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Ética del Cuidado y Naturaleza Humana

El documento presenta una discusión sobre la naturaleza humana y si los seres humanos son inherentemente egoístas o predispuestos al cuidado. Se presentan dos puntos de vista opuestos, uno defendido por Dawkins que argumenta que los genes son egoístas y otro defendido por Adela Cortina que sostiene que los seres humanos están predispuestos a cuidar a otros. El documento también discute evidencia de la endocrinología que muestra que los seres humanos valoran positivamente el bienestar propio y de otros cercanos.

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Ética del Cuidado y Naturaleza Humana

El documento presenta una discusión sobre la naturaleza humana y si los seres humanos son inherentemente egoístas o predispuestos al cuidado. Se presentan dos puntos de vista opuestos, uno defendido por Dawkins que argumenta que los genes son egoístas y otro defendido por Adela Cortina que sostiene que los seres humanos están predispuestos a cuidar a otros. El documento también discute evidencia de la endocrinología que muestra que los seres humanos valoran positivamente el bienestar propio y de otros cercanos.

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UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS

(Universidad del Perú, DECANA DE AMÉRICA)

Área: Ciencias de la Salud

CURSO:

FORMACION PERSONAL HUMANISTICA

SÉPTIMA LECTURA

Ética del Cuidado

2023
ETICA DEL CUIDADO

“Cierto día –cuenta la célebre fábula de Higinio-, al atravesar un río,


Cuidado encontró un trozo de barro. Y entonces tuvo una idea
inspirada. Cogió un poco del barro y empezó a darle forma. Mientras
contemplaba lo que había hecho, apareció Júpiter.
Cuidado le pidió que le soplara su espíritu. Y Júpiter lo hizo de buen
grado.
Sin embargo, cuando Cuidado quiso dar un nombre a la criatura que
había modelado, Júpiter se lo prohibió. Exigió que se le impusiera su
hace una reflexion ontologia osea
mediante una fabula commo se nombre.
origino el hombre
Mientras Júpiter y Cuidado discutían, surgió de repente la Tierra. Y
también ella le quiso dar su nombre a la criatura, ya que había sido
hecha de barro, material del cuerpo de la Tierra. Empezó entonces
una fuerte discusión.
De común acuerdo, pidieron a Saturno que actuase como árbitro.
Este tomó la siguiente decisión, que pareció justa: “Tú, Júpiter, le
diste el cuerpo; por lo tanto, también se te devolverá el cuerpo cuando
muera esa criatura.
Pero como tú, Cuidado, fuiste el primero, el que modelaste a la
criatura, la tendrás bajo tus cuidados mientras viva. Y ya que entre
vosotros hay una acalorada discusión en cuanto al nombre, decido
yo: esta criatura se llamará Hombre, es decir, hecha de humus, que
significa tierra fértil”.

FÁBULA DE HIGINIO1

En 1976 Richard Dawkins, etólogo británico, público el libro titulado “El gen egoísta”
en el que sostenía que “Una cualidad predominante que podemos esperar que se
encuentre en un gen próspero será el egoísmo despiadado. Esta cualidad egoísta del

1
Fábula atribuida a Gayo Julio Higino (64 a.C. - 17 d.C.)

2
gen dará, normalmente, origen al egoísmo en el comportamiento humano. Sin
embargo, como podremos apreciar, hay circunstancias especiales en las cuales los
genes pueden alcanzar mejor sus objetivos egoístas fomentando una forma limitada
de altruismo a nivel de los animales individuales. «Especiales» y «limitada» son
palabras importantes en la última frase. Por mucho que deseemos creer de otra
manera, el amor universal y el bienestar de las especies consideradas en su conjunto
son conceptos que, simplemente, carecen de sentido en cuanto a la evolución”2.
Argumentaba de esta forma la idea que el ser humano era egoísta por naturaleza.
Adela Cortina3, plantea una concepción muy diferente sobre el ser humano, un punto
de vista contrario al de Dawkins, Ella sostiene que “Desde el comienzo del mundo
moderno se suele contar la historia de los seres humanos como si fueranos individuos
aislados que un buen día deciden unirse y formar sociedades para defender mejor su vida
y sus propiedades…. y esa es la razón por la que estamos de acuerdo en sellar un pacto
por el que se constituyen los diferentes Estados.

Como las personas vivimos de relatos, este del egoísmo inteligente que nos lleva a sellar
pactos y construir Estados nacionales, es el que ha triunfado, como también el de creer
que somos seres esencialmente egoístas.

No faltaba más que la fabulación del gen egoísta que algunos cuentan desde la biología
y la genética para remachar el clavo.

Pero resulta ser que los seres humanos no somos sólo egoístas, inteligentes o estúpidos,
sino que somos también, entre otras cosas, seres predispuestos a cuidar de nosotros
mismos y de otros. Para eso nos ha preparado el mecanismo de la evolución,
seleccionando la propensión a cuidar como una de las actitudes indispensables para
mantener la vida y que llevamos en la entraña de nuestra humanidad.

Claro que las propensiones necesitan cultivo para desarrollarse y no quedar frustradas.
Y aquí convendrá recordar la lección de aquel jefe indígena que contaba a sus nietos
cómo en las personas hay dos lobos, el del resentimiento, la mentira y la maldad y el de
la bondad, la alegría, la misericordia y la esperanza. Terminada la narración, uno de los

2
Dawkins R El gen egoísta Las bases biológicas de nuestra conducta Salvat Editores, S.A., Barcelona 1993
[Link]
3
Cortina A ¿Para qué sirve realmente la ética? Editorial Paidós, Madrid, 2013.

3
que no
necesariamente
somos egoistas sino
dependera que
alimentemos mas
niños le preguntó: abuelo, ¿cuál de los lobos crees que ganará? Y el abuelo contestó: el
que alimentéis.

No somos libres de dejar de ser libres, ninguna propensión se convierte en destino


irremediable, su puesta en marcha exige alimentarla, a no ser en casos patológicos.

Pero, siendo esto verdad no lo es menos que de algún modo hay que contar con la
naturaleza heredada, y si en esa naturaleza no hubiera ningún resquicio de altruismo, no
haría forma de alimentarlo. Afortunadamente, sí existe ese resquicio y más que un
resquicio. Los seres humanos, como el resto de los mamíferos, necesitan ser cuidados
por otros, porque son extremadamente vulnerables y sin cuidados serían incapaces de
sobrevivir. Pero además cuidan de sí mismos y buscan su bienestar de un modo natural
e igualmente de un modo natural ponen empeño, e incluso más en ocasiones, en cuidar
de sus crías y también de sus parejas. Se afanan por darles alimentos, cobijo, intentan
defenderles de los peligros y procuran estar cerca de ellas. Cuando se ven separados de
ellas experimentan un sufrimiento y el reencuentro supone un enorme alivio.

Bien lo saben, en el extremo contrario, los torturadores que asesinan a los hijos ante sus
padres, llegan aún más allá, como cuenta Mario Vargas en la fiesta del chivo, en aquel
relato macabro de la venganza de Ramfis Trujillo, el hijo del dictador Leónidas Trujillo,
contra Miguel Ángel Báez, uno de los que conspiraron para quitar la vida al dictador.

Dañar a una persona en sus hijos es sobrepasar todo lo pensable en maldad. “El no tiene
hijos”, es el grito desesperado de Macduff cuando Malcolm le insta a vengarse de Macbeth
por el asesinato de sus hijos, un grito que repetirá la reina Margarita en La Tercera parte
del Rey Enrique VI: ninguna venganza imaginable puede estar a la altura del asesinato
de un hijo.

Y es que cuidar de los hijos y de las parejas es una tendencia natural que destroza desde
hace mucho tiempo la leyenda del individualismo egoísta, presentando ejemplos diarios
de la rotunda realidad de la tendencia a cuidar y de la rotunda falsedad del egoísmo en
estado puro. endocrinólogo o endocrino: es el médico especialista indicado para diagnosticar y tratar
alteraciones de niveles hormonales, como diabetes, obesidad; y de la tiroides,
Por si faltara poco, en tiempos recientes estudios endocrinológicos refuerzan esta antigua
evidencia al constatar que estamos ya preparados para valorar positivamente cuanto
contribuya a nuestra supervivencia y bienestar y la de nuestros hijos y nuestras parejas,
y para experimentar como negativo, como un dis-valor, todo lo que ponga en peligro esos

4
bienes. Es curioso cómo los avances científicos no vienen sino a confirmar lo que ya nos
contaban la experiencia común y los filósofos preocupados por ayudar a comprender lo
que ocurre en la vida corriente. Según estos estudios, la base de toda nuestra vida activa
es la capacidad de valorar. Sin ella no podríamos preferir unas cosas a otras y, por lo
tanto, no podríamos hacer elecciones ni tampoco tomar decisiones. Quedaríamos como
aquel famoso robot, sentado junto a una bomba a punto de estallar, que es incapaz de
salvarse porque es incapaz de valorar, preferir, elegir, decidir y actuar. Y resulta ser que
la capacidad de valorar tiene su base en el circuito neuronal desde el que optamos por
los valores más elementales: nos preocupamos de nuestro bienestar y del bienestar de
otros cuando esa preocupación apoya nuestra adaptación, directa o indirectamente,
porque si no, no la seleccionaríamos, y ésta es la base de nuestra conducta cooperativa,
cuyos mecanismos han ido evolucionando. Como suele entenderse que la capacidad de
cooperar es la base de la moralidad humana, es con la adaptación de nuestra
organización neuronal para ocuparse de otros, de la descendencia indefensa, cuando
apuntan las bases de la moralidad.
Como hemos visto, la oxitocina está fuertemente asociada con la
generación de lazos afectivos, y no solo los relativos a la maternidad
Al parecer, tres cambios evolutivos han sido fundamentales para que se configure esa
socialidad que de algún modo está a la base de la moralidad: la oxitocina, un péptido muy
antiguo, se adapta a nuevas tareas al evolucionar los cerebro s de los mamíferos, y le
lleva a ocuparse de la descendencia y de formas más amplias de socialidad; junto a ella
y a otras hormonas, se produce una modificación que hace nacer sentimientos negativos
de miedo y ansiedad frente a la separación de la descendencia y sentimientos de alivio
cuando el padre se encuentra con la descendencia o el peligro ha pasado; y, en tercer
lugar, una creciente capacidad de aprender, ligada al dolor y al placer, que sirve al
individuo para aprender los mejores caminos, que serán respaldados por la aprobación,
y a desechar los malos, que recibirán reprobación. Con este refuerzo de la conducta que
viene de la sociedad en la que se vive, dando por buenas determinadas conductas y por
malas otras, los niños van aprendiendo desde la infancia que hay cosas que hay que
hacer, y otras que hay que evitar.

El cuidado de los cercanos es, pues, una actitud natural en los mamíferos y en los seres
humanos, en particular. Por eso resultan admirables o incomprensibles acciones como
las del cosaco Taras Bulba, el personaje de Nicolás Gogol, que mata a su hijo por haber
traicionado a su pueblo. “Cuando naciste te amé como a las estepas”, son las palabras
finales, es la fidelidad a las estepas la que reclama su muerte. Son admirables o

5
incompresibles las gestas de esos padres que sacrifican a sus hijos por lo que considera
un bien más alto, como la patria, Dios o la revolución. Sus actos pueden interpretarse
como un signo de grandeza o como una expresión de fundamentalismo, pero conmueven
por la subversión que suponen del orden natural. La bien conocida fábula de Higinio ( que
encabeza esta lectura ) viene a contarnos que la esencia de los seres humanos consiste
en la capacidad de cuidar. Al fin y al cabo, todos somos hijos del infinito cuidado que
nuestras madres tuvieron al engendrarnos y al acogernos en este mundo, y todos nos
cuidamos unos de otros. Pero la verdad es que la palabra “cuidado” es muy rica. Viene del
término latino “cura” y se refiere a una actitud de desvelo, solicitud, atención, diligencia en
relación con alguien o con algo, pero también a una actitud de preocupación, de inquietud
por el ser al que se está ligado por lazos de parentesco, proximidad, afecto, amor, e incluso
supone precaución y prevención para evitar que le ocurra algo malo a ese alguien o algo.
consideraba que
las personas noEn la filosofía del siglo pasado fue Martin Heidegger quien dio un enorme peso a esta
somos entes
pensantes actitud en el ser humano al señalar que el cuidado es un modo humano de estar en el
aislados del
mundo que nos mundo con los otros, lo que él llamaba un existenciario. El mismo Heidegger recuerda la
rodea, sino que la
fábula de Higinio, que de modo tan hermoso da con ese ser del hombre que es el cuidado.
propia interacción
con el entorno es
un aspecto Siguiendo esta línea, un buen número de autores de nuestros días ve en la actitud de
nuclear del ser. Es la gran alternativa al fracaso del mundo en que vivimos, Según ellos, la actitud de
cuidar
por esto que no es
posible dominar el
dominación frente a los demás y frente a la naturaleza, la obsesión por incrementar el
ser e intentar
hacerlo lleva apoder tecnológico convirtiendo a todos los seres en objetos y en mercancías, es la que nos
una vida carente
de autenticidadha llevado a un mundo insoportable, un mundo del que forman parte in-eliminable la
pobreza, el hambre, la miseria y el expolio de la naturaleza. Un mundo que pone en peligro
la supervivencia la Tierra.
La solución no consistiría en utilizar técnicas más refinadas para causar un daño menor,
sino que es una cuestión de ética. Se trata de cambiar de actitud, de adoptar
voluntariamente la disposición a cuidar, que es una relación amorosa, respetuosa y o
agresiva con la realidad, y por eso mismo no destructiva. ¿Por qué habría que asumirla?
Según esos autores, porque los seres humanos son parte de la naturaleza y miembros de
la comunidad biótica y cósmica, y, por lo tanto, tienen la responsabilidad de protegerla,
regenerarla y cuidarla. El cuidado no sería entonces una técnica, sino un nuevo paradigma
de relación con la naturaleza, la Tierra y los seres humanos. El “ser cuidador” del ser
humano debería sustituir al ser dominador, y esta actitud de cuidado haría también posible
la sostenibilidad de la naturaleza. Con ese término nos referimos al uso racional de los

6
recursos escasos de la Tierra, sin perjuicio del capital natural, mantenido en sus
condiciones de reproducción y coevolución, teniendo presentes a las generaciones futuras,
que también tienen derecho a un planeta habitable. La sostenibilidad representaría el lado
objetivo, ambiental, económico y social de la gestión de los bienes naturales y de su
distribución; mientras que el cuidado denotaría su lado subjetivo, las actitudes, los valores
éticos y espirituales que acompañan a ese proceso.
De algún modo esa actitud es la que preconiza la célebre Carta de la Tierra, que se fue
elaborando de 1992 a 2000 desde la sociedad civil en todos los lugares y culturas, y que
asumió la UNESCO en 2003. El preámbulo de la Carta dice expresarmente: “o hacemos
una alianza global para cuidar unos de otros y de la Tierra o corremos el riesgo de
autodestruirnos y de destruir la diversidad de la vida”. Las categorías “cuidado” y “modo
sostenible de vivir” constituyen los principales ejes articuladores del documento.
Ciertamente, si la actitud cuidadosa pertenece al ser más profundo de los seres humanos
y hunde sus raíces en su ser animales, es evidente que debe ser propia tanto de mujeres
como de varones. Y, sin embargo, la ética del cuidado se ha atribuido tradicionalmente a
las mujeres, como si los varones pudieran librarse de cuidar y como si las mujeres se
realizaran únicamente cuidando.
Una afirmación semejante es la que parecía surgir de los trabajos de la psicóloga Carol
Gilligan, cuando diseñó a partir de estudios empíricos una ética del cuidado, que
contrastaba claramente con la ética de la justicia de su maestro Lawrence Kohlberg. En
efecto, Kohlberg había tratado de estudiar cómo se produce el desarrollo moral en el niño
y para llevar adelante su tarea había identificado lo moral con los juicios sobre lo justo.
Sometiendo a distintos sujetos a un conjunto de dilemas, ante los que debían dar
respuestas, pero sobre todo argumentar para apoyarlas. Kohlberg llegó a la bien conocida
conclusión de que el niño recorre tres niveles a la hora de juzgar moralmente: en el nivel
preconvencional, toma el egoísmo como principio de lo justo, entender que es justo lo que
le conviene; en el nivel convencional, tiene por justo lo que es conforme a las normas y
usos de su sociedad, porque en realidad quiere ser acogido por el grupo; en el nivel post
convencional, distingue entre su sociedad y los principios morales universales, y enfoca
las cuestiones de justicia desde estos últimos.

A este último nivel corresponden todavía dos etapas, que conviene recordar. En la
primera, lo justo se define en función de derechos, valores y contratos legales, reconocidos

7
por la sociedad, de manera constitucional y democrática. La legalidad se apoya además
en cálculos racionales de utilidad social. En la segunda etapa la persona puede ir más allá
del punto de vista contractual y utilitario para pensar desde la perspectiva de principios
éticos de justicia válidos para toda la humanidad. Reconoce los derechos humanos en la
igualdad y el respecto por la dignidad de todos los seres humanos, siendo la conquista de
la autonomía la meta moral de la persona.
Sin embargo, dirá Gilligan, ésta es una forma de entender la ética, pero hay otras. La
ética de la justicia debe venir complementada por la ética del cuidado. En efecto, tanto
Kohlberg como otros relevantes psicólogos (Freud y Piaget) en sus investigaciones
cuentan sólo con varones y no con mujeres, y además con varones occidentales,
nacidos en democracias liberales. Como un buen número de mujeres no responde a
sus investigaciones como desean para respaldar sus hipótesis, concluyen que las
mujeres muestran una conducta “desviada”, en vez de reconocer que es
sencillamente diferente.

De ahí que Gilligan se esforzará por realizar también pruebas con mujeres,
presentándoles dilemas morales ante los que debían dar soluciones argumentadas,
y llegó a la conclusión de que existen dos lenguajes diferentes para codificar el mundo
moral. Dos lenguajes que no están subordinados, sino que uno de ellos se ha
escuchado más que el otro: el lenguaje de la lógica de la imparcialidad de la justicia,
que consiste en tomar decisiones poniéndose en el lugar de cualquier otro, y el
lenguaje de la lógica psicológica de las relaciones, que asume la perspectiva de la
situación concreta y trata de preservar las relaciones ya creadas.

Entre ambos lenguajes puede establecerse una comparación que nos permite
analizar qué valores aprecia de forma preponderante cada uno de ellos. Desde esta
perspectiva los valores apreciados en el “lenguaje masculino” serían aquellos que van
conformando individuos autónomos, capaces de tomar decisiones acerca de lo justo
y lo injusto desde condiciones de imparcialidad. Por el contrario, los valores preferidos
por el “lenguaje femenino” serían aquellos que protegen las relaciones humanas, se
hacen cargo de los débiles, se cuidan de las personas concretas en los concretos
contextos de acción.

8
Lógica de la justicia (separación) Lógica del cuidado (unión)
___________________________________________________________________
__
Individuación Trama de relaciones que puede ser dañada
Autonomía Proteger lo vulnerable (las relaciones, los
Débiles)
Ley/derecho/justicia Responsabilidad/cuidado
Contrato Protección/autosacrificio
Abstracción Narración/contexto
Universalidad Particularidad
Imparcialidad Parcialidad
___________________________________________________________________
__

Sin embargo, esto no significa que los varones hayan de optar por la autonomía y la
justicia, y las mujeres, por el cuidado y la compasión. Tales repartos de papeles y
valores van siempre en detrimento de los dos sexos, porque los cuatro ingredientes
mencionados (justicia, autonomía, compasión y responsabilidad) son indispensables
para alcanzar la madurez moral. Por tanto, que predomine uno u otro en una persona
es una cuestión individual más que una característica del sexo en su conjunto.

Lo que ocurre más bien es que hay al menos dos voces morales, en las que han de
expresarse tanto las mujeres como los varones:

1) La voz de la justicia, que consiste en juzgar sobre lo bueno y malo situándose


en una perspectiva universal, más allá de las convenciones sociales y el
gregarismo grupal. Esta perspectiva recibe el nombre de “imparcialidad”.

2) La voz de la compasión por los que precisan de ayuda, que son


responsabilidad nuestra, empezando por los más cercanos.

9
Otra autora Nuria Varela4 plantea en estos téminos los fundamentos de la ética del
cuidado :
“La sociedad no es un ente abstracto. Está compuesta por individuos concretos, por
los hombres y mujeres que la forman y la transforman. Así, las mujeres concretas, en
los esfuerzos para compartir el trabajo de cuidados, se encuentran con hombres
concretos, situados en cualquier nivel de la estructura social y con cualquier ideología,
que no comprenden ni la importancia ni la necesidad de este trabajo y, sobre todo, no
se sienten en absoluto responsables de su realización. La idea –y la práctica– de la
corresponsabilidad está ausente en el día a día en numerosas ocasiones.

Al profundizar en ese desapego y falta de responsabilidad masculina ante las


necesidades vitales, en la década de los 80 surgió el debate sobre dos éticas distintas.
Entendiendo la ética como las normas morales que rigen la conducta humana, hay
dos formas de comportarse: siguiendo una ética de la justicia o según las normas
prescritas por la ética del cuidado.

La ética de la justicia, que es la ética dominante en las sociedades occidentales,


surgió para resolver los conflictos mediante el consenso, para ser aplicada donde hay
que distribuir algo. Es la ética de lo público. No importa lo que se distribuya, lo que
importa es que el procedimiento sea justo. Es la ética que se desarrolla en el siglo
XVIII, en el siglo de la Ilustración. Pero una vez más, lo universal –igual que ocurrió
con los derechos–, sólo se refería a lo masculino.

Así, ésta es una ética que sólo sirve para lo público y que se construye sin contar con
las mujeres…..Si existen distintas formas de razonamiento moral entre hombres y
mujeres como consecuencia de las construcciones de género, ya que a los hombres
se le exige individualidad e independencia y a las mujeres se les impone el cuidado
de los demás y rara vez son vistas como individuas solas. Así, ponía de manifiesto
que la ética de la justicia se caracteriza por el respeto a los derechos formales de los
demás, la importancia de la imparcialidad y juzgar al otro sin tener en cuenta sus
particularidades. En esta ética, la responsabilidad hacia los demás se entiende como
una limitación de la acción, un freno a la agresión puesto que se ocupa de consensuar

4
Vareal N La ética del cuidado disponible en: [Link]

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unas reglas mínimas de convivencia y nunca se pronuncia sobre si algo es bueno o
malo en general, sólo si la decisión se ha tomado siguiendo las normas.
Frente a ella, la ética del cuidado, seguida por las mujeres, consiste en juzgar teniendo
en cuenta las circunstancias personales de cada caso. Está basada en la
responsabilidad por los demás. Ni siquiera se concibe la omisión. No actuar cuando
alguien lo necesita se considera una falta. Esta ética entiende el mundo como una red
de relaciones y lo importante no es el formalismo, sino el fondo de las cuestiones
sobre las que hay que decidir.

Las teorías de la filosofía moral y política modernas nacen de una idea semejante a
la del homo economicus. Hobbes o Rousseau, entre otros, hablan de hombres que
también parece que surgen de la tierra, como hongos. El ideal es un hombre
desarraigado, sin vínculos (no tiene madre, ni esposas, ni hermanas). En sus teorías
no existe el equivalente de la mujer desarraigada. Los pensadores se dan cuenta de
que ese hombre no está solo en el mundo, pero porque hay otros hombres, tampoco
ellos ven a las mujeres. Así, lo que proponen es que los hombres tienen que hacer
pactos entre sí, es el contrato social, la ley que domestica la competición y evita la
lucha de todos contra todos. Otra teoría interesante pero falsa porque la sociedad no
podría funcionar así y, sobre todo, no podría reproducirse.
Frente a esta teoría dominante, el concepto central de la ética del cuidado es la
responsabilidad. Puesto que la sociedad no es un conjunto de individuos solos, los
seres humanos formamos parte de una red de relaciones, dependemos unos de otros.
La ética del cuidado cuestiona la base de las sociedades capitalistas en las que el
intercambio es de valores idénticos: “tanto me das, tanto te doy”. Si se aplica la
responsabilidad, el intercambio no es exacto, depende de lo que cada uno necesite.
La corresponsabilidad ha de existir entre hombres y mujeres y en todos los ámbitos:
la familia, la amistad, el amor, la política y las relaciones sociales. El feminismo
defiende la ética del cuidado, pero no sólo para las mujeres. La ética del cuidado debe
ser universal.

La responsabilidad y la solidaridad han de ser un deber ético para el conjunto de la


sociedad. Como propone Carol Gilligan, justicia y responsabilidad para unas y
otros. Además, es un antídoto para la violencia: es difícil destruir lo que uno mismo
ha cuidado.

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