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La Ahijada

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Felipe Oyarzún
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een en mbr sie Ahijada Es noche me toca esperar. Por eso he dejado tres lefios en la salamandra y he tomado la madeja y los palillos, y asi, con la manta envuelta sobre las piernas me he sentado al lado dela ventana y he dejado abiertas las cortinas, aunque poco sea lo que pueda ver hacia afuera. Porque si algo he aprendido en la vida es a esperar. ‘También he aprendido que la espera tiene muchas formas. Por ejemplo, puedo esperar sabiendo bien qué es lo que espe- ro ya qué hora llegara: asi aguardo el amanecer de cada dia. Hay otras cosas que espero y que sé que llegarin en algin momento, pero no exactamente cuiindo. Si espero de esta forma todos los ruidos se convierten en avisos que me hacen dar pequefios sobresaltos, y cuando esos ruidos no resultan ser de lo que espero siento una profunda desilusién o un profundo alivio. Asi esperaba mi luna, cuando todavia me venia. Asi espero también cada mafiana al Cholo, aunque cuando Ilegue finja que he estado durmiendo, pasando las horas en un mundo donde él no es mi hombre ni sale a pes- car de madrugada. 20 Me he dado cuenta de que aqui, en la caleta, hay personas que esperan cartas o que la vecina Carmencita les avise que tienen una llamada. Yo nunca he recibido una carta ni una lamada, pero intento sentir dentro de mi lo que les pasa a mis vecinos cuando esa carta o ese aviso no llega, y no llega, y no llega, y deambulan por la playa mirando al horizonte como si las cartas las trajeran las olas o las gaviotas o las nubes. Algunos dias espero sin saber qué es lo que viene, pero sila hora en que llegara. Creo que esto no le pasa a todo el mundo, porque no todo el mundo tiene una madrina como la mia, Esta espera ciega puede ser dulce si pienso que espero una sorpre- sa, o amarga si le doy paso al miedo y me temo lo peor. Casi siempre depende del nimo con que me haya levantado o de las sefiales que me haya enviado mi madrina, También espero, todos los dias, las sefiales de mi madrina. Por lo general espero sin saber qué espero nisi aquello ven- dré algiin dia. Sospecho que a mis vecinos les pasa lo mismo, porque se les nota en lo profundo de los ojos, aunque estén sonrientes y me den los buenos dias con amabilidad. Hay otros que no esconden esa espera incierta en los ojos, y di- ria que son los tinicos realmente felices. Pero son pocos. Los demés y yo nos hemos acostumbrado a vivir en esa espera, y la recordamos a veces en tardes tranquilas, cuando nos reco- nocemos en un suspiro como eternos esperadlores de algo que no sabemos qué es, pero que aguardamos con un anhelo tan grande que termina siendo lo que nos hace levantarnos todas las mafianas. Olvidaba decir que a veces esperamos a los muertos. Esa debe ser la espera més comiin en mi tierra. Yo espero de todas estas formas esta noche. En la espera aparecen los recuerdos y mi espera es tan sin- cera y silenciosa que se me aparecen por montones. Por ol- vidar esta angustia intento hacerlo en orden, como si la vida tuviera realmente un orden. Esta ilusiGn me reconforta. Sin lla la vida seria mucho més dificil. {Qué recuerdo? Recuerdo una espera lejana, una casa cru- jiente, un fuego de ayer. Recuerdo los ruidos de los pajaros y del viento y de la Iluvia, Me acuerdo de mi misma esperando algo que no sabia qué era ni cuando llegaria, aguardando a los muertos que no sabia que eran muertos. En ese recuerdo estoy sola, sentada sobre un suelo de madera, sin jugar ni hacer nada mas que esperar en silencio, como ahora, medio siglo después. Lo que llegé no era lo que esperaba: era una mujer que nunea habia visto y que me abrazé lorando y me dijo que me iba a llevar a otro lugar. También me dijo que no me ibaa dejar sola. La segui, monté a una carreta y nunca volvi a esa casa. Tampoco volvi a ver a mi madre. No recuerdo su rostro y sé que esta muerta, pero de todas formas la sigo esperando. Incluso esta noche la espero. O tal vez sea ella la que me esta esperando a mi, Esa mujer tenia olor a flores. Recuerdo que me explic6 que mi madre se habfa ido al cielo y que ella se habia enterado, y que por eso me llevaba. Dijo que ibamos a un lugar bonito y leno de arboles, donde nunca me faltaria la comida. Dijo también que tendria que trabajar, pero que no seria pesado para mi, no al menos hasta que fuera mayor. Dijo que podria contar siempre con ella, que no tenia que temer. Nada de lo 82 que dijo fue realmente una mentira, pero después ella murié y entonces si tuve miedo, Para entonces yo ya era una mujer. Ay, se me desordenan los recuerdos y no quiero ir tan ré- pido, porque si termino mi historia me enfrento a mi espera, a esta espera que parecer ser la tiltima, la definitiva, y aunque me he preparado toda la vida para ella no sé cémo enfrentarla, yentre la espera y los recuerdos prefiero los segundos porque al menos los conozco y hasta los puedo modificar. Mas la es- pera no acepta cambios ni correcciones, no acepta el orden ni el desorden, la espera es como el mar calmo que no dice nada ¥ que a la vez lo puede estar anunciando todo. En cambio los recuerdos son como la lluvia, que cae ordenadita de arriba ha- aunque a veces, cuando anda desatada, cuando hay demasiada agua cayendo como para ver las gotas, puede caer de lado y a veces hasta parece que en realidad esta subiendo hacia el cielo negro. Sin embargo, mis recuerdos no son demasiados: son sola- mente algunas gotas gruesas que han caido sobre el mismo charco. Yo soy el charco donde caen mis recuerdos. Yo estoy hecha de recuerdos y estoy hecha de la espera. Soy un charco negro de lluvia negra, porque mi memoria es oscura y porque yo soy oscura. Tengo un nombre, pero ya no sé si lo inventé yo misma o si de verdad me llamaron asi mis padres. Desde el dia en que llegué a ese lugar bonito con la mujer descono- cida he sido la Negra, Una vez un inquilino me dijo que no Je gustaba que me llamaran asi, que le parecia que se estaban riendo de mi porque era tan morena, que ese era un nombre de yegua y no de mujer. fl también era moreno, pero no tan- to como yo. Le [Link] no recordaba mi nombre y que 8 ‘me parecia bien ser como una yegua, porque me hacia pensar que cualquier dia podia pegar una patada y salir al galope y perderme entre los bosques o conocer al fin el mar. El hombre no entendié nada de lo que dije y desde entonces me llamé Rayén. Ahora recuerdo que fue él quien me bautiz6 asi. En cualquier caso, solo él me decfa asi, cuando nos escondiamos entre los arrayanes y los peumos para hacer el amor, y él re- petfa Rayén, Rayén, nunca supe si para evitar decirme Negra © porque habia amado a una mujer que si se llamaba Rayén. Después se fue a trabajar a otro lugar y olvidé que tuve un nombre. También me olvidé de los hombres, porque ese me hizo suftir cuando se fue y me juré que nunca més iba a suftir por uno de ellos. No cumpli esa promesa. Ahora en las mafianas sufro cuan- do el Cholo se demora, porque pienso que tal vez la mar, que tal vez la lluvia, que tal vez ese bote tan fragil entre las olas, Y sufto esta noche porque no lo he visto desde que partf con mis vecinos a despedir a don Florencio. Sufro porque no fui capaz de protegerlo, de quedarme con él en este dia. Sufro porque quise engafiar a mi madrina, Ella vino un dia, de noche. Yo dormia sobre la paja, y aun- que estaba cubierta con un poncho tiritaba de frio. Habia lle- gado a ese lugar bonito pocos dias atrs, o tal ver fueran me- ses. Ella vino y yo estaba softando, pero entonces desperté y la vi, Estaba parada frente a mi, y aunque no podia verle la cara supe que estaba sonriendo con dulzura. —

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