Devoción a san José
Ofrecimiento:
Heme aquí, ¡oh gran Patriarca! postrado devotamente delante de ti. Te presento este manto
precioso y, al mismo tiempo, te ofrezco el propósito de mi devoción fiel y sincera. Todo cuanto
pueda hacer en tu honor, durante mi vida, yo deseo cumplirlo, para mostrarte el amor que te
tengo. ¡Ayúdame, san José! Asísteme ahora y durante toda mi vida, pero sobretodo asísteme en
la hora de mi muerte, así como tú fuiste asistido por Jesús y María, para que, un día, te pueda
honrar en la patria celestial por toda la eternidad. Amén.
¡Oh glorioso Patriarca san José! postrado delante de ti, te presento con devoción mi acatamiento
y comienzo a ofrecerte este precioso ramillete de oraciones, en recuerdo de las innumerables
virtudes que adornan tu santa persona. En ti tuvo cumplimiento el sueño misterioso del primer
José, que fue una figura anticipada de ti: y no solo eso, de hecho, el Sol divino te rodeó con sus
fulgentísimos rayos, y te alumbró con su dulce luz la mística Luna, María Santísima. ¡Ea, pues!,
glorioso Patriarca, si el ejemplo de Jacob, que marchó en persona para alegrarse con el
encuentro de su hijo predilecto, exaltado sobre el trono de Egipto, sirvió para trasladar incluso a
sus otros hijos, ¿no valdrá el ejemplo de Jesús y María, que te honraron con toda su estima y
confianza, a moverme también a mí, para ofrecer en tu honor este manto precioso? ¡Oh gran
Santo! haz que el Señor vuelva hacia mí una mirada de benevolencia. Y así como el antiguo José
no rechazó a sus hermanos culpables, al contrario, los acogió lleno de amor, los protegió y los
salvó del hambre y de la muerte, así tú, ¡oh glorioso Patriarca! con tu intercesión, haz que el
Señor no quiera abandonarme en este exilio. Obtenme, además, la gracia de conservarme
siempre entre el número de tus devotos siervos, que viven serenos bajo el manto de tu patrocinio.
Este patrocinio yo deseo gozarlo cada día de mi vida y en el momento de mi último suspiro.
Amén.
Oración:
1. Salve, ¡oh glorioso san José! depositario de los incomparables tesoros del Cielo y padre
putativo de Aquel que nutre a todas las creaturas. Después de María Santísima, tú eres el santo
más digno de nuestro amor y merecedor de nuestra veneración. De entre todos los santos, tú solo
tuviste el honor de educar, guiar, nutrir y abrazar al Mesías, que tantos Profetas y Reyes
desearon ver y no pudieron. San José, salva mi alma y alcánzame de la misericordia divina la
gracia che humildemente imploro (pídase…). Y también para las Almas benditas del Purgatorio
obtén un gran alivio de sus penas. 3 Gloria Patri.
2. ¡Oh poderoso san José! tú fuiste declarado patrono universal de la Iglesia y yo te invoco entre
todos los santos como fortísimo protector de los miserables. Y bendigo mil veces tu corazón,
pronto siempre a socorrer todo tipo de necesidad. A ti, ¡oh querido san José! recurren la viuda, el
huérfano, el desamparado, el afligido, y toda suerte de desventurado; no existe dolor, angustia o
desgracia que tú no hayas piadosamente socorrido. Dígnate, por tanto, usar en mi favor los
medios que Dios, nuestro Señor ha puesto en tus manos para que yo pueda conseguir la gracia
que te pido (pídase…). Y ustedes, almas santas del Purgatorio, rueguen a san José por mí. 3
Gloria Patri.
3. A las miles de personas que te han rogado antes que yo has confortado y dado paz, gracias y
favores. Mi ánimo, triste y compungido, no halla reposo en medio de las angustias que lo oprimen.
Tú, ¡oh querido santo! conoces todas mis necesidades, antes incluso de que te las exponga en la
oración. Tú sabes cuan necesaria me es la gracia que te pido. Me prostro en tu presencia y
suspiro, ¡oh querido san José! bajo el grave peso que me oprime. A ningún corazón humano me
es posible abrirme, a ninguno puedo confiar mis penas; y, aunque encontrara la compasión de un
alma caritativa, ella no obstante, no podría ayudarme. A ti, por eso, recurro y espero que no
querrás rechazarme, ya que santa Teresa ha dicho y ha dejado escrito en sus memorias:
«Cualquier gracia que se pida a san José será ciertamente concedida». ¡Oh san José! consolador
de los afligidos, ten piedad de mi dolor y piedad de las ánimas santas del Purgatorio, que tanto
esperan de nuestras oraciones. 3 Gloria Patri.
4. ¡Oh excelso Santo! por tu perfectísima obediencia a Dios, nuestro Señor ten piedad de mí.
Por tu santa vida llena de méritos, escúchame.
Por tu Nombre carísimo, ayúdame.
Por tu corazón clementísimo, socórreme.
Por tus santas lágrimas, confórtame.
Por tus siete dolores, ten compasión de mí.
Por tus siete gozos, consuela mi corazón.
De todo mal del alma y del cuerpo, líbrame.
De todo peligro y desgracia, sálvame.
Socórreme con tu santa protección y alcánzame, por tu poder y misericordia, aquello que más
necesito y sobretodo la gracia que preciso particularmente (pídase…). Y a las almas necesitadas
del Purgatorio obtenles una pronta liberación de sus penas. 3 Gloria Patri.
5. ¡Oh glorioso san José! innumerables son las gracias y favores que tú obtienes para los pobres
afligidos. Enfermos de toda clase, oprimidos, calumniados, traicionados, privados de todo humano
consuelo, miserables necesitados de pan o de sustento, imploran tu real protección y son
escuchados en sus demandas. ¡Ea! no permitas ¡oh san José carísimo! que yo vaya a ser la
única, entre tantas personas beneficiadas, que quede privada de la gracia que te he pedido.
Muéstrate, incluso hacia mí, poderoso y generoso, y yo, agradecido, exclamaré: «Viva por
siempre el glorioso Patriarca San José, mi gran protector y particular liberador de las almas
santas del Purgatorio». 3 Gloria Patri.
6. ¡Oh eterno Padre! por los méritos de Jesús y María, dígnate concederme la gracia que imploro.
En nombre de Jesús y de María me prostro reverente en tu divina presencia y ruego devotamente
que quieras aceptar mi firme decisión de perseverar junto a la multitud de los que viven bajo el
patrocinio de san José. Bendice, pues, el precioso manto, que yo hoy le dedico, como prenda de
mi devoción. 3 Gloria Patri.
PÍAS SÚPLICAS
San José, ruega a Jesús para que venga a mi alma y la santifique.
San José, ruega a Jesús para que venga a mi corazón y lo inflame de caridad.
San José, ruega a Jesús para que venga a mi mente y la ilumine.
San José, ruega a Jesús para que venga a mi voluntad y la fortalezca.
San José, ruega a Jesús para que venga a mis pensamientos y los purifique.
San José, ruega a Jesús para que venga a mis afectos y los regule.
San José, ruega a Jesús para que venga a mis deseos y los dirija.
San José, ruega a Jesús para que venga a mis acciones y las bendiga.
San José, obtenme de Jesús su santo amor.
San José, obtenme de Jesús el imitar sus virtudes.
San José, obtenme de Jesús la verdadera humildad de espíritu.
San José, obtenme de Jesús mansedumbre de corazón.
San José, obtenme de Jesús la paz del alma.
San José, obtenme de Jesús el santo temor de Dios.
San José, obtenme de Jesús el deseo de la perfección.
San José, obtenme de Jesús la dulzura de carácter.
San José, obtenme de Jesús un corazón puro y caritativo.
San José, obtenme de Jesús la gracia de soportar con paciencia los sufrimientos de la vida.
San José, obtenme de Jesús la fuerza para cumplir siempre la voluntad del Padre.
San José, obtenme de Jesús la perseverancia en las buenas obras.
San José, obtenme de Jesús la fortaleza para llevar mi cruz.
San José, obtenme de Jesús el apartarme de los bienes de esta tierra.
San José, obtenme de Jesús el caminar por el camino estrecho que lleva al Cielo.
San José, obtenme de Jesús el huir de toda ocasión de pecado.
San José, obtenme de Jesús un santo deseo del Paraíso.
San José, obtenme de Jesús la perseverancia final.
San José, no permitas que me aleje de ti.
San José, haz que mi corazón no cese jamás de amarte y mi lengua de alabarte.
San José, por el amor que le tuviste a Jesús, ayúdame a amarlo.
San José, dígnate acogerme como tu devoto.
San José, yo me entrego a ti: acéptame y socórreme.
San José, no me abandones en la hora de la muerte.
R. Jesús, José y María,
V. Os doy el corazón y el alma mía.
INVOCACIONES A SAN JOSÉ Y LETANÍAS
Acuérdate, ¡oh castísimo esposo de María Virgen y querido protector mío San José! que jamás se
ha oído decir que alguien haya invocado tu protección e implorado tu auxilio y no fuese por ti
consolado. Con esta confianza vengo a tu presencia y a ti fervorosamente me encomiendo. ¡Oh
san José! no desprecies mis súplicas, antes bien acógelas propicio y dígnate atenderlas
piadosamente. Amén.
Glorioso san José, esposo de María y padre virginal de Jesús, piensa en mí, vela sobre mí.
Enséñame a trabajar por mi santificación y toma bajo tu misericordioso cuidado las necesidades
urgentes que hoy encomiendo a tu paternal solicitud. Aleja de mí los obstáculos y dificultades y
haz que el feliz éxito de cuanto te pido sea para la mayor gloria del Señor y bien de mi alma. Y en
prueba de mi más vivo reconocimiento, te prometo hacer conocer tus glorias, mientras, con todo
afecto, bendigo al Señor que te hizo tan poderoso en el cielo y en la tierra. Amén.
Letanías de san José
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
(Respondemos a cada letanía «Ruega por nosotros»)
Santa María,
San José,
Ilustre descendiente de David,
Esplendor de los patriarcas,
Esposo de la Madre de Dios,
Guardián purísimo de la Virgen,
Tú que nutriste al Hijo de Dios,
Tú que defendiste a Cristo Jesús,
Tú que guiaste a la Sagrada Familia,
José justísimo,
José castísimo,
José prudentísimo,
José fortísimo,
José obedientísimo,
José fidelísimo,
Ejemplo luminoso de paciencia,
Amante de la pobreza,
Modelo de los trabajadores,
Decoro de la vida doméstica,
Custodio de las vírgenes,
Amparo de las familias,
Consuelo de los afligidos,
Esperanza de los enfermos,
Abogado de los moribundos,
Terror de los demonios,
Protector de la Santa Iglesia,
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Escúchanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Ten piedad de nosotros.
Culminación del sacro Manto:
¡Oh glorioso san José, que has sido puesto por Dios a la cabeza de la más santa entre las
familias y para su custodia! dígnate ser desde el cielo el custodio de mi alma, que pide ser
recibida bajo el manto de tu patrocinio. Yo, desde este mismo momento, te elijo por padre, por
protector, por guía, y pongo bajo tu especial custodia mi alma, mi cuerpo, cuanto soy y cuanto
tengo, mi vida y mi muerte. Guárdame como un hijo tuyo; defiéndeme de todos mis enemigos
visibles e invisibles; asísteme en todas mis necesidades: consuélame en todas las amarguras de
la vida, pero muy especialmente en mi agonía y en mi muerte. Di, en mi nombre, una palabra a
aquel amable Redentor, que, siendo niño, llevaste en los brazos, a aquella Virgen gloriosa, de
quien fuiste dilectísimo esposo. Alcánzame aquellas bendiciones que veas sean más útiles a mi
verdadero bien y a mi salvación eterna, que yo haré todo lo posible para no ser indigno de tu
especial patrocinio. Amén.
Riferimenti
Opera Familia Christi
Associazione Vittorio e Tommasina Alfieri
[Link]
[Link]é[Link]
segreteria@[Link]