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Chile: Reflexiones sobre el Estallido Social

Este documento presenta el tercer volumen de la publicación Cuadernos de Beauchef. El volumen se titula "Chile sobre la marcha" y contiene ensayos que analizan las protestas sociales que comenzaron en Chile el 18 de octubre de 2019, cuestionando el modelo socioeconómico neoliberal y exigiendo cambios políticos y una nueva constitución. El comité editorial introduce el tema y explica el contexto que llevó a las masivas movilizaciones. El volumen busca contribuir a la discusión sobre los aspectos relevantes

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Chile: Reflexiones sobre el Estallido Social

Este documento presenta el tercer volumen de la publicación Cuadernos de Beauchef. El volumen se titula "Chile sobre la marcha" y contiene ensayos que analizan las protestas sociales que comenzaron en Chile el 18 de octubre de 2019, cuestionando el modelo socioeconómico neoliberal y exigiendo cambios políticos y una nueva constitución. El comité editorial introduce el tema y explica el contexto que llevó a las masivas movilizaciones. El volumen busca contribuir a la discusión sobre los aspectos relevantes

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CUADERNOS

DE BEAUCHEF

Ciencia, Tecnología y
Cultura

Volumen III

Chile sobre la marcha

Una publicación del área de Estudios Transversales en


Humanidades para las Ingenierías y Ciencias (ETHICS)
2020
ethics
© Una publicación del área de Estudios Transversales en Humanidades para las Ingenierías y Ciencias
(ETHICS)
Escuela de Ingeniería y Ciencias - Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas
UNIVERSIDAD DE CHILE

© De esta edición:
Junio 2020, Universidad de Chile
Santiago de Chile

ISSN: 2452-493X

Impreso en Chile - Printed in Chile

Volumen III

Director:
Andrés Monares

Editor:
Álvaro Quezada

Comité editorial:
Rubén Boroschek, Departamento de Ingeniería Civil, FCFM, Universidad de Chile
Ziomara Gertzen, Departamento de Ingeniería Civil Química, Biotecnología y Materiales,
FCFM, Universidad de Chile
Claudio Gutiérrez, Departamento de Ciencias de la Computación, FCFM, Universidad de Chile
Cecilia Ibarra, Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) y Centro de Excelencia en
Geotermia de los Andes (CEGA)
Viviana Meruane, Departamento de Ingeniería Civil Mecánica, FCFM, Universidad de Chile
Pablo Ramírez, ETHICS, FCFM, Universidad de Chile
Claudia Rodríguez, ETHICS, FCFM, Universidad de Chile
María Torres, ETHICS, FCFM, Universidad de Chile
Ximena Vergara, ETHICS, FCFM, Universidad de Chile

Diseño:
Marcos Andrés Pérez F.
Ediciones Eutôpia Ltda.
[Link]

Todos los derechos reservados:


Universidad de Chile
Avda. Beauchef 850, 3er. piso
Santiago de Chile
ÍNDICE

PRESENTACIÓN

Comité editorial
Chile sobre la marcha............................................................................. 7

ENSAYOS

Gabriel Matthey Correa


El estallido chileno del 18 de octubre de 2019: punta del iceberg
de una revolución pendiente.................................................................. 15

Tomás de Rementería Venegas


Simbolismo, legitimidad y protesta constitucional ............................... 39

Andrés Weil P.
Democracia en la era electrónica. Pensar el Estado como
un sistema vivo...................................................................................... 51

Héctor Ponce de la Fuente


Filosofía y estallido social. Sergio Rojas, o el devenir de la filosofía
en tanto performace.............................................................................. 73

Ninoska Ximena Leiva Cortes


El impacto sociopolítico del estudio de perdigones
de la Universidad de Chile.................................................................... 89
Germán Rozas, Nuriluz Hermosilla, Gonzalo Falabella,
Christian Miranda, Claudio Millacura y Camilo Caro
El desborde de una comunidad oprimida.......................................... 103

TEXTOS CLÁSICOS

Albert Einstein
¿Por qué socialismo?.............................................................................. 127
Presentación

Chile sobre la marcha

El 18 de octubre de 2019, unos anónimos estudiantes secun-


darios entraron a la historia por saltarse los torniquetes del Metro de
Santiago. Se puede o no estar de acuerdo con esa acción y con todo lo
que desencadenó, pero es indudable que ya es parte de la historia del
país. Y, en ese sentido, no es posible ignorar los motivos de la protesta,
sus diversas formas de materializarse ni sus implicancias culturales,
sociales, económicas y políticas. Por eso Cuadernos de Beauchef
presenta, en su tercera entrega, un volumen temático que revisa, desde
diferentes perspectivas, las movilizaciones post 18 de octubre. El título
del volumen 3 de Cuadernos de Beauchef, “Chile sobre la marcha”, alude
a las movilizaciones surgidas a partir de ese momento, pero, asimismo,
remarca la situación del país, pues, en estos tiempos de urgencias e
impaciencias, se requieren cambios rápidos, es decir, “sobre la marcha”1.

El movimiento de protesta tomó por sorpresa tanto a Chile


como al mundo. Diversas investigaciones venían hablando hace años de
la desigualdad en el país, de la precarización del empleo o la salud, de
las altas cifras de depresión, de la desesperanza entre la juventud, de los
altos niveles de consumo de drogas, de los abusos empresariales, de la
falta de oportunidades, de las bajísimas pensiones y un largo etcétera.
Pero, a pesar de todo, Chile no reaccionaba. El país del orden mantenía
su tradición de obediencia, de seriedad, de responsabilidad.

1
Replica el título de un ciclo de mesas de conversación sobre las movilizaciones, realizado du-
rante noviembre y diciembre de 2019 y organizado por ETHICS junto al Centro de Estudiantes
de Plan Común (CEPC) y al Centro de Estudiantes de Ingeniería (CEI) de la Facultad de Ciencias
Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Nuestro agradecimiento para ellos por per-
mitirnos usar el nombre.

7
No obstante, en octubre pasado el fuego de la mecha sí llegó al
polvorín. Y fue por una causa que muchos estimarían nimia: el alza en
unos pocos pesos del pasaje del tren subterráneo en la capital, alza que,
por años, venía ocurriendo sin mayores problemas. Mismos sueldos,
precios más altos, era una combinación que no había motivado, por
décadas, movimiento ciudadano alguno.

Tal vez por eso, en un primer momento, el gobierno dio un paso


en falso, en la total ignorancia de lo que podría ocurrir. Se hizo caso
omiso de las protestas durante ese día, es más, se ordenó a Carabineros
reprimir y ni siquiera se cuestionó la conveniencia política y social de
la subida del pasaje. Además, porque, como ya es costumbre, la cifra
dependía de un cálculo, de un polinomio: no era cuestión de voluntad,
sino de una inexorable cuestión “técnica”. Y hasta podría pensarse
que, al ser viernes, el fin de semana calmaría los ánimos y el lunes se
retomaría la normalidad. Error sobre error.

Los técnicos, muchos de ellos sin el menor conocimiento de


la realidad del país y sin ganas de informarse, no fueron capaces de ver
lo que estaba pasando. Menos lo que se venía. Así, pueden recordarse
las palabras de un miembro del Comité de Expertos que calculan al
polinomio, en plena concordancia con las de la ministra de Transporte:
“¿por qué los jóvenes protestan si a ellos no los afectó la subida del
pasaje?”. Rabia o solidaridad no estaba en sus horizontes y seguro no
son medibles.

Hace tiempo que no se veía a la tecnocracia pasear su desnudez


por las calles con tal desenfado y desorientación. Pero no paró ahí.
También otras declaraciones oficiales echaron bencina al fuego.
Declaraciones que iban desde un humor de mal gusto al desconocimiento
de cómo vive la mayoría de los chilenos y la incapacidad de empatizar
con ellos… O, al menos, la prudencia de guardar silencio.

“No son $30, son 30 años”, la frase de algún autor anónimo


que llegó para describir y resumir la situación. Si bien los escolares que
saltaban los torniquetes podían seguir pagando el mismo precio, sus
padres, familiares y vecinos no. Se mezcló la rabia y la solidaridad. Miles

8
salieron a las calles, a través de todo el país. Sin partidos, pero solidarios
y con rabia.

Ya se sabe lo que vino. Marchas multitudinarias, movilizaciones


periódicas, violencia de los manifestantes y del Estado, decenas de
traumas oculares graves y dos personas cegadas por agentes del Estado,
violaciones a los derechos humanos.

Con lentitud, hasta podría decirse, con torpeza, reaccionó el


mundo político. Criticado, deslegitimado, distante, “cómplice” dirían no
pocos. De un gobierno con magras cifras de aprobación a una oposición
con cifras similares, pero además dividida, se ofreció un acuerdo político.
Uno sin la participación de las personas que estaban en las calles. No
obstante, pareciera que el logro más trascendente —¿sino el único?—
de las movilizaciones es que se llamó a un plebiscito por el cambio de
Constitución y el mecanismo para llevarlo adelante. Por primera vez en
la historia del país, la Constitución podía surgir de la ciudadanía y no de
un grupo de “expertos”.

Si bien, ese cambio político está lejos de ser la solución a las


diversas demandas de las personas que se movilizaron, parece el
comienzo de una salida. Uno que, guste o no, da cuenta del agotamiento
de un modelo de país. Algunos creen que ese modelo ha dado múltiples
frutos y por eso sería un gran error cambiarlo. Otros aceptan sus luces,
pero también sus sombras y plantean reformarlo. Otros, los más quizás,
asumen que eso frutos no cayeron lejos del árbol y que no llegaron a la
mayoría de los chilenos, son quienes quieren cambiarlo.

El país estaba ad portas de enfrentarse a esa discusión


constitucional cuando llegó la pandemia. Y, a la fecha, lo urgente
desplazó a lo importante. Seguimos en tensa espera de una vacuna o
del efecto rebaño. Mas, todo indica que las miles de personas que se
movilizaron siguen esperando por sus demandas.

En ese contexto, Cuadernos de Beauchef pretende contribuir


a la discusión de aspectos que nos parecen relevantes para el país
post 18 de octubre. Los ensayos aquí incluidos representan esfuerzos

9
descriptivos y explicativos acerca del fenómeno social que partió en ese
momento. Además, algunos de ellos esbozan proposiciones acerca del
modelo sociopolítico y económico que debiera reemplazar al neoliberal,
rechazado en ese momento.

En “El estallido chileno del 18 de octubre de 2019: punta del


iceberg de una revolución pendiente”, Gabriel Matthey Correa recalca
que “el estallido puso fin a ‘la transición’, no hacia la democracia —
todavía pendiente a nivel social y cultural—, sino hacia un país más
libre de los resabios dictatoriales y dogmas del neoliberalismo, aquellos
que quedaron incrustados en la Constitución de 1980”. En su análisis,
releva el rol que cabe a la juventud y a las nuevas tecnologías, y que,
aunque ya no es posible seguir creyendo que el neoliberalismo sea la
panacea, tampoco debemos creer que el estatismo resolverá todos los
problemas: debemos reconocer y asumir nuestras propias debilidades,
entre las cuales el egoísmo, la ambición y soberbia humana se burlan de
las propias “leyes del mercado”. En su concepción, hoy la vida humana
depende de al menos cinco dimensiones que nos influyen cotidiana y
políticamente: la naturaleza, la sociedad, la tecnología, el mercado y el
Estado. Todo esto, articulado sistémicamente, da lugar a un “modelo (o
paradigma)” en el que la vida debiera ser el centro.

Tomás de Rementería Venegas, en “Simbolismo, legitimidad


y protesta constitucional”, interpreta los recientes hechos en Chile
como expresión del derecho a la protesta y de resistencia a la opresión.
A su juicio, este es el vehículo que poseen las personas y los grupos
de personas para resistir a la opresión generada por una Constitución
ilegítima, y constituye la fase previa indispensable de la formación de
un consenso para una nueva Constitución. Propone adentrarse en tres
términos claves para comprender el origen y desarrollo de los textos
constitucionales: la “legitimidad”, el “simbolismo” y la “protesta”, ligados
a la Constitución. La protesta social ha establecido la idea de un “nuevo
Chile”, que se construye a través de un texto constitucional establecido
en democracia y con la participación organizada de ese mismo
movimiento de manifestación social. El resultado de este plebiscito
confirmará o desmentirá nuestra idea de que en Chile estamos en un

10
momento constituyente. Todo parece indicar que se confirmará el deseo
social de los chilenos de dotarse de un nuevo texto constitucional que
signifique, por fin, su autodeterminación como pueblo y como sociedad.

Andrés Weil, en su texto “Democracia en la era electrónica.


Pensar el Estado como un sistema vivo”, invita a “repensar Chile desde
su propósito como sistema, a rediseñar el Estado de forma que la gran
mayoría se sienta identificada con su ‘arquitectura’”. Porque, a su juicio,
“solo así será posible sentar las bases de una comunidad unida, que nos
permita abordar con éxito los desafíos del mundo contemporáneo. La
tarea es pensar el Estado como un sistema vivo, con cuerpo y alma, en
vez de concebirlo, nuevamente, como una máquina para controlarnos”.
“Nuestra democracia es una máquina controlada por la elite del país
que, en pos de sus intereses, ha dificultado a la mayoría cumplir su
propósito existencial”. El modelo mecánico ha quedado obsoleto: urge
integrarnos con el modo instantáneo de las tecnologías eléctricas.
Adoptar esta perspectiva nos pone en camino de una vida más plena. El
ensayo concluye con proyecciones y proposiciones específicas para una
comunidad y un Estado pensados desde lo vivo.

“Filosofía y estallido social. Sergio Rojas, o el devenir de la


filosofía en tanto performance”, es el título del ensayo de Héctor Ponce
de la Fuente. Su propósito es ilustrar, a partir de las performances de
este artista y filósofo, el sentido más profundo de la manifestación
ciudadana expresada en las protestas iniciadas en octubre de 2019. De
acuerdo con su análisis: “Así como la performance, las manifestaciones
sociales se desarrollan en presencia de públicos y para públicos a
quienes se intenta influir en más de un sentido (en principio, para
darse a conocer; pero luego, para convencer). Estos públicos, diversos
en su conformación, tienden a configurar un sistema organizado de
instituciones, procedimientos y actores, siendo su característica más
evidente la de funcionar como un espacio de ‘apelación’, tanto en el
reclamo de una respuesta a un problema como en el sentido judicial de
recurso”. Y, finalmente, citando el mismo Ponce a Sergio Rojas: “Chile
no despertó, más bien el país comenzó a explotar. ‘Malestar’ es el
término que desde más de diez años viene circulando para nombrar lo

11
que sucede, una especie de dolor psíquico que se ‘acumula’, acaso una
forma de energía incluso física hasta hace poco desconocida”.

Ninoska Ximena Leiva Cortes, en su contribución “El impacto


sociopolítico del estudio de perdigones de la Universidad de Chile”,
analiza el quiebre que, en términos político-sociales, produce el informe
realizado por el Departamento de Ingeniería Mecánica (DIMEC) de la
Universidad de Chile, a solicitud del Hospital del Salvador. Éste revela
que el material de los proyectiles lanzados por Carabineros contra los
manifestantes, desde el 18 de octubre, está compuesto mayoritariamente
por minerales y metales de alta dureza, y no solamente por goma, como
insistía la policía uniformada. Tal información, negada sistemáticamente
por las autoridades, provocó un quiebre porque, a pesar de que ya
existían muchas dudas sobre las municiones que se estaban utilizando
para dispersar las manifestaciones y que era vox populi su composición,
que la Universidad de Chile ratificara su composición dañina, mediante
un estudio científico, marcaba un hito, “demostrando una vez más que
la investigación universitaria puede transformarse en un instrumento
de equidad, estando al servicio de sus ciudadanos, respondiendo a la
sociedad con conocimiento y participando como un actor directo en su
desarrollo”.

En el último de los ensayos de este volumen, integrantes del


Programa de Estudios Comunitarios Latinoamericanos de la Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad de Chile ofrecen “El desborde de una
comunidad oprimida”, un análisis e interpretación del estallido social,
destacando que, más que una reacción puntual por hechos específicos,
el estallido del 18 de octubre y los hechos subsiguientes representan
un rebelión contra el sistema neoliberal que instaló en Chile una nueva
forma de esclavitud. “Si bien en la sociedad actual hay derechos vigentes,
que respetan la vida y la libertad de las personas que la constituyen, el
análisis de la estructura de trabajo y remuneraciones muestra que se ha
estructurado una sociedad que esboza un tipo de esclavitud moderna, la
cual está en curso de formación y de perfeccionamiento”. Distinguen el
estallido, propiamente tal, del conjunto de iniciativas generadas una vez
se fueron incorporando otras organizaciones y la ciudadanía cansada: un

12
proceso de “revuelta popular”, que debiera conducir a transformaciones
profundas en el sistema político y económico, mediante un proceso
constituyente.

Para concluir el volumen 3, la sección “clásicos” incluye esta


vez el ensayo de Albert Einstein “¿Por qué socialismo?”, publicado por
primera vez en Monthly Review, Nueva York, en mayo de 1949, el cual,
a pesar de los años y diferencias de contexto, propone la contraposición
entre dos formas de ver la sociedad y la política: una visión de conjunto
y solidaria, y otra de un individualismo radical, contraposición que se
ha dejado ver en las movilizaciones del país. Por otro lado, para una
publicación como Cuadernos, no deja de ser relevante el texto, no solo
por la importancia del autor en sí, sino por la posibilidad de conocer,
desde su misma pluma, la opinión de un destacado científico sobre lo
social, un espacio inseparable de la actividad investigativa.

Esperamos que esta colección de textos invite a la reflexión y


discusión. Como comunidad de personas y como organización política,
enfrentamos hoy importantes desafíos. El debate libre e informado
debiera guiarnos en la deliberación y en las decisiones que adoptemos.

Comité editorial

13
Ciencia, Tecnología y Cultura

El estallido chileno del 18 de octubre de 2019:


punta del iceberg de una revolución pendiente

Gabriel Matthey Correa1

Perspectivas generales del fenómeno

Tal como ocurre con los grandes terremotos, el 18 de octubre


de 2019 (18-O) significó un antes y un después en la historia de Chile.
No fueron placas tectónicas las que se desplazaron, sino capas sociales
y culturales del Chile profundo. Tensiones acumuladas durante décadas
—incluso siglos—, sorpresivamente generaron un violento estallido,
dejando al país perplejo, intimidado, sin saber cómo reaccionar ni hacia
dónde ir. Hubo fuego, humo, piedras y movimiento, cual una erupción
volcánica.

Valga aclarar, sin embargo, que el fenómeno no fue ni es


solo social —como sesgadamente lo calificó la prensa—, sino además
sociocultural, entrecruzado con lo político, económico y tecnológico,
unido a crisis ideológicas e institucionales. Se trata, por tanto, de un
fenómeno multifactorial, complejo, de varias dimensiones y lecturas;
una revolución necesaria, sin duda, aunque en un formato diferente.
Así, no se debió al alza de 30 pesos del metro de Santiago, ni tampoco

1
Compositor e ingeniero civil, magíster en Gestión Cultural, profesor de la Universidad de Chile.

15
Cuadernos de Beauchef

a los 30 años de gobiernos posdictadura, sino a problemas mayores


—de fondo, estructurales—, que involucran al país completo, a nivel
sistémico e histórico. Y, como toda revolución pendiente, implica una
situación difícil, confusa e incierta, que requiere de cambios y soluciones
profundas, no solo para resolver las demandas actuales, sino además
la ecuación pasado-presente-futuro, aquella que da cuenta del ethos
chileno, de nuestro origen y destino.

En cuanto a hitos históricos, el estallido bien se puede relacionar


con el golpe cívico-militar del 11 de septiembre de 1973, que dio lugar a
una larga dictadura de 16 años y medio (no de 17, como suele decirse).
Hay vasos comunicantes que unen ambos fenómenos, incluso como un
efecto búmeran, definiendo así un gran ciclo político-histórico que puede
ser trascendente para el país. Como conclusión inmediata, queda claro
que “se siembra lo que se cosecha”; asimismo, que el estallido puso fin a
“la transición” no hacia la democracia —todavía pendiente a nivel social
y cultural—, sino hacia un país más libre de los resabios dictatoriales
y dogmas del neoliberalismo, aquellos que quedaron incrustados en la
Constitución de 1980.

Perspectivas del fenómeno según “Chile en modo antiguo”

Referirse al fenómeno en “modo antiguo” es, por cierto,


considerar la perspectiva histórica de cómo algunos hitos dejaron huellas
y secuelas que, de una u otra manera, se heredaron y lograron influir
hasta nuestros días. Ni la vida natural ni la vida humana son lineales, pero
existe una memoria implacable que, a través del inconsciente colectivo y
diferentes soportes de registro, permiten transmitir las experiencias de
generación en generación.

Según esta perspectiva, el estallido sociocultural no fue un


fenómeno que surgió espontáneamente, sino que fue consecuencia
de un proceso mayor, con años de preparación. Así como las placas
tectónicas van acumulando energía hasta generar un terremoto, las
capas socioculturales lo van haciendo históricamente. En este sentido,

16
El estallido chileno del 18 de octubre de 2019

según se decía, el fenómeno del estallido tiene relación directa con


el golpe cívico-militar de 1973, cubriendo un ciclo de 46 años entre
ambos hitos. Esto implica antecedentes que van más allá de los últimos
30 años, antes de que Chile recuperara su “sistema democrático” para
gobernar. De hecho, ya a mitad de la década de 1970 se había instalado
el modelo neoliberal, transformándose en “la ideología chilena”. Fue
importado desde la Universidad de Chicago, [Link]., a través de un grupo
de economistas chilenos conocidos como “los Chicago Boys”, liderados
por Milton Friedman. Posteriormente vino la Constitución de 1980,
carta fundamental creada por la Comisión Ortúzar, con la participación
de Jaime Guzmán Errázuriz, principal autor intelectual de la misma.
Dicha Constitución —inspirada en la propia dictadura y en el modelo
neoliberal— se impuso antidemocráticamente mediante un plebiscito
fraudulento realizado el mismo año 1980 (Moulian, 1997). Unido a ello,
las malas prácticas significaron la destrucción de la “democracia chilena”,
incluidos los atentados en contra de los derechos humanos y crímenes
de lesa humanidad. Así se fueron sumando abusos y violencia, capas de
conflictos no resueltos que iban acumulando tensión social.

Si se sigue explorando hacia atrás, la complejidad del tejido


histórico es creciente: “Todos querían la revolución” (Fontaine, 1999).
Baste recordar los tres años del gobierno de Salvador Allende y la “vía
chilena al socialismo”, que también dejaron profundas huellas, causas
directas que gatillaron el golpe de Estado. En el ámbito internacional, el
mundo entero estaba condicionado por los intereses de la Guerra Fría,
cuando [Link]. y la URSS se peleaban el poder y control del planeta. En
ese contexto, [Link]. intervino en el gobierno de Allende para impedir su
desarrollo y una mayor influencia en la región.

Asimismo ocurrió con la “reforma agraria” durante el gobierno


de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), también con el apoyo de
[Link]. en el marco de la Guerra Fría, que intervino los campos
chilenos, expropiando tierras a los hacendados y redistribuyéndolas a
los campesinos; sin embargo, por falta de preparación técnica a estos
últimos, el proyecto “fracasó”. Así y todo, “la reforma” significó un
profundo impacto político y cultural, toda vez que cambió el paradigma

17
Cuadernos de Beauchef

histórico y tradicional del “patrón de fundo”, época en que el poder


político, social y económico se asociaba a la posesión de tierras, poder
que se proyectaba simbólicamente hacia las ciudades y, en definitiva,
hacia el dominio y control del país.

De esta manera, un breve recorrido histórico permite descubrir hitos y


hebras de un tejido mayor, que da cuenta de un proceso complejo que,
en su momento, se manifestó mediante diferentes proyectos y acciones
políticas, en busca de un país más justo, con un mejor bienestar. Sin
embargo, los procesos una y otra vez fueron interrumpidos, tanto por
los intereses internos de las elites y poderes fácticos, como por las
complicidades de intereses internacionales, en especial de [Link]. Cada
interrupción significó, obviamente, promesas incumplidas e ilusiones
abortadas.

No obstante, yendo aún más al fondo, a nivel estructural, es necesario


hacer un análisis directamente a partir de la fuente, toda vez que en
Chile hay componentes culturales que no han cambiado desde los
albores de la colonia. Tal como ocurre con las ciencias, en la historia las
“condiciones iniciales” son relevantes, aunque no determinísticas, pues
los fenómenos humanos son bastante más complejos e impredecibles
que los fenómenos naturales. Los sistemas sociales son abiertos y,
por ello, siempre surgen nuevos factores y circunstancias que influyen
y modifican la trayectoria histórica. Hecha la advertencia, resulta
esclarecedor apelar a las “condiciones iniciales” que forjaron a Chile,
en cuya “matriz cultural” se puede visualizar —metafóricamente— el
“material genético” y “ADN” de nuestra idiosincrasia y ethos fundacional.

2Matriz publicada en la Revista MGC N°14-2019, edición semestral del Magíster en Gestión
2

Cultural, Facultad de Artes, Universidad de Chile

18
El estallido chileno del 18 de octubre de 2019

MATRIZ CULTURAL DE CHILE2


Material genético, a partir de nuestros sustratos coloniales

1. Genes principales de nuestra matriz


(“ADN” o material genético, base constitutiva de la cultura chilena tradicional)

1.1 Genes de la vida hegemónica-comercial


Base generatriz Material “genético”
a) Las guerras……….………….…… “gen guerrero”
b) El colonialismo……….………… “gen colonial”
c) El autoritarismo………………… “gen autoritario”
d) El comercio…….……….………… “gen comercial”

1.2 Genes de la vida sociocultural

Base generatriz Material “genético”


e) La religión católica..……………... “gen católico”
f) La familia……………………........... “gen familiar”
g) El racismo y clasismo……………. “gen discriminatorio”
h) La mezcla forzada (violaciones).. “gen machista”

2. Ejes principales (sustratos) de la cultura chilena tradicional, derivados de los


genes constitutivos, hoy en crisis y/o en proceso de cambios
2.1 Ejes conductores de nuestra cultura tradicional explícita

a) La política
b) El comercio
c) La familia
d) El catolicismo
2.2 Ejes conductores de nuestra cultura tradicional implícita
e) El autoritarismo
f) El (neo)colonialismo
g) El militarismo
h) La discriminación y las apariencias (en diferentes ámbitos)
i) El machismo manifiesto y el matriarcado oculto
j) El doble origen y dualismo cultural no asumidos (el mestizaje como base)

Elaboración propia, según investigación realizada durante el periodo 1987-1997.

19
Cuadernos de Beauchef

Por de pronto, la matriz se reivindicó durante la dictadura cívico-


militar, cuya filosofía significó un gran giro hacia atrás en busca de las
tradiciones y componentes fundacionales de la “nación-Chile”, tomando
como referentes a íconos como Bernardo O’Higgins y Diego Portales.
No obstante, con ello se llegó bastante más lejos, pues se estableció
una conexión directa con la colonia. El propio Augusto Pinochet U. fue
producto de la cultura chilena tradicional, “patrón de fundo” —como
algunos le decían—, a partir de la confluencia de dos ejes implícitos de la
matriz (punto 2.2): “el autoritarismo” + “el militarismo”. A ello se sumó,
como parte de su ideología: “el comercio”, “la familia” y “el catolicismo”
(punto 2.1), que tuvieron especial presencia en la dictadura.

Posteriormente, durante la década de 1990 —a pesar de las


apariencias de “modernidad”— la cultura chilena se mantuvo estancada
y vinculada a la matriz, al menos hasta fines del siglo pasado. Esto
demostró, una vez más, la gran resistencia a los cambios socioculturales
—de mentalidad— que tiene Chile, en especial debido a los intereses
y el control que ejercen las elites y los poderes fácticos, de suyo
conservadores. En pleno siglo XXI, sin embargo, a consecuencia de la
“revolución digital”, algunos ejes o vectores de la matriz entraron en
serios conflictos y contradicciones, lo cual actualmente está significando
profundas mutaciones culturales. Vectores como “la política”, “la
familia” y “el catolicismo” se encuentran en franca crisis. “El militarismo”
también, pues conceptos como “frontera”, “patria” y “nación”, en el siglo
XXI han ido perdiendo fuerza, especialmente en las nuevas generaciones.
El vector “comercio”, en cambio, durante las últimas décadas resultó
fortalecido, producto del sistema neoliberal que impuso la “economía
de mercado” —nunca social— como centro de nuestra vida, dando
lugar a una “cultura mercocrática”3. Por algo “los Mall” se transformaron
en los nuevos templos: los templos del consumo (Moulian, 1998).

Con todo, las crisis institucionales —en especial en la política,


la familia y el catolicismo— dejaron a “Chile en modo antiguo”, sin

3
Cultura mercocrática o “mercocracia”, neologismo que da cuenta de aquellas sociedades
cuya vida gira en torno al mercado, asumido este como el principal ámbito y sentido de la
existencia humana.

20
El estallido chileno del 18 de octubre de 2019

referentes valóricos ni éticos, además de una ausencia total de líderes.


Esto también vale para “el militarismo” que, dentro de su propio ámbito
doctrinario, fue perdiendo liderazgo y credibilidad.

Junto a lo anterior, no por casualidad los seis ejes implícitos de


la matriz (punto 2.2) actualmente son protagonistas importantes del
fenómeno. “El autoritarismo”, por cierto, pues todavía hoy se practica
la verticalidad del poder en los gobiernos de turno, las empresas,
universidades e instituciones en general, incluidos los propios hogares.
Es más, puesto que en Chile predomina el “adultocentrismo”, aquel
que ningunea a la juventud sin asumir que los jóvenes son hijos
—consecuencia directa— de los propios adultos.

Dentro de esta misma lógica, igualmente está presente


“el machismo manifiesto y el matriarcado oculto”, eje asociado al
autoritarismo y abuso de los hombres adultos, práctica obsoleta que
hastió a las mujeres. Por otra parte, “el (neo)colonialismo” ha estado
siempre presente, pues Chile nunca llegó a independizarse realmente,
ni siquiera en el periodo 1810-1814. Históricamente, nuestro país, en
la práctica, solo ha cambiado de dependencia. Por de pronto, según
se decía, a partir de la década de 1970 fuimos neocolonizados por
[Link]. a través de los Chicagos Boys y el neoliberalismo, lo cual incluso
se reforzó debido al apogeo de la religión mormona4. Todo esto causó
una gran crisis de identidad, que llevó a Chile a confundir nuevamente
su ethos, el cual fue sustituido por la “mercocracia” y el consumismo,
transformándonos en un “país de fantasía”: un “país de las cosas” (Lavín,
1987)5. La obsesión llegó a tal punto que algunos sectores promovieron
a Chile como el “sueño sudamericano” o “los [Link]. de Sudamérica”6.

4
Si bien los mormones llegaron a Chile en 1956, su principal apogeo fue durante el periodo
1975-2000. Véase [Link]
chile
5
Joaquín Lavín, uno de los líderes del sistema, publicó su libro: Chile Revolución Silenciosa, fiel
reflejo del “país de las cosas”.
6
La clásica obsesión por querer ser “los ingleses de América”, al parecer quedó superada en
1998, presumiblemente debido a la detención de Aungusto Pinochet en Londres.

21
Cuadernos de Beauchef

Finalmente, el eje de “la discriminación y las apariencias”


también ha sido un vector vigente hasta nuestros días, principalmente
porque en Chile no existe “movilidad social”. De hecho, las injusticias
sociales, la discriminación y el mal trato han sido una constante no
solo en las últimas décadas, sino desde los inicios de la colonia. El
individualismo actual, la competencia y el exitismo llegaron a un nivel
tal que, simplemente, el otro no existe. La conciencia social y solidaridad
se perdieron completamente. Las apariencias —incluyendo el apellido,
el barrio de residencia, el color de la piel, la forma de hablar, el lugar
de estudios, etc.— hasta hoy son causas de discriminación. Por cierto
que esto se ha reforzado en las últimas décadas, debido a las nuevas
migraciones. Y con mayor razón en relación con el último vector de la
matriz, “el doble origen y dualismo cultural no asumido” —incluido el
mestizaje—, que en Chile jamás se ha reconocido oficialmente. Más
todavía en el caso del conflicto chileno-mapuche, pues, a pesar de estar
cercanos a cumplir 500 años de la conquista española, “la guerra de
Arauco” aún continúa.

Todo lo anterior se resume en malestar, rabia, tensión y


desesperanza acumulada, unido a una desconfianza generalizada en las
instituciones y autoridades. Esto motivó especialmente a la juventud,
que reaccionó en contra de un Chile “en modo antiguo”, anacrónico,
todavía vigente. En parte esto explica que jóvenes —incluidos menores
de edad— se hayan movilizado y, finalmente, hayan generado el estallido.

Perspectivas del fenómeno según “Chile en modo actual”

Las perspectivas del fenómeno “en modo actual” sin duda han
predominado entre analistas, periodistas e intelectuales (Peña, 2020),
incluyendo a políticos y al propio gobierno de turno. Sin embargo, han
sido visiones cortoplacistas, focalizadas solo en “la punta del iceberg”.
Se ha reconocido ciertos errores de los últimos 30 años, pero igual se ha
justificado “el éxito” y resultados macroeconómicos. No se ha entendido
el problema de fondo, estructural —histórico, social y cultural—, pues los
análisis se han hecho principalmente según perspectivas economicistas.

22
El estallido chileno del 18 de octubre de 2019

Salvo contadas excepciones, las otras dimensiones han sido ignoradas,


con mayor razón el Chile profundo.

En rigor, entonces, el fenómeno “en modo actual” debiera


considerarse al menos desde la Constitución de 1980, cubriendo 40
años en total. Ello porque fue a partir de ese momento cuando en Chile
se impuso oficialmente un sistema basado en el modelo neoliberal y en
los principios de la dictadura que, sin desconocer las reformas realizadas
posteriormente, marcó un sello que ha predominado hasta nuestros
días. Desde esa época se crearon condiciones de vida que influyeron
profundamente en nuestra forma de relacionarnos, convivir y “ser”
como país. No por casualidad la redacción de la Carta Magna se amparó
en el concepto de “democracia protegida”, siendo Jaime Guzmán uno de
sus principales inspiradores7. Todo esto —incluida la falta de libertad de
pensamiento y expresión— bloqueó y condicionó a la sociedad y cultura
chilenas desde 1980 hasta la fecha, situación que se constituyó en un
caldo de cultivo para el estallido.

Asumido ello, se comprende sin embargo que el análisis del


fenómeno se haya hecho solo a partir de 1990, pues fue desde ese año
que se abrieron las esperanzas de cambios para Chile. Fue desde entonces
cuando se dio por sentado que serían los políticos chilenos quienes
asumirían la responsabilidad de mutar hacia un país genuinamente
democrático. De hecho, desde 1990 gobernó la “Concertación de
Partidos por la Democracia”, y 20 años después se agregó la centro-
derecha, todos gobiernos que buscaron ansiosamente protagonizar el
fin de “la transición a la democracia”; no obstante, reconociendo ciertos
avances, ninguno lo logró. Tampoco se cumplió con la promesa de la
“alegría ya viene”, que inspiró al “triunfo del No” en el plebiscito de
1988. En realidad, fueron 30 años de una “democracia representativa”
—a medias—, que mantuvo al país anestesiado, domesticado por la
fantasía, las cosas y el consumismo.

7
Corvalán, A. (13-11-2019). Cómo la despolitización y marginación, promovida por la Cons-
titución del 80, hoy nos pasa la cuenta. Ciper Académico. Recuperado de [Link]
cl/2019/11/13/como-la-despolitizacion-y-marginacion-promovida-por-la-constitucion-del-
80-hoy-nos-pasa-la-cuenta/

23
Cuadernos de Beauchef

En dicho contexto, en la década de 1990 el “modelo chileno”


hacía “milagros económicos”, con tasas de crecimiento macroeconómico
que superaban el 7%. El neoliberalismo se imponía y validaba como tal
debido a sus “buenos resultados” y a su “política del chorreo”8. Ello
unido a campañas comunicacionales y a una sociedad obnubilada por
el exitismo del momento, sin contrapesos. Los impactos del marketing
político y económico fueron en exceso invasivos. La alegría que no
llegó se sustituyó por castillos construidos sobre arena, sin roca firme,
todo alimentado por la superficialidad y la farándula. Más importaba la
fachada del envase que lo que había adentro; más importaba las formas
que los contenidos9; el orden y éxito del Chile aparente en desmedro de
ese “otro Chile”, aquel oculto e invisibilizado.

Asumiéndolo así, en la década de 1990 el neoliberalismo


efectivamente significó una verdadera explosión de crecimiento
macroeconómico, incluyendo la apertura y expansión al comercio
internacional a través de los tratados de libre comercio, TLC. Fue
entonces que se instaló, en pleno, la lógica de la “economía de
mercado”, en la que se fomentaba la libre competencia, el consumismo
y el exitismo, causando mutaciones de fondo en nuestra sociedad que
facilitaron la introducción del individualismo. Esto caló profundo en
nuestra idiosincrasia, en la vida comunitaria y solidaria propia de nuestro
ethos original. Tanto en Chile como en Latinoamérica, históricamente
había predominado el “yo colectivo” —asociado al rito, la oralidad y los
espacios de encuentro— por sobre el “yo individual” —asociado al logos,
la escritura y los espacios de abstracción— (Morandé, 1987). Como
contrapartida, la sensibilidad y prácticas comunitarias fueron sustituidas
por la euforia de los espectáculos masivos (fútbol, Festival de Viña, rock,
etc.), en los cuales las “sociedades de personas” pasaron a ser “masas
de consumo”. Esto significó un cambio estructural —existencial— que
atentó contra la quintaesencia de nuestra cultura, la cual, en definitiva,
se traicionó a sí misma. El individualismo, fragmentación y sometimiento

8
Aquella que se basa en la distribución de la riqueza material en función de los excedentes
económicos que, supuestamente, se derramaban hacia las bases sociales.
9
No por casualidad, en ese tiempo existieron revistas como Cosas y Caras.

24
El estallido chileno del 18 de octubre de 2019

social que causó el neoliberalismo son las principales razones que


explican, “en modo actual”, el estallido sociocultural del 18-O.

Efectivamente, con la “economía de mercado” la vida chilena se


redujo a una “cultura del tener”, asociada a una mercocracia fundada en
el individualismo y la competencia, en la que el sentido del otro no cuenta.
En ese contexto, algunas personas llegaron a considerar al sistema como
una “dictadura del mercado” o “dictadura del consumo”. “El consumo
me consume”, decía Tomás Moulian (1998). Consecuentemente, ya no
correspondía hablar de personas sino de consumidores. La educación
se redujo a instrucción, regulada como un negocio más del mercado, en
la que solo importaba capacitar a eficientes productores-consumidores
—“prosumidores”—, en calidad de meros operadores del sistema. Los
sujetos se redujeron a objetos; las dimensiones humanas y sociales se
olvidaron. En Chile se generó una crisis de valores y referentes éticos,
lo cual dio lugar a un “vaciamiento valórico”, carencia que marcó a
generaciones completas. Frente a ello, René Descartes probablemente
habría dicho: “produzco, consumo, luego existo”. Fue la época en que
Francis Fukuyama (1992) habló del fin de la historia, del fin de las
ideologías, a propósito de la post Guerra Fría, a cambio de un mundo
basado en la “democracia liberal”. En el fondo, era la ideología que
[Link]. quería imponer en el mundo10.

En ese contexto, la sociedad chilena —tal cual— se redujo a


la susodicha “mercocracia”, al país de las cosas y fantasías: a tener y
consumir, competir, ser eficiente y exitoso. Hasta nuestro lenguaje y
mentalidad se expresaron según los códigos del mercado. Todavía hoy,
el desarrollo y supuesto éxito del “modelo chileno” se sigue pensando
y midiendo sobre la base de patrones macroeconómicos, en función de
“datos duros”, valores promedios, gruesos, como el Producto Interno
Bruto (PIB), el ingreso per cápita o el índice de reducción de la pobreza,
en los cuales las personas desaparecen. Es cierto que entre 1990 y la

10
De hecho, George W. Bush intentó convertirse en el “gran dictador” del planeta, lo cual le
duró hasta la crisis financiera internacional de 2008 que, unida al “atentado a las Torres Geme-
las”, fueron dos hitos que marcaron el inicio de la caída del imperio estadounidense.

25
Cuadernos de Beauchef

actualidad la pobreza material bajó desde un 40 a menos de un 10%, pero


¿qué pasó con nuestra humanidad? Por de pronto, las formas de vivir, de
relacionarse y convivir entre las personas no mejoraron y, todavía hoy,
nuestra realidad humana da cuenta de un país subdesarrollado, injusto,
sin movilidad social ni valores relacionales. Incluso la propia distribución
de la riqueza material se mantuvo concentrada en unas pocas familias,
demostrando que la “técnica del chorreo” no funciona (es inmoral).
Nuestro coeficiente de Gini así lo indica, cuyo valor —por lo menos hasta
el año 2010— vergonzosamente se mantuvo por sobre el 50%, siendo
Chile uno de los peores países del mundo en este sentido, mostrando
cierta mejoría solo en los últimos años11.

En el fondo, el tema de la pobreza en Chile, en su sentido


amplio e integral, sigue pendiente. Las “macrocifras” son engañosas,
pues solo dan cuenta de ciertos efectos pero no de sus causas; no de
aquellos factores tan relevantes —basales— como el acervo cultural,
la configuración familiar, las redes sociales y las condiciones iniciales
de vida y educación. Aquí hay que enfatizar que “la instrucción” no es
un buen sustituto: no es una opción que permita formar personas a
cambio de producir meros operadores del sistema. En otras palabras,
en el “Chile en modo actual” no se ha considerado qué tipo de vida es la
que queremos construir, en tanto está claro que las dimensiones social,
humana y valórica, al menos hasta antes del 18-O, fueron completamente
ignoradas. ¿Qué se saca con reducir cierto tipo de pobreza material si
a cambio se ofrecen guetos verticales, viviendas y barrios antisociales,
cités y hacinamientos humanos, sin áreas verdes ni urbanización, caldo
de cultivo para la violencia y la drogadicción? Solo se consigue mejorar
las estadísticas y engañar al país —incluida la percepción internacional—
a cambio de aumentar nuestra “pobreza de humanidad”.

Con todo, efectivamente en las últimas décadas nuestro país


—“en modo actual”— se construyó sobre arena, desde las cúpulas de

11
Ver de Urzúa, S. (mayo 2018). La batalla contra la desigualdad en Chile. Serie Informe So-
cial. Santiago de Chile: Libertad y Desarrollo. Recuperado de [Link]
uploads/2018/06/[Link]

26
El estallido chileno del 18 de octubre de 2019

poder; se fundó sobre la base de una contradicción vital: por un lado


se desarrolló materialmente, pero, por otro, se subdesarrolló humana,
social y espiritualmente; por un lado buscó una modernidad de fachada,
pero, por otro, se mantuvo en una suerte de premodernidad. Producto de
ello el país quedó dividido por un muro invisible —el “muro chileno”—,
que dio lugar a dos Chiles paralelos que hasta hoy coexisten en el mismo
territorio: uno de fantasía, distraído en las cosas, la “cultura del tener” y la
mercocracia; otro, propio de la “cultura del chorreo”, marginal, atrapado
por el abandono, el maltrato, las injusticias y el malestar; esclavizado por
las deudas acumuladas, las humillaciones, resentimientos y rabias. No
obstante, más allá del “muro”, el país completo sufrió de un “vaciamiento
valórico”, como se decía, quedando sin argumentos para sostener una
convivencia pacífica; sin fundamentos para definir un proyecto colectivo
de país: un ethos que justifique y motive nuestra existencia.

Los protagonistas del estallido, según “Chile en modo actual”

Entrando ahora en el foco mismo del estallido social, lo


que más llama la atención, sin duda, es que haya sido protagonizado
principalmente por jóvenes. De hecho, se gatilló como una “revolución
de la juventud”, cuyo proceso, aún pendiente, continúa hasta hoy día.
¿Y por qué la juventud? La respuesta la dieron los mismos jóvenes: “no
tenemos miedo”.

Esto caló profundo, en tanto el motor del neoliberalismo es


precisamente “el miedo”, que sirve de control social y regulador de
mercado12. Sin embargo, en esto no hay que olvidar el “otro miedo”,
aquel que dejó bloqueadas a generaciones completas por el trauma y
proyecciones de la dictadura. Muchas personas quedaron políticamente
inhibidas o bloqueadas para actuar en forma efectiva, lo cual hoy, en
parte, explica la falta de liderazgos e incapacidad para, en 30 o 40 años,
no haber logrado los cambios necesarios. Al contrario, no pocos se

12
Esto, en parte, explica que “la seguridad” actualmente sea tan buen negocio.

27
Cuadernos de Beauchef

vendieron al sistema, cayendo en la corrupción, mezclando política y


dinero, traspasándole mayor poder a la economía y, consecuentemente,
a las grandes empresas nacionales y transnacionales, siempre en
complicidad con las elites y poderes fácticos. Esto, sumado a las crisis
institucionales —además de la crisis ambiental—, explica la pérdida de
autoridad del mundo adulto y, con ello, la pérdida de poder, confianza y
credibilidad ante la juventud y la opinión pública.

Ahora bien, tratando de comprender mejor la situación, hay


que reconocer que el panorama general del país ya hacía tiempo venía
adverso. De partida, en la década de 1990 las primeras generaciones
juveniles eran hijos de la dictadura o hijos de padres que, de una u otra
forma, habían sido afectados por la dictadura. Era una época “a-política”,
en la que ya todo se hacía acorde a las leyes del mercado, sin fundamentos
humanos que dieran sentido a lo que se estaba construyendo. El debate
casi no existía, salvo en la propia clase política que, poco a poco, se fue
envolviendo en una burbuja, olvidándose de la sociedad chilena. El rumbo
a seguir, por lo tanto, lo marcaba en la práctica la Constitución de 1980.
La sociedad adulta, hipnotizada, terminó siendo víctima del consumismo
y de la “cultura del tener”, dentro de una dinámica competitiva en que
solo valía tener más que el/la otro/a. Como espejo de [Link]., el tiempo
chileno se transformó en capital económico (time is money). Y, frente a
tal potencial de “oportunidades”, los padres desatendieron sus hogares,
olvidando el acompañamiento y educación de sus hijos, delegándolo
todo a los jardines infantiles, escuelas, liceos y colegios, internet y/o
redes digitales (mal llamadas sociales). Consecuentemente, hijas e hijos
fueron víctimas de la soledad y falta de afecto, perdiendo el soporte
emocional y valórico que todo ser humano requiere para su formación.
Así, en Chile se dejó de educar y se optó por instruir. Se dejó de formar
personas con conciencia social y política, ciudadana y/o rural, a cambio
de entes productores-consumidores, eficientes operadores del sistema.
La juventud fue “ninguneada”, quedando abandonada y desamparada,
sin luces en el horizonte.

Sin embargo, un país que ignora su ethos y no sabe escuchar


a su juventud; que no ofrece un proyecto colectivo para motivar y

28
El estallido chileno del 18 de octubre de 2019

entusiasmar a las nuevas generaciones; que no ofrece un buen sistema


de educación y salud, ni alternativas laborales atractivas y dignas
—menos jubilaciones justas—, es un país sin futuro e, inevitablemente,
genera condiciones adversas que estimulan a la juventud a reaccionar
en contra, en defensa propia, sin miedo y nada que perder. Así, por lo
tanto, frente a un mundo adulto desautorizado y deslegitimado, nuestra
juventud no tuvo otra opción que iniciar su revolución. Tal como lo dice
el lema del escudo nacional —“por la razón o la fuerza”—, si los cambios
no se lograron por la razón, pacíficamente, había que hacerlos por la
fuerza.

Pero, dentro de esta misma lógica, el estallido ya tenía una serie


de antecedentes que lo fueron preparando, incluso internacionales.
Recuérdese “La primavera árabe” (2010-2012) y todo lo que vendría
después, aunque en Chile los estudiantes ya habían realizado
movilizaciones pacíficas, como la “revolución de los pingüinos” (2006)
y su correspondiente réplica (2011). Y esto tampoco se detuvo allí, en
tanto posteriormente continuaron las manifestaciones, preparando las
condiciones para lo que ocurriría a partir del 18 de octubre de 2019.
En especial, aquellas protestas en el simbólico Instituto Nacional —en
pleno centro de Santiago—, ya en modo “estallido social”, casi como
pequeños ensayos generales para gatillar la revolución.

Yendo incluso más atrás, en la misma década de 1990 la


juventud chilena también se había manifestado pacíficamente, cuando
decía “no estar ni ahí” con nada ni nadie. Los jóvenes ya desconfiaban
del sistema; sabían o intuían que sería muy difícil lograr los cambios de
fondo. La falta de democracia y participación, la carencia de ideales,
líderes y referentes —incluida la corrupción—, impedían ver un futuro
claro. La democracia y alegría que entonces no llegaron generaron
profundas frustraciones en gran parte de nuestra sociedad, en especial
en una juventud que se sentía huérfana, ignorada y abandonada. Fue
entonces cuando los jóvenes optaron por buscar su propio camino: unos
grupos se refugiaron en las tribus urbanas, otros en el fútbol y/o en las

29
Cuadernos de Beauchef

barras bravas, otros en el alcohol y/o las drogas; una parte quedó como
“nini”13, aunque la mayoría se refugió en internet y en las redes digitales.
No por casualidad en esta última década Chile llegó a tener la mayor tasa
de suicidio adolescente en Latinoamérica14. Claramente, ya existía una
crónica anunciada sobre lo que sería el estallido sociocultural. Nuestra
juventud, en defensa propia, sin miedo y nada que perder, había optado
por asumir la causa.

Es cierto que la violencia no es el mejor camino para solucionar


los problemas, pero Chile hasta hoy no sabe proceder de otra forma. A
pesar de estar en pleno siglo XXI, todavía no aprendemos a razonar ni
a dialogar, menos a debatir; somos literalmente mal educados y, por lo
tanto, subdesarrollados. De allí que no actuamos por la razón sino por
la fuerza. Así ocurrió con el golpe cívico-militar de 1973; así ocurrió con
el “estallido sociocultural” de 2019. Ello a pesar de que sabemos que la
violencia trae más violencia, con múltiples caras, explícitas e implícitas.
Hay violencia en el maltrato físico y psicológico; hay violencia pública y
privada, laboral y familiar. La hay con las injusticias, discriminaciones,
humillaciones y marginaciones sociales; pueden ser comunicacionales
y simbólicas, bulliciosas o silenciosas, directas e indirectas. La violencia
física es consecuencia de otras violencias. Si el golpe cívico-militar, la
Constitución de 1980 y los gobiernos de la Concertación (Piñera I y II
incluidos) culminaron con el estallido, queda claro que efectivamente
“se siembra lo que se cosecha”, según se advirtió al comienzo.

Perspectivas del fenómeno según “Chile en modo nuevo”. Proyecciones

Una componente importante, todavía difícil de comprender,


se refiere a la influencia de la tecnología en el fenómeno del estallido,
en especial, de las redes digitales. Por de pronto, la tecnología cada

13
Término que significa “ni estudia, ni trabaja”.
14
Scheuch M. (24-03-2012). Tasa de suicidio adolescente es la más alta de Latinoamérica.
Diario UChile. Recuperado de [Link]
es-la-mas-alta-de-latinoamerica/

30
El estallido chileno del 18 de octubre de 2019

día penetra más en la cultura debido al fuerte desarrollo de los


medios de comunicación, la inteligencia artificial, la robotización, la
nanotecnología, etc., lo cual es parte de un nuevo gran ciclo cultural de
la humanidad: la “era digital”. Si bien Chile está desfasado al respecto,
esta “nueva era” está cambiado la forma de pensar, de relacionarnos
entre los seres humanos y con el medio ambiente; está cambiando
nuestra forma de convivir y comunicarnos; de trabajar y hacer política;
de ejercer el poder y la democracia. Se trata de una profunda revolución
que, definitivamente, deja atrás la “era industrial”.

Esta nueva forma de ser y vivir permite explicar, por ejemplo,


las dificultades y contradicciones que tuvo el gobierno para asumir el
fenómeno del estallido, incluyendo a “las fuerzas de orden” que, en su
momento, tuvieron serios problemas para controlar la situación. Las
noches de toque de queda no fueron efectivas, mucha juventud salió de
todos modos a las calles, simplemente porque no tenía miedo e, incluso,
se atrevía a desafiar a los militares. Así, el formato de control usado por
la autoridad —acorde con las antiguas usanzas— estaba obsoleto.

En un principio se pensó que el estallido se debía a grupos


organizados, guiados por el carisma de ciertos líderes, con reuniones
previas para definir las estrategias a seguir. No obstante, tales
procedimientos tradicionales fueron descartados, pues no coincidían con
las evidencias observadas. La situación parecía caótica e incontrolable,
con grupos y ataques que surgían por doquier, en forma impredecible.
Su conducta recordaba la “dinámica de partículas” o la “entropía”
de la termodinámica. También el “efecto hormiga” que, operando
sistémicamente, con pocas reglas y un objetivo común, logra cumplir
sus propósitos. Dentro de esta dinámica, no importaba que las personas
se conocieran ni que algunas sufrieran daño o, incluso, que terminaran
muertas; solo valía alcanzar las metas. En este sentido, es muy probable
que el uso de las redes digitales haya sido clave, en tanto conseguía, en
muy poco tiempo, la masa crítica de voluntarios dispuestos a consumar
cada misión. Bastaba tener motivaciones comunes, con reglas y objetivos
claros, para que el procedimiento funcionara. Todo parecía operar según
una lógica algorítmica, omnipresente, aunque subliminal. Ello explica

31
Cuadernos de Beauchef

que el estallido haya logrado propagarse por el país completo, a gran


velocidad, como un efecto dominó.

En este “modo nuevo”, entonces, además de hablar de “estallido


sociocultural” corresponde hablar también de “estallido digital”, lo cual
no solo trae consecuencias ahora, sino futuras. De partida, la nueva
política ya no funcionará tal como la conocemos; menos la verticalidad
del poder o el autoritarismo. La lógica y estructuras tradicionales para
ejercer el control del país mutarán hacia relaciones más horizontales, en
las que la juventud también tendrá voz y voto. La lógica de los algoritmos
irá influyendo poco a poco en el diseño y ejecución de políticas públicas.
Muchas decisiones tendrán que, inevitablemente, tomarse en forma
participativa e inclusiva, considerando cada vez más los fenómenos
socioculturales que, al parecer, operan como inteligencia artificial.

Lo anterior no es ciencia ficción, pues el propio “estallido


digital” ya fue una evidencia de ello. Así de importante es decodificar
este “Chile en modo nuevo”, toda vez que el país se empieza a mover y a
controlar según nuevas lógicas, en las que el ciberespacio, la “sociedad
y cultura digitales”, incluida la “inteligencia social” —de carácter
algorítmico—, cada día tendrán mayor influencia y presencia. Así las
cosas, el fenómeno del estallido parece más complejo y sofisticado
de lo pensado, revindicando incluso la participación del inconsciente
colectivo. Con todo, es posible que Chile efectivamente esté despertando,
partiendo por el agotamiento y desplome definitivo de nuestra “matriz
cultural”, poniendo fin al (neo)colonialismo y dando inicio a nuestra “era
poscolonial”.

Entonces la idea de un “nuevo Chile” adquiere mayor sentido,


aunque nos tengamos que levantar desde las ruinas. Consecuentemente,
la idea de una “nueva Constitución” se hace imprescindible, como parte
de “la revolución pendiente”, aquella inspirada en la “nueva era” que nos
toca vivir. Si Oswald Spengler, hace un siglo, se refirió a la “decadencia
de Occidente”, hoy también se puede hablar de la “decadencia del Chile
tradicional”, incluyendo el agotamiento del sistema neoliberal y aquellas
doctrinas e ideologías asociadas a la “era industrial” y lógica de la Guerra

32
El estallido chileno del 18 de octubre de 2019

Fría. En la “era digital” es necesario repensar la política y la economía,


acorde con la realidad local-global del siglo XXI, en la que hombres y
mujeres somos igualmente protagonistas.

La vida sigue, lo cual invita a todos a construir proactivamente


—en forma democrática, colectiva, inclusiva y participativa— el “nuevo
Chile” que queremos, ahora en “modo poscolonial”. La revolución
pendiente no es solo sociocultural, sino digital, política y económica,
científica y tecnológica, antropológica y sociológica. Los antiguos
paradigmas pasaron a la historia; de aquí en adelante se necesitan
nuevas propuestas, sin olvidar que el futuro de Chile y el mundo será
protagonizado por las nuevas generaciones, incluyendo a quienes
participaron en el estallido del 18-O.

Propuesta de un paradigma para una revolución necesaria, según “Chile


en modo nuevo”

Quizás parezca ambicioso incluir aquí la propuesta de un


paradigma para motivar y darle sentido a nuestra vida en la “nueva era”;
no obstante, tratándose de un ensayo, nada se pierde con intentarlo.
Con mayor razón si ya existe suficiente experiencia y evidencias locales
y globales al respecto, considerando la urgente necesidad de vislumbrar
nuevos horizontes para nuestro futuro.

Hacer una propuesta nacional, sin embargo, hoy tiene poco


sentido, pues la vida del siglo XXI transcurre en la doble dimensión
local-global, dentro de una dinámica sistémica, planetaria. “Piensa
global, actúa local” dicen los ambientalistas, principio que en realidad
vale para todas las disciplinas, en cuanto cada día se hace más evidente
que “todo está relacionado con todo”. La humanidad más que nunca
necesita romper sus fronteras físicas y mentales, y trabajar en forma
participativa, interactiva e interdisciplinaria.

La vida es multidimensional, rica en diversidad, de suyo compleja


y apasionante de ser vivida, en la medida en que tengamos libertad para

33
Cuadernos de Beauchef

poder acceder a sus diferentes dimensiones. Por ello Chile no puede


seguir atrapado en sus modos antiguos de ser y proceder, bloqueado
por la sola “economía de mercado” y “cultura del tener y consumir”; no
puede seguir reduciendo a nuestra sociedad a un confinamiento mental
y emocional que supera, con creces, las cuarentenas del coronavirus.
Chile no puede seguir siendo víctima de una cultura mercocrática, en la
que el mercado se considera como el centro que regula todo y la vida se
reduce a una sola dimensión.

Seguir creyendo que el neoliberalismo es la panacea ya es


una utopía completamente anacrónica. Tenemos que saber reconocer
y asumir nuestras propias debilidades, entre las cuales el egoísmo,
la ambición y soberbia humanas se burlan de las propias “leyes del
mercado”. Asimismo, hay que reconocer que el estatismo tampoco es
la solución, en tanto igualmente entran a operar —desde la otra orilla—
las debilidades humanas. La lucha polarizada entre los mundos privado y
público es una lógica y práctica del pasado, pre caída del Muro de Berlín
y “era industrial”, ya obsoleta.

Hoy más que nunca “la sociedad” —incluida la juventud— se


ha constituido en un poder político diferente al Estado. Por ello, se hace
necesario tener igual participación y presencia —como “voz colectiva”—
en la definición de políticas y gobernabilidad del país. Esto cada día será
más posible gracias a las redes digitales y medios de comunicación
en general. Simultáneamente, la voz de “la naturaleza” adquiere un
“poder político” que debemos saber escuchar y considerar, pues influye
decididamente en nuestras vidas. En especial en Chile, recordando el
poder que tienen los terremotos, maremotos y sequías, entre otras
manifestaciones. Y ahora, con mayor razón, a nivel planetario, con el
fenómeno del calentamiento global y, obviamente, con la pandemia del
coronavirus, que en pocos meses desplomó la economía mundial. Por
su parte, la tecnología igualmente ha adquirido vida propia y “poder
político”, incluyendo la inteligencia artificial, los algoritmos, la robótica,
internet y las redes digitales, entre otras componentes.

En definitiva, hoy la vida humana depende de al menos cinco


dimensiones principales, cinco poderes que nos influyen cotidiana y

34
El estallido chileno del 18 de octubre de 2019

políticamente, cuales son: la naturaleza, la sociedad, la tecnología, el


mercado y el Estado. Todo esto, articulado sistémicamente, da lugar a
un “modelo (o paradigma) biocéntrico”15 (Matthey, 2015) en el que la
vida pasa a ser el centro:

Modelo biocéntrico16

Desde esta perspectiva, respetando la cosmovisión de cada persona,


la cultura —o “biocultura”— se constituye en el “campo general” que
efectivamente nos regula —la vida misma—, donde todos vivimos,
convivimos y nos desarrollamos. Se trata de una propuesta compuesta
por cinco dimensiones, que operan como subcampos interconectados,
cada una con sus propias leyes, poder y niveles de incidencia en los demás.
Olvidar cualquiera de ellas es operar con miopía a nivel de sobrevivencia,

15
Neologismo que asume a la vida como centro, como parte de una sociedad y cultura bio-
cráticas.
16
Propuesta publicada en el libro de Matthey, G. (2015). ¿Cuál es tu Sur?

35
Cuadernos de Beauchef

sometidos a un subsistema desequilibrante y empobrecido, ajeno a las


múltiples necesidades y complejidades del siglo XXI. Esto explica que el
neoliberalismo no haya funcionado y no tenga sentido para el futuro,
pues se enfoca en una sola dimensión del “modelo biocéntrico” —“el
mercado”—, olvidando las otras cuatro dimensiones.

La presente propuesta invita a trabajar por una vida pacífica y armónica,


más rica y completa, integral y equilibrada, saludable y sustentable. En el
ámbito local, nuestra “revolución pendiente” justifica plenamente una
nueva Constitución, ojalá inspirada en un paradigma que ponga a la vida
como centro, en tanto ella es, en definitiva, lo que más nos importa y
más nos motiva a seguir viviendo. Se trata de una utopía, sin duda; no
obstante, son las utopías las que nos ayudan a orientar nuestro rumbo y
a aprender a vivir mejor.

Bibliografía

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El estallido chileno del 18 de octubre de 2019

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adolescente. Santiago de Chile: Edición especial, Revista Qué pasa.

37
Ciencia, Tecnología y Cultura

Simbolismo, legitimidad y protesta constitucional

Tomás de Rementería Venegas1

“El conflicto es el padre de todas las cosas, y el rey de todas,


a unos ha hecho dioses y a otros ha hecho hombres,
a unos ha hecho esclavos y a otros ha hecho libres”2.
Heráclito

Las constituciones poseen una fuerza extremadamente difícil de


explicar, podríamos considerarlas casi mágicas. Es cierto que los juristas
muchas veces caemos en lo que podríamos llamar el “fetichismo de la
norma”, que nos lleva a una exacerbación de las virtudes e importancia
de los textos normativos. Esto, sin embargo, en el caso de la Constitución,
es una realidad evidente y no es una exacerbación leguleya. Como
hemos visto en Chile los últimos meses, las sociedades en las que estas
cartas fundamentales no son reconocidas como propias por la mayor
parte de la ciudadanía no logran una coexistencia pacífica y armónica,
llegando a niveles de conflictividad altamente elevados (como los que
podemos verificar en Chile, leyendo cualquier encuesta sobre confianza

1
Master en Derecho Constitucional y Derechos Fundamentales Universidad Paris 1, investiga-
dor del Instituto de Ciencias Jurídicas y Filosóficas, Universidad Paris 1.
2
Brun, J. (1965). Héraclite ou le philosophe de l’éternel retour. Philosophes de tous les temps,
vol. 17. Paris: Seghers, Coll.

39
Cuadernos de Beauchef

en las autoridades o valoración de líderes políticos). En este caso, para


ilustrar el ejemplo más allá de nuestras fronteras, debemos sumar otras
situaciones de manifestación social, en las que el cambio constitucional
ha sido una demanda primordial, así como en países tan diversos como
Islandia, Argelia, Irak, Hong Kong, El Líbano o Francia. Es paradojal
que algo no tangible, como toda norma jurídica, sea el motivo de una
manifestación social y el emblema de un movimiento contestatario.

En efecto, debemos considerar que, en un mundo que superó


las concepciones de legitimidad tradicional y personal de Max Weber,
hemos llegado a un estadio en el cual lo único posible es la legitimidad
racional, dada por el pacto constitucional bajo el cual se desarrolla el
espacio social, deliberativo y político que sirve de validación del poder
político. La ilegitimidad constitucional deriva en una implícita inexistencia
societaria, en la que podrá existir una ley organizadora del Estado, pero
no una Constitución propiamente tal, debido a la naturaleza inherente
limitativa del poder, garantizadora de derechos fundamentales y
democrática de la Constitución. 

Sin duda, esta situación es particularmente grave. El carácter


totémico de la Constitución es innegable, dado que genera la identidad
del pueblo como sujeto jurídico y forja un espacio público vinculando a
los ciudadanos a partir de sus garantías fundamentales (en el fondo, nos
reconocemos como el otro y nos conectamos como partes del mismo
Estado, porque aquel nos otorga los mismos derechos). Una deriva se
produce debido a la desconexión forjada entre el Estado y el pueblo
gobernado, ya que este tótem carece del respeto y el reconocimiento de
su comunidad, por lo que el sistema de relaciones e identificaciones que
debe ser construido en torno a él se derrumba o, lisa y llanamente, nunca
se genera. En este caso, debemos considerar la criatura constitucional
como un elemento vinculado al sentido mismo de la existencia humana
y de la vida de los hombres en sociedad, expresando una visión global
del mundo, a lo cual el jurista y politólogo francés Georges Burdeau
llamó una «idea de derecho» (Rousseau, 1994, pp. 17-20), es decir, una
representación del orden social deseable.

40
Simbolismo, legitimidad y protesta constitucional

En suma, el desequilibrio social producido por la ilegitimidad


del texto constitucional y la consiguiente inexistencia constitucional es
mucho más que un problema jurídico; aunque su origen sea normativo,
provoca efectos culturales, sociológicos, políticos e incluso psicológicos.
Si a eso adicionamos el carácter contra mayoritario y de intereses
totalmente minoritarios de las disposiciones de la carta fundamental
chilena el efecto es aún más pernicioso.

Relacionado íntimamente con la idea de legitimidad consti-


tucional, encontramos el derecho a la protesta y de resistencia a la
opresión. Este derecho es el vehículo procedente que poseen las
personas y los grupos de personas para resistir a la opresión generada
por una Constitución ilegítima y constituye la fase previa indispensable
de la formación de un consenso constitucional. Ciertamente, podemos
señalar que los llamados “momentos constituyentes” tienen su origen
y fase previa en la movilización social, mediante el uso de los métodos
de protesta. Jason Frank califica como “momento constituyente”
al episodio, no corriente, en que el alegato de hablar en nombre del
pueblo tiene eco, se vuelve políticamente plausible y permite romper
con los procedimientos de la política ordinaria sin perder el carácter de
democrático (Heiss, 2016).

Es así como, históricamente, es mencionable la protesta social


como desencadenante del fin del régimen del Apartheid en Sudáfrica,
la descolonización del subcontinente indio o el fin de las dictaduras
norafricanas al momento de la llamada “primavera árabe”, en todos
esos casos evolucionando hacia nuevos órdenes constitucionales
que consolidaron ese nuevo orden social deseable, promovido por la
protesta sociopolítica. En el caso chileno, por el contrario, la protesta
social sí consiguió forzar el fin de la dictadura cívico-militar de Pinochet,
pero el nuevo gobierno democrático no fue capaz de dar una solución
al problema de la legitimidad constitucional y más bien congeló el
reclamo por una nueva carta fundamental que estaba en el origen del
movimiento opositor al dictador. En esta monografía nos adentraremos
en tres términos claves para comprender el origen y desarrollo de los
textos constitucionales: la “legitimidad”, el “simbolismo” y la “protesta”,

41
Cuadernos de Beauchef

ligados a la Constitución. El estudio de los términos antes expuestos


nos ayudará a comprender de mejor forma los hechos sucedidos en
Chile desde el 18 de octubre de 2019 y también será un insumo para el
proceso de decidir la pertinencia y contenido de una nueva Constitución
para Chile.

1. El simbolismo

La Constitución, antes de ser una ley o una norma, es ante


todo un símbolo. En la modernidad marca el nacimiento de un Estado
y constituye el elemento condensador y de identidad de los pueblos.
Sin embargo, ese simbolismo no se agota ahí. Según el filósofo francés
Emmanuel-Joseph Sieyès (y múltiples autores después de él), para
que haya una Constitución es necesario perentoriamente que haya
un pueblo; disentimos con la idea de este, porque aquí el pueblo es
considerado como un elemento natural, una entidad que existe antes
de la Constitución y que es la causa de este. No obstante, el aparente
sentido común de esta idea no se condice con la fuerza creadora del
Derecho en la construcción de la realidad política (Rousseau, 2010,
pp. 31-36). Tampoco es seguro que corresponde a las actuales formas
del pensamiento, estando impregnada con una lógica mecanicista
y organicista, centrada en la doctrina de la causa y efecto de forma
dogmática, afín a una época de excesivo culto a la causalidad, tributaria
de la lógica aristotélica y la mecánica newtoniana.

Desde una lógica moderna, tomando como partida un


pensamiento relacional y no efectista, llegamos a la conclusión que el
pueblo llega ser tal a través de la redacción constitucional —así como
un padre se convierte en tal con el nacimiento de su hijo y no por ser el
causante de este— dicho eso, debe sostenerse que no es el pueblo quien
forma la Constitución, sino que es la Constitución —y más precisamente
el proceso constituyente— la que entrega su fisonomía al pueblo. Por lo
tanto, de nuestro momento constituyente y una vez redactada la nueva
norma fundamental saldremos siendo un pueblo distinto, pero uno en el
cual nuestros elementos formativos no fueron impuestos por la fuerza,
sino que consensuados colectivamente.

42
Simbolismo, legitimidad y protesta constitucional

Esta construcción del pueblo por el Derecho imprime el notable


simbolismo que posee la Constitución, alejándose de determinismos
anteriores que establecían la existencia del pueblo a través de elementos
raciales, étnicos, tradicionales e históricos. Hoy se habla de “patriotismo
constitucional”, concepto creado por el filósofo alemán Dolf Sternberger
y difundido por Jürgen Habermas y Jan-Werner Müller. Siguiendo este
concepto, la Nación es construida desde una idea de vida conjunta,
generada por un espacio público común establecido en las normas
constitucionales y democráticas, imprimiendo en los ciudadanos lazos
sociales y cooperativos relacionados con una idea política común
(Velasco Arroyo, 2002, pp. 33-34).

En efecto, ese patriotismo constitucional no es posible avizorarlo


en Chile, esto por dos factores claves. El primero, la actual norma
fundamental no crea un espacio público que pueda ser base de discusión
entre el poder político y la ciudadanía; el segundo, la ilegitimidad de
origen de esta, que jamás fue adoptada por los ciudadanos ni sometida
a un escrutinio minucioso por su sometimiento a una serie de trampas
y cerrojos contra su modificación. Hoy, por primera vez, tenemos de
cambiar el simbolismo negativo hacia uno positivo y dotarnos de un
pacto social que construya un edificio constitucional que sirva como
referente a nuestra identidad nacional.

2. La legitimidad

Para adentrarnos en el fondo de este sucinto estudio, resulta


necesario revisar el concepto de “legitimidad” en su relación con el
poder constitucional, dado que esta se constituye en la justificación de
su ejercicio. La noción de “legitimidad” de una autoridad y del poder
ejercido conforme a un derecho es tan antigua como la misma reflexión
teórica sobre la política y la justicia. La legitimidad de las normas
jurídicas expresa una concordancia o discordancia de estas normas
—la Constitución, en el caso analizado— con un sistema de valores
determinado.

43
Cuadernos de Beauchef

Antiguamente, el concepto “legitimidad” se refería al cumpli-


miento de las normas de sucesión monárquica, es decir, hablábamos de
la legitimidad del monarca. Durante la Edad Media se hace la distinción,
por la escuela escolástica, entre el usurpator, que llega ilegítimamente
al poder, fuera de la manera establecida, y el gobernante que, si bien es
justo, su acceso al poder lo ejerce causando un grave perjuicio al bien
común.  Bartolo de Sassoferrato inscribe la terminología técnica de la
distinción entre Tyrannus ex defectu tituli y Tyrannus una ex parte exercitii
(De Sassoferrato, 1978, p. 398); por un lado, el ilegítimo de origen y, por
otro, el ilegítimo en el ejercicio del poder. El teólogo español Francisco
de Vitoria explicó que si un príncipe sin un título legítimo (si principes,
que no habent iustum titulum) ocupaba la cabeza del reino, el reino se
precipitaba en la ruina (De Vitoria, 1960, p. 824).

Autores como John Locke y John Milton introdujeron un


concepto de “legitimidad”, clave en nuestros días: “el consentimiento del
gobernado”. Este puede resumirse como que el poder estatal solo está
justificado y es legal cuando es consentido por el pueblo o la sociedad
sobre la que se ejerce. Milton, sobre el punto: “El poder de los reyes y de
los magistrados es solamente derivado, transferido y comprometido, en
la confianza del pueblo, al interés común de todos, que mantenimiento
de este poder y no puede ser usurpado, sin violación de su derecho
imprescriptible natural” (Milton, 1967, p. 4); esto, obviamente, es
aplicable a las constituciones.

Si bien en nuestros tiempos, en la mayoría de los países del


mundo, los reyes o no existen o son un organismo ornamental, la
importancia de determinar la legitimidad de quien detenta la institución
real ha sido transferida hacia definir la legitimidad de la Constitución.
En efecto, como bien lo resalta el historiador polaco Ernst Kantorowitz
(2020, p. 293), la institución del rey tenía dos caras: la persona del rey
y la institución real; haciendo un paralelo actual, debemos considerar,
por un lado, a nuestros gobernantes y representantes y, por otro, el
texto constitucional, que es el instrumento que otorga la continuidad
del poder político y sostiene el edificio estatal.

44
Simbolismo, legitimidad y protesta constitucional

Siguiendo a Bartolo de Sassoferrato, por tanto, nuestra


Constitución, aún vigente, posee un vicio grave de origen (haber sido
establecida durante una dictadura, sin participación real del pueblo
y mediante mecanismos arbitrarios) y, además, su ilegitimidad de
ejercicio ha sido constante (la aplicación contra mayoritaria y expansiva
que constantemente le ha dado el Tribunal Constitucional, así como la
desconfianza institucional y los cerrojos que asfixian la voluntad popular).
Este desajuste entre el elemento legitimador del pueblo, que se otorga a
sí mismo su organización política fundando el Estado, y la imposición por
la fuerza de un texto constitucional, es sin duda el elemento originario
y fundante del movimiento de protesta sociopolítica del 18 de octubre
de 2019.

Por su parte, según el estadounidense John Rawls, el ejercicio


del poder político es plenamente adecuado cuando se ejerce de
conformidad a una Constitución, cuyos elementos esenciales pueden
ser aceptados por parte de todos los ciudadanos, libres e iguales, de
manera sensata y a la luz de los principios e ideales admisibles para
la razón común humana.  Para él, la legitimidad está asociada a cómo
las instituciones distribuyen los derechos y deberes fundamentales, y
determinan la división de cargas y beneficios derivados de la cooperación
social (Rawls, 1993). En el cuadro constitucional chileno resulta evidente
verificar que se establece un sistema contrario a un reparto igualitario
de cargas y beneficios, instaurando la dogmática económica neoliberal
que constriñe toda posibilidad de aspiración igualitaria.

Asimismo, nunca ha existido en nuestro país el espacio


deliberativo necesario para legitimar el texto constitucional. La
ciudadanía no ha tenido espacios de participación en el origen del
texto, pero tampoco en sus modificaciones; adicionalmente, el texto
constitucional ha sido impotente en la generación de un espacio
público poderoso; por el contrario, ha sido fuente de despolitización y
destrucción de los espacios que existían. Por esto, resulta interesante
recordar el proceso constituyente desarrollado por el segundo gobierno
de Michelle Bachelet. Este fue, sin duda, el que abrió la puerta a la
posibilidad de la discusión a gran escala de un nuevo texto constitucional

45
Cuadernos de Beauchef

y puso en la palestra pública la discusión tanto acerca del mecanismo de


reforma como de sus contenidos.

3. La protesta

Las constituciones no son textos inocuos o vacíos de contenido


histórico que no se hacen cargo de su origen; son resultado de las
luchas sociales y políticas que les dieron origen. Por esto, las protestas y
manifestaciones sociales son parte de las ideas que sustentan un texto
constitucional; los fundamentos filosóficos e ideológicos que dieron
lugar al momento constituyente son un elemento implícito del nuevo
orden constitucional, en palabras de Georges Burdeau:

La revolución implica la creación de un nuevo orden. La


validez de este orden no es un efecto del éxito del movimiento
revolucionario, que transformaba el hecho en derecho... se basa
en un cambio de la idea de derecho dominante en el cuerpo
social. Así como en tiempos pacíficos todo ordenamiento
jurídico se basa en la idea de derecho aplicada por el gobierno
regular, del mismo modo el levantamiento revolucionario
se basa en una idea de derecho que compite la incorporada
oficialmente en el Estado. (Burdeau, 1983, p. 202)

De ahí la importancia del derecho a la protesta en la construcción


constituyente, porque sienta las bases para lo que podríamos denominar
la “revolución jurídica” que implica el momento constituyente. De ahí
que no sería posible, en una nueva Constitución para Chile, mantener
o profundizar el modelo social y económico imperante sin violar la idea
del derecho que ha convocado al momento constituyente.

Cuando hablamos de los textos constitucionales, la protesta


se relaciona con un derecho inalienable, base misma del sistema
democrático: el derecho a la resistencia a la opresión. En efecto, ya en el
primer siglo antes de Cristo, en la China imperial, se reconocía el derecho
a batallar contra un emperador que se volvía tiránico (Confucius, 1991,

46
Simbolismo, legitimidad y protesta constitucional

p. 10). Como señalamos respecto de los reyes, al presente no existen


emperadores, pero la existencia de constituciones de origen ilegítimo o
tiránicas es una realidad que faculta al pueblo para activar su derecho a
la resistencia a la opresión, oponiéndose al texto ilegítimo. Este derecho
es inherente al conflicto subyacente entre gobernados y gobernantes
de toda sociedad. Maquiavelo hablaba de dos deseos contrapuestos
e irreconciliables: por un lado, el deseo de dominar y, por el otro, el
de no ser dominado. Finalmente, ese conflicto engendra una explosión
creativa, dando luz a las constituciones democráticas y legítimas que
gobiernan el conflicto para hacerlo lo más justo posible, limitando
el deseo de dominar y coartando el ámbito en el cual uno puede ser
dominado (Ferrás, 2013, pp. 58-75).

En Chile, hemos observado que la población ha resistido a


la opresión de un texto constitucional generado en dictadura y sin
concurrencia de la ciudadanía a través de diferentes métodos, como
la no violencia activa (el marcado de votos con la sigla AC en varias
elecciones ha sido un ejemplo de especial éxito) o, recientemente,
mediante la manifestación social masiva, especialmente desde el 18 de
octubre. Siguiendo al constitucionalista americano Bruce Ackerman, un
momento constituyente es ese especial momento en que la movilización
ciudadana y de protesta social es tan intensa que aparece el llamado
“poder constituyente”, que escapa de las decisiones políticas ordinarias
y establece una idea del Derecho de carácter mucho más permanente
y a través de un espacio de deliberación muchísimo más intenso. No
sería exagerado pensar a las manifestaciones sociales de octubre de
2019 como la germinación de una semilla de cambio, plantada desde
las protestas sociales del “movimiento pingüino” en 2006, regada y
fertilizada por el “movimiento social universitario” de 2011, la que
veremos si logra florecer luego de los plebiscitos constituyentes.

La protesta social ha construido la idea de un “nuevo Chile”,


que se construye mediante un texto constitucional establecido en
democracia y con la participación organizada de ese mismo movimiento
de manifestación social. De hecho, el caso chileno establece un nuevo
paradigma sobre la protesta social como vehículo de construcción de una

47
Cuadernos de Beauchef

nueva realidad constitucional, al haber desencadenado la posibilidad de


la realización del nuevo texto mediante de una asamblea constituyente
de carácter paritario, proporcional y con participación de los pueblos
originarios.

Conclusiones

A través de estos tres conceptos hemos analizado el peso


de las constituciones y la importancia vital de su respaldo popular. La
interdependencia entre “simbolismo”, “legitimidad” y “protesta social”
construye el peso específico de estos textos fundamentales, y explica
en gran parte la efervescencia social que hemos vivido desde el 18 de
octubre de 2019.

Hoy, la crisis sanitaria por el covid-19 ha puesto en pausa


la protesta; sin embargo, ha hecho salir a la superficie lo quebrada
que se encuentra nuestra comunidad político-social. Efectivamente,
hemos visto cómo la autoridad no es respetada y la desconfianza
hacia las instituciones se ha intensificado; también, cómo el modelo
socioeconómico inscrito en nuestra actual Constitución militante3 ha
sido un lastre para el combate de los efectos de la pandemia, siendo
inconstitucional según algunos, por ejemplo, la posibilidad de impedir
que las empresas entreguen dividendos accionarios si se han acogido
al plan de apoyo estatal de protección del empleo. Nuevamente, el
conflicto pondrá de relieve la insuficiencia de nuestra actual norma
constitucional.

El resultado del plebiscito constitucional, que finalmente tendrá


lugar en octubre de 2020, confirmará o desmentirá nuestra idea de que
en Chile estamos en un momento constituyente. Todo parece indicar
que se ratificará el deseo social de los chilenos de dotarse de un nuevo
texto constitucional que signifique, por fin, su autodeterminación como
pueblo y como sociedad.

3
La Constitución del 80 milita en los valores del autoritarismo político, el cristianismo social y
el laissez-faire neoliberal económico.

48
Simbolismo, legitimidad y protesta constitucional

Finalmente, quisiera, a través de esta tribuna, exhortar al


mundo de las ciencias y la ingeniería a ser parte fundamental en el
debate constitucional que vendrá. Los juristas tenemos algunos deseos
bastante nocivos, como monopolizar toda discusión constitucional
y formalizarla in extremis. Sin embargo, se hace imprescindible que
otros sectores profesionales, con un enfoque mucho más experimental
y práctico, disputen ese territorio a los abogados y politólogos;
históricamente, el aporte de las ciencias exactas al desarrollo normativo
ha sido fundamental para este4 y, en este caso de crucial importancia, no
debería ser la excepción.

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republicanismo en el Maquiavelo de Claude Lefort. Estudios Políticos,
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4
Como la codificación, inspirada en el orden matemático y geométrico.

49
Cuadernos de Beauchef

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debate sobre cambio constitucional en Chile. Anales de la Universidad
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50
Ciencia, Tecnología y Cultura

Democracia en la era electrónica.


Pensar el Estado como un sistema vivo

Andrés Weil P.1

Introducción

El debate constitucional se produce en un momento crucial


para la humanidad que, en lo político, sigue organizada bajo el
paradigma de las “máquinas del siglo XIX” y, en lo cotidiano, se comunica
con la tecnología del siglo XXI. Esta contradicción ha originado el
cuestionamiento a prácticamente todas las instituciones de la sociedad,
en particular a la democracia representativa.

Los Estados nacionales europeos, de cuya tradición Chile es


heredero, surgieron hace aproximadamente 500 años. Su éxito frente
al sistema feudal se basó en las tecnologías del reloj mecánico y de la
imprenta, que permitieron controlar el tiempo cotidiano de las personas
y sus comunicaciones verbales. En ese contexto, los Estados modernos
fueron concebidos como máquinas, capaces de administrar amplios
territorios y controlar el comportamiento de la población en función de
los intereses de quienes gobernaban.

1
Arquitecto MBA. Profesor Asociado del Laboratorio de Proyectos FAU:\LHab, Facultad de
Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile.

51
Cuadernos de Beauchef

La crisis de los Estados nacionales comenzó tras la caída del


Muro de Berlín, que aceleró la desintegración de la Unión Soviética y la
de muchos Estados europeos. El proceso no se ha detenido. Continúa
con el Brexit, en Reino Unido, y la cuestión de Cataluña en España. En
Chile el Estado está en crisis desde hace décadas. Tanto la disrupción
social de 2019 como el quiebre institucional de 1973 son expresiones de
una falla sistémica cuyo origen es la “concepción mecánica del Estado”.

En los últimos cien años, la ciencia, la tecnología y el pensamiento


humano han reemplazado el paradigma de las máquinas por el de los
sistemas. Un gran aporte en este ámbito ha sido el del biólogo chileno
Humberto Maturana (Maturana y Varela, 1973), que ha definido a los
seres vivos como sistemas con propósito, capaces de crearse, auto-
controlarse y relacionarse equilibradamente con su medioambiente.

Las sociedades son sistemas vivos que co-habitan armóni-


camente con el entorno, en la medida en que comparten un propósito.
Ese equilibro se ve reflejado en el territorio que ocupan. Por ese
motivo, las culturas tradicionales dieron tanta importancia a los ritos
fundacionales de las ciudades (Gracia, s/f). Esos actos simbólicos son el
origen de la arquitectura como lenguaje político (Rittel y Weber, 1973).
Mediante sus construcciones, las generaciones se comunican a lo largo
del tiempo (Weil y Weil, 2015).

Este ensayo es una invitación a repensar Chile desde su propósito


como sistema, a rediseñar el Estado de forma que la gran mayoría se
sienta identificada con su “arquitectura”. Solo así será posible sentar las
bases de una comunidad unida que nos permita abordar con éxito los
desafíos del mundo contemporáneo. La tarea es pensar el Estado como
un sistema vivo, con cuerpo y alma, en vez de concebirlo, nuevamente,
como una máquina para controlarnos.

52
Democracia en la era electrónica

Modernidad y Occidente

Reloj astronómico de Praga – fuente propia.

El reloj astronómico de Praga fue inventado en el siglo XV, en


plena transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Es de una belleza
deslumbrante, que llenó de prestigio a la ciudad y selló para siempre su
mito. Se trata de un mecanismo que emula las prestaciones de un reloj
solar, pudiendo dar la hora con y sin sol. Regula el largo de las horas en
función de la latitud de la ciudad y de las estaciones del año, de modo
que, en verano, durante el día, las horas son más largas que en la noche,
y en invierno al revés. Esta medición del tiempo se adapta a la fisiología
de los seres vivos, los que regulan sus organismos en función de la luz
solar. Al igual que en la Teoría de la Relatividad de Einstein, el espacio y
el tiempo son inseparables en este reloj. El caso devela la sofisticación
de la sociedad medieval, desmintiendo la idea del oscurantismo que
habría dominado el trabajo intelectual antes del Renacimiento. El reloj

53
Cuadernos de Beauchef

astronómico de Praga puede considerarse el eslabón histórico entre la


época en que el tiempo se medía en forma orgánica y la época en que
el tiempo se mecanizó.

El invento fue la culminación de un proceso que se inició con


las Cruzadas en el siglo XI (Malin, 2005). Al regresar de Tierra Santa,
los cruzados no solo trajeron reliquias, sino también la inspiración para
levantar templos como antes no se habían construido. Las catedrales
revolucionaron la sociedad de la época que, al cabo de pocos años,
comenzó a erigirlas por toda Francia y, después, por toda Europa. Sus
constructores debían dominar, además de sus tres oficios2, siete saberes:
aritmética, geometría, astronomía, música, gramática, dialéctica y
retórica. Fue así como estos edificios se convirtieron en la síntesis
corpórea del conocimiento de la época, lo que dio prestigio, autonomía
y riqueza a las ciudades en las que se situaban. Ese conocimiento se
comunicaba en cuerpo presente, mediante el lenguaje arquitectónico
de las construcciones y los relatos verbales que intercambiaban los
peregrinos que las visitaban. La modernidad mecánica fue antecedida
por una modernidad épica, que era humana y corpórea.

El Renacimiento fue una época de crisis e intrigas políticas,


registradas en forma brillante por Maquiavelo en El Príncipe (1998). En
esa época, el arte y la arquitectura eran los medios de comunicación por
excelencia. De allí que estuvieran en el centro del debate y del interés de
los poderosos. Los mecenas del arte no actuaban por mero altruismo,
sino que lo hacían fundamentalmente por cálculo económico y político.
El movimiento catedralicio había desestabilizado las estructuras
tradicionales del poder feudal, empoderando a las ciudades por encima
de los latifundios. La rivalidad entre las ciudades italianas llevó a poner
de moda el antiguo estilo de las construcciones romanas. Los edificios
renacentistas se convirtieron en hermosas réplicas que recordaban
el esplendor del Imperio, despojadas de la mística de las catedrales.
Con los años evolucionó al barroco, estilo rebuscado y pretencioso

2
Colaboradores de Wikipedia. Artes vulgares [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2019
[fecha de consulta: 24 de marzo del 2020]. Recuperado de [Link]
php?title=Artes_vulgares&oldid=117435402

54
Democracia en la era electrónica

que fue elegido por los nuevos Estados nacionales en su afán por el
dominio absoluto. En paralelo, a partir de la invención de la imprenta,
se comenzaron a desarrollar dos nuevos medios de comunicación: la
prensa y la industria editorial, instrumentos básicos de la modernidad
mecánica. La tecnología de la impresión fue decisiva para el éxito del
protestantismo en Europa y dio el soporte material a la Ilustración del
siglo XVIII. Las ideas del mecanicismo, desarrolladas entre otros por
Newton y Descartes, pudieron difundirse gracias a estos medios de
comunicación.

El concepto “Edad Moderna” fue acuñado por el historiador


alemán Cristoph Keller3 (Cristóbal Cellarius) en 1685, quien dividió
la historia de la humanidad en tres periodos: Edad Antigua, Media y
Moderna. En este ensayo, el concepto “modernidad” escapa a esa
clasificación y se plantea como una cualidad orgánica de la cultura
occidental que la diferencia de la cultura de oriente. “Modernidad”
sugiere novedad, creación de algo nuevo, amor por lo desconocido
que, primero en Europa y luego en Norteamérica, se ha buscado en
dirección al sol poniente. Actualmente, la costa oeste de Norteamérica,
el extremo occidental de Occidente, se ha convertido en “La Meca”
de la modernidad. Lo paradójico es que esa “modernidad creativa” de
California ha atravesado el Pacífico, llegando por el levante a Japón, Corea
y China como una “modernidad consolidada”, eterna. La predisposición
a la modernidad en Occidente es como la predisposición a la eternidad
en Oriente.

El origen de la modernidad, entendida como la esencia de


Occidente, se encuentra en las guerras troyanas (siglo XIII a.C.) relatadas
por Homero (siglo VIII a.C.) en la antigua Grecia. Este periodo, que
denominamos “modernidad mítica”, se extendió hasta la primera
Cruzada (siglo XI d.C.). La democracia ateniense, la república romana y el
cristianismo, que provienen de esa época, son los “mitos” que inspiran
las constituciones de los Estados occidentales. En este marco temporal,

3
Colaboradores de Wikipedia. Cristóbal Cellarius [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre,
2019 [fecha de consulta: 15 de marzo del 2020]. Recuperado de [Link]
[Link]?title=Crist%C3%B3bal_Cellarius&oldid=121564015

55
Cuadernos de Beauchef

que incluye la modernidad épica de las catedrales, se desarrollarán a


continuación los conceptos “modernidad mecánica” y “modernidad
electrónica”, puntos de vista necesarios para explicar la idea de constituir
el Estado como un sistema vivo.

Modernidad mecánica

Lo que caracteriza a la era de las máquinas es una forma de


razonar basada en el análisis lógico y el reduccionismo estructural
(Ackoff, 1974). La idea es que, a partir de la subdivisión del todo en partes
menores, llegando a una partícula básica universal como el átomo, es
posible explicar el funcionamiento del mundo aplicando el principio
mecánico causa-efecto. Lo que pretende el mecanicismo es establecer
leyes universales que permitan deducir todos los sucesos de la realidad
a partir del mismo principio. Por lo tanto, aspira a un constructo de
conocimientos independientes del espacio-tiempo que supone la Teoría
de la Relatividad de Einstein. Esta idea, contraria a los fundamentos de
la física contemporánea, resultó muy atractiva para quienes tenían el
poder en el siglo XV. Los clientes de Leonardo da Vinci eran poderosos
señores que le encargaron diseñar máquinas de guerra, objetos fríos y
calculadores, de la misma naturaleza de como “debía actuar el Príncipe”
(Maquiavelo, 1998).

Con la aparición de la imprenta todo cambió. Así lo afirma


Víctor Hugo en un pasaje de su novela Notre Dame de París, publicada
en 18314: “El pensamiento humano descubre un medio de perpetuarse
no sólo más duradero y resistente que la arquitectura, sino que también
más fácil y sencillo. La arquitectura es destronada. A las letras de piedra
de Orfeo sucederán las letras de plomo de Gutemberg”. A partir del
Renacimiento, las escuelas catedralicias se fueron transformando en
universidades que separaron el conocimiento en ciencias matemáticas
(aritmética, geometría, ingeniería, física y astronomía) y humanidades
(filosofía, teología y literatura). El estudio de la arquitectura fue puesto
en la academia de bellas artes y la construcción definida como un “simple

4
Cita en el libro La imagen corpórea” de Juhani Pallasmaa. Barcelona: Ed. Gustavo Gili, 2014.

56
Democracia en la era electrónica

oficio”. El lenguaje político de las catedrales se fue olvidando y con ello la


capacidad de leer, en la arquitectura, el propósito trascendente de una
sociedad.

El mecanicismo fue la ideología política de la Revolución


francesa. En ese momento, la Asamblea Nacional de Francia se dividió
en dos grupos: los conservadores, que se sentaban al lado derecho, y los
progresistas, que lo hacían al lado izquierdo del salón. Así surgieron los
arquetipos de izquierda y derecha que, hasta la actualidad, se disputan
el control de la máquina-Estado.

Las máquinas, a diferencia de los sistemas vivos, carecen de un


propósito interno. Requieren un operador, que puede ser un grupo de la
sociedad o una potencia extranjera, que utilizará la “máquina” para sus
propios intereses. Por ese motivo, toda la teoría política de Occidente
trata sobre cómo controlar a quien controla el Estado. La división de los
poderes, el multipartidismo y el sufragio universal buscan evitar que un
grupo actúe a su favor en desmedro del interés común. Es decir, todo lo
que pretende el Estado de Derecho es evitar la corrupción, objetivo que
a todas luces no se ha cumplido, y que difícilmente se cumplirá mientras
lo concibamos como una máquina.

Modernidad electrónica

En 1865, el científico escocés James Clerk Maxwell presentó la


unificación de un conjunto de ecuaciones que describían la electricidad
y el magnetismo como un solo fenómeno: el electromagnetismo. Su
trabajo se basó en la investigación de diferentes físicos, entre ellos
Michael Faraday, que desde comienzos del siglo XIX estudiaban ambos
fenómenos. Las ecuaciones de Maxwell son consideradas la “segunda
gran unificación de la física”, siendo la primera la realizada por Newton.
El electromagnetismo abarca diversos fenómenos del mundo real, como
la luz y la corriente eléctrica5. La tecnología electrónica que aplicamos

5
Colaboradores de Wikipedia. Electromagnetismo [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre,
2020 [fecha de consulta: 14 de marzo del 2020]. Recuperado de [Link]
[Link]?title=Electromagnetismo&oldid=124021334

57
Cuadernos de Beauchef

en nuestra vida cotidiana se basa en ondas electromagnéticas. El mundo


contemporáneo sería impensable sin el marco teórico de esta rama de
la física.

El fenómeno electromagnético lo produce la rotación de la


tierra, que crea un campo invisible alrededor del planeta a través del
cual se transmiten las ondas. Este campo lo utilizan todos los seres vivos
para compartir información y coordinar sus acciones. Por ejemplo, las
aves migratorias regulan sus rutas y vuelos a través de este campo.
Lo mismo hacen las ballenas y todos los seres vivos que triangulan
su posición usando el centro de la Tierra a través de la fuerza de
gravedad, y los polos norte y sur por medio del electromagnetismo. El
crecimiento de un árbol, por ejemplo, está regulado por la gravedad y
el electromagnetismo. La información contenida en el ADN de los seres
vivos requiere interactuar con ondas electromagnéticas para desplegar
su potencial genético.

Al igual que todas las especies, redes sociales en Facebook©


o Whatsapp© utilizan el campo electromagnético para comunicarse y
coordinar sus acciones. Sin embargo, el Estado sigue estructurado de
acuerdo con la teoría política del siglo XIX, basada en el paradigma del
telégrafo y de la máquina a vapor. Entonces, no es de extrañar que se vea
sobrepasado por la aceleración exponencial de los cambios tecnológicos
y culturales en curso. La forma de superar la crisis de gobernabilidad en
Chile, y proyectar el país al futuro, es rediseñando el Estado como un
sistema vivo, dando por superado el paradigma de la máquina.

Democracia en la era electrónica

Los terremotos llegan de improviso, son breves, fuertes y


acotados a una parte del territorio nacional. El terremoto social de
octubre de 2019 era previsible, se ha extendido por todo el país y sus
réplicas siguen. Al igual que los movimientos sísmicos originados por
el choque de las placas tectónicas en lo profundo de la Tierra, este
terremoto social lo produjo la acumulación de tensiones subterráneas
y el debilitamiento moral de las instituciones que debían contenerlas.

58
Democracia en la era electrónica

La Constitución de 1980 fue diseñada por expertos constitu-


cionalistas a fines de la década de 1970, en plena Guerra Fría. Eran
personas que leían la hora en relojes a cuerda, se informaban a través
de diarios impresos en litografía, usaban máquinas de escribir con papel
calco, veían televisión censurada, escuchaban radios que ofrecían solo
programas musicales y, para llamar de Santiago a Rancagua, lo hacían
a través de una operadora discando un teléfono negro con carcasa
de baquelita. Esos diseñadores del Estado chileno jamás se habrían
imaginado personas organizadas en redes sociales, comunicadas
mundialmente en tiempo real a través del campo electromagnético
de la Tierra, usando potentes computadoras-teléfono que caben en el
bolsillo. Visto en retrospectiva, los cambios tecnológicos ocurridos en los
últimos cuarenta años, en magnitud, son similares a los que ocurrieron
en los anteriores cuatrocientos. Al “despertar” Chile, sorprendió a una
clase dirigente somnolienta, que dispone de herramientas políticas
concebidas para un Estado que funciona mecánicamente, incapaz de
abordar con eficacia los desafíos que impone la electrónica digital. De
allí que el comentario de una “invasión alienígena”, para referirse a lo
que sucedía durante los primeros días del estallido social, haya sido
muy acertado. En verdad, los manifestantes, mediante sus celulares,
disponían de una tecnología “extra gravitacional” para organizar su
“invasión”. Una amenaza para la cual el Estado chileno no fue concebido.
Tal vez debiéramos considerarlo como posibilidad en el nuevo diseño.

No solo no supimos reconocer la tensión social acumulada,


sino que tampoco los cambios profundos en lo cultural y en lo político
producidos en el mundo con la globalización y las nuevas tecnologías
de comunicación. Por ejemplo, cada vez que enviamos un correo
electrónico se vulnera el número 5 del artículo 19 de la Constitución:
“La inviolabilidad del hogar y de toda forma de comunicación privada”.
Vivimos en una “sociedad transparente” (Han, 2013) en la que se ha
perdido el pudor y, con ello, el derecho a la dignidad que establece el
artículo 1º de la Constitución. Por otro lado, nuestras comunicaciones
electrónicas están al arbitrio de empresas privadas extranjeras, con lo
que transgredimos, cada vez que utilizamos sus servicios, el artículo 22
de la misma Constitución: “Los chilenos tienen el deber fundamental

59
Cuadernos de Beauchef

de honrar a la patria, de defender su soberanía y de contribuir a


preservar la seguridad nacional”. Los datos que producimos el conjunto
de los chilenos son valiosísimos y los estamos regalando a empresas
que responden a intereses foráneos. El escándalo de Facebook© y
Cambridge Analítica son la expresión concreta de la vulnerabilidad a la
que está expuesta la democracia en el mundo.

Por lo tanto, lo que está en juego en este proceso constituyente


no es más o menos derechos sociales, sino que, fundamentalmente,
la discusión acerca de la viabilidad de la democracia en el contexto de
la modernidad electrónica. Sabemos que China ya definió su modelo
político6 a partir del desarrollo tecnológico 5G. Se lo puede definir como
“confucionismo digital”. Para lograr la paz y la armonía social, Confucio
apostaba al autocontrol moral, que debía partir por los líderes del
Estado. Entonces, utilizar Big-data e inteligencia artificial para que la
población se autocontrole, sometiéndose al interés del Estado, resulta
completamente coherente. Sin embargo, visto ese desarrollo desde los
prejuicios occidentales, es la consolidación de una dictadura perfecta.
Frente a la propuesta de China, ¿qué ofrece Occidente para resguardar
los valores de la democracia?

Lo primero que puede ofrecer es reflexionar acerca de por


qué consideramos que la democracia es un valor fundamental para el
desarrollo de la sociedad como cuerpo vivo. Al concebirnos cada uno
de nosotros como “personas nacidas libres e iguales en dignidad y
derecho”, lo que hacemos es igualar el valor del propósito de nuestras
vidas y de nuestras conciencias. Cada uno es igual de importante para el
conjunto de la sociedad. Se puede afirmar que el conocimiento acerca
del deber ser nacional está repartido en forma igualitaria entre todos
los que conformamos la Nación. No existen argumentos para jerarquizar
ciertos propósitos por encima de otros. Por ese motivo, la democracia se
ocupa tanto de las mayorías como de las minorías. Visto de otra forma:
cuando un cuerpo se enferma, es porque la mayoría de sus células han
sido infectadas por un patógeno externo. En ese caso, son las células
minoritarias, que están sanas, las que revierten el proceso de muerte,

6
“Cómo funciona la muralla digital china”. DW en español, Enlaces, 16 de agosto de 2019.

60
Democracia en la era electrónica

gracias a que en su ADN se registra la información de la totalidad del


cuerpo sano. Nuestro sistema inmunológico es la implementación de
una democracia directa en la que se coordinan, sin intermediarios, todas
las células del cuerpo.

Resulta interesante conocer la experiencia e-Estonia7, el primer


país del mundo que ofrece una “ciudadanía virtual”. Cuando se desintegró
la Unión Soviética, a comienzos de la década de 1990, ese país báltico se
encontraba en bancarrota. El Estado carecía de recursos y la economía
estaba totalmente atrasada respecto de la de los países occidentales. En
ese momento apostó por una tecnología nueva en el mundo, de modo
que pudiese competir, al menos en esa área económica, en igualdad
de condiciones con otros países. Decidió hacerlo por internet y hoy es
el Estado con la mayor penetración digital en la población. El principio
cívico de esta democracia es el estricto respeto a la privacidad de los
datos personales. El Estado es el garante de que eso se cumpla. Vulnerar
este principio es considerado un delito grave. Todo ciudadano puede
conocer su huella digital y saber qué hacen con su información. Gracias
a la tecnología digital, el Estado tiene una estructura de costos fijos muy
baja, que permite al país competir con éxito en la economía global. El
ejemplo del país báltico es un modelo que conviene estudiar.

Modelar un sistema vivo

Cuando el pasado 15 de abril veíamos por televisión arder la


Catedral de Notre Dame, en París, resultaba imposible no asociar el hecho
al atentado de las Torres Gemelas en Nueva York. Ambos acontecimientos
mostraron, en tiempo real, los incendios de edificios emblemáticos, con
una alta carga simbólica, que representaban la identidad de exitosas
ciudades conocidas en todo el mundo. Sin embargo, la apreciación de
la gente fue muy distinta respecto del valor patrimonial que se perdía
en cada uno de los casos. En las Torres Gemelas el impacto era por las

7
Colaboradores de Wikipedia.  E-Estonia  [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2020
[fecha de consulta: 15 de marzo del 2020]. Recuperado de [Link]
php?title=E-Estonia&oldid=123798130

61
Cuadernos de Beauchef

personas vivas que estaban en el interior del edificio, no por el edificio


mismo. Frente a Notre Dame, en cambio, la gente se lamentaba por
lo que le sucedió al edificio, como si esas piedras fueran sensibles al
fuego. Las reacciones de solidaridad no se dejaron esperar, sucediendo
algo inédito: frente a las llamas que consumían la catedral de París, se
comprometieron millonarias donaciones para su recuperación. ¿Por qué
las reacciones tan distintas del público?

Los edificios son el cuerpo de las comunidades que los sueñan,


construyen y habitan; son sistemas vivos que tienen propósito, son
capaces de crearse, autocontrolarse y mantenerse en equilibrio con el
medioambiente; tienen alma y personalidad. Eso explica la disparidad de
reacciones frente a imágenes de similar dramatismo. Las Torres Gemelas
representaban la frialdad de la máquina, el racionalismo extremo y
la soberbia del interés económico por sobre el orden natural. Por su
parte, Notre Dame simboliza la fe de sus constructores, la inspiración
de Tierra Santa y el orden de la naturaleza expresado en piedra. Las
catedrales son edificios vivos que nunca dejan de construirse. Una
vez que se ha completado la estructura, esta requiere irse renovando
permanentemente, producto de la degradación de las piedras.

Las Torres Gemelas representan la cúspide del racionalismo


que promovió el Movimiento Moderno en arquitectura. El conjunto
del World Trade Center de Nueva York fue una proclamación mundial
a favor del pragmatismo económico y la desacralización del mundo.
Por lo mismo, se convirtieron en un símbolo altamente expuesto a los
atentados.

La realidad en once dimensiones

El desarrollo de herramientas informáticas para modelar


edificios ha permitido concebirlos como sistemas de información que
emulan el proceso de edificación. Esa área del conocimiento se conoce,
entre los profesionales de la arquitectura, ingeniería y construcción,
como Building Information Modeling, BIM. Abarca un conjunto de

62
Democracia en la era electrónica

procedimientos o metodologías que usan herramientas digitales


en forma colaborativa durante el proceso de diseño, construcción y
posterior explotación comercial del inmueble.

Edificar implica intercambiar información, continuamente, en


un circuito infinito de creación y consolidación (figura 1), integrando
los sistemas técnicos que componen el edificio y los sistemas humanos
que lo habitan. Es un proceso orgánico que se desarrolla en once
dimensiones, ordenadas en torno a la dimensión central (6D): la fuerza
de gravedad. En las primeras cinco dimensiones se edifica y en las últimas
cinco el edificio se consolida. Las flechas del gráfico representan el flujo
de información y recursos que anima el proceso. Las dimensiones de
creación son la línea (1D), el plano (2D), el cuerpo (3D), el tiempo (4D) y
la genética (5D), una matriz orgánica de costos basada en presupuestos
de obras ejecutadas. Las dimensiones de consolidación son la normativa
(7D), todo lo que tiene que ver con la existencia legal del edificio; la
técnica (8D), que corresponde a sus sistemas e instalaciones; la
económica (9D), representada en la gestión comercial del activo; la
ambiental (10D), asociada al impacto del edificio en el entorno. La
onceava es la dimensión mítica (11D), la narrativa que inspira y motiva
el proceso de edificación.

Si al modelo se superpone el símbolo de los opuestos


complementarios de la cultura oriental (ying-yang), es posible graficar
la visibilidad de las diferentes dimensiones y expresar la dualidad de la
naturaleza: la edificación representa la matriz creadora (femenina, ying),
y el edificio lo creado (masculina, yang). Lo que percibimos abiertamente
del proceso son las dimensiones visibles que giran en el anillo externo:
la construcción (3D) el tiempo (4D) y la economía (9D). El lenguaje
arquitectónico explícito se ubica en el lado luminoso del círculo, y el
lenguaje metafórico implícito en el lado sombrío. Ambos forman parte
de una unidad indivisible: el lenguaje de la realidad.

63
Cuadernos de Beauchef

Figura 1: Modelo dual edificio/edificación en 11 dimensiones®.

Las máquinas son concebidas en las primeras cuatro dimen-


siones. Las restantes siete son aportadas a los sistemas mecánicos por
quienes los controlan. Nuestra democracia es una máquina controlada
por la elite del país que, en pos de sus intereses, ha dificultado a la
mayoría cumplir su propósito existencial. “Hasta que la vida valga
la pena”8 fue la consigna que sintetizó ese malestar profundo que se
desbordó el 18 de octubre de 2019.

No es casualidad que las estatuas derribadas fueran


reemplazadas por símbolos mapuches y que las banderas de los pueblos
originarios flamearan con orgullo entre los manifestantes. Para lograr
un acuerdo de paz, el debate constitucional debe partir por sincerar
el propósito de sistema-nación Chile. En ese contexto, nuestros mitos

8
Anónimo, escrito sobre las paredes urbanas de Chile.

64
Democracia en la era electrónica

(Franz, 2001) ancestrales (Mora Penrose, 2020) y fundacionales9 jugarán


un papel clave en la articulación del proceso constituyente.

La genética de un Estado vivo

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen,


tiene reservas respecto de la participación de la empresa china Huawei
en la licitación del 5G en Europa. Lo anterior, por el riesgo de que los
datos personales y de las empresas puedan ser explotados en virtud de
una ley china sobre los servicios secretos10. El desarrollo tecnológico
ha convertido los datos personales en un insumo altamente cotizado.
¿Es legítimo un negocio que pasa por alto la dignidad humana, piedra
angular de los derechos humanos? Hace rato que activistas digitales,
como Edward Snowden y Juliane Assange, nos vienen advirtiendo sobre
este asunto. Sin embargo, los Estados nacionales han hecho oídos
sordos al respecto. Los grupos dirigentes creen estar en una posición
privilegiada respecto del trato de sus propios datos personales y, tal
como está la situación, pueden comprar información privilegiada a las
empresas de telecomunicaciones. No obstante, la privacidad de los
poderosos también es violada. Basta observar cómo se ha “enrarecido”
el ambiente político en [Link]. con motivo de la publicación de los
correos electrónicos de Hillary Clinton y el caso de la trama ucraniana.

Los seres humanos usamos la memoria tanto para


recordar como para olvidar. Ello nos permite ir discriminando lo
que consideramos debe o no ser parte de la realidad. Esa capacidad
humana, que se basa en el amor y el sentido común, no la tienen los
computadores. Ellos almacenan datos indiscriminadamente, sin filtro
alguno. Esta superproducción de datos no es inocua, ya que puede

9
Se distinguen 4: Tren-Tren y Cai Cai, el mito mapuche que explica el origen de los terremotos;
La Araucana, poema épico escrito por Alonso de Ercilla y Zúñiga en el siglo XVI; la Ciudad de los
Césares, mito acerca de un paraíso perdido en el cono sur de América; la Guerra del Pacífico,
gesta patriótica que consolidó la República.
10
Noticia publicada el 28 de diciembre de 2019 en el diario El Mercurio de Santiago, página A5.

65
Cuadernos de Beauchef

inducir a graves errores, como está sucediendo en muchos proyectos


de construcción. Uno conocido en Chile es el puente Cau-Cau. Otro,
mucho más dramático, es el del nuevo terminal aéreo de Berlín, en
el que, dos semanas antes de su inauguración, en mayo de 2012, se
develaron serios errores de construcción por información que no fue
“aterrizada” (6D) en obra. Cuando probaron el sistema de seguridad
contra incendios, descubrieron que los ductos que extraían el humo en
el cielo falso lo dirigían al subterráneo, pasando por alto un principio de
física elemental: el aire caliente no baja. Ocho años después, el edificio
sigue sin ser utilizado, por una infinidad de errores que se descubrieron
en una auditoría posterior. Desde entonces, el costo de la obra se ha
triplicado.

Los seres vivos somos sistemas de información. Nuestra


capacidad de crearnos y de autocontrolarnos responde a la información
genética de cada una de nuestras células y al propósito que nos
anima a mantenernos vivos. Los datos del genoma se administran en
forma descentralizada, lo que permite que las células colaboren y se
controlen mutuamente. En los organismos vivos no existen jerarquías,
solo responsabilidades diferenciadas en función del propósito
común. La coordinación de acciones de todos los seres vivos sucede
automáticamente mediante las ondas electromagnéticas. La conciencia
planetaria11 orquesta la sinfonía de la vida. Entonces, ¿que pasará con
toda esa cacofonía de datos que acumulan indiscriminadamente las
máquinas por un afán morboso de sus controladores? Las enfermedades
mentales son información cacofónica.

Si no podemos editar, corregir y borrar los datos que


producimos nos convertiremos en verdaderos monstruos. El propósito
de los organismos vivos es que cada uno de sus miembros sea la mejor
versión de sí mismo. Para ello, es fundamental resguardar la posibilidad
del olvido.

11
Definida por Pierre Teilhard de Chardin como “noosfera” en el El fenómeno Humano, obra
póstuma publicada en diciembre de 1955.

66
Democracia en la era electrónica

Un Estado del siglo XXI debería hacerse cargo de estos


problemas, liderando una negociación colectiva con las empresas que
administran nuestros datos y los explotan comercialmente. Cada vez que
debemos aceptar una política de privacidad, redactada unilateralmente
por un gigante de las telecomunicaciones, somos víctimas de un abuso
de poder que resiente nuestra dignidad. En este ámbito, los ciudadanos
nos encontramos huérfanos de derecho, sin posibilidad de que el Estado
cumpla su promesa constitucional.

Desde un punto de vista cívico, la web se ha transformado


en un espacio carente de ética, en el que, por morbo y negocio, se
captura indiscriminadamente información privada de las personas.
Como sostiene Han (2013), Internet se ha convertido en un espacio
pornográfico.

Acuerdos cívicos

Para constituir el Estado como un ser vivo se debe reconocer,


en igualdad de importancia, el rol que juega cada uno de los integrantes
del sistema y establecer compromisos que regulen sus interacciones
conscientes. Sobre este principio político se proponen algunos acuerdos
cívicos:

• El sistema-Estado estará integrado por el territorio soberano de la


nación, por los ciudadanos chilenos y por su red de comunicaciones.
• Los ciudadanos “dan peso” a la información de la red. Cumplen un
rol fundamental e irremplazable para que el sistema no colapse por
ingravidez.
• La propiedad privada es un compromiso de protección recíproco
que legitima el usufructo de un bien (derecho) a cambio de una
responsabilidad social explícita (contribuciones, impuestos,
indemnizaciones, donaciones etc.).
• Los ciudadanos son los propietarios de sus datos personales. Nadie
puede usufructuar de ellos sin consentimiento previo y explícito.

67
Cuadernos de Beauchef

• Cada ciudadano es responsable de la información que publica.


Antes de hacerlo, su compromiso es filtrarla por una comunidad
cercana (familia, amigos, equipos de trabajo), evitando que circule
información dañina para el sistema (por ejemplo, fake-news).
• El sistema pondrá su “inteligencia” a disposición de cada ciudadano,
en forma privada y personalizada, como asistencia para que pueda
alcanzar su propósito en la vida.
• El sistema incentivará a los ciudadanos a que asuman sus responsa-
bilidades con la comunidad nacional, de modo que el propósito
común se alcance.

Proyectando un Wiki-Estado

Si rediseñáramos el Estado como un sistema vivo, sustentado


en los acuerdos cívicos propuestos, las relaciones sociales fluirían. Los
humanos volverían a entrar en sintonía con los demás sistemas vivos,
haciendo que la especie retome el rol que le corresponde en el libreto
evolutivo del planeta. Las relaciones medioambientales tenderían al
equilibrio, dando inicio a una nueva era de prosperidad económica y
seguridad social, basada, esta vez, en el desarrollo de los sistemas y no
en el consumo de los recursos naturales, como fue la tónica en la era de
las máquinas.

El concepto “Wiki-Estado” se inspira en el modelo Wikipedia©,


el mejor ejemplo para ilustrar la superación del paradigma mecánico
de las antiguas enciclopedias impresas por el paradigma orgánico de
los sistemas electrónicos. Los creadores de Wikipedia© concibieron
el conocimiento como una obra colectiva, que se va construyendo
y autocontrolando en forma orgánica, con el propósito de que la
humanidad disponga de información de la mejor calidad y en el menor
tiempo posible. Funciona a partir de comunidades que se organizan
en torno a temas de interés. Los discuten libremente y se ponen
de acuerdo en la versión que se publicará. Cuando no hay consenso,
dejan constancia de ello. Cualquiera que la revise puede observar los
contenidos y hacer comentarios y/o correcciones que los mejoren. El

68
Democracia en la era electrónica

sistema basa su credibilidad en la “ausencia de avisaje comercial”, todo


un modelo de probidad para la República.

Lo que busca la web es robarnos tiempo de atención dirigiéndolo


a los contenidos que interesan al que financia el avisaje. Nuestra libertad
de conciencia es violentada permanentemente mientras navegamos
por internet. Un Wiki-Estado estaría conformado por comunidades que
se conocen y/o que comparten intereses. Al conectarnos a la nube las
reconoceríamos en pantalla: nuestra familia, amigos, comunidad de
trabajo, grupos de estudio, nuestros vecinos. La interfase dejaría de ser
anónima y se convertiría en un espacio íntimo, protegido del espionaje
cibernético. Nos informaríamos primero a través de las personas que
conocemos y que queremos, con las que compartimos a diario. Por
lo tanto, tendríamos la oportunidad de verificar el alcance de sus
comentarios y opiniones antes de esparcir una noticia. En caso de un
error, la propia comunidad podría corregirlo o, al menos, advertir a otras
sobre el origen de la información.

La figura 2 muestra el modelamiento del Estado como sistema


vivo, con un polo sur de creación y un polo norte de consolidación. Al
centro, las dimensiones que controlan el sistema: el territorio nacional
(6D), flanqueado en un sentido por la ciudadanía (5D) y los mitos
fundacionales (11D), y en el otro por las leyes (7D) y el poder judicial
(1D). El circuito de información (política) y recursos (presupuesto) lo
completan el poder legislativo (2D), la administración pública (3D), el
gobierno (4D), los sistemas de interés social: salud, educación, previsión,
seguridad nacional (8D), el modelo económico (9D) y la política exterior
a través de la cancillería (10D).

Las pintas del naipe francés12 representan los cuatro lenguajes


de la política:

a) espada: lenguaje matemático, asociado al dinero y las armas;

12
El autor conjetura que la baraja francesa fue desarrollada por los constructores de catedrales
para coordinar las obras.

69
Cuadernos de Beauchef

b) corazón: lenguaje verbal, asociado a la religión, la ciencia y las leyes;


c) rombo: lenguaje corporal, asociado a la arquitectura y los actos
simbólicos;
d) trébol: lenguaje temporal, asociado a los ciclos de la naturaleza.

Su ubicación en el esquema refleja afinidades:

• Norte: consolidación, asociado a las leyes, las armas y el dinero.


• Sur: creación, asociado a los mitos y a la naturaleza.
• Centro: se entrelazan los cuatro lenguajes tensionando el sistema.

Figura 2: El Estado como sistema vivo en 11 dimensiones®.

70
Democracia en la era electrónica

Epílogo

La última revisión de este ensayo ocurre en confinamiento por


la pandemia del covid-19. En este contexto, pensar el Estado como un
sistema vivo adquiere mayor sentido y urgencia.

Las autoridades hacen esfuerzos titánicos para controlar los


contagios, y la industria médica para encontrar una cura sintética.
Mientras tanto, el cuerpo humano se hizo inmune al virus en
aproximadamente dos meses, el tiempo entre que se contagió y se
sanó el primer enfermo. Los seres vivos, mediante su material genético,
tienen a su disposición toda la información evolutiva de la especie. Llevan
millones de años de ventaja respecto de cualquier sistema tecnológico
basado en inteligencia artificial.

Imaginemos un escenario similar con una Wiki-Medicina.


Los médicos chinos, que advirtieron del peligro, en vez de haber
sido castigados por el Estado habrían activado una red mundial de
colaboradores. Médicos, científicos y organizaciones civiles, actuando en
conjunto, habrían esparcido soluciones más rápido de lo que se propaga
el virus. Los viajeros habrían sido advertidos; los sistemas sanitarios
se habrían preparado; las cadenas de abastecimiento habrían sido
reforzadas, etc. En la era electrónica, debemos concebir la seguridad
mundial como un sistema inmunológico en vez de hacerlo como un
sistema militar.

El teletrabajo obligado tendrá efectos insospechados en la


economía, las relaciones laborales y la vida cotidiana de las personas.
La producción se regulará según demanda efectiva, disminuyendo sus
costos y el impacto sobre el medioambiente. Los empleados recuperarán
el tiempo que gastan en movilizarse y lo podrán reinvertir en aquello que
da sentido a sus vidas. Las labores que requieran presencia real serán las
actividades críticas y, por tanto, las más valoradas. Quienes se dediquen
a ellas recibirán mejores remuneraciones.

71
Cuadernos de Beauchef

Internet se ha convertido en el ágora de la aldea global, el


espacio cívico de la democracia electrónica, donde compartimos
datos, pensamientos, palabras y acciones. El proceso constituyente es
una oportunidad para innovar el sistema político13 y la pandemia una
circunstancia que nos obligará a hacerlo.

Bibliografía

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13
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72
Ciencia, Tecnología y Cultura

Filosofía y estallido social.


Sergio Rojas, o el devenir de la filosofía en tanto
performance

Héctor Ponce de la Fuente1

La última performance de Sergio Rojas2 (¡sí, la última


“performance”!) ocurre en medio de un edificio abandonado del Persa
Biobío. La imagen de su presencia, envuelta en la soledad del escenario
elegido para su perfo-conferencia, evidencia el sentido de deterioro,
de abandono y de intemperie. También la escenografía representa la
idea de ruina y hasta de catástrofe. Pero lo particular de su aparecer,
en tanto escena de pensamiento, es su ineluctable carta de ciudadanía
como filósofo, reconocida no solo al interior de la Facultad de Artes de
la Universidad de Chile, sino en la amplia escena local de producción de
acontecimientos.

El arte contemporáneo ha devenido en representaciones


de presencia. Eventos de naturaleza varia dan cabida a todo tipo de
realizaciones que acentúan el carácter de experiencia vivida hic et nunc,
dando paso a la obsolescencia de los discursos tradicionales, mandatados
por la lógica representacional. Esta recurrencia, que hoy desborda los
márgenes de la producción artística, sea académica o independiente,

1
Profesor del Departamento de Teatro, Facultad de Artes, Universidad de Chile. Doctor en
Semiótica de la Universidad Nacional de Córdoba. Cursa actualmente el Posdoctorado en
Ciencias Sociales (CEA / UNC).
2
Sergio Rojas es filósofo y profesor titular de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

73
Cuadernos de Beauchef

puede ser vista como una prolongación de las prácticas ya conocidas


en la escena del arte y la cultura del siglo XX, particularmente en el
ejercicio de las distintas vanguardias, y proyectadas en el desarrollo del
denominado “arte conceptual”, el movimiento Fluxus y el arte Povera.
Como epifenómeno, que por ahora interrumpe la soberanía del arte
respecto de las acciones colectivas o sociales, la performance democratiza
los momentos manifestantes, anestesiando las autorías para privilegiar
el carácter vicario de las proclamas. Ciertamente la (o el) performance, al
ser producida(o) y reconocida(o) masivamente, ingresa en el espacio del
artertainment: figuras como Björk, Lady Gaga, Antony Hegarty o Willem
Dafoe pueden servir de ejemplos. Pero, más allá del “mercado de la
experiencia” que capitalizó la industria del entretenimiento, las acciones
que han devuelto el lugar mediador del cuerpo —sea cual sea su etiqueta
o nominación— tienen un sentido político de urgencia incontestable.
Desde 2011, año en que la revista Time eligió personalidad del año al
manifestante, se han sucedido innumerables acciones colectivas. En
Chile se repitieron las manifestaciones masivas, impulsadas por los
estudiantes bajo la demanda de gratuidad en la educación. Ese mismo
año, un vendedor de frutas tunecino se inmoló prendiéndose fuego, y
desde ahí sobrevino una ola global de protestas en países árabes, en
Grecia, España, Nueva York y Tel Aviv.

Debemos entender las manifestaciones colectivas en tanto


formas de acción política que remiten a un universo de prácticas
organizadas, pero en permanente estado de tránsito. La constitución
histórica, así como la delimitación cultural de estas manifestaciones,
impiden separar el marco de referencialidad que las contiene; también
su gradual institucionalización. El estallido social que conocemos desde
el 18 de octubre de 2019 tiene mucho del trasfondo ideológico que
precede a la idea de “manifestación”. Sea en su raíz latina como en su
posterior evolución en las lenguas románicas, la idea de “defender”,
“impedir” (que proviene de defendere) se asocia a manus (la mano).
De ahí su remisión a la idea de defensa y reivindicación, pero también a
la de una presencia física. Dado el carácter polisémico de los vocablos,
las distintas expresiones de la voz “manifestación” derivan en un
objeto vago que impulsa a preguntarse por aquello que, más allá de las
palabras, hace manifestación, en vez de dar sentido a lo que realmente

74
Filosofía y estallido social

es la manifestación. Cuando hacer también es decir (viejo principio


semiótico), cuando la sociedad se objetiva en textos, rituales y géneros
orales, el discurso social de la protesta activa innumerables mecanismos
significantes. La manifestación, en consecuencia, deviene en un modo
de acción y un lenguaje que se inscribe en una dramaturgia, tema
del que nos hablan la etnografía visual, la sociosemiótica y los visual
analysis. Una lectura interesante, en una de las perspectivas teóricas
que acabo de señalar, es la de Leonor Arfuch (2005), a propósito de la
plaza como espacio que contiene la temporalidad de la protesta. Las
repetidas “plazas de Blumberg”3, como las de Plaza Italia (hoy Plaza de
la Dignidad) en Chile, constituyen territorios narrativos que agrupan
las distintas dimensiones de la manifestación: la gente en la calle,
caminando y rodeando la plaza; el objeto (el malestar hecho consigna,
la denuncia ciudadana); los espectadores inmediatos y, desde luego, la
base social cuyos sentimientos los manifestantes pretenden enunciar.

Sergio Rojas. Estrategias oblicuas, Conferencia en el Persa Víctor Manuel.


Fotografía de Benjamín Matte.

3
El denominado “fenómeno Blumberg” ocurrió en 2004, en Buenos Aires. Blumberg,
personaje protagónico de esta historia, es el padre de un joven de 23 años, de clase media, que
fue víctima de un secuestro extorsivo y que, debido a una confusa intervención de la policía,
resultó asesinado a sangre fría por sus secuestradores. Nueve días después del asesinato su
padre convocó a la ciudadanía a la Plaza del Congreso. La convocatoria, ante la sorpresa de
todos, logró reunir entre 130 y 150 mil personas. Luego se sucederían otras convocatorias.
Leonor Arfuch considera que la plaza fue esencial “en la constitución de ese fenómeno, y
que, en tanto lugar por excelencia de articulación significante entre espacio, tiempo y afecto,
permite una lectura sintomática que va mucho más allá de ella misma” (2005, p. 84).

75
Cuadernos de Beauchef

De modo que la lectura de una conferencia en medio de


un enorme galpón abandonado, revestida de la dramaturgia y la
escenografía necesarias, confieren una profundidad metafórica al
acto de puesta en discurso de la voz del filósofo. Ni el arte es político
(ni la filosofía, en este caso) por los mensajes o sentimientos sobre el
mundo que logra transmitir, sino más bien por el tipo de mediación que
hace de estas prácticas un modo renovado de instituir un tiempo y un
espacio compartidos. Para Jacques Rancière, el malestar en la estética
(expresión que da título a un libro suyo, publicado en 2004) tendría
mucho de denuncia, cuando no de abierta acusación, en contra de la
distancia provocada por la idea de un “juicio estético” como lugar por
excelencia de negación de lo social. Lo natural del arte sería propender
a la apertura de un nuevo “recorte” del espacio material y simbólico;
por eso, más allá del ejercicio del poder, la política es, para Rancière4,
“la configuración de un espacio específico, el recorte de una esfera
particular de experiencia, de objetos planteados como comunes y como
dependientes de una decisión común, de sujetos reconocidos como
capaces de designar estos objetos y de argumentar sobre ellos” (2011,
p. 33).

Nicolas Borriaud (2006) (de paso por Santiago en enero de


2020) de seguro hablaría de un ejercicio relacional, en el que los
espectadores, ávidos de escuchar al filósofo, pero también de registrar
y registrarse en ese ejercicio de interacción, tendrían la posibilidad
de asistir, en un régimen de co-presencia, al espectáculo de la teoría
devenida en obra. Lo curioso de la situación no radica, a mi juicio, en
el interés de Sergio Rojas por entrar en relación con públicos diversos
—no necesariamente académicos—, cuando más su natural disposición
a oficiar de traductor-intérprete de aquello que, con cierta evidencia,
asumimos como “contingencia”. De ahí, entonces, la repetición de
apariciones en el Coloquio de Perros y otras escenas parecidas, donde

4
Convendría leer estas ideas en relación con El reparto de lo sensible (2009), una serie de
respuestas a preguntas formuladas por filósofos jóvenes, a propósito de La Mésentente.
Politique et philosophie. Paris, Galilée, 1995 (Nueva Visión, 1996). En general, este libro da a
entender el interés de Rancière por estudiar los actos estéticos como configuraciones de la
experiencia, de los modos del sentir que convocan formas nuevas de la subjetividad política.

76
Filosofía y estallido social

el presente de la filosofía actúa su escena dramática para espectadores


movilizados por el estallido social. Así, en palabras de Sergio Rojas, el
malestar subjetivo evidenciado a partir del 18 de octubre requiere de un
marco de explicación lo suficientemente fino:

En el malestar tiene lugar un sentimiento de insatisfacción, pero se


trata de una insatisfacción que no logra ser traducida a necesidad,
y por lo tanto no puede ser satisfecha a través del consumo. El
malestar es un sentimiento de insatisfacción ante la totalidad
de la existencia, incluso insatisfacción ante la forma en que he
“solucionado” mi vida. Entonces no tiene que ver con carencias
particulares de determinados objetos o necesidades puntuales
que no logran ser satisfechas5.

¿Se ha estetizado el trabajo de los filósofos en el último tiempo?


Sin ir más lejos, la política y la vida cotidiana se han estetizado. Esta
discusión, que por supuesto supone un retorno casi obligado a la tesis
de Walter Benjamin (la politización de la estética versus la estetización
de la política), ha dado pie a un corro de lecturas filosóficas de distinto
tenor que, por razones de espacio, en este ensayo solo serán referidas
en términos acotados. También otras disciplinas han colaborado
con enfoques y perspectivas teóricas al respecto. Desde un punto de
vista sociológico, una explicación plausible a este problema es la que
desarrollan Gilles Lipovetsky y Jean Serroy6 (2015), para quienes:

5
Entrevista realizada el 14 de noviembre de 2019 por la periodista Francisca Palma, de la
Oficina de Prensa de la Universidad de Chile. La entrevista fue publicada en el sitio web de la
Universidad.
6
Según Lipovetsky & Serroy (2015), las cuatro edades de la estetización del mundo son: la
artistización ritual (el periodo de las sociedades llamadas “primitivas”, sin un sistema de valores
esencialmente artísticos), la estetización aristocrática (heredera de la Antigüedad clásica, del
humanismo del Renacimiento y la Edad Media tardía, y cuya extensión se prolonga hasta el siglo
XVIII), la estetización moderna del mundo (se expande durante los siglos XVIII y XIX, y coincide con
el desarrollo de una esfera artística más compleja y diferenciada), y, finalmente, la era transestética
(remodelada, en lo esencial, por lógicas de comercialización e individuación extremas).

77
Cuadernos de Beauchef

Está en marcha una cuarta fase de estetización del mundo,


remodelada en lo esencial por lógicas de comercialización e
individuación extremas. A una cultura modernista, dominada
por una lógica subversiva, en guerra contra el mundo burgués,
sucede un universo nuevo en el que las vanguardias se integran
en el orden económico y son aceptadas, solicitadas y sostenidas
por las instituciones oficiales. Con el triunfo del capitalismo
artístico, los fenómenos estéticos no reflejan ya pequeños
mundos periféricos y marginales: integrados en los universos
de producción, comercialización y comunicación de los bienes
materiales, constituyen inmensos mercados organizados por
gigantes económicos internacionales. (p. 20)

Pero dicha estetización ha supuesto, también, un retorno a la


ética. De hecho, pensar una ética estética no es patrimonio exclusivo
de una disciplina en particular. Tiempo atrás, cuando Zygmunt Bauman
(2005) comenzaba a ser el bestseller intelectual que conocimos en la
década pasada, hablaba de los amores líquidos, para después ocuparse
de cuestiones estrictamente éticas, desde un punto de vista sociológico,
claro está, pero en una visión que abría fronteras disciplinares con el
pensamiento de Giorgio Agamben, quien, en esa época, esbozaba una
reflexión similar en La comunidad que viene (1996). Más allá de las
aduanas metodológicas, la preocupación por el problema de la acción
—versus el de la representación, en el caso del arte— llevó a artistas
como Tania Bruguera a decidir atender a la idea de arte útil (el arte
como herramienta). Se trataba, en esa conferencia-performance de
2009, de hacer visible un rasgo útil del arte en tanto herramienta para
la transformación del ser humano que necesariamente incluye la ética.
En Autosabotaje, Bruguera lee sus reflexiones sobre el arte político y
la función de los artistas en el contexto social. Mientras permanece
sentada detrás de una mesa, interrumpe su lectura y toma una pistola
calibre 38, le pone una bala de 9 mm y aprieta el gatillo. Con suerte, la
bala no salió.

78
Filosofía y estallido social

Una obra pasa a ser valorada en la medida de los intercambios


—estéticos, políticos, éticos, filosóficos— que propone. En su apertura
más allá de los límites de lo estético, la capacidad de repolitizar el arte
nos lleva a la esfera de lo público. Y en esa zona de convergencia se
hace visible la incapacidad del arte de volverse verdaderamente político.
El problema, como sostiene Boris Groys en Volverse público (2014), es
que la esfera política contemporánea ya está estetizada: “Cuando el
arte se politiza, se lo fuerza a hacer el desagradable descubrimiento de
que la política ya se ha vuelto arte, de que la política ya se ha situado
en la esfera estética” (p. 38). Si el artista se transforma en obra en la
medida en que pasa a ser una imagen (deja de ser un productor de
imágenes, en esta perspectiva, para volverse imagen), entonces el
manifestante deviene nuevamente en actor, pero ahora su dramaturgia
está reglamentada por un principio menos representacional; de ahí que
sea la hora de la performance social lo que defina el grado de acción
pública en un régimen de presencia. Son las presentificaciones, ahora
registradas y posteadas en el infinito bucle de la máquina mediática
contemporánea, las que confieren un valor altamente ético y estético a
las manifestaciones sociales devenidas en obra.

Recuerdo haber asistido, cuando cursaba el Doctorado en


Semiótica, a un seminario de Slavoj Zizek aún antes de su relevamiento a
figura pop del pensamiento contemporáneo. El curso llevaba por título
“Contra una política del miedo”, y en el inicio de la primera sesión un
video de Pink Floyd daba cuenta del sentido espectacular que el filósofo
esloveno concedía a su primera conferencia. Detrás de los martillos
acechantes que desfilaban en el fondo del escenario, un seguidor
avanzaba lentamente desde la entrada de un atiborrado teatro hasta la
primera escalinata que lo conducía a una mesa provista de una lámpara
metálica. Comenzaba la lectura de sus primeras páginas y, mientras
escuchaba el inglés balcánico del expositor, intentaba, no sin dificultad,
anotar las ideas centrales de su alocución.

79
Cuadernos de Beauchef

Sergio Rojas. Estrategias oblicuas, Conferencia en el Persa Víctor Manuel.


Fotografía de Benjamín Matte.

Son dos los fenómenos que han cobrado cierta regularidad


y que permiten al menos sospechar que la tendencia de validación
de la performance tiene mucho que ver con la democratización del
saber y las prácticas artísticas. El primer fenómeno observado es la
recurrencia de la acción, cuya inspiración estaría dada por el retorno del
trayecto arte-vida; y el segundo responde a la exigencia de presencia.
Ni la performance ni el saber obedecen ya a una lógica académica o
de círculos reducidos de especialistas. La evidencia más notoria puede
verse en la repetición infinita de la performance de Las Tesis, replicada
en innumerables lugares y traducida a distintos idiomas. Dicha acción,
que podemos leer como un dispositivo crítico, pareciera enunciar —más
allá del sentido de la canción, convertida hoy en viral— un mensaje bien
concreto: esta es la realidad obvia que ustedes no quieren ver o, mejor
dicho, y como lo expresa El espectador emancipado de Rancière (2011),

80
Filosofía y estallido social

porque esa performance apunta a un efecto doble: por una parte,


tomar conciencia de una realidad oculta y, por otra, el sentimiento de
culpabilidad en relación con la realidad negada.

Pensada y actualizada en función de estos acontecimientos, la


tesis IV de Benjamin (El arte en la era de su reproductibilidad técnica
[1939]) podría ser parafraseada en los siguientes términos: así como
los modos de existencia de los colectivos humanos se transforman,
también se modifican los modos de percepción sensorial. En tal sentido,
es posible no solo comprender las transformaciones del medium de la
percepción, sino también de la mostración de las condiciones sociales,
las que ahora debemos entender en su condición estésica y ya no
estética. El devenir de los marchantes en actitud de performance puede
ser una idea heurísticamente extraordinaria: para que una presencia
viva pueda devenir en sentido, es necesario que el cuerpo se encuentre
estésicamente en movimiento7.

La acción que supone el ejercicio del saber en espacios no


académicos representa un cambio cultural, como también una exigencia
por hacer de ese saber una práctica común. Sergio Rojas ha participado
en distintos eventos siguiendo un mismo programa narrativo: responder,
a partir de preguntas, a la ingente necesidad de explicación respecto
de lo que nos está pasando. Un escrito suyo que circuló por WhatsApp
(¿Qué (nos) está sucediendo?), justo el día en que más de un millón
de personas asistió a una manifestación en Plaza Italia, derivó en
entrevistas radiales, participación en coloquios ciudadanos y encuentros
universitarios de diversa convocatoria. En ese momento, señaló:

Lo que hemos vivido en estos días es algo tremendo. En su inicio


algunos lo vivieron con entusiasmo, otros con miedo, porque
cuando el malestar —contenido hasta que había llegado a hacerse

7
En 2014 propuse esta idea a propósito de una aproximación a la idea de presencia escénica.
Ver “Cuerpo y mediación. En torno a la idea de presencia escénica”, en Ponce de la Fuente,
Héctor & Dalmasso, María Teresa. Trayectos teóricos en semiótica. Santiago de Chile: LOM /
Universidad de Chile, pp. 35-40.

81
Cuadernos de Beauchef

familiar— se transforma en rabia y estalla, su objeto no es la


programada instauración de un “nuevo orden”, sino el inmediato
y radical cuestionamiento del que existe. Entonces las personas se
dan cuenta de que, de pronto, en un régimen que se ha establecido
y naturalizado sobre los principios de la propiedad privada y el
individualismo, hay algo que comparten: el dolor inadvertidamente
acumulado en existencias a las que el imperativo de la resignación
cotidiana ha ido privando de sentido8.

La pregunta que mueve al pensamiento en todas estas acciones


es la de dar al menos un atisbo de explicación al estallido social que
derivó en episodios de violencia radical. La filosofía debe dar explicación
a lo inconmensurable. De ahí, entonces, que surjan preguntas cada
vez más recurrentes y que el tránsito entre estética y ética se vuelva
particularmente significativo. Sabido es que las discusiones sobre
estética —siempre en una relación crítica con la idea de arte— han
derivado en cuestiones relativas a la posición que las personas (y desde
luego, en primer término, los propios filósofos) adquieren respecto de la
facticidad de lo real. Podemos referir el famoso ensayo de Guy Debord
(La sociedad del espectáculo, 1967) como una muestra al respecto,
considerando que su lectura en espiral ha producido interpretaciones
tan diversas como las de Jean Baudrillard, Jacques Rancière, Michel
Onfray, Boris Groys o Hito Steyerl.

Paralelamente a esta escena de pensamiento, el arte conceptual


y el denominado “arte de acción” sacaron las obras a la calle mucho
antes que esta nueva oleada de performance (precedidos, claro está,
de los honestos esfuerzos vanguardistas de inicios del siglo XX). La
exigencia de la vida misma, además del propio compromiso de esos
artistas, proclamaron la suspensión de la autoridad de los museos y
las instituciones, poniendo en tensión la validez de un canon oficial y
demandando una mayor conexión entre artistas, sus obras y el marco
social en el que estas creaciones aparecían inscriptas. Cuando Marina

8
Escrito y puesto en circulación en RRSS el 23 de octubre, y publicado el 25 de octubre en el
sitio web de la Radio de la Universidad de Chile.

82
Filosofía y estallido social

Abramovic protagoniza su famosa performance en el MoMA (The


artist is present, 2010), es prácticamente una desconocida para el
circuito de museos. El artista en presencia (una “presencia presente”,
como sostienen, tautología mediante, algunos directores teatrales) no
evidencia el carácter inédito de ausencia de mediación del artista —
en este caso, la artista devenida en obra—, sino más bien un ejercicio
de extensión del carácter ético que este tipo de arte ha tenido para sí
como una base de operación. El espectador puede sentarse frente a la
performer y vivir el instante de corporización envuelto en la experiencia
(y ya no en la recepción pasiva o distante).

Sergio Rojas. Coloquio de Perros en Parque Forestal.


Fotografía de Fernando Guzzoni.

El mismo ejercicio de Sergio Rojas conforma un espacio de


ruptura de la mediación que la teoría posee con respecto a los lectores.
Por lo tanto, el rechazo a esa mediación es un factor necesario de tener
en cuenta a la hora de interpretar el crecimiento inflacionario de la
performance. La filosofía hace circular las ideas en un escenario vivo,
que nos permite recordar ese lugar aurático de la lectura colectiva que

83
Cuadernos de Beauchef

demandaba Walter Benjamin en El narrador (1936), haciendo de la voz


y la puesta en cuerpo de ese discurso un instante de suspensión de
la autoridad del filósofo. El filósofo ingresa en el espacio público para
tender puentes mediadores entre las ideas y las personas que asisten
a una conferencia en un espacio abierto, democrático. La escenografía
natural que rodea dicho acontecimiento subraya, de paso, el lugar de
convergencia de lo social. Como sombras al interior de una caverna, los
espectadores asisten al espectáculo del pensamiento en el que, dado el
sentido de urgencia, somos llamados a actuar:

Ahora, cuando somos convocados con fuerza desde el espacio


público (que adquiere realidad en la calle, en los medios de
comunicación, en las redes digitales, en la conversación en el
almacén), los estrechos límites de la individualidad se suspenden
y, por un momento, bajo el signo de la indignación, reaparece esa
comunidad perdida que acaso nunca ha existido: la “comunidad
de individuos” (una especie de secreta utopía de la modernidad).
Pienso que la frustración y la rabia acumuladas en cada individuo
no llegan a hacer historia si no se entrelazan con el entusiasmo
de descubrirse siendo parte de esa comunidad posible que, por
momentos, parece parpadear en medio de la crisis9.

Si el artista debe estar presente, demostrando con ello que


su propio aparecer es más relevante que la propia obra de la que es
autor, el filósofo también debe comparecer como una forma de hacer
evidente el rompimiento con la presencia alienada. Ya no hay mediación
entre el autor de esas páginas que engrosaban la bibliografía de una
asignatura, aunque curiosamente se vuelva inmaterial (o prescindible)
la presencia del sujeto “Sergio Rojas profesor” en la Facultad de Artes de
la Universidad de Chile. Como dice Nick Srnicek (2016), para entender
nuestra situación contemporánea es necesario ver cómo se conecta
con lo que la precedió. Cerrado el ideal fordista de producción en

9
“¿Qué (nos) está sucediendo?”. Escrito y puesto en circulación en RRSS el 23 de octubre y
publicado el 25 de octubre en el sitio web de la Radio de la Universidad de Chile.

84
Filosofía y estallido social

contextos de plataformas, aprendizaje automático (machine-learning)


y la internet de las cosas, el régimen de presencia se revela como el
epítome de la condición actual y, por lo tanto, el saber ingresa en una
lógica de “presencia sin mediaciones”. Y esto producto de que, como
sostiene la artista y filósofa Hito Steyerl (2018), “la economía del arte
está profundamente inmersa en esta economía de la presencia” (p. 39).
Vivimos una época en la que la explicación teórica de las actividades
se ha vuelto un mandato que condiciona la actitud de contemplación,
tan propia de la filosofía, y por ende la acción y la práctica resultan ser
inevitables a la hora de responder a un llamado a actuar. En palabras de
Boris Groys (2016):

Bajo el régimen de la teoría, vivir no es suficiente, uno debe


demostrar que vive, debe hacer una performance del estar vivo.
Sostendré ahora que, en nuestra cultura, es el arte el que performa
este saberse vivo. Es más, el objetivo principal del arte es mostrar,
exponer y exhibir modos de vida. Por lo tanto, el arte ha desempeñado
frecuentemente el rol de performer del saber, mostrando lo que
significa vivir con —y a través de— cierto saber. (p. 41)

De los, hasta hoy, curiosos happenings del Black Mountain


College de Carolina del Norte, a comienzos de la década de 1950, nacidos
a partir de colaboraciones multidisciplinares de docentes y estudiantes,
y protagonizados por Robert Rauschenberg, el músico y compositor
John Cage, y su pareja, el coreógrafo Merce Cunningham, pasando
por la action painting de Jackson Pollock (que el pintor e intelectual
estadounidense Allan Kaprow entendía como la acción de un performer
que utilizaba la pintura como medio), hasta llegar a las archiconocidas
performances de Marina Abramovic, el arte de acción transitó desde su
estatuto artístico inicial hasta su incorporación espontánea en episodios
de la vida cotidiana. Así como la performance, las manifestaciones
sociales se desarrollan en presencia de públicos y para públicos a
quienes se intenta influir en más de un sentido (en principio para
darse a conocer, pero luego para convencer). Estos públicos, diversos
en su conformación, tienden a configurar un sistema organizado de

85
Cuadernos de Beauchef

instituciones, procedimientos y actores, siendo su característica más


evidente la de funcionar como un espacio de “apelación”, tanto en el
reclamo de una respuesta a un problema como en el sentido judicial de
recurso.

La acción del pensamiento disuelve el espacio de separación


entre enunciador y enunciatario, de modo que la filosofía adquiere una
función de agenciamiento, por lo tanto, dramática, y en tal sentido ingresa
en un nuevo estatuto de circulación. Michel Onfray (2002) postulaba,
hace un tiempo, la necesidad de una actitud cínica, perruna, capaz de
poner en tensión la rigidez topográfica de los cuerpos, la verticalidad de
la academia como espacio uniforme, y hoy en día su deseo puede ser
leído como el gesto de ese otro átopos del siglo XX, Roland Barthes, para
quien el discurso del saber debe abandonar el carácter epistemológico y
así devenir en discurso dramático. Sergio Rojas se alista a leer un puñado
de hojas en medio de un enorme galpón. El grano de la voz estalla como
un sonido metálico; la exposición de una subjetividad irreductible entra
en estado de mostración. Es más, él mismo se expone:

Observo la imagen aérea de ese millón 300 mil personas en el centro


de Santiago la tarde del 25 de octubre de este año. Un tiempo de
incertidumbre, como el que estamos viviendo, es un tiempo de
imágenes, que operan como cifras que parecen contener la verdad
de una época a la espera de ser comprendida. Pienso en una frase
de Samuel Beckett en Esperando a Godot: “Mañana, cuando crea
despertar, ¿qué diré acerca de este día?”. ¿Por qué digo “cuando crea
despertar”? ¿Acaso no se ha dicho que ese día “Chile despertó”?
Pienso que no es la expresión adecuada para lo que, al menos desde
ese momento, no ha dejado de acontecer. Chile no despertó, más
bien el país comenzó a explotar. “Malestar” es el término que desde
más de diez años viene circulando para nombrar lo que sucede, una
especie de dolor psíquico que se “acumula”, acaso una forma de
energía incluso física hasta hace poco desconocida10.

10
“Estéticas del malestar II”. Texto leído el 14 de noviembre del 2019 en el Galpón 5 del Persa
Bío bío, en el marco de la actividad “Estrategias / Oblicuas”.

86
Filosofía y estallido social

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Srnicek, Nick. (2018). Capitalismo de plataformas. Buenos Aires: Caja


Negra.

Steyerl, H. (2018). Arte duty free. El arte en la era de la guerra civil


planetaria. Buenos Aires: Caja Negra.

88
Ciencia, Tecnología y Cultura

El impacto sociopolítico del estudio de perdigones


de la Universidad de Chile1

Ninoska Ximena Leiva Cortes2

El contexto social en el que se genera el informe

El denominado “estallido social” del 18 de octubre de 2019 no ha


podido dejar indiferente a algún habitante de Chile. Las manifestaciones
y protestas, que surgieron a raíz de las profundas desigualdades
existentes en el país, han sido consideradas por algunos como algo “de
otro planeta”. Al parecer, el detonante fue la variación del precio en el
transporte público, realizada bajo el gobierno de Sebastián Piñera el
6 de octubre del mismo año; sin embargo, un análisis más detallado
sugiere que, desde 2011, Chile ha registrado considerables protestas
sociales, las que han recibido represión en vez de respuesta, lo que
podría ser la explicación de la denominada “crisis social”, comparable
solo con las revueltas de finales del siglo XIX y principios del XX vividas en
el país; por ejemplo, la huelga de los tranvías (1888); la semana roja de
la carne (1905); la matanza de la Escuela Santa María de Iquique (1907);

1
Agradecemos a los doctores Viviana Meruane, Rodrigo Palma y Patricio Jorquera, del Depar-
tamento de Ingeniería Mecánica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Univer-
sidad de Chile, por su contribución a la concepción y redacción de este trabajo.
2
Periodista. Magíster en Gestión y Políticas Públicas de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas
de la Universidad de Chile. Coordinadora del Programa de Innovación en Manufactura Avanzada.
Docente del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Chile.

89
Cuadernos de Beauchef

la batalla de Santiago (1957) o la revolución de la chaucha (1949). El


común denominador en todas las protestas mencionadas es la poca
respuesta a las demandas y una gran represión policial o militar, que ha
terminado con muertos, heridos y un mayor descontento social.

La crisis social de 2019

En 2012, el estudio “La protesta social en América Latina”3, del


Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), mostró
que en los países más desiguales hay más protestas sociales en las que
se ven involucradas la violencia y los enfrentamientos. El documento
contempló 2.300 protestas sociales efectuadas en Latinoamérica,
mediante el monitoreo de 54 periódicos en 17 países, entre octubre de
2009 y septiembre de 2010. Para sorpresa de muchos, Chile no presentó
mayores conflictos, pese a ser considerado por el mismo organismo
como uno de los países con peor distribución de la riqueza y mayores
desigualdades sociales.

En efecto, el mismo Programa de Naciones Unidas, en el informe


“Desigualdades: Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en
Chile” (2017), indica que los buenos indicadores socioeconómicos que
ha mostrado Chile al mundo esconden una realidad menos auspiciosa:

En Chile los frutos y las oportunidades del progreso no alcanzan


a todos por igual. En efecto, cuando el IDH se ajusta por la
desigualdad, Chile retrocede doce puestos en el ranking mundial
(…) La desigualdad socioeconómica en Chile no se limita sólo a
aspectos como el ingreso, el acceso al capital o el empleo, sino que
abarca además los campos de la educación, el poder político y el
respeto y dignidad con que son tratadas las personas. Esto afecta

3
Calderón Gutiérrez, F. (coord.) (2012). La protesta social en América Latina. Cuaderno de
Prospectiva Política 1. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. Recuperado de [Link]
[Link]/content/undp/es/home/librarypage/crisis-prevention-and-recovery/Understanding-
[Link]

90
El impacto sociopolítico del estudio de perdigones de la Universidad de Chile

en mayor grado a las mujeres, la población rural y de las regiones


retrasadas, los pueblos originarios, y a personas de diversas
minorías4.

Esta realidad ya era conocida por los parlamentarios chilenos. De


hecho, el mismo Senado de la República había solicitado la elaboración
del Libro de Desigualdad en Chile5, en el que quedó en evidencia las
distintas dimensiones que conlleva la mala distribución de la riqueza y
las diferencias de oportunidades en salud, educación, mercado laboral,
segregación territorial y seguridad ciudadana, entre otras áreas.

En este sentido, el Observatorio de Conflictos (del Centro de


Estudios de Conflicto y Cohesión Social, COES) concluyó, en su Informe
Anual Observatorio de Conflictos 2018, que las acciones de protesta
en Chile son principalmente relativas a cuestiones socioeconómicas,
a diferencia de otros países donde las manifestaciones son más bien
producto de diferencias culturales o institucionales, entre otras6. El
documento analizó varios medios de comunicación con noticias sobre
algún tipo de protesta social, en los que se destaca que los problemas
que generan las protestas se refieren a cuestiones de redistribución,
desigualdad e injusticia económica y social, sobre todo en los ámbitos
laboral, estudiantil y pensiones, en relación con los cuales se concentra
la mayor cantidad de protestas.

¿Por qué entonces el asombro? Al revisar la bibliografía existente


se puede develar que había muchos síntomas de la enfermedad.

4
Desiguales. Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile. Santiago de Chile:
Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD), junio 2017. Recuperado de
[Link]
[Link]
5
Senado de la República de Chile. Retrato de la Desigualdad en Chile. Valparaíso: septiembre de
2012. Recuperado de [Link]
PDF_librodesigualdad_ultima_version.pdf
6
Garretón, M., Joignant, A., Somma, N. & Campos, T. (2018). Nota COES de Política Pública
N°17: Informe Anual Observatorio de Conflictos, noviembre. ISSN: 0719-8795. Santiago de
Chile: COES. Recuperado de: [Link]
conflictos-2018/

91
Cuadernos de Beauchef

Entonces, a partir de los documentos mencionados se puede inferir que,


ante una baja capacidad de procesamiento institucional de determinadas
demandas y sumado la represión, se entra en un ciclo de protestas con
foco en los derechos sociales, en las que destacan los acontecimientos
experimentados en 2011, 2012, 2015 y 2019. Una realidad que no se
veía desde hace siglos y que va asociada a una nueva capacidad de
movilización de los actores sociales, que puede deberse a múltiples
nuevos factores, como por ejemplo internet y las redes sociales, entre
otros.

Hay elementos distintivos en la explosión social del 18 de octubre


que dejaron prácticamente sin efecto las normativas institucionales,
al punto que, durante las primeras horas del denominado “estallido
social”, los poderes del Estado y las Fuerzas de Orden no sabían cómo
actuar, dejando que la realidad superara a la ficción en hechos como la
quema de las estaciones de Metro, los saqueos de supermercados, las
protestas callejeras, los incendios registrados y, sobre todo, los muertos
y heridos. Esto marca un importante hito, ya que, en 2011, 2012, 2015 y
en menor medida en 2016 (contra las AFP), la mayoría de las protestas
debidas a problemas socioeconómico no habían tenido elementos de
violencia reiterados, exceptuando algunos episodios, como por ejemplo
el del universitario Rodrigo Avilés, quien resultó gravemente herido y
quedó al borde de la muerte al ser impactado por un chorro del carro
lanza aguas de carabineros, el 21 de mayo de 2015.

El exceso de violencia es resultado de la falta de respuesta


de las instituciones y la organizaciones políticas existentes, incapaces
de procesar los conflictos sociales en el marco de mecanismos de
diálogo y participación ciudadana representativos de todos los sectores
políticos y sociales; adoleciendo de la empatía necesaria para entender
las desigualdades y ofrecer soluciones concretas; manteniendo los
ya conocidos vínculos entre los negocios y la política; dejando a los
ciudadanos y habitantes de Chile con ira e indefensión, canalizadas
en una baja participación democrática, una nula confianza y una
conflictividad radicalizada. Se hace necesario, entonces, la intervención
de las pocas instituciones que aún tienen el respaldo ciudadano, como

92
El impacto sociopolítico del estudio de perdigones de la Universidad de Chile

las universidades estatales7, entre las que se encuentra la Universidad


de Chile, para que, desde su quehacer, puedan ayudar en parte a esta
ciudadanía desencantada.

Si miramos la visión de futuro que declara la Universidad de


Chile8, se destaca que ésta debe ser consistente con la misión histórica,
la naturaleza estatal y pública, y el compromiso nacional de la Casa de
Estudios con el país. Repensando y proyectando su misión, adecuándose
a los desafíos que plantean los cambios históricos y, sobre todo,
anticipándolos.

En el contexto de las movilizaciones ocurridas en Chile a partir del


18 de octubre del 2019, surge la controversia sobre el uso de “perdigones
de goma” (también llamados “balines” en algunas publicaciones de
prensa) para el control de las protestas. El empleo de esta munición es
un tema de grandes implicancias, tanto en el ámbito político como en el
social, pues involucra materia de institucionalidad, derechos humanos,
seguridad pública y de salud de la población, conllevando un aspecto
científico-técnico en el que se implica de manera directa el quehacer
de las universidades con un rol público, por lo que deben poner sus
capacidades científicas y tecnológicas al servicio del país.

Es en este contexto que se genera el conocido “Informe de


perdigones”, del Departamento de Ingeniería Mecánica (DIMEC) de la
Universidad de Chile, elaborado a partir de una solicitud de la Unidad
de Trauma Ocular (UTO) del Hospital del Salvador, en el que se revela
que el material de los proyectiles está compuesto mayoritariamente por
minerales y metales de alta dureza.

Informe de perdigones

El trabajo fue elaborado por los académicos de la Facultad de


Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, doctores
7
Según encuesta Plaza Pública CADEM, abril y octubre de 2019.
8
Misión y Visión de la Universidad de Chile. Recuperado de [Link]
presentacion/institucionalidad/4681/vision-y-mision

93
Cuadernos de Beauchef

Rodrigo Palma9 y Patricio Jorquera10, con el objetivo de determinar la


composición de dos perdigones que, de acuerdo con lo informado por
los médicos, fueron extraídos de pacientes afectados por impactos
de proyectiles antidisturbios durante manifestaciones. Según dicta el
informe de la UTO, el uso de balines “ha provocado traumas severos
en un elevado número de casos y causa ceguera en una alarmante
proporción de estos”11. El informe del DIMEC determinó la composición
de los balines entregados como muestra, informando, mediante un
comunicado de prensa y acompañado del informe el 16 de noviembre
de 2019, que “los perdigones analizados contienen 20% de caucho y el
80% restante corresponde a otros compuestos como sílice, sulfato de
bario y plomo”12.

Las muestras analizadas son de cartucho calibre 12, tienen un


diámetro de 8 mm y un peso de 0,734 g. En la investigación se realizaron
los análisis básicos de determinación de la materia prima, tales como
densidad, contenido de cargas, análisis de espectroscopía FTIR, análisis
térmico diferencial de barrido DSC y microscopía SEM.

El estudio consultó además la Circular 1.832, sobre “Uso de la


fuerza: actualiza instrucciones al respecto” del Ministerio del Interior y
Seguridad Pública, emitido en marzo de 2019; y la Orden General Nº
2.635 “Protocolos para el mantenimiento del orden público”, también
de marzo de 2019, en las cuales se informa que, de acuerdo con la
norma, los proyectiles en estudio aparecen como “munición no letal”,
utilizada por medio de escopetas antidisturbios, y se especifica el uso
de “cartucho de impacto (super sock) o similar” y de “cartucho con
perdigón de goma”.

9
Profesor Asociado del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Facultad de Ciencias Físicas
y Matemáticas de la Universidad de Chile.
10
Profesor Adjunto del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Facultad de Ciencias Físicas
y Matemáticas de la Universidad de Chile.
11
Informe del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Chile. Recuperado de
[Link]
de-la-Universidad-de-Chile#from_embed
12
Idem.

94
El impacto sociopolítico del estudio de perdigones de la Universidad de Chile

Así, la primera conclusión es que los proyectiles analizados


contienen solo un 20% de caucho (goma), con un 80% restante
compuesto por sílice (SiO2), sulfato de bario (BaSO4) y plomo (Pb).
Además, en cuanto a la dureza de los perdigones, el informe del DIMEC
establece que “el valor de dureza Shore A es de 96,5”, en una escala de 1
a 100 establecida para materiales elastómetros compactos, esto es, una
dureza equivalente a “una rueda de skate”13.

Se detalla igualmente que “un producto de caucho, por lo


general, tiene una dureza inferior a 50 Shore A (una goma de borrar
tiene, por ejemplo, 40 Shore A), por lo que, para tener una dureza
superior, debe ser mezclado con otros compuestos”.

Las repercusiones del informe

Como pocas veces en la historia de Chile, se buscó desestimar los


resultados del informe de perdigones elaborado por la “Casa de Bello”14.
A menos de ocho horas de publicado, Carabineros de Chile dio a conocer
un documento con la tabla de composición de sus municiones, en el que
señaló que “Carabineros de Chile, para sus operaciones policiales,  de
acuerdo con sus protocolos de actuación para el mantenimiento del
orden público, sobre la base de estándares internacionales de otras
policías,  utiliza perdigón de goma no letal, adquirido a proveedor
certificado”.

A 24 horas de publicado el informe de la Universidad de Chile


(17 de noviembre de 2019), el general director de Carabineros, Mario
Rozas, indicó en El Mercurio que “De acuerdo con las especificaciones
técnicas del proveedor certificado, estos (perdigones) sí son de goma.

13
Declaración pública FCFM, respecto del “Estudio de perdigón - Informe final (UTO).
Recuperado de [Link]
14
La Universidad de Chile se conoce también como “Casa de Bello”, en honor a su primer
rector, Andrés Bello. Universidad de Chile (1842-1990). Memoria Chilena. Biblioteca Nacional
de Chile. Recuperado de [Link]

95
Cuadernos de Beauchef

Un análisis del Laboratorio de Criminalística de Carabineros también


da cuenta de que son de goma”. Agregando además que se “pedirá un
informe a una universidad extranjera para conocer la composición de
los balines que ocupa la institución”. En esta misma línea, el general
de Carabineros Enrique Bassaletti aseguró en la televisión abierta (CHV
Noticias) que “existe una muy baja probabilidad de que los perdigones
estudiados por la Universidad de Chile hayan sido disparados por
Carabineros, en cuanto no usamos balines, sino perdigones de goma.
No estoy haciendo una defensa corporativa, sino que sea la evidencia
científica la que determine”.

Cabe recordar que, previamente, el rector de la Universidad de


Chile, Ennio Vivaldi, defendió al estudio realizado por la institución que
lidera. En su cuenta de Twitter el rector Vivaldi señaló que: “el estudio
de composición de balines, solicitado por la Unidad de Trauma Ocular
del Hospital del Salvador, es de total objetividad y cumple con todos los
criterios técnicos”, agregando que “Nuestra Universidad y su Facultad
de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) es reconocida por la calidad
de su trabajo científico. Ésta, a su vez, es garantía de rigurosidad ante
la población, como lo demuestra su labor en muchas áreas de interés
nacional”. En esta misma línea, el decano de la FCFM, Dr. Francisco
Martínez, indicó, mediante un comunicado público, que “los datos
entregados constan en el informe realizado por el Departamento de
Ingeniería Mecánica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas
de la Universidad de Chile. Nuestra institución, en cumplimiento de su
rol público, pone a disposición del país sus capacidades científicas y
tecnológicas para la realización de otros estudios”.

El académico Rodrigo Palma profundizó afirmando que “la sílice


hace que aumente la dureza del material, y las partículas de plomo
hacen que aumente su peso (el peso está directamente relacionado
con la energía cinética de los balines). Ambos efectos, dureza y energía,
hacen que se aumente significativamente el daño que producen los
balines. Son más parecidos a una piedra que a una bala de goma”.

A lo anterior se sumaron diversas declaraciones de especialistas


de la salud, radiólogos, por ejemplo, quienes indicaron que, mediante

96
El impacto sociopolítico del estudio de perdigones de la Universidad de Chile

los escaners tomados a pacientes con perdigones en el cuerpo, pudieron


medir la densidad tomográfica en unidades de Hounsfield, y llamó la
atención la alta densidad de los perdigones, lo que significa que hay
compuestos distintos a la goma.

De lo anterior puede afirmarse que el Informe de perdigones de


la Universidad de Chile provocó un quiebre15, porque, a pesar de que ya
existían muchas dudas sobre las municiones que se estaban utilizando
para dispersar las manifestaciones y que era vox populi la composición
de éstas, que la Universidad de Chile ratificara su composición dañina,
mediante un estudio científico, marcaba un hito.

Fue tal el revuelo que, hasta el ministro del Interior, Gonzalo


Blumel, aseguró que los balines sí estaban hechos de goma, respaldando
la versión de Carabineros en el marco de una entrevista realizada el
domingo 17 de noviembre en el programa de TVN Estado Nacional.

En tanto, y a un mes exacto de iniciado el estallido social, el


Instituto Nacional de Derechos Humanos cifró en 964 los heridos por
perdigones y 67 por balines, asegurando que 222 personas presentaron
heridas oculares y, de ellas, 163 producto de disparos. En total, 2.391
personas heridas, dando cuenta de la gravedad de la situación y de la
necesidad de tomar acciones concretas.

Posterior a estos hechos, y entendiendo el impacto mediático


alcanzado por el informe del DIMEC, el general director de Carabineros,
Mario Rozas, con fecha 19 de noviembre de 2019, realizó una
conferencia de prensa en la que admitió diferencias en la composición
de los perdigones en comparación con la ficha técnica entregada
por el proveedor, informando que “se suspenderá el uso de balines
antidisturbios, luego de realizar nuevas pericias a estos elementos”.
En su declaración reconoce incluso que la decisión se funda en que,

15
La noción de “quiebre” suele estar vinculada a un antes y un después. Quiebre es la acción y
efecto de quebrar o quebrarse. Este verbo puede hacer referencia a romper, fracturar, doblar,
interrumpir o traspasar.

97
Cuadernos de Beauchef

“a partir de un informe emitido por una universidad del país, que daba
cuenta de posibles discrepancias de la composición de los perdigones, se
encomendó un informe al Laboratorio de Criminalística de Carabineros,
el que, si bien no coincide con las conclusiones del anterior estudio,
también muestra diferencias con la composición declarada por el
proveedor en la ficha técnica”.

De esta manera, los perdigones quedaban regulados en el


mismo nivel de las armas de fuego, ya que solo podrían ser usados en
legítima defensa y en caso de extremo peligro de los uniformados, y no
como un disuasor en manifestaciones.

Sin embargo, la repercusión no terminó del todo, pues tres días


más tarde se filtró un documento oficial de Carabineros de Chile, de siete
años atrás, que entregaba los alarmantes resultados de un peritaje acerca
de los perdigones, elaborado por el Departamento de Criminalística de
la misma institución, en el que se recomendaba disparar a más de 30
metros del blanco y solo apuntando al tercio inferior del cuerpo de los
manifestantes. Disparos a menor distancia, advertía el informe, pueden
ser letales si impactan en el cuello, o provocar un estallido ocular,
fractura craneal y laceraciones hemorrágicas en el abdomen, entre otros
efectos. El documento demuestra que Carabineros conocía los riesgos
de usar este tipo de municiones16.

Comisión de Derechos Humanos del Senado solicita detalles del estudio


de perdigones

Consciente del impacto que generó la investigación de los


perdigones, la Comisión de Derechos Humanos, Nacionalidad y
Ciudadanía del Senado de la República invitó a representantes de la
Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad

16
Carabineros de Chile. Direccion de investigación delictual y drogas. Departamento de
criminalistica. Disparos con escopeta antidisturbios, con empleo de cartuchería con perdigón
de goma y sus efectos en la superficie del cuerpo humano. Noviembre, 2012. Recuperado de
[Link]

98
El impacto sociopolítico del estudio de perdigones de la Universidad de Chile

de Chile para conocer los detalles del informe realizado. En la sesión


del jueves 28 de noviembre, el decano de la Facultad, Dr. Francisco
Martínez, junto a la directora del Departamento de Ingeniería Mecánica,
Dra. Viviana Meruane, y el académico Dr. Patricio Jorquera, entregaron
detalles de la investigación, la metodología utilizada y una descripción
de los componentes de estos perdigones.

En la ocasión, los representantes de la FCFM entregaron a


los miembros de la comisión el informe de trauma ocular del Hospital
del Salvador y documentos con los resultados comparados de las
universidades de Valparaíso, Austral de Chile y del Laboratorio de
Criminalística de Carabineros de Chile (LABOCAR). Los estudios realizados
por las distintas casas de estudios arrojaron resultados semejantes a la
investigación realizada por Patricio Jorquera y Rodrigo Palma.

Cabe destacar que a la sesión también asistió el doctor Sergio


Morales, médico jefe de la Unidad de Trauma Ocular del Hospital del
Salvador, quien reiteró que fue la unidad que representa la que solicitó
el informe, luego de observar que, en las tomografías realizadas a los
pacientes con impacto ocular, se apreciaban proyectiles como objetos
metálicos y no de goma. Así, también, provocaban inflamación y reacción
alérgica a los pacientes17.

Mientras, la directora del DIMEC, Dra. Viviana Meruane, expuso


los distintos métodos utilizados para identificar los componentes
y grados de dureza de estos proyectiles de disuasión, catalogados
internacionalmente como “menos letales”, toda vez que ya se han
registrado muertes producto de este método antidisturbio. Otro
objetivo que se planteó el estudio fue contrastar esta información con lo
indicado en reglamentos y protocolos de Carabineros de Chile.

En tanto, el profesor Patricio Jorquera respondió las consultas


de los parlamentarios, explicando con precisión el grado de densidad

17
Senado de la República de Chile. Comisión de Derechos Humanos, 28 de noviembre 2019.
Recuperado de [Link]
comision-de-derechos-humanos/2019-11-28/[Link]

99
Cuadernos de Beauchef

y dureza de los perdigones utilizados. Consultado sobre el daño que


generaría un balín 100% de goma al impactar el cuerpo humano,
el profesor Jorquera precisó que “la respuesta debe comprender la
interacción de los factores de masa, velocidad y potencia del disparo,
además de la distancia en que se ejecuta la acción respecto al cuerpo”.
Procedió a mostrar dos piezas reales de perdigones, uno de goma y otro
equivalente al analizado en el estudio, para manipularlos y exponer
visual y sonoramente sus diferencias, mostrando cómo variaban los
comportamientos de rebote y la dureza que se puede observar tan solo
ejerciendo la presión de los dedos sobre ellos.

Al finalizar la presentación, el decano Francisco Martínez expresó


que, al hacerse público el informe de la FCFM, éste fue mal recibido
por Carabineros. “Manifestaron que pedirían un informe internacional.
Por supuesto que tienen todo el derecho de hacerlo, pero básicamente
ponían una nota de duda sobre la calidad de la Universidad de Chile
y del resto de las instituciones que empezaron también a proveer
información. Siendo ambas instituciones del Estado, me parece que ese
tipo de opiniones son delicadas, sin perjuicio de que ellos puedan hacer
lo que les parezca conveniente”, expresó la autoridad universitaria.

El 2 de diciembre de 2019 se realiza un nuevo informe sobre


el empleo de perdigones antidisturbios por parte de Carabineros. La
petición surge desde la Sociedad Chilena de Física, y lo lleva a cabo un
equipo de investigadores de las universidades de Chile y Austral, quienes
califican las armas de perdigones como inherentemente imprecisas
y capaces de producir daños letales a corta distancia, e irreversibles
hasta los 40 metros, por lo que expresan su alarma de que se continúen
empleando. Asimismo, el informe invita a promover una cultura
científica, que permita evitar que opiniones desinformadas pasen como
hechos objetivos18.

18
Marcos Flores, Gonzalo Gutiérrez, Judit Lisoni. Algunas consideraciones sobre el empleo
de perdigones antidisturbios por parte de Carabineros de Chile. Santiago/Valdivia, lunes 2
diciembre de 2019. Recuperado de [Link]
Solicitado-por-Sochifi_02122019.pdf

100
El impacto sociopolítico del estudio de perdigones de la Universidad de Chile

Conclusiones

El pasado 3 de enero de 2020 el Estado chileno ingresó la


respuesta a la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la
ONU, con sede en Ginebra, luego del “llamado de urgencia” que hiciera
el organismo, el 5 de noviembre de 2019, atendiendo graves denuncias
en contra de las Fuerzas de Orden por el uso extremo de la violencia
contra manifestantes y miembros de la población civil. El documento,
de 54 páginas, se refiere a las acciones que ha tomado el gobierno para
evitar las violaciones a los derechos humanos. No obstante, al referirse
a las municiones antidisturbios usadas por Carabineros, no menciona
que tienen un 20% de goma y un 80% de otros compuestos. Así lo da
a conocer el medio de comunicación Biobío, que publicó el documento
oficial19.
En el texto, el gobierno destaca que “ha tenido una preocupación
permanente por el cumplimiento de los protocolos sobre el uso de la
fuerza en contextos de control del orden público, y por la transparencia
de la información en la situación de excepción que ha vivido el país”.

Sin embargo, desde el pasado 22 de enero de 2020, Carabineros


está utilizando un nuevo tipo de balines para las escopetas antidisturbios.
Se trata de una munición similar a la que utiliza la Policía de 0 (PDI): cada
cartucho contiene tres perdigones de mayor tamaño, a diferencia de los
anteriores de menor tamaño y en el que venían 12 proyectiles. Habrá
que esperar para saber cuál es el nivel de impacto de estas municiones.

Fuera de la postura de cada persona en torno a este tema, no se


puede dejar de reconocer que el estudio de perdigones del DIMEC de la
Universidad de Chile generó un quiebre en el uso de balines por parte de
Carabineros, demostrando una vez más que la investigación universitaria
puede transformarse en un instrumento de equidad, estando al servicio

19
Reportajes Biobío. Perdigones de Carabineros son “de goma”: la respuesta del Gobierno
a la ONU por violaciones de DDHH. Jueves 09 enero de 2020. Recuperado de [Link]
[Link]/especial/reportajes/2020/01/09/perdigones-de-carabineros-son-de-goma-la-
[Link]

101
Cuadernos de Beauchef

de sus ciudadanos, respondiendo a la sociedad con conocimiento y


participando como un actor directo en su desarrollo.

Al final, la contingencia ha demostrado que los gobiernos que


no han escuchado a los expertos ni involucrado a las universidades y
a la ciencia en el desarrollo de sus políticas públicas, no han generado
cambios sociales positivos en el largo plazo. Mientras que, en la dirección
opuesta, la inversión en ciencia y tecnología siempre genera mayor
productividad y competitividad en un país.

102
Ciencia, Tecnología y Cultura

El desborde de una comunidad oprimida

Germán Rozas, Nuriluz Hermosilla, Gonzalo Falabella,


Christian Miranda, Claudio Millacura y Camilo Caro1

1. Introducción

El “estallido social” de octubre se constituye como un momento


histórico de revuelta popular, debido al creciente descontento de la
sociedad chilena en su conjunto. Este descontento se mueve en el ámbito
de lo emocional y se puede observar como rabia y odio (Saforcada, 2012)
que desborda en la dirección de destruir los elementos simbólicos que
representan al gobierno, las empresas y la idea del Chile conservador. Ello
debido a la presencia de un sistema en el cual los beneficiados son los
privilegiados de este mismo sistema, en todas sus expresiones (políticos,
empresarios, instituciones), y a que, pese a las denuncias confirmadas
sobre delitos de abuso, estos han quedado impunes (negacionismo,
pactos de silencio, colusiones y múltiples estafas en las jerarquías de las
fuerzas armadas).

La revuelta popular se puede comprender además desde el


ámbito de lo comunitario, puesto que el estallido social es también
producto del maltrato, instrumentalización y abuso desde el Estado,

1
Programa de Estudios Comunitarios Latinoamericanos, Facultad de Ciencias Sociales, FACSO,
Universidad de Chile.

103
Cuadernos de Beauchef

el mercado y la empresa privada, a las diversas comunidades que


componen la sociedad chilena. Es decir, un proceso de subalternización
que obliga a las comunidades a cumplir tareas de soporte de la sociedad
en grados extremos, llegando a un punto cercano al desquiciamiento,
generando condiciones similares a una “olla a presión” a punto de
estallar, lo que efectivamente ocurrió.

La comunidad a la que nos referimos se expresa en grupos


de empleados, campesinos, funcionarios públicos, profesionales,
pobladores, estudiantes, trabajadores de casa particular, vendedores
callejeros y otros, que se insertan en la sociedad, configurados sobre la
base de variables económicas, culturales, religiosas, políticas o de índole
territorial. No obstante, las comunidades, siguiendo las pautas de cada
época histórica, se constituyen y se modifican aportando al proceso de
construcción social en la lógica de una mayor democracia, participación
y crecimiento cultural. En esta dirección, la explosión social de octubre
es síntoma de un desencuentro social, similar al choque de dos placas
tectónicas, en la que una empuja de arriba hacia abajo y la otra en
sentido contrario.

Una vez producido el estallido social y todas sus consecuencias,


continúan procesos de rebelión, como acciones desplegadas en el
mediano plazo. Esto a través de corrientes de lucha que se despliegan
y unen en un río que avanza y se desborda; es aprendizaje colectivo en
comunidades que van reconociéndose en un sustento ético, el cual se
conforma en contraparte del modelo hegemónico capitalista, colonial y
patriarcal conducido por una elite.

Por tanto, en clave comunitaria, el estallido social es


principalmente un rechazo a la sociedad actual, por su configuración
estructural que genera privilegios basados en el abuso —tal como señala
Mayol (2019)—, a través de exprimir el trabajo de la población, sacar un
porcentaje de ganancia que se oculta con una justificación legal, pero
que en realidad es percibido como un robo institucionalizado. El cual,
si bien se había naturalizado en la población, también era sabido por
todos, y estalla frente a causas puntuales como el alza del precio del

104
El desborde de una comunidad oprimida

pasaje del Metro y los comentarios burlescos de la autoridad. Entonces,


la población explota de indignación y despliega una violencia (Rozas,
2012) contra el sistema en sus expresiones más visibles. La comunidad
en su conjunto “despierta” y asume que es víctima de una especie de
esclavitud, que aquí llamamos “esclavitud moderna”.

Entonces, ¿cuál es el sentido de la crisis que está viviendo


el sistema social en Chile? Hegel (2017) sostuvo que los fenómenos
sociales suelen expresar un significado que, oculto en la realidad,
pugna en algún momento por emerger. Siendo así, ¿de qué forma el
develamiento de este significado podría ayudarnos a analizar, en clave
comunitaria, el sentido del estallido social del 18 de octubre de 2019?
Esa es la problemática que orienta la reflexión que sigue.

2. Rechazo al sistema que envuelve al país

El desborde social, desplegado en octubre sobre la propiedad


pública y privada, se expresa en un primer momento como evasión
de pasajes, peajes y deudas, pero en paralelo sale a las calles bajo la
modalidad de marchas que se transforman en protestas, ocupando
espacios públicos nodales. Allí suceden también saqueos, profusamente
cubiertos por la prensa, no así la represión a que se somete a las
personas en la calle. Desde nuestro punto de vista, también podría
ser interpretado como la apropiación legítima de los productos de
las grandes empresas, como supermercados, farmacias, ferreterías,
grandes tiendas y malls. La expresión física de esta lucha desigual, en
que las armas de fuego están solo en manos del Estado, es la destrucción
producto de saqueos; explosión artística gráfica, auditiva, performática
y de cantería (para la obtención de proyectiles). Y es aquí donde los
movimientos en formación hacen sentir uno de sus más importantes
mensajes: el rechazo al sistema.

Es conveniente profundizar respecto de qué es lo que se rechaza.


Por un lado, “evadir” significa que, frente al pago de un servicio público,
el mensaje es no respetarlo, pasar por encima, no cumplir. Por tanto,

105
Cuadernos de Beauchef

los servicios se constituyen en objetos del malestar ante las injusticias,


contra algo que no corresponde, contra un engaño, contra un precio que
oculta un trozo de falsedad.

El estallido, convertido en movimiento social, volcado a la


calle, se evidencia en concentraciones diarias en puntos neurálgicos
de todas las regiones, provincias, comunas y barrios a lo largo del país.
Este fenómeno da cuenta de una apropiación del espacio público que,
enfrentándose de manera efectiva a la policía, genera un clima de poder
sobre el espacio cercano: una apropiación del territorio local.

El ensamble de estas ideas, sensaciones y toma de conciencia,


llevó a validar por parte de la comunidad la apropiación de los
productos del mercado, lo cual fue calificado por la prensa y los medios
de comunicación como “saqueo” o evasión. La movilización social
permitió no solo el control político del escenario público nacional, sino
la oportunidad real de apropiarse de los productos disponibles en el
gran comercio, considerándolo de justicia para la satisfacción de las
necesidades inmediatas.

Destrucción e incendios ocurrieron puntualmente en


instituciones financieras, hoteles de lujo y centros médicos. También
hubo destrucción parcial de las estaciones del Metro, quema de buses
del sistema concesionado y, sobre todo, de mobiliario público, como
semáforos, señalética, luminarias, rejas, todos símbolos representativos
del flujo de movimiento ordenado por el sistema para cumplir la tarea
productiva. Es decir, aquí hubo un rechazo a la meta del sistema que
busca la eficiencia y la rentabilidad de los productos del trabajo, siendo
la productividad una de las máximas del sistema neoliberal.

Igualmente, es muy relevante la resignificación colectiva


del patrimonio, expresada en la destrucción o reinterpretación de
estatuas, monumentos y símbolos que son referencia del Chile colonial,
conservador e incluso republicano, que hacen alusión a personajes del
sistema elevados a la categoría de héroes que, para la población, no
son sino ejemplos de una elite que solo ha buscado alterar la vida del

106
El desborde de una comunidad oprimida

sector popular, sometiéndolo, exprimiéndolo laboralmente, humillando


su cultura y marginándolo de las decisiones.

Cabe mencionar el ataque dirigido a varios cuarteles policiales


en distintos puntos del país, en los cuales se habían cometido violaciones
a los derechos humanos o que representaban las vulneraciones
ejercidas en todo el país durante los últimos 40 años. Luego, destruir
el comercio institucional moderno, llamado por algunos “Sociedad
Commodity” (Urrutia, 2019), es decir, toda aquella instalación de venta
de productos que promueven una vida de elite. Es el caso ocurrido
en la calle Irarrázaval de Santiago, en que, frente a innumerables
negocios establecidos, la población se fue solo contra uno de ellos, una
automotora, invadiendo sus oficinas y sacando del patio de ventas los
vehículos en exposición, muchos de ellos autos de lujo, empujándolos
hacia la calle y luego incendiándolos; allí la destrucción funcionó como
crítica y rebeldía frente al modelo.

En este sentido, lo central radica en la crítica y el rechazo del


movimiento no solo al abuso, sino a la explotación de la comunidad.
Este elemento lo desarrollaremos a continuación.

3. Esclavitud moderna

Sin duda, este sistema se sustenta sobre formas de esclavitud


moderna, como parte de la estructura económica chilena caracterizada
por el neoliberalismo.

El sistema instaló en Chile una estructura que se ha ido


modernizando, pero que tenía el vacío de no contar con la población
necesaria, capacitada y adherida subjetivamente al sistema. Entonces,
en las recientes décadas, se cuenta ya con el capital humano requerido,
el cual ha incorporado el concepto de “jornada de trabajo”; tiene el
conocimiento para hacer funcionar las múltiples áreas de la estructura
productiva; las habilidades para entender, insertarse y competir
exitosamente en el mercado, y tiene resuelto lo básico en cuanto a

107
Cuadernos de Beauchef

alimentación, salud y vivienda. De manera que esta población, mejor


preparada, viene a completar el eslabón que faltaba para terminar
de armar un sistema constituido por recursos naturales a explotar;
la estructura técnica, mecánica, ingenieril y científica necesaria, y,
finalmente, la conformación empresarial, gubernamental y financiera
apropiadamente ensamblada. Debemos destacar que esta estructura
fue perdiendo su base fabril local que daba trabajo real, la que fue
reemplazada por un modelo exportador básico e importador de
productos elaborados.

Pudiendo esta arquitectura social tomar distintos caminos


dentro del contexto de la modernidad, lamentablemente se dirigió y
se organizó sobre la base del modelo neoliberal. Fuera de su definición
y elementos que componen esta forma de organización social,
mencionamos a continuación algunos aspectos medulares para entender
por qué estamos hablando de una “forma moderna de esclavitud”.

Si bien en la sociedad actual hay derechos vigentes que respetan


la vida y la libertad de las personas que la constituyen, el análisis de la
estructura de trabajo y remuneraciones muestra que se ha estructurado
una sociedad que esboza un tipo de esclavitud moderna, la cual está
en curso de formación y de perfeccionamiento. Ya bastante se había
soportado en décadas pasadas y el sistema continuaba desplegándose
viento en popa hacia el futuro y hacia formas cada vez más inteligentes
de explotación.

Pero la revolución chilena de octubre (Hermosilla, 2019) se


caracteriza como “estallido social”, como una explosión que intenta
detener la instalación de esta estructura de esclavismo moderno. Ello
permite despertar, tomar conciencia, darse cuenta del modelo en
el cual se está viviendo, luego del cierre de conciencia colectiva que
algunos han interpretado como una obnubilación, un conformarse con
el sistema explotador en curso (Ibáñez y Jiménez-Domínguez, 2001).
Tomar conciencia, entonces, es percibir una verdad oculta que nos
devela el rol de subyugación en el que nos encontramos, y que nos abre
la expectativa de vivir de una manera distinta, sin esclavitud y más libres.

108
El desborde de una comunidad oprimida

Aquello develado a la sociedad en sus comunidades en lucha,


ahora más capacitadas y educadas que en el pasado, es que han sido
modeladas, domesticadas y entrenadas para cumplir varias funciones.
Una, que es la clásica, es el trabajo asalariado; otra es desarrollar un
estilo de vida programado en un sentido consumista e individualista;
otra, creer en el sistema o conformarse con él, como si fuera el único
posible, y, finalmente, adherirse a las dinámicas de entretención
digitales, como son la telefonía digital y ser víctimas inconscientes de la
narcotización de la subjetividad. Sin embargo, incluso todo ello podría
ser aceptado y ser considerado como parte de lo que toca vivir en la
realidad actual y del nuevo siglo XXI. Pero el objeto develado es aún
algo más oscuro y que desata el odio contra lo inmediato, expresado en
“saqueos” y destrucción. Lo más oscuro es la confirmación del engaño,
de la traición, del secreto; en qué consiste el robo institucional y sus
múltiples facilitadores legales, el robo constante de la letra chica, de
un sistema de precios, de costos, de deducibles, de impuestos, que
son falsos, premeditadamente exacerbados, justificados de manera
tramposa.

Hay aquí una importante toma de conciencia de la comunidad;


darse cuenta de que trabajar con sacrificio y esfuerzo, por un salario,
implica necesariamente que el producto será usurpado, succionado
y usado para el beneficio de quienes detentan el poder político y
económico.

Por ejemplo, el precio de los medicamentos en Chile es más


caro que en países desarrollados, a lo que se agrega la colusión de las
farmacéuticas para subir descaradamente los precios. El robo de miles
de millones de pesos por parte de militares y carabineros quienes,
luego de ser descubiertos, son escondidos por el poder gubernamental,
con la complicidad del aparato judicial, el parlamento y los fiscales.
Las pensiones, como caso emblemático de apropiación, muestran el
absurdo que, luego de una vida de trabajo, la jubilación no alcanza para
vivir, se obtiene una miseria. Mientras las empresas que administran el
sistema toman el dinero ajeno, perteneciente a la población que cotiza,
y lo invierten obteniendo ganancias que no van a parar a los bolsillos

109
Cuadernos de Beauchef

de los cotizantes, sino a los dueños de estas instituciones, quienes,


paradojalmente, tienen la libertad de utilizar estos dineros ajenos, a
diferencia del cotizante que, por ley, no puede tomar decisiones sobre
su propio dinero.

4. Oprimidos y opresores, el nuevo eje en la estructura social

La situación descrita permite comprender que el país termina


dividido en oprimidos y opresores, clasificación que borra las habituales
diferencias de clase, raza, sexo, situación económica, educación, para
constituirse en un nuevo parámetro de división social, un nuevo eje, un
parámetro reciente y actual fruto de la toma de conciencia del estallido
social (Hart y Negri, 2000). Los oprimidos constituyen todas aquellas
comunidades que trabajan como esclavas por un salario, que hacen todo
lo que el sistema les pide, o que se buscan la vida en trabajos informales
de escaso rendimiento económico; los opresores, minoritarios, son
quienes están en el poder económico y político sostenido desde 1973.
Ellos, más que preocuparse por resolver los problemas de la sociedad,
están abocados a perseguir el crecimiento de sus propios capitales, bajo
una mascarada de construir una sociedad moderna, que se inserte y
sea exitosa en el mercado internacional; sin embargo, sientan las bases
de una estructura económica especulativa, que cobra comisiones
desmedidas y se proyecta en un autoaseguramiento a futuro.

Estudios señalan que muchos de quienes participan en la primera


línea de enfrentamiento con la policía en las movilizaciones callejeras
provienen del Servicio Nacional de Menores, SENAME, chicos pobres,
distanciados de sus padres, habitantes de hogares de menores, la gran
mayoría violentados por el sistema, llamados “niños institucionalizados”
(Núcleo Sociología Contingente, 2019). Ellos son parte de la revuelta
social, luchando codo a codo con feministas, estudiantes, obreros,
empleados, personas de tercera edad; es decir, estos niños y
adolescentes, desde su particular punto de vista, comparten la misma
situación que viven otros sectores de la comunidad nacional; se produce
allí, en la calle, una comunidad simbólica importante. Se ha producido

110
El desborde de una comunidad oprimida

en el estallido social un nuevo ethos que caracteriza a diferentes


grupos: ser objeto del mismo abuso, de explotación, de humillación, de
marginación, de burlas; en síntesis: el ethos de los oprimidos.

Es así como, fruto de esta injusticia, la reacción se expresa en


una acción social amplia, que fortalece las recientes acciones feministas,
indigenistas, medioambientalistas y de otras comunidades en defensa
de los territorios, elaborándose un nuevo diseño social —algunos dirían
un “nuevo Chile”—, expresándose en la vida local, en el barrio, en la
población profunda de nuestra sociedad. De manera que el conflicto de
la revuelta popular no solo se desarrolla entre trabajadores y el Estado,
sino principalmente entre oprimidos y opresores, entre un pueblo que
se conforma y las familias y entelequias dueñas del país, que concentran
la propiedad y que son protegidas por el Estado (Virno, 2003), y que no
entienden quiénes son estos seres unidos en sus luchas.

5. Procesos en la base del estallido social

En este escenario, nuestra atención debe detenerse en los


pueblos indígenas, polinésicos y afrodescendiente que, desde mucho
antes, manifestaron su rechazo a la incorporación forzosa de sus
territorios, formas productivas y epistemologías, a un sistema que se
centra en el individuo y menosprecia lo colectivo. Ejemplo de ello son
los conflictos por restitución de tierras, revisión de proyectos de alto
impacto ambiental en los territorios reclamados como propios, la
participación política, una educación pertinente y, sin duda, exigir el
fin de la violencia institucionalizada ejercida por Carabineros de Chile
en contra de comunidades y personas de origen indígena (mapuche,
polinésico) y afrodescendiente.

Mientras el centralismo y la exaltación del modelo de consumo,


declamados hasta el cansancio por los medios de comunicación masiva,
mantenía en estado de indolencia a la sociedad chilena respecto de los
abusos cometidos por las fuerzas de orden y seguridad, las comunidades
indígenas recurrían a los tribunales de justicia internacional para

111
Cuadernos de Beauchef

denunciar el atropello sistemático a los derechos humanos y clamar


por su inocencia en determinados litigios. Un caso emblemático fue el
denominado “Caso Lonkos”, en el que los tribunales de justicia chilenos
dictaron condenas desproporcionadas por “amenaza terrorista” e
“incendios terroristas”, por hechos acontecidos durante entre 2003 y
2004. Los abogados de los condenados se vieron en la obligación de
recurrir ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para
revertir la arbitrariedad cometida por los tribunales nacionales. De esta
manera, el 29 de mayo 2014 la CIDH condena al Estado de Chile por
la violación de los derechos humanos en contra de los integrantes del
pueblo mapuche. Dicha sentencia fue acogida por la Corte Suprema de
Chile el 26 de abril de 2019.

Los ejemplos acerca de la falta de justicia y el racismo estatal


aparecen más de lo deseado. La muerte de indígenas a manos de
funcionarios del Estado; la muerte sospechosa de activistas ambientales
y su encarcelamiento, y la lógica del montaje para inculpar a indígenas y
desacreditar sus justas demandas, se sincronizaron con el micromomento
(Rancière, 2010) de la revuelta del 18 de octubre para abrimos los ojos,
aunque no sabemos si muchos o pocos chilenos comprendieron que la
suerte de los pueblos indígenas está estrechamente ligada con la del
pueblo chileno.

Nuestra sociedad, en un sentido amplio, no ha vuelto a ser la


misma desde el estallido social. Por ello, el horizonte de sentidos con
que las actuales generaciones de chilenos doten a este proceso germinal
será la base del cambio cultural, siendo indispensable incorporar análisis
interdisciplinarios en los que un punto de reflexión relevante sea develar
las características de las movilizaciones sociales previas al estallido social.

En ese sentido, otro de los rasgos más persistentes de las


manifestaciones sociales en las décadas recientes ha sido su origen
en el ámbito educativo, cuyo protagonista central es el estudiantado
chileno. En efecto, en 2001, a partir del denominado “mochilazo”,
que critica el aumento del valor del pasaje en el transporte público
y da origen a organizaciones estudiantiles caracterizadas por su

112
El desborde de una comunidad oprimida

heterogeneidad; luego, en 2006, durante la denominada “revolución


pingüina”, la demanda por el derecho a la educación, en respuesta al
proceso de privatización, fue liderada por estudiantes de secundaria y,
entre sus particularidades, se cuenta el uso de las redes sociales y la
toma de establecimientos como una nueva forma de protesta social.
Posteriormente, en 2011 y 2018 se lucha por un mayor financiamiento
de la educación pública y por la igualdad de derechos entre personas de
diferente género desde la educación superior, enfatizando el carácter
estructural de sus reivindicaciones y exigiendo incidencia en la agenda
de políticas sectoriales.

En 2019, en respuesta al alza en la tarifa del transporte público,


que tiene como telón de fondo el costo de la vida, el abuso y los privilegios
de las elites dominantes, jóvenes de liceos emblemáticos evadieron el
pago del pasaje del Metro, en una imagen mil veces repetida en Chile y
en el extranjero. En todas ellas, gran parte de sociedad civil manifestó
su apoyo a las reivindicaciones estudiantiles y sostuvo reiteradamente
que la salida de tales crisis no estaba en políticas ad hoc, sino en una
reforma estructural que considerara tanto las demandas específicas
como el modelo de sociedad en su conjunto. Al respecto, los maestros
gremializados siempre han estado al lado de los estudiantes, junto a los
restantes movimientos como No más AFP, No más SIMCE, entre otros.
Los otros actores, gobiernos de turno y políticos, siempre han llegado
tarde y, de una u otra manera, han intentado instrumentalizar sus
demandas o, las más de las veces, criminalizarlas (Miranda, 2020).

Finalmente, en la relación feminismo y trabajo, la lucha


por justicia en las relaciones de género ha sido publicitada como
una “búsqueda de paridad” e igualdad de remuneraciones, desde
una conceptualización lineal causa-efecto y reducida a un acceso
paritario al mundo laboral. Con el estallido social se ha hecho visible
una conceptualización compleja, que devela un mundo de violencias,
microprácticas de desprestigio y dominación, que llevan como fondo
la injusticia; mundos completos de subvaloración laboral que abarcan
a hombres y mujeres; invisibilización oficial de la llamada “economía
doméstica”, de los cuidados, de la reproducción de la vida, que no ingresa

113
Cuadernos de Beauchef

simplemente a la estructura de análisis económico de la reproducción


humana o de la vida (Federici, 2018). En este sentido, la lucha feminista
devela cómo el sistema económico tiene un ejercicio criminal y una
justificación política que pueden ser explicados por la ideología del
patriarcado.

El estallido social es deconstituyente de estas estructuras de


poder injustas, y alcanza a iniciarse como revuelta constituyente. Lleva un
fuerte componente simbólico en el que están expresadas todas las luchas
contenidas: feministas, anticoloniales, clasistas, anticapitalistas, como
flujos de un cauce que se van conformando de manera heterárquica.
Apenas se le constriñó o intentó dominar, desbordó como en el fenómeno
de las luchas escolares contra la PSU, o la gran marcha y huelga de 8 y 9
de marzo de 2020. En diferentes lugares, detrás de la primera línea, en
los territorios defendidos, agrupaciones socioambientales o culturales
se van configurando como comunidades agroecológicas, cooperativas,
vecinales, que buscan rehacerse de manera de evadir las jerarquías
percibidas como pertenecientes al ámbito de la dominación, cuyos
objetivos no son aquellos de los colectivos, sino del lucro competitivo
mercantil. Se constituyen en la lucha por la propia reproducción, en la
búsqueda de nuevas estrategias para enfrentar la contingencia (Tuhiwai,
2016).

6. Los resabios de la dictadura: el lastre de la estructura socioeconómica


en Chile

Como se ha señalado, el estallido social y posterior revuelta


popular es una respuesta a una serie de conflictos históricos. Por lo
tanto, para su comprensión, es necesario buscar los antecedentes que
dan estructura y fundamento a la lógica del sistema neoliberal chileno.
A partir de esta mirada, identificamos a la dictadura cívico-militar como
el periodo histórico en que se construyen los pilares fundamentales del
sistema social, político, económico, cultural y subjetivo del Chile actual. A
continuación, se analizan y comprenden estos pilares para comprender
la revuelta social en clave comunitaria.

114
El desborde de una comunidad oprimida

Entre 1964 y 1973 se realizan varias transformaciones demo-


cráticas profundas del país, centradas en otras demandas no realizadas
durante el periodo del Frente Popular (1938-1946), principalmente en
la propiedad concentrada, agraria y extranjera, del cobre primero y
luego en otros sectores económicos; en la organización social (juntas de
vecinos, promoción popular, sindicalización campesina, extensión de la
Central Unitaria de Trabajadores, CUT, negociación tripartita sindicatos-
empresarios-gobierno, extensión de comunidades mapuche); en la
participación de los trabajadores en la dirección de las empresas del
Estado e intervenidas, y en la reforma agraria, con amplia propiedad
comunitaria y participación (Falabella, 1975). El golpe de Estado se
da luego de las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, en un
país dividido 44% y 56%, por una junta militar con apoyo de un sector
reducido de ultraderecha, académico, político y económico.

Un análisis de las transformaciones estructurales realizadas por


la dictadura adquiere sentido al comprender su doble concreción: (1)
reprimir drásticamente, social y políticamente, a la alianza que sustentó
a ambos gobiernos democrático-revolucionarios 1964-1970 (DC, PS, PC,
PR, MAPU, CUT, federaciones profesionales, PYME), y (2) revertir sus
transformaciones con represión violenta y concentración económica,
otorgándole, mediante ésta, poder director de la política pública con el
aval de la Constitución liberal.

Esa reversión tuvo un solo objetivo intransable, que permite


comprender la insatisfacción ciudadana de décadas y la irrupción social:
establecer condiciones estructurales de propiedad concentrada de la
extrema riqueza (Dahse, 1979; Rozas y Marín, 1988; Fazio, 1997, 2000,
2005, 2016) y que la dirección del país (concentración económica,
Constitución liberal de democracia protegida) no permitiera más a
esas coaliciones rearticularse social y políticamente, ni menos volver a
gobernar con transformaciones semejantes. Se materializó mediante:
(1) una política de represión violenta a sus directivas y expulsión del
país; la inhibición y desorganización de la acción gremial de sindicatos,
gremios profesionales, empresariales, en especial partidos, legislando

115
Cuadernos de Beauchef

la desarticulación de comunidades mapuche y de Reforma Agraria


(1979) en propiedades individuales sin asistencia y su libre venta; (2)
privatización de empresas, servicios, tierras y agua, con concentración y
liberalización de política económica desindustrializadora pro exportación
de recursos naturales, reduciendo con ello drásticamente la base social
y política de ambos gobiernos anteriores (1964-1970). La política fue
avalada en una Constitución legitimante y tramposa (Heiss, 2020; Heiss
y Szmulewicz, 2018; Atria, 2013), con atribuciones que la cimentan y un
Tribunal Constitucional que anula leyes que la contradicen.

En 1979 se agregó al programa de 1975 las reformas estructurales


de “segunda generación”, conocidas como “las siete modernizaciones”
del conjunto de servicios sociales, realizadas por el ministro de la época,
José Piñera: (1) salud; (2) educación; (3) previsión social y privatización
total o parcial subsidiaria; (4) reforma del sistema judicial; (5) reforma
del aparato burocrático-administrativo de “regionalización” (municipios
y reducción de provincias a la mitad de regiones); (6) desregulación de
trabajo, y (7) modificación de sus formas organizativas, ambas en el
llamado “Plan Laboral” (Memoria Chilena, s.f).

La implementación de esta política significó una reversión radical


del Chile creado bajo la República, centralizando la política económica
a través de un mercado abierto dirigido por empresas concentradas de
pocos grupos económicos familiares y extranjeros, inhibiendo, mediante
normas constitucionales, la propiedad económica adicional y el derecho
del Estado a iniciar políticas económicas. Desde el Plan Laboral, el
trabajo de baja sindicalización y micropequeña empresa, MIPE e
incluso pequeña y mediana empresa, PYME, fue también desregulado
en su relación con la gran empresa. Se le llamó “relación patrimonial
moderna” en el agroexportador, por su derivación de la hacienda en
sus vínculos autoritarios con proveedores MIPE (Peppelenbos, 2005) y,
más ampliamente, “moderna flexibilizada”, pero igualmente vertical en
sus relaciones con ellos, incluidas las relaciones de trabajo. En ambas
descripciones, la relación laboral fue desregulada, flexiprecaria, con
extendida subcontratación y trabajo por cuenta propia, dificultando su

116
El desborde de una comunidad oprimida

constitución y negociación social (Falabella, 1990; Falabella y Gatica,


2014; Aguilar, 2010; Garrido, 2017). La relación MIPE-gran empresa fue
concebida sin encadenamiento virtuoso, negociación o Board PYME de
exportación directa y su formación en cluster (Falabella, 2005; Falabella
y Gatica, 2014).

La institucionalización señalada, basada en la Constitución y


en el Plan Laboral, da sustento a la flexibilidad establecida por la gran
empresa en su favor, en las relaciones tanto laborales como con la MIPE,
e incluso con la PYME, en muchos sectores económicos agrarios, así
como con trabajadores temporeros y por cuenta propia en la ciudad. Esta
relación separa, divide, atomiza y genera dispersión entre asalariados,
productores y autoempleados. El resultado es de extenso malestar
por una relación de flexiprecariadad (Aguilar, 2010), bajos salarios y
débil organización sindical y negociación colectiva, escasos derechos
laborales y capacitación —también privatizada— poco demandada por
una economía centrada en la exportación de recursos naturales. La
situación es más pobre y desregulada aun entre empleos temporales,
subcontratados y de cuenta propia. Por otro lado, la MIPE, con baja
organización y capacidad productiva, en especial en el agro y la pesca,
también tiene escaso poder de negociación como proveedora ante la gran
y mediana empresa exportadora. El pago a destiempo es ampliamente
extendido para productores subcontratados, abastecedores mineros,
forestales, viñateros, fruteros y pescadores, llevando muchas veces a la
venta de la tierra a la exportadora (y al desencadenamiento productivo
del sector).

Estos asalariados, micro y pequeños productores y trabajadores


por cuenta propia, desprotegidos institucionalmente bajo relaciones
económicas desreguladas, sobrepasan el 80% de la población activa,
son la fuente de sobrevivencia principal del país y de su malestar.
Comprenderlo por regiones (Falabella, 2020) y por su desprotección
extractivista del medio ha sido fundamental para dar cuenta del
extendido malestar que permea profunda y extensamente, por casi 50
años, a nuestro país.

117
Cuadernos de Beauchef

7. Los productos sociales del estallido

La revuelta popular decantó en el “Acuerdo por la Paz Social y


una nueva Constitución” (Rodríguez, 2019), sellado con la firma de la
derecha y la izquierda chilenas. No obstante, ello fue solo la “guinda de
la torta”, pues lo que estábamos viviendo era un cambio social, un salto
cualitativo, una nueva realidad social: decíamos, un “Nuevo Chile”. Esto
quiere decir que la sociedad y las comunidades ya no son las mismas. El
punto es dilucidar qué es este emergente de dos millones de personas
manifestándose en las calles; qué significa esta apertura de conciencia
colectiva hacia una sociedad abusiva que, definitivamente, no puede
continuar.

Algunas expresiones del estallido y posterior revuelta popular:

• “Encuentro social”. Las comunidades, en sus distintas versiones, de


clase, género, actividad productiva, artistas, trabajadores, políticos,
campesinos, indígenas, autoconvocados, autónomos, ambulantes,
empleados públicos, se han encontrado, se han reconocido como
iguales, del mismo grupo, con el mismo sentimiento, con los mismos
problemas, sufrimientos, insatisfacciones, deudas y opresiones. Se
han derrumbado los muros de las diferencias sociales y cada uno se
reconoce con aquel que está a su lado.

• Construcción de una “nueva relación social”. El proceso de la


revuelta alcanzó a cambiar por un tiempo la dinámica de vida,
se comenzó prácticamente a vivir en la asamblea, en el cabildo,
en el taller de análisis, en la misma movilización. Por tanto, el
“encuentro” fue la metodología de una construcción social, parte de
la conformación de un nuevo país mediante nuevas organizaciones
y nuevas comunidades. Pareciera que el país no solo se construye
en el parlamento, en el “Acuerdo por la Paz Social y una nueva
Constitución”, en el futuro plebiscito y en la nueva Constitución, sino
que se encarna en el proceso, en el encuentro de grupos, de personas,
en toda la dinámica social puesta sobre la calles y espacios públicos.
Hay también la construcción de nuevas relaciones sociales, nuevas

118
El desborde de una comunidad oprimida

organizaciones, comunidades movidas por otros ejes; exigencia de


relaciones no autoritarias, ni discriminadoras (por ejemplo, la relación
entre profesores y alumnos, empleador-trabajador, esposo-esposa,
padres-hijos, hombres-mujeres, con disidencias, con poblaciones
migrantes y con toda la amplia diversidad que nos conforma).
Todas estas demandas relacionales están siendo elaboradas en
el día a día, en la cotidianidad, en espacios de encuentro social.

• Temas colectivizados. Los campos de batalla por la dignidad


reflejan la importancia de demoler para deconstruir los ámbitos de
vulneración: prácticas comerciales y laborales abusivas, corrupción
de personeros en las jerarquías, abusos sexuales, humillaciones,
despojos territoriales.

• La reivindicación antipatriarcal feminista permitió reconocerse en


las luchas por el fin de la injusticia practicada en lo público y en
lo privado, en múltiples vulneraciones público-institucionales y en
violencias que a veces se traducen en estadísticas no explicadas de
criminalidad femicida, crímenes de odio homosexual, lésbico, racial,
aporófobo. Estas violencias se visibilizaron en la destrucción de la
apariencia pulcra y disciplinada de la ciudad, en los gritos escritos
en el muro, en las performances multitudinarias.

• Igualmente, otras reivindicaciones se han colectivizado. La


desigualdad en el acceso al agua, siendo un elemento vital para
la vida, genera la máxima indignación cuando, desde empresas
mineras, agrícolas y sectores acomodados de las ciudades, desvían
un 90% del agua para su uso privado, dejando a la mayoría en muy
malas condiciones de abastecimiento para la mínima subsistencia.
También es el caso, ya hecho público, de la desproporcionada
canalización del agua hacia la agricultura privada de “paltos”
en la provincia de Petorca, La Ligua, dejando a un volumen muy
significativo de personas en absoluta sequía.

• También se colectiviza la búsqueda de un modo de vida alternativo


a aquel de consumo, promocionado por el sistema como el “sueño

119
Cuadernos de Beauchef

americano”, o el sueño más latino y chileno de la “familia exitosa”


(Laing, 1969) que triunfa en la sociedad occidental, que estimula
subir y escalar no solo a un nivel de vida mejor, sino de “última
generación”, un tipo de vida ostentosa, superior, deslumbrante, tal
como se muestra en la propaganda en televisión, todo lo cual ya no
es valóricamente posible. El movimiento social y sus comunidades
han catalogado este modo de vida como superfluo, efímero, de
plástico, impersonal: un exceso inhumano e insostenible. Y esta
imagen, conceptualizada masivamente como una vida fatua y
vacía, es atribuida al sistema, al gobierno, a las grandes empresas,
al proyecto de sociedad que ha pretendido instalarse en Chile.
Se acusa así al opresor por cuanto, para obtener ese proyecto de
familia exitosa, la población debe endeudarse y sacrificar su tiempo
libre para la familia y los amigos; trabajar para alcanzar esa meta del
deseo a costa del sacrificio de sus seres queridos.

• Esta toma de conciencia ha apuntado a la experiencia de un


“buen vivir” sustentable y justo. Cual otro lado de la moneda, un
tipo de vida no superflua, sino humana, cariñosa con el prójimo,
amistosa, colaborativa, con ese sentimiento de ser todos iguales;
por tanto, sin necesidad de hacer notar la diferencia, sin necesidad
de competir ni destruir al otro, sino de compartir, de ayudarse, de
ser feliz cuando el otro también es feliz, cuando se hace la opción
del autocuidado, la opción por una mejor salud mental (Rozas,
2019; Aceituno, 2019) en lugar del autoflagelamiento laboral. Este
es el nuevo proyecto social, humano y medio ambiental que surge
del estallido social y que se comienza a construir en la revuelta
que siguió después del despertar. No se trata de una crítica solo al
déficit de las necesidades básicas —educación, trabajo, vivienda y
otros—, sino también a un nuevo modo de relacionarse, que pase
por encima del enfrentamiento económico de unos contra otros, un
camino hacia el encuentro, el acercamiento, la comprensión; que
permita la construcción de personas enriquecidas humanamente,
con habilidades y recursos para ayudar y no para beligerar. Y ese
camino se asienta en nuevas relaciones de poder y propiedad que
deben negociarse abiertamente en la discusión por una nueva
Constitución.

120
El desborde de una comunidad oprimida

8. Palabras finales: sobre la participación en el momento constituyente

Con lo expuesto, hemos entregado algunas explicaciones sobre


el estallido y la posterior revuelta social. Nos encontrábamos en un
proceso de vivencia de construcción social; sin embargo, sobre el futuro
faltaban ciertas claridades, ideas-fuerza, proyectos de envergadura. Este
es un nuevo problema: ¿cómo se encamina la sociedad hacia nuevas
propuestas? No obstante, lo que la explosión social estaba pidiendo era
el diseño de un nuevo país.

Por tanto, una nueva Constitución no puede solo apuntar a


resolver las necesidades básicas insatisfechas, como mejores salarios,
pensiones, acceso igualitario a salud, educación, vivienda, deudas, etc.
En una segunda dimensión, tampoco solo a atender lo planteado por
los nuevos movimientos sociales (Garcés, 2019), como el feminismo,
los indígenas y la reivindicación medioambiental. De allí para adelante
falta un diseño más abarcador, que apunte a la inclusión de todos los
modos de ser colaborativos, en pos de uno o más modelos de futuro que
puedan interactuar en el “nuevo Chile”. Necesariamente, debe haber un
reordenamiento en la distribución del poder y la propiedad, respetando
la idiosincrasia de las diversas concepciones culturales, en colaboración,
sin autoritarismos ni violencias ejercidas desde elites de poder. Desde la
autodeterminación de las comunidades que persiguen la reproducción
de la vida.

Si queremos entender el sentido de la crisis del modelo


de sociedad, debemos tensionar, en primer lugar, las bases del
sistema social, esto es, de los sentidos que lo sustentan, analizando y
contrastando las promesas que hace y su concretización desde la voz de
sus principales protagonistas: la sociedad “civil” y las comunidades que
la conforman. Para ello, es imprescindible que insumamos en lecturas
interdisciplinarias como las que propone este trabajo, que pueden
contribuir no solo a descomplejizar el estallido social, sino también a
analizar —crítica y propositivamente— la gestión de los gobiernos de
turno y las raíces históricas de los necesarios cambios estructurales que,
más temprano que tarde, debemos propiciar en Chile, pues en ello no

121
Cuadernos de Beauchef

solo se juega la resolución de la emergencia actual, sino gran parte del


destino de nuestra sociedad.

En segundo lugar, recordemos que las manifestaciones sociales


que preceden al estallido tienen su origen en el sistema escolar, cuyos
contenidos han sido dominados por la conceptualización hegemónica.
La protesta ha sido protagonizada por las comunidades educativas,
lideradas por estudiantes secundarios y/o universitarios entre cuyas
particularidades se encuentran su nivel de organización, heterogeneidad,
uso de las redes sociales, adhesión social y sentido estructural, todas
ellas consideradas en este trabajo como elementos claves del actual
estallido social.

En tercer término, se ha hecho presente una demanda


generalizada en la sociedad por mejorar la salud mental. Se ha configurado
un “malestar”, no entendido como un cuadro psiquiátrico, sino como
un deterioro en el bienestar psicológico, producto del abuso, del robo
institucionalizado, de la ausencia de tiempo para la convivencia familiar
y comunitaria. Es decir, se apunta aquí a críticas sobre el estilo de vida
instalado por el sistema socioeconómico, sindicado como competitivo,
consumista, individualista, centrado en el ascenso social, la violencia de
género y de clase, y en la construcción del otro como enemigo, y que
decanta en demandas que exigen un cambio epistemológico, relacional,
comunitario, acorde con los nuevos horizontes.

El estallido y posterior revuelta social, en cuarto lugar, no solo


ha significado un “despertar”, como lo señalaba el cántico al inicio de las
manifestaciones sociales, sino que, fundamentalmente, un despliegue de
acción por subvertir las lógicas hegemónicas de la política. Este subvertir
de la política tiene una vocación por deconstruir el sentido y la forma
del campo político en la vida de las comunidades, que concretamente
significa hacer propia la política por medio de una participación efectiva
en la construcción de los pilares fundamentales de nuestra sociedad. Esta
nueva forma de política colectiva guía el desarrollo de las comunidades en
los ámbitos institucional, económico, educativo, habitacional, sanitario,
ambiental, social y cultural. Señalamos que el estallido y actual revuelta

122
El desborde de una comunidad oprimida

se abren paso para el levantamiento de un proceso constituyente, lo que


significa poner un alto en las formas comunitarias del vivir, permitiendo
pensarse como sociedad, comunidad y sujetos.

De esta manera, el proceso constituyente se vislumbra


como un espacio de disputa para deconstruir la forma de sentir,
pensar y hacer política. En tanto proceso que constituye, requiere del
(re)encuentro entre aquellos que el sistema chileno ha querido separar
y que, a partir de ese (re)encuentro en medio de la diversidad, se
abogue por la construcción de consensos y pactos compartidos de buen
vivir. Esta posibilidad de participación política directa, desde, para y por
las comunidades, será un ejercicio que permitirá, por primera vez en la
historia de nuestro país, que la política sea apropiada por los pueblos y
que realmente sean éstos la sede del poder.

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126
Ciencia, Tecnología y Cultura

¿Por qué socialismo?1

Albert Einstein

¿Debe, quién no es un experto en cuestiones económicas y


sociales, opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que sí.

Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de


vista del conocimiento científico. Puede parecer que no hay diferencias
metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los
científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad
general acerca de un grupo circunscrito de fenómenos, para hacer la
interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como
sea posible. Pero, en realidad, estas diferencias metodológicas existen.
El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es
difícil, porque la observación de fenómenos económicos es afectada
a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por
separado. Además, la experiencia acumulada desde el principio del
llamado “periodo civilizado de la historia humana”, como es sabido,
ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de
ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo,
la mayoría de los grandes Estados de la historia debieron su existencia
a la Conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y
económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se
aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra

1
Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949.

127
Cuadernos de Beauchef

y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes,


con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en
clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por
el cual la gente estaba, a partir de entonces, en gran medida de forma
inconsciente, dirigida en su comportamiento social.

Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna


parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó “la
fase depredadora” del desarrollo humano. Los hechos económicos
observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos
derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero
propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de
la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica, en
su estado actual, puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del
futuro.

En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-


social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso
menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los
medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines, por sí mismos, son
concebidos por personas con altos ideales éticos y —si estos fines no son
endebles, sino vitales y vigorosos— son adoptados y llevados adelante
por muchos seres humanos quienes, de forma semi inconsciente,
determinan la evolución lenta de la sociedad.

Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los


métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no
debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho
a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la
sociedad. Muchas voces han afirmado, desde hace tiempo, que la
sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido
gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos
se sientan indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o
grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una
experiencia personal. Discutí recientemente, con un hombre inteligente
y bien dispuesto, la amenaza de otra guerra que, en mi opinión, pondría

128
¿Por qué socialismo?

en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que


solamente una organización supranacional ofrecería protección frente
a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me
dijo: “¿porqué se opone usted tan profundamente a la desaparición de
la raza humana?”.

Estoy seguro de que hace tan solo un siglo nadie habría hecho
tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un
hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior
y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la
expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente
está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?

Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con


seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque
soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos
son a menudo contradictorios y obscuros, y que no pueden expresarse
en fórmulas fáciles y simples.

El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como


ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de aquellos más
cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales y para desarrollar sus
capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento
y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres,
para confortarlos en sus dolores y para mejorar sus condiciones de
vida. Solamente la existencia de estos diferentes —y frecuentemente
contradictorios— objetivos, por el carácter especial del hombre, y su
combinación específica, determina el grado con el cual un individuo
puede alcanzar un equilibrio interno y contribuir al bienestar de la
sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones
esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad
que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente
en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura
de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad y por
su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto
abstracto “sociedad” significa, para el ser humano individual, la suma

129
Cuadernos de Beauchef

total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y


con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede
pensar, sentirse, esforzarse y trabajar por sí mismo; pero él depende
tanto de la sociedad —en su existencia física, intelectual y emocional—
que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la
sociedad. Es la “sociedad” la que provee al hombre de alimento, hogar,
herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría
del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las
realizaciones de los muchos millones, en el pasado y en el presente, que
se ocultan detrás de la pequeña palabra “sociedad”.

Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de


la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido —exactamente
como en el caso de las hormigas y de las abejas—. Sin embargo,
mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con
rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón
social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles
de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo
de la comunicación oral, han hecho posible progresos entre los seres
humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos
se manifiestan en tradiciones, instituciones y organizaciones; en la
literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de
arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su
vida y el pensamiento consciente puede jugar un papel en este proceso
y en los deseos.

El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria,


una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable,
incluyendo los impulsos naturales característicos de la especie humana.
Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta
de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de
influencias. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo,
puede cambiar y la que determina, en un grado muy importante, la
relación entre el individuo y la sociedad. Como la antropología moderna
nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas
“culturas primitivas”, el comportamiento social de seres humanos puede

130
¿Por qué socialismo?

mostrar grandes diferencias, dependiendo de los patrones culturales que


prevalecen y los tipos de organización que predominan en la sociedad.
En esto pueden basar sus esperanzas los que se esfuerzan en mejorar
la suerte del hombre: los seres humanos no están condenados, por su
constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino
cruel, infligido por ellos mismos.

Si nos preguntamos cómo puede cambiar la estructura de la


sociedad y la actitud cultural del hombre para hacer la vida humana
tan satisfactoria como sea posible, debemos ser conscientes de que
hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné,
la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos,
inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos
de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para
quedarse. En poblaciones relativamente densas, asentadas con bienes
imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo
extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente
necesarios. Los tiempos en que, mirando hacia atrás, parecen tan
idílicos, en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían
ser totalmente autosuficientes, se han ido para siempre. Es solo una
leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una
comunidad planetaria de producción y consumo.

Ahora he alcanzado el punto en el que puedo indicar


brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro
tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo
es más consciente que nunca de su dependencia de la sociedad,
pero no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo
orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza
sus derechos naturales o, incluso, su existencia económica. Por otra
parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se
están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales,
que por naturaleza son más débiles, se deterioran progresivamente.
Todos los seres humanos, cualquiera sea su posición en la sociedad,
están sufriendo este proceso de deterioro. Prisioneros a sabiendas de
su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos y privados del disfrute

131
Cuadernos de Beauchef

ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre solo puede encontrar


sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.

La anarquía económica de la sociedad capitalista, tal como


existe hoy, es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante
nosotros a una comunidad enorme de productores que se esfuerzan
incesantemente, privándose de los frutos de su trabajo colectivo —no
por la fuerza, sino, en general, en conformidad fiel con reglas legalmente
establecidas—. A este respecto, es importante señalar que los medios de
producción —es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria
para producir bienes de consumo tanto como capital adicional— puede
legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.

En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré


“trabajadores” a todos los que no compartan la propiedad de los
medios de producción —aunque esto no corresponda al uso habitual
del término—. Los propietarios de los medios de producción están
en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando
los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que
se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este
proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que se le
paga por ello, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato
de trabajo es “libre”, lo que el trabajador recibe está determinado no
por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades
mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en
relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es
importante entender que, incluso en teoría, el salario del trabajador no
está determinado por el valor de su producto.

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en


parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque
el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan
la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las
más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital
privado, cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso
en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto
es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados

132
¿Por qué socialismo?

por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra


manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos
prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que
los representantes del pueblo, en efecto, no protegen suficientemente
los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte,
bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente
controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de
información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil
—y, de hecho, en la mayoría de los casos, absolutamente imposible—
para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un
uso inteligente de sus derechos políticos.

La situación que prevalece en una economía basada en la


propiedad privada del capital está así caracterizada, en lo principal,
del siguiente modo: primero, los medios de la producción (capital) son
poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo
consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre.
Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido.
En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas
políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma
algo mejorada de “contrato de trabajo libre” para ciertas categorías de
trabajadores. Pero, tomada en su conjunto, la economía actual no se
diferencia mucho de capitalismo “puro”. La producción está orientada
hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los
que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo;
existe casi siempre un “ejército de desempleados”. El trabajador
está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Dado que
desempleados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado
rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida y la
consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce
con frecuencia más desempleo, en lugar de facilitar la carga del trabajo
para todos. La motivación del beneficio, junto con la competencia entre
capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y
en la utilización del capital, que conduce a depresiones cada vez más
severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme
de trabajo y a ese amputar la conciencia social de los individuos que
mencioné.

133
Cuadernos de Beauchef

Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del


capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal.
Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es
entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su
carrera futura.

Estoy convencido de que hay solamente un camino para


eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía
socialista, acompañada por un sistema educativo orientado hacia metas
sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos
por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía
planificada, que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad,
distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar
y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer y niño. La educación
del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales,
procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus
compañeros-hombres, en lugar de la glorificación del poder y del éxito
que se da en nuestra sociedad actual.

Sin embargo, es necesario recordar que una economía


planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede
estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización
del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos
extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización
de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la
burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar
protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso
democrático al poder de la burocracia?

134
Tabla de contenidos
Cuadernos de Beauchef Volumen II

INGENIERÍA Y UNIVERSIDAD
Las Ingenierías: La aparición de la racionalidad científico-técnica, Sol Serrano

CIENCIA, TECNOLOGÍA Y AMBIENTE NATURAL Y SOCIAL


El sentido de la ingeniería en tiempos de cambio climático, Cecilia Ibarra
Biolento [Sic], Ricardo Loebell
Modernización e internacionalización del circuito productivo de los agro-
combustibles en Brasil, Elisa Pinheiro de Freitas
Santiago, La ciudad chilena hija de un padre ausente (gobierno metropo-
litano) y una madre sometida (gobernanza urbana). Un enfoque desde la
expansión urbana y los riesgos socionaturales para una propuesta de go-
bernanza sistémica, Claudia Rodríguez Seeger y Vanessa Rugiero de Souza

FORMACIÓN ÉTICA
La formación ética de las profesiones, Pablo Ramírez Rivas, Anastasia Gan-
derats Isbej y Natalia Galleguillos Nieva
Breve mirada a la formación humanista del Mit. Entrevista al profesor
Agustín Rayo, Benjamín Armijo Galdames

CIENCIA, TECNOLOGÍA Y CREATIVIDAD


Bucle y fantasma, Daniel Cruz
Las manos que piensan. Reflexiones en torno al pensar y hacer en conjunto,
Danisa Peric

TEXTO CLÁSICO
Estásimo (Versos 332-375), selección desde Antígona, Sófocles
ethics
Santiago de Chile
Junio 2020

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