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El Milagro

El documento narra varias historias relacionadas con la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay en la década de 1930. Relata el milagroso escape de un grupo de soldados bolivianos guiados por un mestizo llamado Poñé a través del desierto Chaco. También habla sobre un chofer llamado El Pampino que condujo vehículos militares hasta que fue emboscado y muerto por los paraguayos. Por último, cuenta la historia de Nicanor, un hombre de negocios forzado a unirse al ejército pero que
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El Milagro

El documento narra varias historias relacionadas con la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay en la década de 1930. Relata el milagroso escape de un grupo de soldados bolivianos guiados por un mestizo llamado Poñé a través del desierto Chaco. También habla sobre un chofer llamado El Pampino que condujo vehículos militares hasta que fue emboscado y muerto por los paraguayos. Por último, cuenta la historia de Nicanor, un hombre de negocios forzado a unirse al ejército pero que
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EL MILAGRO

Se dice que fue un milagro nuestra salvación de la muerte en el Chaco desértico, por allá en
el 1933, pero en realidad, fue gracias a Poñé, un chiquitano mestizo que nos guió por la
zona Alihuatá-Saavedra, después de que el ejército boliviano fuera sitiado en Campo Vïa.
El ejército Boliviano, la IV y IX División para ser exactos, intentaron maniobrar para cercar a
los paraguayos, pero estos fueron más listos y los acorralaron, dando como resultado una
huida frenética de los bolivianos, intentando encontrar su salvación.
Allí, huyendo también nosotros: Sócrates Landívar, un cura, dos sanitarios, dos pares de
soldados más, el mecánico Molina, dos telégrafistas, Poñé y yo, y discutimos sobre la
situación, el qué hacer, y hacia dónde dirigirnos. Landívar llegó a la conclusión de no
apartarse de Poñé, el camba experimentado de esa zona, e incluso llegó a amenazar de
muerte.
En ese momento el estruendo y las balas se hicieron presente en el horizonte, corrimos
hacia la espesura, y nos apartamos de la senda, ahí comenzamos nuestra travesía, con
Poñé como guía.
Buscábamos llegar a la ruta 22, llegar nuevamente a la senda, y rezar porque sea zona libre
y segura, sin embargo, Poñé, que se nos adelantó y nos dejó esperando por horas, nos
informó a su vuelta que los Paraguayos ya tenían tomadas las sendas, y nos pusimos en
marcha hacia el Este, con el sol ocultándose en el horizonte.
La mañana siguiente nos despertó el sol quemante, tomando caminata hacia el Sud y luego
hacia el Oeste, nuevamente se escucharon disparos lejanos. Patrullas enemigas algunos
kilómetros más adelante, informó Poñé. Cambiamos de ruta, y seguimos camino.

La sed era brutal, el calor insoportable, decenas de horas sin probar una gota de agua, y
aún no encontrábamos una zona segura. Se nos ocurrió llenar las cantimploras con
nuestros orines, pero aquello tampoco fue tan efectivo, pues todos teníamos las vejigas casi
vacías. Poñé, por su parte, sorbió una raíz.
Poñé no se perdía, pero tenía la tarea de guiarnos a todos, de hecho, hubieron un par de
soldados que de plano se tiraban a morir, sin más que sus vestiduras rasgadas, sobre el
chaco boscoso.
Seco, y a punto de atacarnos entre nosotros, cayó una gota, y luego otra, y más cada vez…
Lluvia. “Es un milagro”, escuché decir, un milagro que nos ayudó a saciar la sed el tiempo
suficiente para llegar vivos a Saavedra, y luego a Ballivián.

HUMO DE PETRÓLEO.
La caravana formaba una polvareda muy notoria, llegaron a Ballivián y tuvieron que
comenzar a cavar. Arenas movedizas
El Pampino, un cochalo indígena tocaba el charango al llegar la noche, para todos los
choferes presentes. El Pampino tenía ese apodo debido a los rasgos y aficiones costeñas
propias de las costas salitreras de Antofagasta, su padre lo llevó a vivir a Oruro, y luego
migraron a Chile como obreros.
El Pampino con 23 años, se había hecho fama en el pueblo de Uncía, varonil, locuaz y ágil,
logró inventar historias sobre sus años en la costa, en la adolescencia, con muchas
mujeres. Chepa, la señorita que él frecuentaba, fue dejada en el momento en que el
Pampino se enteró de la declaratoria de guerra, en julio del 32. El Pampino era un hombre
de aventuras, de añoranzas por el mar y la libertad, y por ello no dudó ni un segundo en
enlistarse cuando salió la convocatoria para ser chofer de un Convoy militar. Viajó hasta
Uyuni, donde le dieron el Convoy, el cual condujo hasta villamontes, vislumbrados por el
paisaje que éste presentaba, sin embargo, de Villamontes en adelante, el paisaje cambiaba
bruscamente, arenas movedizas y pocos árboles frondosos se hacían presentes. La tierra
blanca se arrugaba a lo largo de anchos rieles formados por las huellas de los vehículos.

Cavaban en el suelo para liberar los vehículos, intentaban acolchar la picada con palos y
piedras, rugía el motor, sudaban los hombres, y el camión apenas se movía, solo para
sumergirse metros más adelante, una vez mas.
Pero la vida no era como pensaba, o más bien, la guerra no era una aventura como él
soñaba, dos años fue “condenado” a estar pegado a ese asiento de cuero, conduciendo
largas noches, horas, y rutas. Y el Pampino, no dejaba de ser ese altanero, y mentiroso,
capaz de inventar historias de su adolescencia, para sobresalir, tenía un saco de cuero, que
se lo ponía cuando quería mostrarse elegante, en Verano o Invierno. Y contaba sus
historias, de Antofagasta, de Iquique o Valparaíso, incoherencia tras otra.

Una noche, entre historias y alardeos, salieron los rumores de la retirada de las tropas
bolivianas, del asedio paraguayo, y la preocupación era de que los habían abandonado a
los choferes. El Pampino, tuvo que demostrar la veracidad de sus historias, yendo a la
retaguardia para comprobar los rumores, y para traer gasolina para toda la columna de
vehículos.
Llegó por un desvió a Boyuibe, y se enteró de toda la situación, la línea telefónica cortada,
las picadas, al hablar con otros choferes, una vez cargado el combustible, partió de regreso
a donde estaba su columna.
Algunas horas de viaje, nuevamente por el desvió, el Pampino se adentraba en la oscura
noche, cuando de pronto, látigos inundaron su carrocería, rompiendo los vidrios, el
parabrisas, y haciendo que al final se descontroló y chocó contra un árbol, rápidamente, los
paraguayos arrojaron la gasolina que llevaba y le prendieron fuego.
El Pampino, había obtenido vía libre hacia el otro mundo, para su carro de fuego.

LAS RATAS
La Paz, tras la situación tensa que se vivía, el reclutamiento obligatorio, a expensas de
excusas falsas, era el martirio que le tocó vivir a Nicanor, un hombre fornido que padecía de
Taquicardia, y que por lo mismo, había sido excusado en primera instancia, de ir al cuartel.
Sin embargo, aquella tarde, le obligaron a ir al encuartelamiento. Niqui de ese modo, formó
parte de la larga lista de indios obligados a participar de la guerra. Para su suerte, fue visto
por el secretario del Ministro de Gobierno, quién mandó a verificar los documentos que le
exentaban de hacer el servicio militar, y de este modo, Niqui logró zafarse de la guerra
aunque no en su totalidad.
Niqui era un hombre de negocios, desde aviones, hasta harinas, frangollos y azucares
comercializaba, traídos desde la Argentina. Pero en mayo del 33, un acontecimiento por
demás absurdo en sus causas, impidió el abastecimiento regular de estos productos desde
Argentina. El gobierno argentino creyó que era justo cerrar sus fronteras y las exportaciones
a Bolivia, dejando de introducir mercadería por Yacuiba, y Puerto Linares, para evitar la
alimentación de los soldados bolivianos, pues era “injusto” que los soldados bolivianos
pelearan contra un país más pobre y pequeño.

Esta situación también afectó a Nicanor, que vio vacilar su confianza en los Ministros,
senadores y diputados. Fue directo a hablar con el secretario del Ministro, y amigo personal
quien ya le había sacado del aprieto anterior, y le reclamó su situación frente a la prensa,
pues esta le estaba atacando y desprestigiando. El Ministro, con quien se estaba
entrevistando dio con la tecla a su situación, Nicanor recibiría una consagración de forma
directa, un rango militar, que le permitiría estar en la guerra, sin participar de forma directa,
iría al Chaco, y desde allí podría velar su negocio y los intereses del país, al mismo tiempo
que acallaba a la prensa,
Nicanor partió desde la estación de chijini en calidad de teniente.
La vida en el Chaco fue un poco asquerosa para nicanor pues el odiaba a las ratas y debido
a la situación precaria de la guerra y el almacenamiento de provisiones estos animales y
otras plagas comenzaron a invadir los lugares donde vivían. Nicanor extrañaba las
comodidades de la Paz sin embargo desde su nuevo puesto de trabajo podía atender con
su amigo lauren sana sus negocios de exportación de provisiones desde Argentina y se
jactaban de que los soldados ya tenían alimento y comían bien nicanor estuvo en Puerto
Linares Cuando ocurrió la catástrofe de alihuatá que obligó a La retirada del ejército
boliviano y el asedio de Paraguay nicanor partió hacia villamontes donde se encontró con su
amigo el secretario del ministro quién le comentó que parecía que la guerra había llegado a
su fin con la derrota del ejército boliviano. Más tarde cuando nicanor estuvo con las demás
autoridades se pusieron a conversar respecto a la situación en la que estaba bolivia y en
ese momento llegaron noticias de que su amigo Laurenzana era denunciado como espía en
Aquel lugar donde se estaban alojando nuevamente apareció La pesadilla de nicanor dos.s
ratas e hicieron un escándalo en el que cancilleres diputados y el mismo Nicky intentaron
matarla consiguiendo la luego de un buen rato persiguiendo al animal la paraguaya el
teniente Paucara obtuvo una fotografía de una hermosa y joven mujer paraguaya una vez
revisó las pertenencias de un paraguayo muerto y se la quedó para él le encantó la figura y
vislumbró en la fotografía la inicial a y se preguntó cuál sería el nombre Alicia tal vez
Antonia habían pasado dos años desde el que el teniente no veía a una mujer y una vez
llegado a valdivián los soldados Se volvieron locos porque tenían muchas ganas de estar
con alguna aquella noche Se pusieron a beber festejando que podrían volver a ver alguna
mujer en aquella borrachera Se le cayó la imagen que había tomado del Soldado muerto y
otros soldados pudieron admirar a la paraguaya uno de ellos quiso tomarla para sí misma
sin embargo el teniente le ordenó que se la devolviera diciendo que esa fotografía era como
un amuleto de buena suerte. Te amo mucho dulcecito Te amo mucho mucho mi amor esto
ocurrió en aquellos días melancólicos que siguieron a la caída del Fortín Muñoz con los
restos del primer ejército deshecho en campo vía y las facciones del nuevo ejército que se
formaba llegó hasta las proximidades de un puesto ganadero llamado tres pozos después
de haber ido dejando el repliegue escalonado las líneas de Quintana margariños y el toda
cerca del río yo tenía entre los árboles una carpa baja dentro de la cual cabía difícilmente el
mosquetero del triángulo de la carpa pendía el cuadrangulo del mosquitero cubriendo mi
leche sobre el suelo me acosté debajo de mi carpa tendido en mi lecho y a través del
mosquitero villegas la oscura noche sin embargo algo se interpuso Entre el silencio y yo se
escuchó un tropezón las cuerdas en las cuerdas que sujetaba la Estaca pregunté quién es y
nadie respondió intenté Buscar mi linterna sin embargo me advirtieron que era mejor no
hacerlo aquel visitante extraño me dijo que no tenía mal Malas intenciones sin embargo
mencionó que era un espectro sin cabeza la conversación se llevó a otro plano aquel
aquella sombra me hablaba de que ya estaba enterrado en un cementerio y así prosiguió la
conversación con el fantasma las intervenciones con este sobre sus.s sobre que buscaba
venganza quería venganza quién era el culpable de la guerra Quiénes eran los verdaderos
asesinos luego de discutir un largo rato con el fantasma este se puso de pie de forma
violenta el escepticismo que usted muestra es propio de un cerdo de retaguardia no de un
soldado Es usted un derrotista Con permiso me retiro y como vino escuchando sus pasos
entre ramas y charcos así mismo como un sueño sentí que se fue

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