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Inteligencia

La inteligencia puede entenderse como la capacidad de comprender y resolver problemas. Su definición proviene del latín "intellegere" que significa comprender. Aunque no existe una definición única, se ha aceptado que existen múltiples formas de inteligencia como la lingüística, lógico-matemática, espacial y más. Estas permiten estudiar la inteligencia por separado en diferentes campos como el lenguaje, números, percepción espacial y más.

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Inteligencia

La inteligencia puede entenderse como la capacidad de comprender y resolver problemas. Su definición proviene del latín "intellegere" que significa comprender. Aunque no existe una definición única, se ha aceptado que existen múltiples formas de inteligencia como la lingüística, lógico-matemática, espacial y más. Estas permiten estudiar la inteligencia por separado en diferentes campos como el lenguaje, números, percepción espacial y más.

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La palabra ‘inteligencia’ proviene del latín intelligentia o intellēctus, que a su vez provienen del

verbo intellegere —término compuesto de inter («entre») y legere («leer, escoger»)— que
significa comprender o percibir.

En la Edad Media, la palabra intellectus se convirtió en el término técnico académico para la


comprensión y una traducción para el término filosófico griego nous. Este término, sin embargo,
estaba fuertemente relacionado con las teorías metafísicas y cosmológicas de teleología
escolástica, incluidas las teorías de la inmortalidad del alma y el concepto de intelecto activo. Todo
este enfoque para el estudio de la naturaleza fue fuertemente rechazado por los filósofos de la
Edad Moderna Temprana como Francis Bacon, Thomas Hobbes, John Locke y David Hume, los
cuales prefirieron la palabra «comprensión» (en lugar de intellectus o "inteligencia").12 Hobbes,
por ejemplo, en su obra, De Corpore, usó intellectus intelligit, traducido en la versión inglesa como
«the understanding understandeth» («el entendimiento comprende»), como un ejemplo típico de
una lógica absurda.
La inteligencia se ha definido de muchas maneras, incluyendo: la capacidad de lógica,
comprensión, autoconciencia, aprendizaje, conocimiento emocional, razonamiento, planificación,
creatividad, pensamiento crítico y resolución de problemas. En términos más generales, se puede
describir como la capacidad de percibir o inferir información, y retenerla como conocimiento para
aplicarlo a comportamientos adaptativos dentro de un entorno o contexto.

La inteligencia se estudia con mayor frecuencia en humanos y evoluciona y cambia con la edad.
Los niños, jóvenes y adultos tienen su propia escala de inteligencia, en cuanto a los mayores, se
habla de deterioro de sus escalas cognitivas.

La escala típica para medir la inteligencia es la prueba de Weschler: WAIS para adultos; WISC para
jóvenes y WPPSI para preescolares.

Algunas pruebas del WAIS para adultos son las pruebas de cubos que miden la capacidad
manipulativa e inteligencia general, la prueba de semejanzas que miden la capacidad de
abstracción desde un nivel concreto a uno más abstracto, prueba de vocabulario, etc.

Por lo tanto, los índices del WAIS comprenden la comprensión verbal, el razonamiento perceptual,
la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento.

¿Qué es la inteligencia?

La inteligencia puede entenderse como la capacidad tanto de entender o comprender como de


resolver problemas. La palabra “inteligencia” proviene del latín intellgentia, proveniente del verbo
intellegere (compuesto por las voces inter, “entre”, y legere, “leer”), y desde sus inicios se
asociaba a “saber escoger”, en el sentido de comprender, o sea, de ser capaz de determinar los
contextos y rescatar los significados.

Intellectus fue un término empleado durante la Edad Media para referirse a la comprensión, en
una época en que pocas personas leían, y se lo utilizaba como traducción del vocablo griego nous
(espíritu, la parte más elevada del alma). Así nació también inteligentsia, término para nombrar a
la clase social compuesta por intelectuales y personalidades de la cultura de un país.

En los tiempos modernos, no obstante, se ha más o menos aceptado que no existe un concepto
único de inteligencia. Muchos especialistas en psicología han intentado formularlo, sin embargo, y
finalmente se ha venido aceptando la idea de que no existe una sola inteligencia, sino que existen
numerosas formas de ella.
Así, surgió en 1983 la “Teoría de las inteligencias múltiples” de Howard Gardner, según la cual
existirían al menos ocho modelos distintos de inteligencia, cada uno adaptado a un área específica
de la vida.

Aun así, el uso popular del término inteligencia resume generalmente capacidades mentales
como: la velocidad de procesamiento, la comprensión verbal, la agilidad lógico-matemática, el
agarre del pensamiento deductivo o la capacidad de memoria de trabajo.

Características de la inteligencia
Así como es difícil definir universalmente la inteligencia, resulta difícil dar con sus características
universales. En principio, se espera de ella que cumpla con las siguientes funciones:

Anticipar. En base a lo aprendido y a las variables del entorno, la inteligencia busca anticiparse a lo
que podría ocurrir y tomar las medidas pertinentes para protegernos, asegurarnos o darnos la
ventaja en alguna situación.

Construir. La inteligencia construye las estructuras de pensamiento que la memoria almacenará,


de modo tal que nos permita volver a ellas (experiencias) para reaccionar ante situaciones futuras.

Comunicar. La inteligencia también se encarga del área comunicativa, formando símbolos y


lenguajes propios, que nos permiten representarnos el mundo real en su ausencia.

Descifrar. Una persona inteligente debería tener más fácil la comprensión deductiva de sistemas
ideados por terceros, lo cual en principio permitiría resolver enigmas, descifrar códigos, hallar
respuestas y resolver problemas.

Establecer relaciones. La causalidad, la consecuencia, los diversos tipos de relaciones que


podemos establecer entre una realidad y otra, son el terreno de acción de la inteligencia.
Tipos de inteligencia
Definimos a continuación, de forma breve, los diferentes tipos de inteligencia junto con el perfil
profesional en el que más abunda cada una:

Inteligencia lingüístico-verbal

Es característica de los grandes oradores, como los políticos, pero también es común en escritores,
poetas o cantantes. Las personas que la tienen más desarrollada poseen una habilidad especial
para lectura, el habla, la escritura y la escucha activa de sus interlocutores.

Inteligencia lógica-matemática

Matemáticos, economistas, ingenieros o científicos cuentan con una alta capacidad para el cálculo,
las hipótesis, la abstracción o el razonamiento. En el modelo tradicional, era la inteligencia que
más se tenía en cuenta, junto con la lingüístico-verbal, para establecer el Coeficiente Intelectual
(CI).

Inteligencia espacial

Sobresale en arquitectos, diseñadores, pilotos, fotógrafos, directores de cine o artistas, entre


otros. Pueden percibir con mucho detalle aspectos visuales, dibujar o crear imágenes mentales
visuales.

Inteligencia corporal cinestésica

Los que más desarrollada la tienen poseen gran equilibrio, flexibilidad, coordinación ojo-mano y
rapidez. Se da en individuos que suelen encaminar sus pasos profesionales hacia empleos tan
diferentes como el de actor, cirujano, modelo, deportista, bailarín o escultor.
Inteligencia musical

Presente especialmente en individuos con capacidad para crear y estudiar música. La tienen muy
desarrollada músicos, cantantes, compositores, directores de orquesta o críticos musicales.

Inteligencia interpersonal

Las personas con alta inteligencia interpersonal tienen facilidad para entender los sentimientos e
intenciones de los demás, incluso aunque no lo muestren abiertamente. Eso les permite ayudar a
los demás. Psicólogos, psiquiatras, pedagogos, profesores o abogados suelen tener altas dosis de
ella.

Inteligencia intrapersonal

Está relacionado con la alta capacidad autoevaluación de los sentimientos y las metas vitales que
el individuo se plantea. Abunda en las individuos más reflexivos, a los que permite conocerse
profundamente a sí mismos. No va asociada a ninguna profesión concreta, por lo que puede darse
en varias muy diferentes.

Inteligencia naturalista

Fue la última en ser reconocida y es la que poseen, en gran medida, aquellas personas capaces de
ver las relaciones entre especies y grupos de objetos e individuos, aunque reconozcan también las
diferencias o semejanzas entre ellos. Está muy presentes en naturalistas, biólogos y botánicos,
entre otros.

Los diferentes tipos de inteligencia no son compartimentos estancos, sino que se combinan entre
sí, ya que todos los seres humanos cuentan con ellas en mayor o menor medida. Además, aunque
las capacidades innatas son distintas en cada individuo, hoy se sabe que estos tipos de inteligencia
son, en buena parte, habilidades. Por lo tanto, se pueden acrecentar si se desarrollan lo suficiente.
El estímulo y la instrucción suficientes son clave para lograr un crecimiento en cualquier de ellas.

Así como no hay una definición única de inteligencia, existen numerosas formas de inteligencia
que permiten estudiarla por separado, conforme al campo específico de las percepciones, los
razonamientos o las percepciones que involucran:
Lingüístico-verbal. Son los modelos de inteligencia que se basan en la formulación del
pensamiento mediante el lenguaje verbal, sea escrito u oral, así como de su transmisión y
recuperación a través de la lectura.

Numérica. Aquella que tiene que ver con los procesos lógicos formales y que encuentra su máxima
expresión en las matemáticas y los números.

Espacial. Apunta a la percepción profunda del entorno, de las formas que subyacen a lo visto y a
las relaciones entre ellas.

Física o motórica. Se trata de un modelo de inteligencia ocupado con el accionar del cuerpo, es
decir, sus movimientos, sus destrezas, sus capacidades. Usualmente no se lo considera una forma
de inteligencia, debido a que se suele asociarla erradamente a los procesos mentales o
intelectuales solamente.

Emocional. La inteligencia emocional tiene que ver con el manejo efectivo y eficaz de la propia
emocionalidad, propuesta en principio por Daniel Coleman en su libro La inteligencia emocional.

Social. Aquella inteligencia que aplica al campo de las relaciones interpersonales y que se sirve del
carisma, del liderazgo, incluso de la manipulación y otros talentos de índole social.

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