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i.....iaL . . . IBRO
DELA
ONFIANZA
Rvdo. P. Thomas de Saint Laurent
Traducido por la
Comisión de Estudios de la
Sociedad Espaíiola de Defensa de la
Tradición, Familia y Propiedad
T F P - Covadonga
EDITORIAL FERNANDO III EL SANTO
e/ Lagasca, 127 - l.º Dcha. 28006 MADRID
Teléfono: 262 67 45
ISBN: 84-85433-04-1
Depósito Legal M-45.014-1989
1ª Edición: Enero de 1990 - 3.000 ejemplares
Printed in Spain - Impreso en Espafía
Imprime: Cuesta, S. A. - Madrid.
CAPITULO I
iConfianza!
Nuestro Seíior Jesucristo
Nos Convida a la Conjianza
Voz de Cristo, voz misteriosa de la gracia
que resonáis en el silencio de los corazones,
Vos murmuráis en el f ondo de nuestras con-
ciencias palabras de dulzura y de paz. A nuestras
miserias presentes repetís el consejo que el Maes-
tro daba frecuentemente durante su vida mortal:
<<,Confianza, confianza! >>
AI alma culpable, oprimida bajo el p eso de
sus faltas, Jesús decía:<<Confia, hijo; tus pecados
te son perdonados >> (1). <<Confianza>>, decía tam-
bién a la enferma abandonada que sólo de El
esperaba la curación, <<tufe te ha sanado>> (2).
Cuando los Apóstoles temblaban de pavor vién-
dole caminar, por la noche, sobre el lago de
Genesaret, El les tranquilizaba con esta expre-
7
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
sión pacificadora: < <Tened confianza, soy Yo, no
temáis>> (3). Y en la noche de la Cena, cono-
ciendo los frutos infinitos de su sacrificio, El
lanzaba, al partir bacia la muerte, el grito de
triunfo: <<jConfiad! jConfiad!1Yo he vencido ai
mundo!>> (4).
Esta palabra divina, ai salir de sus labios
adorables; vibrante de ternura y de piedad, obra-
ba en las almas una transfo11nación maravillosa.
U n rocío sobrenatural les f ecundaba la aridez,
rayos de esperanza les disipaban las tinieblas,
una tranquila serenidad ahuyentaba de ellas la
angustia. Pues las palabras dei Sefíor son <<espí-
ritu y son vida>>(5). <<Bienaventurados más bien
los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en
práctica>> (6).
Como antafío a sus discípulos, ahora es a
nosotros, a quienes Nuestro Sefíor convida a la
confianza. lPor qué rehusariamos atender su
voz?
Muchas Almas Tienen Miedo de Dios
Pocos cristianos, incluso entre los fervorosos,
poseen esta confianza que excluye toda ansiedad
y toda duda. Son muchas las causas de esta
8
jCONFIANZA!
deficiencia. El Evangelio narra que la pesca mi-
lagrosa aterró a San Pedro. Con su impetuosi-
dad habitual, él midió de un solo golpe la dis-
tancia infinita que separaba la grandeza dei
Maestro de su propia pequenez. T embló de te-_
rror sagrado, y prosternándose, rostro en tierra,
exclamó: <<Seflor, apártate de ml que soy hombre
p,ecador>> (7).
Ciertas almas tienen, como el Apóstol, ese
[Link] sienten tan vivamente la propia in-
digencia y las propias miserias, que apenas osan
aproximarse a la Divina Santidad. Les parece
que un Dios tan puro debería sentir rep ulsa al
inclinarse bacia ellas. Triste impresión, que le
da a la vida interior una actitud contrahecha, y,
a veces, la paraliza completamente.
iCómo se [Link] estas almas!
Jesús se acercó enseguida ai Apóstol sobre-
cogido de espanto: <<No temas>> (8), le dijo , y le
hizo levantarse ...
,También vosotros, cristianos, que recibísteis
tantas pruebas de su amor, n<:1,da temáis! Nuestro
[Link] receia, ante todo, que tengáis miedo de
El. Vuestras imperfecciones, vuestras flaquezas,
vuestras faltas, aun graves, vuestras reincidencias
tan frecuentes, nada le desanimará en tanto
9
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
que deseéis sinceramente convertiros. Cuanto
más miserables sois, más compasión El tiene de
vuestra miseria, más desea cumplir, junto avo-
sotros, su misión de Salvador.
lNo vino a la tierra sobre todo por los peca-
dores? (9).
A Otras Almas Les Falta la Fe
A otras almas les falta la f e. Elias tienen
seguramente esa f e corriente, sin la cual traicio-
narían la gracia dei bautismo. Creen que Nues-
tro Sefior es todopoderoso, bueno y fiel a sus
promesas; pero no saben aplicar esta creencia a
sus necesidades particulares. No están domina-
das por la conviéción irresistible de que Dios,
atento a sus pruebas, se vuelve hacia ellas, a fin
de socorrerias.
Sin embargo, Jesucristo nos pide esta fe es-
pecial y concreta. El la exigía otrora como con-
dición indispensable para sus milagros; y la es-
pera, también de nosotros, antes de concedemos
sus beneficios.
<<Si puedes creer, todo es posible ai que cree>>
(10), decía al padre dei nifio poseso. Y en el
10
iCONFIANZA!
convento de Paray-le-Monial, empleando casi
los mismos términos, repetía a Santa Margarita
María:<<Si puedes creer, verás e/ poder de mi
Corazón en la'magnificencia de mi amor... >>
i,Podéis creer? i,Podréis llegar a esa certeza
'
tan fuerte que nada la altera, tan clara que
equivale a la evidencia?
Esto es todo. Cuando lleguéis a ese grado de
confianza, veréis maravillas realizarse en voso-
tros.
Pedid al Maestro Divino que aumente vuestra
fe. Repetidle con frecuencia la oración dei Evan-
gelio: <<jCreo, Sefíor, ayudad a mi incredulidadl>>
(11)
Esta Desconfianza de Dios
Nos Es Muy Perjudicial
La desconfianza, sean cuales fueren sus cau-
sas, nos trae perjuicios, privándonos de grandes
bienes.
Cuando San Pedro, saltando de la barca, se
lanzó al encuentro del Salvador, caminó al prin-
cipio con firmeza sobre las olas. EI viento so-
11
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
plaba con violencia. Las olas ya se levantaban
en torbellinos furio,sos, y socavaban en el mar
abismos profundos. La vorágine se abria delante
dei Apóstol. Pedro tembló ... Dudó un segundo,
y luego comenzó a hundirse ... <<Hombre de poca .
fe, Ie dijo J esús, IJJOr qué has dudado?>> (12).
He ahí nuestra historia. En los momentos de
fervor nos quedamos tranquilos y recogidos al
pie dei Maestro. Cuando viene la tempestad, el
peligro absorbe nuestra atención. Desviamos
entonces las miradas de Nuestro Sefíor para
fijarlas ansiosamente sobre nuestros sufrimientos
y peligros. Dudamos ... y luego ,caemos! Nos
asalta la tentación. El deber se nos hace fasti-
dioso, su austeridad nos repugna, su peso nos
oprime. Imaginaciones perturbadoras nos per-
siguen. La tormenta ruge en la inteligencia, en
la sensibilidad, en la carne ...
Y no hacemos pie; caemos en el pecado, cae-
mos en el desánimo, más pernicioso aún que la
propia culpa. Almas sin confianza, ipor qué
dudamos?
La prueba nos asalta de mil maneras: ya los
negocios temporales peligran, el futuro material
nos inquieta; ya la maldad nos ataca la reputa-
ción, la muerte rompe los lazos de las amistades
12
iCONFIANZA!
más legítimas y [Link]. Entonces, nos olvi-
damos del cuidado maternal que la Providencia
tiene con nosotros. .. Murmuramos, nos enfa-
damos, y de este modo aumentamos las dificul-
tades y el efecto doloroso de nuestro infortunio.
Almas sin confianza, lPOr qué dudamos?
Si nos hubiéramos apegado ai Divino Maestro
con confianza, tanto mayor cuanto más deses-
perada pareciese la situación, ningún mal nos
sobrevendría de ella... Habriamos caminado tran-
quilamente sobre las olas; habríamos llegado
sin tropiezos ai golfo tranquilo y seguro, y, en
breve habríamos bailado la región hospitalaria
que la luz dei cielo ilumina...
Los santos lucharon con la misma dificultad...
Muchos de ellos cometieron las mismas faltas.
Pero éstos, ai menos, no dudaron... Se levanta-
ron sin tardanza, más humildes después de la
caída, no contando desde entonces sino con los
socorros de lo Alto ... Conservaron en el corazón
la certeza absoluta de que, apoyados en Dios,
todo podrían. iNo fueron enganados en esa
confianza! (13)
Transformaos en almas confiantes. Nuestro
[Link] os invita a ello; y vuestro interés así lo
13
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
exige. Os haréis, ai mismo tiempo, almas ilumi-
nadas, almas de paz.
Objetivo y División de Este Trabajo
Este trabajo no tiene otro objetivo sino el de
iniciaros en el conocimiento y práctica de esta
virtud. Aquí se expondrá de ella, muy sencilla-
mente, la naturaleza, el objeto, los fundamentos
y los efectos.
Lector piadoso, si alguna vez este modesto
librito te cayera en las manos, no lo apartes con
desdén. El no pretende ni encantos literarios, ni
originalidad. Solamente contiene verdades con-
soladoras, que cogí en los libros inspirados y en
los escritos de santos. He ahí su único mérito.
Intenta leerlo despacio, con atención, con
espíritu de oración. Casi diría: ,medítalo! Déjate
penetrar dulcemente por su doctrina. La savia
dei Evangelio palpita en estas páginas. lHabrá
para las almas mejor alimento que las palabras
dei Seiíor?
Que ai terminar esta lectura, te puedas confiar
totalmente al Maestro adorable, que todo nos
dio: ,los tesoros de su Corazón, el amor, la vida
y hasta la última gota de su sangre!
14
CAPITULO II
Naturaleza y Cualidades
de la Confianza
La Conjianza Es una Firme Esperanza
Con la concisión que trae el cufio de su genio,
define Santo Tomás la confianza: <<Una espe-
ranza fortalecida por sólida convicción>> ( 1). Pa-
labra profunda que no haremos sino comentar
en este capítulo.
Ponderemos atentamente los términos que
emplea el Doctor Angélico: <<La confianza -dice
él- es una_esperanza >>. No una esperanza or-
dinaria, común a todos los fieles; un calificativo
precioso la distingue: es <<una esperanza f ortale-
cida>>. No obstante, nótese bien: no hay dife-
rencia de naturaleza, sino solamente de grado
de intensidad.
15
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
Los albores inciertos de la aurora, así como
el esplendor dei sol en el cénit, f orman parte dei
mismo día. Así, la confianza y la esperanza
pertenecen a la misma virtud: una no es más
que el desarrollo completo de la otra.
La esperanza común se pierde por la deses-
peración; sin embargo, puede tolerar cierta in-
quietud... Con todo, cuando alcanza esa per-
f ección que hace cambiar su nombre por el de
<<confianza>>, entonces se le hace más delicada
la susceptibilidad. Y no soporta la vacilación,
por breve que se imagine. La menor duda la
rebajaría y la haría volver al nivel de la simple
esperanza.
El Profeta Real escogía exactamente las ex-
presiones, cuando llamaba a la confianza: <<una
superesperanza>> (2). Aquí se trata realmente de
una virtud llevada al máximo de intensidad.
Y el Padre Saint-Jure, autor esp iritual de los
más estimados del siglo XVII, veía justamente en
ella una esperanza <<extraordinaria y heroica>> (3).
Elia Es Fortalecida por la Fe
Llevemos más lejos este estudio.
lQué fuerza soberana vigoriza la esperanza,
16
NATURALEZA Y CUALIDADES DE LA CONFIANZA
hasta el punto de hacerla constante a los asaltos
de la adversidad?... ,La fe!
El alma que confia guarda en la memoria las
promesas dei Padre celestial; las medita pro-
fundamente. Sabe que bios-no püede faltar a
la palabra, y de ahí ·s u imperturbable certeza . Si
el peligro la amenaza, la envuelve, incluso, la
domina, .ella conserva siempre la serenidad.
A pesar de la inminencia del riesgo, repite lapa-
labra del Salmista : <<E/ Seiíor es mi luz y mi
salvación... ;,a quién temer?El Seiíor protege mi
vida... 1,quién me hará temblar?>> (4)
Existen entre la fe y la confianza relaciones
estrechas, lazos íntimos de parentesco. Emplean-
do la expresión de un teólogo moderno, se debe
encontrar en la fe <<la causa y la raíz>> (5) de la
confianza. Ahora bien, cuanto más penetra la
raíz en la tierra, más savia nutritiva saca de
ella; más vigoroso crecerá el tronco; más opu-
lenta será la floración. Así, nuestra confianza
se desarrolla en la medida en que profundiza
en nosotros la fe.
Los Libros Sagrados reconocen la relación
que une esas dos virtudes. lNo son designadas
por el mismo vocablo <<fides>>, una y otra, bajo
la pluma de los escritores sagrados?
17
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
La Conjianza Es Inquebrantable
Las consideraciones precedentes habrán pa-
recido, tal vez, demasiado abstractas. Sin em-
bargo, era necesario que nos apoyásemos en
ellas. De ellas deduciremos las cualidades de la
verdadera confianza .
La confianza, escribe el Padre Saint-Jure, es
<<firme, estable y constante en grado tan eminente,
que nada en e/ mundo puede, no digo ya derrum-
barla, sino perturbaria siquiera>> (6).
Imaginad los extremos más angustiosos en el
orden temporal, las dificultades insuperables,
en apariencia, en el orden espiritual: nada de
eso alterará la paz dei alma confiante... Catás-
trofes imprevistas podrán amontonar alrededor
de ella las minas de su felicidad; esa alma, más
duefia de sí que el sabia antiguo, continuará
calma: <<lmpavidum ferient ruinae >> (7).
Se volverá sencillamente bacia Nuestro Sefior:
en El se apoyará con certeza tanto mayor cuanto
más privada se sienta dei auxilio humano. Re-
zará con ardor más vibrante, y, en las tinieblas
de la probación continuará su camino, espe-
rando en silencio la hora de Dios.
Una confianza así es poco frecuente, sin duda;
18
NATURALEZA Y CUALIDADES DE LA CONFIANZA
pero si no alcanza ese mínimo de perfección,
entonces, no merece el nombre de confianza.
Además, se encuentran ejemplos sublimes de
esa virtud en las Escrituras y en la vida de los
[Link] en la fortuna, en la familia y en
la misma carne, Job, reducido a la última indi-
gencia, yacía sobre un muladar. Los amigos, su
mujer, le aumentaban el dolor por la crueldad
de sus palabras. Entretanto, él no se dejaba
abatir; ninguna murmuración se mezclaba a
sus gemidos. Le sostenían los pensamientos de
la fe. <<jAunque e/ mismo Senor me quitase la
vida - decía- esperaría en El<< (8).
Confianza admirable que Dios recompensó
magníficamente. La prueba cesó; Job recuperó
la salud, ganó de nuevo fortuna considerable, y
. . , ,
tuvo una ex1stenc1a mas prospera que antes.
En uno de sus viajes, San Martín cayó en las
manos de salteadores. Los bandidos le despoja-
ron; iban a mataria cruelmente, cuando, de re-
pente, tocados por la gracia del arrepentimiento,
o !levados por un pavor misterioso, le soltaron
contra toda esperanza. Se le preguntó más tarde
al ilustre obispo si, en ese riesgo inminente, no
había sentido algún miedo. <<Ninguno -res-
pondió- yo sabía que la intervención divina
19
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
era tanto más segura cuanto más improbables
eran los socorros humanos>>.
La mayoría de los cristianos no imitan, des-
graciadamente, estos ejemplos. Nunca se apro-
:ximan tan poco a Dios como en el tiempo de la
prueba. Muchos no dan este grito de socorro
que Dios espera para venir en su auxilio. iFu-
nesta negligencia! <<La Providencia -decía fray
Luis de Granada- quiere dar solución, e/la mis-
ma, a las dificu/tades extraordinarias de la vida,
mientras que deja a las causas segundas e/ [Link]
de resolver las dificu/tades ordinarias>> (9). Pero
es necesario pedir el auxilio divino. Esta ayuda
Dios nos la da con gusto. <<Lejos de ser incómoda
ai ama de quien saca la leche, la criatura, por e/
contrario, /e trae alivio>> ( 1O).
Otros cristianos en las horas dificiles, rezan
con fervor, pero sin constancia. Si no son aten-
didos rápidamente, entonces, pasan de una es-
peranza exaltada a un abatimiento disparatado.
No conocen los caminos de la gracia. Dios nos
trata como nifios: Se hace el sordo, a veces, por
el placer que siente de oírnos invocarle... l,Por
qué desanimarse tan deprisa, cuando conven-
dría, por el contrario, rogar con mayor insis-
. ?
tenc1a ....
20
NATURALEZA Y CUALIDADES DE LA CONFIANZA
Esta es la doctrina ensefiada por San Fran-
cisco de Sales: <<La Providencia só/o aplaza su
soco"º para provocar nuestra confianza. >> <<Si
nuestro Padre celestial no concede siempre lo
que pedimos, es para retenernos a sus pies y
darnos ocasión de insistir con amorosa violencia
junto a El, como claramente mostró a los dos
discípulos de Emaús, con los cuales só/o se detuvo
ai final dei día y, aun así, f orzado por e/los>> ( 11 ).
No Cuenta Sino con Dios
Firmeza inquebrantable es, pues, la primera
característica de la confianza.
La segunda cualidad de esta virtud es aún
más perfecta. <<Lleva ai hombre a no contar con
e/ auxilio de las criaturas; ya se trate de auxilio
sacado de sí mismo, de su espíritu, de su ciencia,
de su criterio, de sus aptitudes, de las mismas
riquezas, crédito, amigos, parientes o cualquiera
otra cosa suya, ya se trate de soco"os que acaso
pueda esperar de otros: Reyes, Príncipes y de
cualquier criatura en general; porque siente y
conoce la flaqueza y vanidad de todo amparo
humano. Los considera lo que son realmente, y
21
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
cómo Santa Teresa tenía razón de //amar/os ramas
secas de ginebra que se rompen ai ser cargadas>>
(12).
Pero esa teoria, dirán, lno procederá de un
falso misticismo? ... lNo conducirá al fatalismo
o, por lo menos, a una peligrosa pasividad? lA
qué viene multiplicar esfuerzos en el intento de
vencer dificultades, si todos los apoyos tienen
que romperse en nuestras manos? ,Crucémosnos
de brazos, esperando la divina intervención! ...
No, Dios no quiere que nos adormezcamos
en la inercia; El exige que le imitemos. Su per-
fecta actividad no tiene límite: El es el acto
puro.
Debemos, pues, actuar; pero sólo de El de-
hemos esperar la eficacia de nuestra acción:
<<Ayúdate, que e/ cielo te ayudará. >►
He aquí la economía en el plano providencial.
,Preparémonos para la lucha! Trabajemos
con ahinco, pero con espíritu y corazón vueltos
hacia lo alto. << Vano es que os levantéis antes dei
día►► (13), dice la Escritura, si el [Link] no os
ayuda, nada conseguiréis.
En efecto, nuestra impotencia es radical: <<Sin
Mí, nada podéis►► (14), dice el Salvador.
En el orden sobrenatural, esa impotencia es
22
N ATURALEZA Y CUALIDADES DE LA CONFIANZA
absoluta. Atended bien a la ensefianza de los
teólogos.
Sin la gracia, el h.o mbre no puede observar
por mucho tiempo y en su totalidad, los Man-
damientos de Dios. Sin la gracia, no puede re-
sistir a todas las tentaciones, a veces tan violen-
tas, que lo asaltan.
Sin la gracia, no podemos tener un buen pen-
samiento, hacer incluso la más corta oración;
sin ella, ni siquiera podemos invocar con piedad
el nombre de Jesús.
Todo lo que hacemos en el orden sobrenatu-
ral nos viene únicamente de Dios (15). En el
orden natural incluso, es también Dios quien
nos da la victoria.
San Pedro había trabajado la noche entera;
era resistente en la f aena; conocía a f ondo los
secretos de su oficio tan duro. No obstante, en
vano había recorrido las olas mansas dei lago.
,No había pescado nada! Sin embargo, recibe
al Maestro en la barca; lanza la red en nombre
dei Salvador; consigue enseguida una pesca mi-
lagrosa y las mallas de la red se rompen, tal es
el número de peces ...
Siguiendo el ejemplo del Apóstol, lancemos
la red, con paciencia incansable; pero sólo de
23
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
Nuestro Sefíor esperemos la pesca milagrosa.
<<En todo lo que hiciéreis -decía San lgnacio
de Loyola- he aquí la regia de las regias a
seguir: confiad en Dios, actuando, no obstante,
como si e/ éxito de cada acción dependiese de vos
y nada de Dios; pero, empleando así vuestros
esfuerzos para ese buen resultado, no contéis con
e/los, y proceded como si todo fuese hecho só/o
por Dios y nada por vos>> ( 16).
•
Se Régocija Incluso con la
Privación de Socorros Humanos
No desanimarse cuando se disipa el espejismo
de las esperanzas humanas ... No contar sino
con el auxilio dei Cielo, lno será ya altísima
. d?....
v1rtu
El ala vigorosa de la verdadera confianza se
lanza, sin embargo, bacia regiones más sublimes
aún. A ellas se llega por una especie de requinte
de heroísmo; alcanza, entonces, el grado más
alto de su perfección.
Ese grado consiste en que el alma se regocije
cuando se ve abandonada de todo apoyo hu-
mano, abandonada de parientes, de amigos, de
24
NATURALEZA Y CUALIDADES DE LA CONFIANZA
todas las criaturas que no quieren o no pueden
socorreria; que no pueden darle consejo ni ser-
virle con su talento o su crédito; cuando le
faltan todos los medios de ser auxiliada ... (17).
,Qué sabiduria p.r ofunda ·demuestra semejante
alegria en circunstancias tan crueles!
Para poder entonar el cántico dei Aleluya
bajo golpes que, naturalmente, deberían romper
nuestra energía, es preciso conocer a fondo el
Corazón de Nuestro Seíior; es preciso creer cie-
gamente en su piedad misericordiosa y en su
bondad omnipotente; es preciso tener la absoluta
seguridad de que El escoge, para su inteivención,
la hora de las situaciones desesperadas ...
Después de convertido, San Francisco de Asís
despreció los sueíios de gloria que antes lo ha-
bían deslumbrado. Huía de las reuniones mun-
danas, se retiraba al bosque para, allí, entregarse
a la oración; daba limosnas generosamente...
Este cambio desagradó a su padre, que arrastró
a su hijo a la autoridad diocesana, acusándolo
de disiparle los [Link], en presencia
dei obispo maravillado, Francisco rénuncia a
la herencia paterna; deja incluso las rapas que
le venían de la familia; ,se despoja de todo! ... y,
vibrando de una felicidad sobrehumana, excla-
25
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
ma: << iOh . Dios mío! 1Ahora sí, podré llamaros
con más verdad que nunca : Padre nuestro que
estás en los Cielos! >>
He aquí cómo actúan los santos.
Almas heridas por el infortunio, no murmu-
réis en el abandono a que os halléis reducidas.
Dios no os pide una alegria sensible, imposible
a nuestra flaqueza. Solamente, reanimad vuestra
fe, tenea valor y, según la expresión usada por
San Francisco de Sales, <<en la fina punta dei
alma>>, esforzáos por tener alegria.
La Providencia acaba de daros la sefial cierta,
por la cual se conoce su hora: Elia os privó de
todo apoyo. Es el momento de resistir a la
inquietud de la naturaleza. Llegásteis ai punto
dei oficio interior en que se debe cant3:r el Mag-
níficat y quemar el incienso. <<[Link] siempre
en e/ Sefíor! De nuevo os digo, jalegraos! jEI
Sefíor está próximo!>> (18).
Seguid este consejo y acabaréis bien. Si el
Maestro Divino no se dejase tocar con tan gran-
de confianza, no seria Aquel que los Evangelios
nos muestran tan compasivo, Aquel a quien la
visión de nuestros sufrimientos hacía enternecer
su doiorosá. "'~noción.
Nuestro Sefior decía a un alma privilegiada:
26
NATURALEZA Y CUALIDADES DE LA CONFIANZA
<<Si soy bueno para todos, soy muy bueno para los
que confian en mí. ;,Sabes cuá,les son las almas que
más aprovecluin mi bonda,â! Son las que más espe-
ran. jLas almas confiantes roban mis graciasl>> (19).
27
CAPITULO III
La Confianza en Dios y
las Necesidades Temporales
Dios [Link] Necesidades Temporales
La confianza, ya lo hemos dicho, es una es-
peranza heroica; no difiere de la esperanza co-
mún a todos los fieles sino por el grado de su
perfección.
Ella es, pues, ejercida sobre los mismos obje-
tos que aquella virtud, pero por medio de actos
más intensos y vibrantes.
Con la esperan·z a ordinaria, la confianza es-
pera dei Padre celestial todos los socorros que
son necesarios para vivir santamente aquí en la
tierra y merecer la bienaventuranza del Paraíso.
Ella espera, primeramente, los bienes tempo-
29
E L L IBRO DE LA CONFIANZA
rales, en la medida en .que éstos nos pueden
conducir al fin último.
Nada más lógico: no podemos ir a la con-
quista dei Cielo a la manera de los puros espí-
ritus; somos compuestos de cuerpo y alma. Este
cuerpo que el Creador formó con sus manos
adorables es el compafíero de nuestra suerte
eterna, después de la resurrección general. No
podemos prescindir de su asistencia en la lucha
por la conquista de la vida bienaventurada.
Ahora bien, para sostenerse, para cumplir
plenamente sus tareas, el cuerpo tiene muchas
exigencias. Esas exigencias, es necesario que la
Providencia las satisfaga; y Ella lo hace magní-
ficamente.
Dios se encarga de proveer nuestras necesi-
dades...y cuida de ellas generosamente. Nos sigue
con su mirada vigilante y no nos deja en la
indigencia. En medio de las dificultades mate-
riales, aunque sean angustiantes, no debemos
perturbamos. Con plena seguridad, esperemos
de las manos divinas lo que es necesario para el
sostenimiento de nuestra vida.
<< Yo os digo - ,d eclara el Salvador- no os
acongojéis por e/ cuidado de hal/ar qué comer
para sustentar vuestra vida, o de dónde sacaréis
30
LA CONFIANZA Y LAS NECESIDADES TEMPORALES
vestidos para cubrir vuestro cuerpo. Qué ;,no vale
más la vida o e/ alma que e/ alimento, y e/ cuerpo
que el vestido?
<<Mirad cómo /às aves dei cielo, no siembran,
ni siegan, ni encierrarz en grarzeros, y vuestro Padre
celestial las alimenta. ;,No valéis vosotros más
que e/las?
<<;,Quién de vosotros con sus preocupaciones
puede anadir a su estatura un solo codo?
<< Y, dei vestido, ;por qué preocuparos? Aprended
de los lirios dei campo cómo crecen: no se f atigan
ni hilan. Pues Yo os digo que ni Salomón en toda
su gloria se vistió como uno de e/los. Pues si la
hierba dei campo, que hoy es y maflana es arro-
jada ai fuego, Dios así la viste, jno hará mucho
más con vosotros, hombres de poca fel
<<Así que no os preocupéis diciendo: ;,Qué co-
meremos?, ;,qué beberemos? o 1,·qué vestiremos?
Los genti/es se afanan por todo eso; pero bien
sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenéis
necesidad
<~]Juscad primero e/ reino de Dios y su justicia;
y todas las cosas se os darán por anadidura>> (1).
No basta pasar los ojos por encima de este
sermón de Nuestro Sefí[Link] necesario que fije-
mos en él despacio nuestra atención, para buscar
31
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
su significación profunda y compenetrarnos del
bien de su doctrina.
El Lo Hace Según la Situación de Cada Uno
lDebemos tomar esas palabras al pie de la
letra y comprenderlas en su sentido más estricto?
lNos dará Dios lo estrictamente necesario: el
trozo de pan seco, el vaso de agua, el pedazo de
tela que nuestra miseria necesita urgentemente?
No, el Padre celestial no trata a los hijos con
avarienta parsimonia. Pensar así, seria blasfemar
contra la divina bondad; seria, por así decirlo,
desconocer sus hábitos. En el ejercicio de su
providencia, como en su obra creadora, Dios
usa, en efecto, de gran prodigalidad.
Cuando lanza los mundos a través de los
espacios, saca de la nada millares de astros. En
la Vía Láctea, esa inmensa región de las noches
luminosas, lCada grano de arena no es un mun-
do?
Cuando alimenta a los pájaros, los convida a
la opulentísima mesa de la [Link] ofrece
el trigo que llena las espigas, los granos de todas
las especies que maduran en las plantas, los
32
LA CONFIANZA Y LAS NECESIDADES TEMPORALES
frutos que el otofío dora en los bosques, las
semillas que el labrador echa en los surcos del
arado.,Qué lista variada hasta el infinito para
la alimentación de esos humildes animales!
Cuando crea las plantas, ,con qué gracia ador-
na sus flores! Les labra la corola como si fuesen
joyas preciosas; echa en sus cálices deliciosos
perfumes, les teje los pétalos de una seda tan
brillante y delicada, que los artificias de la in-
dustria nunca les igualarán en belleza.
Y, sin embargo, tratándose dei hombre, su
obra maestra, el hermano adoptivo de su Verbo
encarnado, lno habría Dios de mostrarse de
una generosidad aún mayor?...
Consideremos, pues, como verdad indiscutible
que la Providencia provee abundantemente las
necesidades temporales dei hombre.
Sin duda, habrá siempre en la tierra ricos y
pobres. Mientras unos viven en la abundancia,
otros deben trabajar y observar una sabia eco-
nomía. El Padre celestial, sin embargo, sumi-
nistra a todos medias para vivir con cierto bie-
nestar, según la condición en que los colocó.
Volvamos a la comparación que emplea Je-
sús. Dios vistió ai lirio espléndidamente, pero
esta vestidura bianca y perfumada era reclamada
33
E L LIBRO DE LA CONFIANZA
por la natur<ileza dei lirio.Más modestamente
fue tratada la violeta; Dios le dio, sin embargo,
lo que convenía a su naturaleza particular. Y
esas dos flores se abren dulcemente al sol, sin
que nada les falte.
Así hace Dios con los hombres. Colocó a
unos en las clases más altas de la sociedad;
puso a otros en condiciones menos brillantes;
sin embargo, a unos y a otros da lo necesario
para mantener dignamente su posición.
Se podría hacer aquí una objeción, a respecto
de la inestabilidad de las condiciones sociales.
En la crisis presente, l,no será más fácil decaer
que elevarse, o incluso mantenerse en el mismo
nivel social?
Sin duda. Pero la Providencia proporciona
exactamente el auxilio a las necesidades de cada
uno:para los grandes males manda los grandes
remedios. Lo que las catástrofes económicas
nos quitan podemos readquirirlo con nuestra
industria o trabajo. En los casos menos frecuentes
en que la propia actividad se ve dei todo redu-
cida a la imrosibilidad, tenemos, entonces, el
derecho de esperar de Dios una intervención
excepcional.
Generalmente, por lo menos así pienso yo,
34
1 ONFIANZA Y LAS NECESIDADES TEMPORALES
1)1c)S no hace decaídos. El quiere, por el contra-
ri . , c1uc nos desenvolvamos, que subamos, que
· 1 z amos coo prudencia. Si, a veces, permite
ttr1il decadencia de nivel social, no la quiere
s, 11 > por una voluntad posterior a la acció n de
11 t1 str libre albedrío. Lo más frecuente es que
1
1 , vcnga tal decadencia de faltas nuestras, per-
>11,tlcs o hereditarias. Es generalmente conse-
·t1cncia natural de la pereza, de la prodigalidad,
te diversas pasiones.
Aun así el hombre, incluso el decaído, puede
lcvantarse y, con el auxilio de la Providencia,
reconquistar, por sus esfuerzos, la situación per-
dida.
No Debemos lnquietarnos con el Futuro
Dias provee nuestras necesidades.
<<No os inquietéis>>, dice el Sefíor.
l,Cuál será el sentido exacto de ese consejo?
l,Debemos, para obedecer la dirección dei
Maestro, desatender completamente los negocios
temporales? ...
No dudamos que la gracia pida, a veces, a
ciertas almas, el sacrificio de una pobreza estricta
35
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
y de . un total abandono a la Providencia. Es
notable, sin embargo, lo poco frecuentes que
son esas vocaciones. Los demás, comunidades
religiosas o individuos, poseen bienes; deben ad-
ministrarlos prudentemente.
El Espíritu Santo alaba a la mujer fuerte que
supo gobemar bien su casa. El nos la muestra,
en el Libro de los Proverbios, despertando muy
temprano para distribuir a los criados la tarea
cotidiana y trabajando también con sus propias
manos. Nada escapa a su vigilancia. Los suyos
nada tienen que temer: encontrarán todos, gra-
cias a su previsión, lo necesario, lo agradable, e
incluso, cierto lujo moderado. Sus hijos la pro-
claman bienaventurada, y su marido le exalta
las virtudes (2).
La Verdad no habria alabado tan clamoro-
samente a esa mujer, si ella no hubiese cumplido
su deber.
Toca, pues, no afligirse; aunque ocupándose
razonablemente de sus quehaceres, no dejarse
dominar por la angustia de sombrias perspecti-
vas futuras, y contar, sin vacilaciones, con el
socorro de la Providencia.
,Nada de ilusiones! ... Una confianza así pide
gran fuerza de alma. Hemos de evitar un doble
36
NFIANZA Y LAS NECESIDADES TEMPORALES
s llo: la falta y la demasía. Aquel que, por
r1 "gligencia, se desinteresa de sus obligaciones y
t ~u negocios no puede, sin tentar a Dios,
·s1 "rar un auxilio excepcional. Aquel que da a
t;ts preocupaciones materiales el primer lugar
t st1s reflexiones, aquel que cuenta más consigo
(ll con Dios, se engana aún más crasamente;
t1sí roba al Altísimo el lugar que le cabe en
t 1t1 [Link]. ,
<<ln medio stat virtus>>: entre esos extremos
s cncuentra el deber.
Si nos ocupamos prudentemente de nuestros
intereses, la aflicción por el futuro será pordes-
conocimiento y menosprecio dei poder y de la
bondad de Dios.
En los muchos anos que San Pablo, el Ermi-
tafío, vivió en el desierto, un cuervo le traía,
cada día, medio pan. Ahora bien, sucedió que
an Antonio vino a visitar al ilustre solitario.
Conversaron largamente los dos santos, olvi-
dados en sus piadosas meditaciones de la nece-
sidad dei alimento. Pensaba en ellos, sin em-
bargo, la Providencia: el cuervo vino, como de
costumbre, pero trayendo esta vez ,un pan en-
tero !
El Padre celestial creó todo el Universo con
37
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
una sola palabra; ipodría acaso serie dificil so-
correr a sus hijos en la hora de la necesidad?
San Camilo de Lellis se había endeudado
para cuidar de los enfermos pobres. Los reli-
giosos se alarmaban.<<;,Por qué dudar de la Pro-
videncia?, les tranquilizaba el santo. ;,Será difícil
a Nuestro Seflor damos un poco de esos bienes
con los que colmó a los judíos y a los turcos,
enemigos unos y otros de nuestra fe?>> (3). La
confianza de Camilo no fue defraudada; un
mes después, uno de sus protectores le legaba,
al morir, una suma considerable.
Afligirse con el futuro es desconfianza que
ofende a Dios y provoca su cólera.
Cuando los hebreos, huyendo de Egipto, se
vieron perdidos en las arenas dei desierto, se
olvidaron de los milagros que Jehová había
hecho en su favor ... Tuvieron miedo, murmu-
raron... <<;,Podrá Dios preparar mesa en el de-
sierto?>> <<;,Podrá también darnos pan y preparar
en el desierto carne a su pueblo?>> Esas palabras
irritaron al Sefior. Lanzó contra ellos el fuego
del cielo. Su cólera cayó sobre Israel, <<porque no
creían en Dios y no confiaban en su salvación>> (4).
Nada de aflicciones inútiles: el Padre vela
por nosotros.
38
1..,/\ CONFIANZA Y LAS NECESIDADES TEMPORALES
Procurar Siempre en Primer Lugar
el Reino de Dios y Su Justicia
<<Busca.d primero el reino de Dios y su justicia;
y todas las cosas se os darán por afiadidura >>
Así fue cómo el Salvador concluyó el discurso
•
sobre la Providencia. Conclusión consoladora,
que encierra una promesa condicional; de nos-
otros depende el ser beneficiados por ella.
. El Sefíor se ocupa
,
tanto más de nuestros
1ntereses, cuanto mas nosotros nos preocupamos
con los suyos.
Conviene parar para meditar las palabras dei
Maestro.
Se presenta entonces una cuestión: i,Dónde se
encuentra ese reino de Dios, que debemos buscar
antes que todo lo demás?
<<Dentro de vosotros>> (5), responde el Evan-
gelio.
<<Regnum Dei intra vos est. >>
Buscar el Reino de Dio~ es, pues, levantarle
un trono en el alma; es someternos enteramente
a su dominio soberano. Conservemos todas nues-
tras facultades bajo el cetro misericordioso del
Altísimo. Acuérdese nuestra inteligencia de su
constante presencia, confórmese nuestra volun-
39
E L LIBRO DE LA CONFIANZA
tad en todo con su voluntad adorable, vuele
nuestro corazón hacia El con frecuencia, en
actos de caridad ardiente y sincera. Habremos
practicado, entonces, esa <<justicia>> que, en el
lenguaje de la Escritura, significa la perfección
de la vida interior.
Habremos seguido entonces, puntualmente,
el consejo dei Maestro: habremos buscado el
reino de Dios.
<<Y todas las cosas se os darán por anadidura.>>.
Hay aquí una especie de contrato bilateral:
de nuestro lado trabajamos para la gloria dei
Padre celestial; de su lado, el Padre se compro-
mete a proveer nuestras necesidades.
Echad, pues, todas vuestras preocupaciones
en el Corazón Divino; cumplid el contrato que
El os propone; El cumplirá la palabra dada;
velará sobre vosotros y <<OS sostendrá>> (6).
<<Piensa en Mí - dice el Salvador a Santa
1
Catalina de Siena- y Yo pensaré en ti.>> Y,
siglas más tarde, en el Monasterio de Paray-le-
Monial, prometía a Santa Margarita, para aque-
llos que fuesen particularmente devotos dei Sa-
grado Corazón, el éxito en sus empresas.
,Feliz el cristiano que se ajusta bien a esa
máxima dei Evangelio ! El busca a Dias y Dios
40
LA CONFIANZA Y LAS NECESIDADES TEMPORALES
le cuida los intereses con su omnipotencia: l Qué
le podrá faltar? (7) ,
Practica las sólidas virtudes interiores, y evita
así todo desorden: las faltas, los vicios, que son
las causas más comunes de los fracasos y las
•
ru1nas.
Rezar por las Necesidades Temporales
La confianza, como acabamos de describirla,
no nos desobliga de la oració[Link] las necesida-
des temporales, no basta esperar los socorros
de Dios: es menester además pedírselos.
Jesucristo nos dejó en el Padrenuestro elmo-
delo perfecto de la oración; ahí El nos hace
pedir el <<pan de cada día>>: <<Panem nostrum
quotidianum da nobis hodie>>.
Con respecto a ese deber de la oración l_,no
habrá frecuentemente negligencia nuestra? iQué
imprudencia y qué locura! ... Nos privamos así,
por liviandad, de la protección de Dios, la única
soberanamente eficaz. Los capuchinos, dice la
leyenda, nunca murieron de hambre, porque
recitan siempre piadosamente el Padrenuestro.
Imitémoslos, y el Altísimo no dejará que nos
41
EL L IBRO DE LA CONFIANZA
falte lo necesario.
Pidamos, pues, el pan cotidiano .
Es una obligación que nos impone la fe y la
caridad para con nosotros mismos.
l Podremos, no obstante, elevar nuestras p-re-
tensiones y pedir también la riqueza? Nada se
opone a eso, toda vez que esa oración se inspire
en motivos sobrenaturales y quedemos bien su-
misos a la voluntad de Dios. El Sefior no prohí-
be la expresión de nuestros deseos; por el con-
trario, nos quiere muy filiales para con El. No
esperemos, sin embargo, que El se incline a
nuestras fantasías; la propia bondad divina se
opone a ello. Dios sabe lo que nos conviene.Sólo
nos concederá los bienes de la tierra, si ellos
pueden servir para nuestra santificación.
Entreguémosno-s completamente a la direc-
ción de la Providencia, y digamos la oración
dei Sabia: <<No me dés ni pobreza ni riquezas;
dáme solamente lo necesario para vivir. No sea
que, harto, te niege, y diga: 1,quién es el Seflor?O
que, necesitado, robe y profane el nombre de
Dios>> (8).
42
CAPITULO IV
La Confianza en Dios y
Nuestras Necesidades Espirituales
La Misericordia de Nuestro Senor
con los Pecadores
La Providencia, que alimenta al pajarillo en
el árbol, cuida de nuestro cuerpo. lQué es, sin
embargo, este cuerpo de miseria? Una criatura
frágil, un condenado a muerte y destinado a los
gusanos.
En la loca carrera de la vida, todos pensamos
caminar para los negocios o para los placeres~ .. ;
cada paso dado nos aproxima al fin; arrastra-
mos, nosotros mismos, nuestro cadáver a la
tumba.
Si Dios se ocupa así de cuerpos perecederos,
lCon qué solicitud no velará por las almas in-
•
43
E L LIBRO DE LA CONFIANZA
mortales? Les prepara tesoros de gracias, cuya
riqueza sobrepasa a todo lo que podemos ima-
ginar; les manda socorros superabundantes para
su santificación y salvación.
Esos medios de santificación , que la fe pone
a nuestra dispo~ición, no serán estudiados aquí.
Quiero hablar sencillamente a las almas in-
quietas, que se encuentran en todas partes. En-
[Link], con el Evangelio en la mano, la incon-
sistencia de sus temores. Ni la gravedad de sus
faltas, ni la multiplicidad de sus reincidencias
en el error las debe abatir.
Por el contrario, cuanto más sientan el peso
de la propia miseria, tanto más deberán apo-
yarse en Dios. 1No pierdan la confianza! ... Sea
cual fuere el horror de su estado, aunque hayan
!levado durante mucho tiempo una vida des-
arreglada, con el socorro de la gracia podrán con-
vertirse y ser elevadas a una alta perfección.
La misericordia de Nuestro [Link] es infinita:
nada la cansa, ni siquiera las faltas que nos
parecen a nosotros las más degradantes y cri-
minales.
Durante su vida mortal, el Maestro acogía a
los pecadores con una bondad verdaderamente
divina; nunca les rehusó el perdón.
44
LA CONFIANZA Y LAS NECESIDADES ESPIRITUALES
Llevada por el ardor de su arrepentimiento,
sin preocuparse con las convenciones mundanas,
María Magdalena entra en la sala dei banquete.
Se postra a los pies de Jesús, los inunda de
lágrimas. Simón, el fariseo, contempla esa escena
con aire irónico; se indigna íntimamente. <<Si
este hombre fuese profeta -piensa- bien sabría
lo que vale esa mujer. La arrojaría con despre-
cio... >> Pero el Salvador no la arroja. Le acepta
los suspiros, el llanto, todas las sefiales sensibles
de la humilde contrición. La purifica de sus
pecados y la colma de danes sobrenaturales. Y
el Corazón Sagrado desborda de una alegria
inmensa, mientras que en lo alto, en el Reino
de su Padre, los ángeles se rejubilan y le alaban;.
un alma estaba perdida, y héla aquí recuperada;
esa alma estaba muerta, y héla de nuevo resti-
tuida a la verdadera vida! ...
El Maestro no se contenta con recibir con
dulzura a los pobres pecadores; llega hasta el
punto de tomarles la defensa. Y l,nO es ésa, pues,
su misión? i,No se constituyó El en nuestro abo-
gado? (1)
Le trajeron un día a su presencia a una des-
graciada, sorprendida en el acto flagrante de su
[Link] dura Ley de Moisés la condena for-
45
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
malmente; la culpable debe morir en el lento
suplicio de la lapidación. Los escribas y fariseos,
sin embargo, esperan impacientes la sentencia
del [Link] perdona, los enemigos le censu-
rarán por despreciar las tradiciones de Israel.
l Qué hará El? ...
Una sola palabra saldrá de sus labios; y esta
palabra bastará para confundir a los orgullosos
fariseos y salvar a la pecadora: <<El que de vosotros
esté sin pecado, arrójele la piedra el primero>> (2).
Respuesta llena de sabiduría y misericordia.
Oyéndola, esos hombres arrogantes enrojecen
de vergüenza ... Se retiran confusos, unos después
de otros; los viejos son los primeros en huir...
<<... hasta que dejaron solos a Jesús y a la mu-
•
1er... >>
Jesús le pregunta:<<iDónde están tus acusado-
res? iNadie te ha condenado? Elia respondió:
<<Ninguno, Seflor>> ... Y Jesús prosigue: <<jPues
tampoco Yo te condenaré! 1Anda y no peques
más en ade/ante!>> (3)
Cuando vienen a El los pecadores, Jesús se
lanza a su encuentro. Como el padre dei pródi-
go, espera la vuelta dei ingrato. Como el buen
pastor, busca la oveja perdida; y, cuando la
46
LA CONFIANZA Y LAS NECESIDADES ESPIRITUALES
encuentra, la lleva sobre los hombros divinos y
la restituye ensangrentada al redil.
,Oh! El no le abrirá más las heridas; lastra-
tará como el buen samaritano, con el vino y el
óleo simbólicos. Derramará sobre sus llagas el
bálsamo de la penitencia; y, para fortificaria, le
hará beber de su cáliz eucarístico.
Almas culpables, no tengáis miedo dei Sal-
vador; fue especialmente para vosotras que El
descendió a la tierra. No renovéis nunca el grito
de la desesperación de Caín: <<Mi maldad es tan
grande, que no puedo yo esperar perdón>> (4).
,Eso sería desconocer el Corazón de Jesús! ...
Jesús purificó a la Magdalena y perdonó la
tripie negación de Pedro; abrió el Cielo para el
buen ladrón. En verdad, os aseguro: si Judas
hubiese ido a EI después del crimen, Nuestro
Sefíor lo habría acogido con misericordia. l, Có-
mo, pues, no os,perdonará también?
1
La Gracia Puede Santijicarnos en un Instante
,Abismo de humana flaqueza, tiranía de los
malos hábitos! Cuántos cristianos reciben en el
tribunal de la Penitencia la absolución de sus
47
E L LIBRO DE LA CONFIANZA
faltas; es sincera en ellos la contrición, enérgicas
son sus resoluciones ... y caen de nuevo en los
mismos pecados, a veces graves; ,el número de
sus caídas crece sin cesar!l,No tendrán, entonces,
sobradas razones de desánimo? ...
Que la evidencia de la propia miseria nos
mantenga en la humildad, nada más justo; que
nos haga perder la confianza, será una catás-
trofe, más peligrosa que tantas recaídas en el
error.
El alma que cae debe levantarse inmediata-
mente. No debe cesar de implorar la piedad del
Sefíor.l,No sabéis que Dios tiene sus horas y
puede en un instante elevarnos a la más sublime
santidad?
l,Acaso no había llevado María Magdalena
una vida criminal? La gracia, sin embargo, la
transfor1nó instantáneamente. Sin transición, de
pecadora se volvió gran santa. Ahora bien, la
acción de Dios no se redujo en su alcance. Lo
que hizo para otros podrá hacer para nosotros.
No dudéis: la oración confiante y perseverante
obtendrá la curación completa de vuestra alma.
No me aleguéis que el tiempo pasa y que tal
vez ya toca al término vuestra vida.
Nuestro Sefíor esperó la agonía del buen la-
48
LA C ONFIANZA Y LAS NECESIDADES ESPIRITUALES
drón para atraerlo victoriosamente a Sí. ,En un
sólo minuto ese hombre tan culpable se convir-
tió ! Su fe y su amor fueron tan grandes que, a
pesar de sus grandes crímenes, ni siquiera pasó
por el Purgatorio; ocupa para siempre un lugar
elevado en los Cielos.
,Nada, pues, altere en vosotros la confianza!
Aunque estéis en lo más profundo dei abismo,
llamad sin tregua al Cielo. Dios acabará repon-
diendo a vuestro llamamiento y en vosotros
operará Su justicia.
Dios Nos Concede
Todos los Socorros Necesarios
para la Santijicación y la Salvación
de Nuestra Alma
Ciertas almas angustiadas dudan de su propia
salvación. Se acuerdan demasiado de las faltas
pasadas; piensan en las tentaciones tan violentas
que, a veces, nos asaltan a todos; olvidan la
bondad misericordiosa de Dios. Esa angustia
se puede convertir en una verdadera tentación
de desesperación.
De joven, San Francisco de Sales conoció
49
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
una prueba de esas: temblaba de no ser un
predestinado a! Cielo. Pasó varios meses en ese
martirio interior. Una oración heroica le libertá:
el Santo se postró delante de un altar de María;
suplicó a la Virgen que le enseftase a amar a su
Hijo con una caridad tanto más ardiente sobre
la tierra, cuanto él temía no poder amarle en la
eternidad.
En esa clase de sufrimientos, hay una verdad
de fe que nos debe consolar inmensamente. Sólo
nos perdemos por el pecado mortal.
Ahora bien, siempre podemos evitarlo, y,
cuando tuviéramos la desgracia de cometeria,
siempre nos podremos reconciliar con Dios.
Un acto de contrición sincera, hecho pronta-
mente, sin demora, nos purificará, mientras es-
peramos la confesión obligatoria, que conviene
se haga sin tardanza.
Ciertamente, la pobre voluntad humana debe
desconfiar de su flaqueza. Pero el Salvador nun-
ca nos rehúsa las gracias de que carecemos.
Además, El hará todo lo posible para ayudamos
en la empresa, soberanamente importante, de
nuestra salvación.
Es la gran verdad que Jesús escribió con su
sangre y que vamos ahora a releer juntos en la
50
LA CONFIANZA Y LAS NECESIDADES ESPIRITUALES
historia de su Pasión.
l,Habéis reflexionado ya algún día cómo pu-
dieron los judíos apoderarse de Nuestro Seftor?
l Creeréis, por casualidad, que lo consiguieron
por la astucia o por la fuerza? l,Podéis imaginar
que, en la gran tormenta, Jesús fue vencido,
porque era el más débil?
Seguramente no. Los enemigos nada podían
contra El. Más de una vez, en los tres anos de
sus predicaciones, habían intentado matarlo.
En Nazaret, querían echarlo a un precipicio;
otras veces, prepararon piedras para lapidarlo.
Siempre, sin embargo, la sabiduría divina des-
hizo los planes de esa impía cólera; la fuerza
soberana de Dios les retuvo el brazo; y Jesús se
alejó siempre tranquilamente, sin que nadie hu-
biese conseguido hacerle el menor mal.
En Getsemaní, al decir El simplemente su
nombre a los soldados dei Templo, venidos para
apoderarse de su sagrada Persona, todos caen
por tierra, !levados por un extrafto pavor. Los
soldados sólo se pudieron levantar con el per-
miso que El les dio.
Si fue preso, si fue crucificado, si fue inmola-
do, es porque así lo quiso, en la plenitud de su
libertad y de su amor por nosotros: << Oblatus
51
EL L IBRO DE LA CONFIANZA
est quia ipse voluit>> (5).
Si el Maestro derramó, sin dudar, toda la
sangre por nosotros, lCÓmo podría rehusamos
gracias que nos son absolutamente necesarias y
que El mismo nos las mereció con sus dolores?
Esas gracias, Jesús las ofreció misericordio-
samente a las almas más culpables durante la
dolorosa Pasión. Dos Apóstoles habían come-
tido un crimen enorme: a ambos ofreció el per-
dón.
Judas le traiciona y le da un beso hipócrita.
Jesús le habla con tiema dulzura; le llama amigo;
procura a fuerza de caridad tocar ese corazón
endurecido por la avaricia. <<Amigo, ;,a qué has
venido? -jJudas! ;,Con un beso entregas ai Hijo
dei hombre?... >> ( 6). Esta es la última gracia dei
Maestro al ingrato.
Gracia de tal fuerza, que jamás le mediremos
bien la intensidad. Judas, sin embargo, la re-
chaza: se pierde, porque formalmente así lo
prefiere.
Pedro se creía muy fuerte. .. Había jurado
acompafiar ai Maestro hasta la muerte, y le
abandona, cuando le ve en manos de los solda-
dos. Entonces, sólo le sigue de lejos. Entra tem-
biando en el patio dei palacio dei Sumo Sacer-
52
LA CONFIANZA Y LAS NECESIDADES ESPIRITUALES
dote. Por tres veces niega a su Sefíor, porque
teme las burlas de una criada. Canta el gallo ...
Jesús se vuelve y fija sobre el Apóstol los ojos
llenos de misericordia y <luices censuras. Se cru-
zan las m iradas ... Era la gracia, una gracia ful-
minante que esa mirada llevab a a Pedro . El
Apóstol no la rechazó: salió inmediatamente y
lloró su falta con amargura.
Así, tanto como a Judas y a Pedro, Jesús nos
ofrece siempre gracias de arrepentimiento y con-
versión. Podemos aceptarlas o rechazarlas. 1So-
mos libres! A nosotros nos toca decidir entre el
bien y el mal, entre el Cielo y el Infierno. La
salvación está en nuestras manos.
El Salvador no sólo nos ofrece sus gracias;
sino que hace más: intercede por nosotros junto
ai Padre [Link] recuerda los dolores sufridos
por nuestra Redención. Toma nuestra defensa
ante El; disculpa nuestras faltas: <<Padre mío,
-exclama en la angustia de la agonía- jPadre
mío, perdónales, porque no saben lo que hacenl>>
(7)
El Maestro, durante la Pasión, tenía tal deseo
de salvarnos, que no cesaba un instante de pen-
sar en nosotros.
En el Calvario dirige su última mirada a los
53
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
pecadores; pronuncia en favor dei buen ladrón
una de sus últimas palabras. Extiende larga-
mente los brazos en la Cruz para sefíalar con
qué amor acoge todo arrepentimiento en su
Corazón amantísimo.
La Vista dei Crucijijo
Debe Reanimamos la Conjianza
Si alguna vez, en las luchas íntimas, sintiéreis
flaquear la confianza, meditad los pasajes dei
Evangelio que os acabo de indicar.
Contemplad esa cruz ignominiosa, sobre la
cual expira vuestro Dios. Mirad su pobre cabeza
coronada de espinas, que inclina inerte sobre el
pecho; considerad los ojos vidriosos, la faz lívida
donde se coagula la preciosa sangre. Mirad los
pies y las manos traspasados, el cuerp o malhe-
rido. Fijaos sobre todo en el Corazón amantí-
simo que acaba de ser abierto por la lanza del
soldado: de él corren unas pocas gotas de agua
ensangrentada ... ,Nos dio todo! ... iCómo será
posible desconfiar de ese Salvador?
Así pues, El espera de vosotros retribución
de afecto. En nombre de su amor, en nombre
54
LA CONFIANZA Y LAS NECESIDADES ESPIRITUALES
de su martirio, en nombre de su muerte, tomad
la resolución de evitar de ahora en adelante el
p ecado mortal.
La flaqueza es grande, bien lo sé, pero El os
ayudará. A pesar de toda la buena voluntad,
tendréis tal vez caídas y reincidencias en el mal,
pero el Sefior es misericordioso. Sólo pide que
no os dejéis adormecer en el pecado, que luchéis
contra los malos hábitos.
Prometedme confesaros pronto y nunca pasar
la noche teniendo sobre la conciencia un pecado
mortal.
,Feiices vosotros, si mantuviéreis valerosa-
mente esa resolución! ... Jesús no habrá derra-
mado en vano, por vosotros, su preciosa sangre.
Tranquilizaos en cuanto a vuestras disposi-
ciones íntimas. Tendréis así el derecho de afron-
tar con serenidad el angustioso problema de la
predestinación:llevaréis sobre la frente la sefial
de los elegidos.
55
CAPITULO V
Razones de Confianza en Dios
La Encarnación dei Verbo
El sabio construye la casa sobre la roca: ni
las aguas, ni las lluvias, ni las tempestades la
podrán echar por tierra. Para que el edificio de
nuestra confianza resista todas las pruebas, es
preciso que se levante sobre bases inalterables.
<<1,Queréis saber -dice San Francisco de Sa-
les- qué fundamento debe tener nuestra con-
fianza? Debe basarse en la infinita bondad de
Dios, y en los méritos de la Pasión y Muerte de
Nuestro Seflor Jesucristo, con esa condición de
nuestra parte:la firme y total resolución de ser
enteramente de Dios y de abandonarnos comple-
tamente y sin reservas a su Providencia>> ( 1).
Las razones de la esperanza son demasiado
numerosas para que podamos citarlas todas.
Examinaremos aquí solamente las que nos son
57
E L LIBRO DE LA CONFIANZA
proporcio nadas por la Encarnación del Verbo
y por 1~1 Persona sagrada dei Salvador. Además,
Cristo es en verdad la piedra angular (2) sobre
la cual debe apoyarse principalmente nuestra
vida interior.
iQué confianza nos inspiraria el misterio de
la Encarnación, si nos esforzáramos en estu-
diarlo no superficialmente! ...
lQuién es esa criatura que llora en el Pesebre?
lQuién es ese adolescente que trabaja en el taller
de Nazaret, ese predicador que entusiasm a a
las multitudes, ese taumaturgo que hace prodi-
. . , . .
g1os s1n cuenta, esa v1ct1ma inocente que muere
en la Cruz?
Es el Hijo dei Altísimo, eterno y Dios como
el Padre... Es el Emanuel desde hace mucho
esperado; es aquel que el Profeta llama <<el Ad-
mirable, el Dios fuerte, el Príncipe de la paz>> (3).
Pero Jesús -frecuentemente nos olvidamos
de esto es nuestra propiedad. En todo el rigor
1
-
dei término, El nos pertenece; es nuestro; tene-
mos sobre El derechos imprescriptibles, pues el
Padre celestial nos lo dio. Así lo dice la Escritura:
El Hijo de Dios nos ha sido dado (4).
Y San Juan, en su Evangelio, también di-
ce: <<Tantv amó Dios ai mundo, que /e dio su uni-
58
RAZONES DE CONFIANZA EN DIOS
génito Hijo>> (5).
Ahora bien, si Cristo nos pertenece, los infi-
nitos méritos de sus trabajos, de sus sufrimien-
tos y de su muerte nos pertenecen también.
Siendo así, lCÓmo podríamos perder el valor?
Entregándonos al Hijo, el Padre dei Cielo nos
dio la plenitud de todos los bienes. Sepamos
explotar plenamente ese precioso tesoro.
Dirijámonos, pues a los cielos con santa auda-
cia; y en nombre de ese Redentor, que es nues-
tro, imploremos, sin dudar, las gracias que
deseamos. Pidamos las bendiciones temporales
y sobre todo el socorro de la gracia; para nuestra
Patria, solicitemos paz y prosperidad; para la
Iglesia, calma y libertad.
Esa oración será ciertamente atendida.
Actuando así, lºº
hacemos un negocio con
Dios? A cambio de los bienes deseados, le
ofrecemos su propio Hijo unigénito. Y en esa
transacción Dios no puede ser enganado: le
d aremos infinitamente más de lo que recibi-
m os de El.
Si hacemos, pues, esta oración con la fe que
m ueve [Link], será de tal manera eficaz que
obtendrá, incluso, los prodigios más extraordi-
•
nar1os.
59
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
El Poder de Nuestro Senor.
El Verbo Encarnado, que se nos dio, posee
un poder sin límites.
Aparece en el Evangelio como el supremo
Sefior de la tierra, de los demonios y de la vida
sobrenatural; todo está sometido a su dominio
soberano.
Aún existe en ese poder del Salvador, otro
motivo segurísimo de confianza. Nada puede
impedir a Nuestro Sefior el socorrernos y pro-
tegernos.
Jesús domina las fuerzas de la naturaleza.
En los comienzos de su ministerio apostólico,
asiste a las Bodas de Caná.Durante el banquete,
faltó el vino. ,Qué humillación para la pobre
gente que había convidado al Maestro con su
Madre y los discípulos!La Virgen Maria sedio
cuenta enseguida dei contratiempo; Ella es siem-
pre la primera en darse cuenta de nuestras ne-
cesidades y en aliviarias. Echa al Hijo una mi-
rada de súplica; le hace en voz haja un corto
pedido. María conoce su poder y su amor. iY
Jesús, que nada sabe rehusarle, transforma el
agua en vino! ... Este fue su primer milagro.
En otra ocasión, una tarde, para evitar la
60
RAZONES DE CONFIANZA EN DIOS
multitud que le asalta y comprime, el Maestro
atraviesa en barca con los discípulos el lago de
Genezaret. Mientras navegan, se levanta un hu-
racán, se desata la tempestad, las grandes olas
crecen y se deshacen ruidosamente.E! agua inun-
da la toldilla; la embarcación se va a hundir.
El, fatigado de la dura faena, duerme a popa,
la divina cabeza apoyada sobre el cordaje. Los
discípulos aterrorizados le despiertan gritando:
<< jSeííor, Seííor, sá/vanos que perecemos!... ►► ( 6).
Entonces, el Salvador se levanta; habla al viento;
dice al mar enfurecido: ,Silencio, cálmate! ,Ins-
tantáneamente, todo se calmó!Los testigos de
esa escena se preguntan con asombro: <<lQuién
es éste que hasta los vientos y e/ mar /e obede-
cen?►►
Jesús cura a los enfermos.
Muchos ciegos se acercan a tientas hasta El;
claman ante El su infortunio:<<jHijo de David,
ten compasión de nosotros!►► (7). El Maestro les
toca los ojos, y ese divino contacto los abre a la
luz.
Le traen a un sordomudo, pidiéndole que le
imponga las manos. El Salvador atiende a ese
deseo, y la boca·dei hombre habla y sus oídos
oyen.
61
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
Un día, encuentra en el camino a diez lepro-
sos. El leproso es un exiliado de la sociedad
humana; le rechazan de las aglomeraciones; se
evita su trato, por miedo al contagio; todos se
alejan con horror de su podredumbre... Los
diez leprosos ni osan acercarse a Nuestro Sefíor...
Quedan lejos. Pero, reuniendo las pocas fuerzas
dejadas por la molestia, gritan a distancia: <<jle-
sús, Maestro, ten piedad de nosotrosl>> ... Jesús,
que debía ser en la Cruz el gran leproso, que
debía ser en la Eucaristía el abandonado, se
conmueve con esa miseria:<</ d y mostraos a los
sacerdotes>> (8), les dice.
Y mientras los infelices caminan para ejecutar
las órdenes dei Maestro ... ,se sienten curados!
Jesús resucita a los muertos.
Son tres los que El hace volver a la vida.Y,
también, por el más maravilloso de los prodi-
gios, después de morir en las ignominias dei
Gólgota, después de haber sido depositado en
el sepulcro, El se resucita a sí mismo en la
madrugada dei tercer día.
Así nos resucitará a nosotros en el fin de los
tiempos.
Nuestros queridos, nuestros muertos, El nos
los restituirá transformados, pero siempre se-
62
RAZONES DE CONFIANZA EN Dros
mejantes a lo que fueron. Así enjugará nuestras
lágrimas por toda la eternidad. Entonces, no
habrá más llanto, ni ausencia, ni luto, porque
habrá terminado la era de nuestra miseria.
Jesús domina el Infierno.
Durante los tres [Link] de su vida pública, El
se encuentra, a veces, con posesos. Habla a los
demonios con una autoridad soberana; les da
órdenes imperiosas, y los demonios huyen a su
voz, ,confesándole la divinidad!...
Jesús es el [Link] de la vida sobrenatural.
Resucita almas muertas y les restituye la gra-
cia perdida. Y para probar que tiene, realmente,
ese poder divino, cura a un paralítico.
<<l Qué es más fácil? -pregunta a los escribas
que le cercan- lqué es más f áci/, decir ai para-
lítico: tus pecados te son perdonados, o decir:
levántate, toma tu camilla y anda? Pues, para
que sepáis que e/ Hijo dei Hombre tiene potestad
sobre la tierra para perdonar los pecados (dijo ai
paralítico): Yo te lo digo: levántate, coge tu ca-
milla y véte a tu casa>> (9).
Sería bueno meditar detenidamente sobre el
estupendo poder de Jesucristo. Cuando se trata
de poner ese poder ai servicio de su amor por
nosotros, el Maestro nunca duda.
63
E L LIBRO DE LA CONFIANZA
SuBondad
La verdad es que Nuestro [Link] es adorable-
mente bueno: su Corazón no puede ver sufrir,
sin sangrar. Esa piedad le hace operar algunos
de sus mayores milagros espontáneamente, e
incluso antes de haber recibido cualquier súpli-
ca.
La multitud le sigue a través de las montaiías
desiertas de Palestina; durante tres días, se olvi-
da, para oírle, de la necesidad de comer y de
[Link], sin embargo, el Maestro a los
Apóstoles:<<Me da compasión esta multitud de
gentes, -les dice•- y si les envío a sus casas en
ayunas desfallecerán en e/ camino>> (10). Y mul-
tiplica los pocos panes que les quedaban a los
discípulos.
Otra vez, El se dirigía a la pequena ciudad de
Naín, escoltado por una multitud. Casi al llegar
a las puertas, encuentra un cortejo fúnebre. Era
un joven al que llevaban para la última morada:
hijo único de una pobre viuda. No esperando
nada más de la vida, con profundo desaliento,
seguía la triste mujer el cuerpo de su hijo. A la
vista de ese dolor mudo, se compadeció viva-
mente el Maestro. Se llenó de misericordia por
64
R AZONES DE CONFIANZA EN DIOS
Ia pobre madre afligida y le dijo: < <jNo //ores
más!>> (11). Y, acercándose a las parihuelas don-
de yacía el cadáver, devolvió el joven vivo a su
madre.
Almas heridas por las pruebas; conciencias
turbadas por la duda, o, tal vez, por el remor-
dimiento; corazones torturados por la traición
o por la muerte; vosotros que sufrís, l,Creéis
acaso, que Jesús no tiene piedad de vuestros
dolores?... Eso seria no comprender su inmenso
amor. El conoce vuestras miserias; El las ve, y
su Corazón se compadece de ellas. El lanza por
vosotros, hoy, su grito· de compasión; y es a
vosotros a quien El repite, como a la viuda de
Naín: <<jNo //ores, Yo soy la Resignación, Yo soy
la Paz, Yo soy la Resurrección y la Vida!>>
Esa confianza, que naturalmente nos debería
inspirar la divina bondad, Nuestro Sefior nos la
reclama explícitamente. Hace de ella condición
esencial de sus beneplácitos. Le vemos, en el
Evangelio, exigir actos formales de esa confianza
antes de obrar ciertos milagros.
l,Por qué El, siempre tan tierno, se muestra
tan duro en apariencia con la cananea, que le
pide la curación de la hija? La rechaza varias
veces; pero naçla la desanima. Elia multiplica
65
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
sus súplicas; nada disminuye su confianza in-
conmovible. Eso era justamente lo que pretendía
Jesús: << jMujer -exclama con alegre admira-
ción- grande estufei>> Y afiade: < <Hágase con-
forme tú lo deseas>> (12).
<<Fiat tibi sicut vis>>. La confianza obtiene la
realización de nuestros deseos: es Nuestro Sefior,
El mismo, quien lo afirma.
1Extrafia aberración de la inteligencia huma-
na! Creemos en los milagros dei Evangelio, pues-
to que somos católicos convencidos; creemos
que Cristo no perdió nada de su poder subiendo
· a los Cielos; creemas en su bondad, probada en
toda su vida... ! ,Y, sin embargo no sabemos
abandonamos confiadamente a El!
1Qué mal conocemos al Corazón de Jesús!
Nos obstinamos en juzgarlo por nuestros débiles
corazones: realmente parece que queremos re-
ducir su inmensidad a nuestras mezquinas pro-
porciones. Nos cuesta admitir esa increible mi-
sericordia para con los pecadores, porque somos
vengativos y lentos en perdonar. Comparamos
su infinita ternura con nuestros pequenos afec-
tos ... Nada podemos comprender de ese fuego
devorador que hacía de Su Corazón un inmenso
brasero de amor, de esa santa pasión por los
66
RAZONES DE C ONFIANZA EN DIOS
hombres que le dominaba completamente, de
esa caridad infinita que le llevó de las humilla-
ciones dei Pesebre ai sacrificio dei Gólgota.
Infelizmente, no podemos decir con el Após-
tol San J uan, en la plenitud de nuestra fe: 1Cree-
mos, Seiíor, en vuestro amor! Credidimus cari-
tati (13).
Divino Maestro, de ahora en adelante, que-
remos abandonamos enteramente a vuestra
amorosa dirección. Os confiamos el cuidado de
nuestro futuro material. Ignoramos lo que nos
reserva ese futuro, sombrio y lleno de amenazas.
Pero nos abandonamos a las manos de vuestra
Providencia.
Confiamos nuestros pesares a vuestro Cora-
zón. Son a veces muy crueles. Pero Vos estáis
con nosotros para suavizarlos.
Confiamos a Vuestra misericordia nuestras
miserias morales. La flaqueza humana nos hace
temer todos los desfallecimientos. Pero Vos,
[Link], nos habéis de amparar y preservar de
grandes caídas.
Como el Apóstol preferido que descansó la
cabeza sobre vuestro pecho, así descansaremos
nosotros sobre vuestro Divino Corazón; y, se-
gún la palabra dei Salmista, ahí dormiremos
67
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
con deliciosa paz, porque estaremos - i oh Jre-
sús ! - confirmados por Vos en una confianza
inalterable.
68
CAPITULO VI
Frutos de la Confianza
La Conjianza Glorifica a Dios
El mejor elogio que se puede hacer de la
confianza consiste en mostrar sus frutos:éste
será el asunto dei presente capítulo, el último.
Ojalá puedan las consideraciones siguientes
dar valor a las almas inquietas y hacerles vencer
su pusilanimidad, ensefíándoles a practicar per-
fectamente esa preciosa virtud.
La confianza no crece en las esferas más mo-
destas de las virtudes morales; ella se eleva de
un salto hasta el trono dei Eterno, hasta el
propio Corazón dei Padre celestial. Rinde un
excelente homenaje a sus perfecciones infinitas:
a la bondad, porque sólo de El espera el auxilio
necesario; ai poder, porque desprecia cualquier
otra fuerza que no sea la suya; a la ciencia,
porque reconoce la sabiduría de su intervención
69
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
soberana; a la fidelidad, porque cuenta sin va-
cilaciones con la Palabra divina.
Participa, pues, esa virtud, al mismo tiempo,
dei loor y de la adoración.
Ahora bien, en las diversas manifestaciones
de la vida religiosa , ningún acto es más elevado
que ésos; son los actos sublimes en que se ocu-
pan, en el Cielo, los Espíritus bienaventurados.
Los Serafmes velan la faz con las alas en pre-
sencia del Altísimo y los Coros angélicos le
repiten, ensimismados, su tripie aclamación.
La confianza resume, en una luminosa y dul-
císima síntesis, las tres virtudes teologa les: la
Fe, la Esperanza y la Caridad. Por eso el Profeta,
ofuscado por el brillo de esa virtud, se siente
incap az de contener la admiración y exclama
con estusiasmo: <<jBienaventurado e/ varón que
tiene puesta en e/ Senor su confianzal>> (1)
AI contrario, el alma sin confianza ultraja al
Sefior. Duda de su providencia, de su bondad
y de su amor. Va a buscar el amparo de las
criaturas; incluso llega a veces, en nuestros días,
a entregarse a prácticas supersticiosas. La infeliz
se apoya sobre columnas frágiles que se de-
rrumbarán bajo su peso y la herirán cruelmente.
Y Dios se irrita con tal ofensa.
70
FRUTOS DE LA CONFIANZA
El segundo Libro de los Reyes cuenta que
Ocasías, enfermo, mandó consultar a los sacer-
dotes de los ídolos. Jehová se encolerizó; en-
cargó ai Profeta Elías de transmitir terribles
a menazas ai soberano: <<iÀcaso no hay Dios en
Israel, para que e11:víes ª· consultar a Belcebú,
dios de Acarón? Por lo mismo, pues, de la cama
en que te acostaste no te levantarás, sino que
morirás si~ remedio>> (2).
El cristiano que duda de la bondad divina, y
restringe sus esperanzas a las criaturas, l,no me-
recerá la misma censura? l,No se expone aljusto
castigo? l,N o vela acaso la Providencia sobre él,
para que le sea necesario dirigirse !ocamente a
seres débiles y flacos, incapaces de venir en su
auxilio?
Atrae Sobre las Almas Favores Excepcionales
<<No perdáis, pues, vuestra confianza -dice el
Apóstol San Pablo- que tiene una gran recom-
pensa>> (3).
Esa virtud, en efecto, da tanta gloria a Dios,
que atrae necesariamente sobre las almas favores
excepcionales.
71
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
El Sefíor, varias veces, declará en las Escritu-
ras con qué generosa magnificiencia trata a los
corazones confiantes.
<<Ya que ha esperado en Mí, Y o /e libraré; Yo
/e protegeré porque reconoció mi nombre. Me
invocará y Yo /e escucharé. Estaré con é/ en la
tribulación; /e libertaré y /e glorificaré>> (4).
1Qué promesas pacificadoras en boca de
Aquel que castiga toda palabra inútil y condena
la más ligera exageración!
Así, pues, y según el testimonio de la propia
Verdad, la confianza aparta de nosotros todos
los males.
<<Porque has hecho dei Altísimo tu baluarte, no
/legará a ti e/ mal, ni plaga alguna se acercará a
tu tienda. Pues El ha mandado a sus ángeles que
te guarden en todos tus caminos; e/los te llevarán
sobre sus palmas, para que tu pie no tropiece en
la piedra. Andarás sobre áspides y víboras, holla-
rás los leones y dragones>> (5).
De entre los males de que nos preserva la
confianza, está en primer lugar el pecado. Por-
que no hay nada más de acuerdo con la natu-
raleza de las cosas. El alma confiante conoce su
nada, como el de todas las criaturas; por eso,
no cuenta consigo misma ni con los hombres, y
72
FRUTOS DE LA CONFIANZA
pane en Dias toda su esperanza. Desconfia de
la propia miseria; practica, por tanto, la verda-
dera humildad.
Ahora bien, como sabéis, el orgullo es la
fuente de todas nuestra faltas (6) y el principio
de la ruina (7). El [Link] se aparta dei soberbio;
le abandona a su flaqueza y le deja caer. La
caída de San Pedro es un terrible ejemplo de
ello.
En los designios misericordiosos de su sabi-
duría, Dios permitirá tal vez que la prueba asalte
durante algún tiempo al alma confiante: nada,
sin embargo, la hará temblar; estará inmóvil y
firme <<como e/ monte de Sión>> (8). Conservará
la alegria en el f onda del corazón (9), y a pesar
del rugido de la tormenta, dormirá tranquila
como el nifi.o en los brazos dei padre (10).Se
dejará llevar hasta el final de su jornada, pues
Dias salva <<a los que en E/ esperan>> ( 11 ).
Estos son, sin embargo, beneficios puramente
negativos.
Dias colma de beneficios positivos al hombre
que confia en El. Oíd con que hermosa poesía
el Profeta expone esa verdad: <<Bienaventurado
e/ varón que tiene puesta en e/ Seflor su confianza,
y cuya esperanza es e/ Seflor. Porque será como
73
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
e/ árbol plantado junto a las aguas, e/ cual extiende
hacia la humedad sus raíces, y no temerá cuando
venga e/ estío. Y estarán verdes sus hojas, ni /e
hará mel/a ia sequía, ni jamás dejará de producir
fruto>> (1 2).
Para resaltar , por impresionante contraste,
la paz radiante de ese cuadro, contemplad la
suerte lamentable de aquel que cuenta con las
criaturas: <<jMaldito sea e/ hombre que confia en
e/ hombre, y se apoya en un brazo de carne, y
aparta dei Seiior su corazón. Porque será seme-
jante a los juníperos dei desierto... permanecerá
en la sequedad dei desierto, en un terreno salobre
e inhabitable!... >>
La Oración Confiante Obtiene Todo
Finalmente, y como una de las mayores pre-
rrogativas, la confianza siempre será atendida.
Nunca estará demás repetiria: la oración con-
fiante obtiene todo.
Con insistencia muy acentuada, la Escritura
nos recomienda reanimar nuestra fe, antes de
presentar a Dios nuestras súplicas. <<Todo cuanto
pidiérais en la oración, si tenéis f e, lo alcanzaréis>>
74
FRUTOS DE LA CONFIANZA
(14), declara el Maestro. El Apóstol Santiago
usa el mismo lenguaje; quiere que pidamos <<con
fe, sin sombra de duda>>. Aquel que duda, se
parece a la ola inconstante dei mar; con esa
disposición de alma inútilmente esperará ser
oído (15).
Ahora bien, l,de qué fe tratan los textos pre-
cedentes? No es de la fe habitual, que el Bautis-
mo infunde en las almas; sino de una confianza
especial, que nos hace esperar firmemente la
intervención de la Providencia en ciertas cir-
cunstancias. Es lo que dice claramente Nuestro
Sefíor en el Evangelio: <<Todas cuantas cosas
pidierais en la oración, tened fe de conseguirias,
y se os concederán>> (16). El Maestro no podía
hablar más claramente de la confianza.
Podemos tener fe viva y dudar, sin embargo,
que Dios quiera acoger favorablemente esta o
aquella petición nuestra. l,Acaso tenemos la se-
guridad, por ejemplo, de que el objeto de nuestro
deseo conviene al bien verdadero de nuestra
vida? Dudamos pues. Y esta simple duda, hace
notar un teólogo, disminuye la eficacia de la
oración (17).
En otras ocasiones, por el contrario, la segu-
ridad interior se fortifica hasta el punto de re-
75
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
chazar completamente cualquier duda o vacila-
ción. Estamos tan seguros de ser atendidos,
que nos parece tener ya en la mano la gracia
solicitada. <<En atención.a una confianza tan per-
fecta -escribe el P. Pesch- Dios nos concede
gracias que, sin esto, no nos habría dado. >> En
efecto, el bien no reunía las condiciones sufi-
cientes para que Dios, en virtud de sus promesas,
se obligase a dárnoslo (18). Por otro lado, casi
siempre esa íntima seguridad interior es obra
de la gracia en nosotros.
<<Por eso -concluye el autor- una singular
confianza en obtener esta o aquella bendición, es
una especie de promesa especial que Dios nos
hace de concedérnosla>> (19).
Una palabra de Santo Tomás resumirá esta
corta digresión: <<La oración -dice el Doctor
Angélico- toma su merecimiento de la caridad;
pero su eficacia impetratoria /e viene de la f e y
de la confianza>> (20).
Ejemplo de los Santos
Los Santos rezaban con esa confianza, y por
eso Dios les mostraba su liberalidad infinita.
76
FRUTOS DE LA C ONFIANZA
El abad Sisois, según la Vida de los Padres,
rezaba un día por uno de sus discípulos a quien
la violencia de la tentación había abati-
do. << Queráis o no -decía a Dios-no os dejaré
antes de que /e halláis curado.>> Y el alma del
pobre hermano recobró la gracia y la serenidad
(21).
Nuestro Sefior se dignó a revelar a Santa Ger-
trudis que su confianza hacía tal violencia al
Corazón D ivino, que se sentía forzado a favo-
recerla en todo.Y [Link]ó que, obrando así, sa-
tisfacía las exigencias de su bondad y de su
amor por ella. Una amiga de la santa rezaba
desde hacía algún tiempo sin obtener nada. El
Salvador le dijo: <<Retuve la concesión de lo que
me pides, porque no confias en mi bondad como
mi fiel Gertrudis. A e/la nunca /e rehusé nada de
lo que me pidió>> (22).
Finalmente, he ahí, según el testimonio del
Bienaventurado Raymundo de Capua, su con-
f esor, cómo rezaba Santa Catalina de Sie-
na. <<Seflor -decía- no me apartaré de vuestros
pies, de Vuestra presencia, mientras no Os dign,éis
hacer lo que Os pido. >► <<Seflor -continuaba-
yo quiero que me prometáis la vida eterna para
todos los que amo.>> Luego, con una audacia
77
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
admirable, extendía la mano hacia el Taberná-
culo: <
<jSeflor - afiadía- poned Vuestra mano
en la mía! jSí! jDadme una prueba de que me
daréis lo que Os pido!... >>
Que esos ejemplos nos animen a recogemos
en el fondo dei alma; examinemos un poco la
conciencia. Con un piadoso autor, dirijamos a
nosotros mismos la siguiente pregunta: <<;,H emos
puesto en nuestras oraciones una confianza total,
un poco de ese absolutismo de nino que pide a la
madre e/ objeto que desea? 1,El absolutismo de los
pobres mendigos, que nos persiguen, y que, a
fuerza de importunar, consiguen ser atendi-
dos?;,Sobre todo, el absolutismo, ai mismo tiempo
tan respetuoso y tan confiante de los santos en
sus súplicas?>> (23)
Conclusión dei Trabajo
Una conclusión resulta naturalmente, impe-
riosa, de este corto estudio.
Almas cristianas, empefiad todos los medios
a vuestro alcance para adquirir la confianza.
Meditad mucho sobre el poder infinito de Dios,
sobre su inmenso amor, sobre la inviolable fi-
78
FRUTOS DE LA CONFIANZA
delidad con que El cumple sus promesas, sobre
la Pasión de Nuestro Sefíor Jesucristo. No que-
déis, sin embargo, indefinidamente, paradas a
la.,expectativa. De la reflexión, pasad a la acción.
Haced frecuentemente actos de confianza; que
cada acción vuestra os sirva de ocasión para
renovarlos. Y es, sobre todo, en las horas de
dificultad y de prueba cuando los debéis multi-
plicar. Repetid con frecuencia la invocación tan
conmovedora: <<Corazón de Jesús, jen Vos con-
fio!>> Nuestro Sefíor decía a un alma privilegiada:
<<Es suficiente esta pequena oración: En Vos confio,
para encantarme e/ Corazón, porque en e/la se
comprenden la confianza, la fe, e/ amor y la
humildad>> (24).
No temáis exagerar la práctica de esta virtud.
<<No se debe nunca temer, en e/ supuesto, toda-
vía, de una vida buena, no se debe nunca temer e/
ejercitar demasiado la virtud de la confianza. Pues
así como Dios, en razón de su infinita veracidad,
merece un crédito de alguna manera infinito, así
también, en razón de su poder, de su bondad, de
la infalibilidad de sus promesas --perfecciones
estas que no son menos infinitas que su veraci-
dad- E/ merece confianza ilimitada>> (25).
No ahorréis esfuerzos. Los frutos de la con-
79
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
fianza son tan preciosos que vale la pena hacer
cualquier sacrificio por alcanzarlos.
Y si un día viniereis a quejaros de no haber
obtenido las maravillosas ventajas esperadas,
yo os responderé con San Juan Crisóstomo:
<<Decís: esperé y no fui escuchado. ;Extranas pa-
labras! ;No blasfeméis las Escrituras! No fuísteis
escuchados porque no confiásteis como convenía;
porque no esperásteis el fin de la prueba; porque
fuísteis pusilánimes. La confianza consiste sobre
todo en levantar el ánimo en el sufrimiento y en
el peligro y elevar el corazón hacia Dios>> (26).
80
Notas
Capítulo I
(1) Confide, fili, remittuntur tibi peccata tua. Mt. IX, 2.
(2) Confide, filia, fides tua te salvam fecit. Mt. IX, 22.
(3) Confidite, ego sum, nolite timere. Me. VL 50.
(4) Confidite, ego vici mundum. Jn. XXVI, 33.
(5) Verba quae ego locutus sum vobis, spiritus et vita sunt.
Jn. VI, 64.
(6) Beati qui audiunt verbum Dei et custodiunt illud. Le.
li, 28.
(7) Exi a me, guia homo peccator sum, Domine. Le. V, 8.
(8) Nolite timere. Le. V, 10.
(9) Non enim veni vocare justos sed peccatores. Me. II, 17.
(10) Si credere potes, omnia possibilia sunt credenti. Me.
IX, 23.
(11) Credo, Domine; adjuva incredulitatem meam. Me. IX,
23
( 12) Modicae fidei, quare dubitasti? Mt. XIV, 31.
( 13) Spes autem non confundit. Rom. V, 5.
81
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
Capítulo II
( 1) Est enim fiducia spes roborata ex aliqua fmna opinione.
S. Th., lia. 1/ae., q. 129, art. 6, ad 3.
(2) ln verba tua supersperavi. Sal. CXVIII, 147.
(3) Saint-Jure: De la connaissance et de l'amour de J.C., t.
III, p. 3.
(4) Dominus illuminatio mea et salus mea; quem timebo?
Dominus protector vitae meae; a quo trepidabo? Sal.
XXVI, 1.
(5) !taque quatenus fides est causa et radix hujus fiduciae,
potest accipi fides pro fiducia causaliter, ut quando S.
Jacobus ait: Postu/et in fide nihil haesitans (1, 6). lbi
enim et aliis similibus locis fides aut simpliciter ponitur
pro fiducia aut intelligitur quidem fides dogmatica, sed
in quantum roborat spem. - Pesch, Praelectiones dog-
maticae, t. Vil, p. 51, nota 2.
(6) Saint-Jure: De la connaissance et de l'a~our de J.C., t.
III, p. 3.
(7) Horacio, oda 3 dei libro 111
(8) Etiamsi occiderit me, in ipso sperabo. Job. XIII, 15.
(9) Luís de Granada: 1 º. Sermón para e/ segundo domingo
después de Epifanía.
(10) Idem.
(11) Pequenos Bolandistas, t. XIV, p. 542
(12) Saint-Jure: De la connaissance et de l'amour de J.C., t.
III, p. 3.
( 13) Vanum est vobis ante lucem surgere. Sal. CXXVI, 2.
( 14) Sine me nihil potestis facere. ln. XV, 5.
82
NOTAS
( 15) Sufficientia nostra ex Deo est. II Cor. III, 5.
(16) P. Xavier de Franciosi: L'Espirit de Saint lgnace, p. 5.
(17) Saint-Jure: De la connaissance et de l'amour de J.C., t.
IIL p. 4.
(18) Gaudete in Domino semper: iterum dico, gaudete...
Dominus prope est~ Fip. IV, 4 y 5.
(19) lrma Benigna Consolata Ferrero, págs. 95 y 96. Tip.
Rondil, Lyon. - Esta vida apareció en 1920, cone/ im-
primatur dei Arzobispo y las declaraciones prescritas por
los decretos de Urbano VIII
Capítulo III
(1) Ideo dico vobis, ne solliciti sitis animae vestrae quid
manducetis, neque corpori vestro quid induamini. Nonne
anima plus est quam esca, et corpus plus quam vesti-
mentum?
Respicite volatilia caeli, quoniam non serunt, neque
metunt, neque congregant in horrea, et Pater vester
caelestis pascit ilia. Nonne vos magis pluris estis illis?
Et de vestimento quid solliciti estis? Considerate lilia
agri quomodo crescunt: non laborant neque nent. Dico
autem vobis quoniam nec Salomon in omni gloria sua
coopertus est sicut unum ex istis. Si autem faenum agri,
quod hodie est et eras in clibanum mittitur, Deus sic
vestit: quanto magis vos, modicae fidei!
Nolite ergo solliciti esse, dicentes: Quid manducabi-
mus, aut quid bibemus, aut quo operiemur? Haec enim
83
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
omnia gentes inquirunt. Scit enim Pater vester quia his
omnibus indigetis.
Quaerite ergo primum regnum Dei et justitiam ejus,
et haec, omnia adjicientur vobis. Mt. VI, 25-26 y 28-33.
(2) Prov. XXXI, 10-28.
(3) Pequenos Bolandistas, t. VIII, 18 de julio.
(4) Nunquid poterit Deus parare mensam in deserto?...
Numquid et panem poterit dare aut mensam parare
populo suo? Et ignis accensus, est in Jacob, et ira as-
cendit in Israel, quia non c,ediderunt in Deo, nec spe-
raverunt in salutari ejus. Sal. LXXVII, 19-22.
(5) Lc. XVII, 21.
(6) Jacta super Dominum curam tuam, et ipse te enutriet.
Sal. LIV, 23
(7) Dominus regit me, et nihil deerit. Sal. XXII, 1.
(8) Mendicitatem et divitias ne dederis mihi: tribue tantum
victui meo necessaria: ne forte satiatus illiciar ad ne-
gandum, et dicam: Quis est Dominus? aut egestate com-
pulsus furer, et perjurem nomen Dei mei. Prov. XXX 8
y 9.
Capítulo IV
( 1) Si quis peccaverit, advocatum habemus apud Patrem,
Jesum Christum justum. I Jn. II, 1.
(2) Qui sine peccato est vestrum, primus in illam lapidem
mittat. Jn. VIII, 7.
(3) Et remansit solus Jesus, et mulier in medio stans.
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NOTAS
Erigens autem se Jesus, dixit ei: Mu/ier, ubi sunt qui te
accusabant? Nemo te condemnavit?
Quae dixit: Nemo, Domine. Dixit autem Jesus: Nec
ego te condemnabo: vade, et jam amplius no/i peccare.
Jn. VIII, 9-11.
(4) Major est iniquitas mea quam ut veniam merear. Gén.
IV, 13.
(5) Is. L/11, 7.
(6) Amice, ad quid venisti? Mt. XXVI, 50. - Juda, osculo
Filium hominis tradis? Lc. XXII, 48.
(7) Pater, dimitte illis: non enim sciunt quid faciunt. Lc.
XXII!, 34.
Capítulo V
(1) Les vrais entretiens spirituels. Ed de Annecy, t. VI, p.30.
(2) Cf. Act. IV, 11.
(3) Admirabilis ... Deus fortis ... Princeps pacis. /s. IX, 6.
(4) Filius datus est no bis. Is. IX, 6.
(5) Deus dilexit mundum ut Filium suum unigenitum daret.
Sic enim. Jn. III, 16.
(6) Domine, salva nos, perimus. Mt. VIII, ·25.
(7) Miserere nostri, ftli David. Mt. IX, 27.
(8) Lc. XVII, 13-14.
(9) Quid est facilius dicere paralytico : Dimittuntur tibi
peccata, an dicere: Surge, tolle grabatum tuum, et am-
bula? Ut autem sciatis quia Filius hominis habet potes-
tatem in terra dimittendi peccata (ait paralytico): Tibi
8.5
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
dico, surge, tolle grabatum tuum et vade in domum
tuam. Me. II, 9-11.
(10) Misere0; sup~r turbam. Me. VIIL 2.
(11) Noli flere. Le. VIL 13.
(12) O mulier, magna est fides tua. Fiat tibi sicut vis. Mt.
XV, 28.
(13) 1 Jn. IV, 16.
Capítulo VI
(1) Benedictus vir qui confidit in Domino. ler. XVIL 7.
(2) Numquid quia non erat Deus in Israel, mittis ut consu-
latur Beelzebub deus Accaron? Idcirco de lectulo super
quem ascendisti non descendes, sed morte morieris. IV
Re. 1, 6.
(3) Nolite amittere confidentiam vestram, quae magnam
habet remunerationem. Heb. X, 35.
(4) Quoniam in me speravit liberabo eum: protegam eum
quoniam cognovit nomen meum. Clamabit ad me et
ego exaudiam eum; cum ipso sum in tribulatione, eri-
piam eum et glorificabo eum. Sal. X C, 14 y 15.
(5) Quoniam... Altissimum posuisti refugium tuum, non
accedet ad te malum et flagellum non appropinquabit
tabemaculo tuo. Quoniam Angelis suis mandavit de te,
ne forte offendas ad lapidem pedem tuum. Super aspi-
dem et basiliscum ambulabis, et conculcabis leonem et
draconem. Sal. X C, 9-15.
(6) I~itium omnis peccati est superbia. Eelo. X, 15.
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EL LIBRO DE LA CONFIANZA
dico, surge, tolle grabatum tuum et vade in domum
tuam. Me. IL 9-11.
(10) Misere0; sup~r turbam. Me. VI/L 2.
(11) Noli flere. Le. VIL 13.
(12) O mulier, magna est fides tua. Fiat tibi sicut vis. Mt.
XV, 28.
(13) / ln. IV, 16.
Capítulo VI
(1) Benedictus vir qui confidit in Domino. ler. XVIL 7.
(2) Numquid quia non erat Deus in Israel, mittis ut consu-
latur Beelzebub deus Accaron? Idcirco de lectulo super
quem ascendisti non descendes, sed morte morieris. IV
Re. 1, 6.
(3) Nolite amittere confidentiam vestram, quae magoam
habet remunerationem. Heb. X 35.
(4) Quoniam in me speravit liberabo eum: protegam eum
quoniam cognovit nomen meum. Clamabit ad me et
ego exaudiam eum; cum ipso sum in tribulatione, eri-
piam eum et glorificabo eum. Sal. XC, 14 y 15.
(5) Quoniam ... Altissimum posuisti refugium tuum, non
accedet ad te malum et flagellum non appropinquabit
tabemaculo tuo. Quoniam Angelis suis mandavit de te,
ne forte offendas ad lapidem pedem tuum. Super aspi-
dem et basiliscum ambulabis, et conculcabis leonem et
draconem. Sal. X C, 9-15.
(6) Initium omnis peccati est superbia. Eelo. X 15.
86
NOTAS
(7) Ante ruinam exaltatur spiritus. Prov. XVI, 18.
(8) Qui confidunt in Domino, sicut moos Sion. Sal. CXXIV,
1.
(9) Dedisti laetitiam in corde meo. Sal. IV, 8.
(10) ln pace in idipsum dormiam et requiescam, quoniam
tu, Domine, singulariter in spe constituisti me. Sal. Jv,
9.
( 11) Salvos facit sperantes in se. Sal. XVI, 7.
(12) Benedictus vir qui confidit in Domino, et erit Dominus
fiducia ejus. Et erit quasi lignum quod transplantatur
super aguas, quod ad humorem mittit radices suas, et
non timebit cum venerit aestus. Et erit folium ejus viride,
et tempore siccitatis non erit sollicitum, nec aliquando
desinet facere fructum. Jer. XVII, 7 y 8.
( 13) Maledictus homo qui confidit in homine, et ponit carne
brachium suum, et a Domino recedit cor ejus. Erit
enim quasi myricae in deserto... habitabit in siccitate in
deserto, in terra salsuginis et inhabitabili. ler. XVII, 5 y 6.
(14) Quaecumque petieritis in oratione credentes, accipietis.
Mt. XXI, 22.
( 15) Postulet autem in fide, nihil haesitans. Qui enim haesitat,
similis est fluctui maris, qui a vento movetur et circum-
fertur. Non ergo aestimet homo ille, quod accipiat ali-
quid a Domino. Sant. /, 6 y 7.
( 16) Omnia quaecumque orantes petitis, credite quia acci-
pietis, et evenient vobis. Me. XI, 24. ·
( 17) Haec haesitatio non quidam tollit, sed minuit efficaciam
orationis, Christianus Pesch: Praelectiones dogmaticae,
t. IX, p. 166.
87
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
(18) Oh hanc perfectionem fiduciae interdum dat Deus bo-
num, quod alias non daret, guia non erat ita necessa-
rium, vel non habebat alias conditiones, propter quas
ex vi solius promissionis illud dare teneretur. Pesch,
loco citato.
( 19) !taque singularis fiducia impetrandi aliquam particula-
rem rem desideratam est quasi promissio specialis Dei
circa bane rem. ·Pesch, loco citato.
(20) Oratio efficaciam merendi habet a charitate, at vero
efficaciam impetrandi a fide et fiducia. S. Tom., Quaest.
LXXXIII, art. 15, ad 3.
(21) Vita Patrum lib. VL
(22) Saint-Jure: De la connaissance et de l'amour de J.C., t.
111, p. 27.
(23) Sauvé, Jésus intime, t. 11, p. 428.
(24) Irma Benigna Consolata Ferrero. Cf nota 19 dei cap.
II
(25) Saint-Jure: De la connaissance et de l'amour de J.C., t.
111, p. 6.
(26) Dices: Ego speravi, et sum pudore affectus. Bona verba,
quaeso, o homo! Ne divinae Scripturae obloquaris. Nam
si pudore affectus es, ideo affectus es, quod non, ut
oportuit, speraveris, ex eo quod cesseris, ex eo quod
finem non expectaveris, pusillo et angusto animo fueris.
Hoc enim vel maxime et sperare, quando in media
mala est pericula fueris conjectus, tunc erigi. San Juan
Crisóstomo, ln Psalm., CXVII.
88
lodice
CAPITULO I - ,Confianza!
Nuestro Sefior Jesucristo nos convida a la confianza. . 7
Muchas almas tienen miedo de Dios . . . . . . . . . . . . . . . . 8
A otras almas les falta la fe . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1O
Esta desconfianza de Dios nos es muy perjudicial . . . . 11
Objetivo y división de este trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14
CAPITULO II - Naturaleza y cualidades de la
confianza
La confianza es una firme esperanza . . . . . . . . . . . . . . . . 15
Elia es fortalecida por la fe . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
• 1 -
16
La Confianza es inquebrantable . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18
No cuenta sino con Dios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
Se regocija incluso con la privación de socorros
humanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24
CAPITULO III - La confianza en Dios y las
necesidades temporales
Dios provee nuestras necesidades temporales . . . . . . . . 29
El lo hace según la situación de cada uno . . . . . . . . . . . . 32
No debemos inquietamos con el futuro . . . . . . . . . . . . . 35
89
EL LIBRO DE LA CONFIANZA
Procurar siempre en primer lugar el reino de Dios y su
· · · .. ........ .. ................ . ........... . 39
Just1c1a
Rezar por las necesidades temporales . . . . . . . . . . . . . . . 41
CAPITULO IV - La confianza en Dios y nuestras
necesidades espirituales
La misericordia de Nuestro Sefíor con los pecadores 43
La gracia puede santificamos en un instante . . . . . . . . . 47
Dios nos concede todos los socorros necesarios para
la santificación y la salvación de nuestra alma . . . . . 49
La vista dei crucifijo debe reanimamos la confianza . . 54
CAPITULO V - Razones de confianza en Dios
La Encamación dei Verbo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57
El poder de Nuestro Seíior . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60
Su bondad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64
CAPITULO VI - Frutos de la confianza
La confianza glorifica a Dios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 69
Atrae sobre las almas favores excepcionales . . . . . . . . . 71
La oración confiante obtiene todo . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74
Ejemplo de los santos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 76
Conclusión del Trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 78
NOTAS .................................. . .... ~ . . 81
90