño. Esto no tiene que ver con el tiempo, tiene que ver
con la voluntad de dar el primer paso en la tarea de saberse y amarse.
Debemos interesarnos en comprender nuestros con­ di­ciona­
mien­tos para poder resolverlos grado por grado. Pero esto sólo será
po­sible si lo comprendemos en toda su magnitud.
El liderazgo excesivo y autoritario en la gestión educativa no res­
peta al que se está construyendo y no registra que viola valores que
se supone que quiere transmitir al educando.
La comparación crea división, no es saludable para el entorno ni
para cada uno, crea conflicto. Cada uno se debe interesar en cómo
fue o es su error a mejorar. Sin comparaciones.
Somos el entorno y si nos comparamos con quienes nos ro­dean,
nos apartamos y -fatalmente- dividimos. No mantenemos unión en
el entorno.

Cada uno tiene que mirarse a sí mismo, ver su tendencia,


su promedio de pendulación y saber dónde está parado
en cada instante. Si en nuestro vuelo por la vida nuestro
compañero de camino puede colaborar -actuar como
nuestro copiloto, no lo tendrá que hacer comparando.
Porque esto produciría un conflicto en pleno vuelo.

Al observarnos a nosotros mismos, honestamente y en pro­fun­


didad, ya estamos realizando una acción de valor. Un pequeño, ín­
timo, acto de amor.
De este modo somos el observador y el observado, sin com­pa­
ración alguna con el otro. Esto es directo. Es percibir y discernir
instantáneamente, sin palabras, sin reacción, es mirarse uno mismo
en el amor, las acciones en valores del instante. Ese es el primer
gran paso para resolver el conflicto y detener el sufrimiento para
evo­lucionar hacia el aprendizaje.

– 65 –
El momento en que estás...

Cada ida y cada vuelta pendular tiene un momento en el que se está


por pasar del amor al desamor; de ser respetuoso a ser irres­petuoso;
de la pendulación positiva a la negativa.
Se percibe el dónde estoy – quien soy en ese instante, con emo­
cio­nes que movilizan el aprendizaje. Surgen decisiones y fuerte in­
tención, y de pronto cambiamos el sentido de pendulación.
Este momento del darse cuenta genera sorpresas, hallazgos, su­fri­
mien­tos, decepciones; que a su vez ponen en marcha vibraciones,
ritmos, y diferentes emociones fuertes -conscientes o inconscientes-.
Este movimiento genera indefectiblemente ondas que gravitan
en nuestra profundidad, que comprimen espacios y tiempos, que
se trasladan a todo nuestro ser físico y mental. Con instantes de
tiempo rápido o más lento; con acciones y efectos que realmente
repercuten en cada uno en diferentes grados.
Los polos opuestos tienen su atracción, por eso vamos y ve­ni­
mos toda la vida en aprendizaje. Pero no nos damos cuenta. No
so­mos conscientes de nuestro pendular. Y esto no cambia hasta que
nues­tro darse cuenta sea de interés consiente y pasemos a practicarlo,
gra­do por grado.
Nadie es perfecto y este pendular es de por vida. Cada quien sa­
be si mejora su promedio o no.
Cada ser es un creador de y en sí mismo: genera, recupera y pro­
yec­ta; moviéndose en un entorno que da oportunidades de prác­tica
y aprendizaje continuo. Entre estas leyes universales tomamos de­ci­
siones, accionamos y educamos.
De nosotros depende cada acción.
¿Qué es entonces “darse cuenta”?

– 66 –
Una explosión de comprensión.
Un eureka.
Un resultado al interés de saberse a cada instante.
Es detener la inercia del pendular negativo, acortando la me­dida
de su recorrido; con aprendizaje, llevando el centro del pén­dulo
ha­cia lo positivo.
Esta percepción, este estado de alerta, es la aparición del amor
que se había ausentado en ese pendular hacia lo negativo.
Es haber enfocado al caballo salvaje que se nos dispara para tra­
ba­jar con él la doma racional.
Es ese famoso momento que mediante repeticiones graba pri­
me­ro la virtud, luego el hábito, del darse cuenta.
El darse cuenta, el discernimiento directo, la percepción apa­sio­
nada y alegre, con intención y voluntad, generan la gran energía que
moviliza la transformación.
El darse cuenta nos va dando energía para seguir adelante en el
aprendizaje por motu proprio grado por grado.
¿Cuántas veces por día nos damos cuenta de que no nos dimos
cuenta?
Pasamos del pensamiento a la acción sin detenernos en el sentir
de nuestros actos.
“Darse cuenta” es tener la intención real de sentir las propias
idas y vueltas con emociones positivas o negativas para saber quién
soy en cada acción.
No todo lo percibimos antes de cada acción, pero si no tenemos
la intención de percibirlo seguiremos concientizando tardíamente,
con causas y efectos no deseados.
Sentir lo bueno, emocionarse en el trayecto que se recorre a ca­
da instante es vivir con plenitud; y si el contexto es desfavorable,
o no tan bueno, estar en condiciones de sentirlo, percibirlo, para

– 67 –
re­vertirlo, con fe, fuerte intención y voluntad. Es un proceso de
re­compensa a futuro.
Y esta es una decisión pesonal, privada, que no necesita ser co­
mu­nicada ni anunciada con bombos y platillos. Un trabajo personal
que se hace a solas con uno mismo. Un rezo íntimo que puede reci­
tar­se a cada momento del día y de la noche.
Darme cuenta de quién soy en cada acción, sin condenas, juicios,
ni justificaciones.
Me doy cuenta de que simplemente soy eso: mi bronca, mi ira, mi
desorden. Sé que soy parte del conflicto, soy mi guerra, mi desamor,
mis acciones, mi desagrado.
Por supuesto que es duro, pero si NO me doy cuenta seguiré en
esa situación con consecuencias cada vez peores. Necesito ser cada
vez más perceptivo y mejorar mi buen promedio, grado por grado,
aportando energía positiva a mi entorno.
Es imprescindible primero ser capaz de mirar de frente nuestras
acciones negativas, sin piedad; y contactar ese sentimiento presente
con lo que me pasa, lo que me ocurre profundamente.
Hay veces que nuestro “darse cuenta” proviene de lo que no
queremos, y a partir de esa visualizacion nace y se expande la idea
cla­ra de lo que sí queremos. Estos contrastes nos mueven a decidir
lo que nos conviene. Siempre se tiene más claro lo que quieres
cuan­do confrontas con lo que no quieres.
Es poder poner foco en lo que está destilando mi todo, su sabor
positivo o negativo y tomar conciencia integral propia y del entorno.
Debemos pescar el sentir, las emociones, la pasión, y hacerlo
con percepción corporal de la vivencia inmediata. Esto es esencial
para crecer y poder dar el salto hacia la percepción necesaria para
llegar al darse cuenta. Reflexionar antes de actuar.
Tocar un botón para poder. Saber sentir antes de hacer o des­
pués, pero darse cuenta, aunque sea tardíamente para minimizar las
con­secuencias nefastas.

– 68 –
Me doy cuenta de que estoy desubicado, desordenado, con­fun­
dido. Entonces me ubico, me ordeno, me siento con emociones.
Todo esto nos ofrece el simple “darse cuenta”. Pero habrá mu­
cho más a medida que se practique con real intención y podamos ir
me­jorando nuestros promedios de buenas acciones.

El procedimiento

Primera pregunta. ¿Soy parte del conflicto?


Freno – enfoco lo que es – sin miedos ni temores.
Me tomo un té, reflexiono, silencio mi mente grado por grado.

Darse cuenta es minimizar posibilidades de pendular hacia la con­


fusión, el desorden, el conflicto, el opuesto negativo; apro­ve­chan­
do experiencias comprendidas con aprendizaje, y poder alar­gar pau­
latinamente las estadías en el sector positivo, creciendo en gra­dos.
Segunda pregunta. ¿Te diste cuenta o te preguntaste?
Porque voy y vengo. Porque hoy estoy desubicado, ayer es­ta­ba
ubicado. Hoy confundido, ayer no. Hoy triste, ayer alegre, de­so­rien­
tado/orientado, con agrado o desagrado, feliz o infeliz. Ayer sabía
lo que quería, hoy no lo sé.
Oscilando lenta o velozmente ya que pocas veces me doy cuenta
de que voy y vengo constantemente.
Un día lloramos, otro día reímos, un día confiamos, otro des­
con­fiamos, un día con voluntad, otro no tanto.
Sabemos quiénes somos ahora, otro día no lo sabemos. Sim­pá­
ti­cos y antipáticos, amamos y odiamos. Un día gentiles, otro mal­tra­
tadores. Así vamos y venimos en aprendizaje, mucho o po­co. Pero,
más allá de todo, ¿tenemos intención de cambiar? ¿Lo in­ten­ta­mos?

– 69 –
Todo se construye a medida que se suceden las oscilaciones
de cada uno y vamos percibiendo. Cuando nos damos cuenta de
un ciclo ya dejamos lugar al próximo y por motu proprio vamos
avan­zando – evolucionando cada uno con sus ritmos, vibraciones,
tiempos.
Como dijo alguna vez el notable escritor James Baldwin: “No
todo lo que se enfrenta puede ser cambiado pero nada podrá cam­
biarse si no lo hacemos”.
No podemos hacerle frente a lo que no percibimos porque sim­
plemente no nos damos cuenta. Todo es movimiento constante,
por eso es tan importante saber y aprendeher por motu proprio de
quien soy ahora y reconocer hacia qué extremo estoy pendulando y
si es al que realmente deseo dirigirme.
Bueno o no tan bueno.

Cuando se dispara una emoción fuerte (rabia, ira, odio),


ésta nos posee por un buen tiempo. Debemos adquirir
la habilidad de mantener una buena actitud mientras
esperamos que bajen las vibraciones de alto voltaje y
podamos retornar a la armonía para resolver lo que sea
que esa emoción negativa nos haya disparado, pero con
buenas intenciones y voluntad.

La situación es algo así. Ante la emoción intensa nuestro péndulo


in­terior comienza a oscilar de manera vertiginosa. No es fácil esta­
ble­cer los límites de su oscilación. La exaltación nos hace pasar de
la emoción al apasionamiento, se pierde la perspectiva; lo mismo
sucede hacia el lado negativo. Surgen sentimientos relacionados con
el ego: celos, posesión, paranoia, resentimientos. Luego comienzan
a experimentarse los impulsos, se actúa “impulsivamente”. Es ne­
ce­sario con urgencia darse cuenta de lo que está pasando. Llamarse
a silencio interior, respirar profundo, aquietar la mente e inducirla

– 70 –
a alejarse un poco de la situación. Tal vez primero mirarla desde
afuera, lograr objetivizar el punto de vista. Esto puede llevar unos
20 a 30 minutos. En ese lapso lo mejor es no actuar, no opinar
ni tomar decisiones (nunca decidir en caliente, dice la sabiduría
popular). El hecho de lograr este silencio, esta observación, cruda
y sincera, ya implica una pendulación positiva voluntaria. Hay que
apoyarse en esa sapiencia. Al llegar la calma es importante desplazar
el ego, salir de la circunstancia y poner la atención y el esfuerzo
en iniciar, grado por grado, un movimiento contrario positivo,
superando la experiencia negativa.
Esto es únicamente posible si NO quedamos enganchados en la
emoción negativa, fogoneándola con más rabia, frustración y fantasías
de venganza o de cualquier signo negativo. Fogonear la ra­bia, el odio,
la ira, produce enormes pérdidas de energía que nos llevarán más y
más hacia las pendulaciones negativas. Es necesario buscar el silencio.
En estos ciclos de pendulación vamos evolucionando y creando
nuestra propia imagen personal tal cual son individuales nuestras
huellas digitales. Las tendencias son parte de lo que somos, debemos
recorrer la vida en aprendizaje y sus ciclos pendulares con intención
de descubrir nuestras acciones en cada instante. Es el gran objetivo
para dar sentido a nuestros días, evolucionando y disfrutándolo.
Saberse oscilando – pendulando en diferentes ciclos es incor­po­
rar experiencias en las próximas acciones para mejorar promedios
cons­truyéndose sobre esas experiencias.
Toda acción tiene sus consecuencias. Darse cuenta –hacerse car­
go– y decidir por motu proprio es el camino para construir la pro­
pia realidad a diario, de instante en instante honestamente.

No perdamos el tiempo en lo que debería haber sido,


sepamos lo que somos realmente en este ciclo pendular.
Cada ciclo pendular es nuestra oportunidad de ordenar,
aprender - crecer.

– 71 –
En la época en que me enganché con las oscilaciones personales
tuve un curioso sueño. Me vi como parte de una comunidad cuyas
conductas eran muy armoniosas, donde los errores de cada uno
eran tomados por sus entornos con total naturalidad, como una
in­vi­tación a la espera de las partes sin prisa alguna, sin enojos, para
que la reflexión se pusiera en marcha, y el que había errado en al­
gu­na acción, encontrara comprensión, el camino de aprendizaje y
su­peración. El entorno estaba a su disposición para la ayuda si la
requería, pero se esperaba que él solo hallara la manera de supe­rar
el error. No había enojos, castigos, ni ambientes negativos. Por el
contrario, se tomaba cada yerro como si fuera un evento de cre­ci­
mien­to, una conquista del próximo escalón.
Abundaban en ese sueño las sonrisas de aprobación, los per­do­
nes sentidos y los descubrimientos de lo propio. La tolerancia a dis­
posición para el camino hacia la comprensión de la vida en relación.
Y estas experiencias se vivían como deliciosos eventos, tal como se
festeja en nuestro entorno los primeros pasos del niño.
En este ambiente me sentía como sapo de otro pozo, pero me
veía gratamente sorprendido de cómo se acortaban las pen­du­la­
ciones hacia el opuesto negativo y se alargaban las estadías hacia lo
positivo.
Admiraba cuan perceptivos eran todos en sus “darse cuenta”.
Las ac­ciones de amor fluian con total familiaridad, logrando am­
bien­tes afectivos con gran disposición a la atención profunda, con
comprensiones sin código de penitencias ni amenazas. Todo pasaba
por diálogos respetuosos de las partes. Disfruté de este sueño y me
pregunto por qué parece tan utópico vivir así en la realidad.
Cuando el niño nace y crece festejamos sus primeros pasos, sus
primeras palabras “mamá, papá”, con risas y algarabía, como los
“pequeños grandes pasos” que son. Pero luego empezamos a ce­
lebrar cada vez menos sus avances, hasta que llega el momento en
que los elogios son ampliamente superados por críticas y re­pri­men­

– 72 –
das. Comienzan los “deberías”, luego los reproches y amenazas, y
finalmente las penitencias y castigos.
Después cada quien sabe cuáles fueron o son sus métodos
“edu­ca­tivos”, pero sería un buen ejercicio planteárselo. Hágalo,
amigo lec­tor, es un ejercicio interno, sin testigos ni juicios; no
justifique, no explique, simplemente piense en cuáles han sido sus
maneras, anó­telas y lea la lista con detenimiento, sin miedo y -en
lo posible- sin culpas.
Si comprendieramos que todos pendulamos entre opuestos
-gra­do por grado- en ritmos y tiempos diferentes, lograríamos un
ambiente propicio para los próximos pasos -insisto- siempre me­jo­
rando promedios. Los que hoy pendulan hacia lo positivo actúan
co­mo influencia por correspondencia automática en su entorno.
Ma­ñana serán otros los que lo harán. Todo movimiento vibra con
su ritmo. Cada uno genera y crea causa y efecto, contagia a su en­
tor­no positiva o negativamente.
El “yo” lleva consigo la percepción del bien y del mal, y allí
estamos, en un vaivén continuo entre nuestras polaridades. A esto
está ligado nuestro sentido de vida. Los valores nos guían a transitar
decisiones y acciones, oscilando en nuestros promedios a cada
instante, idealizando esa búsqueda de más armonía, paz y felicidad
en el amor y buscando caminos para llegar a ella.
Es una búsqueda impuesta y auto impuesta, pero que siempre
nos obliga a discernir lo bueno de lo malo e intentar decidir sobre
los rieles de lo bueno. Cuando lo logramos sentimos que estamos
evolucionando con felicidad, pero para experimentarlo debemos
poner en acción los valores.
Esto es lo que se llama decodificación del amor en mo­
vimiento.
El bien y el mal son parte de la realidad y toda pendulación en la
vida tiene el sabor de lo bueno, lo no tan bueno y lo malo.

– 73 –
El sentir está en la raíz de nuestro ser. Darle sentido a la vida es
permitirnos sentir lo que realmente es. Llevar a cabo la tarea diaria
del vivir fluyendo con el contenido del amor en acción.
Todos tenemos nuestra propia, íntima, escala en esos valores. A esos
valores nos acercamos y distanciamos, los conocemos pero los olvidamos,
vamos y venimos hacia, con o sin ellos en este proceso pendular. Cuanto
más se avanza, más se tiende hacia una incógnita posterior. Se avanza
en valores y aparecen más grados que lograr, a modo de desafío. El ho­
rizonte se corre y se amplia. El sentido de la vida puede ser infinito.
Pero es necesario captar y aceptar la desproporción insuperable
que hay entre el horizonte último y la medida de nuestros pasos. Y
aceptar el “paso a paso” como forma de vivir y aprender. Percibir
los pequeños y a veces enormes desvíos hacia lo negativo, es una de
las maneras más efectivas de aprovechar cada segundo.
Estas oscilaciones son mensajes que forman la “mentalidad de
crecimiento”. La mente tiene plasticidad para el cambio, el apren­
di­zaje, y para trabajar en crecimiento continuo, tomar desafíos y
su­perar errores y volver a empezar. Cuanto antes nos interesemos
en ese desarrollo, más fácil y gustosa se hará la oscilación a cada
ins­tante. La mente aprende y graba esa actitud que se convierte en
ins­tinto, piloto automático.
A una mente que queda fija en la comodidad del “no quiero
conocerme”, se le hará mucho más difícil el “desaprender” a futuro.
El cambio es posible, pero sólo si tenemos voluntad, in­ten­ción. Na­
da se consigue de una sola vez o por casualidad, lo nuestro es pa­so a
paso con nuestros tiempos personales. De­be­mos aprender “la vida”
en nuestro tiempo de vida, de instante en instante. Esto es importante.
Darse cuenta de que lo que tomamos a veces como un fracaso,
en realidad es oportunidad de aprendizaje. Y esto es mucho más
que una frase de “autoayuda”, es real, palpable, experiencia de mu­
chos a lo largo de mucho tiempo.

– 74 –
El gran error es caer en una cadena de eventos incoherentes, sin
chequeos y sin aprendizajes. Fracasar con dignidad no nos cierra al
aprendizaje, rectificamos y salimos fortalecidos. Debemos reforzar
nuestra capacidad innata para superar todo problema en la vida.
La mentalidad se puede cambiar, cambia después de cada error
con aprendizaje. Es un proceso continuo que dura toda la vida.
Una de las grandes tareas es aumentar la percepción. Para ello nos
fueron dados los sentidos. No para convertirnos en sus esclavos
(y vivir para excitarlos buscándo estímulo tras estímulo, sin respiro)
sino para utilizarlos, para nuestra conciencia con aquello que nos
dará conocimiento y evolución.
Pero aparte de los cinco sentidos hay un sexto sentido igual de
importante: La emoción.

La emoción

La conciencia emocional juega un papel importantísimo en nues­


tras pendulaciones. Por eso es necesario no perderla de vis­ta y tener
la capacidad de detectar inmediatamente su estado y fluc­tuaciones.
Es la que contiene el cómo te sentís, con qué emociones positivas
o negativas. Este sentir tus emociones tiene un sorprendente poder
y valor en tu evolución. Es el real indicativo del saberte.
Las emociones básicas (ira, bronca, odio, miedo, alegría, sor­pre­
sa, tristeza etc.) son señales para percibir nuestro estado interno y
rec­tificar lo necesario.
Estas emociones percibidas antes de la acción nos dan posibilidad
de retardar la acción negativa y rectificar. No es la acción lo que im­
por­ta sino el sentir tus emociones. No es lo que hago sino como
me siento haciéndolo.

– 75 –
La emoción fuerte nos secuestra y requiere sus largos minutos
para bajar y poder rectificar la acción.
El poder practicar los silencios logra acortar mucho estos tiempos.
Nos cuesta aprender, pero más difícil es desaprender. Por eso es
tan importante trabajar en la infancia la percepción y el darse cuenta
con práctica de silencios.

Profundizar el amor

El amor es una energía universal que recorre el universo con ve­lo­


cidades que no han podido ser medidas por el hom­bre. Nos atra­
vie­sa a todos sin excepción. Somos receptores y transmisores en
to­do momento, recibimos y damos. Porque está en nosotros, y en
los otros. Es un sentir, un fluir en intensidad de sentir felicidad pro­
fundamente.
Se manifiesta en valores, virtudes, buenos hábitos en acción y cor­
tesía. Todo acto de amor está construido por sentimientos pro­fundos.
¿El amor necesita indefectiblemente frecuencia? Si recorremos
nuestra propia historia y volvemos a aquellos momentos más
sentidos, con consecuencias profundas y reales, reconoceremos que
en tales circunstancias hubo valores en acción, pequeños heroísmos
y nobles decisiones. Desde el amor en pareja hasta los más simples
y pequeños actos de amor, todos nuestros actos positivos corren
sobre los rieles de los valores en acción.
Cada uno tiene su personalidad con un promedio propio en
acciones de valores, no comparable con otro.
Por eso decimos que sólo el que ama es capaz de educar en mo­
vimiento. Y que los actos de amor son acciones sentidas hacia otras
personas.

– 76 –
Sólo las personas que aman movilizan los cambios en el mundo,
el resto es pura decadencia. Lo que surge del amor, avanza. Y el que
ama educa, aun sin proponérselo.
En su “Diálogo del alma”, Sergio Sinay plantea muy claramente
esta capacidad unificadora del amor que lo emparienta directamente
con la tensión continua que mantiene al Universo en movimiento.
“El puente por el cual cruzamos la soledad que inicialmente nos
rodea y alcanzamos al otro, al mundo, es, en la idea de Fromm, el
amor. La individualidad no es una ilusión, sino la situación inicial de
la existencia. Ella se hace dolorosa cuando no aporta su diferencia
y singularidad a las diferencias y singularidades de los otros hasta
comprender que en ellas está el potencial de nuestros vínculos. La
humanidad es única espiritualmente más que psicológicamente.
Un individuo se enriquece cuando trasciende integrándose en la
totalidad que le da significado. Y se empobrece cuando se cree
totalidad. Vuelve a la separación dolorosa. El amor convoca, nos
une, es el camino.”
Todos abrevamos de la misma fuente. Todos accedemos a un
mismo yacimiento de sentimientos y actitudes.
El amor es, en definitiva, el instrumento de la paz y la gran energía
universal creativa/soñadora; es la base de la convivencia y del diálogo
y el punto de encuentro entre las personas con valores en acción.
Experimentarlo, sentirlo y cuidarlo es evolución. Y esto depende,
sólo y completamente de nuestra voluntad.
Si formamos y educamos a los niños sólo como una tarea, sin
implicar en ella nuestra esencia, ¿realmente lo estamos acom­pa­
ñando? ¿Toda la formación de esa mente joven depende de la suer­
te que tengamos cada día?
¿Nosotros, que un día bailamos otro nos arrastramos, que car­
ga­mos con nuestra imperfección sin ni siquiera estar seguros de que
sa­bemos amar? ¿Amamos realmente? ¿Con qué promedio?

– 77 –
El amor es y consiste en valores universales en acción. Amor y
Valores en acción no actúan de modo independiente, están siempre
influenciados entre sí y operan al unísono. Y si bien es usual hablar
de ellos por separado, lo cierto es que sus límites suelen ser muy
difíciles de diferenciar. Se contienen.
Y esto es una buena noticia porque significa que el amor se puede
hacer crecer y fortalecer mediante las acciones de valor. Los valores
en acción continua se entrenan casi como un ejercicio físico, se
aprenden por repetición. Y una vez que los tenemos incorporados
pasan a integrar nuestros hábitos. Entonces cada quien les va dando
características especiales según su ser.
Esto se practica, pero cada experiencia se acumula sobre la ex­
pe­riencia anterior sólo cuando logra incorporar todo lo recorrido.
Recién allí aparece el aprendizaje.
Así va formándose una buena persona que lleva a cabo valores
en acción, en grados diferentes, pero haciendo prevalecer sus pro­
piedades básicas de persona bien formada. Alguien capaz de inte­
grar­se y avanzar hacia un destino común en positivo.
Esa es nuestra meta: formar buenas personas, emocionalmente
estables, cada uno con su promedio y con su capacidad de per­cep­
ción y darse cuenta.
Y esto lo tenemos que hacer nosotros, con lo que somos, con lo que
tenemos, con nuestros grados de aprendizaje, re­caí­das y ten­den­cias de
oscilaciones particulares; y sin embargo todos uni­dos en movimiento
continuo, entre opuestos del bien y el mal, evo­lu­cionando.
No somos perfectos, cada uno está oscilando en aprendizaje en
grados diferentes. Entre el ensayo y el error, entra la causa y el efec­
to, mejorando promedios o no, de nuestra percepción e in­ten­ción
de­pende tomar decisiones acertadas.
Así se crea la individualidad. El promedio de cada ser que tiene
en este flujo la posibilidad de elegir aprender y aprender a elegir
(valga la redundancia).

– 78 –
IV
Valores

La Creatividad no es simplemente la espontaneidad


inocente de la juventud y la niñez;
debe además estar acompañada por la pasión propia del adulto,
que es la pasión de vivir más allá de su propia muerte.
.- Rollo May

PLAN DE VUELO

Entre la fluidez y la estructura


Organizar el caos
Mirarse al espejo
El perdón realmente sentido.
Pequeños inventarios

L a creatividad se construye sobre todo lo que recolectamos en el


transcurso de nuestra experiencia vital.
La originalidad consiste en el modo en que logramos combinar
esos fragmentos de conocimiento, habilidad y percepción para hacer
surgir nuevas maneras de ver la realidad. Esa necesidad de vincular
lo diverso, justifica la importancia de estimular la curiosidad, innata,
por lo que nos rodea. Esto se logra por medio de la educación, que
además nos auxilia al permitirnos incorporar los materiales im­pres­
cindibles para generar toda creación con base en el amor.

– 81 –
Todo está conectado para formar un enorme entramado humano
con el amor; en sus múltiples, infinitos grados. Pero también con
sus opuestos, el desamor y todas sus variantes.
Todo vive, se mueve. En la actualidad, con la velocidad a la que
circula la información, podemos asistir al sufrimiento en cual­quier
parte del mundo como si fuera un espectáculo en vivo. Des­truc­
ción, desgracias, injusticias, nos invaden con un sentimiento de im­
po­tencia en el que bullen la compasión, la solidaridad y el amor por
el otro. Por todos los otros.
Esta conexión está dada por la semilla del amor con la que nace
toda persona. Porque el ser humano, más allá de sus creencias, es
gregario por naturaleza.
Aparecimos sobre la Tierra débiles y desnudos, con muy pocos
recursos. Pero con el instinto de combatir el frio pegando nuestros
cuerpos; ayudarnos para cazar y alimentarnos; fortificar la morada;
hacer guardia; conservar el fuego; conseguir agua.
Ser o no ser siempre fue la cuestión, y la sigue siendo. Porque en
definitiva seremos siempre nuestro promedio en acciones basadas
en valores, para con nosotros y para con los demás. Según dejemos
germinar las semillas del amor que hay en nosotros y aprendamos a
compartir la sabiduría que de allí extraemos.
Todo se mueve, se comparte. El presente es una infinita red de
cau­salidades. Todo tiene su correspondencia entre todos, en mo­vi­
mien­to continuo, imparable.
Esa es la energía del amor, que nos trabaja.
La recibimos, y a modo de prisma humano nos dejamos atravesar
por ella. La impregnamos con nuestra esencia -cada cual le da su
ca­racterística humana propia- y luego la emitimos como si fuera
mú­sica (de hecho la música forma parte de esa energía universal)
con tiempos, formas, ritmos y vibraciones que varían de acuerdo a
nues­tro promedio en valores, en acciones de amor.

– 82 –
Pero cuando dejamos de lado la acción en valores, dejamos afue­
ra el amor. Realmente se abre una caja de Pandora con resul­ta­dos
imprevisibles. Un desorden que solamente los valores en ac­ción pueden
volver a ordenar. Y eso si hay un darse cuenta de lo que realmente es.
Los cambios hacia lo opuesto/negativo van dando tendencia
pre­ponderante al movimiento en una sola dirección con una drás­ti­
ca disminución de desplazamientos hacia lo positivo.
Cambiar nos hace entrar en un posible conflicto, porque se nos
impone admitir que hemos tenido comportamientos poco feli­ces,
que no estaban bien. Aparece una ruptura que nos cuesta y dis­pa­ra
ansiedades. Ya nos habíamos comprometido ante nosotros a su­pe­
rar, descartar, esas conductas negativas. ¿Y sin embargo?
No es fácil aceptar que no siempre la razón está de nuestro lado, que
no siempre actuamos correctamente, ni siempre queremos lo mismo.
Por eso es recomendable y necesario contar con algún tipo de
guía. No es difícil, cada quién puede diseñar la suya propia. Debe
con­fec­cionarse en los momentos de vibración positiva y guardarla
como un faro. Para cuando llegue ese momento fatal en que los
vientos del desorden nos arrastren lejos de nuestros mejores
promedios.
Porque además, querido lector, están los niños; que nos observan.

Los niños

Desde el momento de su gestación los niños configuran una


vigorosa y constante usina de crecimiento y transformación. No
sólo en lo físico, también en lo racional y emocional. La plas­ti­cidad
y la solidez con que incorporan conceptos, nociones y ex­pe­riencias
en general los hace absolutamente permeables al en­tor­no. Y tienen

– 83 –
la capacidad innata de producir respuestas ante las de­ man­
das,
positivas o negativas, que les quiera imponer dicho en­tor­no.

Es por eso que -antes de llenarnos la boca hablando de


“educación” y “formación”-, debemos trabajar en nosotros
mismos para no transmitirles conductas que luego les
costará horrores desaprender y habrán de dejar huellas y
cicatrices cuanto menos inútiles.

Ellos necesitan y se sienten cómodos rodeados de orden y cohe­


ren­cia. Ya que en ese ámbito su evolución fluye de manera natural;
sin contradicciones, y con emociones de mayor felicidad, condición
necesaria para los aprendizajes verdaderos, profundos.
Los estímulos que rodean al niño le dan seguridad en el sentir,
para percibir la realidad de lo que realmente es. El niño es lúcido,
sólo que no sabe lo que es eso. Es constructor del hombre y de sí
mismo. Lleva en sí al líder del mañana: al profesional, trabajador,
empresario, artista, madre y padre. Nosotros les brindamos algunos
elementos, pero no nos engañemos, se contruyen a sí mismos.
El niño es el piloto de su vida, y nosotros… Nosotros somos
sim­ples copilotos.
Pero debemos intentar ser muy buenos copilotos. Los mejores.
Porque -entre otras cosas- estos niños serán los ciudadanos de 2030.
Debemos entonces intentar prepararlos para un futuro imprevisible
que no vamos a conocer.
Menuda tarea, pero a no amedrentarse. Porque somos lo que
hay, lo que ellos tienen. Así pues, al toro por las astas.
Cooperemos en su hacer, acompañémoslos guiando con firmeza
y mucho amor. Ellos traen sus dones y sus propias semillas del
amor. Con sus tiempos y sus ritmos van haciéndolas nacer pero
necesitan de nuestra guía responsable.

– 84 –
Ellos vienen con su evolución y crecerán por encima de nosotros.
Seamos parte del entorno adecuado para que puedan crearse.

Nosotros motivamos aperturas y conexiones en su


conciencia, pero el que decide es el niño. Claro que lo
hace, y lo hará, de acuerdo a la voluntad que podamos
despertar en él. Cada uno de nosotros partió y navegó la
vida con lo que le tocó, pero hay que pensar que nuestro
límite será su punto de partida. Entonces vale la pena
esforzarse para trabajar a diario el rumbo y el sentido,
porque acaso nuestro presente forme las raíces de ese
niño que nos observa con atención.

En este entorno podemos sembrar hábitos que los vayan cons­


tru­yendo. Interiorizarlos de la importancia de la fe. Pero no la FE,
como reglamento espiritual, sí en cambio como noción de presente,
y como una base firme que cimente una personalidad básicamente
sensata, amable, ética.

Los hábitos

El hábito -sea negativo o positivo- se forma como reflejo de un


comportamiento que se va repitiendo y repitiendo.
Gracias a los hábitos se pasa al correcto proceder con piloto
automático, ya que la repetición exitosa que da seguridad a la acción
genera un círculo virtuoso que motiva a respetarse.
Cuando tenemos fe y creemos en el cambio, estas repeticiones
se dan con más facilidad y seguridad y se va asentando como hábito
positivo que deviene en virtud.
Pero ¿qué pasa con los hábitos negativos? Lamentablemente
siem­pre están latentes, aunque ocultos. Por eso nuestro trabajo

– 85 –
incluye sabernos, investigarnos, tratar a lo largo de toda la vida de
investigar lo que no es tan visible en nosotros.
Se puede con fe, creyendo en la tarea, poniendo intención y
acción sentida en el darse cuenta, con fuerte voluntad. Y surge la
acción. Las repeticiones de este circuito asientan los hábitos.

Las repeticiones

La repetición hace al aprendizaje. Pero es necesario programar


una estrategia honesta, sin justificaciones. De cada quien de­pen­de
mejorar sus promedios para que mejoren sus entornos.
Cada uno tiene sus tiempos, sus ritmos y vibraciones. Debes
detectar cuáles son los tuyos sin comparaciones. No olvides que la
acción en valores es la gran estructura de la energía del amor; que
debemos tratar de hacer circular dando y recibiendo.
Y esto se practica en casa, en la escuela, en todas partes. No
sir­ven los decretos, ni penitencias, ni amenazas, etc. Todo lo
contrario, sólo modifican en profundidad las repeticiones con un
fluir seguro en un entorno amoroso, sin interferencias que corten
este fluir con miedos, lastimaduras.
Allí se asientan los hábitos consientes o inconscientes.
Es inevitable que toda causa tenga su efecto y debe afrontarse
con ternura y firmeza con aprendizaje.
El éxito es hacer lo mejor, más simple y sentido posible, me­
jo­
rarlo y volver a intentarlo. No estar pendiente del resultado
inmediato porque con tiempos diferentes para cada uno.
Sentirse más útil, creativo y autónomo frente a lo que hay que
hacer. Pensar cosas que nos sirven y les sirven a los demás, que
gusten, que mejoren la calidad de vida del entorno.

– 86 –
Sentir lo bueno, emocionarse con el trayecto recorrido a cada
ins­tante y, si es desfavorable, sentirlo, darse cuenta y revertirlo, en­
ca­rándolo con fe.
Debemos poner cierto empeño y compromiso para ir cre­
ciendo y desarrollándonos como persona con fuerte intención y
voluntad de acción.
Sin intención y compromiso no avanzamos, no hay cambio.
Pongamos pausa, veamos y escuchemos el silencio entre pen­
samientos. Percibamos ese silencio, dejemos de reaccionar, entre­
mos en la observación. Pongámosle fe, creamos firmemente que es
po­si­ble y pulsemos emocionalmente para que ocurra.

Compromiso es darse cuenta y convencerse de que el


cambio que buscamos generar es bueno para nosotros y
el entorno. Apasionarse y producir evolución para nosotros
y para otros, principalmente en la educación.

Libertad

Eslabón primordial de la dignidad humana e inseparable valor para


toda acción de amor.
Necesariamente la libertad navega en un horizonte claro de
verdad. No hay libertad humana sin verdad y tampoco hay amor
sin los eslabones libertad-verdad. Ecuación necesaria para que los
sentimientos fluyan en el camino de la felicidad.
Tal como los valores deben ejercitarse mediante la repetición
para pasar a ser hábitos de conducta, el amor necesita frecuencia.
La energía del amor es frecuencia constante en grados diferentes.
De nosotros depende desarrollarla o no.

– 87 –
Verdad

La verdad es un ingrediente infaltable en la acción del amor en relación.


Lo opuesto, la mentira, nos atrae en mayor o menor grado según
nuestros promedios en la pendulación.
Se hace difícil detenernos en dicha oscilación verdad/mentira
cuando nos deslizamos hacia el engaño, porque a pesar de poder
darnos cuenta de lo que está pasando, quedamos atrapados en los
compromisos que hemos tomado hacia el entorno en base a una
situación despojada de verdad.
En principio caemos en la mentira piadosa para postergar el mo­
mento de afrontar nuestro error y y así nos volvemos a com­pli­car.
Sumamos dificultades para tomar la decisión de asumir nuestra fal­ta
y pedir perdón, lo cual nos permitirá obtener el necesario apren­dizaje
y poder contribuir a generar un contexto de serena ho­nes­tidad.
La mentira crea la ilusión de hacernos avanzar más rápido hacia
nuestros objetivos; y quizás esto efectivamente suceda e inclusive
lleguemos más lejos. Pero el gran problema es que de la mentira
es muy difícil regresar y todo el periplo hacia nuestro deseo ha
quedado viciado y malogrado. Y esto es irreversible.
La mentira es una ciénaga en la que vamos ahogándonos in­
de­fectiblemente.
Quien miente sabe la verdad y la oculta o falsea; o acostumbra a
utilizar la verdad especulando sin percibir que poco a poco se des­
liza hacia la mentira. Y desaparece el amor.
La mentira atenta contra el otro, se fagocita su credulidad, con­fianza
y buena fe. No es moral, conlleva mala intención y ausencia de empatía.
Cuando la mentira circula entre los que educan y forman a los
niños estamos ante algo grave y muy nocivo. No hay amor real de
movimiento y correspondencia.

– 88 –
Lentamente desaparece la verdad en todas sus formas y ex­
pre­siones. Se genera escepticismo y depresión. Automáticamente
desaparecen otros valores como el respeto, la responsabilidad, la
solidaridad, la libertad y paulatinamente surge el miedo a la verdad.
La verdad es un valor que en la educación se enseña con el ejem­
plo, para que podamos formar personas de bien. Para que haya una
base cierta en el sentido de la vida de cada uno de los que par­ti­ci­
pamos en el proceso.
Mark Twain decía: “Si dices la verdad no tendrás que acordarte de
nada; caso contrario la cadena de mentiras será infinita y muy tó­xica”.
El amor es la piedra fundamental para vivir y la mentira no tiene
lugar en el amor.
Cuando no hay armonía en acción de valores universales el amor
se deteriora. Y si se cae el amor, todo se cae.

Humildad

Es la gran virtud que aparece cuando tenemos la intención, la


voluntad, de realmente sabernos. No es fácil ser humilde. El ego se
vuelve indomable cuando lo hemos dejado pastar en el campo de
nuestros éxitos, aparentes o reales.
Por otra parte es lícito estar orgulloso de cada una de nuestras
pequeñas batallas. Pero ese festejo debe ser íntimo, fugaz y discreto;
y lo ideal sería realmente ser capaces de soslayarlo.
Pero suele suceder que es mucho más fácil y tentador festejarse
a sí mismo, sobre todo cuando los halagos vienen de afuera. El
yo se vuelve desmesurado al son de los aplausos y halagos de los
se­gui­dores o discípulos.
Y ser capaces de separar toda ese cotillón de la real dimensión
que tienen los logros, es la verdadera batalla a ganar.

– 89 –
Darse cuenta de que nuestros logros sólo son grandes porque
nuestras debilidades son enormes. Y no perder el enfoque en todo
lo que nos falta, más que en lo poco que hemos logrado. Y que esta
lucidez no lastime, sino que por el contrario, estimule.
La humildad deviene de haber experimentado y superado los
corcoveos del caballo indomable del “yo” soberbio, yhaber tra­ba­
jado la doma racional/emocional, concientizando los beneficios
pro­fundos de la humildad en acción como uno de los valores que
con­tiene la estructura del amor.

El perdón

Con el perdón reseteamos desarmonías de conductas con falta de


aquellos valores ganados en el circuito positivo de aprendizaje.
El tema es cómo salir del circuito negativo cuando se pierde la
visión del todo, de la necesaria armonía mínima, de las faltas de va­
lo­res y surge la errónea percepción de que la única salida para poder
pen­sar y sentir la solución del conflicto es a través de la vengaza, la
penitencia, los juicios y la guerra de razones.
Aparecen la condena, la necesidad de ganar y el deseo insano
de hacer sufrir las consecuencias al que cometió el error. El per­
dón de­ja de ser una opción.
Si no cerramos el conflicto a través del reconocimiento del error
y el perdón, no habrá aprendizaje y se hará cada vez más difícil la
vida en relación. Así el conflicto no termina nunca.
Se trata entonces de darse cuenta de cuál es el verdadero conflicto
y no estancarse buscando el error en alguno o en varios valores. Sin
horizonte de perdón nunca habrá reconocimiento posible para po­der
resetear y lograr un camino de armonía para avanzar en la re­paración.

– 90 –
Y el perdón, como el amor, se aprende por repetición con el
diario vivir en relación.

La voluntad

Es la habilidad para controlar la atención, las emociones y los


deseos. La voluntad es un músculo del carácter, que se ejercita.
Queremos muchísimas cosas, pero el deseo se frustra cuando no está
acompañado por la voluntad necesaria. Muchas veces se co­mienza con
entusiasmo pero, ante las dificultades y las dudas, se fla­quea sin remedio.
Preguntémonos por qué perdemos ese control que sostiene
la voluntad.
Las personas que llevan un buen “darse cuenta” de sus emo­
cio­nes y acciones importantes, las evalúan y las rectifican, son más
salu­dables, felices, exitosas.
Ante la observación, metódica, serena, surge el darse cuenta pa­
ra mejorar la voluntad. Y el darse cuenta se practica.
Practicar el darse cuenta, crear conciencia de la herramienta de
la voluntad sentida con emociones reales que detecten el caos, el
desagrado interno, es nuestra misión principal.
Saber exactamente quién es uno frente a cada instante en re­la­
ción. Sin condenas, juicios ni justificaciones. Y poder asumir que
sim­plemente también soy eso: bronca, ira, envidia, guerra, desa­gra­
do, desamor, acidez, etc.
¿Cómo hacer para aprovechar la oportunidad de cada instante?
Buscar la verdad que me acerque a lo certero en nuestras relaciones,
al preciso valor de las cosas.
Tantos espejitos de colores, tentaciones, desvíos que despiertan
deseos, curiosidades, no hacen más que confundir. Nos nublan la
mente, agitan vientos que levantan tormentas, y perdemos rumbos.

– 91 –
No encontramos la verdad, perdemos la libertad y los valores.
Nos ahogamos en la espuma del oleaje tormentoso de los pen­sa­
mien­tos negativos.
¿Cómo hacer? Percibir sin opciones. Tener la intención de vivir
únicamente lo que realmente es.
No perderse en los debería haber sido o debería ser, y poner fo­
co en practicar la percepción de nuestra realidad, lo que somos y lo
que sumamos o restamos al entorno.
Percibir en forma directa, sin opciones, y no divagar en dudas
y pantanales.
La verdad se revela en el recto pensar con percepción directa
sin justificaciones ni esfuerzos TITANICOS. Simplemente en
contemplación de lo que es, acompañado con lo que sentimos.
Pensar – sentir – hacer, es coherente.
Pensar y accionar sin sentir NO es coherente.
Alerta a nuestras acciones, saber realmente qué está su­ce­
diendo cada instante sin mentirnos. Darnos de cara con la di­
recta y pura verdad.
Quien soy yo y mi manera de relacionarme.
Quien soy en acción real en mi entorno.
Ser es estar relacionado en acción sentida. No somos seres
aislados.
No perder energía criticando al otro. Ver cuál fue o es mi parte
en el desentendimiento.
Ser tolerante con el otro, recordar que tiene sus tiempos y sus
propios promedios y estados.
Si no tenemos la intención de conocer lo que somos no hay base
para la acción directa en valores y el recto pensar sintiendo.
¿Y cómo hacer para emprender y sostener nuestro vuelo acom­
pa­ñando a los demás, sosteniendo un sentido de la vida apoyado en el

– 92 –
amor, volando libres con la verdad, relacionándonos creativamente,
vi­viendo en plenitud?
Para contestar una pregunta tan compleja es indispensable pri­
me­ro saber bien quién es el que la hace.

¿Quién Soy?

Generalmente tenemos un proyecto un esquema, un molde en el que


pretendemos meter forzadamente la vida. Nos en­tu­sias­mamos con
propuestas poco realistas y terminamos que­riendo encajar en ellas.
Terminamos en la confusión, presa de la desilusión y el desánimo.
Pero la vida es mucho más inmensa y elástica que cualquier es­
que­ma que puede inventar un ser humano.
Querer encajar al amor en un esquema excede los límites que
cualquier estructura quiera poner. El hombre está destinado a la
evolución constante y a trascender en la senda del amor.
La vida es un constante renacer pendulando en crecimiento,
con foco en lo que realmente es, con actos de amor y desamor en
diferentes grados.
Condenar, censurar, nos llevan a no poder comprender lo que
realmente hacemos, cómo estamos pendulando. Y así perdemos
oportunidades.
En ninguno de los opuestos hay estabilidad como para decir:
aquí llegue, aquí me quedo.
Vamos y venimos, muchas veces eludiendo la comprensión de
lo que realmente es el amor y su estructura de valores, que tam­
bién tiene su normativa.
Y debemos comprenderlo y aprehenderlo: el amor es bondad
aplicada. Nuestra institución -los Colegios Hölters- ha optado por
tomar la educación en valores como columna vertebral.

– 93 –
Cuidémonos, no despreciemos a ninguno de nuestros
pequeños. Ellos nos contemplan, nos perciben y necesitan
ser comprendidos en el amor, en lo bueno. Sin amenazas,
ni actos de desamor, si en cambio con firmeza pero
tiernamente. Démosle seguridad a cada uno de ellos y
que no se nos pierda ninguno de estos pequeñitos.

¿Qué es la escuela?

La escuela es el lugar de práctica constante de acciones de amor de


valores en movimiento, y bajo ningún concepto debe permitirse
que se con­vier­ta en lo contrario. Los que no estén en condiciones
de tener intencióny voluntad deberán separarse de la institución.
Debemos tener fe y no vacilar.
Una sociedad que acompaña con su inacción en valores uni­ver­
sales y el silencio, contribuye a que pierdan significado la verdad, la
justicia, la libertad, el amor, y demás valores.
Toda buena persona con buen promedio positivo se parece a
otras buenas personas de promedios semejantes. Se acercan entre
sí y van formando grupos de familias buenas, luego grupos de
seres humanos, comunidades, sociedades con buenos promedios.
Si por situaciones determinadas nos distanciamos de ellas las
extrañamos de sobremanera.
Las familias dichosas a su manera se parecen entre sí, esto
con­­tagia y se multiplican. Pero todo depende de nuestros ac­tos
bue­nos, vamos definiendo nuestras dichas o desgracias e in­flui­
mos al con­junto.
En la comunidad que habitamos puede haber amor y re­sen­ti­
miento; generosidad o mezquindad; compromiso y decisión; respeto

– 94 –
y descalificación; cuidado y desidia; dedicación o indiferencia, apoyo
y maltrato. Es muy fácil darse cuenta de que estamos pendulando
eternamente entre nuestras polaridades.
Pero también es necesario comprender que no necesariamente
es vaivén debe ser fatal e inevitable. Se puede pulsar hacia mejores
promedios, minimizar los errores, corregir con prontitud y utilizar el
impulso para llegar más lejos en nuestro polo positivo y perceptivo.
Lo importante es la tolerancia y el respeto en un ambiente
amoroso.
Cada cual lo hace a su manera. Cada persona que tenga intención
mejora este mundo y la suma de estas personas potencian la mejoría
del mundo.

Saber quién soy por motu proprio

Se trata de construir el mapa del que soy con observación de mi


interior, mi yo, mis dones, emociones, energías, capacidades, deseos,
debilidades, mi trayectoria en mis entornos, etc.
Saber si soy un Todo-Terreno, o aviador, caminante, corredor,
me­ditador, observador. Si mi motor energético posee 10 hp o
380 hp de potencia.
Visualizar de manera clara y realista cuáles son mis metas y ob­
je­tivos, y qué realidades necesito para lograrlas.
Admitir mis debilidades. Asumir mis derrotas y reconocer mis
fortalezas.
No olvidar nunca que los valores en acción son la energía ne­ce­
saria para resetear y volver a dar, con amor.
Para quien de veras se propone llevar a cabo un trabajo de au­
to­co­nocimiento, primero vayan mis calurosos aplausos; y tal vez

– 95 –
le pue­da aportar alguna herramienta de las que la vida, la suerte, la
cir­cunstancia, me ha hecho conocedor.
Primero identifica tu comportamiento. Esta es una tarea sencilla
y apenas incómoda que tendrá la maravillosa ventaja de instalarte
inmediatamente en un proceso de acciones de valor.

Los no puedo no existen

La intención con fe en movimiento de lo bueno cambia es­truc­turas


mentales; va creando nuevas huellas en el cerebro, con par­ticipación
de pensamientos y sentimientos que generan el cambio de visión y
brindan energía para creer, confiar, sentir y hacer.
Podemos cultivar las cualidades básicas a cualquier edad si
estamos convencidos de que sí se puede, con compromiso. Esto no
es una mera frase de optimismo. Está científicamente mensurado.
No estamos divididos en débiles y fuertes o exitosos y per­de­
dores; estamos divididos entre los que deciden con intención cierta
por motu proprio, aprender, conocer, tener fe, o los que deciden no
aprender, no creer, ni conocer. Y esperan que la evolución les
llegue de afuera, como si fuera un milagro o una deuda que el
Universo les tiene que saldar.
Tampoco sirve erigirse en falsas convicciones, y juzgarse y
con­denarse con mano de hierro. Eso es absolutamente negativo
y has­ta un poquitín hipócrita. Negarse la capacidad de cambiar
tam­bién es una situación cómoda, de equilibrio negativo estable.
Pero no llega muy lejos. La distorsión se hará presente consciente
o inconscientemente.
La cuestión pasa por trabajar con cada acción formando tu
iden­tidad con promedios acorde. La mente tiene plasticidad para el
cam­bio y es capaz de invertir toda tendencia en un abrir y cerrar de

– 96 –
ojos, durante las 24 horas. Son las propias creencias las que levantan
o bajan la barrera hacia el cambio posible.
La Madre Teresa de Calcuta dijo alguna vez: “Lo importante no
es cuánto hacemos, sino cuánto amor, cuánta honestidad y cuánta
fe ponemos en lo que hacemos.”
“Sí se puede” con solo tener la intención y decidir con fe la
acción buena, realmente la que conviene y sirve al mejor promedio.
Y no somos ni seremos perfectos porque la vida es constante
cambio, nada es permanente, es nuestra decisión darle sentido.

Para este vuelo somos nuestro propio piloto y volamos


en relación. Seguro que habrá conflicto, pero estando en
alerta lo sabremos diluir con acción real en valores, en
profundidad; para seguir sumando horas de vuelo que dan
madurez y sabiduría.

No podemos andar por la vida suponiendo, debemos cer­


cio­rar­nos paso a paso. Asumimos que nuestros valores están en
acción por­que sabemos cuáles son esos valores. Pero debemos
percibir con certeza si momento a momento están en acción o
son sólo una fa­chada.
Consideremos esta guía como ayuda de memoria para llevarla
siem­pre con nosotros. Llegará un momento en que la tendremos in­
cor­porada y ya no será necesario consultarla en el papel o la pan­talla.
Esta guía nos lleva por un circuito trazado y atravesado por el
hilo del amor, con base en el amor, y está diseñada para practicar
con los niños decodificando sus errores en conflictos de grupos,
apuntando a obtener resultados positivos -ya comprobados- en
base a que ellos mismos se puedan resetear.
Si se revisa y chequea a fondo, diariamente, siempre nos
advertirá que algunos valores no están en acción. Es necesario

– 97 –
rec­tificar y no seguir perdiendo altura en el vuelo. No hay que
olvidar que el viaje de cada uno forma parte de un entorno. Si se
pone en acción el perdón, real, sentido; y se centra nuevamente
en el circuito del amor, es posible volver muy pronto al mejor
promedio de cada uno.
La metáfora del avión no es casual. Al fin y al cabo los edu­
cadores estamos comandando una inmensa nave comunitaria,
pujante y mutante. El vuelo demandará entre 15000 a 17000
ho­ras de vida escolar. Puede ser una catástrofe, o el lugar y mo­
men­to ideales para transformar la escolaridad incorporando va­
lores que se conviertan en hábitos.
Es realmente muy simple tener la voluntad e intención en la
ges­tión. Pero conviene ordenarse, porque las tareas más simples
sue­len ser las más grandes y uno tiende a alivianarlas. Es importante
fi­jar la mirada y llamarse a silencio el tiempo necesario hasta que
las cosas comiencen a hablarnos. Y entonces sí, analizarnos, punto
por punto.

Para empezar esta tarea y terminar este capítulo, hagamos una


lista básica de valores. Cada quien puede aportar los suyos propios
si aquí no estuvieren.
- Amor
- Respeto
- Verdad / honestidad
- Solidaridad
- Tolerancia
- Autenticidad
- Responsabilidad
- Compasión
- Humildad
- Felicidad
- Libertad

– 98 –
- Creatividad
- Autonomía
- Resetear con el perdón
- Respetar el circuito de coherencia

Pruébelo, tenga fe en esta simple tablita, llévela consigo como


ayuda de memoria y compártala en los diálogos de búsqueda de
mediar soluciones. Y recuerde: los valores en acción son el eje
que nos da la medida de nuestra situación real. En el aspecto
normativo, dar a cada uno lo suyo y hacerse cargo de lo propio; y
en el aspecto afectivo empatizar con los demás y construir, acep­
tando las di­fe­ren­cias.

Esto es:
1- Es importante el darse cuenta tempranamente.
2- Mis acciones y las de los demás son de persona humana no per­
fecta, con tendencias entre opuestos.
3- Me doy cuenta de que voy y vengo, oscilo, péndulo. Movimiento
continuo
4- Reconozco la importancia de valores y disvalores. Tengo re­caí­
das con que percibo tardíamente.
5- Acepto que el eje de la armonía y el crecimiento, descansa en ac­
ciones basadas en valores universales en movimiento continuo
con la energía del amor.
6- Cada uno con sus tiempos, formas y características, trabajando
en su ritmo, su promedio, su imagen.
7- Me pregunto: ¿Con qué ayuda, sistema, guía, puedo resetear o
bien orientarme para evitar algunas recaídas y cambiar el sentido
de las pendulaciones negativas para que pasen a ser un hábito de
investigación continua?
8- Que se incorpore en mi piloto automático.
9- El silencio existe cuando tengo intención y voluntad.

– 99 –
Por eso es recomendable y necesario contar con una guía. No es
difícil, debe confeccionarse en los momentos de vibración positiva
y guardarla como un faro. Para cuando los vientos del desorden nos
arrastran de nuestros mejores promedios.

Check list de valores


Son instrucciones para ordenarnos.
Tratemos de entender los valores como columna vertebral de
nuestro ser en convivencia, con el otro y con uno mismo.
Y, de paso, recordemos lo que decía el gran poeta Antonio
Machado: “Hay dos clases de hombres: Los que viven hablando de
las virtudes y los que se limitan a tenerlas.”

GUÍA PARA VOLAR VALORES

En el dorso de esta tarjeta encontrarás


la guía. - Amor - Compasión
• Verifica que todos estos valores
estén en marcha al mismo tiempo - Respeto - Humildad
en tu tablero de control.

• Visualiza uno a uno todos ellos.


- Verdad - Felicidad
• Frente a los temporales verifica
cuáles están en marcha y cuáles
necesitas ajustar. - Honestidad - Libertad

• Recuerda que para retomar tu


rumbo debes primero poner en - Solidaridad - Creatividad
marcha “el perdón”.

• Una vez que todos estén en mar- - Tolerancia - Autonomía


cha nuevamente, te sentirás me-
jor y verás que a tu alrededor
todo vuelve a tornarse armónico.
- Autenticidad - Perdón
Tienes en tus manos el control de tu vue-
lo. El procedimiento es sencillo. Frente a
cada movimiento recuerda los valores y
- Responsabilidad - Coherencia
rectifica para que tu marcha sea plena.

– 100 –
El gran Maestro

Descubrir a Dios como creador de esta armonía universal. No


desde la Institución y el Dogma, sí como creador de principios de
conducta que tienen que ver con preservar la vida, alentar la paz,
pugnar por lo justo; en un universo caótico, donde todo se repite
y no se repite, donde cada uno es diferente en tiempos, ritmos,
vibraciones, pero fluyendo en el amor a caballo de los diferentes
valores que se relacionan más o menos directamente con el amor.
Surge la felicidad pero perdemos la fe y nos vamos hacia su
opuesto. Y nuestro propio miedo nos inculca argumentos basados
en falsas creencias que sólo por un tiempo nos ayudan a justificar.
Pero el entrenamiento en actos de valor nos lleva al darse cuenta. Y
aparece en nuestras manos la herramienta para cambiar el sentido
de la pendulación negativa y regresar. A seguir trabajando en el
amor. A seguir fluyendo con la vida.
Cuando Einstein habló de la semilla del amor latente en
cada uno, esperando ser despertada, se refería claramente a esa
emotividad inexplicable que nos lleva a lagrimear cuando vemos
sufrimientos ajenos y a vibrar en una energía que no controlamos.
Y esto nos pasa a todos, hasta al más duro no creyente. De pronto
nos damos cuenta de que somos un todo en el amor y que esa es
la mejor, la más lógica manera de vivir.
Y que en casos de extremos negativos en el opuesto, todo em­
pie­za con un malestar íntimo, un enojo interior que se desplaza ha­
cia el entorno y es capaz de terminar en guerras, odios y mucha ira.
Pero es necesario repetir y fijar que en las peores circunstancias re­
sur­gimos los humanos y volvemos edificar en la senda del apren­di­zaje.
Todo es creación constante en forma de autogestión. Y el amor,
se recrea y reinventa a cada instante, crece y decrece, edifica y de­
rrum­ba para volver a edificar.

– 101 –
Como lo recuerda María Popova, crear es combinar los frag­
men­tos de percepciones, conocimientos, ideas y memorias que
va­gan por nuestro interior para dar forma a un material original,
a vi­siones novedosas del mundo. Esto se logra vinculando lo que
apa­rentemente no está relacionado entre sí, descubriendo corres­
pondencias donde los demás sólo ven desorden.
“La creatividad es conectar lo disperso”, afirmaba Steve Jobs.

Un ejercicio: INSERTAR VALORES


Enfoquemos la lista de valores. Descubramos cuáles son
los valores más positivos en nuestras acciones; luego cuáles
son los más débiles, para poder concientizar nuestra
debilidad.
Ahora vamos a pasar a un tono más coloquial para
orientar las instrucciones.
Preguntate cómo te sentís actuando con tus fortalezas
eficientes y cómo te sentís haciendolo tus valores en
acción con debilidad.
Identifica personas de tu entorno cuyos valores en acción
te agradan y trata de precisar cuáles son esos valores que
te hacen sentir bien.
Enumera qué personas han dejado huellas positivas para
la construcción de tu vida.
Luego descubrí 5 valores o sub-valores de tu per­so­nalidad
con fuerte tendencia negativa, que te dañan y/o perjudican
en la tarea de mejorar tus pro­medios en amor.
Es necesario hacerlo con verdad y humildad.
Definí por escrito qué aspectos querés mejorar, paso a
paso, acortando las pendulaciones negativas.
Elegí cada día una de tus tendencias en valores ne­ga­
tivos para descubrirlas, porque te acechan detrás de tus
descuidos.

– 102 –
Zona de fluir en equilibrio Zona de confusión de caos.
con los valores en acción. Agudizar la percepción
urgente.
Zona de pérdida de Zona de caos declarado,
promedio cambiando sin percepción.
sentido hacia lo negativo. Aquietarse. Buscar ayuda
Reforzar la atención al profesional.
sentir.

– 103 –
V
Bullying

Primero te ignoran, luego se ríen de ti,


luego luchan contigo, luego ganas tú.
.- Mahatma Gandhi

PLAN DE VUELO

El momento más oscuro de la noche


Redes negativas
Combatir por el amor, en todos los frentes
Cómo se ponen los límites

Bullying

E s posiblemente el más claro y doloroso ejemplo de pérdida de


promedio con tendencia negativa y total ausencia de per­cep­
ción de sí mismo y del otro.
En una situación de bullying se forma una corriente que se va
arremolinando y -paulatinamente- succiona, tracciona a la mayoría
de los miembros del grupo, arrastrándolos a pendular hacia con­duc­
tas negativas. Muy pocos resisten la tendencia grupal, muy pocos se
dan cuenta para fortificar su accionar positivo mediante acciones
basadas en valores reales.

– 105 –
Quien promueve o inicia el bullying -el abusador- se encuentra
en una situación de coherencia negativa. Siente negativo y acciona
con convicción en dicha negatividad. Así va arrastrando a algunos
“cómplices” y se forma un ciclo de acciones nefastas que impiden
percibir sus consecuencias.
Este remolino va aumentando en potencia y agresividad a través
de daños y agresiones de todo tipo. Así se pierde el promedio de
conductas en lo bueno, en lo que conviene, en el amor. Lo que
resulta en una mayoría de “linchadores” que no percibe lo que hace
y se empeña en el objetivo de lastimar a las víctimas. Son ataques
directos o indirectos, verbales, psíquicos o físicos; extorsión,
chantaje, amenaza, sometimiento.
Es un absoluto acto de desamor que suele ocurrir sin contención
del entorno inmediato; en actitud de silencio partícipe con distintos
grados de complicidad.
En estas situaciones hay más de un frente a trabajar. La conducta
personal; la conducta del entorno; la conducta de los padres y el
proceder institucional. Evidentemente se trata de una situación
muy desagradable pero no deja de ser una gran oportunidad de
aprendizaje para todo el entorno, actores y víctimas.
No debemos perder de vista la raíz real de este tipo de. Muchas
veces también hay padres con bajo promedio en valores que -directa
o indirectamente- se suman al bullying, aumentando la negatividad,
distanciándose de lo importante, lo que tiene que ver con el corazón
que es lastimado. Hay falta de coherencia entre pensar, sentir y
hacer. No se piensa y no se siente en positivo antes de la acción.
Y lo que se deja de lado es, ni más ni menos, que la necesidad
de vivir, conviviendo con el otro tal cual es, y no como podría
pre­ten­derse que sea.
Es necesario que los actores y su entorno concienticen la total
ausencia de acciones de amor en la acción. Cuando el amor se cae,

– 106 –
se caen valores grado por grado a velocidades impensables, el caos
se presenta en el grupo y la empatía se desvanece.
En un entorno con buenos promedios de valores en acción, los
actos de desamor se rechazan de hecho, no tienen cabida, y el entorno
mismo influye en el aprendizaje del actor, llamándolo a la reflexión.
Y el aprendizaje se produce en el convivir con mucha atención,
alerta y percepción, de todos los que componen el entorno. El au­
toritarismo no es una solución de fondo. Es necesario poner en
marcha la solidaridad, el respeto, la responsabilidad, la tolerancia, el
cuidado de la libertad y el amor en movimiento. Y esto se aprende
si se enseña con ternura y firmeza, con ejemplos que impulsen a
volver a buscar buenos promedios.
No hay ser humano alguno que en su fuero íntimo no sea sen­sible
a los desagrados y angustias que producen los actos de de­samor.
Bullying es una acción de personas que dejan de ser buenas per­
so­nas, sus actos no son buenos y los que lo acompañan también
de­jan de ser buenos.
Cuando los sonidos reales e irrespetuosos se transforman en
barullo tóxico, se pierden los espacios de reflexión y de silencios
que organizan a las personas. Y el efecto es de deformación, per­tur­
bación, incomunicación, desagrados, in crescendo. Los niños pierden
y una vez más nosotros somos los grandes responsables.
Recordemos los valores que han estado presentes y los que
han estado ausentes. Veamos en qué grados participaron en el
conflicto estos valores.
Se hace sencillo para el partícipe de estas conductas negativas
visualizar y detectar -con la lista de valores en la mano- las falencias
que lo fueron llevando a esta conducta que en definitiva es inhu­
mana. Porque el ser humano es básicamente amoroso.
Es importante que él llegue por motu proprio a ver y sentir sus errores
y sólo así se abrirá al aprendizaje y se alejará de las jus­ti­fi­caciones.

– 107 –
Esto no es un mensaje o una opinión. Es una invitación a com­
par­tir y enriquecer la experiencia de la comunidad de revalorizar
en acciones los valores universales. El amor como la gran energía
que recorre la humanidad debe tener presencia prioritaria en la
formación y la educación de las próximas generaciones.
El bullying es una situación que desestabiliza el ambiente armónico
grupal deteriorándolo profundamente. Sacude el piso bajo nuestros
pies desestabilizando todo el entorno, afectando psicológica y
físicamente al grupo, y especialmente a la víctima. En lo social in­flu­
ye dificultando la convivencia escolar, bajando rendimientos, crea­
tividad, desarrollo de buenos ambientes y principalmente el impulso
de dar y recibir. Es una forma nada sutil de agresión repetitiva que se
puede extender por 5 a 6 meses, con dosis de agresiones semanales
o diarias, siempre in crescendo en grados.
Se pone en marcha una solapada catarata de guerras de poder
entre victimarios y víctimas.
Esta actitud ciertamente encierra una búsqueda de poder y
sta­tus en el grupo o aula. Estos es, los acosadores o “bullers”
tratan de influir, a costillas de las víctimas, en sus grupos, bus­
can­do sobresalir.
La situación surge generalmente en los ambientes en que todo
se basa en “cumplimiento de formas”. O sea, en un entorno que
tal vez no ha sido elegido por sus componentes. En el que se debe
estar, cumplir, con lo que “debería ser” o “haber sido”. Un corset
de normas en el que se encuentra conviviendo: casa, club, colegio.
Por eso es muy necesario que estos entornos -grupos- tengan
reglas y normas de convivencia muy claras, con acciones repetitivas
de efectivo cumplimiento, con toda la atención necesaria y con
valores en acción; de manera diaria y eficaz.
El bullying es generalmente acordado por el entorno grupal,
aunque si tomamos a cada uno de los participantes individualmente

– 108 –
asume que no está haciendo lo correcto. Existen acciones in­di­vi­
duales que intervienen en el movimiento para destruir a otros, pero
la movida es grupal y tiene muchas facetas:
- La amenaza
- El sarcasmo
- Ignorar a la persona
- El ataque físico
- El acoso a través de redes sociales como Facebook,
WhatsApp, Twitter, etc.
Se agrede instalando chismes, difamaciones, discriminaciones,
etc. En definitivamente infectando las relaciones sociales
Es como un movimiento sísmico cuyo origen siempre es el
grupo. Comienza con una fase de exploración por parte de los
líderes (casi siempre negativos) que estudian su entorno; sus reglas
y sus cumplimientos, las debilidades de la convivencia grupal y de
las autoridades.
Luego van tejiendo su trama de acción, explorando los puntos
fuertes y débiles de sus compañeros de grupo, con el fin de elegir a
la víctima y seleccionar a sus cómplices. El siguiente paso es señalar
a su presa. Invariablemente eligen al más débil, al que no podrá
defenderse. Generalmente esa debilidad tiene que ver con cierta
imposibilidad de encajar en el entorno, lo cual brinda al agresor una
perversa justificación de su accionar.
Finalmente entran en una fase de manipulación de las normas,
iniciando sus acciones sutilmente, para luego ir ganando la com­pli­
cidad de sus compañeros que acompañan desde distintos roles y se
convierten en secuaces.
Así el grupo se va transformando inconscientemente en un en­
torno agresivo.
Dentro del grupo están los que intervienen directamente en la
agresión pero también los que son espectadores, aplaudidores, son­rei­

– 109 –
dores, o miran para otro lado. Todos pasan a ser cómplices en mayor o
menor grado. El aula y el docente, con sus reglas, normas -y sin práctica
diaria en el ejercicio de la percepción-, propician el ambiente para que
este movimiento pueda nacer. Y también son cómplices.
La víctima puede ser cualquier integrante del grupo. No es culpable
de su situación, pero no se puede defender solo. Muchas ve­ces existen
los que salen a defender a las víctimas, pero son muy po­cos.
Las consecuencias del conflicto son de un alto grado de estrés
con consecuencias trágicas, impredecibles.
En la víctima directa surgen dificultades de concentración, in­se­
gu­ridad, falta de voluntad, insomnio, problemas de digestión, miedo
al colegio, falta de apetito, irritabilidad, problemas de respiración, etc.
El mejor remedio, en principio, es la percepción grupal que de­
tecte y desactive la situación antes de que llegue a concretarse. Lo
ideal es reconocer que el bullying se está gestando y hacerle frente.
Pero aunque así no fuera, nunca es tarde para intervenir.
Y es preciso trabajar la autoestima, el coraje cívico para en­
fren­tar la realidad, saber poner límites, educar valores en acción
continuamente.
Estas situaciones no se solucionan solas, es necesario crear un
fren­te de acción consciente -algo que requiere intervención pro­fe­
sional- para activar la participación de todos los que componen el
grupo. También los pasivos deben participar.
Es absolutamente necesaria una buena actividad de capacitación
a nivel institucional, para despertar en todos los docentes su res­
pon­sabilidad de cuidar su rol de referente real, asumiendo su par­ti­
ci­pación como algo indispensable y sólido.
Porque la percepción de padres y docentes es la llave de la
prevención. El estar atentos, alerta, para percibir en las sombras los
principios de la crisis, que seguramente se verá reflejada en cambios
de conductas individuales.

– 110 –
No hay que esperar el movimiento desestabilizador del grupo
para despertar. Se trata de captar en la relación diaria lo que real­
men­te sucede a cada instante con cada uno.
No sirve esperar “a ver qué pasa”, para luego hablar de lo
que debería haber sido o debe ser. Los mensajes del “debe haber
sido” son veneno para el engranaje de la relación fluida necesaria
entre alumno - docente - padre - hijo. Es indispensable ponerse en
situación de referente valido y darse cuenta en profundidad de lo
que es el desamor en movimiento.
Lo que realmente ES se transita por el camino del sentir. Sen­timos
cuando nos dejamos captar la realidad sin miedos, culpas ni amenazas.
Si contiene el “debió haber sido” o “deberías haber”, ya no sir­
ve, porque de un modo sutil se están cargando culpas; se bajan las
cortinas de la comprensióny no hay aprendizaje.
Entonces, la apertura a la comprensión siempre pasa primero por
el sentir: ¿Qué sentís? ¿Cómo te sentís? ¿Cómo crees que se siente
el otro? ¿Los demás?, etc. Esto no es “paz y amor”. No pasa por
una frase hecha. Esto se gana con tolerancia, porque cada uno tiene
tiempos diferentes. Con ternura y firmeza, que no es autoritarismo.

Cómo detener el bullying


y volver a armonizar el grupo

Se comienza con una charla de sensibilización. En ella todos deben


poder opinar sobre lo que está aconteciendo, sus consecuencias, el
daño resultante. Si los chicos se sienten seguros, contenidos, pron­
to van a expresar sus sentimientos, y acaso reconocer sus errores.
No se logra nada por decreto, ni exigiendo que señalen al cul­pa­
ble; no caben enojos ni amenazas. Es necesario focalizar en lo que
se siente de la realidad en el presente mismo.

– 111 –
Una posibilidad es enumerar en una pizarra, frente a todo el
grupo, los diferentes roles de quienes integran un grupo de aco­sa­
dores. Así cada uno, inclusive en silencio, podrá visualizar el papel
que estuvo actuando. Luego se dialoga sobre los roles tratando de
concientizar que el bullying pudo ocurrir únicamente por la par­ti­
cipación de todos.
La lista de valores también debe estar en la pizarra. A fin de que
cada uno de los presentes noten cuáles fueron los valores que han
estado ausentes. Luego se les debe instar a preguntarses a sí mismos
en qué momento preciso abandonaron las acciones de amor.
Se supone que en esta charla saldrá el tema de las consecuencias con
propuestas de conductas reparadoras: el perdón, arrepentimientos,
disculpas. Es el momento para explicar nuevamente la herramienta
de los valores en acción y su uso en la vida diaria.
Luego se tendrá que tocar el tema de que cada error tiene
consecuencias que deben asumirse para reparar.
No es una tarea fácil, pero el docente o referente a cargo
debe sos­tenerse en su propia convicción y no olvidar nunca
estos cuatro “tips”:
El niño es el constructor del hombre.
El niño es lo que es, en tanto que el entorno lo maneja el hombre
adulto
Una buena persona tiene futuro.
Los valores en acción son la garantía de la convivencia de cual­
quier entorno.

– 112 –
Límites

Cuando se habla de “poner límites”, inmediatamente se piensa


en toda una batería de medidas disciplinarias. Reglamentaciones
que -con más o menos intensidad- empujan al niño hacia lo que
“debería ser”. Esto es, el mecanismo se activa porque “debió haber
sido” y apunta al “debe ser”. Casi nunca se tiene en cuenta “lo que
es”, la subjetividad del niño frente a su circunstancia.
A eso se le llama disciplinar. Se supone que significa “volver a
ordenar”. Pero ¿es realmente disciplina eso? ¿Cuál es la medida que
se tome en cuenta? ¿Quién fija los límites y en base a qué?
Vamos punto por punto. Ya que tanto hablamos de los límites,
pongamos el foco allí y tratamos de desentrañar todas las lecturas
de esta palabra clave.
Los límites son zonas de aprendizaje según valores en acción.
No se trata de una situación fija (respetar los límites) sino de una
situación de equilibrio en movimiento ordenado. Cuando este
momento se desordena, el sujeto oscila en grados de desamor,
pierde armonía y valores. Luego ocurre lo de siempre, al no haber
percepción la oscilación negativa se hace más aguda y va ganando
espacios. Se pierde altura y caen los promedios.
Frente a esta situación no sirve simplemente imponerse como un
límite de autoridad (“hasta aquí llegaste”). Lo que hay que proponer
son medidas de aprendizaje: observar la situación, hacerse cargo del
error (analizar sus causas y evaluar sus consecuencias), llegar a acuerdos
y entonces sí, reiniciar el aprendizaje como punto de re­tor­no.
No se trata de amaestrar, disciplinar con amenazas, penitencias
o correctivos. Éstas no es más que una sucesión de medidas
represivas que no contienen aprendizaje comprometido. Lo único
que se obtiene por ese medio es reacción. “No quiero este castigo,
no lo volveré a hacer”. Un arrepentimiento forzoso que siempre

– 114 –
implica cierta sensación de rencor y, lo que es peor, la idealización
del error como acto de rebeldía. No funciona.
Frente a lo que es desorden, desvío, caída de valores, lo primero
es percibir, interesarse en el conflicto. No sólo como una norma
que se transgredió, sino como el punto emergente de situaciones
erráticas que se han venido produciendo sin ser vistas a tiempo.
Es el momento de experimentar lo que sucede cuando un va­lor
comienza a caer y en su caída arrastra a otro. Primero se pier­de el
respeto, luego la responsabilidad; esto a su vez aniquila la soli­da­ri­
dad. Todo se degrada y se cruza hacia el polo del desamor.
El proceso de aprendizaje a conciencia siempre debería implicar:
1º La oportunidad de rectificar.
2º Pedir perdón por los errores.
3º Concientizar los movimientos negativos que produjeron el error.
4º Hacerse cargo de las consecuencias según normas a consensuar por
su entorno: autoridades, poderes, pero principalmente uno mismo.
5º Concientizar que se forma parte de una estructura colaborativa
en la que se beneficia. Que este beneficio también incluye la
to­lerancia a sus errores. Y que asume la responsabilidad de cre­
cer colaborativamente con una estructura a la que sus acciones
suman o restan.

Lo más importante de ese momento de “poner límites” es que


cada uno pueda percibir la profundidad del error, sus causas y po­
si­bles consecuencias. Y luego obtener del alumno la intención y
voluntad de aprendizaje. Para que este cambio sea profundo y du­
ra­dero es menester que el alumno perciba que la puesta de límites
es­tá consensuada por gente en la que cree (ya sean padres, docentes
ami­gos), con firmeza, pero con ternura; con el objetivo inamovible
de lo­grar una alegre y feliz convivencia.

– 115 –
Cuando el entorno que educa está muy pendiente del límite
como “oportunidad” de reprimir (ya sea imponiendo castigos o
simplemente amenazando con las consecuencias de “la falta” co­
metida) surgen los miedos y sus consiguientes bloqueos. Se pierde
la oportunidad de compartir un aprendizaje con com­pren­sión real
del suceso, ya que a toda presión se le opone una resis­ten­cia y se
anula el aprendizaje.
Hay un detalle, un pequeño secreto a tener en cuenta. His­tó­
ricamente se ha dicho “medir a todos con la misma vara”, como
si­nónimo de justicia. Pero es un concepto simplista. La verdadera
jus­ticia debe ser más sutil. Los niños y los jóvenes necesitan límites
iguales para todos, pero teniendo en cuenta sus individualidades, su
sen­si­bilidad, percepción de la circunstancia, necesidades.
No somos amaestradores. Los educandos tienen que moverse
en sus acciones con naturalidad, confiando en que el entorno co­
la­borará en sus enseñanzas, con ternura y firmeza, aprovechando
toda oportunidad de aprendizaje.
Y debemos recordar que nosotros, docentes, padres, también
necesitamos límites. Eso es algo que debemos concientizar pa­ra
poder acompañar y guiar a los niños a medida que se van cons­tru­
yendo. El construirse es una senda de aprendizaje de toda la vida, con
momentos de felicidad y otros no tanto; pero si nos acompañamos
en esta estructura colaborativa los pasos serán más naturales, más
firmes, con más ternura y con amor, respetando el umbral de cada
uno en relación al aprendizaje de sus límites a superar.
Lo más importante es sentir lo que realmente está pasando y
afrontar las consecuencias con naturalidad, sin miedos, broncas o
rencores. Siempre como parte de un proceso de aprendizaje.
Los límites que nos indican el circuito de valores en acción
no son una frontera de hierro. Sino más bien un proceso de auto
construcción, paso a paso, dando y recibiendo lo que conviene a la
buena persona. Así es como se construye y se ingresa en un circuito

– 116 –
de recompensa; sin miedos ni amenazas, pero haciéndose cargo de
las consecuencias de sus acciones.
El límite que necesitan los niños en la educación se desplaza en
un enorme espectro en grados en el sector positivo. Se le ofrece
entonces todo un territorio donde se puede mover como buen
niño y descubre que no se trata simplemente de “esto sí, esto no”,
sino de construirse con decisiones que devienen de conductas que
hacen a la persona de bien.
Es un tema de grados de armonías entre cada valor y todas sus
combinaciones posibles. Así, en lugar del “encajar” al niño en un
sistema, se le ayuda a formar su carácter, identidad, ya en el molde
de una estructura colaborativa.
De este modo, cuando su pendulación lo acerque al sector ne­
gativo (esto es tan inevitable como natural) él mismo podrá percibir
lo que no le conviene a la buena persona que pretende ser.
Hay una relación directa entre las emociones y el corazón. Las
emociones las sufre el corazón pero nacen en el cerebro. Los niños
saben y perciben lo que está bien y lo no que no está tan bien, y
en ese límite pueden aprender a rectificar y retornar. Pero siempre
es necesaria la colaboración del entorno que contiene, aporta, y al
mismo tiempo nos limita. En interrelación se aprende a manejar
las propias energías para generar y ocupar el propio espacio en
equilibrio constante con el fluir del presente. Para convivir es
necesario caminar juntos lo bueno, pero también tolerar los vaivenes
de los otros, saber adaptarse, pugnar por mejorar promedios.
Qué es el entorno formativo -más concretamente lo que ocu­
rre en el aula- sino un ensayo para cuando el niño, ya adulto, deba
ocupar su lugar en el gran entorno que conforman la familia, el
trabajo, su país. Qué es una norma de conducta grabada a fuego,
con pertenencia y cariño, sino un reflejo de lo que a gran escala
sería la Constitución de una Nación. Sólo así se aprende a distinguir
valores y recorrerlos, a encontrar el espacio en que cada quien

– 117 –
pueda desarrollar sus habilidades hallando satisfacción personal
en el hecho de aportar a un todo. Así se forma un ser humano
en su individualidad, profundo y crítico, y al mismo tiempo un
ciudadano solidario y creativo.

Formación de grupos

Suele suceder que en una empresa no están dadas las condiciones


para devaneos afectivos o mensajes de amor y paz.
En una empresa se debe tomar el toro por las astas, cumplir
objetivos, conseguir éxitos, saber armar un equipo y tener confianza
en la creatividad colectiva.
Pero para ello es imprescindible generar un ambiente cordial, de
cortesía, respetuoso, donde cada uno se sienta parte y haya unidad
en la diversidad; con diálogo y buena escucha, con mente abierta y
una actitud perceptiva y tolerante, equilibrada.
La verdad y la honestidad deben ser moneda corriente para que
formen parte de la calidad de la empresa. Con total solidaridad
para generar un producto auténtico, que refleje el compromiso y la
humildad de todo el equipo; y la felicidad que emana el ser humano
que se va construyendo a sí mismo en armonía con su entorno.
Así se logran autonomías productivas en todos los sectores, que
a su vez empujan a sus líderes a crecer y multiplicar el esfuerzo
colectivo. Pero para ello es necesario que cada acto contenga la
posibilidad inmediata de percibir errores que sirvan para aprender.
En este recorrido que hacemos día a día conviene ir chequeando
si nuestras acciones contienen un promedio aceptable que no
arrastre los objetivos comunes hacia el lado negativo.
Este chequeo es preventivo y acorta los tiempos para volver al
positivo apoyándose en la confianza mutua, en el conjunto.

– 118 –
No hay valores de los que se pueda prescindir. Cada valor for­
ta­lece el conjunto. Los valores se necesitan para lograr la energía y
fortaleza necesarias para el éxito conjunto en unidad.
Cada uno tiene sus tiempos y formas que deben ser considerados
en su entorno de acuerdo a los objetivos y los plazos para lograrlos.
La solidaridad con tolerancia, la bondad y la confianza, nos brin­
dan la oportunidad de realizar esfuerzos inusitados y alcanzar cual­
quier meta que se proponga. Si cada uno es valorado y estimulado
se­gún sus aptitudes, capacidades, hábitos y dones, surgen na­tu­ral­
men­te los actos de amor.

– 119 –
VI
Péndulo
“Ustedes, aspiran a los dones más perfectos.
Yo voy a mostrarles un camino más perfecto todavía.
Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no
tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.
Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la
ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas si no
tengo amor, no soy nada.
Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara
mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.”

.- Primera carta de San Pablo a los Corintios

PLAN DE VUELO

¿Cómo se enseña el autoconocimiento?


¿Con qué medios contamos?
En la búsqueda de una felicidad de alto vuelo
Las peligrosas armas íntimas y secretas
Convivir en estado de lucidez permanente

U n viejo refrán criollo dice: “Al que nace barrigón es al ñudo


que lo fajen”. ¿Será verdad?
Creo que quien nace barrigón debe saberse barrigón, con­cien­
tizarlo, y luego trabajar en lo que realmente es, para decidir acciones

– 121 –
acorde a su conveniencia pero orientado hacia el bien, mejorando
su realidad sin perder sus características particulares.
Cada uno debe saber cómo y quién es en relación con su entorno.
Y poder practicar el darse cuenta dejando fluir sus dones.
Somos nuestras acciones, su promedio y sus dones.
El movimiento pendular tiene un papel fundamental como
re­gu­lador de las emociones, para uno mismo y para vivir con el
otro. Es el regulador que funciona teniendo el darse cuenta como
prác­tica sostenida.
Transformar la dirección de las pendulaciones hacia el opuesto
positivo con afinidad y convicción es un arte que se practica
durante toda la vida. Nos permite regular nuestros impulsos por
intención, no por decreto.

¿Cómo se le transmite esto a los niños?

Desde su nacimiento los niños se van formando y van ab­sor­biendo


a cada instante un inmenso caudal de información.
Ellos son como sabios, investigadores. Todo el tiempo observan
y ven nuestras pendulaciones y acciones. Son pequeños copilotos,
colaborando en el equipo familiar, la escuela, en todos los entornos,
participando de cada uno de nuestros avances.
Esto también educa, forma. No somos infalibles y esto los ni­
ños lo sienten, no es recomendable mentirles ni disfrazarse. Lo
necesario es cambiar honestamente para y con ellos.
Debemos estar atentos y acompañarlos en un trabajo per­ma­
nente de reorganización y adecuaciones que -día a día- van siendo
marcadas por las experiencias de lo vivido. Asi comienzan a surgir
sus habilidades, sus apuros y sus fallas. Porque son jóvenes y

– 122 –
muchas veces su percepción de lo que son, es más una proyección
de su deseo que una realidad.
Al adolescente se le dificulta enfocar la atención en sus acciones,
observar sus emociones, y discernir las negativas de las positivas. Por
eso le cuesta detenerse a tiempo cuando su pendulación comienza
a hacer decaer sus promedios.
En ningún caso conseguiremos que adquiera esa atención apli­
cando presión. Esto sólo genera resistencia, sin importar los costos
de tal resistencia. Y el entorno (nosotros) también influye de manera
crucial en sus conductas.
Mal que nos pese básicamente tomamos nuestras decisiones a
través de emociones. Por eso la primera pregunta, la más importante,
debe ser siempre: “qué sentís”.
No hay que olvidar que durante los años de infancia y ado­les­cencia
las mayores experiencias de aprendizaje se dan en la familia y en la
escuela; que es allí donde se forman conductas y hábitos, y se dan las
batallas más importantes de formación para la vida en relación.
Y en ese devenir entre lo emocional y lo racional cada estado de
ánimo influye en su capacidad de decidir certeramente.
Alegrías, tristeza, ira, y tantos estados emocionales los atraviesan
diariamente impregnando cada experiencia de sabores y colores
distintos. Las que serán añoradas y las que no querrán repetir jamás.
Porque -y esto lo sabemos bien los adultos- lo que nos lastima
deja profundas cicatrices. Y esas marcas influirán por siempre en la
formación de criterios y la toma de decisiones.

Privilegiamos la búsqueda del placer y le damos mucha


importancia al gozo inmediato por encima de la
construcción del placer en el tiempo, y eso es en sí mismo
un tema que dificulta darnos cuenta.

– 123 –
Futuros depresivos

Las emociones negativas son como las emociones positivas. Ex­tre­


mos de lo mismo en grados diferentes.
Los seres humanos experimentamos ansiedad -emoción que
se anticipa al miedo-, tristeza, depresión, rabia, ira, etc. Todas ellas
emociones negativas que cada día cuesta más regular y que terminan
signando la esencia de toda la sociedad.
Y esto no es una metáfora. Se calcula que para el año 2030 la
depresión será la principal causa de discapacidad en el mundo.
Esto se debe, entre otras razones, a que vivimos lanzados a una
carrera loca hacia supuestos logros materiales, o hasta espirituales,
sin deternos un momento a preguntarnos realmente quiénes somos,
qué estamos haciendo, qué sentimos.
Y hoy es el momento de brindar herramientas (llámense hábitos,
sistemas de auto análisis, valores), a esa generación que en el 2030
podría ser víctima de la depresión masiva.
Hoy esos jóvenes están en nuestras manos, produciendo el
sentido de su vida futura como ciudadanos. No puede ser que no
le podamos ofrecer los artilugios necesarios para darse cuenta a
tiempo y aprender a regular sus estados mentales mediante el
auto-conocimiento.
En resumen, ser capaces de preguntarse: ¿Cómo me siento?
¿Hacia dónde pendulo? ¿Hacia mi positivo o hacia mi negativo?
El interés y la capacidad de saberse es crucial. Y se trabaja
con amor, con ternura, con la incorporación de buenos hábitos
desde edades muy tempranas. Para que perciban que son sus
pro­pias acciones de amor las que les generan la mejor y más lu­
mi­nosa energía.

– 124 –
Vuelo de reconocimiento

La adquisición del hábito recurrente de intentar poner proa a los


valores en acción es el camino de auto-conocimiento más accesible
a los niños. El conocerse a sí mismo entusiasma, da ener­gía y lleva
a seguir conociéndose en cada acción para mejorar sus pro­medios
de pendulaciones grado por grado por toda su vida, tran­sitando en
buen promedio de felicidad.
Es esa en realidad nuestra función como educadores: formar
para la vida y promover el autoconocimiento como medio pa­
ra seguir evolucionando al mundo humano grado por grado, po­
nien­do una parte cada uno de nosotros en todo lo que hacemos,
accionando buenos promedios.
En un trabajo de campo les dimos a los niños el check list -con­
vie­ne plastificarlo y agregarle un cordón para colgarselo-, a modo
de experimentación.
Les explicamos su uso y los chicos comenzaron a aplicarlo. Re­
cu­rrían a él cuando necesitaban ayuda porque algún conflicto les
ha­cía caer en comportamientos bajos, cuando no podían evitar in­
mis­cuirse en discusiones y peleas, etc.
Lo bueno del Check list era que funcionaba sin necesidad de in­
ter­vención del docente. Los chicos lo llevaban como un collar en
los recreos (a modo de juego-ejercicio, también se podría colocar
en lugares a la vista, árboles, columnas, lugares donde lo vieran
permanentemente) y lo consultaban buscando en esa lista sus ar­gu­
mentos de mediación.
La escucha y la cooperación mutua activan circuitos de re­
com­pensa emocional. Le dan sentido al propósito y un marco
interno de fe y creencias que multiplican la visión acerca de lo
que es correcto o incorrecto.
Cooperar con otros es crear redes de acciones en valores, y ade­
más nos hace más atractivos, porque activa el placer.

– 125 –
El amor es un arte si está en movimiento.
Cada uno toma de cada valor grados diferentes, los armoniza a
su forma y gustos; y pone en marcha su vida como quien elabora
una obra de arte. Distinta de las demás pero armónica, coherente
con el encuadre de amor en que coexisten.
El ser humano necesita vivir en relación respetando sus carac­
terísticas personales pero armonizándolas a su vez con el entorno.
Y esto se logra -una vez más- con observación, ternura y firmeza.
La educación es básicamente una relación amorosa con uno
mismo y con los niños. Y es fundamental transmitirles un blindaje,
una protección, afirmar su autoestima con base en el amor que se
manfiesta mediante acciones de valor.

El amor como herramienta

El amor es paciente, servicial. No es envidioso, no hace alarde,


no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés,
no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la
injusticia, sino que se regocija con la verdad.
El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo
lo soporta. El amor no pasara jamás. Motiva y estimula a dar y
recibir. Une, no separa.
Es inherente al ser humano en cualquier cultura – religión –
creen­cia, en mayor o menor grado.
Relacionarse es accionar de instante en instante con base en el
amor en práctica sostenida.
Si no hay valores en circulación con buen promedio el amor no
existe en ese momento.
El amor es también perdón, gracia, alegría, libertad, verdad,
armonía. Debemos creer en él y esperar de él. Cada uno tiene sus

– 126 –
tiempos de remordimiento y arrepentimiento para darse cuenta y
concientizar aprendizaje tambien según sus tiempos.

La felicidad como altímetro

La felicidad es un índice de valores en acción. Es el sello del amor


circulando.
Cuando uno se siente pleno, feliz, amoroso, liviano, es porque su
promedio en acciones de amor es alto.
Al haber armonía en acción en valores hay amor, y hay buen
promedio de soluciones. Uno esta aliviado por haber podido dejar
atrás la pendulación negativa. El piloto interno se dio cuenta y
rectificó, priorizó la armonía en sus acciones.
Es el modo en que vamos creando nuestra imagen personal, tal
cual son únicas nuestras huellas digitales y el iris del ojo.
Cuando pendulamos “entre” tenemos una tendencia “hacia” y
esa es la que debemos descubrir. ¿Nos alejamos o nos acercamos
hacia dónde? El camino es saberse pendulando, encontrarse y
decidir tus próximas acciones que mejorarán o no tu promedio. Esa
es tu realidad, consecuencia de tus decisiones y acciones, habiéndote
dado cuenta, haciendote cargo.
Como es para nosotros, los mayores, es también así para los
pequeños. Nos diferenciamos únicamente en los grados que vamos
acumulando por kilómetros recorridos.
Como es arriba es abajo.
Como es afuera es adentro.
Como somos nosotros serán ellos.

– 127 –
No perdamos el tiempo en lo que deberíamos haber
sido; sepamos lo que somos realmente a cada instante.
Interesémonos por conocernos a nosotros mismos;
no perdamos el tiempo en querer cambiar el mundo,
cambiemos poco a poco nosotros y así algo cambiará en
el mundo.

El chisme, el rumor

Se dice que los chismes mueren cuando los oídos chismosos


mue­ren. Pongamos la mirada en lo que podemos corregir y no
en destruir.
Lo mejor que tiene la vida, es vivirla y esto es hacer de ella un
tiempo feliz.
La respuesta es entonces aprender a modelar las emociones, un
desafío que ya planteaba Aristóteles:
“Cualquiera puede enojarse. Eso es fácil. Pero enojarse con la
persona correcta, por la razón correcta y del modo correcto… eso
no es fácil.”
Cuidémonos de la palabra-basura. Somos profesionales, de­be­
mos tener impecabilidad en la palabra y en la conducta; y nuestro
“darse cuenta” es la herramienta para mejorarlo.

La ira

Cuando nos descontrolamos y nos entregamos al enojo in­me­­


dia­
tamente nos desplomamos hacia lo negativo, la furia, des­
plazándonos sin remedio hacia la pendulación negativa. No te­ne­
mos siquiera percepción de lo que nos pasa en el cuerpo, las malas

– 128 –
vibraciones, el desagrado y lo injusto. El daño es para todos. Para el
objetivo de nuestra ira y para nuestro propio cuerpo que responde
con contracturas y todo tipo de malestares.
Inconscientemente perdemos seguridad, porque perdemos de vista
la armonía en valores. Y, sobre todo, perdemos de vista el valor que
deberíamos acentuar para volver al equilibrio. Si pudiéramos aferrarnos
a nuestra tabla de valores, con una interpretación veloz, recuperaríamos
nuestra seguridad y saldriamos del conficto que se está gestando.

El amor es un sexto sentido

La conciencia del yo lleva consigo la percepción del bien y del mal.


Y a esto está ligado nuestro sentido de la vida. De allí se desprenden
los valores que nos guían a transitar decisiones y eje­cu­tar acciones.
La Ley escrita en los corazones nos obliga a juzgar y distinguir
lo bueno de lo malo y decidir. Debemos estar alerta para tomar
o emprender acciones armónicas sobre los rieles de lo bueno.
Ase­gu­rar­nos de que nuestros actos nos lleven en el sentido de
una vida en el amor.
La dicotomía entre el bien y el mal es parte de la realidad. Y por
ello toda pendulación en la vida tiene el sabor de lo bueno o de lo
malo. Todos los extremos tienen ese valor. Pero, ¿nos damos cuenta?
Darle sentido a la vida es sentir “lo que es”. Ya que sentir está en
la raíz del amor. Y allí está también la exigencia necesaria para vivir
la vida en toda su plenitud.
El amor es la fuente del sentido de la vida. Y éste se manifiesta
en el fluir de los valores que nacen diariamente sobre experiencias
correctamente elaboradas.
Es necesario poner pasión y foco en lo que va naciendo y dejar
morir lo que está muriendo en nosotros.

– 129 –
El amor debe ser utilizado como un sexto sentido, para encontrar
la libertad que, como el pan de cada día, es menester amasar a diario.

El cinismo debe ser erradicado de la convivencia. Ya que


anula la verdad, la alegría, la justicia, y arrasa con los
valores que, bajo su hostigamiento, se quedan en la teoría
y nunca llegan a la acción.

Vivir es un proceso de pendular “entre” y “hacia”, desplazando el


eje. Cuando avanzamos siempre vamos hacia una incógnita pos­terior.
Se avanza en valores en acción y se ama pero siempre habrá más grados
a lograr. Debemos partir de la base de que nunca se llega. El horizonte
se va corriendo. Debemos aceptar que se es más feliz amando que
trascendiendo. Es necesario asumir la desproporción insuperable que
hay entre el horizonte último y la medida de los pasos humanos.

Cruzar el rio con fe

Los valores en movimiento traducidos en acciones producen orden,


disciplina, pendulaciones positivas que llevan a reglas y códigos que
favorecen investigar y tomar decisiones con aprendizaje.
Esas reglas y códigos son indispensables para armonizar el
vivir con el otro. En ellas están contenidos los límites de la con­
vivencia que se ordenarán automáticamente y ayudarán a re­gla­
mentar con­se­cuencias.
Así -con chequeos constantes desde el amor hacia los mo­vi­
mientos del hacer-, nos vamos desenredando con el foco puesto en
cómo descubrir cada vez más acción real en valores de amor.
Pero estas acciones deben empezar en nosotros, no en otros.
Desenredarnos de la construcción de sucesos que creemos cier­
tos y acertados, pero que en realidad están alejados de la realidad,

– 130 –
es un trabajo arduo que requiere una preparación que nos ponga
a salvo del temor a descubrirnos. Esto se logra desde la humildad,
investigando desde el “todo es posible”, sin empezar a negar ni
defenderse de antemano.

El acto de dirigir genera la figura del Director y éste lo


es mientras dirige. Cuando deja de hacerlo, desaparece.
El docente lo es en cuanto educa. Cuando ya no es
educación lo que hace, deja de ser docente. Los padres
son educadores, formadores, mientras sus acciones de
amor estén en movimiento. Cuando dejan de estarlo…
la situación es compleja y peligrosa. Porque la esencia del
vínculo hace que los hijos sean infinitamente vulnerables a
sus acciones.Y si éstas son malas, ne­ga­tivas, o simplemente
pendulan en la ambigüedad, los padres se convierten en
un serio factor de trauma.

Como seres humanos en evolución vamos cocinando nues­tro


amor cada quien a su propio ritmo, vibración, tiempos. Expe­ri­
mentamos el uso de los valores en nuestras conductas según como
los vamos armonizando, poniendo más de uno, o menos del otro, en
grados diferentes. Sin abandonar la esencia del amor -en la medida
de lo posible- ya que si desaparece la esencia, perdemos la felicidad.
Cuando se desvanece la esencia del amor en movimiento, fa­­tal­
mente quedamos pendulando hacia el extremo negativo, re­sig­­nan­do
valores. El péndulo no parará, porque seguirá su rit­mo incre­men­tando,
grado por grado, el desplazamiento hacia lo negativo; co­rrompiendo
valores que se tornan disvalores, ge­ne­rando desamor. Y salir de esa
tendencia requiere sacrificio y, muchas veces, soportar sufrimientos.
Sin embargo la esencia del amor estará siempre disponible
para el momento del cambio de sentido hacia lo positivo. De
nosotros depende y no de otro.

– 131 –
Educar –formar para la vida-, tiene que ver con la ley de causa y
efecto en la relación de uno con el entorno, entrenar la mente para
ser mas conscientes y lograr el equilibrio emocional.
Debemos educar y formar para convivir en armonía con mi­les de
millones de personas y millones de especies. Y para ello de­be­mos estar
en práctica sostenida, preguntándonos quiénes so­mos en cada acción.
Para rectificar, pensar, sentir y volver a apren­der, una y otra vez.
Incorporar momentos de silencio y reflexión. La meditación no
es algo exótico, es una técnica muy eficaz y una herramienta de
formación y educación eficiente.
Los silencios para la mente dan espacios entre pensamiento y
pensamiento. Así nace la percepción y la observación para ritornare
a capire (volver a comprender).
¿Cuál es el momento real de la concientización con aprendizaje?
¿Cuál es el punto en el que cooperamos con los niños?
1- Concientizar que siempre estamos “entre” y que hasta el más
pintado es “tentado” a deslizarse hacia el opuesto negativo
en más o menos grados.
2- Que siempre hay más grados hacia ambos opuestos, me­jo­
ran­do o empeorando promedios.
3- Que lo importante es saber en qué dirección estamos pen­
dulando.
4- Que el “darse cuenta” de la dirección de la pendulación va
a darnos la oportunidad de rectificar el rumbo y mejorar
el pro­medio.
5- Que el “darse cuenta” tiene sentido cuando se es honesto real­
mente, apoyado por la fuerte intención de mejorar pro­me­dio.

Recordemos siempre que mientras pendulamos, la ley del ritmo


opera constantemente. Construye y cuando llega a su máximum

– 132 –
des­truye, para volver a construir con aprendizaje, superando lo an­
terior. Eso es evolución.
¿Cuál es el momento de cooperar?
Cuando advertimos que otro pendula hacia lo negativo y no lo
está percibiendo.
¿Cómo hacerlo? Con ternura, tolerancia, motivando su propio
darse cuenta, su participación en la investigación de su propia
pendulación. Entonces por sí solo detendrá su movimiento hacia
lo negativo.
Y allí habrá concientización y aprendizaje, porque realmente lo
supo, lo sintió; lo vivenció y pudo concientizar.

Individual

Valores

Tiempo

Aquí pendulamos en iguales grados hacia ambos puntos


y no tenemos aprendizaje. Se trata de un promedio que ni pierde
en el positivo ni empeora hacia el negativo.

– 133 –
Momento de cambio de eje hacia lo positivo

Valores

Tiempo
Pendulación en sentido positivo.
El eje de apoyo se desplaza. Mejora el promedio.

Momento de cambio de eje


institucional hacia lo positivo

Zona de riesgo

Todos influimos en una institución con nuestras pendulaciones.


Cuanto más personas mejoran promedios movilizamos la
pendulación institucional hacia el positivo.

– 134 –
Promedio institucional

Zona de riesgo

Promedio institucional sin aprendizajes.


No mejoran los promedios.

Momento de cambio de eje hacia lo negativo

Valores

Tiempo

Esta pendulación negativa, sin percepción


ni darse cuenta, baja todo el promedio.

– 135 –
VII
La red
“El mundo es eso -reveló- un montón de gente,
un mar de fueguitos. Cada persona brilla
con luz propia entre todas las demás.”
Eduardo Galeano

PLAN DE VUELO

Nuestra red personal en el gran entramado humano


Los niños que tejen en su mente
¿Estoy en condiciones de formar?
Los valores, esa herencia que se gana cada día
Pasado y presente en la construcción del futuro

T omamos conciencia del amor en movimiento cuando per­ci­


bimos las acciones de valor fluyendo en el entorno, sea cual sea
el promedio de cada uno.
- Vivimos oscilando de emotividad en emotividad.
- Cada cual con su ritmo propio, acorde a su auto-percepción.
- Todos pendulamos como somos y con lo que tenemos,
vamos y venimos constantemente.
- Todos somos parte de ese entorno que resulta del promedio
de todos sus componentes.

– 137 –
Su corriente nos influye. Como arriba es abajo, como adentro es
afuera. El entorno es la suma de cada uno con su propio promedio.
El promedio de cada uno contribuye a mejorar a todo el conjunto.
Esto sucede en la familia, en la comunidad escolar y en la sociedad
en que vivimos. Siempre influimos, negativa o positivamente.
La evolución del hombre es de adentro hacia afuera, viviendo
experiencias en cada entorno; con oscilaciones emotivas constantes
en mayor o menor grado.
En estas experiencias hay una permanente correspondencia
que incide en nuestros actos, como ejercitación en el incremento
de acciones de calidad en el amor. Cuando uno sube, otro baja, y
a veces oscilamos acompasadamente. Cada movimiento produce
reacciones y el conjunto de éstas genera un flujo y reflujo, como una
red flotando en el oleaje emocional.
En esa red todos damos y recibimos, y también allí actuamos
con constantes situaciones emocionales. Si existe la debida au­
to-­percepción, el “darse cuenta”, perdonamos, ayudamos y me­jo­
ramos promedios.

Toda acción tiene su efecto y todo efecto tiene su causa.


Esto no es azar. Sucede mientras pendulamos en todos
los planos, y nada escapa a esa interrelación directa entre
causa–efecto y percepción.

Todos tomamos información de la misma fuente universal, por­


que todo es mente.
Y la mente es una fantástica, inimaginable computadora, pero
también es un animal salvaje que debe ser entrenado. Porque es
ella la que tiene participación activa, con grados de sabiduría y
agilidad, en las vibraciones que nos hacen subir o caer; avanzar o
retroceder.

– 138 –
A diario vivimos tormentas mentales o descansamos en paraísos
pasajeros de paz y felicidad. Según nuestra evolución, percepción y
promedios personales. Lo cierto es que siempre hay un grado más
a conseguir, conquistar o perder. A cada instante tenemos la opción
de girar y cambiar de dirección, mezclar y dar de nuevo.
Así generamos una energía constante que direccionamos crea­ti­
vamente con intenciones, según nuestras decisiones y nuestro sentir.
Cada uno agrega algo, desarrolla algo, rectifica, crea, evoluciona;
y todo se comparte en tiempos y ritmos diferentes, enriqueciendo la
red. Todo este movimiento forma nuestro ADN. Así el ser humano
va evolucionando, tal cual una la red informática mundial que
acumula y distribuye su enorme masa de información.
La red capitaliza y almacena todo este caudal, y de cada una de
las experiencias toma lo que sirve a la evolución. Su pulsión natural
es aprovechar al máximo esta energía del amor. Nuestra tarea es
descifrarla para su mejor comprensión y así mejorar los promedios
de toda la sociedad.

Amor es valores en acción

Varias veces en este escrito hemos calificado las pendulaciones o


actitudes en “No tan bueno – Bueno – Muy Bueno”.
Pero, ¿según quien? ¿Según qué? ¿Por qué?
No es imaginable que nos parezcamos cada día más el uno al
otro y desaparezca lo que nos hace diferentes y únicos. No es la idea
terminar clonados con promedios homogéneos.
Somos individuos con personalidades diferentes y sentires par­
ti­culares; emociones íntimas, personales; experiencias que cada cual
interpreta a su manera; concientizaciones, aprendizajes, en grados

– 139 –
e intensidad que pueden llegar a acercarse a otros, pero no serán
nunca idénticos. Cada uno trabaja en su propia red mental, dándole
a cada valor, mayor o menor intensidad, configurando su propia
imagen y personalidad. Eso se llama individualidad.
Nuestras acciones están determinadas por las conexiones neu­
ro­nales. Éstas definen un recorrido que toca diferentes puntos de
nuestra mente en milésimas de segundos. Así va formando co­
nexiones como caminos, en esa red que nuestra mente formatea en
base a las experiencias personales enfrentadas al entorno.
Es inútil malgastar energía en la comparación con el otro. So­
mos diferentes, pero nos une la necesidad de convivencia. Somos
úni­cos, irrepetibles, pero necesitamos vivir en relación y es el amor
en ac­ción de valores lo que permite que cada uno desarrolle su in­
dividualidad.
Si no nos interesa evaluar y no tenemos la intención de darnos
cuenta de quiénes somos a cada momento y en cada oscilación,
se­gui­remos usando los mismos circuitos de la red sin posibilidad
de me­jorar, corregir y aprender; sin evolucionar ni establecer
nuevas cone­xiones.
Repetiremos acciones que no fueron tan convenientes; nos
acos­tumbraremos a vagar por los mismos circuitos neuróticos sin
mejorar promedios, esperando que cambie el afuera, intentando te­
ner siempre la razón y echando culpas a los demás, a Dios o a cual­
quier cosa que se nos pase por la cabeza.
El proceso en red de conocimiento continuo es un entramado
infinito de posibilidades surgidas en y de la mente. Es ese en­tre­la­
zamiento mental que formamos de manera continua con lo que
va­mos pensando, sintiendo y haciendo.
Somos guías para que los niños y los jóvenes tejan sus propias
redes y definan su ser. Se trata de guiar para armonizar estímulos,
intensidades, emociones, decisiones.

– 140 –
Como en el tablero de ajedrez, después de llevar a cabo la jugada
largamente pensada, todo cambia vertiginosamente.
En el proceso en que esta red se estructura pasa por distintas
estaciones del cerebro, de donde extrae diversos patrones de in­for­
mación que determinarán nuestra percepción de lo que nos rodea.
El epicentro es el amor, porque es nuestra información básica,
ya que venimos de un útero materno que nos ha engendrado,
cuidado y alimentado hasta nacer.
A medida que la red se extiende su estructura se hace más com­
ple­ja. Nuestras decisiones en relación a nuestras acciones comienzan
a sucederse, minuto a minuto y acto a acto. Así comienza a definirse
lo que somos y lo que queremos ser.
Y por supuesto actúa también la influencia del entorno.
En principio la base de esta red se forma hasta los 4 años de
edad. En ese lapso se produce la mayor organización. A partir de
ese momento, y a medida que el niño crece, automáticamente se
encargará de compensar los déficit de su aprendizaje con pen­du­
laciones constantes entre sus polaridades.

Al conservar la memoria inconsciente del amor co­


mo primer impulso, podemos contar con que su ten­
den­cia natural será a mejorar los promedios de esas
pendulaciones. Pero esto no es suficiente por sí solo.
Por eso es necesario el darse cuenta y el trabajo per­
manente.

Tenemos cientos y miles de posibilidades de navegar las co­


ne­xiones en forma diferente, en grados distintos, sintiendo y
ex­pe­ri­mentando, en nuestra propia red, que nuestra intención
depende del valor que le imprimimos a nuestro entramado
personal.

– 141 –
Así es como en nuestra mente aparecen las opciones más ade­
cua­das para llegar a la decisión y la acción más cercana a los que
nos conviene.
Pero, una vez más, también es necesario que podamos ver la
red en perspectiva, no envueltos en ella, sino por encima. Sólo así
po­dre­mos lograr objetividad por sobre nuestra subjetividad.
Hagamos un ejercicio práctico: Tomemos dos valores con los
que nos movemos diariamente: tolerancia y responsabilidad.
Imprímale a cada uno de estos valores un patrón de medida que
le permita evaluarlo. Este puede ser de 1 a 10; de 1 a 1.000, ó de
-100 a +100.

No soy tolerante en relación a: ……….


Soy tolerante en relación a: ………..

Ahora trate de determinar en qué lugar se encuentra entre la


intolerancia extrema y la tolerancia extrema y visualice los cientos
y miles de grados que coexisten entre los dos extremos. Ahora
ubi­que­se en esa línea y vea dónde está parado exactamente en
relación al cero, o equilibrio perfecto.
Estamos en movimiento continuo. A veces más cerca de la
intolerancia, otras más volcados hacia la tolerancia. Eso está claro.
Pero, ¿en qué grado? ¿en qué medida estoy siendo consciente, me
estoy “dando cuenta” de mi situación?
Este valor tolerancia es uno de los tantos valores en los que se
descompone el amor en movimiento.
Para que el amor se manifieste y cada uno sea capaz de conjugarlo
a su manera, debemos comprender que hay una armonía necesaria,
fruto de una coherencia necesaria.
Si en el valor tolerancia, me encuentro cercano al extremo de
la intolerancia, debo pensar en qué otros valores arrastro hacia el
extremo negativo.

– 142 –
¿El intolerante puede ser responsable o pierde grados de res­
ponsabilidad? También pierden grados los valores respeto, so­li­da­ri­
dad, etc. Un valor tendiente al extremo negativo baja promedios de
otros valores por arrastre.
Pero si no llegamos aún a hablar de posiciones extremas ca­da
uno seguramente, por su personalidad y características, es sus­
cep­tible de fluctuar entre subas y bajas de unos y otros valores. Y
cada uno va haciendo su armónico equilibrio con promedios en
ac­ción en valores, adquiriendo responsabilidad sobre sus acciones
y consecuencias.
Es muy simple, lo que pasa es que cada uno de los valores que
componen el amor en movimiento tiene tantas combinaciones co­
mo seres humanos hay en el mundo.
Estos promedios se agrupan en entornos. Que a su vez tienen
promedios que hacen a estar más cerca o más lejos de los extremos
de los valores del amor en movimiento. Y cada entorno influye
irrevocablemente sobre quien se esté formando en él.
Ahora me pregunto.
Si me encuentro en uno de mis promedios más negativos en
cualquier valor, ¿podré realizar un acto de amor? Con ese pro­
medio negativo, ¿estoy en condiciones de ser interlocutor válido
pa­ra formar – educar?
En ese estado, ¿estoy realmente en condiciones de educar? ¿O
debo parar y observar? Tal vez se trate de eso, generar un espacio de
silencio que me ordene, para recuperar tendencia hacia el opuesto y
alcanzar un promedio que me dé posibilidad de actos de amor, que
me permitan hacerme cargo de la educación del ser que pusieron
en mis manos.
Por simple afinidad nuestros pensamientos atraerán a nuestras
vidas formas mentales similares. Esos son nuestros entornos. Allí
practicamos el vivir en relación.

– 143 –
Los acontecimientos que se nos presentan son nuestras pro­
pias creaciones mentales y su calidad depende de nosotros y de
nues­tros universos personales. Por eso es tan importante sabernos
y darnos cuenta como ejercicio permanente. Sólo así podremos y
mereceremos dedicarnos a la educación.
Somos parte de la naturaleza, del universo, y en nosotros se re­
pli­can leyes universales.
El ser humano está avanzando en su descubrimiento de la con­
ciencia y experimentando la realidad de la organización del universo
en diversos planos mentales y materiales.
Debemos poder percibir cada vez mejor nuestros pensamientos.
Aprender a utilizar nuestros cinco sentidos y saber que esa utilización
también forma parte de nuestras acciones de valor.
Todo está constantemente en movimiento, todo vibra. Esto
es al­g o que se siente. Nuestro cuerpo acompaña esas vibraciones
y cuando los promedios son positivos el cuerpo se fortifica y ar­
mo­niza.
Si nuestro cuerpo es la casa de nuestras emociones, esta red
sería la casa de las emociones del cuerpo comunitario en el que
damos y recibimos.
Debemos identificar constantemente nuestro rumbo y enfocar
el polo positivo en nuestra pendulación.

Cuanto más sacrificios hacemos para construir un


relato imaginario, tanto más fuerte se vuelve el mismo.
Porque deseamos con desesperación dar sentido a esos
sacrificios.

Todo cumple ciclos. Tenemos periodos de avance y de retroceso.


El universo es pendular. El poder del cambio es nuestro, con fuerte
intención y voluntad.

– 144 –
Y la Humanidad también cumple esos ciclos. La intención en
red aprovechando la fuerza del amor siempre es susceptible de
iniciar el movimiento hacia un nuevo ciclo humano. Pero sólo si
hay una práctica sostenida en acciones de valor.
Nada escapa al principio de causa y efecto. No existe la suerte.
Cada quien cosecha lo sembrado. La vida es como lo determinen
nuestras acciones no como quisiéramos que sea. Y como es el
entorno, serán los niños. Como somos nosotros, serán los niños.
Como nos interesemos nosotros en quienes somos, se in­te­re­
sarán a futuro los niños en quienes son.
Si empleamos herramientas como los valores en acción, las
emplearán ellos en su futuro.
Si practicamos la buena escucha, la practicarán ellos.
Si sabemos dialogar, lo aprenderán ellos.
Si practicamos los silencios, los practicarán ellos.
Como somos y hacemos nosotros, así harán y serán ellos; evo­lu­
cionando y creciendo siempre por encima de nosotros.
Y como todo tiene una causa y un efecto, en nuestra función
operamos como causa y efecto en los niños.
Nuestro rol como formadores es más importante aún porque es
parte del diseño de su estructura. Generamos principalmente co­
mienzos de ejemplo de vida.
Si lo que generamos tiene suma de errores y negatividad, por simple
correspondencia sus consecuencias se instalarán en sus con­ductas.
Si, por el contrario, somos conscientes de nuestra situación en la
línea de valores, y de manera honesta intentamos mejorar nues­tras
pendulaciones hacia lo positivo, sin miedo a corregir, re­nun­ciar e
incluso cambiar el rumbo, notaremos cómo esta actitud contagia,
se expande, se abre como una red y alcanza a todo nuestro en­tor­no.
Pero especialmente a esos niños sabios, investigadores por na­tu­ra­
leza, que nos miran, nos estudian y nos copian.

– 145 –
Y ese es, en realidad, el objetivo de nuestra profesión. Generar
y mantener este movimiento que sólo se da en el sendero del amor
con valores en acción. Y esto, colegas, es una regla universal, un
mandato superior.
Es necesaria cierta dosis de fe, mucha intención y la disposición
permanente a ponerse, convertirse, en acción. Porque la acción
descubre al talento.
Es en la cancha donde se ven los pingos.

Lo que nos dieron

Los valores son nuestro “tesoro original”. Lo que por na­tu­raleza y


tradición hemos recibido. Bien lo decía Goethe: “Lo que heredaste
de tus padres vuelve a ganártelo cada día para poseerlo”.
En principio, con eso mismo que se nos ha dado debemos re­
co­r rer a diario el muelle de nuestras decisiones y alumbrar nues­
tras acciones.
El amor es una riqueza que debemos hacer circular; para seguir
evolucionando y poder dar en herencia a las generaciones que
estamos educando.
El amor dado, es amor en movimiento que genera devoluciones
de amor.
Ahora bien, ya sé que poseo los valores heredados. Pero ¿los
pongo en acción? ¿A qué nivel? ¿Con qué promedio?
Debemos ser responsables y asumir ese patrimonio, enriquecerlo
con acciones para entregarlo “mejorado” a la próxima generación.
Más fuerte y encendido, activo y eficaz.

– 146 –
Los valores reconocidos pero no puestos en acción se deterioran
y caducan. Tanto en lo particular como en lo social. Se abren grietas
y distancias cada vez más difíciles de salvar. Se pierden principios y
se bloquea la circulación del amor, traducido en acciones de valor.
Se decae. Y lo más peligroso es que esa decadencia es una situación
de equilibrio negativo que es necesario romper. Es como el agua
estancada que se pudre; energía sacada del circuito del entorno, que
así se va agrisando, empobreciendo.
Uno es más persona, más humano, cuanto más abraza la vida en
el instante presente. Y esto se hace con valores en acción.

El amor es el destino de la humanidad, es el “hacia donde”


de­bemos accionar. En ese camino descubriremos nues­
tros talentos, e iluminaremos la percepción de nuestros
valores personales, mejoraremos y podremos aportar a la
evolución de la [Link] simple como eso.

El hombre es un investigador incansable. Nuestro camino es


“hacia” y desde la certeza de estar pendulando, también podríamos
decir “entre qué y qué”. El ideal estaría en una hipotética evolución
hacia un futuro en el que todos vamos a concurrir; un único sig­
nificado de la vida.
El siguiente texto fue hallado en un antiguo documento de la
literatura china, datado en los siglos VIII y IX.
“Ciertamente, eran muchos los males que sufrían los hombres en la
antigüedad. Pero vinieron los sabios. Estos enseñaron (a los hombres) el
principio de la mutua convivencia y del mutuo apoyo. Hicieron a sus soberanos
y a sus maestros. Pusieron en fuga a los reptiles, las serpientes y las fieras, y
las establecieron bajo el primado del hombre. Para aquellos que tenían frío
hicieron vestidos; para aquellos que tenían hambre hicieron de comer; para
aquellos que habitaban sobre árboles o cavernas, hicieron casas. Instruyeron
a los obreros para que construyeran utensilios; a los comerciantes para que

– 148 –
hicieran cambios con aquellas cosas que tenían y aquellas que necesitaban;
a los médicos para que usaran las medicinas; indicaron el reconocimiento
hacia los benefactores; instituyeron normas que asignasen a cada uno su
puesto. Crearon la música que dispara la tristeza acumulada en el corazón,
el gobierno que sacudiera la negligencia, los castigos que doblegasen la
obstinación. Y puesto que los hombres se engañaban recíprocamente los
sabios le dieron medidas: litros, pesos y balanzas para dar fe en las ventas. Y
ahora hay gente que dice: rompamos las medidas, rompamos las balanzas y
el pueblo no tendrá ya por que disputar.
Los antiguos queriendo poner en manifiesto la fuerza de la inteligencia,
antes gobernaban su Estado; pero para gobernar su estados, antes,
organizaban su familia; pero para organizar su familia, antes cuidaban de
su conducta; pero para cuidar de su conducta, antes educaban su corazón;
pero para educar el corazón, antes rectificaban sus intenciones. Los principios
de las leyes antiguas se entendían fácilmente y se ponían en práctica. Hoy,
por el contrario, se quiere exaltar las leyes de los bárbaros. Hoy, aquellos que
pretenden innovar rechazan el Estado y la familia, y suprimen las relaciones
naturales, de modo que el hijo no respete ya al padre, el súbdito no se someta
ya a la ley. Pero entonces ¿qué hay que hacer? Es necesario que los hombres
obren como verdaderos hombres, y sean nuevamente instruidos en la doctrina
antigua. Esperemos que así sea.”

Frecuentemente asisto con estupor a la propuesta de destruir el


pasado como ideal. Hablo de lo bueno del pasado, aquello que nos
heredó nuestros valores. Y me pregunto si esto es real o se trata de
una alineación social en proceso de expansión.
Si se desenfoca el sentido del pasado, y el presente aparece y
se afirma como pura reacción instintiva, se está volviendo estéril
también la fecundidad del futuro.
¿Con qué fabricamos el futuro? Con el presente; que es este
instante, este momento. ¿En qué lugar se encuentra la energía, las
imágenes, las riquezas, la abundancia de sentimientos con los que

– 149 –
construir el futuro? ¡Cuan superficial es el espesor de la acción que
nace como pura reacción de cada instante!
Pero, en última instancia, esto ni siquiera se puede concebir,
porque la misma reacción del instante me obliga a reconocer que
yo, para reaccionar ahora, tengo que apelar a herramientas que me
han dado en el pasado.
Mi construcción futura es la energía, la imaginación y el coraje
del presente; pero la riqueza del presente viene del pasado. Y
consiste en los valores y el amor que acompañaron al hombre en
todas sus etapas.
Se trata entonces de regenerar ese momento misterioso en que
esta riqueza del pasado se vuelve a concebir, se repiensa en una
imagen que ese tesoro íntimo hace posible. Y eso sólo se consigue a
través de ese misterio de la originalidad de mi presente que es, como
ya hemos observado, mi libertad, mi capacidad de decidir.
Mi libertad, la libertad, es siempre algo presente.
Pero su contenido, la substancia que le da forma, está en el pa­
sado. La riqueza está en el pasado. Cuanto más potente es la per­
so­nalidad, más capaz es de recuperar todo el pasado; y cuanto más
in­fantil, más fácilmente se olvida de lo anterior, e incluso es incapaz
de usarlo cuando lo necesita.
Un autor Samizdat, esto es, uno de los escritores que en pleno
auge del régimen soviético se animaban a cuestionar al régimen
desde la clandestinidad, afirmaba que:
“La falsedad de todas las revoluciones reside en el hecho de que son fuertes y
concretas al condenar y al destruir, pero son absolutamente débiles y abstractas
al construir y al crear”.

Es decir, las revoluciones suelen ser impotentes frente al futuro,


porque han cortado los lazos con el pasado, negándose a verlo como
tejido unitivo de ese presente del que se preocupan tanto. Porque

– 150 –
así como el hombre es uno, también la historia es una, y la fuerza de
la empresa del ahora radica en todo lo que la ha precedido.
Y esa riqueza heredada incluye también la noción de libertad,
que es uno de esos famosos “valores” que nos fueron transmitidos.

Los valores recibidos

El prejuicio, la comodidad, el temor y la falta de fe, cualquiera sea


su origen, son algunos de los factores que impiden la atención, la
curiosidad y la verdad.
Pero he aquí un detalle. Se suele pensar en “los valores” como
instituciones del pasado, sagradas, inamovibles, enormes estatuas
talladas en las montañas de nuestra espíritu. Algo que ya es obvio,
conocido, que no necesitamos revisar y mucho menos refundar.
¿Por qué me están hablando de mis valores? ¿Quién los co­
noce mejor que yo?
Pero se trata de ideas preconcebidas, y allí también anida el ger­
men de la distracción y el desinterés. Tenemos sensibilidad úni­
camente para lo que nos apetece, y en cambio se acrecienta la total
insensibilidad hacia los matices de cualquier otra propuesta que nos
hagan, porque no nos interesa salir de lo conocido; y lo conocido es
la búsqueda permanente de placer.
Facundo Manes, joven y eminente neurocientífico argentino,
nos dice que: “El placer del instante se preferencia por sobre la
construcción del placer constante a futuro duradero”.
Se fomenta la tendencia a simplificar con tosquedad, imprecisión
y superficialidad. Y esto configura realmente un delito cuando se
trata de un tema tan importante como es, en nuestro caso, planificar
educación y formación para la vida.

– 151 –
Debemos concientizar que nuestra misión es educar hacia
y con valores.Y estar atentos a la totalidad de los factores
en juego.

El padre–docente debe reconocer que se es más creativo cuando


se admite el libre pensamiento con todas sus posibilidades y sin
cerrarse a ninguna; sin prejuicios y con mucho amor. Debemos
apren­der a elegir la positividad como punto de partida y educar a
los niños hacia una actitud positiva frente a toda realidad.

Ídolos negativos

San Pablo los descubre: “Tienen ojos, pero no ven, tienen oídos y
mal oyen, tienen manos y no tocan”.
Y yo agrego: Tienen corazón y muchas veces no aman en sus
acciones diarias. Confunden el amor pleno y activo con las migajas
de cariño que se les caen.
Los ídolos no mantienen sus promesas. A veces ni siquiera
ac­túan con profesionalismo. Zigzaguean en los caminos de la res­
pon­sabilidad y los valores en acción, omitiendo, aparentando y
va­cian­do de sentido una profesión sagrada. Sin poner el foco en
los niños ni en sí mismos.
Estos líderes negativos oscurecen los entornos y bajan los pro­
me­dios institucionales, comunitarios y personales. Alteran la forma
de las cosas con conductas erráticos y argumentos falsamente aglu­
tinantes como: “La unión hace la fuerza”; “No nos movamos de
aquí”; “Más vale quebrarse que doblarse”.
El ídolo es el origen de la violencia como parte del sistema de re­la­
ción. Y esto es especialmente peligroso, porque educación es re­la­ción.

– 152 –
Lo negativo se contagia a los niños que lo aplican con inocencia,
y se lastiman y aprenden a lastimar sin sentir, sin valores en acción.
Miran el afuera, actúan en las sombras y, sin saberlo, destrozan los
valores que han heredado.
El amor en acción es acción en valores. ¿Cuál es el misterio? Algo
sabemos, valores tenemos, ejercemos el “no se qué es, pero puedo
experimentarlo”. Pero es cierto que cuesta querer comprender
cuando esa comprensión nos va a enfrentar a nuestro propio error.
Es más fácil, ignorar, negar. ¿Qué hice mal yo? ¿Acaso mis valores
no sirven? ¿Es necesario ser un santo inmaculado?
Nadie exige tanto, sólo mas observación y emociones, sentires,
amor con acciones, y no migajas de cariño. Porque además es
una realidad que la revelación no puede ser detenida o destruida
por ningún prejuicio ni opinión. Es una cuestión de hecho, a la
que nuestro corazón está abierto desde su nacimiento. Es una
apertura determinante.
Muchas veces la percepción de uno mismo se encuentra re­pri­
mida tras murallas de fanatismos, inconciencia y cierto apego al su­
frimiento interior. Es necesario superar estas barreras para pendular
en esta vida con mas sabiduría.
Todo movimiento contiene grados de valores en acción que
son decididos por nosotros en las circunstancias en las que nos
en­contremos. Y lo mejor es que, mirándonos de frente, siempre
podemos corregir e intentarlo otra vez.

– 153 –
VIII
Para qué mundo
educamos hoy
El futuro de los niños es siempre hoy.
Mañana será tarde.
.- Gabriela Mistral

PLAN DE VUELO

Hacia un mañana de incertidumbre


La Inteligencia Artificial y el fin del trabajo
Seres humanos, carne de estadística
Preparar adultos para el cambio
Despertar el amor, una y otra vez

H ay temores fundados respecto del futuro y la seguridad de las


fuentes de trabajo.
La pregunta del millón (o de los varios millones) es si la tec­
nología, la robótica y los vertiginosos adelantos que produce mi­
nuto a minuto la inteligencia artificial, fatalmente nos irán des­
plazando.
Esta inquietud también afecta a las instituciones educativas que en
este presente están formando a las personas para un futuro in­cier­to.

– 155 –
Lo cierto es que estas mujeres y hombres que estamos formando
deben estar preparados, dentro de una o dos décadas, para enfrentar
ese mañana lleno de incertidumbres.
Y debemos prepararlos también para asumir los nuevos em­
pleos que han de venir. Algo que hasta ahora ni gobiernos ni em­
presas saben definir con precisión. Hacia dónde proyectarse pro­fe­
sio­nalmente, cómo cambiarán las reglas del juego.
La inteligencia artificial (IA) evoluciona cada día más en su
mí­me­sis de las capacidades humanas, incluyendo la comprensión
de las emociones.
Esta revolución va mas allá de los ordenadores. Muy pronto
se­rá aplicada en las ciencias de la vida y el desempeño social. Es­to
es, existirán programas que analizarán objetivamente el com­por­ta­
miento humano y serán capaces de predecir sus decisiones, con lo
cual estarán en condiciones de sustituir a líderes, jefes, banqueros,
abogados y hasta jueces.
Si intentamos proyectar qué tipo de educación deberían recibir
los niños de hoy para poder aspirar a los empleos del futuro sin
duda se trata de preparar mujeres y hombres capaces de interactuar
y/o manejar esa red de IA.
Pero, ¿qué hacer? ¿Cómo educar, cuando no sabemos hacia qué
rumbo debemos orientar a la gente del mañana?
Los humanos contamos con una red latente integrada, esperando
ser ordenada. Es la puesta en marcha de acciones de amor. Y es
una red de alcance universal que podría enseñarnos a aprovechar
estos adelantos para aplicarlos a estructurar el sentido de vida en
este mundo: trabajar por el medio ambiente, los derechos humanos,
detener las hambrunas, prevenir las guerras, etc.
Ahora bien, vamos al punto. ¿Cómo formar a estos ciudadanos
del futuro para recibir estos tremendos cambios sin perder su
individualidad y a la vez poder sacar ventaja de esa hiper conectividad
para sí mismos y su entorno?

– 156 –
De lo cual se desprende otra pregunta: ¿Vamos a focalizar la
cuestión únicamente en la preservación de puestos de trabajo o en
la protección del ser humano en su integridad?
Tal vez sería posible que en el 2050 estuviéramos preparados
para acompañar el proceso de la IA en lugar de competir con
ella; y volcar todos sus beneficios en el ser humano, incluyendo
a los más desprotegidos.
Pero para ello será necesaria una estructura real colaborativa que
pueda combinar estos adelantos tecnológicos con la energía de las
acciones de amor a nivel mundial.
Porque sino sería inevitable caer en un hiperestrés. Y ahí está
uno de los puntos interesantes a trabajar en el presente: Cómo evitar
caer en el estrés desde temprana edad; cómo desarrollar un instinto
de auto conservación anímica que nos permita vivir armónicamente
y de ese modo afrontar las decisiones más complejas.
Lo que noto (una vez más) es que estamos avanzando tec­no­
ló­gicamente a un nivel vertiginoso, pero nuestra atención está más
atrapada en lo increíble de dichos avances y las posibilidades a fu­
turo que en las consecuencias que podrían tener sobre la vida, o ni
siquiera nos preocupamos en cómo percibir y registrar los cambios
que se están produciendo a nivel social a partir de ellos.
Y personalmente creo que deberíamos desde ya ir apuntando
a una formación para estas nuevas vidas más pertinente a la
época que les tocará transitar, acompañando estos adelantos que
se han puesto en movimiento y previniendo que se les pueda
escapar de las manos.
El espíritu emprendedor encontrará millones de estímulos y
fa­ci­lidades para desarrollarse, en todas las áreas: política, religión,
edu­cación, industria, investigación, etc.
Pero tendrá que ir acompañado por una revolución en la edu­
ca­ción y la psicología, sobre todo a medida que la IA continúe

– 157 –
mejorando y ocupando sectores decisivos. Será necesario entonces
un aprendizaje dinámico y contínuo para mantenerse productivo y
necesario en un mercado laboral vertiginoso.
Por ejemplo, se me ocurre que, desde ahora, los gobiernos y las
empresas deberían participar activamente con subsidios y pro­pues­
tas claras y efectivas para estos períodos de transición.
Y asumir que el problema de los empleos es un problema de per­
sonas. No de estadísticas. No se puede decir: “Dentro de 50 años
habrá 200 millones de desempleados”, sin pensar en lo que sig­nifica
ser desempleado hoy día: carente, deprimido, necesitado, de­ ses­
peranzado. ¿Para qué, entonces, ese futuro? ¿Para favorecer a quién?
Los educadores no somos los que tenemos la respuesta. Pero sí
po­demos intentar preparar a nuestros educandos para reinventarse,
una y otra vez. Y poder reconocer y resolver desequilibrios, di­sar­
mo­nías mentales y todos los males que sobrevendrán a quienes se
sientan expulsados del mercado laboral.
Como formadores para la vida no podemos dejar de ver lo que
viene sin tomar los recaudos necesarios para preparar a estos niños
para el futuro, porque el futuro será nada más y nada menos que el
presente de sus propias existencias.
Algo nuevo se está gestando, lo tenemos que identificar ur­gen­
temente y ponernos en marcha, organizándonos y preparándonos
para saber quiénes somos en este período de transformación.
Sobre todo porque en este momento es menester despertar a
las instituciones educativas, padres, docentes y demás entornos
pa­ra descifrar a qué se van a enfrentar estos niños; para dejar de
“for­marlos” con piloto automático y disponernos a colaborar en
su construcción del sentido de la vida frente a un futuro que se
desplomará sobre ellos como un alud.
A diferencia de las batallas ideológicas que ocuparon nuestra ju­
ventud, las mentes de estas nuevas generaciones están más abiertas

– 158 –
a los problemas como medio ambiente, calentamiento global y
hambrunas. Si lográramos prepararlos para esas luchas, dispondrían
de medios por nosotros nunca soñados.
Y no olvidemos que ese tan ansiado despertar de gobiernos
y po­líticos para poner en marcha una educación acorde a ese fu­
turo, también se logra con el despertar de cada uno de nosotros,
participando activamente y no esperando milagros.

Padres e hijos de la ciencia

La ciencia no aborda cuestiones de valor. Para las empresas la inte­


ligencia es obligatoria pero la conciencia es opcional. ¿Qué harán
los humanos conscientes frente a los algoritmos no cons­cientes
y mucho más inteligentes, capaces de hacer muchas cosas mejor?
¿Qué harán cuando los algoritmos sin mente sean capaces de en­se­
ñar, diagnosticar, legislar y diseñar mejor que los humanos?
Sin embargo, los algoritmos orgánicos serán siempre más ca­pa­
ces que los algoritmos no orgánicos.
El tema crucial es que el humano deberá seguir evolucionando,
creando conciencia, y encontrar la manera de generar empleos
en los que la persona rinda más y mejor que los algoritmos y la
Ingeligencia Artificial; sin tener que competir con éstos, sino acom­
pañándolos en pos del bien de la humanidad.
Hay talentos ocultos que los humanos pueden descubrir po­nien­
do interés y voluntad en concientizar los buenos usos de energías muy
poco explotadas e investigadas, que esperan ser despertadas en cada
uno de nosotros; y principalmente en los niños que están naciendo.
El sistema encontrará valor en los humanos colectivamente
como estructura colaborativa en la energía del amor.

– 159 –
Desde las instituciones educativas tenemos que adelantarnos
para ocupar un lugar de desarrollo-investigación que demuestre
en acción lo que cada país va a tener que aplicar en los próximos
4 años, para encontrar el equilibrio entre la Inteligencia Artificial,
emocional y espiritual ante la gran transformación que se avecina,
con posible falta masiva de empleos.
Debemos ser capaces de generar un interés para el Estado en
sus futuras grandes reformas, o bien incorporar los logros de los
movimientos avanzados de Finlandia, Canadá, Silicon Valey, etc.
Si todo esto sucede, si lo logramos, seremos parte de una red
global enorme apoyada en la energía superior del amor.
Hemos perdido la capacidad de prestar verdadera atención y
alerta. Ya nos es difícil percibir nuestras congojas y dejar que salgan
a la su­per­ficie mental emociones contradictorias y an­sie­dades que
nos car­comen.
Perdemos la capacidad de tolerar estas confusiones del mismo
modo en que no podemos recordar nuestros sueños.
¿El tecno-humanismo acelerará, profundizará estas pérdidas?
Es necesario que, con atención y voluntad, escuchemos los
men­sajes interiores que logramos identificar, para reubicarnos en
la armonía que nos ofrece navegar la energía del amor con acciones
reales en valores universales, en acciones de amor compartido.
Y creo que los que educamos debemos ir conociendo los des­cu­
brimientos biológicos hechos por la informática, que han llegado a
la conclusión de que los organismos son algorítmicos.
La ciencia de la vida nos define algorítmicos y esto nos deja
fren­te a la situación de reconocernos como algoritmos orgánicos,
cu­yo núcleo y fuente de conexión es la energía superior del amor.
Tenemos su semilla adentro, hagámosla nacer y circular. ¿De qué
modo? Como ya ha sido dicho muchas veces a lo largo de es­te li­bro,
se trata de elevar promedios con ritmos y vibraciones en po­si­tivo.

– 160 –
Ahora bien, veamos nuestra mente como una malla de al­g o­
rit­mos bioquímica y electrónica, con un núcleo colectivo en esa
ener­gía de amor.
La mayoría de las personas no se conocen realmente bien a
sí mismas y esto es mejorable con la educación en el hogar y en
las instituciones. No podemos esperar a que los ordenadores lo
hagan por nosotros, y ceder nuestras valiosos datos a los gigantes
tecnológicos a cambio de servicios que finalmente nos subordinen.
Si queremos acompañar a la Inteligencia Artificial con una nue­
va revolución cognitiva y cuidar nuestro ordenador natural, de­be­
mos poner más atención a nuestra mente, mejorarla, ejercitar ese
músculo, crear nuevas conexiones.
La energía del amor como generador energético nos dará acce­
so a experiencias desconocidas, ordenando, uniendo, creando, con­
cien­cia; ampliando el espectro de los estados mentales, mucho más
allá de lo que nos podemos imaginar.
Desarrollando una inteligencia espiritual impensada y sin temor
a religiones, ideologías o cualquier tipo de “ismos”.

No hay conclusión sino comienzo

El hombre nace con la semilla de la energía universal más po­


tente del universo. Esta energía es el amor. Y es con ella con la que
debemos al menos intentar germinar una nueva conciencia.
Esa energía es como el ADN de la vida, contiene en sí misma
todos los límites, valores, el orden que debe seguir el ser humano
para convivir en red y garantizar la superviencia de nuestro mundo.
Los ordenadores, la IA, son impresionantes en su eficiencia.
Pero el más avanzado de ellos no es sino un pobre reflejo que
intenta emular ese calidoscopio de capacidades que cualquier
ser humano posee sólo por su propia naturaleza. Pero nuestro

– 161 –
calidoscopio es vulnerable de caer en contradicciones e impulsos
autodestructivos. De hecho, lo hizo durante toda la historia de
la Humanidad. Por eso debemos entrenarnos -y entrenar a los
niños- para resetearnos inmediatamente y mejorarnos a nosotros
mismos en relación con el entorno.
Y eso se aprende sólo si alguien lo enseña.
Demos los pasos adecuados, no nos quedemos en espera ni en­
loquezcamos con rápidos avances. Seamos responsables de in­ves­
tigar y prevenir lo que estos niños necesitan de nosotros.
Busquemos los recursos para construir un sistema educativo
que descubra nuevas capacidades en nosotros y en los niños,
que serán adultos en un futuro complicado -quién lo duda- pero
también lleno de posibilidades.
Se suele hablar del “despertar de una nueva conciencia”, como
si se tratase de una galaxia recién descubierta, o un nuevo signo
astrológico, o una manera diferente de pensar y sentir que un buen
día ha de dispersarse como una marea del pensamiento.
Pero la “nueva conciencia” es en realidad la vieja conciencia,
recuperada y resignificada. No hay allí nada que no esté ya en
nosotros. Nada nos falta. Simplemente (o complejamente) estamos
pendulando mal, en otra posición, con otro destino.

ALGORITMO DEL AMOR


Es un conjunto ordenado y finito que nos permite reconocer
y aprovechar la super energía del amor. Des­de donde lo
miremos y con cualquier cálculo que hagamos, siempre da
positivo cuando circula en no­sotros y en otros con buen
promedio.
Es en sí el cálculo aritmético y algebraico que nos per­
mite superar nuestra individualidad experimentando la
felicidad en el amor a pesar de nuestras diferencias.

– 162 –
Pero todo es corregible a través de la percepción.
Tal vez la “nueva conciencia” pudiera ser el hábito masivo y
permanente de la auto observación. Aprender a mirarnos desde
afuera; como si pudiéramos ser nuestro propio hermano mayor
y ver­nos crecer.
Y a partir de esa actitud, trabajar en pos de algo más puro. Más
humano, en el buen y antiguo sentido de la palabra.
Los niños están ahí, expectantes. Tenemos las herramientas y
la vocación. No se ha hablado aquí de nada que exija determinada
tecnología, inversión o producción económica.
Se trata de ubicar ese péndulo que -como el latir del corazón,
como el aire-, oscila dentro nuestro desde el primero hasta el último
día que nos ha sido asignado.
Ese péndulo está allí, a modo de brújula, para ayudarnos a de­
finir nuestro destino. ¿Qué sentís? ¿Qué sentimos? ¿Quién quieres
ser? ¿Cómo quieres ser?
Es necesario aprender a utilizarlo para enseñar a utilizarlo. Por­
que es un movimiento cósmico, universal. Y nuestros pequeños ni­
ños, mañana, van a necesitarlo.
Accionemos pequeñas bombas de amor en nosotros, luego
con otros, en familia, con amigos, en la escuela, sus entornos; para
reproducir el amor como energía superior.

Edmundo Hölters
Los Cardales, marzo de 2019

– 163 –
BIBLIOGRAFÍA

La Sagrada Biblia Latinoamericana, Edición Pastoral, Concepción, Chile,


1991.

J. Krishnamurti,

Reflexiones sobre el ser, Edaf, 1997.


Mutación Psicológica, Editorial Krishnamurti, 1966.
Temor, placer y amor, Edaf, 1996.
Mutación psicológica, Editorial Krishnamurti, 1966.
Dentro de la mente, Sirio, 2001.

Anselm Grün

Bleib deinen Träumen auf der Spur, Herder, 2003.


Leben und Beruf, Eine Spirituelle Herausforder ung, Vier Tuerme, 2005.
Mit Herz un dallen Sinnen, Herder, 2005.
Lo que enferma y lo que sana al hombre, Verbo Divino, 2000.

Masaru Emoto, Los mensajes ocultos del agua, Alamah 2000.

Diógenes Laercio, Vidas de los más ilustres filósofos griegos, Folio, 2002.

Ray Kurzweill, La era de las máquinas espirituales, Geo-Planeta, SA, 2000.

Yuval Harari

Sapiens. De animales a dioses, Ed. Debate.

– 165 –
21 lecciones para el Siglo XXI, Ed. Debate.

Homo Deus, Ed. Debate.

Dalai Lama, El arte de vivir en el nuevo milenio, Grijalbo, 2000

Eckaart Tolle, El poder del ahora, Gaia, 2003

Noemí Paymal, Pedagooogía 3000, Ed. Kier

– 166 –
Índice

I Decodificar el amor..............................................13
II Entorno .................................................................45
III Darse cuenta .........................................................63
IV Valores ...................................................................81
V Bullying ................................................................105
VI Péndulo ................................................................121
VII La red ...................................................................137
VIII Para qué mundo educamos hoy .......................155

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Esta edición de 1000 ejemplares se terminó
de imprimir en el mes de mayo de 2019
en Talleres Gráficos Martínez Esquivel - Ceballos 1170
Avellaneda - Pcia. de Buenos Aires

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