La manipulación emocional invisible
Cuando observamos desde fuera las relaciones de los demás nos resulta sencillo
identificar si una está utilizando artimañas para manejar a la otra. No obstante, desde dentro del
vínculo, la manipulación emocional invisible no siempre es tan fácil de detectar.
La manipulación es un proceso de dos fases que comienza de manera invisible.
Nadie establecería una relación de ningún tipo con alguien que, desde el primer momento, le
insulta, le humilla o le genera malestar. El manipulador va tejiendo una tela de araña en la que
envuelve a la víctima y no es hasta que la tiene atrapada que muestra su verdadero rostro.
Las carencias en la base de la manipulación emocional invisible
Hay que tener en cuenta que no toda manipulación se lleva a cabo de forma consciente y
deliberada.
Algunas personas, debido a sus propias carencias, sienten la necesidad de asegurar la
lealtad y la dependencia del otro hacia ellos. Para lograrlo realizan, de forma inconsciente,
ciertas acciones manipulativas.
Estas conductas pueden venir desde la infancia, donde se desarrollaron como mecanismo de
defensa, y aún siguen vigentes.
Muchas veces el manipulador no tiene conciencia de que lo es. Se trata de
personas egoístas que persiguen un único fin: lograr sus propósitos, paliar sus miedos,
llenar sus carencias utilizando para ello a otras personas. Evidentemente esto en absoluto
justifica sus actos ni les resta gravedad, el daño psicológico que puede causar en la contraparte es
abrumador.
Por otro lado, las carencias de la víctima y su propia historia personal también la vuelven
más vulnerable a este tipo de relaciones de manipulación. Una baja autoestima y una
incapacidad de poner límites nos colocan en una peligrosa posición en la que, sin darnos cuenta,
podemos terminar cayendo en una dependencia emocional.
Las fases de la manipulación emocional invisible
Captación
En un primer momento el manipulador se acerca a la víctima desplegando todos sus
encantos y cualidades.
Únicamente muestra sus virtudes y sus logros, con el fin de que la otra persona lo perciba como
exitoso y se genere un sentimiento de admiración. Además, comienza a estudiar el perfil
psicológico del otro, a detectar sus puntos débiles para ofrecer un apoyo incondicional en los
mismos.
Se muestra atento y servicial, halaga a la víctima y le ofrece refuerzo constante. De una
forma gradual y casi indetectable, se va volviendo indispensable para ella.
Se establece una relación desequilibrada en la que el primero se muestra como un individuo
admirable y lleno de virtudes que aparece para salvar al segundo de sus dificultades.
Sin percatarse, la autoestima y la independencia emocional de la víctima van
disminuyendo a medida que la admiración y la necesidad por el manipulador aumentan. Han
caído en las redes.
Cambio de roles
En esta segunda fase el manipulador se siente seguro de la necesidad y la dependencia
que ha generado en el otro, por lo que comienza a mostrar sus verdaderas intenciones.
Si antes se mostraba como alguien feliz y exitoso, de pronto se convierte en una persona
negativa y problemática que requiere constante atención y apoyo.
Comienza a inundar a la otra persona con sus dificultades personales, exigencias y
requerimientos.
El chantaje emocional, la culpabilidad y las amenazas son algunas de las estrategias más
comúnmente empleadas.
Al mismo tiempo, los niveles de apoyo y cariño profesados a la víctima disminuyen al mínimo y
esta empieza a sentir un gran malestar en la interacción.
No obstante, la baja autoestima y la dependencia que se han generado le impiden poner límites
al manipulador. El miedo a que este se enfade, le rechace o le retire su cariño son mayores. De
esta forma se permanece en una relación de poder y control invisibles, preguntándose qué ha
ocurrido para que todo cambie y sin detectar que se ha sufrido una manipulación.
Cómo evitar la manipulación
Como hemos comprobado, la manipulación es un proceso prolongado y difícilmente detectable
en un principio. Si queremos evitar vernos envueltos en una relación de este tipo hemos de estar
alerta: evitemos idealizar a las personas y sospechemos cuando alguien se muestre excesivamente
solícito e implicado desde el primer instante.
Igualmente trabajemos nuestra autoestima y nuestra independencia emocional, nunca cedamos
nuestro poder personal a ninguna otra persona. Y sobre todo, escuchemos a nuestras emociones:
si una relación se ha vuelto desagradable, si ya sólo te reporta dolor, cuida de ti y sal de ese lugar.