Diccionario
Español de Términos Literarios Internacionales
CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
Madrid, 2015
Diccionario Español de Términos Literarios Internacionales (DETLI)
Dirigido por Miguel Ángel Garrido Gallardo
cantata. Del italiano cantata. (fr: cantate; al: Kantate).
Composición poética de alguna extensión, escrita para que se le
ponga música y se cante.
Como pieza musical, consta de una o varias voces solistas y
acompañamiento instrumental. Se desarrolló durante el periodo
barroco en varios países europeos. Generalmente está formada por una
sucesión de distintos movimientos, entre los corales o secciones
instrumentales. Los textos tratados son muy diversos, pudiendo
encontrar desde cantatas amorosas hasta puramente religiosas,
pasando por pastoriles o mitológicas.
La cantata nace en Italia durante las primeras décadas del siglo XVII
como pieza destinada a ser cantada, en oposición a sus contemporáneas
tocata y sonata, cuya función era la ejecución instrumental. Si bien en
sus inicios era una breve composición camerística, sencilla y monódica
para una sola voz solista, la cantata fue evolucionando, incrementando
su plantilla vocal, enriqueciendo su acompañamiento instrumental y
ampliando su forma. Es considerada como el género vocal de mayor
importancia en el periodo barroco, junto con la ópera y el oratorio, con
los que comparte muchas similitudes. Durante los siglos XVII y XVIII su
composición se extendió por distintos países europeos. Se divide en dos
tipos fundamentales: la cantata profana y la cantata religiosa. La
primera tuvo más arraigo durante los primeros cien años de existencia
en países como Italia o Francia, mientras que la eclesiástica se identifica
mayormente con la música del luteranismo alemán dieciochesco. La
composición de cantatas perdió interés a partir de la segunda mitad de
este último siglo, desapareciendo, salvo contadas excepciones, a partir
del XIX. Después, el término cantata se ha seguido utilizando para
designar composiciones de todo tipo que poco tienen que ver con el
género original barroco. Algunos de los compositores más destacados
fueron Heinrich Schütz, Luigi Rossi, Giacomo Carissimi, Domenico
Scarlatti, Sebastián Durón, Georg Philipp Telemann, Georg F. Händel o
Johann Sebastian Bach.
En España la cantata tardó algunos años en aparecer y lo hizo con
el nombre de “cantada”. Aunque en ocasiones aisladas se utilizara el
término italiano cantata, fue la forma española la que se impuso con
mayor determinación para referirse al género. Se desarrolló desde los
últimos años del siglo XVII y durante todo el XVIII. Fue en la primera
mitad de este último cuando realmente floreció, desde que la nueva
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Carlos Rubio Escudero
dinastía borbónica se asentara a partir de 1700, con Felipe V a la cabeza,
hasta las últimas décadas de la centuria en las que el género comenzó a
desgastarse en toda Europa. Al igual que en el resto del continente, la
cantata española tuvo dos vertientes: la profana o “cantada humana” y
la eclesiástica.
Las investigaciones musicológicas que han abordado el estudio de
la cantata en España, se han encontrado con varios inconvenientes que
han dificultado la obtención de un relato historiográfico claro y sin
fisuras. Por una parte existen pocas fuentes sobre las que basar los
estudios. Si bien en los archivos de catedrales e iglesias sí se han podido
encontrar numerosas partituras sobre cantada religiosa española, los
pocos testimonios manuscritos que se conservan sobre el género
secular dificultan enormemente su investigación. Además, la
mezcolanza de composiciones y géneros en la España de principios del
siglo XVIII propicia la creación de un relato algo difuso sobre los
orígenes y evolución de la cantada. Los villancicos y los tonos o tonadas
de la época, géneros de tradición nacional similares a las primeas
cantatas italianas, empezaron a integrar en sus estructuras arias y
recitativos, lo que los asimilaba aún más a dichas cantatas. De manera
inversa, el género cantada, que empezaba a medrar entre nuestros
compositores, también asimiló recursos típicamente españoles como la
inserción de coplas y estribillos entre sus secciones, incluso partes de
zarzuelas exitosas, hechos que también propiciaron una cercanía y
mezcolanza cada vez más notoria entre lo español y lo italiano.
Respecto del repertorio secular se conoce un número escaso de
cantadas. La mayoría forman antologías manuscritas o piezas
autógrafas individuales que se conservan en bibliotecas públicas. De
estas pocas fuentes destacan cuatro: Pombalina MS 82 (ca. 1708) en
Lisboa, Mackworth 1.14 (ca. 1715) en Cardiff, M 2618 (ca. 1730) en
Madrid y F-Pn 8040 en París. En cuanto a la cantada eclesiástica, las
fuentes son más abundantes y suelen estar conservadas en iglesias y
catedrales de toda la geografía nacional. Destacan regiones como
Cataluña o Valencia. También encontramos importantes cantadas
religiosas en Zaragoza, diversos puntos de Castilla y León, en el
Monasterio del Escorial, en la Catedral de Málaga o en la Catedral de
Gran Canaria. Además, llegadas desde la península, podemos encontrar
un gran número de cantadas sacras en catedrales latinoamericanas
como la de Guatemala.
En las últimas décadas del siglo XVII se datan algunas de las
primeras proto-cantadas. La aparición de recitativos en contextos
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Cantata
relacionados con el villancico en ocasiones ha sido considerada como los
origines prehistóricos de la cantata española. Pero es a partir de 1700
cuando aumentan las relaciones entre España e Italia. Las relaciones que
la Casa de Borbón mantenía con distintos territorios vecinos,
posibilitaron la llegada a España de un influjo italianizante y de la
cantata originaria del país transalpino, la cual tuvo una gran recepción
y fue rápidamente españolizada. El estilo solístico y la estructura
formada por la hegemonía cíclica recitativo-aria calan en las creaciones
de nuestros compositores. Poco a poco esta cantada española basada en
la cantata italiana, irá englobando armonías y estructuras de carácter
más español. Se extiende el intercalado de secciones como el estribillo,
la copla o el grave entre arias y recitativos, ampliando, así, la forma total
de una cantada con mayor identidad ibérica.
En torno a la Real Capilla de Madrid se concentraron buena parte
de los compositores más importantes de cantadas. Los trabajos de los
italianos Domenico Scarlatti o Francesco Corselli influyeron en la
estilística de las mismas. De esos primeros compositores destacan el
Maestro de Capilla Sebastián Durón (1660-1716), su sucesor José de
Torres (1665-1738) y Antonio Literes (1673-1747). Todos ellos
demostraron un amplio dominio del estilo italiano, introduciendo,
además, nuevos elementos españolizantes y creando tanto en el terreno
secular como en el sacro.
Durante esos primeros años de siglo, las regiones de Aragón,
Cataluña (Carlos de Habsburgo facilitó la venida a Barcelona de varios
compositores italianos entre 1705 y 1713) y Valencia tuvieron un gran
contacto con los territorios de Nápoles y Roma, lo que posibilitó la
llegada de una gran influencia italiana al noreste peninsular que
propició la creación de una cantada particular de estas regiones. Para su
desarrollo fueron imprescindibles figuras como Francesc Valls (ca.
1665-1747), José de Pradas (1689-1751) o Pedro Rabassa (1683-1767).
Esta cantada, aunque basada en su hermana italiana, también adoptó
tintes españoles al combinar entre sus secciones elementos como el
hipérbaton a la copla.
De los muchos otros compositores de cantadas dieciochescas, es
imprescindible conocer dos figuras claves en la evolución de la misma.
Por un lado, Juan Francés Iribarren (1698-1767), Maestro de Capilla de
la Catedral de Málaga y una eminencia en la creación de estas piezas, no
solo por la enorme cantidad que atesora, también por la originalidad y
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Carlos Rubio Escudero
calidad de las mismas. Por otro lado, es destacable el trabajo de
composición religiosa de Joaquín García, Maestro de Capilla de la
Catedral de Las Palmas. Sus cantadas son generalmente de estructura
sencilla, con recitativos seguidos de arias y un grave final. Además tuvo
algunos aspectos de innovación como la introducción, por ejemplo, del
clarinete como instrumento acompañante.
La cantada en España empezó su decadencia en la segunda mitad
del siglo XVIII hasta desaparecer en el XIX. En algunas regiones como
Madrid o Zaragoza lo hizo con mayor rapidez, durante la década de
1750, mientras que en el resto de la península lo haría lentamente,
durante el resto de siglo. El género sacro fue el más consolidado y el que
más décadas se mantuvo vigente en detrimento del secular, cuya
composición desapareció con prontitud.
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Cantata
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Carlos RUBIO ESCUDERO
Universidad Autónoma de Madrid
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