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Reflexiones sobre el paralítico y su camilla

5 temas para impartir ejercicios espirituales basados en la Biblia sobre los "intercambios" que nos pide Dios a cambio de hacer su obra
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Temas abordados

  • milagros,
  • esperanza,
  • testimonio de fe,
  • vocación,
  • compasión,
  • cuidado,
  • reflexión,
  • transformación,
  • sacrificio,
  • agua viva
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Reflexiones sobre el paralítico y su camilla

5 temas para impartir ejercicios espirituales basados en la Biblia sobre los "intercambios" que nos pide Dios a cambio de hacer su obra
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CAMPANTE CON MI CAMILLA

Proclamar el pasaje de Mc 2,1-12

Se nos presenta un pasaje en el que podemos sacarle mucho provecho si lo reflexionamos de


manera minuciosa y también dependiendo del ángulo en el que lo tomemos para reflexionar…

Una de las enseñanzas es hablar de la amistad y centraríamos la atención en los amigos del joven
paralítico que ha sido curado por Jesús.

Otro es hablar de la oración de intercesión y nos enfocaríamos en los esfuerzos que hicieron los
jóvenes para que se diera el encuentro entre Jesús y el paralítico, continuaríamos diciendo que el
pasaje no termina cuando se fue el joven caminando sino que aun sus amigos se tuvieron que
quedar hasta que terminara la enseñanza de Jesús para reparar el techo que destruyeron para
poder conseguir lo que ellos querían por su ser querido.

También se podría hablar sobre el perdón de Dios, que es mucho más importante incluso que la
salud física y que Jesús tiene entrañas de compasión y poder para perdonar los pecados ya que es
Dios. Y habrá otras tantas y tantas aplicaciones y enseñanzas que nos arroja la reflexión de este
pasaje, pero hoy nos enfocaremos en una muy particular: nos enfocaremos en la camilla.

Sí, hablaremos de la camilla.

La camilla es aquel objeto donde yacía el paralítico.

Para este joven era su medio de transporte, era su lugar de descanso, era su estilo de vida, era su
todo.

En cierto día este joven estaba haciendo lo que hacía siempre, estar recostado en su valiosa
camilla, luego irrumpen de forma abrupta cuatro de sus amigos, muy emocionados y llenos de
entusiasmo; los cuatro trataban de hablar al mismo tiempo, pero se atropellaban entre ellos, lo
que se alcanzaba a escuchar era: -una gran noticia; -te llevaremos a prisa; -el que cura y expulsa
demonios; -milagros; -mucha gente; -en su casa; -ánimo.

Lo que sí alcanzó a captar este paralitico es que sus amigos estaban decididos a tomar la camilla
junto con él y llevárselo lo más rápidamente posible con quién sabe qué curandero a la casa de
sabe quién. Y así lo hicieron sus amigos, sin su aprobación y seguramente a pesar de sus protestas.

A los amigos no les interesaba si su amigo el paralítico quería o no, ellos lo llevaban con todo y su
camilla, ¡que pataleé, si puede!

Si nos pusiéramos en el lugar del paralítico imaginemos un poco lo que pensaría:

* ¡qué vergüenza! * no vayan rápido, me van a tirar; *miren, está llena la casa, ni podemos entrar,
mejor regrésenme; *¡no! ¿qué hacen? Me les voy a caer de aquí arriba; *no destruyan la casa, el
dueño se va a enojar conmigo; *que conste que fueron ustedes los que destruyeron el techo, a mi
ni me vayan a embarrar; *no me vayan a soltar, bájenme con cuidado; *espero que no le caiga a
alguien en cima; *Dios Santo, qué vergüenza, estoy en medio de todos ellos, no sé qué hago aquí;

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*mejor ni me hubieran traído, todos me miran, mis vecinos y otros desconocidos y unos escribas,
es mi ruina.

*Y ese Hombre, que tiene una mirada tan profunda y compasiva, llena de amor y entrañas de
misericordia. No sé por qué tengo el enorme deseo de arrojarme a sus pies, si pudiera y de
amarle…

Y es en ese momento cuando escucha a voz de Jesús: «Hijo, tus pecados te son perdonados»

Seguro que el paralítico sintió una gran alegría y se sintió muy libre, tan ligero que se iría de allí no
caminando, sino volando.

Incluso supo en ese instante que todo eso que pasó no sólo en ese día, sino toda su vida, había
valido la pena, que ya se lo podían llevar. Él ya estaba satisfecho, porque efectivamente, tenía la
certeza que ya estaba libre de pecado.

Pero este Hombre continuó hablando, Él daba argumentos para defender su capacidad de
perdonar los pecados y luego escuchó que para que constatara que Él tiene ese poder, se dirige de
nuevo al paralítico con las siguientes palabras:

«A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».

Y así sucedió.

Ahora este joven que fue paralítico era quien llevaba cargando su camilla, y no al revés. Ahora la
camilla reposaba bajo su brazo, ahora todos dirigían su vista a la camilla que era transportada por
aquel exparalítico.

Y nos podemos preguntar:

¿Por qué Jesús le pidió que cargara con su camilla, que se la llevara?

Daremos tres razones:

1. La camilla será un signo para los demás de todas las maravillas que Dios ha realizado por aquel
paralitico. Signo de que Dios les ha tomado en cuenta la hermosa intención y esfuerzo de aquellos
nobles amigos; de cómo le han sido perdonados sus pecados y de que Dios le permitido volver a su
ser de hijo y lo ha reincorporado a la comunidad, sanándolo físicamente.

2. La camilla será n signo para el mismo paralítico. Un emblema y medio que le recordará lo
fascinado que está por Aquel hombre que le perdonó y le dio el poder caminar; un signo que le
recordará estar siempre agradecido por ese gran don que recibió; un signo del poder de Dios que
ha actuado en favor de él y que de su postración lo hizo caminar.

3. Y la camilla será advertencia de la fragilidad humana. Ya que, si gran parte de su vida se la pasó
postrado en ella, si pierde la gracia, si vive de forma disoluta y se aparta de seguir al Maestro,
volverá a su antigua condición. Es un medio que le recuerda que estaba en ese estado y que, si no
vigila, si no se esfuerza por ser bueno, podría volver a ella.

Hoy Jesús es el amigo que te atrae a él, te lleva en los hombros para colocarte frente a su
misericordia, Él ve tu fe y tus deseos de querer salir de tu situación indigna y te regala su gracia. Te

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da su perdón y te levanta de tu postración. Lo único que te pide es que levantes tu camilla y
camines. Que muestres a los demás las maravillas que Él ha hecho en tu persona, que le
agradezcas por todos los beneficios recibidos hasta esta etapa de tu vida y que vigiles tu actuar y
tus intenciones para no recaer en tu vida pasada, esa vida que hoy has elegido dejar para seguir al
Maestro.

Reflexión:

- ¿Tenemos amigos que nos acercan a Dios? … Agradezcamos a Dios por ellos y pidamos
que el Señor los bendiga y nos los conserve mucho tiempo y que nos enseñe a ser
agradecidos y busquemos corresponderles con un mejor trato y cariño.
- ¿Nos hemos sentido perdonados por Dios? … Sin duda que sí, pero ¿hemos agradecido y
apreciado ese perdón que nos ha brindado; lo hemos sabido aprovechar y conservar?
- ¿Cuáles son esas situaciones, personas, cosas, pensamientos que nos tienen postrados,
que son nuestras camillas y de las cuales, con el poder de Jesús, nos liberaremos, pero con
la actitud de vigilancia para no recaer?

3
CAMBIO DE MESA

Proclamar el pasaje de Mc 2,13-17

Estamos en el segundo día de nuestros ejercicios espirituales, el día de hoy hablaremos de la


vocación de Leví, Mateo.

Inmediatamente después del pasaje del paralítico que es llevado por sus amigos ante Jesús para
ser curado, el evangelista Marcos nos relata este hermoso pasaje de la vocación de uno de los
apóstoles de Jesús, que además es Evangelista y el que más ha escrito de Jesús con bastantes
discursos. Sin duda fue un apóstol que no le quito el ojo de encima y que estuvo muy atento a
todo lo que ocurría en torno al Maestro.

Haremos algunas suposiciones.

1. En el pasaje anterior se dice que Jesús estaba hospedado en casa. Se puede presumir que era la
casa de Pedro, ya que en el capítulo anterior se menciona que llega a Cafarnaúm y va a la casa de
Pedro, donde cura a su suegra. Sabemos que Pedro era pescador y podemos imaginarnos que su
casa estaba a la orilla del mar de Galilea, o lago Tiberíades, por lo tanto, es muy probable que Leví,
que trabajaba como recaudador de impuestos, a la orilla del lago, vio el milagro de la curación del
paralítico y por ello su respuesta fue inmediata. Seguramente pensó que este hombre era alguien
con un poder admirable y una autoridad incomparable. Que hacía levantarse de la postración a
quienes estaban imposibilitados y que podía perdonar los pecados, que expulsaba demonios y
enseñaba con el ejemplo. Seguramente ya había oído hablar de Él, de que era el Mesías que los
liberaría de la opresión romana y por consecuencia de su situación de publicano. Por ello bastó
solamente una mirada hacia su dirección. Una mirada cautivadora y compasiva; y una invitación:
¡Sígueme!

2. Sin duda que a Jesús le encantaba ir de pesca. Como bien sabemos los cuatro primeros
discípulos fueron invitados por Jesús en un ambiente y contexto pesquero. Dos parejas de
hermanos que estaban a la orilla del mismo mar de Galilea; un par pescaba (Simón y Andrés) y el
otro par estaban limpiando las redes (Santiago y Juan), Jesús los invitó a seguirlo y ser pescadores
de hombres. El Maestro lanzó su red a esos hermanos y ellos sin dudarlo dejaron sus ocupaciones
y a sus familiares y lo siguieron.

En ese mismo ambiente Jesús esta aún haciendo pescas milagrosas ya que vuelve a arrojar sus
redes de amor cerca de la orilla de este mar y alcanza a pescar a Leví. En este caso no era
pescador, pero sí un hombre con deseos de cambiar de vida, de ser diferente, de servir.

Qué impactante escena, seguramente Simón, Andrés, Santiago y Juan revivieron ese momento en
el que la voz de Dios resonó en sus oídos y en su corazón y los movió una fuerza interior que los
dirigía a la persona de Jesús, recuerdo que sin duda alguna guardaban en lo más profundo de sus
corazones y que será el motor de su entrega diaria. Posiblemente estos cuatro hermanos le
compartieron esa experiencia a Mateo y él se sintió muy identificado con eso que ellos le
platicaban ya su llamado fue en la misma zona.

Situación de Mateo:

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Leví tenía todas las contraindicaciones para formar parte del séquito de Jesús; era traidor a su
pueblo y colaboracionista con el poder romano opresor; e incurría constantemente en impureza,
al tratar con los funcionarios paganos para entregarles lo recaudado. Probablemente era también
ladrón, cobrando más de lo debido a gente analfabeta e indefensa. Sospechosos de una falta total
de honradez, se les negaba todo derecho civil. Su reputación era tal que incluso su
arrepentimiento se juzgaba imposible.

Pero en la llamada a ser seguidor de Jesús no cuentan méritos humanos, pues la iniciativa es solo
de Él. Podemos darnos cuenta de que Jesús es el sujeto de los tres primeros verbos: pasaba por la
orilla, vio a Leví, le llamó. Leví no le esperaba, ni consta que desease cambiar de oficio; en esta
primera parte de la escena es personaje pasivo, mero receptor de un don.

Pero esa invitación de Jesús bastó para que hiciera un cambio radical de vida.

¡Sígueme!

Esta es la única palabra que Jesús, el Verbo encarnado, dirige a la persona de Mateo. Una palabra
llena de poder que provoca en la persona que está atenta el deseo de aceptar tal invitación.

El texto del evangelista Marcos y el del propio Mateo nos dice que Leví «se levantó y le siguió». En
cambio, Lucas puntualiza algo: «Él, dejándolo todo, se levantó y le siguió».

¿En ese momento, a la orilla del lago, qué era todo?

Su mesa de recaudador de impuestos.

Así como para el paralítico la camilla era su todo, su vida, su existencia, para Mateo lo era su mesa.

Pero a diferencia del paralitico, que cargó su camilla, Mateo dejó su mesa y siguió a Jesús.

Qué difícil ha de ser cargar con la mesa, por eso es necesario dejarla en el instante en el que Jesús
nos ha llamado. Es más, ni siquiera tomar nada de lo que estaba allí. El chiste es desprendernos
completamente de esa situación.

Para este discípulo era necesario dejar ese apego, esa limitación en su vida, ese estado de pecado,
ya que para el pueblo, Leví, a demás de ser un traidor y ladrón, estaba en constante impureza,
como ya lo dijimos. Por eso era necesario cortar de manera radical con la situación de pecado.
situación que lo hacia esclavo, estar atado a una mesa, sin poder participar en su vida religiosa, sin
poder convivir con sus vecinos y familiares.

Nosotros también tenemos mesas a las cuales nos aferramos, mesas que son causa de división
familiar, de pleitos entre hermanos, que nos provocan situaciones pecaminosas. Estas mesas
aparentemente son buenas, ya que nos causan algún beneficio, en Mateo era su sustento, su
estilo de vida. Por eso debemos estar atentos y reconocerlas para poder cortar con ellas y dejarlas,
pero dejarlas completamente. Jamás dice que Mateo tomó algunas monedas, o algunos papeles,
ni siquiera la pluma con la que escribía o la báscula con la que pesaba. Dice Lucas «dejándolo todo,
se levantó y lo siguió».

Podríamos enunciar algunas mesas:

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La chisMESA: El hablar mal de los demás. Tal vez sea un lugar en el cual nos encante tratar temas
ajenos, o sea una persona con la que nos encante criticar a otros, o esos tiempos muertos que
buscamos llenarlos hablando de los demás.

La mesa de la cantina o del bar: donde nos encanta esclavizarnos con las bebidas embriagantes,
tanto así que ya nos han dado el apodo de corcholata, porque si no estamos pegados a la boca de
la botella, estamos tirados en el suelo. Esta mesa puede ser una tienda, nuestra misma casa,
algunos “amigos”, fiestas, cervezas, tequila, mezcal, brandy, etc. Etc. Etc.

La mesa electrónica, que se nos presenta en forma de celular, computadora, tableta o televisor,
que nos roba el tiempo y momento importantes de convivencia familiar y nos llena de basura
nuestros pensamientos.

La mesa en Ingles (Table), que se nos presenta como sensualidad e infidelidad, que nos llena de
placeres efímeros y carnales, que busca saciar tan solo las bajas pasiones. Estas mesas pueden ser
algún lugar de espectáculos inmorales, algún lugar de encuentro, alguna página en internet para
chat´s, para ver videos, ver imágenes de índole pornográficos, alguna persona “amigo” con la que
tenemos encuentros de sexual.

La mesa de la depresión, la de la gula, la de la flojera, la de la droga, la del dinero, la del interés, la


del consumismo, la de la vanidad, etc. Etc. Etc. Tantas y tantas mesas que nos aprisionan y en las
que estamos cómodos.

Por eso es importante estar con el oído atento y el corazón dispuesto para escuchar y acoger esa
invitación liberadora de Jesús para seguirlos y tener la valentía de romper con esa atadura, como
la tuvo Mateo.

Es obvio que el romper con una costumbre tan arraigada, que ha formado parte de nuestra vida,
es un golpe muy duro. Por eso Jesús que es Maestro, sabe cómo compensarlo.

Jesús liberó a Mateo de una mesa y lo invitó a sentarse en otra mesa.

Pero en esta nueva mesa se convive, se comparte, se platica, se alimentan los hermanos, los
amigos, las personas, y lo mejor de todo: en esa mesa está presente Jesús.

No es necesario buscar esa Mesa, porque ya la conocemos, es la Mesa en la que cristo se parte y
comparte. Es la Mesa de su sacrificio, en torno a la cual nos reunimos los hijos de Dios para
encontrarnos entre nosotros, en la que nos reunimos los enfermos para ser sanados y para
encontrarnos con Dios. Que ha venido por nosotros los pecadores.

- ¿Cómo es la mesa que te esclaviza?


- ¿Cuál es el motivo por el que estás aferrado a esa situación de pecado?
- ¿Te animas a dejar tu mesa que te aprisiona y seguir al Señor? ¿Qué medios pondrás de tu
parte para romper con ella?
- ¿Quieres cambiar tu mesa de pecado por la Mesa del Señor que se celebra en la Misa? Has
tu compromiso.

6
UNO CONTRA DOS MIL

Proclamar el pasaje de Mc 5,1-20

Nuevamente nos encontramos en las orillas del lago, pero ahora en el otro extremo, en tierra
extranjera, en Gerasa que pertenece a la Decápolis (un conjunto de diez ciudades greco-paganas)
Jesús quiere desembarcar en territorio pagano para depositar también allí la semilla liberadora del
reino de Dios. Extender su Misión a tierras paganas y extranjeras.

El terrorífico hombre aterrado

Al desembarcar Jesús y sus discípulos en la tierra de los gerasenos se encuentran de inmediato con
un endemoniado furioso e indómito. Un hombre poseído por un «espíritu impuro», cuya morada
estaba entre las tumbas, es decir, un lugar que hace a la persona impura para participar en el
culto, este escenario revela la situación del mundo en el que Jesús ahora se introduce. Es un
mundo alienado y bajo el signo de la muerte.

Este hombre es un desterrado y despatriado, sin embargo, grita día y noche para llamar la
atención pero, al mismo tiempo, rechaza a los hombres. Rompe las cadenas y se resiste a cualquier
vínculo forzado con la comunidad. Él aleja a los que le quien ayudad pues con su violencia propicia
que le teman, incluso él mismo se hiere. Pero todas sus acciones parecen demostrar que está
dominado por el miedo y el desconcierto interior.

Al endemoniado lo conocían bien. Era una vergüenza para la aldea. Un loco. Creían que ya habían
hecho rodo lo posible por él; primero por las buenas y luego a la fuerza, pero sin ningún resultado,
ya que había roto las cadenas. Ya lo habían abandonado a su propio destino.

Nos resignamos muy fácilmente ante la desgracia ajena, en especial cuando tratamos de
salvaguardar nuestra propia tranquilidad y comodidad. Para este endemoniado había muchos
motivos para condenarlo a la soledad.

Afortunadamente este «terror de hombre» no molestaba a nadie. Era raro. Con muy malas
costumbres ya que andaba desnudo por todas partes. Pero su espacio de andanzas era os
sepulcros y las cuevas de las montañas. Incluso era un rechazado entre los muertos. A nadie le
preocupaba. Los vivos dormían con la conciencia tranquila.

El endemoniado cargaba con piedras, había que andarse con cuidado. Pero, menos mal, tenía el
buen gusto de emplearlas contra sí mismo. Ojalá y algún día se excediera de fuerzas y así libraría al
pueblo de su deshonrosa presencia.

Para todos, este hombre era ya solamente un tema de conversación. Nadie pensaba en salvarlo. Ni
un intento, ni un afán común de recuperarlo.

Así, algunas veces somos nosotros los que alejamos a los que nos quieren ayudar, con insultos o
actos violentos, que no precisamente deben ser golpes, sino también desprecio, palabras,
indiferencia, altanería, actitudes de soberbia y autorreferencia, porque nuestro orgullo nos impide
ver el bien que nos quieren realizar o no queremos saber que estamos equivocados.

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Otras veces nos importa nada la situación de algunas personas que necesitan de nuestra ayuda, o
si no vemos resultados inmediatos en ellos nos rendimos fácilmente.

Este hombre, parece que actúa de forma correcta, ya que, al ver a Jesús, sin demora corre hacia él
y se postra a sus pies, haciendo suponer que le pedirá ser liberado, ser curado. Pero en lugar de
esto, se narra precisamente lo contrario, él quiere persistir en su condición de esclavo, e intenta
rechazar a Jesús para que no lo atormente, como si Jesús fuera quien le causa daño, pues tiene
miedo ser curado. Este hombre está aterrado.

Jesús, ¿por qué has venido a atormentarnos?, dicen los demonios

Jesús se encuentra cara a cara con satanás. Tiene la intención de liberar al demonio, Él ya había
tomado la iniciativa de vencer al mal: «Espíritu inmundo, sal de este hombre».

Vemos que nuevamente la iniciativa la toma Jesús, pues Él no tolera y no quiere que el ser
humano esté alienado por ninguna situación, pecado o maldad. Él siempre está al pendiente de
nosotros y le duele que no seamos libres, por eso nos sale al encuentro para liberarnos. Nosotros
debemos correr y postrarnos ante Él, como lo hizo aquel joven, pero para agradecerle por ese
magnifico don que nos quiere regalar y no para rechazar la obra liberadora del Maestro.

Jesús ya había restituido al ex – monstruo a sus paisanos los gerasenos. Estos le observan
espantados. O imposible se había hecho posible. El endemoniado era ya como uno de ellos.
Sentado tranquilamente, sonriente. Hasta vestido.

Estos son los milagros más grandes de Jesús. Devolvernos «normales» a los excluidos, a los
condenados. A los publicanos, a la samaritana, a las pecadoras, a Zaqueo, a la adúltera, a los
ladrones. gentes aceptadas por nosotros como condenados. Pero Cristo nos los devuelve
normales. Como nosotros. Lo malo es que hay que pagar siempre un precio por la «liberación» de
un hombre. Y este precio lo exige Jesús a los gerasenos. Pretende una sustitución importante en
sus corazones: el hombre en lugar de los puercos.

¡Bonito negocio: un hombre en lugar de dos mil puercos!

No una camilla para cargar bajo el brazo, no una mesa para dejar definitivamente. NO UN Cántaro
junto al brocal del pozo. ¡Una enorme piara!

Un hombre normal más y dos mil puercos menos.

Los cerdos eran alimento para el pueblo donde se da esta escena y para toda la región
mediterránea, incluso para el ejército romano, pero los judíos los prohibían porque eran
considerados animales «impuros» según la Ley.

Los buenos sentimientos no dan de comer a nadie. Los puercos sí. Para los habitantes no les
interesa que sean considerados «impuros». Para aquella región, perder su piara representa una
locura en sus libros de contabilidad.

Los puercos son para ellos:

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Su fortuna. Su vida. Su bienestar. Su seguridad. Siempre hay una familia que mantener. Una boca
qué alimentar. ¡Fuera! ¡No se puede vivir con la cabeza en las nubes! Un hombre no vale dos mil
puercos.

Un hombre endemoniado… toda la región endemoniada

Para Jesús era necesario pagar ese precio para liberar al hombre, ya que no pretendía sólo liberar
al endemoniado de las fuerzas del mal, sino a toda la región.

Esta región es un mundo impuro, como lo sugiere la presencia de una piara de cerdos
precisamente en la montaña, lugar de culto y oración. El contacto de un judío con esta tierra lo
incapacitaba para participar en el culto, se debía purificar antes. Aquí todo está bajo el dominio del
maligno, dominio tan poderoso y organizado como una "legión".

¿Podrá hacer algo Jesús? La situación es difícil, pero el poder del Hijo del Dios altísimo supera
infinitamente al de las fuerzas demoniacas. Estas retroceden ante él para precipitarse en el abismo
y el hombre recobra la paz interior (sentado), el dominio de sí mismo (vestido) y su dignidad de
hombre (sano juicio). Y la región pagana queda liberada con la destrucción de la piara.

Jesús, ¿por qué has venido a atormentarnos?, dicen los habitantes de aquel lugar

Entonces los habitantes de qué lugar se pusieron a suplicar a Jesús que se alejara de su territorio.
No le echaron violentamente. Tienen el dinero en su corazón, es verdad, pero conocen los buenos
modales. No le reprende. Ni siquiera le echen en cara el montón de cerdos que se habían ido al
diablo. No le piden indemnización por el daño sufrido… le piden simplemente que se vaya. No
quieren correr más riesgos. Ya basta con dos mil puercos. Y sobra

Muchas veces, para nosotros, el ser cristianos es cumplir los mandamientos, la misa los domingos,
los sacramentos, aceptar a Dios en la propia vida, bazar en Dios nuestra existencia. Pero Dios no
están tan seguro de que nosotros tengamos la capacidad de soportarlo a Él. Y nos manda pruebas,
nos pregunta si somos capaces de aceptar al hombre Porque si somos capaces de soportar al
hombre, estaremos capacitados para soportar a Dios.

Al creyente el Señor le propone su Palabra, su amor, su ley, su vida. Pero por encima de todo le
propone al hombre.

¿Estamos dispuestos a poner al ser humano antes que dos mil puercos; antes que cualquier cosa?
¿Antes que la ley; que la carrera; que el reglamento; que los cálculos políticos; que el provecho;
que el equilibrio mundial; que el rendimiento; que la máquina; que el dinero; que la tecnología;
que el confort; que los pretendidos derechos de la verdad?

Cristo nos impone a cada uno de nosotros, como a los gerasenos, la misma elección decisiva: en un
platillo de la balanza el hombre y en el otro platillo todo lo demás.

Si condenó los gerasenos por esta acción de correr a Jesús de con ellos me condeno a mí mismo.
Porque yo también pertenezco a su raza. También yo tengo un patrimonio que defender; una
piedra de cerdos que guardar.

Mi vida discurre tranquila, sin sobresaltos. Un trabajo, una escuela, unos amigos, un hogar, una
familia que mantener, ocupaciones ordinarias, momentos de ocio, cumplo con mis obligaciones,

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no hago mal a nadie, todos me respetan; por lo tanto, no tengo necesidad de que ese Maestro
forastero venga a sembrar en el sólido tejido de mi existencia la intranquilidad. Que no venga a
sacarme por favor de la cómoda caverna de mi mediocridad. Estoy muy bien acomodado en ella.

Sus propuestas no me interesan, están fuera de mi alcance. Mientras yo vaya a Misa, dé limosna,
observe con cierta regularidad los mandamientos, participe de los ejercicios espirituales, me
persigné en la mañana y en la noche, todo irá bien. Pero cambiarlo todo, no.

Sustituir algunas cosas en el corazón, revisar toda la escala de valores, para ello no tengo fuerzas.

¿Seguirlo? Ni hablar. ¿ir tras Él? ¡Quién sabe a dónde es capaz de conducirme! Prefiero mi
honradez a la locura de su Cruz. Prefiero mi seguridad a su aventura. Agarró fuertemente, con
uñas y dientes, mi felicidad. Sus «sueños» ni me interesan. Por tanto, que me deje en paz, que se
vaya a con otros con su cuento, que se marche. Supongo que me entenderá, porque también yo
tengo una piedra de cerdos.

El primer misionero indigens [“Del lugar”] (indígena)

El hombre ya liberado le pedía Jesús quedarse con Él. Quería seguirlo a donde Jesús fuera. Pero
Jesús no se lo concedió.

Jesús le propuso: «vete a tu casa, donde están los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho
contigo y de que ha tenido compasión de ti».

«Él se fue y empezó a proclamar por la región de Decápolis todo lo que el Señor había hecho con
él y todos se quedaban maravillados».

Este hombre «liberado» se queda en medio de nosotros. Éste es el primer discípulo indígena. El
primer misionero en su tierra.

Para los suyos es una espina clavada en lo más vivo de su bienestar.

Él se queda con nosotros, no se va, está ahí para que vea la enormidad de mi negatividad. Para
hacer comprender lo necio que es mi “sabiduría”, para hacerme medir la distancia tan grande que
me separa de Jesús. Para indicarme que la balanza está desfasada porque pesa más la piedra de
mis cerdos.

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DEJÉ MI CÁNTARO VACÍO

Proclamar el pasaje de Jn 4,1-42

Jesús llega ahora a un país rico de muy grandes recuerdos históricos, pero cuyos habitantes son
odiados por los judíos. los samaritanos son considerados por los “puros” como una raza inferior,
como una especie de mestizos. incluso los que acusaban a Jesús querían insultarle llamándolo
“samaritano”.

En un valle sonriente, dominado por dos cimas muy elevadas de Palestina: el Garizín y el Ebal se
encuentra el marco donde tuvo lugar esta escena que acabamos de escuchar. En este lugar si dio
un encuentro ciertamente nada cómodo, tanto por el ambiente como por la persona con la que se
encuentra Cristo. En esta escenografía, Jesús revela el secreto de su mesianidad a una mujer de
moral “distraída”.

Es mediodía, por lo tanto, hace calor, Jesús realiza un largo viaje, se encuentra realmente cansado,
por lo tanto, realmente tiene sed. Nuevamente Jesús se coloca a las orillas de un lugar donde hay
agua; ya no es el lago, ahora es un pozo, el conocido pozo de Sicar.

A este pozo llegó una mujer que no tiene nada de tonta y, en cuestión de lengua, se muestra más
bien desenvuelta. De todos modos, es Jesús quien tomó la iniciativa de comenzar la conversación.
Le dice: «dame de beber».

Es extraño. Cristo ha venido a la tierra para traernos la salvación. Sin embargo continuamente pide
algo a cambio: antes de nacer pide el sí de su Madre; en Belén pide un lugar en la Posada; a su
primo Juan le pide que lo bautice; a Pedro, a Andrés, a los hijos del Zebedeo, a todos los demás
apóstoles, les pide que le sigan; al paralítico, llevado por sus amigos, le pide que cargue con su
camilla; a LevÍ le pide que cambie su mesa de recaudador por una mesa de convite; a los
gerasenos les pide 2000 puercos; y luego pide un asno para entrar a Jerusalén; una habitación
para celebrar la Pascua; a sus discípulos predilectos que velen una hora; también en su último
grito en la Cruz pide de beber; después de la resurrección les pide de comer a los apóstoles; y en
esta escena, a la samaritana, le pide un vaso de agua. Cristo realmente se ha hecho el último por
eso tienen necesidad de todos y todos podemos darle algo.

Ante una mujer samaritana está un judío que tienen necesidad de algo, por eso ella con malicia se
aprovecha. Humillaría a Aquel peregrino sediento, por eso le pregunta: «¿Cómo tú, siendo judío,
me pides de beber a mí, que soy samaritana?»

Jesús no se fijan la provocación. Él sigue imperturbable incluso con el sarcasmo de la mujer. Sabe
que con frecuencia se trata sólo de una careta que esconde un profundo sufrimiento, una máscara
postiza que “no sirve”.

Jesús no responde a la injuria. Se limita a un acento un tanto enigmático: «Si conocieras el don de
Dios y quién es el que te dice: “dame de beber”, tú le habrías pedido a Él, y Él te habría dado agua
viva».

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La mujer no estaba preparada para este giro en la conversación y se da cuenta que es difícil
sostener el juego con el que había empezado. Y ha comprendido 3 cosas:

- El hombre que está ante mí se cree alguien;


- tiene que poseer un secreto importante;
- se jacta de poder sacar agua del pozo.

Por eso ella le da réplica en los 3 puntos:

- por más grande que seas, no serás mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo
- ¿cuál es tu secreto?
- no tienes nada en la mano, ¿con qué medios vas a sacar el agua?

Jesús advierte la desproporción que existe entre la sed del hombre y la posibilidad de
apagamiento que ofrecen las criaturas. Más que poner el acento en la mezquindad de los
alimentos terrenos pone el acento en la grandeza del ser humano.

frente a estas atractivas propuestas humanas Cristo también ofrece sus propuestas: al pan
multiplicado en Cafarnaúm, que alimenta al cuerpo, le opone algo mejor: «el pan de vida, el que
coma de este pan vivirá eternamente». Al trago de agua de la samaritana, sacada del pozo de
Sicar, opone «el agua que brota para la vida eterna».

La mujer se siente atacada de frente, sin embargo, intenta todavía romper el cerco, recurre al
arma de la ironía:

Su pensamiento se dirige a la propia fatiga de cada día. El largo camino que lleva al pozo. El
cántaro que tiene que cargar en la cadera. El sol que da martillazos sobre su cabeza. Y diario la
misma faena. Los 39 metros de profundidad del pozo. Una cuerda interminable. Un cubo que
tarda en aparecer. Y luego el camino de vuelta, con el cántaro más pesado aún.

la mujer finge que solo piensa en el agua para cocinar y lavar. Por eso le dice: «Señor dame de esa
agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla». Así me ahorras todo el
trabajo de venir al pozo. Buena ocurrencia, pero sin darse cuenta, esa herida de ironía se ha
abierto y ha dejado escapar una petición de ayuda: «dame de esa agua».

Muchas veces, en nuestra vida, se cae la careta y aparece nuestro rostro lleno de insatisfacciones.
De los pliegues de la sonrisa aflora nuestro disgusto. Y está ahí un grito de dolor, ¿Quién ha
lanzado este grito de dolor sin que nos diéramos cuenta? Sin duda, nuestro yo profundo, cansado
de soportar la vergonzosa farsa del otro yo.

la mujer, sin ser consciente de ello, ha caido en la red de Cristo, Y Él le responde inmediatamente:
«Vete, llama tu marido y vuelve acá». Ha tocado su problema, su pena. El Señor emplea siempre la
misma estrategia. Cuando se “revela” empieza haciendo que el hombre se revele a sí mismo.
Después que la samaritana lleve a cabo su propia revelación, ella podrá acoger la revelación del
Evangelio. Por eso ella no le queda más que empezar su confesión: «No tengo marido…»

Ella se calla. Pero Jesús le ayuda: «Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco
maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo».

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Ella empieza a balbucear: «Señor veo que eres un profeta». Y con una maniobra muy hábil,
procura desviar la embarazosa conversación hacia la controversias religiosas y rituales: «Nuestros
padres han adorado en este en este monte…» Siempre buscamos una escapatoria para eludir una
decisión radical. Hay gente incluso nuestras parroquias que charlan y discuten porque no son
capaces de decirse a “vivir”.

Jesús le enseña que comienza el culto espiritual. El hombre, además de templo, se convierte en
sacerdote, sacrificador de sí mismo, y a través del sacrificio de su voluntad, de sus proyectos, se
adhirió al plan de Dios.

Quizá la mujer no entendió. Ella sólo buscaba ganar tiempo, dejando para la llegada del Mesías el
paso decisivo: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando Él venga, nos lo anunciará
todo». Cristo le revela: «Yo soy, el que te está hablando». Cristo, a cada una de las ideas de esta
mujer, ha respondido con una imagen superior. Por fin llega a la conclusión. De proveedor de agua
viva a enviado de Dios. La revelación se ha completado. Se ha dejado escapar el secreto que tan
celosamente guardaba: «Yo soy, el que te está hablando».

Fijémonos, la estupenda revelación tiene lugar a la orilla de un pozo. por una parte, Él, el
peregrino quemado por el sol, sucio de polvo, que pide como limosna un sorbo de agua; por otra
parte, una mujer repudiada por cinco maridos y que ahora es concubina de un sexto. Dios no ha
venido a la tierra con un libro en la mano. prefiere explicarse como un hombre cansado y a una
mujer que nada tiene de “virtuosa”. Él, el desconocido, se ha dejado arrebatar su secreto. Ella, la
mujer demasiado conocida, se ha dejado arrebatar el peso intolerable de su propia vida. El pobre
que pide un trago de agua ha enriquecido a la mujer coqueta con el cántaro muy lleno.

¿Qué es lo que dejará la mujer para cambiar de vida? ¿Camilla; mesa; puercos? No, ella dejará su
cántaro que representa su vida, su día a día, su faena, su rutina, su mundanidad y correrá a la
ciudad a llamar a todas las puertas: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he
hecho. ¿No será éste el Cristo?» La buena nueva es anunciada por los labios de una pecadora. Su
encuentro con Jesús la ha transformado en una evangelizadora. Además, es la primera que hace
algo así, es la primera discípula que habla a toda la ciudad y, además, tiene mucho éxito.

Jesús al verla volver, empujando a sus paisanos, tuvo que experimentar la misma emoción que
sintió cuando regresaron sus setenta y dos discípulos: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de
la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes, y se las has revelado a pequeños».

Los discípulos llegan con los alimentos, pero Jesús rechaza la comida. El espectáculo que tiene
delante de sus ojos es demasiado hermoso: «Alza vuestros ojos y ved los campos que blanquean
ya para la siega». Incluso la samaritana es considerada idónea para la obra de la siega.

La samaritana se limita a empujar a sus paisanos a un encuentro personal con el Señor,


ofreciéndoles su propio doloroso testimonio: «me ha dicho todo lo que he hecho».

Ella ha provocado el encuentro, y ya puede retirarse de allí. Puede incluso recibir el desprecio de
los convertidos: «Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído» … Pero ¡qué
importa! Lo esencial es que crean, que conozcan a Cristo y que dejen sus cántaros junto al pozo.

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HAGAN LO QUE ÉL LES DIGA

Proclamar el pasaje de Lc 1,26-38

Se sabe cuál es el proyecto de Dios, que quiere que todos los hombres se salven, y hemos
escuchado a lo largo de estos cuatro días cómo Dios ha llamado a personajes específicos quienes
han seguido al Maestro de una forma muy peculiar, a excepción de Mateo, que sabemos que es
uno de sus apóstoles y además Evangelista. Pero los otros tres, no dice que siguieran al Maestro
como discípulos suyos, pero nos ha quedado en claro que sirvieron al mundo para llevar el
mensaje del Reino de una manera muy particular.

El paralítico a través de su testimonio viviente, presentando su camilla como símbolo de las


maravillas que Dios ha realizado por él.

Mateo siguiendo al Maestro de cerca y escribiendo el Evangelio, participando de la Mesa de la


Última Cena y dejando de lado su mesa de recaudador y dejando de escribir los impuestos de sus
paisanos.

El endemoniado que su libertad fue intercambiada por dos mil puercos y que se puso a llevar la
noticia del Reino en la región de Decápolis ya que Jesús le pidió que no lo siguiera, sino que fuera
testigo entre los suyos.

Y la Samaritana que dejó su cántaro vacío al pie del pozo para ir ligera a arrimar a todo su pueblo a
un encuentro personal y vivo con el Mesías esperado.

Ahora como cierre de nuestros ejercicios espirituales contemplaremos a María Santísima para
descubrir en ella aquellas actitudes que la muestran como el mejor modelo en el seguimiento de
su Hijo amado. Veremos el modelo de discípulo.

En la Sagrada Escritura el objeto y centro de la revelación es Jesucristo. Pero hay varios. pasajes
que hablan de Jesucristo y de María de manera directa o indirecta: la Encarnación del Verbo, el
nacimiento de Jesús, su presentación y su pérdida en el templo a los doce años, su manifestación
en Caná de Galilea, su pasión, muerte y resurrección, el envío del Espíritu Santo. El acontecimiento
de Cristo no se dio sin María. «Mediante el misterio del Hijo se aclara también el misterio de la
Madre».

María, discípula de Jesús

En la Iglesia de nuestros días, enfrentarla al desafiante reto del "seguimiento de Cristo" en medio
de nuestro mundo sometido a un profundo cambio cultural, aparece María como "modelo y
prototipo" de un auténtico discipulado.

María no perteneció al grupo de discípulos constituido formalmente por Jesús para que le
siguieran, haciendo vida en común con ÉI (Cfr. Mc 3,13-19; Lc 6,12-16; Jn 15,16). Ni siquiera
formaba parte del grupo de mujeres “seguidoras” y “discípulas” de las que cuenta Lucas en su
evangelio (Cfr. Lc 8,1-3). Perteneció al grupo de discípulos “domésticos” porque permanecían en
su propia casa, en su pueblo natal: Zaqueo, José de Arimatea; Nicodemo, el endemoniado de
Gerasa, la Samaritana, Marta y sus hermanos Lázaro y María, etc.

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Ella fue bienaventurada no tanto por haber llevado en su seno y amamantado de sus pechos a
Jesús, sino por formar parte del grupo de los que, oyendo a palabra de Dios, y guardándola en su
corazón, se hacen discípulos (Cfr. Lc 11,27-28). Ella es bienaventurada porque, superando, los
simples lazos maternales ha entrado a formar parte de la familia de Cristo, es decir, una familia de
“oyentes de la Palabra” y generosos “realizadores” de la misma (Cfr. Lc 8,18-21, Sant 1,22-25). La
calidad de su discipulado se pone de relieve en la expresión dirigida los criados de las bodas de
Caná: «Hagan lo que Él les diga» (Jn 2,5). La orden de María era la expresión de lo que ella misma
vivía y de lo que la primera comunidad había intuido en la relación de María con Jesús.

La imagen global que de María nos ofrece el N.T., es la de una mujer que, con una coherencia
extraordinaria, se puso siempre al servicio del Señor. Fue una mujer que escuchó la Palabra, la
meditó en el silencio y en la oscuridad, superó la tentación de la incredulidad. Se colocó
incondicionalmente al servicio de la causa de su Hijo. Fue perfecta "seguidora" de Jesús, aunque
no siempre lo siguiera físicamente.

Pero, ¿cuál fue la respuesta de María?, ¿cómo acogió este mensaje?, ¿qué actitudes descubrimos
en ella para aceptar el proyecto de Dios en su vida?

Tengamos en cuenta que María era una joven (v. 27) con un proyecto de vida que ya había
asumido (v. 27), “desposada” significa que ya estaba comprometida en matrimonio con José. Y
ante el saludo del ángel se desconcierta (v.29), pues el llamarla “llena de gracia” significa que es
una mujer plena, un elogio que sacude todo su ser. Al escuchar el mensaje de Dios, cuestiona,
pero no es una pregunta en la que involucre sus proyectos o reniegue de lo que vendrá después,
ella cree en el proyecto de Dios, pero humanamente no sabe cómo podrá realizarse. Y a la
respuesta del ángel expresa el “sí” de abandono total a la Voluntad del Padre, dejando que ÉI obre
en ella sus maravillas.

 Escucha la voz de Dios. El “escuchar” para los judíos era de gran importancia en su vida.
“Shemá Israel” era una actitud que no sólo disponía a recibir un mensaje, sino que disponía todo el
ser de la persona para que ya desde el escuchar, se tuviera el deseo de acoger e ir realizando el
mensaje como una “orden” que cambiaría su vida.
 Por tanto, acepta el plan de Dios, renunciando a sus proyectos: María tiene la certeza de
que, el que “renuncia a sí mismo y hace la voluntad de Dios es el más grande en el reino de los
cielos”.
 Se abandona a Dios para que ÉI haga según su voluntad. En otras palabras deja a Dios ser
Dios. El Omnipotente (el que todo lo puede), el Omnisciente (el que todo lo sabe), el
Omnipresente (el que todo lo posee), va a obrar en ella. Así como el alfarero tiene en sus manos el
barro modelar un hermoso jarrón, así ella se abandona en las manos del Padre tenido la certeza de
que no puede estar en mejores manos para que haga en ella sus maravillas.
 Está dispuesta a cumplir la misión que Dios ha escogido para ella: la certeza de ser la
Madre de Dios con todas sus consecuencias. Primero dejar que se geste en su vientre para que al
nacer le brinde todo su amor, ternura, cuidados, etc. Después, educarlo, formado, acompañarlo en
toda

su vida hasta que se cumpla la obra de Dios en la historia.

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Pocas veces aparece María en los evangelios, pero son suficientes, para mostrarnos que Ella es la
primera y más perfecta discípula; así encontramos todas las características del discipulado según
corazón de Dios: la escucha amorosa y atenta (Lc 1,26-38; 11,27-28), la obediencia sin límites a la
voluntad del Padre (Lc 1,38) la fidelidad hasta la cruz (Jn 19,25-27), ella continuó fielmente junto a
la comunidad de los apóstoles, animando su oración y su unidad, e implorando con esa la venida
del Espíritu Santo (Hech 1,14).

María modelo para el discípulo actual

María joven madre de Jesús, es modelo para los discípulos comprometidos. Ella presenta,
de un modo especial, la dimensión femenina de la espiritualidad, la disponibilidad y el compromiso
liberador. con el pueblo que sufre, como lo expresión en el Magnificat, espejo de su vida.

María es ejemplo de amor y amistad, cuando visita a su prima Isabel (Cfr. Lc 1,39-45); es
ejemplo de sensibilidad social y preocupación por los pobres cuando canta su alegría porque Dios
actúa con justicia, arruinando a los soberbios, sacando a los poderosos de los tronos y despidiendo
a los ricos con las manos vacías (Cfr. Lc 1,52-53). Su canto de alabanza -el “Magnificat”- refleja su
alma, preludia el anuncio de las Bienaventuranzas (Cfr. Mt 5,3-12) y expresa el punto culminante
de la espiritualidad de los pobres de Yahvé.

María sigue mostrando a los discípulos de hoy su ternura de madre. Los ayuda a conocer y
a seguir a su hijo Jesús, los acompaña en los procesos de crecimiento en la fe, intercede por los
que están lejos o lo buscan sin encontrarlo y abre cominos de esperanza para los excluidos y para
los que no tienen voz. Con su ejemplo propone un proceso de vida para los discípulos y los invita a
decir sí a Jesús y ponerse en disponibilidad total para el servicio del Reino.

A ejemplo de María hemos sido llamados

Contemplemos a María en el momento de la Encarnación del Hijo de Dios en su santísimo vientre:

Lc 1, 26-38.

El proceso de este encuentro es maravilloso, primeramente, el ángel llama a María por su nombre,
luego le reconoce toda la grandeza de Dios que hay en su vida al llamarte “llena de gracia” y
posteriormente da el mensaje que Dios quiere que se realice en ella.

Este mismo proceso Dios lo ha realizado en nosotros:

- En primer lugar, somos llamados cada uno por nuestro nombre pues no nos formó en
masa, sino que nos creó únicos e irrepetibles, por lo que nos conoce y no le somos indiferentes. Es
el único que conoce toda nuestra realidad.
- Se goza con cada una de las maravillas que ha obrado en nosotros, pues a sus ojos no hay
criatura que desborde tanta grandeza del mismo Dios.
- Y por último, nos ha dado una misión.

Es importante tomar en cuenta el “sí” de María, no sólo fueron momentos de júbilo y de alegría,
sino que el aceptar este proyecto de Dios, llevaba consigo la cruz y el sacrificio; a tal grado, que
María asume el mismo destino de Jesús, “una lanza te atravesará el corazón”, le dijo el viejo
Simeón (Lc 2,35).

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Common questions

Con tecnología de IA

Personal encounters with Jesus play a pivotal role in transforming individual lives, as demonstrated by Levi and the demoniac. Levi's immediate response to Jesus's call reflects a radical life change, leaving his job to follow Jesus. Similarly, the personal confrontation between Jesus and the demoniac leads to the latter's liberation and social reintegration. These narratives emphasize Jesus's unique ability to initiate profound personal transformation through direct encounters .

The story of the Gerasene demoniac highlights societal apathy and resignation towards the marginalized. Despite the demoniac's violent outbursts and isolated existence, the community chose to abandon him, content with avoiding his presence and failing to make collective efforts for his rehabilitation. This reflects a broader tendency to prioritize personal comfort over the welfare of others, effectively exiling those who disrupt societal norms .

The story of the Gerasene demoniac illustrates the triumph of spiritual authority over societal constraints. Despite societal abandonment and demon-induced isolation, Jesus’s encounter demonstrates spiritual intervention overriding societal neglect, ultimately reshaping social realities by reintegrating the formerly marginalized man, and highlighting the potential for spiritual power to transcend and transform societal limits .

Mary's discipleship is depicted through her unwavering acceptance of God's will and her role as Jesus’s first and most perfect disciple. Her model of discipleship emphasizes listening, obedience, and faithfulness, serving as a prototype for modern discipleship that involves an open heart and readiness to accept divine plans over personal ambitions. This challenges contemporary disciples to embody similar trust and commitment .

'Leaving the table' symbolizes detachment from past sins and burdens to embrace a new, spiritually liberated life. For Levi, it meant abandoning his tax collector's table, representing his old life of sin and impurity, similarly to how believers must recognize and relinquish their "tables" to follow Jesus fully .

In the calling of Levi, personal initiative plays no role as it is solely Jesus who takes the initiative by calling Levi to follow Him. Levi is depicted as a passive character at first, being the recipient of a gift, and only Jesus's powerful invitation "Follow me" prompts Levi to make a radical life change .

Parallels between biblical figures like Levi leaving his tax collector's table or the Gerasene demoniac's liberation, and modern disciples renouncing personal "tables," underscore themes of sacrifice and transformation. Both historical and current followers are called to relinquish personal attachments or sinful tendencies obstructing spiritual growth, prompting complete surrender to follow the call of discipleship wholeheartedly .

The concept of sacrifice is evident in the narrative with the loss of two thousand pigs signifying a substantial economic sacrifice for the community. This highlights the idea that true freedom and healing may necessitate material sacrifice, prioritizing human restoration and dignity over wealth, signifying a profound moral decision enforced by Jesus's actions .

The narrative of the demoniac's healing presents an inversion of societal values through the liberation of the man at the cost of two thousand pigs. While pigs provided economic benefit, their loss for the healing of a marginalized man demonstrates a value shift from material gain to human dignity and spiritual freedom, revealing Jesus's prioritization of personal restoration over economic loss .

Mary's response, marked by her acceptance and trust in God's plan despite uncertainty, serves as a model of faith for modern believers. Her openness to divine revelation, exemplified by her willingness to accept God's will over her own life plans, encourages believers today to embrace faith with humility and courage, demonstrating the virtues of surrender and trust in divine purpose .

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