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Historia de Roma: De Monarquía a Imperio

Los romanos se establecieron en la península itálica y fundaron Roma alrededor del año 753 a.C. Conquistaron Italia y luego derrotaron a los cartagineses, expandiendo su territorio por el Mediterráneo. La República romana dio paso al Imperio romano en el siglo I a.C., gobernado por emperadores que controlaron un vasto imperio por siglos hasta su caída en el siglo V d.C.

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Historia de Roma: De Monarquía a Imperio

Los romanos se establecieron en la península itálica y fundaron Roma alrededor del año 753 a.C. Conquistaron Italia y luego derrotaron a los cartagineses, expandiendo su territorio por el Mediterráneo. La República romana dio paso al Imperio romano en el siglo I a.C., gobernado por emperadores que controlaron un vasto imperio por siglos hasta su caída en el siglo V d.C.

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Panorama histórico de Roma

Los romanos se establecieron a lo largo de la península itálica. La geografía de esta zona se caracteriza por tener como
frontera natural los Alpes, que los separaba de las tribus europeas como los celtas, los galos y los germanos. Además, es
un territorio atravesado por los Apeninos, por lo que su paisaje se hallan numerosos valles, propicios para la agricultura y
la ganadería.
Los primeros pobladores de este territorio fueron los griegos, que fundaron ciudades como Tarento, Crotona y Nápoles,
los italos, una rama proveniente de los indoeuropeos. Asimismo, la península estaba habitada por grupos galos, latinos,
sabinos y etruscos, estos últimos, provenientes de Asia menor, fueron el grupo que transmitió más rasgos culturales a los
romanos.
La fundación de Roma fue alrededor del año IX a. C., tras una fusión entre los latinos y los sabinos, que una vez unidos
fundaron la ciudad. De acuerdo con las leyendas romanas, Rómulo fue el fundador legendario y primer rey de Roma,
aunque actualmente no se han encontrado datos confiables que confirmen la historia. No obstante, se sabe que en sus
orígenes, la ciudad estaba organizada por clanes, un rey y un senado. Al igual que en Grecia, el rey fungía a la vez como
juez y sacerdote.
La historia romana suele dividirse en Monarquía (IX – VI a. C.), República (VI – I a. C.) e Imperio (I a. C. – V d. C.) Desde la
monarquía, los romanos retomaron muchos rasgos culturales de los griegos, debido a la cercanía geográfica y al poderío
griego en la regió[Link]ás del senado y los atributos políticos del rey, de igual forma, sólo los hombres libres podían
decidir la política de la ciudad. Sin embargo, a diferencia de los griegos, los romanos desarrollaron más el arte de la
política desde sus orígenes. En Roma, existía una clara distinción entre dos grupos sociales: los patricios y los plebeyos.
Los primeros eran los sectores más adinerados y todos aquellos que poseían alguna propiedad; mientras que los
segundos eran personas desarraigadas o esclavos libertos, que eran hombres libres, pero sin derechos políticos.
Tras una sublevación contra el rey Tarquino el Soberbio en el 509 a. C., llegó a su fin la monarquía. Ante ello, el mando
quedó a cargo por dos cónsules que serían electos cada año; por lo regular, un cónsul se dedicaba a la política y otro a la
milicia, tal fue el caso de Pompeyo y Julio César. Además, se formó el senado, que sería el encargado de aceptar o revocar
las propuestas de los cónsules, y en casos extremos, podían designar a uno de ellos dictador por un plazo de seis meses
para agilizar la toma de decisiones políticas. De tal suerte, la estratificación social de los romanos quedó de la siguiente
manera: procónsules, senado, patricios, plebeyos y esclavos.
Poco a poco, los romanos conquistaron a los pueblos de la península itálica. Su ejército se organizaba por legiones, que
eran 8 mil hombres equipados con casco, escudo y espada, un cuerpo de caballería y otro de artesanos, que se
encargaban de reparar las armas. Sin embargo, antes de conquistar Italia, los romanos sufrieron una terrible derrota. En
el siglo IV a. C., los galos invadieron Roma, por lo que se vieron obligados a pagar una fuerte suma de dinero para
conservar la ciudad. Aquella derrota, permaneció en la mente de los romanos por generaciones. No obstante, a partir del
siglo V a. C. comenzó la conquista de la península itálica, de modo que para el siglo III a. C. toda Italia era romana. Con el
éxito de la conquista de Italia, el pueblo romano se enriqueció rápidamente, ya que la adquisición de nuevas tierras
enriquecieron a la creciente población romana.
Los romanos pronto se dieron cuenta que la conquista militar rendía muchos dividendos. El gobierno y los militares
ganaban popularidad, el pueblo romano se enriquecía con las nuevas tierras, Roma se llenaba de gloria con la derrota de
otros pueblos y además, su fama se extendía por el mundo conocido. Tras la conquista de Italia, la siguiente víctima
fueron los cartagineses. Los romanos llamaron a estas guerras, púnicas (III – II a. C.), ya que poeni era el nombre latino
para cartaginés o fenicio. Los fenicios eran los grandes comerciantes marítimos de la Antigüedad. Oriundos de las costas
de los territorios actuales de Líbano, Israel y Palestina, fundaron varias colonias en el Mediterráneo, entre ellas Cartago al
norte de África. Con el tiempo, los cartagineses se volvieron más fuertes que los fenicios. Durante las guerras púnicas,
surgió Aníbal, líder militar cartaginés, procedente de España que invadió Roma en el 219 a. C. Sin embargo, hacia el año
149 a. C. los romanos vencieron y destruyeron definitivamente Cartago, convirtiéndose en la principal potencia del
Mediterráneo.
Las guerras púnicas fueron muy importantes para Roma, pues lograron conquistar Grecia, Macedonia, Siria, España y las
Galias. A partir de este momento, los griegos sobrevivieron como cultura gracias a su influencia cultural. Los sabios que
vivían en las ciudades griegas se trasladaron a Roma. Por esta razón, Roma es considerada una continuación de la cultura
griega. Además, la extensión de la república romana enriqueció a la población, la cual creció enormemente. También se
incrementó el número de esclavos y por si no fuera poco el abuso contra este sector, los romanos adquirieron la
costumbre cartaginesa de enfrentarlos en combates a muerte, surgiendo así el fenómeno de los gladiadores. Los romanos
capitalizaron muy bien el espectáculo de los gladiadores, pues en aquellos sangrientos eventos, el gobierno regalaba pan
al pueblo para influir en el voto de los ciudadanos. De ahí el origen de la frase: “pan y circo”.
En el siglo I a. C. Roma vivió años de cambio. En el 74 a. C. estalló una rebelión de esclavos encabezada por Espartaco, a
pesar de la derrota de los esclavos, los romanos se vieron obligados a promulgar una serie de leyes que protegieran a este
sector de las arbitrariedades y caprichos de muchos amos. Posteriormente, Roma emprendió nuevas conquistas contra
los teutones y los cimbrios. Sin embargo, muchos generales estuvieron en desacuerdo con los cargos políticos que
recibieron después de sus conquistas militares. No faltó quien se indignara ante las pocas tierras que la república le
otorgó tras famosas y populares victorias, por lo que estallaron en Roma una serie de guerras civiles encabezadas por los
generales Sila y Mario. Tal fue el caos que inundó las calles romanas, que la república decidió reorganizarse en un
triunvirato, que estaría conformado por Julio César, Pompeyo y Craso.
El triunvirato logró restablecer la paz por un tiempo. Pompeyo se enfocó a pacificar la política desde Roma, Julio César
emprendió nuevas campañas de Conquista en las Galias y Craso fue relegado rápidamente a labores menores. La victoria
de Julio César le ganó el cariño y popularidad de los romanos, pues por primera vez, vencían a su acérrimo enemigo,
aquel que en el pasado había invadido y saqueado Roma. La creciente popularidad de César lo enfrentó con Pompeyo, y
tras una nueva guerra civil, Julio César se convirtió en el único gobernador romano.
Julio César restableció el orden imperial, distribuyó las nuevas tierras conquistadas, otorgó amnistía a sus rivales y
decretó una serie de políticas populistas. Esto ocasionó la división con el senado, quienes lo acusaron de tirano. La
tensión entre César y el Senado llegó al límite, pues un grupo de senadores encabezados por Bruto, asesinaron a Julio
César a cuchilladas en plena sesión. Cabe señalar que el asesinato de César se ha convertido en uno de los episodios más
dramáticos de la historia universal.
Después de la violenta muerte de César, el gobierno se dividió en un segundo triunvirato: Antonio, Lépido y Octavio. Tras
una serie de guerras, Octavio logró el control de todo el imperio y se convirtió en emperador romano.
La época del Imperio podría dividirse en tres etapas: una primera de reparto de poder entre el emperador y el senado,
otra en la que el emperador es el jefe absoluto, a partir del emperador Dioclesiano y una última en la que la ciudad de
Roma entra en decadencia y el imperio se traslada a Constantinopla, en la actual Estambul.
Durante la época del imperio se reforzó la división de clases, no se pudo consolidar la conquista de Germania y los
espectáculos sangrientos crecieron. En la actualidad, emperadores como Nerón y Calígula se han ganado la fama del cine
y el entretenimiento por su vida de excesos, placeres y voluptuosidades. También fue en esta época, cuando el
cristianismo se extendió por todo el imperio, al punto que los emperadores romanos se convirtieron al cristianismo,
abandonando todos los rituales y prácticas de la cultura grecolatina. Finalmente, en el siglo V a. C. el poder político y
económico de los emperadores romanos decayó. El emperador Constantino, presintiendo la vulnerabilidad de Roma ante
los constantes embates de las tribus germánicas, trasladó la capital del imperio a Constantinopla, dejando Roma a su
suerte. En el 476, el líder de los germanos, Alarico, asesinó al último emperador romano: Rómulo Augusto. No obstante,
el imperio romano continuó en el Oriente hasta el siglo XV, aunque a este imperio se le conoce como Bizantino, para
diferenciarlo del imperio romano grecolatino y occidental.

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