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Mujer y Identidad en "Magdalena" y "Manglar"

Este documento presenta un análisis comparativo de las obras "Magdalena" de Ricardo Fernández Guardia y "Manglar" de Joaquín Gutiérrez en relación con cómo representan la figura femenina y los cambios en la identidad nacional costarricense. "Magdalena" retrata a la mujer oligárquica sometida, mientras que "Manglar" muestra la afirmación de la mujer educadora de clase media. El documento también introduce conceptos clave sobre género y feminidad para estudiar estas obras desde una perspectiva de géner

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Mujer y Identidad en "Magdalena" y "Manglar"

Este documento presenta un análisis comparativo de las obras "Magdalena" de Ricardo Fernández Guardia y "Manglar" de Joaquín Gutiérrez en relación con cómo representan la figura femenina y los cambios en la identidad nacional costarricense. "Magdalena" retrata a la mujer oligárquica sometida, mientras que "Manglar" muestra la afirmación de la mujer educadora de clase media. El documento también introduce conceptos clave sobre género y feminidad para estudiar estas obras desde una perspectiva de géner

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LA MUJER EN EL MODELO DE IDENTIDAD

NACIONAL:
«MA GDAKNA» Y «MANGLAR»
[Link] losAngeles Ramírez M.

RESUMEN
Este trabajo presenta una lectura comparativa de «Magdalena», ensayo dramático
escrito y puesto en escena en 1902 por Ricardo Fernández Guardia (1867-1950),
reconocido autor de la Generación del Olimpo, y de «Manglar», primera novela de
Joaquín Gutiérrez (1918), publicada en 1947 por la Editorial Nascimento de
Santiago de Chile. Ambos textos se analizan en relación con los cambios que
experimenta la figura femenina en el modelo de identidad nacional:
el paso de la ambigüedad de la oligarquía - la costarricense renegada- a la
afirmación de la mujer educadora de clase media.

INTRODUCCIÓN

El estudio de la identidad costarricense se ha centrado en los cambios que ha


experimentado el modelo, entendido como construcción simbólica que representa
los deseos e intereses de los grupos privilegiados, con base en las tensiones en
su relación con el poder metropolitano y con los grupos internos que, inicialmente
excluidos, han luchado por tener representación en la vida cultural de la nación.

El mecanismo mediante el cual se construye la identidad nacional se da en una


doble relación problemática: en primer lugar, al interior del país operan las fuerzas
centrípetas y las fuerzas centrífugas, la centralización ideológica alrededor de la
oligarquía y la tensión de quienes no se sienten satisfechos con el modelo de
identidad que se les quiere imponer. En segundo lugar, hacia el exterior operan las
relaciones con los centros de poder mundial, de los que depende la oligarquía en
sus negociaciones económicas y culturales: Inglaterra, Francia y Estados Unidos.

Esas tensiones hacen que la identidad nacional funcione como proceso de


inclusión (reconocerse) y de exclusión (imposición, coerción y exigencia) que
obliga a asimilar ciertos rasgos, estilos de vida y comportamientos. Por ello la
identidad nacional no puede verse como un proceso neutro e inocente, sino ligado
al ejercicio del poder y a los medios de comunicación.

Ese juego de inclusión y de exclusión se manifiesta en la literatura: en los géneros,


en los grupos sociales representados, en los temas o motivos y en el lenguaje. En

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este sentido, es importante destacar cómo la moderna ciencia histórica reconoce
en las obras literarias, documentos de extraordinario valor para la comprensión de
la evolución de los pueblos.

El estudio de la mujer en «Magdalena» de Ricardo Fernández Guardia y en


«Manglar» de Joaquín Gutiérrez remite al examen de la construcción de lo
femenino y de lo masculino desde la perspectiva de género, que se refiere a las
desigualdades de poder entre ambos sexos y desemboca en diferencias sociales y
culturales. Estas no sólo han servido para que los hombres construyan el mundo y
hagan invisibles a las mujeres en el ámbito público y las confinen al dominio de lo
doméstico; sus representaciones también ocultan y reproducen las desigualdades.

Las categorías de sexo y género empezaron a ser estudiadas a partir de la obra


de Simone de Beauvoir: el sexo es lo naturalmente dado; el género, lo
culturalmente asumido. Nacemos machos y hembras y la sociedad nos transforma
en hombres y mujeres.

En general, los movimientos feministas tratan de explicar la condición de


subordinación de las mujeres. «como un fenómeno múltiple localizado en diferen-
tes espacios sociales». Sugiere algo más que el estudio de la mujer, para com-
prometerse con la indagación del comportamiento de hombres y mujeres dentro
de los sistemas de poder en diferentes situaciones sociales y culturales. Pone
énfasis en las «distancias de clase, étnicas y raciales y de generación, las que se
intersectan y articulan unas con otras>>, posición que también defiende Kate
Millet, una de las precursoras de la crítica literaria feminista anglosajona, en
cuanto a la necesidad de analizar los contextos sociales para la comprensión de la
obra literaria.

Entre los conceptos y las categorías para los estudios de la mujer que interesan
en este ensayo. Prada señala las características de la feminidad como el
comportamiento social que se le atribuye a la mujer desde niña, entre las que se
destacan los elementos de la representación de la mujer angelical: sumisa, bon-
dadosa, maternal, monógama, masoquista e histérica. Esas particularidades se
relacionan con la propuesta de Ellmann, a las que agregan las figuras de la bruja y
de la arpía, en su crítica sobre imágenes de mujeres. Según dicha autora los
estereotipos deben «utilizarse con fines políticos».
Siempre en el campo de la teoría literaria feminista, el monólogo interior se
señala como un recurso, como una técnica innovadora que permite al autor
expresar

«...aquellos sentimientos más íntimos próximos a lo inconsciente:


formalmente, consiste en frases directas en las que la sintaxis se ha
reducido a la mínima expresión....”

De ese modo, el monólogo interior rompe el lenguaje de la lógica patriarcal y da


paso a la expresión de sentimientos largamente reprimidos por la mujer. Su uso

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en Costa Rica se remonta a las obras de Joaquín Gutiérrez y Yolanda
Oreamuno.

Sobre la situación de la mujer en Costa Rica, Fischel sostiene que la constante


en la historia ha sido la situación de «sometimiento, discriminación y docilidad
de la mujer al varón», con reglas definidas por los hombres que detentan el
poder político, como necesarias para la conservación de la familia y de los
valores tradicionales de la sociedad costarricense.

Dentro de esa constante sobresale el papel de la educación, en un principio


como formadora de mejores madres y luego como ciudadanas dispuestas a
luchar contra la discriminación laboral, salarial y política, con resultados más
halagadoras a partir de 1940.

LA MUJER EN LA IDENTIDAD NACIONAL COSTARRICENSE:


«MAGDALENA» Y «MANGLAR»

«Magdalena» es un «ensayo dramático» en tres actos. Los dos primeros se


desarrollan en la sala de la hacienda cafetalera de la familia de Magdalena en los
alrededores de Tres Ríos, y el último, en la sala de la de dicha familia en San
José.

Los personajes son Don Antonio. Doña Adela, padres de Magdalena y de María;
Dorotea, criada de la familia; Don Ramón y su hija Jacinta, amigos. Fernando, el
sobrino recién llegado de Europa y Rafael, pretendiente de Magdalena.

Entre discusiones sobre el matrimonio, las fiestas y los negocios familiares, las
crónicas sociales de la época y los recuentos de Don Antonio y Don Ramón, la
trama gira en torn a las posibilidades matrimoniales de tres jóvenes: Magdalena,
su hermana María y su amiga Jacinta, surgidas a raíz de la presencia de
Fernando, primo de Magdalena y de María, recién llegado de Europa, joven buen
mozo, seductor, calavera, tenorio, y que demuestra gran interés por Magdalena.
Hasta la criada Dorotea se atreve a opinar que es un buen galán, «siempre tan
bien vestido, tan perfumado»(p.38).

La obra pone acento en la astucia de María y de Jancinta para desacreditar a


Magdalena ante Fernando y Rafael, a quienes hacen ver los peligros de «las ideas
y cosas inmorales que dice» que la convierten en una «costarricense renegada» e
«incasable»(p.40). Al mismo tiempo procuran hacer un matrimonio conveniente,
con un «buen partido», «hombre honrado, trabajador y sin vicios» ideal que
encarna Rafael. Esas cualidades no bastan a las aspiraciones de Magdalena de
«un ideal más alto, que duda pueda encontrar aquí» (p.30). Se pronuncia a favor
del divorcio «cosa comente en Europa» y en contra del matrimonio, porque en él la
mujer tiene un papel «entre sirvienta y esclava». Ante las ideas de Magdalena,
Rafael muestra cierta simpatía por la igualdad de la mujer, si se tiene cuidado que

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«exageraciones en esta materia traigan como consecuencia la destrucción de la
familia tal y como hoy existe»(p.64).

A las ideas de Magdalena se oponen, además de su amiga Jacinta, su hermana


María y su madre Adela. Para ésta la sumisión de la mujer es «el destino» que
tienen las mujeres, destino que les garantiza que «las cosas puedan ir bien»(p.33).
El padre de Magdalena, Don Antonio, es un viejo verde que se deprime en
invierno y se alegra en verano; tiene aventuras con las cogedoras de café que son
«muy saludables, en contraste con Adela,» siempre con jaqueca» (p.42). Don
Antonio hace negocios oscuros con mujeres indefensas, de los cuales sale bien
librado gracias a las influencias de su amigo Ramón en la policía, cuerpo estatal
con el que no simpatiza pero que, dadas las circunstancias llega a considerar
como «una institución de beneficencia» (p.86).

El desarrollo de los acontecimientos culmina con la decisión de Fernando y de


Rafael, antiguos pretendientes de Magdalena, de contraer matrimonio con María y
Jacinta, respectivamente, jóvenes que encaman los ideales de la época acerca de
la mujer. Con el auge de los precios del café, Don Antonio, Doña Adela y
Magdalena, pueden realizar su sueño dorado: viajar a París.

«Manglar» trata sobre un viaje: el de Cecilia hacia Guanacaste, en donde va a


cumplir labores de maestra en Tilarán; es también un viaje interior, una búsqueda
de sí misma, que se semeja al paso por un manglar, en donde tiene la sensación
de... perderme, de no encontrarme, de no buscarme siquiera... Y perderme y
volverme a buscar sin buscarme, segura de no encontrarme, porque muy en lo
hondo llevo otro manglar infinito, con sus callejuelas de agua entre lazadas,
alucinante, todas iguales, verdes y retorcidas (p.7).

El encuentro consigo misma es una necesidad imperiosa; Cecilia pertenece a una


familia josefina, formaría por su madre, doña Elvira, rígida, religiosa. Su padre,
bohemio, entre indiferente y comprensivo, tiene ideas liberales. A Cecilia le
atormenta el recuerdo de la muerte trágica de su hermana Flor con quien tenía
una relación estrecha, era su confidente (p.27). Su hermano Rogelio es práctico,
milita en un partido revolucionario y le había aconsejado olvidarse de
sentimentalismos (p.27).

Desde la partida hacia Guanacaste se enfrenta a numerosos peligros y desafíos,


así como al amor por su alumno Pedro Grajales. En todas las circunstancias que
atraviesa en Guanacaste, Cecilia recuerda la vida que tenía en la capital: los pro-
blemas de su madre, la muerte de su hermana, las borracheras de su padre.

Una inesperada muestra de amor de Grajales la desconcierta, por lo que decide


regresar a San José, en donde nuevamente empieza la búsqueda de sí misma.
Sin proponérselo tiene la oportunidad de trabajar como voluntaria y luego en una
organización política. Por mediación de su hermano se une a Francisco, militante
del partido revolucionario, a quien acompañaba en una misión en la zona rural con
el fin de fundar el primer sindicato agrícola del país. Al regreso, en medio de un

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clima lluvioso, Cecilia se une sexualmente a Francisco, situación que le da mayor
seguridad en sí misma. Decide regresar a Guanacaste orientada también por los
consejos de su padre en el sentido de <<aprender a mirarse en los
instintos...como los mejores espejos... (p.98)

CRITICA

La crítica de Magdalena puede verse en dos vertientes: la primera en tomo


a la expectativa que generó la puesta en escena y la publicación de la obra en
1902 y una segunda, con rasgos de lectura histórica e ideológica.

Sobre la primera destacan los comentarios y reseñas críticas publicadas en


diversos medios de la época, que fueron recopiladas por la Revista Escena. Se
refieren a las ideas feministas de Magdalena y a su ambivalencia sin «moraleja»; a
la «falta de sabor local» de la obra y a su representación por una compañía
extranjera cuyos actores desconocían «nuestra vida íntima». Al decir de los
críticos, el público mostró una actitud ambivalente: fue bien recibida por unos
sectores, en tanto que en otros produjo desconcierto.

Esta situación llevó al autor a escribir el prólogo de la obra para referirse a la


recepción polémica que ésta tuvo y a su intención de crear un «cuadro de
costumbres costarricenses exacto y verdadero>>. Por otro lado, Fernández
Guardia invita a una lectura hacia la comparación del comportamiento de las dos
primas de Fernando, Magdalena y María, la primera con ideas exóticas y la
segunda, presentada como la costarricense «genuina»

En la segunda vertiente de la crítica se sitúan varios estudios cuya síntesis se


presenta a partir de la tesis de Alberto Segura, análisis de la obra como texto
ideológico que presenta a una «antiheroína escandalosa que atenta contra la vida
familiar» y en todo caso, con una conducta libertaria válida sólo para su grupo
social; reproduce matrices ideológicas de la oligarquía de acuerdo con el contexto
histórico en que surgió la obra.

Por su parte, Quesada expresa que en el texto está presente una serie de
dualidades, producto de la falta de capacidad de la oligarquía para conciliar el
discurso democrático liberal con los intereses de todos los sectores sociales y las
ventajas del progreso con la defensa de las tradiciones; el liberalismo se movió
entre lo propio y los rasgos de modelos culturales foráneos, situación que se
evidencia en el tratamiento de las ideas feministas en «Magdalena», comedia que
termina por defender el matrimonio endogámico y la dualidad sobre lo extranjero,
asociada a la necesidad de conservar la unidad familiar en una sociedad en
transición que ya había legislado sobre el divorcio y el matrimonio civil (1886).
Para Ovares las ideas feministas de Magdalena son derrotadas y la obra presenta
el orden en lo costarricense y el desorden en lo europeo. Sobre este particular ya

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Gaínza había propuesto que el feminismo de Magdalena «sólo constituye una
subestructura semántica al servicio del autor» y que en el texto prevalece el
tratamiento de las barreras de clase y de una actitud anticlerical.

La crítica de «Manglar» está invariablemente asociada a la vida e ideología del


autor. Se le considera integrante de la «Generación del 40» y de filiación marxista.
Sobre esta generación, en que suelen ubicarse los escritores Yolanda Orearnuno,
Adolfo Herrera García, Carlos Luis Fallas, Fabián Dobles, José Marín Cañas y
Joaquín Gutiérrez Mangel, Manuel Picado presenta una perspectiva importante: el
estudio de la transformación de la sociedad costarricense y de la obra literaria
«entre la ruptura y la tradición», entre la narración tradicional y la pérdida de
jerárquica del narrador y un mayor trabajo sobre el lenguaje, aspecto sobre el cual
también trabaja Araya con base en la poética estructural de Todorov.

Araya interroga las propiedades del discurso literario, con la hipótesis de que
«Manglar» pertenece al segundo grupo de la generación del 40-50, con una
transformación del modo tradicional de narrar. Concluye que:

«Manglar es un relato de transición puesto que presenta rasgos del discurso


llamado tradicional; sin embargo, la pérdida de jerarquía del narrador
transforma la manera tradicional de narrar y lo asimila al tipo de discurso
moderno...

Jara expresa que en «Manglar» el mundo es visto a través de los ojos de


Cecilia en la búsqueda de su identidad, en un relato que relaciona el
microcosmos con la situación espacial, temporal e ideológica de los actores:
el contexto de cambio de la sociedad costarricense, con el choque de las
corrientes liberal y socialista, conflicto que se hace presente en el texto, en
una mezcla de narración tradicional y moderna.

En ambos trabajos se consigna la amplia crítica de «Manglar» que, en tér-


minos generales, pone acento en la novedad de «una novela del alma huma-
na»; la vida de Cecilia depara al lector «palpitantes sorpresas»; «mujer o
hembra, símbolo de la soledad reprimiendo lo instintivo de la naturaleza
humana».

DISCUSIÓN

A. Desde el punto de vista de la identidad nacional

En «Magdalena» se encuentra ¡a ambivalencia de la oligarquía liberal de la época,


representada por la dualidad de los personajes.

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Don Antonio, profundamente liberal, se muestra ambivalente entre su falta de
simpatía por la policía, de la que requiere para salir de un apuro en sus negocios
privados.

A pesar de sus ideas exóticas, Magdalena tiene ambivalencia entre éstas y las
normas de la clase a que pertenece, que se ponen en evidencia cuando Fernando
la seduce. Además, hace mofa de los nuevos ricos y de las posibilidades de
matrimonio de personas de estratos diferentes, como en el caso de la boda de la
criada Dorotea.

Fernando muestra también dualidad en su interés por Magdalena; por un lado


reconoce los intereses afines a los suyos en el gusto por lo europeo y en las ideas
de libertad en las relaciones amorosas. Rechaza la «calamidad de las sociedades
pequeñas «(p. 40), pero luego aparece imbuído del espíritu costarricense, acepta
los mimos que le prodiga su tía Adela (los «higos en almíbar») (p.42). Para
conquistar a María, Fernando explica que ya «le está gustando Costa Rica... que
desea quedarse aquí, comprar una finca y ponerse a trabajar» (p.78). Cuando
Magdalena le confiesa su amor, Fernando no quiere romper con lo establecido,»
atentaría contra la estabilidad social que le da sentido a su clase... por eso busca
la seguridad en María ... (p.89).

En esta obra vemos los temas que se repiten en la literatura de la época: la


imagen de la casa como el lugar privilegiado y el mantenimiento de la familia
ligado a la identidad nacional: lo que sucede en la familia simboliza lo que sucede
en la sociedad. El matrimonio como finalidad primordial de la mujer, aconsejable
entre miembros de una clase social como garantía de la conservación de los
intereses del grupo oligárquico liberal; el mantenimiento de
la familia patriarcal como protección de la estabilidad de clase. La sumisión de la
mujer tiene el valor simbólico de la conservación de la identidad nacional.
De ahí la dualidad entre la tradición y el progreso, así como sobre la seducción
que ejercen los factores exóticos, que pueden destruir los valores que le dan
firmeza a la familia patriarcal.

En «Manglar» se destaca la aparición de una región poco explorada por la


literatura- de la época: las características del paisaje y de los pobladores de
Guanacaste: el cura, el negocio del chino, la iglesia a medio terminar y el lenguaje
de la región. La incorporación de la periferia permite la inclusión de voces y de
prácticas de los grupos excluidos, con sus propios lenguajes.

Los personajes tienen su propia palabra y se refieren a los cambios presentes en


la sociedad de entonces: una nueva visión del cristianismo, a problemas como el
latifundismo y la censura a algunas situaciones de corrupción como el
contrabando de ganado; la expresión de una moral sexual menos reprimida, y la
transformación de la condición de la mujer en la sociedad costarricense.

Simbólicamente, la familia de Cecilia representa la decadencia del modelo de


familia patriarcal y Cecilia, la posibilidad de las nuevas generaciones de tener una

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mayor libertad personal, contra lo establecido, representado por la rigidez de
Elvira, su madre.

En la novela se encuentran tres sentidos de rompimiento con la unidad liberal. En


primer lugar, el sentido monológico- dialógico entre las regiones y los grupos
sociales de clase media con grupos periféricos. En segundo lugar, la identidad
sexual y finalmente, la manifestación de duda en los valores de la familia
tradicional.

B. La mujer en «Magdalena» y «Manglar»

En Magdalena se presenta el destino de una mujer voluble, peligrosa, que trata de


romper con la moral tradicional: el que se le considere una «costarricense
renegada» y que tenga, en el desarraigo, la salida a su situación de vida.

Por el contrario, María y Jacinta se presentan como mujeres sumisas, cuya misión
más importante en la vida es la del matrimonio. Ambas cumplen con el ideal de
mujer de la época.

Tanto la madre de Magdalena y de María como la de Jacinta son presentadas


como irritables, siempre enfermas, encontraste con sus maridos, quienes se
comportan como aventureros, calculadores y seductores sin que tengan censura
por su conducta.

Lo interesante en Magdalena es que la visión de mujer difícil, «incasable» es


propiciada por su hermana María y su amiga Jacinta y no por los personajes
masculinos; en tanto que las ideas feministas son defendidas por la propia
Magdalena, en contra de los valores establecidos. ¿No será esta situación un
indicio de la estrategia del autor para mostrar hasta dónde llegan las
consideraciones acerca de las mujeres en una sociedad patriarcal? Su
ambivalencia entre lo propio y lo extranjero ¿lo hace inclinarse inconscientemente
por la mujer liberada del mundo de París? La posibilidad del viaje de Magdalena a
la Ciudad Luz ¿constituye una derrota por el desarraigo? ¿Puede más bien
considerarse como culminación de un proceso ‘de autoafirmación, no exento de
sufrimiento?

En Manglar, Cecilia, una joven de clase media, inicia un viaje en busca de su


afirmación como mujer, en contra de los valores prevalecientes en su familia
presentada ya no como monolítica y estable, sino con evidencias de
desintegración.

Cecilia toma sus propias decisiones y acepta, no sin temor, asumir los riesgos que
ello supone; impugna las normas religiosas sobre el matrimonio y el amor y acerca
de la acción de los representantes del clero en los pueblos rurales.

Su papel como maestra en Naranjos Agrios de Piedras Negras de Tilarán le dan


oportunidad de reflexionar sobre su vida: sus problemas y posibilidades.

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...Era ridículo que la patanería de Grajales le hubiera impedido terminar su primera
clase. No le volvería a suceder. Tenía que corregirse, liberarse, sentirse frente a
los demás sin angustias, sin complejos ...como el hueso de una fruta que vive con
la determinación férrea de encontrar tarde o temprano su afirmación, su sentido.
La fruta se podrian y la semilla saldría entonces al aire, liberada...(p.27).

Su imagen de mujer joven en busca de su identidad, es contrapuesta con otras


dos figuras femeninas, pertenecientes a otra generación: su madre, rígida y tra-
bajadora, que asume el papel de víctima y la de «los breeches»,mujer de costum-
bres libertinas que conoce en su viaje a Guanacaste y que no logra influir en
Cecilia.

El papel de la educación, muy importante en la historia costarricense, es resaltado


en el desempeño de Cecilia como maestra; el ejercicio de la docencia le
proporciona oportunidades para asumir retos, sin importar lo difíciles que éstos
sesean. Cecilia pone en entredicho las normas de la Iglesia en lo que hace al
matrimonio: reflexiona sobre la unión de su hermana y el reproche de su madre:
<<vive en pecado mortal... concubinato... ¡mientras viva en pecado no existirá
para mí esa hija!...Tuvo que morir sola (descender sola, llena de pánico) para
recibir ¡a Extrema unción... el dogma alejó a Enrique de ella en los momentos en
que más lo necesitaba... >>(p.50).

Su ingreso casual en una organización política le permite relacionarse


sexualmente con uno de sus miembros y satisfacer así sus deseos eróticos larga-
mente reprimidos, lo que contribuye a su autoafirmación. El monólogo interior es
utilizado por el autor para dar profundidad a este aspecto.

Y qué lindo sobre el zacate mojadito qué le hubiera costado para respirar bajo ese
peso y dejando porque hay que dejar aunque una no sedé cuenta bien de nada
después respiro pensé ahora sencillamente no pude aunque quise querer cuando
comenzó a moverse dulcísimo dios mío qué dolor dulcísimo virgen santa y la
vergüenza cómo podré mirar a la gente y no debería ser así como creen si una es
apenas una pobre maestrita rural sin papá no sí papá sí como un caracol
arrastrándose por el jardín...(p.123)

CONSIDERACIONES FINALES
En Magdalena prevalece la ambigüedad de la oligarquía acerca de la tradición y el
progreso, que se reproduce en los personajes femeninos. A pesar de que
Magdalena es presentada como una costarricense renegada por sus ideas
exóticas acerca del amor y del matrimonio, logra su propósito de viajar a París y
no se pliega a la idea prevaleciente del matrimonio como única opción para la mu-
jer.

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En Manglar se presenta una mujer ya no de la oligarquía sino de la clase media,
que decide viajar a un pueblo rural en busca de su identidad; logra la
autodefinición luego de salvar obstáculos y reconocer sus potencialidades como
ser humano. Su situación se relaciona con los cambios significativos que señala
Fischel en torno a las reivindicaciones de las mujeres en la vida pública del país.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Araya, S. Rasgos tradicionales y modernos del discurso en Manglar. San José,


Universidad de Costa Rica, 1976. Tesis de Licenciatura en Filología.

Bajtín, M. La palabra en la novela. En: Problemas de literatura estética. Madrid,


Taurus, 1989.

De Barbierl, T. Sobre la categoría género. Una introducción teórico metodológica.


Isis Interaacional No. 17: 111-128, 1992.

Fischel, A. Estado liberal y discriminación sexista en Costa Rica. Revista de


Ciencias Sociales 65:27-37, 1994.

Gaínza, G. Apuntes para cl estudio del contenido de «Magdalena». Escena


3(5):40-45, 1981.

Jara, [Link]álisis estructural y crítica sociológica de «Manglar». San José,


Universidad de Costa Rica, 1978. Tesis de Licenciatura en Filología.

Le Goff, J. Pensar la historia. Barcelona, Paidós Básica. 1991.

Macaya, E. Cuando estalla el silencio. San José, Editorial de la Universidad de


Costa Rica, 1992.

Moi, T. Teoría literaria feminista. Madrid, Ediciones Cátedra, 1988.

Ovares, E. Literatura de kiosko: revistas literarias de Costa Rica 1890-1930.


Heredia, EUNA, 1994.

Picado, M. Literatura/ideología/critica. San José, Editorial Costa Rica. 1983

Prada, O. Conceptos y categorías para los estudios de la mujer. En: Compilación


bibliográfica sobre elementos epistemol6glcos y metodológicos de la Investigación
no sexista. San José. ILANUD. 1991.

Sharratt, S. Feminismo y ciencia: una relación problemática. Cuadernos de


Ciencias Sociales CS. San José. FLACSO. 1993.

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