Evolución morfogenética del Valle de Tafí
Evolución morfogenética del Valle de Tafí
Mirian M. Collantes *
* Instituto de Geociencias y Medio Ambiente (INGEMA), Fac. de Cs. Nat. e IML.,UNT
Miguel Lillo 205, 4000 S. M. de Tucumán, mcollantes@[Link]
RESUMEN
ABSTRACT
The present work comprise the study of the morphogenetic and paleoenvironmental evolution of
the Tafí valley. The valley has been affected by a great climatic variability, particularly during the
Upper Pleistocene and Holocene, expressed in several paleogeomorphologycal and
paleoenvironmental indicators. In that sense, were analysed the following aspects: -) the spatial-
temporal evolution of the main relief units; -) litoestratigraphical and geochronological
characterisation and spatial distribution of the Pleistocene-Holocene deposits; -) paleoenvironmental
reconstruction of the study area based on the integration of geomorphic and litoestratigraphic
information.
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INTRODUCCION
El relieve actual del valle de Tafí presenta una amplia gama de indicadores morfogenéticos y
paleoambientales, producto de la dinámica geomorfológica generada por una gran variabilidad
climática y una tectónica recurrente, que afectaron el área durante gran parte del Pleistoceno-
Holoceno. Investigaciones realizadas durante en los últimos años, permitieron establecer su evolución
morfogenética y paleoambiental a partir del análisis de los siguientes aspectos: -) análisis espacial y
temporal de las unidades morfogenéticas, -) litoestratigrafía, geocronología y distribución espacial de
los sedimentos del Pleistoceno tardío - Holoceno; -) reconstrucción de la evolución paleoambiental del
valle mediante la integración de evidencias geomorfológicas y litoestratigráficas.
MORFOGENESIS
Se agrupan en esta clase las formas del relieve desarrolladas a través de procesos exógenos
tales como erosión y denudación, pero bajo un claro control de factores geológicos endógenos, como
son la litología y estructura.
Superficie cumbral degradada: esta superficie está caracterizada por un relieve plano a
suavemente ondulado, conservada en el sitio topográfico de las divisorias de aguas del drenaje actual
de la Sierra de Aconquija, las Cumbres Calchaquíes y la Loma Pelada. Se presenta como una forma
relictual de la antigua planicie que comprendía gran parte del área ocupada por las Sierras Pampeanas,
antes que se produjese su levantamiento. Está desarrollada sobre las rocas del Basamento ígneo-
metamórfico y en la actualidad presenta una cobertura de materiales limo-arcillosos, de carácter
loéssico.
La afirmación de continuidad, se basa en la correlación entre los remanentes de esta superficie.
Esta correlación, siguiendo los criterios desarrollados por Basili et al. (1997), está sustentada por: a)
continuidad o cuasi-continuidad espacial, b) concordancia de elevación teniendo en cuenta el posible
gradiente original, c) equivalencia de posición entre remanentes individuales locales de esta superficie.
Respecto a su génesis, Sayago (1983), admite la posibilidad de su desarrollo bajo clima
tropical o subtropical húmedo condiciones que habrían favorecido una intensa meteorización del
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sustrato rocoso, el cual habría sido removido con el advenimiento de condiciones subdesérticas,
facilitando la degradación de la vegetación y consecuentemente la evacuación de los materiales de la
superficie.
Los rasgos geomórficos actuales reflejan la intensa degradación que sufrió la superficie debido
a cambios climáticos de variada intensidad post levantamiento, durante el Pleistoceno-Holoceno. Así,
se encuentran en la Sierra de Aconquija indicadores paleoclimáticos tales como paleoformas de origen
glacial, que se observan en el Filo del Pajonal, a más de 3500 msnm. Así, pueden observar
paleocircos, en general pequeños, angostos y escarpados, bien conservados, producto de un cambio
climático regional que produjo un descenso del límite inferior de la nieve, de aproximadamente 1000
m, respecto al límite actual (por arriba de los 5000 msnm). Diversos autores han comprobado la
existencia de estos englazamientos, los cuales prácticamente constituye el límite septentrional del área
englazada (Sayago et al. 1991 y Collantes, 2001).
En las Cumbres Calchaquíes la superficie es menos evidente y presenta un alto grado de
disección por la acción de corrientes superficiales y procesos de remoción en masa. Por otra parte,
cabe tener en cuenta la incidencia que puede haber tenido en su evolución, el emplazamiento de un
ambiente glacial en la región de Huaca Huasi, al norte de la cuenca de estudio reconocido por diversos
autores, citados por Sayago et al. (1991) y Collantes (2001).
En la Loma Pelada la superficie cumbral está mejor conservada, tal vez porque los procesos de
disección han actuado con menor intensidad por su menor altura (2680 msnm) y posición en el relieve,
protegida por dos sierras de mayor altura.
Laderas denudacionales: Poseen en general un relieve abrupto, con pendientes mayores a los
20°, con desarrollo de valles, presencia de escarpas estructurales y grandes cicatrices de
deslizamientos inactivos. Reflejan morfológicamente la asimetría morfoestructural típica de las Sierras
Pampeanas, definida por escarpas abruptas hacia el oeste y suaves y extendidas hacia el este, producto
de la actividad tectónica (principalmente fallamiento) y la interacción entre la disección fluvial y los
procesos de remoción en masa, que actuaron con variada intensidad, durante el Pleistoceno-Holoceno.
Son indicadores de su evolución una elevada densidad del drenaje, valles secundarios
profundos y empinados, presencia de material coluvial inconsolidado, indicadores de reactivaciones
tectónicas, evidencias de acción glacial pasada y dinámica periglacial y precipitación pluvial y nival
actuales.
La ladera occidental de las Cumbres de Mala Mala-Cumbres Calchaquíes, es aquella con
pendientes más abruptas del valle (entre 25º y 40º). La sección correspondiente a las Cumbres de Mala
Mala se extiende aproximadamente entre las localidades de La Angostura y Tafí del Valle. A partir de
esta localidad se inicia el tramo denominado Cumbres Calchaquíes propiamente dicha, el cual forma
prácticamente una diagonal hasta el límite norte del valle, en el paraje de El Infiernillo, expuesta al
suroeste.
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Esta presenta grandes cicatrices de deslizamientos inactivos o fósiles (en la actualidad
estabilizados por la vegetación), los cuales representan en gran medida la magnitud de los procesos
gravitacionales y la enorme cantidad de detritos que fueron transportados pendiente abajo. Estos, se
correlacionan espacialmente con potentes conos de flujos de detritos cuya coalescencia dio lugar a un
extenso glacis cubierto en su piedemonte.
En las Cumbres de Mala Mala (sección sur), existe una correlación entre la disminución de la
intensidad de los movimientos en masa pasados y el decrecimiento altitudinal del cordón (2800 a 2500
msnm). Se destaca en cambio una acción fluvial más intensa, principalmente en el sector con
desarrollo de una red de drenaje de tipo dendrítica, vinculada a la generación de abanicos fluvio-
aluviales en su piedemonte.
En la ladera oriental de la Sierra de Aconquija, en tanto, la actividad tectónica determinó la
formación de valles estructurales, de rumbo submeridional, fondo plano, que forman parte de la
cuenca alta de los ríos Carapunco y Muñoz-Las Carreras. Estos evolucionaron a través de la erosión
lineal y la acción de procesos denudativos de las pendientes adyacentes, lo cual produjo su paulatino
ensanchamiento y posterior relleno por materiales aluviales, loéssicos o glaci-lacustres. La incisión
fluvial ha determinado además, el desarrollo de drenaje con diseño dendrítico a subdendrítico (con
valles de perfil en “V”) y paralelo a subparalelo en las áreas más intensamente afectadas por remoción
en masa actual o pasada. Se observan además, paleocircos glaciales en el área del Filo del Pajonal y en
la cuenca alta del río Muñoz-Las Carreras, indicadores de eventos fríos en la evolución paleoclimática
de la región. La acción de procesos glaciales-periglaciales, también se manifiesta en la génesis de las
formas pedemontanas (conos glacis) y en las características de los depósitos asociados
(cenoglomerados).
La ladera del Cerro Ñuñorco Grande, expuesta hacia el norte, si bien no presenta evidencias de
acción glacial, su cercanía a los englazamientos del Aconquija, puede haber contribuido a la acción de
procesos periglaciales que influyeron en su modelado, tales como crioclastía, criofragmentación y
solifluxión. Evidencias de una intensa meteorización con transporte de los materiales a través de
procesos de remoción en masa (flujos de detritos), se encuentran en su piedemonte. En la actualidad,
la ladera está sometida a los vientos secos del norte y no se observan procesos de remoción en masa
intensos.
La Loma Pelada, ubicada prácticamente en el centro de la cuenca, representa claramente a
nivel local el diseño morfoestructural de Sierras Pampeanas, caracterizado por una escarpa abrupta
hacia el oeste y una ladera con pendiente más suave y extendida hacia el este. Su ladera oriental, con
una pendiente general aproximada de 25°, posee una red de drenaje dendrítica a subdendrítica y
evidencias de la actividad tectónica a través de escarpas estructurales elongadas, perpendiculares al
rumbo de la sierra, principalmente en su extremo septentrional. Su menor altura relativa explicaría el
menor desarrollo de procesos cumbrales (nivación, crioclastía, remoción en masa) y por lo tanto, la
carencia de depósitos pedemontanos aglomerádicos.
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Unidades de origen denudativo
Las unidades de origen denudativo, son aquellas formas del terreno que han sido modeladas
por procesos “denudacionales”, tales como meteorización y transporte de materiales por erosión y
movimientos en masa (Van Zuidam 1985).
Glacis de erosión: esta geoforma está caracterizada por un plano topográfico inclinado, con
perfil longitudinal ligeramente cóncavo y uniforme, en cuya génesis intervienen factores tales como
relieve, estructura, litología, clima, vegetación, procesos geomorfológicos y tiempo (Van Zuidam
1976).
Entre estos factores, el clima es determinante en el desarrollo de procesos tales como
disgregación mecánica y química de las rocas y transporte de detritos a partir de escurrimiento
mantiforme (sheetflood), o en surcos (rill wash), lavado mantiforme (sheetwash), con zapamiento
lateral que dan lugar a la “glaciplanación” o denudación del sustrato sobre el cual se desarrollan.
En el área de estudio, los glacis de erosión fueron modelados principalmente sobre el loess de
la Formación Tafí del Valle (Collantes et al. 1993). Son superficies onduladas, disecadas en la
actualidad por corrientes temporarias, cárcavas y barrancos de erosión hídrica. Se encuentran en el
piedemonte de las Cumbres de Mala Mala, a la latitud de La Angostura, en los piedemontes oriental y
occidental de la Loma Pelada, en el piedemonte septentrional del Cerro Ñuñorco Grande en la zona de
confluencia del río El Mollar y el arroyo El Rincón y en el piedemonte oriental de la Sierra de
Aconquija (Figura 1).
En general los glacis de erosión presentan una pendiente que va moderándose lentamente
desde el contacto con la ladera hacia abajo, variando de 14% en los glacis más extensos a 8% en los
glacis más cortos. Se conectan con la ladera a través de una línea sinuosa, con entrantes del glacis en
el frente montañoso o engolfamientos (“embayment” de los anglosajones, “rinconada” de los
sudamericanos). Presentan en general un perfil longitudinal suavemente cóncavo en la parte apical
(contacto con la ladera) y ligeramente convexo en la parte media y distal.
En algunos sectores se observan dos niveles, ubicados topográficamente a diferente altitud
como ocurre en las cercanías de La Angostura y en La Mesada, en donde el nombre del paraje evoca la
posición estructural de la superficie erosiva, concordante con la estratificación dada por la alternancia
de loess sin edafizar y paleosuelos. La presencia de dos niveles se interpreta más bien como
consecuencia de la actividad de la neotectónica, más que en respuesta a dos ciclos erosivos diferentes.
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Cumbres Calchaquíes (entre la localidad de Tafí del Valle y Abra del El Infiernillo) y en el
piedemonte del Cerro Ñuñorco Grande.
En el piedemonte de Cumbres Calchaquíes, el glacis cubierto se desarrolló prácticamente a
partir de la coalescencia de conos cuyos materiales, de acuerdo a las características geomorfológicas,
sedimentológicas y estratigráficas, fueron transportados pendiente abajo por flujos de detritos,
provenientes de las partes más altas de la ladera, que dieron origen a la cubierta clástica.
Al respecto, de acuerdo con Collantes (2001), un aspecto importante es la relación procesos
morfodinámicos-clima en el desarrollo de paleoformas tales como los glacis cubiertos y por ende de
los materiales asociados. En este sentido, se debe tener en cuenta que considerables volúmenes de
materiales aportados desde las regiones elevadas aledañas y variaciones en la fluidez y competencia
del agente de transporte, son consecuencia de condiciones paleoclimáticas particulares que
favorecieron la desintegración y provisión de agua para poner en movimiento a los mismos, aspectos
que se discuten posteriormente.
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durante el Holoceno Medio (Sayago et al. 1991). De este modo, es posible observar en la cuenca alta
del cono, un conjunto de pequeños valles y circos glaciarios fósiles que constituyen el área generadora
de los depósitos antes citados. Por otra parte, las condiciones paleoambientales ligadas a la formación
de los depósitos cenoglomerádicos de dicho cono-glacis, dieron lugar a la formación de depósitos
glacilacustres interestratificados con los mismos, con marcada continuidad espacial a lo largo del valle
de fondo plano, que incide el cauce actual del río Muñoz, antes del ápice del cono.
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Terrazas fluviales: Las terrazas fluviales son formas con un significado temporal, que
documentan transiciones o variaciones en el tipo o grado de los procesos fluviales. Las del área de
estudio, poseen una extensión muy reducida y son predominantemente de acumulación. Este tipo de
terraza fue interpretado por varios autores como el resultado de la alternancia de ciclos de colmatación
y de incisión. La acumulación se produce por una modificación de la relación caudal-carga del río, ya
sea que se altere uno de los factores o ambos a la vez, con posterior incisión de estos depósitos.
Estas formas fueron identificadas en el río Tafí, entre la localidad de Tafí del Valle y el
embalse La Angostura y en el río El Mollar, en la zona de confluencia con el arroyo El Rincón, en
donde se observan dos niveles bien definidos. También se ha observado un nivel de terraza de
acumulación en los ríos Blanco y La Puerta. En general, son terrazas poligénicas de naturaleza
compleja, que reflejan un control climático y tectónico. El control climático se habría manifestado a
través de fluctuaciones entre períodos secos y húmedos. Durante los primeros, la desaparición de la
vegetación y la erosión del suelo desprotegido, suministraba sedimentos al cauce del río disminuyendo
su capacidad de transporte y depositándolos en su llanura de inundación. En los períodos de mayor
humedad, aumento de la acción fluvial el río incidía sus propios depósitos, quedando la antigua llanura
de inundación como un nivel de terraza elevada.
En ciertos lugares, como en la margen izquierda del río El Mollar, se detectó la influencia de
la tectónica reciente en el desarrollo de un mayor número de terrazas. El nivel superior está constituido
por una terraza de erosión que trunca el basamento, con una somera cubierta clástica, mientras que los
dos niveles inferiores son típicamente de acumulación.
Cauce actual – llanura de inundación: el cauce actual del río Tafí se inicia en las cercanías de
El Infiernillo, a una altura de aproximadamente 3000 msnm, comenzando como un sistema encajado
en los sedimentos que componen el piedemonte de la Sierra de Aconquija y Cumbres Calchaquíes.
Discurre a lo largo de una fractura regional, que controla su cauce, adquiriendo un rumbo general NO-
SE. Dicha incisión y encajamiento, determinan que este esté definido en su parte media,
aproximadamente entre la localidad de Tafí del Valle y Carapunco, por escarpas de erosión y/o
estructurales, alcanzando la de su margen izquierda hasta 60 m de altura.
La llanura de inundación muestra los efectos de importantes cambios o migraciones del canal
principal y de la sedimentación de materiales aportados por los tributarios provenientes de ambas
sierras, destacándose entre ellos los ríos Blanquito, La Bolsa, La Puerta y Carapunco. En este sentido,
cabe tener en cuenta que la morfología de los cauces, refleja los efectos de procesos presentes y
pasados. Por lo tanto, el análisis de sus modificaciones, desde una perspectiva espacial y temporal,
debe tener en cuenta el contexto geológico, las variaciones de la sedimentación en lapsos cortos de
tiempo, el rol variable de la vegetación, la influencia de las precipitaciones en la generación de
procesos erosivos y acumulación de material en el cauce, cambios climáticos seculares y el impacto
humano (urbanización, suministro de sedimentos aguas abajo, construcción de diques y embalses).
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Referencias del Mapa Morfogenético
Un importante proceso vinculado a la dinámica fluvial del río Tafí, es la erosión lateral de
cauce, que produce principalmente remoción en masa en las márgenes, tales como desplomes, lo cual
incrementa el volumen de sedimentos transportados, aguas abajo. Esta carga de sedimentos ha
producido una acelerada colmatación del Embalse La Angostura, disminuyendo su capacidad para
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albergar grandes volúmenes de agua durante los periodos de máximo caudal del río Tafí, aumentando
en consecuencia el área inundable, hacia la cola del embalse.
Depósitos loéssicos
Los depósitos loéssicos están representados por la Formación Tafí del Valle (Collantes et al.
1993), que constituye una de las secuencias de loess y paleosuelos interestratificados más completa de
Sudamérica, tanto desde el punto de vista de estratigráfico como de su importancia para la
interpretación de la evolución paleoclimática en la región, durante el Pleistoceno tardío-Holoceno
Inferior. Los perfiles más completos se encuentran en La Angostura (Holoestratotipo Zanja del
Chivo), La Mesada (Paraestratotipo La Mesada) y Las Tacanas (Paraestratotipo El Lambedero),
alcanzando espesores de entre 20 y 60 m aproximadamente.
El loess se define como “un sedimento clástico terrestre, compuesto predominantemente por
partículas tamaño limo, el cual es formado esencialmente por la acumulación de polvos soplados por
el viento” (Pye 1995). Estos depósitos adquieren mayor relevancia cuando presentan paleosuelos
interestratificados, por su utilidad en la reconstrucción paleoambiental. Un paleosuelo indica un hiatus
o una atenuación en el proceso de depositación de un sedimento, tiempo en el cual se considera que la
superficie fue estable y con cobertura vegetal, la cual en alguna medida contribuyó al desarrollo de un
suelo. Por lo tanto, un paleosuelo provee información sobre las condiciones ambientales imperantes
durante su desarrollo, o durante el mencionado hiatus deposicional. Además, secuencias de este tipo
contienen evidencias de cambios climáticos cíclicos, alternantes entre fases de sedimentación eólica
durante estadios fríos y episodios de formación de suelos durante estadios cálidos (Lowe y Wolker
1997).
El Paraestratotipo La Mesada posee 42,5 m de espesor, con desarrollo de 28 paleosuelos
interestratificados con 26 capas de loess, encontrándose a veces, dos horizontes edáficos consecutivos.
Dataciones radimétricas (C14 – Center for Isotope Research of the University of Groningen), indican
para este Paraestratotipo una edad Pleistoceno Tardío - Holoceno Inferior (Sayago, 1995 y Zinck y
Sayago 1998, 1999, cit. por Collantes 2001). Para el Paraestratotipo El Lambedero, de
aproximadamente 60 m de espesor y con características similares a las descriptas para La Mesada, se
obtuvieron edades de 38.900 ± 500 AP y 12.050 ± 60 AP (AMS Radiocarbon Research Laboratory,
University of Colorado at Boulder), en la base y en el techo de dicha secuencia, respectivamente
(Kemp et al. 2004).
Un aspecto relevante del loess del valle de Tafí, fue el hallazgo de vertebrados fósiles, en
diferentes afloramientos. Todos los restos yacen sobre paleosuelos y constituyen una asociación típica
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de la Edad Mamífero Lujanense (Collantes et al. 1993 y Powell et al. 1992, 1993, cit. por Collantes
2001), lo cual permitió confirmar una edad Pliestoceno Tardío-Holoceno Inferior.
Los depósitos de remoción en masa del valle de Tafí, constituyen en general, el registro
sedimentario de eventos múltiples de “flujos de detritos”. Estos, además de estar vinculados a la
evolución de las laderas de proveniencia, son indicadores de las variaciones climáticas producidas en
la región, durante el Pleistoceno Tardío-Holoceno (Collantes 2003).
Con el propósito de establecer las condiciones ambientales de generación de dicho proceso en
los diferentes piedemontes, se estudiaron desde el punto de vista geomorfológico, sedimentológico y
estratigráfico tres secciones tipo: Perfil La Bolsa (piedemonte de las Cumbres Calchaquíes), Perfil El
Potrerillo (piedemonte del Cerro Ñuñorco Grande) y Perfil Río Blanco (piedemonte de la Sierra de
Aconquija). En dicho estudio se tuvieron en cuenta los siguientes aspectos: -) factor generador o
mecanismo de producción del material que constituye la masa detrítica del flujo, -) factor o
mecanismo detonante del inicio del movimiento de los materiales que conforman el depósito, -)
mecanismo de transporte o de remoción de la masa detrítica, -) características del depósito producto de
dicho proceso.
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aire húmedo, requerido para producir lluvias torrenciales, iniciándose de este modo procesos
denudacionales como flujos de detritos. No obstante, no se puede descartar la probable influencia de la
sismicidad como mecanismo detonante del movimiento de los materiales, tomando en cuenta
indicadores geomorfológicos de actividad tectónica durante el Pleistoceno-Holoceno, principalmente
en un ambiente morfoestructural complejo, como es el de Cumbres Calchaquíes.
La presencia de paleosuelos (horizontes Bt) interestratificados con cenoglomerados en la
mitad superior del perfil, refleja la variabilidad climática y morfogenética a la que estuvo sometido
este sector del valle: alternancia de periodos fríos y húmedos con desarrollo de flujos de detritos,
periodos fríos y secos con transporte y depositación de loess y periodos cálidos y húmedos que
permitían el desarrollo de procesos pedogenéticos. Con relación a la cronología de los depósitos
analizados, gran parte de la secuencia se desarrolló durante el Pleistoceno tardío y culminó durante el
Holoceno Inferior (Collantes 2003).
Perfil El Potrerillo: los sedimentos que integran este perfil, están asociados con grandes
cicatrices y escarpas de remoción en masa, ubicadas en las pendientes más fuertes de las cuencas de
proveniencia de los depósitos, cerca de la zona cumbral del Cerro Ñuñorco Grande. Características
tales como la pobreza de selección, el tamaño grueso de los clastos y bajo redondeamiento, el % de
matriz y bajo contenido de elementos finos en la misma, así como la presencia de capas psamíticas
tabulares en el tope de cada flujo y lentes de arenas y limos con laminación fina o imbricación
incipiente, demuestran que estos materiales fueron depositados por flujos de moderada fluidez, sin
perder los depósitos su carácter de cenoglomerado. En este sentido, se identificaron cinco flujos, en
toda la secuencia.
La interrelación clima-procesos geomorfológicos queda claramente expuesta en la evolución
paleoambiental de los depósitos estudiados, ya que factores tales como considerables volúmenes de
materiales aportados desde las laderas elevadas aledañas y variaciones en la fluidez y competencia del
agente de transporte, son consecuencia de condiciones paleoclimáticas particulares que favorecieron la
desintegración y provisión de agua para poner en movimiento a los mismos. En tal sentido, un alto
contenido de arena, principalmente arena media a fina, el cual a su vez se incrementa hacia el techo de
la secuencia, marcan una tendencia a la fluidización en los flujos.
Los cenoglomerados se encuentran interestratificadas con capas arenosas, producto de la
depositación rápida debida a procesos intermedios entre flujos fluviales normales y flujos de detritos
densos. Smith (1987), ha caracterizado depósitos similares interestratificados con flujos de detritos,
como “depósitos de flujos de inundación hiperconcentrados”. En algunos casos estas capas presentan
contactos gradacionales con el flujo infrayacente y en general son masivas y de poco espesor.
Cabe destacar, que en el Cerro Ñuñorco Grande no se observan morfoindicadores de acción
glaciar pasada. No obstante, se podría atribuir la gran producción de detritos removidos luego
pendiente abajo, a la acción de procesos periglaciales, teniendo en cuenta lo expresado por Dorn
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(1994), en el sentido de que el termino “periglacial”, no implica la necesidad de la ocurrencia de un
evento glacial. A esta secuencia se le asigna una edad Holoceno Medio-Holoceno Superior, por
correlación desde el punto de vista morfocronológico con los flujos desarrollados en el piedemonte de
la Sierra de Aconquija (cono glacis del río Blanco).
Perfil Río Blanco: el rasgo más sobresaliente de esta secuencia, es la presencia de flujos de
detritos interestratificados con paleosuelos de origen loéssico, lo que muestra desde el punto de vista
geomorfológico, alternancia entre períodos de estabilidad y períodos de inestabilidad de las laderas,
motivados por variaciones climáticas, las cuales influyeron además, en la distribución espacial e
intensidad de estos flujos. En este sentido, desde el punto de vista paleoclimático, la relación existente
entre los depósitos clásticos pedemontanos y los englazamientos finipleistocénicos y holocenos en la
Sierra de Aconquija, ha sido descripta por Sayago et al. (1991). Esta relación, establecida sobre la base
de evidencias geomorfológicas y estratigráficas y a datos cronológicos, permite atribuir a procesos
glaciales-periglaciales la producción de grandes cantidades de detritos, removidos luego pendiente
abajo.
Con relación a los paleosuelos, tomando en cuenta que estos se desarrollaron a partir de loess,
su presencia adquiere una gran significación cronológica y paleoambiental. Evidencian la recurrencia
de periodos con predominio de condiciones frías y relativamente húmedas, alternantes con ciclos con
mayor estabilidad morfogenética, con desarrollo de paleosuelos bajo condiciones posiblemente menos
frías. Otro aspecto importante de esta secuencia desde el punto de vista estratigráfico, es el aporte de
ceniza volcánica (tefra), en la mitad superior del perfil, lo cual influye notablemente en las
características de los cenoglomerados suprayacentes.
Desde el punto de vista cronológico, los depósitos del Perfil Río Blanco suprayacen a la
Formación Tafí del Valle (Pleistoceno tardío-Holoceno Inferior). Asimismo, los datos cronológicos
aportados por Sayago et al. (1991) y Sampietro y Sayago (1998), permiten afirmar que el mismo se
desarrolló durante el Holoceno Medio - Holoceno Superior. Por otra parte, a pesar de sus similitudes
morfogenéticas, es evidente que la génesis y transporte de los depósitos detríticos, fue diferente en el
cono glacis del río Blanco, si comparado con aquellos desarrollados en los piedemontes del Cerro
Ñuñorco Grande y de Cumbres Calchaquíes; menor rango textural, mayor presencia de agua, mayor
selección con el transporte, menor ciclicidad de los flujos.
Los depósitos de origen fluvial-aluvial, están representados en el valle de Tafí, por los
materiales asociados a los abanicos aluviales (fanglomerados) y aquellos que conforman las terrazas
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fluviales o niveles aterrazados (litofacies de variada granulometría y génesis) de los ríos Tafí, El
Mollar y del Arroyo El Rincón, principalmente.
Perfil La Puerta: este perfil es representativo de los depósitos asociados a los abanicos
aluviales, desarrollados en el piedemonte occidental de las Cumbres de Mala Mala. Fue descripto en la
margen derecha del río La Puerta y está integrado por materiales de carácter fanglomerádico,
observándose un hiatus en la sedimentación de estos depósitos, a través de la presencia de una capa de
tefra localizada aproximadamente en la parte media del perfil, si bien de poco espesor. Un rasgo
sedimentario sobresaliente es la gradación, configurando un conglomerado organizado, polimodal,
clasto portante, en el que la matriz es en general arenosa gruesa, subordinada, con características
composicionales relacionadas a la litología de los materiales psefíticos (predominantemente granítico).
La mitad inferior caracterizada por una secuencia clástica de dos ciclos granodecrecientes
vinculados entre sí a través de una transición textural poco evidente, indica que se formó a partir de
una corriente de alta fluidez dado el bajo contenido de matriz, produciéndose un decrecimiento
progresivo de energía y competencia, en cada ciclo de depositación. En tanto que en la mitad superior
el proceso es inverso, con ciclos granocrecientes que indican un aumento de energía y por lo tanto de
competencia, si bien se observo una tendencia a un aumento del contenido de matriz, paralelamente a
un enriquecimiento en elementos finos (limo-arcilla), lo cual incidió en la fluidez del medio de
transporte. También podría deberse, a la incorporación al flujo de elementos finos de la tefra sobre la
cual se emplazó o del retransporte de materiales loéssicos, de acuerdo a los análisis mineralógicos
efectuados por Collantes (2001).
En base a evidencias geomorfológicas se estima que el primer ciclo de agradación del abanico
de Los Cuartos, se desarrolló durante el Holoceno Medio.
Perfil El Rincón: los materiales asociados a las terrazas fluviales, presentan variadas
características sedimentológicas, según sean las fuentes de aporte, por ejemplo, sedimentos provistos
al cauce directamente por los tributarios, retransporte de materiales depositados con anterioridad,
sedimentos no fluviales transportados y depositados por otros mecanismos en la zona de actividad del
río, por ejemplo, remoción en masa.
El Perfil El Rincón fue descripto en la margen derecha del río El Mollar, en el área de
confluencia con el Arroyo El Rincón, aproximadamente 8 km al suroeste, de la localidad de El Mollar.
Este, refleja la variedad de procesos y cambios climáticos ocurridos durante el Holoceno Medio y
Superior en el valle de Tafí. Las características de los materiales con que se inicia la secuencia, un
conglomerado basal con estructuras entrecruzadas y clastos redondeados de litología metamórfica y
granítica, que es reemplazado por sedimentos de granulometría más fina, indican un ambiente de
depositación de tipo fluvial, en el cual se evidencia un importante cambio en la dinámica del agente de
transporte manifestado por una progresiva disminución en su energía de transporte.
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Tales características pueden interpretarse como un cambio en las condiciones del clima desde
áridas-semiáridas con desarrollo de torrentes de alta energía y competencia, que transportaban gran
cantidad de materiales producto de la intensa meteorización física y química en las laderas
circundantes, pasando a condiciones de sedimentación tranquila y uniforme, reflejo de condiciones
más húmedas y el consecuente aumento de la cobertura vegetal.
Posteriormente, la presencia de sedimentos lacustres indica en principio, una obstrucción del
drenaje, tipo endicamiento, que dio lugar a la formación de un lago o laguna, de extensión media
reducida y poco profundo. El mismo puede haber sido producido por un flujo y/o deslizamiento, de
origen climático o tectónico. El espesor de los sedimentos (1 m), nos permite inferir que la persistencia
temporal de esta cuenca fue relativamente corta. Se destaca un alto contenido de restos vegetales, en
una sedimentación cíclica (ritmitas), con aspecto de seudovarves, en donde alternan capas orgánicas
oscuras, con capas limosas ó arcillosas, probablemente producto de variaciones climáticas
estacionales.
Luego, los materiales suprayacentes indican un pasaje brusco a condiciones climáticas
similares a las anteriores a la formación de la laguna, determinando una sedimentación clástica de alta
energía, a la cual puede haber contribuido también, una nueva modificación del relieve. Estas
condiciones decrecen en forma gradual, simultáneamente con un progresivo aporte de cenizas
volcánicas que prueban la paulatina transición hacia un clima más árido, al menos por un corto
periodo, con intensa acción eólica, manifestada por la depositación de materiales loéssicos.
16
los criterios establecidos por Eyles y Miall (1984), lo definen como un lago periglacial, es decir, un
lago desarrollado a cierta distancia del hielo glaciar y en principio alimentados por “outwash streams”,
(Collantes 2001). Esta secuencia, de 4,30 m de espesor, aporta interesantes evidencias sobre las
características ambientales del área de estudio, en un lapso de tiempo de entre 400 y 500 años,
aproximadamente. El paleolago está relacionado a englazamientos relativamente pequeños
desarrollados en la ladera media de la Sierra de Aconquija, contemporáneamente con el periodo
neoholocénico, el cual se caracterizó por una mayor humedad climática, traducida en procesos de
nivación y glaciación limitada. La recurrencia de capas de diferente granulometría (laminación rítmica
de arcillas y arena fina a muy fina) y espesor, reflejan cambios térmicos y/o hídricos, traducidos en
incremento o decrecimiento de la energía de transporte de las corrientes fluvio-glaciales, en respuesta
a una gran variabilidad climática.
En síntesis, los sedimentos glacilacustres de las pendientes altas de la ladera occidental de la
Sierra de Aconquija y los sedimentos lagunares o fluvio lacustres de El Rincón, permiten inferir un
marco climático para el Holoceno Medio dominado por condiciones más húmedas (y más frías en las
áreas cumbrales), en respuesta a la circulación atlántica, reflejada en la mayor humedad de las laderas
expuestas a los vientos húmedos del este.
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FORMAS FORMAS FORMAS FLUVIO-
ESTRUCTURAL - DENUDATIVAS ALUVIALES
DENUDATIVAS (GLACIS DE (ABANICOS,
(SUPERFICIE EROSION, GLACIS TERRAZAS)
CUMBRAL Y CUBIERTO, CONO
LADERAS) GLACIS)
Pedogénesis, Llanura de inundación, Epigénesis cursos actuales
S poblamiento terraza fluvial, cauces (Tafí, Los Cuartos, El
U vegetación actual actuales Mollar, Blanco)
P Acumulación eólica Desertificación – Periodo Erosión eólica e hídrica
E Medieval Cálido (Sayago
R et al. 2001)
I Acciones periglaciares Paleosuelo 2.480 ± 110 Fanglomerado Los
O atenuadas AP (Sampietro y Sayago, Cuartos (Ciclos II y III)
H R 1998)
O Flujos de detritos (Ciclos
L II y III)
O M Glaciarismo atenuado Flujo de detritos (Ciclo I) Fanglomerado Los
C E (Sayago et al., 1991) Acciones glaci-lacustres, Cuartos (Ciclo I)
E D 5.950 ± 90 AP (Sayago et
N I al., 1991)
O O
I Glacis Nivel II (sobre
N loess) – Periodo
F Altitermal, 6.000 – 8.000
E AP (Clapperton, 1993)
R Complejo
I cenoglomerados-
O paleosuelos La Bolsa,
R 8.610 – 47.000 AP
S Morrena III ? (Collantes, 2003)
P U Morrena II ?
L P Morrena I ?
E E Complejo Loess-
I R paleosuelos F. Tafí del
S I
Valle, > 47.400 – 12.050
T O
± 60 AP (Collantes et al.,
O R
1993)
C
INF. Glacis Nivel I (sobre
E
N
A Terciario), < 0,6 ± 0,14
MED. ma (Strecker 1987).
O
El modelado del segundo nivel de glacis de erosión (sobre loess), coincidiría con el Período
Altitermal, ocurrido durante el Holoceno Inferior, de acuerdo con Clapperton (1993) y se habría
desarrollado bajo condiciones en general, de clima árido a semiárido. No obstante, es atinado pensar
en periodos de mayor humedad dentro de este ciclo árido, como para producir flujos mantiformes y
remoción del material suelto previamente meteorizado.
Durante el Neoholoceno, un aumento de la humedad generó un incremento de la actividad
glacial-periglacial y lacustre, en la ladera oriental de la Sierra de Aconquija, dando lugar al desarrollo
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del primer ciclo de depositación de los conos glacis y los flujos de detritos asociados al glacis cubierto
del piedemonte del Cerro Ñuñorco Grande y al inicio de la construcción (primer ciclo) de los abanicos
aluviales del piedemonte de las Cumbres Mala Mala. En la ladera de Aconquija en tanto, la
persistencia de una dinámica fluvio-glacial, determina el desarrollo de ambientes lacustres o lagunares
en varios sectores, corroborando la recurrencia de periodos húmedos, relativamente fríos, alternantes
con otros más secos.
La transición desde el Holoceno Medio al Superior, se caracteriza por un progresivo pasaje de
condiciones relativamente húmedas, al predominio de la aridez. Así, se produce un paulatino
decrecimiento en la energía de transporte y depositación de los flujos de detritos, sugiriendo el inicio
de condiciones de semiaridez.
La instalación de las condiciones climáticas actuales, genera la epigénesis de los sistemas
fluviales actuales, desarrollándose cursos fluviales permanentes en los diferentes piedemontes. La
instalación de los sistemas fluviales actuales como el río Tafí (con dos niveles de terrazas climáticas) y
sus principales tributarios inician la configuración del paisaje actual.
CONCLUSIONES
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