¿Qué es el críti co interno o autocríti ca negati va?
Para los psicólogos la autocrítica negativa, es una parte de nuestra personalidad que nos critica, exige y asusta de
manera no proporcional ni sana para nuestra autoestima y bienestar psíquico. Como se trata de una parte de
nuestra personalidad, suele ser útil imaginarla como un personaje interior algo rígido y estricto que nos
acompaña en el día a día, dándonos órdenes, juzgándonos…, y al que llamamos el crítico interno.
Y es que en muchas ocasiones, nosotros sin saberlo podemos ser nuestros peores enemigos. Frecuentemente,
podemos criticarnos severamente, agobiarnos, exigirnos en exceso, y presionarnos hasta la extenuación. Cada
decisión vital, por banal que sea, puede convertirse en un verdadero calvario. “¿Estaré tomando la MEJOR de las
decisiones?”, “¿Estaré alcanzando la excelencia?”.
▷ Diferencias entre autocrítica constructiva y destructiva
Una autocrítica constructiva nos permite valorar con objetividad nuestras conductas, pensamientos y sentimientos
cuando estos se alejan de lo que adultamente queremos conseguir o de quién queremos ser. Bien utilizada, es un
síntoma de humildad, flexibilidad, madurez y respeto hacia los demás y hacia uno mismo.
Objetividad: somos capaces de ver con realismo los comportamientos inadecuados sin
exagerarlos y también las partes positivas de nosotros mismos en determinadas situaciones.
Buen trato: de una forma amable reconocemos nuestros errores sin juicios despreciativos y
podemos comunicarlos o compartirlos con los demás sin vergüenza y con la intención de
mejorar.
Comprensión: la autocrítica constructiva nos permite reflexionar sobre lo que ha ocurrido,
las causas o desencadenantes.
Guía flexible: y nos permite buscar soluciones eficaces para cada situación, que pueden ir
desde el cambio a la aceptación.
Sin embargo la autocrítica destructiva no aporta valor o riqueza interior. Ya que lejos de impulsarnos, en muchas
ocasiones nos culpa injustamente, empuja o incluso limita por su severidad.
Subjetividad: no somos objetivos con nosotros mismos, intensificamos los errores y sus
consecuencias y descontamos los aciertos.
Mal trato: nos castigamos por el fallo cometido con severidad y en ocasiones con desprecio
lo que puede generar vergüenza.
Culpabilización: la autocrítica destructiva en lugar de comprender, busca estimular la culpa y
el auto-castigo. Sin comprender de verdad qué ha pasado.
Guía rígida: la autocrítica destructiva o no busca soluciones y se queda en el castigo, u ofrece
la sobre-exigencia y el cambio forzado como alternativas.
¿Cómo funciona la autocríti ca negati va o críti co interno?
Muchas veces nuestro crítico interno tiene unas ideas demasiado rígidas, nos plantea objetivos inalcanzables y se
convierte en un duro censor de nuestras conductas y actitudes vitales. Efectivamente la autocrítica negativa, puede
realmente arruinarnos casi cualquier experiencia vital. Por supuesto cada persona tiene su propia forma única de
funcionamiento, pero te mostramos las maneras más comunes en las que se suele manifestar.
1. Nos exige demasiado: la autoexigencia insana
La primera herramienta que tiene nuestro crítico interno para frenar nuestra confianza es la autoexigencia
desmedida que puede aparecer en cualquier ámbito de nuestra vida (laboral, estudiantil, familiar, en pareja, de
ocio y rendimiento, en nuestras relaciones…). No se trata aquí de la sana exigencia que nos impulsa a cada uno a
lograr nuestros objetivos en la vida o integrarnos en nuestros grupos sociales y sus normas. Se trata de ponernos
metas rígidas, excesivas, no actualizadas, generalistas y poco respetuosas con nuestros ritmos y necesidades. Esta
alta exigencia puede tener las siguientes consecuencias:
Puede hacernos vivir, más o menos puntualmente, en un estado de estrés, tensión mental y
hasta corporal.
También, puede bloquearnos por miedo a auto-defraudarnos y a no conseguir lo que nos
proponemos.
Igualmente puede llevarnos hasta el límite de nuestra energía, haciéndonos caer enfermos.
No nos permite disfrutar de nuestros éxitos porque “nunca es suficiente” o «es lo que tengo
que hacer».
Y puede que nos haga dudar frecuentemente de nuestras decisiones tomadas o por tomar.
Algunos ejemplos comunes de autoexigencia insana
Nuestro crítico interno ha ido almacenado y generando a lo largo de los años algunas creencias, mensajes o recetas
erróneos, rígidos y desactualizados, sobre lo que hay que hacer o ser para ser aceptado y deseable en sociedad, en
nuestras familias, colegios… Aunque os dejamos algunas de las más comunes, cada persona tiene su propio abanico
de exigencias.
▷ TIENES QUE SER PERFECTO/A
Esta creencia invita a que seamos excelentes, a que hagamos las cosas con eficiencia siempre. No permitiendo a las
personas cometer y aprender de sus errores. Cada error es vivido como un gran fracaso. Las personas que tienen
interiorizada esta creencia, raramente disfrutan de sus logros, y viven en un estado de exigencia interna casi
constante. Pueden decirse mensajes del tipo: “tienes que ser el mejor”, “las cosas se tienen que hacer bien siempre”,
“no seas torpe”, etc.
▷ TIENES QUE DARTE PRISA
Es decir debes ser ágil y rápido. Debes rápidamente y sin demora, hacer las cosas, pensar, escribir, estudiar… Sin
respetar tu ritmo de aprendizaje o ejecución, ni tus circunstancias concretas o estados de ánimo. Las personas con
esta creencia, viven en un estado de «acelere», alerta y tensión. Además, les cuesta mucho contactar con la
experiencia presente, pues todo lo que hacen, lo hacen a la carrera, sin poder disfrutar y relajarse. Los mensajes que
pueden decirse son: “eres lento”, “tienes que darte prisa”, “no hay tiempo para todo”…
▷ TIENES QUE COMPLACER A LOS DEMÁS
Es decir, debes vivir tu vida atendiendo a las expectativas y necesidades de los demás por encima de las tuyas.
Muchas personas han aprendido a ser demasiado amables, buenos, agradables y serviciales con los demás. Todo el
día pendientes de caer bien al otro, de ayudarle, comprenderle, atenderle. Olvidándose casi por completo de ser
ellos mismos y expresar sus necesidades. Y por supuesto con mucha dificultad para encarar un conflicto, expresar
una opinión divergente o mostrar una parte menos «adecuada» pero real de ellos mismos. En cualquier reunión
social, la presión por mostrar una imagen perfecta de bondad, se convierte en una dura prueba.
Los mensajes internos que alimentan esta creencia pueden ser: “van a pensar mal de ti”, “bueno si no te cuesta
nada…, «pobrecito, qué mal lo está pasando», “lo tuyo no es tan importante”.
▷ TIENES QUE SER FUERTE
Esta creencia viene referida a la necesidad de que las personas no muestren sus verdaderos sentimientos,
ofreciendo una imagen de falsa autosuficiencia y coraje. Por lo general, las emociones son reprimidas, especialmente
las que pueden mostrar la propia vulnerabilidad. Los mensajes pueden ser del tipo “llorar es de débiles”, “enfadarse
es peligroso”, «no les tienes que preocupar».
▷TIENES QUE ESFORZARTE MÁS Y MÁS
Muchas personas tienen la creencia de que probablemente no van a conseguir las cosas que se proponen, pero aun
así deben vivir tratando más y más de conseguirlo. De esta forma, viven esforzándose constantemente por lograr
objetivos que muchas veces no acaban de conseguir. Aunque no confían en su capacidad para lograrlo, existe una
obligación a esforzarse mucho a pesar de todo, sin re-evaluar sus ganas, estrategias o capacidades reales. Y pueden
decirse mensajes del tipo “total, no lo vas a conseguir, pero vamos, inténtalo un poco más”, “a ver si esta vez con
más ahínco lo consigues”.
2. Nos vigila y controla: el autocontrol agobiante
Para lograr estas altas exigencias, nuestro engranaje interior, necesita de una perseverante auto-vigilancia y
control interior. Muchos de mis pacientes, cuando empiezan a conocer a este personaje interior algo pesado, hablan
de la continuidad y control que ejerce sobre ellos. Especialmente en las situaciones que les generan más estrés.
Una de mis formadoras y maestras, llama a este crítico interno «el susurrador». A mí me gusta mucho este
calificativo, porque evoca a una especie de consciencia permanente que nos susurra al oído demasiadas cosas.
«Ten cuidado de no equivocarte», «muéstrate sonriente en este grupo de amigos no vayan a darse cuenta de tu
inseguridad», «no estás estudiando lo suficiente», «te falta mucho por conseguir», «recuerda que aun no has hecho
esto», «esto lo estás haciendo mal»… Es decir que el crítico interno está pendiente de si hacemos o no lo correcto,
en qué medida y de qué manera lo estamos consiguiendo, generalmente desde una perspectiva negativa o
amenazante.
3. Nos asusta para conseguir los objetivos
Nuestro crítico interno tiene una forma un poco desfasada de motivarnos a acatar el amplio abanico de exigencias
que debemos cumplir. Y es que la manera en la que nuestra autocrítica negativa nos empuja a hacer lo que
tenemos que hacer, es mediante el miedo. Generalmente informándonos de las consecuencias negativas que
podríamos experimentar si no le hacemos caso, o sobre los peligros de la vida. Muchas veces esos temores no son
realistas, ni proporcionales, ni aunque lo sean, nos ayudan demasiado en el proceso de conseguir algo.
«No lo vas a hacer bien, así que apréndetelo de memoria», «ten cuidado porque ya sabes que al final siempre la
acabas fastidiando», «como no lo acabes ahora, mañana te quejarás de que estás cansado», etc.
4. La autocrítica negativa nos crítica, desvaloriza y castiga
Nuestro crítico interno tiende a desvalorizarnos, castigarnos o definirnos. Y además lo hace de una forma
peyorativa, como si se tratase de un mal trato interior o humillación interna. Tanto cuando hemos cometido lo que
entiende como un error, como cuando trata de guiarnos o controlarnos hacia sus objetivos.
Tiende a desvalorizarnos: » lo has hecho fatal», «te ves horrible», «no has aguantado lo
suficiente», «nada te sale bien»…
Nos define: “eres un vago, porque no haces ejercicio”, “eres un egoísta por querer eso”,
“eres imbécil, deberías haberte dado cuenta de esto antes”, “lo vas a hacer fatal, porque en
realidad no vales para esto”, “eres un fraude y los demás lo van a ver”…
Y nos castiga: «te has vuelto a equivocar», «esto te pasa por no haberte esforzado»,
«mañana tienes que ponerte las pilas»…
5. No está cuando la necesitamos
Pero también puede confundirnos y dejarnos solos. Es posible que nuestro crítico interno en lugar de ser muy
exigente, sea en ocasiones demasiado laxo, y nos ofrezca caos o desorientación. Así, podemos sentirnos perdidos,
confusos, y conectar con el caos y la indefensión. Es como si nuestro crítico interno no contase con las normas y
herramientas apropiadas para actuar en determinadas situaciones.
Por ejemplo, podemos embarcarnos en una reunión social, y no cumplir con las normas establecidas, haciendo que
“todo valga”, interrumpiendo al otro mientras habla, abusando de su hospitalidad. Como es normal, un crítico
interno ausente o demasiado laxo no favorece la integración en sociedad. Ya que los demás pueden percibirnos
como egoístas o inadaptados. También podemos vivir una vida desordenada y caótica, en horarios, actividades
perjudiciales, etc.
Y es que todos necesitamos una guía para vivir en sociedad, y al igual que los niños que no tienen un marco claro de
referencia se sienten perdidos y desencajados, a los adultos puede ocurrirnos lo mismo.
Nuestro crítico interno tiene unas ideas demasiado rígidas, nos plantea objetivos inalcanzables y se convierte en un
duro censor de nuestras conductas y actitudes vitales.
Orígenes de la autocríti ca negati va: nuestro padre interior
▷ Nuestro Padre interior
El conocido psiquiatra Eric Berne, definió un concepto interesante al que llamó el Estado del Yo Padre o Padre
interior. Nuestro Padre interior es una parte de nuestra personalidad definida como “una serie de sentimientos,
actitudes y pautas de conducta que se asemejan a los de una figura parental” (Berne, 1964,1987). Es decir,
tenemos un parte de nosotros mismos que nos cuida, protege y orienta en la vida, y nos ayuda a desenvolvernos en
el mundo. Al igual que los padres hacen con sus hijos, nuestro padre interior tiene dos funciones básicas:
1. Ofrecernos estructura, orientación, protección, seguridad y guía.
2. Proporcionarnos afecto, valoración y consuelo.
En efecto, todos necesitamos tener una guía interior que nos indique cómo funciona el mundo y cómo debemos
funcionar nosotros en él, que nos proporcione una estructura clara y segura, con normas e indicaciones
fundamentadas. Nuestro Padre interior nos ofrece creencias, valores y objetivos sobre lo que SE DEBE HACER o
HAY QUE SER en la vida para sentirnos seguros y protegidos, solos y en compañía. Por ejemplo, nos invita a hacer
ejercicio, a comer sano, a terminar nuestras tareas domésticas, a responder un correo en el trabajo. En un plano más
general, nuestro Padre interior nos ayuda a elegir una buena pareja, un buen trabajo, a poner límites a los demás y a
nosotros mismos.
▷ Del Padre interior al crítico interno
Muchas veces esta función de protección de nuestro Padre interior, nos da seguridad, pero esto no ocurre siempre
así. ¿Cómo es eso posible? Nuestro Padre Interior se ha ido formando, a partir de los modelos y vivencias que
hemos experimentado en nuestras vidas. Así, hemos ido copiando de nuestras figuras de referencia, algunas
maneras de protegernos y guiarnos. También, hemos ido aprendiendo de las lecciones de nuestras propias
vivencias. Cuando los modelos recibidos no estaban sintonizados con nosotros, o cuando las circunstancias eran
adversas, formamos a nuestro crítico interno.
Algunos ejemplos de formación de la autocrítica negativa
▷ Nuestros cuidadores y su autocrítica negativa aprendida
Ellos (padres, abuelos, tíos…), fueron nuestros primeros guías, y frecuentemente nuestra manera de cuidarnos
coincide con la suya. En positivo, con su amor y apoyo. Pero también, puede que en ocasiones no fueran el modelo
que nosotros necesitábamos. Quizás fueran ellos los que nos exigían demasiado, o se lo hiciesen a ellos mismos,
desde su mejor intención de enseñarnos. O desde sus propias circunstancias y maneras aprendidas.
▷ El entorno social y la cultura del esfuerzo
Nuestro Padre interior, se forma también a través de un contexto social más amplio del que interiorizamos
comportamientos, expectativas, normas, valores y actitudes. Desde la televisión y el cine, hasta los grupos escolares,
sociales, laborales…, en los que aprendemos cómo funciona el mundo. En mi opinión, nuestro entorno y su modelo
educativo, guarda mucho parecido con las principales características de nuestro crítico interno. Así, se prioriza el
éxito y la perfección, mediante la cultura del sobre-esfuerzo y de las exigencias desmedidas. Igualmente se enseña
mediante el castigo del error, el temor a las consecuencias, el control y la desvalorización de quién transgrede sus
ideales.
▷ Cuando los modelos no están disponibles
En ausencia de modelos, los niños configuran su propia vocecita interior sobre lo que está bien o no. Si los padres
pasan mucho tiempo fuera, o están frecuentemente estresados o no presentes emocionalmente, los niños se
esforzarán por ser buenos, por no molestar, por reprimir sus necesidades, por darse explicaciones… Para realizar ese
esfuerzo titánico, desde su mirada infantil con menos matices y más blancos o negros, los niños van construyendo un
“ogrito interior” rígido y controlador, pero que les acompaña y estructura también de adultos.
▷ Experiencias difíciles
Como psicóloga, hay una triste constante que observo demasiado. Y es que las personas que han sufrido
humillaciones, pérdidas irreparables, abusos, daños o negligencias, han desarrollado un crítico interior bastante
poderoso. Y esto lo he observado desde los casos más graves, hasta los daños menos intensos. Para sobrevivir en un
entorno hostil o potencialmente dañino o difícil, muchas personas han aprendido a “espabilar” a protegerse y
defenderse, echándose la culpa, exigiéndose mucho, tratándose tan mal o peor, que sus agresores o que los golpes
de la vida.
6 Claves para gesti onar la autocríti ca negati va
¿Podemos cambiar nuestro crítico interno? ¿Es posible reducir el impacto de una autocrítica destructiva? En mi
experiencia clínica, es posible reconstruir un Padre interior saludable que nos oriente y de confianza. Aquí te
presento las seis claves que considero más importantes.
1# Aprender a conocer a nuestro crítico interno
Para poder cambiar nuestra autocrítica negativa primero necesitamos conocerla. Es decir, necesitamos TOMAR
CONSCIENCIA de cuándo y cómo aparece nuestro crítico interno, qué efectos tiene en nosotros y en qué creencias
se basa. Y esto no es una tarea sencilla porque gran parte de los mensajes que nos lanzamos en nuestro día a día,
están tan normalizados, que casi no nos damos cuenta ni de que están.
Pero realizar este sano esfuerzo, con respeto y sin juicio, es un paso fundamental para poner luz sobre lo que antes
permanecía oculto o normalizado. Además, hacerlo resulta en sí mismo sanador para nosotros. Pues poniendo
nombre y comprendiendo cómo funcionamos, vamos sustituyendo a este crítico interno, por un Padre interior
seguro que nos comprende, cuida y ayuda a cambiar.
Algunos ejemplos para reconocer a nuestra autocrítica negativa
▷ Podemos fijarnos cuando y porqué aparece. Es decir si está más o menos todo el rato, si es solo en momentos de
estrés (en grupo, en una reunión…).
▷ También podemos observar cómo aparece. Y con esto me refiero a qué calidad tiene su voz. Acaso es severa,
rígida, dura, humillante, burlona, insistente, recta pero sin humillar, etc.
▷ Y podemos ver qué efecto tiene en nosotros, en nuestro cuerpo y su tensión (la tripa, la mandíbula, la tensión
muscular, el ritmo de nuestro corazón). O si comenzamos a sentir culpa, o vergüenza, o estrés. O si nos aceleramos y
ponemos a hacer cosas sin parar, o a pensar demasiado deprisa.
▷ Finalmente podemos escuchar y reflexionar sobre lo que dice, o lo que es lo mismo, qué creencias tiene. Así,
podemos reconocer las creencias limitantes que están en la base de nuestras decisiones. “Tengo que ser la mejor”,
“tengo que caerle bien a todo el mundo”, “tengo que decir siempre que sí», etc.
2# Comprender y reconciliarse con la autocrítica negativa
Una vez que hemos tomado consciencia sobre los contenidos de nuestra autocrítica negativa, una labor importante
es COMPRENDERLA y de alguna manera reconciliarse con ella. Aunque pueda ser realmente agotadora, es
importante que la aceptemos y hasta que podamos reconocer su labor a lo largo de nuestra existencia.
En realidad, esta parte de nuestra personalidad, quiere, de una manera un poco torpe o dura, lo mejor para
nosotros. Y su exigencia y crítica, tienen un sentido claro: que demos lo mejor de nosotros para conseguir la
felicidad. Y probablemente muchos de nuestros éxitos personales tengan que ver con ella. Un alto cargo profesional,
muchos amigos… Si quieres, puedes reflexionar sobre por qué ha aparecido en tu vida, y qué importancia ha
tenido para ti.
3# Poner límites a nuestra autocrítica negativa
Aunque comprenderla y honrar su aportación en nuestras vidas sea importante, también necesitamos frenar a esta
parte negativa y crítica de nosotros cuando aparezca, porque como hemos visto no nos beneficia. Personalmente
me gusta el concepto de crítico interno, porque me resulta más fácil visualizar a una parte de mí que tiene «vida
propia». De esta forma, resulta más fácil tomar perspectiva y frenarla cuando aparezca. Algunos de mis pacientes le
ponen nombre: «ya está el militar diciéndome lo que tengo que hacer y agobiándome».
En mi experiencia esto no es un proceso automático. Por el camino de sustituir a nuestro crítico interno, por un
Padre interior amable y estructurador, se producen ciertas interferencias. Frecuentemente, las personas viven esta
fase con relativa confusión. Como si dos voces enfrentadas actuasen simultáneamente. Por un lado la persona
puede decirse a sí misma «lo he hecho lo mejor que he podido, y me siento orgulloso», pero por otro lado «sí, sí,
pero podrías haberlo hecho mejor». Esto es normal, y con perseverancia y poniendo nuestra mente adulta a nuestro
servicio, podremos ir poco a poco, dando más importancia a la parte más honesta y realista.
4# Desarrollar la sana autocrítica y el buen trato interior
Además de poner límites a nuestra parte crítica, es importante sustituirla por otras herramientas más útiles y
adultas. Como hemos visto una sana autocrítica nos ayuda a ser mejores personas, a conseguir nuestros objetivos,
y a aceptar con madurez lo que no podemos cambiar. Para mí estas son algunas claves a trabajar:
Siendo justos y objetivos con nosotros mismos. Es decir que podamos ver con realismo
nuestros errores y aciertos sin exagerarlos.
Siendo amables y tratándonos bien. Aunque suene a utópico, la realidad es que podemos
comenzar a ser amables en nuestros diálogos interiores. Eliminando los juicios y palabras
despreciativas, utilizando un vocabulario amable, comprensivo hacia nosotros. Para esto, el
humor y la propia ternura pueden ser muy útiles.
Aprendiendo de nuestros errores. Ante un fallo, podemos comenzar a reflexionar con calma
sobre lo que nos ha pasado, el porqué.
Buscando soluciones flexibles y realistas. Si comprendemos el motivo podremos buscar
soluciones realistas y respetuosas con nosotros y con los demás. A veces, sencillamente,
tendremos que aceptar las cosas como son. Otras, sí podremos cambiar algo.
5# Actualizar las creencias de nuestra autocrítica negativa
Como hemos visto, nuestra autocrítica perjudicial, se basa en una serie de creencias que hemos ido acumulando en
nuestra experiencia vital. Así que otro de los importantes aspectos para frenar la crítica perjudicial, tiene que ver
con ACTUALIZAR nuestras creencias limitantes. Es decir realizar un proceso de filtrado, quedándonos con lo que
nos sirve y sustituyendo las creencias y exigencias limitantes por otras más saludables, o más flexibles o más
ajustadas a cada situación.
Desgraciadamente para el lector, no se trata de un proceso lineal ni automático. Tratar de resumir cómo se va
produciendo este cambio interior me resulta algo complejo. Yo diría que se trata de un proceso continuo, como es la
vida, en la que poco a poco vamos dándonos cuenta de cuáles son nuestras creencias en determinada situación, y
cuestionándolas en base a las experiencias directas y nuestra nueva manera de entendernos y hablarnos a nosotros
mismos. Este mundo adulto de autoconsciencia, está lleno de matices, de circunstancias, de percepciones . Pero a
mí me parece un camino precioso.
Algunos ejemplos de actualización de creencias limitantes
Estas son algunas creencias sobre las que reflexionar. No se trata de una guía rígida, te invito a que reflexiones sobre
ellas, las matices y mastiques a tu gusto. Para que puedas conformar tu propio abanico de valores y objetivos
personales. Y luego, la puesta en práctica requerirá de toda una vida.
▷ PUEDES EQUIVOCARTE, APRENDER, Y DISFRUTAR DE TUS LOGROS
Es decir comenzar a ver el error como parte del aprendizaje, como un síntoma de lo que sucede naturalmente en
todos los seres vivos. Y que forma parte de nuestra existencia humana. Pero por supuesto, errores sobre los que
aprender, para cambiar estrategias, relaciones, maneras de pensar, de comportarnos. También, podemos revisar
nuestra motivación, nuestras metas, nuestras energías y ganas.
Igualmente, podemos ir aprendiendo a sentirnos plenos con las cosas que conseguimos, aprendiendo a gozar de
nuestra manera de hacer las cosas. Es decir ofreciéndonos la valoración y el reconocimiento auténtico que todos
necesitamos.
▷ PUEDES HACER LAS COSAS A TU RITMO
Cuestionarse la urgencia de las cosas que queremos, de nuestras tareas cotidianas, o de nuestros proyectos vitales.
Aprender a escuchar nuestros ritmos, de cuándo estamos cansados, de cuándo tenemos más energía. Podemos
probar a detenernos unos minutos y escucharnos por dentro a escuchar nuestras sensaciones corporales…Y desde
esta escucha interior, accionarnos y movernos en el mundo.
▷ PUEDES SER TU MÍSMO
Para mí hay una liberación muy grande que se produce cuando las personas a las que acompaño empiezan a
mostrarse auténticas (que no impulsivas). Porque conectan con la verdad de cómo están, de cómo son y de lo que
necesitan. Y desde ahí pueden relacionarse con más eficacia con los demás. Pedir lo que necesitan, poner límites a
los demás, ser asertivos, ayudarles solo cuando tienen fuerzas y energías para hacerlo. Por supuesto siempre dentro
de los límites del respeto y del cumplimiento de las normas establecidas.
Hay una frase muy potente que me gusta repetirme “Asegúrate de que cuando dices que SÍ a otro, no estás
diciéndote que NO a ti mismo”. Es decir, aprender a mirarse a uno mismo, a descifrar lo que verdaderamente es
importante, y negociarlo o intercambiarlo en la práctica. En lugar de sistemáticamente callarse, de someterse a los
demás o a lo que creemos que los demás necesitan o esperan de nosotros. El temor a ser egoístas se esfuma
cuando comprendemos que nuestro bien, por lo general, suele ser bien acogido por el otro.
Aunque también es cierto y natural, que podemos entrar en conflicto. Las relaciones humanas se basan en el
intercambio de similitudes y diferencias. Así que en este sentido tendremos una doble misión:
1. Aprender a gestionar bien las diferencias. Por un lado, desarrollando la asertividad o
habilidad para comunicar eficiente y respetuosamente al otro nuestras necesidades o puntos
de desencuentro. Por otro, comprendiendo las motivaciones y necesidades del otro (empatía).
Y finalmente desarrollando la habilidad para negociar y llegar a puntos de encuentro, acuerdos
y cesiones.
2. Aprender a tolerar internamente cierto nivel del malestar inherente y propio de
conflicto sano con el otro.
▷ PUEDES EXPRESAR TUS EMOCIONES SANAMENTE
Muy unido al punto anterior, resulta muy enriquecedor cuestionarse las creencias que tenemos sobre nuestros
estados emocionales. Para mí hay una premisa básica: lo que sentimos no se puede cuestionar o juzgar.
Nuestras emociones son respuestas automáticas de nuestro sistema nervioso. Están ahí por algún motivo.
Lo que sí podemos, es decidir qué hacemos con ellas. Si las ocultamos secretamente, mientras pensamos que están
mal. Si las «escupimos al otro» sin filtro. O si aprendemos a convivir con ellas, a reflexionar sobre ellas y las
compartimos con respeto y autenticidad con los demás cuando así lo decidamos y sea posible.
Generalmente, compartir adultamente las emociones con el otro, genera protección, consuelo, y hasta puede
ayudar a solucionar conflictos o problemas enquistados. Aquí se vuelve importante aprender primero a
reconocerlas y comprenderlas. Para luego ir expresándolas a nuestro ritmo, y de una manera adulta en el que el
objetivo no sea culpar o herir al otro.
Para mí, no siempre es útil compartir nuestro mundo emocional con todo el mundo. Creo que es importante tener
en cuenta a la persona que tenemos delante, nuestro objetivo con ella y su capacidad para responder ante ellas. De
manera que recomiendo asegurarse bien de que no nos van a cuestionar, humillar o ignorar cuando abrimos
nuestros corazones. Si eso sucediese, no se trata de ocultarnos nuestras emociones con esa persona, si no que
pueden servirnos como guía para modular nuestra relación con ella.
▷ PUEDES CONSEGUIRLO
Para las personas que se esfuerzan mucho y tienen la creencia de que finalmente no lo van a conseguir, suele ser
muy útil desarrollar una confianza realista sobre sus capacidades. Se trata de un proceso de reflexión auténtica
sobre lo que queremos y sobre qué ha pasado para que fracasemos una y otra vez. Lo que a lo largo de los años ha
podido ir generando en nosotros una sensación de impotencia.
Identificar la creencia limitante «nunca voy a conseguir…»
Ver qué se me da bien realmente con objetividad y amabilidad.
Comprender qué es lo que quiero de verdad.
Analizar cómo se consiguen las metas propuestas (buscando modelos).
Comprender los motivos de los fracasos anteriores.
6# Conocer y reparar las heridas emocionales
Como hemos visto, en ocasiones, nuestra crítica interna se ha ido formando por la suma de experiencias negativas.
En realidad todos arrastramos heridas emocionales pasadas, lo que se conoce como niño interior. Un niño interior
herido, generalmente viene de la mano de un crítico interno que le daña una y otra vez. Así que aprender a tratarle
bien, a respetarle, y a sustituir la autocrítica destructiva por un Padre interior amable y estructurador, es
fundamental para atenderle.
Si además de eso, queremos sanar nuestras heridas emocionales, la psicoterapia puede ser un espacio de seguridad
para conseguirlo.