VIACRUCIS COMUNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA CANDELARIA
El Vía Crucis o Camino a la Cruz es una de las más antiguas devociones
practicadas por los católicos en todo el mundo. Consiste en acompañar a Jesús
en su Pasión y Muerte, en sus horas finales, repasando 14 momentos (las 14
Estaciones del Vía Crucis) desde que fue condenado a muerte hasta su sepultura.
La 15ª Estación: la Resurrección del Señor, en consideración a que, si Cristo no
resucitó, vana sería nuestra Fe (1 Cor 15, 14).
El Vía Crucis se reza de pie, y en algunos momentos de rodillas. Debe hacerse
caminando, deteniéndose en cada estación, para recordar el camino de Jesús al
Calvario. Es por eso que las imágenes de la representación del Vía Crucis están
en la pared, alrededor del salón parroquial, que nos ayudaran a recordar y
trataremos de meditar en el dolor de CRISTO.
+ En el nombre del Padre + del Hijo + y del Espíritu Santo.
Amén
Te contemplamos, Señor, en este camino que tú has emprendido antes que nadie
y al final del cual «pusiste tu cruz como un puente hacia la muerte, de modo que
los hombres puedan pasar del país de la muerte al de la Vida» (San Efrén el
Sirio, Homilía).
Nos ponemos por tanto ante ti con amor, te presentamos nuestros sufrimientos,
dirigimos nuestra mirada y nuestro corazón a tu santa Cruz y, apoyándonos en tu
promesa, te rogamos:
Todos: «Bendito sea nuestro Redentor, que nos ha dado la vida con su
muerte.
Oh Redentor, realiza en nosotros el misterio de tu redención, por tu pasión, muerte
y resurrección»
Señor, que la meditación de tu Pasión y Muerte nos anime y ayude a tomar la cruz
de cada día y seguirte, para un día resucitar contigo en la gloria.
Amén.
PRIMERA ESTACIÓN Lectura del Evangelio según san Marcos 15,12-
Jesús es condenado a muerte 13.15
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
«¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»
Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo». Y Pilato,
queriendo complacer a la gente, les soltó a
Ante Pilato, que ostenta el poder, Jesús debía de haber obtenido justicia. Pilato
tenía en efecto el poder de reconocer la inocencia de Jesús y de liberarlo. Pero el
gobernador romano prefiere servir la lógica de sus intereses personales, y se
somete a las presiones políticas y sociales. Condenó a un inocente para agradar a
la gente, sin secundar la verdad. Entregó a Jesús al suplicio de la cruz, aun
sabiendo que era inocente… antes de lavarse las manos.
En nuestro mundo contemporáneo, muchos son los «Pilato» que tienen en las
manos los resortes del poder y los usan al servicio de los más fuertes. Son
muchos los que, débiles y viles ante estas corrientes de poder, ponen su autoridad
al servicio de la injusticia y pisotean la dignidad del hombre y su derecho a la vida.
Señor Jesús, no permitas que seamos contados entre los injustos. Porque yo
también te he juzgado al reclamarte algo, Señor. Porque también te he juzgado al
juzgar a mis hermanos.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
No permitas que los fuertes se complazcan en el mal, en la injusticia y en el
despotismo.
No permitas que la injusticia lleve a los inocentes a la desesperación y a la muerte.
Confírmales en la esperanza e ilumina la conciencia de aquellos que tienen
autoridad en este mundo, de modo que gobiernen con justicia. Amén.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción Ten Piedad
perdon señor
de tu pueblo te piedad
perdon señor
enseñanos a perdonar (BIS)
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús con la cruz a cuestas
Lectura del Evangelio según San Juan 19; 16-17
"Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.
Tomaron, pues, a Jesús, 17.y él cargando con su cruz,
salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se
llama Gólgota,"
En todas las épocas, el hombre ha creído poder sustituir a Dios y determinar por sí
mismo el bien y el mal, sin hacer referencia a su Creador y Salvador. Se ha creído
omnipotente, capaz de excluir a Dios de su propia vida y de la de sus semejantes,
en nombre de la razón, el poder o el dinero.
También hoy el mundo se somete a realidades que buscan expulsar a Dios de la
vida del mundo.
En esta segunda estación, Jesucristo se encuentra ante unos soldados que creen
tener todo el poder sobre él, Simplemente se la echaron encima sin ninguna
consideración, y Él no la rechazó. Por las veces que yo he dejado de llevar mi
cruz y por las veces que he renegado de mis penas y enfermedades.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Señor Jesús, tú que has asumido la humillación y te has identificado con los
débiles, te confiamos a todos los hombres y a todos los pueblos humillados y que
sufren. Concédenos obtener de ti la fuerza para poder llevar contigo la cruz de la
esperanza. Nosotros ponemos en tus manos todos aquellos que están
extraviados, para que, gracias a ti, encuentren la verdad y el amor. Amén.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción Abraza la Cruz
Abraza la cruz
Y en ella, abraza a Jesús
Para que terminen las tinieblas
Y así amanezca la luz (bis)
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez
Lectura de Isaías 53,5-6
"El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por
nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la
paz, y con sus cardenales hemos sido curados."
"Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó
por su camino, y Yahveh descargó sobre él la culpa de
todos nosotros."
Aquél que tiene las luminarias del cielo en la palma de su mano divina, y ante el
cual tiemblan las potencias celestes, cae por tierra sin protegerse bajo el pesado
yugo de la cruz.
Aquél que ha traído la paz al mundo, herido por nuestros pecados, cae bajo el
peso de nuestras culpas.
«Queridos hermanos, nuestro Salvador que avanza por la vía del Calvario.
Oprimido por amargos sufrimientos, las fuerzas le abandonan. Vamos a ver este
increíble evento que sobrepasa nuestra comprensión y es difícil de describir.
Temblaron los fundamentos de la tierra y un miedo terrible se apoderó de los que
estaban allí cuando su Creador y Dios fue aplastado bajo el peso de la cruz y se
dejó conducir a la muerte por amor a toda la humanidad»
No es fácil llevar la cruz. Muchas veces cae uno vencido bajo su peso. Por las
ocasiones en que he tardado tanto en levantarme y también por todos aquéllos
que no quieren levantarse.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Señor Jesús, levántanos de nuestras caídas, reconduce nuestro espíritu
extraviado a tu Verdad. No permitas que la razón humana, que tú has creado para
ti, se conforme con las verdades parciales de la ciencia y de la tecnología sin
intentar siquiera plantearse las preguntas fundamentales sobre el sentido y la
existencia
Concédenos, Señor, abrirnos a la acción de tu Santo Espíritu, de modo que nos
conduzca a la plenitud de la verdad.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su Madre
Lectura del Evangelio según san Lucas 2,34-35.51b
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Éste ha
sido puesto para que muchos en Israel caigan y se
levanten; y será como un signo de contradicción, y a ti
misma una espada te traspasará el alma, para que se
pongan de manifiesto los pensamientos de muchos
corazones». Su madre conservaba todo esto en su
corazón.
Herido y sufriendo, llevando la cruz de todos los hombres, Jesús encuentra a su
madre y, en su rostro, a toda la humanidad.
María, Madre de Dios, ha sido la primera discípula del Maestro. Al acoger la
palabra del ángel, ha encontrado por primera vez al Verbo encarnado y se ha
convertido en templo del Dios vivo. Lo ha encontrado sin comprender cómo el
Creador del cielo y de la tierra ha querido elegir a una joven, una criatura frágil,
para encarnarse en este mundo. Lo ha encontrado en una búsqueda constante de
su rostro, en el silencio del corazón y en la meditación de la Palabra. Creía ser ella
quien lo buscaba, pero, en realidad, era él quien la buscaba a ella.
Ahora, mientras lleva la cruz, la encuentra.
Jesús sufre al ver a su madre afligida, y María viendo sufrir a su Hijo. Pero de este
común sufrimiento nace la nueva humanidad. «Paz a ti. Te suplicamos, oh Santa
llena de gloria, siempre Virgen, Madre de Dios, Madre de Cristo. Eleva nuestra
oración a la presencia de tu amado Hijo para que perdone nuestros pecados»
Tuviste, Jesús, el apoyo de tu Madre en la subida al Calvario. Ella no se quejó,
sino que te acompañó en ese penoso camino. Por las veces que no he valorado a
mi madre y por las veces que no he dado apoyo a otros en los momentos difíciles
y por haberlos dejado solos en su vía crucis.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Señor Jesús, también nosotros sentimos en nuestras familias los sufrimientos que
los padres causan a sus hijos y éstos a sus padres. Señor, haz que en estos
tiempos difíciles nuestras familias sean lugar de tu presencia, de modo que
nuestros sufrimientos se transformen en alegría. Sé tú la fuerza de nuestras
familias y haz que sean oasis de amor, paz y serenidad, a imagen de la Sagrada
Familia de Nazaret. Amén
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
QUINTA ESTACIÓN
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Lectura del Evangelio según San Lucas 23, 26
Mientras lo conducían, echaron mano de un
cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y
le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de
Jesús.
El encuentro de Jesús con Simón de Cirene es un encuentro silencioso, una
lección de vida: Dios no quiere el sufrimiento y no acepta el mal. Lo mismo vale
para el ser humano. Pero el sufrimiento, acogido con fe, se trasforma en camino
de salvación. Entonces lo aceptamos como Jesús, y ayudamos a llevarlo como
Simón de Cirene.
Señor Jesús, tú has hecho que el hombre tomara parte en llevar tu cruz. Nos has
invitado a compartir tu sufrimiento. Simón de Cirene es uno de nosotros, y nos
enseña a aceptar la cruz que encontramos en el camino de la vida.
Señor, siguiendo tu ejemplo, también nosotros llevamos hoy la cruz del sufrimiento
y de la enfermedad, pero la aceptamos porque tú estás con nosotros. Ésta nos
puede encadenar a una silla, pero no impedirnos soñar; puede apagar la mirada,
pero no herir la conciencia; puede dejar sordos los oídos, pero no impedirnos
escuchar; atar la lengua, pero no apagar la sed de verdad. Puede adormecer el
alma, pero no robar la libertad.
Tuviste, Jesús, a Simón el Cireneo, quien –obligado- cargó la cruz contigo. ¡Qué
gracia la de éste que cruzaba por tu camino al Calvario! Por las veces, Señor, que
no me he dado cuenta que Tú has sido mi Cireneo, que has sido Tú Quien me ha
ayudado a llevar mi cruz.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Señor, queremos ser tus discípulos para llevar tu cruz todos los días; la llevaremos
con alegría y con esperanza para que tú la lleves con nosotros, porque tú has
alcanzado para nosotros el triunfo sobre la muerte.
Te damos gracias, Señor, por cada persona enferma y que sufre, que sabe ser
testigo de tu amor, y por cada «Simón de Cirene» que pones en nuestro camino.
Amén.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
SEXTA ESTACIÓN
La Verónica enjuga el rostro de Jesús
Salmos 27,8-9
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu
rostro buscaré, Señor. No me escondas tu
rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú
eres mi auxilio; no me deseches, no me
abandones, Dios de mi salvación.
La Verónica te ha buscado en medio de la gente. Te ha buscado, y al final te ha
encontrado. Mientras tu dolor llegaba al extremo, ha querido aliviarlo enjugándote
el rostro con un paño. Un pequeño gesto, que expresaba todo su amor por ti y
toda su fe en ti, y que ha quedado impreso en la memoria de nuestra tradición
cristiana.
Señor Jesús, buscamos tu rostro. La Verónica nos recuerda que tú estás presente
en cada persona que sufre y que se dirige al Gólgota. Señor, haz que te
encontremos en los pobres, en tus hermanos pequeños, para enjugar las lágrimas
de los que lloran, hacernos cargo de los que sufren y sostener a los débiles.
Señor, tú nos enseñas que una persona herida y olvidada no pierde ni su valor ni
su dignidad, y que permanece como signo de tu presencia oculta en el mundo.
Ayúdanos a lavar de su rostro las marcas de la pobreza y la injusticia, de modo
que tu imagen se revele y resplandezca en ella.
Por las veces que no he visto tu rostro en los que sufren, en los abandonados y
débiles, en los ancianos y enfermos.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Oremos por todos los que buscan tu rostro y lo encuentran en quienes no tienen
hogar, en los pobres, en los niños expuestos a la violencia y a la explotación.
Amén.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
SEPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez
Salmos 22, 8.12
Al verme se burlan de mí, hacen visajes,
menean la cabeza. Pero tú, Señor, no te quedes
lejos, que el peligro está cerca y nadie me
socorre.
Jesús está solo bajo el peso interior y exterior de la cruz. En la caída es cuando el
peso del mal se hace demasiado grande, y parece que no hay límite para la
injusticia y la violencia.
Pero él se levanta de nuevo apoyándose en la confianza que tiene en su Padre.
Frente a los hombres que lo han abandonado a su suerte, la fuerza del Espíritu lo
levanta; lo une completamente a la voluntad del Padre, la del amor que todo lo
puede.
Señor Jesús, en tu segunda caída reconocemos tantas situaciones nuestras que
parecen no tener salida. Entre ellas, las causadas por los prejuicios y el odio, que
endurece nuestro corazón y lleva a conflictos religiosos.
Ilumina nuestras conciencias para que reconozcamos que, a pesar de «las
divergencias humanas y religiosas», «un destello de verdad ilumina a todos los
hombres», llamados a caminar juntos – respetando la libertad religiosa – hacia la
verdad que sólo está en Dios. Así, las distintas religiones podrán «unir sus
esfuerzos para servir al bien común y contribuir al desarrollo de cada persona y a
la construcción de la sociedad»
No sabemos si tropezaste o si caíste por un empujón. Por las veces que con mi
ejemplo hice que otros tropezaran y cayeran, y por las veces que deliberadamente
los he empujado. Por las veces que, por mi ejemplo, otros han pecado.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Ven, Espíritu Santo, a consolar y fortalecer a los cristianos, de modo que unidos a
Cristo seamos testigos de su amor universal en una tierra lacerada por la injusticia
y los conflictos. Amén.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
OCTAVA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén que lloran por él
Lectura del Evangelio según San Lucas 23, 27-28
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres
que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por
él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de
Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por
En el camino hacia el Calvario, el Señor encuentra a las mujeres de Jerusalén.
Ellas lloran por el sufrimiento del Señor como si se tratase de un sufrimiento sin
esperanza. Sólo ven en el madero de la cruz un signo de maldición (cf. Dt 21,23),
mientras que el Señor lo ha querido como medio de Redención y de Salvación.
En la Pasión y Crucifixión, Jesús da su vida en rescate por muchos. Así dio alivio a
los oprimidos bajo el yugo y consuelo a los afligidos. Enjugó las lágrimas de las
mujeres de Jerusalén y abrió sus ojos a la verdad pascual.
Nuestro mundo está lleno de madres afligidas, de mujeres heridas en su dignidad,
violentadas por las discriminaciones, la injusticia y el sufrimiento. Oh Cristo
sufriente, sé su paz y el bálsamo de sus heridas.
Señor Jesús, con tu encarnación en María «bendita entre las mujeres» (Lc 1,42),
has elevado la dignidad de toda mujer. Con la Encarnación has unificado el género
humano (cf. Ga 3,26-28).
En medio de su dolor, Jesús no deja de preocuparse por la pena de aquellas
mujeres. Por las veces en que me he dejado abrumar tanto por mis problemas,
que me he olvidado de los sufrimientos de los que me rodean o se han acercado a
mí.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Señor, que el deseo de nuestro corazón sea el de encontrarnos contigo. Que
nuestro camino lleno de sufrimiento sea siempre un itinerario de esperanza,
contigo y hacia ti, que eres el refugio de nuestra vida y nuestra Salvación. Amén.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez bajo el peso de la cruz
Corintios 5, 14-15
Por tercera vez, Jesús cae bajo la cruz cargado con nuestros pecados, y por
tercera vez intenta alzarse con todas las fuerzas que le quedan, para proseguir el
camino hacia el Gólgota, evitando dejarse aplastar y sucumbir a la tentación.
Desde su encarnación, Jesús lleva la cruz del sufrimiento humano y del pecado.
Ha asumido la naturaleza humana de forma plena y para siempre, mostrando a los
hombres que la victoria es posible y que el camino de la filiación divina está
abierto.
Y por tercera vez hace un esfuerzo inmenso y se levanta. Por esas ocasiones en
las que, ante las dificultades, me he desanimado y no he continuado en aquello
que me has pedido a favor de los demás.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Concédenos renunciar a la mentalidad de división «para no hacer ineficaz la cruz
de Cristo». Amén.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
DECIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras
Salmos 22, 19
Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.
En la plenitud de los tiempos, Señor Jesús, has revestido nuestra humanidad; tú,
de quien se dice: «La orla de su manto llenaba el templo» (Is 6,1); ahora, caminas
entre nosotros, y los que tocan la orla de tus vestidos quedan curados. Pero has
sido despojado también de este vestido, Señor. Te hemos robado el manto, y tú
nos has dado también la túnica (cf. Mt 5,40). Has permitido que el velo de tu carne
se rasgase para que fuésemos admitidos de nuevo a la presencia del Padre
(cf. Hb 10,19-20).
Creíamos poder realizarnos nosotros mismos, independientemente de ti
(cf. Gn 3,4-7). Nos hemos encontrado desnudos, pero tu amor infinito nos ha
revestido de la dignidad de hijos e hijas de Dios y de tu gracia santificante.
Oh Jesús, Hijo del hombre, que te has despojado para revelarnos la nueva criatura
resucitada de entre los muertos, arranca en nosotros el velo que nos separa de
Dios, y entreteje en nosotros tu presencia divina.
Por las veces en que yo he despojado a otros de su fama, de sus bienes, de sus
derechos, de su inocencia, de sus ilusiones…
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Concédenos vencer el miedo frente a los sucesos de la vida que nos despojan y
nos dejan desnudos, y revestirnos del hombre nuevo de nuestro bautismo, para
anunciar la Buena Noticia, proclamando que eres el único Dios verdadero, que
guía la historia. Amén.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
DECIMA PRIMERA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz
San Juan 19, 16a.19
Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de
la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el
Nazareno, el rey de los judíos».
.
He aquí el Mesías esperado, colgado en el madero de la cruz entre dos
malhechores. Las manos que han bendecido a la humanidad están traspasadas.
Los pies que han pisado nuestra tierra para anunciar la Buena Noticia cuelgan
entre el cielo y la tierra. Los ojos llenos de amor que, con una mirada, han sanado
a los enfermos y perdonado nuestros pecados ahora sólo miran al cielo.
Señor Jesús, tú has sido crucificado por nuestras culpas. Tú suplicas al Padre e
intercedes por la humanidad. Cada golpe del martillo resuena como un latido de tu
corazón inmolado.
Qué hermosos en el monte Calvario los pies de quien anuncia la Buena Noticia de
la Salvación. Tu amor, Jesús, ha llenado el universo. Tus manos atravesadas son
nuestro refugio en la angustia. Nos acogen cada vez que el abismo del pecado
nos amenaza y encontramos en tus llagas la salud y el perdón.
Y desde la Cruz pidió a su Padre que perdonara a sus verdugos y que nos
perdonara a nosotros. Por tantos perdones que yo he negado, por tanta
represalias, por tantas venganzas que he tomado, por tanto resentimiento que
conservo y que amarga mi alma.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Oh Jesús, te pedimos por nuestras familias, especialmente por nuestros hijos,
líbralos de la desesperación, de la esclavitud del pecado. Que levanten los ojos y
acojan el Amor. Que descubran la felicidad en ti, y sálvalos tú, Salvador nuestro.
Amén.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
DECIMA SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz
San Lucas 23,46
Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».
Y, dicho esto, expiró.
Desde lo alto de la cruz, un grito: grito de abandono en el momento de la muerte,
grito de confianza en medio del sufrimiento, grito del alumbramiento de una vida
nueva. Colgado del Árbol de la Vida, entregas el espíritu en manos del Padre,
haciendo brotar la vida en abundancia y modelando la nueva criatura. También
nosotros afrontamos hoy los desafíos de este mundo: sentimos que las olas de las
preocupaciones nos sumergen y hacen vacilar nuestra confianza. Concédenos,
Señor, la fuerza de saber en nuestro interior que ninguna muerte nos vencerá,
hasta que reposemos entre tus manos que nos han formado y nos acompañan.
Y que cada uno de nosotros pueda exclamar:
Todos:
«Ayer, estaba crucificado con Cristo,
hoy, soy glorificado con él.
Ayer, estaba muerto con él,
hoy, estoy vivo con él.
Ayer, fui sepultado con él,
hoy, he resucitado con él». (Gregorio Nacianceno).
En las tinieblas de nuestras noches, nosotros te contemplamos. Enséñanos a
dirigirnos hacia el Altísimo, tu Padre celestial.
No hay amor mayor que dar la vida por otro. Por la facilidad con que me olvido de
cuánto me amas, Señor, cuánto me has dado, cuánto te costaron mis pecados.
Por la poca importancia que doy a tu Pasión y Muerte que me ha redimido y por no
darme cuenta de la necesidad que tengo de ser redimido por Ti.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Hoy oramos para que todos aquellos que promueven el aborto tomen conciencia
de que el amor sólo puede ser fuente de vida. También por los defensores de la
eutanasia y por aquellos que promueven técnicas y procedimientos que ponen en
peligro la vida humana. Abre sus corazones, para que te conozcan en la verdad,
para que se comprometan en la edificación de la civilización de la vida y del amor.
Amén.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
DECIMO TERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre
San Juan 19,26-27a.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al
discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer,
ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí
tienes a tu madre».
Señor Jesús, aquellos que te aman permanecen junto a ti y conservan la fe. Su fe
no decae en la hora de la agonía y de la muerte, cuando el mundo cree que el mal
triunfa y que la voz de la verdad y del amor, de la justicia y de la paz calla.
Oh María, entre tus manos nosotros ponemos nuestra tierra. «Qué triste es ver a
esta tierra bendita sufrir en sus hijos, que se desgarran con saña y mueren».
Parece como si nada pudiera suprimir el mal, la enfermedad, la pandemia, el
terrorismo, el homicidio y el odio. «Ante la cruz sobre la que tu hijo extendió sus
manos inmaculadas por nuestra salvación, oh Virgen, nos postramos en este día:
concédenos la paz».
Y su cuerpo es puesto en brazos de su Madre. Por ese tierno Niño que tú nos
diste una Nochebuena y que una mala tarde te devolvimos muerto por nuestros
pecados.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Oremos por las víctimas del virus covid 19, por los que están sin trabajo, los que
no tienen que comer, ni tienen un techo digno para descansar, por los que son
víctimas de las guerras, la violencia, la indiferencia social. Haz, Señor, para todos
ellos y para nosotros poder vivir en un ambiente más fraterno, pacífico y justo, y
que siempre este en nuestros corazones los valores espirituales y humanos.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
DECIMA CUARTA ESTACIÓN
Jesús es colocado en el sepulcro
San Juan 19,39-40.
Llegó también Nicodemo, el que había ido a
verlo de noche, y trajo unas cien libras de una
mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de
Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los
aromas, según se acostumbra a enterrar entre
los judíos.
Nicodemo recibe el cuerpo de Cristo, se hace cargo de él y lo pone en el sepulcro,
en un jardín que recuerda el de la creación. Jesús se deja enterrar como se dejó
crucificar, con el mismo abandono, completamente «entregado» en las manos de
los hombres y «perfectamente unido» a ellos «hasta el sueño bajo la lápida de la
tumba»
Aceptar las dificultades, los sucesos dolorosos, la muerte, exige una esperanza
firme, una fe viva.
Aquél que algunos judíos esperaban fuera el liberador de Israel ha sido sepultado.
Por las veces en que he olvidado que es necesario pasar por todas esas cosas
para poder entrar en la gloria
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Señor Jesús, haz de nosotros hijos de la luz que no temen las tinieblas. Te
pedimos hoy por todos los que buscan el sentido de la vida y por los que han
perdido la esperanza, para que crean en tu victoria sobre el pecado y la muerte.
Amén.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
DECIMO QUINTA ESTACIÓN
Y al tercer día resucitó.
San Lucas 24; 1- 8
"El primer día de la semana, muy temprano, fueron las
mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían
preparado."
"Pero se encontraron con una novedad: la piedra que
cerraba el sepulcro había sido removida, y al entrar no
La piedra puesta a la entrada de la tumba será removida y una nueva vida surgirá.
En efecto, «por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo
mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6,4).
Hemos recibido la libertad de los hijos de Dios para no volver a la esclavitud; se
nos ha dado la vida en abundancia, no podemos conformarnos ya con una vida
carente de belleza y significado.
Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe. Por las veces que he hecho
vana mi fe al creer en mitos que van en contra de tu Resurrección. Por las veces
en que olvido que, si no muero a mí mismo, Jesús, no podré resucitar contigo.
Todos: Perdón, Señor, perdón.
Señor, que siempre recordemos tus palabras, para que siempre estén presentes
en nuestra mente y en nuestro corazón, y con tu palabra viva podamos vivir la
alegría de tu resurrección.
. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
. Todos: Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Canción
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)