SERE
Conducta
Verbal
deSkinner
génesis, polémica, bases y evolución
Vicente
Pérez
Fernández
Bn 1957, el psicólogo estadounidense B. E Skinner publicó su obra
"Verbal Behavior", que representó un hito importante no solo en el
análisis del comportamiento como disciplina, sino también en el
estudio psicológico del lenguaje y de los fenómenos complejos en
general. Sin embargo, a pesar de la solidez, la ambición y el rigor del
texto de Skinner, fue ampliamente criticado por otros paradigmas
psicológicos en las tres décadas siguientes a su publicación. Además,
lo que resultó aún más dramático, fue relativamente ignorado por la
propia comunidad conductista, tanto en el campo básico como en el
aplicado.
El libro de Skinner, "Verbal Behavior", propone una teoria sobre cómo
los seres humanos adquieren y utilizan el lenguaje, como una forma de
comportamiento aprendido, y que puede ser analizado y explicado en
términos de los principios de la teoría del comportamiento. Esto
contrasta con otras teorías del lenguaje que se centran en la estructura
interna del lenguaje y en la capacidad innata del ser humano para
adquirirlo.
Sin embargo, su propuesta encontró resistencia entre otros paradig-
mas psicológicos, particularmente aquellos que se enfocaron en la
cognicióny la mente. Algunos críticos argumentaron que las teorías de
Skinner ignoraban la complejidad del lenguaje y su capacidad para
expresar pensamientos abstractos y complejos, o que era demasiado
mecanicista y reduccionista, y que no tomaba en cuenta aspectos
importantes del desarrollo humano como la creatividad y la subjetivi-
dad.
A pesar de la controversia inicial, en los últimos veinticinco años, el
libro de Skinner ha tenido un impacto signi cativo en el estudio del
comportamiento humano y en el desarrollo de tecnologia educativay
clínica. Los principios de la teoría del comportamiento han sido aplica-
dos en una variedad de campos, desde la educación hasta la terapia, y
han sido utilizados para entender y modi car comportamientos no
deseados. Además, la teoria del comportamiento ha sido integrada con
otros enfoques, lo que ha permitido una comprensión más amplia y
completa del lenguaje y del comportamiento humano en general.
AIL
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A Vicente Pérez nació en Sevilla, en 1976,
cursó sus estudios universitarios en la
Universidad de Huelva y Sevilla, y se
doctoró en Psicologia en la UNED. Es
analista de la conducta, y ha desarrolla-
do su labor investigadora en el campo
básico,
verbales
categorías.
principalmente en fenómenos
y de formación
Avance del Estudio Cientí co del
Comportamiento
de
Miembro fundador de la Sociedad para el
(SAVECC), Profesor
Titular de la asignatura "Psicologia del
Aprendizaje" en la UNED, y miembro del
equipo docente de los
clases
másteres
análisis funcional del comportamiento
de SAVECC, en análisis funcional de la
UAM, en terapias conductuales en
infantojuveniles y adultos de ITECOC, y
en terapias contextuales y de tercera
generación de İTACA.
en
y
Autor de múltiples artículos y de libros
como "Procesos Psicológicos Básicos. Un
análisis funcional" (2005), "Fundamentos
de Psicología" (2011) o "Psicologia del
Aprendizaje" (2014).
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99 Por el centro de tu negro,
el brillo de mi verso.
Luz incierta de ortografía audaz.
Pintaré sonrisas bajo el gesto,
y las luciré en tu presencia.
Yesgrimiré tintas y nosangres
en tu ausencia.
Y venceré.
Y venceremos.
Anónimo
Co-presencias
Editorial
.. Y no sólo las co-presencias participan en el
juego de lo psicológico, sino también las
ausencias, porque todo lo co-presente nos
remite ineludiblemente a todo lo ausente y
viceversa.
La conducta y el conocimiento funcionan
indisociablemente en el seno de las texturas
co-presentes a distancia. Sólo se va
conociendo lo que se hace y según se hace y
sólo se va haciendo lo que se conoce y según
se conoce.
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Mitologia
t9oria
psicölógia
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wia
CONDUCTA
VERBAL DE
SKINNER:
génesis, polémica, bases
y evolución.
VICENTE PÉREZ FERNÁNDEZ
CONDUCTA
VERBAL DE
SKINNER:
génesis, polémica, bases
y evolución.
CO-PRESENCIAS EDITORIAL
COLECCIÓN: «OPÚSCULOS CO-PRESENCIAS»
Sección: Teoria de la Psicologia
Coordinador editorial:
Manuel Porcel Medina
Co-presencias Editorial
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[email protected]©Vicente Pérez Fernández (propietario de la obra)
OCo-presencias Editorial C/Babolé. Granada. España
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copresenciaseditorial@gmail. com
Depásito Legal: GR-287-2023
ISBN: 978-84-09-4881 8-6
Índice
CAPÍTULO 0. PRÓLOGO. Andrés García García.
CAPÍTULO 1. LA APUESTA QUE LLEVÓ
A VERBAL BEHAVIOR. 13
1.1. Chomsky vs. Skinner. 13
1.2. El impacto de la crítica de Chomsky. 15
1.3. Algunas claves para entender conducta verbal. 17
CAPÍTULO 2. FUNDAMENTOS BÁSICOS DE LA
PROPUESTA DE VERBAL BEHAVIOR. 21
2.1. ¿Por qué estudiar la conducta verbal desde el
Análisis Experimental del Comportamiento? 22
2. 2. De nición de Conducta Verbal. 27
2. 3. Tipos básicos de operantes verbales. 32
CAPÍTULO 3. ASPECTOS AVANZADOS DE LA
PROPUESTA DE VERBAL BEHAVIOR. 59
3.1. Condiciones especiales en el control
por el estímulo. 60
3.2. Los Autoclíticos. 70
3.3. La conducta verbal encubierta:
de hablar a pensar. 76
3.4. Otras cuestiones abordadas en
Verbal Bebavior. 81
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CAPÍTULO 4. LA CRÍTICA QUE ENSOMBRECIÓ AL
LIBRO. 91
4.1. El nacimiento de la Psicología Cognitiva:
¿causa o efecto? 91
4.2. El porquć del impacto de la crítica. 93
4.3. La respuesta de Maccorquodale. 99
4.4. ¿Y qué proponía Chomsky como alternativa? 111
4.5. Conclusiones sobre la polémica
Chomsky vs. Skinner. 114
CAPÍTULO 5. ¿Y DESPUÉS QUÉ? 117
5.1. El impacto de Verbal Behavior en la
comunidad conductista. 117
5.2. Evolución de los trabajos empíricos
basados en Verbal Bebavior. 123
5.3. La investigación sobre Conducta Verbal. 127
5.4. Algunas re exiones nales. 144
CAPÍTULO 6. LECTURAS RECOMENDADAS. 147
6.1. Bibliogra a recomendada. 147
6.2. Bibliogra a complementaria. 149
REFERENCIAS. 153
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
CAPÍTULO 0. PRÓLOGO
«S
li no sabes de Análisis de Conducta Verbal, no
eres realmente un Analista de Conducta». Éste es
un dicho que, en nuestro ámbito, llevamos mu-
cho tiempo utilizando. La conducta verbal ocupa una parte
tan importante del repertorio comportamental de los seres hu-
manos, que no tiene sentido no hacer uso de esta herramienta
que nuestra disciplina ha desarrollado.
Pues bien, el primero de nuestro grupo de trabajo que se
aplicó esta máxima fue el autor de este opúsculo: Vicente Pé-
rez. El fue el primnero que tendió puentes desde la que ha sido
durante muchos años nuestra línea principal de trabajo (la ca-
tegorización y las relaciones derivadas) a los estudios y aplica-
ciones emanados del campo de la conducta verbal. Aprendió
mucho al respecto, y se preocupó de que los analistas de con-
ducta de su entorno también lo hicieran.
Recuerdo perfectamente un seminario que realizamos para
nuestros alumnos colaboradores de las universidades de Sevilla
y la UNED. Vicente iba a hablar de la polémica Skinner Vs
Chomsky (de la que es un experto). Yo no me di cuenta de que
su estrategia expositiva estaba consistiendo en empezar con las
críticas que hacía Chomsky a la obra Conducta verbal. Como
para un analista de conducta adecuadamente formado no es
di cil contraargumentar esa posición, yo iba interviniendo a
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Vicente Pérez Fernández
cada momento. Vicente me trataba con paciencia. Hasta que
me di cuenta de que, sin querer, le estaba torpedeando la con-
ferencia, ya que en la segunda parte de la misma, tenía perfec-
tamente estructuradas las respuestas que desde el conductismo
se da a la famosa crítica «chomskiana». Toda esa informnación
llegó a los estudiantes, de la misma forma en que es impor-
tante que llegue a los analistas de conducta en formación y al
público en general.
Siguiendo con este episodio, realmente histórico en el de-
sarrollo del estudio cientí co de la conducta verbal, es verda-
deramente reseñable que se incluya no sólo la crítica cognitiva
a la posición conductual, sino también la propuesta que se
hace desde la primera. Y no es, ni más ni menos, que una vuel-
ta a pseudoexplicaciones que envían el tema a la logénesis:
los humanos hablamos porque al nacer estamos preparados
para ello, las mujeres no pueden desarrollar ciertas habilidades
porque no están «programadas» para ello, otras razas no son
su cientemente inteligentes de manera innata... Olvidándo-
nos de la importancia clave en psicología y en el desarrollo
de conductas complejas del factor ontogenético: la educación,
la socialización, el aprendizaje que se produce minuto a mi-
nuto, día a día... durante años. Y que nos lleva a ser lo que
somos. Cualquiera que de manera personalo profesional haya
trabajado en la adquisición de la conducta verbal con personas
con o sin problemas en el desarrollo sabe a lo que me re ero.
Normalicemos, en este caso, el térmnino «involución cognitiva»
para referirnos al intento de volver a las pseudoexplicaciones
mentales, espirituales, anímicas, homunculares..
Un aspecto fundamental del Análisis de Conducta sobre el
que este libro hace especial hincapié es su carácter funcional.
Para otros niveles de análisis más moleculares (p.e. la siología)
puede tener sentido hacer un análisis topográ co del compor-
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
tamiento del sujeto. A nivel psicológico, sin embargo, sólo un
análisis funcional y contextual puede dar lugar a explicaciones
útiles. Y este tipo de abordaje es el que hace el Análisis Expe-
rimental del Comportamiento desde sus orígenes. Del mismo
modo que cerrar un ojo o mover con velocidad una mano
pueden tener signi cados conductuales muy diferentes de-
pendiendo de los estímulos antecedentes y consecuentes que
acompañen a tales conductas, también una conducta verbal
determinada (p.e. decir AGUA) puede funcionar de diversas
maneras aunque comparta la topografía.
Entre las muchas cosas destacables que tiene este libro, está
el hecho de que no sólo explica de manera exhaustiva y clara
los conceptos claves del estudio de la conducta verbal. Espe-
cialmente relevante en esta obra es el esfuerzo de actualización
que hace el autor sobre los contenidos de esta línea de trabajo.
De las diversas ramas destacadas que aparecen al nal del libro,
dos me han lamnado especialmente la atención. Precisamen-
te las dos que están más alejadas de mis investigaciones. Una
es la investigación de la conducta gobernada por reglas, que
no debemos olvidar que es también una conducta operante
aprendida por contingencias. Y la otra es la conducta verbal en
el contexto terapéutico. En dicho contexto, eminentemente
hay un intercambio de conducta verbal entre el terapeuta y
el cliente, que conduce a un cambio en la conducta de este
último (y también del primero). Ya muy consolidado el primer
ltro de tratamiento psicológico basado en la evidencia (zen
qué si no?) hay que trabajar para pasar un segundo ltro de
tratamiento psicológico basado en procesos: indagar de mane-
ra na qué leyes de conducta son necesarias y su cientes para
que el cambio del que hablamos se dé.
En de nitiva, estamos ante un libro muy recomendable
para seguir aprendiendo sobre Conductismo y sobre la obra de
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Vicente Pérez Fernández
Skinner. Aprovéchenlo. Y luego sigan profundizando a través
de todas las puertas al conocimiento que nos ofrece.
Andrés García García.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
CAPÍTULO 1. LA APUESTA QUE
LLEVÓA VERBAL BEHAVIOR.
n 1930 B. F Skinner defendió su tesis doctoral en
Harvard donde permaneció hasta 1936. Durante los
Jtres últimos años de su estancia allí, perteneció a la
Society ofFellows, donde uno de sus profesores, Whitehead, le
planteó un desa o: explicar el lenguaje como un comporta-
miento (Claus, 2007).
Aunque aceptó el reto inmediatamente, tardó más de 23
años en cumplirlo. Y no es hasta 1957, cuando Skinner pu-
blica Verbal Behavior, probablemente su obra más compleja y
controvertida (Peña-Correal y Robayo-Castro, 2007). Y una
que, inesperadamente para su propio autor, llegaría a ser más
conocida en las siguientes décadas, no por ella misma, sino por
la crítica que hiciese sólo un año después de su publicación,
otro doctorado en Harvard: un por entonces desconocido
Noah Chomsky.
1.1. Chomsky vs. Skinner.
Hijo de dos expertos en lengua hebrea, Noam Chomsky
empezó a estudiar en 1945 Filoso a, Lingüística y Matemáti-
cas, todas disciplinas de naturaleza evidentemente formnal, en
la Universidad de Pensilvania bajo la tutela de Zellig Harris.
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Vicente Pérez Fernández
Harris se caracterizaba por su abordaje empirista y casi
conductual de las estructuras lingüísticas (Cohen, 1980), y
Chomsky se dedicó hasta 1955 a formalizar su modelo. Du-
rante esa época, Nelson Goodman, uno de sus maestros de
oso a, le presentó en la Society of Fellows de Harvard, donde
empezó a trabajar en 1951, doctorándose cuatro años después.
Por otra parte, B. F. Skinner empezó sus estudios de psi-
cología en Harvard en 1928, a los 24 años, tras abandonar su
intención de ganarse la vida como escritor. Aunque sus pri-
meros acercamientos a la psicología fueron desde la loso a,
fueron las obras de Pavlov y Watson las que le condujeron al
conductismo, y no los departamentos de Harvard, en los que
no encontró ningún apoyo.
En 1930 defendió su tesis doctoral y permaneció en Har-
vard hasta 1936, los tres últimos años perteneciendo a la ya
mencionada Societyof Fellows. Y fue en dicha Sociedad donde
aceptó el desafío que le propuso el Dr. Whitehead, es decir,
explicar el lenguaje usando la misma estructura explicativa que
utilizaba para el resto de los comportamientos: el análisis fun-
cional de la conducta.
Tras su estancia en Harvard, Skinner desarrolló su labor
docente e investigadora en la universidad de Minneapolis,
donde empezó a trabajar en el desafío que le plantearon, aun-
que, nalmente, le llevaría más de 23 años terminarlo. En
1945 asumió la dirección del departamento de Psicología en
la Universidad de Indiana, y en 1947 regresó a Harvard donde
desarrolló su período más productivo.
Cuando Chomsky ingresó en la Society of Fellows de Har-
vard en 1951, Skinner ya llevaba cuatro años como profesor
en dicha universidad. Si bien Skinner (con 47 años) no parecía
conocera Chomsky (con 23), no se daba la misma relación a
la inversa. En el momento en el que Chomsky llegó a Har-
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
vard el ambiente universitario estaba muy inAuenciado por la
gura de Skinner, principalmente el estudiantil, ya que Skin-
ner acababa de terminar sus conferencias W. James (centradas
en la conducta verbal), y era bien conocido su carisma como
docente.
En palabras de Chomsky:
«Yo tenía algunos compañeros que eran alumnos suyos. Se
respiraba en el ambiente y por entonces ejercía una cierta
in uencia. A mi enseguida me llamaban la atención como
una curiosa especie de misticismo (...)» (N. Chomsky, cit.
en Cohen, 1980, p. 104).
En 1955 Chomsky es contratado como profesor en el Mas-
sachusettsInstitute of Technology (MIT), donde terminaría ocu-
pando una cátedra. Pero no es hasta 1957 cuando escribe su
primer libro: «Estructuras Sintácticas», basado en su tesis doc-
toral. En su obra se distancia de su trabajo junto a Harris, su
maestro, atacando los presupuestos centrales tanto del estruc-
turalismno como de la psicología conductista. Y en ese mismo
año, 1957, Skinner publica por n su propuesta de análisis del
comportamiento verbal: Verbal Behavior.
En 1958, un año después de la publicación de su libro,
Skinner recibe. un manuscrito mnecanogra ado del propio
Chomsky. Esto ocurrió un año antes de la publicación de su
famosa crítica (Chomsky, 1959), y, en diferentes ocasiones,
Skinner llegaría a admitir que nunca leyó del mismo más de
una docena de páginas (Cohen, 1980).
1.2. El impacto de la crítica de Chomsky.
La reseña de Chomsky tuvo una difusión tal que llegó a
sobrepasar al texto original en impacto, algo reconocido hasta
por el propio Skinner (Skinner, 1972). Eran muchos los que
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Vicente Pérez Fernández
habían leído la crítica, y que apoyaban lo que defendía, pero
no el texto original.
La extensión de la crítica fue completamente inusual (más
de treinta páginas), y muchos autores consideraban que con
su lectura ya conocían todo lo que necesitaban saber tanto de
la postura ante el comportamiento verbal conductista como,
incluso, de los principios generales del conductismo, y espe-
cialmente del skinneriano.
A pesar de la extensión de la crítica de Chomsky, su análi-
sis se demostró esencialmente super cial (como veremos más
adelante), y, sin embargo, tuvo una in uencia enorme en la
Psicología. Llegando diversos autores contemporáneos a que-
jarse de cómo la psicolingüística mimetizó hasta el tono del
artículo (muy beligerante, por otra parte), de cómo se decla-
raron una «revolución», y de cómo se cambiaron las preguntas
por «enfrentamientos» (Maccorquodale, 1970, por ejemplo).
El número de personas que se acercaron a la obra de Skin-
ner a través de la crítica de Chomsky fue aumentando con el
tiempo, algo explicable en parte, por la diferencia de esfuerzo
que requiere aproximarse a una obra y a la otra. De hecho, Ver-
bal Behavior sigue considerándose como el libro más comple-
jo, en cuánto a las di cultades que plantea su comprensión, de
toda la bibliografía de Skinner (Peña-Correal y Robayo-Cas-
tro, 2007).
Verbal Belhavior ha sido rechazado, y lo sigue siendo, por
muchos lingüistas como una fuente de hipótesis y modelos
explicativos bajo la premisa de que la crítica de Chomsky de-
mostró su inutilidad, sin realizar, en la mayoría de los casos, un
análisis del libro original o de las revisiones posteriores. Palmer
(2006), para ilustrar esta cuestión, destacó como ejemplos de
esta tendencia a rmaciones como las siguientes: «La revisión
de Chomsky es considerada la más importante refutación del
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Conducta Verbal de Skinner:génesis,polémica, basesy evolución.
conductismo» (Newmeyer, 1986) o «sus argumentos fueron
considerados absolutamente devastadores» (Harris, 1993).
Independientemente del acierto en el contenido de la críti-
ca de Chomsky, en lo que sí acertó de pleno fue en tener como
objeto de su crítica a Skinner, una gura altamente reconocida
(tanto en ese contexto histórico, como en los años posterio-
res), y cabeza visible de un paradigma que en ese momento era
el dominante, y con el que competía abiertamente la Psicolo-
gía Cognitiva.
Aunque no fuese la intención de Chomsky (o tal vez, si),
esta «polémica» (aunque como tal nunca se diese, ya que Skin-
ner no participó en ella) tuvo como efecto el alzamiento de
la gura de un desconocido lingüista entre una comunidad
de psicólogos (los cognitivos), que hasta ese momento no le
habían prestado mucha atención (De la Casay cols., 1993).
1.3. Algunas claves para entender conducta verbal.
Skinner no era lólogo ni lingüista, pero ¿era necesario ser-
lo para realizar un análisis de la conducta verbal como tal, es
decir, como conducta? Probablemente no, pero es muy posible
que serlo hubiese resultado de mucha utilidad para defender
sus ideas contra alguien que sí lo era. Y, de la misma forma,
la crítica de un lingüista (como Chomsky) hubiera sido más
acertada si sus conocimientos sobre el análisis del comporta-
miento hubiesen sido más profundos.
Y, como veremos más adelante, aunque hay múltiples mo-
tivos que pueden explicar el impacto de la crítica de Chomsky,
algo obvio para cualquier analista de la conducta es que su
escrito adolece de cierta incomprensión de aspectos básicos
tanto de la Psicología del Aprendizaje y el Condicionamiento,
como de la propia propuesta especí ca de Verbal Behavior.
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Vicente Pérez Fernández
Antes de terminar este capítulo, destacaremos tres de ellos:
1. En primer lugar, el libro es una hipótesis de trabajo,
una propuesta de marco teórico con el objetivo de desa-
rrollar investigación empírica dentro de los presupuestos
del Análisis Experimental del Comportamiento. Más que
un conjunto de a rmaciones es un compendio de supo-
siciones a comprobar derivadas de lo que se conocía del
resto del comportamiento, y, por supuesto, partiendo del
axioma de que la conducta verbal es una forma de con-
ducta como cualquier otra.
2. En segundo lugar, aunque los análisis formales y los
análisis funcionales no son incompatibles (de hecho, pue-
den complementarse), en Verbal Behavior, como en el res-
to de la obra de Skinner, se opta por un análisis funcional.
Es decir, las etiquetas se asignan a los diferentes eventos
(o elementos del análisis) dependiendo del rol psicológico
que cumplen respecto a los eventos que le anteceden y le
siguen, y no en función de su estructura, aspecto o topo-
grafía, es decir, de sus rasgos sicos. De esta forma: a) una
misma frase o palabra, por ejemplo, puede tener funcio-
nes diferentes y, por tanto, constituir una operante distin-
ta, y, de la misma manera, b) la unidad funcional puede
ser tanto un discurso entero, como una frase, una palabra
o una entonación. En de nitiva, una operante verbal no
se identi ca nunca a priori, sino en función del elemento
que correlaciona con la contingencia de refuerzo.
3. Y, por último, es mnuy importante tener en cuenta
que, bajo la propuesta skinneriana, las operantes verbales
estarían determinadas de forma múltiple. Es decir, una
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
misma respuesta podría funcionar a la vez como tacto,
mando o intraverbal (por ejemplo), en función de las di-
ferentes fuentes de control estimular y de las variables de
refuerzo.
Podemos observar este control múltiple cuando: a) un
evento controla varias respuestas, y b) una respuesta es reforza-
da por distintos eventos.
El impacto de la crítica lo veremos en el capítulo cuatro,
pero antes de eso, es conveniente profundizar en la propuesta
de Skinner para analizar el comportamiento verbal. En el si-
guiente capítulo analizaremos el concepto de «episodio verbal,
en qué consiste la denominada «estimulación suplementaria»,
así como la manera en la que se conceptualiza el acto de imagi-
nar y pensar desde el Análisis Funcional del Comportamiento.
Pero, sobre todo, nos centraremos en de nir la taxonomía de
las operantes verbales: el Mando, el Tacto, la conducta Ecoica,
Textual e Intraverbal, y los Autoclíticos.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
CAPÍTULO 2. FUNDAMENTOS
BÁSICOS DE LA PROPUESTA
DE VERBAL BEHAVIOR.
D esde
Teoríalade
a Biología
la Evolución)
(y, sobre
llevantodo,
siglosaacercando
partir de al
la
hombre al resto de los animales. Por otro lado, y
de manera complementaria, muchos de los descubrimientos
de la Psicología Cientí ca de las últimas décadas han contri-
buido a acercar al resto de los animales a los humanos.
Y, pese a ello, la búsqueda de elementos distintivos entre
el hombre y el resto de las especies animales, que ha sido una
constante a lo largo de la historia de la humanidad, sigue sien-
do algo muy presente en muchas manifestaciones de nuestra
cultura actual. Y, desde luego, también lo era a mediados del
siglo XX.
Aunque se han propuesto muchas distinciones, y de natu-
ralezas muy distintas, podría a rmarse que dos de los aspec-
tos más repetidos como elementos diferenciadores, o exclusi-
vos de los seres humanos, son, por un lado, la existencia del
alma, siendo este un aspecto poco susceptible de ser observado
(como mínimo); y, por otro lado, la capacidad de comunicarse
y de pensar.
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Vicente Pérez Fernández
En cuanto a la primera, la capacidad de comunicarse, es
decir, de hablar y escribir, determina en gran medida nues-
tra forma especí ca de relacionarnos con nuestros semejantes.
Pero, aún más relevante para la particularidad de la especie
humana, la comunicación sustenta la posibilidad de transmi-
sión cultural, es decir, de que, entre otras cosas, las siguientes
generaciones puedan empezar su conocimiento sobre el medio
donde lo dejaron las anteriores, y no desde el principio.
Por otro lado, la capacidad de pensar suele utilizarse como
la principal prueba en la que se sustenta la existencia del cons-
tructo hipotético conocido como «mente». Y esto, directa-
mente, la convierte en el proceso cognitivo superior por an-
tonomasia. Habilidades como el razonamiento, la resolución
de problemas, la creatividad, la imaginación, la conciencia e
incluso en algunos casos, la memoria, son consideradas como
diferentes manifestaciones de la capacidad de pensar.
Pero ¿y si, en realidad, hablar y pensar son dos formas de
conducta tan íntimamente relacionados que podemos estar
hablando del mismo tipo de respuesta, pero a intensidades
distintas? Y, más aún, ¿y si no sólo son el mismo tipo de com-
portamiento, sino que, además, son «simplemente» conductas
operantes? Es decir, ese tipo de conductas estudiadas con ratas
y palomas en el laboratorio.
Obviamente, la hipótesis de Skinner no iba a pasar
desapercibida.
2.1. ¿POFqué estudiar la conducta verbal desde el
Análisis Experimental del Comportamiento?
El Análisis Experimental del Comportamiento (AEC) es
una ciencia natural básica cuyo objetivo es predecir, contro-
lar y explicar la conducta de los organismos individuales. Su
método de investigación consiste, principalmente, en la iden-
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
ti cación de las relaciones funcionales que se dan entre los
eventos ambientales y el comportamiento de los sujetos.
Uno de los aspectos fundamentales de la interacción del
organismo con el ambiente se re ere al comportamiento ope-
rante, es decir, a cómo la actuación de los individuos modi ca
el ambiente y de cómo esta alteración en el ambiente cambia
a los propios individuos, aumentando o disminuyendo la pro-
babilidad de que esa actuación se repita en el futuro ante un
contexto similar.
La respuesta del organismo puede ser reforzada por sus
efectos primarios sobre el ambiente, como cuando abrir un
grifo cuando tenemos sed es reforzado por la aparición del
agua. Pero la interacción con el medio no se limita a la acción
directa sobre el ambiente físico.
Los seres humanos vivimos en una sociedad en la que mu-
chas de las consecuencias de nuestro comportamiento depen-
den de la participación de otras personas. Cuando le pedimos
un vaso de agua al camarero, la consecuencia última (es decir,
la redución de dicha privación, de lo que llamamos «sed») es
el resultado de una cadena de eventos entre los que la propia
conducta del oyente es un eslabón crucial.
La conducta verbal no actúa sobre el ambiente sico de
la misma forma en la que lo hacen otras conductas, ya que
sólo son efectivas por la mediación de otras personas (no le
pedimos al grifo que nos dé agua, por ejemplo). Pero eso no
implica necesariamente que requiera de principios cualitati-
vamente diferentes para ser explicada. Su existencia se debe a
contingencias de reforzamiento que, por lo que sabemos, sólo
están presentes en el ambiente social humano, pero eso no im-
plica que los mecanismos de aprendizaje que la sustentan sean
distintos a las de otras conductas no verbales.
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Vicente Pérez Fernández
Es cierto que las propiedades distintivas de la conducta
verbal, tanto dinámicas como topográ cas, son muchas, y, en
gran medida, esto fue lo que motivó a Skinner a dedicarle un
tratamiento especial en su libro.
En Verbal Behavior, el autor propone una serie de relacio-
nes funcionales que explican las diferentes formas de com-
portamiento verbal. Y, aunque su tesis no es emnpírica, y no
presenta datos experimentales, que acostumbraban a ser muy
abundantes en otras obras suyas anteriores (Skinner, 1953;
Ferster y Skinner, 1957, por ejemplo), se basa exclusivamen-
te en fenómenos ampliamente comprobados, y, sobre todo,
falsables.
Verbal Behavior es, en palabras de su propio autor:
«... un ejercicio de interpretación, más que una extrapolación
cuantitativa de resultados experimentales rigurosos» (Skinner,
1957, pág. 11).
Pero, de nuevo, una interpretación fundamentada en leyes
que habían demostrado ser:
- Robustas, ya que incluso en los años cincuenta del siglo
pasado, habían sido replicadas en multitud de ocasiones.
- Su cientes, ya que no se alude en ningún nomento a
otros fenómenos no comprobables empíricamente.
Generalizables, pues se había demostrado su presencia
en todos los individuos y especies animales en los que se había
evaluado.
Si bien, como hemos señalado, sus propiedades distintivas
requerían de un tratamiento especí co, existen otras razones
que justi can la especial atención que Skinner, y mucho más
tarde el resto de la comunidad conductista, le prestó a la con-
ducta verbal. Entre estos motivos, vamos a destacar tres:
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
1. En primer lugar, nuestro ambiente es eminentemente
verbal.
En un contexto social verbal como el nuestro, las palabras
adquieren funciones esenciales debido a que, por un lado, gran
parte de nuestra interacción con el medio depende de la inter-
vención de otras personas; pero también, a que nos permite re-
ferirnos a nuestro ambiente de manera sumamente precisa. De
hecho, cuando existe algún tipo de discapacidad verbal (ya sea
innata o adquirida), es sencillo comprobar como la cantidad y
calidad de las interacciones entre el sujeto y su entorno social
se ve gravemente reducida, lo que termina limitando enorme-
mente su autonomía y su acceso a los reforzadores disponibles.
2. Disposiciones de aprendizaje.
En segundo lugar, existe mucha evidencia de que la adqui-
sición de discriminaciones operantes reduce el tiempo necesa-
rio para la adquisición de discriminaciones posteriores (Har-
low, 1949; Lawrence, 1963; Mackintosh, 1964; o Seraganian,
1979; por ejemplo). En otras palabras, que aprender mejora
la velocidad con la que se aprenden nuevas conductas. Este
fenómeno se conoce como «Disposiciones de aprendizaje».
Pero, no obstante, la adquisición de conducta verbal tiene un
efecto más crítico aún. Desde un punto de vista psicológico, el
concepto «Capacidad» suele equipararse a una habilidad cuya
adquisición permite el acceso al aprendizaje de componentes
de un repertorio previamente inaccesible. Por-ejemplo, no
disponer de conductas ecoicas (repetir lo que se oye) di cul-
ta el aprendizaje de tactos (nombrar eventos). Este concepto
de «capacidad» también se ha utilizado bajo el nombre «cusp
de conducta» (Rosales-Ruiz y Baer, 1997), re riéndose a los
cambios en la interacción sujeto-ambiente que abre la posibi-
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lidad de diversas interacciones nuevas, y, frecuentemente, más
complejas. Por ejemplo: aprender a caminar cambia nuestra
relación con el entorno posibilitando otras conductas como
la exploración y la exposición a contingencias de refuerzo (o
castigo) que instauran patrones de comportamiento que de
otra manera no se adquirirían. La adquisición de capacidades
verbales, probablemente, son los «cusp de conducta» que mnás
implicaciones tienen, tanto para la interacción con el entorno,
como para cuestiones más complejas como el razonamiento,
la conciencia o la resolución de problemas, por citar algunas.
3. Creación de reglas y seguimiento de instrucciones.
Y, por último, y a pesar del innegable efecto de las contin-
gencias directas en el moldeamiento de la conducta, la genera-
ción de reglas y su uso como instrucciones para otro individuo,
así como la propia conducta de seguimiento de instrucciones,
es una variable crucial en el condicionamiento de humanos.
Por un lado, la emnisión de reglas o instrucciones es muy útil
(y en algunos casos, necesario) para iniciar la conducta. Es
muy frecuente que en nuestros contextos sociales gran parte
de nuestro comportamiento (sobre todo si no existe aún una
respuesta adaptativa en nuestro repertorio) se inicie mediante
el seguimiento de alguna instrucción (Ayllon y Azrin, 1964).
Y, por otro lado, las reglas permiten que seamos afectados por
consecuencias remotas (Skinner, 1969). La ine cacia de las
consecuencias demoradas para condicionar el comportamien-
to es un fenómeno muy replicado, tanto con humanos como
con otras especies (ver Lattal, 2010, para una revisión). Sin
embargo, el uso de instrucciones permite que no sean sólo las
consecuencias inmediatas las que afecten a la conducta.
Existían (y siguen existiendo), por tanto, importantes ra-
zones para estudiar la conducta verbal y, en concreto, a través
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
de un paradigma, como el AEC, que era en ese momento (y
probablemente, lo siga siendo en la actualidad) el único repre-
sentante de la Ciencia en la Psicología.
En este capítulo y en parte del siguiente, nos centraremos
en la taxonomía resultante de la propuesta de Skinner, pero
antes, aunque ya ha empezado a esbozarse, es necesario delimi-
tar a qué nos referimos con «conducta verbal», y, sobre todo,
a qué no.
2. 2. De nición de Conducta Verbal.
Desde el AEC, y siguiendo la propuesta de Skinner, se con-
sidera como «conducta verbal» a aquel comportamiento cuyo
reforzamiento es mediado por otro individuo entrenado para
actuar como oyente.
Así, bajo esta de nición, la conducta verbal no se equi-
pararía ni con el lenguaje vocal ni con el escrito, tampoco se
tendría que limitar necesariamente ni a ninguna especie, ni
a ningún momento histórico concreto; y y esto es muy im-
portante, tampoco se limita a ninguna característica léxica o
morfológica.
De hecho, y como ya se ha adelantado, según esta apro-
ximación, no hay ninguna razón para suponer a priori que la
conducta verbal requiere de una consideración cualitativamen-
te diferente a la de cualquier otra conducta y, por tanto, que
no es más que otra forma de comportamiento que depende de
las mismas variables ambientales y ontogenéicas que el resto.
Y es que, no podemos olvidar que, a pesar de la compleja
taxonomía con la que Skinner clasi có las diferentes operantes
verbales (una taxonomía que ha sido aceptada y continuada
por la comunidad de analistas de la conducta, como veremos
en el último capítulo), toda la conducta verbal es técnica y
funcionalmente una operante, y, por tanto, como cualquier
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otra operante, no deja de ser una discriminación simple o una
discriminación condicional.
Llegados a este punto, podríamos plantearnos una pregun-
ta sencilla: incluso asumiendo esta de nición y las implicacio-
nes que de ella se derivan, ¿por qué esta insistencia en usar la
expresión «conducta verbal» y no la palabra «lenguaje» (mucho
más extendida)?
Es importante tener en cuenta aquí la distinción entre
la topografía y la función de cualquier comportamiento. La
topografía hace referencia a las características sicas de una
conducta (la dirección, velocidad, músculos implicados, in-
tensidad, etc.). Mientras que la función se re ere a la relación
de una conducta con su causa, es decir, de qué depende su apa-
rición, y, por tanto, de qué variables ambientales es función.
La aproximación al lenguaje desde el AEC se centra, por
supuesto, en analizar su función, que es lo que, por otra parte,
le debería de incumbir a toda la Psicología. La de nición de
conducta verbal, y la taxonomía de las operantes verbales, se
fundamentan en el aspecto funcional de la respuesta, indepen-
dientemente de si es vocal, gestual o pictórica. Se interesa por
Cómo su emisión camnbia el entorno, y cómo este cambio en
el entorno modi ca al individuo. Y esta aproximación es muy
distinta al análisis de la estructura del lenguaje, campo que
estaría más relacionado con la lingüística.
El lenguaje no puede considerarse como una conducta por
sí misma, es una especie de diccionario, un léxico, un con-
junto de topografías verbales adoptadas por una comunidad.
Y, en este sentido, es importante recordar que esa topografía
concreta es arbitraria, no es natural, depende de variables his-
tóricas y, de hecho, se modi ca según los cambios en los usos.
La Psicología al estudiar la conducta verbal se interesa, o, más
bien, debería interesarse, por la manera en la que el hablante
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
afecta al oyente y viceversa, es decir, por la función psicológica
del lenguaje.
Como señalaba el propio Skinner en Verbal Behavior, el
principal problema por el que se ha demorado tanto el estu-
dio de la conducta verbal desde esta perspectiva es la aparente
necesidad de buscar una causa del lenguaje interior al hombre;
de considerar las «ideas» o las «imágenes» como los motores de
la conducta verbal. Ahondando en esta problemática, el au-
tor destacó dos principales consecuencias de esta concepción
(Skinner, 1957):
1) Por un lado, se encuentra la creencia de que el habla
tiene existencia independiente de la conducta del hablante, es
decir, que las palabras no son más que herramientas. Pero no
hay que perder de vista a este respecto, la distinción entre una
actividad y la huella que deja. La conducta verbal no es la «uti-
lización de palabras».
2) Y, por otro lado, está la creencia de la existencia inde-
pendiente de los «signi cados», es decir, aquello que se co-
munica en una expresión. Aunque existen palabras cuyo mar-
co de referencia semántico externo les facilita encajar en esta
concepción, no hay que olvidar a aquellas en las que parecería
necesario mirar dentro del sujeto para descubrir su intención,
ya que son totalmente «subjetivas».
En de nitiva, la función de una conducta verbal no es igual
ni a su «signi cado» ni a su «referente». «Función» hace refe-
rencia a las variables de control de un comportamiento, de su
causa, del evento ambiental que lo ha provocado (dentro o
fuera del organismo). Desde un punto de vista lingüístico, la
palabra «coche» tiene un signi cado en relación con el objeto
de referencia (el automóvil). Desde un punto de vista psicoló-
gico, su clasi cación, como veremos más adelante, depende de
su función, y puede ser tanto una etiqueta (tacto), como una
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petición (mando). La psicología, en de nitiva, se centraría en
las variables motivacionales, históricas y ambientales de las que
depende que el sujeto diga «coche».
Por último, antes de comenzar con la taxonomía de las ope-
rantes verbales, vamos a volver una vez más a la de nición que
propuso Skinner, es decir, considerar a una conducta como
verbal cuando otro individuo actúa como mediador de las
consecuencias de tal conducta. Aunque esta de nición se re-
ere principalmente al hablante, la presencia de un oyente que
responda de forma apropiada a su conducta es imprescindible.
Cuando consideramos la conducta verbal del hablante y
la respuesta del oyente que la explica como un conjunto nos
referimos, según Skinner, a un Episodio Verbal.
Por ejemplo, un niño (hablante) diciendo «quiero un ju-
guete» (respuesta verbal vocal) y su madre acercándole un co-
checito (respuesta del oyente al mando del hablante) constitui-
ría un episodio verbal. La respuesta vocal del nińo es reforzada
por la obtención del juguete, y para ello ha sido necesaria la
mediación de otra persona, entrenada previamente para res-
ponder a mandos de este tipo.
El análisis de la conducta del oyente es imprescindible
para
entender completamente el episodio verbal; pero, a no ser que
se convierta en hablante, la conducta del oyente no tiene por
qué ser necesariamente verbal. Un estímulo verbal (emitido
por el hablante) puede funcionar como Estímulo Discrimina-
tivo (Ed) o como Estímulo Condicionado (ECon) de la misma
forma que puede hacerlo cualquier otro estímulo no verbal.
En de nitiva, para el análisis del episodio verbal, lo relevante
de la conducta del oyente es que proporciona las condiciones
para explicar la conducta del hablante.
Así, el oyente puede cumplir en el episodio verbal dos fun-
ciones básicamente:
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a) Puede reforzar la conducta verbal o mediar en su refor-
zamiento, es decir, participar como evento consecuente a la
conducta verbal del hablante.
b) O puede servir como estímulo de control de la conducta
del hablante, es decir, como Estímulo Discriminativo. En este
segundo caso, cuando el oyente estimula al hablante antes de
la emisión de la conducta verbal, se le denomina «audiencia».
La presencia de una audiencia u otra hace que ciertas res-
puestas verbales de nuestro repertorio sean más probables que
otras. La jerga que usamos al hablar, e incluso el idioma, de-
pende de las personas con las que hablamos; características
topográ cas como la in exión o la velocidad de nuestro dis-
curso; el hecho de que saquemos unos temas de conversación
u otros; o incluso que usemos más o menos exabruptos, es
función de las características del grupo en el que nos encontra-
mos, es decir, de nuestra audiencia.
La manera en la que ciertas personas (o grupos de perso-
nas) adquieren una función concreta como audiencia, e inclu-
so el mantenimiento de esta función a lo largo del tiempo, es
exactamente la misma de como ocurre con los estímulos de
control de otras conductas no verbales:
Para una determinada conducta verbal, se convierten en
audiencias negativas aquellos individuos en cuya presencia la
emisión de dicha conducta fue castigada (o extinguida), y en
audiencias positivas aquellas en cuya presencia fue reforzada.
Es posible que algunas personas adquieran su función
como audiencia por su parecido con otras que ya la tenían, a
través de procesos de generalización.
E incluso uno mismo puede funcionar como su propia
audiencia. El condicionamiento por parte de la comunidad
verbal puede hacer que ciertas respuestas verbales funcionen
como estímulos condicionados aversivos o apetitivos, de for-
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ma que l propio hablantepodría funcionar como oyente
(castigando o reforzando la emisión de estas) y posteriormente
como audiencia.
En los siguientes apartados, tanto de este capítulo como
en los primeros del siguiente, vamos a describir las formas o
tipos de operantes verbales. Es importante recordar que esta
clasi cación atiende a las variables de control a las que están
sometidas, es decir, a aspectos funcionales. Como veremos, la
mayoría de ellas no pueden diferenciarse por sus características
topográ cas, no son unidades formales, sino que es necesario
analizar los tipos de relaciones funcionales que mantienen con
sus eventos antecedentes y consecuentes.
En este capítulo veremos el Mando, el Tacto, la Ecoica,
la Textual, y la Intraverbal. Mientras que en el siguiente se
abordarán los Autoclíticos y las dos formas de estimulación
suplementaria: los Instigadores y los Sondeos.
Empecemos con los Mandos.
2. 3. Tipos básicos de operantes verbales.
2.3.1. El mando. «Un ron con cola, por favor».
A diferencia de otras formas de respuesta verbal, que suelen
ser adquiridas y mantenidas por reforzadores generalizados,
los mandos son operantes reforzadas por una consecuencia ca-
racterística, y, por tanto, son dependientes de la deprivación,
cuando se mantienen por reforzamiento positivo, o de la es-
timulación aversiva, cuando se mantienen por reforzamiento
negativo.
Esta distinción respecto al resto de los operantes es muy te-
nida en cuenta en las técnicas más actuales para la adquisición
de repertorio verbal en poblaciones con di cultades severas
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
de aprendizaje. Existe en este momento una amplia eviden-
cia empírica de la necesidad durante el entrenamiento de no
reforzar la emisión de mandos con reforzadores generalizados
(como las felicitaciones, por ejemplo), sino exclusivamente
con el evento «mnandado» (Bowman, Fisher, Thompson y Pia-
zza, 1997; Sundberg, Loeb, Hale y Eigenheer, 2002).
Y es que esta es una característica muy particular de los
mandos, que suelen «especi ca» su propio reforzamiento,
describiendo la conducta que debe realizar el oyente y, por
tanto, la consecuencia última que reduciría la privación o la
estimulación aversiva presente.
Así, al depender en gran medida del nivel de privación ac-
tual y de la historia de reforzamiento del hablante, las propie-
dades topográ cas (como el nivel de energía, por ejemplo) y
probabilísticas del mando son muy dinámicas, pudiendo va-
riar muchísimo a lo largo de una extensa escala. Y, de igual
forma, que el oyente cumpla el mando (y refuerce, por tanto,
al hablante) también depende de su historia de reforzamiento:
de si ha experimentado o no las consecuencias aversivas de no
cumplir las órdenes, de la energía a la que está acostumbrado,
etc.
Todo esto provoca que, en muchas ocasiones, debido a
que el reforzamiento del oyente del cumplimiento del man-
do es inestable, se utilicen otras técnicas suplementarias para
aumentar la probabilidad de que el oyente responda adecua-
damente. Podemos encontrar ejemplos de esto en los denomi-
nados «halagos» («escríbelo tú, que tienes mejor letra»), «rega-
teos» («te hago la cena si después recoges la cocina»), e incluso
en la «suavización» («no corras tanto, que tengo miedo»).
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Atendiendo a ciertas características de la conducta media-
dora del oyente, Skinner (1957) clasi có los mandos en dife-
rentes tipos. A continuación, describiremos los más relevantes:
o Solicitud: cuando el oyente ya está motivado a mediar
en el reforzamiento del hablante. Por ejemplo, si en la
taquilla de un concierto decimos «deme una entrada, por
favor», nuestra respuesta verbal está funcionando simple-
mente como discriminativo de la conducta del taquillero
de vendernos una entrada, es decir, le estamos indicando
que vamos a aceptar lo que él ya está dispuesto a darnos.
o Orden: cuando se indica en el mando no sólo la conducta
del oyente que servirá como refuerzo para el hablante,
sino también cómo evita o escapa el oyente de una esti-
mulación aversiva. Sentarse en una conferencia cuando
el ponente dice «pueden sentarse», refuerza la respuesta
verbal del hablante al poder iniciar la conferencia y la
respuesta de sentarse del oyente al evitar la desaprobación
del resto de los asistentes.
o Súplia o ruego: cuando se cambia la probabilidad de la
respuesta del oyente generando una disposición emocio-
nal. Por ejemplo, «ayúdame a con gurar esta aplicación,
por favor», «quédate conmigo, que estoy enfermno», etc.
o Consejo: cuando el reforzamiento del hablante depende
del reforzamiento positivo del oyente. «Pídele salir, se-
guro que te dice que sí», «cómprate el disco de Miranda,
que te va a encantar», etc.
o Advertencia: cuando el reforzamiento del hablante de-
pende del reforzamiento negativo del oyente (es decir,
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evitar o escapar de una estimulación aversiva). «No be-
bas tanto, que mañana tendrás resaca», «haz un poco de
ejercicio, que estás engordando», «cambia a PC, es igual
y más barato», etc.
o Pernmiso: cuando el oyente está predispuesto a realizar
una conducta que el hablante amenaza con castigar, los
mandos que cancelan dicha amenaza suelen denominar-
se permisos. Por ejemplo: «puedes hablarme con sinceri-
dad», «siéntate, por favor», «cambia de canal si quieres»,
etc.
Por último, para nalizar este apartado sobre los mandos,
vamos a ver el concepto de «mando extenso».
Una vez se adquiere un mando, y éste se mantiene debido
a que es ampliamente reforzado, es decir, que la mayoría de los
oyentes lo cumplen, podemos también emitir esa respuesta en
ocasiones en las que el reforzamiento es imposible o muy im-
probable. Por ejemplo, ante objetos inanimados, en ausencia
de oyentes, o en presencia de individuos no entrenados como
oyentes (como una mascota).
Esto, obviamente, es debido a la generalización del control
de estímulos discriminativos, de manera que situaciones que
se parecen a otras (ante las cuáles el sujeto sí que tiene expe-
riencia de reforzamiento), terminan controlando también en
cierta medida la misma conducta, en este caso el mando.
Estos casos son muy comunes cuando la respuesta es muy
probable (por el estado de privación, por ejemplo), sin em-
bargo, el hecho de que el reforzamiento sea improbable suele
afectar a las propiedades dinámicas del mando, debilitando la
respuesta o acompañándola de algún comentario apropiado
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(como decirle a tu mascota: «ya sé que no me entiendes, pero
....»).
Este tipo de fenómenos, además, pueden originar dos tipos
de mandos extensos muy comunes:
- Por un lado, los mandos supersticiosos. Mandos que se
adquieren debido a un reforzamiento accidental, en el que no
hay verdadera relación de contingencia entre la emisión de la
operante y la aparición de la consecuencia reforzante, y que
luego son mantenidos por un reforzamiento intermitente de-
bido al azar.
-Y, por otro lado, los mandos mágicos. Es decir, la creación
de nuevos mandos por analogía con antiguos (es decir, por la
generalización debido a similitudes topográ cas o funciona-
les). En estos casos, el estado motivacional (ya sea la privación
o la estimulación aversiva) controla una respuesta verbal con la
forma de un mando, pero no es especíhca al oyente que debe
cumplirlo, como con los «ruegos celestiales» o las maldiciones.
A continuación, veremos aquellas operantes verbales bási-
cas que se encuentran bajo el control de estímulos que tam-
bién tienen naturaleza verbal: las conductas ecoicas, textuales
e intraverbales.
2.3.2. Conducta ecoica, textual e intraverbal.
A excepción principalmente de los mandos, la gran ma-
yoría de la conducta verbal es reforzada socialmente, es de-
cir, mediante reforzadores generalizados cono la aprobación,
las felicitaciones o los halagos, por ejemplo. Esto, entre otras
cuestiones, facilita que queden bajo el control de los discrimi-
nativos adecuados, y no de un estado motivacional concreto.
Dicho de otra manera, la adquisición ylo mantenimiento
de conducta verbal mediante reforzadores generalizados per-
mite que ésta quede bajo el control, no del estado de privación
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presente en ese momento, sino de aquellos estímulos que in-
dican una mayor probabilidad de que la respuesta tenga como
consecuencia la aparición de dichos reforzadores. Y, por tanto,
dependa de los estímulos discriminativos aceptados dentro de
la comunidad verbal, y no de otros.
Obviamente, estos estímulos discriminativos pueden pro-
venir de fuentes muy distintas, y tener naturalezas muy dife-
rentes. No obstante, en este punto nos centraremos en aquellas
respuestas verbales que se encuentran bajo el control de estí-
mulos también son verbales. Y, en función del tipo de estí-
mulo verbal de control, distinguiremos entre conducta ecoica,
textual, de transcripción, e intraverbal.
2.3.2. 1. Conducta ecoica (repetir).
La conducta ecoica es aquella respuesta verbal que se emite
en presencia de un estímulo vocal, y que es reforzada social-
mente por su parecido sonoro con ésta. Por ejemplo, que un
bebé diga «papá» cuando su padre dice «papá», suele ser refor-
zado con algún reforzador generalizado como la atención o los
halagos.
No obstante, es necesario señalar que el ejemplo anterior
se correspondería con una fase más avanzada, ya que el re-
forzamiento de las conductas ecoicas suele comenzar con el
moldeamiento por aproximaciones sucesivas (sepan o no los
padres lo qué es eso) de los balbuceos del bebé. Y este es un
aspecto muy importante que hay que destacar: este tipo de
conductas no dependen de un instinto de imitación, sino que
son moldeadas y mantenidas por la comunidad verbal a través
de procesos educativos (ya sea de forma implícita o explícita).
No existe ningún parecido físico entre una pauta de soni-
dos y las respuestas musculares que producen otro sonido si-
milar. El parecido entre la respuesta ecoicayel estímulo que la
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desencadena se explica porque es una característica importante
para la comunidad que se encarga de aplicar el reforzamiento.
Al principio, en un proceso que puede parecer extenso, los
individuos emiten tantas respuestas diferentes como pueden
hasta que aparece la correcta, pero una vez adquirida esa res-
puesta ecoica, se simpli ca la adquisición de nuevas unidades,
respondiendo ante estímulos nuevos con respuestas ecoicas
parciales que ya han adquirido, aproximándose al nuevo so-
nido paso a paso.
De esta manera, la adquisición de un repertorio ecoico li-
mita la propia conducta exploratoria, como ocurre con el resto
de operantes, y, por tanto, cuanto mayor es ese repertori0, más
difícil es responder a estímulos nuevos, sobre todo cuanto más
se diferencien de los que ya se han adquirido.
Las primeras operantes ecoicas que se adquieren suelen ser
bastante amplias y sirven muy poco para poder repetir nuevas
pautas, desarrollándose más tarde un repertorio de unidades
separables gracias al refuerzo intencionado de los agentes
educadores. Es entonces cuando las operantes ecoicas míni-
mas parecen volverse funcionales, cuando se han arreglado las
correspondencias más amplias, es decir, primero se adquieren
muchas respuestas ecoicas complejas que empiezan por <b»,
por ejemplo, y luego puede volverse independiente funcional-
mente el fonema «b».
2.3.2.2. Conducta textual (leer).
Las conductas textuales son respuestas vocales que se en-
cuentran bajo el control de estímulos visuales. Al igual que en
las conductas ecoicas, los estímulos visuales (en este caso: los
textos) son oportunidades para que la conducta del sujeto sea
reforzada por la comunidad verbal.
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Conducta Verbal de Skinner génesis, polémica, basesy evolución.
La conducta textual se refuerza al principio por razones ex-
plícitamente educativas, pero en muy poco tiempo se convier-
te en un comportamiento ampliamente reforzado:
Por un lado, favorece la adquisición de otras operantes
verbales, como las intraverbales, aumentando el núme-
ro potencial de ensayos de entrenamiento, o los tactos,
ya que amplía la oportunidad de identi car verbalmente
objetos que han sido asociados en un libro, por ejemplo.
Y, por otro lado, aumenta el alcance del control de las
instrucciones sobre el individuo, la propia generación de
reglas, y el propio seguimiento de estas (lo que podría-
mos denominar autoinstrucciones). Lo que conlleva una
forma de seguimiento instruccional mucho más e ciente
que la que posibilita la conducta autoecoica.
2.3.2.3. Conducta de transcripción (escribir).
La conducta de transcripción es un tipo de respuesta verbal
no vocal que genera un estímulo visual y que es reforzada al
afectar al oyente.
Cuando el estímulo y la respuesta son visuales (son escri-
tos) se siguen todas las características de la conducta ecoica,
es decir, moldeamiento de respuestas dependiente de la com-
paración con un estímulo de dimensiones similares. Es lo que
podríamos denominar «copiado». El repertorio mínimo suele
estar perfectamente de nido (como las letras del alfabeto) y
el refuerzo de la conducta de copiar, al igual que la de imitar
un sonido, depende de la correspondencia entre la unidad de
respuesta y la del estímulo.
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La respuesta escrita también puede estar controlada por un
estímulo vocal, lo que entenderíamos como un «dictado», ya
sea una respuesta vocal propia o ajena, privada o pública.
Al igual que la conducta textual, la transcripción recibe
muchos tipos de refuerzos especiales educativos y económicos,
pero es mantenida principalmente por otras consecuencias de
la vida diaria.
2.3.2.4. Conducta intraverbal.
La conducta intraverbal son respuestas verbales controladas
por otras respuestas verbales con las que no mantienen ningu-
na relación formal (como ocurre en la conducta ecoica o en el
copiado), ni ninguna correspondencia exacta entre diferentes
sistemas dimensionales (como en la conducta textualo en el
dictado), y que, obviamente, son reforzadas por la comunidad
verbal por una amplia variedad de razones.
Tanto el estímulo discriminativo, el evento de control,
como la respuesta pueden ser vocal o escrita, pudiendo combi-
narse de múltiples maneras. Por ejemplo, decir <buena sombra
le cobija» en presencia de «a quién buen árbol se arrima» (so-
noro-vocal), o escribir «Sevilla» frente al estímulo visual «capi-
tal de Andalucía .» (visual-escrita), etc.
Podemos encontrar intraverbales en la mayoría de las fór-
mulas de cortesía (responder «bien, gracias» ante «;cómo está
usted?»), en muchos de los contenidos académicos (alfabeto,
geografa, hechos históricos, tablas de multiplicar, etc.), cuan-
do se recitan refranes o poemas, etc.
De hecho, es muy frecuente que la presencia de una pre-
gunta funcione como el estímulo discriminativo para una am-
plia respuesta, que no tiene otras variables de control más allá
de haberse entrenado por la comunidad verbal como una in-
traverbal. En otras palabras, a diferencia de lo que ocurre con
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
la conducta ecoica o textual, no existe un repertorio mínimo
de respuestas intraverbales. El número de relaciones intraver-
bales excede al número de topogra as, debido, por un lado, a
la casi in nita posibilidad de combinaciones múltiples, pero
también a que las unidades de diferentes tamaños se suelen
superponer unas con otras.
No obstante, y para nalizar este apartado, destacaremos
aquí dos casos particulares de intraverbales por su especial re-
levancia: la «asociación de palabras» y la traducción.
O La sucesión de respuestas que se genera en la «asociación
libre» es una buena prueba del extenso condicionamien-
to de las operantes intraverbales. Es importante tener en
cuenta que, al igual que existe conducta autotextual y
autoecoica, es posible responder intraverbalmente a estí-
mulos autogenerados (como con cualquier otro tipo de
operante). La «asociación de palabras» no es más que el
resultado de multitud de refuerzos bajo una gran can-
tidad de contingencias con frecuencia inconsistentes y
con ictivas, por ejemplo: respuestas diferentes que están
bajo el control de un determinado estímulo, o multitud
de estímnulos diferentes que controlan la misma respues-
ta.
Y, respecto a la traducción, podría considerarse un tipo
especí co de operante intraverbal en el que el estímulo
es de un idioma y la respuesta de otro diferente. Cuando
dos idiomas se adquieren de manera independiente, pue-
de haber pocas conexiones intraverbales entre ellos; pero
con el tiempo el hablante bilingüe las termina adquirien-
do cuando tiene que actuar de traductor.
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E. Discri- Correspon-
Respuesta
minatiyo dencia
Conducta ecoica Sonoro Vocal Formal
Conducta textual Visual Vocal Arbitraria
Copiado Visual Escrita Formal
Trans.
Dictado Sonoro Escrita Arbitraria
Conducta intra- Sonoro o Vocal o
verbal visual escrita
Arbitraria
Figura 1. Clasi cación de las operantes verbales
bajo el control de estímulos verbales.
2.3.3. EI Tacto. «Esta nevera está vacía».
Como acabamos de ver, en las operantes ecoicas, textuales e
intraverbales, el estímulo discriminativo es verbal; pero existen
otros estímulos antecedentes de control que no son verbales,
como la propia audiencia y la totalidad del ambiente sico.
Este último grupo de estínmulos es el responsable de que la res-
puesta verbal «gato» sea reforzada en presencia de ese animal.
Para referirse a este grupo, Skinner (1957) utilizó el término
«tacto».
Los tactos, por tanto, son aquellas respuestas verbales que
se emiten en presencia de cierto elemento del ambiente sico
(objeto, propiedad, evento, una relación, etc.) y que la comu-
nidad verbal refuerza socialmente en función de la correspon-
dencia con el estímulo control. Por ejemplo, decir «coche» en
presencia de un coche.
Este tipo de conductas son reforzadas por la comunidad
verbal principalmente por su utilidad en cuanto a la amplia-
ción del contacto con el medio ambiente. Al entrenar a un
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
individuo a responder adecuadamente ante ciertos estímulos
del ambiente físico, el oyente puede responder a esos mismos
eventos, aunque no haya estado presente. Por ejemplo: A:
«;Qué tal la última de Nolan?» (Mando que equivale a «dime
si te gustó la última película de Nolan»), B: «uf, muy compli-
cada» (Tacto), A: «pues casi que no voy» (Tacto).
La relación de control por el estímulo sobre el tacto es muy
especial. Debido a que la respuesta es reforzada con muchos
reforzadores diferentes en presencia del estímulo concreto, esta
respuesta queda exenta del control ejercido por la deprivación
o la estimulación aversiva (a diferencia del mando). De esta
forma, el oyente puede inferir a partir de la respuesta del ha-
blante propiedades concretas del estímulo tactado, indepen-
dientemente de la condición del hablante, de sus motivaciones.
Una cuestión que destacó Skinner en su libro, y que ya se-
ñalamos anteriormente, es que, aunque la respuesta del oyente
(ya sea reforzante o no para el hablante) está claramente deter-
minada por la correspondencia entre la forma de la respuesta
del hablante y el estímulo de control, eso no implica necesaria-
mente la existencia de un símbolo. Cuando escribió Verbal Be-
bavior, existían teorías de corte «Watsoniano» que defendían
la posibilidad de que, a través del condicionamiento clásico, y
debido a su asociación repetida, el oyente reaccionase ante las
palabras igual que ante las cosas que representan. Sin embargo,
la postura de Skinner era más bien considerar al tacto como
una ocasión para que ciertas operantes fuesen reforzadas (un
discriminativo para el oyente), que sería la razón por la que se
emiten. Por ejemplo, si alguien dice «juna rata!», la operante
de buscar alrededor tiene más posibilidades de ser emitida por-
que puede ser reforzada con mayor probabilidad. Además, los
estímulos verbales no pueden evocar la conducta controlada
por el objeto al que se re eren, no se produce esa hipotética
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Vicente Pérez Fernández
sustitución. En de nitiva, para Skinner, la noción del símbolo
no tenía bases cientí cas.
Volviendo a la adquisición de los tactos, la forma de una
respuesta se moldea a través del reforzamiento diferencial que
lleva a cabo la comunidad verbal, y la probabilidad de que sea
emitida en presencia del estímulo en concreto depende de mu-
chas variables, como la deprivación o la estimulación aversiva,
el tipo de reforzadores que intervinieron en su adquisición, e
incluso de la consistencia o sistematicidad de la audiencia en
cuanto a la aplicación del refuerzo en función de qué variacio-
nes del estímulo antecedente.
Si el mundo pudiese dividirse en muchas cosas y eventos
separados y pudiésemnos establecer una respuesta verbal para
cada uno de ellos, no habría problemas para estudiar el con-
trol de los estímulos en el tacto. Sin embargo, en cualquier
repertorio verbal amplio encontramos una mezcla confusa de
relaciones entre formas de respuesta y formas de estímulos.
Si el reforzamiento del tacto se llevase a cabo únicamente
mediante la presentación de estímulos reforzadores generali-
zados (que no son dependientes de un estado motivacional
concreto), y exclusivamente ante ciertas con guraciones de
estímulos y no otras, la emisión de ese tacto dependería úni-
camente de la presencia del estímulo que debe de funcionar
como discriminativo. Es lo que Skinner denominó Tactos Pu-
ros, Tactos Objetivos, o Tactos Ideales.
Sin embargo, estos tactos puros son los menos comunes,
y con mucha frecuencia, podemos observar generalizaciones
y distorsiones en la emisión de tactos. En el siguiente cuadro
se muestra un ejemplo de estos tactos distorsionados como
resultado de la correspondencia estímulo/respuesta, los que
Skinner denominó Tactos Extensos:
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
Estímulos
SIMILA- DIFEREN-
IGUALES
RES TES
Metáfora,
IGUALES Tacto ideal Homonimia
abstracción
SIMILA- Homonimia
Respuestas
RES parcial
DIFEREN- Sinonimia
Sinonimia Tacto ideal
TES parcial
Figura 2. Clasi cación de los tactos extensos.
Pero antes de abordar esta categoría de tactos, los extensos,
veremos brevemente otra forma también muy frecuente de
tacto Impuro, la que comúnmente se conoce como «mentira».
2.3.3.1. La distorsión del tacto: la mentira.
En multitud de ocasiones, podemos observar cómo ante
determinado estímulo de control, los individuos emiten un
tacto que no es el que, en principio, refuerza la comunidad
verbal. ¿De qué depende la emisión de ese tacto distorsiona-
do? Y, sobre todo, ¿qué contingencias han determinado que
su emisión sea tan dependiente de las variables motivacionales
del individuo en cuestión?
En ese sentido, Skinner (1957) propuso tres razones prin-
cipales para la emisión de «mentiras»:
1. La adquisición de tactos mediante reforzamiento con re-
forzadores no generalizados.
La aplicación de reforzadores dependientes del estado mo-
tivacional del sujeto puede aumentar la probabilidad de emi-
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Vicente Pérez Ferndndez
sión de un tacto en ausencia del discriminativo «apropiado».
Por ejemplo, si tenemos hambre y para que nos sirvan comida
tenemos que haber guardado cola, el mentir alegando que la
hemos hecho es reforzado y, por tanto, aumenta sus posibilida-
des de emisión en el futuro cuando volvamos a tener hambre.
2. El reforzamiento diferencial de una parte del tacto de
manera consistente.
Cuando un determinado tacto (o una parte de él) ha sido
especialmente reforzado, se aumentan las probabilidades de
que pueda emitirse, incluso en ausencia del estímulo de con-
trol original, el considerado como «apropiado». Esto puede
explicar fenómenos como la exageración, la invención, e inclu-
so la mentira. Por ejemplo, disponer de una historia en la que
tu comunidad verbal de refuerzo ha premiado especialmente
la descripción de la belleza de tus parejas, o narración de tus
proezas deportivas, aumenta la posibilidad de exagerar o in-
cluso inventar la existencia de esos elementos en tus futuros
tactos.
3. La aplicación del Reforzamiento negativo (y no del posi-
tivo) paa la adquisición de tactos.
La conducta que tiene como consecuencia evitar o escapar
de un evento aversivo termina reforzándose y, por tanto, au-
mentando su probabilidad futura de emisión antes situaciones
similares. Es lo que se conoce como reforzamiento negativo o
entrenamiento de evitación/escape.
El tacto, como cualquier otra operante, puede adquirirse
tanto por reforzamiento positivo como por negativo, pero el
segundo caso puede desembocar en el aumento de la probabi-
lidad de emisión del tacto en ausencia del estímulo de control
46
Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
adecuado, debido a la evitación del evento aversivo que supo-
ne su emisión.
Por ejemnplo, si tras oír un ruido le preguntamos a nuestro
hijo si se ha roto algo, se esperaría que la emisión de un tacto
por su parte («sí» o «no») estuviese bajo el control del evento
en cuestión, pero una historia de contingencia positiva entre
decir «sÍ» y el castigo ante situaciones similares, y una con-
tingencia negativa entre decir «no» y la misma consecuencia,
aumenta las probabilidades de que se emita «no», aunque real-
mente se haya roto algo.
Pero, como ya hemos adelantado, la mentira no es el único
caso de falta de correspondencia entre el estímulo de control y
el tacto emitido. Existen otras formas menos «dramáticas» de
tacto Impuro que, incluso, pueden ser reforzadas por parte de
la propia comunidad verbal. Son los denominados por Skin-
ner como tactos extensos.
2.3.3.3. El tacto extenso.
Cuando una operante (verbal o no) es reforzada en presen-
cia de un estímulo, cualquier propiedad de ese estímulo puede
ejercer un control parcial de la respuesta si se encuentra pre-
sente en otro estímulo diferente. A este fenómeno se le conoce
como generalización del estímulo, y, por supuesto, también se
aplica a los estímulos discriminativos que controlan los tactos.
Por ejemplo, puede que al reforzar el tacto «pata» en pre-
sencia de las patas de un perro, el individuo emita el mismo
tacto en presencia de las patas de una mesa sin entrenamiento
previo. Las patas de la mesa, en este caso, estarían controlando
el mismno tacto entrenado ante las patas de un perro debido a
la presencia de rasgos comunes entre ambos estímulos.
Los tactos bajo el control generalizado de algún estímulo
antecedente son denominados por Skinner como tactos exten-
47
Vicente Pérez Fernández
sos, y en su libro distingue cuatro tipos principales: los genéri-
cos, los metafóricos, los metonímicos y los solecistas. Vamos a
ver cada uno de ellos por separado.
A) Tactosextensosgenéricos.
Cuando la propiedad que se generaliza es contingente al
refuerzo de la comunidad verbal. Por ejemplo, decir «asiento»
en presencia de una silla, de un sillón, de un taburete, etc. Es
el más común de todos, y suele aplicarse mayoritariamente a
propiedades prácticas referidas a objetos.
B) Tactos extensos metaföricos.
El control de la respuesta es ejercido por propiedades del
estímulo que, aunque están presentes en el estímulo ante el
cual el tacto es reforzado, no son necesariamente los considera-
dos por la comunidad verbal que establece la contingencia de
refuerzo. En otras palabras, la propiedad del estímulo respon-
sable de la extensión del tacto no le resulta útil a la comunidad
como base para aplicar o no el reforzamiento. En muchas oca-
siones, porque esa propiedad es de carácter privado.
No obstante, eso no implica que el uso de extensiones
metafóricas no resulte de utilidad al hablante. De hecho, se
emiten y mantienen porque, aunque inicialmente no son ne-
cesariamnente reforzadas por la comunidad verbal, sí pueden
ser contingentes con otras formnas de refuerzo. Por ejemplo:
1. Libera las propiedades de los objetos del conjunto,
posibilitando una recombinación que no se limita a las
exigencias del mundo sico.
2. Son útiles cuando no se tiene otra respuesta dispo-
nible, en situaciones nuevas donde no puede extenderse
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
un término genérico. Aunque también se utilizan porque
dan la apariencia de decir algo cuando, en realidad, no
hay nada que decir.
3. Por economía verbal, ya que frecuentemente se pue-
den expresar de forma más rápida mensajes complejos a
través de metáforas que con un lenguaje «preciso».
La principal diferencia entre una extensión genérica y una
metafórica es el refuerzo de la comunidad verbal. En el mo-
mento en el que la respuesta metafórica es efectiva y se refuer-
za adecuadamente por la comunidad, deja de ser metafórica,
como en el citado ejemplo de las «patas de la mesa».
) Tactos
extensos
metonimicos.
Son aquellos tactos bajo el control de estímulos que adqui-
rieron dicho control debido a que acompañaron frecuentemen-
te al estímulo contingente con el refuerzo de la comunidad.
La extensión mnetonímica no presenta simetría debido a
que, al contrario que la genérica o la metafórica, no tiene que
ser funcional. En otras palabras, la asociación entre los estímu-
los puede ser puramente accidental.
En realidad, existe muy poca metonimia espontánea. Los
ejemplos son muy escasos, ya que la mayoría se han reforzado
de forma independiente, convirtiéndose en lo que conocemos
como «frases hechas». No obstante, aunque ya se refuercen
bajo esa topografía, su origen sigue siendo metonímico.
Decir, por ejemplo, «este grupo tiene un buen guitarra»,
«en este país existe una importante fuga de cerebros», «Mon-
cloa decidió no hacer declaraciones», «cuando hay un buen
vestuario el equipo funciona bien», son ejemplos de extensio-
nes metonímicas.
49
Vicente Pérez Fernández
D) Extensión solecista del tacto.
Son extensiones tenues e inútiles, causadas por semejanzas
no relevantes que, en la mayoría de los casos, no sólo no son
efectivas sobre la comunidad verbal, sino que suelen ser casti-
gadas. Por ejemplo, confundir «cbrio» con «sobrio», «factible»
con «posible», etc.
Como ocurre con la metáfora y la metonimia, la extensión
solecista (que Skinner también denomina como «desacierto»),
es más común cuando no hay otra respuesta posible. También
son muy raras en forma espontánea y original, y cuando se
mantienen es porque llegan a ser reforzadas por la comunidad
verbal como una respuesta correcta más.
Antes de concluir este capítulo, vamos a mencionar dos
fenómenos relacionados con la emisión de tactos que se abor-
dan en Verbal Behavior, y que son especialmente relevantes no
sólo para la comunidad psicológica, sino para la población en
general: el fenómeno de la abstracción y de la autoconciencia.
2.3.3.3. Fenómenos «complejos» relacionados con el tacto.
2.3.3.3.1. Abstracción.
La extensión sin límites del tacto (es decir, la generalización
del control por el estímnulo) puede ser problemática para la
comunidad verbal si no es sometida a control.
Hay que tener en cuenta que el concepto de novedad y de
igualdad de los estímulos son conceptos que representan los
dos extremos teóricos de un continuo que contiene a todos
los estímulos. Dicho de otra manera, ningún estímulo es to-
talmente distinto a otro, y, de forma complementaria, ningún
estímulo es totalmente igual a otro.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
Todos los estímulos comparten propiedades con otros es-
tímulos, y la existencia de estos rasgos comunes abre la po-
sibilidad a que éstos ejerzan algún tipo de control sobre una
gran variedad de respuestas. La comunidad verbal trata este
potencial problema mediante otro proceso conductual opues-
to: reforzar respuestas en presencia de una propiedad escogida
del estímulo y no en presencia de otras no especi cadas.
El tacto resultante del reforzamiento en presencia de una
propiedad en concreto del estímulo es lo que se conoce tra-
dicionalmente como «el nombre de la cosa en cuestión», y se
clasi caría como un concepto «abstracto».
Reforzar un tacto extenso sólo cuando es función de la pro-
piedad escogida por la comunidad verbal (por ejemplo: llamar
silla sólo a los objetos que irven para sentarse), y no de otras
propiedades del estímulo (como su color, su forma, tamaño,
etc.), sería una abstracción del concepto (en nuestro ejemplo,
del concepto «silla»), y daría lugar a lo que denomina Skinner
como un tacto común.
El proceso que da lugar a abstracciones se denomina refor-
zamiento diferencial, y su efecto no es la creación de control
por parte de un estímulo, sino su intensi cación y agudiza-
ción. Aunque, por supuesto, la restricción completa de una
respuesta verbal a un conjunto de propiedades especí cas nun-
ca se dé.
Podríamos, por tanto, volver a distinguir bajo este criterio
entre dos tipos de tactos:
o El tacto especí co, en el cual la respuesta está bajo el con-
trol de una persona o cosa concreta.
o Yel tacto común, en el cual la respuesta está bajo el con-
trol de una propiedad que de ne una clase de personas o
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Vicente Pérez Fernández
cosas. De nuevo, lo que se consideraría una abstracción.
Las ventajas del uso de tactos comunes para el hablante son
múltiples, aunque Skinner destaca dos como principales:
a) Por un lado, posibilita la selección e identiicación sólo
de aquellas propiedades de la presentación que son importan-
tes para el oyente.
b) Y, por otro lado, está disponible en situaciones nuevas
en las que el tacto especí co aún no se encuentra disponible en
el repertorio verbal del sujeto.
2.3.3.3.2. El Tacto propio o Autoconciencia.
Una parte de la conducta verbal está bajo el control de
estímulos ante los que sólo es capaz de reaccionar el propio
hablante. Es necesario señalar que, para el AEC, ni los estímu-
los privados, ni las respuestas controladas por ellos di eren de
las características y leyes que explican el control de conductas
públicas por estímulos públicos. No obstante, sería tremenda-
mente ingenuo argumentar que no presentan ciertos proble-
mas, al menos metodológicos:
- Por un lado, es más difícil para el investigador (profesor,
tutor, entrenador, etc.) sefñalar los estímulos a los cuales debe
apelar para predecir y controlar la conducta cuando no puede
tener contacto directo con ellos.
- Y, por otro lado, y ciñéndonos a los tactos, en su pro-
ceso de reforzamiento, la comunidad necesita verse afectada
también por el estímulo de control. En otras palabras, la co-
munidad requiere del contacto con el estímulo antecedente
a la emisión del tacto para aplicar o no el reforzamiento en
función de su correspondencia. Y que el estímulo de control
sea privado, di culta enormemente esa tarea.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
¿Cómo hace entonces la comunidad verbal para reforzar
adecuadamente los tactos ante estímulos privados? Skinner
(1957) señaló, al menos, tres estrategias muy comunes me-
diante las cuales se intenta superar esta di cultad:
1. Usar un acompañamiento público del estímulo pri-
vado, que, a la larga, es el que terminará controlando el
tacto. Es decir, hacer contingente el refuerzo sobre ciertos
estímulos públicos que suelen correlacionar con los pri-
vados. Por ejemplo, reforzar el tacto «tengo hambre» en
función del tiempo que ha pasado desde que el hablante
comió por última vez, o en función de si comió mucho
O poco.
2. Usar alguna respuesta colateral al estímulo privado, es
decir, otras respuestas del sujeto a la estimulación privada
para decidir si reforzar o no el tacto. Siguiendo con el
mismo ejemplo, reforzar el tacto «tengo hambre» si oímos
que le suenan las tripas, o si vemos que el hablante saliva
frente a la presencia de comida.
3. O puede basarse el refuerzo en la conducta externa-
mente observable del organismo, aunque estimule al ha-
blante y al oyente de forma diferente. Por ejemplo, refor-
zar el tacto «tengo hambre» si se observamos que se va
jando mucho en los escaparates donde hay comida, o si
habla mucho sobre la comida, etc.
A pesar del uso de estos métodos, no se puede garantizar
una precisión del control ni siquiera cercana a la que se con-
sigue con estímulos externos, e incluso puede que este tipo de
tactos terminen dando lugar a fenómenos curiosos como el
animismno. Por ejemplo, cuando un niño observa que a uno
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Vicente Pérez Fernández
de sus juguetes se le ha roto un brazo, puede decir que a su
muńeco le duele el brazo.
Teniendo en cuenta lo anterior, es decir, que los tactos so-
bre estímulos privados suelen ser reforzados en presencia de
estímulos públicos concomitantes, no es de extrañar que el ha-
blante atribuya ciertos tactos sobre eventos privados de otros
sujetos basándose en esta misma estimulación externa, y que
esto se extienda tanto a objetos animados como a inanima-
dos. No obstante, el animismo suele ser una fase temprana
en el desarrollo de la conducta verbal de las personas, y que
suele corregirse mediante el reforzamiento de discriminaciones
más útiles. El principio de igualdad, es decir, asumir que los
eventos privados que controlan mi conducta son los mismos
(o similares) que los que controlan la conducta del resto de
individuos, sin embargo, es un tacto mucho más persistente
en el tiempo que, incluso, es reforzado por una gran parte de
la comunidad verbal.
Volvamos ahora al título de este apartado: la autoconcien-
cia. A grandes rasgos, podríamos decir que un sujeto tiene con-
ciencia de algo cuando discrimina ese evento, es decir, cuando
responde diferencialmente ante ese evento. Hablaríamos, en-
tonces, de autoconciencia cuando la respuesta diferencial se
emite ante algún evento generado por nuestro organismo, o
cuando se emite ante alguna conducta que hemos realizado.
No obstante, es más común que se aluda a dicho fenóme-
no, o que se utilice esa etiqueta, cuando la conducta discrimi-
nativa es de tipo verbal, en otras palabras, cuando tactamos
un evento relacionado con nosotros mismos (público o pri-
vado), o cuando tactamos nuestra propia conducta (pública
o privada).
En Verbal Behavior, estos Tactos sobre «nosotros mismos»>
se clasi can en cuatro categorías: los tactos a la conducta pre-
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Conducta Verbal de Skinner génesis, polémica, basesy evolución.
sente, pasada y futura, y los tactos a la conducta encubiertao
privada. A continuación, describiremos brevemente cada uno
de ellos.
A) Tactos a la conducta presente.
El hablante puede (y suele) ser entrenado para responder
diferencialmente ante la estimulación que su propia conducta
está generando en ese momento.
Por ejemplo, si estamos pintando y nos preguntan «¿Qué
estás haciendo?» (mando que genera una estimulación aversiva
de la que se escapa respondiendo a la pregunta), la estimula-
ción visual del dibujo, de nuestros dedos, de los cambios en el
papel o de otros estímulos de carácter privado, pueden servir
como discriminativo para el tacto «estoy pintando».
La adquisición de estos tactos tiene la ventaja de que la
comunidad verbal puede estar presente durante la emisión de
la conducta, y así reforzar el tacto con mayor precisión, dismi-
nuyendo así su «subjetividad».
B) Tactos a la conducta pasada.
Como el propio Skinner destaca en su libro, el que un su-
jeto sea capaz de reaccionar ante su historia pasada es un logro
verbal de la comunidad originado por las continuas preguntas
realizadas al sujeto sobre estas cuestiones. La contestación a
preguntas como «;hubo ayer partido de fútbol?», debe enten-
derse como una respuesta a los estímulos presentes, incluyen-
do eventos que se originan dentro del hablante mismo gene-
rados por la pregunta, y en combinación con una historia de
condicionamiento previo.
La capacidad de responder verbalmente a «eventos pasa-
dos», por tanto, es adquirida bajo contingencias explícitas de
refuerzo establecidas por la comunidad con tal propósito. De
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Vicente Pérez Fernández
forma general, no puede a rmarse desde un análisis funcional
que el sujeto está respondiendo a un estímulo que ya no está
presente.
En palabras de Linda Hayes (1988):
«No hay pasado, no hay futuro, sólo bay presente. Añadiria-
mos,conocemoselpasadopor elpresentey hablamos del futuro
debido a interacciones pasadas que están bajo el control de
elementos o factores presentes».
) Tactosa laconductafutura.
Como hemos visto, la consideración de los eventos pasados
en un análisis causal de la conducta conlleva cierta problemáti-
ca, pero los eventos que aún no han ocurrido están totalmente
fuera de ese análisis.
Cuando emitimos tactos propios acerca de conductas que
aún no hemos emitido, en ningún caso estamos respondiendo
ante eventos futuros, en realidad, de nuevo, estamos tactando
eventos presentes, como, por ejemplo:
o Conductas encubiertas o privadas. Como cuando nos
imaginamos haciendo algo que haremos de forma descu-
bierta cuando se presente la situación adecuada.
o Las variables que sabemos que controlan nuestra conduc-
ta. Cuando emitimos respuestas verbales «anunciando»
una acción futura (lo que suele denominarse un «pro-
pósito»), debido a la aparición de ciertos estímulos que
sabemos que aumentan la probabilidad de que emitamos
esa conducta. Por ejemplo, podemos estar llenándonos
de grasa mientras reparamos nuestro coche y emitir el
tacto propio «cuando termine voy a lavarme las manos».
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
El estímulo de control de ese tacto no es la conducta aún
sin realizar de lavarse las manos, sino la combinación de
la estimulación proveniente de ensuciarse las manos y de
nuestra capacidad para describir el efecto que esto tiene
en nuestro comportamiento.
D) Tactos a la conducta encubierta.
Esta cuestión la veremos con má detenimiento en el si-
guiente capítulo, cuando abordemos la conducta de pensar e
imaginar. Pero sí señalaremos aquí una idea fundamental: la
conducta encubierta (ya sea verbal o visual) puede funcionar
como discriminativo para un tacto de la misma forma en la
que lo hace cualquier otro estímulo público.
También es importante destacar que, en la mayoría de los
casos, estos tactos ante nuestra conducta privada se adquirie-
ron cuando esa conducta se emitía de forma descubierta, y,
por generalización, se siguen emitiendo cuando se vuelven en-
cubiertas, ya que en muchas ocasiones son el mismo estímulo,
pero con diferente intensidad.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
CAPÍTULO 3. ASPECTOS
AVANZADOS DE LA
PROPUESTA DE VERBAL
BEHAVIOR.
E n el capítulo anterior vimos la de nición de con-
ducta verbal, así como los elementos principales de
Jla propuesta de Skinner: el concepto de episodio,
audiencia, hablante, oyente, y, por supuesto, las operantes ver-
bales básicas. Este tipo de aportaciones son las que más im-
pacto y difusión han tenido, tanto en tếrminos teóricos como
experimentales (como veremos en el último capítulo).
Pero la hipótesis de Skinner, plasmada en Verbal Behavior,
era mucho más compleja y amplia, y abordaba todo tipo de
fenómenos relacionados con la conducta verbal a través de hi-
pótesis explicativas muy elaboradas. En este capítulo vamos a
ver algunas de ellas, aunque, teniendo en cuenta los objetivos
de este escrito, no en todos los casos podremos hacerlo con el
mismo nivel de profundidad.
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Vicente Pérez Fernández
3.1. Condiciones especiales en el control por el
estímulo.
3.1.1. Estímulos antecedentes.
Como vimos en el capítulo anterior, el análisis del episo-
dio verbal, como en cualquier análisis funcional, requiere de la
consideración tanto de los eventos antecedentes a la conducta
(que es la variable a explicar), como de los consecuentes.
Con excepción de casos muy especí cos, como el mando
extenso, en el que se produce una generalización del estímulo
audiencia, la conducta verbal ocurre generalmente en presen-
cia de un oyente. El oyente, como ya se adelantó, puede cum-
plir básicamente dos funciones en el episodio verbal:
1. Reforzar la conducta verbal, que es cuando nos referi-
ríamos a él especí camente como oyente.
2. O formar parte de la ocasión que controla la proba-
bilidad de emisión de la conducta. Que es cuando se le
considera una audiencia.
3.1.1.1. La Audiencia.
La audiencia, por tanto, en tếrminos estrictos, es un estí-
mulo discriminativo en cuya presencia la conducta verbal se
refuerza de manera característica.
Diferentes audiencias controlan diferentes subdivisiones
cada vez más especí cas del repertorio del hablante. Las au-
diencias que controlan las subdivisiones mayores son las co-
munidades verbales que establecen las contingencias de refuer-
zo de lo que llamamos «idiomas», y dentro de estas comunida-
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
des existen muchos tipos de jergas y dialectos controlados por
otros tipos de audiencias, y así sucesivamente.
La presencia de un tipo de audiencia u otra determina o da
preferencia a un conjunto particular de respuestas en oposición
a otro conjunto posible en el mismo repertorio. Sin embargo,
siempre actúa junto con otras variables que determinan más
especí camente la forma de la respuesta, tanto en lo referente
a aspectos formales como a aspectos temáticos. Este control,
por supuesto, es adquirido por los procedimientos operantes
aplicados por el oyente ante una determinada audiencia. Ha-
blaremos de esto más adelante, cuando desarrollemos un poco
más la función del oyente.
El carácter de audiencia es adquirido a lo largo de una his-
toria de reforzamiento bastante larga, sin embargo, la simili-
tud sica de personas nuevas con audiencias ya consolidadas
permite una generalización del estímulo y una emisión de res-
puestas, aunque con cierta debilidad. Esto hace que sea muy
complicado de nir a priori las propiedades de la audiencia, en
cuanto al control de la respuesta del hablante.
No obstante, más interesante en cuanto a la explicación de
la conducta del hablante en función de la audiencia, es cómo
ésta puede aumentar o disminuir la probabilidad de emisión
de ciertas respuestas verbales en función de su propio compor-
tamiento. Lo que Skinner denominó el uso de Estimulación
Suplementaria por parte de la audiencia.
3.1.1.2. Estimulación suplementaria.
El AEC, como disciplina, posibilita la identi cación de las
variables independientes de la que es función la conducta y,
por tanto, su control práctico. La conducta verbal no es una
excepción, existen diferentes formas de evocarla, siempre que
ésta esté ya disponible en el repertorio conductual del sujeto.
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Vicente Pérez Fernández
Skinner (1957) denominó Operador a la audiencia que
emite ciertas conductas que han sido reforzadas por el control
demostrado sobre la conducta verbal del hablante. Y a esos
estímulos de control los dividió en:
1. Instigadores: cuando el operador puede identi car la
respuesta que pretende evocar antes de ser emitida.
2. Sondeos: si el operador sólo puede identi car la res-
puesta objetivo una vez la haya emitido el sujeto.
Ademá, en función de la naturaleza del estímulo utiliza-
do, tanto para el instigador como para el sondeo, se pueden
distinguir entre el tipo Formal, cuando es de naturaleza ecoica
o textual, y el Temático, cuando es de naturaleza intraverbal o
un tacto.
El control que puede ejercer esta estimulación suplementa-
rio es mayor cuantas más variables se manipulan, y, de hecho,
así suele ocurrir. No obstante, con motivos didácticos, vamos
a ver cada una de ellas a continuación por separado:
A) Instigadores ecoicos.
Una estrategia muy común para controlar la aparición
de una determinada respuesta es su presentación parcial. Por
ejemplo: cuando los profesores de primaria enmpiezan una pa-
labra o una frase para que el alumno la complete. Aunque el
condicionamiento de la respuesta del alumno ha sido intraver-
bal, el estímulo suplementario es ecoico. A: «tres por siete ...»,.
B: «...», A: «venti... », B: «... uno, tres por siete son veintiuno».
También es muy común que se utilicen Instigadores ecoicos
rítmicos, o de énfasis.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
B) Instigadores textuales.
Podemos encontrar ejemplos de instigadores textuales en
el control que ejercen las abreviaturas o las iniciales, en los
apuntes o notas que nos ayudan en las exposiciones orales, en
los carteles de publicidad, etc. No obstante, cuando la respues-
ta verbal se corresponde exactamente con el estímulo textual,
es decir, simplemente se lee, no se debería considerar a dicho
estímulo como un instigador, simplemente es el estímulo de
control de una respuesta textual.
C) Instigador temático.
También conocido como «insinuación». Funciona de for-
ma muy parecida a como lo hacen los instigadores formales,
son estímulos verbales (ya sean tactos o intraverbales) que evo-
can respuestas también intraverbales. Por ejemplo, en una reu-
nión podemos hacer más probable un tema de conversación si
emitimos ciertas respuestas verbales que evoquen las intraver-
bales adecuadas. Si queremos hablar de informática podemos
decir cosas como «no lo recuerdo, no soy capaz de grabármelo
en el disco duro» o «necesito «resetearme»».
No obstante, aunque los instigadores temáticos tienen la
ventaja de ser más «sutiles», es decir, de ser más fáciles de di-
simular en una conducta verbal, tienen también la desventaja
de que el control que ejercen sobre la respuesta del oyente es
menor que los instigadores ecoicos o textuales.
D) Sondeos ecoicos.
Un sonido fragmentario puede funcionar como estimula-
ción suplementaria y aumentar la probabilidad de que se emita
una respuesta verbal que no era lo su cientemente <fuerte».
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Vicente Pérez Fernández
Este efecto es aún mayor cuando el sonido se repite de forma
rítmica.
Es posible, por ejemplo, escuchar el nombre de nuestra
pareja en el tic-tac del despertador si hace mucho que no la
vemos, podemos reconocer los ríos de Europa en el estribillo
de una canción cantada en un idioma desconocido si llevamos
estudiando Geogra a durante varias horas, etc.
E) Sondeos textuales.
Cuando el estímulo textual es vago o breve puede evocar
una respuesta con la que no existe una correspondencia formal
y que está controlada por otras variables.
Podemos observar este efecto cuando leemos un texto muy
rápido y sustituimos ciertas palabras por respuestas intraver-
bales, o cuando leemos un cartel que está demasiado lejos o
mientras lo leemos desde dentro de un coche en marcha.
F) Sondeos temáticos.
Los sondeos temáticos suelen utilizarse frecuentemente
para inferir las fuentes de control de una respuesta. Por ejem-
plo, en la clásica tarea de asociación libre, es decir, presentar un
estímulo verbal y decirle al sujeto que diga «la primera palabra
que se le ocurra», evocando así respuestas intraverbales.
En las pruebas de apercepción temática, en los que se le
pide al sujeto que invente una historia a partir de una imagern,
se controlan tactos que, al igual que en la tarea de asociación
libre, son el resultado de una causación múltiple, y que, por
tanto, permiten inferir fuentes adicionales de control de la
respuesta.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
3.1.2. Estímulos Consecuentes.
Como ya vimos en el capítulo anterior, un factor deter-
minante que explica en gran medida la conducta del oyente,
o, dicho de otra forma, el interés de la comunidad verbal en
moldear la conducta del hablante es la ventaja que imnplica
reaccionar a su conducta en lugar de tener contacto directo
con el ambiente.
El éxito con que el oyente puede reaccionar ante esa con-
ducta depende de la «objetividad» de la misma, es decir, de
en quế medida está provocada por el estímulo al que alude y
no por otro tipo de motivaciones. Para garantizar esa «objeti-
vidad», excepto en el caso de los mandos, se suele utilizar el
refuerzo generalizado.
Pero la conducta verbal nunca se desliga completamente de
las condiciones bajo las cuales las emite el hablante, es decir,
de variables como el estado emocional, la presencia de un alto
o bajo grado de excitabilidad, ciertas consecuencias asociadas a
un oyente particular, etc. Y esto puede dar lugar a fenómenos
como los que describiremos a continuación.
3.1.2.1. Moldeanmiento de la topografía de la conducta del
hablante.
En el capítulo anterior se describió cómo el reforzamiento
diferencial por parte del oyente de una parte del tacto, puede
producir una distorsión en emisiones futuras, dando lugar a
exageraciones, invenciones, e incluso, mentiras. Pero el refor-
zamiento diferencial del oyente puede tener otros efectos fá
ciles de observar, que no necesariamente tienen que implicar
distorsiones del tacto.
La cantidad de refuerzo que se le da a la conducta verbal
de un hablante (aunque solamente sea a través de la atención)
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Vicente Pérez Ferndndez
varía según la comunidad verbal, y esto puede generar indivi-
duos con amplias diferencias en cuanto a la probabilidad de
emisión de su conducta verbal, provocando que sean charlata-
nes o silenciosos, por ejemplo.
La extinción y/o el castigo de la conducta verbal puede,
incluso, modi car también la topografía de la operante, dis-
minuyendo, por ejemplo, su intensidad hasta el punto de que
sólo el propio hablante pueda reaccionar ante ella. Este caso
especí co lo abordaremos más adelante cuando veamos la con-
ducta de pensar.
Pero el efecto del reforzamiento generalizado que el oyente
aplica a la conducta del hablante puede ser aún más especí co.
Se puede reforzar, por ejemplo, unas temáticas y no otras, o la
propia forma de la respuesta, aumentando así la probabilidad
de que el sujeto hable de cierta forma o de un tema concreto.
Y, de manera complementaria, que no lo haga de otros.
El efecto en el oyente de un estímulo verbal, además, de-
pende de multitud de variables, y sus características físicas o
topográ cas son unas de las más relevantes. Existen muchas
formas retóricas de aumentar la intensidad de la reacción en el
oyente, y éstas pueden terminar instaurándose en la forma de
la conducta del hablante precisamente por ese efecto diferen-
cial. Por ejemplo:
o La repetición del estímulo o la acumulación de varios
con el mismo efecto.
o El arreglo de estímulos verbales para generar sorpresa,
contraste o efectos de aumento o disminución.
o Complementar con estímulos verbales onomatopéyicos.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
En de nitiva, la experiencia de reforzamiento aplicada por
el oyente no se limita a la instauración de las operantes ver-
bales aceptadas por la comunidad verbal, sino que va a más
allá, determinando en el hablante estilos, formas, temáticas,
intensidades, el uso de fórmulas retóricas, etc.
3.1.2.2. Reforzamientos especialesde la conducta delOyente.
Hemos visto también, que la comunidad verbal mantiene
la mayoría de la conducta del hablante mediante reforzadores
generalizados, pero, con frecuencia, los oyentes emprenden ac-
ciones especí cas con respecto a lo que se les dice que son aún
más importantes para el hablante, no tanto en la adquisición
de su conducta verbal, pero sí en su mantenimiento.
Este efecto de la conducta del oyente lleva a la conducta
del hablante bajo el control de variables especiales. Por ejem-
plo, podemos considerar el «anuncio» como un tipo de tacto
que di ere de la mera descripción, ya que la acción que el
oyente debe emprender suele estar ya determinada. Cuando
un hablante emite el tacto «una estrella fugaz» o «un globo»,
está provocando que el oyente sepa que hay una estrella en el
sentido de llevarlo a tomar una acción especí ca: mirarla, que
es el evento que nalmente está reforzando dicho anuncio.
Que la conducta especial del oyente funcione como un
reforzador (en lugar de la aparición de un reforzador genera-
lizado) termina distorsionando el control por el estímulo del
tacto, lo que, de nuevo, puede llevar al hablante a inventar,
exagerar o mentir en su respuesta para provocar esa reacción
concreta en el oyente.
Estos tipos de tactos distorsionados suelen ser más efecti-
vos que sus mandos equivalentes, debido a que el oyente tiene
mayor tendencia a responder adecuadamente. Pero, con fre-
cuencia, este efecto es sólo temporal, ya que el sistema social
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Vicente Pérez Fernández
hablante-oyente se deteriora, y el oyente deja de responder al
tacto como al principio, e incluso puede llegar a castigarlo.
En ocasiones, el reforzamiento especial de tactos provoca
que se termine convirtiendo en un Mando encubierto. Por
ejemplo, con mucha frecuencia, las operantes «la basura está
llena», «hoy no has hecho ejercicio», o «el trabajo está sin ter-
minar», por ejemplo, aunque tienen la apariencia de tactos, en
realidad, se mantienen por la conducta adecuada del oyente:
tirar la basura, hacer cjercicio, y terminar el trabajo. Es decir,
son funcionalmnente mandos, aunque topográfcamente pa-
rezcan tactos, e incluso, aunque inicialmente se adquirieran
como tales.
Otra forma muy interesante de reforzamiento especial de la
conducta del hablante, en la que vamos a profundizar un poco
más, es la que se deriva de la reacción emocional provocada
en el oyente.
Las denominadas reacciones emocionales son parte de
la conducta re eja, y, por tanto, su aparición requiere de la
presencia de un estímulo incondicionado (para la alegría y el
miedo) o de un estímulo condicionado (para la esperanza, la
ansiedad, la frustración o el alivio).
Como ya hemos visto, la conducta verbal funciona como
estímulo para el ambiente en el que se emite, es decir, es un
estímulo verbal tanto para el oyente como para el propio ha-
blante (como oyente de sí mismo). Cuando un estímulo ver-
bal acompaña frecuentemente a un estímulo con capacidad de
elicitar una reacción emocional concreta, este estímulo ver-
bal puede llegar a condicionarse clásicamente y provocar esta
misma reacción (o alguna similar) por sí mismo, aunque esta
reacción no sea la explicación de la respuesta. Podríamos decir,
que la reacción emocional provocada es un subproducto de
alguna otra función verbal.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
Es importante señalar en este sentido que:
1. Aunque se puedan condicionar ciertas respuestas pú-
blicas asociadas mediante procedimientos operantes, las
reacciones emocionales no pueden ser modi cadas por
reforzamiento.
2. Los estímulos verbales no tienen originalmente efectos
emocionales, lo adquieren mediante condicionamiento
clásico. Por esta razón, por ejemplo, las palabras concre-
tas están más predispuestas a estas asociaciones que las
abstractas, porque están bajo el control de un estímulo
particular más fácilmente «emparejable».
Volviendo al efecto en la conducta del hablante de la reac-
ción emocional del oyente, en cuanto el hablante ha sido con-
dicionado por los efectos emocionales que ha logrado, ya sea
debido a las respuestas producidas por el estado emocional o
por la predisposición a comportarse de una determinad forma,
podemos sefñalar una conexión funcional entre su conducta y
la conducta emocional del oyente.
Y, aúnmásrelevanteparanuestroanálisis,cuando l efecto
emocional sobre el oyente es la única consecuencia importan-
te, el control de estímulos puede ser efectivamente abandona-
do, encontrándonos ante un nuevo caso de tacto distorsiona-
do, es decir, un tacto que no está controlado por el estímulo
discriminativo aceptado por la comunidad verbal.
Para termninar con este apartado, vamos a señalar dos cues-
tiones que, aunque se pueden desprender de lo que ya hemos
visto, es muy importante tener en cuenta:
o Por un lado, este efecto emocional de los estímulos ver-
bales afecta tanto al oyente, como al propio hablante,
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Vicente Pérez Fernández
como oyente de sí mismo. Así, ciertos tactos se vuelven
más o menos probables de manera independiente a la
presencia de los discriminativos que estuvieron presentes
en su adquisición, debido al efecto emocional en el pro-
pio hablante. Por ejemplo: podemos tender a no emitir
ciertos tactos o mandos, aunque se den las condiciones
adecuadas de control, por haber sido ampliamente cas-
tigados y por tanto, ejercer funciones de estímulo con-
dicionado excitatorio aversivo, de manera que se hacen
muy probables conductas de evitación como disminuir
la intensidad, emitirlas de manera parcial, el uso eufe-
mismos, etC.
o Y, por otro lado, el efecto emocional adquirido por un
estímulo verbal está sujeto tanto a procesos de generali-
zación como de transferencia funcional. Así, ciertos estí-
mulos verbales que comparten características en común
con el estímulo con «carga emocional», pueden provocar
una reacción similar en el oyente. Y, de la misma forma,
la formación de clases de estímulos permite la transfe-
rencia de funciones entre los diferentes miembros de la
misma clase, incluida la capacidad de elicitar las mismas
emociones. Ambos fenómenos extienden el efecto emo-
cional de los estímulos verbales más allá del derivado de
la experiencia directa de condicionamiento del hablante,
aumentando enormemente el número de estímulos ver-
bales con la capacidad de elicitar emociones.
3.2. Los Autoclíticos.
En el capítulo anterior vimos las operantes verbales bási-
cas, es decir, aquella conducta verbal que se encuentra bajo el
70
Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
control de variables provenientes del ambiente externo al indi-
viduo, o de variables relacionadas con la propia historia previa
del hablante. No obstante, como sabemos, parte de la propia
conducta del hablante puede también controlar otra parte de
su conducta. El hablante puede «saber lo que está diciendo» y
de esta forma cuanti carlo, describirlo o corregirlo.
Las respuestas verbales controladas de esta forma por otras
respuestas verbales del propio hablante se denominaron en
Verbal Behavior como Autoclíticos.
Los autoclíticos son probablemente la operante verbal que
más di cultades ha demostrado para su comprensión, aunque,
de manera general, podríamos decir que no sonmnás que tactos
especiales cuyo estímulo de control es nuestra propia conducta
verbal o las variables de las que depende.
Skinner (1957) realizó un complejo análisis de la gramática
y de la sintaxis abordándolas como procesos autoclíticos. No
obstante, aunque aquí no vamos a desarrollar esa cuestión, sí
que, al menos, enumeraremos y describiremnos brevemente los
tipos de autoclíticos sefñalados en Verbal Behavior, distinguien-
do entre dos tipos:
o Aquellos que describen, cali can o cuanti can la con-
ducta verbal, alterando así su efecto sobre el oyente.
o Y aquellas respuestas fragmentarias (como las preposicio-
nes, las conjunciones y los artículos), que también modi-
can cómo afecta al oyente la conducta verbal que acom-
pañan, pero que, podríamos decir, «carecen de sentido»
cuando se presentan en solitario. Esta segunda categoría
sería la que más relación guardaría con la composición
gramatical y la sintaxis.
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Vicente Pérez Fernández
A) Autocliticos descriptivos.
El hablante puede aprender respuestas verbales que descri-
ban su propio comnportamiento. Aunque la comunidad verbal
refuerza estas respuestas en función de eventos observables, el
hablante termina reaccionando (por generalización de estímu-
los y respuestas) tanto a respuestas verbales públicas como a las
encubiertas o privadas.
Los autoclíticos descriptivos pueden referirse, es decir, es-
tar bajo el control de múltiples aspectos de la respuesta del
hablante.
Por ejemplo:
o El tipo de respuesta que se emitirá a continuación. Ejem-
plo: «me dijeron ...» equivaldría a decir «la operante que
emitiré a continuación será una ecoica».
o La fuerza de la respuesta. Ejemplos: «creo que ...», «estoy
seguro de que...».
La situación motivacional o emocional del hablante.
Ejemplo: «siento decirle que ...».
o A la cancelación de la propia respuesta. Ejemplo: «no
Creo que ...».
A la existencia de un consenso general. Ejemplo: «está
comprobado que ...».
B) Autoclticos califcadores.
Existe un grupo autoclíticos que cumplen con la función
de cali car el tacto de tal forma que la intensidad o la direc-
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
ción del comportamiento del oyente se ve modi cada. Los
más destacados de este tipo de autoclíticos son la «negación»
y la «a rmación».
- Negación.
¿Cuál es el referente de la respuesta no, nunca o nada?
Evidentemente no es la ausencia de algo, ya que en tal caso
estaríamnos continuamente tactando la carencia de algún
elemento en nuestro ambiente.
Ciertas respuestas de origen metonímico, metafórico o
incluso intraverbal, adquieren cierta fuerza a pesar de que
su emisión no sería reforzada (o que incluso sería castigada).
Estas ocasiones son muy propicias para añadir el autoclítico
«no». Por ejemplo, la presencia de nubes puede controlar el
tacto «está lloviendo» por metonimia, pero sería castigada si
no se enmitiese de forma negativa, es deci, «no está lloviendo».
La respuesta «no» también se suele utilizar como parte del
mando («no hagas eso»), como forma de castigo («no, esa no
es la respuesta»), como mando mágico (decir «No!, cuando
algo se ha roto) o para mandar nuestra propia conducta o co-
rregirla. Este último caso, la corrección de la propia conducta,
suele ser el primer paso para la emisión de autoclíticos negati-
vos, primero se emitiría la respuesta «rojo, no» y después «no
es rojo».
- A rmación.
Al igual que «no» puede servir como castigo, «sí» puede
servir como reforzador positivo. Sin embargo, es difícil encon-
trarlo como autoclítico debido a que mantiene su individua-
lidad. La mayoría de las veces funciona más como autoclítico
Descriptivo, o como mando, llevando al oyente a aceptar de-
terminado estado de cosas.
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Vicente Pérez Fernández
)Autoclíticos
cuanti cadores.
Son respuestas como «siempre», «algunos», o «todos», que
modi can la reacción del oyente en cuanto a que sugieren la
medida en la que las respuestas que acompañan se adaptan a la
situación. En términos más tếcnicos, indican la relación entre
una respuesta y su estímulo de control.
D) Autocliticos relacionales.
Podemos encontrarlos en muchos mecanismos gramatica-
les. Por ejemplo, la concordancia verbo-sustantivo en número
y género cumplen la función de aclarar al oyente (o al lector)
que tales respuestas ni están aisladas ni se asocian por acci-
dente. Las preposiciones, como por ejemplo «también», están
señalando relaciones entre fragmentos de la respuesta verbal.
En la frase «los nińos corren» la «n» nal del verbo es un tacto
mínimo que indica plural pero también funciona como au-
toclítico relacional en su «acuerdo» con la forma del sustanti-
vo. O, como último ejemplo, en la frase «la muñeca de Juan»
la preposición «de» cumple la función autoclítica de señalar
posesión.
E) Autocliticos manipulativos.
Muchos autoclíticos tienen la función de crear una forma
de respuesta que tenga un efecto más fácilmente identi cable
para el oyente. Las paráfrasis (como «es decir», «excepto», «no
obstante», «sin embargo», etc.), convierten una respuesta breve
y de función poco clara, en una mayor y más explícita.
F) Autocliticos de composición.
Algunas respuestas autoclíticas llevan al lector/oyente a
componer él mismo conducta verbal que tenga propiedades
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
especí cas, controladas por el tipo de autoclítico de composi-
ción utilizado. Por ejemplo:
o «Viceversa» equivale a decir «cambie el orden y reaccio-
ne».
o «Sucesivamente» lleva a añadir nuevas respuestas de la
misma clase.
o La «puntuación» también aclara, amplia y modi ca el
efecto de los escritos sobre el lector.
o Las comillas se asocian al autoclítico descriptivo «él dijo».
o Algunos signos de puntuación señalan pausas o separan
segmentos de conducta (como las comas, los puntos, las
mayúsculas al principio de oración), otros indican el tipo
de operante (los signos de admiración o interrogación
marcan clases especiales de mandos), y otros la relación
de control que se establece (los nombres propios empie-
zan con mayúscula).
El uso de paréntesis o guiones funciona para separar unas
respuestas de otras.
G) Autoclíticos correctivos.
Generalmente, cuando una conducta verbal ha sido casti-
gada, tiende a reducir su probabilidad futura de emisión. La
postura de Skinner respecto al efecto del castigo fue evolucio-
nando a lo largo de su trayectoria, desde el pesimismo sobre
su e cacia y su consideración como una consecuencia de la
parálisis condicionada (Skinner, 1938; Estes y Skinner, 1941;
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Vicente Pérez Ferndndez
Skinner, 1953), a la expresada en Verbal Behavior (Skinner,
1957), más en consonancia con lo defendido por Dinsmoor
(1954), y que puede resumirse como como el fortaleciendo
de otras formas de conducta incompatibles con la castigada
(por evitación), y no el debilitando directo del comportamien-
to castigado. En el caso de la conducta verbal, por ejemplo,
ponerse la mano en la boca, huir, o retractarse.
Otra forma de corrección podría consistir también en emi-
tir una respuesta, pero cali cándola con un autoclítico, redu-
ciendo así la amenaza del castigo. Por ejemplo: «si yo fuera más
agresivo diría que..., «perdóneme la expresión, pero creo que
...», «no seré yo quién te juzgue, pero ...», etc.
También podemos encontrar autoclíticos correctivos en el
instrumento retórico conocido como «paralipsis». Consistente
en emitir una respuesta junto con un autoclítico que a rmna
que la respuesta no se está emitiendo. Por ejemplo: «no voy a
decir que te estás equivocando, pero ...».
Las «risillas nerviosas» o las entonaciones con baja energía
pueden funcionar como autoclíticos cuando se emiten res-
puestas ligeramente incorrectas para una comunidad verbal
determinada, y en la conducta textual (a través de mensajería
móvil) es muy común el uso de emoticonos con esta misma
función.
3.3. La conducta verbal encubierta: de hablar a
pensar.
Como se comentó en el anterior capítulo cuando señalá-
bamos la importancia de la conducta verbal y, por tanto, las
múltiples razones de un estudio riguroso de la misma, la con-
ducta verbal extiende los poderes sensoriales del oyente y la
capacidad de acción del hablante. En términos muy generales,
mejora el trabajo coordinado.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
La posibilidad de entrar en contacto con los ambientes de
otras personas representa uno de los mayores logros de la co-
municación. Sin embargo, como señalaba el propio Skinner
(1957), el efecto más interesante que tiene la conducta verbal
en los individuos es el de desencadenar reacciones verbales que
no están relacionadas con el grupo, es decir, cuando el indivi-
duo se habla a sí mismo.
Cuando un hablante se comporta consigo mismo como
oyente, y, especialmente, cuando su conducta no es observable
por los demás, se le denomina pensamiento.
Para cualquier cientí co que se declare como empirista y
monista-materialista (como ocurre y debe ocurrir en la gran
mayoría de los casos), es mnuy tentador evitar el estudio de la
conducta no observable alegando que está fuera de su campo
de estudio.
A lo largo de la historia de la Psicología, se han propuesto
diferentes acercamientos para superar este obstáculo. Durante
gran parte del siglo XX, desde la Psicología Cientí ca se ha
considerado a la conducta encubierta como igual que la des-
cubierta, pero emitida a una escala o intensidad más reducida.
De hecho, todavía es frecuente encontrar en muchos trabajos
cientí cos el término «conducta silente» para referirse a la con-
ducta encubierta, así como el uso de técnicas para la detección
de actividad muscular de baja intensidad asociada a dicha con-
ducta, o incluso de actividad cerebral (ver Hayes, 1986, para
una implicación metodológica de este tipo de posturas).
Pero existen muchos casos en los que no se puede encon-
trar esa relación entre reacciones directamente observables y el
pensamiento. Y eso no signi ca que no se estén emitiendo. Por
ejemplo: en el encadenamiento intraverbal algunas veces cier-
tos eslabones no se presentan en los datos observables; en la
resolución de problemas es muy frecuente que la presentación
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Vicente Pérez Fernández
de la incógnita y la solución sólo se puedan relacionar median-
te eventos encubiertos inferidos; la composición y corrección
de las oraciones también alude a conducta encubierta; etc. Y
estos son sólo algunos ejemplos.
En de nitiva, la postura de Skinner en Verbal Behavior es
clara a este respecto: ignorar variables que son di ciles o im-
posibles de observar directamente no provoca más que vacíos
explicativos. Y su posición teórica también es clara: no existe
una razón útil para diferenciar entre acción y pensamiento.
Hasta que se demuestre lo contrario, es completamente válido
considerar que los eventos que se presentan de forma encu-
bierta (o privada) siguen las mismas leyes que los que lo hacen
de manera descubierta (o pública).
Pero antes de seguir desarrollando la propuesta de Skinner
acerca del habla encubierta, es necesario señalar una cuestión
acerca de lo que se suele entender por pensamiento. Cuan-
do nos observamos a nosotros mismos mientras pensamos,
casi sienmpre percibimos conducta verbal, pero eso no implica
que todo el pensamiento sea de naturaleza verbal. Podemos
imaginar objetos y situaciones sin hacer uso de las palabras,
provocando estimulación privada de cualquier modalidad sen-
sorial. No obstante, nos centraremos aquí, por supuesto, en la
conducta verbal privada: en el pensamiento, y, sobre todo, en
cómo lega a formar parte de nuestro repertorio conductual.
Porque, es obvio que para emitir pensamiento verbal es
necesario haber adquirido primero un repertorio verbal, pero
¿qué determina que una respuesta se emita de manera encu-
bierta o descubierta?
La respuesta a esta pregunta no es tan simple como argu-
mentar que una respuesta se vuelve encubierta porque no tiene
la su ciente «fuerza» para que se emita de forma pública. Una
conducta puede ser altamente probable, y estar el individuo
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
muy motivado para emitirla, y, sin embargo, emitirse como
pensamiento.
Existen mltiples razones que favorecen la emisión encu-
bierta de respuestas verbales ya adquiridas, aquí destacaremos
las más relevantes de las que aparecen en Verbal Bebavior:
A) La primera razón es la más obvia de todas: por «economía
de esfuerzo».
Las operantes en general tienden a emitirse de la forma más
sencilla posible. A no ser que sean reforzadas diferencialmente
cuando se presentan de forma enérgica, tenderán a ejecutarse a
la magnitud más baja posible, pudiendo llegar al punto de que
no sean perceptibles por otras personas.
B) Por disminución de la demora.
Al conocer exactamente el hablante y el oyente los hechos
que describe, la conducta verbal privada omite muchas de las
aclaraciones y perífrasis necesarias en la conducta pública, con
lo que es reforzada por una disminución en la demora de la
consecuencia.
C) Por evitación.
Las respuestas verbales castigadas pueden tendera emitirse
de forma encubierta por reforzamiento negativo, es decir, por
la evitación del castigo al que serían sometidas si se emitiesen
de forma descubierta.
D) Y, por último, debido a la auto-estimulación verbal.
Que el hablante se comporte consigo mismo como oyente
tiene multitud de ventajas. La conducta verbal encubierta es
una operante reforzada en parte por sus efectos sobre la con-
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Vicente Pérez Fernández
ducta descubierta. El pensamiento es un aspecto clave en la
solución de problemas, en el autocontrol, en la toma de deci-
siones, en la creatividad, en el recuerdo, etc. Todas estas, con-
ductas cuyas consecuencias públicas pueden llegar a ser muy
reforzantes.
Así, el pensamniento presenta muchas características que
favorecen que la conducta verbal se vuelva encubierta por au-
toestimulación, y que explicarían este cambio. Por ejemplo:
1. El oyente y el hablante comparten el mismo repertorio
verbal (mismo idioma, mismo vocabulario, mismos giros
gramaticales o «frases hechas», etc.).
2. El estado de privación ylo de estimulación aversiva al
que están sometidos es idéntico.
3. La transmisión es más rápida y breve.
4. Y, por último, el oyente está siempre disponible para
servir como audiencia.
Todos estos factores determinan que bajo ciertas circuns-
tancias una gran parte de nuestra conducta verbal se termi-
ne emitiendo de manera encubierta. Podríamos establecer,
incluso, una secuencia de aprendizaje en todo este proceso:
1) primero el sujeto habla con las personas que le rodean, 2)
después se habla a sí mismo de forma pública (descubierta) y,
por último, 3) habla consigo mismo de forma privada.
Esta concepción del pensamiento, incluso, en cierta medi-
da, la descripción de su proceso de adquisición ha inspirado a
lo largo del siglo XX a otras corrientes psicológicas no necesa-
riamente conductistas. La teoría sociocultural de Vygotsky, en
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
la que el origen social del pensamiento es un concepto central,
es un ejemplo de ello.
Vygotsky, al igual que Skinner, defendió en 1979 la nece-
sidad de que el habla apareciese primero en el ámbito social
para que después se diese en el ámbito individual, mediante un
proceso de «interiorización». La evolución del habla pasaría,
según este autor, por las siguientes fases:
5. 1 a 3 años. EI lenguaje tiene una función de comuni-
cación con otras personas.
6. 3 a 5/7 años. Empieza a darse un habla privada que
acompaña a las acciones del nifño.
7. A partir de 5/7. El proceso de «interiorización» del
lenguaje le permite al niño no sólo describir las situacio-
nes sino también plani cary relexionar.
Pero, y volviendo a Verbal Behavior, lo más relevante de
la propuesta de Skinner es la posibilidad de estudiar esta for-
ma de comportamiento mediante la investigación de las leyes
que determinan la conducta pública. Algo posible solamente
bajo la hipótesis (razonable) de que no tienen una naturaleza
distinta.
3.4. Otras cuestiones abordadas en Verbal Bebavior.
Como señalábamos al inicio de este capítulo, Verbal Be-
havior es una obra extensa y compleja, en la que se abordan
una gran cantidad de fenómenos, y la mayoría a niveles de
profundidad tales que requerirían de otros espacios para poder
tratarlos como requieren.
El objetivo tanto de este capítulo como del anterior es ser-
Vir como una exposición introductoria y resumida, pero que
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Vicente Pérez Fernández
permita hacerse una idea su cientemente completa (espera-
mos) de la propuesta de Skinner. Y, por supuesto, que sirva
también como una forma de acercar una obra que durante
años se ha considerado como de di cil comprensión, con la
esperanza de que facilite su acceso directo.
No obstante, en este último apartado destacaremos y des-
cribiremos brevemente algunas de esas otras cuestiones que
pueden encontrarse en Verbal Behavior, aunque sea sólo de
una forma muy super cial. Veremos brevemente, por tanto,
cuestiones como la importancia de la causación múltiple, el
control instruccional, el humor, o el lenguaje cientí co.
Pero antes empezaremos por otro aspecto que terminó
inspirando una extensa línea de investigación años después
(Lamarre y Holland, 1985; Hall y Sundberg, 1987; Petursdo-
ttir, Carr y Michael, 2005; Egan y Barnes-Holmes, 2009; por
ejemplo): la controversia respecto a la independencia funcio-
nal entre las diferentes operantes verbales.
3.4.1. La controversia de la independencia funcional.
Como hemos visto, la clasi cación de los elementos de
análisis dentro de la propuesta de Verbal Behavior: las distintas
operantes verbales, el concepto de hablante y oyente, etc., no
alude a la forma de la respuesta, es decir, a su topogra a, sino
a las condiciones bajo las cuales se emite. Es una clasi cación,
por tanto, que no debe entenderse como un n en sí misma,
sino como una forma de aplicar a la conducta verbal conceptos
y leyes que proceden de un análisis más general.
No obstante, desde un punto de vista tradicional, se suele
defender que la misma palabra puede formar parte de cual-
quier tipo de operante verbal (por ejemplo, decir «agua» como
mando o como tacto); y que de esto puede deducirse que los
individuos adquieren espontáneamente un tipo de conducta
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
en el proceso de adquisición de otra. Siguiendo con el mismo
ejemplo, que al adquirir «agua» como tacto, el sujeto podría
automáticamente utilizarlo también como mando.
La hipotética independencia o no de las operantes verbales
es una cuestión que ha sido muy discutida durante los años
siguientes a la publicación de Verbal Behavior. Pero la posición
de Skinner en su obra, sin embargo, fue muy clara, dedicán-
dole un capítulo completo, el octavo, a defender su indepen-
dencia funcional.
Para Skinner, el tacto «agua» y el mando «agua», por ejem-
plo, involucran contingencias de adquisición y mantenimiento
completamente distintas. Y, aunque admite que en ocasiones
se puede observar una aparente transferencia entre ambas, en
ningún caso habría que entenderlo como que el mando surge
espontáneamente por la adquisición del tacto, sino que habría
que buscar otro tipo de explicaciones. Por ejemplo:
o El mando podría aparecer con la ayuda de la conducta
de transcripcióno traducción adecuada, es decir, que el
sujeto encuentre la palabra que necesitaba para el mando
en texXtos.
o O también podría explicarse por la semejanza entre los
estímulos que refuerzan un mando y los estímulos discri-
minativos que controlan un tacto.
Sin entrar en más detalle, la propuesta de Skinner a este
respecto es no asumir relación entre las operantes y centrar
los esfuerzos en la búsqueda de explicaciones independientes a
cómo es que respuestas con la misma forma funcionan como
diferentes tipos de operantes.
83
Vicente Pérez Fernández
. 3.4.2. Causación Múltiple.
Existen diferentes argumentos para defender que cualquier
conducta verbal es, en realidad, función de una amplia canti-
dad de variables que operan al mismo tiempo. Estas fuentes
de control terminan afectando a la probabilidad de emisión
de la operante, e incluso a su forma, de manera aditiva. Por un
lado, la probabilidad de emisión de una respuesta verbal suele
estar bajo el control de más de una variable. Y, por otro lado,
diferentes operantes verbales son reforzadas por la comunidad
verbal de la misma forma.
Por ejemplo, un tacto puede estar en función de la presen-
cia de un estímulo concreto, pero se hace más probable cuan-
do también está presente la audiencia adecuada para reforzar
un mando referido a ese estímulo.
A esto habría que añadir el efecto de la presencia de dife-
rentes audiencias, lo que Slkinner denominó Audiencia Múl-
tiple. La presencia de diferentes audiencias puede afectar, en
términos generales, de dos maneras:
1. Cuando ambas audiencias controlan de igual manera
la misma respuesta, puede darse un aumento de la magni-
tud de dicha respuesta.
2. Pero, cuando una respuesta verbal es efectiva sobre dos
audiencias en diferentes formas (por ejemplo, una positi-
va y otra negativa) pueden pasar dos cosas: o se reduce la
fuerza de la respuesta o se emite otra que no tenga con-
secuencias sobre la negativa, pero sí sobre la positiva. Un
ejemplo especial de este segundo caso es lo que se conoce
como ironía, es decir, una respuesta verbal que tiene efec-
tos diferentes sobre audiencias diferentes (no necesaria-
mente positiva o negativa). La ironía podría considerarse
84
Conducta Verbal de Skinner: génesis,polémnica, basesy evolución.
como especie de extensión metafórica, que requiere que
el oyente sea miembro de ambas audiencias para poder
apreciarla.
Estos serían casos prototípicos de causación mútiple, pero
Skinner, en el capítulo 9 de Verbal Behavior, también señala
otros ejemplos:
3. Por un lado, está el efecto del castigo, principalmente
cuando evitamos reacciones aversivas por parte del oyen-
te emitiendo determinadas operantes y no otras. Como
cuando usamos eufemismos que no generen una reacción
emocional, o cuando usamos sinónimos para no ser cas-
tigados al repetirnos, o términos concretos en lugar de
abstractos, etc.
4. Y también es muy frecuente que nuestra propia con-
ducta funcione como fuente de control. Por ejemplo, el
que hayamos emitido ciertos tactos o intraverbales, pue-
de hacer más probables unas operantes y no otras como
formas de intraverbales. También pueden hacerse más
probables ciertos fragmentos de operantes debido a res-
puestas ecoicas o autoecoicas.
En de nitiva, todo este capítulo nueve se dedica a descri-
bir casos en los que el control de diferentes operantes verbales
depende de múltiples variables. Es un verdadero esfuerzo por
mostrar un modelo explicativo que descarte cualquier versión
simplista del control de la conducta verbal como el resultado
de una relación única y univariada.
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Vicente Pérez Fernández
3.4.3. El control instruccional.
Esta es una cuestión que, aunque no se aborda de manera
muy exhaustiva en Verbal Behavior, su inclusión en la obra sir-
vió como inspiración para una línea de investigación tremen-
damente fructífera en el futuro (como veremos en el capítulo
5).
Según la de nición de Skinner (1957) en Verbal Behavior,
una instrucción es aquel tacto que modi ca la conducta del
oyente respecto a cierto tipo de estímulos. Por ejemplo: si al
decir «ese coche no tiene gasolina» provocamos que el sujeto
no lo utilice o que lo lleve a la gasolinera, se podría considerar
una instrucción.
Aunque reconoce la capacidad de control de las instruccio-
nes, la postura de Skinner al respecto en 1957 era más bien de
minimizar su efecto, sobre todo al compararlos con el moldea-
miento a través de la exposición de las contingencias directas.
De hecho, gran parte del espacio que le dedica en el libro está
más bien orientado a la enumneración de condiciones limitan-
tes de la instrucción del oyente. Comentamos algunas de ellas
a continuación:
1. La instrucción exitosa está ligada a otras variables extra
como son el «prestigio» del hablante y la «creencia» del
oyente en lo que está diciendo, obviamente, dependiente
de las consecuencias pasadas de sus reacciones ante estas
respuestas.
2. El prestigio del hablante puede fortalecerse diciendo
muchas cosas verdaderas, fáciles de comprobar o utilizan-
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, poltmica, basesy evolución.
do instrumentos retóricos, como tếcnicas de sondeo o el
buen uso de autoclíticos.
3. La instrucción verbal también está limitada por la
medida en que demanda el cambio, lo que podríamos
etiquetar como «su complejidad». Es decir, el grado de
instrucción que necesita el oyente o el valor de la presen-
tación en cuanto a velocidad, claridad, densidad, natura-
leza de sus autoclíticos, etc.
3.4.4. Otras.
Hemos incluido en este último apartado algunos de los as-
pectos más relevantes tratados en Verbal Behavior, pero, como
ya comentamos, Skinner extendió su modelo explicativo a una
enorme cantidad de fenómenos relacionados con el comporta-
miento verbal. Veamos a continuación, termninando ya el capí-
tulo, algunos últimos ejemplos:
a. El humor verbal.
Si bien es cierto que ciertas conductas pueden producir
risa solamente porque son torpes, extrañas, o sorprendentes,
el caso de los juegos verbales como forma de humor, involucra
la conducta del oyente, y suele generar risa debido al efecto de
la estimulación suplementaria sobre ciertas respuestas verbales
poco probables. Como, por ejemplo, aumentando la fuerza
de respuestas castigadas por temas de tabú, sexo, racismo, ma-
chismo, etc.
b. Los acertijos.
Se analizan las respuestas a los acertijos como situaciones
en las que se requieren de una respuesta metafórica, o respues-
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Vicente Pirez Fernández
tas que están bajo el control de doso más instigadores temá-
ticos que requieren de una respuesta intraverbal para ambos.
También, en ocasiones, como planteamientos en los que hay
que adivinar a partir de extensiones metafóricas o metoními-
cas forzadas, etc.
C. Los «lapsus verbales» en los que se mezclan palabras.
Skinner explica estos lapsus como el resultado de la com-
binación de fragmentos de respuestas verbales que no están
su cientemente instauradas en el repertorio del individuo. Es
decir, como respuestas que suelen darse en condiciones en las
que existen variables que fortalecen la conducta verbal, pero
sin tener en cuenta la forma, ya sea actuando sobre el proceso
de fusión o sobre la conducta de corregir.
d. El «autofortalecimiento» de la conducta verbal.
En Verbal Behavior se dedica el capítulo 17 completo a
describir diferentes formas en las que el hablante puede con-
tribuir al control de su propia conducta verbal cuando ésta es
«débil» (poco probable). Este capíulo es de especial interés
porque ofrece una alternativa analítico conductual a lo que
comúnmente se suele entender como «memoria», que bajo
este prisma podría entenderse como otra forma de conduc-
ta: «recordar». «Recordar» se refería al uso en uno mismo de
las mismas técnicas de estimulación suplementaria que hemos
visto al principio del capítulo, con el objetivo de hacer más
probables respuestas inadecuadamente condicionadas o que
no se encuentran bajo el control de los estímulos presentes.
También se aborda bajo este mismo marco los fenómenos
conocidos como «insight» (epifanías o iluminaciones), recha-
zando, obviamente, la necesidad de un «creador interno». La
explicación de Skinner a la mayoría de los casos que se eti-
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
quetan bajo estos términos estaría relacionada con lo que él
denomina como «periodo de incubación», cuyo efecto podría
explicarse por diferentes razones:
Generalmente las respuestas verbales «débiles» tienen un
tiempo de latencia más prolongado.
Cuando una respuesta más «fuerte» está inter riendo la
conducta verbal apropiada, retener las respuestas (es decir, «de-
jar la mente en blanco») puede ser de utilidad.
e. La Conducta verbal lógica y cientí ca.
El capítulo 18 está dedicado a re exionar sobre ciertas ca-
racterísticas especí cas de este tipo de comportamiento verbal,
especialmente de aquellas que favorecen la agudización del
control por el estímulo. Así, se describen diferentes usos de
estímulos verbales y no verbales para reducir las relaciones de
control irrelevantes tales como:
Reemplazando el lenguaje ordinario por uno técnico,
bajo el control de los estímulos pertinentes.
o Castigando o extinguiendo las extensiones metafóricas,
metonímicas o solecistas; así como la exageración o mini-
mización, la mala representación, la mentira y la cción.
Extinguiendo el humor, el ingenio, el estilo, los instru-
mentos poéticos, las recombinaciones fragmentarias y las
distorsiones de forma, evitando así, las fuentes múltiples
de control.
Y estos son sólo algunos ejemplos. En Verbal Behavior po-
demos encontrar hipótesis explicativas mediante eventos y
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Vicente Pérez Fernảndez
mecanismos demostrados cientí camente a fenómenos tan
diversos como el efecto de las audiencias literarias, las variables
de control de la escritura automática (a la espiritista, me re e-
ro), o el efecto de la catarsis psicoanalítica, entre otros.
Independientemnente del acierto o desacierto de sus hipó-
tesis, algo que debía ser comprobado empíricamente, es indu-
dable el mérito de su obra en su contexto histórico, en cuanto
a ejercicio de análisis conductual, al menos. Pero también es
importante destacar la valentía y la transparencia con la que
Skinner abordó este proyecto. La lectura de Verbal Behavior
desprende desde el principio el esfuerzo explícito del autor
por no eludir el abordaje de ningún fenómeno verbal, y de no
salirse de las reglas explicativas que él mismo se autoimpuso
desde el principio.
No obstante, como ya vimos en el primer capítulo, nada
de esto impidió la feroz crítica que recibió su obra. Una críti-
ca, por otra parte, totalmente lícita y previsible. Pero, tal vez,
lo que requiere de un análisis más profundo es el porqué del
impacto de esa crítica, que terminó ensombreciendo al propio
libro, o, al menos, temporalmente.
Todas estas cuestiones las veremos en el siguiente capítulo.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
CAPÍTULO 4. LA CRÍTICA QUE
ENSOMBRECIÓ AL LIBRO.
a crítica de Chomsky al libro de «Conducta Verbal»
de Skinner es, con diferencia, su obra más citada.
JSe ha traducido a diferentes idiomas y reimpreso en
multitud de ocasiones. De hecho, es considerada por muchos
como una de las piezas clave del nacimiento (o resurrección)
de la Psicología Cognitiva.
Pero ¿en qué se fundamentaba su crítica? Y, sobre todo ¿qué
podría explicar semejante impacto?
4.1. El nacimiento de la Psicología Cognitiva: ¿causa
o efecto?
Lo que se denomina en este momento como Ciencia Cog-
nitiva es una entidad multidisciplinar que no se ciñe exclu-
sivamente al campo de la psicología, y que aborda y asume
elementos de la loso a, la lingüística, la inteligerncia arti cial
o, incluso, de la antropologí.
No obstante, es muy frecuente (Santiago, Tornay, Gómez
y Elosúa, 2006) que se consideren como principales pilares
del Cognitivismo a las teorías de la información (Shannon y
Weaver, 1949), la teoría de la computación (Turing, 1950), y a
la teoría cibernética (Wiener, 1948). Todas ellas, teorías desa-
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Vicente Prez Fernández
rrolladas a nales de los cuarenta y principios de los cincuenta
del siglo pasado
Es, por tanto, a mediados del siglo XX cuando se desarro-
llan las bases de la, por entonces, incipiente psicología cogniti-
va, una disciplina que se caracterizaba (y que se sigue caracte-
rizando) no sólo por su facilidad para asumir elementos ajenos
a su área de estudio (como conceptos físicos, de cibernética,
o de ingeniería, por ejemplo), sino por su contraposición a
las posturas conductistas en la búsqueda de explicaciones del
funcionamiento psicológico humano. Es importante tener en
cuenta a este respecto, que el conductismo era el paradigma
dominante en esa época.
Se desarrollo, por tanto, en los Estados Unidos de los años
50, un ambiente muy propicio para que las críticas al conduc-
tismo fuesen altamente difundidas y aplaudidas por parte de
una comunidad que buscaba su sitio, por supuesto, al margen
de lo que hasta el momento constituía el único planteamiento
con carácter cientí co del estudio del comportamiento.
De especial relevancia en la generación de este ambien-
te, fue el capítulo que Karl Lashley rmó en el libro Cerebral
Mechanisms in Behavior, publicado en 1951. En dicho escri-
to, el autor, que, por cierto, fue muy citado en la crítica de
Chomsky, se opone, entre otras cuestiones, a la explicación a
través del encadenamiento de ciertas secuencias complejas de
conductas, aludiendo especialmente a las referidas al compor-
tamiento verbal.
Pero, en cuanto al nacimiento del paradigma Cognitivo,
aún más relevante fue el encuentro celebrado en el MIT en
1956, donde trabajaba desde hacía un año Chomnsky, el llama-
do Simposio sobre Teoría de la información. En dicho sinpo-
sio, por supuesto, también participó Chomsky con la ponen-
cia titulada «Tres modelos para la descripción del lenguaje», la
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
cual tuvo un gran impacto en los asistentes, que estaban muy
receptivos a cualquier in uencia, incluso aunque proviniese de
una disciplina ajena a la psicología.
No obstante, a pesar de la evidente oposición entre el para-
digma conductista y el renovado cognitivismo, existía un ele-
mento que, en cierta medida, evitaba la confrontación directa
entre ambos: la arti cial (y en ningún momento consensuada)
separación de áreas de interés dentro del estudio del compor-
tamiento. La imagen generalizada de un conductista en ese
momento (e incluso en la actualidad) para una importante
parte de la población (ya sea especialista en la materia o no),
era la de una persona preocupada en dar explicación a con-
ductas aparentemente simples y comunes a todas las especies
animales. Mientras que, por otro lado, la psicología cognitiva
consideraba como su objeto de estudio natural (, casi podría
decirse, de exclusividad) las conductas complejas y prototípi-
camente humanas. Así, parecía que mientras el conductismo
no interhriesey no empezara a interesarse por fenómenos que
supuestamente no eran de su competencia, existía una cierta
paz fundamentada principalmente en el ignoro mutuo.
Sin embargo, esta postura, que al nal es tremendamente
heredera del dualismo cartesiano, no era compatible con el
contenido del libro de Skinner. Porque, por supuesto, el len-
guaje constituía el principal ejemplo de ese tipo de fenómenos
que el conductista no debía de analizar, que eran competencia
exclusiva de los Cognitivos. Y, así, creyeron que debían defen-
der, rápida y contundentemente, esa invasión de su territorio.
4.2. El porquć del impacto de la crítica.
Como ya adelantamos en el primer capítulo, aunque está
obviamente fundamentado en hechos empíricos, a diferencia
de la mayoría del resto de los trabajos del autor, Verbal Beha-
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vior es una obra eminentemente especulativa. Algo reconocido
por el propio autor, y que incluso se anuncia en las primeras
páginas del libro. En ningún momento se presentan datos de
laboratorio en los que se hayan manipulado respuestas verba-
les, y por tanto, no contaba con evidencias directas, derivadas
de la experimentación, que demostrasen de manera inequívo-
ca sus tesis explicativas.
Esta característica convirtió a las teorías sobre la conducta
verbal de Skinner en un blanco fácil para aquellos que estaban
motivados a derrumbar las tesis ambientalistas, hasta entonces
mucho más blindadas gracias al apoyo empírico detrás de cada
una de sus a rmaciones.
El propio Chomsky (1967) admitió algunos ańos después
de escribir su crítica, que el libro de Skinner le pareció una
oportunidad perfecta para criticar las bases teóricas del con-
ductismo, principalmente por su aproximación ambientalista,
y no innatista. De hecho, es curioso como Chomsky no alude
en su crítica en ningún momento a otras obras de Skinner
como «Ciencia y Conducta Humana» (Skinner, 1953), en el
que se detallan muchos de los conceptos, así como otras cues-
tiones puramente metodológicas, que Chomsky considera que
tienen una de nición vaga u oscura en Verbal Bebavior (publi-
cada cuatro años después).
En cualquier caso, tampoco se aportó ninguna evidencia
empírica en la crítica de Chomsky, ni en contra de la tesis
de Skinner, ni mucho menos a favor de las suyas, basadas en
un hipotético sistema de procesamiento de la información de
naturaleza innata. Sin embargo, en muy poco tiempo cada vez
era más frecuente escuchar o leer la idea de que su artículo de-
mostraba que la conducta verbal no se podía explicar a través
del análisis funcional (por ejemplo, Fodor y Katz, 1964).
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Conducta Verbal de Skinner: génesis polémica, basesy evolución.
Como apuntó Maccorquodale (1970), del que hablaremos
más adelante, el artículo de Chomsky no demuestra nada,
simplemente lo a rma. Pero lo hace con igual escasez de apo-
yo empírico, o tal vez menos que lo a rmado por Skinner.
Porque, de hecho, ya por entonces existía evidencia del control
de respuestas verbales mediante condicionamiento operante,
en estudios como los de Krasner (1958) o Salzinger (1959).
Pero, y volviendo al título de este apartado, ¿qué podría
explicar entonces el impacto del artículo de Chomsky?
Como ya comentamos en el primer capítulo, al parecer,
Skinner ni siquiera se leyó el artículo completo de Chomsky
hasta diez años después de recibirlo. Además, cuando lo hizo
fue empujado por la insistencia de sus alumnos, y su principal
comentario (público, al menos) fue cali carlo como demasia-
do emocional (Cohen, 1980).
Esto nos lleva a la que, probablemente, es una de las princi-
pales razones del impacto de la crítica: la respuesta del princi-
pal afectado, de Skinner, o más bien su ausencia de respuesta.
Y es que Skinner no solía responder a sus críticos, incluido
Chomsky.
De hecho, su postura ante las críticas era tal que una de
las pocas excepciones en las que accedió a responder a ellas se
hizo bastante famosa: el experimento de sociología de la cien-
cia que se llevó a cabo en 1984, en el número 7 de Behavioral
and Brain Sciences, en el que Skinner distribuyó entre nume-
rosos cientí cos seis de sus artículos para que fuesen critica-
dos, y después respondió a cada una de esas críticas. El propio
Skinner reconoció, en esta ocasión, que había estado eludien-
do el castigo durante más de 50 años, y quería aprovechar la
oportunidad de ese número especial para exponerse a la crítica
que tanto había estado evitando, tanto en términos generales,
como especí camente a la ya por entonces célebre crítica de
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Vicente Pérez Fernández
Chomsky. Chomsky fue inviado a participar, pero desafor-
tunadamente para todos, rechazó la invitación. Así, se perdió
la última oportunidad de un verdadero debate entre ambos,
lo que, posiblemente, podría haber matizado la impresión de
que Chomsky había desmantelado la postura de Skinner, al no
haberse producido ninguna réplica.
Otra posible razón del impacto de la crítica fue la tardanza
en responder por parte del resto de la comunidad conductista,
Ya que, no olvidemos, que el escrito de Chomsky, aunque se
centraba en el libro de Skinne, en realidad, era una crítica
general a todo el paradigma.
En ese sentido, Wiest (1967) y Maccorquodale (1970), a
través de dos artículos de nales de los sesenta, apuntaron va-
rias razones al por quế no se contestó al artículo de Chomsky de
forma contundente hasta pasados 10 años de su publicación.
Destacamos a continuación las cuatro razones mnás relevantes:
1. Por un lado, muchos psicólogos conductistas no se
sintieron aludidos por la crítica. En algunos casos porque
no compartían la visión de Skinner, y en los casos de los
psicólogos «skinnerianos», porque consideraban que no
atacaba a «su» conductismno. Es importante señalar aquí
que en la crítica de Chomsky se adjudica al análisis de
Skinner conceptos que ya se habían abandonado hacía
mucho tiempo, como, por ejemplo, el reforzamiento por
reducción del impulso. De una manera u otra, era un
hecho generalizado que pocos conductistas se sintiesen
identi cados con la imagen que Chomsky pretendía dar
de ellos.
2. El segundo lugar, el tono del artículo llega a ser en
ocasiones bastante ofensivo. De hecho, la única palabra
amable se encuentra en una nota a pie de la página 32.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
Esto llevó a muchos autores a temer que cualquier res-
puesta se pudiese interpretar como un acto defensivo,
pre riendo no involucrarse.
3. Otra de las razones, mucho más personal y especí-
ca, la plantea el propio Maccorquodale, que reconoce
haber dudado durante mucho tiempo antes de redactar
una respuesta debido a que era uno de los directores de
la colección en la que se publicó Verbal Behavior. Y, por
este aparente con icto de intereses, no quería que pudiese
interpretarse su defensa de la postura de Skinner como
una acción partidista, o incluso mercantilista.
4. Y, por timo, y en un sentido algo más ambiguo y ge-
neral, según estos autores, la, por así decirlo, «declaración
de guerra» del cognitivismo fue totalmente unilateral, y el
conductista no entendía claramente por qué debía defen-
derse. De hecho, era muy común que para el conductista
de la época los nuevos paradigmas, al ser tan frecuentes
y abundantes, careciesen de todo valor y signi cado para
ellos. El propio Skinner llegó a decir poco después de la
publicación de la crítica, que no era necesario contestarla,
ya que los propios hechos lo harían por él.
A lo señalado por Wiest y Maccorquodale habría que aña-
dir otro factor que no ayudó a la consideración de Verbal Be-
havior, y es la poca in uencia que tuvo en la investigación de la
época. La investigación dentro del AEC se estaba encargando
en esos momentos de tópicos menos complejos, de hecho, se
estaba empezando a estudiar los fenómenos observados en el
laboratorio en conductas humanas simples.
El estudio de la conducta verbal bajo los presupuestos de
control y sistematicidad que exigía esta disciplina (el AEC),
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Vicente Pérez Fernández
requerían de unas bases metodológicas que en aún no estaban
desarrolladas. Es importante señalar que el mismno año en el
que se publicó Verbal Behavior (1957), se publicó también,
junto a Ferster, la obra más citada de Skinner: «Programas de
reforzamiento» (Ferster y Skinner, 1957). Los analistas del
comportamiento de entonces encontraron en esta obra un
apoyo mucho más sólido para continuar sus trabajos, tanto
empírica, como experimentalmente hablando.
Y, claro, esta ausencia de impacto inmediato en la investi-
gación básica contribuyó, como no podía ser de otra forma, a
reforzar la creencia de que el estudio de la conducta verbal bajo
los presupuestos conductistas no era viable.
Todos estos factores, y algunos otros que no hemos señala-
do, podrían explicar en gran medida el impacto más o menos
inmediato de la crítica, en tếrminos temporales. Pero su consi-
deración como prueba irrefutable del fracaso de Skinner (y de
cierta forma, de todo el conductismo) perduró durante las dé-
cadas posteriores, a pesar de que otros autores sí que publica-
ron respuestas muy fundamentadas (Palmer, 1986; Stemmer,
1990; por ejemplo).
En 1964 se incluyó la crítica de Chomsky en el libro Rea-
dings in the Prychology of Language, y en 1967 se reeditó inclu-
yendo un prefacio escrito por el propio Chomsky en el que
reconocía no encontrar razones para cambiar nada de lo que
defendió ocho años atrás (cuando se publicó originalmente).
De hecho, señalaba también en ese prefacio que consideraba la
falta de intentos durante este tiempo de criticar su artículo por
parte del colectivo agraviado, como una prueba de la inexis-
tencia de trabajos teóricoso experimentales que desa aran sus
conclusiones. Que, en realidad, el trabajo de Skinner era un
conjunto de especulaciones basadas en una mitología, cuyo
origen no se debe ni a un apoyo empírico, ni a un razonamien-
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to persuasivo ni a una falta de alternativas. Y que nada había
cambiado desde entonces.
No obstante, y como ya hemos adelantado, algunos años
después apareció la primera respuesta a la crítica de Chomsky:
el célebre artículo de Maccorquodale de 1970. Pero, ni esta
respuesta ni las que vendrían posteriormente (Palmer, 1986;
Stemmer, 1990) tuvieron mucho efecto fuera de la comuni-
dad conductista, y, desde luego, no consiguieron modi car esa
imagen de derrota.
Podría decirse, en de nitiva, que estas respuestas fueron
como «predicar a conversos». En gran medida, por un lado,
por el carácter de las revistas en las que fueron publicadas, que
estaban dirigidas exclusivamente a la comunidad conductista.
Pero también, por otro lado, por el rechazo de otras revistas
de corte cognitivo. Un ejemplo muy claro de esto fue la revis-
ta Language, en la que se publicó originalmente la crítica de
Chomsky, que rechazó publicar el trabajo de Maccorquodale,
lo que terminó impidiendo cualquier debate fuera de la comu-
nidad conductista.
No obstante, y a pesar de su reducido alcance fuera de los
analistas de conducta, la respuesta de Maccorquodale, en au-
sencia de la del propio Skinner, es probablemente la más ex-
haustiva y precisa que puede encontrarse en este momento. Y,
por tanto, es importante que nos detengamos a continuación
un poco en ella.
4.3. La respuesta de Maccorquodale.
Como ya hemos señalado varias veces, en 1970 (once años
después del artículo de Chomsky) se publicó la primera res-
puesta o cial a la crítica. La publicación, después de que fuese
rechazada por la revista Language, se llevó a cabo en la histórica
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Journal of the ExperimentalAnalysis of Behavior, una revista de
evidente carácter conductista.
Su autor, Keneth Maccorquodale, dividió su artículo en
función de las dos partes diferenciadas que apreciaba en el es-
crito de Chomsky: una en al que se alude de forma general al
análisis «skinneriano» de la conducta verbal, y una segunda
en la que se crítica de forma super cial la aplicación de ese
análisis.
En palabras del propio Maccorquodale, el trabajo de
Chomsky le resultó tremendamente redundante, de forma que
redujo toda la primera parte de su escrito a tres críticas fun-
damentales (que resumía en una frase del propio Chomsky); y
en la segunda parte desarrolló su postura (o, más bien, la pos-
tura de «skinneriano» promedio) sobre las a rmaciones que
Chomsky hizo sobre cuestiones como los conceptos de pro-
babilidad, reforzamiento, estímulo; o la de nición de ciertas
operantes verbales.
Empecemos por esas tres críticas principales.
1) «Verbal Behavior es una hipótesis no comprobada que,
por tanto, no tiene derecho a nuestra credibilidad».
Efectivamente, la obra de Skinner es una hipótesis, algo
que el propio autor no oculta en ningún momento. Y que, de
hecho, admite él mismo en la página 11 de su libro:
«La presente extensión al comportamiento verbal es, así,
un ejercicio de interpretación más que una extrapolación
cuantitativa de resultados experimentales rigurosos» (Skinner,
1957, p. 11).
Pero, como apunta el propio Maccorquodale: «... que una
hipótesis no se haya comprobado no implica que sea falsa». La
hipótesis de Skinner es, en de nitiva, que el comportaniento
verbal se puede explicar aludiendo al mismo sistema con el
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
que se explican el resto de los comportamientos: motivación,
discriminativo, respuesta y reforzador. Y es cierto que puede
que la hipótesis no sea correcta, pero lo que no se puede negar
es que es enormnemente plausible.
Además, como el propio Skinner a rma en la página 38:
«... sería arriesgado a rmar en este momento que no hay
diferencia esencial entre el comportamiento humano y el
de otras especies inferiores; pero hasta que se haya inten-
tado referirse a ambos en los mismos tếrminos, sería igual-
mente arriesgado a rmar que sí la hay» (Skinner, 1953,
pág. 38).
En este mismo sentido, Chomsky también acusa de forma
reiterada a Skinner de usar en Verbal Behavior el vocabulario
técnico como una extensión metafórica, pero vaciada de su
carácter objetivo, heredado de los estudios de laboratorio con
animales no humanos.
Esta es una cuestión que el propio Maccorquodale admite,
ya que cualquier tếrmino técnico dentro de una hipótesis no
veri cada es necesariamente una «conjetura analógica». Pero,
sin embargo, critica el carácter peyorativo con el que usa dicho
término Chomsky. Aún más cuando partiendo de ese argu-
mento, es decir, que Skinner usa los términos técnicos como
una extensión metafórica, llega sin ningún obstáculo a la con-
clusión de que eso es todo lo que son. Y que al no ser más que
metáforas, por tanto, no pueden describir el comportamiento
verbal. Y todo esto sin ni siquiera comprobar la hipótesis.
Otra cuestión que se deriva de esta primera crítica es una
idea que sobrevuela todo el escrito de Chomsky: que las expli-
caciones del comportamiento observado en el laboratorio no
pueden aplicarse a la vida real.
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Vicente Pérez Fernández
Una a rmación que no sólo es atrevida, sino que, como
mínimo, requiere de una veri cación empírica. Y, como señala
el propio Maccorquodale, Ilevando al absurdo el argumento,
que, ademá, implicaría que la naturaleza dispone de dos tipos
de leyes, unas para dentro del laboratorio y otras para fuera
deél.
2) «LOS términos técnicos de Skinner son meras paráfrasis
de abordajes más tradicionales del comportamiento verbal».
De manera general, se de ende en la crítica de Chomsky
que el vocabulario técnico skinneriano simplemente da un
nombre nuevo y más prestigioso, al aparentar «cienti cidad»,
una noción vieja. Que términos tradicionales como «referen-
cia» o «signi cado» son sustituidos por «control de estímulos»
No obstante, como apunta Maccorquodale, y como he-
mos visto en capítulos anteriores, estos términos no son
homónimos:
a. En primer lugar, varios estímulos pueden controlar la
misma topogra a de respuesta y no todos tienen que
ser el aspecto del mundo al que hace referencia, lo que
podria entenderse como su «referente». La respuesta «co-
che>, por ejemplo, podría estar bajo el control de múl-
tiples eventos antecedentes como: «¿cómo llegaste al lu-
gar?», «COo000. . .>, «empieza por co y termina por 'che'»,
«{Cómo se dice 'car en español?», etc. Y ninguno es un
vehículo.
b En segundo lugar, el control por el estímulo no siempre
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Conducta Verbal de Skinner: géness, polémica, basesy evolución.
tiene un referente, como en el caso de la exclamación
<¡Maldición!».
C. Y tercero, el concepto de «control por el estímulo» im-
plica una relación causal entre el evento antecedente y la
respuesta. El de «referente» no, es un concepto que sim-
emente alude a una relación entre un deterninado ítem
del idioma y un aspecto concreto del mundo.
Esta falta de equivalencia entre «referente» y «control por el
estímulo», se puede extrapolar a otros términos usados en Ver-
bal Bebavior, como «privación», «reforzamiento» o «probabili-
dad». No son paráfrasis de términos tradicionales, simplemen-
te convergen por tratar algunos aspectos del mismo campo.
Podría defenderse que en esta crítica concreta (aunque no
es la única), Chomsky utiliza en repetidas ocasiones la falacia
del «hombre de paja». Es decir, expone una versión distorsio-
nada de las propuestas del libro, pero que no se corresponde
con la complejidad de lo que de ende Skinner, porque bajo
esa apariencia son fácilmente refutables. Muy probablemente,
es a esto a lo que se refería Skinner cuando decía que estaba
seguro de que Chomsky no había entendido su libro.
3) «El lenguaje es un comportamiento complejo cuya
comprensión y explicación requieren de una compleja teoría
mediadora neurológico-genética».
Es innegable que el sistema explicativo fundamental de
Skinner es simple. También es cierto que el tratamiento del
comportamiento verbal desde el análisis funcional es reduc-
cionista. Pero la cuestión es que esto no tendría que constituir
necesariamente un motivo de crítica o desprestigio, sino que
debería de provocar lo contrario.
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Vicente Pérez Ferndndez
Cualquier aproximación cientí ca a un fenómeno com-
plejo intenta reducir dicho fenómeno a sus componentes más
simples. De hecho, cuanto más simples sean esos componen-
tes y la relación que mantienen entre sí, más elegante se consi-
dera la teoría o la hipótesis.
Es curioso en este sentido la manera en la Chomsky ignora
completamente la insistencia de Skinner en el tercer capítulo
en la posibilidad de la causalidad múltiple. Es decir, en que la
explicación de fenómenos verbales complejos requiera de la
interacción entre diferentes variables.
Pero, en cualquier caso, la hipótesis «skinneriana», tal y
como se planteó en 1957, seguía siendo una posible explica-
ción pendiente de comprobación, y, por tanto, no debería des-
echarse hasta que se ponga a prueba. Y, como señala Maccor-
quodale, la posible importancia de variables genéicas ylo neu-
ronales, no constituye por sí mismo un argumento en contra a
la teoría de Skinner. De hecho, son elementos explicativos que
pueden coexistir perfectamente. En otras palabras, las posibles
predisposiciones genéticas a actuar de una determinada forma
u otra no refutan la existencia del condicionamiento operante.
Tras la réplica a estas tres críticas generales de la primera
parte del artículo de Chomsky, Maccorquodale aborda cier-
tas confusiones que Chomsky demuestra respecto a conceptos
fundamentales presentes en la obra de Skinner. Veamos las seis
más relevantes a nuestro juicio.
1) Sobre el concepto de estímulo.
Chomsky considera que todos los ejemplos que Skinner
pone sobre los estímulos de control de una determinada res-
puesta verbal no son válidos, y para demostrarlo añade otras
posibles respuestas que se podrían emitir ante esos mismos
estímulos.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, poltmica, basesy evolución.
Podría argumentarse que algún ejemplo de Skinner no es
razonable, o incluso todos; y que es imposible que cierta res-
puesta verbal aparezca bajo el control del estímulo antecedente
que él cita en su ejemplo. Pero señalar un evento distinto que
también podría tener control sobre esa respuesta, o una res-
puesta distinta que podría estar bajo el control de ese estímulo,
no invalida el ejemplo de Skinner, simplemente lo comple-
menta. El control de la conducta verbal por el estímulo no
tiene que mantener una relación de uno a uno, ni en el mismo
sujeto ni, por supuesto, entre sujetos diferentes.
La hipótesis de Skinner no de ende la existencia del estí-
mulo concreto, sino el hecho de que mantiene esa relación con
la respuesta. La existencia de otras hipotéticas relaciones no
reduce el carácter objetivo del concepto de «estímulo».
2) Sobre el reforzamiento.
Chomsky se declara en varias ocasiones, completamen-
te decepcionado por la de nición funcional del concepto de
«reforzamiento». Según sus propias palabras, si no se puede
de nir de forma topográ ca un reforzador, éste es completa-
mente inúil para el estudio de la conducta en la vida fuera del
laboratorio.
Pero, como señala Maccorquodale, la culpa no es de la
teoría de Skinner, sino de la naturaleza. Está demostrado que
la única propiedad universal de un estímulo reforzador es el
hecho de que refuerza. No obstante, eso no implica que no se
puedan identi cara priori en algunas ocasiones, como el caso
de los reforzadores primarios (como EEII apetitivos), o los re-
forzadores condicionados, siempre que conozcamos la historia
del individuo.
Otra cuestión que criticaba frecuentemente Chomsky al
respecto del reforzamiento es que Skinner defendía la nece-
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Vicente Pérez Fernández
sidad de un reforzamiento meticuloso para la adquisición de
conducta verbal. Esto no sólo no es cierto, sino que además es
absurdo. De hecho, el propio Skinner admite la posibilidad
de que existan otros procesos como la imitación o el apren-
dizaje observacional (aunque sea bajo su consideración cono
operante). Ambos fenómenos que, además, aunque estuviesen
implicados, tampoco negarían la in uencia del reforzamiento,
como mucho lo complementarían.
3) Sobre los términos mediadores.
Es muy común que el hecho de que Skinner fundamen-
te sus teorías en el establecimiento de relaciones funcionales
(Ed-R-Er) se interprete como una negación de la existencia de
elementos mediadores, como los neurológicos, por ejemplo. Y
esta cuestión es algo que también criticó Chomsky.
Pero Skinner ha admitido la existencia de estos mecanis-
mos mediadores en multitud de ocasiones y como parte de
sus principales obras, como Ciencia y Conducta Humana, o la
propia Verbal Bebavior.
¿Por qué, entonces, omite estos términos en sus teorías?
Como él mismo ha explicado en muchas ocasiones, lo hizo
por considerar que pueden desviar la investigación de lo que
realmente explica la variabilidad del comportamiento. Skinner
siempre ha defendido que la consideración de este tipo de
variables, al menos, en el nivel de análisis psicológico, entraña
ciertos peligros:
Por un lado, puede convertirse en un refugio donde huir
de los datos, ya que puede desembocar en la rede nición
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
de la entidad mediadora sin que aumente el conocimien-
to de la variable dependiente: la conducta.
b O, por otro lado, podría simplemente quitar tiempo del
estudio de otras variables.
El analista de la conducta considera que, aunque puede
ser interesante para un neurólogo, no es necesario para un
psicólogo saber cómo la «estructura interna» procesa la infor-
mación, siempre que pueda determinar la relación funcional
entre las circunstancias del hablante y su respuesta verbal. No
es que no sea interesante, es que no mejora su capacidad para
predecir el comportamiento.
El conocimiento a nivel de análisis biológico ni niega ni
a rma las leyes de nidas en otro nivel, como el psicológico. E
incluso, cuando el interés está en las estructuras mediadoras,
son los datos comportamentales las que guían la investigación,
no al contrario.
No se niegan, por tanto, los mecanismos mediadores neu-
rológicos o genéticos, de hecho, se a rman, pero en ningún
modo afectan a la hipótesis de Skinner. El análisis funcional
no está intentando explicar el comportamiento (los outputs) en
base a la historia (de reforzamiento y privación) del individuo
y a los estímulos presentes (los inputs). No lo «intenta», de
hecho, lo lleva haciendo durante décadas. Y eso es un hecho
empírico que no requiere de una validación neurológica.
La genética y las leyes del condicionamiento no se contra-
dicen. Es evidente que los organismos nacen «reforzables», o
que la posibilidad de «generalizar» es innata, por ejemplo. Pero
si existiesen conductas programadas genéticamente (comno los
re ejos incondicionados) no requerirían de experiencias de
aprendizaje.
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Vicente Pérez Fernández
La velocidad con la que los niños adquieren su reperto-
rio verbal no demuestra necesariamente sistemas gramaticales
innatos, ni nada parecido, como a rma Chomsky. Y, a pesar
de lo que se de ende en la crítica, en ningún momento se
ha defendido que el condicionamiento operante tenga que ser
algo lento y laborioso, de hecho, hay multitud de evidencia
experimental de muchas operantes se adquieren en muy pocos
ensayos.
4) Sobre el comportamiento gramatical (Autoclíticos).
El uso del concepto «gramáica» suelen referirse a muchas
cuestiones diferentes: puede ser una propiedad perceptiva del
estímulo, el nombre que se le da a la competencia (es decir, a la
habilidad), una regla o teoría que el hablante ha desarrollado,
o puede ser una propiedad de la conducta del hablante.
Pero el hecho de que en el comportamiento verbal se pue-
dan distinguir ciertas dimensiones del estímulo que puedan
ser etiquetados como gramática, no implica necesariamente,
de nuevo, que exista una variable causal llamada así que deter-
mine su comportamiento.
El abordaje de dicho concepto en la propuesta de Skinner
está íntimamente relacionado con los denominados Autoclíti-
cos, es decir, la conducta verbal dependiente de otra conducta
verbal. Una operante que, a menudo, se ha considerado como
oscura y difícil; como, de hecho, reconoce el propio Maccor-
quodale en su artículo. Y, como veremos en el siguiente capí-
tulo, es probablemente la operante verbal que menos atención
ha recibido por parte de la comunidad cientí ca a lo largo de
los últimos cincuenta años.
Todo eso es cierto, pero, tal y como lo de ne Skinner, los
autoclíticos, en gran medida, no son más que tactos ante nues-
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
tro propio comportamiento verbal, o ante las variables de las
que depende.
5) Sobre el mando.
La crítica de Chomsky de la de nición de mando está basa-
da principalmente en la imposibilidad de determinar el estado
motivacional del hablante, por un lado, y por la imposibilidad
del oyente de reforzar ese mando de manera característica.
Respecto a lo primero, Maccorquodale señala que la dif-
cultad para determinar en una conversación normal el' valor
de la variable «privación» no implica que no deba (o pueda)
tenerse en cuenta. Una teoría no es mejor o peor en función
de su veri cabilidad por un observador casual.
Respecto a la segunda, que los mandos incluyan en su de -
nición el reforzamiento característico (relacionado con la pri-
vación especí ca) por parte del oyente no implica que esa con-
secuencia sea inevitable. Es decir, «pásame la sal» es un mando
nos la pasen o no. El mando se emite porque en el pasado se
ha reforzado de forma característica, y el oyente puede cumplir
su papel como mediador del refuerzo conozca el estado moti-
vacional del hablante o no.
6) Sobre el tacto.
En su escrito, Chomsky reprueba varios aspectos del tra-
tamiento de Skinner a esta clase de conducta. Por una parte,
no comparte la idea de que la comunidad verbal refuerce la
emisión de tactos debido a la ampliación que supone de su
contacto (el de la comunidad) con el mundo. Pre riendo una
explicación más altruista como: «por el deseo de ver a su hijo
desarrollarse y ampliar sus capacidades».
No obstante, la evidencia es otra, el balbuceo, el parloteo o
la mentira, son, de hecho, capacidades, sin embargo, no suelen
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ser muy reforzadas por los padres. El control del entorno no
es algo políticamente incorrecto si se entiende en su sentido
puramente funcional, es decir: identi cary manipular las va-
riables causales de los efectos relevantes para nosotros. Cons-
truir embalses, entrenar a un perro para que obedezca nuestras
órdenes, o enseñar a un niño a describir su entorno, aumenta
nuestras posibilidades de interacción efectiva con el medio. Y,
volviendo al tacto, no es difícil entender la enorme utilidad
que implica disponer de individuos a tu alrededor que los emi-
tan de forma precisa.
Por otra parte, Chomsky rechaza la emisión de tactos ante
eventos privados como una posible explicación de ciertas res-
puestas verbales cuyo estímulo discriminativo no se encuentra
en el medio externo. Y etiqueta dicha explicación como una
«obtusa apelación a oscuros estímulos internos».
Sin embargo, esta es una apreciación que parece ignorar
los esfuerzos de Skinner por aclarar de dónde provienen esos
estímulos e incluso la capacidad para responder ante ellos. En
diferentes ocasiones, Skinner destaca que la discriminación de
estímulos internos sólo se adquiere cuando existen correlatos
externos visibles por el mediador del refuerzo, y que, después,
dicho control puede generalizarse a otros estímulos. En otras
palabras, que es la comnunidad la que le enseña a uno a «co-
nocerse a uno mismo», y que esos estímulos privados, ni son
Oscuros ni salen de la nada.
Concluyendo este apartado, la respuesta de Maccorquoda-
le, al igual que la crítica de Chomsky, es un trabajo extenso y
minucioso. Aquí hemos visto de manera resumida los princi-
pales argumentos en contra de las acusaciones de Chomsky.
Pero, a pesar del mếrito del escrito, mucho de su contenido se
limita a aclarar confusiones que resultarían muy básicas para
cualquier analista de la conducta, que, desafortunadamen-
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
te, fueron los únicos que nalmente lo leyeron. Su impacto,
como ya hemos comentado, se limitó a un público que, proba-
blemente, ya había detectado por su cuenta los mismos fallos
en el artículo de Chomsky.
En de nitiva, el artículo de Maccorquodale no cambió
nada la impresión generalizada de que la hipótesis de Skin-
ner había sido completamente refutada, al menos, entre los
psicólogos no conductistas y los lingüistas. Y, por supuesto,
toda la polémica resultó en un ensalzamiento de la gura de
Chomsky, y en sus propias propuestas sobre el lenguaje. Pero,
¿en qué consistían exactamente esas propuestas?
4.4.Y quéproponía Chomskycomoalternativa?
Fundamentalmente, la propuesta de Chomsky consiste
en minimizar el papel del aprendizaje en la adquisición del
lenguaje aludiendo a una competencia innata centrada en la
sintaxis denominada «dispositivo de adquisición del lenguaje»
(LAD). De manera muy simpli cada, pero, sin embargo, bas-
tante ajustada, las teorías de Chomsky se apoyan en la existen-
cia de un dispositivo cerebral innato que permite aprender a
utilizar el lenguaje de una forma virtualmente instintiva, todo
ello gracias a una supuesta gramática universal (ver Baron y
Müller, 2014, para una revisión actualizada).
Chomsky denominó «gramática generativa» al conjunto
de reglas (innatas, por supuesto) que estaban en la base de la
traducción de una combinación de ideas en una combinación
de palabras (Chomsky, 1979). De esta forma, a partir de un
conjunto nito de reglas y un conjunto nito de términos,
los humanos podrían generar un conjunto in nito de frases,
incluidas aquellas que nunca han pronunciado antes.
El principal apoyo de Chomsky a su teoría, y en contra de
las de Skinner, era la imposibilidad de explicar la conducta
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Vicente Pérez Fernández
verbal «novedosa» a partir de una explicación mnecanicista ba-
lística, en la que supuestamente un sujeto no podría construir
una oración que antes no hubiese oído.
No obstante, lejos de cualquier simpli cación, la postura
de Skinner es muy clara a este respecto, y está ampliamente
basada en la evidencia experimental. La conducta novedosa
se explicaría basándose en la variación de la respuesta y la se-
lección por las consecuencias, por un lado, y en la recombi-
nación del repertorio existente, por otro, es decir, en cómo
unidades sencillas pueden combinarse para producir unidades
más complejas. Los fenómenos que podemos considerar como
«creativos» o «novedosos», no son di ciles de abordar desde
una perspectiva analítico conductual.
Por otro lado, para Chomsky, las similitudes formales en-
contradas en las diferentes lenguas conocidas eran evidencia
su ciente para defender su idea de la existencia de una gra-
mática universal, que era innatay ja. De forma que los suje-
tos sólo tienen que adquirir los elementos léxicos básicos para
aprender una determinada lengua.
Otro hecho que consideraban un apoyo a esta teoría era la
velocidad con la que los niños aprenden una lengua, algo sólo
explicable para Chomsky gracias a la existencia de habilidades
complejas que no requieren de aprendizaje.
En de nitiva, las teorías de Chomsky sobre el lenguaje
pueden sintetizarse en el Argumento de la Pobreza de Estímu-
los (APE). Este argumento defendería fundamentalmente que
muchas de las capacidades mentales son demasiado complejas
para que puedan adquirirse a través de la experiencia y que,
por tanto, son innatas. Cowie (1998), destacó tres versiones
distintas de este argumento: el APE repetido, el APE a priori
y el APE a posteriori. Vamos a ver de manera muy resumida
los dos primeros:
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Conducta Verbal de Skinner génesis, polémica, basesy evolución.
1) APE repetido.
Parte del hecho de que la adquisición del lenguaje requiere
del conocimiento de los principios de la Gramáica Univer-
sal (GU) y, al no estar ésta accesible en el ambiente del niño
pre-lingüístico, debe de ser necesariamente innata.
Es importante destacar en este sentido que Gramática Uni-
versal no deja de ser un constructo teórico, no hay ninguna
evidencia real de su existencia. Pero incluso como constructo
teórico es altamente discutible. En primer lugar, existen ras-
gos gramaticales que no son universales. En segundo lugar, la
existencia de rasgos comunes puede explicarse por las disposi-
ciones de aprendizajes innatas de los humanos (generalización,
respuestas incondicionadas, mecanismos de condicionamien-
to). Y, en tercer lugar, por lo que sabemos de la evolución (y
de la genética), es difícil imaginarse las mutaciones y contin-
gencias de supervivencia que pueden haber seleccionado tal
capacidad.
2) APE a priori (ausencia de evidencia negativa).
De ende que, si con los datos de los que disponemos, no
se puede demostrar lógicamente que el lenguaje se adquiera,
entonces el conocimiento de la Gramáica Universal debe ser
innato.
Es decir, que como no se le corrige al niño todas las oracio-
nes incorrectas ni se le da una lista de las que son correctas o
incorrectas (porque son in nitas), existe un mecanismo innato
que impide que los niños formulen oraciones que requieran de
evidencia negativa para su corrección.
No obstante, ese es un problema lógico aplicable a cual-
quier aprendizaje. Hay que diferenciar entre el dato (hecho)
y la evidencia (hecho que con rma o no una hipótesis), y
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Vicente Pérez Fernández
la enorme evidencia de la que se dispone es comnpletamente
contraria a esta tesis. En otras palabras, la retroalimentación
correctiva sí existe, aunque no sea siempre evidente para un
observador no entrenado.
Estas son sólo algunas pinceladas de la propuesta que
Chomsky defendía en la época en la que se publicó su crítica,
aunque algunas se publicaron más tarde. Ni es el objetivo de
este escrito profundizar nás en ella, ni soy la persona adecuada
(por que mi especialidad es el análisis de la conducta), ni es
necesario para hacerse una idea de los principales aspectos de
discrepancia con la propuesta de Skinner.
No obstante, si creemos que era conveniente describirlas,
aunque fuese de manera muy super cial, para comprender
mejor la controversia entre ambos autores. Porque, más allá de
las confusiones de Chomsky sobre ciertos aspectos del AEC,
o más especí camente, de la postura skinnerana, parece claro
que la controversia entre Chomsky y Skinner, y, en gran me-
dida, entre el abordaje cognitivo y el conductista del lenguaje
es, en realidad, un confHicto entre un nativista y un empirista.
4.5. Conclusiones sobre la polémica Chomsky vs.
Skinner.
La crítica de Chomsky, por la manera en la que estaba re-
dactada y las cuestiones a las que aludía, no parecía estar di-
rigida especí camente a Verbal Behavior, sino más bien a una
especie de conductismo ya en desuso en los años cincuenta del
siglo pasado, en el que se usaban conceptos como la reducción
del drive, la «fuerza» de la respuesta o la incompatibilidad del
reforzamiento con la genética.
Pero lo que en realidad subyace en su escritoy, como hemos
visto, en su propuesta personal, es una oposición a los aborda-
jes ambientalistas para la explicación de la conducta, a favor de
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Conducta Verbal de Skinner génesis, polémica, basesy evolución.
posturas innatistas. No obstante, es importante no equiparar
esa postura innatista al uso que hace la biología del concepto,
relacionado con la genética. Los indicios que supuestamente
apoyaban las tesis de Chomsky se derivaban de observaciones
no sistemáticas, sin ningún tipo de control experimental, y, en
cierta medida, y esto es lo más importante, tenían su principal
fundamento en la ausencia o escasez de datos cientí cos del
momento en el que fueron formuladas.
Es decir, y simpli cando mucho la postura, es como a r-
mar que: «como no tenemos su cientes pruebas para decir que
esto es adquirido, debe de ser innato». Y esto, al nal, es uno
de los principales obstáculos para el progreso del conocimien-
to (y del cientí co especialmente): determninar que las cosas
son así porque sí.
Este tipo de ideas inmovilistas han retrasado el avance de
la mayoría de las disciplinas cientí cas, en algún momento
de su historia. La idea de que el universo es in nito y que
siempre ha sido así retrasó teorías como las del «Big Bang». La
postura creacionista respecto a la con guración de las especies
animales actuales, es decir, que siempre fueron así, se opuso (y
lo sigue haciendo) al evolucionismo. El animismo retrasó el
estudio de las propiedades de los compuestos químicos.
Y, en Psicología, las posturas innatistas, declaradas como
tales o no, han retrasado (y lo siguen haciendo) el avance de
posturas más ambientalistas. Y lo hacen de manera directa,
desde luego, pero también indirecta (consumniendo recursos,
por ejemplo).
Cuando se observa un fenómeno psicológico complejo,
como puede ser la conducta verbal, es muy tentador conside-
rar que se explica por un mecanismo cualitativamente distinto
al que está detrás de otros fenómenos conocidos (simples o
complejos). Un mecanismo que, además, suele no ser obser-
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vable, ni directa ni indirectamente. Y esto se debe, entre otras
cosas, a que la alternativa reduccionista, es decir, intentar ex-
plicarlo mediante la acumulación de fenómenos más simples,
es lenta y costosa.
Pero abrazar explicaciones basadas en la ignorancia: «cómo
no es fácil explicar esto con lo que sabemos, construimos una
teoría basada en variables cualitativamente distintas», no debe-
ría aceptarse como sustituto del conocimiento, al menos den-
tro de la comunidad cientí ca.
La cuestión, por tanto, no debería centrarse en si la hipó-
tesis de Skinner era válida o no, porque como hipótesis lo era:
ya que permitía ser refutada cientí camente. Sino más bien,
cuánto tanto apoyo empírico ha tenido durante los más de
sesenta años posteriores a su formulación.
Podríamos pensar que cuando Skinner consideró innece-
sario responder a la crítica de Chomsky porque creía que los
propios datos se encargarían de hacerlo, se estaba equivocan-
do. Pero tal vez sí estaba en lo cierto, y sólo erró en el cuándo
ocurriría esto.
Esta será la pregunta que intentaremos responder en el si-
guiente y último capítulo.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolucón.
CAPÍTULO 5. ¡Y DESPUÉS QUÉ:
E I pesimismo con el que se veía en los años sesenta
la supervivencia de la propuesta teórica de Skinner
Jdejó paso a un lento pero constante crecimiento del
interés de la comunidad cientí ca. Este interếs no sólo se enfo-
có en aportar evidencia empírica a los presupuestos teóricos de
Verbal Behavior, sino también en el desarrollo de tecnología,
principalmente clínica y educativa, apoyada en su obra.
Y pese a todo, como veremos en este último capítulo, es
con el nacimiento del siglo XXI cuando la presencia de erbal
Behavior cobró más fuerza que nunca.
La obra de Skinner, como ya hemos comentado varias ve-
ces, tenía un marcado carácter hipotéico deductivo. Era nece-
sario recabar datos que la apoyaran o falsaran. Y, nalmente,
los datos terminaron llegando, aunque se hicieron esperar.
5.1. El impacto de Verbal Behavior en la comunidad
conductista.
5.1.1. Los 30 afños siguientes a su publicación.
Como hemos visto, Verbal Behavior es probablemente uno
de los libros de Skinner menos conocidos incluso por la propia
comunidad conductista. Y, probablemente, una de las princi-
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pales razones sea la di cultad de comprobar empíricamente las
hipótesis que plantea (Peña-Correal y Robayo-Castro, 2007).
Atendiendo a los datos que recabó el propio autor en fun-
ción de los royalties, y que suministró su hija, la Dra. Julie
Vargas, a la fundación B. F Skinner, en los primeros 15 años
se vendieron unas 13.500 copias, un número bastante alto te-
niendo en cuenta la di cultad de comprensión del libro, inclu-
so para los analistas del comportamiento. Vendiendo la mayor
cantidad de ejemnplares en los primeros tres años (de 1957 a
1959), observándose luego una pausa, y manteniendo desde
1963 hasta 1972 (año en el que Skinner dejó de llevar el regis-
tro) un número de ventas más o menos constante.
Atendiendo a las fechas, podría argumentarse que esta pau-
sa en las ventas (entre 1960 y 1963) se debió a la crítica de
Chomsky, y podría ser correcto. No obstante, según los datos,
a medio plazo no pareció afectar demasiado.
De la Casa y colaboradores (1993) publicaron un estudio
para-bibiométrico analizando el número de citas a Verbal Be-
havior en el Journal of the Experimental Analysis of Behavior
JEAB). Su objetivo era comprobar el impacto que la obra ha-
bía tenido en la investigación dentro de la comunidad conduc-
tista desde 1958 a 1990.
Los autores tan sólo encontraron 80 citas en total, de las
cuales el 45% se realizaron durante la década de los ochenta,
destacando, además, ciertos aspectos de los resultados:
El número global de citas era muy inferior en compa-
ración con las citas a otras obras de Skinner como La
Conducta de los Organismos (1938), Ciencia y Conducta
Humana (1953), o Programas de Reforzamiento (1957).
De 1960 a 1980, las citas a Verbal Behavior fueron de
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
carácter completamente teórico y fundamentalmente en
artículos que hacían referencia al lenguaje.
o A partir de 1980 se produce un incremento progresivo
del número de trabajos sobre conducta verbal basados en
la estructura teórica de Skinner, fundamentalmente en
las operantes denominadas como tactos y mnandos.
Teniendo en cuenta la estrecha relación que el AEC ha te-
nido desde sus inicios con el desarrollo de tecnología, en el
mismo trabajo se amplió el análisis al Journal of Applied Be-
havior Analysis (JABA) durante los años comprendidos entre
1979 y 1990. Los autores trabajaron bajo la hipótesis de que
encontrarían durante este periodo un trasvase de los resulta-
dos de la investigación básica al desarrollo de aplicaciones. No
obstante, el número de citas a Verbal Bebavior encontradas en
el JABA fue insigni cante.
Estos resultados no son muy distintos si ampliamos este
análisis al resto de la comunidad psicológica y cientí ca en
general. McPherson, Bonem, Green y Osborne (1984), lle-
varon a cabo un estudio basándose en el Social Citation lndex
y el Science Citation Index, y tan solo encontraron 836 citas a
Verbal Behavior entre 1966 y l983.
Como señalan De la Casa y colaboradores (1993) en su
artículo, la crítica de Chomsky tuvo un impacto mayor del
esperado por la propia comunidad conductista. De hecho, por
un lado, la comunidad conductista infravaloró la crítica por
considerarla demasiado emocional, o muy super cial. Y, por
otro lado, desde otras corrientes se sobreestimó enormemente,
llegando a funcionar como un estandarte de la incipiente co-
rriente «antideterminista» de los años cincuenta.
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Vicente Pérez Fernández
Pero, como hemos comentado antes, no se puede conside-
rar a la crítica de Chomsky como la única causa de la tardanza
que demostró el AEC en abordar la conducta verbal. Existen
otros motivos, igual o más importantes, y, entre ellos, el más
relevante es la propia obra de Skinner.
Por un lado, está el propio libro: su carácter hipotéico y
falta de base empírica, y su evidente di cultad de compren-
sión, no lo convertía precisamente en un libro atractivo para
la psicología experimental del momento. Pero, por otro lado,
y no menos importante, está el ensombrecimiento que im-
plicó la publicación de otro libro de Skinner: Programas de
Reforzaniento. Una obra que salió al mercado el mismo año
que Verbal Behavior, y que posibilitaba un marco mucho mnás
productivo para el desarrollo de la investigación.
5.1.2. Los últimos 30 años.
En un artículo del 2008, Schlinger parafraseaba a Mark
Twain re riéndose al conductismo en general:
«... los rumores sobre la muerte de Verbal Behavior y el
Conducrismo han sido exagerados».
En ese mismo trabajo, al autor señaló algunos hechos como
prueba de la vigencia del análisis de la conducta en el mo-
mento de escribir su artículo. Veremos aquí tres de los más
relevantes:
a. a) En el 2007 ABA International tenía cerca de 5.000
miembros, más 13.000 miembros extra en más de 60 ca-
pítulos a liados. En ese momento la tasa de crecimiento
se estimó en un 6.3% al año.
b. b) En el 2008 existía un importante número de revistas
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
de corte conductual que seguían publicando regularmen-
te, y por supuesto, una de ellas era The Analysis af Verbal
Behavior.
C. c) Y, por último, destacaba la existencia de más de 110
instituciones de enseñanza superior a lo largo del mundo
que ofrecían programas posgrado sobre Análisis del Com-
portamniento (www.abainternayional.org). Destacando
que, sólo en Estados Unidos, al menos 15 Universidades
ofrecían cursos en Análisis de Conducta Verbal «skinnea-
riana» (http://behavioralspeech.com/training).
Desde luego, el escenario descrito por Schlinger (2008) no
parecía uno en el que el Conductismo llevase 50 años muerto,
y mucho menos a causa de la crítica de Chomsky.
En este sentido, una voz reconocida como la de Roddy
Roediger, presidente de la Association for PsychologicalScience,
llegó a defender en el 2004 que el conductismo había ganado
la batalla intelectual, y que prueba de ello era que la moderna
Psicología Cognitiva Experimental realmente estudiaba tam-
bién conductas como variable dependiente.
Es cierto que, como vimos en el capítulo anterior, a pesar
de que los intentos por rebatir la crítica de Chomsky fueron
bien acogidos en la comunidad conductista, no llegarona tras-
cender al resto de la comunidad psicológica. Pero también es
cierto, que durante los últimos 30 años el interés de los analis-
tas del comportamiento por la conducta verbal ha experimen-
tado un notable resurgimiento, auge que puede comprobarse
tanto en las ventas del libro, comno en el número de citas.
Respecto a las ventas de los últimos años de Verbal Beha-
vior, no existen datos ables después de que Skinner dejará
de registrarlas en 1972. No obstante, Schlinger (2008) citó
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Vicente TPérez Fernández
algunas fuentes que pueden ser de utilidad para hacer una es-
timación de su volumen hace quince años:
1. En primer lugar, ABA International informó de 646
copias vendidas entre 1998 y el 2006.
2. Y, por otra parte, Julie Vargas (la hija de Skinner) re-
portó 940 copias vendidas desde la Fundación B. E Skin-
ner, sólo en 2006.
El número de citas, sin embargo, es mucho más fácil de
determinar. Dymond y colaboradores (2006), basándose en el
Institute for Scientifc lnformation (1S) index y en la revista The
Analysis of Verbal Behavior (que no estaba incluida en esa base
de datos), encontraron 1.093 citas, sólo entre l984 y 2004.
Los autores destacaron dos cuestiones de su estudio:
Que, aunque la mayoría de las citas estaban en trabajos
no empíricos, detectaron un aumento lento pero estable de las
citas en trabajos de corte experimental.
- Y que la media de citas creció de 32 a 52 por año, lo que
implicaba un incremento del 61%.
¿Qué puede explicar la buena salud de Verbal Behavior 60
años después? La principal respuesta a esa pregunta, según mu-
chos autores es sencilla: que funciona. Volviendo a Schlinger
(2008), por ejemplo, el éxito con el tiempo de erbal Behavior
puede explicarse atendiendo a dos niveles:
1. Por un lado, es una interpretación de la conducta del
hablante parsimnoniosa y consistente con los principios
identi cados en el laboratorio, sin acudir a ningún otro
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolucón.
mecanismo especial. Puede no ser una obra muy exhaus-
tiva, pero, desde luego, es muy plausible.
2. Y, por otro lado, gran parte de los conceptos propues-
tos son directamente aplicables al aprendizaje del lengua-
je. Demostrando una especial e cacia cuando se aborda
en poblaciones con di cultades de aprendizaje, como los
incluidos en el espectro autista, por ejemplo.
Como hemos visto, los datos contradicen el abandono con
el tiempo de la propuesta de Skinner, de hecho, apuntan de
manera rme a lo contrario. Pero, una cuestión que hemos
señalado repetidas veces a lo largo de este escrito es la necesi-
dad de apoyo empírico a las hipótesis de Skinner. ¿Consiguió
inspirar Verbal Behavior el desarrollo de producción cientí ca,
o tan sólo se quedó como una propuesta teórica interesante?
5.2. Evolución de los trabajos empíricos basados en
Verbal Behavior.
Como se ha descrito en el anterior apartado, los trabajos
empíricos basados en los planteamientos de Verbal Behavior
fueron muy escasos en los primeros 25-30 años después de su
publicación. McPherson y colaboradores (1984), por ejemplo,
publicaron un estudio en el que, después de analizar más de
800 trabajos en los que se citaba la obra de Skinner, sólo en-
contraron 31 estudios que abordaran explícitamente las ope-
rantes verbales.
¿Pero, y después: ¿Muestran un panorama diferente los
últimos 30 años? Para responder a esa pregunta nos basaremos
en dos trabajos: el publicado en 2006 por Sautter y LeBlanc, y
en otro más reciente, del 2016.
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Vicente Pérez Fernández
En el trabajo de Sautter y LeBlanc (2006), se llevó a cabo
un recuento de los trabajos empíricos centrados en la propues-
ta de Skinner, pero enfocándose en el estudio de las operantes
verbales de su taxonomía.
Introdujeron las palabras clave «tacto», «mando», «ecoi-
ca», «textual», «intraverbal» y «autoclítico» en la base de datos
PsycINF0, y añadieron a esos datos los extraídos del análisis
directo de los artículos publicados en The Analysis of Verbal
Behavior (AVB), JABA, JEAB, y Research in Developmental
Disabilities (RIDD). El análisis abarcó los artículos publicados
entre 1963 y 2004, que los autores dividieron en dos periodos:
de 1963 a 1988, y de 1989 a 2004. Ademá,, establecieron
varias categorías como: a) el número total de trabajos por año,
b) su distribución entre las diferentes revistas, y c) la operante
en la que se centraban.
Sus resultados son coherentes con lo encontrado tanto
por De la Casa y colaboradores (1993), como por Dymond
y colaboradores (2006). Y podrían resumirse en los siguientes
puntos:
1. En el primer periodo (entre 1963 y 1988), encontra-
ron sólo dos trabajos durante los primeros 15 años. Sien-
do a partir de 1983 (fecha que coincide con la aparición
de la revista TheAnalysis of Verbal Behavior) cuando obser-
varon un crecimiento constante. El segundo periodo, sin
embargo, mostró una tendencia clara de aumento progre-
sivo, registrándose casi cinco veces más trabajos que en el
periodo anterior.
2. Se produjo un incremento progresivo en la localiza-
ción de los trabajos. Mientras que en el primer periodo
analizado se encontraron artículos en un mayor número
de revistas, en el segundo, el grueso se limitó al Journal
124
Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
of Applied BehaviorAanalysis y TheAnalysis of Verbal Be-
havior (que acumularon casi el 77% del total), con un
número residual en Research in Developmental Disabili-
ties, Journal of ExperimentalAnalysis of Behavior y Beha-
viorology.
3. En el primer periodo, los trabajos empíricos aborda-
ron de manera uniforme cinco de las seis operantes anali-
zadas (con una media de cinco trabajos cada una), aunque
sólo se encontró uno que estudiase los autoclíticos. En el
segundo periodo la mayoría de los trabajos abordaron los
mandos (el 49%) o los tactos (el 26%), de nuevo, la ope-
rante que menos atención recibió fue el autoclítico (3%).
El otro artículo que vamos a utilizar (Pérez, 2016) para
evaluar la evolución de los trabajos empíricos basados en Ver-
bal Behavior se publicó diez afños después que el de Sautter y
LeBlanc (2006), y suponía en cierta forma una extensión de la
metodología de éste. Usando también la base de datos PsycIN-
FO, se introdujeron como términos para la búsqueda (tanto
en el título como en las palabras clave) las operantes verbales
de la taxonomía «skinneriana», pero con ciertos cambios: se
introdujeron los términos tanto en español como en inglés, se
añadió el término «oyente», y se limitó la búsqueda a los años
comprendidos entre 1980 y 2013.
Los resultados obtenidos en cuanto al número de trabajos
en los que se estudia, al menos, alguna operante verbal, pue-
den considerarse coincidentes con los encontrados por Sautter
y Leblanc (2006): un aumento progresivo a partir de princi-
pios de la década de los ochenta, pero con un techo de cinco
artículos por año, sólo superado en el 2000 y 2001.
A pesar de que Sautter y Leblanc (2006) describían con
optimismo la diferencia encontrada en cuanto al número de
125
Vicente Pérez Fernández
trabajos entre los primeros 25 años analizados y los 25 poste-
riores, la fecha en la que publicaron su artículo no les permitió
llegar al momento en el que se observó el cambio más drásti-
co. Los resultados del estudio de Pérez (2016) muestran como
desde el 2004 al 2013 se publicaron casi el triple de artículos
experimentales sobre conducta verbal respecto a los publica-
dos en los 40 años anteriores.
Otro elemento distintivo del artículo de Pérez (2016) res-
pecto a los anteriores es que se realizó también una explora-
ción de las principales temáticas o líneas de investigación que
funcionaban como marco de los diferentes artículos. Entre los
resultados obtenidos pueden destacarse los siguientes:
a. Se observó una marcada relación entre los estudios cen-
trados en el mando y aquellos dedicados a expandir el
corpus de conocimiento del denominado Entrenamiento
de Comunicación Funcional (Carr y Durand, 1985).
b Aunque la variedad de marcos de trabajo encontrada en
los estudios que abordaron los tactos y las intraverbales
fue mucho mayor que en otras operantes, una gran parte
de ellos estaban orientados al estudio de la transferencia y
derivación de funciones, y, de manera particular, dentro
de la formación de clases funcionales de estímulos y clases
de equivalencia (Sidman, 1971).
C. Otro campo de trabajo muy relacionado con la forma-
ción de clases de estímulos pero que se registró de mane-
ra independiente es el que se re ere al nombranmiento o
«Naming» (Dugdale y Lowe, 1990), bajo cuyo paradigma
se encontraron trabajos relacionados especialmente con
el tacto. En términos generales, se encontró una escasa
presencia en las primeras dos décadas (sólo un artículo en
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
cada una de ellas), pero entre el 2002 y el 2013 esa cifra
se multiplicó por diez, suponiendo el 17% de los trabajos
sobre tactos publicados en ese periodo.
Los hechos demuestran que el pesimismo con el que se veía
el futuro del análisis conductual del lenguaje estaba infunda-
do. A lo largo de los más de sesenta años que nos separan de
la publicación de Verbal Behavior, el Análisis de la Conducta
ha ido abordando temas cada vez más complejos. La in uen-
cia del planteamiento principal de Skinner, que la conducta
verbal es una operante, ha inspirado o in uido en numerosas
líneas de investigación altamente productivas que todavía hoy
están en pleno desarrollo. Algunas de las cudes veremos en el
siguiente apartado.
La obra de Skinner no sólo ha sentado las bases de gran
parte de estas líneas de investigación, sino que algunos autores
como Blackman (1991), la han de nido como un esqueleto
integrativo que coordina fuerzas desde las ciencias sociales y
las biológicas.
Hemos visto como, efectivamente, Verbal Behavior termi-
nó convirtiéndose en una fuente productiva para la investiga-
ción. Pero ¿qué podemos decir de los resultados de esas inves-
tigaciones? ¿Con rman o desmnienten las hipótesis de Skinner?
5.3. La investigación sobre Conducta Verbal.
5.3.1. Algunos hallazgos recientes sobre las operantes
verbales.
Sería muy complicado hacer aquí un análisis exhaustivo
de cómo la investigación empírica ha demostrado, matizado y
ampliado los planteamientos de Verbal Behavior. No obstante,
podemos señalar, a mnodo de ejemplo, algunos de los hallazgos
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Vicente Pérez Fernández
más relevantes encontrados en esa primera década del siglo
XXI en la que se observó un aumento signi cativo de trabajos
empíricos (Pérez, 2016), como forma de destacar la relevancia
que esta área de estudio sigue teniendo dentro de la comuni-
dad conductista.
5.3.1.1. Mandos.
a. Diferentes estudios han demostrado que los mandos, una
vez instaurados, pueden facilitar el desarrollo de otras
operantes verbales (Braam y Sundberg, 1991; Drash,
High, y Tudor, 1999; Arntzen y Almas, 2002). Este ha-
llazgo experimental apoya la hipótesis de Skinner de que
la operante mando puede ser lo primero en instaurarse
en el repertorio verbal. Aunque apunta, en cierta medida,
a la transferencia de funciones entre operantes, cuestión
que él negaba.
b. Se ha encontrado en diferentes estudios, como el entre-
namiento para la adquisición de mandos en personas con
trastorno del espectro autista sólo puede realizarse si se
incorporan al entrenamiento operaciones relevantes de
establecimiento (Bowman, Fisher, Thompson, y Piazza,
1997; Sundberg, Loeb, Hale, y Eigenheer, 2002). Los
resultados de este estudio refuerzan la propia de nición
de Skinner de la operante, y su relación funcional con la
consecuencia especí ca.
C. Multitud de estudios corroboran la utilidad de incorporar
el entrenamiento de mandos como forma de establecer
repertorios comunicativos que compitan con conductas
disruptivas o problemáticas (Northupy cols., 1991; Spra-
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
gue y Horner, 1992; Peck y cols., 1996; Derby y cols.,
1997; Vollmer y cols., 1999; Brown y cols., 2000; De-
Leon y cols., 2000; Kahng, Hendrickson, y Vu, 2000;
Richman, Wacker, y Winborn, 2001; Winborn y cols.,
2002; Johnson y cols., 2004; por ejemplo).
De hecho, como ya hemos comentado, esta técnica se ha
convertido en una parte fundamental de lo que se denomina
Entrenamiento de Comunicación Funcional. Que, de manera
resumida, consistiría en la identi cación de la conducta que
se desea eliminar, el refuerzo social que la mantiene, y en el
entrenamiento para emitir el mando adecuado para obtener el
mismo reforzador. Lo que podría entenderse como una forma
de entrenamiento de conductas incompatibles.
5.3.1.2. Tactos.
a. Existen diversos estudios que demuestran la transferencia
del control por el estímulo en entrenamientos de adquisi-
ción de tactos (Watkins, Pack-Teixeira, y Howard, 1989;
Sundberg, San Juan, Dawdy, y Arguelles, 1990; Parting-
ton y Bailey, 1993, por ejemplo). Esto añade evidencia a
la variedad y complejidad (en cuanto a la interacción de
variables) de fenómenos de aprendizaje implicados en la
adquisición del repertorio verbal, en contraposición con
una interpretación simplista y univariada de las tesis de
Skinner.
b También se han identi cado las barreras (la «sobreselec-
ción», principalmente) para adquirir repertorios funcio-
nales de tactos y ciertas técnicas para de superar dichas
barreras, como el uso de reforzamiento diferencial, o el
aumento de los estímulos no verbales, por ejemplo (Par-
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Vicente Pérez Fernández
tington, Sundberg, Newhouse, y Spengler, 1994; Sun-
dberg, Endicott, y Eigenheer, 2000; Arntzen y Almas,
2002).
C. Se ha demostrado que el entrenamiento de tactos puros
es igual de e caz que el entrenamiento de control múlti-
ple pero más motivante para los sujetos. En un estudio
de Braam y Sundberg (1991), por ejemplo, comprobaron
este fenómeno con adultos con retraso mental severo. En-
trenaron tactos ante comida mediante dos procedimien-
tos: a) reforzando con el acceso a la comida nombrada
(lo que implicaría un control múltiple mando-tacto) o b)
reforzando con el acceso a otra comida diferente (tacto
puro). La velocidad de adquisición y resistencia a la extin-
ción fue la misma, pero la condición de tacto puro resultó
en una menor latencia de respuesta y mayor satisfacción/
adherencia al entrenamiento. Estos resultados, de nuevo,
apoyan el control múltiple en la conducta verbal, pero,
sobre todo, van en la dirección de las hipótesis plantea-
das por Skinner sobre la independencia funcional de las
operantes verbales y las posibles explicaciones de aparente
transferencia entre ellas.
5.3.1.3. Ecoicas y Textuales.
a. Se ha demostrado la utilidad de instaurar un repertorio
de conducta verbal imitativo (de ecoicas, principalmente)
en los programas de entrenamiento del lenguaje (Drash y
cols., 1999; Finkely Williams, 2001).
b. El concepto de «reforzamiento automáico» en la adqui-
sición de ecoicas descrito por Skinner, es decir, cuando la
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Conducta Verbal de Skinner génesis, polémica, basesy evolución.
respuesta vocal funciona como reforzador condicionado,
ha recibido cierto apoyo empírico, aunque no muy exten-
so. Los datos parecen indicar que la adquisición de ciertas
vocalizaciones como reforzador secundario (mediante el
emparejamiento de su sonido, emitido por el educador,
con otro reforzador) tiene un efecto inmediato pero bre-
ve en la adquisición de esas vocalizaciones como ecoicas
(Miguel, Carr, y Michael 2002; Stock, Schulze y Miren-
da, 2008).
C. Diferentes estudios han evaluado la e cacia del uso de
respuestas ecoicas como base para el entrenamiento de
intraverbales en niños con trastorno del espectro autista.
Finkel y Williams (2001), por ejemplo, encontraron que
las respuestas textuales eran más efectivas que las ecoicas.
Valentino y cols. (2012), por otra parte, encontraron que
el uso emparejado de signos visuales mejoraba la capaci-
dad de las respuestas ecoicas para la adquisición de intra-
verbales.
5.3.1.3. Intraverbales.
Se ha comprobado que, aunque no lleguen a presentar
problemas para adquirir tactos, mandos y ecoicas, un dé-
cit de aprendizaje típico en los niños con trastorno del
espectro autista es la adquisición de un repertorio com-
plejo de intraverbales (Sundberg y Sundberg, 2011). Al-
gunos autores (Axe, 2008; Sundberg y Sundberg, 2011)
mantienen que este dé cit está relacionado con la com-
plejidad de los estímulos verbales de control. Eikeseth
y Smith (2013), defendieron que esta di cultad relativa
para adquirir intraverbales dependía en gran medida de si
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Vicente Pérez Fernández
el estímulo de control es un estímulo discriminativo sim-
ple (1,2, ... preparados-listos-...; A, B, ...), un estímulo
condicional («Si te llamas Pedro -EC- dime tu edad -
Ed-«) o un estímulo discriminativo compuesto («Animal
Grande, ...»; «Fruta Roja, ...»). El trabajo de Petursdottir
y Carr (2011), en este sentido, demuestra que el entrena-
miento como oyente puede facilitar la adquisición de in-
traverbales cuando éstas están controladas por estímulos
complejos.
b. Otros estudios en esta línea, como del de Kisamore y
Karsten (2013), han encontrado que la adquisición de in-
traverbales mejora si se incluye un requisito de respuesta
diferencial de observación, en el caso de su estudio: repe-
tir la pregunta.
5.3.1.4. Autoclíticos.
a. Lodhi y Greer (1989), observaron la conducta verbal de
niños mientras jugaban en solitario en función de si el
juguete era antropomór co (muñecos, principalmente)
o no-antropomór co (libros, puzles, etc.). Encontraron
que en presencia de los primeros se emitían mayor canti-
dad de mandos, intraverbales y autoclíticos. Estos resulta-
dos apoyan la hipóesis de Skinner de que los sujetos pue-
den actuar a la vez como hablantes y oyentes, así como
la generalización del control ejercido por las audiencias.
b. El uso de autoclíticos como parte del entrenamiento para
aumentar el repertorio verbal de niños con trastorno del
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
espectro autista también ha sido demostrado experimen-
talmente (Williams y Greer, 1993).
C. Diversos estudios también han encontrado que el refor-
zamiento de autoclíticos cali cativos sobre la propia con-
ducta de leer aumenta el tiempo dedicado a esta tarea en
niños con una historia de bajo interés (Dias and Hüb-
ner, 2003; Cazati y Costa, 2007; Costa, Austin y Miguel,
2008).
d Y, para nalizar, se ha demostrado que se pueden abs-
traer autoclíticos sobre relaciones espaciales de manera
que se emitan ante nuevos tactos y mandos mediante un
entrenamiento en múltiples ejemplares (Luke, Greer, Si-
ger-Dudek y Keohane, 2011). Lo que, de nuevo, apoya
las explicaciones de Skinner ante la conducta «novedosa».
Como decíamos al principio de este apartado, esto son
sólo algunos ejemplos de estudios experimentales que amplían
las propias teorías de Skinner a través de datos empíricos. No
obstante, lo más relevante para el tema que nos ocupa en este
capítulo, es que todos estos casos, aunque su objetivo fuese
más complejo, implican una demostración empírica de la na-
turaleza de las operantes verbales.
Pero la infuencia del planteamiento principal de Skinner,
es decir, considerar la conducta verbal como una operante, ha
inspirado además muchas líncas de investigación básica alta-
mente productivas, y que todavía hoy están en pleno desarro-
llo. A continuación, veremos brevemente tres de ellas.
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Vicente Pérez Fernández
5.3.2. Algunas líneas de investigación actuales relacionadas
con los planteamientos de «Conducta Verbab».
5.3.2.1. Los estudios sobre la correspondencia Hacer-Decir
y Decir-Hacer.
Es muy frecuente considerar a las personas con una alta co-
rrespondencia decir-hacer como individuos autocontrolados,
mientras que a los que se comportan con alta correspondencia
hacer-decir se suelen considerar como personas honestas (Lu-
ciano, 1992). No obstante, la ausencia en muchos casos de
esta correspondencia es un hecho, y, por tanto, la condiciones
que controlan esa correspondencia ha interesado a muchos
autores.
En los años 60 surgieron las primeras aproximaciones al
problema que asumían que existía una relación entre ambas
correspondencias y que, por tanto, incidir en una tenía efecto
también en la otra (Brodsky, 1967; Lovaas, 1961; 1964; Sher-
man, 1964). Además, basaban su intervención en cambiar la
conducta no verbal mediante la modi cación de la conducta
verbal, lo que se denominó «Regulación verbal del compor-
tamiento» (Donders, 1969; Skinner, 1957; Vygotsky, 1978).
El trabajo de Brodksy (1967) puso en crisis esta asunción
cambiando el foco de interés a determinar las contingencias
bajo las cuáles aparecía dicha relación, en lugar de presuponer-
la. A pesar de ello, algunas corrientes pseudocientí cas actua-
les con cierto auge, como la programación neurolingüística,
parecen ser impermeables a los datos empíricos.
Pero a nales de los años 80 y a lo largo de la década de los
90 del siglo pasado, empezaron a aparecer una serie de trabajos
que han marcado una nueva aproximación a esta área (Guevre-
mont, Osnes y Stokes, 1986a, 1986b; Baer, 1990; Paniagua,
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
1990, 1992; Gómez y Luciano, 1999; por ejemplo). Hasta
el punto de que actualmente se asume la naturaleza adquiri-
da e independiente de estas correspondencias, y gran parte de
los trabajos en esta línea están orientados al ámbito clínico y
educativo (Luciano, Herruzo y Barnes-Holmes, 2001; Lucia-
no, Barnes-Holmes y Barnes-Holmes, 2002; Molina, Castro y
Fernández-Rodríguez, 2008; por ejemplo).
5.3.2.2. La investigación sobre la conducta gobernada por
reglas o el control instruccional.
Las primeras aproximaciones a la in uencia de las instruc-
ciones en el comportamiento humano reconocían su impor-
tancia, pero negaban la posibilidad efectiva de sustituir a las
«contingencias directas» para controlar la conducta. Según el
a rmaba el propio Skinner (1963), la mayoría de los sujetos
son incapaces de describir con precisión las contingencias a las
que son sometidos y, por tanto, no puede esperarse que reac-
cionen apropiadamente a las instrucciones proporcionadas en
los experimentos.
Sin embrgo, pocos años después de la publicación del
artículo de Skinner en el que realizaba dichas a rmaciones,
aparecieron varios estudios que apuntaban en la dirección
opuesta (Ader y Tatum, 1961; Ayllon y Azrin, 1964; Baron y
Kaufman, 1966; Lippman y Meyer, 1967; Baron, Kaufman y
Stauber, 1969; por citar algunos).
Los resultados de estos trabajos no negaron el efecto de
las contingencias directas en el moldeamiento de la conduc-
ta, todo lo contrario, con rmaban como la conducta de los
sujetos se ajustaba a los procedimientos y programas de refor-
zamiento a los que eran expuestos. Sin embargo, ponían de
mani esto la importancia de las instrucciones como una va-
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riable crucial en el condicionamiento de humanos, sobre todo
respecto a tres aspectos cruciales:
a. Ninguna instrucción, por mínima que sea, es neutra.
b. Son útiles (y en algunos casos, hasta necesarias) para ini-
ciar la conducta.
C. Pueden reducir la adaptación del sujeto a cambios en el
ambiente. Fenómeno al que se le denominó «insensibili-
dad a las contingencias».
d. Y permiten que no sólo las consecuencias inmediatas
afecten a la conducta, es decir, aumentan la efectividad de
las consecuencias demoradas.
A pesar de que la investigación sobre la conducta gober-
nada por reglas sufrió una cierta desatención en la década de
los noventa, con el inicio del nuevo siglo volvió a despertar un
enorme interés entre los miembros de la comunidad de analis-
tas de la conducta (Madden, Chase, y Joyce, 1998; Raia y cols.
2000; Paracampo y cols. 2001; Navarick, 2004; Martínez y
Tamayo, 2005; Baumann, Abreu-Rodrigues y da Silva, 2009;
por ejemnplo).
5.3.2.3. Las clases de equivalencia.
La formación de clases de equivalencia predice la aparición
de relaciones de control no entrenadas explícitamente que
obedecen a las relaciones de re exividad, simetría, transitivi-
dad y transitividad-simétrica (Sidman, 1971; por ejemplo).
Este fenómeno, que ha sido estudiado de manera exhaus-
tiva durante nales del siglo XX y principios del siglo XXI,
no sólo da cuenta de las circunstancias bajo las cuáles puede
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
observarse conducta novedosa, sino también de aquellas con-
diciones que posibilitan la transferencia de funciones entre sus
miembros.
Estas dos propiedades han levado a muchos autores a con-
siderar este paradigma como una alternativa prometedora para
explicar no sólo la presencia de ciertas respuestas verbales no
entrenadas explícitamente, sino también la capacidad de len-
guaje para transferir funciones y realizar categorías y clases.
Así encontramos desde autores que de enden el compor-
tamiento relacional derivado como una operante generalizada
que facilita el aprendizaje de la conducta verbal (Hayes, Bar-
nes-Holmes, y Roche, 2001; por ejemplo), hasta otros que de-
enden lo contrario, que es la presencia de repertorios verbales
los que posibilitan las relaciones derivadas de nitorias de las
clases de equivalencia (Dugdale y Lowe, 1990, Pérez, 2015).
No obstante, este es un debate que podría considerarse que
todavía hoy sigue abierto.
5.3.2.4. La conducta verbal en el contexto terapéutico.
Los ejemplos anteriores tres líneas de investigación básica
altamente relacionada con la propuesta de Verbal Behavior.
Pero la obra de Skinner también ha servido como la base para
aproximaciones terapéuticas de reconocida e cacia. Veamos
también tres ejemplos de ellas.
A. Entrenamiento de Comunicación Funcional.
Esta es una técnica que ya hemos comentado varias veces
a lo largo del capítulo, por lo que no nos detendremos mu-
cho más en ella. Sólo recordaremos que consiste en el entre-
namiento de mandos especí cos reforzados con el evento que
mantiene la conducta inapropiada como forma e caz de entre-
namiento de conductas incompatibles.
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Vicente Pérez Fernández
B. Terapias de Tercera Generación.
De manera muy resumida, las llamadas «terapias de tercera
generación», como la Terapia de Aceptación y Compromiso
(ACT) o la Psicoterapia Analítico Funcional (PAF), han de-
fendido desde el principio su compromiso con el conductismo
radical y la puesta en práctica de los presupuestos de Verbal
Behavior. Así encontramos acciones terapéuticas en las que se
rede nen las operantes verbales del cliente (por ejemplo: los
mandos disfrazados de tactos), o se extingue la función de cier-
tas palabras adquirida por transferencia al pertenecer a alguna
clase de estímulos, por citar algunas.
C. «Reestructuración Cognitiva».
La última de las aproximaciones clínicas que comentare-
mos es la denominada Reestructuración Cognitiva. Aunque es
una técnica de corte cognitivo, la escasa literatura que aborda
su explicación y la muy criticada naturaleza de esta explica-
ción por autores como Haagay Davison (1993), Pérez-Álvarez
(1996) o Salzinger (1992), ha motivado ciertas aproximaciones
explicativas de corte conductual a la mencionada técnica,
como la de Froxány cols. (2010).
Esta aproximación analítico conductual entiende la rees-
tructuración cognitiva como un cambio en la verbalización de
las personas, apoyándose en los trabajos empíricos sobre las
contingencias que determinan la correspondencia decir-hacer.
Así, esta línea de trabajo propone cambiar las reglas y las ver-
balizaciones de los sujetos mediante moldeamiento y reforza-
miento, asumiendo que podría resultar más fácil modi car así
su conducta que incidiendo sobre ella directamente (Poppen,
1989; Martin y Pear, 2007).
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
5.3.3. La investigación sobre la adquisición de la conducta
verbal.
Para nalizar este apartado sobre los datos experimentales
que apoyan o matizan la propuesta de Verbal Bebavior, vamos
a señalar algunos hallazgos empíricos sobre un aspecto crucial:
la propia adquisición de la conducta verbal.
La mayoría de los nińos parecen adquirir un extenso reper-
torio verbal aparentemente sin mucho esfuerzo. A medida que
van descubriendo la utilidad del «lenguaje» empiezan a usar
palabras para conseguir reforzadores de todo tipo gracias a la
mediación de otros individuos de la comunidad verbal.
Para un niño el ambiente es tan reciente, que sus prime-
ras interacciones verbales con la comunidad de oyentes suelen
limitarse a señalar objetos que después el oyente nombra. En
poco tiempo los nińos aprenden a preguntar «¿qué es esto?»
en lugar de señalar. Así van aprendiendo sobre su entorno, a
distinguir unas cosas sobre otras, a discriminar. Luego, a mne-
dida que nuestro ambiente se va haciendo cada vez más com-
plejo también se complica la variedad y formas de la conducta
verbal.
A pesar de que en condiciones normales este aprendiza-
je se observe como un proceso sencillo y natural, en realidad
es el resultado de miles de interacciones de aprendizaje entre
el niño y su comunidad verbal: sus padres, sus cuidadores e
incluso sus iguales. No es hasta que se presenta algún factor
que interrumpe estas oportunidades de aprendizaje cuando
un análisis exhaustivo de los procesos involucrados cobra todo
su potencial educativo. Estos factores disruptores pueden ser
tanto genéicos como ambientales, pero la interpretación de
que su presencia implica una incapacidad insuperable para ad-
quirir conducta verbal no leva más que al inmovilismo. La
postura analítico conductual, basada en la propuesta de Skin-
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Vicente Pérez Fernández
ner, está más orientada a la necesidad de técnicas, habilidades
y esfuerzos extraordinarios.
Así, extendiendo el planteamiento de Verbal Behavior, algu-
nos autores (como, Horne, Lowe, Greer y Ross, por ejemplo)
han incluido en esta estructura teórica algunos de los hallazgos
más recientes derivados de la investigación, especialmente la
referida a la forma cómo se adquieren y se relacionan entre sí
las diferentes operantes verbales en los primeros años de vida.
Estos datos han complementado la propuesta de Skinner hasta
el punto de poder establecer una secuencia en la adquisición
de conducta verbal en nińos de desarrollo típico, que, a su
vez, funciona como guía para el entrenamiento intensivo y sis-
temático en niños con problemas de aprendizaje. Veamos las
diferentes fases en las que coinciden estos autores:
Fase 1. Estatus de preescucha.
Marcado por una dependencia total y una escasa interac-
ción con la comunidad social.
Fase 2. La adquisición de la conducta de oyente.
Desde muy temprano en el desarrollo, los niños, en inte-
racción con sus cuidadores, aprenden a dar respuestas conven-
cionales ante distintos objetos y eventos. Por ejemplo: a mirar
hacia donde los adultos indican, a usar objetos culturales en
formas apropiadas según la comunidad, etc. Durante esta inte-
racción, estas conductas quedan bajo el control de determina-
dos estímulos verbales emitidos por los adultos (normalmen-
te mandos). Lo que ya hemos de nido antes como conducta
de oyente, en de nitiva, responder adecuadamente a mandos
como «ven aqui», «para», «come», etc.
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polénica, basesy evolución.
Podríamos decir que en esta etapa tan temprana los niños
ya aprenden a seguir instrucciones. Aunque aún exista un im-
portante grado de dependencia.
Es importante señalar que este entrenamiento se re ere a
clases de estímulos, y no a estímulos aislados. Gracias a las
propiedades de las clases de estímulos (y al proceso de genera-
lización), el niño puede responder adecuadamente a estímulos
verbales que nunca ha escuchado previamente.
Fase 3. La adquisición de mandos «sencillos».
En los bebés, las condiciones aversivas y la privación elici-
tan respuestas incondicionadas (como el llanto, por ejemplo)
que atraen a los cuidadores y que poco a poco pueden caer
bajo control operante. Podríamos decir que el niño pasa de
«llorar porque le duele» (una relación EI-RI), a «llorar para que
venga su cuidador» (una relación R-Er).
Progresivamente se van desarrollando formas más especí -
cas de respuestas no vocales, como por ejemplo alzar los brazos
o señalar algo que no alcanza en presencia de un adulto. Aun-
que todas estas formas primitivas de respuestas verbales son
muy genéricas y no admiten la complejidad que posibilita el
desarrollo de respuestas diferenciales ante las distintas situacio-
nes, que suelen ser de naturaleza vocal.
No es hasta que el niño es capaz de generar respuestas vo-
cales especí cas, fundamentalmente ecoicas, cuando se da la
oportunidad de comenzar a usarlas por sus efectos diferencia-
les sobre los oyentes.
Por supuesto, en todos estos casos el mando debe emitirse
de forma públicamente observable para que tenga el efecto re-
forzante adecuado. Por ejemplo, recibir agua y no un juguete.
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Fase 4. La adquisición de respuestas ecoicas.
Partiendo de un repertorio de balbuceos innatos, la comu-
nidad verbal moldea por aproximaciones sucesivas las produc-
ciones vocales del niño. En concreto, al presentar un sonido
(por ejemplo, /agua/) se refuerzan las respuestas del niño que
se acerquen al modelo, hasta conseguir su repetición.
Como ya hemos visto, a diferencia de los mandos, que de-
penden de consecuencias especíhcas, las respuestas ecoicas se
mantienen por reforzamiento social. Esto posibilita que con
el su ciente entrenamiento se puedan generalizar, llegando el
niño a reproducir sonidos nuevos al ser presentadas por los
adultos (palabras, en este caso).
En la medida en la que el niño haya adquirido también
conducta como oyente, podrá respondera sus propias produc-
ciones ecoicas con la respuesta que suele emitir ante el mando
de otra persona, lo que consistiría una forma temprana de con-
ducta autoinstruccional (o automando).
La respuesta Ecoica constituye a este respecto un caso es-
pecial, ya que en un mismo sujeto tanto el estímulo como la
respuesta verbal se pueden realizar de forma privada mante-
niendo su función.
Una vez instaurada, la conducta ecoica, ésta adquiere pro-
piedades reforzantes tanto por su naturaleza de reforzador
condicionado (como en el caso de los «autoelogios»), como
también por mantener la conducta de oyente adecuada. Y así,
la respuesta ecoica se termina haciendo independiente del re-
forzamiento social.
Fase 5. La adquisición de tactos.
En un primer momento, la conducta ecoica podría ayudar
a la formación de los tactos. Por ejemplo, ante la presencia
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
simultánea del objeto (agua) y de la vocalización del adulto (/
agua/), el niño emnitiría la respuesta «agua» de forma pública,
siendo reforzado socialmente por ello.
En un segundo momento, la presencia del objeto por sí
sola controlaría la emisión de la respuesta, que ahora puede
cumplir su función (por ejemplo, como discriminativo de
otras conductas verbales o no verbales).
Como ya señalaba Skinner, la comunidad verbal refuerza
los tactos porque amplían sus posibilidades de conocer el me-
dio. Sin embargo, una vez que el sujeto ha aprendido a res-
ponder ante aspectos particulares del ambiente, el tacto tam-
bién le sirve al individuo para discriminar aspectos del medio
y comportarse ante ellos de forma adecuada. Por ejemplo, una
vez que nos enseńan que el color rojo indica que ciertas frutas
están maduras, elegiremos aquella fruta con ese color (lo que
implicaría una conducta de oyente), la pediremos (lo que se-
ría la emisión de un mando), e incluso podemos repetirla de
forma ecoica para no olvidarla de camino al mercado (como
cuando repetimos «comprar manzanas rojas, comprar manza-
nas rojas» mientras nos dirigimos a la tienda).
Según a rma Horne y Lowe en diferentes trabajos (1996,
1997), la introducción del tacto cierra el círculo de las interac-
ciones verbales en torno a la palabra. Sólo cuando una persona
es capaz de realizar de forma integrada todos estos comporta-
mientos decimos que «sabe lo que signi ca» una palabra, o que
habla «sabiendo lo que dice».
Si la emisión de las operantes por separado dependía de la
presencia de otras personas, una vez que todas estas funciones
de estímulo se integran, cualquiera de los estímulos implica-
dos puede controlar de forma privada el proceso completo
y servir así al hablante como guía de su comportamiento en
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ocasiones en las que no están presentes otros miembros de la
comunidad verbal.
Por supuesto, estas serían las primeras cinco etapas, y las
más básicas. Una vez adquiridas estas formnas de comporta-
miento puede accederse a otras etapas más complejas como los
intercambios hablante-oyente, el hablante como propio oyen-
te, la etapa lectora, la escritora o la mediación verbal para la
solución de problemas.
La secuencia de adquisición y la relación entre las ope-
rantes verbales no sólo se ha observado empíricamente, sino
que, como decíamos antes, los programas de educación in-
tensiva basados en ellas son los que mejores resultados están
demostrando en poblaciones con di cultades de aprendizaje.
De hecho, en algunos casos no son las que mejores resultados
presentan, sino las únicas que tienen algún tipo de resultado.
5.4. Algunas re exiones nales.
Verbal Behavior sigue siendo hoy una obra de referencia,
en continuo proceso de revisión y «actualización» (es impor-
tante recordar que desde 1983 existe una revista especializa-
da, The Analisys of Verbal Bebavior, dedicada íntegramente a
su estudio), pero también es una obra que fue revisada por el
propio autor en diferentes ocasiones, e incluso criticada por
otros autores dentro del propio conductismo (Ribes, 1990,
por ejemplo).
The Analisys of Verbal Behavior es un ejemplo de la relevan-
cia que terminó adquiriendo el libro con el tiempo. Pero no
es la única revista en la que se re eja la producción cientí -
ca en este campo. Revistas como Journal of the Experimental
Analysis of Behavior, Journal of Applied Behavior Analysis, The
PsychologicalRecord, The Behavior Analyst, European Journal of
Behavior Analysis o, publicaciones en español como la Revista
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Conducta Verbal de Skinner: génesis, polémica, basesy evolución.
Mexicana de Análisis de la Conducta, Acta Comportamentalia,
o Conductual, dedican una buena parte de su contenido a la
difusión de trabajos relacionados con la conducta verbal desde
esta perspectiva.
En los últimos 20 años se han hecho importantes esfuerzos
por desarrollar sistemas de aprendizaje del lenguaje basados en
considerar la conducta verbal como una operante más, prin-
cipalmente orientados a poblaciones con di cultades, como
los de Sundberg y Partington (1998); o los de Greer y Ross
(2014).
En de nitiva, el comportamiento verbal se ha convertido
en uno de los retos actuales más importantes para la construC-
ción de una teoría integrada de la conducta humana.
Pero a pesar de su relevancia, es importante señalar que ni
el Conductismo ni el Análisis Experimental de la Conducta
equivalen a las teorías o propuestas metodológicas de Skinner.
En la actualidad el estudio del comnportamiento verbal se lleva
a cabo desde este paradigma tanto adoptando el marco teórico
«skinneriano», como criticándolo. E incluso desde otros para-
digmas de investigación, como el conexionismo o la lingüísti-
ca cognitiva, se ha aportado evidencia empírica que apoya las
hipótesis descritas en Verbal Behavior, tales como la causalidad
múltiple, la selección por las consecuencias, la recombinación
de conductas, o el aprendizaje gradual a través de la generali-
zación y discriminación de clases de estímulos.
El tiempo, o más bien: el desarrollo teórico y experimen-
tal, ha terminado dando como vencedor a Skinner frente a
Chomsky en esa polémica que nunca existió. Algo que, por
otra parte, se llevaba señalando desde hacía muchos años,
incluso desde fuera del Análisis Experimental del Comporta-
miento, o de la propia Psicología.
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Vicente Pérez Fernández
No obstante, el objetivo principal de este escrito es otro
mucho más constructivo que levantar la mano de uno de los
dos boxeadores de un ring. La idea principal es acercar un can-
po que durante muchos años ha tenido fama de arduo e in-
accesible, despertar el interés por leer directamente la obra de
Skinner, más allá de los ataques y de los elogios de terceros. De
promover una lectura crítica, pero también contextualizada.
Verbal Behavior no es una obra perfecta, pero ha demostra-
do ser un excelente punto de partida desde el que vale la pena
seguir construyendo.
146
Conducta Verbal de Skinner génesis, polémica, basesy evolucin.
CAPÍTULO 6. LECTURAS
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