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Historia y Cultura de los Comechingones

Los comechingones eran dos etnias originarias de las Sierras Pampeanas en las actuales provincias de Córdoba y San Luis en Argentina. Se autodenominaban hênîa y kâmîare y fueron llamados "comechingones" por los sanavirones, una etnia enemiga. Eran cazadores-recolectores desde hace 8000 años y desarrollaron la agricultura hace unos 2000 años, cultivando maíz, quinoa y porotos. Vivían en poblados estacionales y se desplazaban entre las sierras y valles seg

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Historia y Cultura de los Comechingones

Los comechingones eran dos etnias originarias de las Sierras Pampeanas en las actuales provincias de Córdoba y San Luis en Argentina. Se autodenominaban hênîa y kâmîare y fueron llamados "comechingones" por los sanavirones, una etnia enemiga. Eran cazadores-recolectores desde hace 8000 años y desarrollaron la agricultura hace unos 2000 años, cultivando maíz, quinoa y porotos. Vivían en poblados estacionales y se desplazaban entre las sierras y valles seg

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Comechingón es la denominación vulgar con la cual se alude a dos etnias originarias de la

República Argentina, los hênîa y los kâmîare, que a la llegada de los conquistadores españoles
en el siglo XVI habitaban las Sierras Pampeanas, de las actuales provincias de Córdoba y San
Luis. La denominación comechingones se cree que les fue dada por los invasores
indoamericanos sanavirones, procedentes del centro de lo que hoy es la provincia de Santiago
del Estero.[cita requerida] Fue tomada por los invasores españoles, quienes nominaron a los pueblos
henia-kamiare de esa manera, al comprender la heterogénea diversidad cultural que existía en
lo que hoy son las sierras de Córdoba, e intentar reducir tal complejidad a una idea más simple
y por lo tanto, nombrable. "Kaminchingon" viene, según Aníbal Montes, de "kami" (serranía),
"chin" o "hin" (pueblos) y la pluralización quechua "gon". Es decir "serranía con muchos
pueblos". El investigador asegura que se confundió, por entonces, un etnónimo con un
toponímico.

Denominación y etnónimos
Los comechingones se autodenominaban como hênîa -al norte- y kâmîare -al sur-(los
dos grupos principales), subdivididos en aproximadamente una decena de parcialidades.

El apelativo «comechingón» parece ser la deformación de una palabra peyorativa que


les daba la etnia salavinón -o sanavirona- que hacia el siglo XV, procedente del
interfluvio río Dulce-río Salado (actual Provincia de Santiago del Estero), invadía los
territorios ancestrales de los henîa-kamiare. Los sanavirones los llamaban kamichingan,
que en idioma salavirón parece haber significado 'vizcacha' o 'habitante de cuevas', esto
debido al tipo de vivienda semisubterránea de los henia-kamiare.[cita requerida]

Sin embargo según la crónica del conquistador español Jerónimo de Vivar, escrita en
1558, el apodo les fue dado directamente por los españoles al escuchar el grito de guerra
de los henîa: «¡Kom-chingôn!». Según Vivar este grito se traduciría por «muerte-a-
ellos» (a los invasores). Es probable que los sanavirones "entendieran" y "tradujeran"
con mofa tal clamor de guerra de sus enemigos con la palabra «kámichingan».

Al olvidarse con los siglos los étimos, ya desde el siglo XIX estaba divulgada la
pseudo-etimología que suponía muy erróneamente que la palabra comechingones
significaba comedores de trozos de tierra.

Etnogénesis

Muchos antropólogos tienden a considerar a los hênia-kamiare como un conjunto muy


diferenciado del grupo huárpido. Dos rasgos de los comechingones que más han
llamado la atención son su aspecto caucasoide (los varones eran barbudos ya en la
pubertad), sus tallas relativamente elevadas para su época (aproximadamente 1,71 m en
los varones) y la existencia de una frecuencia de quizás el 10% de individuos de ojos
verdosos. Los ojos claros eran llamados soto, y esta singularidad más el hecho de ser
barbados y las pictografías como las de Cerro Colorado en donde se observan grafismos
que en su forma recuerdan a las runas y que reproducen individuos montados sobre
caballos y con algo que parecieran ser yelmos hizo que varios antropólogos del
siglo XX creyeran en un origen (o al menos un fuerte influjo) vikingo en la etnogénesis
de los hênia kamiâre,2 aunque en la actualidad tales teorías están prácticamente
descartadas y el hecho por el cual en algunas pictografías aparecen dibujos muy
estilizados que parecen drakkars o la presencia de personajes ecuestres se explica por la
sencilla razón de que en tales pictografías los hênia kamiâre estaban representando la
irrupción de los españoles en el s XVI.

Aunque los estudios revelan un predominio huárpido (al parecer el más antiguo), en la
etnogénesis de este pueblo, a lo largo de miles de años, influyeron también linajes
pámpidos, ándidos e incluso amazónidos, esto se explica por la ubicación geográfica de
su territorio, que era la encrucijada de las diversas corrientes poblacionales prehistóricas
del territorio que hoy es Argentina.

Quizás los hênia-kamiare remonten sus orígenes a poblaciones de la cultura Ayampitín


milenaria (al menos existente desde el 6000 a. C.), cultura arqueológica que ha dejado
rastros hasta en Tarija (que contiene una similitud en su habla con el habla cordobesa),
pero, por el momento (diciembre de 2006) no existen datos que permitan decir con
certeza plena que la cultura Ayampitín (nombre de un sitio del noroeste cordobés) sea
correspondiente de un modo absoluto a un "momento formativo" de la etnia de los hênia
y kamiare o "comechingones".

Casi con certeza la llamada Cultura Ongamira que comprendía Ongamira, Quebrada de
Luna (los Terrones), cerro Minas y cerro Colchiquín, surgida hacia el 4600 a. C., es
precedente directo de la cultura comechingón, aunque recién se puede hablar de una
cultura comechingón en el período que va del 500 al 1600 d. C., diluyéndose esta
cultura con la criolla-española tras el siglo XVI; uno de los últimos asentamientos con
una cultura "comechingona" típica se ubicó en la localidad de Nono hasta el 1750, y tras
1600 corresponde hablar de una cultura "comechingón"-española.
La última comunidad hênia kamiâre de linajes reconocidos fue la de Tulián o Tolian,
reconocida por los primeros gobiernos patrios argentinos y existente hasta mediados del
s XIX en la zona de San Marcos Sierra; luego tal comunidad se mezcló totalmente con
gente de origen europeo.

Los cazadores-recolectores del Holoceno

Los cazadores-recolectores que habitaron la región serrana de Córdoba entre hace


aproximadamente 8000 y 4000 años, al igual que en momentos más tempranos
conformaban pequeños grupos dispersos y móviles. Además de la caza de guanacos y
ciervos, hay un mayor énfasis en la captura de pequeños vertebrados como roedores.
Además recolectaban frutos de especies silvestres como el algarrobo (Prosopis spp.) y el
chañar (Geoffroea decorticans), así como huevos de ñandú (Rhea spp.). Para la captura
de las presas principales empleaban lanzas con puntas de piedra de forma lanceolada,
conocidas como “puntas ayampitín”, arrojadas manualmente o mediante un propulsor.

En el período que abarca desde hace 4000 a 2000 años antes del presente aumentó la
demografía y surgieron diferencias en la tecnología y en las estrategias de obtención de
alimentos. Se adoptaron nuevos diseños de puntas de proyectil, de forma triangular, y se
entablaron vínculos de larga distancia con otros grupos, como lo sugieren hallazgos de
artefactos en valvas de moluscos del río Paraná y de la costa Atlántica.

a) colgante en valva de almeja nacarada (Anodontites sp. o Diplodon sp.), procedente del sitio
arqueológico Quebrada del Real 1 (Pampa de Achala); b) fragmento de artefacto en una valva
de molusco marino (sitio Arqueológico Arroyo El Gaucho 1, Pampa de Achala).

Grabados rupestres de las sierras de Serrezuela.

También aumentó la importancia en la dieta de plantas silvestres y pequeños animales


como armadillos (Dasypodidae) y roedores.8 Hace 3000 años se registra el consumo de
maíz (Zea mays), una planta alóctona probablemente obtenida a través de intercambios
con vecinos agricultores.9

Los cambios ocurridos durante este período se materializaron, entre otros aspectos, en
las primeras expresiones simbólicas relacionadas con la construcción de identidades
sociales y la pertenencia de los grupos a determinados territorios, como es el caso del
arte rupestre y las sepulturas. También surgieron nuevos tipos de roles, posiciones e
identidades personales, relacionadas con esferas como la gestión política, ritual o de
redes de intercambio.10

Transición hacia la producción de alimentos

Hace unos 2000 años se acentuaron las transformaciones en el modo de vida de los
cazadores-recolectores serranos. Estos grupos produjeron cambios en la subsistencia, en
la movilidad y en la aparición de nuevas tecnologías, como la incorporación del arco y
flecha y los primeros indicios de producción de cerámica.

Hace 1500 años se ocuparon más intensamente los ambientes serranos de altura así
como paisajes que habían estado poco integrados a los circuitos de movilidad,
principalmente ambientes chaqueños áridos que proporcionaron recursos silvestres en
épocas de verano (por ejemplo las sierras de Guasapampa y Serrezuela).11 Se registra el
consumo de pequeños granos, entre ellos quenopodios silvestres y otros recursos como
frutos de árboles chaqueños: algarrobos, mistol (Sarcomphalus mistol, anteriormente
Ziziphus mistol) y chañar.12

Las comunidades prehispánicas tardías

Asentamiento y movilidad

Los poblados instalados desde hace 1100 años en los valles y piedemontes serranos
reflejaban la concentración de un conjunto de familias que realizaban actividades
agrícolas, de recolección de frutos silvestres, la captura de pequeños animales, así como
el procesamiento, almacenamiento y consumo de sus productos. Estos sitios presentan
diferencias relativas a su tamaño, variedad de actividades llevadas a cabo, frecuencia de
las reocupaciones y persistencia en el largo plazo, en muchos casos con antecedentes de
uso que se remontan hasta los períodos previos.12 Las viviendas eran recintos
rectangulares de unos 6 m de largo por 4m de ancho aproximadamente, semi-enterrados
y construidos con materiales perecederos (troncos, ramas, cueros), conocidas como
casa-pozo.13
Sus habitantes se desplazaban estacionalmente hacia las Sierras Grandes, donde
ocupaban refugios en cuevas y aleros rocosos, mientras se dedicaban a la cacería de
guanacos y venados de las pampas.14 Otros paisajes ocupados de manera estacional
fueron las serranías noroccidentales (sierras de Pocho, Guasapampa y Serrezuela),
donde se obtenían frutos del Bosque Serrano y huevos de ñandú.11

Actividades de subsistencia

El manejo de plantas fue un aspecto importante de la subsistencia. Entre las especies


silvestres se cuentan el mistol, molle de beber (Lithraea molleoides), piquillín (Condalia
spp.), algarrobos, chañar, Oca y Schinus sp. También se consumió la quínoa negra
(Chenopodium quinoa var. melanospermum) y el poroto silvestre (Phaseolus vulgaris
var. aborigeneus). Entre las especies cultivadas se destacan el maíz, porotos (Phaseolus
vulgaris y Phaseolus lunatus), quínoa (Chenopodium quinoa var. quinoa), zapallos
(Cucurbita spp.), papa (Solanum sp. cf. tuberosum) y posiblemente batata/camote o
mandioca (Ipomea sp. o Manihot sp.).15

La agricultura fue de baja escala, con parcelas de cultivo dispersas en el paisaje para
disminuir los riesgos de pérdidas totales por causas ambientales (por ejemplo granizo o
plagas), con una baja tecnificación (no construyeron acequias ni muros de contención) y
a secano o temporal, es decir basada en el riego con lluvia.16

Como ocurría en tiempos anteriores, las principales presas de caza eran el guanaco y el
venado de las pampas. También fue significativa la captura de pequeños animales, como
la corzuela (Mazama gouazoubira), armadillos, roedores (Microcavia sp., Galea sp.,
Dolichotis sp.), reptiles como lagartos (Salvator sp., anteriormente Tupinambis sp.) y
aves (Tinamidae).8 Una importante fuente de proteína animal provino de la recolección
de huevos de ñandú.17

Tecnologías

Se elaboraron herramientas de piedra, por ejemplo azuelas y hachas pulidas que eran
fundamentales para crear claros en el Bosque Serrano, fomentar el crecimiento de
plantas silvestres con frutos comestibles y cultivar.18

Puntas de proyectil líticas y óseas del Holoceno tardío final, Valle de Punilla, depositadas en el
Museo Arqueológico Numba Charava de Villa Carlos Paz.

Los instrumentos óseos fueron elaborados a partir de desechos del consumo de


alimentos, en especial huesos de guanaco. Punzones, leznas y agujas se utilizaron para
procesar subproductos de la caza (pieles y cueros) o bien para confeccionar artefactos
destinados a la obtención, procesamiento y almacenamiento de diversos productos.20 La
producción cerámica se producía a nivel doméstico e incluía una variedad de vasijas
adecuadas para hervir alimentos, para el transporte, almacenaje y para la cocción de
distintas sustancias. Finalmente, se elaboraron artefactos livianos en fibras orgánicas
(lanas, cestería), destinados a usos como la vestimenta o contenedores para el traslado,
procesamiento y almacenamiento a corto plazo de productos agrícolas o de la
recolección, de los cuales no se han conservado restos.
Estructuras sociopolíticas

Numerosos sitios arqueológicos señalan actividades realizadas en forma colectiva. En la


mayoría se registran infraestructuras y abundantes residuos relacionados con la
preparación y consumo de alimentos a gran escala.17 Los documentos escritos del
tiempo de la conquista insisten en la importancia de las reuniones colectivas de los
pueblos originarios (“juntas”), con un carácter celebratorio (“fiestas”, “festines”,
“convites”) y relacionadas con el aprovechamiento de los recursos silvestres
(“cazaderos”, “tiempo de la algarroba”). Estas instancias de participación fueron
significativas en términos de la integración política de las comunidades.21

Junto a estas fuerzas integradoras, los documentos coloniales señalan mecanismos


contrapuestos que alentaban la fragmentación y el sostenimiento de cuotas de
autonomía para los grupos domésticos y linajes familiares. Los testimonios
arqueológicos que señalan procesos de dispersión estacional, las variadas trayectorias de
reocupación de los sitios habitacionales, así como la importancia de las prácticas
rituales realizadas a escala doméstica, sugieren grados considerables de autonomía
retenidos por estos segmentos sociales que, en otras instancias, podían articularse en
estructuras más inclusivas. Estas condiciones significaron un límite concreto para los
procesos integradores y para la centralización del poder político.22

Durante este período se incrementaron sensiblemente las demarcaciones territoriales,


iniciadas en tiempos previos a través de formas materiales como el arte rupestre. Casi
todas las pinturas y grabados realizados sobre rocas, en diferentes paisajes como los de
Cerro Colorado, las sierras de Serrezuela o el valle de Guasapampa, entre otros,
corresponden a este período. A través de estos medios se transmitieron diversas
informaciones y se anclaron aspectos de la identidad y de la memoria de los grupos a
determinados territorios.23

Grabados rupestres de las sierras de Serrezuela.

También se verifica un máximo desarrollo de las redes de interacción de alcance extra-


regional. A través de las mismas ingresaron regularmente a la región objetos terminados
y materias primas alóctonas, como determinadas rocas, valvas de moluscos
(Anodontites sp., Diplodon sp., Urosalpinx sp.) y en contadas ocasiones pequeños
adornos de metal.

El escenario de este período, definido por el incremento demográfico, la intensificación


de la producción, las demarcaciones territoriales y posiblemente los movimientos
poblacionales, condujo a niveles crecientes de conflictividad social.

Las tensiones pueden ser advertidas, por ejemplo, en determinados paneles con arte
rupestre, donde las creaciones originales fueron parcial o totalmente destruidas para
imponer en el mismo sitio otras imágenes. Tales acciones se interpretan como ejercicios
de violencia simbólica, donde determinados discursos provenientes del pasado, y de
otras condiciones históricas o socioculturales, fueron reemplazados por nuevos relatos.24

Entre otros sitios se observan motivos rupestres que representan armas o personas
armadas, y específicamente en el caso de Cerro Colorado, escenas de enfrentamientos
entre grupos o personas provistas con arco y flechas.25 Por último, se han registrado
algunos casos de violencia interpersonal en esqueletos con diferentes lesiones y
asimismo, con flechas incrustadas en o entre los huesos.26

Comunidades originarias en tiempos coloniales y republicanos

Los documentos escritos del siglo XVI informan sobre la organización de las


comunidades originarias de ese tiempo. Se menciona la existencia de dos pueblos o
entidades socioculturales, denominados “comechingones” y “sanavirones”. El vocablo
“comechingón” sólo se registra en la documentación hasta fines del siglo XVI, como un
término de referencia geográfica: “gobernación de Tucumán y sus provincias de indios
comechingones, juríes y diaguitas”.27

Existen pocos elementos para afirmar que estas denominaciones se correspondieran con
entidades reconocidas por los propios nativos y no fueran, en cambio, identidades
asignadas por los españoles, producto quizás de una diferenciación lingüística. En
efecto, otro cúmulo de fuentes escritas (expedientes judiciales, títulos de merced, cartas,
informaciones de los gobernadores) aporta un conjunto complejo y numerosísimo de
nominaciones de pueblos y parcialidades, que revelan una enorme fragmentación
política, con diferentes grados de sujeción y agregación.28

Las adscripciones de “comechingones” o “sanavirones” fueron construcciones


producidas por efecto de la conquista española, donde los invasores necesitaron referirse
al conjunto de la población indígena de la región bajo ciertos nombres comunes.29
Situaciones similares han ocurrido en otras regiones como el Noroeste Argentino, por
ejemplo con los pueblos calchaquíes, o en el sur con los grupos pampas.

Las fuentes coloniales aportan algunos datos sobre el sistema de autoridades. Ellas
revelan que las comunidades se organizaban en cacicazgos simples (con un cacique o
curaca) o múltiples (con un cacique principal y dos o tres secundarios). La autoridad de
los jefes étnicos se basaba en el “prestigio” adquirido y en el “parentesco” que daba
preeminencia a ciertos linajes.

Si bien el liderazgo de estos jefes fue débil, podían pactar en nombre de sus pueblos
alianzas para la guerra o negociar el acceso a ciertos recursos. También gozaban del
respeto de los miembros de su comunidad, al punto de que disfrutaban de lugares o
sitiales de preeminencia en las celebraciones y en algunos casos puntuales, con derecho
a la poligamia.

Efectos de la colonización en las poblaciones nativas

El impacto de la conquista y colonización española se inició a mediados del siglo XVI,


con las primeras exploraciones al mando de Francisco César (1529), Diego de Rojas y
su hueste (1543-1546), Francisco de Villagra (1553-1554), Francisco de Aguirre (1567)
y Lorenzo Suárez de Figueroa (1573). Estas exploraciones produjeron los primeros
impactos en la población indígena, promoviendo enfrentamientos armados y facilitando
el reconocimiento del terreno para la posterior fundación de Córdoba.

Dicha fundación, realizada en 1573 por Jerónimo Luis de Cabrera, produjo uno de los
primeros movimientos obligados de población, por cuanto los nativos que habitaban ese
valle de Quisquitipa30 fueron trasladados a otros sitios de la jurisdicción. Estos
movimientos, voluntarios o coercitivos, continuaron a lo largo de los siglos XVI y
XVII, como parte de los condicionamientos impuestos por el nuevo sistema colonial.

Algunos de los factores que más incidieron y alteraron la vida y las formas de
organización nativas son:

1. nuevas enfermedades, traídas por los conquistadores, como la viruela, el sarampión y


la sífilis, que hicieron estragos en la demografía.
2. apropiación de las tierras más productivas, recibidas por los españoles como premio a
sus servicios a la Corona y participación en el proceso de conquista, con la modalidad
de mercedes de tierra. Dichas concesiones se entregaron generalmente en las
márgenes de los ríos, en el piedemonte y en los valles serranos, con mejores
posibilidades de explotación económica. Casi todas esas tierras ya estaban ocupadas
por los nativos y el proceso de otorgamiento de mercedes los impactó directamente y
los desapropió.
3. implantación del sistema de encomiendas. La merced de encomienda constituía una
sesión de la Corona, que renunciaba a su derecho a cobrar el tributo a las poblaciones
indígenas en favor de un particular (encomendero) quien a su vez se veía en la
obligación de evangelizar y cuidar a los indígenas que recibía en concepto de
encomienda. En la jurisdicción de Córdoba fue habitual que el pago de ese tributo se
realizara en especies (mantas, telas, frutos de recolección o productos agrícolas) o bien
en “servicio personal”, es decir en trabajo. Se produjo así la modificación de las
prácticas y mecanismos de reproducción social de las poblaciones nativas, cuya
inserción en nuevas modalidades de trabajo implicó la paulatina disolución de su
economía doméstica.31
4. traslado, fraccionamiento y recomposición de pueblos. A los fines de cumplir con el
tributo y las obligaciones con el encomendero muchas comunidades fueron
trasladadas a los establecimientos productivos españoles (estancias, chacaras, obrajes)
y con dicho movimiento fueron desvinculándose de sus tierras de origen, perdiendo
así, con el tiempo, todo derecho a ellas.
5. introducción de especies del viejo mundo, animales como vacas (Bos primigenius
taurus), caballos (Equus ferus caballus), asnos (Equus africanus asinus), ovejas (Ovis
orientalis aries) o cerdos (Sus scrofa domestica), y vegetales como trigo (Triticum spp.),
cebada (Hordeum vulgare), centeno (Secale cereale), vid (Vitis spp.) o árboles frutales.
Estos fueron introducidos por los europeos para sostener las crecientes poblaciones
coloniales, alterando el paisaje y modificando la economía practicada durante siglos
por las comunidades originarias.
6. introducción de poblaciones foráneas. Durante el siglo XVII grupos indígenas
provenientes de otras regiones del virreinato del Perú fueron llevados y asentados en
la jurisdicción de Córdoba. Se trata de poblaciones provenientes de los valles
Calchaquíes, región chaqueña y jurisdicciones contiguas como La Rioja y Santiago del
Estero. Estos grupos foráneos se movilizaron voluntariamente en algunos casos, pero
casi siempre fue por la fuerza, esto es, fueron “desnaturalizados” y asentados en
nuevos sitios para evitar acciones armadas o movimientos de rebelión. Por otro lado,
el comercio de esclavos de origen africano realizó su contribución al mapa poblacional
de la región, que imprimió a la sociedad colonial un carácter multiétnico y mestizo.

Mestizaje, identidades asignadas y reconfiguradas

El contacto hispano-indígena produjo cambios drásticos en las poblaciones autóctonas


de Córdoba. Si bien se registraron movimientos de resistencia armada durante los
primeros años, puede decirse que los jefes étnicos no lograron aglutinar con suficiente
fuerza a las comunidades para enfrentar de manera decisiva al dominio español. Los
enfrentamientos armados datan de las primeras décadas, mientras que con el tiempo, las
modalidades de resistencia fueron menos violentas y más sutiles.32 Finalmente la
resistencia frente a algún derecho vulnerado dejó de ser colectiva y pasó al plano
individual, lo que revela la ruptura de los lazos comunitarios.33

A pesar de este proceso de desestructuración, algunas comunidades lograron sobrevivir,


conservando el acceso a la tierra. A fines del siglo XVII persistían seis pueblos
indígenas con sus tierras originarias: Quilino, Cabinda, Nono, Salsacate, San Carlos
Minas y Ungamira (Ongamira). Entre fines del siglo XVII y durante el XVIII, otras
poblaciones lograron el reconocimiento oficial de derechos sobre la tierra, como fue el
caso de Guayascate, San Antonio de Nonsacate, San Marcos, Cosquín, Pichana, San
Joseph y La Toma. Algunos de estos pueblos fueron capaces de resistir y perdurar,
inclusive, hasta fines del siglo XIX, merced a un esfuerzo por defender la posesión de la
tierra frente al estado.

Denominación
La denominación "comechingones" ha ofrecido numerosas discusiones entre las y los
historiadores desde principios del siglo XX. Muchos de los desacuerdos y problemas
respecto del término se desprenden del hecho de que las lenguas nativas de la región
(henia y camiare como los dos grandes grupos lingüísticos más reconocidos)
desaparecieron con rapidez y no es posible en la actualidad asignar significados a los
vocablos que han perdurado, la mayoría de ellos topónimos y etnónimos.29 Uno de los
primeros trabajos sobre las poblaciones nativas fue realizado por Aníbal Montes, cuya
mayor contribución fue la elaboración de un nomenclador de toponimia de Córdoba a
partir de los procesos judiciales coloniales.35

Según Aníbal Montes esta designación "comenchingones" fue el resultado de una


“palabra mal oída quizás” (Montes 1944: 67), que escucharon los españoles en su
expedición por Santiago del Estero en el año 1544. La alusión de Comechingones para
referirse a los aborígenes de las sierras de Córdoba fue “la pluralización castellana” (cfr.
Montes 1944: 64) de “Camichingón”. El término original habría hecho referencia a las
serranías muy pobladas del sur y la habrían concedido otros indígenas del norte
refiriéndose a ellos.(cfr. Montes 1944: 64)35

Montes realiza la siguiente descripción del término en cuestión:

"'Camichingón' es palabra híbrida que significa 'serranías con muchos pueblos'. 'Cami'
es sierra en idioma propio de este territorio montañoso, en el cual la palabra 'camiare'
significa 'serrano' y 'camin' 'gran valle'. 'Chin' es un pueblo en idioma Vilela y equivale
al 'chin' de los camiares, como por ej: 'tane hin' o 'Tane chin' es un mismo pueblo del
gran valle del Salsacate. 'Gon' es la conocida pluralización quichua."
Montes, 1944: 64 y 65.35

Estas traducciones aportadas por Aníbal Montes no ofrecen, sin embargo, un verdadero
fundamento lingüístico. Tampoco es posible sostener a partir de los documentos
históricos que se conservan, ni las investigaciones realizadas, que la denominación
"comenchingón" pueda corresponderse con una identidad autoasignada por los
pobladores del lugar. Se trató en todo caso de una asignación exogrupal realizada por
los propios españoles (cronistas, conquistadores de la región, etc.) a fines del siglo XVI
para identificar a los pobladores del actual territorio de las serranías de Córdoba.35

Descendientes actuales
La Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI) 2004-2005, complementaria
del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001 de Argentina, dio como
resultado que se reconocieron y/o descienden en primera generación del pueblo
comechingón 10 863 personas en Argentina (ninguno residiendo en comunidades
indígenas), de las cuales 5119 vivían en la provincia de Córdoba y 5744 en el resto del
país.36

El Censo Nacional de Población de 2010 en Argentina reveló la existencia de 34 546


personas que se autoreconocieron como comechingones en todo el país, 17 313 de los
cuales residían en la provincia de Córdoba, 5564 en el Gran Buenos Aires, 2145 en la
provincia de San Luis, 2021 en la Ciudad de Buenos Aires, 1943 en la provincia de
Santa Fe, 1491 en la de Mendoza, 399 en la de La Rioja, 315 en la del Chubut y 130 en
la de San Juan.3738

Desde 1995 el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) comenzó a reconocer


personería jurídica mediante inscripción en el Registro Nacional de Comunidades
Indígenas (Renaci) a comunidades indígenas de Argentina, entre ellas a comunidades
comechingonas de la provincia de Córdoba:3

Lengua
Los hênia-kamiare o "comechingones" poseían su propio idioma, que posiblemente
fueran varios. En 1594 Barzana41 informó que en la Sierra de Córdoba se hablaban más
de ocho o nueve lenguas diferentes, lo que indican que tal vez la "lengua de los
comechingones" no constituyera una unidad y fuera en realidad un conjunto de lenguas
diferentes relacionadas. Sin embargo, esta lengua (o lenguas) está virtualmente
indocumentada y actualmente en el territorio que habitaban abunda la toponimia en
runa simi o quechua; esto debido a que los conquistadores españoles desde el siglo XVI
impusieron el runa simi (dialectizado) como lengua general para comunicarse con las
muy diversas etnias aborígenes ubicadas en el Cuyo, Córdoba, Santiago el Estero, y el
Noroeste Argentino. Eso explica que posteriormente a la llegada de los españoles en el
siglo XVI junto a los topónimos españoles proliferaran (olvidándose los nombres
originales) los escritos en runa simi o quechua, y también explica el moderno nombre
quechua de la zona arqueológica hoy llamada Inti Huasi en las sierras de la provincia de
San Luis, zona arqueológica centrada en cuevas y grutas cuyo nombre verdadero y
original hênîa-kâmîare se encuentra olvidado desde el siglo XVII.

Singularidad fonológica

Un curioso aporte han dejado los "comechingones": la llamada «tonada» cordobesa (de
Córdoba, Argentina) o «cantito» que se define como "el alargamiento de la sílaba
pretónica", es decir, el alargamiento de la sílaba previa a la acentuada. Esta tonada o
acento del castellano hablado en la Córdoba argentina a inicios de siglo XIX se
encontraba principalmente muy marcado en las zonas montañosas, aunque es frecuente
en la mayor parte de las provincias argentinas de Córdoba y San Luis.

Tal tonada o "cantito" o curva tonal se puede ejemplificar fonológicamente del


siguiente modo: si un hablante de Madrid (España) pronuncia la palabra "tráemelo" de
modo que se desglosa en 3 sílabas: [tráe-me-lo], un hablante con curva tonal cordobesa
(de la Córdoba argentina) pronuncia la misma palabra en cuatro sílabas del siguiente
modo: [tra-e-me:-ló] (los dos puntos tras la segunda "e" significan el alargamiento de
dicha vocal previa a la sílaba acentuada).

Antonio Tovar menciona cinco dialectos del idioma "comechingón": main, yuya,
mundema (o "indama"), kama y umba aunque en la actualidad no se pueden dar
precisiones sobre la distribución de tales dialectos.

 Nota:* en Cerro Colorado, Ongamira, Quebrada de la Luna (Los Terrones), El


Rincón (San Marcos Sierras) y en el sitio santiagueño de Para Yacu se mezclan
tardíamente (hacia fines del s XV e inicios del s XVI) los elementos culturales
comechingones con los de los invasores sanavirones.

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