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Gonzalo MenéndeZ'Pidal

la E S P A Ñ A
DEL SIGLO XIII LEÍDA EN IM ÁGENES

REAL A C A D E M IA D E LA H I S T O R I A

lülición c^ tc a l en cofetoracwn con:

ALSTO'M

Indice

PR E SE N TAC IÓ N ............... ....................................................................................................... 9

PRÓ LO G O ................................................................................................................. 13
Filología - Fitografía • Historia gráfica de la técnica • Atisbos y eficiencia técnica • Revolución
industrial en b Baja Edad Media • Variaciones de onda larga • Ámbitos mayores de la técnica
• Menosprecio actual por la imagen •. Miniatura y relieves góticos* La miniatura alfomf • Valor
sobresaliente de la miniatura alfonsí • Comprobación documental de la miniatura alfousf.
Lectura en imágenes del siglo X I I I • Lo que es este libro

MANUSCRITOS ALFONSÍES ...................................................................................... 25


Partida 1 • 'Libros del Saber de Astrología' • Cánones y cuadrante señero ♦ 'Libro de los juegos'
• 'Crónica General' • 'General Rstoria’ . 'Lapidario* • I.or manuscritos de las Cantigas • Códice
de los Músicos • Códice de Lis Historias * lx » maestros del escritorio alíonsí

LA VIDA DE A IJO N SO ............................................................................................... 51


ü*s ropas del Rey • Emblemática Imperial en las ropas de Alfonso • La corona de le» camafeos
• Otras prendas conservadas de Alfonso • bis barbas del Rey • El Rey en sus diversas actividades
« El Rey y sus cobbnradores • Buenos y malos usos cortesanos • Saludo • Merecieres

TRAJE. ADEREZO. AFEITES «ncdah^conC.r»*!!.™»., ............................................................. 67

Tela» • Traje cristiano « Trajes masculinos • Trajes femeninos • Tocados masculinos • Tocados
femeninos • Traje musulmán • Calzado • Aderezos y afeites
LA ESPAÑA n a SIGLO XUI LEIDA EN IMÁGENES

LA C O N S T R U C C IÓ N . L A C A S A POR D E N T R O ................................................................... 117

La construcción • La casa por dentro • Muebles • La mesa y la comida • La cocina • La bodega


y los toneles • Baño y cámara privada • Candelas, lámparas, etc.

LA IG L E S IA .............................................................................................................................. 151

Roixisde 1os eclesiásticos • Vestiduras litúrgicas • Vestimentas para mayun» sacerdotes • l lábito
monástico • bautismo • Penitencia • Matrimonio • Vida monástica • Coro . Veneración de
reliquias • Comunión de enfermos . Duelo • Supersticiones

L A ESCUELA. LA ESCRITURA, EL ARTE Y LA C IE N C IA .................................................... 163

La escuela • El escritorio. Textos literarios romances • Pintores y escultores • Médicos • Astronomía,


geografía astronómica y topografía

LA S GENTES SUS TRABAJOS, OFICIOS Y T É C N IC A S ...................................................... 189

La mujer • Judíos • Campesinos • Pastóles • Labradores • Menestrales • Herramientas • Molinos


• Hornos • Mercaderes • Ceca

C A M IN O S Y C A M IN A N TE S . LA N A V E G A C IÓ N ................................................................. 217
Los caminas ♦ Caminantes • Mur • Navios • Pescadores

JUEGOS. C A Z A . M ÚSICA. C A S T IG O S .................................................................................. 241

Juegos • Caía • Ajedrc:, dados y tablas • Danzas • Instrumentos músicos • Textos musicales
♦ La música en las Cantigas . Tahúres . La taberna • I_a justicia y las penas

L A G U ERRA ............................................................................................................................ 269

Caballo de guerra • Lorigón • Perpunte • El yelmo • El escudo ♦ Adarga • Cómo se vestían las
armas • La espada • La lanza • Mazas« La ballesta • Hondas . Máquinas de sitio • Minas . La
tienda • Tambores • El ejército moro • El ejercito cristiano • Bntalla, cabalgado, algara •
Arquitectura militar • Presas de guerra y cautivos • La guerra en el m ar« Sertas

L A N ATU RALEZA ................................................................................................................... 303

Un mundo más amable incluso en su dramatismo . Del inundo exótico • Del mundo fuera de
lo natural

B IB L IO G R A F ÍA ......................................................................................................................... 311

ÍNDICE DE NOMBRES 323


Presentación
Gonzalo Anes y Álvarez da Cnstrlllóo
Director de la Real Acadeina de la Historia

EN L A E S P A Ñ A D E L S IG L O X/// L E Í D A E N IM Á G E N E S p ^ c o n -
zaJn M cnéndcZ'Pídíd un conjunto que resulta d e la selección de las miniaturas qu e mas y m ejor reflejan las técnicas, la
econom ía, las costumbres y la vida en la Castilla medieval. Interesa este libro, q u e la Real Academia d e la Historia edita
gracias a la colaboración de ALSTOM, p or su riquísimo contenido en im ágenes y en descripciones, para conocer cóm o
se vivía y c ó m o era la sociedad d e entonces y. sob re todo, lo que sign ificó Costilla corno transmisora do técnicas y de
saberes desde el Islam a la Europa de O ccidente:
I x k cambios en las técnicas y los Inventos y d e nuevos aperos d e labranza o de herramientas y artefactos' y su apli­
cación en las distintas zonas y épocas de Europa tuvieron singular importancia durante lu Edad Media. En el tiem po qu e
transcurre desde m ediados del siglo Vltl hasta finales d el siglo XV, hubo adopción d e técnicas, ya conocidas en la anti­
güedad romana, d e otras transmitidas p o r los árabes e inventos qu e pcn n ltieron a lio n a r tiem p o de trabajo humano,
con las consiguientes mejoras de la productividad.
La expansión del Islam en Asia, en África y en las penínsulas e islas d e la cuenca occidental del M editerráneo d ifi­
cultó la continuidad de las relaciones comerciales entre la Cristiandad y el Oriente. En las ciudades que florecieron duran
te la época romana disminuyó el número de habitantes y seam tinaron muchos de sus edificios. I as viejas calzadas rom a­
nas dejaron de ser utilÍTUibles en varios d e sus tramos p or falta de reparación. Igual ocurrió con los puentes, al quebrar
algunos d e sus arcos por la fuerza d e las riadas
14 Entupa mediterránea n o ocupada p o r loa islamitas tendió a rural izarse. En toda la Cristiandad, el cultivo d o la
tierra y el cuidado d e los anim ales vino a organizarse en el marco del señorío territorial. Asentamiento de colonos, rotu­
ración y cultivo de tierras, organización de los terrazgos, fueron actividades dirigidas p or los señores o por sus lugarte­
nientes, lo mismo qtie hacer y reparar caminos, edificar la villa o ctiriis, y casas, m olinos y horno y hasta la iglesia propia.
lil carácter rural de la Europa cristiana tim an te los siglos IX y x h izo pensar a lo s hom bres de letras d el R enaci­
m iento que los tiempos medios, transcurridos entre los esplendores de la civilización grecorromana y la segunda mitad
del siglo XV. habían sido de barbarie y d e ign oran cia Son los tiem pos qu e com enzaron a denom inar Edad M edia y qu e
calificaron de oscuros, tenebrosos y. en sentido peyorativo, góticos.
LA ESPAÑA DEL SIGLO XIII LEIDA EN IMÁGENES

N o es del caso tratar aq u í de la continuidad de la civilización grecolatlna y d el c om ercio m editerráneo durante


los siglos en que s e formaron y consolidaron reinos hárbaros en el su d o del Im perio R om ano de O ccidente. Tam p oco
de lo qu e significó la quiebra d e las (eluciones com erciales regulares entre los pueblos de las d os cuencas mediteiránc-
os, en d área cristiana, c om o resultado d e la expansión del Islam durante los siglos Vil y VIII. Al ocu par el norte de Africa
y las islas y penínsulas del occidente mediterráneo y al disminuir, hasta casi cesar.el com ercio m aritim o en el occiden ­
te cristiano, se intensificó el proceso de ruralízaciiín ya señalado
Los esplendores econ óm icos y culturales tic los califatos de Dam asco y d e Córdoba, en lo s siglos IX y X, se p re ­
sentan a la mirada d d historiador com o excepcional cumiaste con la Cristiandad de O ccidente. N o se han estudiado
aún. con el d etenim iento debido, las influencias rcdb id as por los musulmanes d e la civilización grecorromana, en Asia
M enor, en d Norte de Africa, en las islas del occidente mediterráneo. en las penínsulas Ibérica e Itálica. Tam poco las que
experim entaron p o r sus contactos con las poblaciones d e M esopotam ía, I’ersia, China e India. Sabem os que las tra­
ducciones de obras griegas, persas y del Lejano O riente les perm itieron conocer, conservar y transmitir saberes de los
q u e se ben efició la Cristiandad de O ccid en te A Córdoba, en tiem pos de Abd-al-Rahman III y d e Al-Hakam II. vinieron
botánicos y m ódicos procedentes d e M esopotam ía y gramáticos, juristas e historiadores de diversas zonas del Islam.
Córdoba, c om o centro político de Al-A n daluseu tiem pos de los Omeyas, llegó a ten er 100.000 habitantes, la s
Influencias de la llamada Escuela de Alejandria fomentaron, en Córdoba, lu observación d e los fenóm enos de la natura­
leza y la experimentación. Fn Córdoba se fijaron y conservaron los saberes recibidas, m ediante una acción com pilato­
ria portentosa. I o s califas se rodearon de astrónomos, d e matemáticos, d e botánicos y d e hom bres de letras y se form a -
ron notables bibliotecas, entre las qu e destacó la d el califa Al-Hakam II, en la que copiaron libros y los ilustraron con
notables miniaturas. Las cortes callfales parecen haber in spirado a Alfon so X en su afán com pila dor de saberes en el
T oled o del siglo XIII
Fn la Europa d el occid en te mediterráneo, sin el com ercio qu e perm itiese captar el oro africano necesario para
acuñar m on eda qu e facilitara los intercambios, ¡t pesar d e las tendeadas mrallzadoras, se d io un notabilísimo proceso
dedifuskin de técnicas, conocidas algunas en tiem pos de Roma en las tierrasque formaban d Im perio, pero n o utiliza­
das, p or ignorarlas, en toda la zona situada ai norte del limes o frontera: el arado de ruedas, especialm ente útil en tierras
Tuertes y húmedas, la grada, la collera p ira muías y caballos, la herradura, hicieron más productivo el trabajo humano
e n d cultivo de la tierra y e n el transporte. Los molin os d e agua, c on o d d o s p o r los romanos, sólo se difundieron en la
Europa cristiana desde el siglo X y las aceñas perm itieron econom izar fncr/a de trabajo en la molturación d e granos. Los
labriegos que supieron hacer y reparar m olinos y aceñas pudieron im aginar c óm o utilizar la fuerza del agua para otros
usos: los más notables fueron el de machacar d hierro con mazos hidráulicos, y el de au xiliara con fuelles también m ovi­
d os p or la fuerza d d agua.
Las nuevas técnicas conocidas en la Furopa cristiana por transmitirlas los musulmanes, fueion adaptadas a las
necesidades de la producción agraria o manufacturera y del transporte. También a Jas d d arte de la guerra, com o el estri­
b o y la pólvora. I-as innovaciones en d ¡ute de navegar, dieron a los europeos la superioridad sobre los dem ás pueblos
d d mundo al conseguir d d om inio de mares y ooéanos, desde com ienzos del siglo XV, con sus galeones dotados de armas
d e luego, (x in la fabricadón de papel, se p ud o ahorrar d coste de hacer que las pieles de anim ales sirvieran com o mate­
rial sobre el qu e escribir. Con la Imprenta de caracteres móviles y con el pap d. se abarataron los libros y se pudo d ifun­
d ir más am pliamente el saber.
Las novedades técnicas conocidas en la Europa medieval no están descritas en códices ni en diplomas. T am p o­
c o se habla de ellas en anales ni en crónicas. N o sabemos quiénes fueron sus inventores o difusores, p or no constar sus
nombres en docum ento alguno. T am p o co podem os dar con exactitud las fed u isen quo com enzaron a aplicarse, ni nos
resulta posible la descripción d e aperos y artefactos com o n o sea p or haberse conservado y, sebre tixlo, por constar escul­
pidos en capiteles o en otros elem en tos decorativos o por haberlo» m iniado en los códices.
Gonzalo M enéndez-Pidal ha prestado un gran servicio a la historia d e la técnica y a la de la cultura al ofrecem os
las im ágenes de los códices que, en d siglo Xlll castellano, dibujaron y pintaron losm iniaturlsias. G radas a las llustra-

- I0 -
PRESENTACIÓN

d on e s recogidas en el libro h\ fitpafía del s ig lo X III leída a i ¡mdgenes, disponem os efe una selección inteligente de las
m ejores miniaturas d e las Cantigas, d d Libro de los Juegos, d e la C rónica General, de la General Fsloría, de los códices de
los músicos, d el c ód ic e de las historias. I a s reproducciones de las miniaturas van acompañadas, en este libro, de una
inteligente y esclatecedora descripción qu e muestra la utilidad de las imágenes para entender técnicas, usos y costum­
bres {juegos, caza, música), indumentarias, edificaciones y procedim ientos, herramientas y enseres utilizados p or los
alarifes, m obiliario, religiosidad, cóm o se enseñaba y c óm o eran y vivían las gentes según fuesen campesinos, m enes­
trales, mercaderes o príncipes. 1o s caminos, caminantes, navegaciones, arte de la guerra, están representados y descrl •
tos en este libro. Tam bién lo qu e G on zalo M enéndcz-Pidal denom ina la naturaleza ¡árboles. animales, aves) y basta un
m u ndo exótico del «pie es muestra el elefante africano. Tam bién figura el m undo fuera de lo natural, con sus hechizos,
representado en las Cantigas y a! que se refieren también ni Poem a deA iexandre y las Partidas, al prohibir en éstas que
se hagan "Imágenes d e cera ni de metal ni de otros hechizos malos’ .
El panoram a qu e nos presenta G on zalo M enéndez-Pidnl d e c óm o se vivía en la España del siglo Xlll e s de una
riqueza ilustrativa q u e sólo se puede valorar si pcnsuinos cóm o hubiera sido posible describir todo lo qu e en este libro
se recoge sin disponer de las imágenes. M iles d e tom os de tantas páginas c om o las qu e tiene este libro no hubieran p er­
m itido otra cosa que provocar el aburrimiento de los lectores y quizá una mayor ignorancia y contusión que la que hubie­
ran podido tener antes d e com enzar la lectura d e los cientos d e miles d e páginas.
Disponer de toda esta riquísima inform ación gráfica. t3n seleccionada, para describirla con tas imágenes y con
una prosa clara y concisa, significa ten er en nuestras m anos el resultado final. para el siglo Xlll, d e una evolución técni­
ca y social q u e hizo de los castellanos, ya en e l siglo XV, una com unidad civilizada con valores que se extendieron desde
entonces p or el resto del inunda
Prólogo

SOLO EN RARAS OCASIONES d h isto riad o r actual cob ra con c ien c ia de* q u e h ay sus­
tan ciales relato»; h istóricos q u e han lle ga d o a nosotros en form a n o escrita, lis verd ad q u e junto a la cró n ica o al
d o c u m en to escrito, actu alm en te se va prestan do cada v e z m ás aten ción ul relato oral, y sob re to d o se va reco n o ­

c ie n d o q u e ha h ab ido p erío d o s h istóricos en la vida d el h o m b re en q u e la I ilsto ria oral ha prevalecido, y refirién-

d on o s con cretam en te a los siglos m edios se a d m ite q u e junto a la H istoria escrita existió un a H istoria hablada qu e
du rante cien to s d e añ os ju go u n pap el d e prim e r o rd en on la trasm isión d o relatos q u e h o y tien en v a lo r fu n da­

m en tal para nuestro c o n o c im ien to d el pasado. Am bas H istorias s e herm an an , sin em bargo, e n ser historias ver­

bales. Y d e lo q u e aq u í vam os a iratar e s d e la H istoria gráfica.


Pero Insisto e n q u e desde h ace siglos h o m bres occid en ta les p arece q u e s e v ien e n in teresando p o c o m en os

q u e en form a exclusiva por la I lisioria escrita. Casi nos p arece a x io m á tic a q u e cuando n o hay crónicas, anales, ins­

cripcion es. jeroglíficos, n o h ay Historia; c o m o si los h o m bres só lo dejasen en palabras relato e xp lícito a la poste*

riodad. Ú n ic a m e n te la A rq u e o lo gía o la H istoria d el Arte atien d en con in terés a algunas fuentes in form ativas nn

escritas» y, sin em ba rgo, son multitud las otras reliqu ias n o escritas q u e n os h ablan d e Historia p olítica y cultural

y q u e n o s cuentan incluso ep iso d io s y aspectos d e l v ivir pasado que la historiografía escrita ignora totalm ente.

En realidad, to d o e l m u n d o que n o s ro d ea n os habla d e H istoria. Poro ese lenguaje es esa ich n d o en sus res­

p ectivas parcelas p o r e l g e ó log o, p o r e l p aleon tólo go , in clu so p o r e l preh istoriador, y es n ecesario q u e el historia­

d o r d e la cultura le p reste o ído s y ap ren da a descifrar su lenguaje. Asi. p o r e jem p lo , d el o ro españ ol en tiem p os d el

Im p erio R om an o bien |Xico es lo q u e lo s escritores con tem p orán eos nos han dich o, y m u ch o, sin em bargo, lo qu e

nos cuentan las ruedas hidráulicas, lo s to m illo s d e arqu ím ed es, los m artillos y p ico s q u e han ap arecid o sepulta­

rlos en las galerías m ineras, los em ba lses d e decan ta ción . las arrugias, y la o ro gra fía trastocada d e las M édulas: y
e se oro, d e l q u e lo s escritor es n o qu ieren hablar, fue en mucluis o casion es la palanca qu e m o v ió la política Im p e ­

rial romann.
LA ESPAÑA DEL SIGLO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

Ah ora q u e n o es U nicam ente a e s t e v a lo r d e la reliqu ia n o verbal al q u e aq u í m e in teresa referirm e, sino m u y

esp ecialm en te a las im ágen es que el h o m bre p intó o lab ró c on exp lícito d es eo d e c on tar algo. La pintura y la escul­

tura son m e d io s d e exp resió n parejos a la palabra, ya c o m o v eh íc u lo d e exp resió n estética, ya c o m o instrum ento

d e e xp re sió n ló gic a; al igual la im a gen grá fic a unas v eces s ó lo busca c o n m o v e m o s con su b elle za y otras m e ra ­

m en te contarnos algo, aun cuan d o en la m ayoría d e Lis ocasionas se im aginó con un d ob le propósito en qu e todos
lo s d es eo s exp resivos se con fun den .

P e ro e sa H is to ria q u e n u estros an tep a s a d o s n o s d eja ro n con ta d a e n im á gen es, las m ás d e las v e c e s ha


p erd id o p ara nosotros su valor, p o rq u e nos h e m o s v u e lto sordos a e lla Es verd ad q u e e n o ca sio n es n o ten em os

m ás re m e d io q u e a fa n a m o s en e n te n d e r !» p o r q u e n o d isp o n e m o s d e o irá s fu e n tes d e In form a c ió n : es d caso

d e las pinturas preh istó ricas o d e otras hechas p o r p u eb lo s q u e n o co n o c en la escritura; m as según avan zam os
en la c ro n o lo g ía d e nuestro in u n d o o cc id en ta l y n m edid a q u e d isp o n e m o s d e m ás relatos escritos, te n d em o s a

relegar las im ágen es a su m e ro valo r estético. Y sin e m b a rg o h u b o un tie m p o en q u e h erm an os próxim os a q u ie ­

nes e sc u lp iero n a q u ello s frisos, o p intaron aq u ello s m u ros, o m in iaron aquellas páginas, en ten d ía n claram en -
le el lengu aje d e esas Im ágenes q u e h o y nosotros n o s a llem o s leer. Es q u e s o m o s an alfabetos para a q u ello s re la ­

tos grá fic o ».

Pu ede qu e d esp reciem os h o y al h o m b re qu e n o es c a p a z d e leer la cró n ica periodística, y n o pen sam os que
nosotros s om os tan analfabetos c o m o él fren te a los capiteles d e un claustro rom ánico, an te cuyas figuras n os con-

tentam os m u ch a » veces con exclam ar ¡qu é fantasía!, cuan d o el e sc u ltor q u e lab ró aq u e llo (p ieria d ecir una serle

d e cosas q u e nosotros n o e n ten d em os o q u e qu erem o s enten d er crípticam ente. Pues en verd ad hem os perd id o la

capacidad d e le er e n aquellas im ágenes con sim plicid ad p orqu e esa capacidad se a d qu iere c o n la exp erien cia y se

p ie id e c o n e l desuso.

P en s em o s en un e je m p lo p ró xim o d e q u e p o d e m o s ten er exp erien cia directa: e l cin e , en su e tap a m uda,

tu vo q u e crearse un lenguaje exp resivo qu e en o casion es supliese la falta d e la palabra. Púb licos d e culturas m uy

diversas y d e inteligencias bien dispares apren dieron aquel lenguaje; pero a la llegada riel sonoro, m uchos d e a q u e ­

llos m o d o s exp resivo s d eja ro n de ser necesarios y cayeron en el o lvid o . El resultado es qu e a un p ú b lico d e jó v e ­

nes cultos d e hoy, según he p o d id o co m p ro b a r person alm en te, se le escapan m il valores expresivos en una p e lí

cuín m uda, y llegan a n o p od er seguir el m ero relato d n e in a to g iá lic o q u e en ella s e cuenta s ó lo c on im ágenes, rela­

to qu e hace m e d io s iglo era p erfectam en te inteligib le para un piiW ico general.

Pues a s í c o m o para ju zgar h o y en to d o sil valor una película d el d n e m u d o h em os d o ap re n d e r su sistem a

d e expresión, así h em os d e ap ren der tam b ién a leer en las Im ágenes m edievales lo q u e esas im ágen es d ecían a sus

con tem p o rán e o s d oc to s e indoctos.

Fl L O L O G Í A -F IL O G R A H A

N o n o s c o n ten ta h o y le er un p o e m a m e d ie v a l c on m e ro criterio d e estética actual, qu erem o s c om p re n d e rlo ac e r­


c án don os a su tie m p o : y en ton ces resulta q u e e se p oe m a servirá a s u ve?, para com p re n d e r su época. U n a m inia

tura, un capitel, n o n os basta c o n goza rlos e m o tivam en te c o m o si fuesen obras d e la plástica actual, qu erem o s v e r­

lo s acercá n do n o s tam b ién al tiem p o en q u e s e crearon. En am b o s casos, ap arte d é l a actual critica estética, para

e n ten d er e l p o e m a y la im a gen rocurrinuw a la Historia.

Y h e a q u í que to d a la m ateria d e nuestro co n o c im ien to h istórico p ro ce d e d e la p erc e p c ió n , esto es, la le c ­

tura. la con tem plación , la au dición. Pues bien, los historiadores han c on c ed id o valor prim ordial a la lectura. Y, sin
duda, la palabra escrita tiene en osle asp ecto un valo r insustituible, p e io en este libro lo q u e m e p ro p o n go es exp lo ­

rar el tam bién inm enso valor q u e la im agen gráfica tiene para c on o c er la Historia. P o r eso. asi c o m o h o y nadie p u e ­
d e d esen ten derse d e la c iíllc a textual c o m o (tien te histórica, qu iero señalar a q u í q u e es necesario tam b ién d a b o -

H*
PRÓLOGO

rar lin a critica d o las im ágen es q u e sirva para daries a SU v e z v a lo r d e fu e n te histórica, usando en ton ces e l térm i­

n o critica en d sen tid a s c h le g d ia n o d e e sfu e rzo p o r com p re n d e r, liste lib ro es. por tanto, un esfu erzo h ech o por

c o m p re n d e r una parcela grá fic a de nu estra H istoria m e d ie v a l q u e es, a su v ez, una parcela m u y exp resiva d e la

H istoria d e l Occidente.
Lo qu e pintaron y esculpieron los h o m bres de la España d el siglo Xlll son relatos históricos d e p rim er orden,

pues con trah acien d o palabras d e luán Bautista V ico p od ñ am a s d ec ir q u e «cu a n d o el q u e h ace las cosas e s e l m is­

m o q u e las p in ta n o p u e d e h ab er m ás cierta H istoria».


C u a lq u ier c o m p o s ició n figu rativa tien e valo r e x p resivo b ajo d o s aspectos. Ij i im a gen d ice lo q u e el au tor

q u iso con tarn os, p ero d ic e adem ás lo que. sin exp reso d eseo, h izo d ecir a sus figuras, p orqu e era más difícil h acer­

las inexpresivas q u e dejar qu e trasluciera to d o un m u n d o circundante. El autor d e un rd a t o verbal p u d o s im p le ­


m en te con ta m o s c ó m o un cautivo salió d o prisión, p ero así c o m o las palabras c on su In m en so p o d e r de abstrac­

c ió n s on capaces d e o fr e c e m o s la esquem ática exp resión d e «ca u tivo , prisión, salir», al narrador e n Im ágenes no

le será p osib le pintarn os un c au tivo qu e n o ten ga tales o cuales ropas, ten ga o n o ten ga barba, q u e n o vaya pein a­
d o d e este o d e e se m o d o , y el cuutivo ten drá lo s grillos tod avía puestos o ya estará lib re d e ellos, y serán grillos,

c a d en u s o c e p o los qu e le habían asegurado e n la prisión, y la m a zm orra ten drá q u e ser una constru cción d e p ie­
dra o d e ladrillo, o estará excavada en la tierra o tendrá puerta d e una u otra form a, etc. □ resultado es q u e esa Im a­
gen nos con tará p o r fu e rza m u chas m ás cosas q u e las palabras c o n q u e el a u to r d e l relato p iu lo expresarse. Una

novela d el siglo X1U p od rá satisfacerse c on d ecirn o s q u e en palacio h u b o un gran festín; p ero si un m iniaturista nos

pinta ese festín, n os ten drá q u e d ec ir c ó m o era la sala, c ó m o las m esas, lo s m anteles, la vajilla, c ó m o vestían los
hom bres, c ó m o las m ujeres, c ó m o servían los criados, c ó m o actuaban lo s juglares, y tantas casas m ás q u e in elu ­

dib le m e n te v en d ía n a lo s pinceles d e l artista sin qu e éste pueda evitarlo, l ’uera d e esto, n o o lvid e m o s qu e el p in ­

tor m e d ieval sen tía una gran atracción |>or lo narrativo, q u e c on ceb ía sus im ágen es c o m o m e d io aleccion ador, y

q u e para su pú b lico la m ejo r le cc ió n era d ejem p lo . la narración.

P o r to d o esto resulta com pren sib le el qu e la im agen gráfica m edieval 110 e u tie ga su c on ten id o a una prim era

c on tem p lac ió n d e nuestros o jo s actuales. D ecen as d e v eces m ira re m o s una m iniatura y d ecen as d e veces le ere ­

m o s en ella a lg o nuevo.

Adem ás, en cada im agen hallarem os, a m ás d e su valoi expresivo individualizado, su valor docu m en ta l c om o

p iez a d e con ju n to . Y to d a esta varieda d d e asp ecto s e s precisa p ara re co n s u u ii e l re la to d e esa H isto ria gráfica,

relato insustituible para revivir cap ítu los enteros del pasado d e los q u e en ocasion es la literatura n ad a n os dice.

H IS T O R IA G R Á F IC A D E L A T É C N IC A

Para largos p erío d o s - lo s siglos m edios, p o r e je m p lo - la 1listo n a d e la técnica n o p u e d e d isp on er casi de in fo rm a­

ció n escrita. Escritos esp ecíficos sob re técnica n o existen prácticam en te, la m e n ció n d e una m áquin a sólo fortui­

ta m ente ap arecerá en un texto, y m ás raro aún será hallar un a d escrip ció n d e ella. Pero supuesto q u e to d o eso lo

hallásem os, n o habrá descripción com p a rab le a un s im ple dibu jo. P en s em o s e n un caso con creto:

S a b em o s qu e e n e l siglo XtlI a lc a n z ó gra n d ifu sió n e l to rn o d e m a d e ra : las sillas, las cam as, etc., ten ían

postes y ad o rn o s torn ead os. P ero es u n a v erd ad era rareza e n c o n tra r alu sión literaria a lo s to rn o s c o n q u e e so s

m u eb les se lab raron; tal ver. ap a rezca su n o m b r e en algún texto, p e r o n o h alla rem os una d es crip c ió n q u e nos

d iga si el to rn o era d e b an ca da h o rizo n ta l o vertical, si e ra d e arco o d e ballesta, etc. Y. s in em b a rgo , un sim p le

re liev e , un r in c ó n d e u n a vidriera , o u n a m in iatu ra e n q u e fig u ra u n to rn o n o s darán p o r fu e rza e so s y otro s

m u ch os datos. Así. p o r só lo e l c a m in o grá fic o , p o d e m o s c o n o c e r c u la España d e la segu n da m itad d el siglo Xlll


d os tip os d e to rn o d e arco, m ien tra s q u e d e igu al p e río d o n o te n e m o s nin gu n a alu sión literaria a sem ejan tes

m áquinas.
LA ESPAÑA n o . SIGLO XIU LElD A EN IMÁGENES

O tr o ejem p lo : e-s d ifíc il ta m b ién hallar m im b ra d o s h o rn o s d el siglo xm y c u a n d o s e m e n cio n an , nunca se

d escriben sus p articu larid ad es técnicas. T a m b ién en este caso stílo en la pintura espartóla d e fines d e l s ig lo Xlll

p od e m o s c o n o c e r h ornos d e pan, d e herrero, d e orfeb re, d e cal, d e vidrio, e in clu so d e varios d e ellos se n o s d o c u ­

m entarán m o d alid ad es técnicas distintas. P orqu e así c o m o el narrador o el escritor p od rá con form arse c o n n o m

brar un « h o m o d e cal», d m iniaturista, al pintarlo, te ndrá q u e d escribir su form a y forzo sa m en te habrá d e p intar­

lo d e tierra o d e ladrillo, abierto o cerrado, etc.

Y es qu e e n la base d e to d o esto se halla el hecho d e q u e los literatos m edievales fiieio n em in e n te m e n te au di­

tivos m ien tras lo s té cn ico s eran esen cia lm en te visuales. Las apetencias d el Juglar se satisfacían en In abstracción

y m u sicalid ad d e la palabra; el artesano, e l arquitecto, ten ían necesid ad d e ver, y sus a n o ta cio n es eran prlm or-

d ialm en to dibu jos, c o m o testifican e l álb u m d e Vllard d e H on necou rt y otro s ejem p lo s sem ejantes.

E v id e n te m e n te las n ec e sid a d es in fo rm a tiv a s d e m u ch as técn icas s e s irve n m e jo r c o n grá fic o s q u e con

palabras, c o n ra zó n p o n e n en b o c a d e N a p o le ó n q u e « le p lu s s im p le des cro q u is m 'e n dit plus, e t plus claire-

m en t qu e le rapp ort d o c u m en té et m ieu x d irigé ». Pero en el caso d e la H istoria té c n ic a ol m in iaturista d e l siglo

xiil n o s e c o n te n ía con in fo rm arn o s sob re la fo r m a d el to rn o , o d e la sierra, o d e la fragu a, sin o qu e lle v a d o de

su fu ro r n arrativo n o s d ic e c ó m o s e usaban, con lo cual n o s d a d ato s d e m a yo t alcan ce. Así, p o r e je m p lo , s a b e ­


m os, a través d e viajero s, q u e en e l m u n d o Islám ico o rien tal lo s torn eros m e d ie v ale s s e ayud ab an d e lo s pies en

sus trabajos d elic a d a s n>, p ro c e d im ie n to d el q u e Incluso h o y p o d e m o s hallar algún e je m p lo : pues b ien , e l hechu

d e q u e en tre lo s artesanos cristian os d e la España d el siglo xm se d iesen lo s m ism o s usos, s ó lo la m in iatu ra nos

lo v ie n e a decir.

A T IS B O S Y E F IC IE N C IA T É C N IC A

Al h acer la h istoria d e la técnica e s frecu en te dem ostra r un p rep o n deran te interés en rastrear prelim inares atis-

b osw ). Ello tien e un v a lo r indu dable, siem p re q u e n o o lvid e m o s q u e lo verd ad eram en te trascen den te p ara la his­

toria d e la hum an idad e s e l qu e una técnica d eterm in a da se divu lgue y en con secu en cia afe cte a un sec to r social

con c re to o a u n am p lio c on ju n to h um ano. Los p receden tes pueden in teresar para h acernos ver cuán tos factores

lian d e c o n a irrir para lograr un avan ce técnico q u e trascienda a una socieda d y cu án to d erroc h e d e in geiü o hum a­

no se p ierd e c u a n d o n o con cu rren tod as las c licu n sta n cia s necesarias para su a d ap ta ció n y d ifu sió n generales,

p ero e l c o n v ertir la H istoria de la técnica en un d esen terrar barruntos m ás o m e n os d a ro s d e p ro greso s té cn ico s

q u e no cu aja ro n hasta m u ch o tie m p o después, p u e d e lleva rn os a p erd e r d e vista la verd ad era historia trascen ­

d en te d e esa técnica.
P or to d o lo d ich o resulta q u e el m u n d o técnico reflejad o en la com ún plástica m e d ieval nos testifica m ejo r

q u e lo s d ato s p ro ced en tes d e presun tos in ven to res lo q u e e ra la técnica im p eran te en aq u ella s oc ie d a d y cuáles

sus aspectos m ás d ivu lgados y eficientes.

R E V O L U C IÓ N IN D U S T R IA L E N L A B A J A E D A D M E D IA

Si to m a m o s la m áqu in a ge n era d o ra d e e n e rgía c o m o e se n cia l a la in du strialización, n o c a b e dud a q u e d e l d o s ­

c ien to s al q u in ien to s s e d io una notab le t.insíoi tuaciún.

A l cesar las gu erras d e con q u ista y d ism in u ir por e llo lo s esclavos d e l Im p e rio Rom an o, h abían l>echo su

a p a rició n u n a s e r ie d e m á qu in a s; p e r o la A lta lid a d M e d ia a p o rtó un a n u e va s o lu c ió n q u e v in o a reta rda r la

(II Wtet. G.. titeenV. v Wolt Ph., Les tectmnms /nusavrwics au Mor«v> Age, pp. 33,34.
(2) G«e. a . lj tezfinxyjr dcüOOá 1400.
PRÓLOGO

am p lia d ifu sió n d e aquellas m áquinas: esta solu ció n fu ero n lo s caballus y b u eyes q u e io s pastizales d e la Euro­

pa d e l N o rte p ro d u cía n en a b u n d an cia al ab la n d a rs e e l clim a d e l h e m isferio s ep te n trio n al; aq u e llo s cab allo s

m e d ie v ale s fu ero n asi un m e jo ra d o sustitu to d e l trab ajo esclavo q u e h ab ía s id o el m o to r casi Unico d e la in du s­

tria antigua.
Tu vieron q u e ser las necesidades d e una creciente p ob lación m erid ion a l d e E uropa las que, m ás tarde, g e n e ­

ralizaron las m áquinas hidráulicas q u e v in ie ro n a m o v er en m illares d e ciu d ad es y pu eblos lo s m olinos harineros,

lo s m artillos d e forja, las fábricas d e p ap el y d e panos, y tantas cosas más.

Es e l caso, sin em b a rgo , q u e esta revolu ción p ro gresó m u y lentam en te, tanto, q u e sus coetá n eos casi n o se

d iero n cuenta d e l pro ceso y en con secu en cia lo s cronistas, los historiadores, nad a nos dicen d e ello. U n a batalla,

la m u erte d e un rey, una sequía, son sucesos q u e sacuden la aten ción d o cualquiera. P ero ¿quién iba a reseñar e n

un lib ro q u e aquel añ o se habían con stru ido d ie z m o lin o s m ás en tal rio y cuatro m ás e n tal otro? Y, sin em bargo,

añ o u as añ o, las consecuencias de la con stru cción d e esos m o lin o s fueron grandes: la produ cción alim entaba, los

esclavos s e h acían m en os necesarios, las presas y represas acababan h acien d o in n avegables ríos q u e habían s id o

prim ord iales vías d e tráfico durante m ile s d e años. La e co n o m ía, las com u n ica cion es, d e resultas, la v id a to d a iba

cam b ian d o p o c o a p o c o pero inexorablem ente.

S on eso s fe n ó m e n o s d e lenta ge sta c ió n y le n to d e s a iro llo a n te lo s cu ales h a p erm a n ec id o in d ife ren te la

crónica.

V A R IA C IO N E S D E O N D A L A R G A

La H istoria d e tip o tradicion al h a s id o hasta tie m p o s m o d ern o s d e cará cter p o c o m e n os q u e b iog rá fico ; aten d ía

prim ord ialm en te al in divid u o o a aqu ellos c a m b io s rápidos q u e e l in divid u o veía pasar ante sus o jo s y e ra reseña-

ble a través d e la v id a d e un hom bre. Era. p ues, un a cró n ica dram á ticam en te personal.

P ero las flu c tu a cio n e s d e este tip o n o son en verd a d sin o lo s h a rm ó n ic o s d e otras v aria cio n es d e m a yo r

am plitud y m u ch a m a yor lon gitu d d e o n da. Los unos s on aco n tecim ien to s d e días, m eses, o años, lo s o tro s ab ar­
can decen io s, siglos, y au n m ilenios.

Ijos cronistas m edievales, c o m o lo s p eriod istas actuales, fascin ad os p o r la n o ticia d e l día, n o s u elen regis­

trar fe n ó m e n o s d e evo lu c ió n lenta. P o r e s o es n o ta b le la re fle x ió n q u e s e h ace un p erio d ista d e h o y c o m o A lb in


Ross <a>: cu enta c ó m o e n O rie n te M e d io v iv ió é l su p ro fe sió n d u ra n te v ario s añ o s y le ofu scab an a llí las n oticias

más diversas, «e n tal a m b ie n te yo ap en a s m e había d a d o c u e n ta d e la im p o rta n c ia q u e tie n en las cos as q u e n o

cam b ian ... Si un o p o n e a ten c ió n a las n o tic ia s c o n d em a sia d a d ilig e n c ia s e v o lv e rá c o m p le ta m e n te c ie g o p ara


la m a yo r p arte «le la realidad y p ara lo s v a lo re s p erm an en tes d e la v id a ». N o s otro s, trad u cien d o la e xp re sió n de

e se corresp on sal d e prensa, en v e z d e «n o t ic ia * d iría m o s «su ce s o s ú b ito », y e n v e z d e «co s a s q u e n o ca m b ia n »,

■«realidad» y «v a lo re s perm a n en tes »; te n d ría m o s q u e d ec ir, s itu á n d o n o s e n u n a p o s ic ió n q u e ab a rq u e u n m ás


a m p lio p an o ram a d e tie m p o , «a c o n te c e r c o n p e q u e ñ o gra d ie n te * o. s ig u ie n d o u Braudcl, aco n te cim ie n to s « d e

larga d u ra ció n » w .

En fin , el cro n ista d e ayer, a l igu al q u e e l d e hoy, n o p erc ib e, segú n v em o s , e so s fe n ó m e n o s d e p e q u e ñ o

g ra d ie n te q u e tie n e n p e r ío d o la r g o y q u e h a y q u e a b a rca r c o n m ira d a q u e e n g lo b e u n a m p lio h o r iz o n te d e

tie m p o y esp acio ; p o r e s to hay ta n to s c a m b io s e n la H isto ria q u e n o h an d e ja d o rastro e n las cró n icas viejas n i

e n lo s p e rió d ic o s actuales. P ero así c o n t ó la palabra, c o n su p o d e r d e ab stra cció n , p u a o des ec h a r lo s d ato s q u e

13) Jotm o/ oí an American


(4) Brautíd, F„ HÜMrcet ítíencct sodaJeí.
LA ESTAÑA PEI. SIGLO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

h o y n o s p erm itiría n te s tim o n ia r lo s a m p lio s y len tos ca m b ia n te s d e q u e hab lam o s, la im a gen , pn r el c o n tra ­

rio, e n su in ca p a cid a d d e abstracción, n o s d e jó registrados in vo lu n taria m en te in fin id ad d e p recio so s d ato s qu e


ai cro n ista n o le interesaban.

En el á m bito d e las d ón elas humanas fue tal ve/, la Historia lingüística la q u e p rim ero s e in teresó p o r el estu­

d io d e esas on d a s largas q u e a n te nuestros o jo s se esfum an a través d e cien to s d e añ o s y d e m iles d e hablantes.


S ó lo m u y m o d ern a m en te la H istoria e co n ó m ica y social s e ha pro p u esto sob repasar lo s obstáculos qu e le im p e ­

dían tal visión. Éste es un o d e lo s m o tiv o s p o r las cuales, en lo qu e toca a la p erfe cc ió n d e l m é to d o, n o s será d ese­

ab le e n esta nuestra Historia gráfica aunar a e lla la filología.

Á M B IT O S M A Y O R £S DE L A T É C N IC A

H ay fen ó m e n o s h istóricos q u e p u eden d arse c on cará cter m u y local, p ero e vid en tem e n te hay otro s q u e abarcan

in d e fec tib lem en te territorios m ás extensos. En un e d ificio p o r e jem p lo p od em o s hallar rasgos estilísticos p ecu lia­

res a un a región geo gráfica m u y p equeña, tales c o m o la decoración, etc., p ero la fun dam ental técnica con stru cti­

v a será com ú n a u n área m u ch o mayor. U n b arco p od rá adorn ar su p op a con fo rm e a gustos m u y localizados, pero
la arquitectu ra d e su c as co será com ú n para lo s barcos de un área m u ch o m á s exten sa y su e m p le o durará ta m ­

bién m u ch os m ás años.

En e l c a s o d e l b arco s e c o m p re n d e fác ilm en te el fe n ó m e n o , p o r c u a n to e l b a rc o m is m o e n s í es un v e h í­

c u lo d e d ifu sió n cultu ral; en e l d e los e d ifid o s , es ta m b ién c o s a c o n o c id a c ó m o m u ch o s d e sus c o n stru cto res
fu e ro n itin e ra n tes . Y co s a se m e ja n te p o d ría m o s d e c ir d e o tra s téc n ic a s , c o m o la d e l ta ller d e l o r fe b r e o del

pintor, q u e p u eden trasladarse d e una tierra a otra c o n to d o su in stm m en tal; re co rd e m o s p o r ejem p lo , y c o m o


c a s o s e x tre m o s p e r o n o ú n ic o s, e l d e G u ille r m o B o u c h er, o r fe b r e p a ris in o a l q u e G u ille r m o d e R o b ro o u k

e n c u e n tra tra b a ja n d o e n la corte d e l G ra n K han (1253-1254), y e l d e un m é d ic o lo m b a r d o q u e Juan d e M o n -


te c o r v in o c o n o c e e n la c o r te d e P ek ín (1292). Es d ec ir, q u e n o d e b e m o s p en s a r c o m o si las técn icas se d ifu n ­

d ie s e n tan s ó lo a l m o d o d e un a m a n c h a d e ac e ite , s in o q u e h ay q u e s u p o n e r ta m b ién q u e su d ifu s ió n fu e a


v e c e s p o r salp icadu ra.

M E N O S P R E C IO A C T U A L P O R L A IM A G E N

A pesar d e to d o lo dich o, «nuchos son h o y lo s historiadores q u e apenas c om p re n d e n e l v a lo r d ocum en tal qu e para


la H istoria tien en las im ágenes. Y e sto sucede en un tie m p o en q u e la m asa d e las gen tes recib o m ás in fo m ia ció n

gráfica qu e n un ca a través d e la prensa, lo s libros, la televisión y e l cine. T al v e z esto m is m o p io d u c e e n los eru d i­


tos d e fu rm a d ó n d ec im o n ó n ic a una viole n ta reacción q u e les lleva a m ostrar d e c id id o despreciu p o r la im agen.

N o h ace m u ch os años s e hablaba d e crear un a nueva revista; pregu n té a su futuro d ire c to r c ó m o ib an a ir re p ro ­

ducidas sus ilustradon es, y este n otable escritor y filós o fo ine con testó q u e n o llevaría ilustración n inguna p o rq u e

era u n a revista seria, y. efectivam ente, allí se habló d e arte, d e guerra, d e ciencia, y d e tantas cosas más sin un a fo to ­

grafía. un croquis, un m apa, ni nada q u e quitase seried ad a lo q u e allí s e decía.

H a c e p o c o s añ o s se p u b licó un «Á lb u m R o m a n o » con 265 fotografías d e la ciu d ad d el 800 es», y a su a p a ­

rició n , u n c rítico , c o n s c ie n te d e lo q u e valia c o m o te s tim o n io h istó rico , esc rib ió: »11 v o lu m e dive n ta p re z io s o

an ch e p er o g n i storico: b en c h é gli storiel, in v eritíi p och issln x) si in teressin o d cll’asp ctto visu ale d e l m o n d o pas-

sato c h e essi rico stru isco n o n el p en s iero ». Y es cierto q u e para m u d io s h isto riad o res esas im á gen e s n o tie n en

o tro va lo r q u e e l d e e n tre te n im ien to d e gen tes ign oran tes; ello s se satisfacen c o n im á gen e s literarias, nad a les

(5 ) «reíanlo C#»¡iu. etHa, (Jotra. I9!>6.


PRÓLOGO

in teresa v e r c on lo s o jo s a sus person ajes, s ie n d o asi q u e, e n s ó lo verlos, estaría la clave d e p o r q u é las cosas fu e ­
ron c o m o fueron. P or eso un docu m en ta l cin e m a to grá fic o c o m o Pa rts 1900 d e N lc o le V edrés y .Main R esnals nú

só lo es una e v o c a c ió n d e e so s an o s d e la vida francesa, s in o q u e su m o n ta je le In fu n de u n v a lo r critico qu e sirve

para qu e e l esp ec ta d o r n o sólo reviva el (jasad o s in o q u e le d é una in terp retació n y ju zgu e a la v e z d el m o m e n to

presente. Es decir, q u e In película s e ha con v ertid o en verdadera I Hstoria.

M IN IA T U R A S Y R E L IE V E S G Ó T IC O S
Los p in to res y escu ltores g ó tic o s - lo s p rim e ro s en form a m uy sob re sa lien te- s e e n fren taron c on exigen cias m u y

distintas a las q u e h a b ía n c o n d ic io n a d o e l ira b a jo d e sus pred e ce so re s , p o iq u e lo s q u e a h o ra e ncargab an 1«

o b ra eran ese n cia lm en te d istintos d e aq u e llo s q u e p atrocin aro n a lo s q u e les a n tec ed ie ro n y los n u evo s se in te ­

resaban ta m b ién p o r cosas d iferen tes. Ya n o eran m a teria casi exclusiva d e su ilu m in a ció n la H isto ria b íb lica

y la re p res en ta c ión d e ab stra ctos reyes, ob is p os , etc . S e les p e d ía q u e p in tas en el m u n d o real y particularisa-

d o q u e rod ea ba a qu ien e s encargab an la obra. Y io s p in to res y escu ltores g ó tic o s s e hub ieron d e lanzar a rep re­

sen tar la v id a cotidia n a d e l Rey, o d e l m o n je, o d e l m ercader, o d el lab riego, c o n sus herram ientas, en sus casas,

e n sus cam p os...

P ero en e l caso d e la miniatura alfonsí, lo q u e e l Rey p id ió a sus p in to res fue alg o aún m ás interesante para

nuestra in fo rm ación actual.

L A M IN IA T U R A ALF O N SI
C o n servam o s m ás d e tres m il qu in ien tas m iniaturas d e la escuela alfonsí. P o r su s ó lo n ú m e ro serían ya e x c e p c io ­

nal sop orte a nuestra in form ación gráfica para esc reta zo d e la H istoria d e lispaña; pero es q u e adem ás esas m in ia­

tu ras tien en un con ten id o sign ificativo m u y sup erior al q u e pudieran ten er otras tres m il cualesquiera.

La m in iatura a lfo n sí n a d ó b a jo un plan o rg á n ic o y p rec o n ce b id o p o r el Rey. N o só lo ilustra u n tex to y nos

lo h ace com p re n sib le s in o qu e m e tó d ica m en te n o s in fo rm a d e m u chas cosas d e q u e e l texto n o n o s habla.

M iniatu ras h isto riad as d e las C an tfqa s. FJ m iniaturista lle n e qu e Ilustrar lo q u e el verso canta, p ero para e llo ha

d e llena r m etód ica m en te seis cuadritos y, d e d ie z e n d ie z cantigas, d o c e cuadritos. Y m uchas veces, aunque el rela­

to sea esq u em ático , el m in iaturista h ab rá d e im a gin ar escen a s in term ed ia s c o n q u e lle n a r lo s cu ad ros hasta el

n ú m e ro p reestablecido.

V e a m o s un eje m p lo en tre cien tos: la le tra d e la C a n tiga 166 n os cu e n ta s im p le m e n te q u e un h o m b r e era

tu llido y p ro m etió qu e si sanaba iría a Salas y llevaría cad a añ o un a lib ra d e cera; e in m edia tam en te sanó, y sin p é r­

d id a d e tie m p o fue a Salas lleva n d o su o fren d a agrad ecid o. H e aq u í ahora c ó m o nos lo cuenta e l miniaturista:

n ) el h o m bre está e n su cam a, c on su cocedra y cabezal, s e le v e d efo rm ad a la articulación d e la m uñeca,

una m ujer le da d e com er, tien e un a escudilla en la m ano, u la izq u ierd a una puerta c on dos aldabas;

b ) sólo n o se p u e d e valer;
c ) la V irgen se ap arece ju n to c o n un án gel y le p on e la m a n o en la cabeza, e l tullido se incorpora y da gra­

cias ju n tan do sus m a n o s ya sanas;

d ) el hom bre, c o n traje d e cam in o, anda a través d e m o n tes b oscosos;

e ) arro dilla do a n te el altar d e l S an tu ario da gracias, e l d e v o to s e ha q u ita d o e l so m b re ro y e l cap irote,

con seiva e l «b la g o »;

f ) otras m u ch as ge n te s, h o m b r e s y m u jeres, se a r ro d illa n a n te e l altar c o n c a n d elas e n las m anos.

P ero n o e s s ó lo e sto: p ara n arrarn os esas esc en a s e l m in iatu rista h a te n id o q u e p in ta m o s casas,

iglesias, cam as, alm oh a d a s, cob e rto re s, puertas, lám paras, tejad o s, trajes, telas, y tantas y tantas

cosas más.
LA E iPA Ñ A DELSICLÜ Xlll LEÍDA fcN IMAGENES

P o r e s te c a m in o Im a gin em o s c u án tos d ato s s e v ie ro n o b lig a d o s a darn os lo s m in iatu ra s d e Jas h istorias

m arjales alfonsíes, pues el m u nd o a llí transcrito e s d e lo m ás variado, e s n o só lo el m u n d o p a la c ie go y gu errero de


las crónicas, sino un m u n d o en q u e surgen tahúres, obispos, judíos, caballeros, m onjas, m o re », etc.

M iniaturas de lo s m ú sicos. A p arte d e la miniatura inicial d el K ey y sus colaboradores, este c ód ic e d e las Cantigas

se ilustró c on cuarenta miniaturas en q u e s e representan seten ta y cuatro instrum entistas: h om bres y mujeres, clé­
rigos y seglares, juglares y pastores, m o ro s y judíos, ote. N o hallarem os c atá lo go sim ilar o rga n o gráfico e n ningún

o tto libro. Los m iniaturistas procu ran dar la m ayor variedad posible d e in strum entos y a la v e z nos in form an sobre

si esos in strum en tos son d e uso rústico, o cortesano, o eclesiástico, si se to c an a s o lo o ju n tam en te c o n o tro ins­

trum ento. e n fin. si son com u n es a l ám b ito cristian o o sólo lo s im aginan en m a n o s d e e xó tico s m úsicos.

U b r o d e lo s J u e g o s . lin su m a yor p an e, bis 152 miniaturas están con ceb id as c o m o ilustración a jugadas diversas

d e ajed rez, d a d os o tablas: lo esencial es el tablero c on las figuras colo cad as segú n e l p ro b le m a planteado. P ero en
torn o a esos tableros el m iniaturista h a c o lo c a d o casi setecientas figuras e n las q u e s e e sfo rzó p o r darn os un catá­

lo g o d e to d o s lo » tip os q u e constituían la s oc ie d a d cristian o-islám ica d e España, vestid o s según diversas m odas,

ca lza n d o to d a clase d e calza do y to c án d os e c o n los más diversos tocados; y aun a ñ a d ió e x cep cio n a les e jem p lo s

d e tip os exóticos -persas, m o n go les, e i c . - y a estos tip os n os los p intó m uchas veces e n sus boticas, en sus tiendas,

e n la intim idad d e la casa, sentados a i escaños o sillas, rodeados d e otros muebles, sirvién dose d e vajilla m uy diver­

sa, le yen d o en lib ros orientales, etc., etc.

P a rtid a s. S ó lo se nos con serva parte d e u n o d e lo s m anu scritos alfon síes d e esta obra, p ero en ese fragm en to hay

27 m iniaturas q u e muestran claram ente d p lan d e ilustración; aparte d e las m iniaturas iniciales del Rey y sus cola­

b oradores, etc., las restantes aluden sistem áticam ente a cada uno d e lo s títulos d e la Partida, presentándonos d e v o ­

tos, peregrin os, alarifes le va n tan d o u n tem p lo, lab riegos o frec ien d o d iezm o s y prim icias a la Iglesia, etc.

C ró n ic a G en era !. En e l c ó d ic e a lfo n sí só lo s e con serva n seis m in ia tu ra s la d el R ey y sus c ola lio rad o res, y e n los

seis folio s siguientes, cin co m iniaturas alusivas al texto. Ello p arece revelar un a m b ic io so p lan d e m in iar to d o s los

folios, p lan q u e se ab an d onó casi nada más em p eza r la cop la d el c ód ic e y qu e huhiera s id o m aravilloso sí se h u b ie­

s e lleva d o a cabo.

Lib ro s a s tro n ó m ic o s. El p rec io so m anu scrito salid o d el escritorio re g io está c o m p le ta m en te ilustrado, p ero sus

miniaturas son casi exclusivam en te técnicas, y e n con secuen cia resultan p reciosas para la historia d e la ciencia,
p e ro p o c o nos dicen d e otro s asp ectos d e la cultura.

L a pid ario. D e la e d ic ió n regia se n o s con servan d os cód ices q u e n o c om p le ta n la obra. En sus m iniaturas h a y una

qu e represen ta a u n m aestro y discípu los |tal v e z A ristóteles), otras e n q u e figura A lfon so, |>eio las m ás se refieren
al lugar d on d e las piedras son halladas, o a las con stelaciones «c o n q u e h an ata m ie n to ». En total <5ti0 escenas, c on

evid en cia d e q u e la ilu s u a d ó n p rev e ía m u chas más.

V A L O R S O B R E S A L IE N T E D E L A M I N I A T U R A A L F O N S Í
La calidad técnica y artística d e la m iniatura alfonsí, si la c om p a ram o s c on el resto d e la miniatura esp añ ola c o n ­

tem p orán ea. sobresale a n ivel m u y superior.

Si aten d em os al nú m ero d e escenas q u e esta miniatura representa, tam b ién h ab lem os d e colocarla e n lugar

m u y d estacado: m ás d e tres m il qu in ien tos cuadros alfonsíes, p o c o m ás d e unos c en te n a le s lo restante.

Si buscam os variedad en los tem as figurados, igual p ree m in e n d a.

D e to d o lo cual se d ed u c e q u e A lfo n s o c o n c ed ió gran aten ción a la ilustración d e sus libros, re u n ie n d o en

su escrito rio a lo s m e jo res artistas d e su rein o, h acién doles trabajar in ten sam en te, y p ro p o n ién d o les gran va rie ­

dad d e tem as pata sus miniaturas. EUo explica suficientem ente q u e la docu m en ta ció n gráfica aducida e n este libro

sea p rim o rd ialm en tc alfonsí,

-2 0 -
pró log o

C O M P R O B A C IÓ N D O C U M E N T A L D E L A M I N I A T U R A A L F O N S Í
El valor docu m en ta l d e estas miniaturas m uchas veces qu ed a e jem p lifica do en form a sorprendente hasta en d eta ­

lles n im ios: v e o así. entre otros, el caso d e las ro p as c o n q u e s e p resenta al K ey e n e l l i b r o d e loa Juegos, q u e son
exa ctam en te aquellos con q u e está sepultado e n Sevilla. Y c osa sem e ja n te su ced e siem p re q u e pod o m o s c o m p a ­

rar e l o b je to m is m o c o n su im a gen pintad a p o r lo s c ola bo ra do res de A lfon so, ya sean arcas d e reliquias, sillerías

d e coro, etc.
P e ro h a y ta m b ién o tro tip o d e c o m p ro b a c ió n q u e testifica el va lo r d ocu m en ta l d e la miniatura, y es cuan ­

d o un tex to literario es suficien tem en te e xp líc ito y n os detalla p o r e je m p lo c ó m o transportan a u n h erido y ven ios

entonces en la m iniatura p in tad o lo m ism o, só lo q u e d e un a form a m ás p articu larizada y com pren sible.

P o r to d o esto, en d caso d e n o d isp o n e r d e otra in fo rm ación q u e la gráfica, b ien p od em o s con c ed e r a esas

im ágen es valo r suficien te para sob re ellas basar nuestra liistoria.

V e rd a d e s q u e a n a d ie se le ocu rriría h o y p e n s a r q u e basta re u n ir sin d is c rim in a c ió n ilu s tra c ion e s d e

o b r a s lite ra ria s ro m á n tica s para ilustrar la v id a d e l s ig lo XtX, p o r q u e e n e so s g ra b a d o s y lito gra fía s el artista

ro m á n tic o se e s fo rz ó m u ch as v e c es p o r d a m o s una im a gen d e m u n d o s y ép o c a s dive rs os - l o m e d ie v a l o c lá ­

sico, lo o rie n tal, e le .- , y asf p o r e je m p lo vistió sus figuras c o n trajes q u e él im a gin a b a e ra n lo s q u e habían v es ­

tid o s iglo s atrás, o en tierras d istantes. FJ m in iatu rista alfo n sí, p o r el con trario , n o p reren d e n i p o r un m o m e n ­

to ves tir a lo s gu errero s d e C o n s ta n tin o d e m a n era d istin ta q u e lo s d e A lfo n s o , n i a San Ild e fo n s o d istin to d e

un c lé rig o to le d a n o d e fin e s d e l s ig lo XIII, y p in ta rá a l c o n d e (¡a r c i Fe rn á n d ez con ro p a s c o m o las q u e llevaría

c u alq u ie r corte sa n o alfonsí.


El resu ltado es qu e en las im ágen es d e l sigki XIII ten d rem o s an te lo s o jo s la v id a co n tem p o rán ea to d a, sin

te n er qu e desech ar n ad a p o r sup on erlo e vo c a c ión d e otro s tiem pos.

L E C T U R A D E IM Á G E N E S D E L S IG L O X III
Prim eram en te en co n tra m o s u n a serie d e represen tacion es gráficas q u e n o n ecesitan d e especiales co n o c im ie n ­

tos para p oderias interpretar, s on cosas q u e e n nuestro m u n d o acnial siguen s ien d o iguales a las d el xm . Vistas las
im ágenes, n adie n os te ndrá q u e exp licar qu e lo q u e un h errero tien e en la m a n o es un m artillo, porqu e un m a rti­

llo casi id én tic o es el q u e p od e m o s tom a r h o y e n nuestras m a n o s para cualquier lab o r casera

Y a es o tro e l caso cu an d o lo q u e represen ta la m in ia m ra es alg o c o m p le ta m e n te d istin to a nuestros usos


acniales. E ntonces p u e d e v e n ir en nuestra ayuda e l te x to q u e la m in iatura ilustra, y d ecirn o s q u e aq u e llo es por

e jem p lo un ho rn o de vidrio, c o n lo q u e ya e n c o n u arein o s e l d ib u jo perfectam en te explicable.


V eces habrá tam b ién e n q u e el texto c o rresp on d ien te a la m iniatura nada n o s d iga d e un particular asp ec­
to d e la escena representada. P ero en ton ces la lógica d el sistem a d e q u e form a p a n e p erm itirá asegurar p o r e je m ­

p lo q u e aq u e llo es un trab uco o una m a ngan illa. Y e n fin, cosas qu ed arán q u e s e resistan a lo d a Interpretación.
N o s h abrem os d e con ten tar en ton ces c on reseñar su existen cia y, a lo más, presum ir una exp licación d e su uso, o

s im p le m e n te sugerir sem ejan za con algu n a otra im agen.

C u estión aparte e s e l p ro b lem a d e dar n o m b re a todas esas cosas. P or fortuna, m u chas d e las representadas

p erm an eciero n en uso du rante largos p erío d o s d e tie m p o , y cu an d o n o acu d en e n nuestro au xilio te xtos c o e tá ­

neos, q u e s iem p re serán los p referidos, hien p o d e m o s recu rrir a o tro s in m edia tam en te an terio res o posteriores.
S iem p re q u e he p o d id o hallai n o m b re p rec is o y d o c u m en ta d o c o n tem p o rá n e a m e n te para un traje, un in stm

m e m o , una m áquina, un juego, un uso, lo escrib o en cursiva; si n o ten go el n o m b re d e la época, recurro al v o c a ­

bulario actual y entonces lo e sc rib o e n redonda.


Después «le leídas las im ágen es, v ie n e e l tie m p o d e au n ar esa d oc u m en ta ció n gráfica a lo d o cu m en ta ció n

literaria, d e lo q u e resulta una m utua ilustración y co m p le m e n to . N a tu ralm e n te en m u ch os casos, d a d o e l e n fo ­

• 21
LA ESPAÑA DEL SK3LO Xin LEÍDA EN IMÁGENES

q u e particular d e este lib ro, la d ocu m en tación gráfica n o sólo es p rim ord ial sin o q u e llega a ser la ún ica p o r la qu e
ven im o s a saber d e m u ch o s asp ectos del pasado; d e a h í q u e lo s capítulos se o cu p en aq u í m uchas v eces d e tem as

distintos a lo s tratados en libros cuya d o cu m en ta ció n e s m eram en te literaria.


P e ro aú n qu ed a otra fo n n a d e in terp retar esas im ágen es. A s í p o r e je m p lo lo s textos n os hablan de la gran

p rec is ión q u e s e alcan zab a en e l tiro con trabucos y m angan illas, perú n ad a n o s d ic e n d e c ó m o se regu la b a el

tiro. ¿F.ra p osib le la puntería? Para Ilustrar ese caso con c re to , con stru í m o d elo s c on q u e exp erim entar, y así logré
re co n s tm ir una técnica d e tiro q u e h ace vero sím iles las sorpren den tes afirm a cion es d e los textos; claro q u e para

e x p erim en tar a s í h ay qu e te n er en cuenta la d es p rop o rc ion a lid a d e n tre re du ccio n es escalares, lin eales, d e v o lu ­

m en y d e masa.

L O Q U E ES ESTE L IB R O

En p rim e r lugar a q u í se o frec e u n c ú m u lo d e m aterial docu m en ta l n o s ó lo n o tab le d e p o r sf en cuan to a nú m ero

sino q u e s u p on e e t resu m en s electivo d e un a cervo m u ch ísim o m a yor d e im ágenes-

Para d e c id ir esta s e le c c ió n y para In terp retarla n o p o d ía trabajarse so b re n o tas escritas, s in o q u e había

q u e m a n e jar con s ta n tem en te fotograb as. Y a veces, p ara m e jo r c o m p re n d e r p o r e je m p lo si un a p arte d e l traje


p erten e cía al v es tid o d e en c im a o al d e deb ajo , p ara e n te n d e r si una lám para era d e cristal o d e m etal, ote., no

bastaba la foto gra fía e n b lan co y n e g ro s in o q u e e ra necesaria la foto gra fía e n colo r. Y en to d o s lo s casos resu l­

tó totalm en te con fu so e l m anejar gran des c on ju n to s gráficos: hube d e d isp o n e r d e m aterial p orm en o riza d o para

p o d e rlo barajar y reu n ir lo s e je m p lo s sim ilares, c o n lo cual unas im á gen es se d ejaban in te rp reta r p o r otras afi­

nes. Para e llo tu ve q u e reunir bastantes m iles d e fotografías que, sistem atizad as p o r tem as, h an s id o la base p ri­

m o rd ial d e este estudio.

El lib ro va d ivid id o en grandes parcelas a las q u e an teced en una serie d e b reves prelim inares e n q u e o fr e z ­

c o una visión d e con ju nto. En estos textos m uchas veces he ten ido q u e recurrir al artificio d e escribir in clu yend o

p equeños dibujos en sustitución de palabras qu e resultaban imprecisas, a m á s d e prolijas; es un artificio bien expli­
c ab le tratán dose d e m ateria figurativa. En esos textos tam b ién s e h ace referen cia d ocu m en ta l a m illares d e e je m ­

plos q u e h e te n id o q u e dejar al m a rgen en la p u b lica ció n pero q u e son esen cial s o p o rte para to d o lo tratado.

En g en era l m e he em p e ñ a d o más en buscar la verd ad d e lo q u e fue q u e en d ar claves m ágicas y sim plistas


qu e preten d an explicarlo. N o p u e d o pen sar en buscar la razón y causa d e cosas q u e ni siquiera sab em os si fu eron ,

p o r eso. siguien do a M . Glangeaud, rehúyo el ech ar m a n o d e palabras fetich e sq u e n o aportan nada d e por s í sino

qu e anublan el p an o ram a h a cién d o n o s pasar junto a las cosas sin verlas.


A sí p o r e je m p lo la peq u eña parcela q u e aq u í descu brirem os referen te a la I listo n a d e la técnica m edieval,

au n te n ien d o h o rizo n te s m u y lim itados, n os servirá para recapacitar sob re algun os aspectos d e la H istoria té c n i­

ca al uso. En p rim er lugar nos sorprenderá c ó m o esas historias suelen despreocuparse d e lo qu e en los siglos m edios

sucedió; fijan su aten ción p referen tem en te e n la An tigü eda d y e l R en acim ien to, lo s autores p arecen con ven cidos

d e q u e en lo s siglos m edios n o su ced ió nada. Esa actitud ha h ech o posib le incluso q u e m u chas piezas q u e figuran

e n lo s m u seo s c o m o rom anas sean en verd ad rejas d e arado, pioch as, cuñas, etc., d e o rigen m edieval. Son raros
lo s historiad ores d e la técnica qu e tien en persistente c on scien cia de lo p o c o q u e n o s es c o n o c id a la v id a com ún

d e los artesanos q u e v iviero n e n u e e l 800 y e l 1300, d e lo p a c o q u e s a b e m o s d e ese p erio d o , sob re c ó m o se traba­

jaba e n una fragua, c ó m o s e levantaban las naves d e una iglesia, c ó m o se extraía la saeta a u n h erido, etc. l a d o c u ­
m en tació n literaria d e e n to n ces e s particu larm en te refractaria a c u alq u ie r tip o d e in fo rm a c ión técnica. S ó lo las

im ágen es d e esos siglos pod rá n servirn os d e in fo rm ación sob re tales materias, pero h ab rem o s d e ver represen ta­

das m ile s d e coron a ? de reyes para p o d e r d ar c o n la im agen d e una sierra o un taladro, cien tos d e trajes reales y

episcop ales p o d re m o s c on tem p lar antes d e saber c ó m o vestía un tahúr.

-2 2 -
PRÓLOGO

T al masa gráfica m e ha perm itid o tam bién e l docum en tar d e n a s con exion es hispanas oon los ám bito* orien ­

tal y n ó rd ic o ; cuan d o la d oc u m en ta ció n e s escasa tales n exos n o ap arecen o resultan dudosos, p ero e l v e r un a y

otra vez repetirse e n cam p os distintos ciertas sim ilitu des n o s testifica en q u é Coima la cultura hispana n o sólo bebía

e n fuentes francesas e islám icas sin o q u e tam b ién s e nutría en la Europa ren an a y n órdica. T o d o lo cual era p rev i­

sible; p e ro n o p o r e llo d eja d e ser v alio so c o m p ro b a d o , a v e c es e n c am p as b ien inesperados. D e ahí e l interés de


la selección d e im ágen es del 1200 q u e a q u í va. Estas im ágen es m edievales csjK iñ olasson un tesoro excepcional no

sók> para la historia m edieval d e España sino p ara to d o e l O ccid en te. Y en la h istoria m edieval d e Is p a ñ a no halla­

rem o s o tro m o m e n to p arejo s in o en lo s s ig lo » x-xi. P or e llo es p o r lo q u e en esta h istoria gráfica h e d ec id id o ab o r­


d ar in icia lm e n te este siglo XIII. A s í h ab ré c on s eg u id o un p u n to firm e, despu és será m á s f á d l valorar sus a n tec e ­

den tes y con secuen tes. Porqu e lo h o m o g é n e o d e esas Im ágenes nos ofrec e un a p recio sa base a q u e re ferir datos

disp ersos d e an tes y despu és. Y, repito, este v a lo r lo lle n e n las Im á genes esp añ olas d e l 200 n o só lo para nuestra

I listo n a s in o para la d e toda E u ro p a


Algunos fragm en tos d e este lib ro viero n ab reviadam ente la lu/. en d B oletín d e esta Real Academ ia d e la H is­

to ria y en los Cuadernos d e la A U ia m ln a .

- 2 )-
kVtno « i* ¿pató&fouty

A f<tttr ¿IttíW fo
m

Manuscritos alfonsíes

P A R T ID A I
En 1877 Pascual Gayangos, en su C atalogue o f th e M anuscri/m in th eSp a nish la n giutge s in ¡ h c B ri- Página anterior:
Cantiga 8 c
tish M u íe u m <i>, d es crib e e l M s. Add. 207B7, p e ro c re e q u e se trata d el F u e ro R ea l d e C astilla y lo
fech a e n e l siglo xiv.
P oc o antes d e 1930 D ie go A n gu lo exa m in ó el c ód ic e, estudió sus m iniaturas, y c o m u n icó a
A G . S o lalin de que, según su parecer, se trataba d e un m anu scrito a lfo n sí 12).
l£n 1938 J. H o m e r H erriot publica un estudio sob re el m anu scrito y afirm a qu e n o s ó lo e s del
p e río d o a lfo n sí s in o q u e salid d e la C ám ara Real m .
Se trata d e un c ó d ic e q u e m id e 238 x 358 m ilím etros, c o n un a caja d e esen tura d e 147 x 222
m ilím etros. C o rre s p o n d e al form a to p e q u e ñ o d e lo s c ód ic es re gio s d el prim e r p e río d o «> . Cada
págin a v a escrita a dos colu m n as y cada titulo y c a d a p arte del p ró log o v a ilustrado con un a m in ia­
tura q u e represen ta una escen a alusiva al texto.
En el p ró log o se dice: «c o m e n ^ o lo e l qu arto arto q u e tegn ó , en e l m es d e Junio e n la vigilia
d e Sant Johan Babtista, qu e fue en era d e m ili o d o z ien to s e n ova en ta e qu atro artos. E acab óla en
ti) Temo II, p. 36.
el trezeno arto qu e regno, en el m es d e Agosto, en la víspera desse m ism o Sant Johan Bahtista quan- (2) Central ftforij, Prmera
Parte, p. XXY nota.
d o fue m artirizado, en la era d e m ili c trezicn tos tres añ os», lis decir, q u e s e da c o m o e m p e za d o en
(3 ) A Ttiiricfn(t>-cenU,fy
1256y term inado en 1265. Es p o r tanto, hasta ahora, el ún ico manuscrito d e la prim era é p o c a allon- manuscrlpt o f the Pnmera
PacM.1.
s í q u e ha llegad o a n osotros c on miniaturas historiadas, d e a llí su interés. (4) Recuérde»© ei £toro de
D e las 27 m iniaturas qu e ilustran el c ód ic e. 19 s on cuadros q u e m id en entre 65 y 70 m m d e tes Cruces. 120 * 175 mm: el
¿iftro ccmtfido.... 115 * 170.
alto; ocu pan , p o r tanto, to d o el an ch o d e una colu m n a. Las o ch o miniaturus restantes s on m ucho frente al formato o el *>Qun-
oo período coa o id a en tor­
m á s peq u eña s: o cu pa n el c en tro d e cap itales corres p on d ien tes a títulos d e la Partida, y oscilan
no a veintitantos por cuaren­
entre 31 a 48 m m , d e an ch o y 39 a 50 d e alto; d oc u m en ta lm e n te resultan m en os interesantes. ta y tanto» centlmctroi.

-2 5 -
LA ESPAÑA D a SIGLO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

l/quíerú¿: Libros del


saber de astrotoqia
Primer lo to
fr a g m e n ta » con parte
del priüoQo generan

t»W el «ta fo lulriilo por

Derecha: Primera vnwdi nciri


aqM iKU 0
olapa. Manuscrito del

T IS
Qritish Muveurn Add.
20787. De tai otras

U Ü tt m r t m w t c ü fr a d u lta r
•a W .utuIm tcUi .-.nUM O^ru.-tA
;vr.' ■» (á ¿v& intel *iflÍ0»-iTda»«w *p nrn m w ni
• UotM4 w# vudDiMT-a) q m in ai a i w iu f c r d
. 1,1CIÓ 'o c a Cecr « m u a » i (puaU a» nte Uy
• •ni. rifo » me W jO m * * n n m b » U »
íteWn r ‘ « a # « t e a n b u n s imiLcpun OU f e
fk-IU/ 'm í * 1 * «w -t n r r h * p r m r fie n A '« ,|lx-U-,\.
. CA* j4 í » .Iirtiurna» n a c K u in

T o d a s las m iniaturas historiados d ol cód ic e son d e b u en a m a n o y catán bien conservadas


tod as m e n os la cuadrada d e l fo lio I r a , q u e represen ta al R ey c o m o justicia entre caballeros, clé­
rigos, letra dos y p u e b lo . M á s estro pead a aú n está, en ese m is m o fo lio y colu m n a, la escen a qu e
(5> r olios 82 v, 92 v, 96 v. 112
v, IT7 v. ligu ra d en tro d e una A y q u e representa al R ey e n c o m e n d án d o se a Dios.
(6) Fofios I v, 8 v, 79 v, 86 v, Estilísticamente, las m iniaturas d e esta Partida se m anifiestan m ás arcaizantes y francesas
89 r, 101 v. 104 v. IC5 v.
(71 Jommers, E, Das kOnitjfí- qu e tod as las otras m iniaturas del p erío d o siguiente. L o s fon d os, unas veces están cu b ierto s con
Liedertxcb des dculscten
un c o lo r pian o <si, en lo q u e em parentan c on el la p id a r io y c on el Lib ro de los Juegos, en otros casos
Mmesanjs. Herbero. 1965,
p.39. d eja n ver el p erg a m in o sin c olo re ar re», c o m o hacen despu és lo s m iniaturistas d e las Cantigas his­
(8) Fwlo H4 r.
(91 Folio 101v. toriadas. Según E. lam in é is <n. estas fondos sin colorear ni dorar son una particularidad d e la escue­
(10) Folios Iv, 75 r. la alfonsí, q u e se ad opta despu és p or los m iniaturista» d e la escuela d d lago Constanza. Y aún q u e ­
(ti) Folios 8 v, 86 v. 104 v.
(12) Folie 8 v. 86 v.89r. d a una m in ian ira <k en q u e un fo n d o d e c o lo r p lan o v a d ec o ra d o c o n gru pos d e tres p un tos b la n ­
(13) Folio 106 v. cos, segün abunda ta m o e n la m iniatura francesa con tem p orán ea.
(14) Folio 75 r.
05) BTVkíiTfl Vatio*» 8174. F.n cu an to a las cosas represen tad as, ta m b ién ap arec en c o n m a y o r arca ísm o q u e en los
(16) Madrid. 1863-1867
(17) 0. J Tollgren. Sur t\is- m anu scritos siguientes. Lorigon es d e inaHu m u y c o ito s y escu d etes q u e cubren sólo d an tebrazo
tronern/e espagnole il'Atp- i9>; lo s h o m b res se pein an sin to p ete <»i. o con to p ete m u y ru dim en tario en com p a ra c ió n d e los
Itonse X-.. p. 343. y Su/vi-
vanee atáboromnw dv Cata­ años 80 m>: las ropas tam b ién ofrecen una m o d a anterior: e l Rey, p o r ejem p lo , lleva un esco te sin
logue dWortys de Ptotomte, ajustar, recu erdo tod avía d e los am plios escotes rom á n ico s <K). y algo s em ejan te podríum ns decir
p. 241, etc
(18) Alt novo X, Et Ubfc c o » d e algunos lab radores <i»j n o usan prácticam en te botones.
pM o en los ludUtos de las
La parte alta d e algunas m iniaturas se a d o rn a c o n tejadillos, cúpulas, espadañas, p in á cu ­
«gratos, p. LVI.
(19) Btoltoteía Hspara Vetus los. e t c , p e ro con p o c o sentido arquitectón ico en c om p a rac ió n c on las cantigas historiadas, cosa
II. pp. 82-83.
(2 0 ) Catálogo ratonado (te m u y e v id e n te e n la m in iatu ra en q u e se represen ta la c o n stru cció n d e una Iglesia n<« d o n d e los
los manuscritos espadóles- cuchillos d e la cim bra resultan absurdos, y d on d e vem os un hueco abierto en form a qu e haría peli-
p. 663-664.
(21) Aj/TCoaixjV. pp. 36-38. grar lo s arcos.
(2 2) La Utiaiion rJc la Tolile
do f f t » MatseáSe., p. 112. Este
exollct coincide soicwcnder*- ‘L IB R O S D E L S AB E R DE A S T R O L O G ÍA ’
leirente con el Incipit queda
R1 m anuscrito re gio se conserva lio y en la B iblioteca d e la U niversidad d e M adrid (n.* 156 d el C atá­
N. Antonio; ¿será error Oe N.
Artonlo7 lo g o d e Villa m il). P ro ce d e d e Alcalá; lo le g ó C isn ero sa su Universidad.
MANUSCRITOS ALFONSÍES

H o y cuenta 201 Folios, lia |>crd¡d<> d e 40 ¡i6 0 folios. I J


c ód ic e a lfo n sí fu e co p ia d o en I5ti2 p o r I Jlego d e V alen cia y
Juan d e H errera, y en ton ces escribieron: « e l qu al lib io está
en la librería d e las Escuelas M ayores d e Alcalá de Henares», AOUÍSE
y al p a re c e r y a le falta b a n loa m is in os fo lio s q u e b oy . Sin ACABA

e m b a rgo , c u a n d o a fin e * d el siglo XV se lilz o la c o p la q u e


a c tu a lm e n te se gu ard a en la A c a d e m ia d e la H is to ria d e
M adrid (D . 97), e l c ó d ic e original con servaba a ú n lo s folios
iniciales h o y perdidos. En 1311 «essendo in Ispagne n dlu cit
tá d e Sibilla, G u eru ccio , flgllu o lo d i C lo n é F e d e rlgh l del la
m olto n o b ille á t tá d i Firence, face trasladare qu esto lib ro di EL LIBRO
castellan o in flo ren tin o » os>. El lib ro se hallaba com pleto. DE LOS
CÁNONES
Según datos contenidos en d |>ropio manuscrito sabe
in os q u e lo s cola b o ra d o re s d e A lfo n so trabajan ya e n esta
o bra en 1256 y q u e hay partes fech ad as en 1277; p o c o d es ­
pués d e b ió d e term in arse d e c op iar el cód ice.
Este manuscrito regio tiene im iltilm i de* figuras, todas
OE
ilustrativas d el texto, d e e xc e p c io n a l v a lo r c ie n tífic o , lia ALBATENI
sido p u b lica do p o r R ico y Sinobas en c in c o volú m e n e s iw». Q[UE]
MANOO
T a lgre n d ic e d e esa e d ic ió n q u e «e s m ala, nin gú n estu d io
ESCREVIR
d e a s tron o m ía alfo n sin a p od rá ser e m p ren d id o con fruto
sin la in sp ección d e lo s m anuscritos» <n>. G 1Lilly o » da una
lista q u e c orres p on d e a m as d e treinta e rro res e n la trans­
c rip c ió n d e un a sola co lu m n a d e un m a nu scrito q u e tie ­ EL MUI
ne m ás d e 900 colu m n as . C o n to d o , s igu e s ie n d o para la NOBLE REY
DON
mnsa d e lo s lib ros astron óm icos alfon síes In única edición ALFONSO A
u illizab le. QUJEN

C Á N O N E S Y C U A D R A N T E SEÑERO
N icolás A n ton io oo> c on o c ió un gran códioe astron óm ico en
p o d e r d e Juan Lucas Cortés; d e ese cód ic e In d ica e l co n te ­
n ido . c o p ia fragm en tos, d ice q u e v a ilustrad o con figuras
técnicas a varios colo re s y transcribe el q u e llam a en inci-
plt «A q u í s e c o m ie n za e l lib ro d e los C á n o n es d e Albaten i
q u e m a n d o e s c r lv ir e l m u y n o b le re y d on A lo n s o a qu ien
LUOPOR
D ios d e v id a e salud p o r m u ch o tie m p o ». MUCHO
Bastante? anos m ás tarde. Eugenio d e Ochoa<zoi rese­ TEMPO

ñ aba un m a nu scrito a lfo n sí q u e e v id e n te m e n te es el qu e


anteriorm ente estaba en p od er d e J. L Cortés y q u e e n tiem ­
p o d e O ch oa ya estab a e n la B ib lio teca d el Arsenal.
P oc o después, R ico y Sinobas ai> d escribe e l c ód ic e del Arsenal c o m o espúreo y d el siglo x iv Cánones y cuadrante
o p os te rio r y croe qu e el c ó d ic e Cortcsinno y el d el Arsenal son distintos. señero. Biblioteca dnl
Arsenal M i 8322.
En 193812. C h a b a n ie rd a n o ticia d el m anu scrito español 8322 d e la Bib lioteca d el A r s e n a l ExpScil.
Es un con ju nto d e tratados d e A stron o m ía teórica ta b u la re instrum ental, lo atribuye in du da ble­
m e n te a A lfo n s o y a s u e sc rito rio y re p ro d u c e grá fic am en te el expliclt < m En 1950, M illas Valli-

-27-
LA ESPAÑA DEL SIGLO XIIILEÍLW EN IMÁGENES

crasa edita e l A lm a n a q u e d e A z a rq u ie l q u e figura en e l m anu scrito d el Arsenal (23), tablas q u e van


adornadas c o n los castillos y leon es alfonsees. Y en 1956 d m ism o M illas publica el Tra ta d o del cu a ­
d ra n te señero q u e ta m b ién figura en el m is m o c ód ice ««> .
D esde el p u n to d e vista gráfico, lo más notab le d e este c ód ic e es el explicit, extrem adam ente
rico y sin p arangón r n o tro c ó d ic e alfonsí. Las figuras q u e N ic o lá s A n to n io vio, lian desaparecido.

‘ L IB R O DE LO S JUEGOS*

Tras una segu n da cédula c o n m in a to ria d e Felipe II fechada en 30 d e ag osto d e 1591, lo s cap ella ­
nes d e la Capilla R eal d e G ranada h ub ieron d e e n v iar a FJ E scorial m e d io centenar d e m anu scri­
tos en tre lo s cuales figuran varios olfon síes: lo s d o s t o m o » d e la C ró n ica G en eral cía), la ta bla d el
L a p id a rio 126) y el L ib r o d e los f u e g r » «r>.

Esos m anu scritos p arece q u e habían perm an ecid o en la cám ara real hasta la m u erte de Isa­
bel la Católica

El L ib ro de los Juegos, h o y en FJ Fscorial b ajo la signatura 1.1.6. está c om p leto . T ie n e 97 folios


e n p erg am in o , c on una caja d e 28 x 40 a n . Al final lleva una suscripción e n q u e se dice: «L stc libro
fue c o m e n ta d o e acab ad o en la cibdat d e Sevilla p o r m a n d ad o d e l m u y n o b le R ey d o n Alfonso...
e n t reynta e d o s añ os qu e e l R ey sob redich o regnó, en la era d e m ili e trecientos e veyn t e un añ o»,
e s decir, a ñ o 1283.
El c ó d ic e se Ilustra con 152 miniaturas. D e ellas, tres presentan al R ey en tre sus c o la b o ra ­
d ores d irigien d o respectivam ente la elaboración d e los tratados d e ajedrea-, dados y tablas i2B>: otra
n os pinta el e sc rito rio real raí», y tres m ás ilustran sob re la fab rica ció n d e tableros y figuras d o aje­
drez» d ad os y labias ix » ; aún h ay d os miniaturas consagradas a Ilustrar lo s o rígen es orientales de
sen d os juegos o » . Las restantes ilustraciones están consagradas a in form ar sob re los |uegos m is­
m os; 105 presentan sob re el tablero otro s tantos p roblem as d e ajedrez, 10 ilustran diversos juegos
d e dados. 1S se d ed ica n a ju egos d e tablas y 14 al gran ajedrez, alq u erqu e y otro s juegos.
D e esas miniaturas, las m ás ocu pan só lo la cabecera d e la página, p ero h ay d ie z q u e llenan
la págin a en tera y d n c o casi entera.
Esto e s lo q u e se re fie re al prim ario valo r d e esas m iniaturas en cu an to ilustración estricta
d el texto, p ero es q u e entre e l casi m e d io m illar d e figuras h um anas qu e ap aren tem en te n o hace
s in o am en iza r la ap arien cia d el cód ice, se encierra un verd ad ero tesoro inform ativo.
E fectivam ente, e n esas figuras q u e ap arecen ju m o a lo s tableros n o sólo s e h a represen ta­
d o a gen érico s jugad ores cab allerescos d e ajedrez, d esh arrapados ju gad ores d e dados, ctc., sino
q u e en esas figuras se qu iso cifrar u n catálogo d e todas las clases sociales d e Espada, c o n sus m e s ,
dam as, caballeras, clérigos, burgueses, tahúres, m oros, m oras, negros, etc. En lo q u e se refiere al
traje d e lo s españ oles, el m anu scrito o fr e c e una gran variedad, y d a d o su afán p o r lo m ás n uevo
<23) Cziudioí sot*r Ataquiel n o e s d e extrañar e l qu e e n e l L ib ro d e los Juegos sea d o n d e ap arecen tas m od as m ás avanzadas,
PP. 1/19-235.
in clu so m ás q u e e n m anu scritos d e algun os an o s p osteriores. M u ch os d e estos tip o s p o d ía n ser
<24) l/oj nueva obra astro
nótnka ¿ttonsí. c on ocidos d ilecta m en te de los miniaturistas qu e ilustraron el lib ro en la Sevilla c osm o p olita a cuyo
(25>N.'-I6?yr\°46.
<26>N.°7 p u erto llegaban barcos d e to d o e l m u ndo, p ero h ay q u e pen sar tam b ién qu e los cola bora dores de
(2 7)M «2 V¿»$p In rosetón A lfo n s o m a nejab an lib ras m in iad o s d e tod as las proceden cia s y es natural q u e los m iniaturistas
de esos Ibros en Julián Zar­
co, Catálogo de manuscritos q u e ilum inaron el l i b r o d e los Juegos, e n su afán d e h acer un c atá lo go d e tip os h u m a n o s y d e sus
castellanos... de £iEscorial. m od as en el vestir, n o s e pud ieron c on ten ta r c o n lo q u e les era c o n o c id o ríe t/isu en la c o s m o p o li­
laño III pp. 496-500.
(28> ^ottos Ir. 65 r. y 72 r. ta sociedad sevillana, y si e n un c ód ic e francés, alemán, islám ico oriental o andalu z veían algo e x ó ­
(29) Folb I v.
tico c o n q u e acrecentar su catálogo, n o d ejarían d e ap rovech arlo. A sí q u e algunos d e lo s p erson a­
(30) folios 3 r. 65 v y 73 r.
(31) folies 2r y 2 v. jes q u e figuran en nuestra lib r o d e lo s Juegos bien p u d ieron saltar a sus fo lio s d es d e las páginas

-28-
MANUSCRITOS ALTONSÍES

d e algún lib ro islám ico d e los m uchos q u e s e m anejaron en


las escuelas alfonsíes. Y tal v e z no esté lejan o el d(a e n qu e
para este c ó d ic e d e lo s juegos pod am os testim on iar Influjo
d e la m in iatura oriental, c o m o lo h e h ec h o para las c a n ti­
gas historiadas.

• C R Ó N IC A G E N E R A L *
FJ m a nu scrito d e la C ró n ica G en eral q u e h o y se tie n e p o r
v e rs ió n re g ia <32> s e c o n s e r v a e n d o s c ó d ic e s l a » . A m b o s
m anu scritos se gu ard aron e n la cám ara real hasta tie m p o
d e Isabel la C a tó lica S on dos m ás d e los q u e Felipe II m a n ­
d ó lle va r d e la C a pilla Real granadina a la b ib lio te c a escu-
'[i-***** ■' *
ria lem e; s on lo s n úm eros 16 y 46 d e ta relación escrita con «ti» <v#frtl».« diík. | i
jwfltfet» iffliM W * w*<i«rr«l I I l
in ou vo d el traslado 04». M ás d e 530 folios d e 30 x 40 cm , c a p V.tifo huí Ik?» J <í|«nn.i <4t|W •
» i i «icantrc .lili diíiiKlk' {
c o n s ó lo o c h o miniaturas, y estas miniaturas s on d e p e río ­
---- - . ' ¡ntnuHlM* lo* iiwiíu’ u onr.i. 7
d o s diversos y resp o n den a planes diversos tam bién. »..oi«uní i <
iM.ri a iM tfo i « * » Ctfjuniu 4 «w tifa' /
El to m o p rim ero os», con una caja total d e 290 x 416 iv cjiiu !'•«uu><ttm«i"i<"ra«n.-. v «mire*»
fK (e i.itfr M 'r «iM jKiir ovt>
nuil, com ien za c on una gran miniatura en que se representa M r in.ipqa« nA i jvW.u't d.« fallí r mu o i
al R ey c o n sus cola bora dores, en total casi 20 figuras. Está nía in « ¡ j * iiwnc «ftw t tmP.w$W na»i:p¿<
i ipuiiU'l ii rniiiotftjtfe ««I. Wfrt
m u y deteriorada, p e ro lo q u e qu ed a basta para reco n o cer ( i*mnul.M tro*«r.tit<nwr.i* « ín«r.f|

la riqueza del trabajo, tal v e z realizado p or miniaturistas del


gru p o q u e ilustró e l c ó d ic e marta! d e lo s m ú sicos 0 6 ). Fu e la m ás suntuosa represen tación d e una Crónica General
escuela a lfo n s í l/>s seis fo lie » q u e siguen llevan cin co miniaturas correlativas al texto: arca d e Noé,
tres e p is o d io s d e la le yen d a d e Hércules, una referen te al e n cu en tro d e T arcu s y Rocas. L o s res­
tan tes 190 fo lio s d e l c ó d ic e y a n o tie n en ilustración ninguna, au n qu e algun os e sp acio s blan cos
pud ieron h ab er estado destin ados a miniaturas.
Parece c o m o si este p rim er to m o h ubiese sido e m p e za d o con fo rm e a un am biciosísim o plan
d e ilustración qu e casi in m edia tam en te se aban d onó.
El segu n d o to m o d e la C rón ica o n c o m ien za c o n una m iniatura en q u e v em o s un re y y d os
h o m bres de armas; éstos visten lorigas y perpuntes, y lo corto d e los perpun tes y la o n du lación de
sus figuras, en tre otras cosas, delatan el q u e esta m in iatura e s ya d e p len o s iglo XIV.
Vein tidós folio s m ás ad elan te ap arece otra m iniatura un q u e se represen ta a un rey senta­
d o en escañ o c on tres figuras a su izq u ie rd a y dos a su derecha. La m in iatura es estilísticam en te
herm an a d e otras d el p erío d o alfonsí. Las barbas d el R ey nos recu erdan Im á genes d e lo s últim os
tie m p o s d e A lfo n so { 1283). Las barbas cum plidas d e cuatro d e las otras figuras con firm a rían este
c a m b io en la m oda. La m iniatura lle va un tex to en q u e so d ic e ser el rey R am iro 1 d e L eón , p ero
h o y s e tien e e sto p o r un a ñ a d id o p osterio r al p ro p ó sito inicial d el m iniaturista, q u e q u iso repre­ (32) Menandw PH».al R, (*n-
meta Crónica General Matul
sentar p ro b a b le m e n te a Sancho IV c o m o c on tin u ad o r d e la crónica, ro d ea d o d e sus cola b o ra d o ­ •955. pp. LV1HIX.
(33) El Escorial YH-2.X W».
res, según im a gen m u y qu erida d e A lfo n so os). (34> ¿arco. J„ Citá'OQO dr
I.a descripción q u e los capellanes gran adinos d iero n d e este c ód ic e al d espren d erse d e él, manincrUox cssJtfftvMH.. dv
£f Escorial, tomo Hl. ppi 496-
d ic e :«... Uhro en rom ance, escrito d e m a no, en p erg am in o d e fo lio m u y grande, encu adern ad o en 496
tabla, y titulado Crónica d el com ien d o d el rein ad o del rey d on Ram iro d e L eón ». Fijém on os e n qu e (35) ti Escora Y-l-2
(36) U Escorial b-l-l.
darle tal título s ó lo se explica p orqu e se to m ó c o m o tal la leyen d a q u e va bajo la m in iatura d d rey (37) El Escorial X+a
y sus colaboradores; a llí se lee: »e l c om ien d o d e l regn ad o d e l re }' d o n R am iro d e León ...». Es decir, (38) Mméndcr PWal. R. Cró­
nica General. Madrid. 1955.
q u e to m a ro n p o r título d el lib ro , n o e l e n c a b e za m ie n to actual, sin o e l títu lo d el cap ítu lo q u e va p, LVIH. nota
LA ESPAÑA DEL SIGLO XIII LEIDA EN IMÁGENES

bajo la miniatura q u e h o y está e n el folio 23. Parece d esprenderse d e lo d ich o q u e los 22 folios an te­
ceden tes q u e se encabezan con la miniatura d ei s iglo XIV son folio s q u e a fines del s iglo XVi no esta­
ban en cuadern ad os c o m o hoy, p o r cu an to ios capellanes gra n ad ina s ten ían p o r e n c a b e za m ien ­
to d el c ó d ic c la miniatura q u e lle va e l texto d e Ram iro I y n o la otra, ju n to a la qu e se d ice q u e «...
e sco m len ca en d rey d on P e í ayo».
D e to d o lo expuesto pnrece probarse qu e en vid a d e A lfo n so X se c o m en zó la ilustración de
la Crónica pen san do en m in iar casi tod os los folios, c o m o se h izo en otros varios cód ices alfonsics.
Pero el plan se ab an d o n ó cuan d o n o ib an c sciito s más d e d ie z folios. A ñ os más tarde, S a n d io IV se
h izo representar c o m o continuador d e la crónica tod eado d e letrados y caballeros; y tal v e z la m in ia­
tura q u e h o y figura al frente d d segu n do volu n ten d é l a C rón ica sea ya con tem p o rán ea d e Alfon so
XI, qu ien tam b ién am b ic io n ó proseguir la obra historial d e A lfo n so X. Si así fue. A lfon so XI ya n o se
h izo representar en tro colaboradores d e la I listona, sino gu ard ad o p o r h om bres d e armas.

• G E N E R A L E S T O R IA ’
S ó lo un c ó d ic e c o n m iniaturas se n o s ha con serva do d e la m ás a m b ic io sa obra d e A lfo n so . De él
nos « lio noticia el p a d re. AnSvalo i » , y tran scrib e la su scrip ción d e q u e lu e g o h n bla iem o s. Pero
c uan d o d pad re A rév alo escribía se creía p erd id o el cód ice. N o Se v u d v e a ten er n oticia d e 01 has-
la qu e en 1914 lo s é Pijoíin lo d escu bre en la B iblioteca Vaticana <-u». H o y tien e la signatura U tb i-
nas lat. 539. S on 277 folio s d e 40 x 45 m m con só lo d os escenas m iniadas, am bas en e l fo lio 2 v. En
la un a figura el Rey c on sus colaboradores y la otra ilustra e l capitulo « D e la nacencia e d e la crianza
d e N a bu co d on o sor», y representa al niñ o abandonado, re co gid o p o r d leproso, m ientras ía m adre
c on tem p la la escen a entre unas m atas d on d e ta m b ién se e sc o n d e u n caballo. I’ ijoan, en su estu ­
dio, d ic e v e r el b ú h o qu e según la leyen d a p ro tegió al n iñ o e n los p rim ero s m om en tos.
Am bas miniaturas estilísticam ente están em parentadas c on cód ices d e las Cantigas, d d ib u ­
jo d e l b o s q u e recu erda lo s árboles y lo s fon d o s sin c o lo r d e las C antigas, historiadas; igual cosa
p od e m o s d ec ir d e las orlas. 1.a miniatura qu e va sob re ésta, y q u e lepresunta al R ey y sus co la b o ­
radores. es p are cid ís im a a la m iniatura in icia l q u e en el c ó d ic e d e lo s m ú sicos represen ta igual
escena: los m ism o s fon d o s cuadriculados, la m ism a orn am en ta ción punteada d e los trajes; en el
escriba c on m e d ia m elen a, flequillo, barba rala y bigote, creería m o s re co n o ce r al m ism o escriba
q u e tam b ién a la Izquierd a nuestra ap arece en el fo lio 65 r d d L ib ro tle los Juegos c o p ia n d o el tra­
ta do d e los dados.
A l final d el c ó d ic e , en una cartela orlada: «E s te lih ro fu e acab ad o en la era d e m il e trezien-
tos e d izo ch o años. En este año...», y tras d i o qu ed a u n esp acio e n b lanco, al p arecer d estin ad o a
com pleta r el c olo fó n . M ás abajo, y en un recu adro m en or, leem o s: «Y o M a n in P é re z d e M aqu ed a
escrtvano d e los libros d d m u y n o b le R ey d on A lffon sso escrivi este lib ro con otros m is escrivanos
qu e tenía p o r su m a n d ad o », o tro te s tim o n io m ás d e l trab ajo e n e qu ip o , y otra ad verten cia para
q u e n o caiga m o s en e l sim p lis m o d e c ree r q u e to d o e l c ó d ic e sea o b ra de un s o lo h o m b re. M ás
ad elante m ostraré c ó m o en la Ilum inación d e un a edición d e las C an tigra trabajaron m u ch os aití-
flees. En las d o s miniaturas d e este c ód ic e vatican o d eb iero n p o n e r sus m a n o s algun os de lo s qu e
colaboraron en las Cantigas historiadas y las d e los m úsicos pero h ay ta m b ién alg o d e dispar.

•L A P ID A R IO *
(39) San Isidoro Oíras. Míq-
ne, vol 8J, coi. 909. L o qu e resta d e la ed ic ió n regia se con serva rep a rtid o en d os c ód ic es d e la Bib lioteca de; F.1 E sco­
(4 0) escuela Eipafiola i>?
rial, h.l. 15, y h.1.16. A juzgar p o r e l índice, sólo ha llegad o a nosotros una d écim a parte d el con ju nto
Arlo y Arqupolo^a, CUider-
nos óe Trabajo, II. 0& 45-50. plan eado. A u n asi s on 119 folio s d e texto y 14 folio s d e la tabla.
MANUSCRITOS ALFONSÍKS

En lo s p rim eros fo lio s d e l texto se nos cuerna c ó m o e l lapidario d e A b o lays se tenia p o r p e r­


d id o hasta q u e A lfo n so lo «fa lló seycn d o in fa n te en v id a d e su padre en el a ñ o qu e ga n ó e l R egn o
d e M urcia... e o v o l en T o le d o d e un ju d io q u el te n ie ascon d ido... e d es q u e este lib ro to v o en su
p o d e r fizo lo leer a otro su ju d io q u e era su físico c d izie n le Yh uda M osca el M en o r, q u e era m ucho
t'tiien du do en la arte d e astron om ía e sabie c e n ten d le b ien e l aravigo e e l latín. F, desqu e p o r este
ju d io su físic o o v o e n ten d id o el bien e la grand pro qu e en e l yazic, rn an dogelo trasladar d e aravi­
g o e n lenguaje castellano... e ayudo! en este trasladam iento Garci Pérez un su clérigo q u e e ra o lio s-
si m u ch o en ten d u d o on este saber... e fue a c ab ad o d e trasladar el segu n d o añ o q u e e l n o b le R ey
d on Ferrando, su padre, ga n ó la cibd at d e Sevilla» (4ij.
En d en cab ezam ien to d e la tabla (42) s e fecha la cop ia d el c ód ic e: « fu e c o m e n ta d o este libro
e n e l añ o xxv d e su regno. e la era del Cesar, en m il e tre/ientos e catorce años, e la d el nuestro Señor
Ihesu Christo: e n m il e d ozien tos e setaenta e seys años. F. acab óse en el xxvii arto d e su regno. e la
era d el Cesar: e n m il e trecien tos c xvii artos e la d e N u estro Señ or Ihesu Christo: en m il e trezien-
tos e setaente e ix añ os».
En resum en: e l lib ro fue hallado en T o le d o en 124(i, la traducción fue acabada en 1250 y la
c o p ia se e m p e z ó en 1276 para acabarla en 1279.
El texto c o m ien za c on una m iniatura q u e ligura un m aestro sen tado en un escaño; tien e un
libro en la m a n o y está explican do a un gran auditorio q u e se sienta en e l suelo; los p einados y toca­
d os d e tod os son p ro pio s d e gen tes orientales. D ebajo d e esta miniatura y dentro d e la Inicial, unas
figuras peq u eña s representan tal v e z a A lfo n so en cargan d o la traducción.
E n cab ezan d o la ta bla d el La p id a rio <43> h a y otra escen a, ta m b ién d en tro d e la in icia l, qu e
d e b e figurar a A lfo n s o c o n coron a , recib ien d o e l cód ice.
Estas m iniaturas prelim inares e stilística m en te acuerdan ro n otras d e la escuela. A d e m ás
p od e m o s notar q u e la barba rala d el R ey en la m in iatura d e la tahla (1279) es sim ilar a la qu e tie­
n e A lfo n s o e n e l L ib ro d e l A jedrez (1283) <4*>. Esa barb a ta m b ién es la q u e v e m o s e n e l supuesto
S a n d io IV d e la m in iatu ra q u e en c a b e za e l s egu n d o to m o d e la C ixin k a G e n e ra l(45), m iniatura,
esta d e la C rónica , con ad orn os arqu itectón icos tam b ién sem ejan tes a los d e otra d e las m in iatu­
ras d d Ixip id a rin (46).
Fuera d e estas miniaturas, d c ód ic e tien e otra m u ltitu d d e ilustraciones en d to m o d el te x ­
to. De ellas, 303 determ inan la con stelación y estrella b ajo cu yo In flu jo está la piedra; m u chas de
estas im ágenes m e han servido para docu m en ta r algunos vocablos, asi p o r ejem p lo, cuando e l tex­
to d ice q u e la estrella está en «la s om b ra » d e la nave y la pintura In represen ta sob re la toldilla de
pop a, o cuan d o el texto d ice q u e está e n el o reco b da dero » d e la silla, etc. C o m o resum en h ay o n ce
fo lio s en teros c o n las con stelacio n es d el z o d ia c o c on sus gra do s y c o n las estrellas « c o n q u e han
su atam ien to».
D e n tro d e las cap itales c o n q u e se e n c a b e za e l cap ítu lo c or re s p o n d ie n te a cad a piedra,
h a y 305 escen a s q u e figuran la fo r m a en q u e las tales pied ras son halladas. Estas escen itas, aun
cu a n d o to d as d istintas, dan m en os in fo rm a c ió n d e la q u e era d e esp erar e n vista d e su c rec id o
nú m ero .
D esd e el fo lio 94 al 100 h ay p intad os 36 discos c o n figuras q u e a su v e z van descritas en el
tex to y esa corresp on d en cia m e sirve para p o d e r asegurar q u é era el «a lq u ic el», c u ál e ra la form a
d e la «alcu za», etc. (41IO Escorial h its, tolo Iv
(42) El Escorial W-16i tofo I r.
F.n lo s Ultimos folio s qu ed aron prep arad os 52 círcu los sin qu e se llegasen a dibu jar las figu­ (43) El Escorial M I6.
ras q u e habían d e contener. S ó lo m á s tarde, un m al d ibu jan te trazó a p lu m a y sin c o lo r siete figu­ (44) loro ir.
(45)DCstorUIXM.folb2a
ras bárbaras. ( 4 « El Escora! M-1& tofo ir
LA ESPAÑA DEL SIGLO XIII LEÍDA EN IMAGENES

Un resum en, d la p id a r io s e n o s c o m e n » c o n m ás d e 660 m iniaturas, algunas m uy in tere­


santes por serv im o s d e c la v e en la a p licación d e vocab lo s, otras p o r su carácter d e ún icas rep re­
sentaciones, tal e l caso d el baño, m a n ejo d e l astrolabio, etc.

L O S M A N U S C R IT O S D E L A S ‘C A N T I G A S ’

Y de cómo se elaboró la miniatura alfonsí


D e las C antigas con serva m os diversos c ód ic e* d e l siglo Xlll. 1.a v arie d a d q u e h a y en tre ellos susci­
ta p roblem as n um erosos: ¿Cuándo s e escrib ió cada ui*o?, o, al m enos, ¿cuáles son anteriores y cutí •
les posteriores?, ¿ c ó m o s e lle v ó a cab o la obra'í, ¿quienes in tervin iero n en el trabajó?, ¿qué Inspi­
ración tuvieron?, y tantas cosas más, to d o e llo h ech o más dificu ltoso a causa d e la larga gestación
d e la obra literaria y d e la lenta lab o r d e escritorio.
Y estas cuestion es n o sólo n o s in teresan desde « I p u n to d e vista d e los c ód ices d e las Crintl-
gas, sino qu e c o m o verem os, las respuestas q u e p o d e m o s o b te n e r n o s ilustrarán sob re aspectos
m u y generales d e la historia d e la miniatura.

G estación de las Cantigas


A d o lfo M usalia, en 18R4, co m u n icó al M arq u és d e V alm ar una curiosa síntesis sob re las fuentes
diversas d e q u e p ro ced en las C a n ti& en *n . Según estos datos, d e las 100 prim eras cantigas, 64 p e r­
ten ecen al a c e rvo e u ro p eo : d e las 10D segundas. 17; d e las 100 terceras, 11: d e las 100 cuarlas, 2
solam ente.
Esto qu iere d ec ir q u e au n que d e algunas cantigas m ás se haya en co n tra do un an tecen d en -
le fuera d e España, e s indudable q u e en la larga elab oración del repertorio m arial d e A lfo n so tu vie­
ron q u e ir e ch an d o m a n o cada v e z m ás d e asuntos hispánicos, e in clu so m eram en te cortesa n os o
familiares. Resulta e vid en te q u e en este aspecto el plan fue evolu cion an do con tinu am en te en sen ­
tid o m ás localista. L o s asuntos m ás universales s e c on s u m ie ro n casi to d o s en las cien prim eras
cantigas; en tre las trescientas restantes n o llegan a reunir la m itad d e los q u e h alla m o se n las cien
prim eras.
A ten d ien d o ahora sim p lem en te a lo s santuarios a q u e se refiere exp lícitam en te e l m ila gro
narrado en la cantiga llegarem os a con clusiones m u y sem ejantes.
Entre las prim eras cien cantigas, a lo s santuarios esp añ o les d e Salas, M on tserrat y Villasir-
g a só lo van referidas c in c o cantigas.
En el segu n do centenar, el santuario d e Salas figura c on m á s cantigas q u e tod os los d e Fran­
c ia juntos.
El tercer cen ten ar p re fié re lo s santuarios d e Castrogeríz, V illasirga y Teten a, c on Indudable
ten den cia castellana.
P e to en el ú ltim o cen te n a r e l interés s e d esplazará in d u d a b le m e n te a An d alu cía: Tcren a,
T u d ia, Jerez. A yam o n te; y el últim o m e d io cen ten ar ten drá p o r escen ario en la m itad d e lo s casos
el recen tísim o santuario d e Santa M aría d el Puerto.

C Ó D IC E DE LO S M Ú S IC O S

B ib lio te c a d e E l E s c o ria l, h .1 .1
C ó d ice e n p ergam ino, d e 361 hojas d e 27,5 x 40,3 m m con 40 líneas d e texto p o r página. T ie n e 417
1471 C¿niit>is de Sanutena
Madrid, 1869. lomo I. p. VIII. cantigas, algunas repelid as. Es, p o r tanto, e l m ás c o m p le to d e lo s manuscritos.
MANUSCRITOS ALFONSÍES

En e l fo lio 29 r, y o cu p a n d o to d o e l an ch o d e la página, hay una miniatura q u e represen ta


ni R ey c on sus colaboradores. l uego, cada d ie z cantigas, figura una miniatura cuadrada, del an ch o
d e una colu m n a, en q u e so v e o un m úsico o a un a p areja; se con servan 40 d e estas escenas.
Según H igin io An glés, « p o r su notactón m ensura] p erfectíslm a y p o r su con ten id o, d eb e ser
con siderado c o m o e l c ód ic e musical m ás im porrante d e la m o n o dia cortesana d e la Europa m e d ie ­
v a l» <48). A causa d e ello es el c ó d ic e base d e la ed ic ió n d e An glés. El M arq u és d e V alm ar fue rain-
bien sob re este c ó d ic e sob re e l qu e h iz o la e d ic ió n del texto.
Al final d el c ó d ic e <49> se lee:

Virgen biena ven tu rada


soy d e m i rem enb ra da
foh a nes G undisalvL

N o sab em o s q u ién sea e ü e luán G on zález: ta m p oc o q u ed a claro si es s o la m en te el c op ista


d e Itt letra, si c o p ió tam b ién la música, o incluso si fu e au tor d e las m iniaturas y cab eza d el e q u i­
p o qu e realizó e l cód ice.

Las miniaturas
Fu era d e la m in iatura q u e represen ta al R ey c o n sus cola b o ra d o re s eso» las otras cuaren ta re p re ­
sen ta n in v a ria b le m e n te m ú sic o »; d e a h í e l in te ré s q u e han d e s p e rta d o s ie m p re e n lo s m u si­
cólo go s . P. Ped rell, e n su O rg a n o g ra fía m u s ica l a n tig u a a p a ñ ó la <s», e stu d ió lo s d iversos tip os
d e in stru m en to s e n e llas figu ra dos. Julián Ribera, en su e stu d io so b re L a m ú sica d e la s C a u ri-
gn:r<«a», re p ro d u c e y c o m e n ta esas m in iaturas. H ig in io A n g lé s e stu d ia ta m b ié n esas c u aren ta
re p res en ta c io n e s d e m ú sico s i53t y lle g a a la c o n c lu s ió n d e q u e e l d ib u jan te, c u a n d o p in tab a
e s te o aq u el in stru m en ta , n o s e gu iab a p o r e l c ará cter m u sical d e la c a n tiga a q u e a c o m p a ñ a ­
ba. P ero esas m in iaturas, au n qu e n o sirve n para im a gin ar el tip o d e c on ju n to s in stru m en ta les
c o n q u e esa s can tiga s fu ero n e jecu tad as en p articu lar, s irve n d e a m p lio y g e n é ric o re p e rto r io
oí g¿i n «g r á fic o (54).
Sin aten der a su tem a musical ni a la indum entaria d e sus figuras, estilísticamente esas m in ia­
turas son, entre las alfonsíes, las m ás afines a la escuela francesa con tem p orán ea. A sí p o r ejem plo,
la Biblia d e Jean d e P ap eleo <ssi, todavía e n 1317, e n sus 176 m iniaturas ofrec e fon d o s y orlas de
técnica id én tica a la » d e n uestro» m úsicos; h a cam b ia d o algo la m o d a d d traje, sin em ba rgo, atln
s e re co n o ce una m ism a escuela.
An glés v e em parentadas estas miniaturas con las d el cód ice regio d el L ib i o d e los Juegos i5*>.
p ero fu era d e la s em ejan za p ro p ia d e la ép o c a, tierra y escritorio, técnica y estilística m en te cro o (48) l.i m ixicj cto ¿ic Canli-
QJ5_ II. p. 53.
q u e las m iniaturas d e lo s m ú sicos y las d e lo s ju egos son obra d e autores diversos. El m iniaturista (49) roto 361.
d e lo s ju egos es té cn icam en te m ás flo jo q u e e l d e lo s m úsicos, au n qu e tien e m ás a tre vim ie n to y (30) véase pp. 43-43.
(51) &u-ctíaru, 1901.
d es en fad o tem ático, estilístico y colorista y sea acaso d e é p o c a posterior. (52) Madrti. 1922 pp. '47 >■«
(53) l.i m hka de tes Carip-
T a l v e z en tre las cuaren ta m iniaturas d e lo s m ú sicos p uedan señ alarse variantes, y pu ede
03s.v II, Segunda Pa'te, Bar­
s er que u n o d e los m aestros d e Cara» y m a n o s d e este c ó d ic e sea tamlrién un o d e los q u e trabaja­ celona ¡958, pp. 454 y ss,
(54) víase más «Jetante pn
ro n en los otro s c ód ices historiados d e las Cantigas y d e alguna miniatura d e la General Entorta <57).
Perú en estas cuestiones n o d eb em os dejarnos lleva r d e un c ó m o d o sim plism o. El escritorio a lfo n ­ (5 5) Eiülwteca del Arjiwi.il
5059.
sí estuvo form ad o p o r m ucha gente, la ilustración de c ód ices tan abundantes d e miniatura no pudo (56) La inúsica de t o Canfr
s er ejecutada p o r un s o lo artista; m ás ad elan te v ere m o s c óm o, in clu so e n cad a p eq u eñ a m iniatu­ <}.k , II Sarcctcna. 1943, p. 33.
(5 7) El Escorial T-l-1. y Flo­
ra, trabajan varias m anos. rencio. a N. Ns.B.R.20.

-3 3-
LA ESPAÑA D a SIGLO XIU LEÍ11A EN IMÁGENES

Versión castellana OGl


esunto de la Cantiga
'VuMflft it0vujr,I9.«nSii»0,T*Wi'3i.|W*í¿« • rtUfwrvítwWff*
XVH» «Esta estcria e*
com o (Mi ia «.ititlat de
jcqovW, cabera de
Extremadura, morantJo
una rluoñj que latrova
til q o « i su rasa_a.

C Ó D IC E DE L A S H IS T O R IA S
lis. sin duda, e l m ás ricu cód ic e d e to d o s lo s alfonsíes. Él s o lo p u e d e valor¡za r un escritorio y una
é poca. T a n am biciosa fue su con cep ción q u e el Key m u rió sin v erlo ucabado y después fa ltó c a p a ­
cidad para llevarlo a fin. H o y eslíí repartido e n ire las Bibliotecas d e El Escorial y Florencia.

C Yxtíce d e El Escorial T .I.l


El form ato d e las h ojas d e p ergam in o es de 490 x 325 m m , la caja d el texto qu e lle gó a escribirse es
d e 335 x 217, c o n 44 líneas d e escritura, la lám ina m in iada tie n e 335 x230. En la form a q u e ha lle ­
ga do hasta nosotros, c o n tien e 212 cantigas, d e ellas 209 ilustradas.
S e c re e q u e este c ód ic e, c o m o e l o tro escurialense (b.l. I ). fu e traíd o p o r o rd en d e F e lip e II
d e Sevilla a El Escorial <58?.
Según H igin io An glcs i5«> «m u sicalm en te y tipográficam en te, m erece ser llam arlo el cód ice
princeps. Su p erfecció n , sus m in ia! liras y la m ism a fidelida d d e su flotación musical, qu e se c op ia
c on frecuen cia en varias o en todas las estrofas d e una Cantiga, lo p on en p o r e n cim a d e lo s dem ás
m anuscritos».
L a n o tac ió n m u sical e s m ensural, p ero tod avía h o y sigue repitién d ose q u e e l c ó d ic e tien e
n o tació n «rab in ica » <60>. AngléS n o s d ic e q u e tal d en o m in a c ió n es to talm en te d es co n o cid a en la
historia d e la paleografía musical; la palabra fue in ven tada gratu itam en te p o rS o ria n o Fuentes <6p.

(58) P. Burrác<Slcmoiu p&a En la parte baja d e la prim era página d e cada Cantiga se d estinó un esp acio para escribir un
A» itá) dei Rey Don Fermndo sucinto relato e n prosa castcllanu d e lo q u e el texto m usical ga llego canta p o r extenso. C o m o tan­
>K saríe Lp. ?; y Amador de
los Ríos, Msforíi? ente» de a tos otros am biciosos proyectos, sólo se realizó en m u y pequwfka parte. Chocantem ente, estos peque -
UerjvV.? eípa-íata. III, p. 503.
(59) ¿ j riiáíka de las Cmth ños relatos e n prosa castellana h an sido casi ig n o ra d o s
caí. II. p. 29. Casi todas las páginas d e miniatura van d ivid ida s en seis cuadros, c o n un tam añ o d e esce­
(6 0) Guerrero Lovilk), L*$
CsntiQSS, estrtio ároveoMci- na q u e tie n e a p ro x im a d a m e n te u n os d ie z c en tím etro s d e lad o. Ú n ic a m e n te la ilu stración a la
co, p. 20. can tiga p rim era d iv id e la págin a e n o d i o recuadros. T o d o s es io s recu adros van en m arcad os p or
(61) u música flp / « Caníi-
0 « II. D. 20. una orla.
MANUSCRITOS AUONSifcS

la s Cantigas d ecenales, dad o su carácter lírico d e loor, n o se prestan a una ilum inación his­
torial; g e n era lm en te en ellas se h ace figurar al Rey. D e estas cantigas d ecen ales falta la ilustración
corresp on d ien te a las n ú m ero 40 y 150.
L is cantigas c u yo n ú m e ro d e o rd en term in a e n cin co llevan d o b le págin a d e m iniatura, es
decir, d o c e cuadros: ex cepcio n a lm cn te la 1'15 só lo tien e seis cuadros.
Las figuras h um anas represen tadas en estos cuadritos tien en una altura ap ro x im ad a d e 55
m m . altura q u e con servan c on ligeras variacion es aú n c u a n d o c a m b ie e l n u e stro q u e las trazó.

C ód ice de Florencia (B iblioteca N acional, manuscrito B . R. 2 0 )


El form a to d e las h ojas d e p erg am in o es d e 445 x 3 1 0 m m , la caja d d texto q u e lle g ó a escribirse y
d e la m úsica prep arad a es d e 335 x21 .7 m m . c o n 44 lineas d e texto p o r págin a, la lám ina m iniada
tien e 335 x 230 mm.
En su astado actu al tien e 131 folio s, p e ro la v ie ja n u m e ra ció n testifica q u e hab ía ten ido ,
cu an d o m e n os , 166 folio s ; y aun p u d iero n ser m ás lo s q u e fo rm a ro n e l p rim itiv o cód ic e. A n to ­
n io G. S o la lin d e (62) s u p on e q u e d e b ió d e te n er p o r lo m e n os 130 cantigas. H o y s ó lo c o n s erva ­
m o s testim o n io d e 113; d e ellas, d os n o figuran en nin gún o tro c ó d ic e (la 69 b y la 103 d d el ord en
floren tin o ).
Este c ód ic e p erten e ció a la B iblioteca Palatina d e Florencia, d e d on d e, p o r d on a ció n ducal,
e n 1771, p asó a la B iblioteca M a gglla b ech ia n a y d e aquí, con los otro s libros d e d ich a B iblioteca,
v in o a form ar p arte d e la actual B iblioteca N a cio n al d e F b re n ria .
En carta d e 17 d e abril d e 1877, M c n c n d c z P cla y o c om u n ica b a al M arq u és d e Valm ar (63)
h ab er id en tific a d o este c ód ic e (en to n c e s en la M agglia b e c h ia n a} c o m o u n o m ás d e las (¿ M i g a s
aifonsfes. D e un prim er estudio d el cód ice h ech o por E m ilio T ez a s e publicaron algunos fragm en ­
tos en 18R9<64). M ás tarde, A. G. S olalinde p u b licó un estudio an alítico d el texto igs>.
En las páginas d e este c ód ic e, aú n habién dose trazado el pautado para la m úsica, no se lle­
g ó a dibujar n o ta alguna.
Las páginas m iniadas van divididas en seis c u a d ro s m en os en la p rim e ra q u e lleva u n so lo
cu ad ro d e d ob le ancho. la s cantigas decen ales, según el o rd en vulgato, s on cantigas d e loor, y sus
miniaturas representan repetid am en te al rey A lfo n so . Las term inadas en c in c o llevan d o b le p ági­
na m iniada: así sucede c on las 245,265,275,305; la C antiga 335, aun cu an d o n o lle gó a dibujarse,
tien e una d o b le págin a en la q u e se p rep a ró la orla con los d o c e recuadros. 1.as Cantigas 225,235
y 285 tien en s ó lo m in iatura e n fo lio s vueltos, es decir, on la p ágin a izquierd a, falta n do su te rm i­
nación e n la págin a derecha, en la q u e evid en tem e n te queda p o r d esarrollar la m itad d el tem a; es
d ecir, qu e p arece evid en te qu e se p ro yec tó d esarrollar su historia en páginas d ob les. l.a Cantiga
312 (fo lio s 57 v y 58). aun n o figuran do entre las acabadas en cin c o en la ed ic ió n vulgata, fue tra­
tada un el cód ic e floren tin o c o m o si h ubiese d e ir c olo c ad a e n posición o rd in a l q u e term in ase en
cifra cin co . P o r e l con trario, la 205 va tratada c o m o to d as las q u e n o acaban e n cinco.
(62) C>Sofdlintie. A.. «El cóá-
T o d o lo an terior p n teb a que, en el cód ice d e Florencia, lo s folio s n o se encuadernaron todos co florentino <*>las Csntljas».
en f?evista de Fttotogb Esím -
e n el ord en q u e se p ro yec tó a l ejecutarlos.
(Wa 1918. p. 172.
La m in iatura d e los folio s con servados se n os o frec e en lases diversas d e la ejecu ción: algu­ 163) Cantigax.^ I pp. 5051.
164) Gvifcjw efe Sarta Mira,
nas totalm en te acabadas, otras veces só lo s e trazó la pauta d e las seis casillas, e n otras hallarem os «1. Academia EtpañcAa loma
cu alq u ier estad o In term edio. Ello nos perm itirá más ad elan te estudiar la form a en q u e se trabajó I, p. 52-53.
(65) «El có&ce ftofcotno «je
en el taller d e ilum inación d e Alfonso. ids Corr 11*15». /tevttfa cíe n\r
El c ód ice Florentino e s el segundo volum en d e la edición a lfo n sí historiada. Aun m a n d o M enén- r>#idi'/oij, 1918, pp. *43-
179
d e z P cla y o c rey ó e l c ód ic e floren tin o e scrito e n e l s ig lo X iv <«>, Solalin de clara m en te d ijo q u e «e n (66) Gmíkwa ... I pp. 50-51
LA ESPAÑA DEL SIGLO Xlll LEÍDA EN IMÁGENES

tod os lo s detalles la letra, ad orn os y miniaturas se v e q u e este c ó d ic e es d e los perten ecien tes a la
cám ara real« d e A lfo n so «7 ».
P ero n o sólo p od em o s afirm ar q u e el c ód ic e Ploren t ¡n o salió d el escritorio real, s in o qu e este
c ód ic e es e l segu n d o volu m e n e n q u e se c on tinu ab a la ed ic ió n regia historiad a d e que es prim er
v olu m e n el escurialense T .I . l .
Las m edid as d e las cajas d e la escritura s on idénticas en a m b o s c ód ices (335 x 217 m nt), los
dos llevan idén tico nú m ero d o lincas p o r página (44). e l picado gu ía para el pautado está h ech o en
las m ism as tablas d e clavos. L a ún ica diferen cia está en q u e d manuscrito floren tin o ha sitio recor­
tado m o d era da m en te d e m árgenes altos y bajos, q u ed an d o redu cid o a 450 m m , m ien tras e l v o lu ­
m en d e El Escorial tien e aún 490 m m . A cansa d e este corte faltan e n el c ód ic e floren tin o los nu m e­

(67) <EI códice rforentno...» rales ro m a n o s q u e habían d e ir escritos en lo alto d e cada cantiga. Las historias m iniadas o cu pa n
p.M4. la m ism a caja (335 x 230 m m ), van encuadradas en e l m is m o sistem a d e orlas q u e d ivid en la p á gi­
(68) 8fa*ot«« rtspflna Vecus.
fAidlid, 1788, tomo B, p 80. na e n seis cuadros. Las miniaturas d ecen a les in clu yen en am bos la figura d el Rey. la s miniaturas
(69) Arulcs edesiásticos y
secutares efe SeviOa, MxJnd. corresp on d ien tes a cantigas d e ord inal ucabado e n d n c o ocu pan d ob le págin a e n los d o s códices.
1677. p. 36. El c ó d ic e Floren tin o se c on c ib ió c o m o un volu m e n d iferenciad o; su p rim era págin a, e n c a­
(70) drwíes «Mestísfww..
DP. 36,43.109.116, lll-EL b ezad a c on un a m iniatura a d ob le ancho, p o n e d e m a n ifie sto q u e con esa cantiga 246 se Iniciaba
(71) MeowA3s históricas <Jtf e l cód ice, ad o ptan d o una c om p o s ició n d e págin a sim ilar a aq u ella c o n q u e comen7X> el volu m en
fíiy dm AVor&Qw a i : 1777.
R*s>VU.p.458. p rim e ro escurialense.
(72) «Noticias díidjs a A.G. El c ód ic e Escurialense con tien e hoy21 2 cunligus, el c ód ice floren tin o tuvo m ás de 200 según
Solallnde por P\o Rajtv», on
Revhlo üí<Flotogfy Cspafítía te s tim o n io d e N ic o lá s A m o n io ; h o y só lo con serva m e m o ria d e 113, p e io en n in gun a d e ellas se
1918, p. W9.
(73) Cantigas etc Sania Maria, repite otra d d v olu m e n escurialense, c in clu so en el c ód ic e floren tin o figuran dos cantigas d e s c o ­
tomo l.pp. 52-53. n ocidas d e to d o s los d em á s códices.
(74) <0 «Wfce fortníino efes
Canteas do Rey Alfonsc o En fin, el c ó d ic e d e Florencia e s con tinu ación d d escurialen se T . I . l. A m b o s fueron p la n ea ­
Sabio», «o Revista ¡ir Lengua d o s c on ju n tam en te y form an la m ás am bicio sa e d ic ió n d e las C an tiga s c o n c e b id a e n tie m p o d e
Portuguesa. Rio cíe Janeiro,
1922. p. 22 v ss. A lfon so, p o r e s o m is m o v in o a qu ed ar inconclusa a la m u erte d e l Rey.
MANUSCRITOS ALFONSÍES

Elaboración de las
miniaturas rn el códice
florentina En las dos
primeras imágenes se
pueden apreciar las
lineas divisorias d e leu
cuadros e duminaáón
de las orlos sin dibujar
aúnen los cuadrllos
erntíemáticos.

T raza de arquitectura
(Cantiga 319). En la
tercera imagen, los
fustes de las columnas
no se pisan a tinta
pero es la etapa en que
se doran los dlbu|as de
las telas.

Dibujo preliminar
(Cantiga 319). En la
cuarta imagen se
observa cómo el
maestro deja (razada a
ü o u la escena que irán
coloreando sus
H is to ria d e la s v ic is itu d e s d el c ó d ic e F lo r e n tin a Nicolás A n ton io n os cuenta c ó m o p oc o s años ayudante^ para él sóto
quedará el acabado de
n rites d e cuan d o él escribe, había estad o en |>oder d el b ib lió filo A lfon so d e S iliceo un c ó d ic e d e las
caras y manos.
Cantigas c on páginas escritas y páginas historiadas. Kn 167-1 el m anuscrito se encon traba en p od er
Sólo faltón corac y
de Juan laicas Cortés, a m igo sevillan o d e N ico lás A n to n io qu e p o r e n to n ces ya residía e n M adrid
manos (Cantiga 206),
(M i. N ic o lá s A n to n io n o s d ic e q u e e l c ó d ic e c o n ten ía m ás d e 200 cantigas, la m a y o r p arte d e las taita también la
cu ales ten ían p o r te m a su cesos c o n tem p o rá n e o s al rey A lfo n so , scgiin su ced e e n e l c ó d ic e F lo ­ vegetación del jarán al
píe de la escena (cuarta
ren tin o y n o en e l Hscurialense.
imagen).
En 1677 D ie go O rtiz d e Zú ñiga <6«> m a n ejó el e jem p la r d e L u c a s Cortés, q u e e stim a c o m o
g e m e lo al ejem p lar d e El Escorial; d el c ó d ic e C ortesian o cop ia O rtiz d e Xüftiga las Cantigas n ú m e ­
ros 221,236,257,292,323,324 (7o>, Cantigas todas q u e n o figu ia n en el volu m en d e lil Escorial T J . 1,
m ientras q u e todas están en el cód ice Florentino.
El M arq u és d e M o n d é ja r (m . 1701) nos vu e lve a d ar n o ticia d e l c ó d ic e d e las (A n tig á s que
en M adrid seguía en p od er d e Lucas Cortés, e l cual m u rió p or aquel entonces <7u. Lo d escribe c om o
un m a nu scrito e n e l q u e fren te a la págin a d e l tex to va un a págin a c o n m in iaturas q u e ilustran
cada m ila g r o D e esas Cantigas c op ia c o m o e|em plo p a ite d e la 324, q u e está en e l cód ic e d e Flo ­
ren cia y n o en el Fscurialense T.I. I
M u e rto C ortés, n o v o lv e m o s a te n er n o tic ia s ex p líc ita s d e e se c ó d ic e hasta q u e e n 1887
M e né nd e z P ela yo lo id en tific ó e n la Bib lioteca M aglla b e cd iian a . Ese c ó d ic e floren tin o sabem os
h o y qu e en 1771 estaba ya en la B iblioteca Palatina d e Floren cia y q u e p o r esos años, c o m o d o n a ­
c ió n ducal, pasó a la B ib lio te ca d e A n to n io M a glia b c cc h i, c o le c c ió n q u e u n id a p o s te rio rm e n te
(18436) al fon d o general de la Palatina Céntrale, vin o a form ar a partir d e 1085 la B iblioteca N a zio -
n ale C én trale d e F lo re n c ia a a .
C u a n d o E m ilio T e z a h izo e l p rim e r e stu d io d e l c ó d ic e F lo re n tin o , n o lo id e n tific ó con el
c ó d ic e Cortesiano qu e creía perd id o <n>. A ñ o s m ás tarde. N e lla Alta cr*» sosp ech ó q u e e l c ód ic e Flo ­
ren tin o d e las Cantigas fuese e l m isin o q u e estuvo en p o d e r d e Juan Lucas Cortés.

.37-
L A ESPAÑA DEL SIGLO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

lo sé G uerrero L o villo <75), p artien d o d d d ato cierto d e q u e m u chos d e los libros de la Bib lio­
teca Palatina d e Florencia p ro ce d ía n d e l-orena. lle gó a pen sar q u e tal v e z e l códice Florentino saltó
d e España p o r d on a ció n d el p ro p io A lfo n so X. P ero c o m o h em os visto, es e vid en te qu e e n los ú lti­
m o s años d el siglo x v ii el cód ic e aú n estaba e n M adrid.
En resumen: los códices historiados d e R Escorial y de Florencia son el primero y segundo tomos
d e una m agna edición regia d e la* Cantigas que n o llegó a acabarse. El c ód ic e Florentino fue concebí,
d o en su com posición c o m o segu n do volum en d e la obra. Q ueda p robado qu e am bos códices siguie­
ron un m ism o plan en cuanto a dim ensiones y distribución d e páginas dobles de miniatura.
P or otra parte, qu ed a d e m anifiesto q u e el c ód ic e h o y en Florencia e s e l q u e estuvo antes en
p o d e r d e Juan Lucas C o i tés, q u e lo ad qu irió e n S evilla d e m a n o s d e A lfo n so d e Siliceo; p res u m i­
b le m e n te p ro c e d e d e la Catedral sevillana, d o n d e iria a parar segú n volu n tad testam en tarla d el
re y A lfon so. D e a llí p ro ce d e tam b ién e l c ó d ic e E scu ria len seT .I.L

L a s m in ia tu ra s h isto riad as
Los d os cód ices d e las Cantigas a qu e v en g o alu dien do conservan en con ju nto m ás d e 2.800 e sc e ­
nas m in iad as. P o r e s o sólo, serían p iez a e x cep cio n a lísim a d e Europa. P ero esos m iles d e m in ia ­
tu ras nos sirve n ad e m ás pa ra fo rm a rn o s clara id e a d e c ó m o fu n cio n a b a un a gra n esc u e la d e
m in iatu ristas y en q u é form a se rea liz a b a el trab ajo, p o rq u e , c o m o ya h e d ich o , e l c ó d ic e f l o ­
ren tin o q u e d ó in acab ad o, y c o m o qu iera q u e d trabajo se su spen dió en plen a elab oración , g ra ­
d a s a e llo nos e s p o s ib le d o c u m en ta r la m a nera en q u e d c ó d ic e s e estab a m in ian d o. Segú n d
estad o m ás o m e n os a v a n z a d o en q u e qu ed a ron ab a n d o n a d a s las págin as, p o d e m o s s u p on e r
q u e e n e l e sc rito rio real se trab ajó la m in iatu ra d e este m o d o:
P rim e ro : 1.a h oja d e p erg am in o era picada en la tabla d e clavos qu e, con sus marcas, daba la p au ­
ta para trazar el en reja d o « le líneas q u e d ivid ía en seis cuadras la página. I a s líneas se h acían con
tinta q u e d eja b a delim itad as las bandas qu e h ab ían de ser deco rad as c o n rosetas y escudos, así
c o m o las cab eceras corres p on d ien tes a cad a escen a, d en tro d e las á ta le s iría la en u n cia ció n en
p rosa d e lo qu e en la m iniatura s e representa (76).
Sequndo: A yu d an tes m u y secu n d arios trazaban e l d ib u jo d ec o ra tivo , lle n a n d o las ban das qu e
rod ea n la p ágin a y aq u ella q u e la d iv id e en dos colu m n as. Q u e d an en b la n co d o c e cuad ritos en
las in te rs ec cio n e s d e las b an da s d ivis o rias i77> q u e m ás ta rd e s e llenan c o n d ec o ra c ió n e m b le ­
m ática, las más v e c es castillos y leones.
Tere oro: 1-1 m aestro replan teaba la escen a c on láp iz d e p lom o. D e esta etapa capital qu ed an algu ­
n os testim o n io s, casi siem p re d ifíc iles d e v e r y aú n m ás d ifíc ile s d e reprod u cir, p u es e l tie m p o
ha h e d i ó d esap arecer casi p o r c o m p le to lo s trazos: sin e m b a rgo , e n la C antiga 319 «78» h allam os
una re liq u ia p rec io sa ; e l p lo m o casi se ha id o, p e r o e l p e r g a m in o c o n s erva traza d e la h u ella
reh u n did a qu e, con ayuda d e una lu z rasante, h e p o d id o reprod u cir. A llí v e m o s c ó m o s e e n c a ­
jab a la escen a, c ó m o sob re un e s b o z o s e v a p e rfila n d o la figura, c ó m o se van co m p le ta n d o lo s
p ein ados, lo s trajes, etc . La figura q u e yace en el lech o fue e sb o za d a c o m o un d esn u d o; después,
<75) Miniatura gótica caste-
el láp iz la fue vistien d o, lil h o m b re q u e d e p ie se en fren ta con la figura yacen te, p rim e ro tu vo p o r
AUr«,Macttd.í956.p.l7
(76) Véase como ejemplo -s cora un óva lo ; lu ego se le añ adieron p recision es al c o n to r n o y s e le dib u jó d top ete.
ctotto piqina paulada on qu»
se id a dibular la Ilustración C u a r t o : En la m is m a m in ia tu ra a n te rio r s e v e c ó m o , re s p e ta n d o e l c a m p o e n q u e se d e s e n ­
a la Cántica 335. v u e lv e n las Figuras, se e m p ie za n a d ib u jar a tin ta to d o s lo s e le m e n to s a r q u ite c tó n ic o s p e rifé ­
(77) Véanse como ejemplo
ia» Cantigas 224.232.240. ricos; sin e m b a rg o , lo s fustes d e las colu m n as q u ed a n s in e n tin tar en esp era d e q u e las figuras
265,292. etc. se p in ten . En esta e ta p a p a re ce q u e es c u a n d o s e d a b a e l oro . L a C a n tiga 319 a n tes alu d id a n o
(78) Folio 76 v del códice de
Florencia. tie n e acab ad a d e e n tin tar la arqu itectu ra d e to d o s los recu ad ros (ta l v e z lo s recu ad ros c y f lie -
MANUSCRITOS ALFONSÍES

varían paisaje) y ya tie n e pu esto e l o ro q u e había d e a d o rn ar un a cela q u e e n e l altar p e n d e bajo


la im a gen .
Ouinto: H ay oca sio n e s e n q u e p arece evid en te q u e e l artífice q u e dibu jaba y colo re a b a las arq u i­
tectu ras segu ía d e ja n d o sin to c a r las zo n as e n q u e h a b ía d e p in tars e u n p a is a je o un ja rd ín o
c u alq u ie r e le m e n to vege ta l, o una re fe re n cia a un río o al m a r tal, p o r e je m p lo , la C a n tiga 276
c u yo s seis recu ad ros deja n al p ie un b la n co q u e h a b ía d e lleva r alu sión a los b os q u es d e S egó-
v ia, ban da sem e ja n te a las qu e v em o s e n las C a n tigas 226 (v iñ a s), 323 a, b. e, i (ag u a), 216 (t ie ­
rra). 312 a. b, i, k (jard ín ), 307 a, b. (m a r), 317 a, b, c, d, c, (paisaje). P a re c e c o m o si se tu viese poi
trab ajo m ás fácil la pintura d e e d ificio s y m ás d ifícil la pintura d e paisajes, pues, c o m o verem os,
las m in iaturas ib an pasan do en su ela b ora c ión d e m a ñ o s a m a n o s cada v e z m ás h ábiles.
S e x to : P o r fin s e a c o m e tía la ilu m in a ció n d e las figuras, p ero e n esta etapa s ó lo s e m in ia b a n las
ropas, d eja n d o aú n en b la n co las caras y las m anos. T a l o s e l caso d e las m iniaturas 226,276,258
d y m u ch as otras.
S ép tim o: La m iniatura s e acab ab a p o r m a n o d el m aestro d d escritorio, qu ien p intaba las caras y
las m anos d e esas figuras q u e h acía tie m p o é l había c o n c eb id o y d ib u jad o a lá p iz en el p erg a m i­
n o . Las ho jas sueltas h ab ían id o p asan d o d o u n os a otros, lo s v a rio s m in iatu ristas h ab ían ido
cu b rien d o la lab o r según un p la n trazado. T ra s d e s e r plan ea da la m in iatura p o r el m aestro, los
m en os calificados h ab ían e m p e za d o a trabajar e n o b ra d e m e n o r responsabilidad: la p a ite d e c o ­
rativa: lu ego v in ie ro n lo s q u e colo re a ron lo s fo n d o s d e arqu itectu ra y lu ego e l paisaje: despu és
lo s qu e m in iaron la partí? v es tid a d e las figuras: y p o r liitim o e l m aestro acah ó la o b ra pintun do
las caras y las m anos.

Maestros d e caras y manos


En las fábricas d e tapices to d av ía p erd ura h o y un tip o d e m aestría de a b o le n g o casi m edieval: el
aprendiz, v a ejercitán dose en labores accesorias hasta e l d ía e n q u e se le con sien te o cu p a r su pues­
to en el relar para tejer fondos, p rim ero lisos, p o r ú ltim o vegetales; después, cuan d o ya ha a d q u i­
rid o m ás o ficio , tabaja en figuras y rop aje; y p o r ú ltim o será m aestro d e caras y m anos. A l c on tra­
tar con Berruguete el retablo m a yor d e San B en ito d e Valladolid. se le p u so p o r c on d ició n q u e las
m anos y las caras habían de ser d e su p ro p ia m ano.
Al m aestro d e caras y m anos le c a b e p o r ta n to la dirección d el taller, el dará la haza, será el
d irecto r d el trabajo y e l q u e ejecuta la parte más c o m p ro m e tid a d e la obra.

Prim er intento de completar las miniaturas inacabadas


U n d ía e l escritorio alfonsí suspendió e l trabajo o rga nizad o q u e ven ía realizando desde hacía años
en lo s c ód ic es historiados d e las (jin tig a s . Esto lo h em os visto s u ficien tem en te d ocu m en ta d o , y
c o m o qu iera qu e e l cód ic e d e Floren cia tie n e cop ia d a s e ilustradas can tigas q u e alu den cuan d o
m e n o s a sucesos do 1279, quiere decir q u e el escritorio siguió fun cion an d o regularm en te hasta los
u ltlm feü nosañ os d e la vida d e Alfon so. l o más verosím il es qu e la m u erte d el R ey fuera la qu e o c a ­
s io n ó la disolución d el viejo escritorio, y d eb ió d e ser ya en tie m p o d e S a n d io IV c u a n d o resu d tó
el d es eo d e acabar la ohnu
En e l cód ic e d e Floren cia v em o s m iniaturas q u e h ab ien d o q u ed a d o e vid en tem e n te faltas
d e caras y m a n o s ( m h o y las encon tra m os c om p leta s p o r un d ibu jan te bastante inexpresivo, pero <79> Pul ejsmpto la* Cmiü^ss
202 y 226.
d e m a n o suelta, q u e con rasgos caligráficos traza caras, todas m u y sem ejantes, q u e suelen o frecer (8 0) CartÜO» 206.222.226»
238,239.245.261.262.265,
labios abultados e n los perfiles y una expresión d e m al gen io. Este m aestro d e jó casi tod as sus caras
289.291.317, .139.363 Y<*gu-
d elin ead as a tinta y sin colorear iuo>. na más.

-3 9 -
LA ESPAÑA n a . SK3I.O XIII LEÍDA EN IMAüFNES

U n malísimo continuador
En miniaturas qu e el m aestro cal tr á fic o am es aludklo siguió
d ejando inacabadas, en t e can ligas historiadas puso sus des­
dichadas m anos un h o m bre q u e n o tenía con d icion es para
tal em presa tro. En ocasion es, «a te mal m iniaturista dibujó
todas las cabezas q u e habían q u ed a d o e n b lan co e n la can ­
tiga (82) y en algun os casos p ro y e c tó y e jec u tó una cantiga
entera «o j; a veces n o pudo sino dibujar en tim a (84>. Se carac­
teriza p o i una falla d e d om inio del trazo, q u e además es giue-
so e irregulannente catgado d e tima; en la com posición gene­
ral es chocante la falta de verticalidad qu e se acusa en las lín e­
as arquitectónicas qu e d eb ían ser aplom adas: los muros, las
colu m n as c aen h acia la izquierd a. En cu an to al c olo r, este
dibujante tenia una paleta azulada m u y distinta a la d e todos
sus antecesores. Es curioso notar qu e las láminas cuya m inia­
tura pretendió haccr desde el principio son precisamente dos
relacionadas con F e m a n d o III y la Reina.
C o n este in alfsim o m in iaturista p u e d e estar e m p a ­
Un malísimo ren tado e l q u e trazó las tíos miniaturas historiadas del c ó d ic e d e lW ora iss» cuya letra y m ayúscu­
continuador (CantiQa los p aroccn sor nacidas en el escritorio a lfo n sí (ooi.
256). OefidicíKXto hasta
en el desplome de ¡a En el c ód ic e del Lapidario, q u e se fecha en 1279, sucedió lo m ism o. Algunas miniaturas q u e ­
íirqiiileciura; curioso «rt d aro n Inacabadas y un bárbaro dibu|ante in ten tó tie m p o despu és e l com pletarlas.
tocado de los moros.

C o lorid o en la miniatura alfonsí


En e l c tlm u lo d e m in iatura alfon st p od e m o s señalar tip os n o ta b le m em e distintos e n cu an to a la
form a d e c olo re ar las im ágen es, ya sea d es d e el p u n to d e vista técnico, ya sea e n cu am o a la gam a
o e n to n a ció n general.
En cu an to a la técn ica usada en e l colorear, hallo d o s m o d o s bien distintos: en e l IJ b iu d e
los Juegos p o r e je m p lo , e l c o lo r c u b re s iem p re , el m in iatu rista p u e d e a p lic ar el c o lo r d e l fo n d o
in clu so e n zo n a s d o n d e irán las figuras p o rq u e e l c o lo r d e lo s trajes y d e la c arn ac ió n se s o b re ­
p on d rá c u b rien d o to talm e n te al c o lo r d el fon d o ; esto lo p o d e m o s c o m p ro b a r e n la figu ra d e la
d erech a d e l ío lio 56 r, d o n d e unos saltados en e l pech o y m a nto deja n al d escu bierto e l azul c o n ­
tinuo subyacen te d el fon do.
P o r el con trarío, las m iniaturas d e las cantigas h istoriadas cuentan s iem p re en sus c o lo ri­
d o s c on la trasparen cia d el b la n co ahuesado d el perg am in o , y p ara el m o d ela d o y claroscu ro de
caras y ropas jugarán c o n esa transparencia d el c olo r sob re el s op o rte lim p io d e pergam ino.
El blanco, q u e en e l L ib ro d e los fuegos se m e zc la c on otros colo res p3ra fingir trasparencias
(BU Contra 271 a Allí jfvadcn y luces, e n las Cantigas historiadas sólo se usa d e por sf para el b lan co d e las ojos o para con seguir
cabezas no ooujadas por el
e l b lan co d e telas, piedras, etc., p ero en estos casos e l b lan co ju ega c o m o los o tro s c o lo re s c o n la
anse-óor,
(8 2) Cantigas 253,3K>. 318, transparencia d e l pergam ino.
V inSs.
(83) Cantiga 292. En cuan to al d o ra d o tam bién h allam os diferencias d e técnica. En las Cantigas historiadas
<B4|C»iltw 256 e l o ro se da en las prim eras etapas d el trabajo antes d e m in ia r paisajes, ropas, caras, m ientras en
(85) Biblioteca PúMca de
Evora, Ms. CXXV23« e l L ib r o d e ¡o í Juegijs va e l o ro su p eq n ie s to a las diversas capas d e color.
(86) Gecmai Esto/ia. Sequn- D entro d e las cantigas historiadas puede señalarse tam b ién una cierta evolu ción e n d c o lo ­
tía Parto, cd. Soialmdo_. pp.
XXIX y xxx rido. evolu ción m u y marcada en las etapas finales. El pn tn er m aestro em plea el p igm e n to en capas

-•W-
MANUSCRITOS ALFUNSÍES

m u y tenues, lo s siguientes tien d en cad a v o z m ás a un c o lo r c o n em paste; y en las ultim as etapas


es notab le en los p aisaje» una in clin ación a las gam as violáceas, q u e lo in vaden to d o e n e l prim er
desatinado con tinu ador y torpe miniaturista q u e h e supuesto d e tiem p o d e Sancho IV. E sto podría
sugerim os ei q u e ese p és im o con tin u ad or h ubiese ya trabajado c o m o subalterno en la ultim a eta ­
pa alfonsí. y c o n él pu e d e te n er incluso relación la escasa m in iatura d el c ó d ic e d o la G en eral Esto-
lia con serva do e n fivora.

LOS M A E S T R O S D E L E S C R IT O R IO A L F O N S Í
S eparados los d o s tardíos con tinu ad ores d el c ó d ic e h isto riad o d e las Cantigas, n os q u ed a p o r ver
si es posib le distinguir estilos d i v e r a » entre la m asa g en era l d e las miniaturas q u e qu ed aron total­
m e n te acabadas en vida d e A lfon so y q u e con stituyen e l núcleo principal.
Si c om p a ram o s la miniatura de la C antiga 1 y la d e un a d e las q u e rebasan la cen ten a, nos
encon trarem os c o n q u e saltan a la vista diferencias notables. I a C antiga prim era va h istoriada en
un a págin a q u e se d iv id e en o ch o escenas, las otras van cuadriculadas en seis. En la p rim era, las
figuras son más esbeltas y los trazos más sutiles, e l c o lo r m ás suave y m ás m a tiza do . In d u d ab le­
m ente. unas y otras miniaturas son d e m a n o distinta.
1.a diferencia en la p ro po rció n d e la figu ra hum ana p u e d e servirnos p ara testim on iar cam ­
bios en e l estilo d e l m aestro m iniaturista. A te n d ie n d o a esc s o lo aspecto, p o d e m o s ver q u e, aun
cu an d o la altura real d e to d as la figuras s e m a n tien e sen s ib le m e n te igual a lo la rgo d e las 2 .8 0 0
e scen as (u n o s 55 m m ). p arece c o m o si en ellas el ta m añ o d e la ca b ez a fuese au m e n tan d o desde
las prim eras miniaturas a las últimas. A sí p o r ejem p lo, las cabezas en las prim eras páginas del c ód i­
c e cscurialense s on m u ch o m en ores q u e en las últim as del m is m o cód ice; esta particularidad da
una m anifiesta e sb eltez a esas prim eras figuras, m ien tras en las cantigas floren tin as el tip o hum a­
n o resulta In d u d ab lem en te m ás achaparrado.
Para p o n e r esta particu laridad b ie n d e m a n ifie sto, he recu rrid o a l a rtificio d e re p rod u c ir
varias figuras igu alan d o en tam añ o la altura d e m is cabecaS. C o n e llo p od e m o s fo rm a r un a serie
en qu e e l can o n d e la p ro p o rc ió n hum an a d e lo sd lv ere o s m aestros resalta c on eviden cia.
Las p rim e ra s m in iatu ra s, d e figu ra s m ás esb elta s , d e caras m á s estrec h a s , c o n m a y o r
ab u n d an cia d e b arb as y c o n un afán d e v arie d a d e n la fiso n o m ía d e las diversas figuras, tien en
un s e n tid o m ás p ic tó r ic o d el c o lo r, q u e se a p lic a c o n m e n o s e m p a ste. Este tip o n o sob repa sa
las p rim eras v e in te cantigas. M ien tra s d u ró la e je c u c ió n d e esas m in iatu ra s in iciales, se c a m ­
b ió d e c rite rio e n varias cosas. Así. p o r e je m p lo , e l sistem a d e lo s o c h o cu ad ro s en q u e se d iv i­
d e la p rim era págin a se a b a n d o n ó p a ra d eja r p a s o al tip o d e págin a d ivid id a ya s iem p re en seis
escen as; ta m b ién s e a b an d o n a ro n e n e se p rim e r p e río d o form as d e d e c o ra r las o rlas c o n más
ab u n d a n te em b le m á tic a : en las o rla s d e las C a n tiga s 4 y 13 a p a r e c e n ág u ilas q u e n u n c a más
ap arecerán , d es p u és ya s ó lo se pintarán c a stillo s y leon es; las orlas d e las C a ntigas 1 ,3 .4 .8 , 9
y 15 lleva n escud os n o s ó lo e n la in te rs ec ció n d e unas bandas c o n otras s in o en m e d io d e cada
cu ad ro, es d ecir, q u e van 21 e sc u d o s (87) e n v e z d e lo s 12 q u e será lo ge n era l. Las C a ntigas 2,6 .
10, I I y 12, a m ás d e e so s 21 escu d o s e n las orlas, lleva n un o e n m e d io d é c a d a leyen d a, to ta li­
z a n d o así 27.
V em os, p o r tanto, q u e e n la d istrib u ció n d e seis u o c h o cuadros, en la d ec o ra c ió n e m b le ­
m ática c o n 12.21 y 2 7 escudos, hubo c a m b io d e plan, pero vem o s tam b ién q u e este p rim er m aes­
tro d ejó ya estab lecido el tipo d e págin a m in iad a q u e se m anten d rá hasta el final.
Los siguientes m aestros q u e dirigieron el trabajo d e miniatura con tinu aron bastante d e cer­
(87) En id prfm«r& por tenei
ca la pauta d el prim ero. Sin em ba rgo, en tre las Cantigas 18 y 22 se v e ap arecer un n u e vo m aestro, <xhc cuadros. 27.

'41 •
LA ESPAÑA DELSICLO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

tam b ién d e gran calidad. Sus figuras. 3 un q u e esbeltas, n o alcan zan ya las o ch o cabezas; adem ás
sus caras son más redondas, e m p le a colo res m ás en teros y un m a yo r em paste.
A l lle ga r a la C a n tiga 148 n o ta m o s o tra v e z q u e a lg o h a c a m b ia d o . I>as figuras s o n in ás
rech on ch as, el c o lo rid o m e n os pictórico , más p la n o ; h ay m e n os in ten ció n d e dife re n c ia r unas
c a b ez a s d e otras. En las can tigas d e l tercer y cuarto cen te n ar tas figuras ap en a s llegan a las seis
c ab ezas d e alto.

Estilística y genealogía de la miniatura historiada de las Cantigas


Según lo s v ie n to s q u e han d o m in a d o en el c a m p o d e la crítica, la e stilística d e las m in iatu ra s
alfon síes d e lo s c ó d ic e s Escurialense T.1.1 y F lo re n tin o B. R. 20 h a sido cata lo gad a c o m o ita lia­
na. francesa, etc.
A m a d o r d e los Ríos iad), in flu id o p o r e l a m b ien te ad m ira tiv o d e su é p o c a hacia C im abu c,
sospecha q u e A lfo n so s e s irvió d e artistas italianos. A ñ o s despu és (1889). e l M arq u és d e VaJmar
i89) encuadra esas m iniaturas den l i o d e la escuela francesa. En 1892 Paul D urrieu vien e a M adrid
a visitar la exp o sic ió n c o n m e m o ra tiv a riel d escu b rim ien to d e A m é ric a y, con notas tom a da s en
esta e x p o s ic ió n y en las b ib lio te c a s d e M ad rid y FJ Escorial, reda cta un estu d io roo»; para él. las
m iniaturas historiad as d e las C an tiga s tie n en un sello e sp añ o l. O tr o c rític o fran cés, F_ Rertaux
(1908) <90, las tie n e c o m o inspiradas in d u d a b lem en te en m o d e lo s p arisinos, p ero barrunta una
h ipotética conjunta inspiración en miniatura d e ocrónicas m usulm anas». P.n 1918 A . G . Solalinde,
estudiando e l c ód ice d e Florencia C92>. acepta e l criterio d e qu e s on d e carácter francés. Cuatro artos
más tarde N efla Alta no s e c on fo rm a ya c on ta sim ple filiación francesa y vu elve a pensar, o o m o
sesenta años atrás h iciera A m a d o r d e los Ríos, q u e la ren ovación d e l a it e qu e ten ía lugar en Italia
p ud o influ ir en la escuela alfonsí. M ás recie n te m e n te G u errero Lo villo (1949) 19 0 se afirm a e n la
ascen den cia francesa. e in clu so sugiere, c o m o an tes hiciera A m a d o r d e los R íos, q u e la c o n c e p ­
ción general d e la página sea cop iad a de dípticos franceses de m arfil <os>.
D e todas estas d ivergen tes o p in io n es n inguna pu e d e decirse descarriada. 0 pap el p rep o n -
d era n ic qu e a Francia le c u p o en esa etapa inicial d el g ó tic o es a lg o q u e tien e qu e reflejarse e n la
m iniatura a lfo m í; p ero las m iniaturas historiadas d e las C an ligas o frec en c ie ñ a s pecu liaridades
q u e n o se explican e n París: d e a h í las otras filiacion es entrevistas.
Resulta cara cterístico en estos cuad ritos m in iad o s la id e a d e ag n ip a rlos e n c on ju n to s d e
seis, separados por bandas decorativas, el co n c eb ir m uchas escenas c o m o gru pos com p a ctos de

Evolución del canon


hu m ano t Cantigas 8 c,
31 i. 148 c. 363 b). A
través de los muchos
a t o ; que duró la
iluminación de tos
códices historiados
d e tos Cantigas, los
diversos maestros
tr ¿zaron la figura
human.* con
proporcione* distintas,
evolucfcín puesta aquí
de manifiesto Igualando
el tamaño do las
cabezas para hacer más
evidente el p rocesa

-42
MANUSCRITOS ALFONSÍES

Biblia del Arsenal


(R.N. París, Ars. 52IT>.!
cree escrita en Acre
(1250-54). F.'ile folio
252 cuenta la historia
de Judit y Hotofernes
recurriendo al mismo
procedimiento de las

alfonsíes. El estilo

entonces a todo d
occidente europeo,

miniaturas del reino


latina de Jertisalén,
junto con otras
Influencias manlliest
en algunas figuras; ti

acompaña a «Aídlt.

figuras q u e llenan e l cuadro, el cobijar las figuras bajo cortinas qu e se abren enroscán dose a c olu m ­
nas, e l figurar lám paras de cristal pen d ien tes e n los in tercolu m n ios, etc.
Varias d e las peculiaridades Ins en cu en tro en los m anuscritos d el R ein o fran co d e Jerusalén
( * » . Así, p o r ejem p lo , en la H istoria U n iversa l q u e s e m in ió e n e l escrito rio de A e re hacia 12fití<97),
o m ás e v id e n te m e n te en la B ib lia d e l A rsen a l «e> , Ilu m in ad a ta m b ién en A c re hacia 1250-1254,
p o d e m o s v e r a llí c ó m o la orga nización d e !a págin a se desarrolla en seis cuadros, llenos to d o s p o r
(86) «'startooiífca de tí life-
In co m p o s ició n historiada: gru po s d e cab alleros m on ta dos, c iu d ad es m urados, in teriores arqu i­ r j í m Eipofloti, III. p. 503
(89) Gmttjai de Sania
tectón icos, cam pam en tos... « i
U43.
Ante esas y otras sim ilitu des s e m e ocu rre pen sar qu e las m iniaturas historiadas alfonsíes y (9 0) Manusmfí fl'Espagne
rcmarca&n par l&jr pinta­
las d el R ein o Franco d e leru s a lé n p u e d e n c o in c id ir en algunas cosas p o r h ab er re cib id o am bas res..^ Pan's. 1093
in flu jo d e la miniatura islám ica (91) Histoire de l'art de A.
MKhei. temo m.(X 744.
P or lo dem á s, la d istrib u ció n e n págin a d e las m in ia tu ra » h isto riad as alfon síes es, al fin y (92) fiy'Ástú de fiMcofatsw
M a . V. p. 146.
al cab o, b astan te natural: así la e n c o n tra m o s, p o r e je m p lo , e n e l L e g e n d a rio d e las d o m in ic a s
(93) « o códke fforentiro d*s
d e R atisb on a oooi, y au n e n el c a m p o extralib rcaco p o d ría m o s reco rd ar lo s d íp tic o s h isto riad o s Caitigas». (k 24.
(94) Las Cartíjas, pp. 43-4'!.
d e m a rfil o o ». (95) ¿as carti&rs, pp. 22-23.
(96) Hugo Buchthal, AAVli-Jfu-
repoinliog rh lh*L*ltn Ktnj-
Ic o n o g r a fía m u su lm an a dom of Jerosalem, Oxford,
*957.
Para p o d e r segu ir ad e la n te en esta e xp o sició n , h em os d e desech ar antes un p reju icio m u y h o n ­
(97) loncres. BriitsnMuseum,
d a m e n te e n ra iza d o acerca d el an tiicon ism o islám ico. Add. 15268.
(98) París. B bt«eca de r Ar­
M o d e rn a m e n te Bislu Fárés <rozi a firm a q u e al m e n o s e n España, E g ip to y S iria h u b o un
senal, 5271.
am p lio g ru p o d e te ó lo g o s m u su lm an es q u e d e fe n d ie r o n la licitu d d e la re p resen tación d e seres (99) Ver foto 252.
(tOO) Hoy en <•! K«.n> toue-
an im ados, basándose en qu e la recelosa repu lsión de M ah om a ib a encam inada a c om b a tir la id o ­ ^edeOntord.
latría en la « é p o c a d e la ign o ran c ia-, p ero q u e ya n o ten ia ra zó n d e ser e n un á m b ito e n q u e el (10t) Guerrero Lovllto. Ji. Lis
Cantigas, p. 22.
m o n o te ísm o p rev a le d *es tricta m e n te . Esta postura, ju n to c on la IconofU la d e m u ch os prín cip es (102) PbiiOSOphto et inris-
p i’xtenceNiUitrée por te ára­
y la estim ación d e los m ás cultos por las estatuas, pinturas y m osaicas cristianos, n o p od ía m en os
bes tiqwfeXc (tos Imágenes,
d e triunfar en buena parte fren te a la intransigencia rigorista. Darcwo. 1957.». ‘07109.

•4J
LA ESPAÑA DEL SIGLO Xlll LEÍDA EN IMÁGENES

L a m e zq u ita es e l tín ico á m b ito q u e q u ed ó fran cam en te an ic ó n lc o . Ba.sr.intes testim on ios


n os qu ed an » sin em bargo, d e c ó m o e l palacio d e lo s príncipes m usulm anes se d ec o ró c on Im áge­
nes anim adas, des d e Q usayr'A m ra y Samarra a M ed in a A zza h a ra y la Alh am bra. Los bañ os tam ­
bién estaban pro fu sa m en te d ec o ra d o s c on figuras: las telas, lo s m a rfiles y b ro n ces islám icos n o
hay p a ra q u é re co rd a rlo s B in clu so d ía a d ía v a au m entan d o e l n ú m e ro d e m iniaturas islámicas
con ocidas, incluso las d e tip o religioso oo3>.
L o curioso d e esta historia es q u e entre lo s tratadistas m usulm anes qu e defien d en la licitud
d e las represen tacion es anim adas figuran m u y d estacadam en te andalusíes. alguno, c o m o al Kur-
tubi (m . 1273), con tem p o rán eo d e A lfon so X. El resultada fue qu e según H enri Pérfes o<M) los musul
m anes andaluces «viv ie ro n rod eados d e im ágen es figurativas q u e si bien estaban excluidas d e los
m on u m en to s religiosos, s e encon tra ba n abundantes en los e d ificio s púb licos y en las hab itacio­
n es particulares».
O tro p reju icio q u e se va desh acien d o ta m b ién es el d e atrib uir al O rie n te m e so p o tá m ico
toda m iniatura islám ica. N o h ace m u ch o IJgo M on n eret d e Villard 005) a r r a n c ó » e se preju icio un
p rec io so m anu scrito vatic a n o 006» en q u e se ilustran lo s a m ores d e Bayád y Riyád. El prueba ser
obra d e un artista andalusí; p ero con e llo se prueba tam bién qu e en el sigjo XIV e l aire d e los m in ia­
turistas m e so p o tám ico s había pen etra do profu nd am en te en la A n d alu cía musulmana.

Alfonso X y los códices árabes


Repetidas v eces se n os d ic e e n textos alfonsíes q u e para la e lab oración d e sus obras se reunieron
n u m ero sos m anuscritos. Así, en d P ró log o de la C rón ica G e n e ra lel p ro p io R ey escrib e: «m a n d a ­
m o s ayuntar cuantos libros p u d im os aver d e historias» <to7>, y en la G en eral Estaría: «d esp u és qu e
o ve fe c h o ayuntar m u ch os scriptos e m u chas cstorias...» ooei. S ab em os ta m b ién d e sus gestiones
para q u e s e le enviaran en préstam o libros d e bibliotecas catedralicias n m onásticas, e in clu so de
co le c cio n es particu lares »o»>. D e q u e en tre e stos m a n u scritos figu ra ba n m u ch os árab es n o hay
s in o recordar qu e Alfon so, infante, hizo traducir uno: e l C atíla, y q u e a partir d e entonces sus obras
dan testim on io d e haberse servido constantem ente d e crónicas y libros científicos árabes. M uchos
d e éstos, forzo sa m en te, tenían q u e ir ilustrados e n razón d e la m a teria tratada, tal el caso d e los
Ubtos sob re e l astrniablo, azafea, etc.: otros p od em o s su p on erlo s c on miniaturas; así p or ejem p lo
lo s relatos cuentisticos q u e en e l islam tenían una típica ascen den cia sirio-iránica y q u e p o r eso se
difu ndían gen era lm e n te e n riqu ecid o s c o n m iniaturas figurativas: d e e llo ofrec en un buen e je m ­
p lo las fábulas d e Bilpay con e l manuscrito q u e se m in ió en Bagdad p ocos años antes d e qu e Alton
so orden ase su traducción e n Esparta nxjx
<103) Farés, Une min»r
lutv r e c u s e Ot t'teoto o r í
tur ct* SwHkí D Cairo. 1948. M iniatura árabe y miniatura alfonsí
(104) H Pé-'és, L¿ p o to *
ao&ilcvse, pp. 336-337. En e l ám bito occid en tal del s iglo XIII n o h ay rep ertorio grá fic o qu e tan a m plia m en te nos ilustre la
(105) iAn roofce aromitxKi v id a islám ica c o m o la m in iatura alfonsí. C o n sólo h o jea r las C antigas y e l l i b r o d e ios Juegos, se
noto con minsrturc. 8iN>opo-
Ks XUll. Florencia. 1941. DO. abrirá a n te nuestros o jo s un riq u ísim o pan oram a en q u e los m o ro s aparecerán en la guerra, en la
2C9-223- corte , e n su v id a priva da : y e so s m o ro s surgirán e n una gran varie d a d d e tip o s sociales: ric o s y
(106) Bfflloteca Vaticana, Ar.
366 pobres, jó ve n es y viejos, m éd ico s y gu erreros, m u jeres y niñas, c in clu so a ellos se m ezclan tip os
(107) Ed. Ramón M*oénd«ir
exó tico s represen tativos d e las dispares tierras d el islam.
PHat o. 4
(108 ) LdSolalimJe.p.3 M u c h o d e esto lo pudo ver c on sus p ro p io s o jo s el miniaturista: Sevilla y C ó rd o b a eran c e n ­
(109) Gonzalo Menéndez-
Pical, Cómo t r a ta r o n tgs tros in tern acionales d e v id a a d on d e llegaban gentes d e to d o e l o rb e. Sin em h atgo, n o to d o lo q u e
escudos ¿tfonsfes, p. 369. vem o s e n la m iniatura a lfo n sí p u d o v e ilo realm en te e l p intor: m u chas cosas d e las q u e re p res en ­
(110) Biblioteca Nacional,
París, áraoe. 3465. ta son d e in spiración libresca.

•44-
MANUSCRITOS AU ONSÍES

Macamit de Harlrl
(Dibtbteca Nacional
París, árabe. S848, lolio
19)

Cantiga (185-1)
Ccmposxiones en todo
similares de una
miniatura de Baodad y
una alfonsi. lineas
divergentes de
estandartes y afiafiles.
enseñas ten deas
centrando a
composición, bardas de
caberas de guerreros y
cabanas.
Pon » cata con v icc ió n a q u e llegam o s n o p arece fácil d e probar. T an gra n de e s e l nú m ero de
m anuscritos perdidas, qu e de algunas obras m anejadas en las escuelas aHónsies n o qu ed a rastro.
En lo re fe re n te a obras m im adas se s u m a a la natural p érd id a, q u e e l tie m p o trae, la d e s ­
trucción sistem ática sufrida por las b iblio tecas islám icas en las rrp e lk lo s perio d o s d e fan atism o
ic onoclasta.
Pues b ien , a pesar d e tod as esas adversid ad es, aú n p o d e m o s e n c o n tra r te s tim o n io s u fi­
cien te m e n te p ro b a to rio d e q u e los m iniaturistas alfon síes tu vieron an te sus o jo s c ód ic es islám i­
cos ilustrados cuyas com p o s icio n es trascen dieron a la m iniatura d e las (xtntigas.

Las Maciim.lt de I Liriri


L)e esta fam osa obra ha llegado a nosotros un precioso m anuscrito d e la escuela d e Bagdad, fech a­
d o en 1237 <im. En él llam an a nuestros o jo s d os miniaturas ra2>q u e n os recu erdan alg o q u e h em os
v isto en las Cantigas historiadas. El p arangón entre estas d os m iniaturas y otras d o s d e las Canti­
gas resulta sorpren den te.
V eam os la pareja Hariri fo lio 19, Cantiga 185 1: d o s con tingen tes d e gu erretos m usulm anes (110 Mitoteca Nir.¡ora’. Paib.
árabe. 5847.
s e p o n e n en m archa con las enseñas tendidas y tocan d o añalifes. FJ tem a es idéntico, p ero la com - « « 2 » Folios 19y 94 v

-45
LA ESPAÑA UELSIGLO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

p os ic ión au n h a c e m a yo r la sem ejan za: un trop el d e cab allos d e lo s q u e a m u ch o s n o se v e sino


las patas; d ela m e un gru p o d e trom peteros q u e toca sus aflalifes; en el cen tra las grandes enseñas
tendidas qu e llenan el d o lo ; utrás las lanzas y los estandartes d an cuenta d e la im portancia d el gru­
p o . 1.a m itad in fe rio r d e la m iniatura la llenan lo s caballos; un a b an da d e cab ezas c o n turbantes
c orre d e d erecha a izquierda; las banderas e n m itad sup erior cen tran una co m p o s ició n d ive rge n ­
te d e lanzas y añafiles. N o pu e d e cab er dud a d e q u e am bas m iniaturas, en cu an to a su c o m p o s i­
c ión . resp on den a una tradición com ún.
Si ahnru c om p a ram o s las miniaturas d el fo lio 94 v d e las M acam át y la C antiga 165 k. v e re ­
m o s alg o sem ejante. O u o s d os grupos d e ejército en m o vim ien to, los añafiles tien den sus bocinas
hacia arriba a la izquierda, un gru p o d e tim baleros b a te m a rch a
í:n resum en; lo s grupos com p a ctos encuadrados en una co m p o s ició n rectangular, e l juego
en diagon ales d e trom petas y lanzas, e l p a p d central d e las banderas, la d iago n al d e lo s añafiles.
lo s tim baleros, las patas d e caballos q u e testim on ian jin etes q u e n o p od e m o s ver. tantas cosas en
fin q u e n o era posible com pren der m iran do só lo miniaturas góticas francesas, to d o e s o surge aquí
e n el iniuulu d e lo fam iliar islám ico.
Pero aú n más; en esas m ism as M acam át vere m o s desarrollarse escenas bajo ateos múltiples
cuyas colu m n as cortan la c om p o s ició n , m ien tras lám paras d e cristal pen d en en lo s intcrcolu m

•46-
MANUSCRITOS ALFONSÍES

nios; vere m o s lech o s b a jo cortinajes q u e cierran arquerías


y su abren atan do esas cortinas a los Instes d e las columnas;
vere m o s an aquelerías d e y e so en los fon d o s d e h a b ita cio ­
nes. etc. Figuraciones h erm an as p od e m o s encon trar e n las
cantigas historiadas d el rey Alfonso.

Miniatura francesa, miniatura islámica y otros


influjos
T o d a s a q u e lla s v a c ila c io n e s q u e lo s c rític o s tu v ie ro n en
cuanta a la filiación d e las miniaturas historiadas de las Can­
tigas, ya e x p liq u é q u e se d eb ían p rin cip a lm e n te a q u e la
m in iatu ra francesa sola n o p od ía exp licar p ecu lia rida des
m u y exp resivas y características d e 1a<! m iniaturas alfon sf-
es. D ecir q u e las tales miniaturas tenían un sello español no
era d ecir m ucho.
Para explicar alg o m ás la génesis d e esas miniaturas
señalé algunas sem ejanzas con miniaturas hechas en e l Rei­
n o Franco d e lerusalén , y d e e llo vin e e n sosp ech a d e q u e
am bas esc u d as p o d ía n ten er e n c om ú n influ jos Islámicos,
c osa m u y exp licab le y lógica tan to en un escritorio d e A c re
c o m o en u n o d e Sevilla.
T en ien d o consciencia d o las inmensas pérdidas sufri­
das en los c ód ices m in iad os árabes, e s sorpren den te p od er
e n c o n tra r to d a v ía h o y un te s tim o n io tan v alio so c o m o el
q u e h e hallado en ese c ód ice d e las M acam át d e Hariri. Con
e llo h e sacado del terren o d e la h ipótesis d in flu jo Islám ico
q u e era d e p rev e r e n la m in iatu ra alfo n sí, y es d e e s fe r a l
q u e otro s m anuscritos d e los m u chos árabes q u e van sien ­
d o estudiados en estos años, am plíen la d o cu m en ta ció n sob re alg o tan presum ible. Cantiga (1 6 5 k).O tr¿
semejorua en la
P ero e sto n o qu iere d ec ir qu e lo s m iniaturistas alfon síes se in spirasen s ó lo en Iconografía
composición de
francesa c islámica. rnknialuMs ¿II ansies e
islámicas. Aftalifes y
ortsdüs tendidas liad»
La miniatura alfonsí y la staúfica
l'I ilnyulu superior
O tr o c ap ítu lo p o c o c o n o c id o d e la h istoria cultu ral a lfo n s í e s e l referen te a las rd a c io n e s con el derecho, los tnmtorcs
m u n d o ge m á n íc o . A lfo n so e ra n ie lo d e F d ip c d e Suabia, un Staufen, y p rim o d e C o n ra d o IV, a
c u ya m u erte e sto s paren tescos íu e io n parte e n la e lec ció n Im p erial d e A lfo n so , e l cual, au n que
n un ca p isó suek> alem án, e stu vo e n c o m u n ic a d ó n d ip lo m á tic a a m iga b le c o n aq u ellas tierras,
las em ba jad as y m isio n es se su ced ieran . N o ta b le s cola b o ra d o re s d e A lfo n s o fu ero n a A le m a n ia
y e n corres p on d en c ia vin ie ro n u C astilla em b a ja d o res d e allí, entre io s q u e figu ra ro n liberar d o
o b is p o d e C o n stan za y E nrique o b is p o d e San Cali. Y en e l c a m p o d e la m in ia tu ra fue precisa­
m e n te con estas tierras d d la g o de C o n stan za c o n las q u e h an sid o te stim o n iad as in terd ep en -
d e n d a s notab les <»3>.
P ero será e n la miniatura alem ana en general d on d e podrem os d ocum en tar tam b ién s em e­
1113) E. Jammcra, Oes KOf\¡
janzas c o n lo alfonsí. A llí encon trarem os los an teced entes d e las capas c on cuerdas castellanas, allí
QiVhe UeOertmch pp. 39.176
verem os arquitectura d e páginas similares, y tantas cosas más qu e a lo largo d e este lib ro se reseñan. 177y 190 pfincipámcnte.

• *17 •
LA ESPAÑA DEL SIGLO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

N a d a d e esta p u e d e sorpren dern os. Entre las c ód ic es d e la b ib lio te c a alfon sí n a pud ieron
faltar lo s stauficos, y si e l in flu jo alfon sí alcan zó a lo s c ód ic es d e los M in n e sá n g er d e las escuelas
d e C on stanza y otras, n o p u d o d eja r d e existir la con tracorriente d ebida.

Quiénes formaron el escritorio alfonsí


En las suscripciones d e lo s m anu scritos alfonsíes d e lo s lib ros a stron ó m ico s p od e m o s encon trar
abun dan te In form ación sob re qu iénes y e n q u é form a realizaron las obras. A sí ven im o s a c on o cer
n om bres de unos v ein te cola bora dores y tam b ién p od e m o s sab er d el largo perío d o d e gestación
d e algunos libros, a veces más d e vein ticin co años. T am b ién qu ed a clara la diversa función d e unos
y otro s c o m o autores, traductores, com piladores, capltuladores, etc.
En cuan to al trabajo en e q u ip o d e lo s miniaturistas, ya qu ed a d ich o c ó m o se realizab a A h o ­
ra es curiosidad m u y natural e l q u erer in divid ualizar p o r sus n o m bres a estos an ílleo s qu e traba­
jaron en d escritorio alfonsí, y m u ch o s h an sido los h istoriad ores qu e lo han in ten tad o. Gracias a
ellos sab em os h ace tie m p o algunos n om bres. H o y c reo lle ga d o e l m o m e n to d e resu m ir lo con o-
d d o y d e sum ar n uevos datos n o utilizados hasta ahora.
En prim er lugar las propias miniaturas n os ofrecen la im agen d e esos colaboradores d el Rey
e n su trabajo. Así. p o r ejem p lo, en e l L ib ro ele los Juegos p o d e m o s ver un a represen tación e x p líc i­
ta d el escritorio alfonsí: tres hom hres an te sus pupitres están enu egad o s a la labor, un o d e d io s es
e vid en tem en te un lego , o tro está tonsurado, e l tercero pu ede ser c lérig o o le go . En e l c ó d ic e his­
toria do d e las Cantigas, son varias las o casion es en q u e se representa a un escriba con sagrad o a la
c op ia d e poesía m añana, tal e s el caso d e la miniatura 56 b, e n q u e un m o n je sentado e n rico sillón
ju n to a un arm arlo d e lib ro s está e sc rib ien d o salm os a la V irgen , au n cuando, segú n o y ó con tar
Alfon so, e l tal m o n je «sa bía le er p o c o ».
En otra m iniatura (156 a), un c lérig o está sob re un atril o cu p a d o en escrib ir loores d e S an ­
ta M aría; lo m ás curioso d e esta representación es q u e sob re el rollo en q u e está escrib ien d o se lee:
«V IC T R IX FO R T U N A E PAC1ENTIA D. AN D R E S ». Sin dud a esta inscripción n o s guarda el recu er­
d o d e quien, e n circunstancias parejas, estaba m in ian d o d c ó d ic e alfonsí.
P o r su parte, e l pro p io texto d e las Cantigas n o s da ta m b ién algún otro n o m b re d e escriba
y m iniaturista, l a C antiga 375 cuenta cóm o, en .Sevilla, la V irgen san ó el cab allo d e un escribano
d e l re y A lfo n so : sob re este escrib an o, q u e la C antiga n o s d ic c s e lla m ó B on am ic, te n em os otras
referencias <im ) q u e n os lo docu m en ta n al servicio d el R ey e n Junio d e 1275.
1.a C antiga 377 trata d e un tal P ed ro I.ourenpo q u e «o s Uvros -d e Santa M an a- 1 pintava ben
e agina. I assi qu e m u itos outros / d e saber pintar ven gia » y al q u e la V irgen ayuda frente a sus c o n ­
trarios q u e q u ieren d em o ra r la m erced q u e d Rey le h izo d o m e d ia escribanía e n Villa Real oís».
P ero sin dud a la m ás precisa noticia n os la da e l c op ista d el c ó d ic e Rscurlalensc b.12, que
e n el fo lio 361 v, tras haber c op iad o las 417 cantigas, escrib ió: «V irge n bien aventurada I sey d e mi
rem em brad a -John C u n d is a lv i-» A lo q u e s igu e un a rúbrica.
1114) Véase A. Ballesteros.
Sevilla en el siglo mu. p. T a m b ié n es m u y e xp líc ita la ju s c r lp d ó n d el c ó d ic e V atica n o d e la G en eral Estaría (IV
caxxxvni. p a ite ) q u e d ice: «E ste Ubro fue acab ad o en la era d e m il e trecien tos e diz.locho años, fin este añ o
1115) J. Filgw id ValverO?,
Pedro Lourenzo pintor de y o M artin P é re z d e M a q u ed a escrivan o d e lo s lib ro s d el m u y n o b le rey d o n A lfo n s o e sc riv i este
AUonsoX.
lib ro con otro s m is escrivanos q u e tenia por su m a n d a d o » iirn. Por esta suscrip ción n o só lo ven i­
(1t6>UcWft«lat539.
(117) f «u e la Ftpjñola cq m o s en c o n o d m ic n to d e u n n o m b re m ás e n la n ó m in a d e l escrito rio a lfo n sí sin o q u e ta m b ién se
Arqueología e Historia «n
Rohm, J.PijoM Miniaturas nos d ic e exp lícitam en te qu e e l q u e suscribe e l c ó d ic e es ca b ez a d e un e q u ip a d e escribas; y c o m o
esoaMas en manuscritos de qu iera q u e e l c ód ic e V atican o suscrito p o r M artín P ére z tien e Ilustraciones, y c o m o estas Ilustra­
la BJfoYo/ecJ VafÁcana. C w
trabaja a 15 cion es son sim ilares, en parte, a las d e los cód ices historiados de las Cantigas, y en parte a las de
M AÍJUSCRITOS AI.FONSÍKS

lo s m úsicos, p arece fácil suponer q u e e se M artín P ére z fuese uno de lo s m aestros q u e trabajaron
e n otras obras d e la e sc u d a alfonsí.
A lo s n o m b res an terio res aú n p o d ría m o s añ a dir el d e Johan Pérez, p in to r d el Rey, q u e en
s ep tiem b re dn 1261 vivía delante d e la Catedral sevillana om» . y P ed ro d e P am p lo n a qu e «escrib ió
y p intó para u so d el rey d on A lfo n so el Sabio la Biblia en d os to m o s y en vitela fina q u e existe c o n
o u o s p recio so s cód ices e n la b ib lio te c a d e la Catedral d e Sevilla... e n la ültlnia h oja d e l segu n do
to m o h ay esta inscripción : l lic liber expletus est: sit p e r saecula laetus Scrlptor. G rata dies sit sibi.
Sitq u e q u ies S criptor lau dator scripto. P etm sq u e v oc a tu r P am p ilonen sis. FJ lau ssit. H o n o r q u e
D e io » ).
Según D o m ín g u e z B ord ona (O © es la Biblia legad a p o r A lfo n so X a su h ijo S an cho IV y p or
éste a la Catedral d e Sevilla, pero q u e h o y se halla en la B iblioteca C olom b ina .
A s i que en toral c o n o c em o s siete nom bres d e lo s qu e e n el escrito rio a lfo n sí trabajaron en
la c on fec c ión d e los c ód ices regios:

D. An d rés firm a la m iniatura 156 a.


P ed ro d e Lorenzo, q u e pintab a bien y deprisa lo s libros d e Santa M aría.
Bonam ic, escrib an o d el R ey en Sevilla.
Juan G o n zá le z suscribe e l c ó d ic e escurlalw ise b. 1.2.
M artín e z P ére z d e M a q u ed a suscrib e c o n o tro s escribas el c ó d ic e V atica n o d e la G en eral
Esroria; tal v e z será e l m is m o G arcía P é re z d e T o le d o «n o ta rio d e la fro n tera e d e la
An d n luzía» q u e con firm a un d o c u m en to e n 1254 <1211
Juan Pérez, pintor d el R e y e n Sevilla.
P ed ro d e P am p lona, escriba y p in to r d e una b ib lia alfonsí.

C in c o d e esos nom h res son castiza m en te hispanos. C u atro d e éstos son lo s q u e testifican
m ás exp lícitam en te h a b er irabajudo en cód ic es alfonsíes. I). Andrés p u e d e ser ta m b ién español,
m ien tras B o n am ic e s n o m b re p ro ven zal, o a l m e n o s catalán, m u y usado en tre juglares. Junto a
ello s p o d ría m o s ta m b ién in clu ir algu n o s d e lo s m u ch os escrib an o s q u e figuran e n la c o le c ció n
diplom á tica d e A lfo n so X, v arios d e lo s cuales in du da blem en te trabajarían e n los c ó d ic e *
P o r m o tiv o s q u e a q u í se aluden d e b e m o s p en s ar q u e en tre lo s m iniaturistas alfo n síe s n o
d eb ió h ab er clérigos.

(118) A. Bdllmteim, Sewíü « 1


p<ajtío XI/. documerfo a ° tS
(119) Cftán BcrmikJeí, fítap-
narro, tono IV, po. <1-42.
(120) Manuscrito* con pintu­
ra;, n.» t715.
(121) AfcvrWBVHWítorn I p 29

•49
SI
La vida de Alfonso

INTENTEMOS DEJAR UN POCO A L MARGEN


tés p o r la b elleza d e las im ágen es, procu ran do m ás b ien o ir lo qu e esas im á gen es nos dicen , p o r­
q u e soju zgados hasta h o y p o r una supervalorízactón d e una cultu ra esen cia lm en te verb al, n o nos
resulta fácil le er lo q u e aquellas im á gen e s d ecían en su tie m p o ¡t gen tes q u e s e c om u n ica ba n do
e sa form a visual. *
En cód ices tan profu sam ente ilustrados c o m o s on los alfonsíes, n o p od ían faltar miniaturas
q u e narrasen aspectos m u y diversos d e la vida d el p ro p io Rey. G rá ficam en te n os ilusiran y d oc u ­
m entan esp ecialm en te sob re la form a en qu e A lfon so X estaba presente en su obra, y en este aspec­
to las miniaturas más abundantes son las q u e nos lo presentan entre sus colaboradores. Pero jun­ Manto de Femando III
con que fue enterrado
to a ellas figuran tam bién las escenas q u e evo can la v id a cotidiana d d Rey, asi c o m o una serie de
en Sevilla. Castillos de
p eq u e ñ o s sucesos an ecd óticos tndos ellos llenos, c o m o verem os, d e in m en so v a lo r docum ental. oro en campo blanco,
cenefa con atauriques
de Upoalmoharir
L A S R O P A S D E L REY
S obre d valo r d ocum en tal d e la miniatura alfonsí, un o d e los capítulos más asom brosam ente c o m ­
p robables e s el qu e se refiere a sus ropas. F.n e l tex to d e las Partidas se trata d e la im p orta ncia qu e Página anterior:
A lfo n so (C a fe ta l de
se c on ced ía a las vestiduras reales ai; había telas, p id e s y otra serie de ad orn os reservados a lo s ves­
Bureos, claustro alto).
tid os regio s (2). A lfo n so ap arece represen tado s iem p re revestid o d e telas preciosas, o ro ftes a d o de
a ljó far y piedras c o m o c orresp on d e a las id eas q u e se ten ían sob re la distintiva indu m entaria real
<3>. Pero lo s orpren den te d e la icon o gra fía d e A lfo n so es q u e las ropas c o n q u e ap arece represen ­ 0 ) Partida RtftutoV.leYV
ta do son (estim un ialin en te d ocum en tables, n o en fo r m a genérica, sin o in dividualizante. (2 ) Ordenamiento de Valia-
doltd. 1258, Cortes l.tx 57.
A si te n em o s q u e e n e l L ib r o d e los Juegos m> se pinta al R ey ro d ea d o d e sus c ola bo ra do res (3) C M íq o í 0aocumtntos
del rey Don Sancho, cap. XI,
redactan d o su tratado sob re lo s dados. Viste m a n to y p ie l d e tapicería, y un ajed rezad o d e castillos
pin.
y leon es cu b re todas su* ropas, en form a m u y p arecid a a c o m o lo v em o s en la C antiga 100. n y b. (4) rollo 65 v

-5 1 -
L A ESPAÑA UfcL SKJIA) Xlll LEÍDA EN IMÁGENES

Pues bien, c on ropas idénticas fue sepultando e n Sevlllu Fer­


n ando III is>; un fragm ento d e esc m anto de F em an d o III (42
x 2 5 c m ) fu e e n v ia d o d e s d e S ev illa en 1729 a la C a p illa d e
Palacio en M adrid y h o y se con serva e n la Arm ería Real: los
castillos son de oro sobre un fon do rojo, los leones rojos m a ti­
za d o s d e o ro sob re fon d o b lan co, to d o d io son indicios de
haber estado forrad o de m ana. Se d ijo q u e el R ey vestía p ie l
d e m anga estrecha d e igual tela q u e el m anto.
En miniaturas d e las Cantigas y Lib ro d e los fuegos w
ap arece el R ey d e caza o Jugando a dad os y tablas c o n un
capiello d e tipo cilindrico, c o m o llevan otro s m u chos cab a­
lleros. En el caso d e Alfonso d ca p id lo va d ecorado cotí cuar­
teles altem os d e rastillos y leones. Igual a p arec ió cubierto
Fem an do d e la Cerda cuando en 1944-1916 se abrió su sepul­
c ro d e las H u elga s <r»; ese ca p ie llo , c o n s erva d o h o y e n el
M u seo d e las Huelgas, es un cilin d ro d e 19 cm d e d iám etro,
que. p o r el frente, tien e un a altura d e 15,5 cm y p o r la nuca
baja d os c m más; lleva una am iad ura d e lien/.o y m adera y
se adorn a al e xterior d e riquísim a d ec o ra d ó n heráldica: los
cuarteles d e castillos van h echos por un a lám ina m uy d e l­
gada d e plata q u e qu ed a a la vista en lo q u e figura d casti­
llo. m ientras lo q u e es c am p o se cubre d e granos m u y finos
d e coral, y parejam ente los le ones van figurados c on un b or­
C a p i l lo da Fernando d ad o d e seda ro ja sob re un c am p o d e aljófar b lan co m en u ­
de la C a nia. Huelgas
d o ; lo s castillos s e m a tiza n con a b alo rio s y lo s Icones c on
(Burgui). Casllltui, de
p fe ta co n fo rd o d e h ilo d e p lata y c orale s. P iez a tan exc e p c io n a l p u e d e a y u ­
coral, leones bordado» darnos a imaginar con todo mi esplendor lo que en las m in ia­
en w d a roja, fondo de
turas se representa y al m is m o tiem p o n o s com p ru eb a una
aljófar.
v e z m ás el valor d e p recio so d oc u m en to d e esas pequeñas
pinturas.

Pero, sin duda, cuando qu ed am os más sorpren didos


del v en s m o c on q u e lo s ilum inadores d e la C a n d lle ria regia
pintaron a A lfo n s o es al m irar la m iniatura d el L ib ro d e I o í
(5) ManuelGCowMoreoo,
*#Ve»ai reales sevOaros» en Juegos, en q u e s e represen ta al R ey d irig ie n d o la e la b o r a ­
Archivo M tpubntt (Sevilla. ción d e esa obra <e>. Alfon so, sentado ante sus colaboradores, lleva capa y piel, cubiertas am bas d e
«949U*<poca nú-ns. 27-32.
(6) Cantiga 142 a, c.e: Jue­ círcu los bord a d o s e n q u e c am p ean lieraid lcos castillos y Icones. Y hoy. en su sep u lcro sevillan o,
gos, talles 47 r, 47 v, etc.
e l R ey está aú n e n v u d to en ese m ism o m a nto <9>; sus dos ropas van decoradas c o n oto, plata y seda:
(7) Manuel Gómci-Moreno,
Panteón Real de l?s faenas son círculos d e 8.5 c m d e d iám etro, en q u e van borda dos alternadam ente castillos y leones, y entre
de Bunjoí (KxJr'd. M 6i. fx 94.
(8) Fot» Ir. los circu ios unas h ojas d e traza m u d é ja r la p ie l tien e m anga an ch a q u e llega hasta p o c o m ás a b a ­
(9 ) Manuel Góm*/M¡>reno, jo d d c o d o y p o r d eb ajo salen unas m angas m ás ajustadas, sujetas por b oto n es esférico s d e plata,
«Preseas reales sevillanas»,
en Archhv rfrspa/ensí (Sevi­ lin todo, id en tid ad absoluta con la miniatura.
lla. 19481.
0 0 ) «Das Kaitilische KOniQ-
tum Inder ze«t Alfonsos der EX1BLEMÁT1CA IM P E R IA L E N L A S R O P A S D E A L F O N S O
Woáon». en la fitskhriñ F. £
La id e a d e la realeza qu e tu vo A lfo n so ha s id o estudiada p o r P . E. Schnirnm oa>. p ero n o lo han s id o
STeojeí (Mflnster. 1952), pp.
385 413. un a serie d e docu m en tos gráficos q u e indudablemente* reflejan su aspiración a l Im p erio.

•52-
LA VIDA DE ALFONSO

Alfon so (DaÓM, (olio


65 vi, Viste manto y piol
d* tapicería,
ajfldrezídcs castillos v

Nctasde as pájnas aowntes

(11) A q ^ s y Uses adornan la


cara inferior en el cojín de
Alfonvo (i? lo Corda; ¿quito y
CástSte decoran el ataúd de
Mjría de Arawn: águilas. Ises
y leones en el cojín de Mafal-
da. Pero en todas estas pe­
ías, a más de mezclarse la
hfffítóca suato y aragonesa,
cate dudar do aue lis fmmot
se colocaran con exolfeito
valor embíematlco. Víanse
las roproducctones oe Manuel
Wmeí-More'K», Panteón Real
delasHuelQas.-
<12) Crit/rw, Symtxfc uñó
Wapptn íes alten dsutschen
Reiches, Lc-^wiq 1902.
(13) Ver O rtade ZÚ A^G c-
llonnodeOsma.
(14) Canteas 9 0 a .e.f;l».a.
f. e; 167. te T70 A c.l; 190 * b.
c. 4 e. f; Libro <*?tos Juegos.
foto ir.
(15) Cantiga 265|.
(16) ,VYvrorá<HistóricoEspo-
rtoílt. p. 126.

-53-
LA ESPAÑA DEL SIGLO Xlll LEÍDA EN IMÁGENES

La corona de los
cam afeos (Catedral do
To Ik I o ). Es la corona
con que fue enterrado
Sancho IV. Ocho placa» En el m a n to c o n que A lfo n so está sepultado en Sevilla, un águila b orda da en lo alto ro in p c
con charnetas; sobte
la o rga n izació n g en era l d e lo s círculos; en la C antiga 90 A lfo n so lleva una capa cuajada d e círcu­
cuatro d e eflas, zafiros,
en Kts otras cuatro los c on águilas: en las orlas d e las Cantigas 4 y 15, águilas alternan c o n castillos y Icones; en d capie-
camafeos; según parece llo c o n qu e se cubre el R ey e n la Cantiga 169 b p a re ce q u e escudos acu a rtd ad o s d e caslíllos y le o ­
fue uso en CastHa.
nes alternan c o n águilas; aguilas alternan tam b ién con castillos y leon es en e l c o jín tc rc cro qu e
h ay en la sepultura d e A lfo n so <ra. In d u d ab lem en te tod as estas águilas n o p u e d e n ser sin o un tra­
sunto d e In aspiración im perial. El águila d e un a sola cab eza c o m o e m b le m a im p erial p a re ce q u e

5-1 •
LA VIDA DE ALFONSO

Alfon so (Contigo 9 0 C).


Entre los cfrcutosque
decoran su ropa, al
r antro f tcjuro un águila;
un águila llgura también
en lo alto del manió cotí
que fue sepultado en
Sevilla.

(En la página anterior)

I y 2, Camalóos on la
corona toledana de
talla clásica. Representa
el de la izquierda a
Diusus y el de la
derecha que Juega con
dos coloraciones de la
piedra, figura a Onfafia
que se cubie con lo pld
fu e adoptada p o r Enrique IV (1191-1197), y fue Luis e l Bdvaro (1313-1347) qu ien in tro d u jo la figu ­ del León de Nemea.
ra bicéfala corn o e m b lem a en q u e s e sum aban dos águilas (R ey d e R om an os y E m perador) az>. Ninguno razón especial
para que los friuras
A m ás d el m a n to con qu e en Sevilla está sep u ltad o A lfo n so , e l R ey usó en otras o ca sio n es
representadas sean de
vanas el b lasón d el águila suaba q u e era e l d e Beatriz, su m a dre o » . tales o cuales
Hay o tro asp ecto d e las ropas d e A lfo n so qu e tien e tam b ién in du da ble relación con la idea personajes, el camafeo
tenía valor de por sí. Se
im p erial. M e le fie r o a la o rd en ació n e m b le m á tic a e n círculos. C o n ropas decorad as c o n circu io s reproducen aquí
en q u e c a m p ea n águilas, le o n e s o castillos, figura A lfo n s o en d iversas oca sio n e s «4), c o n ropas ampliados tres
diámetros.
cubiertas d e em blem a s circulares se representa al em pera do r Constantino e l Iconoclasta <is>: recor­
d em o s q u e Enrique V II ( l 309-1313) está figurado en su sepulm ra pitañ a c on un m a n to reca m ad o 3 V 4 Camafeos
d e circu ios en qu e cam|>ean águilas d e una s ola cab eza; igual v em o s en la llam ad a D alm ática d e stauf icos en la corana
de Sancho IV. tal vez
las Aguilas qu e s e con serva en N u re m b c rg y qu e p arece ya fue usada p o r Luis IV e l Bávarn (1313-
tallas suriláilcas. Según
1347); la llam ada D alm ática d e los leon es, h o y e n e l T es o ro d é la catedral d e I lalbcrstadt. encierra creció el gusto por
tam b ién lo s e m b le m a s e n círculos. adornar con camafeos,
ccronas, em ees y otras
D e to d o lo anterior resulta evid en te q u e para Alfon so la em blem ática circular tenía una indu­
piezas de orfebrería
dab le relación c on e l Im p e rio y q u e tal v e z e l b a b e i s id o en terrad o con las ropas qu e h em os visto progresó la Industria de
fue un ú ltim o tributo a sus aspiraciones, ren did o p o r sus allegados. C u an do m en os, las vestiduras la talla glíptica tunta
llegar un dio, en el
c o n q u e fu e sepultado sirven p ara testim on iar el verism o d e las m iniaturas alfonsíes. quinientos, en que las
gorras a la moda tenían
que llevar camafeos.
L A C O R O N A DE LO S C A M A F E O S
A lfo n s o X e n su testam en to d e 2 1 d e e n e ro d e 1284 r»> dice: « e las c o ro n a s (e n plural en las tres
c op ias) c o n las pied ras e los cam afeos... q u e lo haya to d o aquel q u e c o n d ere c h o p o r n o s h ered a­
se nuestro señ orío m a yo r d e C astilla y L e ó n ».
En 1948. bu sca n d o e n las in m e d ia cio n es d el altar m a y o r d e la cated ral d e T o le d o los res­
tos d e Sancho II d e Portugal, m u erto e n e l destierro, se h alló un e n terram ien to real q u e p o r a fo r­
tu n ada d estin o s e había lib rad o d e l pillaje c o m u n ero y n ap o leó n ico , y q u e resu ltó ser e l d e San -
c h o IV d e Castilla. A llí a p arec ió u n a coron a form a d a p o r o c h o placas d e p lata unidas p o r c h a r­
nelas, en la parte alta o c h o castillas h eráldicos; cuatro d e estas placas lleva n en su cen tro sendos
gra n d e s za fir o s sin tallar, y las c u a tro otras placas q u e altern a n c o n las an terio re s se ad o rn an
c o n cu a tro cam a fe o s d e un as 28 m m d e alto. D esp u és d e d iversas con sultas, d e c id í recu rrir al

-55-
LA ESTAÑA D a SIGLO XII! LEÍDA EN IMAGENES

con s ejo d el d o c to r W ilh c lm G rilnhugen, qu e am a b lem e n ­


te m e d io su d o c u m en ta d o y ra zo n ad o p arecer. Según él,
d os serian d e é p o c a rom ana im p erial y dos staúficos o suri-
t¡Micos; d e lo s d o s clá s ico s , e n u n o d e e llo s id e n tific o un
buen telrato d e Drusus M ina r; en el otro cam afeo d e m edia­
d o s d d s igla p rim e ro d e nuestra e ra id en tific a a la m ítica
rein a O n falia.
P arece qu e e l uso d e cam a fe o s en coron a s castella­
nas n o acaba c o n la d e Sancho IV, pues e n e l testam ento de
D o n P ed ro, o to rga d o en Sevilla e l 1 d e n o vie m b re d e 1362,
se dice: «o tro s í m a n d o a la dich a infanta d oñ a C o n stan za
m i fija, la c oron a qu e fu e d el rey m ío pudre... en q ’estan los
cam a feos».

O T R A S P R E N D A S C O N S E R V A D A S DE A L F O N S O
En su ataúd, e l R ey con serva otras piezas a m ás d e las d es ­
critas. Especialm ente son interesantes los guantes, la lim o s­
nera y el capiello.

la s luvas o guantes son de pun to d e seda, con un aje­


d rez a d o d e castillos y leones, y tien en la particu laridad de
qu e los d ed o s están ab iertos p or la punta, c o m o su c ed e en
los qu e h o y llam am os m iton es. 1.a m in iatura alfon sí m inea
representa al R ey c on gu antes c o m o esos; so la m en te se le
h an p intad o guantes cuan d o s e le muestra cazan do c o n sus
Alfonso barbado h alconeros tm, p ero en ton ces lo s Ucvn sin em b lem a n in gu n o y e n to d o iguales a los d e lo s dem ás
(Juegos 47 v) con
cazadores.
capiello cilindrico con
cuarteles de castillos y La lim osnera es d e tapicería c on cuarteles d e castillos y leon es: v a forrada d e una sarga b ri­
leones. llante y lleva unas trabillas p o r m edio d e las cuales se colgaba d el cinto. El m o d o c o m o se Ueva q u e ­
da grá ficam en te ilustrado p o r m u chas miniaturas d e las Cantigas, aun cuan d o n o se trate nunca
d el pro pio Rey.

El cap iello c on q u e está sepultado A lfon so n o es d e tip o cilindrico, sin o m ás bien tron cocó-
nico, m o d elo ta m b ién frecuente en tre caballeros d e su corte. T éc n ica m en te está h ec h o d e form a
sim ilar al q u e ya h e m o s d escrito c o m o d e Fern an do de la Cerda; e l de A lfon so lleva a sim ism o una
arm adura d e lie n z o y va cu b ierto p o r chapitas d e plata dorada so b re la q u e una multitud d e gra­
n os d e aljófar só lo d eja al descu bierto d ob le s cruces distribuidas d e form a q u e e l fo n d o d e perlas
traza esvásticas, to d o e llo rebo rd ead o p o r granos d e coral y abalorios azule* tw>.

L A S B A R R A S DEL REY

En esa alternan te m o d a a q u e lo s h o m b res están som etid o s , d e deja rse o ra pa rse la barba, nos
en co n tra m o s c o n q u e tras d e una época barbuda represen tada por A lfo n so VIH, v in o la m o d a de

(17) Cantiga M2, afeitarse la barba. A lfo n s o V III figura con barba en el T u m b o M e n o r d e Castilla tw> y e n la escultu­
(10) Pdid totfo esto véase ra q u e va sob re un o d e los hastiales d e su s ep ulcro d e las Huelgas. F em an d o III, p o r el con trario,
ManuelCónwMorem«Pre­
stas sevillanas» (Sevilla, figura sin barba en su d ob la d e oro y en la escultura d e la catedral d e Burgos.
19481
A lfo n so a p a rec e casi siem p re sin barba. F.n su tie m p o In clu so las cortes, c o m o v ere m o s ,
(19) Arcrtvo hiuóixo Nacto-
rutf. Modrta prohib ieron llevar barba cum p lida a los cristianos. Pero la miniatura qu e ilustra la T ab la d d lu ifjl-

56
LA VIDA CC ALFONSO

La Gran R econ q u ista


• afillmn

Akir» <4
ftequena 39
v«i«nct* ja
AW«r-jfo MJ
BurUn» 33
Caüriiifa 13
Ar** 33
PaRItccU 33

La Qran Reconquista
El mapa, « i su gran
simplicidad pone ante
los o p a el cambio que
se gcík>encima: amplias
fierras del sureste ron
el trasvase de población
que evidencia e í mapa
de ahaja

Repoblación do
Sevilla. Orqen de los
nuevos pobfewores
según repartimiento
publicado por J.
González.
LA ESPAÑA DEL SIGLO Xlll LEÍDA EN IMÁGENES

Alfonso ante la virgen


(Cantiga 1201. Un grupo
de músicos interpreto
una ca n ica de danza.
Tres hombres
enlazados por las
m.ino% batían. El qi upo
instrumental lo forman
un medio can oa un
canon, una dulcemo,
una zampona y una
vihuela d e arco, Alfonso
expresivamente dire ser
c4 autor.

d a r io (20) represen ta a l R ey c o n una barba rala y corta lo m is m o su c ed e e n la m in iatura prim era


d e I ib m d e fas fuegos y en algunas otras d e d ich o Libro.
S ancho IV lleva uno p eq u e ñ a barba e n e l doc u m en to ro d a d o d e 1285 (2t> y en la miniatura
q u e e n la C rón ica G en eral le representa 122*.
P or to d o lo apuntado resulta e vid en te qu e aun cuan d o p o r m od a y p o r p recepto se afeitaron
los c on tem p o rá n e o s d e A lfo n so X. al final d e su vida c o m e n z ó a ser m o d a en la corte deja rse una
peq u eña barba, m o d a q u e s e continuó en S a n d io I V y qu e acab ó en las francas barbas d et sigloXIV.

El. R EY E N S U S D IV E R S A S A C T IV ID A D E S
(20) ti tK o riV ni.16.
(21) Aretao Mitifico Naoo- l a representación e n form a genérica d e Alfon so c o m o rey abunda en las miniaturas, pero h ay o c a ­
nal Madrid. s ion es particu larizad as q u e tien en m ás in terés. Así, p o r e je m p lo , cu an d o n o s lo presentan re c i­
(22) El Escoria Y.L4, tofto23.
(23) CanDjo 97, e. b ien d o un co rreo i23>, o d an do audiencia a una em ba jad a d e n otables m oros m urcianos (24), o reci­
(24) Cantiga 169. b
(25) Cantiga 235. b. b ien d o e l h o m en a je d e sus súbditos despu és d e h ab er id o a entrevistarse c on el Papa G re go rio X
(2 6) Libro de los Juegos. (1275) (25).
(crios 47 r.47v, etc. folio Iv.
(27)C¿ntk)al42,a.c,e. O tros gru pos d e miniaturas nos ilustran la v id a privada d el Rey. A llí le vem os jugan do al a je ­
(28) Cantoa 120.a.
d rez o a las tablas en com p a ñ ía d e cortesanos, dam as o m u jeres m oras ato. En otras m iniaturas
(29)C.int<g/i23S,a.
(30) Cantiga 209, d. ap arece c a za n d o c on un halcón (27). N o p od ía faltar la serie q u e n os lo presenta c o m o d e v o to d e
(31) British Museunx Londres
la Virgen. May tam b ién un a curiosa m in iatura q u e nos m uestra a A lfo n so prep arán dose a salir d e
AdA 20787, folio 1v.
(32) £1Escorial Y.L2, f dio1v. Sevilla, gu ard an d o en un cofre to d o s los relicarios d e q u e era p oseed o r. I.as m iniaturas q u e Ilus­
(33) Vaticano. Urb. laL 539.
(olio 2 v. tran las c a n tiga s d e l lo o r, can tiga s faltas d e c o n te n id o narrativo, suelen presentar a l R ey c orn o
(34) E Esconal T U tollo 5 r. d ev o to , en o ca sio n es h acien d o in terpretar an te la V irgen las cantigas q u e él m is m o d ic e grá fica­
(35) EICv:wtolh.l.16yh.L1&
(36) El Escorial txla, fo lio » r m e n te h ab er com p u es to «8>.

- W-
LA VIDA DE ALFONSO

■tf-irtftftqv lli ^ tu n jw r jn n r t» r.tm irf n <1 n c n q i

ifi*m.*.»i*:in».*lii>;o ívfiviiT i i lla p fc ro u f o le t a to n .

N o falla ta m p o c o e l re cu erd o d e sus g ra ve s e n fe rm e d a d e s (29), o in clu so d e a q u el sim p le El R ey enferm o


(Cantiga 209). Alfonso
d o lo r q u e los Rsicos d e la corte qu erían aliviar c on pañ os calientes y él p refirió curar c o lo c a n d o
nos cuenta en primera
sob re su cu e rp o e l c ó d ic e d e las C atiíi^ax <jo>. persona como
hallándose en Vitoria
(1276) «in e cogió un tal
E L R EY Y SUS C O L A B O R A D O R E S
dolor q o e pensé era
Sin dud a la m ás sintética y sugestiva v isió n d e c ó m o trabajaron las escuelas alfon síes n os la d an modal... tas I h k m me
las m iniaturas iniciales d e los c ód ices reglas. mandaron poner p ak n

Conservarnos c in c o d e éstos, q u e con tien e n s iete m iniaturas d e esp ecial interés:


quise hacer sino que
L - Pa rtid a Prim era , c ó d ic e le ch a d o d e 1256 a 1265 eso. El R e)’ en un escañ o d ictan d o a tres mandé traer e l libro (de
c ola bo ra do res sentados en e l suelo, u n o c on cap iello, d o s descubiertos. la* cantigas]., y o
pusieron sobre el dotar*,'
2 .- C rón ica G en era ld e Lsfjufta (m in iatu ra m u y borrosa), em p e za d a p o c o despu és d e 1270
Inmediatamente e l dotar
<32i. Baja tres arcos, d R ey y num erosos colaboradores d istribuidos e n cuatro grupos y en d os p ia­ cesó. En la primera
nos, caballeros, clérigos, letrados. miniatura el Rey
doliente, un servidor con
3. - G ran de e G en eral listona, m anu scrito fec h a d o e n 1280 03). C in c o intercolu m n ios alb er­ un abanico de plumas de
gan al K ey e n su tron o y a o d i o colaboradores, caballeros, clérigos y escribas c on sus rollos de papel pavo real espanta las
moscas, los físicos baen
y sus tinteros.
paños calientes, varios
4 .- Cantigas cu y El Rey entre sus colaboradores: d érig os , ««c rib a s y juglares. cortesanos lloran; en la
5 .- la p id a r io © a , c ó d ic e e m p e za d o en 1276, acab ad o en 1279. El R ey h a c ien d o una o b ser­ siguiente escena ol Rey
t inoe sobre la cama el
v a c ió n sob re un libro q u e le presentan, y e l R e)' d ictan do a dos am anuenses.
lavo y, ya curado, todos
6 - (A m ig a s , c ó d ic e p os te rio r a 1279 (36). F.I R ey en tre d o c e d e sus c ola b o ra d o re s : c a b a lle ­ dan oradas.
ros, d é rig o s , escribas y juglares.
LA ESPAÑA DEL S O LO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

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Cantigas (Escorial T. 1 7 .- Ajedrez. Dados y Tablas, có d ic e e m p e za d o y a c ab ad o en Sevilla, añ o 1283 (37). El R ey y


I, lolio /.)- finiré escribas sus colaboradores ajedrecistas; ircs copistas e n sus pupitres; el Key y lo s q u e intervienen en d l i b i o
cuatro de ello? con
rcilkn en sus mane». d e los Doctos; A lfo n so y los colaboradores q u e tu vo para el U b r o d e las Tablas.
Alfonso exhibe otro D e los siete c ód ic es seis son d el segu n do perio d o alfonsi, es decir, qu e fueron e jecu tad os a
rollo en que pueden
lo largo d e los qu in ce últim os artos d el rein ad o d e A lfo n so X. ¿ p o ca d e m ás personal colaboración
leerse las primeras
palabras de la cantiga c on sus escuelas, l o s siete c ód ices se escribieron e ilustraron cu la cám ara real, y p o r e s o creo q u e
prólogo: «Porq u e Motor las represen tacion es gráficas aludidas tien en in du da ble valor docum ental.
h cosa en que ja;
Al R ey s e le representa siem pre presidiendo la reunión; a v eces sem eja estar discutiendo con
entendimiento poren
(|ueno Ia i a o d 'a ve r_». sus cola b o ra d o re s u n , p ero en la m a yo r parte, los casos ap arece d irigié n d o se a sus am anuenses
<3«). En los d os m anuscritos d e las Cantigas y e n el d e la G en end l-storia A lfo n so tien e en la m a n o
un lib ro d e consulta.
(37> t i Escoria! TJ.6. tolios l l o s am anuenses, atentos a la palabra d el Bey. se hallan sentados y tienen en las m a n o s tiras
r. 1 v,65v,72v.
(38) D tínka General d e papel o p ergam in o sin form ar cuaderno; escriben só lo valién d ose d e la pluma, la m a n o izquier­
(39) Cenonl Citóos, Canti­ d a la tien en ocu p a d a e n sostener el p ap el y n o usan d e ra sp ad or p orqu e sus escritos serán m eros
ga! 7 v a. Ajedrez. Dados v
Tíbüs. instrum entos d e trabajo, n o exh ibicion es caligráficas.
LA VIDA DE ALFONSO

1
% c m t r . l u d i r . c a i r o U \ t a n t< \ ),\ v \ n c

D e en tre lo s am an uen ses los h ay tonsurados, c o m o algun os d e lo s q u e figu ra n en am b o s Libro de los Juegos
(Folia I rX Alfonso,
c ód ic es d e las Cantigas y en e l d e la G eneral Estoria; lo s h ay ta m b ién intonsos, c o m o s on otro s d e
sentado en un escafo,
eso s mLsmos m anu scritos y e s p e c ia lm e n te lo s re p resen tad os en lo s L ib ro s d e Ajedrez. Dadus y dicta a un escribo,
Tablas, cosa bien exp licab le p o r cierto. mientras dos caballeros
senlaiias en
F.n las miniaturas dp Dados y Tablas se representa, al la d o d d respectivo am anuense, la figu­
ra d e o tr o c ola b o ra d o r sem ejan te, q u e p a re ce in te rv en ir con ju n ta m e n te c o n el R ey en lo q u e el
escriba hace.
Ya qu ed a reseñado c ó m o en el fo lio 1 v d el U b r o d e tos Juegos hay una miniatura cu q u e flgu •
ran tres copistas trabajando. P o r d iferencia c on los am anuenses ya descritos, estos copistas están
sen tados en altos escaftos, y to d o s tres tien en sus p ies repo san d o sob re escabeles.
Las hojas d e lo s c ó d ic e s descan san en a ltes atriles; d o s cop istas esc rib en ayu d án do se de
cuchillos cort cuya punta sostien en prensada la re b e ld e Itoja d e pergam in o; o tra s v eces e l cu ch i­
llo lo usarían, naturalm ente, d e raspador; e l cop ista d e l centro, mientras, p arece ten er un com pás
en la m ano. U n o d e ello s cu b re su c ab eza c o n capirote, otro lleva to nsura y al tercero se le rep re­
senta intonso.
Entre los oíros colaboradores q u e rodean al R ey pueden distinguirse clérigos, letrados, caba­
lleros, m úsicos y tahúres; d e ellos serían traductores, d e elios c om p ila d o res o m eros inform adores.
LA ESPAÑA DEL SIGLO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

Cantigas (Escorial b. 1 1). Códice de los músicos. Allonso entre escribas, clérigos, caballeros y músicos.
Miniatura con fondo escaqueado, como el de oirás miniaturas de este códice y las del de la Crónico
General. Los músicos visten ricos pellotes orfresados, ios Instrumentos que tocan se adornan con
riqueza.

Cantigas /Escorial T. i. I, lol. 5 r). Allonso. en cámara encortinada, preside a sus colaboradores; el roy
tione un libro sobro <Hatril, a la derecha cuatro clérigos tonsurados consultan otro libro, mientras dos
amanuenses tienen rollos en los que hay escrito un texto: los músicos de la izquierda parecen estar
afinando sus instrumentos.

-62-
LA VIDA l ) t ALFONSO

Clérigos figuran e n la G en eral ti*to n a y e n las Cantigas s o n e sp ecialm en te num erosos. U n o Jueqos d« dados (folio
65 r i Entre los
d e l m anu scrito Escorial b. L 2, está s en ta do c on su ltan do un libro: en o tro m anu scrito d e las C an­
informante? ya no hay
tigas p od em os ver un gru po de clérigos q u e en p ie discuten en to m o a un c ód ice sob re el q u e todos caballeros sino tahúres
p on en la m ano. N in gú n ton surado figura en tre los cola bora dores d e Ajedrez, Dados n i Tablas. desarrapados con
quienes habla un
La m in iatura c orresp on d ien te al L ib ro d e los D a d os n os p resenta a la izq u ie rd a d e l R ey un
posible maese Rnklán.
person aje c on c a p iello y traje talar q u e se d irig e a unos tahúres m e d io desnudos; bien p od e m o s
im a gin ar q u e éste sea el M aestre Holdán. d q u e s iete añ o s atrás, p o r e n c a rgo d e A lfo n so , bah ía
internado con su fu ero p o n e r o rd en en las tufurerias estab lecien d o san cion es c on tra las trápalas
d e sem ejan te gentuza, labor q u e todavía recuerda, más de m e d io siglo después, nuestro Arcipreste
d e H ita <40).
C aballeros son e n su m ayoria los q u e rod ea n al R ey en la C rón ica G eneral, cosa bien justifi­
cada si pen sam os en el valo r form ativo q u e A lfo n so asign a n la I listoriu en la v id a d e un caballero.
D e e llo s h ay ta m b ién un gru p o c o m p a c to b ajo un o d e lo s arcos d d m a nu scrito Escorial b.1.2, y
aparecen asim ism o caballeros en la G en eral lis to n a y e n los Libras d e l A jedrez y Tablas. T o d o s e llo s
llevan capas en cuyas «cu erd a s» fijan m u chos sus m anos, según actitud m u y d e la época; algunos

-61-
LA ESPAÑA DEL SIGLO XII! LEÍDA EN IMÁGENES

d e ello s van tocad os, o tro s n o ; algunos s e sientan en csca-


ños, si b ien siem p re m ás b ajos q u e el Rey.
F.n e l U b r o d e tos lia d o s n o figura ningún caballero,
oosa com p re n sib le d ad o el mol c o n c e p to q u e el R ey ten ía
d e tal juego; re co rd e m o s q u e A lfo n s o XI h u b o d e estatuir
.in q u e cu alq u ier cab allero d e la Banda «q u e lo s ju gaie... qu e!
tiren el s u eldo d e u n m e s» c4n, lo cual n o im p id e q u e e n las
miniaturas siguientes d el libro, cuando ya n o a|Kireccn ju n ­
to a A lfo n so , se re p res en te a d ive rs os c ab allero s q u e a los
dados juegan sus armas y sus cabalgaduras, hechos para los
*2 y c q u e e l R ey reservan pen as m áxim as <42).
Nal uial mente, en una obra c om o las Gut/igr», en que
A je In música tien e tanta im|>ortancia. no pod ían d eja r d e llgu-
p ¿i rar juglares. Parejas d e ello s n o s o fr e c e e l m a nu scrito d el
E scorial b.L2. m ien tras en el T . L I to d o s s e agru p an e n ol
* m ism o in tercolu m n io.
P or su parte el U b r o de los ¡Jados, si p or un lad o exdu-
y e a lo s caballeros, p o r o tro d eja entrar un gru po d e osados
r.«>, y tem erosos tah úies q u e nuestro M aestre Roldan se encar-
■, a ga d e m anten er a raya.
n ji En resum en, las m iniaturas d e los cód ices regios ñus
ofrec en una vivid a y v e ro s ím il im a gen d e lo qu e fue a q u e ­
lla colaboración p on en to sa entre gentes tan diversas, cnca-
^ minada a fines tan distintos y d e cuya obra bien pu ede decir­
se qu e A lfon so sea el autor, jiues c o m o en verdad d ice el tex­
Homenaje (líb e r to q u e S d a lin d e sugestivam ente d esglosó d e la G en eral Estaría. «E l R ey faze un lib io , n o n p o r queJ
Fptjrfrn/m Ceritanae). escriva c o n sus m anos, m as p orqu e c o m p o n e la » razon es déL e las e m ien d a e yegua e e n d e r e z a ,
F.I vasallo arrodillada
coloca las manos jimias e muestra la m anera d e c ó m o se d even facer, e d esí escrtvelas qu i 61 m anda, p ero d ezltuos p o r esta
pnlre las de su sefior. D razón qu e él faze e l lib io ».
vinculo vasdlálico se
concertaba en Casilla y
Aragón a veces B U E N O S Y M A L O S US O S C O R T E S A N O S
mediante el «hom enaje A l n u e vo rey s e le h o n rab a « d e fe c h o b esán d ole el p ie e t la m a n o e n c o n o s clm ie n to d e señ o río "
(Je m ano», rito (raneo
<43>. P ero a m ás d e esta solem n e ocasión inicial, «besar d eb e la m a n o e t vasallo al s eñ o r qu an d o se
de la mezcla de las
mano? del señor y del face su vasallo... o aú n lo d eb e facer qu an dol faze « v a l l e r o — e s o m esm o d eb e fazer qu an d o se d es ­
vasallo. p idiere dél... e aú n gcla deb en besar cad a qu e éi va d e un logar u o tro c le salen a rescibir, et cada

(41» Papeles Históricos tne q u e v in ieren d e n u e vo a su casa o se quitaren d é l para ir a otra parte, et qu an d o les p ro m etiere de
ditos, pp. 34-35. fazer bien et m e rc e d » (44). A c o rd e c o n estas norm as, la m iniatura n os m uestra a una buena m u jer
(42) La cmIuKkc <Je
e» caballero iu» armas 0?b¿i b esan d o la m a n o d e un re y q u e lle g a para alojarse e n casa d e e lla (4s>: ta m b ién p o d e m o s v e r a los
terer lar<ja historia y ser virio
vasallos castellan os d e A lfo n so X b es á n d o le la m a n o c o n o ca sió n d e su via je e n p reten s ió n d el
cifumSdo. U C/órita de t344.
en su capitulo 4J8. cuenta Im p e rio i46>.
céo», a irse a entregar San­
cho II y Cerda frente a San N o faltan ta m p o c o las o casion es e n q u e lo s ju d ío s besan e l p ie d d E m p e ra d o r en solicim d
tarem. ArvJf HAíto de V<na- d e un gran fa v or <47i, o a q u e lla otra en qu e un buen súb dito d e l rey besa d p ie d e su señ or a l ser
ya se presenta a Sancho con­
fesando hjOer perdido en el p erd o n ad o tras un a grave y falsa acusación m b >.
juego su caballo y armas y A más d el besar la m ano, había otra im p orta nte m uestra d e h o m en a je o pro m esa s o le m n e
pide le den otra» pal aeotrsr
en la lid. «lu ra r d eb en lo s oficiales... fincan d o lo s h in ojo s an ie l rey e l p o n ie n d o las m anos entre las suyas...

-6 4 -
LA VIDA I1E ALfO NSO

ct d espu és q u e d csta guisa h o h lc rc n jurado, d eb e envestir


a cad a un o d e su o fic io » <49x 1.a c ere m o n ia la v a n o s repeti­
d am e n te figurada en d Líb e r F e u d o ru m C erita n ia etso), y a
esa c ere m o n ia alu de el p oe m a d e Rod rigo cuando dice: «et
fcc ieron la ju ra en las m anos, e o m e n a je 1c oto rga ro n » «so,
y el d e l e m á n G o n zá le z cu an d o dice: •p leito e o m e n a je en
m i m a n o fared es» (52).

SALU D O
lil C k i besa al rey en la m a n o en señal d e am istad. Saludar
e ra esen cia lm en te besat, ya q u e e l siglo XI las Glosas Siten -
xes m i o sctilu m lo exp lican «a «a h ita re » «mi.
Los in orus e sp añ o le* ten ían por costu m b re besarse
en e l h o m b ro. A si en la C rón ica G en eral se d ice a un m e n ­
s ajero d e l rey d e Fersia «q u e l besare en e l o m b ro , segunt la
c os tu m b re d e lo s m o ro s » o-u. Y asi s e saludan u n a lc a id e
m o ro y oü u cristiano: son am igos y se encuentran en la fron­
tera. sin des m o n ta rse abrazan y hacen ad em án d e besarse T ras la renuncia : Cantiga 235 b >. Tras la pretensión mperlal en el
Concito de Lyon y convaleciente de una torga enfermedad. Alfonso
e n e l h o m b ro tssn
entra de nuevo en su reino; sus vasallos te salen al encuentro para
besar su ruano, todos montan mulus con cascabeles y «s ie n
M E ZC LA D O R E S laboreos y «¿amachas, según uso propio de cambantes. Ai fonda,
gente de armas. La abundancia de pendones da idea de lo
U n a con stante am en aza e n las cortes m edievales la con sti­
importancia do ambos grupos.
tuían los delatores, q u e sem braban con tinu am en te el rece­
lo y la suspicacia e n los p rín cip es p ro p ic io s a o ír tales insi­
dias. le r n a n d o II d e L e ó n fue m u y d a d o a escuchar a e so s en cizañ adores, y e llo trajo un a in te r­
ven ción arm ada d e los castellanos. T an d añina era la o b ra d e los m ezcladores, qu e A lfon so IX h ubo
d e jurar en las C ortes d e L eón di* 1188 q u e h aría p ro b a r la acusación, y si resultase falsa el m e z ­
cla d o ! p ad ecería p en a iso>. N o m e n os d e c in c o «enligas tien en p o r tem a d d a ñ o q u e lo s m e zc la ­
d ores hacían, acusando falsam en te a un b uen vasallo (57), a un priva do d e l c on d e d e T o lo s a <w>, a
un c lérig o an te d prior iS9>. o a un trovad or ante su s eñ o r <60). En todas estas o ca sio n es q u ed a p ro ­ (43) Partida», H. XIII, Wy XX.
(44» Panoa v, til XXV, leyV.
bada la falsedad d d delator, pero en todas ellas d prin cip e creyó in icialm ente la acusación, si bien (45) Cantiga 23, b.
(46) Cantloa 235. b.
s u d e servir d e escarm ien to al sefior, q u e e n una «le las ocasiones p u d o ser d p ro p io A lfo n so X. qu e
(47) Cantío* 27, b.
tras in vestigar d caso d es p rec ió en ad elan te a lo s delatores. P or eso cu an d o d A rcipreste de Hita (48) Cantiga 9?, f.
(49) Panda ¡i, (A. tx. ley xxvl
h ace relación d e las malas cualidades d e su m a n d ad ero, dirá: (50) Archhw de (a Corona <Je
Arag&n
(51) Soflrijo. 714; ffeíjguías,
Era u n m in iro s o , beodo, la d rón e m e a n te r o m . IX278 a.
(52) Fernán Gonzatez, 631
(53) ftarrxSoMcncrric? Picol,
Poema /Sel Od. II. (x 837.
(54) Crómcj General 629 a.
(55) Carttga 185. b.
(5 6 ) T. MiAoz y Romero.
Colearán de f ueros. lon>o I,
p 101
(57) Cantiga 97.
(58) Cantiqj 78.
(59) Cantiga 146.
(60) Cantea 363.
(61) Libro del Buen Amor,
1620.

-6 5 '
Traje, aderezo, afeites
Esle capfluto ha w » reoezadJ en crtaboración ccn Cwmtn Bernh

• r a iA S
Gil buena parte, todavía durante el siglo XIII hilar y u;jcr eran opera cion es dom ésticas. En ese tie m ­ Pá qn j anterior. Saya
p o el hilar seguía sien d o trabajo casi e xclusivam ente fem en in o, q u e se h acía a solas o>o en c o m u ­ encordada (Las
Huelgas. Burgos). Saya
nidad. p o r e s o e n lo s /¡¡andares, c o m o n o estaban p resentes h om bres, las leyes tenían q u e a c e p ­
encordada de Temando
tar el testim on io d e las mujeres. de la Cerda, según
vestía en su sepulcro.
Iil tejido, au n c u a n d o s e h acía a v e c es e n la casa, e ra m u y frecu en te ya e n c argarlo a h o m ­
En el costado izquierdo
bres d e o lid o , si bien a lo s tejedores con taller era c o m e n te e l q u e sus clien tes les proporcionasen riela saya se v e la
el h ilo. Los tejedores habían d e tejer según cán ones técnicos establecidos para la urdim bre y la tra­ abertura y las cuerdas
con qu e se ceñía al
m a. E ntregaban e l p a ñ o acab ad o, te ñ id o , abatan ad o, c ard ad o y tu n d id o a>. Este acab ad o d e las
cuerpo
telas se h acía a v e c es en m o lin o s íra ¡x ro s , d o n d e las m ed a s hidráulicas h a d a n e l trabajo q u e d es ­
d e la an tigü eda d habían ven id o h a c ien d o esclavos y s ierv o s a>. P e ro lo s batan eros, así c o m o los
tundidores, eran subordin ados al tejedor, q u e resp on día enteram en te ante e l d u e ñ o d e la tela.
l-a tela había d e entregarse n o só lo tenida, abatanada y tundida, sino, tam b ién , seca {tosta­
(I)CanU>*ó8Jkl53a 247í,
da o en xtita. d irán lo s textos) p o r q u e su p eso , ju n to c o n el d e la lio n a d e la tejedu ra y tu n dido, C2) Fuero * Clw xa ed. Rafa­
hab ía d e ser igu al al del h ilo entregad o <4>. Se e stab lece exp lícitam en te q u e n o se e m p le e n fardas el de Urefta Madrkd. R3S, p.
603. Fuero He Teruel ed, Ma«
d e fie rro (5). CoroscK Eiforolrm, «SO. §
C o m o quiera qu e la legislación habla tam bién d e (d a s tejidas a d om icilio <6>. h em os d e sup o­ 7S9. Fuerode 2orfa e l Raía
ef Urefla. Midrkl. »1I,§822.
n er q u e las q u e así se hacían eran los (d a s s im p le s c o m o lienzos, etc., para las cuales ven ía el te je ­ (3) Fuero ae Teruel. § 353.
(4) Fuwo de Cuenca, P- 903.
d o r a casa, y siem p re serían telas q u e n o p red sasen d e ulteriores tratam ientos. Fuero de He?ratera!, ed. R
Pero las fábricas d e tejid o eran ya tan n u m erosas q u e la legisla ción in cluso había d e p r e o ­ de Urefta, publicado con et
Fuero de Cuenca.
cuparse d e d efen d er a los vec in os d d «ro y d o d e texedores* a». (3) Fumo de r<vwJ,$3S3.
P arece ser, segú n lo v isto hasta aquí, q u e en la casa s e segu ía h ila n d o y e n p arte te jie n d o <6) Fuero líe Teruel. § 353.
Fuero de HernMoraf, p. 781
lie n z o y sim ilares, m ientras d p añ o y sus diversas m odalidades se tejían, teñían, abatanaban, c ar­ (7) Fuero de Teruel § 209.

-67-
LA ESPAÑA DEL SIGLO XIII 1JiÍL>A. EN IMÁGENES

daban y tu ndían e n talleres especiales. D e estos pañ os d e lan a e l m ás c om ú n era el picote. Otras
d ases d e p a n o s tom aban m u y c orrien tem en te n o m b r e d el lu gar d e fab ricación , p ero en oca sio ­
nes esc n o m bre acababa p o r indicar m eram en te una m odalidad técnica, y así s e hablaba d e partos
«sego vian o s cárd en os v ia d os qu e facen en Q am ora» p o r d iferen cia d el p a ñ o «se go v ia n o d e S ego-
v ia » (a>. Los h o m bres y m u jeres q u e qu erían vestir c o n lujo aspiraban a otras telas: d e M aría E gip­
ciaca se n os d ic e q u e en sus años d e d isipación nunca vestía p a ñ o d e lan a <9).
Así, uas estas variedades m á s o m en os com un es p od íam os llegar a las telas m ás ricos d e pre­
cios altísim os, venidas de tierras lejanas y d e las q u e se ocu pan c o n m in uciosidad los aranceles.
l a s m iniaturas d el s ig lo XIII nos m u estran p or su parte a lab riegos, pastores, etc., vestidos
T elo sobre el altor d e p añ os no teñ idos oo>, m ercad eres, juglares, cab alleros c o n rapas d e ricos colo res; algun os de
(Cantiga 278 b). La e stos U ltim os y reyes visten c o n a d o rn o s d e o ro y plata. H ab ía pren d as q u e se e n riq u e c en m uy
miniatura (¡gura con
evidencia una rica tela c orrien tem e n te c on borda dos o m argoin aduras, tal p o r e je m p lo las cam isas; ta m b ién las a lm o ­
rh» tipo oriental con hadas d e lech o era frecuen tísim o el q u e estuviesen bordadas on. T ela s ricas se v en en cortinas 02>,
círculos y animales
algunas c on d eco racio n es e inscripciones d e m anifiesta ascen d en cia m usulm ana <ia>. Cosa s em e ­
enfrentados, que sirve
de adorno al altar jante p od ría m os d ecir d e los sobrelechos ricam en te «via d o s » e in d u so tam b ién c on In scripciones
de Santiago de árabes «4).
Compórtela.
R opas em blem á ticam en te decoradas s on las reales. P ero , sin duda, d on d e aparecen en fo r­
ma sistemática las telas más ricas e s sob re las altares. A llí p od em o s catalogar abundantísimas mar-
gom a du ras, telas ajedrezadas, c o n em b le m á tic a real asi. y c on o rien tales d isc o s q u e llevan a n i­
m ales en fren tad os <»>, o in clu so tam b ién c o n In scripcion es árabes <ir>. Era frecuen te e l q u e estos
rico s pañ os fuesen o fren d a d ev o ta i m
Las m ás ricas telas tenían que p ro ce d e r d el c o m erc io d e im p o rta ció n i»>, o incluso d e b o lín
d e guerra ao>. pues e l m ás gran de c en tro textil pen in su lar aún segu ía en m a n o s inoras: Alm ería,
(8) Cortes de de 1268.
on C orte d» tai antiguos rei­ d e d o n d e procedía n lo s más b ello s ciclaton cs, cortinas de franjas y lelas ajed rezad as<211.
nos ce Leá(\ y CastfM& tomo
I, Madrid 1861. p. 66.
(9) W datfeSte.M íráffllp- A l f a y a te s
cucacd.KKncll.Halfe.1891,
Los trajes y ropas se com praban hech os e n e l m e rc ad o o feria <221 o se encargaban directa m en te
V.23S.
OOKanlwaslc.147b.cl78 al alfaywtc o sa rto n zv ; a ellos o ellas se entregaban lo s paños, las pieles y los fo n o s (o lo m os, com o
c,289a.b.
(HlCanligaU7a.42e.2i3c. decían ) <2*>.
224 s, 312 b. Los alfayettes con feccion aban los vestidos y habían d e v o lv e r a sus du eños lo q u e sobrase d e
(12) Oirtig.i<; 67 1.80 a. 84
A 1351.312 b. telas o pieles, s ien d o responsables si algo estropeaban, o incluso si n o sentaba bien la p ren d a c o n ­
(13) Cortijo 2 5 ti.
feccion ada.
(14) Camigall9f,
(15>ContHJ«K>f.31C.52d. lil b ro ca d o o m argom ad u ra e in d u s o el c o s id o d e ciertas prem ias p a re ce fue la b o r p ro p ia
no r.
d e m ujeres. En la H um a d e H is toria T r o t i n a se nos pinta a H ércu les con tan d o sus h azañ as a m e
(16) Cantigas 163 e. 1.278 b.
(17) Cantiga 6 9 a. Yolan te «cu a n d o ella m a rgo m a c o n las sus d o n z ella s» i25>. Y e n las Cantigas son m u jeres las q u e
(18) Caiitigj 97 a.
(t9)Cdirtjga 172 d. cortan, cosen y tn argom an camisas <26i.
(20) Cantíos 46 o
(21)AIHim yari (IbnAbdol-
Munlm). KüSti or-Ra;iKl al TRAJ E CRI STI ANO
Mi'tar. eo. E. Léw-Prover.<al.
Las tres m il y p ic o miniaturas alfonsíes ofrecen un m aterial excepcional para c o n o c e r e l traje cas­
Le-den. 1928. pp. 220-223.
(22) Futro do CuefiCA p. 779
tellan o d e l s iglo xiii. Dan testim on io d e su v ariedad y su originalidad, n o s ilustran sob re la m a n e ­
(2 3 ) Fuero de Zorita, § 821;
Fuwo (V Teruel, §7 58. ra d e vestir d e las diversas gen tes qu e c o m p o n ía n la sociedad. Y nos d an a c on o c er prácticam en ­
(24) fuero de Cornea, p. 60t te tod as las p ren d as en uso.
fuc/o de Zoiit*, § 821
(25) LeomcrTí*. Swtu di* « s- En aquel siglo, en q u e existía una m o d a c om ú n a to d o e l O c d d e n te y cuan d o faltaban casi
toríi Troysnd. ed. A. Rey. d oscien tos añ os para qu e aparecieran en Europa los trajes nacionales, encon tra m os e n la (bastilla
Wacrid 1932. p.VK
(26) Cantigas V b , u s e . d e A lfo n so X una variedad y u n a serie d e peculiaridades (esp ecialm en te en la indu m entaria fem o-
TRAJE, ADEREZO, AFEITES

¿wm** átt&s»v A
- ffA T ■= é ■ - ? > * * V A
Esquileo (izquierda)
(Cantiga M7), Una vieja
mujer, que tu
terebrado
mil,Torosamente su
oveja, se tía prisa a
esquilar. La oveja teñ e
atacas las patas, y la
mujer, con unas
grandes Hieras, va
sacando el vellón: ya

esquilada la oveja. En la
segunda miniatura
vemos a la mujer que.
con el vellón al hombro,
ha lomado ei camino
para vender 13 larva.

A ifayato (derecnal
(Cantea 148 c). Un
nina) q u e n o se daban en ningún o tro país de Europa. ¿Cóm o explicar estos rasgos originales? A lgu ­
caballero que lia
n os d e ellos, c o m o so verá, eran superviven cias d e m o d a s anteriores, q u e s e rem o n tan en algún encargado una camisa
c aso h asta«;! s iglo X. O tros p arecen ten er o rigen e n e l m u n d o musulmán; la con q u ista d e A n d alu - se la ost.1 haciendo
probar por u allayata
c ía y las p rolon gadas estancias d e la corte en Sevilla dejaron, sin duda, huella e n la s ocied a d cris­
mientras otro IwmOre
tiana. Fin alm en te, algunos d e lo s rasgos m ás llam ativos se nos presentarán con la aparien cia de sosCeosla saya que se
ser crea cion es origin ales d e la m o d a castellana en el siglo Xlll. I » quitado el cabaBero.
Al fondo, unas jóvenes
La d iferen ciació n social d e los in divid u o s p o d ía m anifestarse d e d os muñeras: b ie n p o r el
cosen otras camisas.
tip o y la form a d e lo s vestidos, bien p o r las telas, los c olo re s y las gu arn icion es e m p lead as e n ellos.

D ife r e n c ia c ió n s o c ia l p o r lo s c o lo re s , telas, p iele s y gu a rn ic io n e s


El teñ ido d e lo s pañ os era una industria d e lu jo y e l e m p le o d e trajes d e vistosos colo res u n o d e los
(27) CaadHo valisoletano de
p rin cip ales m o d os d e distinguirse. L i s leyes suntuarias trataron, sin con segu irlo, d e restringir el
1226, en Espato S&jcada,
uso d e c olo re s . En 1228 y 1267 las vestiduras b erm eja s o verd es fu ero n pro h ib id as a lo s clérigos lomo XXXVIMadrK). 1787. p.
219. Concilio lesiónense de
(zt). En 1258 las C o rtes de V alladolid aco rd aro n q u e ningún escu d ero vistiese escarlata, ni verde, 1267, en fíp u fa Saprada.
ni bruncta, ni pros, ni m o rete, ni naranja, ni rosad o, n i sanguina, ni n in gú n p a ñ o tin to t2 B), y en tomo XXXVI 0.229.
(28) Cortes de Vallactolid de
1338 las ile Burgos p ro h ib iero n el p a ñ o tin to e n saya, capa, redon d el y p ello te a lo s h o m bres d e a U58. en Cortes de los anti-
<?jo$remos de León y Castb
p ie (29). P o r el contrario, los caballeros noveles d eb ían vestir pan os d e colo res señalados, b e rm e ­
\i. temo I. Mvlr ri. «6 \ p. 59,
jos, jaldes, verd es o cárdenos, para q u e «les dieran m ás alegría y friesen más esfo rza do s» po>. D e la (2 9) Cortes de Buroos de
1338, en Cortes de los anlt
d istinción qu e supon ían los vestid os d e c o lo re s da tam b ién testim o n io el p o e m a d e Alexandre: qjos reinos de León y Casth
(Va. tomo 1. p. 455
(3 0) Partloa II. tlt. V. ley V
B la s yetu es e ra n b u en a s e d e p re c io rnaores (Alten » X, LasVMPirtifas,
¡od a s a n d a n vestidas d e p a ñ o s d e co lores (3i>. ed. Res Academia de la His­
torio, 1807).
(31) Libro de Alexanüre. ed.
Rayroonds Willis Jr, Prioce-
El c o lo r más estim ado, p osib lem en te p orqu e fu era el tinte m ás d ifícil do lograr, e ra e l c o lo r
ton-Psris. 1934.1338 (I480X
escarlata. En 123*1 Jaim e I de Aragón dispuso q u e ningún lujo d e cab allero, q u e n o lo fuese, gasta­ (32) Marca Htspánca ap. 5t3
ciado por Clonard, «Discur­
se calzas encam ad as, a m e n os q u e tuviera m a n d o sob re algun a tropa<32>. Las (fo r te s d e V allado- so Histórico so&'e el trale de
lid d e 1258 p ro h ib iero n las calzas escarlatas a escribas, ballesteros, h alconeros, p ortero s y e scu ­ ios espíAotes». Memorias de
t» Real Acatfemvj de to Mirto-
d eros, y estab lecieron qu e só lo el R e)' p od ía lleva r capa aguadera d e escarlata (93). rn, lomo IX, Madrid, 1979, p.
U n a n o ve d a d e n la m o d a e u ro p e a d e l s ig lo Xltl d e la q u e s e e n c u en tra n a n tec ed e n tes en
miniaturas españolas d el siglo x fueron los trajes a d o s colores, m itad y m itad {T rajes m a sculinos:

-69-
LA ESPAÑA Í * L SJULO X ll! LEÍDA EN IMÁGENES

11 A d ) (34i. Los textos se refieren a ello s con los nom bres d e p añ os o vestiduras a n iela d o a m en ta ­
dos o s ). A lfo n so X lo s au to rizó e n 1252 0 6 », p ero a lo s c lérig os les fueron p ro h ib id os en 1228 y en
1267 (37).
La calid ad d e la lela e m p lead a era o tro m e d io d e d istinguirse en el vestido. En las m in iatu ­
ras y en el M u seo d e 1a s Huelgas d e Burgos ten em os repetid os e jem p lo s d el em p le o d e ricas telas
árabes (las más estim adas entonces) para el vestido d e |»ensonas d e sangre re a l Tam b ién se im por
taban ricas lelas, d e proceden cia s m u y diversas.
Era general e l e m p le o d e pieles para forrar lo s vestidos, piele s d e corderos, lirones, liebres,
esquiroles oe>. En las prendas d e hijo se em pleaban veros, martas cebellinas, nutrias y arm iñ os i m
l-as C ortes d e Sevilla d e 1252 au torizaron a las m u jeres a llevar arm iñ os y nutrias só lo en perfiles,

y los vero s s ó lo a los novios.


Las gu arn icion es d esem peñ ab an un p ap el im p orta nte. En las m iniaturas son num erosos
lo * ejem p lo s en los q u e el v es tid o d e los person ajes nobles o rico s s e d iferen cia d e los o tro s s o la ­
m ente por Devnr una guarnición qu e b ordea el escote, la abertura delantera y las bocas d e las m an
gas; cuando se trata d e trajes abiertos a los costados, b ord e a las escotaduras laterales (Trajes m a s­
cu linos: 111Ab . 111Ac. III Bb. V Aa, V Eb). A trajes ad orn ad os en esta form a alude Berceo:

En cabo d e la fu e n t estaban dos varones


tos /fechos aftesados, m angas e cala zones mo).

Los textos se refieren a estas guarniciones, según hieran d e oro o d e plata, c on los n om bres
de orfrés u tn v fris <«», u rp e lu z ), argenfrés (4j> y a ig e n tp e l <44). Fu eron pro h ib id as p o r las C ortes a
(34) Aiepi», folias 61 r, 8 5 v. to d o s e xc e p to al Key, p ero las miniaturas p m eb a n q u e e sla p ro h ib ición n o tu vo eficacia.
(35) En el s*Jo NI, el iwnbre
do (\Vo io daba .i tas teas de T a m b ién lo s b oto n es fueron un e lem e n to im p orta nte de la m od a española d el siglo X III. Se
diversas clases v a tas pren­ llevaban jw>r lo gen eral d ela n te ( Trajes m asculinos: II. Ab , III Aa. V Ea), a veces en lo s costados (III
das d« vestir ya contecctora-
oas. Ac, V Bb. V C b ), en algún caso d e lo s p u ñ o s k s ).
(36) Cortes de S«v»a de 125?. Las leyes suntuarias n o lograron deten er el e m p le o d e botones, orfreses, p ieles ricas ni panos
p.125
(37) Concito ValiioH ano de tintos. A pesar d e las pen as im puestas (en las C o n es d e Sevilla se dispuso q u e al alfayate resp on ­
1228. p. 220; Concito lei>»-
noostt Oe 1267, p, 229. sable s e le cortara el pulgar d e la m a n o d erech a ) <46», las disp o sicio n es contra el lujo fueron in efi­
(38) Cortes <J? Sw te de 12S2. caces, c o m o lo h an s id o prácticam ente en todas las épocas.
DP. 125-126.
(39) Ordenamiento de Jaime
I. 1234, citaCo por Clonara. TRAJES MASCULINOS
«Discurso Htstdrlco», p. 96.
Cortes d* V.ilLiColid 1258. p. En el esquem a Trajes m asculinos s e reproducen, clasificados en seis categoría s o series, lo d o s lo s
57.
vestid o s d e h o m b re q u e se representan e n las miniaturas.
(4 0 ) 9erceo, V.tAa de tonto
Dominga de Sitos, ed. Fray En la serie I se incluyen las prendas Interiores; camisas y bragas.
Alton» Ancrfe, Madr Id 19E8.
(41) Cortes de S«vi*a de 1275. La serie II c om p re n d e los trajes q u e se vestían directa m en te sob re la camisa. A estos trajes
p. 125; Cortes de Jerez de se les d ab a e l n o m b re d e sa}<aen Castilla, y gemela en el re in o d e Aragón.
1268, p. 68; Alfonso X. Cróni­
ca Generar de £sparta, ed. R. Los trajesagiup ad us e n (a s e rie III se vestían siem p re sob re los trajes d e la serie II, y cron un
n u , MMrid, 195% p oc o más largos qu e ellos. U n hom lirc vestido c on só lo dos trajes, pertenecientes, respectivamente,
687.
(42) Cortes de val&ddid de a estas dos series, se con sideraba q u e iba c u cu erp o. Un eje m p lo d e e llo e s la C antiga 185. El texto
1258. p. 57.
cu enta cóm o, cu an d o el a lc a id e d e C h in co ya sale al en c u e n tro d el a lc a id e m o ro d e V é lm ez, los
(43) Croolci General... 6 8 r.
(44) Cortes de Valbddid de suyos, q u e n o s e atreven a a c o m p a ñ a ile p o rq u e tem en un engañ o, le ad vierten q u e va sin arm as
1258, p 57.
(4 5 ) lapidario, h. 1.16 fo. t y en cosr, pues b ien , e l min iaturista ha represen tado al alcaide cristiano c on un n aje d el tip o III Aa.
C dnllja65A vestido sob re o tro d e l qu e só lo se v e n los puños. El ún ico n o m b re que, en los textos, p od e m o s rela­
(46) ccrtss de SeWU o» 1252.
p.125. c ion a r c o n lo s trajes d e esta serie e s pellote.

70-
TRAJE, ADEREZO. AFEITES

l a «c r ie IV está form ada p ortas trajes largos d e anchas


m a ngas d e uso m uy restrin gid o en tre lo s cristianos. Entre
e llo s d e b e m o s b uscar lo s llam ad os p ie l, a iju lta y a lm e jía .
C o m o los d e la serie III. eran trajes de encim a, pues a d m i­
tían otro v es tid o debajo.
El rasgo com ún que diferencia esencialmente los tipos
agrup ad os e n la serie V d e los qu e form an la serie III es q u i­
n o eran trajes para vestir a cuerpo, sino p ren d as d e abrigo.
A sí c o m o lo s d e la serie III adm itían sola m en te un vestid o,
lo s d e la s erie V p o d ía n vestirse sob re d os con ju ntam en te.
En lo s textos en c o n tra m o s d o s n o m b res q u e se re fie re n a
trajes d e esta serie V: g a rn a ch a y tabardo.
Finalm ente, en la serie V I se incluyen ta sq u e fo r m a ­
ban la fam ilia d e las capas y mantos, que. a d iferencia d e los
incluidos en la serie V , consistían esencialm ente e n una pie­
za d e tela cortada en form a rectangular, sem icircular o cir­
cular, c o n escotaduras, o sin ellas, para cab eza y brazos. En
algún caso, un capuchón para cubrir la cabeza form aba par­
tí? d e la capa. En esta fam ilia habrá q u e incluir, ad em ás de
la cap a y e l m anto, el te d o n d e ly el balandre.
En las m in iaturas p arece advertirse un a cierta re la ­
c ió n entre el n ú m ero d e prendas qu e p od ía vestir una p er­
s on a c o n ju n ta m e n te y su cate go ría social. L o s reyes, por
e je m p lo , n o van n u n c a a cu e rp o : lo s c a b a lle ro s , ú n ic a ­
m e n te cuan d o están e n su casa, au n que por lo ge n era l los
v em o s sen ta dos a la m esa o en escenas d e su v id a fam iliar,
lle va n d o la cap a sob re d o s y hasta so b re tres p ren d as. En
e l C ó d ic e d e las H istorias, d on d e es m ás fácil averiguar la
c on d ició n d e lo s personajes q u e en lo s otro s c ód ices alfon ­
síes, ves tid o s c on un so lo traje s o b re la cam isa ap arecen
ú n ic a m e n te artesanos, labradores, criad os y algun os p e o ­
n es d e arm as
M uchas d e las p ren d as q u e cara cterizaron la m o d a
d e aquel s iglo eran d e uso general; variaban d e unas p erso ­
nas a otras sola m en te p o r la riq u eza d e tela y guarniciones.
H a b í», sin em b a rgo , otras pren d as p ro p io s d e d eterm in a ­
d os grupos sociales, Así. reyes, infanzones, caballeros y ricos
h o m bres suelen distingultse en las m iniaturas p o r su traje,
c om p u es to gen era lm en te «le las prendas Ilustradas p o r tas
tip o s II B, I I I C y V IB . Su tocad o m ás característico e ra el alto d e form a cilin d rica (Tocados m a scu ­ A dos colores (Ji/cqos.
foto 57 r). Jugador de
linos. ¿ a, b, c). Los ú n icos qu e, en las m iniaturas, van vestidos a v eces igual q u e lo s caballeros son
ajedrez venido con raya
lo s juglares, lin el utro extrem o d e la escala social, labradores y pastores ap arecen ta m b ién v esti­ «amatada» actos
d o s d e un m o d o particular q u e los distingue; só lo ello s llevan cap as d e l tip o V I I I y V II. En e l caso colores, focado con roto
detona transparente y
d e clérigos y m éd ico s es de notar tam bién e l uso d e un tocad o particular d e fieltro c o n la tu p a a b o ­
un capirote echado
llada [Toca d os m asculinos: 4 a, b). sobre la espalda
IA ESTAÑA IT *. SIGLO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

Serie I. Prendas interiores


Las prendas in teriores m asculinas eran la cam isa y las bragas. A las bragas se sujetaban las calzas,
qu e cubrían las piernas liasta m e d io muslo.
En las miniaturas se representan d os tipos d e cam isas masculinas: unas vueludas y casi tan
largas c o m o la saya (I A ) M7>: otras m uy ajustadas y cortas (I B) («m. En éstas p od e m o s re co n o ce r
las camisas a c u m ia prohibidas p o r lo s O ír t e » d e Sevilla en 1252 y p o r las d e Ic re z en 126» <«>, yn
qu e s on m u y ceñidas y ya q u e las cuerdas eran e l ú n ico sistem a e m p le a d o en ton ces para ajustar
p ren d as (T ra jes m asculin os: IIB , I I C . Trajes fe m en in os: 11C, I I D . IIE ). En las m in iam ras n o hay
nin gún eje m p lo qu e perm ita v e r si las cam isas m asculinas se encord ah an detrás o a un costado.
Las cam isas fem en in as se en co rd ab an a un costado <»>.
la s bragas, según un texto alfonsí, cubrían «d e la cintura fasta lo s y n o io s » « o . Se sujetaban
S « r l» I Prendas con un cinturón lla m a d o bra gu ero. El A rcipreste d e Hita se re fie re a la pren d a d e este nom bre:
interior es: fa camisa v
las bragas.
desque la w r g ü e iu a p íe n le e l la fu r u l (ublerv
s )'e l p ello te ju ga. ju g a rá e l bra gu ero <52.

En e l M u s c o d e Las H u elga s s e c o n s erva n lo s b ra ­


gu eros d e F e m a n d o d e la C erd a y d e o tro in fan te fallecid o
en 1211. A m bos son d e correa y conservan restos d e las bra­
gas d e lie n z o q u e a ello s Iban sujetas. Para sujetar las c a l­
zas, tin o tiene dos pares d e cordones, el otro dos dobles lints
d e cu e ro (M i. listos b ra gu eros se c o n e s p o n d e n p e rfe c ta ­
m en te c on las ilustraciones d e las miniaturas ( I B ) <S4>y c on
lo s b ra gu eros d es crito s en las cu en tas d e la C a sa Real d e
Aragón, provistos d e s ivd le s (h eb illas) y ligas o rrebugeríos
Braga (Cantiga 25 e). d e seda iss>. Las calzas cub rían las piernas hasta m e d io m uslo. Se sujetaban a las ligas, h acien d o
Un hombre (Izquierda) un n u d o q u e c o g ía c on ju n tam en te las ligas, las calzas y la tela d e las bragas. Este p ro ce d im ien to
Im atrojado un atea al
mor. S e v e claramente d e reforzar la sujeción d e las calzas, qu e n os descubren algunas miniaturas <S6). es. sin duda, el alu­
que sólo lleva unas d id o en el P oem a d e A lexandre.
bragas wjjetas por «I
braguero y anudadas
por las ligas. Asía la m edia p ie rn a traen la vestidura
calzas bragas m u y presas co n fir m e legadura.

(47) Cantiga 13 d.
O tr o p r o c e d im ie n to m á s s e n c illo d e s u je ta r las c a lz a s e ra e n ro lla rla s y atarla s b a jo la
<48) Cartigas 26 tx 22 a. 76
d.e. 102 c. 194 r. ro d illa (II Aa, V I I I . V II bl. fiste e ra e l r e c o m e n d a d o a lo s clérig o s , a q u ie n e s s e trató d e p ro h i-
(49) Ccrtes ¡te SevlU de 1252.
p. 125; C o rt« do Jerez de h ir tan tas m o d a s superfluas: -e l p rela d o d e v e c allar c allas d e lin o o d e sed a an te q u e vista n in ­
1268, p. 68. gu n a v e s tid u ra d e las otras... c t estas d e v e n lle g a r fa s ta la ro d illa e a ta rs e a llí e n d e r r e d o r d e
<SO)Can»loa313d.
(5t) Grande e Central Esto- e lla » is7>. D e esta fo r m a lle v a n sus c a lza s e n las m in ia tu ra s g e n te s h u m ild e s , c o m o pa s to re s
ri.vp.455 i58), a lb a ñ ile s <m. la b ra d o re s i60>y so ld a d o s <6i).
(52) Müro üt Buen Amor, ed.
J. Ducomn. ToUouwi 1939, p.
470.

Cinturón del braguero


(Las Huekjas de
Burgos*

-7 2
TRAJE. AflEREZO. AFEITES

S e r ie I I . L a saya Serie II Trajes para


FJ traje q u e s e pon ían los h om bres directa m en te sob re las prendas in teriores recibió, a lo largo de veslw s ol» o las prendas
Interiores; la saya
v ario s siglos, e n Castilla e l n o m b re d e saya, e n el re in o d e A ragó n e l d e gonelet. A m b o s nom broa cutnüii y y saya
eran perfectam en te equivalentes, lo s textos d e l siglo Xlll qu e s e citarán en este capítulo d eja n c la ­ encordada.
Dd Patrón de una saya
ram en te in dicad o eJ lugar d e la saya b ajo lo s o tro s vestidos.
encordada conservada
I a s m iniaturas n o s dan a c on o c er d os tip o s d e sayas: una saya h o lgad a d e c o r te sen cillísi­ en un enterramiento
m o, plegada en la d n tu ra p o r e l cinturón, con la falda cerrada o ablerla (II A ), y una saya m u y ajua­ real).

rada al talle, c on una abertura cen a d a c on un c ordó n , e n la q u e |>odeinos reco n o cer la saya e n cor­
dada m en cio n ad a en los textos (IIB . I IC ). La p rim era era la saya popular: e n las m iniaturas ap a­
recen vestidos c on ella, sin m ás traje encim a, artesanos <«>. alba hiles « a i. segadores imx labradores
(65), m a rin ero s « x », un ju glar re m e d a d o r ier» y un clerizó n toa». l a saya e n c o rd a d a la lleva n reyes
(5 3) M. W rnw Morena E)
t69), caballeros <t>. In fan zon es <70, escuderos (72>, juglares ctji y p eo n es d e a m ia s <m>. Estos p eo n es Panteón Real de las Huetfas
lio Bjrxjoí, Madrid 1946. pp.
22.25. l* n XXX.
(54) Ortigas 76 tx25e. 245
(5 5) E. Martínez Fernando,
« l a Cámara Rmi en « reina-
Oí <k J ttw tt*. Anafes y &*?
f h ife los de M t de
Barcelona, en XI, T953-1954,
pp. 67.178,
<56) Cantigas 57 U 24|. 245.
(57) AJforsa Xc( Sabio. Séte-
naflc. ed. Keiweth H. Vanúe-
ferd. Boenos Aires. 1945i p.
254.
(58) CdOttQO147 A 0, C.
(59) Cantiga 266 c.
(60) Cantigas 178 c. 228 * fc
289 a, h
(61) Cantil» 205 b.
(62) Juegcs. Tollos 23 v. 65
v. Cantigas 19 1. 253 h
(63) Cartuja* 42 a 53 f. 242.
252 * b. 266 c. 316 e.
(64) Cantoa 289 a.
(63) Cantigas 22a IJ2 & 29# a
(66) Cantigas 5.172 c 313 e.
(67) Cantiga 293 a.
(68) Cantuja 52 e.
Girones ( Jugóos, folio 52 v; Lopidirio, 2 1 1). Estos dos personajes vestidos con trajes bich os a tiras o (69) Jueyes, folio 54 v.
« g iro n e s » se distlnquen tamWén de la moda ai uso en alqunas otras cosas com o pot ejemplo en la cinta (70) Cantiga» 207 c. 152.
(7n Cantea 44 f.
iiue ciñe ai pnm ero su (rente, y en el otro la banda frontal d e tela que se anuda en la parte de atrás de su
(72) Cantigas 227 a. I 3011
cabera; también es de notar en osle hombre el cateado con puntas vueltas a estilo musulmán. En cuanto (73) Cantigas Músicos. 150.
a las sayas, el Oidenamlento d e A lcali (051) (Ic e que tos menestrales las hadan con doce ghones v que 17tt A a w í -*cflo 31 v
el precio variaba según los girones fueron «ufante a v in o » o «donde arriba». ÍT4) Cantigas22 a 841.245 a
LA ESPAÑA HEL, SIGLO XII! LEÍDA EN IMAGENES

<75) Concito VattsotKano Ce la víaten sin o tro traje encim a; en las d em á s e je m p lo » citados s e lleva b ajo un segu n do vestido. Ln
1228. p. 220; Concilio L«)!o-
saya en cord ad a fue un a d e las prendas prohibidas a lo s clérigos eti los Sín od os de Vaü adolid y de
nense Ce 1267, p. 229.
(76) Gime/ Moreno. Pante­ León 175). En to d o s lo s ejem p lo s citados, la abertura c o n el cord ó n está ni costado; sin em bargo,
ón Res) Ce las Hveüyii. tóin.
XXOí. una ilustración d e l L ib r o d e los Juegos prueba qu o s e usaban tam b ién sayas encord ad as detrás. 1.a
(77) Estos palrontvs Han 5¡cb saya e n c o rd a d a d el In fa n te d o n F ern an d o d e la Cerda, qu o s e con s erva e n e l M on a sterio d e las
ptcf,cnxirv.>Jus por 0. Minué!
G&nez Moreno y hecfn» por H u elga s<76), s e c orresp on d e p erfectam en te con las rep resen tad a» p o r lo s m iniaturistas alfonsíes.
Id «A coto Pilar Cómet.
Los patrones sacados d e esta prendo (11 Bd) p on en d e m anifiesto la sim plicid ad d e su hechura <tt>.
(78) Juetyx. folio 92 r
(7 9 )P » t M a l« . 5. ley 39. En e l L ib ro d e ¡os Iuegos se representa otro m o d e lo d e saya encord ad a qu e tal v e z d en o te una m oda
(80) Cantaos 90 e. 97 e, 220
más avanzada; se ha acentuado lu ten den cia a bajar el talle, el cintu rón s e lle va sob re las caderas,
a. 257 b.
<00 Cantigas B5 a 24$ d, 312 y la sa ya s e p liega s o b re el c in tu ró ll (II Bb).
a. 363b.
(8 2) Cantigas 31i, 373 e. U n p eq u e ñ o re fin a m ien to e n la hechura, q u e tan sim ple era tod avía en el s iglo xiit, con sis­
(03) C.v-llrj;, 1361,
tía e n h acer las m angas d e la saya cortadas aparte y cosidas d espu és al cu erp o , ya q u e lo norm al
(8 4) Oúrez Moreno, Pante­
ón RoM cb An KmU)3¡. lám. ora cortar c u e rp o y m a ngas d o un a sola p ieza, c on lo cual to d o s lo s trajes s e am ig a b a n sen sible­
XIV.
m e n te en las axilas. Estas m angas In d ep en d ien tes se unían al c u e rp o d estacand o la pegadu ra con
(85) Jueswlolb W v; Can­
tea 169 b. una guarnición (II Be) <78). Sin duda serian éstas las m angas aludidas e n algunos textos c on el n o m ­
(B6) Cantigas 44 a. f. 207 e,
d, !54. b re d e m a n gos casedizas. o tro d e lo s lujos p roh ib id os a los clérigos c?«>.
(87) Cantinas 120 a. 19-1a. R ein an do A lfo n so X. se pasó d e la m o d a d e las sayas c o n escotes d esbocad os, qu e p erm ití­
(88) A>e<ja¡.lol»59v,70i.
(89) Mnwz Moreno. Pante­ an sacar y m eter las pren d as p o r la cab eza c on to d a facilida d, a lo s escotes aco pla do s a la form a
ón fleaf d i /as Huecas, lim.
del cuello. Los prim eros, frecuen tes e n el traje rom ánico, aparecen u xlavía en las m iniaturas d e la
XXXIX
(90) Conolto Valtsotetano de P artida 1, fec lia d a en tre 125G y 1265, p ero n o se encuen tran y a e n lo s restantes c ód ic es alfonsíes
(228. p. 219.
p osteriores a 1275.

5t

Ac Ba Bb Be Cs Cb Ce Cd

S erlo III Trajes para S e r ie I I I . L o s p e llo te s


vestir sobre la saya: los Los trajes d e esta serie ten ían tod os en c o m ó n e l ser trajes q u e s e vestían s iem p re sob re la saya.
pellotes romrabancofl
olla un conjunto con el El tip o III A, con m angas un p oc o más cortas q u e las d e la saya, es e l q u e s e represen ta c on
quo se decía ir vesttío m a yo r insistencia. En las m iniaturas lo lle va n person ajes m u y diversos: reyes reo), cab alleros <ai>.
«e n cuerpo». m ercaderes (62) c innum erables esp ectadores d e las m ó ltip le s escenas qu e ocu rren e n calles, igle­
sias c interiores. Era, pues, una pren da de uso general. P od ía ten er b otones u orfreses: en el m o d e ­
lo III Ac. q u e p o r e l c rec id o n ú m ero d e botones re p r e s e n ta !» entonces una gran n ovedad, lo vis­
te un p in to r q u e está policro m a n d o una im a gen de la Virgen (83).
El tip o IIIB , sin m angas, aparece tam b ién c o m o un traje m u y gen eralizado. Estos trajes do
e n c im a sin m a ngas fueron u n a d e las n o ve d a d e s q u e ap arecieran en la m o d a e u ro p ea d el siglo
Xiii; s e p u eden encon trar ejem p lo s d e ello s en las artes plásticas de ese siglo e n to d o el Occidente.
En e l M usen d e las I luelgas se con serva el qu e p erten e ció a un h ijo natural d e A lfo n so X, m u erto

-7 4 -
TRAJE, ADEREZO, AFEITES

sien d o aú n niñ o; es d e tela árabe, labrada a listas blancas y


azules, forrada d e p ieles (III Be) <m i .
PJ tip o IIIC . a b ierto u los costados, lo visten, s o b re la
saya en c o rd a d a , reyes <e», In fa n zo n es y c ab allero s <86), y
Juglares <a;>. Presenta e l interés d e haber sido en e l siglo XIII
un a p ren d a típ ic a m e n te esp añ ola, origin ad a, c o m o e n el
caso d o o tra s tan tas m o d a s esp añ o las m e d ie v a le s, p o r la
exageración p rogresiva d e una m o d a im portada.
Exagerando las escotaduras d e los trajes sin mangas,
delantero y espalda qu edaron con vertidos en dos estrechas
tiras q u e dejaban lucir am p lia m en te e l traje d e deb ajo. Kn
el IJ b ro de los Juegos (88) se represen ta la fase final de este
pro ceso : d ela n tero y esp ald a tien en ya un a e strec h ez casi
inverosím il. En la extraordinaria colección del M u seo d e las
1 lu d ga s se con servan d o s ejem p lares d e este vestid o esp a­
ñ o l. q u e c o m o e n o tro s cas os se c o r re s p o n d e n p e rfe c ta ­
m e n te con las im ágen es d e los c ód ices alfon síes A m h o s se
rep rod u cen aq u í a esco la (III C b y III C e ). U n o d e ellos (III
C b ) p erten e ció a E nrique I d e Castilla, m u erto en 1217; es
d e tela carm esí, c o n dob les listas de o ro y plata La fa l­
da remata en fprpos. m oda d é la qu e no se encuentran e je m ­
p los e n lo s c ó d ic e s alfon síes, tal v e z p o r q u e e n to n c e s ya
hubiera pasado.
En 1228 se había p ro h ib id o a lo s c lérig o s e l uso de
vestiduras feqxidas (90>, y e n 1256 A lfo n s o X d isp u s o q u e
n in gu n o "bastarte n i entalle ni ferpe ¡os ¡ m íío s » w i. FJ o tro
e jem p la r d e esto vestid o con serva do e n I.as H uelgas IÍII C e ) form ab a p arte d e l a tu e n d o con qu e P ello te tíe f cenante de
la Cencía, según vestía
fue enterrad o el In fan te F ern an d o d e la Cerda; e s d e la m ism a tela, con lab o r d e Gustillos y leones,
en su sepulcro (Las
e m p le a d a e n su saya (II Bd) y en su m a n to <«ij. Según lo s patrones sacad os d e l o rigin a l (III C d ), HueKjíjsd de Burgos).
resulta extraordin aria e in ex p lica blem en te grande.
En los textos castellanos d el siglo xm s e encuentran repetidas alusiones a una p r e n d í llam a­
da ¡feilote, q u e necesariam ente tien e q u e relacionarse c o tí varios o c on tod os lo s trajes de las serie
191) Ccrtes d? SevJla de 1252,
III. A través d e los textos, e l p ello te se nos ap arece c o m o n o m bre d e un traje m u y gen eralizado que p. 125.
<92) Gómez Moreno. Panfe
se llevaba sob re la saya, y q u e adm itía e n cim a un tercer vestido. En e l lib ro d e cuentas d e Sancho ón de l.ts Huehyts, lám. XXVIL
IV, e n 1293, d o n d e constan los gastos p ara dar d e vestir a num erosas personas, h ay repetidas alu­ <93) M. Gaicroís, Utyo de d ó ­
renles Cucnldi de l « Cosa
siones a vestid os com pu estos, ad em ás d e las caluis, p o r saya, p ellote y m a n to, o p o r saya, p ellote y Re*' en eí reinado de S&nctio
IV. Apóncóro documental de
taltardo. S on trajes q u e se dan a escuderos, m o z o s del R ey y otras personas d e las q u e sólo s e d ice
Hntorta del reinóle de Sai-
e l nom bre. En algunos casos se les da v iad o para hacer las tres prendas; en otros, se Ies da un parto ctw IV de Castilla. Madrid,
tomo I. op. LXXItl, LXXVII,
tin to para la saya y las calzas, y v iad o p ara e l p ello te y e l m anto, o para el p e llo te y el tabard o <93>.
LXXIX, CVI. CVU
A d em ás d e indicar e l lu gar del ¡v ilo te sob re la saya y b ajo o tro vestido, lo s textos ñas in form an , en <94) Crónica de Allomo X!.
Mjdrtí. 1875, cao. KO, p. 23S
relación con la pi-enda d e este nom bre, sob re lo s siguientes puntos: e l p ello te lo vestían gen tes de b.
la m ás diversa con d ició n ; lo llevaba el re y sob re la saya en la c ere m o n ia d e la un ción (94), lo lleva­ <93) lífiro de Buen Amor.
470.
ban tam b ién los tahúres<95> y los p ob ies, ya q u e según e l testam ento d e A lfon so XI, en 1319, se dio <96) Atela. Coacción Dwii-
d e vestir a m il p obres, a cad a u n o d e ellos p ello te y saya d e sayal <96i; el p e llo te p od ía h acerse c on máticá de CffMña. tomo 18.
citado por Ctorard, Discurso
más tela q u e la saya, p ues en las cuentas d e Sancho IV con sta qu e paro h acer un a saya y unas cal­ Histórico, p. vjo.

•75
LA ESPAÑA DEL SIGLO XJU LEÍDA EN IMÁGENES

zas s e necesitaban tres varas y m edia d e tela, mientras q u e en un p d lo te s e em plearon cuatro varas
y m edia « r » ; finalm ente, p od ía ten er botones, yii q u e un o rd en am ien to d e 1258 prohib ió ¡t los ricos

(97) M. Gakrcts, Lbcoüe Afe­ lu m b re s llevar en ca/m. ni en /aellotcv plata, cristales, botones, n i cuerdas luc/igas w i .
rentes Cuentas ce Ki Casa In d u d a b lem e n te esta d isp o sic ió n se te fie re a las cuerdas largas d e las cap as (V I B ) y a los
Ptoi.* pji. LXXIII y CVUL
(98) Corte* de VatertoJSd do b oto n es d e Jos p ellotes, ya q u e n o existen ejem p lo s d e capas c o n botones. T od a s estas con d icio ­
125a p. 57 nes (m a yo r cantidad d e tela q u e la saya, botone-s y ser un traje q u e osaban des d e el te y hasta los
(99) S.' tos textos castellanos
del siglo xii ofrecen eprrcíoi pob res necesitados) se d an en e l lip o III A.
üettopi de tres prwitlr. txmv
P od e m o s dar p o r segura la id en tificación del p ello te n o só lo e n este tip o III A, sino tam bién
puostot do sjya. pellote y
manto. en :os textos arago­ en d tip o IIIB , pu esto qu e es igual p ero sin m angas. En e l caso d e los trajes fem en in os que, c o m o
neses de Id misma época se
encuentran numerosa* re­ se verá, se c orresp on d ían en su m a yo r p arte en n om bres y form as c o n lo s m asculinos, e s el traje
ferencias a vestidos com­ d e encim a sin mangas, equ ivalen te al 111 B m asculino, el q u e c o n m a yor seguridad s e p u e d e ¡den -
puestos por flone/a, rofrf v
n ir t d Testos de 1258 a 2 6 8 tificar c o n e l p ello te. En cu an to al tip o 1U C c a b e su p on er q u e n o era m as q u e un a v erle d ad del
publicados por J Puiggarl. p ello te (99). En los te xtos d el s iglo x w n o se encuentra ningún n o m b re posib le para este traje. A sí
estudios Oe indumentaria
espartóla concreto y compj- c o m o la ponela fue. en la Coron a d e Aragón, la m ism a prenda q u e en Castilla se llam ó saya, la pren ­
rada, CiMtiro ospKial de tos
listos m ■/ xiv. Barcelona, d a equ iv ale n te al p ello te era, en e se reino, la cota.
e so , IX 6 4
(100) v^OOJ, fü*<o 13 r. 65 r.
76 Ljpíüario, fofo 72 r; en Serie IV. Piel, aljuba, almejía
a Cantiga 2 0 9 1. d re-/, ocos- Los tip o s d e esta serie, c o m o los d8 la serie III, se vestían s o b re la saya y adm itían en cim a d m a n ­
lado, lleva también un traje
de anchas mangas. to, pera cab e agruparlos en una categoría d istinta p o r ser de uso restrin gido en tre los cristianos, y
(101) El Rey en Joe^os, folio
p o r ser trajes talares en una é p o c a en q u e la tnoda había im p u esto e l tra|e c o n o , hasta in ed ia p ier­
76 v y algunos persc«ij« ov»
tocan instrumenten oneiCódr na. e xcep ció n h eclia d e algunos que se usaban para viajar. En las m iniaturas viste traje talar c on
ce de los Músicos (Cantea
músicos, lobos 3 a 30). m angas anchas el B ey en escenas d e corte oooi. En algunos casos, este traje ap arece ad o rn ad o con
(102) cantiga 209*. Jocgo¡. ricos b o id a d o s o rnui guiña du ras e n las m angos (IV A ) ron. El tip o IV B, d e c o iie a lg o d iferen te (las
folio 31 r. En ol Libro de lo¡
Juegos, lefio 9 2 r. h om b m mangas n o arrancan tan ab ajo c o m o en el 111 A), lo llevan algunos m éd ico s ooz).
que no parecen rroros aevan Ix>s d o s rasgos q u e d iferen cian esen cialm en te lo s trajes d e esta serle (m angas anchas y fa l­
también trajes con mangas
onceas- da larga) se daban en el traje c oe tá n eo d e m oros 0031 y jud íos <t04i, p ero h abían s id o tam b ién ras­
<103) Cantigas 4 6 c 83 b. W9
go s característicos d e la m o d a cristiana en d siglo XII.
tx 165 e.
(104) Cantigas 15 a, b. 25 g, En lo s te xtos d el siglo XliJ se encuen tran u e s n o m bres q u e p u eden relacionarse con trajes
46 e.
(105) Menitidez PSdat R, Can largos d e m angas anchas: p ie l, a lju b a y a lm ejía . Las d o s últim as son palabras de o rig e n árabe.
tarde Ufo Cid Te/la Gramá­ P ie l o p e lllz ó n había sido, en el s iglo XII, el n o m b re d e la túnica d e en cim a , larga, c on m an ­
tica y Vocabulario, Madrid.
1945, pp. 514,515.788. gas a n d ia s y forrada d e piel, q u e h om bres y m ujeres vestían sob re lo túnica d e d eb ajo o b r ia ln o «.
(106) ccites oe ValladoAd de En los testas d e los siglos XIII y x tv se siguen e n co n tra n d o alusiones a la piel, p ero m u y escasas en
I35t en Cortesdot e jntqucs
rtín3sdPLeónyC3stt!&D.9i*. c o m p a ra c ió n c o n las q u e se h acen a pren d as c o m o saya,
1107) a£l mío amigo / b«n te
garnacha, tabardo, etc . T o d o lo q u e n o s d ice n esos te xtos
B digo / viste lo que cu¡et / si
quler montón si qurér pie) / es que la piel p od ía «d o m a rs e con mnrgomadurns ik>o> y qu e
non ha tambre ni Irlo / ni
mengua vestido» (Elena y era una prenda d e ab n go w n . Es m u y p osible q u e pod am os
Mari.1), ed. R. Nenéndez PicW, recon ocer la piel en el traje largo de m angas anchas qu e vis­
«Revista de filología Espé­
telo». Madrid 5914. pp. 52-96 te el R ey en algunas escenas d e corte, yu q u e ese traje se ase­
v. 176). «Quien buona piel m e ja a la p iel o pellizón rom á n ico s d e los siglos Xt y x n y ya
ten» / que cumple para d fría
! tabardo non pidrfa ! Jamás, qu e, a lo largo d e la H istoria, se ha re p e tid o e l caso d e qu e
sy non por orto» (Semtob.
lo s reyes usen en c e ra n o n ia s y solem n id ad es lo s trajes tra­
Preverbios Morales, cd. Gon-
,'.ilo; Hitó ora. Cambridge dicion ales. y n o los d e la m o d a d el m o m e n to . 1.a s em ejan ­
1947. p. 97X En i n testamen­
to de 1285 «• menciona uro za entre e l tip o IV A, c on m argom aduras, y trajes orientales
piel amplia (Archivo Munici­
S erie IV Trajes de encima largos: n a{,a ticn c d c üXtrañ0- Po r h ab cr sufrido e l traje ro m á n ic o
pal de Huesca, 308. Tamás
Zabata. Huesca) pletes. aljubas, almejías. una fuerte in flu en cia bizantina.
TRAJE, ADEREZO, AFEITES

A lju lta y a lm e jía son lo s n o m b res q u e d an lo s te xtos a lo s trajes largos d e m angas anchas
q u e vestían m oros y judíos, p ero h ay indicios d e qu e tam b ién tos cristianos usaron trajes q u e re ci­
b ían estos n om bres. B e tceo n os pinta la im a gen d e un cautivo q u e vu e lve d e tierra d e m oros:

D i t i (i este caut¡i/o d e sus fierros cargad o


co n p ob re a bn ex ia e p ob re calzado oobi.

S egú n las cuentas d e la Casa Real de Aragón , e n 1302 se en c a rgó u n a alm ejía para e l pri •
n to gé n iio A lfo n so <ic>9¡. T a m b ién consta en esas cuentas el encargo d e algunas aljubas y una a lm e­
j í a d e te la verd e para e l R ey roo>. O tra pru eba d e q u e lo s cristian os c o n fec c io n a b a n aljubas es e l
h ech o d e q u e aparezcan c o m o p rec io d e rescate d e cautivas; los m o ro s recibían d e los cristianos,
c o m o pago, doblas, cuchillos d e P a m p lo n a y aljubas, q u e pod ían ser d e verdescur, d e p a ñ o tinto,
d e escarlata y de pres oro.

S ari* V Trajes de
encima deabrioo,
apropiados para calle y
viajes. Podían vestirse
solire la saya y el
pellote conjuntamente.
Su norrüre general era
«garnacha», la s
g a rru d a s D, E. F, 0,
modekis más
elaborados con larcas
marxjas tubulares,
recibían también el
nombre particular de
«ta ba rdo »

0 Ea Eb Fa Fb G

008) Bcrcea, Vida de Santo


Dam/nQO. 669.
Serie V. La garnacha v d tabardo (109) Mcft'-iez ferrareto. La
Los tip os d e esta serie, con e xcep ció n d e l V G, fueron vestid os m u y gen era liza do s en to d o e l O c ci­ Ornara Real ele JAvne H doc.
2. p, 8.
d en te cristiano durante el siglo Xlll. C o n ligeras variantes se representan en o h ia s francesas, in gle­ (110) Mjrtihci ferrando, Jjti-
nvUite Araván. su vida femi-
sas, italianas, alem anas, etc.
ttr. vol l Barctfortt 1940. p.
El tip o V A presentaba p o r su form a analogías c o n los vestid os d e la serie 111, pero así c o m o 69.
(111) Pwjro Marín, UirJcwrs
aq u éllo s a d m itían d eb a jo sola m en te la saya, este tip o V A p o d ía vestirse sob re la saya y d p ello te row<u¿rt&s, ed. SetosWn de
con ju ntam en te; pertenecía, p o r lo tanto, a una categoría diferente. Era más h olgad o y vuelu d o q u e Vergara en Vida y minoro*
de... Santo Domingo, Madrid,
aquéllos; en las m lu laiuias d a la sensación d e le n e r un g m e s o forro, pues lo s personajes q u e lo lle­ 1736. pp. 162.209.220.223,
van parecen más corpu len tos q u e lo s q u e van a cu e rp o c on algunos d e los vestid o s d e la serie III. 227.
012) Juegos, fotos 47 v, 97 v.
Suelto y sin cinturón (V Aa), con d os trajes deb ajo, lo viste el R ey mí), un escriba real ira» y algunos (113) Lapidario, M.16. foto 1.

•77-
LA ESTA Ñ A DEL S IG LO XIII LElL>A EN IM ÁGEN ES

person ajes d el IJ b ro d e los Juegos ami. T am b ién lo llevan sob re d os trajes, p ero c eñ id o c o n c in tu ­
rón (V A b ), un caballero <115) y un juglar om>; au n que d e los trajes interiores sólo son visibles las m a n ­
gas, p od e m o s adivinar q u e se trata d e tina saya y d e un pellote. Existen otro s e jem p lo s en q u e este
<114) Juegos foflo 53 r am plio vestido d eja ver d eb ajo sók) las mangas d e la saya; d i o pu ede significar qu e va vestido direc­
(115) Cantiga 121
<116) Cartiga músicos 22 0 . ta m ente sob re ella. P e ro tam h ién qu e el pellote d e d eb a jo n o tien e m angas nrr>.
(117) Cantiga músicos 150. El tip o V B es un o d e los trajes q u e se representan c o n m a yo r insistencia en las miniaturas.
<118) Cantigas 45 d. 144 h.
<119) Cantiga 8 b. Cantigas L o visten ge n te s m u y diversas: cab alleros (iia>. juglares 11191, m e rcad eres rizo), p in to res <ki>, b ailes
Músicos 60.90.00.260. n2a . escribas 023» y otro s m u ch os d e c o n d ició n nn identificabie.
<120) Cantigas 1721.305 b.
311: Jtegos, folio 23 r. D d tip o V C s e pu ede d e d r q u e (uc el traje d e encim a m ás gen eralizado durante los siglos xm
(121) Cantigas 9 e. 74 h.
y x iv en to d a Europa. En las m iniaturas se represen ta hasta la suciedad. l.n visten todos, d es d e el
(122) Cantiga 1/51.
(123) J W 90J. folio!» rey A lfo n so cuan d o v a d e c aza <1241 hasta un pol>re labrador 025). Era un traje c on ceb id o c o n un sen­
(124) Cantiga Wi2c
tid o m u y práctico, qu e se usaba prin cip alm en te para viajar y an d ar p o r los cam in os, au n qu e hay
<125) Cantío»! 161a. b. C. ¿
(126) Cartuja 23 b. tam b ién e jem p los en las miniaturas d e gentes qu e lo visten para andar p o r la d u d a d y e n casa. Los
<127) Cantiga 235 b.
<128) Cantiga )94 b b razos p od ían sacarse p o r las escotaduras laterales o llevarse c om p le ta m en te ocu ltos y abrigados.
<129) CantfeK 26b.c.f: Par- Los tipos Y D. V E, V F eran esen cialm en te trajes d e viaje. Los q u e tenían largas mangas eran
(¿da i foto 60 v
<130) Jotryn, folios 9 r. 63 r. los m ás lujosos: son los q u e en las miniaturas usan para viajar e l Hey (V Eb) 112* 1, gen tes d e su séqui­
(131) Cantiga 28 e.
(132) Cantiga 34. to (1271 y un juglar q u e d es p e rtó c o n su traje la c o d id a d e un cab allero (V Ha) 02 B). Los d e m angas
(133) Carta de venta o? una cortas (V Fa) lo s llevan e n las m iniaturas lo s peregrin os «29). FJ tip o V G. q u e se diferen cia d el V F.
casa y fle un huerto. 1222
th oce documentos de Soto- sola m e n te p o r ten er las m angas m ás estrechas, p arece trotarse d e una p ren d a m ás o rien tal q u e
gvn. p. 472>. occiden tal. A p arece en el li b r o d e los Juegos, d o n d e hay un rico rep ertorio d e trajes orientales roo»,
(134) Testamento de María
de Montoellier, esposa de y en d os cantigas sola m en te. En una d e ellas, los m iniaturistas han represen tad o con este traje a
Pedro I de Araron. 1213,en Du
unos peregrin os q u e acuden a un santuario d e C'nnstantin opla <oi). En la otra (1321 nada nos d ic e el
Cínge, Gtossartom medae et
in/kme Utinftatií, Parh. 1937 te x to d e l lugar d o n d e ocu rre la historia, p ero e s d e n o ta r q u e lo s person ajes fem e n in o s lleva n el
yss. S. V
(135) uveníano de .tas Oiemn traje oriental d e m a ngas anchas c on q u e aparecen la em p e ra triz d e R iza n d o y sus acom pañ an tes
de Arñau de Ciscones, arzo­ en otras m iniaturas d el códice.
bispo de Tarragona. 1346
(«Estado Univcrsitaris Cata- En los textos del siglo Xlll se encuentran sólo d os n om bres q u e s e puedan relacionar c on los
lans*. 1930. p 2381 trajes d e esta s erie V : garn a ch a , q u e en p rin cip io p u e d e re lacio n a rse c o n cu alq u iera do ellos, y
(0 6 ) Ordenamiento de Pedro
ill (citado por Clonard. Dit- tabardo, n o m b re d e un traje d e c am in o c on largas m angas c olg an d o d e los hom bros.
corso Histórica pp. I50tsi>.
G arnacha, o o n ligeras variantes, es v o z com tín a todas las lenguas rom ances. Kn los textos
(137) Oír-ganza, Antigüeda­
des de España, escritura 179. españ oles ap arece tam hién en las form as g a m a c h la <oi>, g u a n ta d a ivmi. g ra n a txia m s ) y gran a txa
afto 1259 (citado pee Cbnant
Discurso Histórica, p 133). ii36). El h e d ió d e q u e sea e l n o m b re d e vestid o d el qu e se encuen tran m a yo r n ú m ero d e citas en
<138) Ley de las ftrltów Ouc los texto d d siglo Xlll es prneha d e q u e s e trataba d e una pren da m u y gen eralizada. En e so s textos,
autoriza a tomar en prensa
«las bestias en que cabala­ la garnacha ap a rec e c o m o un a pren da d e ab rigo, forrada d e p ie l (i37>, equ ip arab le al m a n to <i38).
sen et aun tos paftos que vis­ e n la q u e p od ía em plearse más del d ob le d e la cantidad de tela qu e en una saya, ya que, e n un m is­
tiesen. así corro tos mantos
et garnachas et rapas ct otros m o d oc u m en to , se clin «u n a garnacha e n q u e había siete varas** y se d eja con stancia d e q u e c on
pjRot qui> de esta giisa
tres varas y m e d ia s e h izo una saya y un par d e calzas, y c on cu atro y m edia un p ello te 1139». Estos
sean» (Partida II. tftuto XXVI.
ley XXXII). d atos n o s llevan a buscar la garnacha entre lo s tip os d e la serie V, p o r ser trajes d e ab rigo q u e se
(0 9 ) Oabrcn. L«ko de Cutir
tas de Sancho IV, pp. LXIII, vestían sob re los dem ás, p ero n o entre los trajes para vestir a cu erpo agrupados en la serie III.
CVI». En cuanto a la Ibrm a d e las prendas q u e re d b ío n el n om bre de garnacha, los textos nos dejan
(140) Cornilñus, OeOftc. VI.
pp. 63-64. dtado pw Eberstít. saber q u e presentaban variaciones notables, pues h ab la garnachas c on largas m angas qu e c o lg a ­
l e í A rli íooiptuarles dr
b an d e lo s h o m b ros y garnachas sin m angas, c on escotaduras laterales.
Bliance. París, 1923. p 122.
(141) ./luiros, (oíos 20 r. 63 r. Para establecer la correspondencia entre textos e im ágen es p od em os partir del h ech o d e qu e
(142) C. Berro. Indumentaria
esfiOñoüi cvi tiempos de Car­ lo s b izantinos usaron un vestido d e n o m bre granatxa, cuyas mangas, m u y largas, en v ea d e cubrir
los V. Madrid 1962, p. 30. los brazos, qu edaban colgando, bste vestido se describe en un tratado griego d d siglo Xtv q u e da noti-
(143) Cortes do Jerez de
1268. p 69. d a sob re trajes b izantinos d e origen asiático; allí se cuenta c ó m o del im p erio asirio v in o d traje lia-
TRAJE. ADEREZO, AFEITES

unido granatxa, cu ya » largas mangas descendían hasta los pies. FJ baslleus lo llevaba sm a n tu ró n {lo
cual hace pensar en un traje am plio, d espegado <lel a ie fp o ), los arcontes tenían tam bién e l d eie ch o
a v es tid », pero debían llevar un cinturón al que sujerahan las mangas en la espalda <uo>. Pues bien,
s e d a la coin ciden cia de qu e los m iniaturistas alfonsíes han represen tado, en dos escenas q u e o c u ­
rren en Constantinopia, unos peisonujes vestid os c on un naje q u e tien e to d a la apariencia de ser el
qu e d escribe el texto g rie go d el siglo x iv (tip o V G ); en una de ellas, los p eregrin o s qu e acuden a un
santuario bizantino llevan mangas tubulares, largas y estrechas, sujetas al cinturón d e la misma for­
m a q u e la establecida para los aicon tcs. Existen algun os otro s in dicio s sob re d origen asiático de
eMos mangas tan especiales. En el Libro d e los luegos las llevan algunos tipos exóticos c o m o los m o n ­
g o les iwo. En el siglo XVI seguían siendo un e lem e n to m u y típico d el traje tu rco 042>.
Si a d m itim o s la relació n en tre la granntxin orie n ta l y la ga rn ach a o gran atxia occid en ta l,
|K>dremos re co n o ce r c o m o variedades d el traje d e este n o m b re los tip os V D. V E y V F. El tipo V F
s ó lo se d iferen cia d e la granatxia bizan tina en q u e tien e las m angas algo m ás anchas.
O tro v a lio so testim o n io sob re la form a d e la garnacha son las d isp o sicio n es q u e s e d iero n
e n las Cortes de Jerez el añ o 1268. En ellas deja n establecido que «p o r coser e rajar» garnacha esco­
tada, con piel, s e c ob re n d os sueldos d e p ep io n es, m ientras q u e p o r «c o s e r e tajar» p ello te o g a r­
nacha con mangas, c on piel, se cobren tres sueldas d e p ep io n es iM3>. Es decir, costaba m en os hacer
una garnacha escotada qu e un pellote, y la hechura del p ello te v e n ía a ten er el m isin o trabajo qu e
la garnacha c o n m angas, pues costaban igual. FJ prin cip al Interés d e este texto está en la d ife re n ­
c ia qu e estab lece entre la garnacha c on m angus y In garnacha esco tad a c o m o d os cosas d ife re n ­
tes. Si h a s id o p o s ib le id en tific a r la p rim e ra c o n lo s tip o s V G , V D y V F, e s fácil im agin ar q u e la
segu n do era el traje d e e n cim a c o n escotaduras laterales ilusttado p o r lo s tip os V Au. V Ah. V Ac.
Q u ed a excluid a la sup osición d e q u e la garnacha escotad a fuera una pren d a esco tad a en e l c u e ­
llo, p o r la razón d e qu e e llo n o justificaría su m e n or precio y p orqu e entonces faltaban toduvfa bas­
tantes artos para q u e apareciera la prim era m o d a m e d ieval d e trajes escotados.
LA ESPAÑA DEL SIGLO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

Las con clusiones obten idas, basadas en textos esp a­


ñoles. se refuerzan c on algun os textos italianos coetáneos.
U n a pragm ática floren tin a d e 1343-1344 s e re fie re a g tta i-
Ilocha s c on m a iiic o to li, g u a r n o d w t c o n mon/cofo/i largos
hasta e l s u e lo y g u a m a ch a s c o n fln ls tre ü e 044». Los m a n í-
c o io li largos hasta el suelo eran necesariam ente las mangas
colgan tes q u e no cubrían los brazos; q u ed a ad e m ás im p lí­
c ito (p ie n o todos los m a n ico to ii «Tan así d e Largos. I a & fvm -
t u ll e n os llevan Irrem ed iab lem en te a pensar e n las escota­
duras laterales d e los tip o s V A , V B y V C; e n e l m o d e lo V C
son verdaderas «ven ta n itas« p o r las q u e los b razos podían
asom arse o n o asomarse. La v alid ez d e e s ie texlo p a n Iden­
tificar nuestra garnacha en el siglo xin puede a c e p t a r e si se
tie n e p resente q u e ta n to la vt>7. española g a rn a ch a c o m o la
ita lian ag u a rn a ch a se encuen tran con especial insistencia

Tabardo de camino (Trcnta! Escultura en la Catedral de e n los respectivos d o c u m en to s literarias españ oles e italia­
de San Clemente, C o l León. Un franriveano v un rey n o s y q u e ta m b ién son e s p e c ia lm e n te n u m e ro s a s e n los
PlandUra). Las mangas camino del paraíso. El rey lleva
d ocum en tos gráficos d e los d os países las Im ágenes de algu­
p m fc n t& ¡ de los hombros, capa con cuerda sobre pellote
que en algunos modelos Heqar escotado que deja ver debajo et n os d e lo s trajes in clu idos e n la serie V, m u y particulam en-
a ser finos tutxn, aquí están encordado de la saya. El hábito te las q u e ilustran el tip o V C.
abiertas formando lo que del franciscano no es sino la
adaptación de un traje de viaje El rasgo o o m ú n a tod os lo s trajes d e la serie V id e n ti­
tiempo después llamarán
de uso general, d e los que se ficados hasta ahora c o m o garnachas tengan manyas o esco­
¡am an garrucha.
taduras, es q u e lo s b ra zos qu ed a n lib res y se sacan p o r las
aberturas laterales. 1-a m ism a particularidad se da e n los dos
(144) Premaltra úefle v titL tip os restan tes d e la serie, el V B y ol V C T a m p o c o en e l V C. las m a ngas c u m p le n la fu n ció n d e
Ltfw Cc/xfcrrmífícoum. Ota­
da oot E. RodacanacW. La e n v o lv e r los brazos, sino q u e tam b ién qu ed a n co lg a n d o d e lo s h om bros. Puesto q u e e n lo s textos
(m m t AaAtvu«<3 rtyoqut <tr n o se encu en tra nin gún o tro n o m b r e q u e pu eda ser relacio n a d o c o n estos vestidos, au n s ien d o
tí Rtnnüssance. París, 1907,
P34S los d os m od elos de trajes d e encim a d e q u e existe m ayor n úm ero <le representaciones e n las m in ia­
(14S Otderamerío de Pedro
turas. es pasible iden tificarlos c o m o otras d os varieda des d e la garnacha. E jem plos d e l m o d e lo V
III (otado por Clonara. D>s-
curso ffát&Ko, pp. iWt5t>. C s e encuen tran p o r cen ten ares e n las miniaturas d el siglo Xlll. El n o m b re d e traje q u e se cita con
(146) Jixgcx, lelos 47 v, 9? v.
(147) Gabros. Libro d? üjwv más insistencia e n lo s d ocum en tos literarios d e este s iglo es garnacha; d i o vien e a teforzar la Id en ­
tw <k &jnrfto IV, pp. LXXIII. tificación propuesta.
LXXVIl LXXVIII, lxxix.cxii.
(148) Cortes de Buruos de I-i garnacha, e n sus m ú ltip les variedades, s e usaba c o m o pren da d e ab rigo q u e cub ría los
1338, p, 452. otro s vestidos; sin em b a rgo , cu an d o los reyes vestían d e c erem o n ia, se p on ía n e n c im a d e la g a r­
(149) Cortes de VatedolW de
1258. p. 57. Otros textos del nacha escotad a un m anto. Vestir en ton ces m u ch as p ren d as c on ju n tam en te e ra señal d e etiqueta
s0 o xn que norrtKjn d labar-
do masculino son: Semtob. o distinción . S ab em os que, en ciertas cerem on ias, lo s reyes d e A ragó n vestían g on ela (e qu iv ale n ­
P m ^ tío s m ^ s .0 97: ¿le- te a la saya castellana), g ranatza y m a nto (usk F.n algunas miniaturas alfonsíes. el R ey ap arece s en ­
M y M v ü .v . 138.
(150) C. Berros. ArwwrenrarM ta do en la corte , ves tid o c o n u n a saya, en c im a un p e llo te c o n m angas, so b re éste un a garnacha
es^urloUt en íieirip&s de Cor­
escotada, cu b ierta en los h om bros p o r un m anto (v w .
tos V. pp. HS-W6.
051) isckxo VelArquez Sal T o d o lo exp u esto a n terio rm en te v ie n e a d em o stra r q u e garn acha fue e l n o m b r e gen eral
mareino, citado en Otwntos d e lo s trajes q u e form ab an la fam ilia agru p ad a en la serie V; trajes q u e. c o m o la c a p a y el m a n ­
paraa Huerta do Hunetpa dr
UstoofZ. Lopes de Mcndy,a to, se vestía n en c im a d e la saya o d e l p e llo te ( o e n c im a d e saya y p e llo te con ju n ta m e n te ), p ero
«Achaipi pira un MCibuUrio
se d ife re n c ia b a n clara m en te d e aq u ellos. Sin e m b a rg o , se d a el caso d e q u e lo s tex to s o frec en
oe rdjTTeniarU arcaica, en «O
ArcticotoQo Pcrluqués», LtS- o ir o n o m b r e q u e in d u d a b le m e n te c o n e s p o n d ía a ves tid o s c o m o lo s ilustrados p o r lo s tip o s V
Coa, 1929. mi. XXVIU. pp. 60-
M2;w4tJtoardo»l. D. V V. y V H d e la serle. Ese n o m bre es tahar/ío. Sin dud a se trata d e un caso q u e se repite muchas

-80-
TRAJE. ADEREZO. AFEfTES

v e c es en la h istoria d e l traje: una pren d a c on un n o m b r e m u y particu lar s e p u e d e Incluir, ta m ­


b ié n , bajo un n o m b re d e s en tid o m.ls general. El tabardo se nos aparece, pues, c o m o una v a rie ­
d a d d e la garnacha.
lin los textos d el siglo Xlll. ta b a id o ap arece c o m o n o m b re d e un traje d e e n cim a d istinto qu e
la cap a y el m anto, en el q u e se p od ía lle ga r a e m p le a r cu atro voces la can tidad d e tela q u e en una
saya. Según las cuentas d e S a n d io IV, en las q u e constan d on acion es de telas para tabardos a d ife ­
ren tes personas, la can tid ad d e tela em plead a eti cada un o de ellos oscila en tre seis y o n c e varas
tw7>. En algunas textos aparece c om o un traje prupio para viajar; existen alu siones a tabardos agí la­
d ero s para p ro te gerse d e la lluvia <na>; en 1258 s e p ro h ib ió ves tir ta ba rd o on c o r te 04»>. P ero las
pruebas d ecisivas p ara la id en tificación del tabardo c o n lo s tip os V D , V E y V F s e encuen tran en
textos más tardíos q u e d escriben el tabardo c o m o un a m p lio vestid o cerrad o c o n capuchón , c on
d os aberturas laterales para sacar los b razos y largas m angas p en d ien tes d e lo s h o m b ros ftsoi, o lo
d escriben c o m o un an tiguo c ap ote largo castellano, c o n m a n eras o aberturas laterales p ara sacar
los brazos y c on mangas nsi>. 1.a pren da q u e c on estas características ap a ie c ió en d O ccid en te cns-
tiano, p o r p rim era v e z en el siglo xill, es la q u e en e l s iglo XV se conservaba, sin h ab er ap en a s sufri­
d o variaciones, c o n d m ism o nom bre.

S «rlo VI Variedades
que presentaban los
mantos y capas: capas
semicirculares (A),
capas con cuerdas <B),
capas con ober tura
lateral poro socar uno
do los brazos (C),
redondeles con trascol
(D). capas con mangas
(C), capas aguaderas
(G), capa rural (H>.
b a la d re s (I).

<152» Parrtías. tíuio XXUey


XVIII; Borcea Sanio Ckvnúi-
0ft493
(153) Cortes de Jerez de
1268, p. 69: £fcru y Ateni», vr.
138,176.
<154) Cortes de tortadaWtíc
t2Sap.57.
(155) Concilio lotjionemo de
*267. en España Sagrada.
tomo XXXVI, Madrid, 1787, |>.
Serie V I. Capas y mantos 229.
La fam ilia d e capas y m antos, q u e es la q u e fo n n a esta serie, h a sido, d es d e el s iglo x hasta la tie m ­ (156) P.vtvin (tinto V. ley 39.
(157) Cortes de ValliOold de
p os m od ern os, d on d e d traje esp añ ol ha m o stra do m a yor origin alid ad y variedad. I25ar-57.fcxfr.w585.fltf-
N o hay d ato s para sab er si en el siglo Xlll m a m o y ca p a eran s in ó n im o s , o si existía algún giAdS. 274 0.
(158) Galbroh. Ltom de Cum-
m a tiz d ife re n c ial. F.n lo s tex to s d e ese s iglo s e en cu en tra n lo s n o m b res d e m a n to 052>. m a m ó n tas de Sane/» tv, t. o. t xxvtt:
Martínez Ferrancto, La O m i­
0531, ca pa iis4), c/ifta co n cuerdas nss). ca pa con m a n ga s056). ca/vi p ie l057) y redondel rsu . En varios
ta Real de Jaime II. doc 26.
casos, d n o m b r e m is m o n o s p erm ite e sta b lec er eq u iv a le n cia s entre lo s m a n to s y cap as citad os 1X46.

- 81 -
I.A ESPAÑA DEL SIGLO XIII LEÍL>A EN IMÁGENES

Izquierdo: La capa
(Ju e go * folio 14 v>,
Cada uno d e estos tres
personajes ilustra una
macera distinta de
llevar la c a p s el de la
ú e re ct» la lleva retirada
cejando ver peítote y
saya encordada, el
siguiente echa una de
los puntas de la capa
por encima de su
hombro, el del fondo la
lleva cubriéndolo la
cabeza t os tres llevan
pequeñas barbas y
bigotes, moda que
aparece a fines del
reinado de Alfonso X.

Derecha: Capas con


cuordas (.Jimjos, folio
71 r). Tres caballeros
jugando a las tablas. Los
tres se cubren con
capas con cuerda. El de
la derecha lleva la capa
sobre la cabeza, con sus
ricas cuerdas baso la
barbilla. El de la
izquierda la lleva sobre
un hombro y deja ver el
rico forro de piel; las
cuerdas llegan por
delante casi ta sto el
suelo; bajo la capa, la
saya ablusada deja ver
un lujoso cinto, una de
cuyas pontas s e v e caer
por delante.

Debajo: Mangas
cosedlzas y manto
{Juegos, folio 8 1). t i
caballero sentado lleva,
bajo una capa con
cuerdas que le rodean
el cuello, una saya
«en cordada* con
«nvanoas cosedizas».
manqas cortadas aparte
y que podían
intercambiarse con
otras. La capa del otro
cabalero tiene de
particular el llevar una
abertura por la que saca
su brazo izquierdo,
particularidad que se
dló en el traje español
desde el siglo x al x v l

-82-
TRAJE. ADEREZO. AFEITES

Escultura en Burgos. En lo
alto de las torras d é id
catedral podemos ver hoy
otras muclias (¡guras como
éstas; on la de la izquierda
un caballero lleva capa con
cuecdas el otro barbado
viste como peregrino o
caminante, con capa
aguadera cerrada, con una
sote abertura para pasar la
cabeza; se apoya con ambas
manos en un ciaíjo.

Bm Ü

(159) En ura miniatura del


¿.vw em referente a «acons-
te<ac>dn se Orifln. se repre­
senta un tiomOre o-je, según
Balandro (Cantiga 31 bK o plica el texto, lleva «uno
Aitíearx) vestido con saya y manqa que cuelga de la
encima balandre. según uso m3no». La manga que este
de pastores y labradores. El hombre tiene cogida de la
■nano es un tubo tí* tela
traje de labradores,
muct» más largo que los txa
artesanos, etc . empleaba la
ros, «ue se va estrechando
lana v i l teflir, en su coto! progresivamente hasta ter­
natural. minar casi en perita (U p M r
rio, falo 19 0. Esta miniatura
es pfucto luien te par» roco-
e n lo s textos y lo s represen tad os en las m iniaturas. Así. p o d e m o s re co n o ce r la cap a c o n cuerdas nocer el lamado capirote de
man^a (Conjunto dv Ultra­
e n el tip o V I B. c o n un c o rd ó n o cuerda atravesand o e l p ec h o, y la cap a c o n m angas on e l V IE ,
mar, ed. Gayangos, Madrid.
ya q u e s e p u e d e d em o stra r docu m en ta l m e n te q u e s e d ab a el n o m b re d e m a ngas a lo s tu bos d e 1877. p. 662) en e<que tk*ne
una terqacola cagante, según
le la estrech o s y largos q u e qu ed ab an c o lg a n d o d e lo s h om bros, au n qu e n o c u m p lies e n la fu n ­ nrxto que se extendió en el
ció n d e cu b rir lo s brazos<sy>. Igu alm en te, p o r e l s ign ific ad o d e su n o m b r e ¡ro d em o s id en tificar siglo xiv <C Berrts. tndumen-
táfíí hhtiitval ESfiifMa,
d re d o n d e l c o n e l tip o V I I ) , p o r ser e l ú n ic o d e la serie q u e n o es rectan gu lar n i sem icircu la r, Madrid. 1956,»}. 94). Otros
ojempio* do trajes con msn-
sin o q u e p a re c e te n e r la fo r m a d e un c ircu lo casi c o m p le to , c o n la a b e rtu ra cen tral, ta m b ién
oas Que no cimpfen la tincián
redon d a, p ara la cab eza. La capa re d o n d a y la v o z «re d o n d e l» s on d os n o veda des e n la m o d a del de cUxír ios brazos se dan en
el caso de la garnacha^ segjn
siglo Xlll. Capa p iel era. m u y p o s ib lem e n te , e l n o m b re q u e se dalia a las cap as qu e ten ían forro textos citad» más arriba.
d e piel; e n el F u e ro d eC á ccrcs, d e 1228, s e o p o n e la c a p a p ic llc tusada en un a tercia a la cap a d e (160) Mateos Mjríllo. Coíec-
ciáo Mptomálica, citada par
c o lo r sin p e ñ a les d ecir, s in p iel), tasada en un a s es m a nao». Las C o rtes d e V a lla d o lid o rd en a ron Clonad. Discurso Histórico,
q u e n ad ie luciera c a p a p iel más d e d o s veces al añ o. y q u e la capa aguadera d eb ía durar dos años p.95.
(161) Cortes de vallMctfd de
í«U). I m textos nad a d ice n so b re la form a d e las cap as aguaderas q u e. c o m o su n o m b r e indica, OS&p.S7.
LA ESPAÑA M I SIGLO XIII LEÍDA EN IMÁGENES

se usarían p ara p ro te gerse d e la lluvia. D e lo s tip o s agru p ad os en la serie V i, d q u e a p a rec e en


(162) Parida I. «uto IV, Lev
XCII las miniaturas c o m o una pren d a esencialm ente práctica, usada s o la m en te p o r peregrin os y c a m i­
(163) « A i iungitur in cotu­
do... et ex tales es parte una nantes. es el tip o V i G; este será, p or lo tan to, d q u e c o n m a y o res p osib ilid a d es p o d e m o s tom a r
guale o « altera» (Martínez c o m o ilustración d e la c a p a aguad era citada en los textos. T a m b ié n es p osib le averiguar e l n o m ­
ferrando, U¡ Cámara Real de
JaVw ft p. 17). b re d e la pren d a represen tad a p o r el tip o V I I , pues co ir e s p o n d e p erfectam en te a la d escripción
(164) Cantigas 97 e. IZO a. q u e se h ace en las Pa rtid a s d el b o la n d re ; ¿«ta s d isp o n e n q u e e l p en ite n te vista «es c a p u la rio a
246k 257 0. Cantiga músicos
folo 29. c aron a d e la carn e, fe c h o c o m o balandro, h a b ien d o uno falda detrás c otra d ela n te c t con c a p i­
(165) Cantiga 345 0.363 b.
ro te o sin é l » (i62>. D o cu m e n to s aragon eses d e 1304 m e n cio n an e l b a k tn d ron e t q u e usaba e l R ey
(166)Cart¡o«.Vb.53e,67
e. 316a. para afeitarse nan; d a d o su uso. b ie n p od ía ser sem e ja n te a la p re n d a rectan gu lar c o n u n o r ifi­
(167)Car*lga22e.
0 68 ) Jueces, roto 54* c io p a ra m e te r la ca b ez a ilustrad a p o r e l tip o V I I . y descrita c o n e l n o m b r e d e b alan d ro e n las
(t69) Cantigas 44 a. t. 64 b. Partidas.
I91t*l94a. 363 a.
(170) Cantiga! 32 e, 74 e. 3J3 Las m iniaturas n o s ó lo nos d an a c o n o c e r un v aria d o m u estrario d e cap as y m antos, sino
!, 318; Jupqos, fcüo 30 r. q u e n os proporcionan , adem ás, algunos datos s o b re la c on d ició n de las personas q u e los usaban.
(171) Concilio Loglonense. p.
229. F.n gen eral se o b s e rva q u e la capa o m anto, e xc e p c ió n hecha d e las varieda des ilustradas p o r los
(172) P otl «Von míletalter-
tip os V IG , V I I I y V I I (e s decir, posib les capas aguaderas y balandros), ero un a pren da noble, n o
fcher Sctrurmantet». en ZtN
SÜVB1 fiir Htsluiüctv Waffen p or tod os usada.
und Koslumltuntte, 8«rl/n-
Munkti 1933. p. 123. La cap a s em ic irc u la r sin cuerdas (V I A ) la lleva n reyes o«4), c ab allero s 06S), c lérig o s otó), y
(173) Cantigas músicos 110. un p ere grin o a Roca m a d o r <i67>. Son tam b ién reyes o »> . cab alleros e in fan zon es rv6w y clérigos <t7o>
140; Jieflos, toíos 8 r. 84 r,
68 r. lo s q u e aparecen e n las m iniaturas lle va n d o cap as c on cuerdas, si b ien a estos ü ltim o s les h a b í­
(174) C Scrris. Indumentaria
an s id o p rohib id as en d C o n cillo d e l e ó n d e 1Z67o7d. Las capas d e los clérigos son a lg o m is co r­
Meste/al tlgs 12.1164. ídem.
«Modas «paitotós medieva­ tas. y tien en las cuerdas más finas. La m o d a d e las capas c on cuerda, q u e perm itían gran libertad
les en el renacimiento euro­
pea», Zetsctrift für Wstoris- de m o v im ien tos , in clu so echárselas p o r encim a d e la cab eza en la form a q u e ilustra d m o d e lo VI
che Wallen und Kostumtun- Be, se e x ten d ió p o r to d a E u rop a a p rin cip io s d el siglo XII). Se han d escu b ierto sus an tec ed e n tes
dc 1%0, Hetl 1. p. 27.
(175) M. Gaibrois, Ubco tfe en la A le m a n ia d d siglo XII itt».
Cuernas de Ssncho i V, pp. EJ tip o VI C, d d q u e hay e jem p lo s en juglares y caballeros 073>, presen ta una curiosa p arti­
LXXVR, LXXIX. CVI.
(176) fn Ut Ccries d» Sovtla cularidad: una abertura e n el costado i/quierdo para sacar e l b ra zo p o r ella. Al p a re ce rs e trata d e
de 1252 se autorizó a coner
una m o d a típ icam en te esp añ o la c u y o » an teced entes s e rem o n tan p o r lo m en os hasta e l s iglo X; a
armiño o nutria perfilandoe(
marrtoytrascoKp 125X fines d el s iglo XV perduraba tod avía y con serva ba su carácter nacional 074).
(177) Cantiga 28 (,
(178) Cantiga 78 tx En e l caso d e la cap a redo n d a o red o n d e l (V I D ) es esta abertura lateral lo ún ico qu e d ife ­
(179) Cantiga 25 d.
(180) Cantil 88a b.
(181) Cantiga 26b o.
rencia los ejem p lo s d e las m iniaturas alfonsíes d e los n u m ero sos que se encuentran en las obras
d d resto d e Europa. En España y fu era d e e lla era costu m b re llevar e n cim a de la cap a redo n d a un
(182) Cantiga 120 a. Cantigas gran cu ello d e piel, tal v e z la a lm u z a o m u z a citad a a> algunos textos <i7s>, pues ven ía a ser la m is­
músicos 50.90, 220,260.
330. m a p ren d a q u e d es d e h ace varios siglas ven im o s llam an do m uceta. O tro p osib le n o m b re de este
(183) Cantiga 6Te.
gran cu ello sería trascol, au n qu e esta v o z pud iera ta m b ién s ign ificar sen c illam e n te e l b o r d e d d
(184) Juegos. rslio 22 v, 92
v, 93 v. escote o ro . El redon d el, con su gran cuello d e p id , lo visten, en las miniaturas, reyes <m\ un c o n ­
(185) Cantío) Sdaánde.
(186) Cantiga 228. d e y sus p riva do s erra), m e rcad eres <1791, un m é d ic o rico ntso>. un n o v io e n la c o m id a n u p cia l iniii.
(187) Cantigas 49 c 1711 175 juglares (tea, un person aje con b on e te d e clérigo, aco m p añ an d o al ob is p o e n la m esa (tas>, y otros
a. 307.
(188) Cantigas 2 t U 49 e. 73 d e c o n d id ó n n o id en tificab le.
t. W4 t>. 159 e. La cap a c o n m angas, la d e hech u ra m ás co m p lic a d a d o cuan tas c o m p o n ía n la fam ilia d e
(189)Tlpj VflH:Cantas l e
14/ e. 178 e. Tipo V ita (suel­ capas y m antos (V IE ), n o p arece ten er equ iv ale n te e n la m o d a cristiana o c c id e n ta l En d Llbru de
to y flotante): 31 e, b, 102 e,
los Juegos la llevan algunos p ers o n aje sq u e están descalzos 084). En el c ó d ic e d e las H istorias ap a­
228, 266 a. 278 e; Cantiga
músicos 340 Tipo Vi Ib (meti­ re ce c o m o traje d e escudero q u e v a d e c a m in o ñas» y d e un ric o lab ra dor 1186).
do por el cinturón): Cantigas
182 e. 178 e, 228 b. 289 a. La c a p a o m a n to rectan gu lar ilustrado p o r d tip o V I F ap arece en las m iniaturas alfon síes
(t90) Cantiga 3t3d. m u y raram ente. Represen ta la persistencia d d m a n to tradicion al rectangular q u e se había usado
(191) Cantigas 224a.3t2b.
313 d. en los siglos anteriores.
TRAJO, ADEREZO, AFEITES

Fl tip o VI G. la p o s ib le cn pa a guadera, ig u a lm e n te rectan gu lar p ero c o n u n o rific io pa ra


s acar la cab eza, ap a rec e en las m iniaturas s ola m e n te c o m o vestid o d e p eregrin o s y cam in an tes
os?», e n a lg u n o s e je m p lo s e s d e p iel p o r fu era (VT G b ) c e»), p ero p o r lo g e n e ra l era e m p le a r las
p iele s en lo s forros.
I o s tip o s V I H . y el V I I id en tific a b le c on el h alan dtv, eran p ren d as e se n cia lm en te rurales
q u e sola m en te usaban pastores y labradores iwn.

TR A JE S F E M E N IN O S
En d s iglo XIII. el traje d e Ib m u jer presentaba m e n o s variedad q u e «1 d d hom bre. La m o d a fe m e ­
nina, c o m o ocurría con frecuen cia e n la E dad M ed ia , estaba en gran parte supeditada a las in icia­
tivas d e la m o d a m asculina. La equ ivalen cia entre los tip o s d e pren d as m asculinas y fem en in as,
así c o m o en tre lo s n o m b res qu e recib ían , e ra n m u y grandes. Estas eq u ivalen cia s resultan m uy
n otorias al com p a rar los tipos clasificados en d esq u em a Trajes m a sculinos c o n los q u e, ord en a-
tíos según e l m is m o criterio, se reprod u cen en el esq u e m a Trajes fem en in os,

Serie I. Prendas interiores


I a única pren da in terior fem enina de qu e ten em os noticias es la camisa. En las miniaturas se repre- Serie i ' ¡cam isa
sen tan d os tip os d e camisas: cam isas am plias y d espegadas d el cuerpo, taigas hasta casi las to b i­
llos (I A ), y cam isas m u y ceñidas, con cuerdas e n un costa do <»90>.
En d siglo Xlll encon tra m os lo s p rim ero s e jem p los d e un a m o d a típ ic am e n te espartóla qu e
bahía d e pasar al resto de Europa en el R en a d m ie n to : las cam isas bordadas c o n sedas de colo res
n»u. C o m o e l caso d e otras vistosas labores españolas de la Fxlad M edia, h ay q u e peasar en un orl-

Marqotnaduras (Cantiga 117). A la izquierda. una Camisa (Cantiga 3121». La nn jer lleva camisa de
mujer allayaUt que había prometido a la Virgen no lujo, por sus margomadut as y cuerdas, bordados
i over ni cotlar en sábado, falla a su promesa prohibidos por las Cortes sevülanas de 1252, y
li«bielda pot el demonio y corla una camisa. cuerdas prohibidas por las Cortes jerezanas de
A la derecha, otra mujer hace camisas 12 6 8 . La ¿ m o ta d a también s e adorna con
tn.yqomadas, sequii e» texto coirespondíenle a la mar goniodui as o bordados. El lecho está tendido
miniatura, sobre una alfombra
LA ESPAÑA n a SIGLO Xlll LEÍDA EN IMAGENES

Almohada de San gen m usulm án i » » . l o s textos d el siglo Xlll s e re fie re n a las cam isas b orda da s c on el n o m b re de
Femando (Capilla Real, ca m isasm argom adas. la s Cortes d e Sevilla las h abían prohib id o en 1252 093). p ero las miniaturas
Madrid). Bordado con
d e las C antigas dem u estran q u e esta prohib ición n o tu vo e fecto . U n e je m p lo m u y cu rio so o frece
seda de atea muy
tra-nuda, kjuül que Iüí la can tiga 117. q u e tien e p o r asunto lo q u e le o c u irló a una alfayata q u e había p ro m etid o a la V ir­
rnaiqomaduf as de la gen n o coser ni cortar en sábado, p e ro q u e ro m p ió su p rom esa, instigada p o r e l d em o n io , h acien ­
camisa que cose lo
alfayata de la Canliqa d o camisas m argomadas. En la miniatura correspon dien te aparece la alfayata b orda n d o una c a m i­
117. sa s em ejan te a las q u e en otras m iniaturas llevan algunas m u jeres q u e están en el lech o. A pesar
d d p eq u e ñ o ta m añ o d e las miniaturas, p u e d e ap reciarse e l p a re cid o entre los borda dos d e estas
cam isas y lo s d e algun os cojin es e n c o n tra d o s e n lo s e n terram ien to s reales d e Las H uelgas. Son
b ord a d o s h ech o s a aguja c o n sedas o c o n lanas d e c olo re s <i94). O tra m u estra d e estos borda dos
n os ha q u ed a d o en la alm oh a da d e San F e m a n d o . Cam isas fem e n in as se d escrib en tam b ién en
cuentas d e 1302 y 1312, d e la Casa Real d e Aragón . U n a d e ellas, b orda da c o n h ilo d e o r o y seda;
otra «su tam ad pun ctum d e U ngaria», c o n h ilo d e o ro . plata y seda 09si. La m o d a espartóla d e los
trajes a m plia m en te escotados en las sisas (II Da. D b ) perm itía lucir en buena parte las ricas c a m i­
sas bordadas <m>.
TRAJE, ADEREZO. AFUFES

S «rto II Trajes que se


vestían directamente
sobre a catróa: la saya
común (A); las sayas
ajustadas y encoi cadas
<B, C): el brial, traje de
lujo do extraordinaria
longitud (Da), (l>b:
patrón rie un hrinl
consetvado en un
enterramiento reaíK
sayas con manijas
c r tubulares que se usafcan
para dan/ar <E); saya
rúslica(F).
Serie II. La saya y el brial
Los trajes in clu idos e n e s ia serie se vestían s iem p re d irecta m en te sob re la cam isa. L o no rm al era
llevar e n cim a un segu n d o vestido o un m anto. Solam en te las m ujeres d e m odesta con d ición , algu­
nas d on cella s y las cortesanas se presentaban en pú b lico c on u n so lo vestid o.
Los textos dun al p rim e r traje qu e vestían las m ujeres sob re la cam isa e l m ism o n o m b re qu e
a « ti eq u iv a le n te m asculino, es decir, saya. L o s q u e d escrib en trajes d e reinas, n o b les o m u jeres
ricam en te ataviadas, dan a este p rim er traje e l n o m b re de b r ia l En el siglo XII b rial hahía sido el
n o m b re d e l traje d o d eb ajo d e las clases nobles, tanto fem e n in o c o m o masculino. A partir d d siglo
Xlll, cu an d o lo s h o m bres ab an d onaron e l traje talar, b rial sólo aparecerá en lo s textos c o m o n o m ­
b re d e un traje fem e n in o.
El brial y la saya v en ían a ten er la m is m a hechura, p ero el brial e ra un traje larguísim o, que
arrastraba vario s p alm o s p o r el suelo. C o m o traje d e lujo, p od ía ta m b ién diferenciarse d e la saya
en la i iqu eza d e la tela y d e las guarniciones.
En las m iniaturas, m u d ia s veces lo q u e d iferen cia a las m u jeres d e las altas d a s es sociales (1921 C. Bemis, «iryJumería-
t a femenina eipañola en el
fren te a otras d e h u m ild e c on d ició n es la riqueza del vestido y n o su form a, lois te xtos d d s iglo xin w i * camisa de rmfar*,
«Archivo «p.fflo/ de Arte».
nada n o s d icen sob re la especial longitud d el brial, p i r o d ocu m en to s posteriores dem u estran que
XXX, Madrid 1957. pp. 167-
e llo fu e u n rasgo con tinu o d e los trajes q u e en los siglos XIV y XV recib ie ro n este n o m b re n97>. 209. ídem. MoSa$espafiolas
/nCT*euafcj,l9É0, p. 36. foenv
La saya más s en d lla (II A ) tenia exactam en te e l m is m o corte q u e la saya m asculina com ún 7rales y meóos «vi A» Espato
(Trajes m asculinas: U A a): la única d iferencia estaba en q u e la del h o m b re llegaba s ó lo hasta m edia de los Reyes Catáteos. I. Las
mujeres. Madrid. 1978. o. 49.
piern a y la d e m u jer cubría hasta las pies. Esta saya era una pren da h olgad a q u e qu ed ab a p legada (193) Cortes de Sevilla de
1252. p. <26
en la cintu ra p o r e fe c to d d cinturón . Hn las m in iaturas la visten sin m ás traje e n cim a artesanas
(1941U. Gómez Mcrero, Pan­
<i?8), m u jeres q u e juegan a los d ad os o aco m p añ an a lo s tahúres o » ) , taberneras <200». labradoras teón Real de las Hurtoss.
láms. CXXVI a CXXXI.
(20i>, alfayatas <2021 y juglaresas <20J>. (J95) M artí»* f errando, £,y
Se estilaban tam bién sayas y hriales extraord in ariam ente ajustados ( I I 13, II C, II D, IIF ). l a CtffTwa Real en el reloado de
jtüCnrwMpp 5 y 59.
m o d a valoraba entonces m u y esp ecialm en te la estrechez d e la tin tu ra fem en in a, tal c o m o se d es­ (1961 Juecios. tallos 8 f. 32 r,
60 r.
p ren d e de la siguien te descripción d e una jo ve n , qu e lle va rías in d u d a un lirial m u y ajustado:
(1971 c. Berris, rrafes y

M a s v i ven ir u n a don cella


11 1
modas rn la £$poño 1c los
Reyes CatóNcos. Los hom-
tres. Madrid, 1979 (Glosario,
pues n a ( f n o n v i tan bella so voz).
(i98> Juegos, folio 65 v.
(199) Cént^to 72 c. 136.294.
p o r la Centura delgada (200) Cantuja; 93 a. 157 a.
(201) Cantlqa 1781
bien estante e mesurada (202) Cantuja 148
e l m a n to e tu b ria l (203) Cantiga músicos 33a
(204) Rozón de Amor,
d e xarnet era. q u e n o n d 'a l <204>. Vi. 56-71

• 8?.
ESPAÑA DEL SIG L O XIII LEÍDA EN IMAGENES

El p r o c e d im ie n to e m p ic a d o p a ra ajustar las sayas y los b ria le s era. c o m o e»i las sayas do


h om bre, abrirlas a un costa do y encord ad as ( I I G I I D. II E). En algunos m od elos, c o m o en e l II B.
es d e sup on er q u e la cuerda estaba e n la espalda; ejem p lo s d o sayas d e h o m b re vistas d e espaldas
y encord ad as d e esta form a ten em os, c o m o qu ed a d ich o m á s arriba, en d L ib ro d e los lu e g o j. En
e l traje fem en in o, los b ord e s d e la abertura lateral q u ed ab an a v eces m u y separados, d eja n d o ver
una buena p arte de la cam isa. S em ejante atrevim ien to in sp iró al re y A lfon so una cantiga en la qu e
s e pregunta si lo q u e p reten d ían lus m u jeres c on e llo era en señar el vientre:

ti e gra d o qu e ría o ra saber desres


q u e trr/icn uiyas encardadas
en q ue se a p e n a n m u y p o n to s vegadas
se o fa ce n p o r los ven fies m o s tra r i20s>.

la s d on cellas llevaban sob re las sayas y b riales ajustados un a cinta o cinturón flojo , c ayen ­
d o en on da p o r delante (II B. II E). A s í lo lleva una d on cella en la C antiga 371 y la Virgen M aría en
(2031 Cinootwo tf¡>la SOto- alguna miniatura « 06i. En la Cantiga 306 se dice d e una jo ve n q u e «a cinta lie d esccn deu iusu c o m o
teca nacional, Lisboa. 1949-
1953. II. p. 370. a m oller virgen». l a s barraganas, e n cam b io, llevan el cinturón ocu lto p ar un p rofu nd ó d o b le z <zot)
(206) Cantea 3061. ai c. m a
(207) Ccnt¡C3$ 137c. d MO t.
(208) Jt-egcs, tobo; 8 r. 16 r. U n a d e las pren d as m ás origin ales d e la m o d a fem e n in a esp añ o la d el siglo XIII fu ero n los
32r.40f.60r.
briales y sayas ajustadas, s in m angas, am plia m en te escotados en las sisas, qu e d ejaban a la vista
(209) M. Gófliez Morerw.
Panteón Re¿l de las Huelgas, una buena parte de la camisa en brazos, h om bros y pech o (H D ). C o m o las sayas masculinas, a d m i­
pp. 23-24. lám. XXXIV a.
tían m angas casedizas (III C ). Los e jem p lo s en las miniaturas correspon den a reinas y m ujeres rica­
(210) Artetonado i)e la cate­
dral de Torutil, ICantíontro m e n te ataviadas. T o d a s visten el b rial b ajo un segu n do vestid o m u y a b ierto en los costados (IIIB )
de Avjda. p. I!9>.
(211) Cantiga 79 a. qu e lu d eja al d escu bierto d es d e lo s h o m b ros hasta m ás ab ajo d e las caderas. Algunas llevan, a d e ­
(212) V350 ce plata tdsánUa. más, un m a nto rob>. Con las m ism as ropas q u e las reinas representadas en las miniaturas lú e en te­
con cuatro tigures de batori-
ivas. Water? ArtGslIofv. Bal- rrada Ie o n o r d e Aragón, esp osa d e Jaime l e hija d e A lfo n so VIH d e Castilla, m u erta e n 1244. H o y
timóte).
sus vestid os se conservan en la extraordinaria c o lecció n d el M u s e o d e las Huelgas. Sobre la cam i­
(213) Ccrona b?l empwaóor
Constantino Monomachas. sa de lic rm ) llevaba, al ser sacada d el sarcófago, tres prendas d e una m ism a tela riquísim a: e l brial
«421055. (MUSCONocional
do Bufones!). ( IID . b), el traje de encim a, con escotaduras, id en tificah le con el p ello te (III Bb), y el m a n to <209).
(214) Artjuetade la iqlcsla El b rial tien e 1.90 m etros d e largo, lo qu e represen ta una c ola d e m e d io m etro en red o n d o. Au n ­
Parroquial tío ntero. Placan
de mármol slrto-eqvcias del q u e su conservación es relativam ente buena, ap arece o o n a d o p or e l desgaste, a la altura del d ob le z
siglo XII. (Museo Nocional do
qu e arrastraba por e l suelo.
Florencia!
(215) Cantigas 89.115.258. El m is m o tip o d e saya o brial encordado, ajustado y escotado en las sisas, p ero c on d os m a n ­
(216) Cantigas 4 d 57 1>, 89
gas largas y estrech as c o lg a n d o d e lo s h om bros, e ra usado p o r las juglaresas (2 ¡o>. C o m o qu ed a
a, o, c. 117b.
(217) Cantigas 126b. 312 b. d ich o al tratar d e la garnacha masculina, esta» m angas, d e las q u e existen e jem p lo s en otras pren ­
(218) Cantigas 64 U 194 a
(219>CcfitlqaslC4a.t\C.«37 das d e e n cim a m asculinas (T ia jes m a sculin o*; V G ) y fem en in as (III C , V E), eran d e o rigen o rie n ­
d IX152 a. tal. Q u e las juglaresas las pusieran tam b ién en la saya se e xp lica p o rq u e estas m angas se presta­
(220) Cantiga 104 a,
(221) Juegos, folio 16 r. b an para el Juego d e lo v b razos en ciertas danzas, c o m o p u e d e verse e n la m in iatu ra q u e re p re ­
(222) CantíQa 122 b.
senta a una niña bailan d o (V E b ) can.
(223) Cantigas *40 f. 137 e.
(224) Fot» 16 r. En obras persas d el s iglo 111 o l\' czia, bizantinas d el s iglo 1x 121» y m usulm anas <2w> se repre­
(225)FoX>24v.
(226) FolO 24 v, sentan bailarinas q u e agitan y liacen voltear con sus brazos, b ien un a larga banda in dep en d ien te,
(227) Cantigas 4 y 5. o b ien sus propias m angas, estrechas y larguísim as c o m o las d e nuestras miniaturas, p ero q u e les
(228) Cantiga 21.
(229) Folio 5 r. 32 v. 33 r, 34 cuh ren totalm en te brazos y manos.
v. 3*5 r, v. El tipo I I F d ifiere con siderablem ente de tod os los restantes d e la Miñe, lis un traje c orto qu e
(230) Cantigas 4 c. 34 d, 167
í. C. 265 e. deja a so m ar d os palm os d e la c a m is a P arece e star p ro visto d e unas m angas tu bulares, anudadas
TRAJE, ADEREZO, AFEJTFS

sobre los h om bros para p od er manipular c on m ayor com od id ad . la s tres mujeres q u e en las m inia
lu ía s llevan este traja van descalzas tzisi. D o s d e ellas s on pan eras qu e asisten al nacim ien to de un
nifto; otra es un a m u je r am asando pan. M u y p os ib lem e n te este traje c orresp on d e a un Cipo social
m u y d eterm in a do qu e n o p od e m o s precisar c on exactitud.

Serie III Pellotes sin


mangas qi*e se v eslían
sobre la saya o pl tria):
patrón de un petate
conservado en un
enterramiento real (Bb);
pefiote de barragana
con mangas tubulares
para danzar (C),

Series III y IV. Pellote, piel, almejía


Los trajes com prendidos en estas dos series tenían d e com ún d os con d icion es se vestían sobre el brial
o la saya y adm itían encim a el m a n ta Los d e la serie III eran prendas sin mangas o c o n escotaduras
laterales que dejaban lu d r en porte la saya o e l brial. Los d e la serie IV tenían mangas y ocultaban c o m ­
pletam ente e l traje d e debajo, d el cual solam ente asom aban los puños por las bocamangas.
El tip o III A, sin mangas, con d n tu ró n o sin ¿1. corresp on d e al m asculino I II B y, c o m o a q u é l
era usado p o r person as d e m u y diversa con d ició n <z«). En su versión m ás rica (III A c) tenía gu ar­
n icio n e s b ord e a n d o e l e sc o te y las m a ngas izm\ esp o sa s d e cab alleros o in fa n zo n es lo llevan de
esta m a nera «ib ». En e l m o d e lo III A d se a d vierte la ten den cia a au m entar el ta m añ o d el hueco de
manga, ten den cia q u e explica la aparición d e los vestid os am plia m en te escotados en los costados,
m in o e l tipo IIIB . Igual q u e sus equivalentes masculinos ( Trajes: III O . los trajes d e encim a am plia­
m e n te ab ierto s n o eran d e uso gen eral. Las m u jeres q u e lo s lle va n van ric am e n te vestidas; son
barraganas <2m , esposas d e escuderos (2201, reinas <2211 y m u jeres d e su séq u ito <222». El m o d e lo con
mangas tubulares, propias d e lo s trajes d e baile, y un d ob le z en la cintura ( I I I Q lo visten solam ente
las barraganas <2231. L a p referen cia d e las barraganas p o r estos trajes Km abiertos p u e d e exp licar­
se p orqu e perm itían lucir e l cu e rp o m e jo r q u e nin gún otro.
Los trajes d e e n c im a c o n m angas, agru p ad os e n la serie IV. n o estaban tan gen era liza do s
B C
c o m o los trajes d e e n cim a sin mangas d e la serie III. Sus e jem p lo s son m ás escasos. El tip o IV A de
m angas estrechos ap arece só lo en e l L ib m d e los Juegos, d o n d e lo llevan reinas 1224). dueñas a z s> y S erle IV 1rajes de
oncima con mangas
d on cellas <226j. Los tip o s IV B y IV C , c o n anchas m angas, represen tab an e n el siglo Xlll la p ersis­
ten cia d e una m od a d el pasado. la s m angas anchas habían s id o un o d e los rasgos más caracterís­
ticos d e la m od a fem en in a durante los siglas XI-XII. F.n los tiem p o s d e A llo n s o X eran ya raras. C on
m angas anchas aparecen en las m iniaturas d e las Cantigas la e m p era triz d e C on stun tin opla nzry,
u n a m u jer en duelo <220) y un a tejedora (VI B), M ás ejem p lo s o frec e e l ric o repertorio de trajes del
IJb ro d e los Juegos <229>. la s mangas anchas eran tam bién propias d el traje d e m oras y judías tzx».
En los textos se encuentran tres nom bres aplicables a los trajas q u e las mujeres se ponían sobre
In saya y b ajo el m anto: pellote, q u e ap arece c o m o pren d a m u y gen eralizada, Igual qu e su e q u iv a ­
lente m asculino, piel, y a lm ejía ; estos últim os, m ás raros, eran am bos, al parecer, n o m bres d e tra­
jes d e e n c im a c on m angas anchas.
LA ESPAÑA DEL SIGLO Xlll LEÍDA EN IMÁGENES

El pellote, con la saya d eb a jo , era d traje q u e solían


llevar las m u jeres c u a n d o estaban en su casa; para sa lirs e
cubrían con el m a nto o la garnacha. Era, pues, e l traje qu e
usaban para vestir a cu e rp o . A sí, e n e l L ib ro d e l C aba llero
C ifa r s e cu enta c ó m o un alguacil s o rp re n d ió a u n o s d o n -
osles q u e estaban h o lgan d o c o n un a m ujer, qu ien es a l o ír
las v o c e s «d e s p e rtá ro n s e e le v a n tá ro n s e m u c h o a p rie sa
Cunto om ines espantados e quisieron m eter m a n o a las espa­
das para se defender, m as n o lea d iero n vagar ca lu ego fue­
ron recah dados e la d u eñ a eso m e sm o, en 9aya e en p ello ­
te, osy c o m o s e había ech a d o entre e llo s » « jo . En ol L ib ro
d e l B uen A m o r un h o m b re in vita a un a m u jer a q u e vaya a
su casa c on estas palabras:

Desde a q u í a la n ú ¡m orra
n o h a y sln on u n a posada
en p ello te dos iredes
co m a p o r vuestra m o ra d a <2321.

U n traje fem en in o com pu esto d e saya, pellote y m an ­


to se d t a e n un d o c u m en to castellan o d e 1220 cas».
El t ip o II! A, en sus distintas variantes, reú n e an tes
qu e ningún otro todo lo q u e los tex to » n os dejan saber sobre
el p e llo te fem e n in o: traje d e uso m u y general, q u e se viste
so b re la saya, y q u e lleva n las m u jeres en casa sin m a nto
encim a « m n Si aceptam os p o r segura su iden tificación con
e l pellote, ca lícito sup on er q u e este m ism o n o m b re se daba
a los vestidos d el tip o IIIB . pues su parentesco con e l 111Ad
es evid en te. T a m b ié n p o d e m o s re c o n o c e r otra fu rm a d e
Juglareso (Catedral do Teruel) con i de baile, encordada y ccn pellote fem en in o en el tipo IV A, can mangas estrechas, pues
dos fingidas largas mangas tubular <* se voltean con las manos equivale perfectam en te al p ello te masculino III A. A s i c o m o
cinturón) cayendo por
“vale*, de doncella los h o m bres usaban p referen tem en te p ellotes c o n mangas,
las m u jeres p referían lo s qu e n o las tenían.
Si tos o tro s d os nom bres d e trajes d e e n cim a fem en in as, p ie l y a lm e jía , s e referían a v es ti­
d os d e m angas anchas, p od em o s relacionados c on lo s tipos IV B y IV C. La id en tificación d e la piel
(231) a toro dei catoritoro
Zito.ed Chatos PlvliíiWacr c on un traje a m p lio y forrad o c o m o e l represen tad o p o r e l tip o IV 0 se h a razon ad o al tratar d e la
ner. Unlversily o» Mictojon, piel masculina. Lo a lm ejía c on qu e B erreo im agin ab a vestida a la V irgen era un traje c o n mangas
1929. (i. 93.
(232) Libro Ce Buen Airw, am plísim os:
863 b.
(233) PulQqan. Estudios <!e
M m en tw ia p. 1B6 Yo en a questo estando v in o S a ticttt M a ría
(234) Cantigas 17 b. 89 a. b.
C, ITT 0. cu b rió m e co n la m a n ga de la su a lm e xía <23S).
(235) Sor« o . Vvntltrés Mte-
oros, ed. C. Carrol) Marden,
Madrid, 1929.448. L os miniaturistas alfonsíes representaron a la V irgen vestida d e l m is m o m o d o c o m o la im a­
(236) Cantigas 10, n. 14.20. g in ó Bercco, es decir, con un traje d e e n cim a d e m angas m u y anchas (2301. Seguram en te les p are­
23.45.47,58.67.69.70.79.
¡00 etc. c ió m ás ap rop iad o vestirla a la antigua (ya q u e las m angas anchas fueron típicas d e l traje rom áni-

-9 0 -
TRAJE. ADEREZO. AFEITES

c o ) y n o según las n uevas m od as q u e trajo el s iglo Xlll. Ber­ Barragana» (Cartuja 137
r e o im a gin ó tam b ién vestidas con alm ejías a las M arías; le e ) Vestidas con iLfo (en
d centro*, la una va a
h ace d e d r a la Virgen: cuerpo con saya
encordada; la otra,
encima de la saya con
Pacten p la n to s o lv io las henn a nlelta s mías
«mangas coseduras*,
a m bas b a ile n sus p e d ios sobre las alm ejía s «37j. viste pellote escotado
con iiumiyi' tubulares
que (<• servirán en hquras
C o m o traje v es tid o p o r un a n o vio s e c ito la a lm ejía
de danza; d amplio
e n la O ó n i a i G en era l <230>. detotez que ocdta d
Puesto qu e alm ejía y p ld fueron, según to dos las indi­ cinturón parc-te que fue
dlstlUtvo üe bair dianas.
cios, n om bres d e trajes c on m angas anchas q u e en e l siglo
Ambas ron típicos
XIII represen taban la m o d a tradicional fren te o las novedn- locados castellanos,
d es q u e ap arecieron entonces, qu ed a por averiguar la d ife ­
rencia en tre am bas prendas. P osib lem en te la piel, c o m o su n o m b re indica, tuviera siem p re fo ir o
d e piel, m ientras q u e la alm ejía fuera pren da más ligera q u e careciera d e tal forro, l as tres a lm e ­
jías d e la rd n a y las infantas d e Aragón m en cion ad as e n unas cuentos d e 1312 eran d e lino, d os d e
ellas blancas. T a m b ié n era d e lin o b lan co la alm ejía q u e le dieron e n 1302 al in fa n te A lon so, h ijo
d d rey d e Aragón ca n . El parentesco entre la alm ejía blanca d e lin o c on trajes m usulm anes e s e v i­
dente. Fn o tm capítulo se trata del o rigen árabe d e la v o z «alm e jía » y d e la prenda holgada d e m an ­
gas anchas q u e usaron m oros y judíos.

S erle V Trajes que


.lOtnllwtfi deb.Tjo vayo y
peUole conjuntamente
o jr n « lv i5 escotad.*,
(A), con manyas (B), con
escotadura*, para sacar
los brazos <C), con
manejas tubulares,
llamadas también
tabardos (0 ). y otras
variante* (E).

Eb (237) Soxeo, Di/r^odel? Vir­


gen. 20
(238) CtMco General p. 6S6b.
(239) E. Martínez Ferrando
Serie V. I.a garnacha y el tabardo CdCAvura Rüvii w e* fíTOM
En esta serie se agrupan las version es fem en in as d e la garnacha c2oo> y d e l ta ba rd o omi>. Su p e rfe c ­ de M n e >( pp. 8.56.59.
(2 4 0 ) Se rwnc-ona en los
ta equivalen cia con lo s tipos d e la serle VI m asculina es fácil d e advertir. textos siguientes: Tt-st«nen­
La ga rn a ch a escolada fem e n in a (V Al. sem e ja n te a la m ascu lin a [T ra jes m a scu lin os: V A), io de Mana de Mortpílller.
esposa de Pedro Illoe Ara­
p e ro larga hasta e l su elo, p o d ría c o n fu n d irse c o n u n p e llo te sin m a n g as (III A ) si n o fu e ra p o r gón. 1?I3 icltotío por DuCan-
cíe p. 66): Convenio »ntr*
tratarse d e una prenda con grue-so fo n o que n o se adhería al cuerpo, y qu e s e p lega ba c on m en os
Pedro Rodríguez de Cafiúar
flex ib ilid a d <242>. L o s m in iatu ristas a ifo n sie s, q u e tantas pru eba s han d e ja d o d e su fie l o b s e r­ y Sancha Roü con el abad óe
HoenlVas. 259 (etade per OO-
v ación d e l natural, c u a n d o represen tan una m u jer c o n una d e estas garnachas le d an una silue­ rta’d, Oíscurso Histórico, p.
ta m ás pesada y m ás gm e s a q u e a las v es tid as c o n e l p ello te. Ello es n o to rio e n las figu ra s V A y 133): Ubro de Apoimo. 348.
ed. Carroll Mjrdun. Baltimo-
V Eb, to m a d a s d e m in iaturas q u e re presen tan niñas, y qu e, sin e m b a rg o , p are ce n m á s anchas re-Pans. 1917.
y co rp u len ta s q u e la figu ra III A b , q u e en la m in iatu ra o rigin al es un a m u je r adulta. C o m o q u e ­ (241) ferctin. «Kurtf itoCftar-
les de .'At»a>* de SXos. p. 277.
d a d ic h o al tratar d e lo s trajes m a scu lin os, o tra d ife re n c ia estab a en q u e la garn acha esco tad a (2 4 2 ) Cantiga 105 9.
LA ESPAÑA PH..SICH.0 XIII LEÍDA EN IMÁGENES

(243) Cantiga 28?. ad m itía d eb a jo d os vestidos, m ien tras q u e el p e llo te sin m angas a d m itía s o la m en te un o, lo cual
(244) Cantiga 68 a h acía qu e, p ese a te n er form as scm ejan ies. s e tratase d e p ren d as p erten e cie n te s a d o s c a te g o ­
(243) Cantiga 178o.
(246) Cantoas *3 e. 53 c tM rías diferentes.
«. f. 147a.
M ayor a ceptación qu e las garnachas escotadas lu v ie ro n c n u e las m ujeres, c o m o en tre lo s
(247) Cantigas 278 a. e.
(248) Canteas 98 a 0 5 l h om bres, las garnachas ilustradas p o r los tipos V B y V G FJ tip o V B, en los ejem p los q u e nos dejan
(249) Cantiga 28 1.
(250) Cantiga 282. saber la co n d ició n d e la p erson a q u e lo lleva, ap arece c o m o traje d e un a vecin a de Segovta iz4n.
(251) Cantiqas 17c. e. I. T3 d. d e la esp osa d e un m ercad er ««<*) y d e la m u jer d e un lab ra dor (2 4». I a garnacha V f !. m u ch o más
e,2l*.?3ab.<J,e.f. 34d.43
a etc. divulgada, la visten m u je ie s d e todas las clases, hasta las m ás pob res izao). C o m o traje ap rop iad o
(232) Juegos. fofo 32 r para cam inar, p od ía h acerse m ás c orto q u e otro s vestid o s fem en in os, para q u e n o arrastrase por
(253) Cantigas 6 /M91 a-
(254) Estatus del claustro de el suelo.
la catedral de Burgos
Si la garnacha V C es la q u e llevan en las m iniaturas las m u jeres q u e van d e peregrin a ción a
(255) Cantigas 58 f. Juegos
tollo 57 v. 59 v, p ie i24T>, la variedad d e la garnacha llam ada tabardo, c o n largas m angas tubulares (V D ). la llevan
(236) Folie 97.
(257) Cantioas 75 b. 298 !>. m ujeres qu e van d e v iaje m on tadas en una caballería U48x
(258) P 848 F n e l vestu ario fe m e n in o en c o n tra m o s ta m b ién la ga rn ach a c o n m a ngas tu bu lares m u y
(259) legjre, üfc&v» * vea*
de triverh, M -tíjí S G (su nxü estrec h as c u yo o rig e n b izan tin o qu ed o d em o stra d o (V E). La llevan m ujeres e n escenas q u e o cu ­
(260) C. 8e*nl$. «Mcriai
rren en Contantlnopla(249), p ero la visten, adem ás, la m u jer d e un cab allero d e S eg ovia d e n o m ­
moriscas en la sociedad cris­
tiana espefiota del siqlo ív y b re D iego Sán chez <zso» y alguna otra m u jer qu e nada tien e d e oriental.
principios del xvra B dem de
tú Rtá< A ari& w de o Msfo-
cia. CXUV, p. 199. Serie V I. Mantos y capas
(261) Berceo. Vida de Santo
Domingo do SflQS, ed. Fray La fam ilia d e lo s m antos y capas qu e form a esta s erie presentaba mucha m en os variedad entre las
AlterosoArdrés, Mi&C. 1958, m ujeres q u e entre lo s hom bres. Las m ujeres usaron esp ecialm en te el m a nto o capa sem icircular
36; Rtt/ó/i de Amor. 119.
(262) Me-iénde: Pdal P.. «su , sin cuerdas (VI A. V I B) o c on cuerdas (VI D ). Srilo llevan cuerdas en SUS mantos, a veces extra­
Cartar de Mió Cid. Texto, gra-
o rd in a ria m en te largas, m u jeres ricam en te v e s tid a s <252j, las esp osas d e c ab allero s e in fa n zon es
mátíca y vocatolario, Madrid
1945i p.58l <253i y las reinas asai. En algunos e jem p lo s, el m a nto form a u n p liegu e en la esp ald a <2S5>, tal v e z
(263) Cantiga 305 b,
(264) Cantigas móteos 90. p o r m e ro ad orn o, tal v e z con la finalidad d e pod erse cubrir la cab eza e n un m o m e n to d ad o (V IB ).
288; Jueoos. folios 23 r. 57r. Un a m iniatura d el L a p id a rio «s # » represen ta una jo ve n cubierta c on un m anto rectangular
(265) M Ow-neí Moreno,
Panteón Real de &s HuoY/as, ad o rn a d o c o n un a an ch a c en e fa en e l b o r d e (V I O ); la m in iatu ra tie n e la sigu ie n te in scrip ción :
lim. XXXVI pp. 25.26.34.
«Figu ra d e m u gicr m a nceba cubierta c on a lq u ice». H m a nto le cubre la cabeza.
P o r una parte, esta miniatura v ie n e a con firm a r qu e
esta form a d e llevar e l m a n to era p ropia d e doncellas, pues
e x is te n o tr o s e je m p lo s d e n iñ a s o d o n c e lla s q u e lle v a n
pu esto el m a n to d e la m is m a form a, ta pa n do la ca b e z a y
d eja n d o a l d escu b ierto parte d e la falda <257>. P o r otra, nos
p ro p o rc io n a una ilustración m u y con creta d e una pren da
determ in a da . Su form a rectan gu lar se p u e d e d e d u c ii p or
la disp osición d e la cen efa. Su n o m bre, d e evid en te o rigen
árabe, a p a rec e e n o tra s o ca sio n e s c o m o n o m b r e d e un a
tela; e n el F u e ro de C uen ca czt»), p o r ejem p lo , se tasa una
p ie z a d e a lq u icel en un donarlo.
A B
Algun os d iccionarios h an re co gid o la v o z árabe ¿/tu­
s a c o n el sen tid o d e «e s p e c ie d e tela delga da , lie n z o fin o o

Serlo V I M aíllo* y cam isa» « w i . D e esta v o z s e d eriva tam bién quexohr, q u e en el siglo XV era una pren da m orisca de
capas: semicirculares lie n z o o d e h olan da , b lan ca p o r lo gen eral, p e ro n o s ie m p re (26® . T o d o e llo h ace pen sar q u e el
sin cuerdos (A. D),
alquicel fuera d e una determ inada clase d e lela. Las telas blancas y liberas han caracterizado al tra­
alqukol de doncola (O ,
con cuentes l.iigas (0 ) je m usulm án frente al cristian o a lo largo d e v ario s siglos.

-92 -
TRAJE, ADEREZO, AFEITES

T O C A D O S M A S C U L IN O S
En e l esq u em a Tocados m a sculinos se reúnen, clasificad os según los tipos, lo s d iferen tes to c ad o s
d e h o m b r e represen tad os en las m iniaturas alfonsíes.
En lns textos d el siglo XIII. el n om bre válid o para to d a pren da qu e se llevase e n la cab eza era
c a p ie llo <26íi. L a co fia , e l ca p iro te y e l s o m b r a n eran to cad o s con un a form a particu lar. Fu era de
éstos, los ú n icos n om bres q u e en lo s textos pudieran referirse a tocad os son s o b rfía b a rd o y a lm u -
za. Su id en tificación presenta m ás problem as; olinu/a p u d o ser e l gran cu ello d el q u e n a c ió más
tatd e la m u ceta. y n o un tocado.
C D
Serie I . La cofia
Serio 1 La cofia.
En los to c a d a » de cstu serle es fácil re co n o ce r la co p a , n o m b re q u e se e m p le a b a ya e n e l s iglo XII
para designar e l g o rro d e tela bajo eí cual los h om bres se recogían e l p elo antes d e cubrirse la cab e­
za c o n el alm ófar <262X
l a c o fia e ia usada e n el s ig lo Xlll p o r los h o m b res d e tod as las clases sociales. Es e l to c ad o
q u e lleva n la gran m a yo ría d e lo s cien to s de perso n ajes represen tad os e n las m iniaturas. P o r lo
general, son blancas y lisas (1 a), p ero h ay tam b ién e jem p lo s d e cofias bordadas ( 1 b ) (2*3) y d e tela
transparente (1 d ) « m i . Los h alla zgos h ech os en los enterram ien tos reales d e Las H uelgas p e rm i­
ten c o n o c e r algu n o s d etalle s s o b re las cofias q u e n o s e p u e d e n ap re cia r en las m iniaturas; p o r
e jem p lo , la existen cia d e cofias forradas d e p erg am in o y d e cofias con un rellen o d e lan a en tre la
tela y e l forro « » » ) . La* encontradas en estos enterram ien tos p erten e cie ro n u In fan tes d e Castilla
v s on riquísim as; una d e ellas e s d e lela d e seda con forro de lien zo ; otra, la rellen ada con lana, es
d e un p añ o d e tapicería fin ís im a labrado d e o r o y sedas, con forro d e lienzo.
c
Serie 2. El capiello «le los caballeros Serio 2 l'.l capiello de
M u y típ ic o s d e la m o d a e sp a ñ o la fu e ro n lo s to c a d o s altos, casi c ilin d ric o s, ag ru p ad o s e n esta los caballeros
serle. S e c on s erva n en la actu alid ad tres e jem p lares d el siglo Xlll q u e p erten e cie ro n , re sp e ctiva­
m en te, al In fan te Felipe, e n terrad o e n V illasirga (M u s e o A rq u e o ló gico N a cio n al), a T e m a n d o d e
la C erd a (M u s eo d e las H uelgos d e Burgos) y a A lfo n so X (C atedral d e Sevilla). El d e F ern an d o d e
la C e rd a tie n e ar m a z ó n d e lie n z o y m a d e ra . I’ o r su fo r m a re cu erd a n e sto s to c a d o s io s cascos
c ilind ricos d e l s iglo Xlll. Su origen en d aiu en d o gu eire ro p u e d e exp licar qu e fuera el to c a d o p re ­
ferid o d e la n o bleza . En las m iniaturas lo s llevan los reyes Otei. in fa n zo n es y cab alleros ot-yy Los
lleva n ta m b ién algu n o s d e los perso n ajes q u e to c an in stru m en to s en e l c ó d ic e d e lo s M úsicos,
n o sab em o s si cab alleros o juglares (ya h em os v isto o tro s ejem p lo s e n q u e lo s juglares tom a ro n
p ren d as d e l atavío c a b alleresco) y un b a lle stero alm og áv ar (266).
En algunas miniaturas pueden apreciarse los ricos adornos c on q u e se engalanaban los capito­
lios cilindricos de los caballeros, la s tres ejem plares conservados son riquísimos, ad ornados con b o r­
dados, cintas de o ro y pedrería, aljófar y corales. D entro d e estos tocados s e notan |>equeftas valían ­
les ilustradas p or los tipos 2 a, 2 b y 2 c, y tam bién la tendencia a estred iarse e n la p aite superior (2 c) c
tom an do form a tron cocón ka; de esta form a son los ejem p los representados en las obras d el siglo XIV. Serte 3 C a pillos
redondos.

Serie 3. Capicllos redondos


Los lo ca d o s d e c op a redon da, c o n una vuelta, solían llevarse e n cim a d e una cofia. U n os estaban (266) canteas M2 a, 169 %
foüoa 47 v. 97 v.
forrados de piel (3 a), otro s con tela d e d ife re n te c o lo r qu e la c o p a (3 b). Sin dud a se refiere a lo ca ­ (267) Cantigas 44 a, 1,48 a.
dos d e este ti|xi el C on cilio d e T o le d o d e 134íi cuando p rohíbe a obispos y sufragáneos llevar «ca pe- 144 b. l8SaTMa.2*5CL3T2
a. 3660.
líos redon d os d e la t a p o r fuera y d e ninguna m anera c on sed ti, y con forro n egro y n o d e otro colon*. (266) Cantiga 205 Cl
LA ESPAÑA DEL SIGLO XIII LElDA EN IMÁGENES

Capieilo (Vllalcázar de
Slroa). 5 ep iicro del
Inliint? don F e íp a
quinto hijo de San
reinando. Lleva el
c a p o to propio d e k *
caballo* os. decorado
con emblemas de
águilas y castillos. Cn el
Museo Arqueológico de
Maárid se conservo d
capieilo ronqu e
apareció en esta su
lomba el cuerpo del
Infante. Otros dos
capieíos del siglo xiii
existen hoy en el Museo
de las Huelgas y cf» la
Catedral d e Swina.

F.11 las m iniaturas lo s llevan vario s person ajes qu e tocan in strum en tos e n e l c ó d ic e d e tos
M ú s ico s 1-2091, un m ercad er <27oi, un ro m e ro i27i>. un m aestro «7i> , un escriba real < m i y p erso n a­
jes q u e aco m p añ an al re y e n la c o r te «74).

Serie 4. Capicltos en forma de boina


S « - l« 4 Cap¡eilos en
L os lo c a d o » d e c o p a redo n d a y abollada, sin vuelta, ap arecen e n miniaturas c o m o to cad o s d e clé­
forma efe boina.
rigos m é d ic o s (Z76i y d e un person aje c on las in signias d e una o rd en m ilitar a m . El rabito cn
q u e rem ata In c o p a , c o m o e n las boinas d e nuestros días, delata el p ro ce d im ien to con q u e esta­
ban hechos.

Serie 5. El capirote
L o s tocad os e n form a d e capuchón, m u y p rácticos c o m o prendas d e abrigo, con o c iero n un éxito
extraordinario en to d o e l O ccidente. En las miniaturas lo s llevan m ercaderes <zre>, peregrin os <Z79>.
m arin eros taeo), c lérig os lie », trovadores <2aa>. ju g lares<283), estudiantes <284*. artesanos<285). e l rey
cuan d o v a d e viaje (286) y otros innum erables person ajes d e c on d ició n n o identiñcablc.
Presentaban fun da m entalm en te d os v a rieda des según fueran ab iertos p o r d ela n te y a b o ­
C lérigo {Juegas. 6 v> ton ad os (5 a. b ) o com p le ta m en te cerrados (5 d. e). La punta qu ed ab a tiesa y dirigida hacia arriba
Juqadoc ck* ajedte/
vestido con aliuba o
almejía de mangas
anchas, locado con el
capono redondo y
aplastado, sin vueltas,
tal v w de punto (boina,
b cn tfe ) usado por
clérigos y médicos.
S e r í» 5 O capirote.
TRAJE. ADEREZO. AFEITES

(5 b, c, c ) o se d ob la b a hacia a b a jo (5 a, d). F.1 tip o ab ie rto Capirote (Jue


p od ía ab oton arse detrás, d eja n d o el cu e llo al d escu b ierto
ajedrez en saya y
(5 c). El tip o cerra d o p o d ía colo c a rs e m e tie n d o la ca b ez a totado con cofia. En tas
p o r la abertura destin ad a a sacar la cara; d e este m o d o , la
a nielado, lo
p arte d estinada a cu b rir el cu ello qu ed ab a co lg a n d o sob re
i entre sus
un h o m b ro (5 ti. así podemos
Ello fu e e l pu n to d e p artida p a ta las sucesivas trans­
form ac io n e s q u e s u frió este to c a d o a lo largo d e lo s siglos
XIV y XV UB71. En las miniaturas alfonsíes los e jem p lo s pues­
tos d e esa m anera son tod avía ratos i? m >.
Es fácil recon ocer en este tocado el ca p ím te citado en
lo s te xtos (289). En la G ran C on q u ista d e U ltr a m a r (2oo> se
d escribe un ca p iro te d e m anga d e d o s partos m u y p re c ia ­
d os. u n o d e jam ete, o tro d e Constan tin op la, q u e n o s lle va
irrem ediablem en te a im agin ar un cap irote en un a fase más
avanzada d e su e vo lu c ió n , cu an d o la pu n ta s e había alar­
g a d o lo su ficien te p ara form ar ya la típ ica m anga qu e e n e l s iglo x iv colgab a sob re la espalda.
Las cuentas d e S an cho IV p are ce n referirse c o n el n o m b re d e sob re ta b a rd o a un c a p iro te
h c c h o d e la m is m a tela q u e e l tabardo a q u e servía d e com p le m e n to . P o d e m o s d ed u cir d e estas
cuentas q u e e l sob retabardo, según su m ism o n o m b re indica, se vestía e n cim a d el tabardo; pero
e ra una pren d a m u ch ís im o m ás p eq u e ñ a q u e éste, p u es si d e o n c e varas se h izo un tabardo, de
(269) Cantigas músicos 40.
trece varas d e escarlata s e h icie ro n ta ba rd o y s ob re ta b a rd o p ara el rey, y d e v ein tiu n a varas dos 90.200.290.330.
tabardos y un sob retabardo <29i>. La ún ica p ren d a qu e, según las miniaturas, p o d ía lleva rse sob re (270) Cantea 25 d.
(271) Cantiga 49
e l ta ba rd o c u b rien d o cab eza y h o m b ro s es el ca p u c h ó n id en tific a b le c o n e l cap iro te . La m o d a (272) CantiQa 265 a.
(273) Uptóarto, ITÍ6. fofco 1.
d e h a c er e l ca p iro te a Juego c on el tabard o para q u e le sirviese d e c o m p le m e n to exp lica q u e en
(274) JUWJPS, (OllO96 V.
las C ortes d e V a lla d o lid d e 1351 s e tasasen varias clases d e tabardos, to d o s ello s «c o n sus c a p í (275) Canteas 24 e. 351\53
rOtCS» (292). c. 146 bi 299.316a c
(276) Cantigas88b;209b.
c, 235 a,
(277) Jjegos. loto 25.
(276) Cantigas 45 e.172 d.
116i d . 162 c. 239.
(279) Cantíos 26 f. 159 e.d.
166 r. 27B e
(2S0) Cantgas 5 g, 35 ti, 36
b. 235 a. 313 e.
(28tl Cantigas U CS e.r.!32
b.2C2a.b
(282) Canteas 363 a e.
(283) Cantiga í94a.
(284) Cantiga Z65 a.
(285) ./*xkx .™ o 6 5 v.
(286) Cantga23Sb.
(287) c. Berníi. inctumeri»-
ra medewsl (Igs. 78.87.91
93.94.137.
(288) .¿MOQ&foto B5 v
(289) M. Gaibroé. Libro óe
Cuentas óe Sancho IV..., pp.
LXXV.UVil, CVII.
(290) Péglra 267.
Los dos modos do tocar el capirota (Juegos, 10 v y 85 v). El de la izquierda lleva el capirote at (291) M Gaitx’oiv Libro (te
Cuentas Oe Sancho W..„ pp
al cuello, en las manos ricas tuvas o guantes; el servidor que !e ofrece de beber viste saya y v ¡ ci
IXXVIlvCVI.
cofia. El otro jugador lleva puesto el capirote metiendo (a r aiie/a pnr la abertura a Iravtk dr» ti c (292) Cortes de Valaótfd de
Jugador de la izquierda saca la cara en ei suyc< sus guantes llevan lambién adornos bordados. 1351, d. 97.
LA ESTAÑA DfcL SIGLO XII! LEÍDA EN IMÁGENES

l a posibilidad do q u e la abnuza fuera tam bién un tocado en fo n n a d e capuchón qu ed a d es ­


cartada p o r d h ech o d e que, según las a ta d a s cuentas d e S an cho IV. d e só lo una vara d e p aito tin­
to s e hicieron cuatro alm uzas para el rey 1293». V enía a ser, pues, un a pren da qu e necesitaba mucha
m e n os tela q u e e l capirote.

(2931 Página» IXXVIl. LXX1V.


CVI.
(294) Cantigas 02. « S e . 213
bi307. Serie 6. El sombrero
(295) Cantigas 22 e. 26 f. 34
r,S4a,86a.l57a.S66d.W4 En esta s erle s e a g m p a n las distintas variedades d el s o m b re ra Son tocad os q u e en las miniaturas
1*175 a, 311. llevan solam ente Lis personas q u e necesitan protegerse del sol, tales c o m o cam inantes 1294», p e re ­
(296) Cantkps 76,121a M £ l d
(297) Cantigas 42 a. 531 grin os U95». v ia je n » <296>, albañiles <297). labradores osa» y secadores i W ) . El som brero setvía, c om o
(298) cantiga 161e su n o m b re Indica, p ara h acer som bra; p o r e llo a lo la rgo d e varios siglos se h a d ife re n c iad o d e los
(299)Cjnt»jo289n.
(300) Aíexiodfe. 267 otros tocad os p o r ser esencialm ente un tocado c on ala. Asi. textos d el siglo Xlll nos cuentan d e unos
(301) Ratón (te Awof. 70.
m arineros q u e para ver m ás lejos tu vieron qu e quitarse lo s som breros «o s », o d e una d on c ella que
(302) Menénoez Pídal. R..
Canttr de Mú CKL 0- 858. se p ro tege c o n un s om b re ro d el calo r d e la h o ra sexta taco. La v o z som b rero ap arece en Castilla ya
0 0 3 ) I. E. Martínez reman­
do, ÍJ> Cifrara Roa! en t í rei­ en e l s iglo XII <302).
nado de Jaime í. pp. 5,7.2KX Los textos d e la C oron a d e Aragón d e los siglos Xlll y XIV s e refieren c on el n o m b re d e ca pell
212.
(304) fuero OesepúMnM. d e s o l al m is m o to c ad o llam ad o en Castilla s om b re ro «o s».
cC. Cmlo Sáw, Sru^íia S953. En cu an to al m aterial em p le a d o cn lo s som breros, p o d e m o s sup on er q u e e l m ás ap ro p ia­
p, 142; Fuero de Cuenta, pp.
844850: fiwo<frZcrrfAp. d o era la palma. Sin duda serían som breros los ca p ie llo s de ¡x ilin a citados e n algunos Fueros ao*).
406.
Así c o m o lo s som breros d e cop a redo n d a eran m u y corrien tes, los d e c o p a pun tiagud a se
(303) C a n te a d .
(306) Cantiga 67 o. representan m ás raram ente en las miniaturas. EJ tip o 6 d lo llevan un cab allero d e viaje 001» y un
(30?) Juegos, folie* 92.63 r.
Cant«a28e. p eregrin o is o m . 1x »s ejem p los del tip o 6 e son tocados d e pers