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Relacion Padres e Hijos

El documento habla sobre la importancia de la comunicación en las relaciones familiares. Explica que la falta de comunicación es una de las principales causas de problemas matrimoniales. También describe que la comunicación efectiva requiere no solo hablar y escuchar, sino también comprender el mensaje del otro. Lograr esta comprensión es difícil debido a que los mensajes pueden interpretarse de diferentes maneras. La comunicación exitosa depende tanto de lo verbal como de lo no verbal.

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Relacion Padres e Hijos

El documento habla sobre la importancia de la comunicación en las relaciones familiares. Explica que la falta de comunicación es una de las principales causas de problemas matrimoniales. También describe que la comunicación efectiva requiere no solo hablar y escuchar, sino también comprender el mensaje del otro. Lograr esta comprensión es difícil debido a que los mensajes pueden interpretarse de diferentes maneras. La comunicación exitosa depende tanto de lo verbal como de lo no verbal.

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LOS HIJOS

Parece mentira, pero un acontecimiento tan singular como el nacimiento del

primogénito, con toda la alegría que conlleva, constituye una amenaza para el matrimonio. En

muchas parejas, provoca una verdadera crisis en su relación. ¿Por qué? Porque otra persona se

interpone entre el marido y la mujer. El recién llegado puede provocar los celos de uno de los

dos, normalmente por parte del marido porque él ve al niño como un rival en la atención y el

afecto de la madre. Ya sea que el hombre vea al nuevo niño como competición o no, lo cierto

es que la casa nunca volverá a ser como antes. El nacimiento del hijo significa un cambio en la

vida del hogar y en las relaciones entre los esposos. La solución de este problema depende

mucho de la actitud de los padres hacia el intruso, y la Biblia nos enseña como debe ser.

Un don
Varios versículos de la Biblia nos dicen que los hijos son dones que Dios nos da. Gn.

33:5 y Sal. 127: 3-5 son algunas de las citas que nos lo dicen con claridad. Si consideramos a

nuestros hijos como dádivas de Dios, cambiará nuestra conducta hacia ellos. Los trataremos

con amor, con respeto, y aceptaremos nuestra responsabilidad de cuidarlos y educarlos. De

todos los dones que nos da el Señor, los hijos son el regalo más precioso y más digno de

cultivar.

Una responsabilidad
La influencia más poderosa que los niños reciben durante sus primeros cinco años de

vida es la del hogar. Los niños de esta tierna edad aprenden principalmente por imitación. En

la gran mayoría de los casos, los hijos tratarán de reproducir en sus propios hogares el modelo

que recibieron de su padres. El mejor regalo que un padre puede dar a su hijo para su futura

felicidad es que tenga una imagen de su padre como un hombre de estabilidad y sensibilidad,
una combinación equilibrada de autoridad y amor. Es importante que el matrimonio sepa

tratarse correctamente entre sí porque esto afectará profundamente al trato y la comunicación

entre padres e hijos. La primera responsabilidad de los padres, entonces, es proveer al niño de

un hogar que sea un buen ejemplo del amor compartido entre el padre y la madre. Una

comunicación abierta entre todos los miembros de la familia y unas relaciones basadas en la

honestidad, el perdón, y la aceptación son esenciales para la estabilidad que el niño necesita.

La responsabilidad de los padres en enseñar mediante su ejemplo es asombrosa porque exige

una vida genuina. "El hacer y el hablar han de concordar."

Otras responsabilidades de los padres hacia sus hijos son:

1. Amor. Es posible que el amor de los padres hacia el niño haga más daño que
bien. Fue el caso de José, que sufrió los resultados tristes del favoritismo paternal (Gn. 37:3;

otro ejemplo tenemos en los gemelos Esaú y Jacob, Gn. 25). Entonces, no podemos decir que

los niños necesiten sólo amor, sino un amor sabio, que muchas veces no es tan fácil de dar

como parece.

Pensamos que, si les damos todo lo que piden, estamos expresando nuestro amor.

Pensamos que si creamos una dependencia total de nosotros, estamos expresando amor.

Pensamos que si nos rendimos a los deseos de ellos, estamos expresando amor - o si les

regalamos un montón de "cositas", estamos expresando amor. Nos equivocamos de muchas

maneras. Si queremos aprender la forma correcta de expresar nuestro amor a los hijos,

debemos estudiar la manera en que Dios muestra su amor hacia nosotros.

Dios expresa su amor - en palabras (Jeremías 31:3; 1 Jn. 4:8) y acción (Jn. 3:16; Ro. 5:5

y 8). Toda la Biblia es una carta de amor y una historia de actos de amor. Además, Dios

espera que respondamos a su amor. Jesús nos dice en Jn. 14:15 que sabe que lo amamos si

guardamos sus mandamientos. El espera ver vuestro amor en nuestras acciones.

2. Disciplina. La disciplina es otra responsabilidad de los padres, pero, ¡ojo! es


preciso que esté acompañada de amor - lo que Oseas llamó "cuerdas de amor" (Oseas 11:4).

Dios nos enseña por su palabra y por su ejemplo que la disciplina es una parte necesaria e

íntegra del amor paternal (Ap. 3:19).

3. Enseñanza. Dt. 6:6-7 y Pr. 22:6 son algunos versículos que nos recuerdan esta
responsabilidad paternal. Además de la enseñanza que recibe por osmosis en el hogar, el niño

necesita instrucción formal, en casa, en la escuela, y en la iglesia. En un hogar cristiano, la

instrucción bíblica es precisa si queremos impartir nuestra fe a nuestros hijos.

4. Proveer para sus necesidades físicas. 1 Ti. 5:8 enseña que el no hacerlo es
una negación de la misma fe que profesamos.

Hemos visto que los padres tienen ciertas responsabilidades para con sus hijos: 1) darles

un ejemplo; 2) amor sabio; 3) disciplina; 4) enseñanza - secular y espiritual; 5) proveer para

sus necesidades físicas. Pero, hay una cuestión a considerar en relación con estas

responsabilidades. ¿Son para toda la vida, o solamente para unos años? ¿Siguen en pie después

de que los hijos se casan?.

Una meta
En la primera parte de esta lección, vimos que una dependencia paterna puede causar

muchos problemas a los hijos si la mantienen después de llegar a la edad de adultos.

Reconociendo que una dependencia prolongada no es nada aconsejable, llegamos a otra

responsabilidad de los padres hacia sus hijos: prepararles para la independencia. La formación

de un ser adulto capaz de tomar sus propias decisiones es la meta de toda la formación que los

hijos reciben en el hogar.

Un niño es un adulto en formación, y ha de ser respetado como tal. Los padres cuidan

de sus otras responsabilidades - el amor, la disciplina, la enseñanza, y la provisión - teniendo

en cuenta el tipo de adulto que desean ver cuando su hijo sea mayor.

Para lograr una independencia feliz, es importante dar responsabilidades al hijo en la


medida que es capaz de asumirlas. Es una responsabilidad que aumenta con el crecimiento del

niño a través de los años. Hay que permitir que el hijo aprenda a tomar sus iniciativas y

decisiones dentro del marco propicio que los padres ponen. Se va a equivocar muchas veces,

pero aprenderá de las mismas equivocaciones. No hay crecimiento sin errores. El salmista lo

reconoció (Sal. 25:7) y pidió perdón por los suyos. Los padres tendrán muchas ocasiones de

perdonar a sus hijos. En estos momentos, conviene recordar el ejemplo de Jesús en Jn. 8:11 y

su enseñanza en Lc. 17:3-4.

Hay una fábula oriental que trata de la relación padre-hijo: Una golondrina tenía tres

pichones. La golondrina tenía que cruzar el mar y para ello se puso uno de los pichones en la

espalda. Cuando lo esta llevando, le preguntó: "Cuando seas grande, ¿qué vas a hacer?" El

pichón le contestó: "Pues te voy a llevar a pasear y te daré comida." "Mala criatura" - dijo la

golondrina - y le tiró al agua y éste se ahogó. Llevando al segundo, le preguntó lo mismo y el

pichón le respondió: "Voy a hacer todo lo que me pidas cuando sea grande." "Mala criatura"

respondió la madre y le dejó caer al mar. Al llevar al tercer pichón, le hizo la misma pregunta.

Éste le respondió: "Voy a hacer lo que tú estás haciendo, cargar a mi propia criatura, pues no

puedo volar cargándote a ti."

Los padres no tenemos hijos para que nos cuiden a nosotros en la vejez. Criamos hijos

para que ellos, cuando sean adultos, críen a sus propios hijos. Es la responsabilidad de los

padres educarlos con este fin y ayudarlos a lograr la independencia propia de un adulto. Dios

espera que cada generación prepare a la siguiente (Joel 1:3).

LECCIÓN 5

LA COMUNICACIÓN: CLAVE DE LAS


RELACIONES FAMILIARES
"En el mismo cuarto - vivían en una boardilla - los dos guardaban silencio." Con estas

palabras, Carlos Edmundo de Ory empieza el relato triste ("El paquete postal") de un
matrimonio para quienes el silencio se había convertido en un nudo entre ellos. Ocuparon el

mismo cuarto, pero no compartieron sus vidas. La comunicación entre ellos había cesado

hacia tiempo, y ahora reinaba el silencio en el ambiente cargado de malestar.

¿En cuántos hogares se repite a diario esta misma escena? La mujer vive en su mundo y

se preocupa de sus cosas, mientras el hombre desarrolla su vida aparte. Están juntos, pero

separados por un abismo causado por la falta de comunicación. Los consejeros matrimoniales

dicen que la falta de comunicación es la causa número uno de los problemas matrimoniales.

La mayoría de las esposas se quejan de que sus maridos no las escuchan, que no tienen

interés en lo que dicen. Por otro lado, la queja clásica del marido descarriado es que su esposa

no le entiende. ¿Qué es la comunicación? ¿Cómo podemos saber si la hemos logrado de

verdad? La comunicación es el intercambio de ideas entre dos personas; es el proceso que

permite a la gente conocerse y relacionarse; es compartir información con otra persona de tal

manera que ella entienda lo que uno dice.

La comunicación es algo más que hablar y escuchar, aunque son aspectos esenciales de

la comunicación. Para ser completa, tiene que incluir la comprensión. Este encuentro de

significados no es fácil de conseguir. Para ver las dificultades en lograr una comunicación

completa, sólo tenemos que meditar esta frase: "Ya sé que entendiste lo que tú te imaginas

que quise decir, pero no estoy tan seguro de que entendieras lo que realmente dije."

Los especialistas en comunicación dicen que podemos comunicar hasta seis mensajes al

hablar con una persona: (1) lo que tú quieres decir; (2) lo que tú dices realmente; (3) lo que tu

interlocutor oye; (3) lo que tu interlocutor dice sobre lo que tú dijiste y (6) lo que tú crees que

tu interlocutor dijo acerca de lo que dijiste tú.

Tantas interpretaciones del mensaje son posibles en parte debido a que la comunicación

viaja sobre dos carriles: el verbal - lo que decimos y lo que oímos; y el no verbal - lo que

percibimos por la vista, el olfato, y el tacto. Las expresiones de la cara, los gestos y

movimientos del cuerpo - los portazos, por ejemplo - forman parte de la comunicación no
verbal. Incluso la postura y la posición del cuerpo son parte de esta comunicación no verbal.

El padre está sentado delante de la tele, viendo un partido de fútbol. Su hijo pequeño empieza

a hablarle de un problema, pero el padre no cambia de posición. Responde al niño sin mirarle y

sin quitar los ojos de la pantalla. Dice al niño que lo está escuchando, pero su mensaje no

verbal contradice las palabras de su boca.

Además, filtramos lo que oímos a través de nuestros sentimientos, y esto hace que, con

frecuencia, no oímos lo que el otro realmente dijo. Nuestra interpretación de lo que oímos

puede ser muy distinta de lo que la otra persona quiso decir. Siguiendo la ilustración del

párrafo anterior, el padre no quería decir que su hijo no tenía importancia para él, pero es el

mensaje que el niño recibió a través de la comunicación no verbal pasado por el filtro sensible

del niño.

En realidad, el contenido o las palabras utilizadas comunican solamente el 7% del

mensaje. El tono de voz del parlante contribuye el 38% y la comunicación no verbal da el 55%

del mensaje que el oyente recibe.

CLASES DE COMUNICACIÓN
Conversación estereotipada

¿Cómo estás? ¿Cómo están los niños? Este es el nivel de los saludos.

Conversación de información

Hablar de otros, de los acontecimientos, de la tele, la vecina, de lo que otros dicen, etc.

Esta clase de conversación suele tener dos niveles: el nivel de los intereses diferentes y el nivel

de los intereses comunes. Por ejemplo, dos madres que tienen hijos en el mismo colegio

conversan sobre el colegio (un interés común), pero la comunicación no va más allá.

Hablar de mis ideas y juicios

Aquí empieza la comunicación real. Si la persona nota que no se acepta lo que dice,

muchas veces dará marcha atrás. Una conversación de nivel social puede llegar hasta aquí, o
puede cubrir las dos primeras clases solamente.

Hablar de los sentimientos y emociones

Se expresa lo que se siente. Es una comunicación más íntima, que revela a la otra

persona lo que a uno le interesa.

Comunicación completa, sincera

Es la conversación íntima, emocional y personal. Es compartir con otro quien eres sin

pretensiones. Se logra con pocas personas.

BARRERAS DE LA COMUNICACIÓN
Falta de habilidad

Se puede vencer con el estudio de las técnicas y con la práctica. Normalmente, la

habilidad que hace más falta cultivar es la de escuchar. Stg. 3:1-8 advierte del peligro de

hablar demasiado, mientras Stg. 1:19 menciona lo deseable que es estar dispuesto a oir.

Temor

Este es el temor al rechazo, una autoprotección intuitiva. Una persona con este

problema no quiere correr el riesgo de ser herido. Resulta mucho más fácil una retirada en

solitario que el intento de comunicarse. Esta retirada puede ser física o emocional.

Autoimagen pobre

La falta de comunicación se debe a que piensan que sus ideas no valen la pena o que no

interesan a nadie.

Insensibilidad

Escuchar las palabras sin captar los sentimientos que hay detrás de ellas es otra barrera a

la comunicación. El oyente puede ser insensible de varias maneras. Puede asumir el papel de

juez y fijar la culpa y la multa en seguida. Puede ser un "manitas" que pretende arreglarlo

todo, dando la solución en un abrir y cerrar de ojos. Puede imaginarse ser un sicólogo e

intentar explicar las razones e intenciones detrás de cada palabra. Aunque tenga buenas
intenciones, corta la comunicación en su afán de dar la respuesta, sin tener en cuenta los

sentimientos del otro.

Las prisas de la vida


Según un estudio, los matrimonios normalmente pasan solamente 26 minutos a la

semana hablando de cosas importantes, y muchos no llegan ni a eso. ¿En qué consiste

normalmente una conversación entre marido y mujer? la comida, la tele, los deberes de los

niños, la ropa, etc. Muchas veces, no es por una falta de interés, sino de los quehaceres que se

interponen. Con la responsabilidad de la casa, la familia, y el trabajo, pasan casi todo el tiempo

juntos haciendo "cositas" sin dedicarse tiempo el uno al otro. Como resultado, la

comunicación sufre.

Diferentes intereses, educación, valores

Muchos no hablan porque no tienen nada en común. Esta falta de comunicación entre

matrimonios se hace más patente si hay mucha diferencia entre el crecimiento intelectual o

social de la mujer y el hombre. Una mujer que se dedica totalmente al hogar necesita cultivar

otros intereses y mantenerse mentalmente estimulada. Ambos, hombre y mujer, deben

esforzarse en tener intereses comunes además de los hijos.

Fatiga
El cansancio físico o mental hace difícil una comunicación clara. Es preciso hacer planes

para cambiar la rutina, dedicar tiempo al recreo familiar y períodos de descanso, para superar

esta barrera.

El juego de las adivinanzas


"Si me amara de verdad, sabría lo que pienso." Esta presunción no es justa, porque no es

tan fácil entender a otra persona, por querida que ésta sea. Puede dar lugar a muchos

malentendidos. Es mucho más segura la comunicación abierta.


PRINCIPIOS PARA LA BUENA COMUNICACIÓN
Como hemos visto, la verdadera comunicación tiene tres facetas: la palabra hablada, la

palabra escuchada, y la palabra comprendida. Para mejorarla, hay que desarrollar las

habilidades en estas tres áreas. La Biblia contiene unas sugerencias prácticas para lograr un

nivel más alto de comunicación.

Hablar

1. Habla después de pensar. Habla de una manera clara para que el oyente

pueda entenderte. Pr. 10:19.

2. Di siempre la verdad. Una mentira suele resultar en otra para cubrir la

primera, soltando así una cadena de mentiras que destruye la confianza. Ef. 4:25; Col. 3:9.

3. Usa las palabras para animar y edificar, no para censurar o criticar. Ef.

4:29; Ro. 14:13. Si alguien te ataca verbalmente, no respondas de la misma manera. Ro.

12:17,21; Pr. 17:13.

4. En momentos de ira, es mejor hablar en vez de estallar o callarse y estar

resentido. Ef. 4:26-27.

5. Evita el machacar. Pr. 19:13.

6. No domines la conversación. Stg. 1:19-20. Dos maneras de dominar la

conversación son: (1) controlar la dirección de la conversación y (2) no dejar que el otro

hable. Existen matrimonios en el que uno está siempre terminando la frase del otro.

7. Habla con sencillez, sin rodeos . Mt. 5:37.

8. Habla personalmente. Si tu compartes tus sentimientos, él otro estará más

dispuesto a compartir los suyos. Requiere valor, pues te arriesgas a ser rechazado hablando de

esta manera.

9. Evita las murmuraciones. Pr. 17:9. Es mucho más fácil tirar folletos desde un

avión que recogerlos luego. Pasa igual con las palabras que salen de la boca.
Escuchar

1. Está dispuesto a escuchar sin responder hasta que el interlocutor haya

cesado de hablar. Pr. 18:13.

2. Presta atención al hablante. Más valen unos minutos de total concentración

que muchas horas distraídas.

3. Escucha lo que te dicen. Presta atención no solamente a las palabras, sino al

lenguaje no verbal que revela los sentimientos - el tono de voz, la expresión facial, la postura,

los gestos. Presta atención, también, al lenguaje de la conducta. Si un niño rehusa comer, ¿es

qué no tiene hambre? O, ¿está usando la negación de la comida como un método para exigir la

atención de la madre?

4. Escucha activamente. Esto implica recibir, aceptar, y tratar de comprender el

mensaje. Implica la aceptación de la persona parlante.

5. Mira a la persona que habla. Es una muestra de interés.

6. Crea una atmósfera de aceptación.

7. Recuerda que, como oyentes, tenemos que luchar en contra de dos

tendencias: (1) excluir lo que no queremos oír; (2) escuchar nuestra interpretación de lo que

oímos en vez de lo que la persona realmente dice.

8. Verifica en puntos cruciales lo que piensas que oyes. Los significados del

parlante y los significados del oyente deben coincidir para lograr la comunicación verdadera.

Se puede determinar si la está logrando si pregunta acerca de lo que está oyendo. Otra técnica

es sencillamente la repetición de las palabras que el parlante acaba de decir, reflejándose sobre

ellas. Estos dos métodos dan una oportunidad al parlante para confirmar o corregir lo que has

entendido.

9. Sé fiable. Si alguien te comparte una confidencia, guárdala como tal. Pr. 11:13.

Los padres necesitan tener un cuidado especial en cuánto a los secretos que sus hijos

comparten con ellos. Divulgar los secretos de uno es una manera segura de terminar la
comunicación con esa persona. También, es preciso no echar en cara, en momentos de enfado,

un secreto que antes fue compartido en un momento de intimidad.

Comprender

Una cosa es oír, y otra entender. Jesús hizo referencia a esta diferencia en Mr. 7:14 y

expresó su deseo de que la comprensión acompañe el escuchar. Es una parte esencial de la

comunicación, y la más difícil de lograr.

1. Sé sensible a los sentimientos de otros. La comunicación depende más de lo

que se siente que de los hechos. Los sentimientos se revelan por el tono de voz, la expresión

de la cara, y los movimientos del cuerpo. La interpretación de lo dicho importa más que lo

dicho. Pr. 12:18 nos recuerda que nuestras palabras pueden dañar o curar los sentimientos del

otro.

2. Sé honrado. La verdad debe ser la norma en las relaciones humanas. Claro,

hay que expresar la verdad con discernimiento y con amor. Un matrimonio basado en el

engaño siempre será un matrimonio problemático.

3. Valora a la otra persona. Sé respetuoso con su personalidad. No es necesario

decir "no me importa lo que estás diciendo" - la actitud misma del oyente lo dice claramente.

Se nota por la atención prestada o por la falta de ella. Cada persona tiene valor y es digna de

nuestro tiempo y atención. Fue creada a la imagen de Dios. Gn. 1:26. Su valor es tal que Dios

mandó a su Hijo Unigénito para rescatarla. Jn. 3:16.

4. Intenta identificarte con la otra persona. Haz un esfuerzo por ver las cosas

desde el punto de vista, de sentir lo que él siente.

CONCLUSIÓN

El psiquiatra suizo, Dr. Pablo Tournier, dice que "es imposible enfatizar demasiado la

inmensa necesidad que los humanos tenemos de ser escuchados, tomados en serio, y

comprendidos." La comunicación debe tener como meta no tanto la unanimidad como la

armonía. Todos pueden mejorar su capacidad de comunicarse con los demás si realmente lo
desean, pero requiere un compromiso personal.

Una buena comunicación no resuelve todos los problemas de las familias. Los diferentes

miembros de una familia pueden comunicarse muy bien, y todavía estar divididos por tener

valores y metas distintas. Aunque no sea una panacea milagrosa, es cierto que sin la

comunicación abierta es prácticamente imposible lograr la intimidad deseada.

Abrirnos para comunicarnos realmente con otros es arriesgado porque nos hace

vulnerables. No obstante, vale la pena aceptar el riesgo. Dios mismo se atrevió a comunicarse

con la humanidad. Le costó la muerte de su Hijo en una cruz, y el rechazo de la mayoría de los

hombres. Pero, todos los que hemos aceptado su oferta de comunicación con El testificamos

del gozo, la libertad, y la paz que da. Él mantiene esta comunicación abierta mediante el

Espíritu Santo y la oración. Está dispuesto a ayudarnos a lograr una vida mejor dentro de

nuestras familias por medio de la comunicación verdadera. La puerta está al alcance de nuestra

mano; sólo hay que tomar la decisión de abrirla por fe y entrar en comunión con El.

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