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Lectura Básica 3.2.2. 1. Bell Hooks-Enseñar A Transgredir

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Introduccion Ensefiar a transgredir F sx i ss Dt di june Obtin cao terse conctiaoo p sane sos faa edna nl de ve Etosncsno tependnalmatios eno mecon Sein pa, Repodan a pad de gues meloco. Su Tea med devemecreadrencinndo nest sopuclenre ind tela zen gad same no etn prt point il Co ceo somquerolebnstan commen dq eatin css ngulns esc em “evades emis pedaconpatioscon dl Sato decom dsl Clana mn Some ae elo el eran Laps Bech, onde pul att me Cue compans sion {econ i hrmana sere) me sear gu ean tal mente adecuaos pore djr mane guste st pfs Desde gums uno or Cie Todetmunds ade por sna se precept Endure ser nal Hin npos de ongen ce tenamanes tect pot espomon as Folnos seca nn co Foon moss dec con, dscaeo al petumnen ox {hoje os homies dsr en eas me Sia or snags sl elgg Sue sno de ura moje DeseTo zc pn ste Shinai septa Pero el suefio de hacerme escritora siempre estuvo presente en ‘mi, Desde la infancia, crei que enseriaria yescrbieia, Escribir seria, el trabajo serio, mientras que ensefar seria el empleo no tan serio ‘que necesito para ganarme la vida», Escribi,creia entonces, t= 1nfa que ver enteramente con un anhelo privado y con la gloria personal, mientras que enseiar estaba relacionado con el servicio, con la devolucién a tu comunidad, Para la gente negea, ensefiar (educat) era un acto fundamentalmente politico, porque estaba arraigado en la lucha antirracista. De hecho, mis colegios de pri ‘maria solo para niftos y nis negros se convirtieron en el lugar donde vivi el aprendizaje como revolucién, Casi todas nuestras maestras en el Booker T. Washington eran ‘mujeres negras. Se dedicaban a nutrir nuestro intelecto de manera que pucliéramos ser investigadores, pensadores y trabajadorescul- turales ~personas negras que utilizramos nuestra «menter—. Aprenimos pronto que nuestra devocién por elaprendizaje, por tuna vida de la mente, era un acto contrahegeménico, una manera fundamental de resistir a cualquier estrategia de colonizactén ra- cista blanca, Aunque mis maestras no definian ni expresaban estas pricticas en términos tebricos,estaban desarrollando una peda- ‘ogia revolucionaria de resistencia que era profundamente anti- colontal. Dentro de estos colegios segregados, los nitos y niias ‘negro eran considerados excepcionales, talentosos, recibian una atencion especial. Las maestras trabajaban con y para nosotros, para asegurar que realizariamos nuestro destino intelectual y, al hacerlo, elevatiamos la raza. Mis maestras tenian una misién. Para cumplir con esa misin, mis maestras se cercioraban de sconocernos», Conocian a nuestro padre ya nuestra madre, nues- ‘to estatus econdmico, el lugar al que fbamos a rezar, cémo eran nuestros hogares y qué trato recibiamos en Ia familia, Fu al co- legio en un momento histérico en el que me daban clase las mi mas maestras que habian dado clase a mi madre, a mis hermanas Ya mis hermanos. Mis esfuerzos y mi capacidad de aprender siempre estaban contextualizados dentro del marco de la expe: riencia familiar generacional, Determinados comportamientos, gestos, maneras de ser podian entenderse buscando claves en la historia familiar 4 ral colegio en aquellos aos era un auténtico regocijo. Me en- cantaba ser na estudante, Me encantaba aprender. Ecoegio era {1 lugar del éxtasis: placer y peligro. Cambiar por la fuerza de las ‘eas era puro placer. Pero aprender ideas que contradecian los talores las creencias que aprenasen cas ra ponerse en riesgo, Entrar en una zona de peligeo. Mi casa era el lugar donde estaba tbligada a adecuarme ala imagen que otras personas enian sobre quid y qué debia ser yo. La escuela era el lugar donde podtaolv- darme de ese yo ya través de las ideas, einventarme. ‘La escuela cambié por completo con la integracion racial Aris quedaba el elo mesiinico por transformar auestras mentes ‘ynuestro ser que habia caracterizado alas maestasy sus picticas pedagogicas en nuestros colegios solo paranifisynifias negros. El onocimiento, de repente, solo consistaen informacion. No tenia ninguna relacién con cémo viviamos o can cémo nos comporti- bamos. Ya no estaba conectado con Ia lucha antirracista. Trans portados en autobis a colegios blancos, pronto aprendimos que lo que se esperaba de nosotros era obediencia, no una ferviente voluntad de aprender. Demasiado afin por aprender podia intet- pretarse ficilmente como una amenaza aa autoridad blanca. ‘Cuando accedimos a escucls blancas,desegregadas, racistas,

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