ANDANDO POR FE Y NO POR VISTA
2Co 5:7 (porque por fe andamos, no por vista).
Sólo al pensar en esta expresión tenemos muchas cosas que decir, el texto nos da a
entender que hay personas que se rigen por lo que ven sus sentidos y hay otros que
tienen ejercitados los sentidos espirituales y se mueven por fe.
Cuando se habla del andar por fe, se está dando a entender que es algo práctico del diario
vivir y no solo un sentir en nuestro corazón.
El cristiano esta llamado a vivir por fe, este es un ingrediente indispensable en él, sin este
no se puede recibir salvación, ni tampoco acceder a las promesas que Dios nos ha
entregado.
1. La fe genuina debe estar puesta en Dios
Mar 11:22 Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
Mar 11:23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y
échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice,
lo que diga le será hecho.
Mar 11:24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y
os vendrá.
2. Satanás atacará nuestra fe
Haciéndonos dudar de nuestra identidad
Mat 4:1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el
diablo.
Mat 4:2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
Mat 4:3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en pan.
Mat 4:4 Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda
palabra que sale de la boca de Dios.
Mat 4:5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del
templo,
Mat 4:6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:
A sus ángeles mandará acerca de ti,
y,
En sus manos te sostendrán,
Para que no tropieces con tu pie en piedra.
Mat 4:7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
Mat 4:8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del
mundo y la gloria de ellos,
Mat 4:9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
Mat 4:10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios
adorarás, y a él sólo servirás.
Mat 4:11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.
Haciéndonos dudar de Dios
2Re 18:1 En el tercer año de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías
hijo de Acaz rey de Judá.
2Re 18:2 Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó en Jerusalén
veintinueve años. El nombre de su madre fue Abi hija de Zacarías.
2Re 18:3 Hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había
hecho David su padre.
2Re 18:4 El quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera,
e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta
entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán.
2Re 18:5 En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo
otro como él entre todos los reyes de Judá.
2Re 18:6 Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los
mandamientos que Jehová prescribió a Moisés.
2Re 18:7 Y Jehová estaba con él; y adondequiera que salía, prosperaba. El se rebeló
contra el rey de Asiria, y no le sirvió.
2Re 18:8 Hirió también a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de las
atalayas hasta la ciudad fortificada.
2Re 18:9 En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas hijo de Ela,
rey de Israel, subió Salmanasar rey de los asirios contra Samaria, y la sitió,
2Re 18:10 y la tomaron al cabo de tres años. En el año sexto de Ezequías, el cual era el
año noveno de Oseas rey de Israel, fue tomada Samaria.
2Re 18:11 Y el rey de Asiria llevó cautivo a Israel a Asiria, y los puso en Halah, en Habor
junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos;
2Re 18:12 por cuanto no habían atendido a la voz de Jehová su Dios, sino que habían
quebrantado su pacto; y todas las cosas que Moisés siervo de Jehová había mandado,
no las habían escuchado, ni puesto por obra.
2Re 18:13 A los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib rey de Asiria contra
todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó.
2Re 18:14 Entonces Ezequías rey de Judá envió a decir al rey de Asiria que estaba en
Laquis: Yo he pecado; apártate de mí, y haré todo lo que me impongas. Y el rey de
Asiria impuso a Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos
de oro.
2Re 18:15 Dio, por tanto, Ezequías toda la plata que fue hallada en la casa de Jehová, y
en los tesoros de la casa real.
2Re 18:16 Entonces Ezequías quitó el oro de las puertas del templo de Jehová y de los
quiciales que el mismo rey Ezequías había cubierto de oro, y lo dio al rey de Asiria.
2Re 18:17 Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías al Tartán, al Rabsaris y al
Rabsaces, con un gran ejército, desde Laquis contra Jerusalén, y subieron y vinieron a
Jerusalén. Y habiendo subido, vinieron y acamparon junto al acueducto del estanque
de arriba, en el camino de la heredad del Lavador.
2Re 18:18 Llamaron luego al rey, y salió a ellos Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y
Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller.
2Re 18:19 Y les dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey de Asiria:
¿Qué confianza es esta en que te apoyas?
2Re 18:20 Dices (pero son palabras vacías): Consejo tengo y fuerzas para la guerra. Mas
¿en qué confías, que te has rebelado contra mí?
2Re 18:21 He aquí que confías en este báculo de caña cascada, en Egipto, en el cual si
alguno se apoyare, se le entrará por la mano y la traspasará. Tal es Faraón rey de
Egipto para todos los que en él confían.
2Re 18:22 Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios, ¿no es éste aquel
cuyos lugares altos y altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén:
Delante de este altar adoraréis en Jerusalén?
2Re 18:23 Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes a mi señor, el rey de Asiria, y yo te
daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes para ellos.
2Re 18:24 ¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de los siervos de mi
señor, aunque estés confiado en Egipto con sus carros y su gente de a caballo?
2Re 18:25 ¿Acaso he venido yo ahora sin Jehová a este lugar, para destruirlo? Jehová me
ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela.
2Re 18:26 Entonces dijo Eliaquim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa, al Rabsaces: Te rogamos
que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no hables con
nosotros en lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre el muro.
2Re 18:27 Y el Rabsaces les dijo: ¿Me ha enviado mi señor para decir estas palabras a ti y
a tu señor, y no a los hombres que están sobre el muro, expuestos a comer su propio
estiércol y beber su propia orina con vosotros?
2Re 18:28 Entonces el Rabsaces se puso en pie y clamó a gran voz en lengua de Judá, y
habló diciendo: Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria.
2Re 18:29 Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi
mano.
2Re 18:30 Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente nos librará
Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria.
2Re 18:31 No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz,
y salid a mí, y coma cada uno de su vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de
su pozo,
2Re 18:32 hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de
vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no
moriréis. No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará.
2Re 18:33 ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del
rey de Asiria?
2Re 18:34 ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim,
de Hena, y de Iva? ¿Pudieron éstos librar a Samaria de mi mano?
2Re 18:35 ¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi mano,
para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?
2Re 18:36 Pero el pueblo calló, y no le respondió palabra; porque había mandamiento
del rey, el cual había dicho: No le respondáis.
2Re 18:37 Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de
Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras
del Rabsaces.