Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
Capitulo 1
LA EXPERIENCIA DE LA PERDIDA
Las pérdidas son la sombra de todas las po-
sesiones, materiales ¢ inmateriales.
Cantos S.uzkt, terapeuta familiar
Trata todo lo que tengas como si fuera una
porcelana preciosa porque algiin dia des-
aparecerd.
Diana Brapiey,
superviviente del atentado
de Oklahoma (19 de abril de 1995);
perdié a su madre, a sus dos hijos
yy su pierna derecha en la explosion
‘Una mujer de mediana edad se queda viuda tras el repen-
tino ataque al corazén de quien habia sido su marido duran-
te los tiltimos 20 aos, quedando al cargo de tres nifios de cor-
ta edad. Unos jévenes padres quedan desconsolados tras la
inexplicable «muerte stibita» de su bebé. Una familia de Cali-
fornia se ve obligada a mudarse cuando un deslizamiento de
tierras destruye su casa y su cosecha. Una comunidad y una
nacién entera quedan conmocionadas, ultrajadas y con una
intensa sensacién de inseguridad después de un atentado te-
rorista sin sentido en un complejo de oficinas federales, que
acaba con las vidas de muchos nifios y adultos.
Las pérdidas provocadas por sucesos como éstos son s6lo
Jas mas evidentes de las que podemos suftir alo largo de nues-
tras vidas. Otras son més sutiles, estin més «escondidas» o no
25gozan de una definicién social ran clata. Un ejecutivo se de-
prime y no deja de preguntarse qué es lo que ha hecho mal
cuando pierde su trabajo a causa de los «recortes» de su com-
pafifa. Un chico se siente traicionado y se disgusta cuando su
novia le deja por otro. Una madre soltera lamenta la pérdida
de su hijo nonato después de un aborto espontineo. Una fa-
milia ve cémo la evitan y la estigmatizan tras ¢l suicidio de
uno de sts miembros. Un homosexual se siente marginado y
atacado cuando los padres de su pareja le impicen asistir al fu-
neral que celebran en honor de ésta. Un nifio se enfada y se
siente dolido cuando sus padres intentan aliviar el dolor que
siente por la muerte de su mascota regaléndole otra. El dolor
que provoca este tipo de pérdidas puede verse agravado por la
incomprensidn, el sentimiento de culpa o la simple falta de
atencién de las pecsonas pertenecientes al entorno social de
los afectados, ya sea éste la familia, el puesto de trabajo o la
comunidad, haciendo atin mayor la carga de angustia, secre-
tismo 0 culpabilidad de aquellos cuyo dolor no se permite, se
trivializa 0 no se reconoce."
1. Deeste tipo de pérdidas que carecen de reconocimiento socal se dice
‘que estin sprivadas de derechose, ya que quienes las suffen no pueden dis-
frutar del estatus y apoyo que solemos dar a las personas que sufren la nu
‘ede un familiar cescano. En algunas ocasionesllegamos a privar de este tipo
de derechos a personas que han suftido pérdidas reconocidas convencional-
‘mente, como cuaido damos por supuesto que los nifios, los retrasados mer
tales o las personas de edad con problemas de salud carecen de la faculeades
‘mencales necesarias para claborar su edueloy el y como solemos entender.
Por desgracia, esa practica suele tener como resultado la marginacién de
grupos enteros de afectados, cuyas experiencias no son comprendidas y son
‘gnoradas por las personas que les rodean.
‘Aunque este concepto puede ser muy dl importante tener en cuenta
«que, a medida que van cambiando los hibitos sociales, se van renegociand los
limites establecidos enere las personas cuyas pérdidas poran de reconocimiento
social y aquellas que se ven privadas de derechos. Por ejemplo, en la acruclidad
hay muchos hospitales que ofrecen servicios de atencién psicosocial a padres
26
Para entender la experiencia de la pérdida, suele ser iil re-
conocer su. omnipresencia en la vida humana, En cierto
modo, perdemos algo con cada paso que avantzamos en el via-
je de la vida, cosas que van desde las mas concretas, como las,
personas, lugares u objetos, hasta las més inmateriales, pero
no por ello menos significativas, como la juventud o los sue-
fios ¢ ideales que se desvanecen cuando nos enfrentamos a las,
duras «realidades» de la vida. Ni siquiera las transiciones mas
positivas estan libres de la experiencia de la pérdida, ya que
cada ascenso en nuestro trabajo comporta la aparicidn de cier-
ta tensién con las amistades que habjamos establecido, el na-
imiento de un hijo priva a sus padres de una serie de liberra-
des que habian dado por supuestas, la admisién de un hijo en
la universidad que ha escogido enfrenca a sus padres a la sole-
dad de un «hogar vacfor y la disolucién deseada de una rela
cién sin amor hace necesarios complejos ajustes en la vida so-
cial. Y lo que ¢s atin més revelador, aunque raramente nos
paremos a pensarlo, la vida nos obliga a renunciar a todas las
relaciones que apreciamos, ya sea a raiz de separaciones, cam-
bios de domicilio o de las muertes de otras personas o de nto-
sotros mismos. Cada una de estas pérdidas inevitables va
acompafada de su propio dolor y nos afecta de una manera
‘que han suftido la muerte perinatal de un hijo se les permite abrazar y poner
nombre al bebé, se sacan foros del nifo, conservindolas para entregirsels si
las piden mis adelante, se les dala mancita del bebé para que conserven tn re-
‘cuerdo de dl, etc. Del misma modo, como iremos viendo a lo largo de este i
bro, hay algunas grandes companias (entre as que se encuentran varias empre-
sas que ofrecen productos dirigidas a ls familias, como Walt Disney) que
«stin implantando politicas més generosas de petmisos aborales para emplea-
dos que han perdido a una pareja con la que no estaban casados (por ejemplo,
ppaejas de gays y lesbianas o parejas de hecho). Ken Doka (comp. prescnta al-
‘nos comentarios inteligentes sobre las pérdidas que carecen de reconoci-
miento social y las implicaciones que tienen para la teoria del duelo en Diten-
{franchised grief 1989, Lexington, Massachusetts Lexington Books,
aparticular. Y, sin embargo, la nica alternativa.a sentirel pro-
Fundo vacio que dejan es llevar una vida superficial y carente
de compromisos, evitando establecer apegos genuinos con
otras petsonas para intentar mitigar el dolor de su inevitable
pérdida.?
Las inevitables transiciones por las que pasamos desde
smuestra infancia hasta que alcanzamos la edad adulta nos em-
Pobrecen al mismo tiempo que nos entiquecen, por lo que es
importante reconocer que todo cambio implica una pérdida,
del mismo modo que cualquier pérdida es imposible sin el
cambio. Mi objetivo en este capitulo es exponer algunas carac-
teristicas comunes de la respuesta humana a las pérdidas més
significativas, examinando los desafios que plantean a carto y
largo plazo a quienes las experimentan. Los teéticos ¢ investi-
2. Un desarrollo interesante de esta idea considera que pricticameente
daa dma cen cin emt
‘miento 0 fracaso en el establecimiento de relaciones de rol profundas, Cuando
sstablecemos este tipo de relaciones, dejamos que los demas tengan acceso «
‘nuestras percepciones, creencias y valores ms ntimos, las que mds valoramos,
ue son al mismo tiempo los que nos hacen mis vulnerables, El fracaso en los
intentos por hacer una inversidn o corre ricsgos en el establecimiento de reas
.
‘Satty, 37 afios
Sin embargo, los demds pueden ayudarnos con su apoyo y
‘comprensin a atravesar el valle de la desesperacién, a em-
prender la larga travesia que lleva a la reorganizacién y la
‘tenovaciGn. Pero el camino es pedregoso y es de esperar que
‘nuestro funcionamiento se vea afectado en las ocasiones que
tienen un mayor significado simbilico (vacaciones, cumplea-
fos, aniversarios de la muerte), especialmente a lo largo del
primer afio. Con el tiempo, a medida que vamos asimilando
las lecciones que nos ensefia la pérdida y aprendiendo a en-
frentarnos a un nuevo mundo que ha quedado empobrecido
para siempre, podemos ver el dolor con cierta perspectiva y
dedicarnos a la vida con mayor plenitud. Pero este proceso es
‘més largo de lo que muchos piensan, tiende a durar afios en
lica la ica de «picos a
duelo», afios o incluso déca
éxperiencias constituyen una parte normal y habitual de te
acomodacién a la muerte de alguien (o algo) que apreciamos
4y no deberian interpretarse como manifestaciones de regre-
siones o de falta de «resolucién» del proceso de duelo.
Para mi, el primer afio después de la muerte de mi marido
fue el afio de mis «primeras veces: mis primeras vacaciones
sin él, mis primeras Navidades como madre soltera, mi prime-
ra vuelta al trabajo en muchos afios. Muchas de ellas me deja-
ron una sensacién agridulce, pero algunas fueron realmente
agradables, como la primera vez que me ref a gusto después de
su muerte o a primera vez que me di cuenta de que podia ha-
cet lo que quisiera sin tener que pedir permiso a nadie. Hubo
mucho dolor en este primer o dos primeros afios, pero, cuan-
do miro atrés, veo que también hubo mucho crecimiento.
Doris, 45 aos
‘Antes crefa que el duelo era algo que estaba limitado en el
tiempo, que aparecia cuando alguien morla, pero que podia
«claborarse» en unos meses 0 afios en la mayoria de los casos,
Ahora ya no pienso de la misma manera. Mi padre murié
cuando yo era s6lo un nifio, pero he sentido intensamente su
ausencia en muchos de los pasos de mi desarrollo personal,
‘como cuando me licencié en la universidad sin que él estuvie-
raall{ para verlo o cuando mi esposa y yo tuvimos nuestro pri-
‘mer hijo y me di cuenta de que nunca conoceria a su abuelo.
No creo que las lagrimas que vert{ en esos momentos signifi-
quen que haya elaborado mal mi duelo, sino mis bien que mi
padte sigue siendo una presencia ausente en mi vida, que for-
sma parte de mi,
Bos, 39 afios
Dustos compuicapos
Aunque es importante no «patologizar» el duelo presen-
tandolo como si fuera una enfermedad, también es importan-
42
te reconocer que la reorganizacién satisfactoria de la propia
vida después de una pérdida importante no es un resultado
que esté garantizado. En realidad, podemos quedar catas-
cados» de muchas maneras en el ciclo del duelo; el duelo pue-
de estar aparentemente ausente, cronificarse o representar una
Amenaza para nuestra vida, Estos resultados negativos son mas
probables en los casos de pérdic ceanditost (por ejemplo,
las que implican dafios en el propio cuerpo, como los ataques
fisicos o las violaciones, o las que tienen lugar cuando un ser
querido es victima de la violencia o de un homicidio sin senti-
do, como es el caso de Jas muertes provocadas por personas
que conducen bajo los efectos del alcohol). También puede
ser dificil la acomodacién a las muertes «fuera de tiempo» que
no estin wsincronizadas» con el ciclo viel familiar, como pue-
deser el caso de la muerte de un nifio, que priva a sus padres y
hermanos no sdlo de su presencia, sino también del futuro que
esperaban que tuviera.’ Las caracteristicas de la persona que
sulte la pérdida también pueden influir en el proceso y el re-
ssultado del duelo, caracteristicas que pueden incluir el uso de
cestrategias no adaprativas de afrontamiento, como el abuso del
alcohol o de los ansioliticos."® Por titimo, los factores contex-
tuales (como el apoyo social con el que cuenta la persona)
9, Animo a los lectores profesionales interesadios en ampliar estos co-
Imentarios sobre el duelo y la pérdlida dentro del contexto familiar a consular
Living beyond los, de Froma Walsh y Monica McGoldrick (1991), Nueva
York, Norton. y Grief a family proces, de Ester Shapiro (1994), Nueva York,
Guilford.
10, Entre los sfactores de vulnerabilidads que predisponen a una mayor
intensidacl del duo, el mis representativo es el nivel previo de adaptacién de
a persona. Es mis probable que los supervivientes que han mostrado su forta-
fecal afrontar de manera adaprativa otros desfios vitales afronten de manera
‘similar una pérdida importante, mientras que el duelo de los individuos cuyo
juste previo era mis frigil tiende a seguir un curso més incenso y prolongado.
Para consultar un estudio que apoya estas afirmaciones, véase «An Empirical
43también pueden facilitar o dificultar la elaboracién de un due-
lo saludable. Un ejemplo especialmente dramatico es el fend-
meno de la «sobs de duclo», en el que cl individuo se en-
Feral onciedacallkteas o-secaencile desu gran
ntimero de otros significativos (por ejemplo, en situaciones de
guerra o en accidentes en los que mucren varios amigos 0
miembros de la familia), y la elaboracién del duelo de cada
pérdida por separado y por completo se hace practicamente
imposible. En algunas comunidades, la sobrecarga de duelo se
ha convertido en una forma de vida, como sucede en los hom-
bres homosexuales cuyos amigos tienen unas muertes espanto-
sas a rafz del sida con tal frecuencia que pueden llegar a ente-
rar literalmente a docenas de setes queridos en un solo afo.
En estas condiciones tan devastadoras, son necesarias una
fuerza y apoyo excepcionales para seguir implicindose en la
vida, al mismo tiempo que se honra, ama y cuida a quienes es-
tan muriendo.''
Miesposa y yo tuvimos un hijo que murié hace 40 afios,
cuando sélo tenia 3. La muerte de Mary, nuestra hija mayor,
a los 52 afios, el afto pasado, esta siendo igual de dificil para
nosotros, 0 incluso mas. No importa la edad que tiene un
hijo cuando muere.., no deja de parecer un terrible error que
tus hijos mueran antes que tt. Taciaenaliok
Cuando perdf a Michael el afio pasado, me sent terrible-
‘mente culpable porque no sentia la tristeza que esperaba des-
pués de haber perdido a alguien tan querido para mf. Pero en
‘Test of Predictors of Intensified Mourningy, en Death Studies, en prensa, de
Louis A. Gamino, Kenneth W. Sewell y Larry W. Easterling (1998).
11. Un estudio serio y sensible sobre la sobrecarga de duclo en la co-
‘munidad homosexual masculina puede consultarse en Multiple AIDS-related
des, de David Nord (1997), Filadelfia, Taylor & Francis.
44
los tiltimos afios, he visto a tantos de mis amigos intimos en-
fermar y morir a causa de esta horrible enfermedad que silo
soy capaz de sentir una emocién contenida; es como si no tu-
vera tiempo para procesar una muerte antes de que ocurra la
siguiente, Hay algo dentro de mi que se esté congelando y no
sé cémo voy a poder descongelatlo,
Kerru, 43 afos
{Como puede saber cudndo debe buscar ayuda, més alld
de su circulo habitual de amigos y familiares, para asimilar su
propia experiencia de pérdida? Una posible respuesta es que
puede comprobar si se ha quedado ebloqueado» en su duelo;
si ha sido incapaz de sentir nada durante meses por la pérdida
de su ser querido o, a la inversa, si se sente atrapado en un su-
frimiento intenso ¢ implacable, que puede llegar a ponerle en
peligro a usted mismo o a las personas que tiene bajo su tes-
ponsabilidad. Aunque no es extrafio que un individuo que ha
suftido una pérdida desee la muerte, ya sea para aliviar el in-
soportable dolor que siente o para unirse a la persona desa-
parecida en un mundo mejor, los pensamientos o los planes
laborados de suicidio hacen necesario consultar a un profe-
sional. A un nivel menos grave, usted mismo es quien mejor
puede saber si el hecho de pedir ayuda a su consejero espiri-
tual, a su médico, a un grupo de apoyo 0 a un profesional de
la salud mental puede ayudarle a avanzar en su propio duzlo
‘ya alcanzar progresivamente la reorganizacién, Aunque todos
debemos intentar encontrar sentido a nuestras pérdidas y alas,
vvidas que llevamos después de sufrirlas, no hay ningiin moti-
vo para que tengamos que hacerlo de manera heroica, sin el
apoyo, los consejos y las ayudas concretas de los demés. Mas
adelante volveremos a hablar de este proceso personal e inter-
personal de elaboracién de significado, después de estudiaral-
gunas de las otras caras de la pérdida, empezando con la pér-
dida de relaciones intimas por motivos diferentes a la muerte.
45{CUANDO DEBERIA BUSCAR AYUDA?
Aunque el dolor, la soledad y los trastornos que acom-
pafian al duclo no tienen nada de «anormal», hay algunos
sintomas que deberian hacer que acudiéramos a un profesio-
nal o a alguna persona de nuestro entorno que pueda ayu-
darnos: médicos, guias espirituales, responsables de grupos
de apoyo o profesionales de la salud mental. Aunque cxda
‘persona debe zomar esta decisién libremente, debe plantear-
se seriamente hablar con alguien sobre sti duelo si presenta
alguno de los siguientes sintomas:
+ Tntensos sentimientos de culpa, provocados por cosas di-
Terentes a las que hizo o Ge. de hacer en el momento
de la muerte de su ser querido.
Pensamientos de suicidio que van mis alli del deseo pa-
sivo de vestar muerto» o de poder reunitse con su ser
querido.
+ Desesperacién extrema; la sensacién de que pot mucho
que lo intente nunca va a poder recuperar una vida
que valga la pena vivir.
+ Inquietud o. eran prolongeda, Ja sensaci6n de estar
catrapado» 0 «ralentizador mantenida a lo largo de pe-
riodos de varios meses de duracién.
* Sintomas fisicos, como la sensacién de tener un cuchi-
Mo clavado en el pecho o una pérdida sustancial de
peso, que pueden representar una amenaza para su
bienestarfisico.
*+ bea jncontrolada, que hace que sus amigos y seres que-
tidos se distancien o que le lleva a «planear la vengan-
za» de su pérdida.
* Dificultades continuadas de funcionamiento que se po-
nen de manifiesto en su ineapacidad para conservar su
trabajo o realizar las tareas domésticas necesatias para
la vida cotidiana.
+ Abuso de sustancias, confiando demasiado en las dro-
gas el alcohol para desterrar el dolor de la pérdida,
Aunque cualquiera de estos sintomas puede ser una ca-
racteristica pasajera de un proceso normal de duelo, su pre~
sencia continuada debe ser causa de preocupacién y merece
Ia atencidn de una persona que vaya mis alld de las igueas de
poy informal que suefen estar presentes en la vida de cada
individuo. Muchos de estos posibles recursos de ayuda se ci-
tan al final de este libro,Cosas que se deben y que no se deben hacer cuando
se ayuda a una persona que ha sufrido una pérdida
Deir: Sé cémo te sientese. Ca-
dda persona experimenta su dolor
de una manera tinica, por lo que
Hablar de nuestras propias pér-
didas y de emo nos adapramos a
cllas. Aunque es posible que esa
Jo mejor que podemos hacer es | persona en concreto tenga un es-
Cosas que no se deben hacer Cosas que se deben hacer invitar al afectado a compartir | tilo de afrontamiento diferente al
i sus sentimientos, en lugar de dar | nuestro, este tipo de revelaciones
Obligar a la persona que ha su- | Abrir las puertas a la comunica- por supuesto que los conocemos. | pueden servirle de ayuda.
frido la pérdida a asumir un pa-
pel diciendo: «Lo estés haciendo
muy bien», Debemos dejar que la
persona tenga sentimientos.per-
turbadores sin tener la sensacién
de que nos esté defraudando.
Deciele a la persona que ha su-
frido la pérdida lo que «tiener
que hacer. En el mejor de los ca-
0s, esto refitera la sensacién de
incapacidad de la persona y,en el
peor, nuestro consejo puede ser
scontraproducente»
Decir «llimame si necesitas al-
go». Exte tipo de ofrecimientos in-
efinidos sucle declinarse y la
petsona que ha sufrido la pérdida
capta la idea de que nuestro de-
seo implicito es que no se ponga
en contacto con nosotros,
‘Sugerir que el tiempo cura todas
las heridas. Las heridas de la pér-
dida no se curan nunca por com-
pleto y el trabajo del duclo es mas
activo de lo que sugiere esa frase
Hacer que sean otros quienes
presten Ia ayuda. Nuestra pre-
seneia y preocupacién personal es
Jo que marca la diferencia.
‘Gdn, Si no sabe qué decic, pre-
gunte: «:Cémo estas hoy
estado pensando en ti
std yendo?»,
Escuchar un 80% del tiempo y
hhablar un 20%. Hay muy pocas
personas que se tomen el tiempo
necesatio para escuchar las preocu-
ppaciones més profundas de oto
individuo. Sea una de ells, Tanto
usted como fa persona que ha su-
frido la pérdida pueden aprender
cosas en el proceso,
Ofrecer ayudas concretasy tomar
{a iniciativa de llamar a la perso-
nna, Si ademés respetamos la inti-
midad del superviviente, éste va-
lorard nuestra ayuda concreta con
las tareas de la vida cotidiana.
Esperar «momentos dificiles» en
el futuro, con intentos activos de
afrontar sentimientos y decisio-
nes dificiles durante los meses
{que siguen a la pérdida,
«Estar ahi», acompafiando a la
persona. Hay pocas normas para
ayudar, aparte de Ia autenticidae
yeel cuidado.
102
Usilzar frases manidas de con-
suelo, como: «Hay otros peces en
dl mar» o «Los caminos del Sefior
son insondables». Esto s6lo con-
vyence a la persona de que no nos
Dteocupamos lo suficiente por
entendetla.
Establecer un contacto fisico ade-
cuado, poniendo el brazo sobre el
hombro del otro o dindole un
abrazo cuando fallan las palabras.
Aprenda a sentirse cémodo con el
silencio compartido, en lugar de
parlorear intentando animar a la
Intentar que la persona se dé pri-
“saen superar su dolor animando-
“faa ocupar su tiempo, a regalar las
ones del difunco, ec. El rra-
persona que ha suftido la pér-
ddida y_permitirle compartir sus
recuerdos del ser querido. Esto
fomenta una continuidad saluda-
ble en la orientacién de la perso-
nna aun futuro que ha quedado
transformado por la pérdida.
plazo de tiempo fj.Capitulo 7
LA RECONSTRUCCION DE SIGNIFICADO
Y LA EXPERIENCIA DE LA PERDIDA
Hasta que cumplic los 34 afios, Kerry crefa que «habia teni-
suerte en la vida». Con una posicién social relativamente
modada y un caricter extravertido, habia sido popular entre
compafieros del instituto y a los veinte y pocos afios se cas6
primera vez para fundar la familia que siempre habia dese-
. Ni siquiera su divorcio de lo que posteriormente recono-
que habia sido un matrimonio «prematuro» perturbé de-
ado una vida repleta de las recompensas de la abundancia
fa integracién social. Aunque en ocasiones tenia dudas res-
a si le faltaba la «profundidad» y el «amor» que a veces
bia en otras personas, su vida era «ficil y bonita» en gene-
siguiendo un curso predecible de integracién social y co-
iraria, Su segundo matrimonio, con su novio de la univer-
parecié confirmar la «normalidad» de su vida, al dar a luz
hija saludable y concebir un hijo unos afos més tarde.
Todo cambié con el nacimiento de su hijo Jacob. Durante
dos afios que siguieron a su venida al mundo, Kerry se con-
i6 en la principal cuidadora de un nifio con un defecto
to en el corazén, implicéndose y resintiéndose alterna-
re por la constante vigilancia y sacrificio que esto re-
taba. Cada pocas semanas Kerry detectaba sintomas de
fallo cardiaco en Jacob y le llevaba al hospital rezando para
cocurtiera un milagro o para que le administraran alguna
én que le permitiera volver a llevar la vida normal que
123ansiaba para ella y su familia. Pero noche tras noche, después
de acostarse «revolviéndose» y llorando en el catre que el hos:
pital tenia en la habitacién de su hijo, veia c6mo nadie escu-
chaba sus plegarias. Aunque contaba con el apoyo ocasional de
sus amigos y familiares, se sentia atrapada en una existencia ex-
tenuante y agotadora emocionalmente, distanciada de las per-
sonas, costumbres y proyectos que antes daban una forma fa-
miliar, aunque a veces superficial, a su vida. Cuando Jacob
muri en la iltima de estas largas hospitalizaciones, Kerry que-
dé desorientada y desconsolada, luchando por obtener una
respuesta al sentido que todo esto habfa tenido para ella y su
familia. No encontré respuesta ficiles.
A los 76 afios de edad, Clara habia construido una vida
basada en el sacrificio. Siendo la tercera de los cuatro hijos de
una familia judia conservadora, Clara habia aprendido ¢ in-
ternalizado el suftimiento histérico de su pueblo y habia
adoptado la devocién por sus valores y la leeltad a los dems
como los principios que orientaban su existencia. En su ju-
ventud se habla dedicado a la enfermerfa, trabajando en un
entorno médico que exigia frecuentemente que obviara sus
propias necesidades para dedicarse a los dems, que necesita-
ban que eestuviera alli» para ayudarles. La vida personal de
Clara reforeaba estos compromisos existenciales, ya que se de
dicé a cuidar de sus tres hijos sin la ayuda de su marido, que
era.un cadicto al trabajo», al mismo tiempo que cuidaba y alo
jaba a su madre durante los lentos afios de deterioro que pre-
cedieron a su muerte.
Ahora, en los diltimos afios de su vida, Clara se enfrentaba
aun dilema para el que no era capaz de encontrar ninguna so-
lucién. Su marido, Ed, estaba «muriéndose lentamente», ha
bia sido ingresado en un hogar de ancianos después de sufrit
124
ha serie de derrames cerebrales que le habfan dejado incapa-
titado, sin poder comunicarse y semilticido la mayor parte del
mpo. Quizé las tinicas constantes que conservaba de su
onalidad eran la rabia y la capacidad combativa. Agredia
Clara fisica y emocionalmente, fluctuando entre periodos
en los que se echaba a llorar como un nifio Pequefio y otros en
que se enfurecia brutalmente por las injusticias que crea
percibir en el trato que le daban el personal del hogar de an-
gianos y la misma Clara. Clara salfa de las visitas que le hacka
jamente sintiéndose «torturada y deprimiday, hasta el
ito de plantearse el suicidio como tinica salida a la «tram-
‘pa sin solucién que le habfa tendido su necesidad de cuidar
un hombre que tanto podfa rogar como rechazar sus in-
entos de cuidado. Para complicar ain més su situacién, su
ijo mayor, Richard, le exigéa cada vez con més vehemencia
dejara de hacer esas visitas evidentemente dolorosas a un
adre con el que habfa estado resentido toda su vida. Incapaz
e comportarse de una manera tan «egoista», Clara habia em-
ezadlo a distanciarse del «hijo que mas queria», asi como del
do incapacitado que parecia odiarla.
Cuando intentamos comprender las muchas formas que
dopra la pérdida y el impacto que tiene sobre los supervivien-
es, nos encontramos répidamente con las limitaciones de los
modelos convencionales sobre el duelo y la pérdida. Como se-
es humanos que luchamos por satisfacer demandas aparente-
nente inhumanas, nos encontramos con mucha frecuencia ca-
idos por la descripcién manifiestamente sencilla del
juelo que encontramos en las teorias tradicionales de «etapas»
de adapracién a la pérdida. Estas teorfas no s6lo proporcionan
descripcién completamente anénima de unos sintomas
ypuestamente universales del duclo y de una serie de fases de
125reacciones emocionales, sino que también parecen ignorar las
particularidades de nuestra lucha y su origen en la vida tinica
de cada uno de nosotros. A lo largo del tiempo, a medida que
he ido intentando aceptar las pérdidas que me he encontrado
cen mi propia vida y las de las personas que he atendido en mi
consulta, se me ha presentado la cuestién de la adecuacién del
marco que proporcionan las teorias convencionales del duelo
para describir nuestros esfuerzos por adapramos a las muertes
de nuestros seres queridos y para ayudar a los demas a adaptar-
sea.un mundo que ha quedado transformado para siempre por
su desaparicién. Estos esfuerzos me han llevado gradualmente
una visién alternativa, que es compartida por ur: grupo pe-
quefio pero creciente de clinicos, teéricos ¢ investigadores de la
pérdida. La principal presuposicién de esta perspectiva, rela-
cionada con lo que se ha denominado el enfoque constructivis-
ta de la psicoterapia,' es la de que el proceso fundamental de la
1, Con laintencién de mantener la legibilidad del rextoy evitardistrac-
El Amor No Tiene Por Que Doler - Love Does Not Have To Hurt - Ernesto Lammoglia - March 31, 2003 - Grijalbo Mondadori Sa - 9789700515762 - Anna's Archive