Hafsa bint al-Hayy al-Rakuniyya
Nace en Granada alrededor del 1135, hija de un noble de origen bereber, rico e influyente. Pasa su
infancia y su juventud en Granada, en una época de agitación política intensa.
Por su talento y su cultura, pronto ocupó un lugar importante en la corte de los almohades de
Granada, desarrollando una actividad literaria y educativa intensa y adquiriendo una reputación que
llegó a traspasar los límites de Granada.
Es en este ambiente de la Corte es donde conoció al poeta granadino Abu Yafar Ibn Saíd, con el
cual estableció una relación. Esta relación dio lugar a un intenso intercambio de poemas amorosos.
Se complica en el año 1156, que llega a Granada, Abu Saíd Utman, gobernador almohade, quien
cae perdidamente enamorado de la poetisa. Hafsa no cedió ante los sentimientos del gobernador,
pero dejó morir su amor por Abu Yafar. En 1158, es enviada a Rabat junto a un grupo de poetas y
nobles granadinos ante el califa Abd al-Mumin (fue este quien le puso el sobrenombre de al-
Rakuniyya)
Debido al conflictivo triángulo amo
+,roso, Abu Yafar, terminó tomando parte en una rebelión política contra el gobernador, dando lugar
a su encarcelamiento y, finalmente, a su crucifixión en el año 1163. Hafsa lloró la prisión y la
muerte de su amado, reflejándolo en unos versos punzantes. Sumida en su tristeza, se retira de la
Corte, abandonando la poesía y consagrándose en exclusiva a la enseñanza.
En total, han llegado hasta nosotros 17 de sus poemas, de gran calidad litereria. Heredera de la
tradición poética árabe. La mayoría de sus versos amorosos se dirigían a Abu Jafar, a pesar de que
existen algunas sátiras y elogios a Abu Saíd. Su inspiración llega a un culmen en aquellos versos en
los que expresa su pesar y su dolor por el encarcelamiento y la muerte de su amante.
Hafsa ha sido muy respetada, a pesar de su libertad aparente, en su época y por los biógrafos
posteriores. Ibn al-Khatib ha dicho de ella: «La granadina ha sido única en su tiempo por su belleza,
su elegancia y su cultura literaria».
Por Vestirme De Luto…
Por vestirme de luto me amenazan
por un amado que me han muerto con la espada.
¡Qué Dios tenga clemencia con quien sea
liberal con sus lágrimas,
o con quien llore por aquél que mataron sus rivales,
y que las nubes de la tarde,
con generosidad como la suya,
rieguen las tierras donde quiera que se vaya!
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A Abū Ŷa‘far
Tú, que presumes de arder
en más encendido afecto,
sabe que me desagradan
tu billete y tus lamentos.
Jamás fue tan quejumbroso
el amor que es verdadero,
porque confía y desecha
los apocados recelos.
Contigo está la victoria:
no imagines vencimientos.
Siempre las nubes esconden
fecunda lluvia en el seno.
Y siempre ofrece la Palma
fresca sombra y blando lecho.
No te quejes; que harto sabes
la causa de mi silencio.
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Respóndeme enseguida…
¿Vienes tú a mí o voy yo a tu lado?
mi corazón se inclina hacia lo que tú deseas;
mis labios son aguada dulce y transparente
y mis bucles ramas que dan sombra;
espero que estés sediento y ardiente
cuando llegue junto a mí la hora de la siesta.
Respóndeme enseguida…