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Poemas Laterales de Claudio Rodríguez

Este documento presenta una nota del editor sobre la colección "Poemas laterales" de Claudio Rodríguez. Incluye poemas no destinados originalmente a formar parte de sus libros publicados, así como poemas tempranos escritos antes de su primer libro. El editor explica que recopiló estos poemas dispersos para preservar aspectos importantes de la visión del mundo y la evolución del estilo del poeta.
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Poemas Laterales de Claudio Rodríguez

Este documento presenta una nota del editor sobre la colección "Poemas laterales" de Claudio Rodríguez. Incluye poemas no destinados originalmente a formar parte de sus libros publicados, así como poemas tempranos escritos antes de su primer libro. El editor explica que recopiló estos poemas dispersos para preservar aspectos importantes de la visión del mundo y la evolución del estilo del poeta.
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PÉÑOLA BLANCA

Poemas laterales
Claudio Rodríguez
Poemas laterales

Edición de Luis García Jambrina


Colección dirigida por Fernando Gómez Aguilera

Diseño: Alberto Corazón

© de los textos: Claudio Rodríguez


© de la edición: Luis García Jambrina
© de la presente edición: Fundación César Manrique
Taro de Tahíche, 35507 Teguise, Lanzarote

I.S.B.N.:
Depósito Legal:
Impresión: Cromoimagen, S.A. - Albasanz 14 - 28037 Madrid
NOTA A LA EDICIÓN

«Poemas laterales» es el nombre que Claudio Rodríguez daba a


aquellos poemas no destinados a formar parte, en principio, de
su obra central, esto es, de alguno de sus cinco libros. De
hecho, el autor tenía la intención de recogerlos y editarlos
algún día bajo ese título, como algo lateral a su trayectoria
poética. De ahí que fuera guardándolos en una carpeta —una
de esas típicas carpetas de color azul, sin solapas y con
gomas— en la que aparece rotulado ese epígrafe.
La mayor parte de estos textos son «homenajes»,
generalmente a poetas, o poemas «sobre pintura y escultura»,
a propósito de la obra plástica de algunos amigos, y fueron
publicados en catálogos o revistas de muy difícil acceso en
la actualidad. Estos últimos están fechados entre 1976 y 1988,
un período que se corresponde con el proceso de gestación de
los poemas de su último libro publicado, Casi una leyenda
(1991). Esto explica el trasvase de versos y de imágenes que
hay entre ellos. Es cierto, por otra parte, que el titulado

[9]
«Revelación de la sombra» fue incluido después —con algunas
modificaciones— en el mencionado libro, pero, en este caso, el
autor decidió conservarlo entre los Poemas laterales, pues
había aparecido, por primera vez, en un catálogo de su amigo
el pintor Antonio Pedrero, dedicatario e inspirador del mismo.
En la sección titulada «Poemas excluidos», se encuentran
aquellos textos que, en un determinado momento, fueron
retirados por el autor de los libros en los que, en un principio,
iban a ser incluidos, concretamente de Don de la ebriedad,
Conjuros y Alianza y condena. Se da la circunstancia de que
entre los dos primeros existen elementos en común, lo que
demuestra alguna vinculación entre ellos y su condición de
textos de transición, mientras que el tercero comparte algunos
versos con otros poemas de Alianza y condena («Ciudad de
meseta», «Un momento» y «Oda a la niñez»).
A ese corpus inicial de Poemas laterales, se añadieron
más tarde los poemas que constituyen lo que podríamos
llamar la prehistoria literaria de Claudio Rodríguez, es
decir, los anteriores a la publicación de su primer libro, Don
de la ebriedad (1953). Todos ellos, salvo el último —fechado
ya en 1953—, fueron escritos a lo largo de 1950; de hecho,
forman una serie (en el primero, aparece la nota: «De un

[ 10 ]
libro en preparación») e iban a ser publicados en una
antología de jóvenes poetas zamoranos, preparada por el
escritor José Enríquez de la Rúa, que al final no se llegó a
editar por diversas circunstancias. Por suerte, los originales
fueron rescatados por un amigo de adolescencia del poeta, el
crítico de arte Miguel Gamazo, que me los dio a conocer en
1992, con el fin de que se los hiciera llegar al autor. De ellos
di cuenta en un artículo publicado en la Revista Hispánica
Moderna, de Nueva York, en diciembre de 1993. (Se han
excluido dos poemas iniciales, claramente de circunstancias,
publicados en un periódico local, El Correo de Zamora, en
diciembre de 1949 y enero del año siguiente, que, por otra
parte, ya recogí en la revista antes mencionada.)
A través de estos textos, puede verse la rapidez con que el
joven Claudio Rodríguez evoluciona, y cómo, en el corto
espacio de poco más de un año, su voz se desprende de los ecos
e impericias iniciales para alcanzar la perfección y originalidad
de su primer libro. Pero lo que más llama la atención es la
presencia de abundantes elementos y rasgos propios de su
poesía posterior, elementos y rasgos que indican hasta qué
punto algunos de los aspectos principales de su cosmovisión
estaban ya prefigurados en estos primeros poemas.

[ 11 ]
En cuanto a la referencia bibliográfica de los textos, sólo
se indica, salvo excepciones, el lugar en el que fueron
publicados por primera vez, y, si se conoce, la fecha de
composición, entre corchetes. En algún caso, he incorporado
al poema los cambios y correcciones realizados posteriormente
por el autor. Y, en aquellos en que se conservan, he tenido en
cuenta también los originales. Quisiera expresar desde aquí mi
agradecimiento a Clara Miranda, por el entusiasmo con que
acogió este proyecto y por la ayuda prestada para llevarlo a
cabo, y, claro está, a la Fundación César Manrique y a su
director, Fernando Gómez Aguilera, por haber hecho posible
la edición de estos Poemas laterales en esta hermosa
colección. No puedo imaginar otra más adecuada.

Luis García Jambrina

[ 12 ]
HOMENAJES
FUERTE OLOR A EXISTENCIA
Vicente Aleixandre

(Dicho a mis compañeros poetas jóvenes)

Si algún día preguntan si le vimos


digamos sí, que sí, que no ha cambiado
nada y estuvo siempre a nuestro lado
hasta que por la fe le conocimos.

Tanto canta cuanto ama. ¡Fuera, fuera


la turba de poetas malvendidos,
que él no nos llama a esta verdadera
plaza suya de vida a echar las suertes
sobre el hombre! ¡Idos, idos
los que os sentáis al sol, en estas fuertes
tardes de abril, al pie de vuestra casa,
que él no ha cantado su ciudad, su río,
desde el pequeño escarabajo al cielo,
para que nuestra escasa
verdad no sea de todos! Tanto frío,
el que se acerca al fuego, tanto hielo

[ 15 ]
halla. Como nosotros. Pero él busca,
fruto ya, nuestro apunte
de sazón, busca, busca,
voraz en su ternura, que a él se junte
nuestra esperanza. Y sigue. Pero vamos,
basta de parloteo, que él espera,
siempre espera en su plaza.
¡No será tarde, vamos!
Tan denodado pulso, tan certera
continuidad bravía, tan leal traza
de amor, allí estarán. ¡Vamos, aprisa,
que él llegará el primero porque tiene
joven el paso más que nadie y pisa
con rico corazón! ¡Que él está, y viene
con nosotros, y canta, y nos conduce
su sabia mano moza, y sigue, y siempre
está porque su plaza es plaza abierta,
y hay olor a existencia, y allí luce
el sol humano y canta el sol y, cierta
alegría, allí espera, jovencísimo
y vivido, allí espera, y en su plaza
vemos bien de verdad que no ha cambiado
nada!
[ 16 ]
INSCRIPCIÓN SOBRE UNA FRENTE
Vicente Aleixandre

Vecindad es, arrimo esta alta frente


sobre la azul adivinanza tierna
de los ojos. Y, siempre, aunque no salga
el sol, de claridad bajo la calva brilla.
Hoguera, ocre frontón de hondos relieves,
con la tierra tenaz, el cielo, el hombre,
salta, sale del hueso, da cosecha.
Costas del este y del oeste, en ruta
fabulosa, tocó esta quilla. Pastos
de oscuras patrias, de albas luminosas,
vibran entre estas sienes, en el limpio
pajar. No forastera, con letreros
de alianza, venas de cacería,
ha sentido el repique
de las campanas del amor humano
y aquí está, sin arrugas,
esperando la entrada de las inmensas huestes
del futuro.

[ 17 ]
Pronta para una dura cabalgada,
lista para un gran vuelo,
con la circulación al rojo vivo,
esta frente leal, esta ola quieta.

[ 18 ]
DESPERTAR DE ANTONIO MACHADO EN SORIA

Sin ver aún el resquicio, el seco gozne


entre el sueño y las cosas, con los ojos
adormilados, aún en el pasillo
tan luminoso de su alma que
no ve la luz del día, con torpeza
entra y a tientas abre el grifo, y oye
en el son de su agua el de las fuentes,
y el cantar de los niños, y despierta
un poco. Casi aún no se da cuenta
de si es su rostro envejecido el que anda
soñando aún sendas dentro del espejo,
o si es su sed de compañía, creando
el reflejo de un cuerpo con sus mismas
arrugas: el de España. Y se le ensancha
poco a poco el pulmón con ese aire
de alta meseta, con el diario aliento
de su amor arropado. Y ve en la espuma
—corrida ya porque el jabón resiste
la frialdad del agua— el mar, la eterna

[ 19 ]
posada abierta siempre en su camino.
Casi no se da cuenta. Es su costumbre
feraz. Y se despierta, aunque parezca
que no. (Bien sabe él que está despierto,
más despierto que nadie.) Ahora se pasa
la toalla. No dice nada. Cierra
el grifo, pero suenan aún las fuentes,
suenan los ríos, le desbordan, corren
por sus venas, le yerguen, le fecundan.
Y entonces sabe por qué nace el Duero
a dos pasos. Y siente el rumor fresco
de su perenne servidumbre.

[ 20 ]
BLAS DE OTERO EN EL TALLER DE
RAMÓN ABRANTES, EN ZAMORA

Por ver cómo corre el Duero


y cómo la escayola y el cemento,
cómo el pan, la herramienta
cantando y acusando entre las manos
de Ramón y de Julio, y de Marcelo,
de Tomás y de Antonio,
sobre todo de Eugenio,
estabas.
Sí, entre el barro
y el alma,
cuando la luz se hacía melodía
y manantial, y el cielo
«muy luminosamente rojo», como dices,
entonces, a dos pasos,
se abría el puente y abrazaba el agua,
tan íntima y fecunda,
y la tejía entre sus ojos limpios,
y la amasaba libre,

[ 21 ]
con el molde sudado y respirado,
junto con los amigos.

Ahí, en el taller tuyo estás tallando


(copio tu estilo)
no tan sólo palabras verdaderas
sino también la salvación, la busca
y la protesta. Pasa
el agua, ahí, a dos pasos,
del Duero.

Y el taller, y el latido
del ritmo de la obra y de la mano,
están ahí, contigo,
junto a los muslos de las lavanderas
sin que el río se muera e nuestros brazos
porque el agua del Duero es ya cal viva.

[ 22 ]
TOREANDO
Antoñete

Es esta sinfonía
del capote que suena,
¿a qué? He aquí el misterio.
Todo, la tela, el aire
de la distancia, toda la embestida,
agresiva y solemne,
y cuando el temple llega ya es un canto.
He aquí un torero que, aunque tenga nombre,
se lo va dando más, y quiere, y salva.
Esa manera de estar en la plaza,
el movimiento interno, el del tanteo,
se maciza,
y se hace tacto y arte al mismo tiempo
cuando llega el embroque.
Aparición sin tiempo.
¿Frontal o circular? ¿Es movimiento
o es reposo?
La lejanía, la proximidad,

[ 23 ]
helas aquí. Él bien sabe
la religiosidad del humo y de la sangre:
lo más vivo. Y le llega
una revelación oscura, por la izquierda
o bien por la derecha, y está el cuerpo
ofrecido, total, aquí en su pecho, en poderío y mármol,
entre la magia y la sabiduría.

[ 24 ]
SEMIEPÍSTOLA ¿MORAL? A ÁNGEL

Muchos años pasaron. No es lo mismo


porque Gregorio está vibrando en duda
junto con Pepe Amillo, y nuestro abismo.

Cristalina y audaz, y bien desnuda,


égloga o ruina, no sólo ironía,
la palabra sobre otra, nunca muda.

Senos inconmovibles a un suspiro,


cárceles con perfil, y la esperanza
temblando ahí, asumiendo lo que miro.

Ahí en el centro de la historia viva…

No continúo más con los tercetos encadenados. ¿Ángel con


cadenas? Él bien sabe acerca del «desgaste cotidiano». Y
porque su poesía (su amistad, para mí), desborda e incorpora
tantos comentarios, críticas, etc. A veces, como se ha escrito,
claro está que el intenso y complejo tono moral es evidente.

[ 25 ]
Pero, dicha realidad entraña un sutil y poderoso tono de
meditación, que me aleja de los estudios superficiales sobre
temas como el de la ciudad, el sexo, el campo (o «campus»), o
de tanta variedad, tanta imaginación, tanto contenido.

Países, personas, situaciones vitales (muchas muy convividas).


Insisto en el canto: en la lírica, no en los estudios, tesis a través
de la política en actualidad, del amor sobre todo. ¡Qué parcial
error!... Lo definitivo es la creación en el verso. La poesía
auténtica, como es la de Ángel González, me recuerda unas
palabras de F. R. Leavis, como orientación, no definición:
«una intensa, ingeniosa manera de alegría, odio, y contraste,
entre…». Destruir y edificar, añado yo. Y digo aún más: de
salvar. Por ello Ángel González «se queda». «Porque —la
soledad es un farol certeramente apedreado— sobre ella me
apoyo».

Pocos años pasaron, y en los codos


de la chaqueta que no tendrá muerte
del hombre humilde, brilla el ángel, todos.

Hasta las piernas que no tienen suerte

[ 26 ]
y el pelo aún sucio, cuando la mañana
abre a la luz sus modas y sus modos.

Y aún más con lluvia, y ya es esa ventana


musical, puro encuentro ahora en Oviedo
cuando llega el amor: está Susana.

[ 27 ]
SOBRE PINTURA Y ESCULTURA
AVENTURA PRECISA

Cuando la geometría emocionada


con el dolor del alma, con la línea,
el ángulo de la contemplación,
se arrodilla o se alza,
se abre o se cierra una ventana íntima,
donde el cristal es trasparencia pura
de espíritu. ¿Alguien nos mira? Nadie
ve, pero sí la materia
triangular, circular, unificada
en tanta misteriosa sencillez.

Una paloma que es una cuartilla


o una lágrima, un vuelo,
o un pañuelo entre grises.
El papel calla o canta
y es dolor o alegría,
y el color es amor,
o desencanto, o ruina. Aquí

[ 31 ]
la aventura del alma:
línea, camino, puerta, silla viva.

[ 32 ]
MATERIA Y ALMA

Y cuando la materia se hace espacio


en la madera íntima, en el barro
temblando entre los dedos, llega al cobre,
aquí,
a la curva de la ola quieta, al claro
regazo que acompaña, alivia, ampara,
sin apenas aristas,
junto a la geometría intemporal, el límite
de la esperanza y del dolor del hombre,
con tanta soledad y con tanta alegría silenciosa.

He aquí cómo se alza y nos modela


el secreto fecundo, sonoro casi, de
nuestra vida. Aquí, en susurro
material, enterizo, como en mirada abierta,
sin turbiedad ni caos, con un orden
vibrante, el bronce habla,
nos acuna y nos mece, y ya nos lleva
hacia el escorzo, la espiral, el óvalo:

[ 33 ]
hacia lo genital. Estamos viendo
materia ardida, bronce que nos camina
hacia el alma. ¿Hacia el mar?
¿Hacia el recogimiento de nuestro aire
o la esbeltez de cúpula
de nuestra catedral, de nuestra historia?
¿O acaso hacia la curva,
íntima de compañía, abierta hacia la luz,
del cabeceo audaz de los sembrados
de nuestra tierra?

La obra humana está aquí, entregada y dolida.


Y esta materia es alma,
ventana transparente: cuerpo y sueño.
Y abierta está. Abrámonos. No hay noche
en el latido de este bronce en flor.

[ 34 ]
Y cuando la leyenda se hace historia,
o fábula, en los ángulos de los ojos
y en los del alma, llegan
el ocre de la tierra, tan ardido,
tan entrañado, junto
al blanco puro o al azul sin nombre,
el verde aceite de orilla marina,
o el gris maduro, tan austeramente.

Aquí lo delicado y lo dolido,


nunca macabro,
la fundación junto a la destrucción,
llamando y esperando que alguien viva.
Y no es la sombra ni el color tan solo
sino la esbelta salvación,
el destierro,
la ciudad sin murallas o arrasada
por la primera división de acero.
O el caballo y el mito. El casco, el crimen.

[ 35 ]
O el rito de la lágrima
y el de la piedra y el de
la sombra.

Inocente suspiro y cruel destino,


adolescente a veces, con ese rumor dentro
de los gestos con ruinas muy errantes
pero dentro del pueblo y de la historia.
Mucho hay en este friso:
esas miradas que se arriman siempre,
los rostros, como eternos,
acusando y salvando a pesar de tanto odio,
tanta delicadeza emocionada, entregada,
la vida entera, casi sin dibujo,
edificando el ser, la ciudad viva, muerta.
Hay que ver sombra para ver la luz.
¿Quién entra ahora?

[ 36 ]
COSECHA DE LA MATERIA

Ahí, dentro
de la honda intimidad de la materia,
con su misterio y con su armonía,
entre la piedra, el mármol,
está el oficio que es el alma, vida,
en cada veta, en cada
temblor de la mano cuando crea.
Nos ilumina la verdad cercana
en la curva de la cintura, en
las espaldas resplandecientes, casi vegetales,
en los muslos tan suaves, sosegados,
o los cuellos tan solos:
todo el cuerpo vibrando, durando, madurando.
¿Cómo el temple del Duero?

Y en la maternidad, que es un cobijo,


es un arrimo, un nido:
salvación entrañada y no tan solo
rutina, interpretación.

[ 37 ]
La materia no es muda: en ella alienta,
al nivel de la talla,
la música interior
que está sonando ahora a través de la obra,
de la escultura limpia y traspasada
de verdad. Y yo oigo
como un destino de cosecha dentro
de cada escorzo;
y se respira un viento claro en cada
movimiento: en esa
curva, donde está la vida, donde
hay aventura, piedad, llana y abierta.

Ahí mismo,
en la clara inocencia, que es sabiduría,
en cada poro de la piedra: ahí mismo
toco, me salvo, quiero
la vida entera de Ramón Abrantes.

[ 38 ]
REVELACIÓN DE LA SOMBRA

Para Antonio Pedrero.


Desde Ribadelago, con el recuerdo vivo.

Sin vejez y sin muerte la alta sombra,


que no es consuelo, sino certidumbre,
se ilumina y se cierne,
cercada ahora por la luz de puesta,
y la infancia del cielo. Está temblando,
joven, sin muros, paso a paso, oliendo
a alma abierta y a cuerpo con penumbra
entre los labios de la almendra, entre
los ojos del halcón, la nube opaca,
junto al recuerdo, ya en decrepitud,
junto al silencio de los años ocres,
junto al cuerpo que enseña
su oscuridad y su fatiga, y
su verdad misteriosa, poro a poro,
y su esperanza y su polilla en torno
de la pequeña luz; de la sombra sin sueño.

[ 39 ]
¿Y dónde la caricia de tu arrepentimiento,
fresco en la higuera y en la acacia blanca,
muy tenue en el espino a mediodía,
hondo en la encina, el acero, tallada casi en curva
en el níquel y el cuarzo,
tan musical en la renuncia,
con piedad y sin fuga en la mirada,
con ansiedad de entrega?

Si yo pudiera darte la creencia,


el poderío limpio, deslumbrado,
sin aristas ni nudos,
de esta tarde sin mancha.
Pero tú nunca callas, mientras la luz maldice.

El viento va perdiendo su tiniebla madura.


Y tú te me vas yendo,
y me estás acosando,
me estás iluminando. Quieta, quieta.
No me sigas. ¿Qué te he hecho
si a ti te debo todo lo que tengo?
Sigue con tu inocencia estremecida,

[ 40 ]
volando a ciegas, cierta;
sin vejez y sin muerte. Aire en el aire.

[ 41 ]
MONÓLOGO DE UN ESCULTOR

De escultor, no de sastre, es tu tarea.


UNAMUNO

La materia es el alma, y no perdona.


Ni al bronce en flor de las campanas íntimas,
ni a la madera aérea, ni al granito,
ni siquiera a la piedra, con su ley,
ni al hierro mal forjado, al barro, al níquel,
al cuarzo, al mármol… Pero sí al volumen,
al vacío, hacia el hueco de la gracia
que trasluce y traspasa,
con mi sabiduría, que es casi inocencia,
revelación, destino.
Y a la armonía, entre el cristal sin llanto,
del rostro, bien tallado,
misterioso, asombrado,
de esa niña.
Quiero verle la cara aquí, a media ventana,
algo transfigurada por la luz,

[ 43 ]
como si fuera capitel, grabada
la melodía de su intimidad.
Quiero tocarme en ella, estar en ella.
Quiero tocar, no ver tan solo, la mirada.
Conocer con el tacto amanecido.

Estoy cantando entre materia ardiendo,


que deslumbra y orienta,
con geografía y pueblo.
Y estoy perdiendo cada vez más inocencia oscura,
aunque gane en sentido,
en pericia y en ciencia, en arte aún trémulo,
entre dinero y humo mal templado.
Quiero hacer cuerpo en luz,
música de la luz, música de alma,
clarividencia de mi pulso, aún joven,
de mi latido en vilo.
Como el del tuyo, Duero.
¿Y cómo voy ahora
a taladrar, expresar, y dar relieve
con qué buril, qué manos, qué herramientas,
puedo hacer como un friso

[ 44 ]
de tu pasar, de tu anidar,
de tu olor, hoy en julio, a media tarde,
y, sobre todo, de tu historia viva?
Quédate quieto. ¿Y cómo
voy a dar forma a lo que está fluyendo,
a lo que se va y se queda para siempre?
¿Cómo voy a modelar, salvar
este aire y este agua, esta cultura
que se me van, como se me está yendo
la vida?
La materia está ahí, siempre esperando…

[ 45 ]
ENTRE LO FASCINANTE Y LO TREMENDO
(Con el pintor José Hernández)

Et le ciel regardait la carcasse superbe


comme une fleur s´epanouir.
BAUDELAIRE

Música en la materia
sonando en equilibrio
de pesadilla.
¿Por qué quien ama busca no tan sólo
resurrección, sino honda
transfiguración?

Es la gracia, es la gracia. Es la visión,


el color del oráculo del sueño,
la corrosión y la adivinación:
en esta arruga que es casi agresiva,
en la mirada, que es ya como un arco
final, o hueco de ojo
volando

[ 47 ]
con la inocencia de lo que se graba
en el centro del alma.

Y oyendo los violines del gusano,


oliendo a espiga y a laurel y a uña;
y en mí el insecto boca
a boca,
el hueso que está a punto
de ser flauta,
y el cerebro de ser panal o mimbre,
entre mitras, coronas, cetros, joyas,
materia ardida que se quema o nace
entre delirio y ciencia.

Es la revelación. Es la sabiduría
del espectro del miedo, Orfeo en cobre
o el vestigio de un agua
que supura sin alas, con escamas,
con la moneda cruel de la pupila,
la melodía en flor de la carcoma,
funeral, ritual, craneal, historia,
la liturgia abisal del rostro, en la hora

[ 48 ]
de ser más, de no ser. Qué más da. Yo veo y quiero.

Estoy cantando entre la ruina viva,


y entre honda primavera,
entre las nerviaciones de la hoja,
entre la ola macabra del destino,
que es marejada en sueños,
con tentaciones y con redenciones,
junto a la geometría bien herida
de polvo y telarañas,
junto a la orquesta de la anatomía
de las branquias del pez o del cartílago
milagroso. Y no sé si la naturaleza
es un error, o acierto.
El secreto sagrado, la locura armoniosa de la vida,
junto a la muerte que no tiene nombre,
la mañana del polen, aquí en el último aire
del estertor, dibujo
en pétalo roído y cristalino,
con un color que es mío,
junto a la vida que no tiene nombre
cuando ahora amanece, y no se sabe…

[ 49 ]
Y voy andando por la calle. Y ya
todo es destino. ¿Pero qué ha pasado?
No ha sido nada. ¿Todo
resurrección? Abre ahí, en la pintura.

[ 50 ]
UNA PINCELADA IMAGINARIA

Las corrosiones, las resurrecciones


entre sudario intemporal, la ascesis
aventurada en lujo muy dentro de la historia
y la bilis en flor
entre el azar del mundo y de su forma.
¿De movimiento o de quietud?
Ahora es como un rito acusando y salvando
la configuración, la transfiguración.
Todo aparece y desaparece
en el temblor del pulso de esta mano,
en su honda cerradura boquiabierta,
ojo que ya madura, desvalido
y genital.
¿Quién entra o sale ahora
de la laceración y de la gracia
de esta pincelada
entre la escoria viva?

[ 51 ]
POEMAS EXCLUIDOS
Nuestro reino tampoco es de este mundo
y, sin embargo, la belleza imprime
formas de su dolor. ¿Y a quién invoco,
y a quién he de invocar? Oh, tú, la tarde
junto al agua color de yelmo y de asta.
Árbol: escudo en la llanura inmensa.
Soledad del camino. ¡Tú, vencejo
crucificado en la pared del hombre!
Claro ha de ser el día y presurosas
irán las nubes. Como en un cayado
de pastor mal grabado con las piedras,
el símbolo del campo y de la vida
se quemará en mi piel. No es de este mundo
y, sin embargo, la misión me culpa.
¿Yo soy la causa de que las estrellas
teman caer? ¿Yo miro y todo calla?
¿Yo hago al racimo agraz y negro al trigo?
Sé lo que es ser gusano en la manzana
y, sin embargo, entérate, no es de este

[ 55 ]
mundo tampoco mi ebriedad. ¡Bodega,
qué combustible corazón, qué alta
uva pisada por los pies desnudos
de los ángeles como los de un pobre
tan hermoso que muere al menor signo!
Claro ha de ser el día porque siempre,
siempre a campana herida te anunciabas.

[ 56 ]
PASTOREOS DEL DÍA

Tú me recuerdas al pastor que graba


con las más duras piedras su cayado,
día que me trabajas hasta lo hondo,
que retallas mi vida trazo a trazo.

¡Como él, saca a la luz la blanca médula


de la alegría, taja, monda el claro
nudo de juventud, ráele las vetas
del dolor a mi leño bronco! ¡Cuánto

te esperé, día de hoy! Y llegas, llegas


con la mañana de los buenos pastos,
en mi humildad apoyas tu alto oficio
y allí me llevas ligerillo al brazo.

Allí me llevas y vivir no puedes


sin mí, sin todos, ir sin tu cayado,
día zagal que tan a punto vienes.
¡Ve, reposa ya en paz, deja tu hato

[ 57 ]
apacentarse a su albedrío: siempre,
siempre tendrás nuestra madera al lado!
Llega la fresca y hay que ir de regreso.
¡Que se hace tarde! ¡Reúne el redil! Vámonos.

Y ningún descarrío, ni una oveja


trasera. Todos juntos al establo
caliente de heno, mientras el buen día
se va tranquilo, el hombre de la mano.

[ 58 ]
LLEGADA A LA ESTACIÓN DE ÁVILA

Ávila, como tu aire


tan sano no lo hay, pero no vengo
a curarme de nada, aunque una cura
le iría bien a mi pulmón, tras estos
años en mala tierra.
Ya hemos llegado. Adiós. ¿A la cantina,
a engrasar bien el pecho,
a lavarlo del humo del viaje?
Allí está, es otra, es nueva; vamos juntos.
Buena es esta costumbre
—eh, tú, o alegras esa cara
o te vas. Canta, habla, bulle
aunque no oigamos nada, sino ruido,
bébete ya ese vaso
sin fondo, aunque en él nunca baile el agrio
mosto picado de la vida,
danos la mano, abrázanos a todos
sin miedo, aunque en tus brazos
tan sólo el aire…

[ 59 ]
Como en los nuestros. Bueno es cualquier sitio
para hacer amistades, pero éste
es el único que hoy nos queda abierto.
¡De prisa! Un gesto llano
y basta: una patria, un río, estrellas, todo el mundo,
esta región inmensa y sin conquista
que es el hombre, hela: tuya.
Y aunque pongas tu vida junto a la noche
siempre amanecerá. ¡Suelta el bocado
soso y frío del miedo! Cuando llegue
con más ternura que la luz de invierno,
tú saldrás por las calles, y tus ojos
repicarán, y aún a pesar tuyo
con mirar con limpieza estarás limpio.
Amigo del buen tiempo,
llegó el vareo del olivo,
el mejor mes para trucha. Dicen
que la que bien se ve ésa no se pesca
y así nosotros vemos
lo que jamás poseeremos,
pero en el río turbio de tu soledad, pon
el corazón por cebo

[ 60 ]
que algo picará un día; quizá un poco
de amor para tu mesa sobria, un cálido
visitante invernal para tu casa.
¿Ves cómo nuestro anillo
de alianza es de espuma
de plata, de humo
de tren? Esto es hermoso.
Aquí ya no hay banderas,
el traje mal cosido de una raza perdida.
Con amor y con luto,
lejos de donde hicimos bodas de sombra y noche,
hagamos hoy con nuestra orfandad blancos
lazos para las palmas de todos los balcones,
de esta saliva de vagón, la hermosa
lágrima fiel del niño.
Ya no habrá ningún rey
en el cielo sin nubes de nuestra gran pobreza,
rica, azul para siempre.
Ya no habrá quien nos cante
porque nosotros somos ahora el cántico,
la campana, la fábrica, el sustento.
Cuando dentro de poco llame a nuestras oscuras

[ 61 ]
puertas el sol, la faena
diaria, un bello viaje
sin distancia ni tiempo,
una gesta inmortal nacida aquí, en la tierra,
el corazón emprenderá animoso,
sin deudas ya, por tierras sin murallas,
sin ese medallón de barro seco
de la codicia, al alba,
con los primeros gallos encendidos.

Basta ya. No son horas


de sermón, aunque sí de lengua suelta.
Ávila, como tu aire
tan sano no lo hay, y este vinillo
se nos cuela con él en hondo oreo.
Recién venidos y un momento justos,
¡fuera de aquí quien nos recuerde ahora
esa voraz caída de la noche
sobre los altos campos
de nuestra tierra!

[ 62 ]
PRIMEROS POEMAS
INICIACIÓN

No hace falta saber nada


para sentir el respiro.
Vendrá cuando no creamos
en la humildad de ir contigo,
de juntar la luz de anchura
con la ignorancia del nido.

Mañana, ayer… La sospecha


se convertirá en prodigio
y lo que antes era exacto
ahora no encuentra su sitio.
Y es que es así: el horizonte
que nunca se ofrece el mismo;
la rotación de paisajes
cambiados por nuevos trillos.

¡Oh, cauce de tiempo al alma


solitariamente vivo
de puro azar, como ahora

[ 65 ]
todo lo que se ha fundido!

Por el fin de la esperanza


te llego, y sé que es lo mismo
desprender lo que se siembra
como la oración, que irnos
poco a poco adormeciendo
entre sonrisa y olvido.

Las cosas que nos dan, tienen


el aire de lo sencillo.

…Si tu alud me inunda el cuerpo


sin miedo a encontrar vacío
no hará falta la mañana
para creer, ni el bautismo
de la Primavera, que hace
de nuestro bosque perdido
llama de su fuego, llama
sólo con quemar el mío.

[ 66 ]
VOZ INDISPENSABLE

No sé si digo qué cercano gesto


usa de la tiniebla como gracia.
Si monte a monte va la luz. Qué resto
de pura absolución es la eficacia.

Si hay quien pueda decir que la alegría


salta al borde del surco como un ave
tan sólo serás tú. Y lo será un día.
No lo sabéis, mis voces. Nadie sabe.

Mal convocan los ojos al poema.


La luna del azar mejor convoca
y la brisa también, aunque nos quema
los costados, los abre con su boca.

¡Y es tan sencillo amar sin la plegaria


teniendo el corazón lejos del muerto
y encallado latir, tan necesaria
la intimidad lasciva de un injerto

[ 67 ]
que nos pudra las ramas inauditas!
(Inauditas del silbo, de la escasa
fermentación nocturna, de las citas
calientes como el pan que el hombre amasa.)

De ti me fui, y de tal manera solo


que el mástil perdió norte en abordajes
de cielos tuyos. Ahora, polo a polo,
tú buscarás la vida en mis tatuajes.

No sé si digo vida o digo olvido.


Por aquí o por allí. No sé por dónde
ni por qué dulce cargo requerido
para que nadie en la esperanza sonde.

Y a lo menos irá el agua alterando


los flujos de la voz indispensable.
El agua firme de los días, cuando
se haga tiempo la espera innumerable.

¿Y así no es fácil ver? ¿No es maestría


el contemplar lo que en el mundo cabe?

[ 68 ]
¡Mira por cuanto tú eres la alegría
de esa oración que salva y no se sabe!...

[ 69 ]
MANANTIAL

Para Miguel Gamazo

…¿Y tan dolido vas que va sin queja


tu fluir, en silencio,
contando aquellas tardes sin la nieve
derretida de enero?

Nunca aciertas. Esperas


otra boca: la suya, con el beso
de lo que no se duerme
y se da entre los pinos, sobre el tiempo…

Y ese vago peligro de tu cauce


te va haciendo los juegos,
las palabras que callas, la fatiga
de callarlas sabiendo.

Pasar y no pasar y estar en la hora


más oculta del miedo

[ 71 ]
como la sed, sin que la yerba misma
te encuentre en sus acechos.

Y allí, manando hacia la anchura de algo


que empieza a ser tu sueño
inventarte una vida con relentes,
con sol, con aleteos…

(Pero no aciertas nunca. Vas guardando


los más viejos secretos
de la tierra: los que abrieron mis ansias,
manantial, tu silencio…)

[ 72 ]
Todo sigue cayendo
con la nieve, y el agua
para ser joven, y aún
saber lo que es la infancia.

Todo sigue cayendo


—el peso de la rama
sin nidos, que otras veces
era nuestra parada
y el alear, y el campo
bien latido en el alma—.

Todo sigue cayendo


como Abril en la nava.
Copo a copo, nos une
los labios, las palabras
que empiezan ya a ser dichas
entre dos. Y no hay nada
fuera del tiempo, de

[ 73 ]
la lluvia casi inválida.
¡Ser muerte y coincidir
en la misma esperanza!

Yo decía: «el dolor


es más puro que el alba,
más puro que la vida
(que el sueño de la vida)».
Y ahora no me hace falta
recordarlo. Ya sé
que, si Dios quiere, es llama
lo que se toca. (¡Cómo
nos quema sin tocarla!)
La verdad la inventamos
y es así menos falsa.
Todo cae, pero nunca
en su tumba, ni pasa…
Queda un viento, una roca
dando frío, que enlaza
nuestro ayer; la metralla
doliéndonos, el triunfo
velador de distancias…

[ 74 ]
Todo sigue cayendo
para hacer la mañana.

[ 75 ]
CANCIÓN INCRÉDULA

¿Y para qué tanta


resurrección? Caminos
que mueran en nosotros.
Nunca hollados caminos.

Pronto verás al hombre


sangrando en cualquier sitio,
en la tarde aventada
de dolor y de trigos.

Frente al pasado, frente


a lo ya conocido.
(Una ciudad. Y un álamo
con un sueño en el río)

…¿Y Tú? Tú no anocheces.


Nos une el mismo niño
que tropezaba, como
si no fuera su oficio

[ 77 ]
tropezar: en la risa,
cayendo, en el olvido…
¡Qué bien puedo tenerte
por no sé qué bautismo!

Saber un día, yerto


de campanas, el mismo
pecado que nos duele
en el vientre. Y redimirlo.

Habitar el silencio,
el fiel, el siempre amigo.
Tras el manar del agua
volver para estar vivos.

Y no. Ya es otra fuerza


de tu brazo. Es distinto
golpear, aún más ciego
cuanto más desprendido.

¡Cómo llena de música


tu sombra a los sentidos!

[ 78 ]
¡Siempre este peso, ahora
y siempre el único abrigo!

Se te ve como si algo
te ignorase en su silbo.
Como si no quisieran
cavar en tus pasillos.

¿Por qué, para qué tanta


resurrección? Caminos
que mueran en nosotros.
Nunca hollados caminos.

[ 79 ]
PESO DE LO HUMANO

Para Salvador García

Creciendo más hacia afuera


—hacia dentro—, en soledad
bien andada como el surco
o la umbría del pinar.
Preguntando a los que saben
de esto, de empezar a estar
alegre consigo mismo.
Callando cuando se ha
recordado mucho, cuando
no se puede recordar.
Mirando el tiempo y el monte
y la alondra en el tapial
y el trigo alto (los ojos
que sienten la libertad).
Situando en cada sitio
las cosas, con ese azar
que no se inventa, que nace

[ 81 ]
de la esperanza total.
Arraigando lentamente,
sembrando y después segar
desde el hoy hasta el mañana,
desde el mañana al jamás.

…Para que algún día el hombre


sufra, y se pueda vendar.

[ 82 ]
MAESTRÍA

Maestría de hallar en la blancura


tan de repente, de sentir la arena
donde fue el agua, el agua de la pena
subiendo en pleamar a tu locura.

Mi voz hace del sueño calentura


y este asombrar lo vuelve a la azucena.
Lo vuelve a ti, ciprés con luna llena.
¡Maestría sin más que la tersura

del cuerpo joven!… Siempre acelerado


por vivo ruiseñor que se desnuda
del paraíso abierto de tu frente,

busco junto a la luz, junto al pasado


que es instinto y verdad en lo que duda
lo mismo que la piedra en el torrente.

[ 83 ]
SONETO CON TUS OJOS

Clávame con tus ojos esa nube


y esta esperanza de hombre que me queda.
¿Por dónde yo si estaba en la alameda
de tus ojos mintiendo cuando estuve?

Disciplina de todo lo que sube.


De lo que mira y ve, mientras se enreda
su triste agilidad, como en la rueda
de tus campos del cielo que no anduve.

Y es por seguir cegueras sin mancilla


por lo que tanta bruma nos separa
y hace del resplandor su maravilla,

su clavel mudo. ¡Y qué ajenos al daño


después, cuando tus ojos son la clara
locura de no verme siempre extraño!

[ 85 ]
Sabe que en cada flujo, en cada ola
hay un impulso mío hacia ti. Sabe
que tú me resucitas, como el ave
resucita a la rama en que se inmola.

Si tú supieras cómo no estás sola


cómo te abrazo, lejos, cuanto cabe.
Pon el oído, para que se lave,
mi corazón como una caracola.

Y oirás, no el mar, sino la tierra mía


hecha con el espacio más abierto.
Y oirás su voz, mi voz que yo quisiera

meterte por el alma cada día,


clara como tu nombre, al descubierto
como este mar de amor mío que espera.

[ 87 ]
PROCEDENCIA DE LOS TEXTOS

«Fuerte olor a existencia. Vicente Aleixandre», Papeles de


Son Armadans, vol. 11, n.º 32-33, noviembre-diciembre
1958, págs. 429-430.
«Inscripción sobre una frente (Vicente Aleixandre)», Ínsula,
n.º 151, junio 1959, pág. 4.
«Despertar de Antonio Machado en Soria», El mañana.
Anejo n.º I de la Colección Fe de Vida , Barcelona,
Joaquim Horta, s.a. [1959]; reimpr. en Versos para
Antonio Machado, París, Ruedo Ibérico, 1962.
«Blas de Otero en el taller de Ramón Abrantes, en Zamora»,
Papeles de Son Armadans, vol. 85, n.º 254-255, mayo-
junio 1977, págs. 203-204.
«Toreando (Antoñete)», Quites. Revista Taurina, Valencia,
1986; reimpr. en Cuenta y Razón, mayo 1991, pág. 23.
Titulado inicialmente «Entre la magia y la sabiduría».
«Semiepístola ¿moral? a Ángel», en VV. AA., Ángel
González, verso a verso, Oviedo, Caja de Ahorros de
Asturias, 1987.

[ 89 ]
«Aventura precisa», en Felicidad Rodríguez, Madrid,
Galería Fauna´s, octubre 1976.
«Materia y alma», en Esculturas (Bronces) de [Tomás]
Crespo Rivera, Zamora, Caja de Ahorros Provincial de
Zamora, diciembre 1977.
«Y cuando la leyenda se hace historia…», Carlos Torroba,
Madrid, Galería Álvaro Paternina Cruz, noviembre-
diciembre 1977.
«Cosecha de la materia», en [Ramón]Abrantes: escultura,
Zamora, Caja de Ahorros y M. P. de Salamanca,
diciembre 1979.
«Revelación de la sombra», en [Antonio] Pedrero: pinturas
y dibujos, Zamora, Casa de Cultura de Zamora, abril
1981. Facsímil del autógrafo.
«Monólogo de un escultor», en VIII Bienal «Ciudad de
Zamora», Zamora, Junta de Castilla y León, Consejería de
Educación y Cultura, septiembre-octubre 1986, pág. 27.
«Entre lo fascinante y lo tremendo», en José Hernández.
Retrospectiva de su obra gráfica (1960-1986), Madrid,
Ministerio de Cultura, octubre 1986, págs. 23-24.
«Una pincelada imaginaria», en Francisco Rico (ed.), El
pintor, ilustrado (Para Antonio Saura), Santander,

[ 90 ]
Universidad Internacional Menéndez Pelayo, 1988.
«Nuestro reino tampoco es de este mundo…» [1951-1952],
en Luis García Jambrina, «La “prehistoria” literaria de
Claudio Rodríguez», Revista Hispánica Moderna,
Nueva York, vol. 46, n.º 2, diciembre 1993, págs. 255-
256. Poema excluido de Don de la ebriedad.
«Pastoreos del día», ABC, 21 julio 2001, supl. «ABC
Cultural», pág. 15. Poema excluido de Conjuros.
Presentado por Luis García Jambrina.
«Llegada a la estación de Ávila», en Antonio Molina (ed.),
Poesía española contemporánea. Antología (1939-1964).
Poesía cotidiana, Madrid-Barcelona, Alfaguara, 1966,
págs. 515-518. Poema excluido de Alianza y condena.
«Iniciación» [1950], «Voz indispensable» [1950], «Manantial»
[noviembre 1950], «Todo sigue cayendo…» [1950],
«Canción incrédula» [1950], «Peso de lo humano» [1950],
«Maestría» [1950], en Luis García Jambrina, «La
“prehistoria” literaria de Claudio Rodríguez», Revista
Hispánica Moderna, Nueva York, vol. 46, n.º 2, diciembre
1993, págs. 249-255.
«Soneto con tus ojos» [1950], ABC, 22 julio 2000, supl. «ABC
Cultural», pág. 13. Presentado por Luis García Jambrina.

[ 91 ]
«Sabe que en cada flujo, en cada ola…» [1953], en Dionisio
Cañas, Claudio Rodríguez, Madrid, Júcar, 1988, pág. 105.

[ 92 ]
Índice

NOTA A LA EDICIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
HOMENAJES
Fuerte olor a existencia. Vicente Aleixandre . . . . . . . . . . . . . . 15
Inscripción sobre una frente. Vicente Aleixandre . . . . . . . . . . . 17
Despertar de Antonio Machado en Soria . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
Blas de Otero en el taller de Ramón Abrantes, en Zamora . . . . 21
Toreando. Antoñete . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
Semiepístola ¿moral? a Ángel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
SOBRE PINTURA Y ESCULTURA
Aventura precisa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
Materia y alma . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33
Y cuando la leyenda se hace historia… . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35
Cosecha de la materia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37
Revelación de la sombra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39
Monólogo de un escultor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
Entre lo fascinante y lo tremendo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47
Una pincelada imaginaria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 51
POEMAS EXCLUIDOS
Nuestro reino tampoco es de este mundo… . . . . . . . . . . . . . . . 55
Pastoreos del día . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57
Llegada a la estación de Ávila . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
PRIMEROS POEMAS
Iniciación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65
Voz indispensable . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
Manantial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71
Todo sigue cayendo… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73
Canción incrédula . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77
Peso de lo humano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81
Maestría . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83
Soneto con tus ojos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 85
Sabe que en cada flujo, en cada ola… . . . . . . . . . . . . . . . . . . 87
PROCEDENCIA DE LOS TEXTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89
De Poemas laterales, de Claudio Rodríguez, que hace el número 12
de la colección de poesía “Péñola blanca”, se han impreso 400
ejemplares, que están numerados del I al C y del 101 al 400. Se
empleó papel artesano Velin D´Arches blanco, sin ácido, 100%
trapo, de 160 gr. en tripas y para las cubiertas papel verjurado
Artisan-Butten de 100 gr. El diseño gráfico de la edición ha sido
esmero de Alberto Corazón. La encuadernación la hizo
artesanalmente Sánchez Álamo. Y fue el día de de MMVI,
festividad de , cuando vio la luz en los talleres de , en Madrid.

El ejemplar que el lector tiene entre sus manos es el número

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