De la metáfora al concepto:
la frontera vertical
desde el testimonio migrante
Por Gloria Marvic García*
No hay reglas para inventar; la teoría mo-
derna de la invención lo confirma. No hay
normas para elaborar buenas hipótesis:
las hay únicamente para darles validez
[…] ¿por qué no se puede aprender a “ser
metafórico”? Porque “metaforizar bien”
es “percibir lo semejante”.
Paul Ricoeur, La metáfora viva
L os términos que surgen para referirse al drama humanitario
que viven los migrantes centroamericanos en tránsito por
México son escuchados y reproducidos por quienes acompañan,
estudian o expresan las historias alrededor de estos procesos. En
ese sentido, “los nadies”, “la Bestia”, “el tren del infierno”, al igual
que “la frontera vertical”, son términos que se formulan y usan
en el camino, lo mismo por defensores de derechos humanos que
por centroamericanos en tránsito. Uno de los que se ha dedicado
a recopilar y analizar testimonios sobre el tránsito es el clérigo
Flor María Rigoni. “Luego llegan las fronteras, ‘los buitres uni-
formados’, la Bestia, el campo minado, los verdes y los azules (los
uniformes de la migración y de la policía) los Maras Salvatruchas
y la guillotina de acero (el tren carguero)”.1
En una nota al pie del mismo texto, Rigioni explica cómo estos
eufemismos son usados por los migrantes centroamericanos: los
buitres uniformados “son los soldados del ejército mexicano que
piden la primera mordida”, la Bestia “es México en general con
todos los obstáculos” y el campo minado son “los retenes y che-
*
Becaria posdoctoral en el Posgrado en Estudios Regionales del Instituto Mora, con
apoyo del Programa de Fortalecimiento al Posgrado del Consejo Nacional de Ciencia y
Tecnología, México; e-mail: <gloriamarvic@[Link]>.
1
Flor María Rigoni, Reflexiones en el camino del migrante: expresiones, gestos y
rituales del pueblo indocumentado y refugiado de Centroamérica hacia el Norte, México,
cndh/Miguel Ángel Porrúa, 2008, p. 47.
Gloria Marvic García
queos que constituyen la frontera vertical que va desde el Suchiate
[…] hasta el Río Bravo”.2
De lo anterior recuperamos el término frontera vertical, utili-
zado como metáfora, imagen y, más recientemente, como concepto
para describir el difícil cruce de centroamericanos que transitan por
México en su afán de ir a trabajar al norte del continente. De forma
casi simultánea en la primera década del siglo xxi, y en diferentes
ámbitos, dicho término se ha usado de diversas formas: en las
artes, el fotógrafo Felipe Jácome titula “Frontera vertical” a una
serie de fotografías tomadas entre 2007 y 2008 sobre las condiciones
de los migrantes centroamericanos en su tránsito por México en
tren. En sus estudios sobre migraciones, Stefanie Kron se refiere a
dicho término como muro de contención de flujos migratorios en
el contexto de la puesta en marcha del Área de Libre Comercio de
las Américas (alca).3 A partir de 2016 han surgido reflexiones en
torno a la frontera vertical que la asocian con las políticas mexica-
nas de control migratorio y sus efectos,4 incluso propuestas sobre
las posibilidades epistémicas del concepto para observar y abstraer
procesos socioculturales de las zonas de convivencia fronteriza.5
Para los fines de este artículo hemos de mencionar que desde
2009, durante el trabajo de campo, se identificó el término como
una metáfora repetida entre los miembros de la sociedad civil y
organizaciones de defensa de los derechos de migrantes, en es-
pecial los coordinadores de refugios y comedores para migrantes
en tránsito.6 En el presente artículo queremos centrar la reflexión
justamente en el proceso que se siguió desde las narrativas de los
protagonistas expresadas durante las entrevistas, donde surge la
metáfora, hasta la propuesta de una perspectiva de análisis des-
2
Ibid.
3
Stefanie Kron, “Coyotes, norteños transeúntes y viudas blancas: transmigración,
género y ciudadanía en la frontera guatemalteco-mexicana”, conferencia presentada en el
Seminario “Taller Internacional: Derecho, Ciudadanía y Género en América Latina”, Berlín,
Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Freie Universität Berlin, diciembre de 2006,
en de: <[Link] p. 11.
4
Eduardo Torre Cantalapiedra y Juan Carlos Yee Quintero, “México ¿una frontera
vertical? Políticas de control del tránsito migratorio irregular y sus resultados, 2007-
2016”, LiminaR. Estudios Sociales y Humanísticos (Cesmeca/Unicach), vol. 16, núm. 2
(julio-diciembre de 2018), pp. 87-104, en de: <[Link]
article/view/599>. doi: <10.29043/liminar.v16i2.599>.
5
Roxana Rodríguez Ortiz, Cartografía de las fronteras: diario de campo, México,
libro electrónico publicación del autor (Kindle), 2017.
6
Gloria Marvic García Grande, El registro audiovisual en el estudio del tránsito
migratorio de centroamericanos a Estados Unidos: un encuentro dialógico entre comu-
nicación y antropología visual, México, unam, 2009, tesis de maestría en Comunicación.
64 Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84.
De la metáfora al concepto: la frontera vertical desde el testimonio migrante
prendida de la investigación presentada como tesis de doctorado.
En ella se propone comprender, describir y relacionar los procesos
que suceden durante el tránsito y detención de centroamericanos que
buscan llegar a Estados Unidos7 y cómo, ante la imposibilidad de
continuar su recorrido, la ruta se transforma en franjas de con-
tención, más que en corredor. Estos espacios se tornan zonas de
espera que se habitan temporal o definitivamente, dependiendo de las
condiciones de vulnerabilidad.
Hemos presentado brevemente el término frontera vertical
para destacar su presencia extendida en la academia, que hace
referencia al control de la migración indocumentada a lo largo del
territorio mexicano, es decir, como una frontera que no refiere a
límites territoriales, sino a la contención de movilidades.
Aún con las diferencias disciplinares y de procesos sociales que
los estudiosos refieren con este concepto, existe un acuerdo para
asociarlo a las fronteras globales, a las problemáticas referentes
al orden global y que nos invitan a repensar el espacio, las movi-
lidades y las políticas migratorias en un contexto donde se habla
de la transición de las crisis migratorias a las crisis humanitarias.
Más que una coincidencia en el uso extendido del término
frontera vertical, creemos que existe lo que Michel Foucault de-
nomina “condiciones para que surja un objeto de discurso”,8 es
decir, procesos observados desde la ciencia social que permiten
perspectivas que no refieren ya únicamente a límites geográfico-
territoriales, sino que en conjunto dan cuenta de procesos globales
asociados con los desplazamientos humanos por desigualdad,
violencia y catástrofes naturales.
Estas nuevas perspectivas a su vez dan cuenta de una ne-
cesidad imperiosa: que las ciencias sociales y las humanidades
eviten disociar el mundo teórico del observable, es decir, evitar
calzar lo observado a un conjunto de conceptos surgidos en otros
contextos (en ocasiones diametralmente alejados de los nuestros).
En concreto, queremos destacar las posibilidades que nos ofrece
atender las narrativas de los actores que ya han dado nombre a
estas experiencias, pues no pretendemos alejar lo conceptual de la
realidad observada durante el trabajo de campo. Por el contrario,
consideramos necesario destacar el carácter indicial en estas narra-
7
Gloria Marvic García Grande, Frontera vertical: perspectiva analítica para estu-
diar los procesos sociales en el tránsito de centroamericanos a Estados Unidos, México,
unam, 2016, tesis de doctorado en Ciencias Políticas y Sociales, p. 23.
8
Michel Foucault, Arqueología del saber, México, Siglo xxi, 1991, p. 73.
Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84. 65
Gloria Marvic García
tivas y cómo refieren a procesos sociales en sus diversos niveles:
macroestructurales, como las leyes y políticas migratorias; medios,
como un análisis regional sobre los recursos y usos del espacio en
las localidades atravesadas por la frontera; y microsociales, como
la percepción sobre el otro detrás de la frontera.
Parece difícil rastrear la ruta que une la metáfora narrada por
los migrantes con la complejidad conceptual que referimos antes;
como si la misma enunciación sólo fuese compleja cuando se le
confiere un halo academicista. Queremos, por el contrario, mostrar
que el vocablo frontera vertical ya presentaba un reto hermenéutico
desde el relato de la experiencia de los migrantes y que fue adoptado
como concepto por sus posibilidades epistémicas.
Comencemos por recordar que la primera vez que supimos del
término fue durante la temporada en campo, en julio de 2009, en la
Casa del Migrante San Juan Diego, en la colonia Lechería en Tultitlán,
Estado de México. Durante las entrevistas realizadas se registraron
las siguientes expresiones, tanto de migrantes como de personas a
cargo de los albergues y comedores.
Creímos que, cuando cruzamos en Guatemala, dejamos atrás la frontera,
pero no, no han dejado de perseguirnos, traemos la frontera con nosotros,
ya no estábamos cerca de donde cruzamos, llevábamos días, llegaron los de
migración, corrimos. Unos alcanzamos a subirnos a otro tren y me separé
de mi prima […] el tren donde iban ellos fue secuestrado.9
En un primer momento, se consideró la enunciación “traemos la
frontera con nosotros” como una metáfora. Parte de las descripcio-
nes de las experiencias de los migrantes en su camino, especialmen-
te cuando referían que la verdadera frontera no la habían cruzado
en Chiapas o Tabasco (frontera México-Guatemala), fue la mención
de que se habían encontrado con una detención continua durante
su trayecto terrestre, debido a los retenes del Instituto Nacional de
Migración (inm), porque se sentían vulnerables a secuestros, asal-
tos y violaciones o porque su condición de migrantes irregulares
parecía haberlos desprovisto, también, de sus derechos humanos.
Las fronteras territoriales administrativas eran percibidas por
los migrantes como un obstáculo erigido solamente durante el cru-
ce, pero cuando aun internados en territorio mexicano el riesgo no
menguaba, aparece allí otra frontera que no pertenece a los lindes
9
Gloria Marvic García Grande, entrevista realizada a María N. (anónima), Oficina
de Atención al Migrante de Ecatepec (donde la joven buscaba la repatriación voluntaria),
Estado de México, 23 de junio de 2009.
66 Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84.
De la metáfora al concepto: la frontera vertical desde el testimonio migrante
de los países pero que sí diferencia a los que están de un lado de
quienes intentan cruzarla: “Aquí [Lechería y el camino] nos tratan
distinto por ser centroamericanos, por cómo hablas, te reconocen,
te dan a otro precio la leche o lo que compres […] creen que traes
dinero […] todo México es una frontera”.10
Las referencias a una frontera que se extiende por todo el
territorio mexicano después se concretan en la percepción de una
frontera vertical, vertical no sólo por su trayecto sur-norte sino
porque detiene la movilidad de un grupo específico de personas,
los pobres y los indocumentados, para el que las condiciones de
vulnerabilidad se acumulan. “Hay un desprecio al pobre, de por
sí hay un desprecio a la vida, pero al pobre, al anciano. Te vas
encontrando con esto muy fuerte…”.11
La movilidad se presenta entonces como un recurso. Entre más
posibilidades de continuar el camino existan, menos costoso será
el trayecto, pero también habrá menos conflictos con las comuni-
dades que quedan en la ruta. Incluso el llamado de los defensores
de derechos humanos y responsables de casas del migrante era a
continuar el camino y considerar que sus pasos eran seguidos por
otros migrantes:
Sean bienvenidos a esta su casa […] tengan presente que ustedes ahorita
tienen donde dormir y que más adelante no eres tú sino tu hijo, tu hermana,
tu esposo o tu esposa, quien va a tener la necesidad de cruzar esta casa y
toda esta colonia. Así que ustedes ayúdenme a mantener el respeto y el
orden dentro de la casa, pero también fuera de la casa, no pidan dinero, no
dejen su ropa tirada, procuren levantar la basura. Caminen si salen de la
casa, no se queden aquí, por favor, hay peligro, las patrullas les pegan, les
roban, sigan adelante hijos, porque ustedes no vinieron a quedarse aquí.12
Las metáforas utilizadas por migrantes en tránsito que referían a
otra frontera que se extiende por todo México fueron recuperadas
para su estudio debido a que, además de su valor expresivo, contie-
nen una cualidad descriptiva, más aún, elocuente. Por ello queremos
destacar este primer aspecto mediante una breve digresión alre-
dedor de la noción de metáfora y de sus posibilidades heurísticas.
10
Gloria Marvic García, entrevista realizada a un grupo de migrantes (anónimo),
Vías del tren, Puente Independencia, Tultitlán, Estado de México, 25 de junio de 2009.
11
Mara Girardi, Maribel Téllez y Gloria Marvic García, entrevista al sacerdote Nieto,
organizador de la caravana “Lazos de sangre”, Atitalaquia, Hidalgo, 2 de julio de 2009.
12
Alejandra Contreras y Gloria Marvic García, entrevista a Guadalupe Calzada,
realizada en el domicilio de la entrevistada, Lechería, Tultitlán, Estado de México, el
29 de agosto de 2019,
Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84. 67
Gloria Marvic García
La metáfora, del latín metaphŏra, y ésta a su vez del griego
μεταφορά, propiamente significa “traslado”, “desplazamiento”.
Derivado de metaphero es “yo transporto”: constituye el des-
plazamiento de significado entre dos términos con una finalidad
estética. Sin embargo, pertenece al ámbito de la retórica, tal como
Aristóteles la distinguía en la Antigüedad, pues también tiene una
función elocuente, de persuasión, con una única estructura pero
con dos funciones: una retórica y otra poética.13
Considerada por algunos como un adorno o recurso poético, el
estudio de la metáfora languidece cuando en el siglo xix la retórica
deja de incluirse en los cursos académicos. Sin embargo, hermeneu-
tas como Paul Ricoeur y Hans-Georg Gadamer han reparado en sus
cualidades heurísticas, a pesar de que la doble naturaleza referida,
la poética y la retórica, puede hacerla confusa, salvo por sus fines.
Retomando la reflexión de Ricoeur, la distinción fundamental en
la función de la metáfora es su intención; en el caso de la retórica,
Aristóteles la identifica como “el arte de encontrar pruebas”; en
la poesía, en cambio, no se pretende comprobar nada, su finalidad
es mimética, busca componer una representación esencial de las
acciones humanas, “su característica peculiar es decir la verdad
por medio de la ficción […] La triada poiêsis-mimêsis-catharsis
describe exclusivamente el mundo de la poesía, sin confusión
posible con la tríada retórica-prueba-persuasión”.14
Además de esta doble naturaleza, la metáfora posee la cualidad
de colmar una laguna semántica, permite vastas analogías aun
donde no hay un vocablo para ello, sin que deje de funcionar la
analogía. Su uso resulta prodigioso si consideramos que las palabras
son limitadas, pero la realidad no lo es.
Sólo la metáfora permite una relación que transgrede catego-
rías en el caso que tratamos en este artículo; los testimonios de los
migrantes refieren a fronteras invisibles y móviles que no limitan
un territorio, sino que representan las condiciones de riesgo de la
migración. La descripción de “verticalidad” transgrede la categoría
de frontera definida como delimitación espacial y marco territorial de
una sociedad o cultura. La experiencia de los migrantes refiere que
no hay “corredores” migratorios, sino una frontera que retiene,
segrega y vulnera.
13
Paul Ricoeur, La metáfora viva (1975), 2ª ed., Agustín Neira, trad., Madrid, Trotta/
Cristiandad, 2001, p. 20.
14
Ibid.
68 Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84.
De la metáfora al concepto: la frontera vertical desde el testimonio migrante
La idea de transgresión categorial ofrece interesantes cualidades
interpretativas pues, a juicio de Ricoeur, “invita a considerar en
toda metáfora no sólo la palabra o el nombre aislado, cuyo sentido
es desplazado, sino la dualidad de términos o el par de relaciones
entre las que actúa la transposición”.15 Es decir, siempre hacen falta
dos ideas para hacer una metáfora, pues al tomar una cosa por otra,
ésta altera todo el sistema. Se trata de un proceso discursivo que,
sin embargo, implica una transgresión categorial que en sí misma
crea un nuevo sentido, afirma Ricoeur.
Un segundo punto de inflexión nos lo ofrece la idea de transgresión ca-
tegorial, entendida como desviación en relación con un orden lógico ya
constituido, como desorden en la clasificación. Esta transgresión es inte-
resante sólo porque crea sentido: como dice la Retórica, por la metáfora
el poeta “nos instruye y nos enseña a través del género”. La sugerencia es
entonces la siguiente: ¿no habrá que decir que la metáfora deshace un or-
den sólo para crear otro?, ¿que el error categorial es únicamente el reverso
de una lógica del descubrimiento? La relación establecida por Max Back
entre modelo y metáfora, es decir, entre un concepto epistemológico y un
concepto poético, nos permitirá explotar a fondo esta idea que se opone
frontalmente a cualquier reducción de la metáfora.16
En este hilo de ideas aparece la función heurística de la metáfora
que destacamos antes y que nos lleva a una redescripción de la
realidad porque “la metáfora no engendra un orden nuevo si no
es en cuanto produce desviaciones en un orden anterior”.17 Las
reflexiones del hermeneuta sobre esta alteración del orden lógico
que ofrece la metáfora nos invitan a preguntarnos si en el ejerci-
cio metafórico el orden nuevo se identifica con el método que da
origen a toda clasificación, “¿no existirá una ‘metafórica’, según
la expresión de Gadamer, que actúa en el origen del pensamiento
lógico, en la raíz de toda clasificación?”.18
En tanto que valoramos las cualidades comparativas y descrip-
tivas para la investigación, recuperamos la vocación de la metáfora
como tropo, es decir, como identificación de dos realidades que
contienen alguna semejanza entre ellas. La experiencia de enfren-
tarse al trayecto como a una frontera, con todas las distinciones
anteriormente mencionadas, tiene que ver con transgredir las ca-
15
Ibid., p. 34.
16
Ibid.
17
Ibid., p. 35.
18
Ibid.
Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84. 69
Gloria Marvic García
tegorías “camino-frontera” y las posibilidades de interpretación a
las que nos conduce dicha traspolación.
Procesos sociales asociados
a la frontera vertical: el trabajo de campo
Una vez que argumentamos por qué consideramos que la metáfora
frontera vertical hace referencia a una experiencia y funciona como
elemento retórico y heurístico, hemos de explicar cómo, mediante
el trabajo en campo, se fueron identificando los procesos a los
que se refiere el término, así como la metodología que seguimos.
Como se mencionó al inicio de este artículo, han pasado ya once
años desde la primera temporada de campo en la zona noreste
del Estado de México, lo que significa un esfuerzo por recuperar
los elementos metodológicos y la elaboración teórica de dicha
experiencia para definir los procesos sociales que comprenden el
concepto frontera vertical.
El escenario al que nos enfrentamos en 2009 ha cambiado to-
talmente; las casas que albergaban migrantes en Ecatepec, Lechería
y Huehuetoca han sido desmanteladas (en las dos últimas fueron
perseguidos y violentados los voluntarios que las sostenían), las
vías del tren han sido rodeadas por mallas ciclónicas, se cerraron
los pasos y accesos cercanos y este año se discute la participación
de México para contener en la frontera sur a los migrantes cen-
troamericanos que buscan llegar a Estados Unidos, cuando desde
hace al menos dos décadas se controlaban los flujos de migración
irregular a lo largo del camino. Consideramos que, con el paso
del tiempo y la aceleración de procesos de conflicto, el caso de la
comunidad de Lechería resulta ejemplar para mostrar los efectos
que surte la frontera vertical, tanto en quienes buscan cruzarla
como en quienes la habitan.
Durante la investigación de maestría se eligieron dos casos
de estudio: uno en el municipio de Ecatepec, considerado el se-
gundo centro más poblado de la zona metropolitana, y otro en el
municipio de Tultitlán, ambos cercanos a la Ciudad de México.
Esta región es un cruce de vías para las rutas cargueras del Fe-
rrocarril Mexicano (Ferromex) provenientes de Veracruz, como
la de Querétaro-Irapuato-Guadalajara y su avance por el Pacífico
mexicano, o la de Querétaro-Saltillo-Piedras Negras y la ruta
Aguascalientes-Zacatecas-Torreón-Chihuahua-Ciudad Juárez. Por
tanto, el noreste del Estado de México representa simbólicamente la
70 Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84.
De la metáfora al concepto: la frontera vertical desde el testimonio migrante
mitad del camino, la bifurcación de rutas y, a la vez, es la periferia
de la ciudad más grande de México.
Históricamente ha habido presencia de migrantes centroameri-
canos en las colonias Lechería y Chilpan, rodeadas por las vías del
tren. Gracias a un colaborador del Servicio Jesuita de Atención al
Migrante tuvimos noticia de la apertura de la Casa San Juan Diego
acondicionada en los salones de la iglesia ubicada en la Cerrada de
la Cruz. En la primera visita asistimos dos investigadoras que llegamos
directamente a San Juan Diego porque suponíamos que sería más
fácil iniciar el trabajo en campo con el apoyo de las autoridades
de la casa. Sin embargo, no logramos pasar más allá de la puerta.
Después nos enteraríamos que esa medida era parte de un esfuerzo
por mantener a raya a los “guías”,19 sistematizar el registro de
los migrantes albergados y controlar el cupo total del albergue.
En aquel entonces la casa aún se sostenía con los donativos de la
comunidad, no contaba con camas e incluso los voluntarios eran
insuficientes.
Ante la imposibilidad de entrar al albergue hicimos un primer
recorrido por las vías: primero alrededor de la casa San Juan Die-
go, donde varios migrantes nos refirieron que el punto donde se
concentraban y subían al tren no estaba cerca de la casa, sino a
tres kilómetros hacia el norte, siguiendo las vías, es decir, hacia el
puente de Avenida Independencia.
Ese primer recorrido fue determinante para tomar decisiones
sobre el resto del trabajo, pues de inmediato se identificó nuestra
presencia. Durante ese andar algunos migrantes nos hablaron sobre
su experiencia, sin embargo, ciertos individuos nos acapararon y se
interpusieron para impedir la conversación: desviaban las preguntas
que hacíamos y la atención para inventar historias en el momento.
A diferencia de los migrantes que colgaban sus pantalones en las
bardas para secarlos del rocío de la madrugada (indicio de que
habían dormido a la intemperie), los que llegaban a platicar con
nosotras lucían descansados, con ropa limpia y sin señales de sed
y cansancio. “Si uno de ellos habla demasiado es porque es un guía y
sólo quiere saber quién eres y qué haces”, nos advirtió posterior-
19
Se denomina “guía” a las personas que cobran por informar a los migrantes qué
rutas de tren, horarios y estrategias seguir para llegar al norte. Algunas de estas personas
entraban a las casas para buscar clientes, lo que les resultaba muy conveniente, pues
diariamente encontraban al menos entre 200 y 300 migrantes, tanto dentro como alre-
dedor de la casa. También se sabía que algunos secuestradores y traficantes de personas
rondaban las casas haciéndose pasar por migrantes.
Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84. 71
Gloria Marvic García
mente un voluntario de la casa del migrante cuando hablamos de
la primera experiencia en las vías.
Pronto fue evidente que nuestra presencia atraía la atención,
no sólo de grupos de migrantes que nos preguntaban si éramos de
algún periódico o noticiero, sino también de la policía privada de las
compañías ferroviarias que hasta entonces se había mantenido dis-
cretamente alejada de la zona de espera del tren. Poco a poco nos
vimos envueltas por un grupo cada vez más numeroso de personas,
hasta que dos policías en funciones se acercaron a preguntarnos qué
hacíamos. Tras una breve charla donde les explicamos que éramos
investigadoras de la Universidad Nacional Autónoma de México
nos dijeron con sorna: “Si quieren podemos ver que las suban a la
maquinaria” y trataron de alejarnos del grupo de migrantes. Ésa
fue una señal de que debíamos marcharnos.
Al interior del Seminario de Movilidades, Narraciones An-
tropológicas y Fronteras hemos conversado sobre cómo situarnos
en el trabajo en campo; en este caso ha sido desde nuestro ser y
cuerpo femenino. Y es que, contrario al mundo aséptico en que ha
querido encasillarse la labor científica, las estructuras de desigual-
dad y vulnerabilidad están presentes sin importar las credenciales
académicas y las pretensiones de ser un ente científico, sin cuerpo
y sin rol.20 Nuestra identidad como investigadoras está construida
en el contexto de las relaciones sociales, los roles, diferenciaciones
y normas que se atribuyen o imponen a nuestro género.
Aún cuando pareciera que esta visibilización de la condición de
género en el trabajo de campo es una discusión reciente, ya desde
los años setenta autoras como Peggy Golde hacían evidente cómo
el género constituye una variable básica en la organización social,
a lo que se suman otras variables como “edad, estatus marital, mo-
mento del ciclo vital, y a veces a la segregación parcial o total de
ciertas esferas de actividad, y a la distinción entre lo privado y lo
público”.21 Tan determinantes son esas variables que enseguida nos
colocan como personas que requieren “la protección masculina” o
son susceptibles de “seducción”. En las vías se nos dejó en claro
que ése no era lugar para nosotras.
Nuestra reacción inmediata fue conversar entre nosotras sobre
las implicaciones de lo que vivimos en esa primera visita a las vías,
20
Donna Haraway, Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza,
Madrid, Cátedra, 1995.
21
Rosana Guber, La etnografía: método, campo y reflexividad, Buenos Aires, Siglo
xxi, 2011, p. 120.
72 Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84.
De la metáfora al concepto: la frontera vertical desde el testimonio migrante
para posteriormente comunicarlas a otras mujeres que habían reali-
zado investigación en contextos semejantes. Por ejemplo, Mara
Girardi, dedicada al estudio sobre tráfico y trata de personas, inter-
pretó la actitud de los guardias privados, especialmente la invitación
a “subirnos a la locomotora”, como una amenaza y una alusión al
secuestro. Expresiones como “te van a robar”, dirigidas a las mu-
jeres en el trabajo de campo, son comunes y han sido normalizadas
en la vida cotidiana, y refieren por igual al matrimonio forzado y
a la violación. Éstas son parte de una violencia encarnada en lo
más profundo y que repercute cuando hacemos trabajo de campo,
pues siempre subyace la advertencia “no debes andar sola” o “no
debes andar fuera de casa”.
Para internarnos en las dinámicas de las zonas con presencia
de migrantes, aprovechamos la experiencia previa de Mara Girardi
para conocer dos casas más de apoyo al migrante: el albergue sos-
tenido por el municipio de Ecatepec,22 en el Estado de México, y
la Casa del Migrante en Atitalaquia,23 en Hidalgo. Por primera vez
pudimos entrar a la Casa San Juan Diego en Lechería. La visita y
las entrevistas a migrantes, responsables y voluntarios de estos al-
bergues nos permitieron comprender el funcionamiento y dinámicas
de los mismos, su transición de comedores a refugios (donde los
migrantes pudieran pernoctar, bañarse y en ocasiones recuperarse
de daño físico o emocional), su vinculación con la comunidad, ve-
cinos y autoridades, sus problemáticas con el crimen organizado, el
acoso de la policía y de las autoridades migratorias, su relación con
organizaciones de protección de derechos humanos, las dinámicas
internas de organización, reglamentos, necesidades, entre muchos
otros datos que se lograron gracias al diálogo con los responsa-
bles de las casas. Ellos nos contaron sus experiencias y, al mismo
tiempo, se mostraron interesados en saber de los otros albergues.
Así, fueron estableciéndose puntos de convergencia, encuentro o
disenso entre los albergues situados en la ruta y geográficamente
cercanos. Una constante en las conversaciones era que hacía falta
más comunicación entre los albergues: “las otras redes, las malas,
ésas sí están bien organizadas, mientras que nosotros...” nos dijo
al respecto Guadalupe Calzada, de la Casa San Juan Diego.
22
Observación y entrevistas de campo realizadas el 23 de junio de 2009; un mes
después se realizaron dos visitas más a la casa. El albergue de Ecatepec resulta especial
por tratarse de una casa subsidiada por el municipio, que ese año sostenía una política
de protección al migrante.
23
Observación y entrevistas de campo realizadas el 12 de marzo de 2009.
Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84. 73
Gloria Marvic García
Tras los recorridos a las casas y la conclusión sobre la necesidad
de protegernos a nosotras y a nuestros posibles colaboradores, se
planteó realizar una caracterización de los sitios con presencia de
migrantes en tránsito para determinar los lugares donde sería po-
sible una estancia prolongada y repetida de trabajo. Tenemos que
especificar que el proceso de investigación implicó un ir y venir
entre la recopilación de datos en campo y el análisis y teorización.
Las primeras visitas que se realizaron a los albergues de Lechería
y Ecatepec fueron parte de la familiarización con el tema.
Por otra parte, no se buscaba observar un cuerpo de conceptos
previamente determinados en concordancia con la perspectiva
teórica fundamentada en las investigaciones de Juliet Corbin y
Anselm Strauss, quienes proponen la recopilación y análisis siste-
máticos de datos para elaborar una teoría derivada de este proceso,
dicho de otra manera, que la teoría emerja a partir de los datos y
no viceversa; la ventaja de esta perspectiva nos permitió acercar-
nos a una metodología donde la teoría deriva de los datos y “se
parece más a la ‘realidad’ que la teoría derivada de unir una serie
de conceptos basados en experiencias o sólo especulando (cómo
piensa uno que las cosas debieran funcionar)”.24 En este sentido,
la teoría fundamentada busca ser comprensiva y, en función de los
datos, proponer conjunciones de dimensiones y conceptos. Sobre
esta construcción final y sus implicaciones epistémicas hablaremos
en la tercera parte de este artículo.
La teoría fundamentada considera, además, que es necesario
salir a campo para descubrir lo que en realidad sucede. Las perso-
nas son actores que adoptan un papel activo al responder a situa-
ciones problemáticas, actúan con una intención y ésta se define y
se redefine por la interacción. El enfoque propone hablar más de
procesos que de fenómenos y reconoce la constancia de la relación
entre las condiciones (la estructura), la acción (el proceso) y las
consecuencias.25
Para el trabajo de campo, sin embargo, hacían falta condiciones
de seguridad que permitieran hablar con los migrantes sin que estas
entrevistas los pusieran en riesgo, en especial en cuanto a la infor-
mación acerca del destino, intenciones del tránsito, redes de apoyo y
otros datos personales sobre los cuales se requería absoluta discreción.
24
Anselm Strauss y Juliet Corbin, Bases de la investigación cualitativa: técnicas y
procedimientos para desarrollar la teoría fundamentada (1990), Eva Zimmerman, trad.,
Medellín, Universidad de Antioquia, 2002, p. 21.
25
Ibid., p. 18.
74 Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84.
De la metáfora al concepto: la frontera vertical desde el testimonio migrante
Fue evidente la necesidad de identificar los espacios y qué tipo
de procesos sociales asociados a la migración se daban en cada
uno de éstos; por ello, entre las primeras tareas de nuestro estudio
fue necesario hacer una caracterización de sitios apoyada en los
estudios de Rodolfo Casillas,26 las metodologías del Consejo Na-
cional de Población (Conapo)27 y las encuestas del inm realizadas
entre 2005 y 2007 en la frontera sur.28 Esta documentación permitió
distinguir tres tipos de sitios fundamentales:
a) Sitios que funcionan como plataforma: es decir, zonas de con-
centración donde arriban, se reagrupan, resguardan y parten los
grupos de migrantes.
b) Sitios de enlace o nodos: lugares donde confluyen rutas de
tránsito.
c) Sitios de paso: lugares por donde atraviesa el migrante sin de-
tenerse o con una estancia muy breve.
Con esta caracterización decidimos que los sitios menos vul-
nerables eran los de descanso y recuperación, específicamente las
casas de apoyo al migrante, por lo que centramos nuestros esfuer-
zos en concretar una relación con los encargados y voluntarios de
dichos lugares. La presencia constante en el albergue nos daría la
posibilidad de un trabajo ininterrumpido y sistemático, aunque
no pudiéramos seguir en su trayectoria o de forma repetida a los
mismos actores, ya que éstos se encontraban en movimiento; las
casas funcionarían como áreas de trabajo. Con la labor constante
que realizamos en la Casa del Migrante San Juan Diego durante la
investigación de doctorado, a la caracterización inicial se suma-
ron otras categorías de espacios, que trataremos en los siguientes
incisos.
d) Puntos de encuentro y concentración: lugares que, por la ex-
periencia previa de algunos migrantes, resultan fácilmente iden-
tificables en una ruta planeada o porque son recurrentes en las
conversaciones de los grupos. Estos sitios son comúnmente usados
por los denominados polleros para reunir a los grupos que llegan
o a los que van conformándose debido a que existen condiciones
para abordar el transporte, como es el caso de los tramos de las vías
26
Rodolfo Casillas, “Las rutas de los centroamericanos por México, un ejercicio de
caracterización, actores principales y complejidades”, Migración y Desarrollo (Red Inter-
nacional de Migración y Desarrollo, Zacatecas, México), núm. 10 (2008), pp. 157-174.
27
Elena Zúñiga, Paula Leite et al., La nueva era de las migraciones: características
de la migración internacional en México, México, Conapo, 2004.
28
Encuesta sobre migración en la frontera Sur de México, 2009: Serie histórica
2004-2009, México, inm/Conapo/El Colegio de la Frontera Norte/sg/sre/stps, 2012.
Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84. 75
Gloria Marvic García
donde el tren hace parada o reduce considerablemente la velocidad.
Estos sitios también sirven de referencia a los grupos que viajan
juntos para reencontrarse en caso de que, debido a una redada, a
un asalto o a cualquier otra circunstancia, no puedan abordar el
tren y se vean obligados a disgregarse.
e) Encrucijadas o nodos: puntos donde confluyen varias rutas
debido a las vías de transporte y la geografía territorial, por lo que
en algunas ocasiones los migrantes se pierden en caminos equi-
vocados; en esas encrucijadas se decide el camino a continuar. No
se trata sólo de confluencia de vías y carreteras, sino también de
sitios donde se decide si habrán de hacerse paradas para trabajar,
descansar, si una ruta es más segura que otra o si debería cambiarse
de medio de transporte.
f) Rutas y puntos laborales: son los itinerarios planeados de acuerdo
con las posibles zonas —agrícolas, industriales o turísticas— donde
los migrantes pueden emplearse de forma temporal y con salarios
por jornada.
g) Sitios de descanso y recuperación: se trata de casas altruistas
de apoyo al migrante, hospitales y casas irregulares de hospedaje,
posadas, hoteles y refugios al aire libre debajo de puentes, lotes
baldíos etcétera.29
La caracterización de espacios y comprensión de las dinámicas
de tránsito, espera o contención que se da en cada uno de estos sitios
ayudó a identificar, a su vez, procesos sociales en los diferentes
estadios de la movilidad migrante y nos ayudó a seleccionar el
mejor espacio para realizar la estancia de campo. En este sentido,
los albergues para migrantes fueron considerados los más seguros
tanto para los colaboradores como para las investigadoras. Entre
los albergues visitados durante la investigación exploratoria: la
Casa del Migrante en Ecatepec, el refugio de Atitalaquia Hidalgo
y la Casa del Migrante San Juan Diego, se decidió por esta últi-
ma por ofrecer mejores condiciones de seguridad, apertura y, en
especial, por estar enclavada en una comunidad que, si bien había
presenciado el paso de migrantes durante décadas, estaba experi-
mentando transformaciones de su espacio debido a las dinámicas
de contención de la movilidad.
El análisis de las entrevistas realizadas permitió inferir que en
esta última dimensión, la frontera vertical hacía alusión a la im-
posibilidad de continuar el tránsito, es decir, a una tercera frontera
29
Esta información se desprende de la tesis de García Grande, Frontera vertical
[n. 7], pp. 20-21.
76 Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84.
De la metáfora al concepto: la frontera vertical desde el testimonio migrante
que va del norte al sur de México, que segrega, vulnera y contiene
a una población específica: los pobres. Las entrevistas permitieron
enumerar una serie de experiencias asociadas a dicha metáfora. Se
distinguió que la mayoría de los testimonios remitía a procesos en
los que estaban involucrados los pobladores de las comunidades
donde los inmigrantes se estacionaban. Si bien había solidaridad,
asilo y ayuda humanitaria, también surgía la discriminación y
distintos tipos de violencia, especialmente la económica, cuando
los migrantes debían pagar precios más altos por productos de
primera necesidad y alojamiento o se les explotaba laboralmente
y recibían una paga menor.
En contraposición, los vecinos de la Casa del Migrante San
Juan Diego expresaban su descontento por la presencia constante
de migrantes en las calles, consideraban que había aumentado el
narcomenudeo y los asaltos en la calle y tenían una percepción
creciente de que la casa estaba “desbordada”.
Se identificó que rondaban la casa traficantes, individuos de-
dicados a la trata de personas y otros que representaban un peligro
por lo que, por razones de seguridad, se les prohibió el paso. No
obstante las peticiones por parte del albergue y de los vecinos de que
hubiera presencia de elementos de la seguridad pública, las calles
seguían ocupadas por una “industria” de explotación del migrante:
El que es migrante verdaderamente migrante sí, no se viene a quedar simple-
mente, es un paso transitorio el de Lechería. Y no vuelves a ver al migrante.
O, otra brecha, ves al que lo deportaron pero lo vas a ver hasta dentro de
seis meses sí, o tres meses, porque tiene que llegar y ponerse a trabajar, o
pedir dinero prestado. O al “rápido” que me dice me dejaron en Tapachula
y me vuelvo a regresar y a los ocho días, quince días ya estoy aquí.
¡Oye! Pero si hace apenas un mes que pasaste
—Pues si madre pero me agarraron acá y ya vengo de vuelta nada mas
llegué ahí a Tapachula y ya me vine otra vez… O ya de plano no lo ves.
Pero al que ves más de cinco veces (con gesto dudoso) ¿Qué haces? ¿A
qué te dedicas? ¿Qué es lo que está pasando?30
Lo anterior nos llevó a considerar que si bien la frontera contenía
movilidades, también afectaba a las comunidades donde ocurría
el tránsito-detención. De modo que los procesos asociados a la
frontera vertical se vivían de ambos lados: el de los migrantes y
el de las comunidades, lo que condujo a una serie de entrevistas a
30
Contreras y García, entrevista a Guadalupe Calzada [n. 12].
Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84. 77
Gloria Marvic García
los pobladores de la colonia Chilpan, donde se encontraba la Casa
del Migrante San Juan Diego, a la que ya hemos hecho referencia.
Fue necesario adoptar estrategias diferentes para el albergue y
hacia los vecinos. Con los migrantes en tránsito habíamos seguido
la técnica de la entrevista a profundidad, se realizaban visitas al
albergue donde además se apoyó en tareas cotidianas como ordenar
donaciones, ayudar en la cocina y ofrecer apoyo logístico a Lupita
Calzada, a quien todos llamaban “madre”, a pesar de no tener un
cargo religioso. Ella era la responsable de la casa y nuestro principal
apoyo. Adicionalmente, con mucha frecuencia los migrantes nos
pedían fotografías para realizar trámites. Después de un tiempo
de estar haciendo trabajo de campo grabamos un pequeño video
sobre la historia del albergue para su aniversario.
Trabajamos con los vecinos de la colonia donde se encontraba
la casa San Juan Diego para adoptar estrategias participativas porque,
para el momento en que ya se había logrado alguna confian-
za como parte del trabajo de campo, comenzaban a agudizarse los
conflictos entre los ocupantes de la casa y los vecinos. En conver-
saciones informales preguntamos cuál era la necesidad más im-
portante de la comunidad y las respuestas coincidían en que las
problemáticas estaban relacionadas con el estancamiento de los
migrantes, es decir, las estancias prolongadas, la insuficiencia de
espacio para albergar a todos,31 la invasión de las calles, seguidas
por pedidos de dinero, comida o servicios.
Para determinar estas necesidades y opiniones se realizaron
entrevistas grupales y, a petición de los vecinos, se ofreció un taller
en el que se tocaron temas como las rutas de tránsito que seguían los
migrantes y las razones por las que habían abandonado sus lugares
de origen. Ambas actividades tuvieron lugar en los salones de la
iglesia y hubo una asistencia de entre quince y veinte personas.
A partir de las entrevistas realizadas, de la observación, investi-
gación documental y caracterización de sitios, se decidió emprender
la investigación de doctorado con la intención de afianzar la metá-
fora frontera vertical para explorar sus cualidades como categoría
analítica. Los datos dan cuenta de una contención de la movilidad
que no obedece a límites territoriales administrativos, que no de-
31
El reglamento de la casa del migrante impedía estancias de más de tres días,
salvo en casos donde existiera un problema de salud o embarazo, espera de resolución
de estancia legal u otro que ameritara protección prolongada. Algunas personas habían
sido vetadas de la casa por relacionarse con el crimen organizado, por consumo de
estupefacientes u otros delitos.
78 Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84.
De la metáfora al concepto: la frontera vertical desde el testimonio migrante
tiene a toda la población migrante sino a un sector específico; más
allá de la condición migratoria, esta frontera actúa sobre aquellos
que no pueden librarla, es decir, los más vulnerables. Simultánea-
mente, las comunidades son atravesadas por dicha frontera de forma
física con mallas ciclónicas, retenes y operativos, pero también en
los usos del espacio, por la presencia del crimen organizado y la
proliferación de “casas de seguridad”.
El caso de Lechería ofrecía todos los elementos para com-
prender a qué refería la metáfora en la experiencia de migrantes y
vecinos, pero nos faltaba conseguir información de estos mismos
procesos en el resto del trayecto, es decir, si se extendía, como lo
mencionaban los entrevistados, a todo México.
La compilación de una serie de datos de toda la ruta-frontera
se percibió como una tarea insostenible debido a los recursos
financieros y humanos con que se contaba. La superficie conti-
nental de nuestro país abarca 1 960 189 kilómetros cuadrados,32 y
se habla de al menos tres rutas principales para atravesarlo. Por
mencionar dos: 4 mil 137 kilómetros por la ruta de las vías férreas
de Tapachula, Chiapas, a Mexicali y 3 mil 392 por la de Tapachula
a Ciudad Juárez.
Para resolver esta problemática se realizó una compilación de
datos noticiosos que se codificaron, al igual que las entrevistas,
mediante el software maxqda con el objetivo de obtener una serie
de categorías que facilitaran el análisis de lo que ocurría en la zona de
Lechería, a la vez que nos permitiera conocer si estos procesos se
daban también en otros puntos de la ruta migratoria. El ejercicio
de codificación y análisis proporcionó categorías sustentadas en
datos y una ruta metodológica sistemática.
Las bondades que varios estudiosos de la migración han en-
contrado en la clasificación de datos cualitativos podría resumirse
en la explicación de Marina Ariza: “al condensar los datos en un
conjunto de unidades analizables relacionadas con categorías con-
ceptuales, el proceso de codificación en la investigación cualitativa
puede servir tanto a los objetivos de reducción analítica como a los
de ampliación conceptual”.33 Del ejercicio de codificación de datos
32
Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Referencias geográficas y extensión
territorial de México, en de: <[Link]
aspx?tema=T>. Consultada el 10-vii-2019.
33
Marina Ariza y Laura Velasco, “El estudio cualitativo de la migración interna-
cional”, en Ariza y Velasco, eds., Métodos cualitativos y su aplicación empírica: por los
caminos de la investigación sobre migración internacional, México, unam/El Colegio
de la Frontera Norte, 2012, pp. 12-43, p. 22.
Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84. 79
Gloria Marvic García
se desprende la posibilidad teórica de generar nuevos conceptos,
perspectivas, nuevas preguntas y niveles de reflexión.
Esta conformación de unidades de análisis nos permitió centrar-
nos en los procesos que ocurren en cada nivel. Como era previsible,
aquellos procesos de los niveles micro fueron semejantes a los
que ocurrían en el lugar de nuestro trabajo de campo. Por consi-
guiente no sólo podemos referir los procesos que se mencionan
en la frontera vertical, ahora dotada de un sentido conceptual, sino
también establecer relaciones en sus diferentes niveles de análisis.
Parte de nuestras conclusiones se encaminaron a comprender que
no sólo se trataba de una metáfora convertida en concepto, sino
que podíamos explicar estos procesos desde una perspectiva de
frontera, una tercera frontera que incluye la movilidad en tránsito
y que también produce transformaciones en las comunidades que
atraviesa, es decir, una frontera vertical.
Así, en la primera parte de este texto hemos desarrollado una
reflexión sobre las posibilidades hermenéuticas de la metáfora y sus
cualidades para redescribir la realidad; posteriormente, describimos
el procedimiento que seguimos para delimitar a qué proceso se
hace referencia con la noción frontera vertical y si estos procesos
se presentan en toda la ruta-frontera, en un ejercicio de ida y vuelta
entre los datos empíricos y las relaciones entre dimensiones del
problema.
Es decir, nos hallamos frente a una discusión permanente so-
bre la vinculación entre metodología y teoría, o el procedimiento
lógico que permite la vinculación entre los enunciados teóricos y
los observacionales. Para el caso que aquí presentamos ha sido un
reto mayúsculo partir de algo tan complejo como una metáfora y
proponer las unidades de observación, o procesos, a los que hace
referencia.
El primer reto fue suspender las nociones que el investigador
o la investigadora trae consigo —pues la primera noción a la que
remite el término frontera tiene que ver con límites territoriales— y
abrirse a la posibilidad de otro tipo de fronteras que conoceremos
a partir de la experiencia de los actores y a los elementos meto-
dológicos que nos proporciona la teoría fundamentada. Tal teoría
nos permite una reflexión constante sobre lo que encontramos en
campo y lo que ésta nos dice. Por supuesto, sería ingenuo pensar
que nuestra mirada prescinde de las perspectivas teóricas que
orientan nuestros cuestionamientos y elección del problema. El
principal ejercicio y complejidad consiste en no calzar de forma
80 Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84.
De la metáfora al concepto: la frontera vertical desde el testimonio migrante
forzada una con otra. Bronislaw Malinowski refiere este debate de
la siguiente manera:
Las ideas preconcebidas son perniciosas en todo trabajo científico, pero las
conjeturas son el don principal de un pensador científico, y tales conjetu-
ras le son posibles al observador sólo gracias a sus estudios teóricos […]
El investigador de campo se orienta a partir de la teoría. Desde luego, se
puede ser pensador teórico e investigador al mismo tiempo, en cuyo caso
uno puede buscar en sí mismo los estímulos. Pero estas dos funciones son
diferentes, y de hecho se ejercen por separado en las investigaciones reales,
tanto en el tiempo como en las condiciones de trabajo.34
Queremos destacar cómo este camino del que hemos hablado nos ha
permitido abrirnos a otras perspectivas teóricas e incluso construirlas
de la mano con la realidad a la que nos aproximamos, por eso refe-
rimos a las posibilidades epistémicas que nos ha proporcionado la
noción de frontera vertical.
Conclusiones
Durante las entrevistas y el trabajo de recopilación de datos cua-
litativos pudimos escuchar las explicaciones de los actores acerca
de cómo viven e interpretan los procesos que protagonizan.
Dentro de esos testimonios comúnmente se encuentran arraigadas
imágenes, alegorías, metáforas, con un valor descriptivo entre la
poesía y la retórica, como hemos visto.
Desde un inicio las expresiones “la Bestia”, “el tren del in-
fierno”, “la frontera vertical” mencionadas repetidamente por los
actores, invitaban a analizarlas como un indicio, en los términos
en que Carlo Ginzburg explica su paradigma indiciario:
El mismo paradigma indiciario […] puede transformarse en un instrumento
para disolver cortinas de humo […] Si la realidad es opaca, existen ciertos
puntos privilegiados —señales, indicios— que nos permiten descifrarla
[…] Indicios mínimos han sido considerados como elementos reveladores
de fenómenos más generales […] detalles aparentemente omitibles pueden
revelar fenómenos profundos de notable alcance.35
34
Bronislaw Malinowski, Los argonautas del Pacífico occidental I (1922), Anto-
nio J. Desmonts, trad., Barcelona, Planeta/De Agostini, 1986 (Col. Obras maestras del
pensamiento contemporáneo, núm. 67), p. 27.
35
Carlo Ginzburg, El queso y los gusanos, Barcelona, Atajos, 1976, pp. 151-152.
Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84. 81
Gloria Marvic García
Es decir, ya la descripción del tránsito traía consigo metáforas
sobre la vulnerabilidad y el riesgo, “la Bestia” como un enorme
amasijo de fierros que devora las extremidades de los que caen o
dan el traspié al querer trepar. La misma Bestia se transforma en el
“tren del infierno” cuando atraviesa las candentes tierras del norte
y cuando, a pleno rayo de sol, el fierro se calienta hasta quemar
la piel. Sin embargo, la frontera vertical daba indicios de una idea
distinta: una barrera que no se sabía cómo estaba constituida,
quiénes la custodiaban, quiénes la habitaban del otro lado y de qué
manera podría traspasarse.
No se trata puramente de experiencias subjetivas, sino de una
concepción del tránsito-frontera que puede ayudar a quienes tra-
tamos de comprenderlo, narrarlo y sistematizarlo, a cubrir lagunas
semánticas y tener herramientas desde los datos cualitativos hasta
la organización en un esquema explicativo teórico. Parecen casos
excepcionales cuando los mismos protagonistas generan estas
imágenes, abstracciones, para dar cuenta de una complejidad en
la que se encuentran inmersas las experiencias, las emociones, los
conflictos, el poder etcétera.
Valorar estas narrativas conlleva el precepto de considerar a
las personas como actores llevados por una intención y que res-
ponden a las problemáticas que enfrentan, además de que estas
acciones se redefinen en un campo de interacción; por esta razón
es que tomamos en consideración no sólo la frontera sino también
a quienes son contenidos y atravesados por ella.
Por otra parte, los procesos sociales que pueden estudiarse des-
de esta perspectiva requieren, en cada caso, estudios específicos.
Por ejemplo, en la transformación de espacios de forma física o en
sus usos por la contención de las movilidades, uno de los procesos
en los que ahora estamos centrando nuestra atención y más en el
contexto actual en el que se da a conocer públicamente la exigencia
de Estados Unidos al gobierno mexicano de evitar que la movilidad
del Sur al Norte global llegue a su frontera.
Las fronteras también se subcontratan, se desbordan, algo que
el sociólogo Basail Rodríguez enunciaba como uno de los “rasgos
emergentes de las sociedades contemporáneas”, es decir:
reconfiguración de límites fronterizos con nuevas atribuciones de sentido,
atrincheramientos, desdibujamientos y corrimientos […] Hoy las fronteras
políticas, lejos de borrarse, renuevan su vigencia, se anclan o refuerzan al
82 Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84.
De la metáfora al concepto: la frontera vertical desde el testimonio migrante
tiempo que, paradójicamente, el tradicional respeto por ellas se convierte
en disociación sistemática, lo que las hace monumentos parodiados.36
Hablar de verticalidad no sólo refiere al recorrido transversal del
territorio mexicano, señala también las relaciones Norte-Sur en el
contexto del mundo globalizado. Los efectos más notables de esa
verticalidad en migrantes y comunidades son las violaciones a los
más fundamentales derechos, la violencia ejercida desde el poder
hacia los más vulnerables, quienes de por sí arrastran condiciones
estructurales de marginación, pobreza y violencia.
Una perspectiva como la de frontera vertical para analizar
procesos de contención de movilidades ofrece una conceptualiza-
ción para la construcción social de la frontera, donde el espacio es
comprendido como una instancia al mismo nivel que la económica
y la cultural-ideológica. El geógrafo Milton Santos describe este
fenómeno como una instancia que contiene, a la vez que es con-
tenido; es decir, que la “economía está en el espacio, así como el
espacio está en la economía”.37
Por último, es importante destacar que gracias a las historias
de los actores, la experiencia sobre el tránsito y la elocuencia de
una metáfora como la frontera vertical es que encontramos otras
posibilidades de análisis sobre la movilidad y lo que ocurre cuan-
do ésta es detenida. La apertura para acercarse a estos hechos del
lenguaje no sólo proviene de quien investiga, sino también disci-
plinarmente, pues la sociología no posee los elementos suficientes
para desentrañar las cualidades expresivas del lenguaje. Repensar la
metáfora ofrece posibilidades heurísticas y epistémicas, por lo que
en los textos que ofrecemos seguimos con entusiasmo los esfuerzos
de pensar la movilidad, la frontera y sus narrativas.
36
Alain Basail, Fronteras des-bordadas: ensayos sobre la frontera sur de México,
México, Juan Pablos-Unicach, 2005.
37
Milton Santos, “Espacio y método”, Geocrítica. Cuadernos Críticos de Geografía
Humana (Barcelona), año xii, núm. 65 (septiembre de 1986), pp. 1-42.
Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84. 83
Gloria Marvic García
Resumen
Análisis de entrevistas a migrantes centroamericanos en tránsito por México
que muestran el surgimiento de expresiones para dar cuenta de las dificulta-
des que éstos enfrentan durante su camino por vía terrestre. El artículo explora
concretamente las posibilidades heurísticas de la metáfora frontera vertical en
su dimensión elocuente y descriptiva de la experiencia de los migrantes y los
procesos epistémicos y teóricos que se emprendieron durante la construcción
de dicho concepto.
Palabras clave: epistemología, migración, exclusión social, metodología.
Abstract
Analysis of interviews with Central American migrants in transit through Mexi-
co that reveal the emergence of expressions to account for the difficulties they
face in their crossing by land. Explores in particular the heuristic possibilities
of the metaphor of the vertical border, in terms of the eloquent and descriptive
dimension of the migrants’ experience, and the epistemic and theoretical pro-
cesses that took place in the construction of this concept.
Key words: epistemology, migration, social exclusion, methodology.
84 Cuadernos Americanos 171 (México, 2020/1), pp. 63-84.