0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 113 vistas58 páginasOjos de Abril
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Lcee
ee Ve wwe VV ree eCre eee eCeeeceee &e
Rafael Angel Chavarria Gomer (Rafulingel, como todos en
$1 familia fo laman desde pequeto) naci6e 16 de agosto de 1970,
cn lo citinos tempos de la “Generacicn dela Guayaba” -cuando
los nifos vivian entre campos, prados. caetales y montaas:
cuando la diversi de los dis era encontrar riachuelos y pozas,
buscar frutas y apedrearpanale y cuando a ilusion de vida era ir
al puerto en un vio tren y fol en lox potreros
hasta ver eaer el sol. Ast, con este amor por la naturaleray vida
desde sus onee aos escribe pequefas historias en canciones
populares lleva dos de elas hn radio en 1998 pero cuando
mipecaba a enirar en estos caminos, sufre un desafortunado
incideote que lo deja moralmente disminuido. Cuatra aos
despues, retoma fuerza para darmos si primer libro “Los ojas
dle Abri: una istorin que encierra mucho de su propia vida y
su forma dese.
Este eseritor costarricense vivid. sus. primeros atios en
‘medio de la naturaleza en las Nubes de Coronado y en el
Carmen de Guadalupe, Luego su familia se traslad6 hacia
el sur de San José y alli perdi mucho de su vineuto con los
prados, lecherfas, montafas y climia en donde habia pasado
sus primeros alos, Su imaginacidn desperté desde pequet,
pues imaginaba ver duendes o ju Wose a su
alrededor ¢ incluso, se apegs x lo tnieo verde que habia en el
patio de su nueva morada, un drbol de cas a quien Tamé Manuclito, Cursé
sus estudios primarios en la escuela Vitalia Madrigal y mis tarde en el Liceo Luis Dobles Segreda.
Rafakingel fue victima de la violencia, pues fue asaltado, dejado por muerto y enterrato por los delincuentes, Sin
fembargo, pidi6 una oportunidad a la vida para vivir cada dia como si fuese ef imo y para Hevar este
testimonio a todas las personas posibles y, sobre todo, a las jGvenes costatticenses,
je y
En 1987 escribi6 una cancién Hamada “Mi mis lindo atanlecer”, inspirada en la cancién El ciego de José Luis
Perales. En ella trabaj6 una temética relucionada con el valor de apreciar lo que
Partir de aqui el sutor siguis escribiendo y lo lev6 a su novela Las ujos de Abril
0s y no hasta que Lo perdemos, a
Ha dedicado gran parte de su actividad profesional a visitar colegios impartiendo a los interesados libro-foros sobre
cliferentes temas como los relacionados con la tematica del sa fa vida y ala naturaleza como vatores y el no ala cultura
de la muerte y el suicidio como antivalores,
Su relato Los ojos de Abril posee rasgos autobiogrificos en la medida que muchos de los sentimientos que aparecen
en Gabriel, personaje central del relato, los sintié su autor.
Ha propuesto un movimiento llamado Cineista, el cual considera un hibrido de varias corrientes literarias en el que los
lectores encuentren los “detalles de las imégenes y las acciones como si estuviesen mirando un filme” y que mas tande ese
mismo lector recree los momentos, los absorba, en una mezcla de imiigenes y sensaciones, con los que pueda visualizar
tas acciones y hechos al cerrar los ojos. Los ojos de Abril es su primer intento de lograr este propdsito. La que sin das
pasa es una intensificacién del acontecer intimo como determinante de la circunstancia externa
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_ =~ eee VSeeseseeeeeeeseseeeeooeoeoooeooeee
ee
Ojos de Abril
I
Alvo los ojos alas imagenes
de los sues proyectados en
a pantalla de mis. piepados,
Observo todo a mi alrededor
nublado y oscuro como. si
revoloteara por encima de
lina tormenta; y logro ver
4 mi propio cuerpo. igual a
tun especteo gravitando en el
cielo. con trazos fantasmales y entre figuraciones que se
form
Asi, todeado de soledad, leno de temor y confusidi,
escucho miles de voces acerciindase hasta llegar cone
oleadas que me traspasan en forma de llantos, gritos de
pSinico, lamentos de pesar y quejidos de dolor. Luega de
esas rifaas sonoras, se apaga mi entorno en un espeso
silencio que solamente se rompe, a lapsos y
con desniveles de sonidos viajando en Grbitas crecientes
y ondallantes.
in y desvanecen repentins
Girando. mi eabeza de un lado a otto y con un
constante ajetreo de pupils
Jograrlo; por ef contrario, escucho una vor contindome
historias mientras mis sues se inundan de
Visiones, voces y sonidos,
Empiezo a descender entre esa atmésfera iin
ompes revototeos y con temor, abrigndame paso entre el
cielo y Ia
nubes; primero orientindome a tanteos en lat
oscuridad y luego guiado, pero a fuertes empujones en
rmareas invisibles, por una extrafa fuerza desde lo alto.
A mi vista todo se desarrolla en panorama, como si
cestuviese observando al mundo con os ojos de Dios,
razén por la cual miro todo lo que sucede en un didmetro
de varios kilmetros alrededor; y asf, en cach giro de mis
revoloteos, percibo movimienios fugaces © imigenes
repentinas en destellos que se figuran entre una arboleda,
‘A mi izquierda un muchacho de expresiones temerosas
y movimientos desesperados, va en carrera suelta: a
mi derecha, a unos cien pasos de aquél, un hombre ya
Viejo, figura grotesca, gestos de enfado, corre en su
persecucién,
Siento una fuerza extraiia empujéndome hacia el
fugitivo, una straccién absorbente arrastrandome hasta
ser parte de ese otro cuerpo: y yo en tanto, conforme me
acereo, escucho el aerecentar paulatino de los sonidos:
tun golpeteo interno que surge cuando se desbocan
las palpitaciones, un ruido de respiros agitados.y,
envolviendo todo hasta ta distancia, el grito de la noche
torrencial
EDUVISION
eo
“ger (See
Enire imigenes, voces y desvarfo, continio
descendiendo en contra de mi Voluntad hasta e] preciso
instante donde me encuentro con ese muchacho en
escapatoria. Lo persigo constantemente, asustado. Me
acerco tanto a él que puedo sentir el calor de su cuerpo
como una estela transparente dejada por aque! bosque
Al final, un nuevo empellén a mis espaldas me
4 entrar en ese joven coztiendo en fu
sospecho que el misterioso designio
superior es desartaigarme de mi propia existencia y
para vivir una hist
sindome dentro de si,
realidad para unirme al que buy
y de tal forma, él Ih
pueda compartir su cuerpo para poder ver lo que él mir
oir Io que escucha, concebir sus pensamientos y hast
sentir sus sufrimientos.
ae
Después de esa unién de vidas sentf un temor
innombrable al verme atrapado en un cuerpo.
extraio, pues a mis piernas las sent con una lis
exiraordinaria y recordé lo que era correr ¢ impulsar lay
fuerzas juveniles sin el peso de las edades. Entonces,
‘detuve mis pasos, mieé las palmas de mis manos y
mis brazos. Me pregunté qué podria estar sucedicndo y
no encontré respuestas ni razones, por lo que empoce
‘una lucha interna de pensamientos y sentimientos; pero
atin asi me dejé llevar, poco a poco, por la corriente de
‘mi nuevo cuerpo.
Escuché un grito de odio a mis espaldas y record
‘que era a mia quien el hombre ahora perseguia, por
lo que necesitaba huir de él, aun sin saber la razén,
Asi lo hice, Mientras tanto, la tormenta lanzé las gotas
de Iuvia como si fuesen pufales de agua; el vendaval
mbistis al bosque y rasg6 las frondas con sus garra
descontroladas; y al mismo tiempo, la oscuridad
extendié sus enormes redes y ocult6 los eaminos entre
tuna jauria de sombeas absorbentes,Los relimpagos fucron diiles en ese ambiente para
mis propésitos de fuga, pues al desgarrar la negrura de
{> 8 noche alumbraron convenientemente, con repentinas
em ‘ists pasajerns, a los caminos sespemeanee que debia
is seguir. En esos lapsos y destellos, miré a las ramas de
Ios drboles zigzagueando como si trataran de librarse
> del agua acumulada; y pensé que, junto a mi, toda la
naturaleza aledaia recibia un gran castigo.
A pasos tituheantes y
ceaminos, senderos, matory
cuerpo y alma abatidos,
trancos apurados, traspasé
Empapado,
aancé con el fin de fugarme
¥ perder de vista a quien corria a mi caza, Los
pensamientos y las sensaciones surgieron dindome un
nuevo impulso. un inves
cible deseo de continuar y un
empuje sobrehumano: pero al acelerar mis pasos, con
cl fin de escaparme de aquelta situacién, topecé con
las rama desperdigadas en el camino y cai en resbalada
sobre’el hdmedo acopio de hierbas y matojos. Di vueltas
Por el costado de una ladera, golpedndome contra todo
@ lo existeme en ef camino: y al final, quedé agotado y
> _ eile boca abajo ene suelo enlodado; sin fuerzas para
levantarme y continuar, sumido en punzantes dolores,
© _y sintiendo et palpitar de tas heridas y el comrer de mi
> _ sangre que tibiamente se deslizaba,
Preiendi levantarme del suclo pero mis. brazos
temblaban extenuados, entonces. renune
Y me dejé evar por et desénimo de no
2260 por la cul luchar
Miré los apurados y pequetos caudales de aguas
‘oscuras, cuyas espaldas cargaban con los fragmentos de
hojas muertas, con el lodo de ta tierra erosionada y con
las gotas de sangre derramadas: y me figuré, en estos
hilos de aguas, una semejanza extraordinaria con hileras
de Wormigas corriendo a mi vera para luego buscar et
abismo de un acantilado cercano,
Después de un rato al desvario, observé todo como
si estuviese dentro de una gran gota de agua, pero ain
asi noté a los caminos descendiendo por la ladera de
€s4 montafiainclinada al barranco. Cerré los ojos y os
sonidos de 1a tormenta lenaban mis ofdos: la Hluvia
tamboreaba en la fronda con un constante crepitar de
hojas y los drboles clamaban estruendosamente su dolor
Por los aletazos del vendaval.
‘Al cabo de unos minutos mis ofdos zumbaron igual a
les de gritfos ehirriando en mis timpanos; me desmayé
¥ quedé errante por un tiempo incalculable entre unas
sombras desconocidas. Lugo, al despertar, observé que
4a Muvia habia cesado y que todo alrededor permanecta
en calma, pero tratando de absorber Ia cantidad de agua
recibida. No escuché mis ni truenos ni vendavales,
al intento,
\contrar una.
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7,799
7 =e
Rafael Angel Chavarria Gémez
x ¥
Pero el silencio ciccundante se rompia ante las vox
rovenientes de la garganta del barranco cereano, al cual
Ime dirigi con recelo para descubrir que era angosto pero
muy profundo,
Por los sonidos escuchados, supe que alli en el fondo,
corfan aguas tumultuosas, y que de esas recénditas
entrafias del barranco surgi el bullicioso ajetreo de insecios
{¥ eriaturas que, invisibles a mis ojos, aturdfan mis ofdos,
Enguido al borde del precipicio, miré las imigenes
Perdiéndose en la vasta penumbra, como si lis vidos
desaparecieran en la oscuridad. Asf, abismado entre esos
Pensumientos y entre el desaliento intimo, me parecig
escuchar una vor proveniente del barranco: la cual
articulando sensaciones y no palabras, me Hamé:
—iHigalol, lincese con toda su angustia al vacto.
Elabismo me prometi6 terminar con mis abatidos dfas
Para no volver a sentir dolor, nunca més. Asi, por varios
‘minutos. quedé pensando en esa invitacidn a suicidarme
¥ deseando que pronto todo terminara; mientras, el rio
pellizeaba mi piel, e! cansancio confundfa mis sentidos y
‘mi cuerpo languidee‘a de fatiga por la escapatoria,
Observé el vaho del aliento sali volando de mi boca:
ego cerré con fuerza los ojos para no mirar la realidad y
Para tomar una decisiGn. El desnimo interno me dijo que
no existian razones para seguir viviendo, que mi vida no
tenfa sentido y que a nadie dolerfa mi muerte; argumentos
por los que sent una pasajera y fatal intencién,
Abrf los ojos despertando de mi Ietargo y de una
forma desesperada busqué razones para no suicidarme,
Querfa encontrar tan siquicra un motivo para no lanzarme
en el Barranco.
Almomentonoté queen a lejanta empezabaaamanecer.
‘Miré a la bruma azul de los primeros tonos del alla y a los
‘majados entomos atin goteando la tormenta pasada. Senti
Jaexpectativa de la naturaleza circundante ante ni decisidn,
¥¥ noté los segundos del tiempo comiendo y Hlendndose del
silencio de la noche, de la visible desolacign y de la quietud
4 las frondas, Tal imagen me dolis inexplicablemente con
innombrables punzadas; pero con esa mirada y en un solo
instante de lucidez, comprendf que con un pequetio paso
‘més, la profunda garganta del torrente me devoraria entre
sus aguas revoltosas, destruyendo dos historias: la vivida
hhasta ese momento, y la que nacerfa sila decision era vivir
Con una mirada logré un diagnéstico personal del
¢stado en que me encontraba: los hilos de sangre de mis,
heridas habian cesado y mi cuerpo, al secar la iluvia
recibida, despedta un vapor blanco que salfa flotando
enire la atmésfera de humedad en el entorno. En tanto,
resenti los esfuerzos previos y senti el trepidar en mi
extremidades por la debilidad, e! cansancio y el fifo.
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|
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yar
cseampado, una Hovizna menuda perduraba cayendo
tenuemente sobre mi. Durante un largo rato sentf et
hormiguco ocasionado por las mindsculas gotas de agua
estielladas contra mi cara; mientras, el desiinimo atin me
seonsejaba lanzarme al abismo.
‘La clase de somnolencia encentrada en el cansancio
se apoderd de mis sentidos y miré a cada planta y a cada
firbo! con medidas despraporcionadas. Se me torné
dificil enfocar las vistas y sentf ef cuerpo en una forma
pesada, pero a la vez tuve Ta sensaci6n de flotar sobre wil
misma hasta contornear Iu naturaleza cercan, como si
Ta barranca, sin despegar los pies de
In superficie donde me encontraba,
Al cabo de un rato miné a una brisa moviendo
amas de un drbol para situarse en é1. Alborot6 el silencio
| yy sacudi, de esa forma, las sltimas gotas estancadas
‘os diques de las hojas. Tal mirada me hizo olvidar la
abso
airase alrededor d
-onmocién, pues qued
amas se encontraba una
tas hojas que movi
Quign esti
ecibir respuesta y Iu
usitando « mi ofdo:
No Tas mentiras que dice La Muerte
Jie abajo, no alimente su feror apetito de desir
al saber que entre
visible pero presente
santas sin
10 escuche las engafosas voces de ka malas.
{ Quién es usted?, diame: gen d6nde se eseon
<-pregunté con palabras timid:
‘escuchar aquella brisa hablando.
El airecillo obvié mi pr
1pa del dabol igual # una desbandada de pajaros ante
Ja explosién de un disparo. Agudic so de
un silencio, que aprovechs para buscar la fuente de esas
bras en todas direcciones, esctché que fepuso:
—_Dehe saber que si decide lanzarse al vacio, su
vida se perder para siempre en Seol, un lugar donde
hhabitan todos los muertos de alma y desde el que no hay
‘opeidn de regresar. Déjeme decirle y advertirle sobre la
desesperacién y el dolor que alld se vive.
Fue por lo extrafio del momento, 0 por mi cansancio
| de la fuga, que me parecié observar a esa brisa
Junta y volvi6 2 alborotar la
agradable y vagarosa, transformandose en la figura de
tuna sefiora; la eual, se desprendia de la fronda, desde
donde se habja posado anteriormente, para luego
revolotear alrededor y decirme:
—Entonces, Gabriel, deje a Ia oscuridad pasar y
no escuche esas mentiras, porque El Espiritu det Mal
anda en busca de los desesperados para engaftarlos
ccon argucias.
| EDUVISION
Ojos de Abril A
Sr * AR Ss
De inmediato noté que la brsilla sefalé los m
de oriente pintanda sus sinuoses contomos eon el azil
del amanecer. Me abismé unos segundos en esa imagen
y luego me animé
—{Cémo sabe mi nombre?. ;acaso nos conocemos?
preguntas que la figura obvid. y agreg6:
—-Continie con la vida, porque a la vuelta del camino
vienen nue fas y las soluciones a los probl
‘que ahora se ereen iremediables
{Pero ya no soporto tanta tristeza! —repuse de o
iato-— Nadie rie quire, no sirvo pans nad... 80
tengo futuro. c
tun drbol, en el cual las siluetas de luces azules se
figuraban entre la hojarasca, Revoloted para hacerm
manpaieetecisnpnmgtnine. QS
y después agrezs
rn que hay estrellas que atin se ven brillar, pero
tras la distancia han muerto alli, otras nacieron ya y no -
n, hasta que pase un tiempo y su luz pueds ”
Hegar..Y brillarn, su luz ya vendré, hay que espe
nosnento ie bvillar. Enionces. Gabriel, los momentos on
y las alegefas son come las estrellas que ya han nae o
pero aie veremos su brillo después cuando seo su ju
tiempo. Asi es que habré un futuro, donde encontra ae
amor y seri importante en la vida -
a tanto, observé que la figurilla lanz6 un soplo de e
aire que, con un color verde azulado, traz6 un camino
serpenteante extenidigndose hasta brincar por encima de 2
tuna montafia, y agrees .
Gabriel, debe suber que muchas veces Ia tristeza es e
el precio a pagar por la felicidad. Vendrin las alegrias y
las bonanza... aunque no Ke miento: asimismo vendin .
nuevas tristezas, pero cada una de ellas tend ta semilla
de la felicidad.
‘No me dio tiempo para decir palabra cuando finali26 “
sus indicaciones:
—Entonces, permita a los sueiios nacer y a los
momentos llegar. Méntese y cabalgue en los lomos
de esas praderas, donde nacerin las historias. Debe .
Saber que todos podemos lograr que nuestras vidas
sean espectaculares, solamente hay que sofar, luchar
¥y creer que las hazanas se alcanzarén, que los suetios -
Ge los luchadores se yuelven realidad y que todos los
problemas se pueden solucionar, solamente debemos
cenfrentarlos, no ocultarlos ni Horarlos. :
esas frases y por la magia del_momento, -
ue al final del camino previamente trazado se @
encontraban reverberantes los horizontes, las montaiias
y las praderas, “wer SL
Rafael Angel Chavarria Gomez
CR
9999
Absorto por las. vistas desconocidas y por las
imagenes figuradas, no pude més que callar, memorizar
cada detalle y esperar nuevas palabras:
tiempos: no existe el hoy ni el mafana, ni
siquiera el antes 0 el después. Todo fluye sin tiempos,
donde el pasado y el presente convergen en el futuro, el
_ —Un poeta dijo que muica se pone més oscuro que _cual se vive en cada instante que llega ene] momento
~ cuando va a amanecer; y que la tristeza sentida ahora, Yo no comprendt sus palabras al oirlas, pero de
© esl inicio de ta felicidad. Sotamente se debe dar la alguna forma quedaron grabadas en mi memoria yore
oportunidad para que las alegrtas y Yes soluciones recordar en la acasién oportun,
mm _Teeuen: pero no se obsesione con ese maiiana, viva —Enlonces —agregé—, debemos vivir y traspasar
Dplenamente hoy, porque cade dia triri su propio afin todo un camino, para que al final se haya eumplido y
tm ~me dijo al regresar de sus revoloteos y al posarse, de _recibido todo lo dispuesto para nosotros. Deje sue tod
04
c).
Ke
veveseeTsTeTeTeeeese9e9eeeeee 8 eee e F
nuevo. en la copa del srbol.
Su vor, sus consejos, fueron remanso a mi turbulento
caudal y se insinuaron hasta encender luces a mi razonar
y darme un pistilo de vida; evitando asf, astutamente,
{que mis pensamientos se despe
Miré 2 la brsilla
‘que me suicidara,
igurada contra la pantalla azul del
alba, y noté que a través de sus destellos se formaba un
prisms espectacular ante las miradas. Luego vag6 con
bos movimientos y se me acercé. Tuve su cuerpo
tan de cerca que pude experimentar la sensacién de su
estela de aire circulando sobre su propio eje; y a la ver,
senti como si una nubecills fia y airosa, revoloteara
frente a mf
—jAcaso usted
ami matte? —preguaté, pero la
figura espectral con un gesto esbozado entre cejas, no
respondis.
Gabriel, s§ que no hay felicie
‘momento; perm Dios, quien es justo y bueno, abservé el
sufrimiento, escuch6 mis stiplicas y las de unos amigos,
Y El, dador de alegrias, le dara la felicidad del alma 2
través del tiempo y ta vida, No se rinds ahora tan cerca
de los lindes de las promesas. Luche un poco mis.
‘De qué me haba? Yo no tengo amigos. ni siquiera
fai
Es conecto lo dicho si mira Ja vida solamente
desde el pasado —me dijo con un aire de sabidurfa—;
pero usted debe saber que este momento es parte del
futuro también; por lo tanto, los amigos de quienes
hablo son venideros. Adem, ellos més que amigos son
espiritus gemelos; es decir, esencias gemelas. Y algunas
estin dentro de cuerpos humanos, otras estin dentro de
la misma esencia de Dios,
La brisa queds inmévil e ingrivida justo frente a mi;
razén por la cual, pude ver fijamente a sus ojos. Sent
‘que eran conocidos: los habia visto alguna ver aunque
no podia recordar la ocasi6n,
—Los espiritus gemelos que luchan por usted son
de una esencia mistica, y la vida es igual a un encargo
pasado mandado desde el porvenir. Es un plan dificil de
‘entender y de explicar; solamente le digo que para Dios
nS
se cumpla conforme debe ser. Ademas, quiero decir!
‘que sf tiene amigos y que me tiene & mi también. Todos
queremos su felicidad. Alguno cuidari de usted desde
Jas estrellas que han sido la musa de su poesta, y yo lo
haré escondida entre las nubes y nubecillas que fluyen
como rios,
Descansé entonces mis angustias al instante y
Por la estela de magia y explendor de la figura, th
lraspiés al otro lado del esearpado,
Pronto observé que Ia brisilla empezs a clev
hacia ef naciente, tal y como si el cielo aspirara su
nebulosa forma; Iuego quedé con Ta s
anteriormente habia observado ese ros
foto de
sacién de que
y records tina
nadre guardada en una mesita rinconeri; pero
tal recuerdo huy6 junto ala figura especiral, perdigndose
de vista entre un tinel imaginario que corre hasta el
infinito del espa
La noche de tormenta huy6 con las luces y consejos.
de a brisa vagarosa imaginada: luego qued6 perdida en
mi pasado sin la insidia del recuerdo. Fue una noche y
tun tiempo oscuro para el olvido,
Amaneci encorvado sobre mi mismo y de costado
derecho, con mis manos metidas entre los muslos para
calentarme con el calor de mi propio cuerpo y esperando
la pronta legada del dfa para secarme completamente ia
‘humedad recibida en la Ilavia,
EI sol empez6 a desperezarse por detris de una
montafia. Tuve, hasta ese instante, la certeza o la
sensacién de que el dia llegaba acompafiado con los
‘momentos prometidos por la grata figurilla, y que al fin
cencontraria las razones necesitadas para seguir viviendo
con renovados propésitos
La vida me desperté con las tonadas provenientes
de todo sitio aledaio, con los ajetreos sonoros y con los
Cientos de sonidos ocultos en los follajes de 10s drboles
‘mecederos por la brisa. De inmediato noté que la Huvia
anterior y cl rocio de 1a mafiana reverberaban en los
diques de las hojas, vistiendo de lozania todo alrededor
¥ dindole un efecto de acuosidad a la vegetacién y a
los campos.
©EDUVISION
|
|
|ry )K\ >a er’
Ojos de Abril
Miré desde el borde del precipicio, donde unas hors
antes habia decidido vivir y no mori, y experimenté un
reconfortante sentimiento de alegria por esa decisién.
‘Alden la profundidad lo nico que se vefa era a béveda
‘vegetal formada por las copas de los drboles y 2 través de
ella, unos espacios pedregosos de mala muerte. Fue hasta
en ese momento cuando supe que ain estaba vivo, que
no era una pesadilla lo suftido en la noche anterior. que
no eran mentiras los consejos que la buena brisa habia
musitado a mi oido y que me alegraba no haber caido
en of suicidio, No recordé bien lo que realmente habia
sucedido, solamente me Hegaron recuerdos fugaces con
sus mubosas formas y algunas perdidas sensaciones. Aun
asf, loindicado por aquellabrisa nocturna queds presente
en esencia: pero como no encontraba explicacidn lgica
al asunto, por unos instantes Hegué a formarme Ta idea
de que las imagenes vistas y las palabras escuchadas,
fueron sélo alucinaeiones de fatiga por la fuga.
‘Al disponerme a empezar el camino de repente
ring que, mis allé de Yo cercano, apareci6 mi tnico
‘amigo hasta entonces, Lo vi a la margen contraria del
aeantilado, salié de entre un boquete de monte, rraspasé
los matorrates, movié los arbustos y olfates el rastro en
el suelo por donde yo habia logrado pasar.
—;Cholito! —Ie grté
Paradas sus ofejas, guiflos en los ojos y cuello
torcido hacia mf, me divis6. Menes su cola, emper6
2 chirriar gemidos alborozados y a correr de un lado
para otro buscando Ta forma de pasar al lado en el que
ime encontraba. En tanto, igualmente me di a la tarea
de bordear la barranca buscando el camino por donde
habia logrado cruzar, y al mismo tiempo apaciguar
Ios animos de Cholite que a ratos intentabs mandarse
al abismo de un brinco para Hegar enseguida a mi
Cuando encontré la forma de pasarlo se me vino con
1a prisa ilusionada del reencuentro buscado y se me
Janz6 al pecho para rodarnos por los suelos, mostrar
las volteretas acostumbradas, salirnos de ta realidad
por un momento y lanzamos al juego de luchas: él
ladréndome, yo voceéndolo; él rasguikindome, yo
jaléndole el rabos y al final, é1fingiendo morderme, yo
en posicién de ahorearlo.
“Sé que no le gustan las andadas largas, pero
creo que nos espera tremendo trecho por recorter; ast
ue preparese y n0 lo uiero oft gimicndo de camino
Ae dlije para dejar los puntos en claro y mientras
ddescanssbamos ta lucha, al instante en que acariciaba su
‘cabeza reclinada en mis regazos.
Me levanté y miré a todas mis veras para decidir
ta ruta a seguir. Fue en ese momento cuando recordé
EDUVISION
la noche anterior y la posrera voluntad de ln besa
iaginada en el batanco,sefalindome una vera por ~
donde debiaemprender mi viaje (
seen, Cholito —dje justo antes de ptr, le
tengo cierto yresentimieno a este amino que va hacia
fquella mona al sur. Veamos a dénde no eva
‘Aeanzamos desculdadamente el camino escogido,
aunque previamente tazado por la magia de ta besa
tniaica ‘en Ta noche anterior, encomré que las
Palabras yas Seas dees figura, nos dearon un rasto
trasparchie aos ojos pero inconfundible a a atic;
Cling rsto que debia explora sin previsign alguna,
sin comida 0 tan siguera un atadilo de ropa para el -—WAif ©
Ninj. No penséen os momentos dejados ary sunque
cen realidad no sabja mi destino, sentf una misterios cm
conviccim y una insélita fuerza guiéndome hacia una \-
ruta segura.
‘Sin percibir las distancias discurrimos el extendido
campo: traspasamos setos, sembradios, prados y montes, =
¥ asi sobrepasamos las es del lado sur de ~
San Carlos.
El silencio absorbente se rasg6 con mis monélogos. bd
los ladridos de Cholito y los movimientos de espads, ~
‘con una rama, que herian el espacio de aire traspasado:
los cuales, a su vez me servian para librarme de un en
cespectro de palomillas que me habia seguid en escolta -
igual a una pequeia nube sobre mi cabeza y por largo e
trecho de camino.
Los animales desde sus rincones, nidos y madrigueras
nos escucharon en su ambiente como intrusos y extrafios ~
errantes, alborotando el silencio y 1os sonidos habituales;
y tal sifugsemos forasteros o advenedizos, nos siguieron
‘con miradas recelosas hasta cerciorurse de nuestra salida .
de sus campos.
TEscuché ef rumor continuo de un afluente cercano; a
aagudicé mi ofdo y legué a él traspasando un alboroto -
de maleza que desfilaba a su vera, Medi cl caudal y “
diving la profundidad con unas ganas teribles de
zamparme desde una rama de alggin arbol y sumergirme
por completo; pero a falta de pozas naturales y de -
profundidades deseadas, me acosté entre dos piedras
yun eauce y me resigné a sentir el agua bafiindome
horizontalmente. Luego gité de posicién, coloqué el -
rmentén sobre Ia parte externa de mis manos con 10s
dedos entrelazadas, y cerré los ojos para escuchar el
rumor de las aguas corriendo incansablemente hacia el
mar. Pensé hasta el punto de la soffolencia y no supe ~
si fueron pensamientos © suefios Tos que traspasaron
cenizos en imigenes299590 HA
19S")
o
oS”
Nee)
SA
>93939999939309"
di i
Chotito quedé en Ia orilla echado con la cabeza
‘metida entre las patas y mostrando guitios intermitentes
con sus ojos
Recordé el dia cuando encontré a mi perro echado en
cl puro centro de una calle periférica de San Carlos con
mirada fija ante los cartos que lo esquivaban con bocinas
estrucnclosas y gritos coléricos de sus conductores, Pasé
en bicicleta al lado del animal y me tanz6 una mirada
suplicante mientras jadeaba la sed y el hambre sostenida
Por varias horas. Di una vuelta para hacerle sonidos que
to ahuyentaran hacia ta orilla de In carretera: pero ain
asi, se queda en forma testaruda y sin claudicar a la
‘misma posicién. Continué 1
camino pero a los pocos
metros resolvi a no dejar al perro en ese lugar donde
Pronto seria objeto de una embestida fatal por algiin
Yehiculo, Al Hegar a su lado, me tom6 por el rueda
del pantalén, jalindome hacia un boquete de monte
feano. Alli descubri un cuerpo bocabajo de un hombre
de avanzada edad, segtin me dictaban las canas en Ia
parte post
ior de su cabeza en donde la sangre seca no
ubria. Los revuclos de las mascas y la zopilotada arriba
ime aclararon la muerte de aque! SeRor: el cual, por ta
Posicién de sus extre
hasta
nidades, en formas imposibles
Para un contorsionista, presentaba maltn
Porcentaje de su estructura ésea,
Sall tan ssustado a |
calle que senté tituts
rodillas y pedi ayuda a quien primero pasara,
Luego de un rato Hegaron los agentes de decesos,
quienes a primer golpe de vista aseguraron que el hombre
‘mostrabu mfnimo veinte horas de haber sido atropellado
y lanzado como un guifiapo de hasura entre el monte en
donde esperaba a ser encontrado por el olor a pudricicn,
si no hubiera sido por Ia inteligencia de! animal que
bia dirigido a él. Ast y durante las corrertus y los
{ramites pertinentes para levantar el cuerpo y recoger
idicios para Ia investigacién del aso, estuve sentado
4 la orilla de la carretera con el animal
‘en mis regazos, el que con visajes
intermitentes por encima de sus
ojos, siguio aquel ajetreo ante
cl cuerpo de su dueto y amigo,
uiién sabe por custo tiempo;
Ys con mentalidad casi humana,
Supo que a partir de ese momento ya
no se apartaria jams de mi lado, Al
Momento, el perro lanzé una retahila
de ladridos que asemejaron una
despedida con redoblar de tambores,
justo antes de que los agentes
Janzaran la masa rigida de olor séptico
wes,
N ONSET NERO FF CC A®
Rafael Angel Chavarria Gémez
x
n la parte trasera del vehicuto,
~Y... ;gué hago con el perro?
—Diay, no sé, nosotros no ,odemos echar zaguates
en el cajén de los muertos. Ademés, ese animal ya se
‘qued6 solo, porque este duetio estétieso,
‘Ambos agentes se echaron una sonrisilla. burlona
antes de dar los portazos y poner en marcha al vehfculo,
‘Me contrarié en una forma indecible aquella naturalidad!
Y desidia a su vez. ante ta muerte, por parte de esas
personas acostumbradas a tales labores: con tal hallazao
‘me sentfa acelerado de impulsos y temeroso incluso de!
viento pasando 2 mi lado, pero esos
bromearon y hasta se tomaron u
del muerto,
La adopcién del perro se hizo en forma inmediata
Ys aunque presenté las consecuencias, no me imports
recibir un par de bofetadas y castigos por me
a la casa'de mi padrastro, como en realidad sucedio,
Las indicaciones de Ilevar a perder al perro fueron
obviadas. y solzmente tos
imeros dias me aseguré
de esconderio bien en el establo ante las amenazas de
Muerte al encontrarlo: pero luego fue casi excitante ver
las correrfas de mi padrasiro, con machete en man:
tratando de aleanzar al perro por todos los rincones de
|i hacienda, Incluso un dia resolvic
iearle la vida
al tinico ser que me importaba; entonces se vistid en
verde de guerra
Se metid un cuchillo entze el cinto del
pantalon, se remangs la camisa, se colocé un sombrerilio.
{que usaba para las ocasiones especiales, af
en una forma solemne, y dio inicio a ta pei
‘muerte que duré cerca de tres horas scguids. Lo
de odio de mi padrastro en la distancia, fueron za
erteros a mi corarén que brineaba hasta extender una
innombrable en mis entrafias. Luego, cuando
entrada el anochecer, y no escuché mas ningtin culataro
de machete, di por sabido un fatal desentace:
sin embargo, después eseuché los pasos
exhaustos de mi padrasto al entrar a a
casa y miré por las rendijas que daban
4 su dormitorio: se quité la eseuslida
camisa Mena de sudor y barro por
encima de su cabeza y la tiré en una
esquina, se sent6 en una orilla de la
cama, se quit6 las botas de hule y las
revent6 contra la pared al momento
de proferir con voz estentérea y para
si: “maldito perro, espérese que lo
agarre”; fue cuando senti un enorme
alivio al saber que no habfa logrado sus
‘malas intensiones,
el machete
OEDUVISIONMi padastro cay6 en la cuenta de que el perro disponta
de un cerebro mis desarrollado que el suyo para las
‘escapatorias y los escondites; ya partrde ese dia, se dio por
‘vencido en su obsesién de matarlo. Solamente en a
furtivas tardes de ocio, salia ertando como un indo en pic
de guerra, buscando al perro para jugar al diestro cazador
yy en mas de una ocasién aprovech6 la astucia y el diestro
Solapar del canino, para organizar torneos de eacerfa que
rmarcaron época en la tegidn, con el titulo: “En San Carlos
no se caza a la zor, se eaza al zaguat
‘Al cabo de un rato a la deriva en esos pensamientos,
Cholito ladré a la invisibilidad y desperté de mi letargo
con enengia suficiente para continuar con un camino
sin meta final. EI frescor del bao me trajo un alboroz0
de mocedades, déndome un tipo de alegria intema, que
aproveché para apreciar los ondulados montes de los
lindes de San Carlos que verdecian a la acuosidad de las
briznas cotidianas del lugar
Los segundos murieron a cada paso andado. Cada
paraje recorrido se despleg6 1 mi espalda, las distancias
se tornaron cada vez més azules con la Iejania y mis
vvisuales al recuerdo, y las esperanzas despertaron de un
letargo de afios. Cuando alclantamos gran distancia, de
tunos veinte a veinticinco kilémetros, segiin mi propio
ccileulo, y cuando el sol avanzaba més al det centro de
1a pantalla azul del cielo mostréndome las horas correr
con mi sombra proyectada en el camino, experimenté
la sensacion de observar en mi perro una expresiGn
casi indescriptible: una mirada enteramente humana
delatando su hambre y su cansancio, Decidi, entonces,
buscar algo para comer. Miré a lo lejos y a primera vista
encontré un hilo de humo que emergia por detrs de una
colina. Me acérqué y vi que proventa de una modesta y
nistica casita ubicada en las faldas de la lor en ta cual
estébamos. Lancé una mirada panorémica hacia aquel
ugar y me Ilamé la atencién una hermosa casa de vastas
proporciones erguida a unos cincuenta pasos de Ia choza.
vvista anteriormente.
1a gente debe de tener mucha plata —le dije a
imi perro—; a lo mejor si Hegamos y les decimos que
vamos de viaje y que nos han robado de camino, se
compadezean, nos den de comer y, tal vez, hasta un poco
de dinero,
Sentf nuevamente 1a mirada de mi perro, pero esta
‘vez la interpreté como que mi plan no era nada bueno.
yy que inventara una historia mas verosimil para que la
‘gente pudiera creer.
SE que no es muy crefble pero... ctiene alguna
mejor idea?, jno, verdad!, entonces no me mire de esa
forma —Ie dije mientras pensaba qué hacer.
©EDUVISION
+e:
‘a es eel
Ojos de Ab
Ss
PY
Entre pensamientos tuve el tiempo para observar
detenidamente esa casa de perfil ristico y traza
madera, y me dio gusto ver las tejitas en Tos techados
a dos aguas, los arreglos de ladrillos, madera de
cciprés barnizada y ventanas con orlas engalanadas
de geranios. Admiré Ia enorme fachada de cara al
poniente y al hermoso jardin extendido al frente de una
de las habitaciones; el cual, aun estando ya un poco
descuidado, habfa sido el lugar de eotidiano esmero de
quien lo cuidara con suma atencién.
“Vaya suerte la de algunos, ;Cudmto daria por vivie
hit, ;qué felices deben de ser esas personas!” —pensé:
7
No acabé de contemplar todos tos detalles de la
vivienda mayor, cuando salié de 1a pequefia. choza
faledafa un tipo algo viejo y delgado, a quien con so
huarriga graciosamente abultads y redonda sus vestiduras
bjgarradas, sus pantalones remangados casi hasta las
pantomillas y su escuélido ehonete, Te noté una eémica
mura. A la distancia observé al hombre abriéndose
campo entre los guindaderas con ropa puestaa seca para
entrar aun galfinero de alambe y esparcir una granizada
de arror a pufados de gallinas que se aglomeraron a su
alrededor en pocos segundos; luego, eché otro poco
igual de alimento para unas cuantasgallinas més que se
tencontraban rondando los alrededores de la choza, y eon
sonidos extraos lus lam; pode escuchar que ademis
Jes habls, les dijo que gracias a la diffi! sitaciGn
tendrian que poner dos veces al dia y nada de darse
un feriado cada dos © tres puestas; también escuché
que hasta las regaié y sentencid: “se To comen todo ©
main las convierto en Sopa. iMiren este desperdicio de
comida! jqué val”. Por el movimiento de sus manos, sus
ademanes y sus Soliloguios, el momento era ciertamente
risible, pero Cholito empe26 a ladrar inoportunamente
hasta que el viejo, volteando su eabeza de un lado para
‘otto y pelando los ojos de su cara huesuda, nos divis6
Me senti desnudo frente aquella mirada, por lo que tomé
‘8 Cholito entre mis brazos y corral sentime invasor de
Ja propiedad privada, Me escondf detrés de unos arbustos
cercanos, me ovillé y esperé a no ser hallado; pero el
Viejo leg6 pronto al lugar y fécilmente nos encontt:
—iHey. machillo!, qué esté haciendo all? —
pregunt6el viejo fatigado al momento de secarse el sudor
de su frente con un descolorido y artugado pafiuelo que
sac6 de la bolsatrascra de su pantal6n.
—Yo voy de paso, sefior —respond sin levantar mi
cabeza y mientras disimulaba acariciando a mi perso.
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.Cholito jeded colgando su lengua al viento. A veces,
Y por largos ratos, soltaba su retahila de ladridos que me
aturdia y debfa sosegar, pues no me dejabaa escuchar las,
palabras de aquel seior.
Al cabo de un silencio me animé a mirar a fa cara
del hombre para escrutarlo. A primer golpe de vista
‘me pareci6 simpético y un tanto ordinario, sin Hegar
at extremo de lo vulgar. Descubei rasgos divertidos
eh Su rostr y noté, por la vitalidad de sus ojos, que
hho era un hombre tan viejo coma eres primeramente:
pero por su piel reseca, rojiza y arrugada, me confundia
su _verdadera edad. Presentaba por sobresatiente: un
Faniaje Ge venas pronunciadas en las sienes, an rale
bigots que en partes cafa sobre sus labios, estos bien
delineados, y unos cuantos faribundos vellos por chiva
en su huesudo ment
Usted no es de por aga, de dénk
Pregunt6, convencido
El viejo se queds en silencio algunos segundos como
silos utilizara pura pensar: luego me
ir el slboroto de
nir6 detenidarente
zaguatillo mas necio, hombre! —
dose i los ladrides det perro.
i —tespondi a su anterior
punta y le sefalé con mi dedo hacia las montafias
erguidas al norte
AL inswmie de responder, noté que las montaftas
Parcefam mis lejamas de lo que realmente estaban, No
rei. por lo tanto, que hubiese recorrido tanta distancia
fen tan pocss: horas
Fi viejo se quits el escuslido sombreritlo de tona que
na vez fie blanco, volted a ver la direccién indicada, y
eon una expresi6a de contusidn me p
“gunts
~Y... qué hace por aguf tan lejos de su casa? —Lo vi
rascarse la cabeza como para pensar mejor sus palabras
‘Me encog’ de hombros rehusdadome a contestar, por
Jo que el viejo tomé de nuevo la palabra, después de
tumos seguridos de silencio:
—Digame por lo menos, machillo: ;hacia dinde va?
Vaya a ser que este pobre cristiano lo pueda ayudar.
—No sé... yo no sé para dnde voy —respondf con un
aire de tristeza y con una mirada perdida en el horizonte
de montanas,
iGitevinchis!, {se escapé de Ia casa, verdad? —
Pregunté el viejo en un arrebato de regatio, mientras
movia su cabeza en clara sefial de disemtimiento,
colocando ta mano izquierda en su cintura y erguido en
posicién de reprimenda,
—No yo, creo que... bueno la verdad es que sf. No me
‘qued6 més remedio, para qué le miento.
46
Rafael Angel Chavarria Gémez
Se
oe
—iQué va, machillo! Eso no se hace. Su familia
debe de estar vuelta loca, buscindolo —repuso,
bajando el tono del regaio y tratando de hacerme
recapacitar las acciones
—Yo no tengo familia. Lo Unico que tengo es a este
perro —le dije con triste resignacién,
—Entonces, {de quién se escape’
confundido por mis palabras y mientras so
cabeza con mis fuerza
De un bormucho que
mientras me asaltaban fos reeuer
Aguel hombre me observé detenidarnente, tu
tnié a Cholito, y por dltimo hacia el suelo: despu
Jas miradas altermas erv2s. sus braze
¥ el otro vertical, ve
raseaba fa
ie respondi
és de
5 uno horizons
su quijada en su pulgar para
golpearse repetidamente con el deda indice en su natie.
Volvidarascurse lacabeza, unay otra vez. slilucid
sus pensamientos y decidiendo qué hacer coumigo,
=V... gliene hambre, verdad? —preguat
de ofrecimiento
Por la forms de su mirada y por st act
confiada, pensé que fe habfe eausado listima. En
me eslareé enormemente en eomprender el porque ie
Hamaba mackitlo,
de mi apariencia
8 era Ia descripeiéa mss inexact
~-Si... sf tenemos hambre ~-le
palabras,
El viejo, por mi respuesta en plural, miré a mi perro;
cl cual, con una inteligencia casi humana, ie clavé uns
expresién de listima mientras gemaia
—Pues si, machillo, en verdad el hambee tiene cara
de perro —expresé en forma socarrona, y agregs
vaing es que usted me secuerda a mf mismo, cuando
hace casi treinta uftos me vine a vivie a Zarcero y andaba
ms perdido que una gallina en Ia capital... bueno,
bueno, pero tice suerte, porque & mi no se me eseapa
tun cristiano con hambre, y en este momento una caztuela
de zambrote me esti esperando para almorzarla. Si este
pulguiento no me muerde, venga conmigo a la casa y lo
convidaré,
EI viejo bajé Ja colina canturreando un corrido
ranchero entre sus dientes, subiendo y bajando la
entonacién en ciertas palabras, y cuando olvidaba Ia
letra de esa canci6n, cual yo nunca habfa escuchado, se
limitaba a tararear o simplemente a silbar la melodia
Camin6 delante de nosotros, por lo que al instante le
noté un Ieve renqueo en su pierna izquierda. Llegs
hasta la choza observada anteriormente desde 1o alto
de la Joma, “Est en su casa, machillo”, Al momento
nego de estas palabras y de espaldas a mi, hizo una
life siwwbeande mi
isefia de jalén de aire, a dos dedos por encima de su
hombro, a lo que interpreté como una invitacién a
pasar, Al entrar en Is choza lo primero que percibi
fue un olor impregnado como a leche hervids
propagéndose de rincén a rineén, un aroma inherente
alas paredes y a cada mucble del lugar.
La sencilla casa daba una impresién de rusticidad:
estaba constraida con columnas. vigas y paredes de
ciprés. cuyos bastos tablones de madera desnuda estaban
regruzcos por la accién del tiempo y el humo despedido
de la cocina de lea.
viejo me ordené tomar, del lefiame aerumado en
el cobertizo aledao, unos cuantos lefios para utilizar el
fogén, calentar las ollas con el almuerzo. y de una vez
poner & hervir el agua para el café, Ast lo hice. Mientras
soplaba los tizones para darles lumbre, sin querer
observé el desorden catastr6fico y casi irrisorio en aquel
lugar: se notaba la ausencia de mano femenina en la
chaza:trastos y cazuclas sucias tiradas sobre el lavadero,
periédicos viejos y amarillentos amontonados en los
rincones, sementeros, sacos de abono ¢ insecticidas
malolientes cerca del comedor, herramientas de toda
clase sobre el sillén, escuslidas ropas © inmundos
hharapos sobrepuestos en los respaldares de las sillas y
unos tres armadijos que pendian de una viga esquinera.
Solamente una guitar
yun grupito de hojas con dibujos y garabatos pintados
colgada de un clavo en la pared
‘al carboneillo, pareetan salvarse del descuido absorbente
de aquel sitio
Prendf el fogén y pronto el viejo dispuso para mi, un
plato humeante sobre la mesa del comedor, ala cual me
senté, Con el hambre de punta no supe bien nit fo que me
estabe devorando; curiosamente ese revoltijo de
verduras tenfa buen sabor, excepto una cabeza de ajos
que casi me atraganta
[Ese es mi ingrediente secreto para darke buen gusto
1 la comida —dijo el viejo mientras tamboreaba eon los
dedos, ritmicamente sobre la mesa, la melodia interior de
la misma canci6n tarareada de camino a la choza—. Ya
sé que, seguramente, no le gustan los ajos, machillo, pero
ddan buen sabor a los sancochos y ademiis debe comertos
porque son buenos para 1a salud. Yo siempre me como
‘uno bien picadito todas las mafianas y por eso no padezco
de esas enfermedades de presi6n alta y esas vainas.
Luego, observéndome comer, siguid hablando con
tuna charla intermitente pero agradable, y me pregunts
en repetidas ocasiones que si queria otro poco:
— {Mas zambrote, machillo?
‘Sin darme tan siquiera tiempo de contestar, me servia,
dos cucharadas mis.
‘©EDUVISION
n +B :
tA
Ojos de Abril A.
Coma sin tapas. No se preocupe, yo soy st
amigo, soy Leopoldo Alegria Gali para servile todo
then critano,y$0y igal al viejo Abrahin: no se me ~
cccapa un perdido con hambre. Pero la gente me dice SS
don Leo ZY a usted? Zz
"Mo soy Gabriel e
Ex ico, verdad? —me pregunt con una Me e
de oxjas hacia a comida
TAsent(a Ta pregunia eon un movimiento vertical y -
tigeo de eaberaycon un sonido gurl i
‘Lo miré con desconfianza en repetidas ocasiones para
descubrircusl era su intencidn conmigo, yal encontrarme
Jas miradas que yo desviaba inmediatamente, se gozaba i-
a risas sinceras y complacientes por mi timidez
Después, el viejo empez6 a contar un sartal de
historias, aventuras y anéedotas de su vida andariega
como pura romper el hielo de las incipientes amistades
¥. por To tanto, le simul por escucharlas,
a pesar de saber que eran puras mentiras, inveneiones
fantasiosas 0 simplemente increfbles. Pronto caf en la ~
‘cuenta de que ese hombre tenia la cabeza repleta de
historias que pasaron por generaciones y por tertulias
vespertinas acerca de mitos y cuentos trafdos de -
montafias adentro,
A las pocas horas de estar con él me di cuenta de
su Soledad. Noté que el viejo no habfa tenido compania
cen bastante tiempo, y segui escuchsndolo sin pensar en
ccontinuar mi camino, Fue hasta después de devorar dos
platos de aquel tipo de sancocho cuando vi al viejo buscar
su chonete y disponerse a salir, razén por Ia cual ere -
‘que debia despedirme y seguir atravesando los prados,
Sin embargo, como si advirtiera que mi vida atravesaba
ccaminos dificiles y que luchaba en ese momento contra -
tun suefio envolvigndome en tibios raudales, el viejo, con
tono amigable expres6:
—Machillo, usted debe de estar cansado y... ,se esti
durmiendo, verdad? —pregunt6 mientras abria espacio .
cen el sillén que, por la irregularidad en el tapiz, notaba
algunos resortes salteados.
Sin esperar respuesta de mi parte, prosigui6: -
—Yo debo terminar unos trabajos. Regreso en unas
horas. Acomédese por ahi, en algiin lugar; échese una
‘buena siestecita y después... jh yo no sé!, {Dios dirét :
Sélo no vaya a desacomodar nada, jeh? .
Lo vi salir de Ta choza con su inmortal sonrisa
rmarcada en los labios, sus tarareos y su leve renquear
de la piema izquierda, Detuvo su partida en el corredor ‘
de la choza ¢ inmediatamente regress. Asom6 medio
cuerpo por detris de Ia puerta, desde la parte externa de j
eal ype ‘
ah 47 ;
& .
e ‘
rope
ay RSSGETE
~~ ee”
YW \ a®
Rafael Angel Chavarria Gomez
—Machillo, las nubes negras se estin acumulando.
Se va a venir un buen aguacero y se me olvid6 decirle
{que hay unas cuantas goteras en Ia casa, Use unos tarros
que amontoné debajo de la pila, si no quiere que se
inunde todo, ¥ también, por si hace frio, encontrar una
cobija en cl armario de mi cuarto que es aquel que se ve
al final del zaguén,
Lo vi desaparecer tan pronto que casi no capté sus
tiltimas advertencias © indicaciones, Sélo escuché el
alboroto de una gallina cuando el viejo casi la pisotea al
atravesdirsele a sus pies al momento de parti.
La choza quedé inmersa en el silencio. No pude
dormir; por el contrario, me senté a la puerta de la casa,
nla gradita que bajaba al corredor, donde permanecé un
buen rato, sentado y abstraido,
Cholito Hegé a mi vera y después de dar tres
vweltas en espiral, se eché a mis pies: le acaricié la
caheza mientras mirsbamos la paz de aquellos prados
verdecidos y extrafios extendiéndose hasta las lindes de
Jas montarias, Lancé un par de manotazos al aire para
ahuyentar a un pufiado de palomillas que revoloteaban
44 mj lado, Luego miré hacia el cielo y noté los grandes
hubarrones referidos por el vigjo, los mismos que,
hegruzcos y amenazantes, se acercabamn lentamente,
La brisa anunciante de Huvia hizo revolotear una
hojarasea formada en pocos segundos; de la cual,
tuna pequeiia hoja se escapé del remolino de viento
Para deslizarse, dar tres brinquitos y llegar a mi lado.
Comparé toda 1a accién con mi propia realidad, pues
asimismo habia escapado de un remolino de problemas,
dando brincos por Ia vida hasta encontrar deseanso en un
‘huevo lugar. Entonces, tomé aquella hoja entre mi mano,
Ja miré por varios segundos, Ia remect entre mis dedos y,
por primera vez en la vida, pensé en mi libertad,
Empez6 a liover. Percibf gritos a la distancia; miré,
y cra el viejo huyendo det agua quien pasaba corriendo
hacia un cercano establo ordefiadero. Me dio risa por sus
alaridos contra la lluvia, por su forma de correr, por Ios
trancos agrandados pero precavidos de no resbalar sobre
Ja espalda de tierra desnuda y resbalosa que se extendia
alrededor del establo, y por la forma de sostenerse el
choncte con una mano, mientras que con la otra, en
posicién horizontal sobre sus cejas, se hacfa de techo a
los ojos.
Entré a fa choza al instante en que tamboreaban los
techados por las grandes gotas de Huvia estrelladas, y
cesperé observando el transcurrir de los minutos que
acercaba rpidamente a la oscuridad. Busqué la manera
de alumbrar la estancia. Encontré unas candelas, mas
no asf me dio tiempo de loc
48 a
™
incipientes penumbras me asomé por una ventana que
daba hacia la casa mayor que se encontraba a distancia
de un tiro de pedrada, y noté que dicha vivienda sf
ccontabst con iluminacién eléetrica,
Esperé al viejo, quien entré apresurado justo antes de
‘que dieran las seis de la tarde
Ya casi son las seis, machillo: jEI Angelus! Me
ogi tarde por estar hablando con usted # ta hora del
almucrzo,
‘A tateos buse6 un radio de pilas que hitbia dispuesto
sobre una mesita rinconera en su dormitorio. y luego
intent6 encender una candela.
=i Qué vaina! —profirid luego de chascar la lenguse
enue los dientes—, esti hiimeda esta caja de fésforos,
Anoche dejé un sorbo de Tinaza con manzanilla que
siempre tomo para refrescar el estémago, La cuestién es
que seguro lancé un manotazo a medianoche, boté aque!
sobro encima de los fosForos, y hoy no encienden los
cabrones —me cont mientras trataba de hacer chispas
con pélvora mojada—. Voy a tener que volver a la case
de don Pedro, el patrén, como en Ia mafana para que
ime regale unos cuantos fésforos y asi poder encender
el fogs
n esa casa sf hay luz, zeierto?
—Si, machitlo, alls ienen cortieme eléctrica. La
verdad a mf me gusta vivir ast: sin luz, sin televisin y
sin e50s aparatos del puro demonio que sirven solo para
vagancia, Yo le die al patrdn que no me pasara el cable
de la corriente. Total, asf me siento vivir en a naturaeza
{més libre. En la pura montana, dicho en otras palabras
Soy medio ermitaio, en decie verdad. A veces me dan
ganas de ser como Juan el Bautista: vestirme con piel
de camello y andar trepado en los palos comiendo mil
silvestre y langostas... bueno grillos 0 cualquier va
que no me cuesteatrapar.
El viejo abris la ventana. Presté, por unos segundos,
tuna mirada atenta ata lejania y luego tom un profundo
sorbo de aire mientras cerraba ligeramente los ojos.
—Venga, machillo, respi. Esto es igual a llenarse
de vida tos pulmones: y mire para alld —me sefalé
hacia los montes balados de los tltimos tonos azules de}
caso—: la gente en la ciudad se ha olvidado de ver eso.
Y bien que hoy Movi en la tarde, sino ls colores serfan
més hermosos. A esta hora siempre me pongo medio
filsofo, jy bien filoso de hambre también! —concluys
luego de cerrar la ventana yfrotar su bariguilla abultads,
Lo vi, entre las incipientes penumbras, santiguarse
al momento después de encender el destartalado radio
de pilas y sintonizar, con un trabajoso juego de su dedo
Indice, la oracién espiritual de esa hora
©EDUVISION
eea lCh,CO
Ojos de Abril
que hice cn el dia, le doy gracias por el alimento que me
Qué fue Lo que Te pasé 2 Ia guitarra?
Machillo, asf como usted la ve es una guitarra
finisima: es espafola, y hasta me han dicho que es de las
zampé y le pido salud para seguir viviendo.
tilizadas para nnisica flamenco, Es una de Tas mejores
‘Lannoche me sorprendié cuando el viejo me ensefiaba inversiones que he logrado ex mi vida; aunque no la
sigunas notas con su vieja guitarra y cuando me deci ‘compre sino que la cambié por una bicicleta que tuve. -
{que con sélo el citculo musical de do y un par de notes —iPor una bicieleta? e
ris, se posta dar serenata a quien quisiera. Yo le tome
interés al asunto y en mi imaginacién me trastadé al die
vn que dominara hbilmente el instrument. Lucgo lo vi
Asi es, machillo, tuve
bi
jcicleta nueva que ws
ellé en seis ocasiones:
1 Jos suetos dos
cinco dfas pero en la que me
mtirle, un dfa me de
tomar la puitara y colocarla en sus repazos: Ym “yuc el dvero det taller de reparaciones iba
een daa coatomeando con su mano 1a sinuosa _aidugerar una sucursal cerca demi casa por el trabajo <
taaearocta con un earifo incomparable: “jqué bonita que le estaba dando. Entonces me dije: “pievinchis. e
es mi gocdiz!” te vay @ malar en ese aparaio”, y decid poner un Yq
| w{Sabe por qué tiene esta forma de mujer? fanuncio en el periico que decia: “cambio bicieleta
| Sivaajurne pensar tan sguiera,€l mismo espondié: por cuslguer vaina”. Para no cansarlo ean el cue, e
| Puc porque se debe tocar con delicadeza y —sparccid um “zonzonate” que nunca pudo afinar la e
i termura para hacerla cantar notas y hacemos sofar entre uitarea y me ta cami.
| snelodias. Me di cuenta, enionces, que a viejo le gustaba °
| Abt mis ojos pasmado porque no cref que aquel _—_—‘hecer felatos acerca de cualquier hecho pues pars ~
jo de gemtigo gunsdnysocarn pudicra pensar detal comtesiar_ se regodeaba_en la historia antes de
mera vi reitarparsvida frase responder Is preg i
fe macho? Duré casi dos me El asunto es que se un elavo en Ia pa ©
de un libro de aprender a to egd-— y eon ese ferTeMtO que pus6 hace Pore. e
aoe ren que era un poco diferente, pero esa era la en sdbado santo, se cay6 al piso y se me quebré. Pero
stare que psa esque con este "memoria de ioclate” _micillo, vera qué sto conse temblor: le waina 68 96 +
9, jqus va —mre dio mientras explot habia pensodo no ira mise de resurreccidn esa noche, .
i visas su aera porgue es larsasin, porque todos 10s alos de mi vida
| Tee acedispuse en su favor y ref junto a él, habia ido y porque siempre me dormfa unas tes veces .
ques parcefcun gana evolionolgrandosuteavesa, en el asuio, Entonces ese it me dj: Sno, ma. e8 65 e
| Seer irda atenta alos dualles le not mientras __uaexplotacion de los fees: emo va durar tres horas
| ne toblaha. una foposidad de adolescente en sus ojos, ua misa. No, qué va, nombes, sale uno con el tragero oe
| ful st estuviese ‘Viviendo una tardia juventud, up plano y piers uno tas curvas”, Pero desputs, cuando se “
i divergeneia sempiterna en sus cejas las que 20 pod viene ese meneén; machillo, me tie soplado pa’ fuera e
| frais vin anes reatizar un denodado esfuerzo. y unos como si el pisuicas me Tlevara del pelo: ¥ veo a la vaca
ti vieeantes y naturales guinos humorsticos en su cara _incada, no sea guevinchs, machillo!, sn mentile, casi ’
| Sule daban uma gracia natural para naar historia. Le me da un pats. ¥ pobresta dona Non a empcaa “
| aoe deme, una delineada isan sus labios refijando en Ta casa del patrOn, que también habia slido a patio:
| mgs interior y un constane ajeteo en sus manos pcs sdlotengo la imagen de ela coniendo despayorda, =
| Soin para dar mia vidaa os feats. Presentaba un olor montafaadeniro, glpedndose el pect y peng incase -
Hane ir arion aos sin desodorante pero sin llegar a como cinco veces, cuando me escuch6 gritarle: "ESTE
ta pestlncia, un olor impregnado en toda su ropa que ES EL FIN DEL MUNDO, EL FIN DEL. MUNDO! a
vasnado se aljaba hacia ora habitaci, el loro seguia __Entonce, igalmente sal disparado, peo para ies -
como sifuese una nube de mosquitos en estes ¥ ahi me meta la misa en primera fils, todo despeinado. «
Pobre guitarra mfa: se ha evado cada lefiazo! — ~ {Doia Non6?—preguntécurioso ant tal nombre,
| express el viejo refiriéndose a una abertura con un parche La sefiora que atiende los quehaceres :
‘casero que, seguramente, él mismo le habia puesto. domésticos por all Ase como yo la amo. .
Supe en ese instante, por el tono de su Vor y por ¥ por qué la lama asi?
su disposicion, que el viejo queria empezar un tema al —Guando la conozca me va a dar la raz6n, Ellaes de
respect. tas vigjilas que siempre dice que no para todo: Que si
ahs 49 7
OEDUVISION ‘7%
—
ae a *&
Rafael Angel Chavarria Gémez
‘quiere que la acompane a la casa, “no”; que si quiere ir
‘bailar en fin de semana, “no”; que si quiere tomarse un
eatecito conmigo, “sf, pero no”. En fin, si se le pregunta
Por qué no, responderd: “no, porque no”
Luego de un pequeto silencio, con sonrisa muda y
recordando el tema inicial, agreg6:
—iQué vaina!: ya no suena igual mi guitarra,
Lo vi guindar el instrumento en un clavo de la
yacercarse a a ventana. El viejo parecfa sufrir una lucha
interna de sentimientos opuestos. Por un lado Ia
de su espiritu y por ef otro, la tristeza de una #
soledad. Acodado en la orla de la ventana, quija
sus manos y mirada fija a la noche Huviosa, ge sincer6,
bueno hablar con alguien. Hay dias realmente
tedioses y aburridos. A veces me da por conversar con
‘as gallinas, con mi guitarra o con un dibujo que hice de
tina oreja prestando atencién —después de reltse otro
= poco. continus—: A veces tan s6lo miro al cielorraso
cuando estoy en mi cama y habla sin saber de qué ni con
e uign, Pero diay machillo, ast es ta vida: ja
me sale ni La Segua para echarle el cuento!
entre
De esa forma retomé de nuevo a sus i
estado natural de dnimo, por lo que esperé a que dijera
‘otra de sus tnicas salidas,
Lo que debo hacer es pintarie unos pelos ala oreja;
pues, jse me estd volviendo vieja la muy condenada!
Altanto, no perdf detalle de las ocurrencias del viejo:
le observé gestos y movimientos cursis que dramatizaba
para contarme esas historias,
Luego de reir a carcajada suelta y después de unios
iez relatos similares, de consejos y de bromas, 10 vi
‘acodatto en la mesa, apoyando la cabeza sobre las palmas
de sus manos y cetrando repetidamente sus pétpados.
El viejo me dijo con palabras entre bostezos y luego de
risearse los ojos para ahuyentar el dormiteo:
iA esta hora siempre voy por el tercer suefio! Pero,
estaba pensando, machillo, en hablar con el patrén: pueda
Ser y que usted se quede por aqui de manera temporal y
hos ayude en las labores de la finca. Bueno no le ascguro
nada; pero de no ser asi, hablaré con algunas personas
del pueblo y mafiana mismo ya usted tendria futuro,
Digo, si usted quiere.
Abs los ojos con inocente expectativa al escucharlo, y
‘me nacié Ia esperanza de quedarme en ese lugar. Hasta en
ese instante pensé que, de continuar en camino, no tenia
tun sitio al cual dirigirme. Quise tener las palabras para
‘agradecerte todo lo hecho por mi y explicar las zones de
'mi huida, pero cada vez que lo habia intentado en la noche,
al vicjo se le ocurrieron nuevos relatos y viejas historias de
su juventud que me impidieron cambiar de tema.
50
Al momento, el viejo se quité su sombrero de lona, se
rasc6 la cabeza plicidamente durante algunos segundos,
¥ se dirigi6 a su cuarto con su leve renqueo en su piema
izquierda, Intenté dar un poco de orden al lugar antes
de acostarme, y mientras tanto sent que el dnimo de mi
huevo amigo me contagiabs. que su actitud me daba una
‘nueva formna de mirar al mundo y a las personas, y que
imi pasado se iba perdiendo en el abismo del olvido.
A los pocos minutos luego de haber apagado las
candelas y cuando ya me rendia ante las rifagas de
sueflo que Hegaban como oleadas y raudales a mis
‘ojos, escuehié la vor del viejo euando me decia desde
su cuanto,
Machillo, ;ya se durmis? —sin dejarme contestar,
agreyé—: se me olvide decirle buenas noches.
—Buenas noches... —tardé un par de s
recordar y decir su nombre—: don Leo.
Acostado en el sillin de la sala, semti un leve
apretin en mi homibro izquierdo remeciéndome para
despertarme. Me froié los ojos, los abrf lentamente y en
forma oblicua como si el suetio fuese espeso y me pesarx
en los pairpados,
A pesar de Ia oscuridad, el primer azul del alba se
Gifunda alrededor. porto que pude distinguir, entre
el vago contraste de colores, a una figura humana
contomeads enfrente de mi y que decfa con palabras
airosas y casi insonoras:
—Machillo, despabilese: ya casi amanece, y a un
hombre de trabajo no lo agarra el sol en la cama.
Me enderecé mientras sentia en mi espatda los
festragos que habian ocasionado los resortes de aque!
sill6n, y al desentumecerme miré, ya més consciente y
con un poco més de claridad en la vista, que la figura
‘contomeada sostenfa en su mano una jarra humeante y
lorosa dispuesta para mi.
Al instante, don Leo acere6 un cajén a mi lado donde
puso la jarrs.
En lo que canta un gallo le taigo el pan y natilita
‘casera —enseguida regresé con dos bollos y un plato
con la natilla chorreada,
Luego lo vi dirigirse a la ventana para abrirla y asf
‘contemplar la vida maftanera.
—Machillo, venga vea el amanecer. ;Bendito sea
Dios por su creacién! —me dijo mientras miraba en
forma expectante hacia las montaiis y respiraba a lapsos
profundos y placenteros,
Luego el viejo tomé el bollo de pan, lo mojé con la
natilla se lo comié lentamente con sorbos de café.
‘Mientras buscaba a tientas mis zapatos debajo del
sill6n, pensé y eafen lacuenta de queel trabajo empezaba
‘CEDUVISIONmuy temprano en ese lugar: AI cantar el
gallo su hora, cuando el frfo penetra Ia
piel y toca Tos huesos, cuando Ia bruma
mafianera da un matiz a nuevo alrededor
yel aroma a café, vida al despertar.
—Hoy es lunes... y 10s lunes ni
las gallinas ponen —dijo el
viejo al cabo de un rato y
mientras soplabael humo
del café que tomaba
Tentamente sin
apartar la. vista
delas montafias
bafiadas por los
colores matutinos,
Me acergué a
don Leo para ver
cl amanecer referido.
Puse la jarra y el pequefio plato en el ancho marco de
Ja ventana; pronto partf Ia punta del pan para, con ut
movimiento circular sobre el plato, absorber todo el
contenido restante,
—No hay nada mais rico que empezar et dia con
tun buen cafecito; verdad, machillo —dijo el viejo con
tuna sonrisa muda después de seguir paso a paso todo
aquel ajetreo.
‘A los minutos salimos de ta choza trepidando
nuestros hombros por el frfo, frotéindonos los brazos y
Tas manos para encontrar un poco de calor mientras el
caminar ejercfa su efecto, y sintiendo en el frescor de los
‘ojos la acuosidad de 1a neblina.
— Qué Ie pasé ahi? —pregunté al ver a don Leo
‘amrastrar su piemna enferma visiblemente més de lo
normal.
‘Su reaccidn fue esquiva; noté que se le ensombrecié
cel rostro ante el recuerdo. Lo vi rascarse la cabeza part
recordar la respuesta preparada de antemano ante tal
pregunta, y decisme:
“Es una historia larga que no se la cuento a nadie
porque no me gusta recordarla.
El viejo guard6 un silencio mientras esperaba, con
tuna mueca en su cara, a soltarse un estornudo que lo
habia asaltado, Se quit6 el chonete, se lo puso sobre su
‘nariz, explots el estornudo en él y lo utiliz6 de panuelo.
—Sélo le puedo decir que esa fue la raz6n para
venirme a vivir a Zarcero hace tantos afios. Bs cuando
hace mucho frfo que me duele mas —me dijo recordando
ta pregunta y después de sacudir varias veces su chonete
ccontra el aire para secarlo.
‘Senti que habia eludide mi pregunta en una forma,
EDUVISION
+e
inmediato, tomé un tiempo. para
‘echarle al viejo una atenta
mirada escrutadora: 10 Vi
elazar sus manos para
soplar por encima de los
nnudillos de sus pulgares
uunidos y hacer un
sonido semejante al
de Tas Mautas, en un
tono parecido al de
Tos bithos; luego se
Hené los pulmones
de un sorbo con
cl aire azul de la nebtina al a
y exhal6 por la boca un halito similar 2 una fumarada
spectral que saliéflotando en citeulos concéntricos hasta
desvaneverse con el fro circundante.
Intenté imitar el ejercicio con mi bocanada de aire
pero mi hilito salié ondeando igual a una plana mancha
famtasmal
—La prctica, machillo: la préetica hace al maestro
—dijo después de burlarse de mi intento—. Pero... ;qué
brumoso amanecié hoy!
El viejo y yo avanzamos un corto trecho de camino
y fustigamos Ia neblina mafianera a manotazos. Ast
ftravesamos el amino que Hegaba hasta un pequeiio
cstablo ordefadero, en donde se encontraban unas pocas
‘yacas que de un ligero mugido nos parecieron saludar.
Subido en una barandilla apoyando mis talones
cen Tos pesebres, miré al viejo realizar su labor con la
paz del espiritu y la satisfactoria diligencia que da la
conformidad con el destino y el trabajar en lo que a uno
le gusta. Mientras, sonaron los ajetreos matutinos en.
los prados y avanzé el ripido amanecer del campo: ¥
con él, los primeros lanzamientos de luz solar entraron
Tentamente por Ia puerta abierta del establo
Continuamos con Jas faenas por realizar. En tanto
‘el viejo, con su inmodificable humor, sus historias
fantisticas y su charla intermitente, lograba que fueran
agradables y cortas todas las horas junto 2 él
—Don Leo, a qué se dedican por aqui”
—Don Pedro, el patrdn, tiene un vivero cerca de
Zarcero, Alii cultiva claveles y pomas del viento y las
fexporta. Es mucha Ia atencién que le dedica al trabajo
y casi nunca se deja ver por acé —dijo mientras,
‘caminabamos por Ta hacienda observando los eultivos
de hortalizas que atin no estaban para cosecha.
En esos momentos, una brisa fria llegd a nosotros
‘como una oleada que nos envolvi6 con sus sensaciones
ymanecer,
heen
€YY
¥ con sus sonidos. Entonces el viejo detuvo sus pasos,
levants su cara al cielo, y dij:
—For esa razén esta hacienda se lama Las Brisas,
¥ Por eso mismo soy tan feliz de vivir acd. La verdad,
mientras vivi en ta capital, nunca respiré tanta puseza.
Y aqui, aunque se esté en verano. come una brisa
alivianando el calor. Ademis, machillo, aqui me siento
importante y trabajo en lo que me gusta: cuido alas pocas
vacas que tiene ¢l patréa, las ordefto, hago natilla y queso
Para nuestro consumo: por aguf siembro hortalizas,
vigilo las gallinas, mantengo e] establo, intento cuidar
los jardines: soy carpiniero de vez en cuando, pintor y
albanil. En fin, todo lo que el patrén diga 0 todo to que
a esta vieja cabeza se le pueda ocurrit —concluyé para
retomar mi pregunta inicial
Luego pasamos cerca de una hora buscando Ios nidos.
de las gallinas libres, en el lugar donde estas uswalmente
dv ODD
eerste ve tse taco eeseced eeceeseeees rc eee oe oS LODO
NRze
tina persona de corazén muy duro; pero es que amaba
demasiado a su esposa, a ta hermosa dona Elena —me
dijo el nombre con un tono de recuerdo,
El viejo me conté !1 historia mientras el sol se
destizaba hacia occidente entre un destiladero de ceros
que unos se Henaban de tonos vespertinos y otras se
esfumaban buscando otros cielos.
Todavia me parece estarlos viendo! —eontinio
¢l Viejo con su recuerdo—: Me quedaba horas mirando
Jesde la ventana, Tenfan cast veinte aios de easados y
pwreefan novios ain; envidiaba esos momentos y me
fener una esposa y una familia igual, Eran
' junios. machillo: A veces se perdian entre
idos y entre purss risas, o también se quedaban
cl drbol por las noches despejadas —et viejo
al6 hacia Iz colina cercana a la estancia— s6lo
mitaban pora arriba: alléel ciclo, las estrellas y todas esa
nas que se ven en las no
hes. y conversaban horas y
‘lo se mecian entre ellos en ta hamaca 0
edaban cal
0 mi chi
chiguita?
“Si, mchillo, |
DS, pero siempre uno junto al otro y a
ita
uefa la hija de ellos,
cl viejo—-. Es una injusticia el heebo- que dofia
Elena se haya muerto, Pero asf es la vidasere0 que en el
mundo hay demasiadas injusticias
montén de palabras, comprendf que don
Leo quiso decirme que mientras existen tantas personas
Viviendo tan saludables en una vida para el odio y la
violencis, acechéndonos con sus maldades; otras
‘muchas, cergadas de enfermedades y desgracias, mueren
‘en una vida de paz y para e] amor.
—Yo hace bastante ticinpo que una nube de tristeza
s¢ ha estaneado encima de esa casa —continué ef viejo
‘efiriéndose al tema y sefialéndome con sus labios a la
casa principal—: Primero Lucia, su nica hija, quedS
cciega por un golpe que se dio al eaerse de un ¢abalo,
Maldito caballo: siempre fue un chicaro; solamente mi
chiguita lo defendfa, Vale que don Pedro, después de ese
accidente, mandé a hacerlo salchichén en una cariceria
Y para peores males un afto después murié dofia Elena,
ues el céncer Ie inund6 los senos a la sefiora. Desde
eentonces el patroncito s6lo se dedica a trabajar y a vivie
por vivir: dejando pasar el tiempo, Y mi chiquita se ha
quedado muy sola; inicamente recibe a sus profesores
especiales, que son un par de viejos amargados, y una
ver por semana, al padre Gordin,
iY quién es el?
“YO
Rafael Angel Chavarria Gomez
—Es el padre Juanito, el parroco de este pueblo.
‘Asf es como yo lo amo, y no le gusta para nada que le
diga asi, por cierto: “més respeto al respecto, don Lea
‘no ponga apodos”, siempre me dice; por eso Io hago,
EL migreoles cuando venga se lo voy a presentar, Et
gordo es un alma de Dios y tiene una sonrisa de santo,
‘machillo, que a veces dan ganas de pedirle que intesceda
Por uno ante don Tatiea, pare ver si acaso pego la loterfa
—el viejo ri6 un poco y agregé—: Mi chiquita siempre
se revolcaba de risa cuando yo apoduba al padrecito
‘Don Leo, usted sf que es un maldoso: « todo el mundo
le tiene apode:
Le vial viejo una sonrisa de nostalgia al record
Palabras de Lucta
Asi de dura es la vida, machillo. A veces extraiio
mucho a mi chiquita
4Y por qué la extraiia?
—Pues porque desde la pérdida de su vista yt
muerte de su madre, se ha quedsdo confinada cn su
cuarto, Ya no sale a pasear por Las Brisas y ni siquicra
toca su flauia traversa que tanto me alegr hace bastante
tiempo,
El viejo empezé a discurtir, con mirada perdida en a
Iejania y en ton de ahoranza, los recuerdos que guardaba
de Lucia. La reeordé desde que era una nif y practicaba
con sa flauta en el debol de fa colina o correteaba de lado
4 lado detris del viento, grillos, mariposas, 0 cualquier
bicho que se moviera, en un amor ilimitado por la
naturaleza. Se rié de la forma en que ella permanceia,
por horas, tendida bocabajo presenciando los trillos de
las hormigas cargando pedazos de hojas en sus espaldas,
mientras que con su dedo fndice le daba empujoncitos 3
algunas de ellas que les costaba subir ciertas moniafias
escate en aque! microsistemma perfecto,
so s{ que lo habia heredado de su madre —lo vi
sonrefrse un rato y luego afiadié—: Recuerdo que cuando
cra niffa nombraba a cada planta y a cada animal a su
‘manera, “porque son mis amigos y no se puede conversar
‘con alguien sin nombre”, me deefa cuando le preguntabss
uign era uno y el otro, Ademés me hizo sembrar un
bosquecito aquf en Las Brisas, decia que todos los dias
deberfamos sembrar un érbol, porque ya habia iniciado
La Tercera Guerra Mundial: los destructores del planeta
contra los amantes de la naturaleza. ;Qué imaginacién
de mi chiquitat Todo eso porque en la escuela se
habia enterado que, dia a dia, miles de Arboles eran
{alados; entonces, decfa que debfamos luchar y hacer lo
contrario: sembrar. Asi, me converti en su. compinche
¥ en su soldado; nos ponfamos fuertes botas de hule,
agarrdbamos herramientas y abonos, y nos fbamos a
AE
\
|
isembrar. {Qué tiempos aquellos! También, mi chiguita
dleofa que todo el dato que le causébamos ala naturaleza
tra para tiesto propio mal; yo le entendf algo parecido
a. que dafar Ia naturaleza es como tirar un escupitajo
para arriba: porque después se le devuelve y le cae a
iano en la mera narizota y pringa a todos los que estan a
ta par. Asi es que. machillo, enemos que euidar bien lo
aque don Tatica nos ha prestado, Bueno... pero, alld estn
todos grandotes los bandidos arbolillos que plantamos
cen esos dias. y desde entonces, me he dado a la tarca de
‘cuidarselos bien. ;Pobrecita mi chiquita!
Esa misma noche ni las palomillas rondantes en It
habitacién lograron sacarme de un mismo pensamiento.
Me acosté de cara a Ia pared y concentré mi atencién
fen la Sombra proyectada contra aquella, cuya sifueta
fscilante se formaba por la luz de una candela a mis
cespaldas y por el movimiento que le imprimia ta bris
tere que rondaba en la sala y que se habia colado entre
Jas hendijas de los tablones de ciprés. Asi, pensé hasta
‘el cansancio en Ia historia de esa familia. Comparti los
pensamientos que ¢] viejo me refiris, en su arrebato de
nostalaia y Hlosoffa, y cref que en verdad algo estaba mal,
pues no era posible que murieran tales momentos f
y quedaran mas tristezas ce las que abundan en est
‘mundo cotidianamente, Me senti hasta decepcionado de
6, con unas terribles ganas de Horar sin saber por
‘encontrar
a quien.
Poca menos de dos semanas pasaron desde mi Hlezada
fa Las Brisas, cuando un atardecer después de mis labores
decidi ensayar las clases de guitarra, aquellas que don
Leo me habja ensefiado en cada noche desde
dia de mi Megada,
‘Quise pedir prestado el instrumento y cafen la cuenta
de que algo habfa ocurride con el viejo; pues, a partir de
‘media mafana se habia marchado y no lo habia visto mas
porlos alrededores de la finca. Lo busqué en la choza, en
lalecherfa, cerea de las hortalizas y hasta en los rincones
del establo ordetiadero por si se habia quedado dormido
poraht. Al no encontrarlo, esperé su regreso observando
los prados por donde cl viejo solia desaparecer en
cescapada. A mi lado Megé Cholito. Se eché al suelo,
‘metié su hocico entre las patas delanteras para vigilar
‘el camino reposadamente, Al cabo de un rato en esa
espera lo vi levantarse casi de un brinco, entiesar sus
orejas, agudizar su mirada y menear la cola, al momento
de gemir sus chitridos y bailotear de alegrfa, para luego
ladrar a la figura de mi amigo que se vislumbraba a 1a
distancia en el camino proveniente de Zarcero.
Mire al viejo caminar a pasos lentos, con su leve cojear
el primer
‘©EDUVISION
ww we DPR.
Ojos de Abril
¥y con frecuentes pausas que le servian para levantar st
‘cabeza y respirar hondamente. Fue entonces cuando supe
{qué él estaba enfermo a causa de un asma sufrida,
—Don Leo, ga dénde andaba? ;Ya me habia
preocupado! —le grité a la distancia y mientras me le
acercaba.
—Qué va, machillo —me dijo el viejo hasta que
hhube Hegado a su lado—: cuando me da duro el asma
ime voy a un bosquecito de cipreses ubicado en el centro
de Zaroero y allé usualmente me siento mejor. El padre
Juanito me dijo, en una ocasidn, que los drboles nos dan
el oxigeno, y que ese basquecito muy probablemente
‘me podrfa oxigenar los pulmones y hasta despejar mis
bronquios. Pero esta ver no me salid el trinquete y ahora
mas bien estoy peor. ;Qué vaina la mia!
Lo ayudé a llegar ala choza y a tenderse en su cami.
El viejo se quité la camisa y los pantalones; los enrolld
para colocarlos a un Tado de Ia almohada, y extendié sus
brazos como queriendo absorber mejor el raquitico hito
‘de aire que silbaba al Hegar a sus pulmones. Pronto me
pidis una sabana para cobijarse Tos pies, la que tomé de
tun armario junto con una gruesa cobija que dejé sobre
cl respaldo de Ta cama, para que el viejo alcanzara por
si le daba frio, Le extendi la sébana sobre su cuerpo
fue en ese momento que le vi. en su musto desnudo, una
cicatriz que viajaba a lo largo de la entrepiema izquierda
para finalizar su trazo cerca de la rodilla. De esa forma
descubt la causa de su leve renqueo al eaminar. No le
dije nada, dejé mis preguntas para una mejor ocasién y
‘ms bien me sent invasor de su intimidad por lo que me
dispuse a salir de aquel cuarto.
—Qué va, machillo, jesto sf es feo! —me dijo al fin
xdo me vio alejarme hacia el umbral de su habitacién.
CObservé, por sus ademanes, que el viejo se referfa a
su asma y no a mi hallazgo en su piema, del cual no se
habia dado cuenta,
—{Quiere que le taiga al doctor? —le pregunté,
entonces, luego de verlo palidecer y abrir enormemente
sus ojos al respira
No, qué va! Ya casi se me quita. Ademés, él no
puede hacer nada, porque esta enfermedad no es de
doctores: es de tiempo.
‘Lo vi respirar hondamente. Tosié prolongando el
sonido para deshacer el alboroto de bronquios sentido
‘en su pecho.
“Ay machillo, quién sabe qué estaré pagando —
cescuché sus palabras airosas y con desentonaciones—.
En el pueblo una viejilla me preparé un brebaje de
hhierbas que me dijo era bueno, yo mas hien pienso que
fue un bebedizo de bruja para atraparme, qué va! Luego,
55a a x }
Rafael Angel Chavarria Gomez
don Chema me zampé un
caldo de zorro que sabia
>a sopa de diablos, Y por
si fuera poco... —el viejo
Nm hizo una pausa para tomar
otro gran sorbo de aire—,
© ahora mismo me comeré un
> corazén de gallina envuetio
en manteca de chancho
que dovia Pelos me preparé
cuando pasé por su casa.
Si con toda esa carajada no.
se me quita el asma. por lo
menos me alimentaré @ me
dard una nueva enfermedad
y se me olvidaré la primera.
{Donia Pelos?) —
pregunté curioso ante tal
nombre,
—Si, machillo, es una
Viejilla del pueblo, fesita
como ella sola, quien me
hha invitado tres veces a
almorzar cn su casa, y
siempre me sale un pelo en
aco
Le noté, al tanto que me
hhablaba y en cada una de sus respiraciones, esbozarse un
hhueco en su pescuezo de pigmentos cérdenos y rojizos
semejantes a la piel de gallina recién desplumada,
—iQué vaina conmigo!, ya me esti agarrando el
dolor de estémago —concliyé mientras se frotaba,
con las palmas de sus manos, el vientre praciosamente
abultado.
Me caus Mstima el estado de! viejo, por lo que busqué
|a forma de darle un poco de comodidad a su postracién,
Le abri Ia ventana para que le entrara un poco de brisa
fresca del campo, Caminé hasta la puerta dela habitacién,
en donde observé que la cortina de eretona volaba casi en
forma perpendicular por la fuerte corriente de viento, por
lo que me devotvi para cerrar un poco la ventana, Luego
le Tlené un vaso con agua que cologué sobre una mesita
Tinconera para que tomara con el extraio medicamento
preparado de corazsn de gallina y, por tltimo, e aleancé el
equefio radio de baterias para que escuchara el Angelus,
‘como siempre acostumbraba cuando daban las seis de
1a tarde, Decidi no interrumpir su descanso ni robarle
la mfnima porcién del flujo de aire circundante, por lo
que después de saber al viejo dormido y mas aliviado, y
observando mis tranguila su respiracién de enfermo, sali
‘toe
eee 77s393398999909
en puntilas de la habitacién
para no despertario,
Tomé —prestada la
guitarra sin pedirla
Ine alejé de la choza en
direccién al Arbol de la
Joma cercana, El lugar
era acogedor, El arbol era
frondoso y robusto, sus
raices me parecieron una
‘mano abierta que sostenta
4 la pequefia loma y entre
sus bifurcaciones encontré
cémodos espacios que
acogieron la estancia. Me
adosé a su tronco. La brisa
reson entre las ramas igual
@ un continuo y sereno
Aujo y reflujo de olas; los
rayos de luna se empezaron
a filtrar entre la hojarasca
figurando destellos
luces que recorrian a mi
vera, para luego de vagar
fartivamente por encima
de aquella loma, encontrar
posada sobre mis pies. Me
abismé en las vistas, absorbiendo los detalles. Luego
coloqué la guitarra contre el wonco del ébol y me
hice espacio en el terreno aledaiio sacudiendo con mi
‘mano las piedrecillas y las particulas de palo que se
encontraban en el mantillo. Me acosté de cara a la luna
on las manos hacia ards y os dedos entrelazados detris
de la nuca para mirar el ciclo de estrellas, y pensar
Nunca antes en mi vida me habfa sentido tan vivo como
fen ese anochecer. Sentf el tamboreo de mi corazén y
4 Ia brisa deslizarse en mi cara, escuché el voceo del
mundo noctumo y observé las imagenes extendiéndose
hasta el infinito del espacio, lugar donde prenden miles
de estrellas que parecen pequefias velas encendidas en
tun mar nocturnal
Al cabo de un rato recordé mi prima intencién de
dirigirme hacia ese lugar. Al incorporar la mirada se
‘me qued6 perdida en los anchos y sinuosos horizontes,
por lo que vag6 en contemplaciones de los azules que
‘cubrian a los montes tendidos, y divag6 en pensamientos
sobre los lindes de aquellas ejanias. Tomé la guitarra y
ensayé un arpegio en do, una y otra vez, hasta escuchar
una cierta melodia en forma de vals saliendo del
instrumento, y que la brisa esperd para montar en sus
‘©EDUVISIONray) Ko eer”
Ojos de Abril
lomos y pasear entre notas alrededor. Con un ereciente _ ningun cefidor, de falda holgada y alargdndose hasta
‘cntosiaatna fui adornando Ia armonia con el artificio casi tocar el final de sus pantorritias. Su aspecto decfa in
© ia dostreza surgida al rasguear incansablemente los que me Hlevaba unos pocos afos de més, pero su figura (S
os acordes, y me alegrs escuchar esa melo cera pequena y hasta sencilla. Ei verdegal se extendis o
‘asi se podia Hamar, porque era la primera que me salfa ‘abriendo camino a su cuerpo garbo, felino y menudo val
Gon ese instrumento, Fue en 230s instantes que una que, a pasos dudosos y i tanteos en el aire, venfa hacia .
imiisica salié de os cantos de una Alauta que pare mi y los rayos de luna se deslizaron por sus largos w
Tejane, Una tonada que entrsteei6 mi alrededor hasta la _eabellos sueltos que se suspendfan a rfagas enue cl
distancia, semejante un susurro de ridchuelo a to lejos. aire con las colas de la brisa
En un cadente ravdal Heg6 a mi ese armonfa eneantando ‘Al fin, entre un eéfiro con soplo suave y apacible,
‘) sentimiento, adormeciendo a las luciémagas en sus me Hegé su vor. Una verdadera eufonia que escuché sin
Srbitas acallando el alborote-de los inseetos nocturnas. razén alguna,
En ios imervalos de la me “Deje que la mvisica me gute para Hegar, No pare ke
uiwina y mi modesto eirculo de do recién ensayade, tonada pues es el camino que estoy siguiendo
Pronto caf en ta cuenta de que habgamos logrado una Toqué nerviosamente las euerdas de la guitarra y mi
comunicacién armoniosa: flauta y guitarra, notas y Ainica melodfa salié torpe y vacilante. Mientras tanto, Pa
tonadilla y contrapunto, balada y vals. Las vigilé las movimientos dudosos de aquella que venta 2
‘as leparon y mi pensamiento se hundié en el mi encuentro, Era como si el centro de gravedad de mis e
io de que las notas perdidas en el azul de esa _miradas fuese su aura envolvente,Silenci€ fos acordes,
Poche, waerfan irremediablemente una amistad que segdn su peticiGn, hasta el momento en que ella logré ¥
en las corcantas del tiempo. llegar y sentarse a mi vera; entonces. se ados6 al Srbol ~
idn se Tend con el ajetreo de los presagios y 10s _levant6 su rostro al cielo y respiré hondamente como
vos La esperanza de conocer la fuente de _absorbiendo un recuerdo de la brisa que corra, Luezo, ~
esi bala ‘trabajos diarios yen mis una palomilla se pos6 sobre su cabello; mi primera .
suefios nocturnes intoncidn fue shuyentar al insecto, peto me detuve en el e
Prusaron cies noghes sal viejo drbol de la colina _impulso al notar lo pequetio que era, y desde entonces
pwa enayar "is cotdianas clases de guitara. Siempre ya nunca mfs me parecieron odiosas las palomilias =
tapeniba iu suave misica de ln flautsta desconocida _Entonces miréa mi amiga desconocida hasta exe df Por o
Mrerodeando et silencio de mis intervalos y tespondiendo a un buen rato, y noté que elia con su mano acariciaba Ia
tis eitoalo de doy fue en esa noche deluceros de un 16 de —_parte de Ia rai2 del rbot expuesta a Ia superficie de la —
bri, cundolaconoct Eraunanocheconun ciclomostrando tierra, mientras decfa: -
todas ls estrellas del universo y con una tuna arrebujada de No soy Lucfa de Abril, y este arbol es Manvel. °
reboro, difundiendo una ciera clridad en tos campos yun usted?
‘color aul en las mirada. Los drboles se resistin a as tenues ‘Antes de responder, guardé varios segundos 2
trices fos sidéreos tonos se difuminaban con vaguedad en _—_extraflado de que me estuviese presentando al étbol, o
Ins tomas tendidas y los prados ondulados se Tenaban con pues refa cualidad infantil el hecho de personalizar
‘um ballicio en sinfonia de ls grills. Jas cosas y ella no era una nifia. Fue cuando records el a
“Toqué mis cuatro nots, las Gnas que sabia, yesperé _comentaio de don Leo acerea de que ella en su infancia -
la respuesta de la lautista, Me abismé entre pensamientos hala dado nombre a cada planta y animal de Las BRsas, iv
_y me empeié con la guitarra y el efrculo musical mientras —Yo soy... bueno... me amo Gabriel le dij al fin
aguardaba respuesta, Alfin de un rato en esas actividades, __y con timida vor. .
me resigné a la idea de que ese dia no escuchara la grata —iGabriel! —repitié clla—: fuerza de Dios en ~-
tnelodia lejana Peroenunmomentolas vistasengalanaron_hebreo, primo anunciante del milagro de los cristianos @
tus matices evando miré ami derecha y divisé al pie de —-—_-y es el nombre que utiliza Federico Garefa Lorea en uno
Ta Toma la presencia de mi amiga desconocida, Iuciendo _de sus hermosos poemas. -
toda la feminidad imaginada y con un halo invisible de Yo no supe el significado de sus frases, y por la «
tuna gracia innombrable. incomprensiGn me sent ignorante. Lo que me eaus6 un
Venia con un vestido de tela fina, azul marino de miedo enorme de hablarle. .
minisculas flores color violeta, sin mangas, cerrado —Como le dije mi nombre es Lucia que significa .
liriba, sin escotes ni pliegues y sin Hlevar al cinto luminosa en hebreo, aunque mi madre decfa que “
©EDUVISION Ser”90@20008000008989980
CX 7 Se
Rafael Angel Chavarria Gomez
significaba “nacida con la primera luz del df a y ella se _pleno vuelo y su labio inferior, el horizonte de su mar.
llamaba Elena que significa también luminosa pero en Conesporidicaspartcipacionesmias,fundamentadas
riego. Aunue ahora la luz de mi nombre no esta en en timidos sf 0 no, terminamos una conversacidn en la
imis ojos y la luz de mi madre no esta aqui ‘cual Lucfa fue la Gnica que préeticamente habl6: por
Apretujé sus labios, levant6 sus cejas Yo que solamente me animé a preguntar al final
tenuemente en sefal de resignacién, y agrees —La flauta... bueno, justed es quien la toca
después de un silencio: verdad?
—Me gusta el sonido de la guitarra. Supe —Si, yo soy quien Je contesta los citculos
musicales. Y traeré mi flauta transversal miafana
como a esta hora, claro, si usted también viene!
—respondié comprendiendo mi inten
s¢ olejaba Fentamente Loma abo.
que usted es el muchacho que recién vive en
cas de don Leo y que nos va a ayudar un tiempo
por aqui en la hacienda. ;Bienvenido entonces!
Supe ademés que no era don Leo quien tocaba el
;rumento, pues él bubiese rasgueado algiin picaro
corrido ranchero como siempre toca por las noches.
‘Saba que mis palabras no lograrfan coineidir con
los pensamientos que surgian a borhollones, ¥ que si
hablaba caerfa irremediablemente en un bochornoso
tartamudeo; por lo que decid, simplemente,
callar, Creo que en cierta forma estaba absorto,
fi belleza proveniente tanto de su
‘cuerpo como de su alma. Su cabello color eastaflo
almendra volaba en dos alas para posarse a mitad
de su espalda y esconderse entre sus aladares
gue, unos se los rec
detras, ¥ otr0s se es
én y mientras
—jAqui estaré! —grité cuando ella iba Is distancia
yy su figura se desvanecfa entre las sombras nccturvas
E] tiempo silente y sereno me cobij6 esa noche:
pero mis pensamientos me dieron un suefio inquicto
de a veces sf, a veces no, y entre sus lapsos y arrebatos
vivi textraiis sentimientos. Cerré los ojos
para intentar dormir y alli
‘guardaba la imagen de mi
‘nueva amiga impregnada
en mis pupilas. “Ahora
ey
ante 1a
cen trenza por
ipaban para
acompafiar al flequillo que cata en
su frente, los mismos aladares
{que rozaban las sienes hasta
caer cerea de sus pémulos
acentuados, Sus cejas
divergentes enarbolaban
sus pirpados para
centre ocultar sus
‘enormes ojos que
rmiraban a la oscura
inmensidad. Una
‘mirada escrutadora de
sus rasgos not6 ademas
aque ella mostraba la
misma nariz carnosa
de su padre, pero
ccon ciertos trazos
infantiles que @
veces arrugaba
para lucir una
‘moneria, que st
distinto; es como
pintara con sus
imagenes, con
nuevos colores
y con recuerdos
imborrables”, pensé
sin palabras.
Miré hacia
el cielo a través
de la ventana,
desde donde
Iegaron nuevos
pensamientos. Luego
recordé momentos
pasados y me figuré
imagenes futuras
rondando en la habitacién
“Si me hubiese lanzado al
barranco, no habria vivido esta noche
y nunca hubiese conocido a Lucia”
pensé y seguf entre pensamientos que se
boca quedaba amparada escaparon a través de la ventana y se elevaron
entre los pliegues formados al entre una mirada ascendente hasta legar a perderse
pie de las mejillas, y que cuando nel olvido, entre el wémulo destello de estrellas que esa
sonrefa su labio superior asemejaba a una gaviota en noche prendia més all
58
OEDUVISION
a Nee / I (ORee Sree
Ojos de Abril
Iv
Al dia siguiente apenas el crepisculo empez6 a
desinflarse, cuando los montes de oeste se cubrian de
azules, y mientras en el ciclo Tos lampos se destefan de
alogues a violets, escuché una suave tonada de la flauta
cconocida que provenia de la pequeia colina del érbol
Miré a don Leo ponerse el chonete a ha carrera. De un
salto se levant6 de la sillay atropell6 a cuanto estorbo
encontrara en su camino para dirigirse répidamente a la
ventana que estaba de caraal poniente. Laded su cabeza,
par la oreja y fruncis el entrecejo en una expresién de
escuchar atentamente.
—iDios mio, es mi chiquita! te escuché exclamar
con gran jubilo y le observe sus ojos reverberantes como
nunca antes—, Gabriel, esa es Lucia!
—Si ya lo sé, ayer la conocf —le dije en forma
complaciente y como queriendo serenarle sus impetus.
El viejo me mir6 con una mueca enteramente confusa
pero se volted de nuevo hacia el drbol de la toma, y dijo
con un tono festivo pero en aijoranza:
—Alli esté mi chiquita, de nuevo ha vuelto a entonar
su flauta, Desde hace més de dos afios que no la tocaba.
sBendito sea Dios!
Mientras esto sucedia y con un espiritu acezante,
tomé la guitarra como si fuese mia y a grandes trancos
spurados salfde la choza en busca de mi amiga. A medio
amino s6lo escuché la vor desafinada de don Leo que,
como ocultando un reclamo entre palabras, decia
—Esté bien, machillo, no me la pida tanto. Le presto
1a guitarra
‘Yo no. acabé de comprenderlo: a mi me decfa
machillo y a Lucfa, chiquita. “Este seior no sirve para
apodar personas, Solamente a dofia Non y a dofia Pelos
les ha atinado”, pensé,
Continué mi camino sin demoras, no disponta de
tiempo para retrocesos ni permisos. Solamente querfa
Hegar pronto a ta toma para ver a mi amiga y aspirar
de nuevo todos los aromas del momento. Podria jurar
que a la distancia tuve una ilusién fugaz: me parecié
encontrar a la loma irisada en extrafios colores con st
presencia, ella sentada al mantillo del érbol y adosada al
Viejo tronco con la falda desplegada sobre sus piernas.
—iLucfa! He dije cuando Megué casi al pie de la
oma y con vor fatigada,
Elia dirigié su rostro hacia un lugar donde,
fexactamente, no me encontraba; y con sonrisa sincera,
cejas divergentes, hombros elevados y Ia palma de su
‘mano abierta con sentido al cielo, me explicé su realidad,
y sin una palabra comprendf que ella era ciega, que no
@EDUVISION
aor ”
cra suya la voluntad, que nada podi
‘que aun asfera feliz.
—i Como es que usted Hega hasta acd? —pregunté
con mis torpes tartamudeos, quizai por mi timidez 0 por
la fatiga
—Conozco tan bien este lugar que podria legar hasta
on los ojos cerrados —me dijo con un tona de iron
—Cémo se Tama ta cancién © la melodia que
tocaba’?
—Es la masica de un poema de Juliin Marchena
que se llama “Balada”. Mi madre la compuso porque
se encontré las notas en las eufonias de las frases. Ella
Ime ensefié a tocar la flauta transversal y a mirar entre
sombras.
“|Mirar entre sombras?™, repel en mi pensamiento
y memoricé:
Le noxé a Lucia custo le alegraban los momentos
con su madre pero cémo le ensombrecia el rostro el
recuerdo de su muerte.
—Ella era una de las personas buenas y puras que
ha vivido en este mundo —agregé luego de algunos
segundos de silencio.
er al respecto y
Lucfa incliné levemente su cabeza, sus ojos se
abismaron en su mundo, colocé la flauta sobre sus
regazos y empezé a juguetear con el instrumento entre
sus largos dedos en movimientos acompasados. Le not,
nese instante, un anillo de plata al que no le comprendi
el significado por la figura de dos corazones: uno de
cara al norte y otro de cara al sur, unidos por un azo
sin fin, La vi, ademés, perderse entre pensamientos,
‘como intentando acercar imégenes del pasado, y Iego
Su rostro se oscurecié por completo. Cerr6 sus ojos
Vidriosos, trepids su barbilla y fruncié su frente para
tragar de un sorbo su angustia. Con la yema de su dedo
mediano evit6 que la tristeza se desbordara y con un
disimulo infantil siguié su movimiento hasta encontrarse
con su aladar y peinarlo hasta la parte posterior de su
cabeza, mojando con una ligrima las hebras de cabello
por donde pasaba el trazo de su dedo. Alli estuve, de pie
frente a ella, sin saber qué decir. Solamente la escuché
¥ busqué palabras para compartir su pena o para dar un
Yiraje inteligente ala conversacién,
Luego de un momento la luna me descubrié
observindola, porque al Megar a nuestro cielo y
asoméndose entre el ramaje, pos6 su rayo de luz sobre
el cabello de Lucia, como consokindole su dolor. Tuve
la imtencién de decirle lo que pasaba, pero mis palabras
quedaron perdidas en mi pensamientor y Lucia, en ese
instante, tomé su flauta y entoné una melodia que,
seguramente, trafa a su memoria los momentos del
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Rafael Angel Chavarria Gomez
pasado, cuales viven entre las nebulosas imagenes del
recuerdo,
—Y digame, zquiénes son sus padres?, zpor qué no
vive con ellos? —pregunt6 Lucia
‘Creci sin ellos. Solamente sé que mi madre murié
cuando yo tenia cuatro afios y quedé con mi padrastr.
El era un borracho y nunca hablaba conmigo, slo me
sritaba, me golpeaba y me mandaba a realizar trabajos.
Me di cuenta de mi pasado porque vivia en una casa en
donde habitaban muchas mujeres, la ms vieja de todas,
Ja que Tlamaban “Ia jefa”, me contaba historias. Ellas
sala a vida y obra de todas las personas de este mundo y
tuna vez me conté mi historia, porque yo no me acordaby.
~Y... joules su historia?
‘Al momento recordé el relato que habia logrado
recoger pocos dfas antes de mi escape de San Carlos.
‘Tardé unos segundos para recordar las palabras de la
jefa, y respond:
Mi historia es tan pequefia que se puede escribir
en la palma de una mano, eso fue lo que esa mujer me
dijo mientras se reia, pero luego me asegurs tambign q
cn la palma de mi mano deefa que tendria una histo
inmensa en el futuro, Que sélo debia escoger bien los
ccaminos y escoger vivir en vez. de morit.
—Y... ,qué haefan esas mujeres en su casa?
—Todos me decian que cuando creciera iba a
teniender. Pero yo siempre supe: me fijaba por las
rendijas y vefa la verdad de lo que pasaba
Lucfa hizo un gesto contrariado y vi que sus labios,
quisieron explotar una pregunta, a la que, con un
movimiento de cabeza, prefiri6 callar. Entonces me
senté a su vera y, al cabo de un rato, pregunté to que
habia dejado pendiente y no lograba comprender:
—Lucia, qué es ver entre sombras?
—Es algo parecido a ver con los sonidos y las
sensaciones. Es usar los demas sentidos para recrear una
imagen, es una aeci6n que bien se puede llamar sinestesia.
“Sinestesia”, memoricé y volvi a dejar pendicnte
Ja pregunta de su significado porque Lucia siguié
discurriendo.
Mi madre decia que las imégenes son puras
y perfectas. Pero sucede que las personas les dan sus
tonos y perspectivas diferentes a cada una de ellas,
vvolvigndolas reales y Gnicas para cada cual. Yo no puedo
darles esas perspectivas porque no las veo, quiz por
‘esa razén vivo en un mundo irreal, algo semejante al
mundo de las ideas que Platén concibi6, al contemplar
la esencia de todo.
De nuevo no volvi a entender el significado de aquel
pensamicnto, pero callé sin interrumpiria porque me
60
grustaba verle Ia boca mientras hablaba: eran numerosas
las mancras de contomear sus labios y hetmosas las
expresiones que se figuraban al final de cada oracién
pronunciada, Por lo tanto, solamente la miré y callé
Lucfa, al sentir mi silencio, se acered, buses mi cara y
cert6 mis ojos con la palma de su mano.
—Ahora digame: ;qué es lo que ve?
—Pues no veo nada —respondi al comprobar que
solo miraba 1a oscuridad pegada entre mis pupilas y
prado.
—iVamos!, solamente use Ios recuerdos de las
tilkimas imagenes vistas o de los momentos mis bonitos
de su Vida, Eos est shi, almacenados para siempre en
Jos rincones de la memoria
Me fue dificil explicar el hecho de que, cuando
cerraba los ojos, me sentia rodeado de soledad y
somnbras, que mis recuerdos eran imigenes sin vida y sin
color, y que sentia cierto pinico de que al abrir los ojos,
de nuevo, me encontrara rodeado de la misma oscura
inmensidad circundante
Lo que sucede es que cuando cierra los ojos,
quiere ver con ellos asin —explicd mis temores—. Usted
be buscar los colores en la esencia de lo existente, en
el alma de los momentos, y olvidarse del sentido de la
vista
—Bueno —-le dije después de algunos
creo ver la tarde y unas vacas en el prado: s6lo que no sé
bien si es recuerdo o invencién mia
—Bient, de eso se trata la sinestesia: que se idealicen
las propias imégenes de la eseneia del mundo real. Es
cexactamente mi forma de ver. Con lo que me ha dicho,
To que yo veria entonces es la serenidad en las praderas
salpicadas de rebafios, porque no escucho el ajetreo de
Jos animales ni el mugir del ganado; y dria ademds que
la bisa juega con el alardecer en mi cara, porque la frase
ime hace sentir un tipo de airecillo vespertino y las luces,
del ocaso,
—Ahora si comprendo —le dije—, la snestesiaes a
forma que usted use para darle colores y sensaciones a
Jos otros sentidos.
—Si, algo asf y mis que sélo eso. Es como lograr
reemplazar un sentido con lainformacién que encuentran
los ottos restantes; y en mi caso, idealizo dibujos o
imagenes con esos datos. Pero digame més de 10 que
ve —me dijo con tono interrogante y luego de cerrarme
rnuevamente Tos ojos.
—Bueno —respondi—, todo lo visto aparece tan
quieto que imagino estar observando fotografias. En
verdad, me cuesta trabajo encontrar algsin movimiento
en las vistas del recuerdo.
‘©EDUVISION
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