III
LAS PERSONAS MAYORES
¿a qué hora volverán? Da las
seis el ciego Santiago, y ya
está muy oscuro.
Madre dijo que no demoraría.
Aguedita, Nativa, Miguel, cuidado con ir por
ahí, por donde acaban de pasar
gangueando sus memorias dobladoras
penas, hacia el silencioso corral, y por
donde las gallinas que se están acostando
todavía, se han espantado tanto.
Mejor estemos aquí no más.
Madre dijo que no demoraría.
Ya no tengamos pena. Vamos viendo los
barcos ¡el mío es más bonito de todos!
con los cuales jugamos todo el santo día,
sin pelearnos, como debe de ser: han
quedado en el pozo de agua, listos,
fletados de dulces para mañana.
Aguardemos así, obedientes y sin más
remedio, la vuelta, el desagravio de los
mayores siempre delanteros
dejándonos en casa a los pequeños,
como si también nosotros no
pudiésemos partir.
Aguedita, Nativa, Miguel?
Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.
No me vayan a haber dejado solo, y el
único recluso sea yo.
XXVIII
HE ALMORZADO SOLO ahora, y no he tenido
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua, ni padre
que, en el facundo ofertorio de los choclos,
pregunte para su tardanza de imagen, por los
broches mayores del sonido.
Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir
de tales platos distantes esas cosas, cuando
habráse quebrado el propio hogar, cuando no
asoma ni madre a los labios. Cómo iba yo a
almorzar nonada.
A la mesa de un buen amigo he almorzado con
su padre recién llegado del mundo, con sus
canas tías que hablan en tordillo retinte de
porcelana, bisbiseando por todos sus viudos
alvéolos; y con cubiertos francos de alegres
tiroriros, porque estánse en su casa. Así, ¡qué
gracia! Y me han dolido los cuchillos de esta
mesa en todo el paladar. El yantar de estas
mesas así, en que se prueba amor ajeno en
vez del propio amor,
torna tierra el brocado que no brinda la
MADRE,
hace golpe la dura deglución; el dulce,
hiel; aceite funéreo, el café.
Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
y el sírvete materno no sale de la tumba, la
cocina a oscuras, la miseria de amor.
XVIII
OH LAS CUATRO paredes de la celda.
Ah las cuatro paredes albicantes que
sin remedio dan al mismo número.
Criadero de nervios, mala brecha, por
sus cuatro rincones cómo arranca las
diarias aherrojadas extremidades.
Amorosa llavera de innumerables llaves,
si estuvieras aquí, si vieras hasta qué
hora son cuatro estas paredes. Contra
ellas seríamos contigo, los dos, más
dos que nunca. Y ni lloraras, di,
libertadora!
Ah las paredes de la celda. De ellas
me duele entretanto, más las dos
largas que tienen esta noche algo
de madres que ya muertas llevan
por bromurados declives, a un niño
de la mano cada una.
Y sólo yo me voy quedando, con la diestra,
que hace por ambas manos, en alto, en busca
de terciario brazo que ha de pupilar, entre mi
dónde y mi cuándo, esta mayoría inválida de
hombre.
Telúrica y magnética (César Vallejo)
¡Mecánica sincera y peruanísima la
del cerro colorado!
¡Suelo teórico y práctico!
¡Surcos inteligentes; ejemplo: el monolito y su cortejo!
¡Papales, cebadales, alfalfares, cosa buena! ¡Cultivos
que integra una asombrosa jerarquía de útiles y que
integran con viento los mujidos, las aguas con su
sorda antigüedad! ¡Cuaternarios maíces, de opuestos
natalicios, los oigo por los pies cómo se alejan,
los huelo retomar cuando la tierra
tropieza con la técnica del cielo!
¡Molécula exabrupto! ¡Atomo terso!
¡Oh campos humanos!
¡Solar y nutricia ausencia de la mar, y
sentimiento oceánico de todo!
¡Oh climas encontrados dentro del oro, listos!
¡Oh campo intelectual de cordillera, con
religión, con campo, con patitos!
¡Paquidermos en prosa cuando pasan y en
verso cuando páranse!
¡Roedores que miran con sentimiento judicial en torno!
¡Oh patrióticos asnos de mi vida!
¡Vicuña, descendiente nacional
y graciosa de mi mono!
¡Oh luz que dista apenas un espejo de la sombra, que es
vida con el punto y, con la línea, polvo y que por eso
acato, subiendo por la idea a mi osamenta!
¡Siega en época del dilatado molle, del farol
que colgaron de la sien y del que descolgaron
de la barreta espléndida!
¡Angeles de corral, aves por un
descuido de la cresta! ¡Cuya o cuy
para comerlos fritos con el bravo
rocoto de los temples!
(¿Cóndores? ¡Me friegan los cóndores!)
¡Leños cristianos en gracia al tronco
feliz y al tallo competente! ¡Familia de
los líquenes, especies en formación
basáltica que yo respeto desde este
modestísimo papel! ¡Cuatro
operaciones, os sustraigo para salvar al
roble y hundirlo en buena ley!
¡Cuestas in infraganti!
¡Auquénidos llorosos, almas mías!
¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo, y
Perú al pie del orbe; yo me adhiero!
¡Estrellas matutinas si os aromo
quemando hojas de coca en este cráneo,
y cenitales, si destapo, de un solo
sombrerazo, mis diez templos!
¡Brazo de siembra, bájate, y a pie!
¡Lluvia a base del mediodía, bajo el
techo de tejas donde muerde la
infatigable altura y la tórtola corta en
tres su trino! ¡Rotación de tardes
modernas y finas madrugadas
arqueológicas!
¡Indio después del hombre y antes de él!
¡Lo entiendo todo en dos flautas y me
doy a entender en una quena!
¡Y lo demás, me las pelan!…
ME VIENE, HAY DÍAS, UNA GANA UBÉRRIMA, POLÍTICA
(César Vallejo)
Me viene, hay días, una gana ubérrima, política, de
querer, de besar al cariño en sus dos rostros, y me
viene de lejos un querer demostrativo, otro querer
amar, de grado o fuerza, al que me odia, al que
rasga su papel, al muchachito,
a la que llora por el que lloraba, al rey del vino, al esclavo del
agua, al que ocultóse en su ira, al que suda, al que pasa, al
que sacude su persona en mi alma. Y quiero, por lo tanto,
acomodarle al que me habla, su trenza; sus cabellos, al
soldado; su luz, al grande; su grandeza, al chico. Quiero
planchar directamente un pañuelo al que no puede llorar y,
cuando estoy triste o me duele la dicha, remendar a los niños y
a los genios.
Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo y
me urge estar sentado
a la diestra del zurdo, y responder al mundo,
tratando de serle útil en lo que puedo, y
también quiero muchísimo lavarle al cojo el
pie, y ayudarle a dormir al tuerto próximo.
¡Ah querer, éste, el mío, éste, el mundial,
interhumano y parroquial, proyecto! Me
viene a pelo desde el cimiento, desde la
ingle pública, y, viniendo de lejos, da ganas
de besarle la bufanda al cantor, y al que
sufre, besarle en su sartén, al sordo, en su
rumor craneano, impávido; al que me da lo
que olvidé en mi seno, en su Dante, en su
Chaplin, en sus hombros. Quiero, para
terminar,
cuando estoy al borde célebre de la violencia
o lleno de pecho el corazón, querría ayudar a
reír al que sonríe, ponerle un pajarillo al
malvado en plena nuca, cuidar a los
enfermos enfadándolos, comprarle al
vendedor, ayudar a matar al matador ?cosa
terrible? y quisiera yo ser bueno conmigo
en todo.