Pitron Da
Pitron Da
INTRODUCCIÓN
El encuentro con nuestra propia identidad y el ser reconocido por las personas con las
que compartimos día a día, es uno de los objetivos que conciente o inconscientemente
buscamos en la interacción con los demás. La relación que establecemos en el dominio
cotidiano, siendo el primero de ellos el núcleo familiar, nos permite amoldar, desde
los originarios momentos de nuestra vida, patrones bases que asentarán el desarrollo
de nuestra personalidad. El reconocernos mutuamente es el eslabón que nos permitirá
alcanzar el conocimiento del entorno en el que estamos inmersos, con los aportes de un
Yo y un Otro, que se conjugarán simultáneamente en esta tarea.
En la siguiente investigación abordaremos la temática de la alteridad como eje teórico
fundamental del reconocimiento de los sujetos que participan en el proceso educativo.
Es por lo anteriormente mencionado que se hace necesario indicar la siguiente
pregunta: ¿Por qué la alteridad como fundamento del reconocimiento de nuestros propias
identidades desarrolladas en la educación? Porque es este concepto el que ha tomado
en consideración todas las relaciones que nos sacan de nuestro solipsismo para llevarnos
a una interacción con los otros frente a frente, exteriorizándonos en nuestro pensar y en
nuestra propia perspectiva. Es la alteridad la que nos permite descubrir el quehacer del
Otro en el mundo, por ende, nos permite revelar a partir de un Yo a un Otro que en ningún
caso soy Yo mismo. A través de la relación con los otros encontramos un mundo totalmente
anexo a nuestra propia mirada.
La alteridad, como ya mencionamos anteriormente, será el fundamento de un punto
necesario a pensar en la educación actual. Con ello queremos introducirnos en el papel
que desempeña tanto el profesor como el estudiante actualmente y tomar a partir de esa
visión patrones que nos ayuden a reforzar la experiencia educativa.
Esta indagación plantea el reconocimiento como una concepción necesaria a
reflexionar en el espacio educativo, en cuanto a reconocernos como individuos portadores
de conocimiento, tanto teórico como práctico. La educación, como tal, entonces es trazada a
partir de la interacción que se da, por un lado, entre sujetos análogos, en cuanto poseedores
de realidades comunes y, por otro, a la relación de éstos con un grupo que aporta un
conocimiento teórico y una experiencia madura, es decir, la comunicación que se da
inevitablemente entre un profesor y un alumno.
Bueno el objetivo está claro y las herramientas establecidas para trabajar y dar inicio
a la reflexión que busca dar una visión de la enseñanza actual y aportar al cambio que
debemos impulsar hoy en día como próximos agentes activos de esta rama de formación
como lo es la educación.
El trabajo estará distribuido de la siguiente manera: La primera parte estará dirigida
específicamente a desarrollar un pensamiento crítico frente a la educación. Para ello me
apoyaré en el trabajo realizado por el filósofo John Dewey en su libro Experiencia y
Educación. En él Dewey expone como tesis principal la necesidad de realizar una teoría
filosófica de la educación que relaciona inevitablemente la experiencia personal con el
proceso de enseñanza.
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Ibíd. Página 14
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Ibíd.
que este tipo de enseñanza enriquece al estudiante al momento de tomar en cuenta las
experiencias que le servirán a futuro en el desarrollo de sus potencialidades.
“Independiente por completo de todo deseo o propósito, toda experiencia continúa
6
viviendo en experiencias ulteriores” . De esta afirmación se desglosa el problema central
que afecta a una educación que se basa fundamentalmente en la experiencia. Éste apunta
a la selección correcta de la variedad de experiencias que se encuentren presentes y que
posteriormente existan enriquecedoramente en experiencias sucesivas.
La educación tradicional si bien existía sin una filosofía coherente que declarara
consecuentemente los planes, programas e iniciativas ejecutadas por este tipo de
educación, no se sigue que la educación progresiva sea un tipo de política educativa que
se niegue a la planificación. Lo que necesita la educación progresiva para su sustentación
es una filosofía de la educación que se base fundamentalmente en una filosofía de la
experiencia. Esta necesidad surge al momento de enfrentarnos a antiguas doctrinas que
sólo se fundamentaban en conceptos repetitivos y sin sentido.
Una teoría que sea coherente y que indique un camino correcto en la innovación
educativa para la selección y organización de los métodos y materiales que en ella se
implementarán es la misión de la nueva propuesta pedagógica.
otro de los atributos que debe poseer quien se haga cargo de un puesto docente, ya que
esta facultad le permitirá entender lo que el sujeto como aprendiz está pensando.
Las disposiciones que deben poseer los sujetos encargados de instruir en una política
educativa que se fundamenta en la experiencia es lo que hace que la educación progresiva
sea una labor más difícil de ejecutar, al contrario de lo ejecutado por la tan criticada
educación tradicional.
El papel del profesor, según nos ha mencionado Dewey, es el de un guía que oriente al
sujeto inmaduro en su andar por los caminos de la vida, mostrándole la variedad correcta
de experiencias que lo beneficien en su actuar, en tanto éste está capacitado para distinguir
entre las experiencias que perjudican o no al novato estudiante. Es de esta manera que
las ideas de Dewey se acercan a lo que busco con mí investigación. Dejar de lado el
papel que otrora fue otorgado a los profesores y que hoy en día es necesario cambiar. El
legado tradicional educativo que ejecutaba el aprendizaje como un proceso que dictaba sólo
conocimiento teórico y, que además, omitía el pensamiento y opinión de los participantes
activos del proceso, o sea los estudiantes, es suprimido con la nueva propuesta del rol
desempeñado por el profesor.
La enseñanza debe ser transmitida a través de un diálogo que se da entre un individuo
“dotado” de experiencia y uno que está iniciando su andar por el mundo en el que está
inmerso. El reconocimiento apunta a mirarnos como seres poseedores de conocimiento
y de diferentes realidades, interactuando sin omitir al otro que me acompaña, capaces
de entregar lo que cada uno lleva respetando de una manera universal al ser que tengo
enfrente.
La imposición debe ser omitida en el transcurso de esta interacción entre los educandos
y el educador. Ella no podría estar presente de ninguna forma en una política educativa que
pretende guiar de una manera innovadora al inexperto aprendiz.
El estar al tanto del ambiente, además de las experiencias fructíferas de los
estudiantes, es un conocimiento que ayudará a dirigir de una manera correcta y sin
imposiciones las experiencias del joven. El saber utilizar los ambientes en pos de un
enriquecimiento para los estudiantes es una tarea que deben manejar los docentes.
Lo anteriormente expuesto es uno de los puntos que la educación tradicional nunca
consideró, ya que más allá del ambiente escolar desarrollado en las escuelas nunca se
preocupó por tomar en cuenta otros ambientes que rodeaban cotidianamente al joven que
se estaba educando. Siempre le pareció suficiente el lugar llamado “institución educacional”
que supuestamente potenciaba al alumno en su aprendizaje.
Con el concepto de “interacción” Dewey designa al segundo principio básico para
aclarar una experiencia en su función y fuerza educativa. Es a través de la interacción, que
las circunstancias objetivas e internas de una experiencia adquieren equivalentes derechos.
Al desarrollarse este juego de intercambio entre los factores componentes de la experiencia
nace lo que es designado como una situación. Interacción y situación están íntimamente
relacionadas, ya que el sujeto, quien vive en un mundo (en situaciones) está en interacción
con los objetos, cosas y personas que componen su entorno. “Una experiencia es siempre
lo que es porque tiene lugar una transacción entre un individuo y lo que, en el momento,
constituye su ambiente, y si este último consiste en personas con las que está hablando
sobre algún punto o suceso, el objeto sobre el que se habla forma parte también de la
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situación (…)” .
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Ibíd. Página 50
una educación progresiva, sea para nosotros un puente seguro que nos da la fortaleza de
creer y de demostrar que se pueden generar teorías que aporten al desarrollo de nuevas
concepciones en cuanto a filosofías educacionales tratan. Es la libertad de pensamiento,
crítica y opinión las consecuencias de un modelo educacional que atiende a las necesidades
que apunta Dewey. Enriquecer tanto al estudiante como al docente es lo que se busca
llegar a poseer con el hecho de reconocernos, interactuando y transmitiendo los patrones
necesarios a seguir al momento de vivir la educación.
“Lo que queremos y necesitamos es una educación pura y simple, y realizaremos
progresos más seguros y rápidos cuando nos dediquemos a descubrir justamente lo que
es la educación y las condiciones que se han de cumplir para que la educación pueda ser
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una realidad y no un nombre o un grito de combate” .
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Yo soy capaz de entregar una perspectiva que nadie más puede tener. Yo soy único en el
mundo en cuanto poseo una mirada excedente frente a él.
El reconocimiento de nuestra propia postura en el aula es lo que buscamos
fundamentar con el concepto de alteridad. Pero, ¿a qué corresponde esta particular noción?
La palabra alteridad es un concepto que ha sido utilizado en filosofía recientemente.
Él hace referencia al Otro, esto quiere decir que el concepto está en estrecha relación con
el Otro que tengo enfrente, teniendo en cuenta su propia percepción del mundo que nos
rodea en conjunto.
Creo que es relevante acercar hoy en día este concepto a las filosofías educativas que
propongan un cambio en la ejecución de la pedagogía. Su significación radica en que la
consideración del sujeto que está de cara conmigo, la consideración de sus pensamientos,
su visión del mundo que es completamente diferente a lo que yo veo, su propia perspectiva
amplía mi universo y mi propio pensar que se instaura desde este lugar que en ningún caso
es igual al mío. Con ello se fundamenta el reconocimiento al momento de aceptar que tengo
un Otro al lado, frente a mí que piensa, que vive, que ve de diferente forma que Yo.
El darnos cuenta de ello genera el reconocimiento de mis pares instaurados dentro
de la sala de clases. Reconocimiento que buscamos fundamentar en el concepto filosófico
entregado por Lévinas y Bajtín.
Ella está compuesta de diez conversaciones que fueron grabadas y divulgadas por
France- Culture durante los meses de febrero y marzo de 1981. Cada diálogo nos involucra
con nuestro autor en la medida en que es él mismo quien a través de sus directas respuestas
nos va entregando un acercamiento claro a cada uno de sus pensamientos, desde su
formación filosófica hasta los trabajos más recientes que involucran la concepción de Dios.
Para efectos de nuestro trabajo de indagación desarrollaremos las conversaciones que
específicamente involucran la noción de alteridad.
Una de las características que se hace necesario indicar en el fundamento del
pensamiento levinasiano es que el entusiasmo por lo propio o sea lo que es referente
al etnocentrismo y al egocentrismo, no son considerados casuales del sujeto, sino que
atienden a la característica constitutiva del Yo. Si éste se presenta como semejante a
sí mismo es porque ha sido capaz de apropiarse de todo lo que tiene a su alrededor,
haciéndolo idéntico a sí. Entiende Lévinas que ser consiste en no renunciar al connatus
essendi sin antes haber renunciado a sí mismo. A ello se le agrega una de sus tesis que
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repercuten con mayor fuerza: “el hombre no es sin más ni más un "lujo de ser" .
Lo humano del hombre no se revela sólo con que éste pertenezca al mundo o en su
existencia, sino que más bien se acerca a estar en permanente relación con el “afuera más
exterior, a ése que le anuncia lo otro por excelencia: el otro hombre, el extraño inapropiable”
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.
La necesidad que el Otro demanda, no la vivifico percibiéndola, sino que ésta la recibo
como una responsabilidad frente a ella, que me pide auxilio de algún u otro modo. Esa
natural tendencia a la apropiación de las cosas queda obsoleta al momento de enfrentarme
con el Otro, él me reclama con una orden primera: No matarás. Según Lévinas este primer
mandamiento es el que inicia todo discurso, asignándole significado y argumentando con
ello la indagación de la verdad. Es en este sentido que Lévinas argumenta la primacía de la
ética por sobre la ontología. Entonces la primera pregunta que debiese nacer en nosotros
como seres humanos es ¿por qué existe el mal? ¿Cómo hacer para que lo que es estalle
en Bien? El sentido de lo que es propiamente humano consistiría entonces en alterar la
mismidad de éste, en agitarlo en cuanto al ámbito ético se refiera.
La propuesta que hace Lévinas es la ética como filosofía primera, en correspondencia
de lo cual me pregunto, ¿es acaso lo ético tomado en consideración al momento de
enlazar la relación de un profesor y un alumno? Si los pensamientos de Lévinas fuesen
consideramos en cuanto a la educación se refiere, ¿abría un cambio significativo en la
percepción que tienen los seres que interactúan en el proceso educativo?
La subjetividad humana se reconoce como fundamento del pensamiento y Lévinas
indica que la condición humana se revela en el des-inter-és: “ser hombre equivale a no ser,
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vivir humanamente significa desvivirse, por el otro hombre” . De ello se despliega que
la subjetividad humana significa la sujeción al Otro, al contrario de lo que se puede pensar
de ella en cuanto a autonomía se trate. El Otro me empuja a salir de mi solipsismo, me
reconoce al momento de dirigirme la responsabilidad de socorrer ante su llamado, me libera
del ser, de mí mismo, al enunciar su primera palabra: no medejaras morir.
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Lévinas, Emmanuel, Ética e Infinito, Presentación, traducción y notas, Jesús María Ayuso Díez, 1991, Madrid, España.
Editorial Visor Distribuciones, S.A. Página 12.
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La resignación ética no implica la negación ni del ser, ni del Yo, sino que más bien nos
invita a una búsqueda de ese ser que se dé. El dar hace que el Yo renuncie a sí, de la
misma manera que se lo permite dar vida a su primogenitura. Es por este motivo que la
ética es formulada como la explosión de la ontología y no su negación.
“Si puede decirse que somos “seres humanos”, la ética significa que el sustantivo
encuentre su razón de ser en el adjetivo, que el ser se voltee o se convierta en algo humano,
es decir, que seamos “seres humanos”; en pocas palabras, que el hombre lleve a cabo el
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estallido ético de la ontología” .
El nuevo modo de pensar que nos presenta Lévinas a partir de su interesante
planteamiento, nos invita a reflexionar en nuestro propio ser y así suscitar otra manera de
pensarnos, ya que es a partir de la importancia que se le da a la ética, en donde nuestras
acciones adquieren una importancia fundamental.
La tesis fundamental que despliega Lévinas y que se verá extendida en las páginas de
Ética e Infinito, es la siguiente: “que la ética es la filosofía primera, ésa a partir de la cual
14
las demás ramas de la metafísica adquieren sentido” . Según el pensamiento de nuestro
autor lo que tiene el ser humano de suyo, y por lo cual, se pregunta a menudo, es por la
cuestión de la justicia.
2.1.1 El hay.
El primer libro que Lévinas ha escrito y donde reposa su pensamiento, posterior a los
artículos biográficos que anteriormente había publicado de Heidegger y Husserl, tiene por
titulo De l´existence á l´existant. En él Lévinas trata específicamente el tema del “hay”.
Pero, ¿qué es este “hay”, que nos presenta el filósofo? A primera vista esta expresión
carece de contenido, pero teniendo en consideración que en ella Lévinas representa el
fenómeno del ser impersonal, se asienta que contiene un importante sentido. Para nuestro
autor el “il y a”, significa el “ello”. Reflexión que nace a partir de recuerdos de infancia, en
donde el silencio del dormitorio se transformaba en un equivalente muy particular: en ruido.
Extraña es esta asimilación del silencio con el ruido, es parecido a lo que llegamos a
experimentar al momento de acercarnos una concha de mar al oído, como si ese silencio
de lo vacío de la concha estuviese de igual manera marcado por una multitud de sonidos.
En analogía con este ejemplo se da el caso que cuando pensamos en la nada, a pesar
de reflexionar en cuanto no hay nada, queda la posibilidad de que finalmente frente a esa
nada, hay. Este autor nos involucra con el sentido del silencio-ruidoso. “En el vacío absoluto,
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anterior a la creación, que podemos imaginar, hay” .
La exigencia a salir de este sin-sentido, del hay, y la solución propuesta por Lévinas
introduce un nuevo termino: “La Hypóstasis”. Este nuevo concepto está totalmente ligado
con los existentes, o sea con los entes que son posibles de ser señalados. En palabras
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Ibíd. Páginas 16-17
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Lévinas, Emmanuel. Ética e Infinito, Presentación, traducción y notas, Jesús María Ayuso Díez, 1991, Madrid, España.
Editorial Visor Distribuciones, S.A., Página 20
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Ibíd. Pág.44
de Lévinas la Hypóstasis “es el paso que va del ser a una cosacualquiera, del estado de
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verbo al estado de cosa” .
Más allá de que exista el ser en general, existen seres idóneos de ser nombrados,
es por este motivo que nuestro autor concede la afirmación de que la verdadera
substancialidad del sujeto consiste en su substantividad. Ésta correspondería a la primera
etapa de esta salvación del sin sentido, el poner. Pero más allá de esta capacidad de
nombrarnos como seres que se sobreponen al ser en general, Levinás propone una
segunda etapa a considerar: la verdadera posibilidad del yo que existe de salir del hay es
deponiéndose. Esta deposición, tomada en analogía con el deponer de los reyes, lleva al
Yo a desligarse de su soberanía en cuanto se establece la relación con el Otro, la relación
des-inter-esada.
“Desconfío de la palabra “amor”, que está degradada, pero la responsabilidad para con
el otro, el ser-para-el-otro, me ha parecido, desde esa época, que pone fin al rumor anónimo
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e insensato del ser” .
Mi relación con el Otro hace que mi Yo se derroque frente a la responsabilidad que me
reclama este Otro que me enfrenta con su rostro suplicándome auxilio y un ¡no mataras!
La liberación del hay por parte de esta responsabilidad que adquiero con el Otro,
desligó a Lévinas de recurrir nuevamente en sus escritos a tal concepción, aunque él
considera que aún se hace necesaria en cuanto a la prueba misma del des-inter-és.
16
Ibíd. Pág.50
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Ibíd. Pág.51
otro hombre: erotismo, paternidad, responsabilidad respecto del prójimo – como relación
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con lo Absolutamente Otro, con lo Trascendente, con lo Infinito” .
El tiempo figuraría con su diacronía una correspondencia que no comprometería la
alteridad del Otro, asegurando, sin embargo, su no –indiferencia al pensamiento.
La tesis principal de el tiempo y el otro radica en “pensar el tiempo no como
una degradación de la eternidad, sino como aquello que, siendo de suyo inasimilable,
absolutamente otro, no se dejaría asimilar por la experiencia, o con aquello que, siendo
de suyo infinito, no se dejaría com-prender, si es que ese Infinito o ese Otro tolera que se
le designe con el dedo mediante un demostrativo, como un simple objeto, y no exige un
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artículo determinado o indeterminado para tomar cuerpo” .
Se da una relación con un In-visible cuyo origen se sitúa en la ineptitud del conocimiento
en cuanto tal- de su in-adecuación- frente al infinito de lo totalmente otro, de lo ilógico que
resultaría la coincidencia. La dificultad de la coincidencia, la in-adecuación, tienen sentido
cuando se les relaciona en el fenómeno de la no-coincidencia que se da en la diacronía
del tiempo. El tiempo se define como ese siempre de la no-coincidencia y el siempre de la
relación – del anhelo de la espera-.
Tratamos una relación que es distante, pero a la vez próxima, que no es una
coincidencia o una coalición frustrada sino que es el biende una socialidad original.
Como menciona el mismo Lévinas, ésta “es una investigación sobre la relación con el
otro en la medida en que su elemento es el tiempo; como si el tiempo fuera la trascendencia,
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fuera, por excelencia, la abertura al otro y a lo Otro” .
La importancia que Lévinas le atribuye al tiempo, descansa en que éste no consiste en
la interpretación solipsista que se de él, sino al contrario, es el trato mismo que establece el
sujeto con el otro. A partir de la mirada tradicional, en donde, se recalcaba que la soledad
era un problema existencialista, en cuanto, ésta caracterizaba a la existencia, el escrito es
una nueva proposición que nos plantea el emerger del aislamiento que nos produciría el
existir, a propósito de lo que nos proponía el anterior, el arrancarnos del Hay.
La primera etapa que propone Lévinas consiste en salir hacia el mundo, en el
conocimiento. Se presenta la idea de que el saber es inherente al ser, por lo tanto, dentro
del saber no existiría un quiebre del aislamiento del ser; o sea, en la transmisión de
conocimiento, es decir, en la comunicación del saber, uno se encuentra al lado del otro, no
enfrentado a él. En esta interacción con el otro no se trata de conocerlo como conocemos un
objeto ni de la transmisión de conocimiento, lo que apunta Lévinas con ésta no ruptura de la
soledad en el saber, es que por más que desarrollemos una entrega, una transmisión con el
otro por medio de la transferencia, en ella nos encontramos al lado del otro, ya que dentro
del ámbito del saber y de la transmisión de conocimiento no está contemplado la existencia.
“En realidad, el hecho de ser es lo más privado que hay; la existencia es lo único que no
puedo comunicar; yo puedo contarla, pero no puedo dar parte de mi existencia. La soledad,
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Lévinas, Emmanuel, El Tiempo y el Otro, Introducción de Félix Duque . Ed. Paidós I.C.E de la Universidad Autónoma de
Barcelona. Buenos Aires- México-Barcelona. 1° Edición, 1993. pagina 68
19
Ibíd. Página 69
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Lévinas, Emmanuel. Ética e Infinito. Presentación, traducción y notas, Jesús María Ayuso Díez, 1991, Madrid, España.
Editorial Visor Distribuciones, S.A., Página 54
pues, aparece aquí como el aislamiento que marca el acontecimiento mismo del ser. Lo
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social está más allá de la ontología” .
Comúnmente se suele pensar que el conocimiento es el medio que nos permite salirnos
de nosotros mismos, paradójicamente Lévinas no suele pensar de igual forma, al contrario,
él atribuye al conocimiento una condición que nos hacer permanecer en el elemento de lo
“mismo”.
“El conocimiento más audaz y lejano no nos pone en comunión con lo verdaderamente
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otro; no reemplaza a la socialidad; es todavía y siempre una soledad” .
La forma más concreta de salir de la soledad será la socialidad, quien reemplazará lo
que comúnmente se cree del conocimiento. A pesar, que en el libro en cuestión Lévinas
asume que sus ideas no están aún maduras, el tiempo en ese entonces, se le mostraba
como una ampliación de la existencia. La relación con el otro es presentada como una
estructura que rompe con la concepción Husserliana de que la intencionalidad representa
al espíritu y su esencia. El rol del tiempo es comprendido a partir de la concepción nueva de
estas relaciones: “el tiempo no es una simple experiencia de la duración, sino un dinamismo
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que nos lleva, más que a las cosas que poseemos, a otra parte” .
La particular concepción de tiempo levinasiana será fundamentada por el autor a partir
de dos análisis principales en su teoría. Por un lado, estará la relación erótica, emparentada
con la alteridad de lo femenino, punto muy cuestionado en la teoría levinasiana, y, por otro,
la relación de paternidad, que se da de mí para otro, que en un sentido sigue siendo yo,
pero que a la vez, es absolutamente otro. Estas relaciones con la alteridad que, en palabras
del mismo Lévinas, contrastan con la idea de que lo mismo absorbe a lo Otro, siendo el
modelo clave el saber.
Cuado aprendemos del otro no lo absorbimos a él, como bien dice Lévinas, su existir
queda intacto, sólo lo que tomamos de él es su saber que entrega en cuanto ente portador
de nuevas realidades y visiones respecto a su propia posición en el mundo.
tiempo. La filialidad es aún más misteriosa que la anterior ya que ella es una intelección
con otro, que es absolutamente distinto de mí, pero que a la vez, de alguna manera es yo.
24
Aquí Lévinas se refiere específicamente a la relación que establece el padre con su hijo .
“El hecho de ver las posibilidades del otro como vuestras propias posibilidades, de
poder salir del recinto de vuestra identidad y de lo que nos es otorgado hacia algo que no
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es otorgado y que sin embargo es vuestro, he ahí la paternidad” .
La consideración del otro como un hijo, sin necesidad de que entre los sujetos exista
un parentesco biológico, es establecer relaciones que van más allá de lo posible.
Filiación y fraternidad para Lévinas incumben relaciones de parentesco sin base
biológica, la relación que se establece entre un maestro y su discípulo no está reducida a
ella, sino que mejor dicho las encierra.
¿Será entonces necesario que se establezcan relaciones entre discípulo y maestro en
razón de la fraternidad y la filiación? ¿Serán necesarias estas relaciones “más allá de lo
posible”?
“La paternidad es una relación con un extraño que, aun siendo el otro, es yo. La
relación del yo con un yo-mismo que es, sin embargo, extraño a mí. En efecto, el hijo no
es simplemente mi obra, como un poema como un objeto fabricado, no es tampoco mi
propiedad. (…) Yo no tengo a mi hijo, yo soy, de alguna manera, mi hijo. Tan solo que
las palabras “yo soy” tienen aquí una significación diferente de la significación eleática o
platónica. (…) Por otra parte, el hijo no es un acontecimiento cualquiera que me pasa (…) es
un yo, es una persona. En fin, la alteridad del hijo no es la de un alter ego, la paternidad no
es una simpatía, por la cual puedo ponerme en el lugar del hijo; yo soy mi hijo por mi ser, y
no por la simpatía (…) No es según la categoría de causa, sino según la categoría de padre
como se hace la libertad y como se cumple el tiempo (…) La paternidad no es simplemente
una renovación del padre en el hijo y su confusión con él. Es también la exterioridad del
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padre con respecto al hijo. Es un existir pluralista” .
2.1.4 El rostro.
Es en Totalidad e Infinito, uno de los libros de mayor importancia a nivel filosófico, que
Lévinas nos habla ampliamente del rostro.
En él se expone el acceso al rostro como una entrada ética. Cuando percibimos las
características de un rostro y logramos describirlas, no estamos experimentando la relación
con el otro, solo estamos en el nivel de relación entre un sujeto y una cosa. La relación no
implica describir el color de los ojos del otro, sino que ésta apunta a la no reducción del
rostro en cuanto a su percepción.
24
Me pregunto entorno a éste pensamiento, ¿acaso esta relación no estaría mejor ejemplificada a partir de la experiencia que
vive una madre al momento de tener a su hijo creciendo en su vientre? La relación que una mujer establece con su hijo durante el
período de gestación es un momento íntimo, donde los participantes se limitan, no cabe nadie más , excepto la mujer y el niño que está
por nacer. El estar conectados por medio de un mismo cuerpo dos seres que piensan, sienten, experimentan momentos en conjunto,
pero a la vez separados, creo que es un mejor ejemplo de conectividad en cuanto a relaciones “misteriosas” de alteridad se evoquen.
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Ibíd. Pág.66
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Ibíd.
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Percibimos por una óptica triple generada por mis actos en presencia de otros: yo-
para-mí, yo-para-otro, otro-para-mí. Este sistema de relaciones es el pilar fundamental de
la arquitectónica del mundo real. Ésta se da mediante las relaciones que dan cabida a
interacciones cotidianas del sujeto con los otros hombres.
La teoría del acto está basada en el acontecer concreto de la existenciaparticular del
ser humano. El yo presentará una posición única frente al otro, siendo él el único capaz
de realizar actividades exclusivas e irrepetibles en pos de un otro, concretizándolas en
el mundo. La relación con el otro genera una responsabilidad que yo solo soy capaz de
cumplir. Los actos repercuten de una manera concluyente en el otro y antes que nada están
hechas para el otro, buscando su mirada y sanción. Se da un “acontecimiento del ser” entre
yo y el otro, entre una interrogación y una repuesta.
El deber serse da por la presencia del otro. El acto se entiende como acto ético en
cuanto proceder que contrae responsabilidades y consecuencias. El acto es una respuesta
a algún acto anterior con sentido provocando de manera inevitable otro sentido nuevo: el
acto ético, prefigura de su filosofía dialógica, agregándose con ello un nuevo ingrediente:
la palabra.
El concepto de autor que Bajtin extrae de la literatura es producto del acto responsable,
el cual está de una manera en analogía con un documento que tiene una firma, por lo tanto,
tiene un autor.
El otro me entrega una primera definición de mí, a esto se le agrega que posee un
excedente de visión, percibe todo lo que yo no puedo mediante la posición que tengo. El
acto será caracterizado por ser único e irrepetible, ¿qué quiere decir esto?, simplemente
Bajtín señala que cada uno de nosotros somos capaces de generar actividades que, desde
el punto que yo me encuentro situado, o que cada uno se encuentra situado, jamás nadie
las podrá realizar.
El mundo se encuentra configurado de tal manera por los conceptos y valores
del lenguaje que, la conciencia al momento de despertar encuentra que ya está todo
determinado como valores que trascienden mediante la alteridad: bueno- malo; mío-
ajeno; nuestro- de otros. La naturaleza se transforma en un ente éticamente valorada,
estéticamente marcada y delimitada en sus componentes por la ciencia,al igual que la
sociedad.
Determinado el terreno esencial de comunicación entre el yo y el otro en términos de
discurso nace otra característica del pensamiento de Bajtin: la de concebir todo en relación
con y a la medida de la comunicación verbal. Bajtin asegura que si la lengua no lo es todo
en la vida de los hombres, de cualquier manera esta en todo. Así nos encontramos con
que el lenguaje verbal se entrelaza a través de enunciados con la actividad humana. Se
resalta en el texto que el propio objeto de las ciencias humanas sedefinirá como el “ser
expresivo y hablante”. Este ser se manifestará puramente en el diálogo, acarreando con ello
que el pensamiento Bajtiniano en cuanto al acto repercuta en el planteamiento del método
dialógicocomo un nuevo estilo de pensamiento. El dialogismo se definirá como un nuevo
punto de vista que nos dará la posibilidad de ver y comprender como una unidad los demás
puntos de vistas existentes, el conjunto con el Otro.
En su filosofía del acto Bajtin plantea que desde la unidad del acto ético se establece el
diálogo entre ciencias particulares, ciencias y humanidades; entrecognición, por una parte,
y ética y estética por otra. La alteridad que plantea Bajtin deja de forma establecida la
superioridad que tiene el Otro frente a nosotros, en cuanto, a su capacidad de instituirnos
y sancionarnos, tomando el rol de “tercero”. Esta alteridad establece de forma explicita la
relación que se da entre un Yo y consigo mismo y ,a la vez su relación con el mundo, como
las únicas posibles. Esta relación que es inevitable posibilita que el Otro haga posible al Yo.
33
Bajtín, Mijaíl, Yo también Soy (fragmentos sobre el otro), Editorial taurus, México, 2000. Página 32.
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Ibíd. Página 33
embargo, esta cognición que percibe al mundo unificadamente, solo se puede pensar y no
llevar a cabo en una realidad llena de múltiples cualidades existenciales.
La contemplación estética y el acto ético no pueden dejar de tomar en cuenta el lugar
que ocupa el sujeto y con ello su singularidad, al momento de situarlo dentro del mundo.
El excedente de mi visión me condiciona en las actividades, tanto extrínsecas como
intrínsecas, que yo solo, como sujeto que ocupa un lugar único, realizo. Estas acciones
complementan al Otro, ya que, como ha especificado Bajtin, él no puede acceder a la
información que yo obtengo desde el punto en que estoy situado. Estas acciones que son
puramente contemplativas, fruto del excedente de visión de cada uno, Bajtin las llamará
puramente estéticas. Estas tendrán un primer momento en donde el vivenciar tendrá un
papel fundamental. “Yo debo vivir- ver y conocer- aquello que él vive, ponerme en su lugar
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como si coincidiera con él (...)” .
Al momento de lograr la conexión intrínseca de la postura del Otro frente a una situación
dolorosa me incita de cierto modo a actuar éticamente: una ayuda, un consuelo, pero aún
así, que el Yo experimente empatía con el Otro en un momento difícil no impide que haya
un regreso inevitable a mí mismo, al exterior del que sufre, ya que sin ello el material que ha
sido vivenciado no tendría sentido ético, si el regreso no sucediera , solo se presentaría el
fenómeno patológico de experimentar la vivencia ajena como propia. La actividad estética
tiene su inicio al momento de regresar a nosotros mismos, damos forma y conclusión al
material de la vivencia.
“La estructuración y la conclusión se llevan a cabo de manera que completamos el
material de la vivencia, o sea el sufrimiento de la otra persona, con los momentos que
son transgredientes (extrapuestos) a todo el mundo objetual de su conciencia adolorida,
momentos que ahora no tienen ya la función informativa, sino un nueva, la conclusiva(...)”
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.
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a la imagen exterior propia” . Con ello Bajtín apunta a la falta que me produce solo mi
autoafirmación intrínseca, el filósofo nos dirá que se necesita una reconstrucción a partir de
la afirmación tanto emocional como volitiva, a partir del Otro y para el Otro, de mi imagen.
“Es necesario introducir, entre mi autopercepción intrínseca – función de la vacuidad de
mi visión- y mi imagen externamente expresada, una especie de pantalla transparente,
pantalla de la posible reacción emocional y volitiva del otro a mi manifestación externa: una
pantalla de éxtasis potenciales, de amor, de admiración, compasión del otro para conmigo;
y al mirar a través de esa pantalla de un alma ajena reducida al estatus de recurso, doy
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vida a mi apariencia y la introduzco en el mundo de la plasticidad pictórica” .
Para que la objetivación ética y estética se hagan reales necesito inevitablemente un
punto de apoyo que se encuentre fuera del Yo, de donde se me abriría la posibilidad de
verme a mí mismo como si fuera el Otro.
Dice Bajtín que al momento de la contemplación de nuestra apariencia, el valor estético
no surge de manera inmediata de mi autoconciencia, sino que mas bien oscila entre los
límites del mundo plástico y el pictórico. “Yo en cuanto protagonista de mi propia vida, tanto
de la real como de la imaginada, me vivo a mí mismo dentro de un plano por principio
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distinto de aquél en que veo a todos los demás actores de mi vida y de mi ilusión” .
Bajtín coloca como un ejemplo de contemplación del aspecto externo lo que logramos
experimentar al momento de mirarnos en el espejo. En él solo vemos nuestro reflejo, pero
no a nosotros mismos, la apariencia que contemplamos es solo externa, de manera tal que
se podría decir que nuestro interior se oculta frente al alcance que puede tener nuestra
visión que ocupa este medio para mirarse.
Lo que buscamos es una mirada que nos contemple en nuestro conjunto y no solo
desde una parte de nosotros, con ello nace la necesidad de lo que puede aportarnos el Otro,
el único ente que seria capaz de unificar nuestra personalidad extrínsecamente conclusa.
El ser humano se puede mirar externamente gracias a la importancia que le
designemos a la vivencia de las fronteras que exteriormente lo envuelven. La visualización
del Otro me permite a mí, individualmente, vivenciar de manera plena todos los límites que
lo rodean como ente que vive intensamente situado en un mundo que es externo al mío.
Esta percepción que tengo del Otro, me hace tomar conciencia que ese Otro no soy Yo, y
que el Yo se forma desde una unificación en donde intervienen mi mirada del mundo y la
mirada que tienen los otros de mí.
Sitúo al Otro como un objeto extrínseco a mí y que forma parte del mundo, en cambio,
yo aparezco ligado intrínsecamente a una actividad, que al parecer, estaría fuera del mundo
palpable.
Las acciones también serán un punto que Bajtín abordará, ya que el juego que realizo
con el Otro, el encuentro con el mundo , la mirada desde mi autoconciencia y la mirada del
ente externo desde su propia autoconciencia, hacen que las actividades que realizamos se
vean desde distintas perspectivas. ¿Cómo vive la acción el que actúa? ¿Cómo vivo Yo la
acción del Otro? ¿En qué plano de la conciencia se sitúa su valor estético?
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Este libro fue escrito en el año 1970, durante su exilio vivido en Chile. En él Freire más que una nueva propuesta educativa
desarrolla una planificación que permite al hombre liberarse, en tanto tiene una posición de opresor u oprimido. Esta liberación se hace
necesaria frente al sistema tradicional de educación, entendido y designado por el mismo Paulo Freire, como “educación bancaria”.
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Freire, Paulo, La educación como práctica de la libertad, siglo veintiuno editores, S.A , Madrid , España, 1997. Página 7
Me apoyo en Freire porque sé que las políticas que él desarrolla sugieren una libertad
del hombre que es necesaria tomar en consideración hoy en día, quitándonos el miedo a
la libertad de la que tenemos derecho natural.
La educación verdaderamente humanista es la que integra al individuo a su propia
realidad, permitiéndole tomar conciencia de lo que está sucediendo a su alrededor. Es de
esta manera que la alfabetización para Freire es equivalente a concienciar.
La represión que se ejerce sobre el analfabeto, en tanto privación de libertad, trae como
consecuencia una conciencia oprimida.
La concienciación de que nos habla Freire es una suerte de sinónimo de lo que se
invita a reflexionar en este escrito. Pensar cuál es nuestro lugar en la educación y criticar
desde nuestra propia visión de mundo, desligada de ataduras represivas que nos oprimen
nuestro pensar con respecto a la educación que queremos.
La necesidad de concienciar implica la lucha contra las injusticias que se cometen
sobre las masas más desprotegidas. Nadie que no solidarice con ello puede admitir una
concienciación verdadera, la comprensión de que hay personas que son sometidas en pos
del bienestar de otro es fundamental al momento de hablar de vocación de concienciador.
La importancia de todos a palabrear radica en que la palabra nos permite el encuentro
con los hombres. Encuentro que buscamos en la idea de reconocernos, como lo hemos
planteado anteriormente. Es por esto que el diálogo se transforma como la verdadera
educación para Paulo Freire.
El contexto en que se desarrolla el encuentro con los otros es el escenario concreto que
permite el enfrentamiento cara a cara de los sujetos que se reconocen como tales. Aquí se
da el enjuiciamiento, llegando a la conclusión Freire que nadie es analfabeto por elección
personal, sino que, por el contrario, los demás imponen esta calificación basándose en las
condiciones objetivas en que se encuentran.
Ya no se debe atender, en base a los cambios producidos en América latina, a las
denominaciones distintivas de educando y educador. Ahora, propone Freire, es necesario
atender a educador-educando con educando-educador, para que de esta manera se inicie
la integración en su propia realidad nacional, el inicio de su despertar de la conciencia.
La concepción tradicional de la educación, Freire la define a partir de un concepto
extraído del pensamiento de Pierre Furter: la concepción bancaria. Ella se explica de
la siguiente forma: “La concepción bancaria, al no superar la contradicción educador-
educando, por el contrario, al acentuarla, no puede servir a no ser a la domesticación del
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hombre” .
Esta domesticación trae como resultado:
1) “El educador es quien siempre educa; el educando, el que es educado.
2) El educador es quien disciplina; el educando, el que es disciplinado.
3) El educador es quien habla; el educando, el que es escucha
4) El educador prescribe; el educando, el que sigue la prescripción
5) El educador elige el contenido de los programas; el educando los recibe como
“depósito”.
6) El educador es siempre quien sabe; el educando el que no sabe
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Ibíd. Página 16-17
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7) El educador es el sujeto del proceso; y el educando, el objeto” .
La concepción del educando es definitivamente la de un sujeto pasivo, adaptado, que
recibe del educador la información en forma de depósito bancario. El hombre llega a ser
considerado una cosa, una “olla”, donde la conciencia se va amoldando según los depósitos
que se hacen del mundo sobre ella.
La liberación de este modelo de educación tradicional nos permitiría su superación,
nos dice Freire, postulado que se sintetiza de la siguiente forma:
a) “no más un educador del educando;
b) no más un educando del educador;
c) sino un educador-educando con un educando-educador.
Esto significa:
1) que nadie educa a nadie;
2) que tampoco nadie se educa solo;
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3) que los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo” .
La problematización del mundo que nos rodea, la crítica y la liberalidad son
características esenciales de la educación que nos invita a experimentar Paulo Freire,
dejando de lado las ataduras llenas de opresión que significaba vivir la experiencia
educativa como una deshumanización que se transmitía a través de la relación educador-
educando.
La igualdad de acción de estos dos participantes del proceso educativo es lo que se
busca. Se exige una permanente postura de cambio, que transforme mediante la crítica y
la reflexión el mundo del que él es parte indispensable.
Al postular modelos que rompan con el esquema actual, Freire, está manifestando una
nueva forma de hacer pedagogía: La pedagogía del oprimido. Esta formación sería por
excelencia la práctica de la libertad.
La educación, como sabemos, es un derecho de todos, es por este motivo que en
nuestras sociedades la ausencia de este proceso es impensable. Pero, ¿De qué forma
estamos dispuestos a recibir y a entregar este proceso en países catalogados como del
tercer mundo? Es a este tipo de sociedades que Paulo Freire se dirige en su escrito
La educación como práctica de la libertad, refiriéndose específicamente a la sociedad
brasileña, aún cuando esta específica dirección no excluya la aplicación de esta ideología
en realidades que se encuentren cercanas a este tipo de sociedades subdesarrolladas,
como sería el caso de nuestro país.
La necesidad de divulgar un estilo de educación que emancipe a las masas hacia la
libertad de expresión , de pensamiento, de reflexión o en palabras de Freire una educación
para el hombre-sujeto y no para el hombre-objeto, es necesaria implementar como una
política educativa que desplace a la antigua visión de la educación.
“Todo el empeño del autor se basó en la búsqueda de ese hombre-sujeto que
necesariamente implicaría una sociedad también sujeto. Siempre creyó que dentro de las
condiciones históricas de su sociedad era indispensable una amplia concienciación de las
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Ibíd. Página 17
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masas brasileñas, a través de una educación que les hiciese posible la autorreflexión sobre
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su tiempo y su espacio” .
El pensamiento de Freire fue opacado por las fuerzas que se negaban a la posibilidad
de que las masas que conforman la sociedad fuesen capaces de autorreflexionar frente
a su propia realidad. Tanto fue esta lucha por callar pensamientos “revolucionarios” que
impulsaran al hombre a ser reconocido como tal que una de las consecuencias directas
marcadas en la vida de Paulo Freire fue su expulsión y exilio de Brasil por largos años.
Situaciones represivas que se han hecho parte de la historia de países como Brasil,
Chile y Argentina, es lo que hoy en día no podemos permitir que se repitan. El derecho
de todos a palabrear el mundo que queremos para nosotros, para nuestros hijos y para
nuestras futuras descendencias, más allá de limitarlo dentro de un contexto educativo,
debemos llevarlo a nuestra vida cotidiana, empleando las herramientas otorgadas por
aquellos sujetos que se han hecho cargo de la difícil, pero hermosa tarea que es la
educación de nuestra sociedad.
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Freire, Paulo, La educación como práctica de la libertad, siglo veintiuno editores, S.A, Madrid, España, 1997. Página 26
CONCLUSIÓN
El objetivo trazado en las primeras líneas de este trabajo de investigación fue el invitar a
una necesaria reflexión en torno al concepto de reconocimiento en el espacio educativo,
basado fundamentalmente en la noción filosófica de la alteridad. La invitación atiende a
falacias que, como educando, llegué a percibir en la educación tradicional.
Tomar en consideración en nuestro escrito, en su primera parte, el pensamiento de
John Dewey nos concibió nuevas perspectivas y patrones básicos de cómo debe generarse
una nueva propuesta educativa, que nace de la crítica y las carencias que entregan las
doctrinas anteriores a ellas. El asignar a la experiencia individual un lugar esencial en
el manejo de la educación progresiva planteada por Dewey, abre nuevos campos de
asimilación y roles de los participantes activos de la educación. El profesor ya no es quien
dicta conocimientos ajenos a las realidades de los educandos, sino que más bien toma el
papel de guía de las experiencias que más tarde servirán a los aprendices en sus futuras
relaciones educativas. La idea es que esta particular filosofía de la educación entregue las
herramientas generadas a partir de las experiencias presentes, para luego practicarlas en
ulteriores. De esta manera se pone en habilidad lo que se ha aprendido en experiencias
pasadas, de la mano del docente que contiene de suyo una madurez superior, en cuanto
a experiencias se trata.
Los principios de interacción y continuidad serán bases fundamentales en las políticas
que pretenden entregar un rol esencial a la experiencia al momento de educar. Cada
experiencia deja plasmada en los sujetos una parte importante de enseñanza, ya que a
medida que hay continuidad experiencial en nosotros, nos vamos transformando en seres
distintos, más maduros, impregnándonos de cada moraleja que nos dejó la experiencia
anteriormente vivida. La interacción de los educandos con el profesor nos abre el camino
situacional. El contexto nacerá de las interacciones que concretemos con los objetos,
personas, y cosas que tengamos a nuestro alrededor.
Es importante resaltar que este tipo de doctrinas educativas hacen que el rol del
profesor tradicional, que sólo se limitaba a participar dentro del ambiente otorgado por
al escuela, trascienda en su actuar y mire más allá de las necesidades que presenta el
educando, en tanto de conocimientos teóricos carece. Es de esta manera que haciendo un
juego de intercambio de experiencias, aprendiendo de lo que hemos vivido y compartiendo
lo que cada uno puede entregar, es que la educación se enriquece, llegando a ser capaz de
lograr que la mayoría de los estudiantes realmente aprendan en su pasar por la institución
educativa llamada escuela.
Todos somos poseedores de experiencia, lo que la escuela debe ser capaz de entregar
es el camino lleno de experiencias deseables y enriquecedoras que nos permitan avanzar
en nuestro proceso de aprender.
Es necesario al momento de cuestionarnos la posibilidad de una nueva teoría que
deseche a la anterior, considerar los problemas, ventajas y desventajas, y lo que es de
suma importancia, lo qué es la educación en su totalidad, para así se de la posibilidad de
que la innovadora propuesta cubra las carencias que la anterior no fue capaz de asimilar.
BIBLIOGRAFÍA
Principal
Freire, Paulo, La educación como práctica de la libertad, siglo veintiuno editores, S.A,
Madrid, España, 1997.
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Bajtín, Mijaíl, Yo también Soy (fragmentos sobre el otro), Editorial taurus, México, 2000.
Lévinas, Emmanuel, Ética e Infinito, Presentación, traducción y notas, Jesús María
Ayuso Díez, 1991, Madrid, España. Editorial Visor Distribuciones, S.A.
Lévinas, Emmanuel, El Tiempo y el Otro, Introducción de Félix Duque . Ed. Paidós
I.C.E de la Universidad Autónoma de Barcelona. Buenos Aires- México-Barcelona. 1°
Edición, 1993.
Dewey, John, Experiencia y Educación, Editorial Losada, biblioteca del maestro, S.A.,
Buenos Aires, Argentina, 1960.
Complementaria