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Cosmogonía Maya: Tiempo y Creación

Los mayas concibieron el universo como un orden eterno determinado por los dioses y el movimiento cíclico del Sol. Creían en una serie infinita de mundos creados por los dioses en eras cósmicas sucesivas, donde en cada era los dioses creaban nuevos seres humanos hasta lograr uno consciente hecho de maíz. El mundo actual data de 3114 a.C. según registros mayas, y terminará con un nuevo diluvio, reiniciando el ciclo.

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Cosmogonía Maya: Tiempo y Creación

Los mayas concibieron el universo como un orden eterno determinado por los dioses y el movimiento cíclico del Sol. Creían en una serie infinita de mundos creados por los dioses en eras cósmicas sucesivas, donde en cada era los dioses creaban nuevos seres humanos hasta lograr uno consciente hecho de maíz. El mundo actual data de 3114 a.C. según registros mayas, y terminará con un nuevo diluvio, reiniciando el ciclo.

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COSMOGONÍA.

UN UNIVERSO
ETERNO
Los mayas, como muchos otros pueblos, concibieron al universo como un
orden decidido por los dioses, y ante la interrogancia de la temporalidad.
Concibieron el tiempo como el dinamismo de la realidad espacial, como el
cambio cósmico producido, en esencia, por el movimiento de un ser sagrado
que fue el eje de su cosmovisión y de su concepción sobre el sitio del hombre
en el universo: el Sol (k’in, palabra que también significa día y tiempo).

El tránsito del Sol fue captado como un movimiento circular alrededor de la


Tierra, que determina los cambios que en ella ocurren (día y noche, las
estaciones, fertilidad y sequía, frío y calor, etc.); por eso, el tiempo se
concibió como movimiento cíclico. La temporalidad, entonces, no fue para
los mayas un concepto abstracto, sino el evidente y eterno dinamismo del
espacio, que da a los seres cuate sobre su origen, crearon el mito
cosmogónico, como una historia sagrada, como el relato del primer
acontecimiento que tuvo lugar en un “tiempo estático” primordial –valga la
paradoja– y cuyos principales protagonistas son los seres sagrados. Esta
narración, sea oral o escrita, no se da en un lenguaje común, conceptual,
sino en un lenguaje simbólico porque expresa una realidad percibida
intuitivamente, una vivencia esencialmente emocional y valorativa del
mundo, que sólo se puede comunicar a través de imágenes simbólicas. El
mito cosmogónico no sólo explica cómo se inició todo, sino también por qué
el hombre y los demás seres son como son y por qué siguen determinado
comportamiento. Para los creyentes, esa explicación no es una fábula ni una
ficción, sino una historia verdadera que constituye la guía, la tradición, la
pauta del comportamiento del hombre en el mundo. Por eso es una historia
viva, siempre actual.
Los mitos cosmogónicos de los mayas antiguos fueron escritos en sus
monumentos y códices, y después fueron recogidos en libros que ellos
mismos escribieron en la época colonial, empleando sus lenguas y los
caracteres latinos aprendidos de los frailes españoles, y más tarde, se
transmitieron por medio de la tradición oral, de tal modo que existen
todavía en las comunidades mayances. El más completo y estructurado mito
del origen del cosmos se halla en el Popol Vuh, libro sagrado de los quichés de
Guatemala, trasladado a la escritura latina alrededor de 1550 d.C. Pero
también lo encontramos en el Memorial de Sololá  de los cakchiqueles y en
los Libros de Chilam Balam  de los mayas yucatecos. Este mito expresa la
misma idea básica que hallamos en el mito de los nahuas, quienes llegaron al
área maya en el periodo Posclásico.

A grandes rasgos, la cosmogonía maya habla de una sucesión de ciclos o eras


cósmicas, determinadas por los dioses creadores, según el orden de la
temporalidad cíclica. En este proceso, aparecen progresivamente, a partir de
un agua primigenia estática, donde todo estaba confundido (caos), los otros
elementos, los animales, las plantas y los astros, mientras que el hombre,
como parte central del proceso, sufre una evolución cualitativa en espiral,
que lo lleva a constituirse en el ser que los dioses necesitan para subsistir. Es
decir, el cosmos se crea para que exista un ser consciente que pueda venerar
y alimentar a los dioses (por eso esta cosmogonía es antropocéntrica), y en
las distintas eras cósmicas, los dioses, además de necesitar alimento para
subsistir, se equivocan al crear diferentes hombres que no cumplieron con la
finalidad de los creadores, por  lo que éstos los destruyen mediante diluvios.
Los primeros fueron de barro, los segundos de madera, y finalmente, se
halló la materia que generaría la capacidad consciente, el maíz, que fue
mezclado con sangre de las propias deidades para formar a los nuevos
hombres. Una vez que se hubieron reproducido y formado tribus, salió el Sol
(al lado de la Luna), y cuando lo alimentaron con sangre, inició su
movimiento, y con él, comenzó el tiempo ordenado del cosmos. Los hombres
de maíz, que veneran y alimentan a los dioses, incluso con su propia sangre,
son los del mundo actual. Esta tercera época que, siguiendo la inexorable ley
cíclica, terminará con un nuevo diluvio, corresponde a la quinta del mito
náhuatl, el llamado Quinto Sol, que terminará con terremotos y hambre. Así,
esta concepción cosmogónica implica una serie infinita  de mundos.

Los mayas coloniales no registraron fechas exactas de estos


acontecimientos, pero epigrafistas actuales como Linda Schele y David
Freidel (1993), con el gran apoyo del Popol Vuh, realizaron lecturas de tres
textos de la ciudad de Cobá, Quintana Roo, en los que se asienta que el
mundo o era actual fue creado en [Link].0, el día 4 ahau, 8 cumkú, que en
nuestro calendario corresponde al 13 de agosto de 3114 a.C., fecha que
funcionó como “fecha era” en las inscripciones mayas. Se halló la misma
fecha en la Estela C de Quiriguá, Guatemala, y en el tablero del Templo de la
Cruz de Palenque, Chiapas, entre otras obras. Estos textos confirman que se
tienen registros de la cosmogonía maya desde el periodo Clásico.

Tomado de Mercedes de la Garza C., “El universo temporal en el


pensamiento maya”, Arqueología Mexicananúm. 103, pp. 38-44.

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