3) Cuentos 25 Pág
3) Cuentos 25 Pág
Había una vez, en un reino muy lejano, un rey que enfermó gravemente. El mago
de la corte le advirtió que sólo podía curarse con una pluma del ogro de la montaña. Era
algo muy difícil de conseguir, puesto que el ogro devoraba a todos los que se le
acercaban.
Pero un joven soldado, valiente y leal, sintió pena por el monarca. Se puso en
camino y, cuando llegó la noche, entró en una posada.
‒El ogro vive en una de las siete cavernas de la cima – le dijo el posadero -. Si te
atreves, pregúntale por mi hija, quien desapareció hace muchos años. ¿Y no me traerías
también a mí una de sus plumas?
‒Lo que pides tendrás – dijo el joven.
Por la mañana, el joven partió y llegó hasta la orilla de un caudaloso río. El
barquero lo cruzó en su barca.
‒El ogro vive en la séptima caverna. Tráeme una pluma para mí y pregúntale por
qué extraño encantamiento no puedo bajar de esta barca…
‒Lo que pides tendrás – prometió el soldado.
Luego descansó junto a una fuente que estaba seca. Su dueño le dijo:
‒Al mediodía, el ogro no está y la muchacha que lo sirve podrá ayudarte. Averigua
por qué mi fuente, que antes daba agua de oro, ahora está seca.
‒Lo que pides tendrás – le aseguró el joven.
El decidido muchacho llegó a la cima, buscó la séptima cueva y descubrió la
puerta del ogro. Una bella muchacha lo recibió.
‒Te ayudaré, pero debes prometerme que me llevarás contigo. Escóndete debajo
de la cama y no hagas ningún ruido, porque te comerá de un bocado si te descubre.
La joven preparó una suculenta cena y le puso especias perfumadas para
condimentarla. De esta manera, el ogro no pudo descubrir con su olfato al intruso.
Luego de la cena, se durmió sobre su gran cama y la joven se acostó en el piso. A
medianoche, le arrancó una pluma. Él protestó.
‒Es que tuve un mal sueño – le dijo la joven -. Soñé con una fuente que daba un
agua de oro y ahora está seca… ¿Qué le habrá pasado?
‒Tu sueño es real. Dentro de la fuente hay una serpiente de oro enroscada; si la
matan, el agua brotará nuevamente – le explicó el ogro y se durmió.
Al rato, la joven le arrebató otra pluma. Él se quejó.
‒¡Tuve otro sueño! Había un barquero que no podía bajar de su barca…
‒Otro sueño verdadero. Es porque está encantado: cuando alguien suba a su
barca, tendrá que bajarse a tierra primero y el otro quedará atrapado.
El ogro volvió a roncar y la muchacha le arrancó la tercera pluma.
‒¡Qué noche de pesadillas! Ahora he soñado con un posadero que no sabe dónde
está su hija.
‒Esa hija eres tú. ¡Y ya no sueñes, si no quieres que te coma!
Al amanecer, los jóvenes se escaparon. Corrieron hasta la fuente y le explicaron al
dueño el misterio. Cruzaron el río en la barca, le revelaron al pobre hombre cómo podría
escapar de ella y le dieron una pluma. Al llegar a la posada, el padre de la joven recibió
la segunda pluma y lloró de la alegría al ver a su hija. Quiso que se casara de inmediato
con el valiente soldado. Él aceptó encantado. Sin embargo, fue primero a ver al rey. Con
la tercera pluma lo curó de su enfermedad. El monarca le dio una cuantiosa recompensa
y el soldado se fue corriendo a su boda.
¿Y el ogro? Al parecer, los había perseguido para devorarlos, pero luego de cruzar el
río, el barquero había saltado antes que él. El ogro nunca más pudo bajarse, porque
todos conocían el truco y no volvieron a subir a la barca.
En Cuentos populares italianos. Buenos Aires, Fausto 1978. (Versión de Stela Maris Cochetti)
el rey
el soldado
el ogro
Posadero
Barquero
Dueño de la
fuente
Muchacha
a) El soldado:
...............................................................................................................................................
...............................................................................................................................................
b) El rey:
..............................................................................................................................................
...............................................................................................................................................
c) El ogro:
............................................................................................................................................
...............................................................................................................................................
Los cuentos maravillosos, como “El ogro con plumas”, son narraciones que
incluyen hechos y seres sobrenaturales. Los sucesos que ocurren en estos cuentos no
pueden explicarse a partir de la lógica de la razón, pero el lector los acepta porque sabe
que suceden en el mundo de la fantasía.
Además del carácter sobrenatural de los hechos que se narran, los cuentos
maravillosos tienen otras características muy definidas.
Se destaca la presencia de personajes sobrenaturales, como los ogros, y de
seres con poderes mágicos, como las brujas. El protagonista obtiene de estos seres un
objeto mágico que le da poder o la ayuda necesaria para triunfar en una aventura.
Además, los personajes poseen cualidades opuestas y exageradas: son muy
bondadosos o excesivamente malos, muy ricos o sumamente pobres. Es común,
también, que los nombres aludan a la condición social o a una característica del
personaje. Por ejemplo, a Cenicienta la llamaban así porque siempre estaba sucia con
las cenizas de la cocina.
Estos cuentos utilizan fórmulas de apertura (Había una vez...) y de cierre
(Fueron felices y comieron perdices), las cuales suelen aparecer en versos con rima.
Otra característica fundamental son las repeticiones. Son usuales las fórmulas
mágicas, cuyo poder reside en la repetición exacta de ciertas palabras. Además, se
reiteran hechos: el joven se encuentra con tres personajes que le hacen diferentes
pedidos. Por otra parte, ciertos números, como el tres o el siete, aparecen comúnmente
en los distintos relatos: tres regalos, tres deseos, siete cuervos, siete princesas, etcétera.
Actividades de análisis
1) Identifiquen a los dos narradores de la “Historia de los dos que soñaron” e indiquen de
qué tipo de narrador se trata en cada caso. Justifiquen su respuesta con ejemplos
tomados del texto.
El punto de vista
Al relatar una historia, el narrador se ubica en una posición o punto de vista desde
el cual refiere los hechos. Puede colocarse por fuera de los acontecimientos y narrarlos
de manera general (como cuando el narrador es un testigo) o adoptar la perspectiva de
un personaje en particular; en ese caso, el narrador conoce las acciones y pensamientos
de ese personaje y cuenta la historia desde la visión de este. El narrador también puede
alternar el punto de vista de un personaje con el de otros personajes o, incluso, variar
entre el punto de vista los personajes y una perspectiva personal respecto de la
narración, distinta de la de los personajes y de la visión de un testigo.
En la “Historia de los dos que soñaron” el narrador acompaña el recorrido que realiza... el
hombre de El Cairo/ el capitán.
3) Transcriban en su carpeta los fragmentos del texto en los que se narran los sueños de
los personajes.
6) Reescriban en sus carpetas la “Historia de los dos que soñaron” desde el punto de
vista del capitán. Para organizar el relato, comiencen contando los sueños que tuvo el
capitán y terminen en el momento en que este dialoga con el hombre de El Cairo.
8) Subrayen la opción que expresa de modo más apropiado el hecho sobrenatural que
ocurre en el cuento.
9) ¿Cómo considera el narrador ese hecho: como algo improbable o como algo que
sucedió realmente?
10) Escriban las características de la “Historia de los dos que soñaron” que permiten
clasificar este relato como maravilloso.
El cuento realista
Vocabulario
Actividades de comprensión
Actividades de análisis
Duración Todos los años, para esta fecha, me da por acordarme de aquel
9’20’’ diciembre, tórrido y húmedo como éste. Habían caído lluvias como
para el campeonato mundial y nosotros volvíamos de Samuhú. Mi
papá, al volante de su Ford ‘40 negro y con gomas pantaneras, para
mí era Súperman. El Tano Poletti fumaba a su lado y yo iba sentadito
en el asiento de atrás, cubierto de polvo y atento a los bichos que a
la hora del crepúsculo entraban por las ventanillas como municiones;
eran lo único malo de viajar por esos caminos de tierra y lodo. Uno
iba ahí como en un barco, meta dar bandazos como muñequito con
resorte. Pero yo tenía ocho años y me encantaba ese ritual decem-
brino que seguía a la terminación de las clases.
Los caminos del Chaco y de Formosa eran horribles: apenas huellas
abiertas por los camiones cargados de algodón que salían de las cha-
cras. Pero mi viejo los conocía metro a metro porque era viajante de
comercio de un montón de productos que introdujo en los 40 y 50: mar-
cas como Nestlé, Terrabusi, Águila, los vinos Norton y el agua mineral.
Aquella tarde del 24 hacía un calor de mil infiernos y el Ford bufa-
ba recalentado, jalando esforzadamente el acopladito de dos ruedas
que mi viejo enganchaba del paragolpes trasero. En la cabina el hu-
mor era espeso, porque eran las ocho de la noche y queríamos llegar
a casa a las once, pero por los pozos y barriales apenas se podía
ir a veinte por hora y encima ya habíamos pinchado dos veces y no
teníamos más cubiertas de repuesto.
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De pronto el Ford pegó un brinco y pareció que se iba a la cuneta.
Papá lo contuvo de un volantazo mientras frenaba y yo en el acto
me di cuenta: habíamos pinchado nuevamente. “Se jodió la fiesta”,
anunció. El Tano escupió tabaco y se rió: “¡Buon Natale con acqua!”
y miró para atrás y me regaló un guiño. El acopladito estaba lleno de
botellas de agua mineral.
Mi viejo se bajó a mirar la goma destrozada y el Tano se fue a ori-
nar entre unos yuyos. Cuando se dio vuelta para regresar, de pronto
pegó un salto en el aire mientras soltaba una puteada en dialecto y
gritaba: “¡Una víbora, hic’una putana, una yarará como manguera!”.
En el mismo segundo en que el Tano caía, mi papá metió la mano
bajo el asiento, sacó un machete y se estiró sobre el Tano y le en-
cajó a la víbora primero un planazo y luego un a fondo de filo que la
descabezó. “¡No bajés que pueden andar en yunta!”, me gritó a mí y
jaló al Tano hasta el coche. Este gritaba, desesperado, que por favor
no lo dejara morir.
Papá, velozmente, lo ayudó a acostarse en el asiento. En silencio y
sin hacer caso de sus gritos, le agarró la pierna, le quitó la media y el
zapato, le miró la picadura sobre el tobillo y tras decirle ahora aguantá-
te le encajó un mordiscón y empezó a chupar. Lo hizo sin asco, mecáni-
camente y como si no fuese la primera vez. Chupaba y escupía. Se pa-
saba el brazo por la boca y volvía a chupar y a escupir. Así varias veces
y al final echó tabaco picado sobre la herida. Después le desgarró el
pantalón hasta la rodilla, se quitó la camisa, la rompió en tiras y empe-
zó a hacerle un torniquete abajo del menisco. El Tano gritaba como las
monas cuando andan con cría. Tenía un susto tan grande que lloraba
preguntando si estaba seguro de haber matado a esa guacha. Calláte
y dejáme, decía papá mientras pasaba un destornillador por entre el
nudo de las telas y lo giraba lento y firme apretando músculos y venas
para impedir que la sangre envenenada subiese al resto del cuerpo.
La herida era chiquita, como ojos de japonés, dos rayitas que
parecían cosa de nada. Pero ellos sabían que no era nomás lo que
parecía. El Tano aullaba a cada vuelta del torniquete y se agarraba de
la puerta del coche soportando el dolor. Y en ningún momento dejó
de putear. Yo miraba todo con ojos como palanganas, fascinado por
la desesperación del Tano y la concentración y diligencia de mi viejo.
Desde el asiento de atrás podía ver, también, el lomo gris-verdoso de
la yarará muerta, ancho como de cinco centímetros.
Después mi viejo sacó el cortaplumas y sin hacer caso de los gritos
del Tano agrandó la herida, que ya se empezaba a amoratar. Apretó
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un poco más para que manase sangre mientras decía no te marees,
Tano, no te marees. Yo había escuchado conversaciones sobre picadu-
ras de yarará y aunque jamás había visto una sabía que si el atacado
se marea, ve turbio y se le aflauta la voz es hombre muerto.
Por eso me tranquilicé cuando de golpe el Tano se desmayó. Papá
me hizo pasar adelante y lo extendió sobre el asiento trasero. Des-
pués se hizo unos buches con ginebra Llave y enseguida se mandó
media botella y empezó a putear él también. Sólo un rato después
pateó la víbora hacia la banquina, se sentó al volante y me tomó de
la cabeza y me abrazó.
–Navidad de mierda que vamos a pasar.
–¿Se va a morir?
–Si pasa alguien, capaz que con suero lo salvan. ¿Pero quién va a
pasar por aquí?
El sabía que justo ese día y a esa hora la respuesta era nadie. Con
voz grave dijo que esa Navidad sólo teníamos agua mineral y un ami-
go en emergencia. Y que si acaso mi vieja tenía razón y Dios existía,
entonces que le rezara por el Tano.
Al rato trajo dos botellas. Como estaban calientes, las puso sobre
el techo. También sacó un paquete de galletitas y me lo dio. El Tano
deliró un rato, con una fiebre altísima. Papá le pasaba un pañuelo
húmedo por la frente y le mojaba los labios. Cuando vio que eran las
doce me abrazó fuerte y yo me di cuenta de que lloraba.
Las noches de verano no son largas en el Chaco y aquella además
fue luminosa, impresionante, de esas en las que parece que el firma-
mento bajara hasta ponerse al alcance de la mano. El cielo estrella-
do era espectacular y hasta pude ver una mancha blanca que papá
me dijo que era la vía láctea. Era tan lindo que yo pensé que todo iba
a salir bien, además aquel verano todo el mundo andaba optimista y
el Tano y mi viejo planeaban hacer guita grossa.
Después papá me ordenó que durmiera y yo cerré los ojos. Al rati-
to se fue al asiento trasero y lo abrazó al Tano, que parecía dormir. El
viejo lo sostenía entre sus brazos como esas vírgenes de las estam-
pitas que lo tienen así a Jesús. Y después no sé qué pasó: yo recé
un montón hasta que me quedé dormido.
Cuando amanecía y el sol comenzaba a picar nos encontraron unos
paisanos en un tractor. Venían medio mamados y no entendieron nada:
el Tano estaba como dormido y con la boca abierta, en brazos de mi
viejo, y yo espantaba las moscas hablando solito, regular como un
sapo, aterrorizado porque había visto a la Muerte por primera vez.
En: Página/12, diciembre 2000.
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LOS CUENTOS FANTÁSTICOS
Hay otros relatos en los que aparecen historias pobladas de personajes inexistentes, como
hadas, duendes, ogros, brujas...
Cuando las acciones narradas se ubican en el mundo que representa la irrealidad, se
puede hablar entonces de relatos o cuentos maravillosos. Las acciones se ubican en
un espacio indeterminado y en un tiempo impreciso. En estos mundos de la irrealidad,
puede haber objetos mágicos, pociones milagrosas y hasta animales que hablan y actúan
como los seres humanos. Nadie siente temor por esto, ni los personajes ni el lector, pues
se produce un pacto entre el narrador y el lector por el cual todo es posible.
Los relatos fantásticos tienen un poco de los dos mundos. En principio, ubican al lector
en un mundo real y perfectamente reconocible: los personajes son personas comunes, los
lugares son reconocibles y, en general, se determina la época en que se ubica la acción.
Pero de pronto aparece un elemento sobrenatural en forma inexplicable.
Los objetos y los hechos que se habían presentado como algo natural y lógico dejan de
ser familiares y se convierten en algo extraño.
A Antoñito López le gustaban los juegos peligrosos: subir por la escalera de mano
del tanque de agua, tirarse por el tragaluz del techo de la casa, encender papeles en la
chimenea. Esos juegos lo entretuvieron hasta que descubrió la soga, la soga vieja que
servía otrora para atar los baúles, para subir los baldes del fondo del aljibe y, en definitiva,
para cualquier cosa; sí, los juegos lo entretuvieron hasta que la soga cayó en sus manos.
Todo un año, de su vida de siete años, Antoñito había esperado que le dieran la soga;
ahora podía hacer con ella lo que quisiera. Primeramente hizo una hamaca colgada de un
árbol, después un arnés para el caballo, después una liana para bajar de los árboles,
después un salvavidas, después una horca para los reos, después un pasamano,
finalmente una serpiente. Tirándola con fuerza hacia delante, la soga se retorcía y se volvía
con la cabeza hacia atrás, con ímpetu, como dispuesta a morder. A veces subía detrás de
Toñito las escaleras, trepaba a los árboles, se acurrucaba en los bancos. Toñito siempre
tenía cuidado de evitar que la soga lo tocara; era parte del juego. Yo lo vi llamar a la soga,
como quien llama a un perro, y la soga se le acercaba, a regañadientes, al principio, luego,
poco a poco, obedientemente. Con tanta maestría Antoñito lanzaba la soga y le daba aquel
movimiento de serpiente maligna y retorcida que los dos hubieran podido trabajar en un
circo. Nadie le decía: “Toñito, no juegues con la soga”.
La soga parecía tranquila cuando dormía sobre la mesa o en el suelo. Nadie la
hubiera creído capaz de ahorcar a nadie. Con el tiempo se volvió más flexible y oscura,
casi verde y, por último, un poco viscosa y desagradable, en mi opinión. El gato no se le
acercaba y a veces, por las mañanas, entre sus nudos, se demoraban sapos extasiados.
Habitualmente, Toñito la acariciaba antes de
echarla al aire; como los discóbolos o lanzadores de jabalinas, ya no necesitaba prestar
atención a sus movimientos: sola, se hubiera dicho, la soga saltaba de sus manos para
lanzarse hacia delante, para retorcerse mejor.
Si alguien le pedía:
—Toñito, préstame la soga.
El muchacho invariablemente contestaba:
—No.
A la soga ya le había salido una lengüita, en el sitio de la cabeza, que era algo
aplastada, con barba; su cola, deshilachada, parecía de dragón. Toñito quiso ahorcar un
gato con la soga. La soga se rehusó. Era buena.
¿Una soga, de qué se alimenta? ¡Hay tantas en el mundo! En los barcos, en las
casas, en las tiendas, en los museos, en todas partes... Toñito decidió que era herbívora;
le dio pasto y le dio agua.
La bautizó con el nombre de Prímula. lanzaba la soga, a cada movimiento, Cuando
decía: “Prímula, vamos Prímula”. Y Prímula obedecía.
Toñito tomó la costumbre de dormir con Prímula en la cama, con la precaución de
colocarle la cabecita sobre la almohada y la cola bien abajo, entre las cobijas.
Una tarde de diciembre, el sol, como una bola de fuego, brillaba en el horizonte, de
modo que todo el mundo lo miraba comparándolo con la luna, hasta el mismo Toñito,
cuando lanzaba la soga. Aquella vez la soga volvió hacia atrás con la energía de siempre
y Toñito no retrocedió. La cabeza de Prímula le golpeó el pecho y le clavó la lengua a
través de la blusa. Así murió Toñito. Yo lo vi, tendido, con los ojos abiertos. La soga, con
el flequillo despeinado, enroscada junto a él, lo velaba.
1. Enumeren y diferencien los juegos que realiza Toñito antes de descubrir la soga y
después de obtenerla.
4. ¿Les parece que hay indicios, es decir, pistas o señales que adelanten el
desenlace del cuento? ¿Cuáles son?
A. ¿Por qué el hombre pasa de estar “apurado” a estar “intrigado”, luego “sorprendido” y
finalmente a sentirse “horrorizado”?
B. ¿Quién es “Gabriela”?
C. ¿Cuál es su “presentimiento insensato”?
D. ¿Por qué se califica al libro como “objeto maligno”?
E. ¿Qué sentido tiene que el hombre abandone el libro?
F. ¿Tiene algún sentido especial que el cuento termine mencionando “la trama de las
vías” del tren?
Martes 21/4
Lengua
El relato policial: Lo más curioso del caso es que aquel día los tres hermanos
de detectives y enigmas almorzaron con la suicida para festejar su cumpleaños, y ella, a
su vez, en ningún momento dejó traslucir su intención funesta.
El relato policial es un género relativamente moderno. En Comieron todos alegremente; luego, a las dos de la tarde, los
cuanto al ámbito donde se desarrollan sus historias, se vincu- hombres se retiraron.
la a las grandes ciudades, los centros urbanos poblados por Sus declaraciones coincidían en un todo con las de la antigua
miles de individuos anónimos y desconocidos entre sí. doméstica que servía hacía muchos años a la señora Stevens.
El nacimiento de este género se debe a un autor estadouni- Esta mujer que dormía afuera del departamento, a las siete de
dense muy conocido y considerado un verdadero maestro del la tarde se retiró a su casa. La última orden que recibió de la
cuento: Edgar Allan Poe. Hay tres textos que marcan un hito e señora Stevens fue que le enviara por el portero un diario de la
inauguran el género: “Los crímenes de la calle Morgue” (1841), tarde. La criada se marchó; a las siete y diez el portero le entre-
“El misterio de Marie Rogêt” (1842) y “La carta robada” (1843). gó a la señora Stevens el diario pedido y el proceso de acción
Esos tres cuentos tienen una figura en común, un personaje que ésta siguió antes de matarse se presume lógicamente así:
que se encuentra en las tres historias. Se trata de Auguste Du- la propietaria revisó las adiciones en las libretas donde llevaba
pin, el investigador que resuelve los casos a través de un razo- anotadas las entradas y salidas de su contabilidad doméstica,
namiento lógico implacable y certero: el primer detective de las porque las libretas se encontraban sobre la mesa del comedor
historias policiales. Este personaje servirá de modelo a detec- con algunos gastos del día subrayados; luego se sirvió un vaso
tives posteriores. Entre ellos, el famosísimo Sherlock Holmes, de agua con whisky, y en esta mezcla arrojó aproximadamente
creado por el autor inglés Arthur Conan Doyle. medio gramo de cianuro de potasio. A continuación se puso a
Desde ese momento ha pasado mucho tiempo, pero, a través leer el diario, bebió el veneno, y al sentirse morir trató de po-
de los años, la narrativa policial (ya sea cuento o novela) produjo nerse de pie y cayó sobre la alfombra. El periódico fue hallado
una enorme cantidad de textos y conquistó a lectores de todo entre sus dedos tremendamente contraídos.
el mundo. Su éxito se ha mantenido y multiplicado al llegar tam- Tal era la primera hipótesis que se desprendía del conjunto
bién al cine, al comic o a la televisión. de cosas ordenadas pacíficamente en el interior del departa-
Para seguir incursionando en el mundo del relato policial, les mento pero, como se puede apreciar, este proceso de suicidio
proponemos la lectura del cuento “El crimen casi perfecto”, del está cargado de absurdos psicológicos. Ninguno de los funcio-
autor argentino Roberto Arlt. A continuación del texto, van a en- narios que intervinimos en la investigación podíamos aceptar
contrar algunas Actividades para realizar. congruentemente que la señora Stevens se hubiese suicidado.
Sin embargo, únicamente la Stevens podía haber echado el cia-
nuro en el vaso. El whisky no contenía veneno. El agua que se
El crimen casi perfecto1 agregó al whisky también era pura. Podía presumirse que el
La coartada de los tres hermanos de la suicida fue verifica- veneno había sido depositado en el fondo o las paredes de la
da. Ellos no habían mentido. El mayor, Juan, permaneció des- copa, pero el vaso utilizado por la suicida había sido retirado de
de las cinco de la tarde hasta las doce de la noche (la señora un anaquel donde se hallaba una docena de vasos del mismo
Stevens se suicidó entre siete y diez de la noche) detenido en estilo; de manera que el presunto asesino no podía saber si la
una comisaría por su participación imprudente en un acciden- Stevens iba a utilizar éste o aquél. La oficina policial de quí-
te de tránsito. El segundo hermano, Esteban, se encontraba en mica nos informó que ninguno de los vasos contenía veneno
el pueblo de Lister desde las seis de la tarde de aquel día hasta adherido a sus paredes.
las nueve del siguiente, y, en cuanto al tercero, el doctor Pablo, El asunto no era fácil. Las primeras pruebas, pruebas mecá-
no se había apartado ni un momento del laboratorio de análisis nicas como las llamaba yo, nos inclinaban a aceptar que la viu-
de leche de la Erpa Cía., donde estaba adjunto a la sección de da se había quitado la vida por su propia mano, pero la eviden-
dosificación de mantecas en las cremas. cia de que ella estaba distraída leyendo un periódico cuando la
sorprendió la muerte transformaba en disparatada la prueba
mecánica del suicidio.
continúa Tal era la situación técnica del caso, cuando yo fui designa-
do por mis superiores para continuar ocupándome de él. En
1 Tomado de: [Link] y cotejado con la cuanto a los informes de nuestro gabinete de análisis, no cabía
edición de Cuentos Completos de Roberto Arlt, a cargo de R. Piglia y O. Barré,
Buenos Aires, Seix Barral, 1996.
continúa
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dudar. Únicamente en el vaso, donde la señora Stevens había Eché a caminar sin prisa. El “suicidio” de la señora Stevens
bebido, se encontraba veneno. El agua y el whisky de las bo- me preocupaba (diré una enormidad) no policialmente, sino
tellas eran completamente inofensivos. Por otra parte, la de- deportivamente. Yo estaba en presencia de un asesino sa-
claración del portero era terminante; nadie había visitado a la gacísimo, posiblemente uno de los tres hermanos que había
señora Stevens después que él le alcanzó el periódico; de ma- utilizado un recurso simple y complicado, pero imposible de
nera que si yo, después de algunas investigaciones superficia- presumir en la nitidez de aquel vacío.
les, hubiera cerrado el sumario informando de un suicidio com- Absorbido por mis cavilaciones, entré en un café, y tan identifi-
probado, mis superiores no hubiesen podido objetar palabra. cado estaba en mis conjeturas, que yo, que nunca bebo bebidas
Sin embargo, para mí cerrar el sumario significaba confesarme alcohólicas, automáticamente pedí un whisky. ¿Cuánto tiempo
fracasado. La señora Stevens había sido asesinada, y había un permaneció el whisky servido frente a mis ojos? No lo sé; pero
indicio que lo comprobaba: ¿dónde se hallaba el envase que de pronto mis ojos vieron el vaso de whisky, la garrafa de agua y
contenía el veneno antes de que ella lo arrojara en su bebida? un plato con trozos de hielo. Atónito quedé mirando el conjunto
Por más que nosotros revisamos el departamento, no nos aquel. De pronto una idea alumbró mi curiosidad, llamé al cama-
fue posible descubrir la caja, el sobre o el frasco que contuvo rero, le pagué la bebida que no había tomado, subí apresurada-
el tóxico. Aquel indicio resultaba extraordinariamente suges- mente a un automóvil y me dirigí a la casa de la sirvienta. Una
tivo. Además, había otro: los hermanos de la muerta eran tres hipótesis daba grandes saltos en mi cerebro. Entré en la habita-
bribones. ción donde estaba detenida, me senté frente a ella y le dije:
Los tres, en menos de diez años habían despilfarrado los bie- —Míreme bien y fíjese en lo que me va a contestar: la señora
nes que heredaron de sus padres. Actualmente sus medios de Stevens ¿tomaba el whisky con hielo o sin hielo?
vida no eran del todo satisfactorios. —Con hielo, señor.
Juan trabajaba como ayudante de un procurador especiali- —¿Dónde compraba el hielo?
zado en divorcios. Su conducta resultó más de una vez sospe- —No lo compraba, señor. En casa había una heladera peque-
chosa y lindante con la presunción de un chantaje. Esteban era ña que lo fabricaba en pancitos. —Y la criada casi iluminada
corredor de seguros y había asegurado a su hermana en una prosiguió, a pesar de su estupidez:— Ahora que me acuerdo, la
gruesa suma a su favor; en cuanto a Pablo, trabajaba de vete- heladera, hasta ayer, que vino el señor Pablo, estaba descom-
rinario, pero estaba descalificado por la justicia e inhabilitado puesta. Él se encargó de arreglarla en un momento.
para ejercer su profesión, convicto de haber dopado caballos. Una hora después nos encontrábamos en el departamento de
Para no morirse de hambre ingresó en la industria lechera, la suicida, el químico de nuestra oficina de análisis, el técnico de
donde se ocupaba de los análisis. la fábrica que había vendido la heladera a la señora Stevens y el
Tales eran los hermanos de la señora Stevens. En cuanto a juez del crimen. El técnico retiró el agua que se encontraba en el
ésta, había enviudado tres veces. El día del “suicidio” cumplió depósito congelador de la heladera y varios pancitos de hielo. El
68 años; pero era una mujer extraordinariamente conservada, químico inició la operación destinada a revelar la presencia del
gruesa, robusta, enérgica, con el cabello totalmente renegrido. tóxico, y a los pocos minutos pudo manifestarnos:
Podía aspirar a casarse una cuarta vez y manejaba su casa —El agua está envenenada y los panes de este hielo están
alegremente y con puño duro. Aficionada a los placeres de la fabricados con agua envenenada.
mesa, su despensa estaba provista de vinos y comestibles, Nos miramos jubilosamente. El misterio estaba desentrañado.
y no cabe duda de que sin aquel “accidente” la viuda hubiera Ahora era un juego reconstruir el crimen.
vivido cien años. Suponer que una mujer de ese carácter era El doctor Pablo, al reparar el fusible de la heladera (defecto
capaz de suicidarse, es desconocer la naturaleza humana. Su que localizó el técnico), arrojó en el depósito congelador una
muerte beneficiaba a cada uno de los tres hermanos con dos- cantidad de cianuro disuelto. Después, ignorante de lo que
cientos treinta mil pesos. aguardaba, la señora Stevens preparó un whisky; del depósito
La criada de la muerta era una mujer casi estúpida, y utiliza- retiró un pancito de hielo (lo cual explicaba que el plato con hie-
da por aquélla en las labores groseras de la casa. Ahora estaba lo disuelto se encontrara sobre la mesa), el cual, al desleírse en
prácticamente aterrorizada al verse engranada en un procedi- el alcohol, lo envenenó poderosamente debido a su alta con-
miento judicial. centración. Sin imaginarse que la muerte la aguardaba en su
El cadáver fue descubierto por el portero y la sirvienta a las vicio, la señora Stevens se puso a leer el periódico, hasta que
siete de la mañana, hora en que ésta, no pudiendo abrir la puer- juzgando el whisky suficientemente enfriado, bebió un sorbo.
ta porque las hojas estaban aseguradas por dentro con cade- Los efectos no se hicieron esperar.
nas de acero, llamó en su auxilio al encargado de la casa. A No quedaba sino ir en busca del veterinario. Inútilmente lo
las once de la mañana, como creo haber dicho anteriormente, aguardamos en su casa. Ignoraban dónde se encontraba. Del
estaban en nuestro poder los informes del laboratorio de aná- laboratorio donde trabajaba nos informaron que llegaría a las
lisis; a las tres de la tarde abandonaba yo la habitación don- diez de la noche.
de quedaba detenida la sirvienta, con una idea brincando en A las once, yo, mi superior y el juez nos presentamos en el
el magín: ¿y si alguien había entrado en el departamento de laboratorio de la Erpa. El doctor Pablo, en cuanto nos vio com-
la viuda rompiendo un vidrio de la ventana y colocando otro parecer en grupo, levantó el brazo como si quisiera anatemizar
después que volcó el veneno en el vaso? Era una fantasía de nuestras investigaciones, abrió la boca y se desplomó inerte
novela policial, pero convenía verificar la hipótesis. junto a la mesa de mármol. Lo había muerto un síncope. En
Salí decepcionado del departamento. Mi conjetura era ab- su armario se encontraba un frasco de veneno. Fue el asesino
solutamente disparatada: la masilla solidificada no revelaba más ingenioso que conocí.
mudanza alguna.
Roberto Arlt
continúa
9
Actividad 1 Ahora vamos a pedirles que, teniendo en cuenta estas ca-
racterísticas, vuelvan al texto para revisar algunos de esos
a) ¿Quién narra este cuento? ¿Qué papel cumple en el desa-
elementos:
rrollo de la historia?
b) En el curso del relato, las palabras “suicidio” y “accidente”
aparecen entre comillas. Busquen y relean esos fragmen- Actividad 2
tos y expliquen por qué estos términos están señalados de a) Vamos a considerar los rasgos o características del relato
ese modo. policial de enigma para ver si están presentes en el cuento
c) ¿Cuáles son los indicios que hacen pensar al narrador que de Roberto Arlt. Les pedimos que lean y expliquen cómo los
la señora Stevens fue asesinada? Hagan una lista de esas siguientes elementos aparecen en “El crimen casi perfecto”:
pistas que menciona el narrador.
d) ¿Podrían explicar la siguiente frase del narrador?: “El ‘sui- • Hay dos historias: una historia del crimen y una historia
cidio’ de la señora Stevens me preocupaba (diré una enor- de la investigación.
midad) no policialmente, sino deportivamente”. • La primera (historia del crimen) finalizó antes de que
e) Según lo que ustedes consideran: ¿cuál fue el dato más comenzara la segunda (historia de la investigación).
importante para poder resolver el caso? ¿Cómo llega el • Hay un misterio o enigma para resolver.
narrador a obtener esa información tan significativa para • Hay un amigo/ayudante del investigador que relata
saber qué ocurrió? paso a paso el curso de la investigación.
• La resolución del crimen o del delito se da a través de la
deducción lógica y del análisis racional de los indicios.
El relato policial y sus características
En primer lugar, debemos decir que hay distintos tipos de re- b) A continuación, lean el siguiente cuento del escritor mexi-
latos policiales (ya sean cuentos o novelas). Desde el punto de cano Edmundo Valadés y respondan:
vista histórico, el primero que surge, a partir, como dijimos, de
la obra de Edgar Allan Poe, es el relato policial de enigma. Se
trata de un género con características muy pautadas, una de las El crimen3
cuales es, por supuesto, la presencia de un enigma o misterio: En el sueño, fascinado por la pesadilla, me vi alzando el pu-
hay que resolver algún hecho de difícil explicación, un crimen o ñal sobre el objeto de mi crimen. Un instante, el único instante
un delito. Esas características, propias de esta clase de relatos que podría cambiar mi designio y con él mi destino y el de otro
pueden resumirse del siguiente modo:2 ser, mi libertad y su muerte, su vida o mi esclavitud, la pesadilla
se frustró y estuve despierto. Al verme alzando el puñal sobre
1. Hay dos historias, que no se cruzan en ningún momento: el objeto de mi crimen, comprendí que no era un sueño volver a
la historia del crimen y la historia de la investigación. decidir entre su vida o mi libertad, entre su muerte o mi esclavi-
2. La primera, la historia del crimen, está concluida y deter- tud. Cerré los ojos y asesté el golpe. ¿Soy preso por mi crimen
minada antes de que empiece la segunda. Cuenta lo que o víctima de un sueño?
efectivamente ocurrió.
3. La historia de la investigación tiene, en realidad, muy poca Edmundo Valadés
acción: más que actuar, los personajes aprenden, siguien-
do indicios y pistas que los llevarán a la resolución del
caso. Esta historia narra cómo el lector o el narrador to- • Expliquen la relación entre el título del cuento y su
maron conciencia de lo que ocurrió. contenido.
4. En muchas ocasiones, la segunda historia es contada por • Consideren si el texto es o no un cuento policial. Justifi-
un amigo o ayudante del detective. A menudo, este narrador quen su respuesta, releyendo las características del relato
informa al lector que está escribiendo un libro acerca del policial de enigma que enumeramos con anterioridad.
crimen (o sea, la historia de la investigación es al mismo
tiempo la historia de cómo se está escribiendo ese libro).
5. Una de las reglas del género policial es la inmunidad del
detective: nada puede ocurrirle, está a salvo de cualquier Actividad 3
incidente. Como actividad de cierre, elijan una de estas consignas:
6. El culpable es descubierto a partir de una serie de pasos a) El investigador de “El crimen casi perfecto” no tiene nom-
lógicos y deducciones rigurosas que lleva adelante el de- bre ni sabemos demasiado de él. Les proponemos escribir
tective. No debe ser descubierto por casualidad ni a través una breve descripción y caracterización de este detective.
de recursos sobrenaturales; tampoco de manera acciden- b) ¿Cómo sería una noticia o una crónica policial que narrara,
tal o a través de su propia confesión. En la historia de la en el diario del día siguiente, el crimen de la señora Ste-
investigación, la secuencia de razonamientos que realiza vens y su resolución? Las y los invitamos a escribir esa
el detective es fundamental. crónica o noticia.
2 Estas características han sido definidas por Tzvetan Todorov (1974), “Tipo- 3 Fuente: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (2007), Leer x leer.
logía de la novela policial”, en Revista Fausto, año III, nº14, marzo-abril). Textos para leer de todo, mucho y ya, Buenos Aires, Eudeba, p. 180.
10
nero en el
Los estereotipos de gé principales
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policial. ¿Cuáles son la misarios?
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características de los
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¿Valientes, fuertes? ¿C dichas
Martes 28/4
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género solemos asoc é?
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características? ¿Por
Lengua
23
b) Si bien los lectores y lectoras somos los receptores finales
Actividad 1 del relato, hay dentro del texto un destinatario al que el persona-
Una vez leídas estas reglas, ¿podrían considerar cómo fun- je se dirige: ¿quién es? ¿Cómo imaginan ustedes esta situación?
ciona cada una de ellas en el cuento “El crimen casi perfecto” (en qué espacio se desarrolla, cuál es el estado de ánimo de
de Roberto Arlt (ver clase de Lengua del 21/4)? ¿Todas ellas se los participantes, quiénes podrían estar presentes en el lugar,
cumplen? ¿Se cumplen solo algunas? Revisen el texto, tomando además del personaje y su destinatario).
regla por regla y anoten sus conclusiones en la carpeta. c) ¿Cuáles son los motivos que llevan al personaje a proceder
como lo hizo? ¿Qué explicaciones da a quien lo escucha para
Actividad 2 justificar su conducta?
d) Si bien en este texto también se habla de un delito (y una
Aquí les presentamos un cuento de otro autor argentino, Pe-
confesión, por parte de quién lo cometió), hay diferencias entre
dro Orgambide. Este cuento toma la forma de una confesión, es
este texto y un relato policial. Les pedimos que, haciendo una
decir del relato de un acusado o victimario, hablando acerca del
lectura muy atenta del cuento de Orgambide, completen el cua-
crimen o delito que ha cometido. Les pedimos que lo lean para,
dro en sus carpetas para determinar cuáles de los elementos
después, realizar las demás actividades.
del cuento policial están presentes en este texto y cuáles faltan.
Marquen con una cruz en cada caso:
La intrusa2
Elemento propio
Ella tuvo la culpa, señor juez. Hasta entonces, el día que lle- Está presente Está ausente
del cuento policial
gó, nadie se quejó de mi conducta. Puedo decirlo con la frente
• Existencia de un crimen o delito
bien alta. Yo era el primero en llegar a la oficina y el último en
irme. Mi escritorio era el más limpio de todos. Jamás me olvidé • Existencia de una víctima
de cubrir la máquina de calcular, por ejemplo, o de planchar de ese crimen/delito
con mis propias manos el papel carbónico. En cuanto a esa, • Presencia de un victimario
me pareció sospechosa desde el primer momento. Vino con o perpetrador del hecho
tantas ínfulas a la oficina. Además, ¡qué exageración!, recibirla
• Historia del crimen
con un discurso, como si fuera una princesa. Yo seguí traba-
jando como si nada pasara. Los otros se deshacían de elogios. • Historia de la investigación
Alguno, deslumbrado, se atrevía a rozarla con la mano. ¿Cree
• Existencia de un enigma
usted que yo me inmuté por eso, señor juez? No. Tengo mis o caso para resolver
principios y no los voy a cambiar de un día para el otro. Pero
• Uso del razonamiento lógico
hay cosas que me colman la medida. La intrusa, poco a poco para la resolución del crimen
me fue invadiendo. Comencé a perder el apetito. Mi mujer me
compró un tónico, pero sin resultado. ¡Si hasta se me caía el • Figura del detective o
investigador que resuelve el crimen
pelo, señor, y soñaba con ella! Todo lo soporté, todo. Menos lo
de ayer. “González –me dijo el gerente–, lamento decirle que la
empresa ha decidido prescindir de sus servicios”. Veinte años,
señor juez, veinte años tirados a la basura. Supe que ella fue e) Una vez completado el cuadro, les pedimos que vayan tra-
con la alcahuetería. Y yo, que nunca dije una mala palabra, la zando un plan para convertir este cuento de Pedro Orgambide
insulté. Sí, confieso que la insulté, señor juez, y que le pegué, en un relato policial. Para eso:
con todas mis fuerzas. Fui yo quien le pegó con el fierro. Le
gritaba y le gritaba como loco. Ella tuvo la culpa. Arruinó mi e.1) Sigan los pasos que planteamos a continuación, y vayan
carrera, la vida de un hombre honrado, señor. Me perdí por una tomando nota de estos:
extranjera, por una miserable computadora, por un pedazo de • Hay un victimario o “asesino” de la computadora, pero no
lata, como quien dice. sabemos quién es hasta el final. Piensen un nombre para
ese personaje.
Pedro Orgambide • Imaginen la figura del detective: piensen un nombre para
darle y describan brevemente a este personaje, conside-
rando qué características sería importante destacar (por
ejemplo, su inteligencia).
• Tengan en cuenta que el cuento policial presenta primero
Actividad 3 el crimen. Piensen cómo relatarían el hecho.
a) Sabemos que el autor del cuento es Pedro Orgambide. • Luego es necesario desarrollar la historia de la investiga-
Pero, recordemos, existe una diferencia entre autor y narra- ción. Ahí aparece la figura del detective. Piensen qué pis-
dor. El autor es una persona de existencia real (por supuesto, tas o indicios dejados por el criminal va a tener en cuenta
en el mundo real). El narrador es un “ser de papel”: solo exis- para descubrir quién es el responsable del hecho.
te en el relato, dentro del mundo de ficción. Les preguntamos,
entonces, ¿quién es el narrador en este caso?, ¿cómo podrían e.2) Ahora que plantearon todos los elementos, lleven adelan-
caracterizarlo? te la producción por escrito del relato siguiendo esta secuencia:
• Se descubre el crimen en la oficina. No se sabe quién fue
el responsable: solo se ve la máquina destruida.
• Se llama al detective para que lo resuelva. El detective
2 Fuente: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (2007), Leer x leer.
hace su aparición en el relato; comienza a interrogar a los
Textos para leer de todo, mucho y ya, Buenos Aires, Eudeba, pp. 58-59 (adapta-
ción del cuento original). empleados y a examinar indicios y pistas. Recuerden que
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el culpable debe aparecer como un personaje del relato, por el texto, sin involucrarse demasiado, sin participar de modo
pero nadie debe sospechar de él. Tengan en cuenta, por dinámico en la historia). A partir de este planteo, respondan:
otro lado, cuáles serán las pistas que le permitan descubrir
la verdad (podría ser una taza de café, un papel olvidado, a) ¿Por qué les parece que el lector de relatos policiales pue-
alguna cosa que, sin darse cuenta, dijo uno de los sospe- de, si así lo elige, “meterse” en la historia, es decir, ser un
chosos, varios de estos indicios a la vez, etc.). lector activo?
• A través de su capacidad de deducción y analizando los b) ¿Qué clase de lectores querrían ser ustedes al encarar
indicios, el detective descubre quién es el culpable. la lectura de un relato policial (lector-pez o lector-pato)?
• El detective confronta al culpable, quien termina confesan- ¿Por qué?
do. El detective explica también cuáles son los motivos
que el culpable ha tenido para cometer el delito.
Mucho se ha bregado en los últimos tiempos a favor de
Si tienen la posibilidad, pueden compartir la producción con lectores activos, lectores que no busquen deslizarse por los
amigos, amigas, compañeros o compañeras, así como con fa- textos como patos sobre el agua […] Pues bien, si hay un
miliares. Así podrán leer otras historias y sus propias historias género literario en el cual esa batalla se ha dirimido con sa-
también serán leídas por otras personas. biduría es el policial […] Los lectores de ficciones policiales,
que bien pueden comportarse como patos silvestres, tienen
la posibilidad de convertirse en peces que tocan el lecho del
Actividad 4 río, su barro y sus piedras.3
Lean el siguiente fragmento, perteneciente al libro Asesinos
de papel, de Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Aquí se compara
al lector “activo” con un pez (que toca el barro, las piedras, inte-
ractúa con su medio) y al lector “pasivo” con un pato, que sim- 3 Fuente: Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera (1996), Asesinos de papel. Ensa-
plemente se desliza por las aguas (como el lector se deslizaría yos sobre narrativa policial, Buenos Aires, Colihue, p. 149.
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