SENTENCIA CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0770/2012
Sucre, 13 de agosto de 2012
III.2. El principio de legalidad
La Constitución Política del Estado contempla el citado principio de legalidad en el art.
116.II, que a la letra indica: “Cualquier sanción debe fundarse en una ley anterior al hecho
punible”.
Por su parte este principio, en el Código Penal se encuentra contemplado en el art. 70, que
expresa: “Nadie será condenado a sanción alguna, sin haber sido oído y juzgado conforme
al Código de Procedimiento Penal. No podrá ejecutarse ninguna sanción sino en virtud de
sentencia emanada de autoridad judicial competente y en cumplimiento de una ley, ni
ejecutarse de distinta manera que la establecida en aquella”.
El principio de legalidad se constituye en un elemento sustancial de todo aquel Estado que
pueda identificarse como un Estado de Derecho; resulta coincidente en la doctrina,
identificar a este principio como el límite penal para que nadie pueda ser condenado por la
perpetración de un hecho, si éste no se encuentra descrito como figura delictiva con el
establecimiento de su correspondiente consecuencia jurídica por una ley anterior a su
comisión. A decir de Fernando Villamor Lucia, el principio de legalidad tiene dos partes,
“nullum crimen sine lege y nulla poena sine lege, es decir que el delito y la pena deben estar
determinados por una ley previa” .
La doctrina legal aplicable de la extinta Corte Suprema de Justicia, por medio del Auto
Supremo 21 de 26 de enero de 2007, entre otros, reconoció que: “El principio de legalidad
se constituye en una garantía constitucional del individuo, que limita la actuación punitiva
del Estado…”. Además dejo en claro que este "principio no se agota en la clásica
formulación elaborada por Feuerbach: 'Nullum crimen, nulla poena sine previa lege', sino
que actualmente se presentan otros requisitos que completan la formulación del principio,
dotándoles de mayor exigencia y contenido, como son los principios de 'taxatividad',
'tipicidad', 'lex escripta' y especificidad”.
El principio de legalidad se encuentra conformado a la vez por varios sub principios, entre
ellos, el de taxatividad, referido precisamente -valga la redundancia- a la taxatividad de la
norma procesal, e implica la suficiente predeterminación normativa de los ilícitos y sus
consecuencias jurídicas; pues la indeterminación supone una deslegalización material
encubierta; por otra parte se encuentra el principio de tipicidad que desarrolla el principio
fundamental 'nullum crimen, nulla poena sine lege', se aplica como la obligación de que los
jueces y tribunales apliquen la ley sustantiva debidamente enmarcando la conducta del
imputado exactamente en el marco descriptivo de la ley penal a efectos de no incurrir en
calificación errónea que afecte al debido proceso y devenga en defecto absoluto
insubsanable; otro importante principio es el de favorabilidad que denota la aplicación de
la norma más favorable al imputado o procesado en caso de duda y cuyo techo
constitucional se encuentra en el art. 116.I. de la CPE vigente que establece: “…Durante el
proceso, en caso de duda sobre la norma aplicable, regirá la más favorable al imputado o
procesado”. También se encuentra el principio de irretroactividad, sin embargo, este
principio será ampliamente desarrollado más adelante.
Por su parte, el Tribunal Constitucional, a momento de precautelar el respeto y la vigencia
del principio de legalidad ha desarrollado el mismo en sus dos vertientes, en este sentido, a
través de la SC 0062/2002 de 31 de julio, precisó: "…el principio general de legalidad, como
elemento esencial del Estado de Derecho, representa la materialización de los valores
fundamentales que este encarna; consiguientemente, se constituye en un presupuesto básico
insoslayable de la administración (realización) de la justicia, de que, siendo la ley expresión de
la voluntad de sus destinatarios en materia sancionatoria, se legitimiza sólo cuando la misma
ha sido aprobada con las exigencias formales establecidas por el ordenamiento superior: su
Constitución. (...) el principio de legalidad en su vertiente procesal (garantía jurisdiccional),
tiende a garantizar que nadie pueda ser sancionado sino en virtud de un proceso desarrollado
conforme a las reglas establecidas en el procedimiento en cuestión, en el que se respeten las
garantías establecidas por ley. (...) el principio de legalidad en su vertiente penal (sustantiva),
prohíbe que una conducta, por reprochable que parezca y por mucho que lesione un derecho,
pueda conceptuarse como falta o delito, si la ley no la describe de manera taxativa como tal.
(…) "La realización material del principio de legalidad también viene condicionada por la
forma como se encare el proceso de subsunción de la conducta en el tipo descrito por la
norma sancionadora; pues, todo el andamiaje que importan las garantías formales,
quedarían reducidas a la nada, si fuera conforme a derecho, aplicar un precepto distinto, al de
la conducta atribuida o imputada”.
En cuanto al principio de legalidad, de conformidad a lo previsto por el art. 180 de la CPE, el
Tribunal Constitucional a través de su SC 0275/2010-R de 7 de junio, ha señalado que: “…es
un principio procesal de la jurisdicción ordinaria; al respecto este Tribunal a través de la SC
0919/2006-R de 18 de septiembre, que a su vez citó a la SC 0062/2002 de 31 de julio,
estableció que: 'el principio general de legalidad, como elemento esencial del Estado de
Derecho' (...) en su vertiente procesal (garantía jurisdiccional), tiende a garantizar que nadie
pueda ser sancionado sino en virtud de un proceso desarrollado conforme a las reglas
establecidas en el procedimiento en cuestión, en el que se respeten las garantías establecidas
por ley”.
En consecuencia, el Estado no puede castigar una conducta que no está descrita ni penada
por la ley, cimentándose una doble garantía: Por una parte, todas las personas conocen el
ámbito de lo permitido y prohibido y, por la otra, el delincuente no puede ser castigado
más que por las acciones legalmente descritas y sólo con la pena correspondiente.
III.3. El principio de irretroactividad de la ley
La Constitución Política del Estado en su art. 123, dentro del Capítulo destinado a
garantías jurisdiccionales, establece que: “La ley sólo dispone para lo venidero y no
tendrá efecto retroactivo, excepto en materia laboral, cuando lo determine
expresamente a favor de las trabajadoras y de los trabajadores; en materia penal,
cuando beneficie a la imputada o imputado; en materia de corrupción, para
investigar, procesar y sancionar los delitos cometidos por servidores públicos contra
los intereses del Estado; y en el resto de los casos señalados por la Constitución”.
Respecto al principio de irretroactividad de la norma a que hace referencia el
accionante, el Tribunal Constitucional mediante la SC 0334/2010-R de 15 de junio,
citada por la SC 1795/2010-R de 25 de octubre, señaló lo siguiente: “El art. 33 de la
CPE abrogada, disponía que la ley solo tiene efecto para lo venidero; y no así
retroactivo, excepto en materia social cuando lo determine expresamente, y en
materia penal cuando beneficie al delincuente; es decir, uno de los principios más
elementales que rigen la aplicación de la ley es su irretroactividad, que significa que
ésta no debe tener efectos hacia atrás en el tiempo; sus efectos solo operan después de
la fecha de su promulgación, así también lo ha establecido el art. 123 de la CPE.
El fundamento jurídico del principio de irretroactividad, es la necesidad de dar
estabilidad al ordenamiento jurídico, porque sin el mencionado principio se presentan
confusiones sobre la oportunidad de regulación, de suerte que en muchas ocasiones
con una conveniencia presente se regulaba una situación pasada, que resultaba
exorbitante al sentido de la justicia, por falta de adecuación entre el supuesto de
hecho y la consecuencia jurídica.
Las personas tienen confianza en la ley vigente, y conforme a ella celebran
sus transacciones y cumplen sus deberes jurídicos. Dar efecto retroactivo a una ley
equivale a destruir la confianza y seguridad que se tiene en las normas jurídicas.
La naturaleza jurídica del principio de irretroactividad es la premisa según la cual, en
la generalidad de las circunstancias se prohíbe, con base en la preservación del orden
público y con la finalidad de plasmar la seguridad y estabilidad jurídica, que una ley
tenga efectos con anterioridad a su vigencia, salvo circunstancias especiales que
favorezcan, tanto al destinatario de la norma como a la consecución del bien común,
de manera concurrente.
Es por ello, que el principio de irretroactividad no se contrapone con la necesidad de
mutaciones normativas, que impiden la petrificación de un orden jurídico que ha de
ser dinámico, en el sentido de ajustar a las condiciones y circunstancias actuales, sin
que esto implique el desconocimiento de situaciones jurídicas definidas de acuerdo
con la ley, ni la vulneración de los derechos adquiridos”. (Las negrillas son añadidas)
En la normativa penal el principio de la retroactividad de la ley penal más favorable se
encuentra en los párrafos segundo y tercero del art. 4 del CP, que determina: “Si la ley
vigente en el momento de cometerse el delito fuere distinta de la que existe al
dictarse el fallo, se aplicará siempre la más favorable. Si durante el cumplimiento de la
condena se dictare una ley más benigna, será ésta la que se aplique”.