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Ojos de Abril

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»”d>”D”D ee) Lcee ee Ve wwe VV ree eCre eee eCeeeceee &e Rafael Angel Chavarria Gomer (Rafulingel, como todos en $1 familia fo laman desde pequeto) naci6e 16 de agosto de 1970, cn lo citinos tempos de la “Generacicn dela Guayaba” -cuando los nifos vivian entre campos, prados. caetales y montaas: cuando la diversi de los dis era encontrar riachuelos y pozas, buscar frutas y apedrearpanale y cuando a ilusion de vida era ir al puerto en un vio tren y fol en lox potreros hasta ver eaer el sol. Ast, con este amor por la naturaleray vida desde sus onee aos escribe pequefas historias en canciones populares lleva dos de elas hn radio en 1998 pero cuando mipecaba a enirar en estos caminos, sufre un desafortunado incideote que lo deja moralmente disminuido. Cuatra aos despues, retoma fuerza para darmos si primer libro “Los ojas dle Abri: una istorin que encierra mucho de su propia vida y su forma dese. Este eseritor costarricense vivid. sus. primeros atios en ‘medio de la naturaleza en las Nubes de Coronado y en el Carmen de Guadalupe, Luego su familia se traslad6 hacia el sur de San José y alli perdi mucho de su vineuto con los prados, lecherfas, montafas y climia en donde habia pasado sus primeros alos, Su imaginacidn desperté desde pequet, pues imaginaba ver duendes o ju Wose a su alrededor ¢ incluso, se apegs x lo tnieo verde que habia en el patio de su nueva morada, un drbol de cas a quien Tamé Manuclito, Cursé sus estudios primarios en la escuela Vitalia Madrigal y mis tarde en el Liceo Luis Dobles Segreda. Rafakingel fue victima de la violencia, pues fue asaltado, dejado por muerto y enterrato por los delincuentes, Sin fembargo, pidi6 una oportunidad a la vida para vivir cada dia como si fuese ef imo y para Hevar este testimonio a todas las personas posibles y, sobre todo, a las jGvenes costatticenses, je y En 1987 escribi6 una cancién Hamada “Mi mis lindo atanlecer”, inspirada en la cancién El ciego de José Luis Perales. En ella trabaj6 una temética relucionada con el valor de apreciar lo que Partir de aqui el sutor siguis escribiendo y lo lev6 a su novela Las ujos de Abril 0s y no hasta que Lo perdemos, a Ha dedicado gran parte de su actividad profesional a visitar colegios impartiendo a los interesados libro-foros sobre cliferentes temas como los relacionados con la tematica del sa fa vida y ala naturaleza como vatores y el no ala cultura de la muerte y el suicidio como antivalores, Su relato Los ojos de Abril posee rasgos autobiogrificos en la medida que muchos de los sentimientos que aparecen en Gabriel, personaje central del relato, los sintié su autor. Ha propuesto un movimiento llamado Cineista, el cual considera un hibrido de varias corrientes literarias en el que los lectores encuentren los “detalles de las imégenes y las acciones como si estuviesen mirando un filme” y que mas tande ese mismo lector recree los momentos, los absorba, en una mezcla de imiigenes y sensaciones, con los que pueda visualizar tas acciones y hechos al cerrar los ojos. Los ojos de Abril es su primer intento de lograr este propdsito. La que sin das pasa es una intensificacién del acontecer intimo como determinante de la circunstancia externa = ‘©EDUVISION ° ry \> _ =~ eee VSeeseseeeeeeeseseeeeooeoeoooeooeee ee Ojos de Abril I Alvo los ojos alas imagenes de los sues proyectados en a pantalla de mis. piepados, Observo todo a mi alrededor nublado y oscuro como. si revoloteara por encima de lina tormenta; y logro ver 4 mi propio cuerpo. igual a tun especteo gravitando en el cielo. con trazos fantasmales y entre figuraciones que se form Asi, todeado de soledad, leno de temor y confusidi, escucho miles de voces acerciindase hasta llegar cone oleadas que me traspasan en forma de llantos, gritos de pSinico, lamentos de pesar y quejidos de dolor. Luega de esas rifaas sonoras, se apaga mi entorno en un espeso silencio que solamente se rompe, a lapsos y con desniveles de sonidos viajando en Grbitas crecientes y ondallantes. in y desvanecen repentins Girando. mi eabeza de un lado a otto y con un constante ajetreo de pupils Jograrlo; por ef contrario, escucho una vor contindome historias mientras mis sues se inundan de Visiones, voces y sonidos, Empiezo a descender entre esa atmésfera iin ompes revototeos y con temor, abrigndame paso entre el cielo y Ia nubes; primero orientindome a tanteos en lat oscuridad y luego guiado, pero a fuertes empujones en rmareas invisibles, por una extrafa fuerza desde lo alto. A mi vista todo se desarrolla en panorama, como si cestuviese observando al mundo con os ojos de Dios, razén por la cual miro todo lo que sucede en un didmetro de varios kilmetros alrededor; y asf, en cach giro de mis revoloteos, percibo movimienios fugaces © imigenes repentinas en destellos que se figuran entre una arboleda, ‘A mi izquierda un muchacho de expresiones temerosas y movimientos desesperados, va en carrera suelta: a mi derecha, a unos cien pasos de aquél, un hombre ya Viejo, figura grotesca, gestos de enfado, corre en su persecucién, Siento una fuerza extraiia empujéndome hacia el fugitivo, una straccién absorbente arrastrandome hasta ser parte de ese otro cuerpo: y yo en tanto, conforme me acereo, escucho el aerecentar paulatino de los sonidos: tun golpeteo interno que surge cuando se desbocan las palpitaciones, un ruido de respiros agitados.y, envolviendo todo hasta ta distancia, el grito de la noche torrencial EDUVISION eo “ger (See Enire imigenes, voces y desvarfo, continio descendiendo en contra de mi Voluntad hasta e] preciso instante donde me encuentro con ese muchacho en escapatoria. Lo persigo constantemente, asustado. Me acerco tanto a él que puedo sentir el calor de su cuerpo como una estela transparente dejada por aque! bosque Al final, un nuevo empellén a mis espaldas me 4 entrar en ese joven coztiendo en fu sospecho que el misterioso designio superior es desartaigarme de mi propia existencia y para vivir una hist sindome dentro de si, realidad para unirme al que buy y de tal forma, él Ih pueda compartir su cuerpo para poder ver lo que él mir oir Io que escucha, concebir sus pensamientos y hast sentir sus sufrimientos. ae Después de esa unién de vidas sentf un temor innombrable al verme atrapado en un cuerpo. extraio, pues a mis piernas las sent con una lis exiraordinaria y recordé lo que era correr ¢ impulsar lay fuerzas juveniles sin el peso de las edades. Entonces, ‘detuve mis pasos, mieé las palmas de mis manos y mis brazos. Me pregunté qué podria estar sucedicndo y no encontré respuestas ni razones, por lo que empoce ‘una lucha interna de pensamientos y sentimientos; pero atin asi me dejé llevar, poco a poco, por la corriente de ‘mi nuevo cuerpo. Escuché un grito de odio a mis espaldas y record ‘que era a mia quien el hombre ahora perseguia, por lo que necesitaba huir de él, aun sin saber la razén, Asi lo hice, Mientras tanto, la tormenta lanzé las gotas de Iuvia como si fuesen pufales de agua; el vendaval mbistis al bosque y rasg6 las frondas con sus garra descontroladas; y al mismo tiempo, la oscuridad extendié sus enormes redes y ocult6 los eaminos entre tuna jauria de sombeas absorbentes, Los relimpagos fucron diiles en ese ambiente para mis propésitos de fuga, pues al desgarrar la negrura de {> 8 noche alumbraron convenientemente, con repentinas em ‘ists pasajerns, a los caminos sespemeanee que debia is seguir. En esos lapsos y destellos, miré a las ramas de Ios drboles zigzagueando como si trataran de librarse > del agua acumulada; y pensé que, junto a mi, toda la naturaleza aledaia recibia un gran castigo. A pasos tituheantes y ceaminos, senderos, matory cuerpo y alma abatidos, trancos apurados, traspasé Empapado, aancé con el fin de fugarme ¥ perder de vista a quien corria a mi caza, Los pensamientos y las sensaciones surgieron dindome un nuevo impulso. un inves cible deseo de continuar y un empuje sobrehumano: pero al acelerar mis pasos, con cl fin de escaparme de aquelta situacién, topecé con las rama desperdigadas en el camino y cai en resbalada sobre’el hdmedo acopio de hierbas y matojos. Di vueltas Por el costado de una ladera, golpedndome contra todo @ lo existeme en ef camino: y al final, quedé agotado y > _ eile boca abajo ene suelo enlodado; sin fuerzas para levantarme y continuar, sumido en punzantes dolores, © _y sintiendo et palpitar de tas heridas y el comrer de mi > _ sangre que tibiamente se deslizaba, Preiendi levantarme del suclo pero mis. brazos temblaban extenuados, entonces. renune Y me dejé evar por et desénimo de no 2260 por la cul luchar Miré los apurados y pequetos caudales de aguas ‘oscuras, cuyas espaldas cargaban con los fragmentos de hojas muertas, con el lodo de ta tierra erosionada y con las gotas de sangre derramadas: y me figuré, en estos hilos de aguas, una semejanza extraordinaria con hileras de Wormigas corriendo a mi vera para luego buscar et abismo de un acantilado cercano, Después de un rato al desvario, observé todo como si estuviese dentro de una gran gota de agua, pero ain asi noté a los caminos descendiendo por la ladera de €s4 montafiainclinada al barranco. Cerré los ojos y os sonidos de 1a tormenta lenaban mis ofdos: la Hluvia tamboreaba en la fronda con un constante crepitar de hojas y los drboles clamaban estruendosamente su dolor Por los aletazos del vendaval. ‘Al cabo de unos minutos mis ofdos zumbaron igual a les de gritfos ehirriando en mis timpanos; me desmayé ¥ quedé errante por un tiempo incalculable entre unas sombras desconocidas. Lugo, al despertar, observé que 4a Muvia habia cesado y que todo alrededor permanecta en calma, pero tratando de absorber Ia cantidad de agua recibida. No escuché mis ni truenos ni vendavales, al intento, \contrar una. 9999993909 7,799 7 =e Rafael Angel Chavarria Gémez x ¥ Pero el silencio ciccundante se rompia ante las vox rovenientes de la garganta del barranco cereano, al cual Ime dirigi con recelo para descubrir que era angosto pero muy profundo, Por los sonidos escuchados, supe que alli en el fondo, corfan aguas tumultuosas, y que de esas recénditas entrafias del barranco surgi el bullicioso ajetreo de insecios {¥ eriaturas que, invisibles a mis ojos, aturdfan mis ofdos, Enguido al borde del precipicio, miré las imigenes Perdiéndose en la vasta penumbra, como si lis vidos desaparecieran en la oscuridad. Asf, abismado entre esos Pensumientos y entre el desaliento intimo, me parecig escuchar una vor proveniente del barranco: la cual articulando sensaciones y no palabras, me Hamé: —iHigalol, lincese con toda su angustia al vacto. Elabismo me prometi6 terminar con mis abatidos dfas Para no volver a sentir dolor, nunca més. Asi, por varios ‘minutos. quedé pensando en esa invitacidn a suicidarme ¥ deseando que pronto todo terminara; mientras, el rio pellizeaba mi piel, e! cansancio confundfa mis sentidos y ‘mi cuerpo languidee‘a de fatiga por la escapatoria, Observé el vaho del aliento sali volando de mi boca: ego cerré con fuerza los ojos para no mirar la realidad y Para tomar una decisiGn. El desnimo interno me dijo que no existian razones para seguir viviendo, que mi vida no tenfa sentido y que a nadie dolerfa mi muerte; argumentos por los que sent una pasajera y fatal intencién, Abrf los ojos despertando de mi Ietargo y de una forma desesperada busqué razones para no suicidarme, Querfa encontrar tan siquicra un motivo para no lanzarme en el Barranco. Almomentonoté queen a lejanta empezabaaamanecer. ‘Miré a la bruma azul de los primeros tonos del alla y a los ‘majados entomos atin goteando la tormenta pasada. Senti Jaexpectativa de la naturaleza circundante ante ni decisidn, ¥¥ noté los segundos del tiempo comiendo y Hlendndose del silencio de la noche, de la visible desolacign y de la quietud 4 las frondas, Tal imagen me dolis inexplicablemente con innombrables punzadas; pero con esa mirada y en un solo instante de lucidez, comprendf que con un pequetio paso ‘més, la profunda garganta del torrente me devoraria entre sus aguas revoltosas, destruyendo dos historias: la vivida hhasta ese momento, y la que nacerfa sila decision era vivir Con una mirada logré un diagnéstico personal del ¢stado en que me encontraba: los hilos de sangre de mis, heridas habian cesado y mi cuerpo, al secar la iluvia recibida, despedta un vapor blanco que salfa flotando enire la atmésfera de humedad en el entorno. En tanto, resenti los esfuerzos previos y senti el trepidar en mi extremidades por la debilidad, e! cansancio y el fifo. EDUVISION ee | | K\ yar cseampado, una Hovizna menuda perduraba cayendo tenuemente sobre mi. Durante un largo rato sentf et hormiguco ocasionado por las mindsculas gotas de agua estielladas contra mi cara; mientras, el desiinimo atin me seonsejaba lanzarme al abismo. ‘La clase de somnolencia encentrada en el cansancio se apoderd de mis sentidos y miré a cada planta y a cada firbo! con medidas despraporcionadas. Se me torné dificil enfocar las vistas y sentf ef cuerpo en una forma pesada, pero a la vez tuve Ta sensaci6n de flotar sobre wil misma hasta contornear Iu naturaleza cercan, como si Ta barranca, sin despegar los pies de In superficie donde me encontraba, Al cabo de un rato miné a una brisa moviendo amas de un drbol para situarse en é1. Alborot6 el silencio | yy sacudi, de esa forma, las sltimas gotas estancadas ‘os diques de las hojas. Tal mirada me hizo olvidar la abso airase alrededor d -onmocién, pues qued amas se encontraba una tas hojas que movi Quign esti ecibir respuesta y Iu usitando « mi ofdo: No Tas mentiras que dice La Muerte Jie abajo, no alimente su feror apetito de desir al saber que entre visible pero presente santas sin 10 escuche las engafosas voces de ka malas. { Quién es usted?, diame: gen d6nde se eseon <-pregunté con palabras timid: ‘escuchar aquella brisa hablando. El airecillo obvié mi pr 1pa del dabol igual # una desbandada de pajaros ante Ja explosién de un disparo. Agudic so de un silencio, que aprovechs para buscar la fuente de esas bras en todas direcciones, esctché que fepuso: —_Dehe saber que si decide lanzarse al vacio, su vida se perder para siempre en Seol, un lugar donde hhabitan todos los muertos de alma y desde el que no hay ‘opeidn de regresar. Déjeme decirle y advertirle sobre la desesperacién y el dolor que alld se vive. Fue por lo extrafio del momento, 0 por mi cansancio | de la fuga, que me parecié observar a esa brisa Junta y volvi6 2 alborotar la agradable y vagarosa, transformandose en la figura de tuna sefiora; la eual, se desprendia de la fronda, desde donde se habja posado anteriormente, para luego revolotear alrededor y decirme: —Entonces, Gabriel, deje a Ia oscuridad pasar y no escuche esas mentiras, porque El Espiritu det Mal anda en busca de los desesperados para engaftarlos ccon argucias. | EDUVISION Ojos de Abril A Sr * AR Ss De inmediato noté que la brsilla sefalé los m de oriente pintanda sus sinuoses contomos eon el azil del amanecer. Me abismé unos segundos en esa imagen y luego me animé —{Cémo sabe mi nombre?. ;acaso nos conocemos? preguntas que la figura obvid. y agreg6: —-Continie con la vida, porque a la vuelta del camino vienen nue fas y las soluciones a los probl ‘que ahora se ereen iremediables {Pero ya no soporto tanta tristeza! —repuse de o iato-— Nadie rie quire, no sirvo pans nad... 80 tengo futuro. c tun drbol, en el cual las siluetas de luces azules se figuraban entre la hojarasca, Revoloted para hacerm manpaieetecisnpnmgtnine. QS y después agrezs rn que hay estrellas que atin se ven brillar, pero tras la distancia han muerto alli, otras nacieron ya y no - n, hasta que pase un tiempo y su luz pueds ” Hegar..Y brillarn, su luz ya vendré, hay que espe nosnento ie bvillar. Enionces. Gabriel, los momentos on y las alegefas son come las estrellas que ya han nae o pero aie veremos su brillo después cuando seo su ju tiempo. Asi es que habré un futuro, donde encontra ae amor y seri importante en la vida - a tanto, observé que la figurilla lanz6 un soplo de e aire que, con un color verde azulado, traz6 un camino serpenteante extenidigndose hasta brincar por encima de 2 tuna montafia, y agrees . Gabriel, debe suber que muchas veces Ia tristeza es e el precio a pagar por la felicidad. Vendrin las alegrias y las bonanza... aunque no Ke miento: asimismo vendin . nuevas tristezas, pero cada una de ellas tend ta semilla de la felicidad. ‘No me dio tiempo para decir palabra cuando finali26 “ sus indicaciones: —Entonces, permita a los sueiios nacer y a los momentos llegar. Méntese y cabalgue en los lomos de esas praderas, donde nacerin las historias. Debe . Saber que todos podemos lograr que nuestras vidas sean espectaculares, solamente hay que sofar, luchar ¥y creer que las hazanas se alcanzarén, que los suetios - Ge los luchadores se yuelven realidad y que todos los problemas se pueden solucionar, solamente debemos cenfrentarlos, no ocultarlos ni Horarlos. : esas frases y por la magia del_momento, - ue al final del camino previamente trazado se @ encontraban reverberantes los horizontes, las montaiias y las praderas, “ wer SL Rafael Angel Chavarria Gomez CR 9999 Absorto por las. vistas desconocidas y por las imagenes figuradas, no pude més que callar, memorizar cada detalle y esperar nuevas palabras: tiempos: no existe el hoy ni el mafana, ni siquiera el antes 0 el después. Todo fluye sin tiempos, donde el pasado y el presente convergen en el futuro, el _ —Un poeta dijo que muica se pone més oscuro que _cual se vive en cada instante que llega ene] momento ~ cuando va a amanecer; y que la tristeza sentida ahora, Yo no comprendt sus palabras al oirlas, pero de © esl inicio de ta felicidad. Sotamente se debe dar la alguna forma quedaron grabadas en mi memoria yore oportunidad para que las alegrtas y Yes soluciones recordar en la acasién oportun, mm _Teeuen: pero no se obsesione con ese maiiana, viva —Enlonces —agregé—, debemos vivir y traspasar Dplenamente hoy, porque cade dia triri su propio afin todo un camino, para que al final se haya eumplido y tm ~me dijo al regresar de sus revoloteos y al posarse, de _recibido todo lo dispuesto para nosotros. Deje sue tod 04 c). Ke veveseeTsTeTeTeeeese9e9eeeeee 8 eee e F nuevo. en la copa del srbol. Su vor, sus consejos, fueron remanso a mi turbulento caudal y se insinuaron hasta encender luces a mi razonar y darme un pistilo de vida; evitando asf, astutamente, {que mis pensamientos se despe Miré 2 la brsilla ‘que me suicidara, igurada contra la pantalla azul del alba, y noté que a través de sus destellos se formaba un prisms espectacular ante las miradas. Luego vag6 con bos movimientos y se me acercé. Tuve su cuerpo tan de cerca que pude experimentar la sensacién de su estela de aire circulando sobre su propio eje; y a la ver, senti como si una nubecills fia y airosa, revoloteara frente a mf —jAcaso usted ami matte? —preguaté, pero la figura espectral con un gesto esbozado entre cejas, no respondis. Gabriel, s§ que no hay felicie ‘momento; perm Dios, quien es justo y bueno, abservé el sufrimiento, escuch6 mis stiplicas y las de unos amigos, Y El, dador de alegrias, le dara la felicidad del alma 2 través del tiempo y ta vida, No se rinds ahora tan cerca de los lindes de las promesas. Luche un poco mis. ‘De qué me haba? Yo no tengo amigos. ni siquiera fai Es conecto lo dicho si mira Ja vida solamente desde el pasado —me dijo con un aire de sabidurfa—; pero usted debe saber que este momento es parte del futuro también; por lo tanto, los amigos de quienes hablo son venideros. Adem, ellos més que amigos son espiritus gemelos; es decir, esencias gemelas. Y algunas estin dentro de cuerpos humanos, otras estin dentro de la misma esencia de Dios, La brisa queds inmévil e ingrivida justo frente a mi; razén por la cual, pude ver fijamente a sus ojos. Sent ‘que eran conocidos: los habia visto alguna ver aunque no podia recordar la ocasi6n, —Los espiritus gemelos que luchan por usted son de una esencia mistica, y la vida es igual a un encargo pasado mandado desde el porvenir. Es un plan dificil de ‘entender y de explicar; solamente le digo que para Dios nS se cumpla conforme debe ser. Ademas, quiero decir! ‘que sf tiene amigos y que me tiene & mi también. Todos queremos su felicidad. Alguno cuidari de usted desde Jas estrellas que han sido la musa de su poesta, y yo lo haré escondida entre las nubes y nubecillas que fluyen como rios, Descansé entonces mis angustias al instante y Por la estela de magia y explendor de la figura, th lraspiés al otro lado del esearpado, Pronto observé que Ia brisilla empezs a clev hacia ef naciente, tal y como si el cielo aspirara su nebulosa forma; Iuego quedé con Ta s anteriormente habia observado ese ros foto de sacién de que y records tina nadre guardada en una mesita rinconeri; pero tal recuerdo huy6 junto ala figura especiral, perdigndose de vista entre un tinel imaginario que corre hasta el infinito del espa La noche de tormenta huy6 con las luces y consejos. de a brisa vagarosa imaginada: luego qued6 perdida en mi pasado sin la insidia del recuerdo. Fue una noche y tun tiempo oscuro para el olvido, Amaneci encorvado sobre mi mismo y de costado derecho, con mis manos metidas entre los muslos para calentarme con el calor de mi propio cuerpo y esperando la pronta legada del dfa para secarme completamente ia ‘humedad recibida en la Ilavia, EI sol empez6 a desperezarse por detris de una montafia. Tuve, hasta ese instante, la certeza o la sensacién de que el dia llegaba acompafiado con los ‘momentos prometidos por la grata figurilla, y que al fin cencontraria las razones necesitadas para seguir viviendo con renovados propésitos La vida me desperté con las tonadas provenientes de todo sitio aledaio, con los ajetreos sonoros y con los Cientos de sonidos ocultos en los follajes de 10s drboles ‘mecederos por la brisa. De inmediato noté que la Huvia anterior y cl rocio de 1a mafiana reverberaban en los diques de las hojas, vistiendo de lozania todo alrededor ¥ dindole un efecto de acuosidad a la vegetacién y a los campos. ©EDUVISION | | | ry )K\ >a er’ Ojos de Abril Miré desde el borde del precipicio, donde unas hors antes habia decidido vivir y no mori, y experimenté un reconfortante sentimiento de alegria por esa decisién. ‘Alden la profundidad lo nico que se vefa era a béveda ‘vegetal formada por las copas de los drboles y 2 través de ella, unos espacios pedregosos de mala muerte. Fue hasta en ese momento cuando supe que ain estaba vivo, que no era una pesadilla lo suftido en la noche anterior. que no eran mentiras los consejos que la buena brisa habia musitado a mi oido y que me alegraba no haber caido en of suicidio, No recordé bien lo que realmente habia sucedido, solamente me Hegaron recuerdos fugaces con sus mubosas formas y algunas perdidas sensaciones. Aun asf, loindicado por aquellabrisa nocturna queds presente en esencia: pero como no encontraba explicacidn lgica al asunto, por unos instantes Hegué a formarme Ta idea de que las imagenes vistas y las palabras escuchadas, fueron sélo alucinaeiones de fatiga por la fuga. ‘Al disponerme a empezar el camino de repente ring que, mis allé de Yo cercano, apareci6 mi tnico ‘amigo hasta entonces, Lo vi a la margen contraria del aeantilado, salié de entre un boquete de monte, rraspasé los matorrates, movié los arbustos y olfates el rastro en el suelo por donde yo habia logrado pasar. —;Cholito! —Ie grté Paradas sus ofejas, guiflos en los ojos y cuello torcido hacia mf, me divis6. Menes su cola, emper6 2 chirriar gemidos alborozados y a correr de un lado para otro buscando Ta forma de pasar al lado en el que ime encontraba. En tanto, igualmente me di a la tarea de bordear la barranca buscando el camino por donde habia logrado cruzar, y al mismo tiempo apaciguar Ios animos de Cholite que a ratos intentabs mandarse al abismo de un brinco para Hegar enseguida a mi Cuando encontré la forma de pasarlo se me vino con 1a prisa ilusionada del reencuentro buscado y se me Janz6 al pecho para rodarnos por los suelos, mostrar las volteretas acostumbradas, salirnos de ta realidad por un momento y lanzamos al juego de luchas: él ladréndome, yo voceéndolo; él rasguikindome, yo jaléndole el rabos y al final, é1fingiendo morderme, yo en posicién de ahorearlo. “Sé que no le gustan las andadas largas, pero creo que nos espera tremendo trecho por recorter; ast ue preparese y n0 lo uiero oft gimicndo de camino Ae dlije para dejar los puntos en claro y mientras ddescanssbamos ta lucha, al instante en que acariciaba su ‘cabeza reclinada en mis regazos. Me levanté y miré a todas mis veras para decidir ta ruta a seguir. Fue en ese momento cuando recordé EDUVISION la noche anterior y la posrera voluntad de ln besa iaginada en el batanco,sefalindome una vera por ~ donde debiaemprender mi viaje ( seen, Cholito —dje justo antes de ptr, le tengo cierto yresentimieno a este amino que va hacia fquella mona al sur. Veamos a dénde no eva ‘Aeanzamos desculdadamente el camino escogido, aunque previamente tazado por la magia de ta besa tniaica ‘en Ta noche anterior, encomré que las Palabras yas Seas dees figura, nos dearon un rasto trasparchie aos ojos pero inconfundible a a atic; Cling rsto que debia explora sin previsign alguna, sin comida 0 tan siguera un atadilo de ropa para el -—WAif © Ninj. No penséen os momentos dejados ary sunque cen realidad no sabja mi destino, sentf una misterios cm conviccim y una insélita fuerza guiéndome hacia una \- ruta segura. ‘Sin percibir las distancias discurrimos el extendido campo: traspasamos setos, sembradios, prados y montes, = ¥ asi sobrepasamos las es del lado sur de ~ San Carlos. El silencio absorbente se rasg6 con mis monélogos. bd los ladridos de Cholito y los movimientos de espads, ~ ‘con una rama, que herian el espacio de aire traspasado: los cuales, a su vez me servian para librarme de un en cespectro de palomillas que me habia seguid en escolta - igual a una pequeia nube sobre mi cabeza y por largo e trecho de camino. Los animales desde sus rincones, nidos y madrigueras nos escucharon en su ambiente como intrusos y extrafios ~ errantes, alborotando el silencio y 1os sonidos habituales; y tal sifugsemos forasteros o advenedizos, nos siguieron ‘con miradas recelosas hasta cerciorurse de nuestra salida . de sus campos. TEscuché ef rumor continuo de un afluente cercano; a aagudicé mi ofdo y legué a él traspasando un alboroto - de maleza que desfilaba a su vera, Medi cl caudal y “ diving la profundidad con unas ganas teribles de zamparme desde una rama de alggin arbol y sumergirme por completo; pero a falta de pozas naturales y de - profundidades deseadas, me acosté entre dos piedras yun eauce y me resigné a sentir el agua bafiindome horizontalmente. Luego gité de posicién, coloqué el - rmentén sobre Ia parte externa de mis manos con 10s dedos entrelazadas, y cerré los ojos para escuchar el rumor de las aguas corriendo incansablemente hacia el mar. Pensé hasta el punto de la soffolencia y no supe ~ si fueron pensamientos © suefios Tos que traspasaron cenizos en imigenes 299590 HA 19S") o oS” Nee) SA >93939999939309" di i Chotito quedé en Ia orilla echado con la cabeza ‘metida entre las patas y mostrando guitios intermitentes con sus ojos Recordé el dia cuando encontré a mi perro echado en cl puro centro de una calle periférica de San Carlos con mirada fija ante los cartos que lo esquivaban con bocinas estrucnclosas y gritos coléricos de sus conductores, Pasé en bicicleta al lado del animal y me tanz6 una mirada suplicante mientras jadeaba la sed y el hambre sostenida Por varias horas. Di una vuelta para hacerle sonidos que to ahuyentaran hacia ta orilla de In carretera: pero ain asi, se queda en forma testaruda y sin claudicar a la ‘misma posicién. Continué 1 camino pero a los pocos metros resolvi a no dejar al perro en ese lugar donde Pronto seria objeto de una embestida fatal por algiin Yehiculo, Al Hegar a su lado, me tom6 por el rueda del pantalén, jalindome hacia un boquete de monte feano. Alli descubri un cuerpo bocabajo de un hombre de avanzada edad, segtin me dictaban las canas en Ia parte post ior de su cabeza en donde la sangre seca no ubria. Los revuclos de las mascas y la zopilotada arriba ime aclararon la muerte de aque! SeRor: el cual, por ta Posicién de sus extre hasta nidades, en formas imposibles Para un contorsionista, presentaba maltn Porcentaje de su estructura ésea, Sall tan ssustado a | calle que senté tituts rodillas y pedi ayuda a quien primero pasara, Luego de un rato Hegaron los agentes de decesos, quienes a primer golpe de vista aseguraron que el hombre ‘mostrabu mfnimo veinte horas de haber sido atropellado y lanzado como un guifiapo de hasura entre el monte en donde esperaba a ser encontrado por el olor a pudricicn, si no hubiera sido por Ia inteligencia de! animal que bia dirigido a él. Ast y durante las corrertus y los {ramites pertinentes para levantar el cuerpo y recoger idicios para Ia investigacién del aso, estuve sentado 4 la orilla de la carretera con el animal ‘en mis regazos, el que con visajes intermitentes por encima de sus ojos, siguio aquel ajetreo ante cl cuerpo de su dueto y amigo, uiién sabe por custo tiempo; Ys con mentalidad casi humana, Supo que a partir de ese momento ya no se apartaria jams de mi lado, Al Momento, el perro lanzé una retahila de ladridos que asemejaron una despedida con redoblar de tambores, justo antes de que los agentes Janzaran la masa rigida de olor séptico wes, N ONSET NERO FF CC A® Rafael Angel Chavarria Gémez x n la parte trasera del vehicuto, ~Y... ;gué hago con el perro? —Diay, no sé, nosotros no ,odemos echar zaguates en el cajén de los muertos. Ademés, ese animal ya se ‘qued6 solo, porque este duetio estétieso, ‘Ambos agentes se echaron una sonrisilla. burlona antes de dar los portazos y poner en marcha al vehfculo, ‘Me contrarié en una forma indecible aquella naturalidad! Y desidia a su vez. ante ta muerte, por parte de esas personas acostumbradas a tales labores: con tal hallazao ‘me sentfa acelerado de impulsos y temeroso incluso de! viento pasando 2 mi lado, pero esos bromearon y hasta se tomaron u del muerto, La adopcién del perro se hizo en forma inmediata Ys aunque presenté las consecuencias, no me imports recibir un par de bofetadas y castigos por me a la casa'de mi padrastro, como en realidad sucedio, Las indicaciones de Ilevar a perder al perro fueron obviadas. y solzmente tos imeros dias me aseguré de esconderio bien en el establo ante las amenazas de Muerte al encontrarlo: pero luego fue casi excitante ver las correrfas de mi padrasiro, con machete en man: tratando de aleanzar al perro por todos los rincones de |i hacienda, Incluso un dia resolvic iearle la vida al tinico ser que me importaba; entonces se vistid en verde de guerra Se metid un cuchillo entze el cinto del pantalon, se remangs la camisa, se colocé un sombrerilio. {que usaba para las ocasiones especiales, af en una forma solemne, y dio inicio a ta pei ‘muerte que duré cerca de tres horas scguids. Lo de odio de mi padrastro en la distancia, fueron za erteros a mi corarén que brineaba hasta extender una innombrable en mis entrafias. Luego, cuando entrada el anochecer, y no escuché mas ningtin culataro de machete, di por sabido un fatal desentace: sin embargo, después eseuché los pasos exhaustos de mi padrasto al entrar a a casa y miré por las rendijas que daban 4 su dormitorio: se quité la eseuslida camisa Mena de sudor y barro por encima de su cabeza y la tiré en una esquina, se sent6 en una orilla de la cama, se quit6 las botas de hule y las revent6 contra la pared al momento de proferir con voz estentérea y para si: “maldito perro, espérese que lo agarre”; fue cuando senti un enorme alivio al saber que no habfa logrado sus ‘malas intensiones, el machete OEDUVISION Mi padastro cay6 en la cuenta de que el perro disponta de un cerebro mis desarrollado que el suyo para las ‘escapatorias y los escondites; ya partrde ese dia, se dio por ‘vencido en su obsesién de matarlo. Solamente en a furtivas tardes de ocio, salia ertando como un indo en pic de guerra, buscando al perro para jugar al diestro cazador yy en mas de una ocasién aprovech6 la astucia y el diestro Solapar del canino, para organizar torneos de eacerfa que rmarcaron época en la tegidn, con el titulo: “En San Carlos no se caza a la zor, se eaza al zaguat ‘Al cabo de un rato a la deriva en esos pensamientos, Cholito ladré a la invisibilidad y desperté de mi letargo con enengia suficiente para continuar con un camino sin meta final. EI frescor del bao me trajo un alboroz0 de mocedades, déndome un tipo de alegria intema, que aproveché para apreciar los ondulados montes de los lindes de San Carlos que verdecian a la acuosidad de las briznas cotidianas del lugar Los segundos murieron a cada paso andado. Cada paraje recorrido se despleg6 1 mi espalda, las distancias se tornaron cada vez més azules con la Iejania y mis vvisuales al recuerdo, y las esperanzas despertaron de un letargo de afios. Cuando alclantamos gran distancia, de tunos veinte a veinticinco kilémetros, segiin mi propio ccileulo, y cuando el sol avanzaba més al det centro de 1a pantalla azul del cielo mostréndome las horas correr con mi sombra proyectada en el camino, experimenté la sensacion de observar en mi perro una expresiGn casi indescriptible: una mirada enteramente humana delatando su hambre y su cansancio, Decidi, entonces, buscar algo para comer. Miré a lo lejos y a primera vista encontré un hilo de humo que emergia por detrs de una colina. Me acérqué y vi que proventa de una modesta y nistica casita ubicada en las faldas de la lor en ta cual estébamos. Lancé una mirada panorémica hacia aquel ugar y me Ilamé la atencién una hermosa casa de vastas proporciones erguida a unos cincuenta pasos de Ia choza. vvista anteriormente. 1a gente debe de tener mucha plata —le dije a imi perro—; a lo mejor si Hegamos y les decimos que vamos de viaje y que nos han robado de camino, se compadezean, nos den de comer y, tal vez, hasta un poco de dinero, Sentf nuevamente 1a mirada de mi perro, pero esta ‘vez la interpreté como que mi plan no era nada bueno. yy que inventara una historia mas verosimil para que la ‘gente pudiera creer. SE que no es muy crefble pero... ctiene alguna mejor idea?, jno, verdad!, entonces no me mire de esa forma —Ie dije mientras pensaba qué hacer. ©EDUVISION +e: ‘a es eel Ojos de Ab Ss PY Entre pensamientos tuve el tiempo para observar detenidamente esa casa de perfil ristico y traza madera, y me dio gusto ver las tejitas en Tos techados a dos aguas, los arreglos de ladrillos, madera de cciprés barnizada y ventanas con orlas engalanadas de geranios. Admiré Ia enorme fachada de cara al poniente y al hermoso jardin extendido al frente de una de las habitaciones; el cual, aun estando ya un poco descuidado, habfa sido el lugar de eotidiano esmero de quien lo cuidara con suma atencién. “Vaya suerte la de algunos, ;Cudmto daria por vivie hit, ;qué felices deben de ser esas personas!” —pensé: 7 No acabé de contemplar todos tos detalles de la vivienda mayor, cuando salié de 1a pequefia. choza faledafa un tipo algo viejo y delgado, a quien con so huarriga graciosamente abultads y redonda sus vestiduras bjgarradas, sus pantalones remangados casi hasta las pantomillas y su escuélido ehonete, Te noté una eémica mura. A la distancia observé al hombre abriéndose campo entre los guindaderas con ropa puestaa seca para entrar aun galfinero de alambe y esparcir una granizada de arror a pufados de gallinas que se aglomeraron a su alrededor en pocos segundos; luego, eché otro poco igual de alimento para unas cuantasgallinas més que se tencontraban rondando los alrededores de la choza, y eon sonidos extraos lus lam; pode escuchar que ademis Jes habls, les dijo que gracias a la diffi! sitaciGn tendrian que poner dos veces al dia y nada de darse un feriado cada dos © tres puestas; también escuché que hasta las regaié y sentencid: “se To comen todo © main las convierto en Sopa. iMiren este desperdicio de comida! jqué val”. Por el movimiento de sus manos, sus ademanes y sus Soliloguios, el momento era ciertamente risible, pero Cholito empe26 a ladrar inoportunamente hasta que el viejo, volteando su eabeza de un lado para ‘otto y pelando los ojos de su cara huesuda, nos divis6 Me senti desnudo frente aquella mirada, por lo que tomé ‘8 Cholito entre mis brazos y corral sentime invasor de Ja propiedad privada, Me escondf detrés de unos arbustos cercanos, me ovillé y esperé a no ser hallado; pero el Viejo leg6 pronto al lugar y fécilmente nos encontt: —iHey. machillo!, qué esté haciendo all? — pregunt6el viejo fatigado al momento de secarse el sudor de su frente con un descolorido y artugado pafiuelo que sac6 de la bolsatrascra de su pantal6n. —Yo voy de paso, sefior —respond sin levantar mi cabeza y mientras disimulaba acariciando a mi perso. by 45 Ae WV eeoec € « Se cce Fi cc . Cholito jeded colgando su lengua al viento. A veces, Y por largos ratos, soltaba su retahila de ladridos que me aturdia y debfa sosegar, pues no me dejabaa escuchar las, palabras de aquel seior. Al cabo de un silencio me animé a mirar a fa cara del hombre para escrutarlo. A primer golpe de vista ‘me pareci6 simpético y un tanto ordinario, sin Hegar at extremo de lo vulgar. Descubei rasgos divertidos eh Su rostr y noté, por la vitalidad de sus ojos, que hho era un hombre tan viejo coma eres primeramente: pero por su piel reseca, rojiza y arrugada, me confundia su _verdadera edad. Presentaba por sobresatiente: un Faniaje Ge venas pronunciadas en las sienes, an rale bigots que en partes cafa sobre sus labios, estos bien delineados, y unos cuantos faribundos vellos por chiva en su huesudo ment Usted no es de por aga, de dénk Pregunt6, convencido El viejo se queds en silencio algunos segundos como silos utilizara pura pensar: luego me ir el slboroto de nir6 detenidarente zaguatillo mas necio, hombre! — dose i los ladrides det perro. i —tespondi a su anterior punta y le sefalé con mi dedo hacia las montafias erguidas al norte AL inswmie de responder, noté que las montaftas Parcefam mis lejamas de lo que realmente estaban, No rei. por lo tanto, que hubiese recorrido tanta distancia fen tan pocss: horas Fi viejo se quits el escuslido sombreritlo de tona que na vez fie blanco, volted a ver la direccién indicada, y eon una expresi6a de contusidn me p “gunts ~Y... qué hace por aguf tan lejos de su casa? —Lo vi rascarse la cabeza como para pensar mejor sus palabras ‘Me encog’ de hombros rehusdadome a contestar, por Jo que el viejo tomé de nuevo la palabra, después de tumos seguridos de silencio: —Digame por lo menos, machillo: ;hacia dinde va? Vaya a ser que este pobre cristiano lo pueda ayudar. —No sé... yo no sé para dnde voy —respondf con un aire de tristeza y con una mirada perdida en el horizonte de montanas, iGitevinchis!, {se escapé de Ia casa, verdad? — Pregunté el viejo en un arrebato de regatio, mientras movia su cabeza en clara sefial de disemtimiento, colocando ta mano izquierda en su cintura y erguido en posicién de reprimenda, —No yo, creo que... bueno la verdad es que sf. No me ‘qued6 més remedio, para qué le miento. 46 Rafael Angel Chavarria Gémez Se oe —iQué va, machillo! Eso no se hace. Su familia debe de estar vuelta loca, buscindolo —repuso, bajando el tono del regaio y tratando de hacerme recapacitar las acciones —Yo no tengo familia. Lo Unico que tengo es a este perro —le dije con triste resignacién, —Entonces, {de quién se escape’ confundido por mis palabras y mientras so cabeza con mis fuerza De un bormucho que mientras me asaltaban fos reeuer Aguel hombre me observé detenidarnente, tu tnié a Cholito, y por dltimo hacia el suelo: despu Jas miradas altermas erv2s. sus braze ¥ el otro vertical, ve raseaba fa ie respondi és de 5 uno horizons su quijada en su pulgar para golpearse repetidamente con el deda indice en su natie. Volvidarascurse lacabeza, unay otra vez. slilucid sus pensamientos y decidiendo qué hacer coumigo, =V... gliene hambre, verdad? —preguat de ofrecimiento Por la forms de su mirada y por st act confiada, pensé que fe habfe eausado listima. En me eslareé enormemente en eomprender el porque ie Hamaba mackitlo, de mi apariencia 8 era Ia descripeiéa mss inexact ~-Si... sf tenemos hambre ~-le palabras, El viejo, por mi respuesta en plural, miré a mi perro; cl cual, con una inteligencia casi humana, ie clavé uns expresién de listima mientras gemaia —Pues si, machillo, en verdad el hambee tiene cara de perro —expresé en forma socarrona, y agregs vaing es que usted me secuerda a mf mismo, cuando hace casi treinta uftos me vine a vivie a Zarcero y andaba ms perdido que una gallina en Ia capital... bueno, bueno, pero tice suerte, porque & mi no se me eseapa tun cristiano con hambre, y en este momento una caztuela de zambrote me esti esperando para almorzarla. Si este pulguiento no me muerde, venga conmigo a la casa y lo convidaré, EI viejo bajé Ja colina canturreando un corrido ranchero entre sus dientes, subiendo y bajando la entonacién en ciertas palabras, y cuando olvidaba Ia letra de esa canci6n, cual yo nunca habfa escuchado, se limitaba a tararear o simplemente a silbar la melodia Camin6 delante de nosotros, por lo que al instante le noté un Ieve renqueo en su pierna izquierda. Llegs hasta la choza observada anteriormente desde 1o alto de la Joma, “Est en su casa, machillo”, Al momento nego de estas palabras y de espaldas a mi, hizo una life siwwbeande mi i sefia de jalén de aire, a dos dedos por encima de su hombro, a lo que interpreté como una invitacién a pasar, Al entrar en Is choza lo primero que percibi fue un olor impregnado como a leche hervids propagéndose de rincén a rineén, un aroma inherente alas paredes y a cada mucble del lugar. La sencilla casa daba una impresién de rusticidad: estaba constraida con columnas. vigas y paredes de ciprés. cuyos bastos tablones de madera desnuda estaban regruzcos por la accién del tiempo y el humo despedido de la cocina de lea. viejo me ordené tomar, del lefiame aerumado en el cobertizo aledao, unos cuantos lefios para utilizar el fogén, calentar las ollas con el almuerzo. y de una vez poner & hervir el agua para el café, Ast lo hice. Mientras soplaba los tizones para darles lumbre, sin querer observé el desorden catastr6fico y casi irrisorio en aquel lugar: se notaba la ausencia de mano femenina en la chaza:trastos y cazuclas sucias tiradas sobre el lavadero, periédicos viejos y amarillentos amontonados en los rincones, sementeros, sacos de abono ¢ insecticidas malolientes cerca del comedor, herramientas de toda clase sobre el sillén, escuslidas ropas © inmundos hharapos sobrepuestos en los respaldares de las sillas y unos tres armadijos que pendian de una viga esquinera. Solamente una guitar yun grupito de hojas con dibujos y garabatos pintados colgada de un clavo en la pared ‘al carboneillo, pareetan salvarse del descuido absorbente de aquel sitio Prendf el fogén y pronto el viejo dispuso para mi, un plato humeante sobre la mesa del comedor, ala cual me senté, Con el hambre de punta no supe bien nit fo que me estabe devorando; curiosamente ese revoltijo de verduras tenfa buen sabor, excepto una cabeza de ajos que casi me atraganta [Ese es mi ingrediente secreto para darke buen gusto 1 la comida —dijo el viejo mientras tamboreaba eon los dedos, ritmicamente sobre la mesa, la melodia interior de la misma canci6n tarareada de camino a la choza—. Ya sé que, seguramente, no le gustan los ajos, machillo, pero ddan buen sabor a los sancochos y ademiis debe comertos porque son buenos para 1a salud. Yo siempre me como ‘uno bien picadito todas las mafianas y por eso no padezco de esas enfermedades de presi6n alta y esas vainas. Luego, observéndome comer, siguid hablando con tuna charla intermitente pero agradable, y me pregunts en repetidas ocasiones que si queria otro poco: — {Mas zambrote, machillo? ‘Sin darme tan siquiera tiempo de contestar, me servia, dos cucharadas mis. ‘©EDUVISION n +B : tA Ojos de Abril A. Coma sin tapas. No se preocupe, yo soy st amigo, soy Leopoldo Alegria Gali para servile todo then critano,y$0y igal al viejo Abrahin: no se me ~ cccapa un perdido con hambre. Pero la gente me dice SS don Leo ZY a usted? Zz "Mo soy Gabriel e Ex ico, verdad? —me pregunt con una Me e de oxjas hacia a comida TAsent(a Ta pregunia eon un movimiento vertical y - tigeo de eaberaycon un sonido gurl i ‘Lo miré con desconfianza en repetidas ocasiones para descubrircusl era su intencidn conmigo, yal encontrarme Jas miradas que yo desviaba inmediatamente, se gozaba i- a risas sinceras y complacientes por mi timidez Después, el viejo empez6 a contar un sartal de historias, aventuras y anéedotas de su vida andariega como pura romper el hielo de las incipientes amistades ¥. por To tanto, le simul por escucharlas, a pesar de saber que eran puras mentiras, inveneiones fantasiosas 0 simplemente increfbles. Pronto caf en la ~ ‘cuenta de que ese hombre tenia la cabeza repleta de historias que pasaron por generaciones y por tertulias vespertinas acerca de mitos y cuentos trafdos de - montafias adentro, A las pocas horas de estar con él me di cuenta de su Soledad. Noté que el viejo no habfa tenido compania cen bastante tiempo, y segui escuchsndolo sin pensar en ccontinuar mi camino, Fue hasta después de devorar dos platos de aquel tipo de sancocho cuando vi al viejo buscar su chonete y disponerse a salir, razén por Ia cual ere - ‘que debia despedirme y seguir atravesando los prados, Sin embargo, como si advirtiera que mi vida atravesaba ccaminos dificiles y que luchaba en ese momento contra - tun suefio envolvigndome en tibios raudales, el viejo, con tono amigable expres6: —Machillo, usted debe de estar cansado y... ,se esti durmiendo, verdad? —pregunt6 mientras abria espacio . cen el sillén que, por la irregularidad en el tapiz, notaba algunos resortes salteados. Sin esperar respuesta de mi parte, prosigui6: - —Yo debo terminar unos trabajos. Regreso en unas horas. Acomédese por ahi, en algiin lugar; échese una ‘buena siestecita y después... jh yo no sé!, {Dios dirét : Sélo no vaya a desacomodar nada, jeh? . Lo vi salir de Ta choza con su inmortal sonrisa rmarcada en los labios, sus tarareos y su leve renquear de la piema izquierda, Detuvo su partida en el corredor ‘ de la choza ¢ inmediatamente regress. Asom6 medio cuerpo por detris de Ia puerta, desde la parte externa de j eal ype ‘ ah 47 ; & . e ‘ ro pe ay RSSGETE ~~ ee” YW \ a® Rafael Angel Chavarria Gomez —Machillo, las nubes negras se estin acumulando. Se va a venir un buen aguacero y se me olvid6 decirle {que hay unas cuantas goteras en Ia casa, Use unos tarros que amontoné debajo de la pila, si no quiere que se inunde todo, ¥ también, por si hace frio, encontrar una cobija en cl armario de mi cuarto que es aquel que se ve al final del zaguén, Lo vi desaparecer tan pronto que casi no capté sus tiltimas advertencias © indicaciones, Sélo escuché el alboroto de una gallina cuando el viejo casi la pisotea al atravesdirsele a sus pies al momento de parti. La choza quedé inmersa en el silencio. No pude dormir; por el contrario, me senté a la puerta de la casa, nla gradita que bajaba al corredor, donde permanecé un buen rato, sentado y abstraido, Cholito Hegé a mi vera y después de dar tres vweltas en espiral, se eché a mis pies: le acaricié la caheza mientras mirsbamos la paz de aquellos prados verdecidos y extrafios extendiéndose hasta las lindes de Jas montarias, Lancé un par de manotazos al aire para ahuyentar a un pufiado de palomillas que revoloteaban 44 mj lado, Luego miré hacia el cielo y noté los grandes hubarrones referidos por el vigjo, los mismos que, hegruzcos y amenazantes, se acercabamn lentamente, La brisa anunciante de Huvia hizo revolotear una hojarasea formada en pocos segundos; de la cual, tuna pequeiia hoja se escapé del remolino de viento Para deslizarse, dar tres brinquitos y llegar a mi lado. Comparé toda 1a accién con mi propia realidad, pues asimismo habia escapado de un remolino de problemas, dando brincos por Ia vida hasta encontrar deseanso en un ‘huevo lugar. Entonces, tomé aquella hoja entre mi mano, Ja miré por varios segundos, Ia remect entre mis dedos y, por primera vez en la vida, pensé en mi libertad, Empez6 a liover. Percibf gritos a la distancia; miré, y cra el viejo huyendo det agua quien pasaba corriendo hacia un cercano establo ordefiadero. Me dio risa por sus alaridos contra la lluvia, por su forma de correr, por Ios trancos agrandados pero precavidos de no resbalar sobre Ja espalda de tierra desnuda y resbalosa que se extendia alrededor del establo, y por la forma de sostenerse el choncte con una mano, mientras que con la otra, en posicién horizontal sobre sus cejas, se hacfa de techo a los ojos. Entré a fa choza al instante en que tamboreaban los techados por las grandes gotas de Huvia estrelladas, y cesperé observando el transcurrir de los minutos que acercaba rpidamente a la oscuridad. Busqué la manera de alumbrar la estancia. Encontré unas candelas, mas no asf me dio tiempo de loc 48 a ™ incipientes penumbras me asomé por una ventana que daba hacia la casa mayor que se encontraba a distancia de un tiro de pedrada, y noté que dicha vivienda sf ccontabst con iluminacién eléetrica, Esperé al viejo, quien entré apresurado justo antes de ‘que dieran las seis de la tarde Ya casi son las seis, machillo: jEI Angelus! Me ogi tarde por estar hablando con usted # ta hora del almucrzo, ‘A tateos buse6 un radio de pilas que hitbia dispuesto sobre una mesita rinconera en su dormitorio. y luego intent6 encender una candela. =i Qué vaina! —profirid luego de chascar la lenguse enue los dientes—, esti hiimeda esta caja de fésforos, Anoche dejé un sorbo de Tinaza con manzanilla que siempre tomo para refrescar el estémago, La cuestién es que seguro lancé un manotazo a medianoche, boté aque! sobro encima de los fosForos, y hoy no encienden los cabrones —me cont mientras trataba de hacer chispas con pélvora mojada—. Voy a tener que volver a la case de don Pedro, el patrén, como en Ia mafana para que ime regale unos cuantos fésforos y asi poder encender el fogs n esa casa sf hay luz, zeierto? —Si, machitlo, alls ienen cortieme eléctrica. La verdad a mf me gusta vivir ast: sin luz, sin televisin y sin e50s aparatos del puro demonio que sirven solo para vagancia, Yo le die al patrdn que no me pasara el cable de la corriente. Total, asf me siento vivir en a naturaeza {més libre. En la pura montana, dicho en otras palabras Soy medio ermitaio, en decie verdad. A veces me dan ganas de ser como Juan el Bautista: vestirme con piel de camello y andar trepado en los palos comiendo mil silvestre y langostas... bueno grillos 0 cualquier va que no me cuesteatrapar. El viejo abris la ventana. Presté, por unos segundos, tuna mirada atenta ata lejania y luego tom un profundo sorbo de aire mientras cerraba ligeramente los ojos. —Venga, machillo, respi. Esto es igual a llenarse de vida tos pulmones: y mire para alld —me sefalé hacia los montes balados de los tltimos tonos azules de} caso—: la gente en la ciudad se ha olvidado de ver eso. Y bien que hoy Movi en la tarde, sino ls colores serfan més hermosos. A esta hora siempre me pongo medio filsofo, jy bien filoso de hambre también! —concluys luego de cerrar la ventana yfrotar su bariguilla abultads, Lo vi, entre las incipientes penumbras, santiguarse al momento después de encender el destartalado radio de pilas y sintonizar, con un trabajoso juego de su dedo Indice, la oracién espiritual de esa hora ©EDUVISION ee a lCh,CO Ojos de Abril que hice cn el dia, le doy gracias por el alimento que me Qué fue Lo que Te pasé 2 Ia guitarra? Machillo, asf como usted la ve es una guitarra finisima: es espafola, y hasta me han dicho que es de las zampé y le pido salud para seguir viviendo. tilizadas para nnisica flamenco, Es una de Tas mejores ‘Lannoche me sorprendié cuando el viejo me ensefiaba inversiones que he logrado ex mi vida; aunque no la sigunas notas con su vieja guitarra y cuando me deci ‘compre sino que la cambié por una bicicleta que tuve. - {que con sélo el citculo musical de do y un par de notes —iPor una bicieleta? e ris, se posta dar serenata a quien quisiera. Yo le tome interés al asunto y en mi imaginacién me trastadé al die vn que dominara hbilmente el instrument. Lucgo lo vi Asi es, machillo, tuve bi jcicleta nueva que ws ellé en seis ocasiones: 1 Jos suetos dos cinco dfas pero en la que me mtirle, un dfa me de tomar la puitara y colocarla en sus repazos: Ym “yuc el dvero det taller de reparaciones iba een daa coatomeando con su mano 1a sinuosa _aidugerar una sucursal cerca demi casa por el trabajo < taaearocta con un earifo incomparable: “jqué bonita que le estaba dando. Entonces me dije: “pievinchis. e es mi gocdiz!” te vay @ malar en ese aparaio”, y decid poner un Yq | w{Sabe por qué tiene esta forma de mujer? fanuncio en el periico que decia: “cambio bicieleta | Sivaajurne pensar tan sguiera,€l mismo espondié: por cuslguer vaina”. Para no cansarlo ean el cue, e | Puc porque se debe tocar con delicadeza y —sparccid um “zonzonate” que nunca pudo afinar la e i termura para hacerla cantar notas y hacemos sofar entre uitarea y me ta cami. | snelodias. Me di cuenta, enionces, que a viejo le gustaba ° | Abt mis ojos pasmado porque no cref que aquel _—_—‘hecer felatos acerca de cualquier hecho pues pars ~ jo de gemtigo gunsdnysocarn pudicra pensar detal comtesiar_ se regodeaba_en la historia antes de mera vi reitarparsvida frase responder Is preg i fe macho? Duré casi dos me El asunto es que se un elavo en Ia pa © de un libro de aprender a to egd-— y eon ese ferTeMtO que pus6 hace Pore. e aoe ren que era un poco diferente, pero esa era la en sdbado santo, se cay6 al piso y se me quebré. Pero stare que psa esque con este "memoria de ioclate” _micillo, vera qué sto conse temblor: le waina 68 96 + 9, jqus va —mre dio mientras explot habia pensodo no ira mise de resurreccidn esa noche, . i visas su aera porgue es larsasin, porque todos 10s alos de mi vida | Tee acedispuse en su favor y ref junto a él, habia ido y porque siempre me dormfa unas tes veces . ques parcefcun gana evolionolgrandosuteavesa, en el asuio, Entonces ese it me dj: Sno, ma. e8 65 e | Seer irda atenta alos dualles le not mientras __uaexplotacion de los fees: emo va durar tres horas | ne toblaha. una foposidad de adolescente en sus ojos, ua misa. No, qué va, nombes, sale uno con el tragero oe | ful st estuviese ‘Viviendo una tardia juventud, up plano y piers uno tas curvas”, Pero desputs, cuando se “ i divergeneia sempiterna en sus cejas las que 20 pod viene ese meneén; machillo, me tie soplado pa’ fuera e | frais vin anes reatizar un denodado esfuerzo. y unos como si el pisuicas me Tlevara del pelo: ¥ veo a la vaca ti vieeantes y naturales guinos humorsticos en su cara _incada, no sea guevinchs, machillo!, sn mentile, casi ’ | Sule daban uma gracia natural para naar historia. Le me da un pats. ¥ pobresta dona Non a empcaa “ | aoe deme, una delineada isan sus labios refijando en Ta casa del patrOn, que también habia slido a patio: | mgs interior y un constane ajeteo en sus manos pcs sdlotengo la imagen de ela coniendo despayorda, = | Soin para dar mia vidaa os feats. Presentaba un olor montafaadeniro, glpedndose el pect y peng incase - Hane ir arion aos sin desodorante pero sin llegar a como cinco veces, cuando me escuch6 gritarle: "ESTE ta pestlncia, un olor impregnado en toda su ropa que ES EL FIN DEL MUNDO, EL FIN DEL. MUNDO! a vasnado se aljaba hacia ora habitaci, el loro seguia __Entonce, igalmente sal disparado, peo para ies - como sifuese una nube de mosquitos en estes ¥ ahi me meta la misa en primera fils, todo despeinado. « Pobre guitarra mfa: se ha evado cada lefiazo! — ~ {Doia Non6?—preguntécurioso ant tal nombre, | express el viejo refiriéndose a una abertura con un parche La sefiora que atiende los quehaceres : ‘casero que, seguramente, él mismo le habia puesto. domésticos por all Ase como yo la amo. . Supe en ese instante, por el tono de su Vor y por ¥ por qué la lama asi? su disposicion, que el viejo queria empezar un tema al —Guando la conozca me va a dar la raz6n, Ellaes de respect. tas vigjilas que siempre dice que no para todo: Que si ahs 49 7 OEDUVISION ‘ 7% — ae a *& Rafael Angel Chavarria Gémez ‘quiere que la acompane a la casa, “no”; que si quiere ir ‘bailar en fin de semana, “no”; que si quiere tomarse un eatecito conmigo, “sf, pero no”. En fin, si se le pregunta Por qué no, responderd: “no, porque no” Luego de un pequeto silencio, con sonrisa muda y recordando el tema inicial, agreg6: —iQué vaina!: ya no suena igual mi guitarra, Lo vi guindar el instrumento en un clavo de la yacercarse a a ventana. El viejo parecfa sufrir una lucha interna de sentimientos opuestos. Por un lado Ia de su espiritu y por ef otro, la tristeza de una # soledad. Acodado en la orla de la ventana, quija sus manos y mirada fija a la noche Huviosa, ge sincer6, bueno hablar con alguien. Hay dias realmente tedioses y aburridos. A veces me da por conversar con ‘as gallinas, con mi guitarra o con un dibujo que hice de tina oreja prestando atencién —después de reltse otro = poco. continus—: A veces tan s6lo miro al cielorraso cuando estoy en mi cama y habla sin saber de qué ni con e uign, Pero diay machillo, ast es ta vida: ja me sale ni La Segua para echarle el cuento! entre De esa forma retomé de nuevo a sus i estado natural de dnimo, por lo que esperé a que dijera ‘otra de sus tnicas salidas, Lo que debo hacer es pintarie unos pelos ala oreja; pues, jse me estd volviendo vieja la muy condenada! Altanto, no perdf detalle de las ocurrencias del viejo: le observé gestos y movimientos cursis que dramatizaba para contarme esas historias, Luego de reir a carcajada suelta y después de unios iez relatos similares, de consejos y de bromas, 10 vi ‘acodatto en la mesa, apoyando la cabeza sobre las palmas de sus manos y cetrando repetidamente sus pétpados. El viejo me dijo con palabras entre bostezos y luego de risearse los ojos para ahuyentar el dormiteo: iA esta hora siempre voy por el tercer suefio! Pero, estaba pensando, machillo, en hablar con el patrén: pueda Ser y que usted se quede por aqui de manera temporal y hos ayude en las labores de la finca. Bueno no le ascguro nada; pero de no ser asi, hablaré con algunas personas del pueblo y mafiana mismo ya usted tendria futuro, Digo, si usted quiere. Abs los ojos con inocente expectativa al escucharlo, y ‘me nacié Ia esperanza de quedarme en ese lugar. Hasta en ese instante pensé que, de continuar en camino, no tenia tun sitio al cual dirigirme. Quise tener las palabras para ‘agradecerte todo lo hecho por mi y explicar las zones de 'mi huida, pero cada vez que lo habia intentado en la noche, al vicjo se le ocurrieron nuevos relatos y viejas historias de su juventud que me impidieron cambiar de tema. 50 Al momento, el viejo se quité su sombrero de lona, se rasc6 la cabeza plicidamente durante algunos segundos, ¥ se dirigi6 a su cuarto con su leve renqueo en su piema izquierda, Intenté dar un poco de orden al lugar antes de acostarme, y mientras tanto sent que el dnimo de mi huevo amigo me contagiabs. que su actitud me daba una ‘nueva formna de mirar al mundo y a las personas, y que imi pasado se iba perdiendo en el abismo del olvido. A los pocos minutos luego de haber apagado las candelas y cuando ya me rendia ante las rifagas de sueflo que Hegaban como oleadas y raudales a mis ‘ojos, escuehié la vor del viejo euando me decia desde su cuanto, Machillo, ;ya se durmis? —sin dejarme contestar, agreyé—: se me olvide decirle buenas noches. —Buenas noches... —tardé un par de s recordar y decir su nombre—: don Leo. Acostado en el sillin de la sala, semti un leve apretin en mi homibro izquierdo remeciéndome para despertarme. Me froié los ojos, los abrf lentamente y en forma oblicua como si el suetio fuese espeso y me pesarx en los pairpados, A pesar de Ia oscuridad, el primer azul del alba se Gifunda alrededor. porto que pude distinguir, entre el vago contraste de colores, a una figura humana contomeads enfrente de mi y que decfa con palabras airosas y casi insonoras: —Machillo, despabilese: ya casi amanece, y a un hombre de trabajo no lo agarra el sol en la cama. Me enderecé mientras sentia en mi espatda los festragos que habian ocasionado los resortes de aque! sill6n, y al desentumecerme miré, ya més consciente y con un poco més de claridad en la vista, que la figura ‘contomeada sostenfa en su mano una jarra humeante y lorosa dispuesta para mi. Al instante, don Leo acere6 un cajén a mi lado donde puso la jarrs. En lo que canta un gallo le taigo el pan y natilita ‘casera —enseguida regresé con dos bollos y un plato con la natilla chorreada, Luego lo vi dirigirse a la ventana para abrirla y asf ‘contemplar la vida maftanera. —Machillo, venga vea el amanecer. ;Bendito sea Dios por su creacién! —me dijo mientras miraba en forma expectante hacia las montaiis y respiraba a lapsos profundos y placenteros, Luego el viejo tomé el bollo de pan, lo mojé con la natilla se lo comié lentamente con sorbos de café. ‘Mientras buscaba a tientas mis zapatos debajo del sill6n, pensé y eafen lacuenta de queel trabajo empezaba ‘CEDUVISION muy temprano en ese lugar: AI cantar el gallo su hora, cuando el frfo penetra Ia piel y toca Tos huesos, cuando Ia bruma mafianera da un matiz a nuevo alrededor yel aroma a café, vida al despertar. —Hoy es lunes... y 10s lunes ni las gallinas ponen —dijo el viejo al cabo de un rato y mientras soplabael humo del café que tomaba Tentamente sin apartar la. vista delas montafias bafiadas por los colores matutinos, Me acergué a don Leo para ver cl amanecer referido. Puse la jarra y el pequefio plato en el ancho marco de Ja ventana; pronto partf Ia punta del pan para, con ut movimiento circular sobre el plato, absorber todo el contenido restante, —No hay nada mais rico que empezar et dia con tun buen cafecito; verdad, machillo —dijo el viejo con tuna sonrisa muda después de seguir paso a paso todo aquel ajetreo. ‘A los minutos salimos de ta choza trepidando nuestros hombros por el frfo, frotéindonos los brazos y Tas manos para encontrar un poco de calor mientras el caminar ejercfa su efecto, y sintiendo en el frescor de los ‘ojos la acuosidad de 1a neblina. — Qué Ie pasé ahi? —pregunté al ver a don Leo ‘amrastrar su piemna enferma visiblemente més de lo normal. ‘Su reaccidn fue esquiva; noté que se le ensombrecié cel rostro ante el recuerdo. Lo vi rascarse la cabeza part recordar la respuesta preparada de antemano ante tal pregunta, y decisme: “Es una historia larga que no se la cuento a nadie porque no me gusta recordarla. El viejo guard6 un silencio mientras esperaba, con tuna mueca en su cara, a soltarse un estornudo que lo habia asaltado, Se quit6 el chonete, se lo puso sobre su ‘nariz, explots el estornudo en él y lo utiliz6 de panuelo. —Sélo le puedo decir que esa fue la raz6n para venirme a vivir a Zarcero hace tantos afios. Bs cuando hace mucho frfo que me duele mas —me dijo recordando ta pregunta y después de sacudir varias veces su chonete ccontra el aire para secarlo. ‘Senti que habia eludide mi pregunta en una forma, EDUVISION +e inmediato, tomé un tiempo. para ‘echarle al viejo una atenta mirada escrutadora: 10 Vi elazar sus manos para soplar por encima de los nnudillos de sus pulgares uunidos y hacer un sonido semejante al de Tas Mautas, en un tono parecido al de Tos bithos; luego se Hené los pulmones de un sorbo con cl aire azul de la nebtina al a y exhal6 por la boca un halito similar 2 una fumarada spectral que saliéflotando en citeulos concéntricos hasta desvaneverse con el fro circundante. Intenté imitar el ejercicio con mi bocanada de aire pero mi hilito salié ondeando igual a una plana mancha famtasmal —La prctica, machillo: la préetica hace al maestro —dijo después de burlarse de mi intento—. Pero... ;qué brumoso amanecié hoy! El viejo y yo avanzamos un corto trecho de camino y fustigamos Ia neblina mafianera a manotazos. Ast ftravesamos el amino que Hegaba hasta un pequeiio cstablo ordefadero, en donde se encontraban unas pocas ‘yacas que de un ligero mugido nos parecieron saludar. Subido en una barandilla apoyando mis talones cen Tos pesebres, miré al viejo realizar su labor con la paz del espiritu y la satisfactoria diligencia que da la conformidad con el destino y el trabajar en lo que a uno le gusta. Mientras, sonaron los ajetreos matutinos en. los prados y avanzé el ripido amanecer del campo: ¥ con él, los primeros lanzamientos de luz solar entraron Tentamente por Ia puerta abierta del establo Continuamos con Jas faenas por realizar. En tanto ‘el viejo, con su inmodificable humor, sus historias fantisticas y su charla intermitente, lograba que fueran agradables y cortas todas las horas junto 2 él —Don Leo, a qué se dedican por aqui” —Don Pedro, el patrdn, tiene un vivero cerca de Zarcero, Alii cultiva claveles y pomas del viento y las fexporta. Es mucha Ia atencién que le dedica al trabajo y casi nunca se deja ver por acé —dijo mientras, ‘caminabamos por Ta hacienda observando los eultivos de hortalizas que atin no estaban para cosecha. En esos momentos, una brisa fria llegd a nosotros ‘como una oleada que nos envolvi6 con sus sensaciones ymanecer, heen € YY ¥ con sus sonidos. Entonces el viejo detuvo sus pasos, levants su cara al cielo, y dij: —For esa razén esta hacienda se lama Las Brisas, ¥ Por eso mismo soy tan feliz de vivir acd. La verdad, mientras vivi en ta capital, nunca respiré tanta puseza. Y aqui, aunque se esté en verano. come una brisa alivianando el calor. Ademis, machillo, aqui me siento importante y trabajo en lo que me gusta: cuido alas pocas vacas que tiene ¢l patréa, las ordefto, hago natilla y queso Para nuestro consumo: por aguf siembro hortalizas, vigilo las gallinas, mantengo e] establo, intento cuidar los jardines: soy carpiniero de vez en cuando, pintor y albanil. En fin, todo lo que el patrén diga 0 todo to que a esta vieja cabeza se le pueda ocurrit —concluyé para retomar mi pregunta inicial Luego pasamos cerca de una hora buscando Ios nidos. de las gallinas libres, en el lugar donde estas uswalmente dv ODD eerste ve tse taco eeseced eeceeseeees rc eee oe oS LODO NRze tina persona de corazén muy duro; pero es que amaba demasiado a su esposa, a ta hermosa dona Elena —me dijo el nombre con un tono de recuerdo, El viejo me conté !1 historia mientras el sol se destizaba hacia occidente entre un destiladero de ceros que unos se Henaban de tonos vespertinos y otras se esfumaban buscando otros cielos. Todavia me parece estarlos viendo! —eontinio ¢l Viejo con su recuerdo—: Me quedaba horas mirando Jesde la ventana, Tenfan cast veinte aios de easados y pwreefan novios ain; envidiaba esos momentos y me fener una esposa y una familia igual, Eran ' junios. machillo: A veces se perdian entre idos y entre purss risas, o también se quedaban cl drbol por las noches despejadas —et viejo al6 hacia Iz colina cercana a la estancia— s6lo mitaban pora arriba: alléel ciclo, las estrellas y todas esa nas que se ven en las no hes. y conversaban horas y ‘lo se mecian entre ellos en ta hamaca 0 edaban cal 0 mi chi chiguita? “Si, mchillo, | DS, pero siempre uno junto al otro y a ita uefa la hija de ellos, cl viejo—-. Es una injusticia el heebo- que dofia Elena se haya muerto, Pero asf es la vidasere0 que en el mundo hay demasiadas injusticias montén de palabras, comprendf que don Leo quiso decirme que mientras existen tantas personas Viviendo tan saludables en una vida para el odio y la violencis, acechéndonos con sus maldades; otras ‘muchas, cergadas de enfermedades y desgracias, mueren ‘en una vida de paz y para e] amor. —Yo hace bastante ticinpo que una nube de tristeza s¢ ha estaneado encima de esa casa —continué ef viejo ‘efiriéndose al tema y sefialéndome con sus labios a la casa principal—: Primero Lucia, su nica hija, quedS cciega por un golpe que se dio al eaerse de un ¢abalo, Maldito caballo: siempre fue un chicaro; solamente mi chiguita lo defendfa, Vale que don Pedro, después de ese accidente, mandé a hacerlo salchichén en una cariceria Y para peores males un afto después murié dofia Elena, ues el céncer Ie inund6 los senos a la sefiora. Desde eentonces el patroncito s6lo se dedica a trabajar y a vivie por vivir: dejando pasar el tiempo, Y mi chiquita se ha quedado muy sola; inicamente recibe a sus profesores especiales, que son un par de viejos amargados, y una ver por semana, al padre Gordin, iY quién es el? “YO Rafael Angel Chavarria Gomez —Es el padre Juanito, el parroco de este pueblo. ‘Asf es como yo lo amo, y no le gusta para nada que le diga asi, por cierto: “més respeto al respecto, don Lea ‘no ponga apodos”, siempre me dice; por eso Io hago, EL migreoles cuando venga se lo voy a presentar, Et gordo es un alma de Dios y tiene una sonrisa de santo, ‘machillo, que a veces dan ganas de pedirle que intesceda Por uno ante don Tatiea, pare ver si acaso pego la loterfa —el viejo ri6 un poco y agregé—: Mi chiquita siempre se revolcaba de risa cuando yo apoduba al padrecito ‘Don Leo, usted sf que es un maldoso: « todo el mundo le tiene apode: Le vial viejo una sonrisa de nostalgia al record Palabras de Lucta Asi de dura es la vida, machillo. A veces extraiio mucho a mi chiquita 4Y por qué la extraiia? —Pues porque desde la pérdida de su vista yt muerte de su madre, se ha quedsdo confinada cn su cuarto, Ya no sale a pasear por Las Brisas y ni siquicra toca su flauia traversa que tanto me alegr hace bastante tiempo, El viejo empezé a discurtir, con mirada perdida en a Iejania y en ton de ahoranza, los recuerdos que guardaba de Lucia. La reeordé desde que era una nif y practicaba con sa flauta en el debol de fa colina o correteaba de lado 4 lado detris del viento, grillos, mariposas, 0 cualquier bicho que se moviera, en un amor ilimitado por la naturaleza. Se rié de la forma en que ella permanceia, por horas, tendida bocabajo presenciando los trillos de las hormigas cargando pedazos de hojas en sus espaldas, mientras que con su dedo fndice le daba empujoncitos 3 algunas de ellas que les costaba subir ciertas moniafias escate en aque! microsistemma perfecto, so s{ que lo habia heredado de su madre —lo vi sonrefrse un rato y luego afiadié—: Recuerdo que cuando cra niffa nombraba a cada planta y a cada animal a su ‘manera, “porque son mis amigos y no se puede conversar ‘con alguien sin nombre”, me deefa cuando le preguntabss uign era uno y el otro, Ademés me hizo sembrar un bosquecito aquf en Las Brisas, decia que todos los dias deberfamos sembrar un érbol, porque ya habia iniciado La Tercera Guerra Mundial: los destructores del planeta contra los amantes de la naturaleza. ;Qué imaginacién de mi chiquitat Todo eso porque en la escuela se habia enterado que, dia a dia, miles de Arboles eran {alados; entonces, decfa que debfamos luchar y hacer lo contrario: sembrar. Asi, me converti en su. compinche ¥ en su soldado; nos ponfamos fuertes botas de hule, agarrdbamos herramientas y abonos, y nos fbamos a AE \ | i sembrar. {Qué tiempos aquellos! También, mi chiguita dleofa que todo el dato que le causébamos ala naturaleza tra para tiesto propio mal; yo le entendf algo parecido a. que dafar Ia naturaleza es como tirar un escupitajo para arriba: porque después se le devuelve y le cae a iano en la mera narizota y pringa a todos los que estan a ta par. Asi es que. machillo, enemos que euidar bien lo aque don Tatica nos ha prestado, Bueno... pero, alld estn todos grandotes los bandidos arbolillos que plantamos cen esos dias. y desde entonces, me he dado a la tarca de ‘cuidarselos bien. ;Pobrecita mi chiquita! Esa misma noche ni las palomillas rondantes en It habitacién lograron sacarme de un mismo pensamiento. Me acosté de cara a Ia pared y concentré mi atencién fen la Sombra proyectada contra aquella, cuya sifueta fscilante se formaba por la luz de una candela a mis cespaldas y por el movimiento que le imprimia ta bris tere que rondaba en la sala y que se habia colado entre Jas hendijas de los tablones de ciprés. Asi, pensé hasta ‘el cansancio en Ia historia de esa familia. Comparti los pensamientos que ¢] viejo me refiris, en su arrebato de nostalaia y Hlosoffa, y cref que en verdad algo estaba mal, pues no era posible que murieran tales momentos f y quedaran mas tristezas ce las que abundan en est ‘mundo cotidianamente, Me senti hasta decepcionado de 6, con unas terribles ganas de Horar sin saber por ‘encontrar a quien. Poca menos de dos semanas pasaron desde mi Hlezada fa Las Brisas, cuando un atardecer después de mis labores decidi ensayar las clases de guitarra, aquellas que don Leo me habja ensefiado en cada noche desde dia de mi Megada, ‘Quise pedir prestado el instrumento y cafen la cuenta de que algo habfa ocurride con el viejo; pues, a partir de ‘media mafana se habia marchado y no lo habia visto mas porlos alrededores de la finca. Lo busqué en la choza, en lalecherfa, cerea de las hortalizas y hasta en los rincones del establo ordetiadero por si se habia quedado dormido poraht. Al no encontrarlo, esperé su regreso observando los prados por donde cl viejo solia desaparecer en cescapada. A mi lado Megé Cholito. Se eché al suelo, ‘metié su hocico entre las patas delanteras para vigilar ‘el camino reposadamente, Al cabo de un rato en esa espera lo vi levantarse casi de un brinco, entiesar sus orejas, agudizar su mirada y menear la cola, al momento de gemir sus chitridos y bailotear de alegrfa, para luego ladrar a la figura de mi amigo que se vislumbraba a 1a distancia en el camino proveniente de Zarcero. Mire al viejo caminar a pasos lentos, con su leve cojear el primer ‘©EDUVISION ww we DPR. Ojos de Abril ¥y con frecuentes pausas que le servian para levantar st ‘cabeza y respirar hondamente. Fue entonces cuando supe {qué él estaba enfermo a causa de un asma sufrida, —Don Leo, ga dénde andaba? ;Ya me habia preocupado! —le grité a la distancia y mientras me le acercaba. —Qué va, machillo —me dijo el viejo hasta que hhube Hegado a su lado—: cuando me da duro el asma ime voy a un bosquecito de cipreses ubicado en el centro de Zaroero y allé usualmente me siento mejor. El padre Juanito me dijo, en una ocasidn, que los drboles nos dan el oxigeno, y que ese basquecito muy probablemente ‘me podrfa oxigenar los pulmones y hasta despejar mis bronquios. Pero esta ver no me salid el trinquete y ahora mas bien estoy peor. ;Qué vaina la mia! Lo ayudé a llegar ala choza y a tenderse en su cami. El viejo se quité la camisa y los pantalones; los enrolld para colocarlos a un Tado de Ia almohada, y extendié sus brazos como queriendo absorber mejor el raquitico hito ‘de aire que silbaba al Hegar a sus pulmones. Pronto me pidis una sabana para cobijarse Tos pies, la que tomé de tun armario junto con una gruesa cobija que dejé sobre cl respaldo de Ta cama, para que el viejo alcanzara por si le daba frio, Le extendi la sébana sobre su cuerpo fue en ese momento que le vi. en su musto desnudo, una cicatriz que viajaba a lo largo de la entrepiema izquierda para finalizar su trazo cerca de la rodilla. De esa forma descubt la causa de su leve renqueo al eaminar. No le dije nada, dejé mis preguntas para una mejor ocasién y ‘ms bien me sent invasor de su intimidad por lo que me dispuse a salir de aquel cuarto. —Qué va, machillo, jesto sf es feo! —me dijo al fin xdo me vio alejarme hacia el umbral de su habitacién. CObservé, por sus ademanes, que el viejo se referfa a su asma y no a mi hallazgo en su piema, del cual no se habia dado cuenta, —{Quiere que le taiga al doctor? —le pregunté, entonces, luego de verlo palidecer y abrir enormemente sus ojos al respira No, qué va! Ya casi se me quita. Ademés, él no puede hacer nada, porque esta enfermedad no es de doctores: es de tiempo. ‘Lo vi respirar hondamente. Tosié prolongando el sonido para deshacer el alboroto de bronquios sentido ‘en su pecho. “Ay machillo, quién sabe qué estaré pagando — cescuché sus palabras airosas y con desentonaciones—. En el pueblo una viejilla me preparé un brebaje de hhierbas que me dijo era bueno, yo mas hien pienso que fue un bebedizo de bruja para atraparme, qué va! Luego, 55 a a x } Rafael Angel Chavarria Gomez don Chema me zampé un caldo de zorro que sabia >a sopa de diablos, Y por si fuera poco... —el viejo Nm hizo una pausa para tomar otro gran sorbo de aire—, © ahora mismo me comeré un > corazén de gallina envuetio en manteca de chancho que dovia Pelos me preparé cuando pasé por su casa. Si con toda esa carajada no. se me quita el asma. por lo menos me alimentaré @ me dard una nueva enfermedad y se me olvidaré la primera. {Donia Pelos?) — pregunté curioso ante tal nombre, —Si, machillo, es una Viejilla del pueblo, fesita como ella sola, quien me hha invitado tres veces a almorzar cn su casa, y siempre me sale un pelo en aco Le noté, al tanto que me hhablaba y en cada una de sus respiraciones, esbozarse un hhueco en su pescuezo de pigmentos cérdenos y rojizos semejantes a la piel de gallina recién desplumada, —iQué vaina conmigo!, ya me esti agarrando el dolor de estémago —concliyé mientras se frotaba, con las palmas de sus manos, el vientre praciosamente abultado. Me caus Mstima el estado de! viejo, por lo que busqué |a forma de darle un poco de comodidad a su postracién, Le abri Ia ventana para que le entrara un poco de brisa fresca del campo, Caminé hasta la puerta dela habitacién, en donde observé que la cortina de eretona volaba casi en forma perpendicular por la fuerte corriente de viento, por lo que me devotvi para cerrar un poco la ventana, Luego le Tlené un vaso con agua que cologué sobre una mesita Tinconera para que tomara con el extraio medicamento preparado de corazsn de gallina y, por tltimo, e aleancé el equefio radio de baterias para que escuchara el Angelus, ‘como siempre acostumbraba cuando daban las seis de 1a tarde, Decidi no interrumpir su descanso ni robarle la mfnima porcién del flujo de aire circundante, por lo que después de saber al viejo dormido y mas aliviado, y observando mis tranguila su respiracién de enfermo, sali ‘toe eee 77s393398999909 en puntilas de la habitacién para no despertario, Tomé —prestada la guitarra sin pedirla Ine alejé de la choza en direccién al Arbol de la Joma cercana, El lugar era acogedor, El arbol era frondoso y robusto, sus raices me parecieron una ‘mano abierta que sostenta 4 la pequefia loma y entre sus bifurcaciones encontré cémodos espacios que acogieron la estancia. Me adosé a su tronco. La brisa reson entre las ramas igual @ un continuo y sereno Aujo y reflujo de olas; los rayos de luna se empezaron a filtrar entre la hojarasca figurando destellos luces que recorrian a mi vera, para luego de vagar fartivamente por encima de aquella loma, encontrar posada sobre mis pies. Me abismé en las vistas, absorbiendo los detalles. Luego coloqué la guitarra contre el wonco del ébol y me hice espacio en el terreno aledaiio sacudiendo con mi ‘mano las piedrecillas y las particulas de palo que se encontraban en el mantillo. Me acosté de cara a la luna on las manos hacia ards y os dedos entrelazados detris de la nuca para mirar el ciclo de estrellas, y pensar Nunca antes en mi vida me habfa sentido tan vivo como fen ese anochecer. Sentf el tamboreo de mi corazén y 4 Ia brisa deslizarse en mi cara, escuché el voceo del mundo noctumo y observé las imagenes extendiéndose hasta el infinito del espacio, lugar donde prenden miles de estrellas que parecen pequefias velas encendidas en tun mar nocturnal Al cabo de un rato recordé mi prima intencién de dirigirme hacia ese lugar. Al incorporar la mirada se ‘me qued6 perdida en los anchos y sinuosos horizontes, por lo que vag6 en contemplaciones de los azules que ‘cubrian a los montes tendidos, y divag6 en pensamientos sobre los lindes de aquellas ejanias. Tomé la guitarra y ensayé un arpegio en do, una y otra vez, hasta escuchar una cierta melodia en forma de vals saliendo del instrumento, y que la brisa esperd para montar en sus ‘©EDUVISION ray) Ko eer” Ojos de Abril lomos y pasear entre notas alrededor. Con un ereciente _ ningun cefidor, de falda holgada y alargdndose hasta ‘cntosiaatna fui adornando Ia armonia con el artificio casi tocar el final de sus pantorritias. Su aspecto decfa in © ia dostreza surgida al rasguear incansablemente los que me Hlevaba unos pocos afos de més, pero su figura (S os acordes, y me alegrs escuchar esa melo cera pequena y hasta sencilla. Ei verdegal se extendis o ‘asi se podia Hamar, porque era la primera que me salfa ‘abriendo camino a su cuerpo garbo, felino y menudo val Gon ese instrumento, Fue en 230s instantes que una que, a pasos dudosos y i tanteos en el aire, venfa hacia . imiisica salié de os cantos de una Alauta que pare mi y los rayos de luna se deslizaron por sus largos w Tejane, Una tonada que entrsteei6 mi alrededor hasta la _eabellos sueltos que se suspendfan a rfagas enue cl distancia, semejante un susurro de ridchuelo a to lejos. aire con las colas de la brisa En un cadente ravdal Heg6 a mi ese armonfa eneantando ‘Al fin, entre un eéfiro con soplo suave y apacible, ‘) sentimiento, adormeciendo a las luciémagas en sus me Hegé su vor. Una verdadera eufonia que escuché sin Srbitas acallando el alborote-de los inseetos nocturnas. razén alguna, En ios imervalos de la me “Deje que la mvisica me gute para Hegar, No pare ke uiwina y mi modesto eirculo de do recién ensayade, tonada pues es el camino que estoy siguiendo Pronto caf en ta cuenta de que habgamos logrado una Toqué nerviosamente las euerdas de la guitarra y mi comunicacién armoniosa: flauta y guitarra, notas y Ainica melodfa salié torpe y vacilante. Mientras tanto, Pa tonadilla y contrapunto, balada y vals. Las vigilé las movimientos dudosos de aquella que venta 2 ‘as leparon y mi pensamiento se hundié en el mi encuentro, Era como si el centro de gravedad de mis e io de que las notas perdidas en el azul de esa _miradas fuese su aura envolvente,Silenci€ fos acordes, Poche, waerfan irremediablemente una amistad que segdn su peticiGn, hasta el momento en que ella logré ¥ en las corcantas del tiempo. llegar y sentarse a mi vera; entonces. se ados6 al Srbol ~ idn se Tend con el ajetreo de los presagios y 10s _levant6 su rostro al cielo y respiré hondamente como vos La esperanza de conocer la fuente de _absorbiendo un recuerdo de la brisa que corra, Luezo, ~ esi bala ‘trabajos diarios yen mis una palomilla se pos6 sobre su cabello; mi primera . suefios nocturnes intoncidn fue shuyentar al insecto, peto me detuve en el e Prusaron cies noghes sal viejo drbol de la colina _impulso al notar lo pequetio que era, y desde entonces pwa enayar "is cotdianas clases de guitara. Siempre ya nunca mfs me parecieron odiosas las palomilias = tapeniba iu suave misica de ln flautsta desconocida _Entonces miréa mi amiga desconocida hasta exe df Por o Mrerodeando et silencio de mis intervalos y tespondiendo a un buen rato, y noté que elia con su mano acariciaba Ia tis eitoalo de doy fue en esa noche deluceros de un 16 de —_parte de Ia rai2 del rbot expuesta a Ia superficie de la — bri, cundolaconoct Eraunanocheconun ciclomostrando tierra, mientras decfa: - todas ls estrellas del universo y con una tuna arrebujada de No soy Lucfa de Abril, y este arbol es Manvel. ° reboro, difundiendo una ciera clridad en tos campos yun usted? ‘color aul en las mirada. Los drboles se resistin a as tenues ‘Antes de responder, guardé varios segundos 2 trices fos sidéreos tonos se difuminaban con vaguedad en _—_extraflado de que me estuviese presentando al étbol, o Ins tomas tendidas y los prados ondulados se Tenaban con pues refa cualidad infantil el hecho de personalizar ‘um ballicio en sinfonia de ls grills. Jas cosas y ella no era una nifia. Fue cuando records el a “Toqué mis cuatro nots, las Gnas que sabia, yesperé _comentaio de don Leo acerea de que ella en su infancia - la respuesta de la lautista, Me abismé entre pensamientos hala dado nombre a cada planta y animal de Las BRsas, iv _y me empeié con la guitarra y el efrculo musical mientras —Yo soy... bueno... me amo Gabriel le dij al fin aguardaba respuesta, Alfin de un rato en esas actividades, __y con timida vor. . me resigné a la idea de que ese dia no escuchara la grata —iGabriel! —repitié clla—: fuerza de Dios en ~- tnelodia lejana Peroenunmomentolas vistasengalanaron_hebreo, primo anunciante del milagro de los cristianos @ tus matices evando miré ami derecha y divisé al pie de —-—_-y es el nombre que utiliza Federico Garefa Lorea en uno Ta Toma la presencia de mi amiga desconocida, Iuciendo _de sus hermosos poemas. - toda la feminidad imaginada y con un halo invisible de Yo no supe el significado de sus frases, y por la « tuna gracia innombrable. incomprensiGn me sent ignorante. Lo que me eaus6 un Venia con un vestido de tela fina, azul marino de miedo enorme de hablarle. . minisculas flores color violeta, sin mangas, cerrado —Como le dije mi nombre es Lucia que significa . liriba, sin escotes ni pliegues y sin Hlevar al cinto luminosa en hebreo, aunque mi madre decfa que “ ©EDUVISION Ser” 90@20008000008989980 CX 7 Se Rafael Angel Chavarria Gomez significaba “nacida con la primera luz del df a y ella se _pleno vuelo y su labio inferior, el horizonte de su mar. llamaba Elena que significa también luminosa pero en Conesporidicaspartcipacionesmias,fundamentadas riego. Aunue ahora la luz de mi nombre no esta en en timidos sf 0 no, terminamos una conversacidn en la imis ojos y la luz de mi madre no esta aqui ‘cual Lucfa fue la Gnica que préeticamente habl6: por Apretujé sus labios, levant6 sus cejas Yo que solamente me animé a preguntar al final tenuemente en sefal de resignacién, y agrees —La flauta... bueno, justed es quien la toca después de un silencio: verdad? —Me gusta el sonido de la guitarra. Supe —Si, yo soy quien Je contesta los citculos musicales. Y traeré mi flauta transversal miafana como a esta hora, claro, si usted también viene! —respondié comprendiendo mi inten s¢ olejaba Fentamente Loma abo. que usted es el muchacho que recién vive en cas de don Leo y que nos va a ayudar un tiempo por aqui en la hacienda. ;Bienvenido entonces! Supe ademés que no era don Leo quien tocaba el ;rumento, pues él bubiese rasgueado algiin picaro corrido ranchero como siempre toca por las noches. ‘Saba que mis palabras no lograrfan coineidir con los pensamientos que surgian a borhollones, ¥ que si hablaba caerfa irremediablemente en un bochornoso tartamudeo; por lo que decid, simplemente, callar, Creo que en cierta forma estaba absorto, fi belleza proveniente tanto de su ‘cuerpo como de su alma. Su cabello color eastaflo almendra volaba en dos alas para posarse a mitad de su espalda y esconderse entre sus aladares gue, unos se los rec detras, ¥ otr0s se es én y mientras —jAqui estaré! —grité cuando ella iba Is distancia yy su figura se desvanecfa entre las sombras nccturvas E] tiempo silente y sereno me cobij6 esa noche: pero mis pensamientos me dieron un suefio inquicto de a veces sf, a veces no, y entre sus lapsos y arrebatos vivi textraiis sentimientos. Cerré los ojos para intentar dormir y alli ‘guardaba la imagen de mi ‘nueva amiga impregnada en mis pupilas. “Ahora ey ante 1a cen trenza por ipaban para acompafiar al flequillo que cata en su frente, los mismos aladares {que rozaban las sienes hasta caer cerea de sus pémulos acentuados, Sus cejas divergentes enarbolaban sus pirpados para centre ocultar sus ‘enormes ojos que rmiraban a la oscura inmensidad. Una ‘mirada escrutadora de sus rasgos not6 ademas aque ella mostraba la misma nariz carnosa de su padre, pero ccon ciertos trazos infantiles que @ veces arrugaba para lucir una ‘moneria, que st distinto; es como pintara con sus imagenes, con nuevos colores y con recuerdos imborrables”, pensé sin palabras. Miré hacia el cielo a través de la ventana, desde donde Iegaron nuevos pensamientos. Luego recordé momentos pasados y me figuré imagenes futuras rondando en la habitacién “Si me hubiese lanzado al barranco, no habria vivido esta noche y nunca hubiese conocido a Lucia” pensé y seguf entre pensamientos que se boca quedaba amparada escaparon a través de la ventana y se elevaron entre los pliegues formados al entre una mirada ascendente hasta legar a perderse pie de las mejillas, y que cuando nel olvido, entre el wémulo destello de estrellas que esa sonrefa su labio superior asemejaba a una gaviota en noche prendia més all 58 OEDUVISION a Nee / I (OR ee Sree Ojos de Abril Iv Al dia siguiente apenas el crepisculo empez6 a desinflarse, cuando los montes de oeste se cubrian de azules, y mientras en el ciclo Tos lampos se destefan de alogues a violets, escuché una suave tonada de la flauta cconocida que provenia de la pequeia colina del érbol Miré a don Leo ponerse el chonete a ha carrera. De un salto se levant6 de la sillay atropell6 a cuanto estorbo encontrara en su camino para dirigirse répidamente a la ventana que estaba de caraal poniente. Laded su cabeza, par la oreja y fruncis el entrecejo en una expresién de escuchar atentamente. —iDios mio, es mi chiquita! te escuché exclamar con gran jubilo y le observe sus ojos reverberantes como nunca antes—, Gabriel, esa es Lucia! —Si ya lo sé, ayer la conocf —le dije en forma complaciente y como queriendo serenarle sus impetus. El viejo me mir6 con una mueca enteramente confusa pero se volted de nuevo hacia el drbol de la toma, y dijo con un tono festivo pero en aijoranza: —Alli esté mi chiquita, de nuevo ha vuelto a entonar su flauta, Desde hace més de dos afios que no la tocaba. sBendito sea Dios! Mientras esto sucedia y con un espiritu acezante, tomé la guitarra como si fuese mia y a grandes trancos spurados salfde la choza en busca de mi amiga. A medio amino s6lo escuché la vor desafinada de don Leo que, como ocultando un reclamo entre palabras, decia —Esté bien, machillo, no me la pida tanto. Le presto 1a guitarra ‘Yo no. acabé de comprenderlo: a mi me decfa machillo y a Lucfa, chiquita. “Este seior no sirve para apodar personas, Solamente a dofia Non y a dofia Pelos les ha atinado”, pensé, Continué mi camino sin demoras, no disponta de tiempo para retrocesos ni permisos. Solamente querfa Hegar pronto a ta toma para ver a mi amiga y aspirar de nuevo todos los aromas del momento. Podria jurar que a la distancia tuve una ilusién fugaz: me parecié encontrar a la loma irisada en extrafios colores con st presencia, ella sentada al mantillo del érbol y adosada al Viejo tronco con la falda desplegada sobre sus piernas. —iLucfa! He dije cuando Megué casi al pie de la oma y con vor fatigada, Elia dirigié su rostro hacia un lugar donde, fexactamente, no me encontraba; y con sonrisa sincera, cejas divergentes, hombros elevados y Ia palma de su ‘mano abierta con sentido al cielo, me explicé su realidad, y sin una palabra comprendf que ella era ciega, que no @EDUVISION aor ” cra suya la voluntad, que nada podi ‘que aun asfera feliz. —i Como es que usted Hega hasta acd? —pregunté con mis torpes tartamudeos, quizai por mi timidez 0 por la fatiga —Conozco tan bien este lugar que podria legar hasta on los ojos cerrados —me dijo con un tona de iron —Cémo se Tama ta cancién © la melodia que tocaba’? —Es la masica de un poema de Juliin Marchena que se llama “Balada”. Mi madre la compuso porque se encontré las notas en las eufonias de las frases. Ella Ime ensefié a tocar la flauta transversal y a mirar entre sombras. “|Mirar entre sombras?™, repel en mi pensamiento y memoricé: Le noxé a Lucia custo le alegraban los momentos con su madre pero cémo le ensombrecia el rostro el recuerdo de su muerte. —Ella era una de las personas buenas y puras que ha vivido en este mundo —agregé luego de algunos segundos de silencio. er al respecto y Lucfa incliné levemente su cabeza, sus ojos se abismaron en su mundo, colocé la flauta sobre sus regazos y empezé a juguetear con el instrumento entre sus largos dedos en movimientos acompasados. Le not, nese instante, un anillo de plata al que no le comprendi el significado por la figura de dos corazones: uno de cara al norte y otro de cara al sur, unidos por un azo sin fin, La vi, ademés, perderse entre pensamientos, ‘como intentando acercar imégenes del pasado, y Iego Su rostro se oscurecié por completo. Cerr6 sus ojos Vidriosos, trepids su barbilla y fruncié su frente para tragar de un sorbo su angustia. Con la yema de su dedo mediano evit6 que la tristeza se desbordara y con un disimulo infantil siguié su movimiento hasta encontrarse con su aladar y peinarlo hasta la parte posterior de su cabeza, mojando con una ligrima las hebras de cabello por donde pasaba el trazo de su dedo. Alli estuve, de pie frente a ella, sin saber qué decir. Solamente la escuché ¥ busqué palabras para compartir su pena o para dar un Yiraje inteligente ala conversacién, Luego de un momento la luna me descubrié observindola, porque al Megar a nuestro cielo y asoméndose entre el ramaje, pos6 su rayo de luz sobre el cabello de Lucia, como consokindole su dolor. Tuve la imtencién de decirle lo que pasaba, pero mis palabras quedaron perdidas en mi pensamientor y Lucia, en ese instante, tomé su flauta y entoné una melodia que, seguramente, trafa a su memoria los momentos del € a cee le € P¥399993399399'9 ») 9990089808899 080808 »>v00 NS , Ser KN 2k Rafael Angel Chavarria Gomez pasado, cuales viven entre las nebulosas imagenes del recuerdo, —Y digame, zquiénes son sus padres?, zpor qué no vive con ellos? —pregunt6 Lucia ‘Creci sin ellos. Solamente sé que mi madre murié cuando yo tenia cuatro afios y quedé con mi padrastr. El era un borracho y nunca hablaba conmigo, slo me sritaba, me golpeaba y me mandaba a realizar trabajos. Me di cuenta de mi pasado porque vivia en una casa en donde habitaban muchas mujeres, la ms vieja de todas, Ja que Tlamaban “Ia jefa”, me contaba historias. Ellas sala a vida y obra de todas las personas de este mundo y tuna vez me conté mi historia, porque yo no me acordaby. ~Y... joules su historia? ‘Al momento recordé el relato que habia logrado recoger pocos dfas antes de mi escape de San Carlos. ‘Tardé unos segundos para recordar las palabras de la jefa, y respond: Mi historia es tan pequefia que se puede escribir en la palma de una mano, eso fue lo que esa mujer me dijo mientras se reia, pero luego me asegurs tambign q cn la palma de mi mano deefa que tendria una histo inmensa en el futuro, Que sélo debia escoger bien los ccaminos y escoger vivir en vez. de morit. —Y... ,qué haefan esas mujeres en su casa? —Todos me decian que cuando creciera iba a teniender. Pero yo siempre supe: me fijaba por las rendijas y vefa la verdad de lo que pasaba Lucfa hizo un gesto contrariado y vi que sus labios, quisieron explotar una pregunta, a la que, con un movimiento de cabeza, prefiri6 callar. Entonces me senté a su vera y, al cabo de un rato, pregunté to que habia dejado pendiente y no lograba comprender: —Lucia, qué es ver entre sombras? —Es algo parecido a ver con los sonidos y las sensaciones. Es usar los demas sentidos para recrear una imagen, es una aeci6n que bien se puede llamar sinestesia. “Sinestesia”, memoricé y volvi a dejar pendicnte Ja pregunta de su significado porque Lucia siguié discurriendo. Mi madre decia que las imégenes son puras y perfectas. Pero sucede que las personas les dan sus tonos y perspectivas diferentes a cada una de ellas, vvolvigndolas reales y Gnicas para cada cual. Yo no puedo darles esas perspectivas porque no las veo, quiz por ‘esa razén vivo en un mundo irreal, algo semejante al mundo de las ideas que Platén concibi6, al contemplar la esencia de todo. De nuevo no volvi a entender el significado de aquel pensamicnto, pero callé sin interrumpiria porque me 60 grustaba verle Ia boca mientras hablaba: eran numerosas las mancras de contomear sus labios y hetmosas las expresiones que se figuraban al final de cada oracién pronunciada, Por lo tanto, solamente la miré y callé Lucfa, al sentir mi silencio, se acered, buses mi cara y cert6 mis ojos con la palma de su mano. —Ahora digame: ;qué es lo que ve? —Pues no veo nada —respondi al comprobar que solo miraba 1a oscuridad pegada entre mis pupilas y prado. —iVamos!, solamente use Ios recuerdos de las tilkimas imagenes vistas o de los momentos mis bonitos de su Vida, Eos est shi, almacenados para siempre en Jos rincones de la memoria Me fue dificil explicar el hecho de que, cuando cerraba los ojos, me sentia rodeado de soledad y somnbras, que mis recuerdos eran imigenes sin vida y sin color, y que sentia cierto pinico de que al abrir los ojos, de nuevo, me encontrara rodeado de la misma oscura inmensidad circundante Lo que sucede es que cuando cierra los ojos, quiere ver con ellos asin —explicd mis temores—. Usted be buscar los colores en la esencia de lo existente, en el alma de los momentos, y olvidarse del sentido de la vista —Bueno —-le dije después de algunos creo ver la tarde y unas vacas en el prado: s6lo que no sé bien si es recuerdo o invencién mia —Bient, de eso se trata la sinestesia: que se idealicen las propias imégenes de la eseneia del mundo real. Es cexactamente mi forma de ver. Con lo que me ha dicho, To que yo veria entonces es la serenidad en las praderas salpicadas de rebafios, porque no escucho el ajetreo de Jos animales ni el mugir del ganado; y dria ademds que la bisa juega con el alardecer en mi cara, porque la frase ime hace sentir un tipo de airecillo vespertino y las luces, del ocaso, —Ahora si comprendo —le dije—, la snestesiaes a forma que usted use para darle colores y sensaciones a Jos otros sentidos. —Si, algo asf y mis que sélo eso. Es como lograr reemplazar un sentido con lainformacién que encuentran los ottos restantes; y en mi caso, idealizo dibujos o imagenes con esos datos. Pero digame més de 10 que ve —me dijo con tono interrogante y luego de cerrarme rnuevamente Tos ojos. —Bueno —respondi—, todo lo visto aparece tan quieto que imagino estar observando fotografias. En verdad, me cuesta trabajo encontrar algsin movimiento en las vistas del recuerdo. ‘©EDUVISION

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