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Concepción del Mundo y Filosofía 2023

Este documento presenta una discusión sobre las diferentes concepciones filosóficas del mundo. Explora las ideas de materialismo e idealismo, y cómo filósofos han intentado explicar la relación entre la materia y el espíritu. También examina la cuestión fundamental de la filosofía sobre si la materia o el espíritu es primordial, y cómo esto ha llevado a dos respuestas posibles: una científica y otra no científica.
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Concepción del Mundo y Filosofía 2023

Este documento presenta una discusión sobre las diferentes concepciones filosóficas del mundo. Explora las ideas de materialismo e idealismo, y cómo filósofos han intentado explicar la relación entre la materia y el espíritu. También examina la cuestión fundamental de la filosofía sobre si la materia o el espíritu es primordial, y cómo esto ha llevado a dos respuestas posibles: una científica y otra no científica.
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BIBLIOGRAFIA GUÍA 7 MARCO FILO- 2023

MATERIAL PARA LECTURA.

SUPROBLEMATICA
MARCO FILOSÓFICO CONCEPTUAL DEL SER HUMANO
GUÍA. 7

TEMA: CONCEPCIÓN DEL MUNDO.

Conjunto de principios, opiniones y convicciones que determinan la línea de actividad y de actitud


que hacia la realidad mantiene un individuo, grupo social, clase o la sociedad en su conjunto. La [Link]
m. se compone de elementos pertenecientes a todas las formas de la conciencia social; desempeñan
un gran papel en ella los criterios filosóficos, científicos, políticos, morales y estéticos. Al incorporarse
al sistema de la C. del m., los conocimientos científicos sirven a la orientación práctica directa del
individuo o el grupo en la realidad social y natural circundante. Los principios y formas morales
regulan las interrelaciones y la conducta de los individuos y, conjuntamente con los juicios estéticos
determinan la actitud hacia el medio ambiente y hacia las formas de actividad, sus fines y resultados.
Las opiniones y convicciones filosóficas constituyen el fundamento de todo el sistema de la C. del m.,
pues precisamente la filosofía racionaliza teóricamente los datos conjuntos de la ciencia y la práctica
expresándolos en forma de un cuadro de la realidad más objetivo e históricamente definido. El
problema fundamental de la C. del m. es el problema fundamental de la filosofía.

En dependencia de su solución se distinguen dos tipos principales de C del m.: materialista e idealista.
La C. del m. refleja el ser social. En la sociedad dividida en clases, la C. del m. reviste un carácter
clasista; la dominante es de ordinario la C. del m. de la clase dominante. En la sociedad socialista
desarrollada, la C. del m. conserva su naturaleza clasista en virtud de que sigue librándose la lucha de
clases en el ámbito internacional, pero la C. del m. de la clase obrera que en este caso pasa ser la de
toda la sociedad, y su base científico-teórica y político-ideológica es el marxismo-leninismo. En el
contexto del socialismo, la formación consiente y perseverante de la C. del m. comunista constituye
una de las tereas fundamentales de la actividad del partido comunista y del estado. Los ideólogos
burgueses y los revisionistas afirman que el régimen social comunista conduce a la unificación
completa de la C. del m. pero la dominación de la C. del m. comunista en las condiciones del
socialismo no significa sino el hecho de que todos los miembros de la sociedad aceptan la ideología
científica marxista-leninista. Dada la unidad incondicional de la base ideológica, la C. del m. de las
personas en la sociedad presupone y realiza la riqueza de las diferencias individuales en sus
componentes particulares, pero cuando la C. del m. de un individuo por separado, en la que
encuentra expresión su experiencia vital específica, no constituye una proyección unívocamente
determinada de la C. del m. de la sociedad. Para la caracterización cualitativa de la C. del m. es
esencial que existan en ella no solo los conocimientos, sino también las convicciones.

Las convicciones que se forman sobre la base de los conocimientos, constituyen precisamente la
fuente de la actividad del individuo, el grupo o la clase. Este hecho explica la significación fundamental
que en la sociedad socialista se atribuye a la transformación de los principios de la C. del m. marxista-
leninista en convicciones durante el proceso de educación comunista del individuo.
TOMADO DE: Razinkov, O. (1984). Diccionario de filosofía. [Link]. URSS.

Dos concepciones para explicar el mundo

YA HEMOS VISTO que la filosofía entraña el ―estudio de los problemas más generales‖ y que tiene
por objeto explicar el mundo, la naturaleza, el hombre.

Si ojeamos un manual de filosofía burguesa quedamos atónitos ante la gran cantidad de filosofías
diferentes que se encuentran allí. Son diferenciadas por múltiples palabras más o menos complicadas
que terminan en ―ismo‖: criticismo, evolucionismo, intelectualismo, etcétera, cantidad tal que crea
gran confusión. La burguesía, por otra parte, no ha hecho nada para aclarar y diferenciar el porqué,
sino muy al contrario; pero nosotros podemos agrupar y separar estos razonamientos en dos grandes
corrientes, en dos concepciones absolutamente opuestas:

a. La concepción científica.
b. La concepción no-científica del mundo.

III. La Materia y el Espíritu

CUANDO LOS FILÓSOFOS se han decidido a explicar las cosas del mundo, de la naturaleza, del
hombre; en fin, de todo cuanto nos rodea, se han visto forzados a hacer distinciones. Nosotros
mismos constatamos que existen cosas, objetos que son materiales, que podemos ver y tocar. Pero
también hay otras que no vemos y que no podemos tocar, ni medir, como nuestras ideas.

De ahí que clasifiquemos las cosas de este modo: por una parte, por ejemplo, las que son materiales;
por otra las que no son materiales y que son propias del dominio del espíritu, del pensamiento, de
las ideas. De suerte que es así como los filósofos se han hallado en presencia de la materia y del
espíritu.

IV. ¿Qué es la Materia, qué es el Espíritu?

ACABAMOS DE VER, de una manera general, que las cosas han llegado a clasificarse como materia o
espíritu.
Sin embargo, debemos indicar con justeza que ese distingo se hace en distintas formas y con distintas
palabras.
Es así como, en vez de hablar del espíritu, hablamos del pensamiento, de nuestras propias ideas, de
nuestra conciencia, de nuestra alma, exactamente igual que, hablando de la naturaleza, o del mundo,
o de la tierra, o del ser, nos referimos a la materia.
Engels, en su obra Ludwing Feuerbach, se refiere al ser y al pensamiento. El ser es la materia; el
pensamiento es el espíritu.

Para precisar lo que es el pensamiento o el espíritu y el ser o la materia, diremos:

El pensamiento es la concepción que nos formamos de la cosas; determinadas ideas surgen


generalmente de nuestras sensaciones y pertenecen a objetos materiales; otras ideas, como las de
Dios, de la filosofía, del infinito, del pensamiento mismo, no pertenecen a objetos materiales. Sin
embargo, lo que debemos situar aquí como esencial es que tenemos ideas, pensamientos y
sentimientos, porque vemos y sentimos. Ciertamente, la materia o el ser es lo que nuestras
sensaciones y nuestras percepciones nos muestran y nos dan; es, dicho de una manera general, todo
lo que nos rodea, lo que se denomina el ―MUNDO EXTERIOR―‖. Por ejemplo: mi hoja de papel es
blanca. El conocimiento o el saber que es blanca, ya es una idea, y son mis sentidos los que me dan
esta idea. En cuanto a la materia es la hoja misma.

De ahí que cuando los filósofos se refieren a las relaciones entre el ser y el pensamiento, o entre el
espíritu y la materia, o entre la conciencia y el cerebro, etcétera, todo esto es exactamente lo mismo
y quiere decir: ¿cuál es, entre la materia o el espíritu, entre el ser o el pensamiento, el más
importante, el que en definitiva domina, en fin, el que surgió primero? Seguramente es lo que se
llama

V. La cuestión o el problema fundamental de la Filosofía

SEGURO QUE CADA UNO de nosotros se ha preguntado: ¿En que nos convertimos después de la
muerte? ¿De dónde proviene el mundo? ¿Cómo se ha formado la Tierra? Y, no obstante, no es difícil
admitir que siempre ha existido algo. Se tiene la inclinación a pensar que en determinado momento
no había nada. De ahí que sea más fácil creer lo que afirma la religión: ―El espíritu planeaba por
encima de las tinieblas...después fue la materia. He aquí, pues, que del mismo modo uno se pregunta
dónde se encuentran nuestros pensamientos y he aquí planteado también el problema de las
relaciones que existen entre el espíritu y la materia, entre el cerebro y el pensamiento. También por
otra parte, hay muchas otras formas de plantear la cuestión. Por ejemplo: ¿cuáles son las relaciones
que hay entre la voluntad y el poder? Aquí la voluntad es el espíritu, el pensamiento, y el poder es
aquello que es posible, el ser, la materia. Y, en efecto, también tenemos la cuestión de las relaciones
entre la ―existencia social― y la ―conciencia social―.

Aquí hallamos, por tanto, que la cuestión fundamental de la filosofía se manifiesta bajo diferentes
aspectos y se nota muy bien qué importante es reconocer siempre la forma como se plantea esa
cuestión de las relaciones entre la materia y el espíritu, porque sabemos que sólo puede haber allí
dos respuestas para la cuestión:

1. Una respuesta científica.


2. Una respuesta no-científica.
VI. Idealismo o Materialismo
ES ASÍ, en efecto, como los filósofos se han visto precisados a tomar una posición en esta
trascendente cuestión

. Como ya hemos dicho, los primeros hombres, absolutamente ignorantes, por no poseer ningún
conocimiento del mundo y de ellos mismos, achacaban a seres sobrenaturales la responsabilidad de
cuanto les impresionaba. En su torpe imaginación excitada por los sueños, donde creían ver vivir a
sus amigos y a ellos mismos, llegaron a la conclusión de que cada uno de nosotros tiene una doble
existencia. Obnubilados por la idea de ese “doble”, llegaron a creer que sus pensamientos y sus
sensaciones ―no eran funciones de su cuerpo, sino de un alma especial, que moraba en ese cuerpo
y lo abandonaba al morir1.

1
ENGELS: Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. En C. Marx, F. Engels, Obras Escogidas
en dos tomos. Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, ed. Esp. T. II, p. 343. 18
Posteriormente surgió la idea de la inmortalidad del alma y la creencia de una vida posible del espíritu
fuera de la materia.

En efecto, los hombres necesitaron muchos siglos para llegar a descifrar el problema de esa manera.
Empero, sólo desde la filosofía griega (y, en particular, desde Platón, hace ya alrededor de veinticinco
siglos), han llegado a oponer abiertamente la materia y el pensamiento.

Hacía mucho tiempo, sin duda, que mantenían la suposición de que el hombre continuaba viviendo
después de la muerte en forma de ‘alma”, pero se imaginaban a esta alma como una especie de
cuerpo transparente, ligero y no en forma de pensamiento puro.

Por la misma causa, creían en dioses, seres más poderosos que los hombres, pero los suponían en
forma de hombres o de animales, es decir, como cuerpos materiales. Fue más tarde, cuando las almas
y los dioses (después el Dios único que ha reemplazado a los dioses) los concibieron como puros
espíritus.

Y así fue como se llegó entonces a imaginar que hay en la realidad espíritus que tienen una vida
absolutamente específica, totalmente independiente de la de los cuerpos, y que no necesitan
cuerpos para existir.

Andando el tiempo, esta cuestión se planteó de una forma más precisa con respecto a la religión, de
esta manera:

¿El mundo fue creado por Dios, o existe desde toda una eternidad? Los filósofos se dividían en dos
grandes campos, según la contestación que diesen a esta pregunta2

Aquellos que, adoptando la explicación no-científica, admitían la creación del mundo por Dios,
afirmaban que el espíritu había sido el creador de la materia, formaban en el campo del idealismo.

Los otros, aquellos que trataban de dar una explicación científica, del mundo y creían que la
naturaleza, o sea la materia, era el elemento principal, pertenecían a las diferentes escuelas del
materialismo.

Originalmente, esas dos manifestaciones, idealismo y materialismo, no significaban más que eso.

En consecuencia el idealismo y el materialismo son, pues, en realidad, dos respuestas


diametralmente opuestas y contradictorias a la cuestión fundamental de la filosofía.

Por tanto, el idealismo es la concepción no científica; mientras que el materialismo es la concepción


científica del mundo.

Más adelante se verán las pruebas de esta afirmación, pero podemos afirmar, desde ahora, que se
comprueba bien en la experiencia que existen cuerpos sin pensamiento, tales como las piedras o los
metales y la tierra, pero que, sin embargo, no se descubre nunca la existencia del espíritu sin cuerpo.

2
F. ENGELS: Op. p. 344
Como fin de este capítulo, y llegando a una conclusión sin equívoco, vemos que las respuestas a esta
cuestión: ¿por qué piensa el hombre? sólo pueden ser dos, del todo diferentes y totalmente
opuestas:

1. El hombre piensa porque tiene alma.


2. El hombre piensa porque tiene cerebro.
Según nos decidamos por una u otra respuesta ofreceremos soluciones distintas a los problemas que
derivan de estas cuestiones.
La cuestión consiste en saber si el cerebro ha sido creado por el pensamiento o si el pensamiento es
un producto del cerebro.

De acuerdo con nuestra respuesta, seremos idealistas o materialistas.

CAPÍTULO II

EL IDEALISMO

I. El idealismo Moral y el Idealismo Filosófico

YA HEMOS VISTO la confusión creada por el lenguaje corriente respecto del materialismo. En igual
confusión se incurre a propósito del idealismo.

Por tanto, no hay que confundir, en efecto, el idealismo moral con el idealismo filosófico.

Idealismo moral

EL IDEALISMO moral consiste en consagrarse a una causa, a un ideal. Consecuentemente, por la


historia del movimiento obrero internacional, sabemos cuántos revolucionarios marxistas se han
entregado hasta el sacrificio de su vida por un ideal moral y, no obstante, eran adversarios de ese
otro idealismo que se denomina idealismo filosófico.

Idealismo filosófico

EL IDEALISMO filosófico es una doctrina fundamentada en la explicación de la materia por el espíritu.

El razonamiento es, en efecto, el que responde a la cuestión fundamental de la filosofía diciendo:


―El pensamiento es el elemento principal, el más importante, es decir, el primero. Y el idealismo,
afirmando la importancia primera del pensamiento, mantiene la idea de que es él el que produce el
ser, o dicho de otro modo: ―el espíritu es el que crea la materia.

He aquí, pues, la primera forma del idealismo, que se ha desarrollado en las religiones asegurando
que Dios, ―espíritu puro, fue el creador de la materia.

La religión, que ha pretendido y pretende todavía mantenerse al margen de las controversias


filosóficas es, por el contrario, la representación directa y lógica de la filosofía idealista.

En efecto, como la ciencia cuestionó en el transcurso de los siglos, hubo necesidad de explicar la
materia, el mundo, y todas las cosas, de otro modo que por Dios únicamente. He aquí que desde el
siglo XVI, la ciencia empieza a explicar los fenómenos de la naturaleza sin tomar en cuenta a Dios y
haciendo caso omiso de la hipótesis de la creación.
Para combatir mejor estas explicaciones científicas, materialistas y ateas, era necesario llevar más
adelante el idealismo e inclusive negar la existencia de la materia.

En eso se ocupó a principios del siglo XVIII, el obispo inglés Berkeley, a quien se ha llamado el padre
del idealismo.

II. ¿Por qué debemos estudiar el Idealismo de Berkeley?

EL PROPÓSITO de su sistema filosófico era aniquilar el materialismo, querer demostrarnos que la


substancia material no existe. En el prefacio de su libro Diálogos entre Hylas y Filonus, escribe:

―Si los principios que aquí intento propagar se admiten como verdaderos, las consecuencias que
según creo se derivarán inmediatamente de ellos son: que el ateísmo y el escepticismo serán
totalmente vencidos, que muchos puntos intrincados se harán claros, grandes dificultades se
resolverán, partes inútiles de la ciencia serán eliminadas, la especulación, se relacionará con la
práctica y los hombres se apartarán de las paradojas a favor del sentido común.3

De ahí, pues, que para Berkeley, lo único verdadero estriba en que la materia no existe y que resulta
paradójico sostener lo contrario.

Ahora vamos a ver cómo se las compone para demostrarlo. Pero creo que no es por demás insistir
en que aquellos que quieran estudiar la filosofía tomen la teoría de Berkeley en gran consideración.

No se me oculta que pretender tales cosas hará sonreír a algunos, mas no hay que olvidar que
vivimos en el siglo XX y nos beneficiamos con todos los estudios del pasado. Se comprobará, por otra
parte, cuando estudiemos el materialismo y su historia, que los filósofos materialistas de tiempos
pasados también harán sonreír.

Pero hay que tener presente, que Diderot, que fue antes que Marx y Engels el más connotado entre
los grandes pensadores materialistas, atribuía al sistema de Berkeley cierta importancia, puesto que
lo describe como un

... sistema para vergüenza del espíritu humano, para vergüenza de la filosofía, es el más
difícil de combatir, aunque el más absurdo de todos4 (Cita de Lenin en Materialismo y
Empiriocriticismo, p. 23).

El mismo Lenin, en su libro, consagró numerosas páginas a la filosofía de Berkeley:


―...‘novísimos‘machistas no han aducido contra los materialistas ni un solo argumento, literalmente
ni uno solo, que no se pueda encontrar en el obispo Berkeley

Y he aquí la apreciación del inmaterialismo de Berkeley en un manual de historia de la filosofía


difundido aún en los liceos:

3
J. BERKELEY: Tres diálogos entre Hyllas y Filonus. Ed. Espasa-Calpe Argentina, S.A. 1952, p. 9.
4
Cartas sobre los ciegos. Ouvres Complétes de Diderot. Edit. Assézat et Tourneaux. París, 1875. Vol. I, p. 304.
―Teoría aún imperfecta, sin duda, pero admirable y que debe desterrar para siempre, en los
espíritus filosóficos, la creencia en la existencia de una substancia material5

Es decir, la importancia de ese razonamiento filosófico.

III. El Idealismo de Berkeley

LA FINALIDAD de ese sistema estriba en demostrar que la materia no existe. Berkeley decía:

―La materia no es lo que creemos, pensando que existe fuera de nuestro espíritu.
Pensamos que las cosas existen porque las vemos, porque las tocamos; y como ellas nos
ofrecen esas sensaciones, creemos en su existencia. Pero nuestras sensaciones no son
más que ideas que tenemos en nuestro espíritu. Así, pues, los objetos que percibimos
por nuestros sentidos no pueden existir fuera de nuestros espíritus6

Según Berkeley, las cosas existen. El no niega su naturaleza y su existencia, pero para él sólo existen
en forma de sensaciones que nos las dan a conocer, y dice:

... nuestras sensaciones y los objetos no son más que una sola y misma cosa.

Es cierto, las cosas existen; pero en nosotros, en nuestro espíritu y no tiene ninguna sustancia fuera
del espíritu.

Nos damos cuenta de las cosas con ayuda de la vista; las percibimos con ayuda del tacto; el olfato
nos comunica con el olor; el sabor, nos informa sobre el gusto; el oído, sobre los sonidos. Estas
diversas sensaciones nos ofrecen ideas que coordinadas unas con otras, hacen que nosotros les
demos un nombre común y las consideremos como objetos.

―Se ve, o se observa, por ejemplo, un color, un gusto, un olor, una forma, una
consistencia determinados... se reconoce este conjunto como un objeto que se designa
con la palabra manzana. Otras combinaciones de sensaciones, otras colecciones de
ideas, constituyen lo que se llama la piedra, el árbol, el libro y los otros objetos
sensibles‖.7

En efecto, somos víctimas de ilusiones, cuando creemos conocer como exteriores el mundo y las
cosas, puesto que todo eso no existe más que en nuestro espíritu.

En su libro Diálogos entre Hylas y Filonus, Berkeley nos demuestra esta tesis de la manera siguiente:

―Fil.-¿Puede ser verdadera una doctrina cuando nos hace caer en el absurdo?

Hil.- Sin duda alguna puede serlo.

Fil.- ¿Y no es absurdo pensar que la misma cosa sea a la vez caliente y fría?

5
V. I. LENIN: Materialismo y Empiriocriticismo, en Lenguas Extranjeras. Moscú, 1981, p. 26
6
6 A. PENJOU: Compendio de historia de la Filosofía. Lib. Paul Delaplace. pp. 320-321.
7
V. I. LENIN. Op. cit., p. 9.
Hil.- Sí lo es.

Fil.- Suponte que una de las manos está caliente y la otra fría y que las dos se sumergen a la vez en
la misma vasija de agua en un estado intermedio de temperatura: ¿no parecerá el agua caliente para
una mano y fría para la otra?‖

Pues como es absurdo creer que una misma cosa en el mismo instante pueda ser en sí misma distinta,
debemos llegar a la conclusión de que esta cosa no existe más que en nuestro espíritu.

¿Qué hace Berkeley en su método de razonamientos y de controversia? Despoja los objetos, las
cosas, de todas sus propiedades:

¿Decís que los objetos existen porque tienen un color, un sabor, un olor, porque son grandes o
pequeños o pesados?

Voy a demostrar que nada de eso existe en los objetos sino en nuestro espíritu.

He aquí, pues, un pedazo de tejido: me decís que es rojo ¿Será así con seguridad? Creéis que el color
rojo está en el tejido mismo. ¿Es cierto?

Sabéis que existen animales que tienen ojos distintos de los nuestros y, sin embargo, no verán este
tejido; de la misma manera, un hombre que padezca ictericia ¡lo verá amarillo! Entonces, ¿de qué
color es? Decís entonces que eso depende. Si es así el rojo no está, pues, es el tejido, sino en el ojo,
es decir, en nosotros. ¿Decís que este tejido es liviano?

Dejadlo caer sobre una hormiga y ésta lo encontrará pesado. ¿Quién posee la razón, pues? ¿Pensáis
que es caliente? Si estuvieseis atacados por la fiebre, ¡lo encontraríais frío! En consecuencia, ¿es
caliente o es frío?8

En una palabra, si las mismas cosas pueden ser en el mismo momento para unos rojos, pesados,
calientes, y para otros absolutamente lo contrario, es que somos víctimas de ilusiones y, por tanto,
las cosas únicamente existen en nuestro espíritu.

Quitándole a los objetos todas sus propiedades, llegamos a concluir que no existen más que en
nuestro pensamiento, es decir, que la materia es sólo la idea.

Ya antes que Berkeley, los filósofos griegos afirmaban, y era cierto, que algunas cualidades, tales
como el sabor o el sonido, no se hallaban en las cosas mismas, sino en nosotros.

Pero lo que hay de nuevo en la teoría de Berkeley es precisamente que dilata esta observación hacia
todas las cualidades de las cosas.

Cierto que los filósofos griegos habían establecido, entre las cualidades de los objetos, la distinción
siguiente:

Por una, parte las cualidades primarias, es decir, las que se hallan en las cosas, como el tamaño, el
peso, la resistencia, etcétera. Y por otra parte las cualidades secundarias, es decir, las que se hallan

8
J. BERKELEY: Op. cit., p. 24 26
en nosotros, tales como el olor, el sabor, el calor, etcétera. Berkeley adjudica a las cualidades
primarias la misma tesis que a las secundarias, o sea, que las cualidades, las propiedades, no están
en los objetos, sino en nosotros.

Si miramos al Sol, lo vemos redondo, plano, rojo. Pero, sin embargo, la ciencia nos demuestra que
nos engañamos, que el Sol no es plano, no es rojo. Por tanto, haremos abstracción, pues, por la
ciencia, de algunas falsas cualidades que atribuimos al Sol, pero sin sacar, por ello, la ¡conclusión de
que no existe! Sin embargo, Berkeley llega a esa conclusión.

Berkeley está en lo cierto demostrando que la distinción de los antiguos no resistía el análisis
científico, pero cae de lleno en una falta de razonamiento, en un sofisma, al sacar de esas
observaciones consecuencias que no admiten la realidad material.

En efecto, demuestra que las cualidades de los objetos no son tales como las aprecian nuestros
sentidos, es decir, que nuestros sentidos nos equivocan y deforman la realidad material, y de
inmediato saca la conclusión de que ¡la realidad material, no existe!

IV. Consecuencia de los razonamientos “Idealistas”

PERO COMO LA TESIS ERA: ―Todo no existe más que en nuestro espíritu‖, tales razonamientos llegan
a hacernos creer que el mundo exterior no existe.

He aquí que siguiendo este razonamiento hasta el extremo, llegamos a decir: ―Soy el único que
existe, puesto que únicamente conozco a los demás hombres por mis ideas, puesto que los otros
hombres sólo son para mí, como todas las cosas materiales, conjuntos de ideas.‖

Es lo que en filosofía se llama el solipsismo (que quiere decir solo-yo-mismo).

Berkeley –nos informa Lenin en su libro ya citado- se defiende instintivamente contra la acusación
que se le hace de sostener tal teoría. De suerte que hasta se comprueba que el solipsismo, forma
extrema del idealismo, nunca ha sido mantenido por ningún filósofo.

Precisamente por eso debemos consagrarnos, discutiendo con los idealistas, a recalcar que los
razonamientos que niegan efectivamente la materia, precisan para ser lógicos y consecuentes, llegar
hasta este extremo absurdo que es el solipsismo.

V. Los argumentos idealistas

HASTA AQUÍ nos hemos circunscrito a resumir de la manera más simple la teoría de Berkeley, porque
es él quien ha dicho más francamente lo que es el idealismo filosófico. Cierto también que para
entender bien todos esos razonamientos, que son nuevos para nosotros, es necesariamente
indispensable, tomarlos muy en serio y realizar un esfuerzo intelectual.

Así, pues, veremos más adelante que, pese a que el idealismo se presenta de una forma más oculta,
arropado con palabras y expresiones nuevas, todas las filosofías idealistas no hacen otra cosa que
repetir los argumentos del ―viejo Berkeley (Lenin).

Y también veremos hasta qué punto ha podido infiltrarse en nosotros, a pesar de una educación
absolutamente laica, la filosofía idealista, que ha dominado y que aún domina la historia oficial de la
filosofía, aportando y trayendo consigo un método de pensamiento del cual estamos impregnados.
Mas como la base fundamental de los argumentos de todas las filosofías idealistas se hallan insertas
en los razonamientos del obispo Berkeley, para resumir este capítulo, vamos a procurar descifrar
cuáles son sus principales argumentos y qué se empeñan en demostrarnos

. 1. EL ESPÍRITU CREA LA MATERIA

SABEMOS que ésta es la respuesta idealista al problema básico de la filosofía; es decir, es la primera
forma del idealismo que se advierte en las distintas religiones en las que se afirma que el espíritu ha
creado el mundo.

Claro que esta afirmación puede tener dos sentidos:

O BIEN Dios ha creado el mundo y éste existe realmente fuera de nosotros. Y por tanto es el idealismo
ordinario de las teologías9

O BIEN Dios, ha creado la ilusión del mundo, ofreciéndonos ideas que no conciernen a nada. Este,
sin duda, es el idealismo ―inmaterialista del obispo Berkeley, el cual pretende probarnos que el
espíritu es la única realidad, en virtud de que la materia es un producto fabricado por nuestro espíritu.

De ahí precisamente, que los idealistas afirman que:

2. EL MUNDO NO EXISTE FUERA DE NUESTRO PENSAMIENTO

ESTO ES LO QUE Berkeley se empeña en demostrarnos al afirmar que cometemos un gran error si
señalamos en las cosas, como propias de ellas, cualidades y propiedades que sólo existen en nuestro
espíritu.

En definitiva, para los idealistas, los bancos y las mesas existen, sin duda, pero únicamente en nuestro
pensamiento, y no fuera de nosotros, porque:

3. SON NUESTRAS IDEAS LAS QUE CREAN LAS COSAS

DICHO DE OTRO MODO, las cosas son, pues, el reflejo de nuestro pensamiento. Cierto, puesto que
es el espíritu el que crea la ilusión de la materia, habida cuenta de que el espíritu es el que infiltra, en
nuestro pensamiento la idea de la materia, puesto que las sensaciones que experimentamos ante las
cosas no proceden de las cosas mismas, sino únicamente de nuestro pensamiento, porque la causa
de la realidad del mundo y de los objetos es nuestro pensamiento y, por tanto, todo lo que nos rodea
no existe al margen o fuera de nuestro espíritu y sólo puede ser el reflejo de nuestro pensamiento.
Pero en virtud de que, para Berkeley, nuestro espíritu sería impotente para crear por sí solo sus ideas,
y que, por otra parte, no hace lo que quiere, como sucedería si las creara por sí mismo, hay que
convenir en que otro espíritu más poderoso es el que las crea. Así Dios es el que crea nuestro espíritu
y nos asigna todas las ideas del mundo que encontramos en él.

Estas son las principales tesis sobre las cuales se apoyan las doctrinas idealistas y las respuestas que
dan al problema fundamental de la filosofía. En el capítulo siguiente veremos la réplica de la filosofía
materialista a esta cuestión y a los problemas planteados por todas estas tesis.

9
La teología es la ―ciencia‖ (!!!) que trata de Dios y de las cosas divinas.
CAPÍTULO III

EL MATERIALISMO

I. ¿Por qué debemos estudiar el materialismo?

YA HEMOS VISTO que, para contestar a este problema:

― ¿Cuáles son las relaciones entre el ser y el pensamiento?, sólo puede haber dos respuestas,
opuestas y contradictorias.

En el capítulo precedente, hemos estudiado la contestación idealista y hemos contemplado los


argumentos presentados para defender esta filosofía.

Ahora nos falta examinar la segunda contestación a este problema fundamental (problema –
repetimos- que se halla en la base de toda filosofía) y ver cuáles son los argumentos que el
materialismo presenta en su defensa. Tanto más cuanto que sabemos que el materialismo constituye
para nosotros, una filosofía de gran importancia, porque es ciertamente la filosofía del marxismo.

En consecuencia, consideramos indispensable conocer muy a fondo el materialismo. Y debemos


hacerlo, sobre todo porque las concepciones de esta filosofía son tan mal conocidas que se ha llegado
al grado de presentarlas falsificadas. Debemos hacerlo, también, porque, ya sea por nuestra
educación o por al instrucción que hemos recibido – primaria o desarrollada-; por nuestros hábitos
de vivir y de razonar, todos, sin excepción y más o menos sin darnos cuenta, estamos impregnados
de concepciones idealistas. (Por otra parte y en otros capítulos, veremos muchos ejemplos que
explican esta afirmación.) De ahí que sea una necesidad absoluta, para todos aquellos que se
proponen estudiar el marxismo y conocer su base: el materialismo.

II. ¿De dónde procede el materialismo?

YA HEMOS descrito la filosofía, de manera general, como un intento para explicar el mundo, el
universo. Pero sabemos que, de acuerdo con el estado en que se encuentran los conocimientos
humanos, sus definiciones han cambiado y que, en el transcurso de la historia de la humanidad, dos
posiciones han tratado de explicar el mundo: una anticientífica, que se apoya en uno o en diversos
espíritus superiores, en fuerzas sobrenaturales; otra, científica que se apoya en hechos y en
experiencias.

Una de esas posiciones es sostenida por los filósofos idealistas; la otra, por los materialistas.

De suerte que, por eso, desde el principio de este libro, hemos dicho que la primera idea que debía
sustentarse del materialismo, consiste en que esta filosofía representa la ―concepción científica del
universo‖.

Pues si el idealismo ha surgido de la ignorancia de los hombres – y veremos de qué manera se


mantuvo la ignorancia, sostenida en la historia de las sociedades por fuerzas que compartían las
concepciones idealistas-, el materialismo ha surgido de la lucha de las ciencias contra la ignorancia o
el oscurantismo.
De ahí que esta filosofía haya sido tan combatida y, todavía en nuestros días, en su forma moderna
(el materialismo dialéctico), es poco conocida, cuando no ignorada o negada, por el mundo
universitario oficial

. III. . ¿Cómo y por qué ha evolucionado el materialismo?

A LA INVERSA de lo que pretenden los que combaten esta filosofía, y que afirman que esta doctrina
no ha adelantado nada desde hace veinte siglos, la realidad es que la historia del materialismo,
actualmente nos muestra esta filosofía como algo vivo y siempre en movimiento evolutivo.

Con el paso de los siglos, los conocimientos científicos de los hombres han avanzado. Pues en los
comienzos de la historia del pensamiento, en la antigüedad griega, los conocimientos científicos eran
casi nulos; de suerte que los primeros sabios eran a la vez filósofos porque, en esa época, la filosofía
y las ciencias nacientes constituían un todo, ya que una era la prolongación de las otras.

Pero en el adelante, como las ciencias centraban sus precisiones en la disquisición de los fenómenos
del mundo, las cuales trataban y hasta se hallaban en contradicción con las de los filósofos idealistas,
surgió un antagonismo entre la filosofía y las ciencias.

Y como las ciencias estaban en plena contradicción con la filosofía oficial de esa época, fue necesario
que se separaran.

Por tal motivo:

―... nada es más apremiante para ellos que desprenderse del fárrago filosófico y dejar
a los filósofos las múltiples hipótesis para tomar contacto con problemas restringidos, o
sea, aquellos que están maduros para una próxima solución. Es entonces cuando se
produce esa distinción entre las ciencias... y la filosofía10

Pero el materialismo nacido con las ciencias, vinculado a ellas y dependiente de ellas ha progresado
y evolucionado con ellas; para así llegar, con el materialismo moderno –el de Marx y Engels-, a reunir
de nuevo la ciencia y la filosofía en el materialismo dialéctico.

A continuación estudiaremos esta historia y esta evolución que se hallan vinculadas a los adelantos
de la civilización; pero desde ahora constatamos, y es lo más importante de recordar, que
materialismo y las ciencias están vinculados, uno a las otras y que el materialismo depende en
absoluto de la ciencia.

Nos queda, en efecto, señalar y definir las bases del materialismo que atañen por igual a todas las
filosofías que, con distintos aspectos, provienen del materialismo.

IV. ¿Cuáles son los principios y los argumentos de los materialistas?

10
RENE MAUBLANC: La vida obrera. 25 nov. 1935
PARA CONTESTAR a esta pregunta hay que regresar a la cuestión fundamental de la filosofía, la de
las relaciones entre el ser y el pensamiento: ¿cuál de los dos es el principal?

Los materialistas afirman en primer lugar que hay una cierta relación entre el ser y el pensamiento,
entre la materia y el espíritu. Pues para ellos, el ser, la materia, es el elemento primordial, la cosa
primera, y el espíritu es la cosa secundaria posterior, dependiente de la materia.

Para los materialistas, pues, no es el espíritu o Dios quienes han creado el mundo y la materia; sino
el mundo, la materia, la naturaleza, los que han creado el espíritu:

... y el espíritu mismo no es más que el producto supremo de la materia11

Precisamente por eso, si volvemos sobre la cuestión que hemos planteado en el capítulo segundo:
¿Por qué piensa el hombre?, los materialistas contestan que el hombre piensa porque tiene cerebro
y que el pensamiento es el producto del cerebro.

Es decir, que para ellos, no puede haber pensamiento sin materia, sin cuerpo:

... y de que nuestra conciencia y nuestro pensamiento, por muy importantes y


trascendentes que parezcan son el producto de un órgano material físico: el cerebro‖.12

Por consiguiente para los materialistas, la materia, el ser, son algo absolutamente real, existente
fuera de nuestro pensamiento y, por tanto, no necesitan del pensamiento ni del espíritu para existir.
De igual manera, como el espíritu no puede existir sin materia, no existe alma inmortal e
independiente del cuerpo.

Contrariamente a lo que afirman los idealistas, las cosas que nos rodean existen
independientemente de nosotros; son precisamente ellas las que nos dan nuestros pensamientos; y
nuestras ideas no son otra cosa que el reflejo de los objetos en nuestro cerebro.

He aquí, ante el segundo aspecto de la cuestión de las relaciones del ser y del
pensamiento: ¿Qué relación tienen nuestros pensamientos respecto del mundo que nos
rodea con este mismo mundo? ¿Es nuestro pensamiento capaz de conocer el mundo
real? ¿Podemos nosotros, en nuestras ideas y conceptos acerca del mundo real,
formarnos una imagen refleja exacta de la realidad? En el lenguaje filosófico, esta
pregunta se conoce con el nombre de problema de la identidad entre el pensar y el ser,
y es contestada afirmativamente por la gran mayoría de los filósofos‖.13

Y los materialistas afirman: ¡Sí!, podemos conocer el mundo; y las ideas que nos hemos formado de
este mundo son cada vez más ciertas y exactas, puesto que no es dado estudiarlo con ayuda de las
ciencias, y puesto que éstas nos demuestran continuamente, por la experiencia, que las cosas que

11
F. ENGELS: Op. cit., p. 437. 35
12
Op. cit., p. 347.
13
Op. cit., pp. 344-345.
nos rodean tienen, sin duda alguna, una vida que les es propia, independientemente de nosotros, y
que los hombres pueden, en parte, reproducir estas cosas.

Para resumir, diremos, que los materialistas ante la cuestión fundamental de la filosofía afirman:

1. Que la materia es la que produce el espíritu y que desde todo punto de vista científico, no
existe espíritu sin materia.

2. Que la materia existe fuera de todo espíritu y que no necesita del espíritu para existir, por
cuanto tiene una existencia que le es independiente y que, por consiguiente, contrariamente
a lo que dicen los idealistas, no son nuestras ideas las que crean las cosas, sino, por el
contrario, son las cosa las que nos dan las ideas.

3. Que somos capaces de conocer el mundo, que las ideas que nos formamos acerca de la
materia y del mundo son cada vez más exactas, puesto que, con ayuda de la ciencia podemos
explicar lo que ya conocemos y descubrir lo que ignoramos.

Tomado de: Georges Politzer (1949). Principios fundamentales y elementales de filosofía..


Traducción de Maurice le Goas, Universidad Obrera de París. p. 14-36

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