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l

1 I1
El original fue publicado por Editori Laterza, l
bajo el título Introduzione a Nietzsche, en 1985. j

@ Latena & Figli, Roma/Bari, 1985.

SIGLAS

Las citas de las obras de Nietzsche se hacen en el


texto mediante llamadas entre paréntesis; las obras
citadas se indican por siglas y, en general, la traduc-
ción utilizada es la que hiciera Andrés Sánchez Pas-
cual para Alianza Editorial. De aquellas obras no tra-
ducidas en esta casa se da la versión que figura en el
original italiano, procedente de la edición que para
Adelphi hicieron G. Colli y M. Montinari.
A continuación damos una lista de las siglas -en
el caso de la edición Colli-Montinari, con indicación
No se permite la reproducción total o parcial de este libro,
ni su inclusión en un sistema informático, ni la transmisión de los volúmenes de la misma en que se hallan las
en cualquier forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, obras-:
mecánico, por fotocopia, por registro o por otros métodos,
sin el permiso previo y por escrito de los titulares GdT: El nacimiento de la tragedia (Alianza, LB,
del copyright y de la casa editora.
456).
Cubierta de Josep Mir UB: consideraciones intempestivas (de la 1 a la
y Joaquim Nolla. IV), vol. m , tomo 2 (1-111); vol. IV, tomo 1
(W.
Primera edición en «Nexos»: UeWL: Sobre la verdad y la mentira en sentido ex-
febrero de 1987. tramoral, vol. III, tomo 2.
Derechos exclusivos de esta edición MaM 1: Humano, demasiado humano, vol. IV, tomo 2.
(incluidos la traducción y el diseño de la cubierta): WS: El viajero y su sombra, vol. IV, tomo 3.
Edicions 62 sla., Provenca 278, 08008 - Barcelona. M: Aurora, vol. V, tomo 1.
Impreso en Nova-GrAfik, FW: La gaya ciencia, vol. v, tomo 2.
Puigcerda 127, 08019 - Barcelona. Z: Así habló Zaratustra (Alianza, LB, 377).
Depósito legal: B. 1.944 -1987. JGB: Más allá del bien y del mal (Alianza, LB, 406).
ISBN: 84-297-2565-2. GdM: Genealogía de la moral (Alianza, LB, 356).
7
i
GD: Crepúsculo de los ídolos (Alianza, LB, 467). Capítulo I
AC: El anticristo (Alianza, LB, 507). DE LA FILOLOGfA A LA FILOSOFfA
EH: Ecce homo (Alianza,. LB, 346).
1 A cada sigla siguen dos números: el primero indi-
ca el capítulo o aforismo (el mismo en todas las edi-
ciones), el segundo indica la página del volumen co-
,: , >
rrespondiente en las ediciones citadas. En el caso de +.

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las Consideraciones intempestivas hay también un nú- - ..\
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I ,mero romano, de 1 a IV, que indica de cuál de las cua- ...
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trci se trata; y para algunas obras se indica el título 1. COMO LEER A NIETZSCHE ----'""'

! del capítulo (como en el Crepúsculo de los ídolos, por


! ejemplo). La interpretación actual de Nietzsche, incluso en la
Los fragmentos póstumos se citan según la nume-
i1
5
ración de la edición Colli-Montinari, que los seíínla
con dos números, por ejemplo, 11 [317]; a estos níi-
diversidad de sus planteamientos y resultados (sobre
los cuales véase la «Historia de la crítica», al final de
este volumen), está orientada en su totalidad por una
meros sigue la indicación de volumen, tomo y página. decisiva «prescripción» de Martin Heidegger -cuya
1 La cita completa será, pues, por ejemplo: 11 [317], v, obra sobre Nietzsche, elaborada entre 1936 y 1946, fue
1 2, pp. 382-383. publicada en 1961, marcando un hito fundamental en
los estudios nietzscheanos-; l prescripción según la
i.'
cual es preciso leer a Nietzsche poniéndolo en rela-
ción con Aristóte1es;L o sea, conside ándolo como un
f
i'
k
pensador esencialmente metafísico Nietzsche no es
sólo un filósofo con pleno derecho, e el sentido más
«técnico» de la palabra, sino también un filósofo que
centra su atención en el problema fnás antiguo y fun-
damental de la filosofía, el del ser., Ahora bien, si se
observa la historia más remota deLtimpacto de Nietz-
sche en la cultura europea, una historia que se re-
monta a finales del siglo pasado y a los primeros
años de éste, se verá fácilmente todo lo que de revo-
lucionario hay en esta posición interpretativa de Hei-
degger: el primer momento del impacto de Nietzsche
fue efectivamente más bien «literario»,o más genéri-
camente «cultural» (en el sentido de crítica de la cul-
tura, de reflexión sobre las ideologías) antes que es-

1. M. HEIDEGGER, Nietzsche, 2 vols., Pfullingen, 1961.


2. Ibid., 1, pp. 76 y SS.
, trictamente filo~ófico.~ A primera vista, los textos estos autores- se encuentra próxima al antiguo arte
nietzscheanos -si se exceptúan tal vez algunas de las de los sofistas y oradores, que Platón excluye del ám-
v
obras de la madurez y los fragmentos póstumos reu- bit0 de la filosofía, ya que en lugar de la demostra-
nidos por sus primeros editores bajo el título de La [en sus escritos] interviene la persua-
voluntad de poder-4 parecen desmentir a Heidegger mirada está atenta al misterio de la
y dar razón a los primeros intérpretes: tanto la forma de resolverlo con una metafísi-
aforística que prevalece en estos textos, cuanto su b ca universalmente válida; la vida debe explicarse en
contenido (la crítica de la moral, de las ideas religio- base a sí misma: éste es el gran principio que une a
sas, de los prejuicios en general, de la «cultura»), jus- estos fit'sofos con la experiencia del mundo y con la
tifican escasamente una aproximación interpretativa
de tipo estrictamente ontológico y metafísico como la
heideggeriana. Parece, en cambio, mucho más acepta-
! 5
poesía». Su explicación d la vida es «no metódica»,
sino ex$ esiva y sugerente Esta tesis de Dilthey, que
parece justificar una con ideración dominantemente
1

ble la valoración que del significado de la obra nietz- literaria del texto nietzscheano, en contraste con el en-
scheana de Wilhelm Dilthey (a cuyas posiciones y a foque metafísico de Heidegger, ofrece sin embargo
cuya herencia, por otra parte, Heidegger se encuentra también los elementos parafconectar los dos puntos
probablemente vinculado, incluso más de lo que él de vista opuestos; también bara Heidegger, por otra
mismo admite explícitamente) en su escrito sobre La parte, Nietzsche es, sí, un pehsador metafísico al que , ,
esencia de la filosofía, de 1907.5 Aquí, describiendo la se debe leer en relación con el problema del ser, pero
filosofía de la segunda mitad del siglo XIX como una es también, y fundamentalmente, el Último pensador
«filosofía de la vida» -pero no en el sentido de meta-
física vitalista que tiene hoy la expresión, sino en el
de una reflexión sobre la existencia que renuncia a
b
de la historia de la meta ísica, en quien dicha histo-
ria llega a su conclusión. sto, podemos suponer le-
gítimamente, confiere un carácter peculiar a los con-
toda pretensión «científica»,. de validez y de funda- tenidos y al estilo de su pensamiento; quizá justamen-
mentación-, Dilthey sitúa a Nietzsche junto a Car- te ese carácter en que piensa Dilthey, al definir su
lyle, Emerson, Ruskin, Tolstoi y Maeterlinck (cuyos filosofía como una «filosofía de la vida» En efecto, di-
equivalentes, en otras épocas de la historia dc la cul- cha filosofía también para Dilthey se vLncula con los
tura europea, son, por ejemplo, Marco Aurelio y Mon- momentos finales de las «metafísicas», es decir, de las
taigne), o sea, junto a filósofos-escritores que se inue- grandes construcciones sistemáticas que, según él, se
ven en un horizonte abierto por Schopenhauer: «esta vuelven a presentar periódicamente en la historia del
especie de literatura -escribe Dilthey a propósito de pensamiento occidental.1
No se trata, naturalmente, de encontrar a toda ,
3. Véase al respecto la *Historia de la crítica», al final de costa un punto de vista interpretativo que elimine el
este volumen. contraste entre el enfoque de Dilthey y el de Heideg-
4. Sobre los avatares de este Hauptwerk: proyectado por
Nietzsche en los últimos años y jamás cumplido con posterio- ger, que podemos considerar emblemáticos de toda la
ridad (por el contrario, el proyecto fue explícitamente aban- historia de la suerte corrida por Nietzsche. Lo que
donado), véanse la sección 111 y la Bibliografía. sugerimos, buscando la afinidad entre estos dos enfo-
5. Véase en trad. italiana [hay también trad. castellana, ques, es que un modo fructífero de leer a Nietzsche
Crítica de la razón histórica, Ed. Península, Barcelona, 19861
en la selección antológica de W. DILTHEY,Critica della ragione
storica, a cargo de P. Rossi, T u h , 1954. t 6. Ibid., p. 427.
---
es, claro está, el que, como quiere Heidegger, ve en él ción y autoobservación psicológica, es decir, por to-
ante todo a un filósofo en el sentido pleno de la pa- das aquellas vías que hacen de Nietzsche un «filósofo
labra, pero que al mismo tiempo busca el signo par- de la vida» en el sentido diltheyano del término. Di-
ticular de su posición -de pensador «final» de la me- cho de otra manera, todo esto significa también -sin
tafísica- justamente en su práctica de la filosofía que aquí tenga por qué desarrollarse con más ampli-
como «literatura»o «filosofía de la vida», y esto en un
sentido más esencial que el que Heidegger ha querido
admitir explícitamente en su propia interpretación de
l
tud nuestra propuesta- que el horizonte de esta lec-
tura de Nietzsche es el e la «ontología hemenéuti-
car.yl problema, totalmente abierto y a menudo dado
Nietzsche. Paradójicamente, lo que Heidegger no re- de lado, más con argumentaciones retóricas que con
conoce en Nietzsche, a saber, el peculiar vínculo del razones sustanciales, de la colocación de Nietzsche en
pensamiento del final de la metafísica con la poesía y el cuadro de la filosofía contemporánea (en qué co-
la literatura, es lo que en cambio él mismo practica rriente, en qué escuela, etc.), puede hallar finalmente
en su filosofar, que se desarrolla justamente, en gra una solución, cuando se acabe por considerar a Nietz-
medida, como un diálogo entre pensamiento y poesía, ni sche como un momento destacado del filón de pensa-
según modalidades que Dilthey tal vez no habría vaci;' miento que, partiendo de Schleiermacher, se desarro-
lado en situar en la misma «categoría» en que sitiáa a lla a través de Dilthey y el historicismo alemán hasta
Nietzsche. Todo esto, como se comprenderá, tiene que Heidegger y la hermenéutica postheideggeriana (Gada-
ver no sólo con la lectura de ~ietzsche,sino también mer, Ricoeur, Pareyson, para indicar sólo los nom-
con el significado que se atribuye a Heidegger y, nicis bres más significativos). La unidad de esta «escuela»
generalmente, a la misma filosofía de esta época, que filosófica no es la intensa y consolidada en la historio-
sigue siendo, en todos los diferentes sentidos pensa- grafía, de otras corrientes, generalmente reconocidas,
dos por Dilthey y Heidegger, una época de «final de la como la fenomenología, el existencialismo, el neoposi-
metafísica». Si queremos limitamos aquí a un infento
de presentación del pensamiento nietzscheano en su
conjunto -intento que, aun no elaborando todas es-
!l
tivismo Ello -es posible suponerlo- porque, por una
parte, 1 hermenéutica, no como disciplina técnica,
sino como orientación filosófica, ha llegado a ser reco-
tas implicaciones teóricas, no puede prescindir de una nocible sólo a partir de Heidegger; y en segundo lugar
colocación de tal pensamiento en el horizonte de los porque es probable que, justamente en la medida en
problemas filosóficos generales suscitados por las in- que es renovadora respecto de las escuelas filosóficas
terpretaciones más relevantes que de él se han dado-, del pasado, no pueda presentarse nunca, ni siquiera
todo se resume diciendo que, justamente para seguir en una luz historiográfica distinta y más madura, con
las directrices de Heidegger, in luso en un sentido que con la misma unidad de métodos, tesis, resultados,
1
va más allá de sus intenciones :aquí se procurará ex-
poner que en Nietzsche la filos fía llega a resultados
específicamente ontológicos (o sea a enunciados rele-
7. Cf., para una lectura de Nietzsche en clave hermenéuti-
ca, aunque en sentido distinto del nuestro, J. FIGL, Nietzsche
vantes sobre el sentido d 1 ser según la más propia um die philosophische Hermeneutik des 20. Jahrhunderts, en

1
vocación de la metafísica), justamente a través de un
itinerario que pasa, no ca ualmente y de modo mar-
ginal, por la critica de la cultura, la reflexión de tipo
«Nietzsche Studienn, vols. 10-11, 1981-1982, pp. 408430. Véase,
además, mi ponencia sobre Nietzsche and Contemporary Her-
meneutics, presentada en el V Coloquio Filosófico de Jerusa-
lén (sobre Nietzsche as Affirmative Thinker, abril de 1983), en
«moralista», el análisis de los prejuicios, la observa- curso de publicación en las actas correspondientes.

13
propia de las otras escuelas$etzsche es bajo este as- 1 tes, y más fundamentalmente que dicha
pecto una figura más que emblemática: en efecto, !1 que caracteriza la filosofía' de Nietzsche,
ñada más dificil que señalar en la filosofía contempo- .l y que lo aproxima a Dilthey y lo sitúa en una posible
I continuidad con el pensamiento de principios del si-
ránea una «escuela» nietzscheana, aunque el influjo
que ejerce su pensamiento es vastísimo y muy vivo. glo xx,bs la relación entre filosofía y filología, que se-
Es probable que, además, el estudio de la filosofía de ñala lakrimera fase de su obra, y que se mantendrá,
Nietzsche permita especificar mejor lo que se puede de manera diferente, en todo el curso de su oficio de
considerar la peculiar unidad de una «hermenéutica» i Una primera precisión del sentido que atri- ,

k
como orientación filosófic individualizada en la cul-
tura de los siglos XIX y xx. or el momento, como pun-
to de partida para la e osición de las obras de
Nietzsche, entenderemos con el término «hermenéu-
tica» u «ontología hermenéutica» sólo el vínculo pe-
colocación de Nietzsche en el ámbito de la
hermenéutica debe buscarse, pues, en este contexto,
que de algún modo lo pone en relación con el mismo
Dilthey y con la problemática filosófica del historicis-
mo de principios del siglo xx, pese a todas las apa- 1

culiar que se delinea en su pensamiento entre «crítica riencias de excepcionalidad y de revolucionaria irre-
de la cultura», o filosofía de la vida, o meditación so- ductibilidad de sus tesis en relación con la filosofía
bre la decadencia (en suma, el pensamiento que eslu- académica de la época.'~omo --
en. toda la más significa-
dia la existencia en su historicidad y carácter concre- tiva filosofía del siglo x\ , la Preparación filosófica pro- - l

to), y el replanteamiento del problema de la verdad y viene también en Nietzsche de una reflexión sobre las
del se4 Con la conciencia -aquí sólo sugerida como «ciencias humanas», dicho en los términos más gene-
hipóteSs- de que esta conexión, al menos dcsdc c1 rales; es decir, sobre la historiografía y @ saber que el ,
punto de vista del pensamiento que más explícitamen- hombre tiene de sí mismo.\~ajoesta luz deben to-
te se replantea y analiza Nietzsche (vale decir, la on- marse en consideración losi primeros trabajos de
tología hermenéutica), se encuentra también en el Nietzsche.
centro de la actual problemática de la filosofía y cons- , La primera filosofia de Nietzsche se elabora en el
tituye la específica actualidad teórica del pensamiento período de su enseñanza en Basilea y refleja, en sus
nietzscheano. rasgos característicos, tanto su formación de filólogo
como sus veneraciones juveniles, sobre todo las que
sintiera por Schopenhauer y por Wagner; la misma
contiene una serie de temas que perderán portan-
2. DE LA FILOLOGIA A LA FILOSOFfA cia en la elaboración ulterior. Sin e m b a r g o p puede
COMO CRITICA DE LA CULTURA
- 9
hab r legítimamente de una filosofía del j o k n Nietz-
sche,. ues incluso en la falta de sistematicidad (de la
1

a) Pioniso, lo trágico y la decadencia. Para com- que, Ff or otra parte, Nietzsche hará un peculiar estilo
prender el pensamiento de Nietzsche, y su importan- de pensamiento) y hasta en el carácter contradicto-
cia para una «solución» hermenéutica de los proble- rio de ciertos aspectos, presenta en ella un con- ,
mas de la filosofía, es preciso ampliar de modo deci- cepto
. -- central, original y que puede to- 1

sivo las observacio es que Dilthey nos da en La esen- marse como hilo-conductor para leer toda su obra: es \.
cia de la filosofía.fJJo se tfáta sólo de reconocer en la pareja apolíneo-dionjsíaco que, formulada al princi-
Nietzsche la peculiar conexión entre filosofía y ulite- cipo en relación con el problema del nacimiento y ,
-" --
muerte de la tragedia griega, r e h e casi todos los as- presión de aceptar al comienzo de sus estudios univer-
pectos más significativos del pensamiento del joven sitarios sólo para corresponder a las expectativas de
Nietzsche: la crítica de la cultura de la época, la su madre y su hermana?" Si abandonar la teología
«metafísica del artista», la teoría del lenguaje, la po- representó para Nietzsche sólo un problema externo,

b
lémica contra el historicismo; y prepara de manera
consistente las ulteriores línea evolutivas de su filo-
sofía.
el «distanciamiento» interior de la filología es un he-
cho mucho más complejo. En primer lugar, no impli-
ca que Nietzsche, profesor de griego en Basilea, se
Al presentarse en Basilea en 1869 con la lección adapte a su trabajo sólo por razones económicas o de
inaugural. de su curso sobre Hornero y la filología c l á oficio, pese a que le resulta insoportable. En este pe-
sica, y después con las conferencias de 1870 sobre el ríodo, Nietzsche no siente dudas sobre su vocación de
Drama musical griego y Sócrates y la tragedia? Nietz- educador. Y la base de una educación -de sí y de los
sche demuestra 'entender su trabajo de filólogo en un demás- le parece sustancialmente, excluida la otra
sentido que no es el de la filología académica donii- alternativa que es la del cristianismo, el mundo clási-
nante, y que lo aproxima en cambio a la filosofía, o al co, o sea la filología. Pero esto no sin dos tipos de
menos a lo que él, bajo la influencia de Schopenhaucr, dudas: uno, radical, expresado por el recurrente pro-
entiende bajo este nombre. Por lo demás, ya en cl mo- pósito (que por otra parte Nietzsche satisface en Basi-
mento de la convocatoria basilense, sus dudas sobre lea a través de sus lecturas) de dedicarse a las cien-
su vocación de filólogo son explícitas: sabemos quc cias, y que parece así plantear la sospecha o mitificar
desde 1868 había proyectado, con Rohde, ponerse a cs- otro posible centro de su Bildung, sin expresarse en
tudiar textos de ciencia, de química por ejemplo? Las este momento, sin embargo, como en cambio ocurri-
cartas a Rohde de los primeros años de Basilea testi- rá en sus escritos, a partir de Humano, demasiado hu-
monian claramente dichas dudas, a causa de las quc mano, en precisas tomas de posición teóricas. Un
Nietzsche vive «soberbiamente apartado» de la filolo- segundo motivo de distanciamiento interior de la filo-
gía, «en un extrañamiento que peor no podría iinagi- logía, que se mezcla con el primero pero en general se
narse».lO ¿Cuáles son las causas de este precoz distan- manifiesta de modo autónomo, es su intolerancia ante
ciamiento interior de la filología, a la que Nietzschc la filosofía académica, motivo que se hace sentir tan-
había llegado abandonando, ya desde el segundo sc- to de forma estricta (el estudio de la antigüedad se
mestre de sus estudios universitarios en Bonn, la idea ha convertido en un puro trabajo de anticuario, que
de dedicarse a la teología, idea que nunca había cul- supone un distanciamiento intolerable entre el filólogo
tivado verdaderamente, pero que había dado la im- y SU objeto, es decir, entre la belleza del myndo grie-
go y las profundas deformaciones de los estudiosos
8. Estas dos últimas están traducidas al italiano en el que deberían r e c ~ r d á r n o s l a ) como
, ~ ~ de forma gene-
vol. 111, tomo 11, de la edición Colli-Montinari; la lección inau- ral: en este segundo aspecto, la filología clásica apa-
gural de 1869 aún no ha salido en dicha edición; véase en la
edición Schlechta (cf Bibliografía), vol. 111, pp. 155 y SS.
9. Cf. C. P. JANZ, Friedrich Nietzsche, trad. cast. a cargo
de J. Muñoz e 1. Reguera, vol. 11, Madrid, 1981, pp. 22 y 65-67.
1
1
11. Cf. sobre esto, JANZ,
pp. 117-119.
Friedrich Nietzsche. vol. 1, cit.,
10. Cf. la carta a Rhode del 29 de m a n o de 1871: en 1
12. Véanse los apuntes relativos a la época de la cuarta
Epistolario, ed. Colli-Montinari (véase Bibliografía), vol. 11, 1 Intempestiva, en el vol. IV, 1, y en particular las notas para
p. 182. Véanse también los apuntes de algunos años más tar-
de: vol. IV,1, pp. 121 y 134. 1I la proyectada quinta Consideración intempestiva sobre UNO-
sotros los filólogosn (ibid., pp. 87 y s . ) .
rece como una traición al espíritu del clasicismo, en mente en la filología, pero que sobrepasen tanto sus lí-
cuanto que ya no es capaz de ver lo antiguo como un mites de disciplina académica cuanto en general sus
modelo que imitar y continuar, sino sólo como un re- confines de estudio del pasado (en la dirección de una
pertorio de objetos de estudio. Esto implica, obvia- crítica de la cultura actual), lo que Nietzsche llama,
mente, un juicio más vasto tanto sobre la sociedad en en estos años juveniles de Basilea, filosofía. Tampoco

f
oficio

r
que la relación con lo antiguo se ha convertido en
e industriosidad fi lógica, cuanto sobre el modo
en que, históricamente la imagen de la antigüedad
como modelo se ha de rada
- puro objeto de estudio cadémi
Nietzsche ante la filología co
crítica de la filología profesio
convertirse en
intolerancia de
pues, por una
u actitud de in-
vestigación positiva y «objetiva» sobre lo antiguo,I3 y
1
el encuentro con la obra de Schopenhauer -de quien
Nietzsche lee en 1865 El mundo como voluntad y re-
presentación- lo aleja de la filología hacia una filoso-
fía entendida como metafísica, teoría del ser o simi-
lares. Más bien reajusta su relación con la filología,
como es obvio precisamente a partir de su primera
j: gran obra de alcance filosófico, El nacimiento de la
U tragedia del espíritu de la música, o Grecia y el pesi-
l

llega a ser después: a) crítica del mundo que coníi- mismo (publicada en diciembre de 1871). Uno de los 1
gura su propia relación con lo antiguo sólo en esta aspectos de la insuperable fascinación de esta obra
forma, cerrándose a toda penetración del modelo clB- consiste, con toda probabilidad, justamente en la pe-
sico; b ) crítica de los modos en que la imagen dc lo culiar mezcla, en la misma, de filología y filosofía, en l

antiguo se ha transpitido a este mundo reducidiidosc una medida y con resultados que no tienen preceden-
al final a tal nivel.\ El interés por estos modos de tes en la gran filología-filosofía romántica (los Schle-
transmisión de la an)igüedad a la conciencia modcrna
resulta bastante constante en los trabajos filológicos
del joven Nietzsche: desde su investigación sobre las
fuentes de Diógenes Laercio, que lleva a cabo en 1868
en Leipzig, en que trata de establecer cómo se ha for-
4
gel, Creuzer con la que no obstante Nietzsche está
vinculado.14'El nacimiento de la tragedia es a la vez
una reinte retación de la grecidad, una revolución
filosófica y estética, una crítica de la cultura contem-
poránea y un programa de renovación de la misma.
.

mado la imagen de la filosofía antigua que Diógenes Todo ello gira alrededor del descubrimiento -que es
Laercio transmite a las épocas sucesivas, hasta la lcc- tal sólo en el alcance nuevo que Nietzsche confiere a
ción inaugural de Basilea sobre Homero y la filología / sus elementos básicos, presentes de diversas formas
clásica, que es una vez más la historia de una imagen
historiográfico-filológica y de sus vicisitudes. Y tam-
bién los estudios sobre el drama musical griego y so-
: apolíneo y áionisíaco. 4
i en la tradición prece ente-l5 de las dos nociones de
La imagen de la grbcidad de la que durante mucho
bre lo trágico, que confluyen en El nacimiento de la tiempo ha vivido la tradición europea está dominada
tragedia, son, por supuesto, investigaciones sobre «ob- por la idea de armonía, belleza, equilibrio, medida,
jetos» determinados del estudio filológico, pero, apun- , de todos aquellos rasgos, en suma, que pasan por clá-
tan, tanto como a estos «objetos»,a las vicisitudes de
su modo de darse en la tradición cultural europea. , 14. Un detallado análisis de las relaciones de Nietzsche con
Es este conjunto de problemas, centrados c i e r t d la filología romántica alemana se encuentra en Ch. ANDLER,
Nietzsche. Su vie et sa pensée (1920-1931), Paris, 1958, vol. 1,
cap. IV.
13. Sobre el particular, me permito remitir a1 cap. 111 de 15. Véase, también para este punto, ANDLER,Nietzsche, cit.,
mi Ipotesi su Nietzsche, Turin, 1967. vol. 1, cap. IV. ... - - -.
{* e ; ',,', ,".

sicos.
-. Ésta, según Nietzsche, es una imagen que privi- pero arraigados y constantes en .la sabiduría popular,
. -.--
. ,, legia.&n cierto momento de la grecidad, la Atenas del colocámos los mitos trágicos, y además las noticias ,,
.- .-.- v,$ un ycierto
siglo género de productos artísticos, la
En la fi-
que tenemos acerca de la presencia y difusión de cul-
-jación de esta imagen de laprincipalmente.
arquitectura la escultura
grecidad ha tenido un
tos orgiásticos en el mundo griego,16entonces nos ve-
remos inducidos a «desmontar piedra a piedra, por
importante papel el cristianismo, a través del cual nos así decir, aquel primoroso edificio de la cultura apo.
ha sido transmitido lo que sabemos de la cultura anti- línea» (GdT 3, 51), para poner al descubierto el otro
gua; la función del cristianismo en esta transmisión principio que vive en ella, es decir, lo dionisíaco. Apo-
es tan determinante que en los apuntes que Nietzsche \ líneo y dionisíaco representan una dualidad que ca-
tomó para la redacción de una quinta Consideración i racteriza la más profundo del alma griega:
intempestiva (véame en IV, 1, cit.) parece a veces que,
con el debilitamiento y la desaparición de la fe cris- «El griego conoció y sintió los horrores y espantos
tiana en la modernidad, esté destinada también a inte- de la existencia: para poder vivir tuvo que colocar
rrumpirse toda posibilidad de que accedamos a la delante de ellos la resplandeciente criatura onírica de
antig6edad clásica. El cristianismo ha fijada la anti- los Olímpicos. Aquella enorme desconfianza frente a
güedad en sus rasgos clásicos, que son ya sin embargo los poderes tiránicos de la naturaleza L...] fue supe-
aspectos de decadencia, porque corresponden a un rada constantemente una y otra vez, por los griegos,
momento ya no plenamente vital. Las raíces vitales. o, en todo caso, encubierta y sustraída a la mirada,
que se ocultan y desaparecen en la forma clásica de la mediante aquel mundo intermedio artístico de los
cultura antigua -las raíces de la «montaña mágica» del Olímpicos.» (GdT 3, 52-53.) 17
Olimpo (GDT 3, 52)- se hacen manifiestas si nos re-
mitimos a filones de la tradición antigua que se nos Los dioses olímpicos son el medio por el que los
han conservada sólo marginalmente: entre las artes, griegos soportan la existencia, de la que han visto la
no tanto la arquitectura y la escultura cuanto, sobre caducidad, la vicisitud dolorosa de vida y muerte, ex-
todo, la música; y fuera del campo de las artes, cier- perimentándolas de modo profundo a causa de su
tos elementos que se expresan en la sabiduría popular exacerbada sensibilidad; los mismos olímpicos, «vi-
antes que en textos literarios y filosóficos, y que difí- viéndola ellos misnlos, justifican la vida humana» (GdT
cilmente se concilian con las bellas imágenes.de los 3, 53)) porque la viven en una luz sin sombras y fuera
-figura
héroes
*
de Winckelmann. Así, el axioma de Sileno '(una
mitológica, medio hombre medio animal, pre-
de la angustiosa amenaza de la muerte. También la na-
turaleza, a menudo, para conseguir sus fines, se sirve
ceptor de Dioniso), profundamente arraigado en la de la ilusión (GdT 3, 54). En los dioses olímpicos, la
tradición popular griega, de que para el hombre lo vida humana se contemplaba «en una esfera superior,
mejor sería no nacer, y una vez nacido, morir pronto, sin que ese mundo perfecto de la intuición actuase
revela una visión de la existencia que se aparta de toda
,. . posible interpretación clasicista (clasicismo, de Winc- 16. Véase, por ejemplo, H. JEANMAIRE, Dioniso. Religione e
kelmann y Schiller a Hegel, era, sobre todo, la idea culttrra in Grecia (1951), trad. it. de G . Glaeser, con apéndice y
de que los griegos pudieron producir obras bellas actualización bibliográfica de F. Jesi, Turín, 1972.
17. Recordamos aquí, de una vez por todas, que las cursi-
porque ellos mismos eran bellos, armoniosos y sere- vas, cuando no hay indicación en sentido contrario, son siem-
nos). Pero si junto a estos fragmentos «marginales», pre de Nietzsche.

20
como un imperativo o como un reproche» (GdT 3, 54- mundo del caos del que sin embargo deben ayudarnos
55), es decir, no en el sentido normativo metafísico a huir. En las páginas del escrito sobre la tragedia de-
que caracteriza el mundo de las ideas platónicas, por dicadas al Tuistán e Isolda, la ópera de Wagner en que
ejemplo. Nietzsche ve revivir el auténtico espíritu de la trage-
El mundo de los dioses-.olímpicos es el mundo pro- dia griega, «al final Apolo habla el lenguaje de Dioni-
--..
- .-~---7 la experiencia del
ducido por el impulso apolíneo': so» (GdT 21, 172). NO se encuentra, ciertamente, en-el I

, caoS,.de la pérdidade toda forma definida en el flujo espíritu de Schopenhauer lo que Nietzsche escribe so-
incesante de la vida que es también siempre muerte, bre el. horror
--- que se apodera del hombre cuando éste;
.
' en cambio la que c o r r ~ p m d eal impulso [ ¿ a - ve vacilar el principium individuationis. A este horror,
, _-. - --
F
C"J que es también un impulso, un Trieb: as1 comolo del que habla Schopenhauer, debemos añadir, según
apolíneo tiende a p r o d ~ ~imágenes
i? definidas, formas Nietzsche, «el éxtasis delicioso que, cuando se produ-
armoniosas y estables que den seguridad, el impulso ce esa misma infracción del principium individuatonis,
dionisíaco no es sólo la sensibilidad ante el caos de la asciende desde el fondo más íntimo del ser humano, y.
aun de la misma naturaleza» (GdT 1, 43); este éxtasis

N
existencia, sino que también es instigación a sumer-
, girse en dicho caos, sustrayendose-al-puincipitlmindi-
...
,. viduationis. La alusión al prZn~i~;~um.~i_n&viduatbnis,~
--
se experimenta porque «baJlol_a magia de lo dionisía-
co no sólo se renueva la alianza entre-pC-EF5sSh'uma-
como muchas otras referencias explícitas en El naci- =S: también la naturaleza enajenada, hostil o subyu-
miento1 de la tragedia, manifiesta l a dependencia dc gada celebra su fiesta de reconciliación con su hijo
estas tesis nietzscheanas respecto de la metaEísica de perdido, el hombre C...]. Ahora el esclavo es hombre
Schopenhauer, aunque, como Nietzsche dirá luego en libre, ahora quedan rotas todas las rígidas, hostiles
el prefacio a la nueva edición de 1886, hay ya cn esla delimitaciones que la necesidad, la arbitrariedad o la
obra, expresado en lenguaje schopenhaueriano, algo "moda insolente" han establecido entre los hombres»
I
profundamente contrastante con el ascetismo, y por _.,_- * Y > .

+,.-.-
tanto con el permanente -- platonismo, de Schopen- entre,apolíneo: y dionisíaco es ante
hauer. El mando apolíiho de los dioses olímpicos de fuerzas en el interior del indivi-
nietzscheanos3s-+duda, como las ideas de Schopen- duo, que al principio de la obra Nietzsche compara .
hauer, un conjunto de represexJaci0ñes'-sustraídas a con los estados del sueño (lo apolíneo) y de la embria-
la voluntad de--vivir. Sin embargo, la r a i ~ de n los guez (lo dionisíaco); y que funciona en el desarrollo
dioses olímpicos con el fondo oscuro del uno primor- de la civilización como la de los sexos en la
dial no es sólo positiva, como en §chopenhau&; para conservación de la la cultura humana es
este último, a través d e las figuras del arte (que re- fruto del juego dos impulsos (Trie-
presentan las ideas), se trata de sustraerse a la vo- _ -----también, más determina-
____-___--
be); que luego se especifican
luntad de vida que constituye la substancia irracioñal damente, como- Kunsttriebe, impulsos~ artísticos. (GdT
del mundo. Para Nietzsche, ya en El nacimiento de la 2, 46-47), especto de los cuales el artista actúa como ..
-"u. .

tragedia y mmás tarde, en términos paulatinamente dis- imitador..bPolíneo y dionisíaco, pues, no definen sólo
/ tintos, en el desarrollo ulterior d e s u pensamiento, el Una tioríd de 1.a civilización y de la cultura, sino tam-
l/ e ~ m r a d o der las figuras de los dioses olirnpi- bién unadeoría del arte; Apenas hace falta recordar
' "
i .-7- -
-----.-- "

6.cos:se
111- -,
ejerce sólo si las mismas permanecén en una que la relacion entre creación artística y génesis de
relación profunda con lo dionisiaco, es decir, con el los dioses, sobre todo de los dioses de la mitología

22
griega, era un tema muy frecuentado por el pensa- proponiendo de la misma, no obstante, una nueva in-
miento romántico. Construyendo una «estética» que terpretación que se relaciona con las nociones de apo-
es también, y principalmente, una teoría general de la líneo y dionisíaco. El coro-.-.del _-- . .. la_ tragedia nace es
que
cultura, Nietzsche se one evidentemente en relación el coro de los sátiros, o sea, la procesión sacra en qué

, , iu
con estos precedentes
?--- -
el plano específico de la teo-
ría del arte, la dualid---- ----"a,--p ~ l í p e s ~ ~ i o n i s í per-
mite leer las diversas fases del arte +pgo en rela-
aco
los participantes se transforman en «fingidos seres
naturales» (GdT 7, 76). Este mundo no es, sin embar-
go, un «mundo fantasmagórico interpuesto arbitraria-
ción con la lucha entre impulso dionis'fa'co' e impulso mente entre el cielo y la tierra; es, más bien, un mun-
I apolíneo, lucha que se desenvuelve también como con- do dotado de la misma realidad y credibilidad que
flicto entre pueblos distintos, en la sucesión de inva- para el griego creyente poseía el O 'mpo, junto con
siones y estabilizacio
de la Grecia
sólo como
que caracteriza a la historia
el arte dórico se explica
resistencia de lo apolí-
todos sus moradores» (GdT 7, 76). n el estado de
exaltación en que está sumida la pro esión de los sá-
tiros que danzan y cantan, el hombre, transformado
k
verdaderos ataques una vez más en un ser natural, echa una mirada al
de pueblos invasores, de lo dionisíaco, de los cultos misterio del uno primordial y reacciona ante el ho-
orgiásticos de origen bárbaro. En la lucha de los dos rror y el éxtasis mediante la producción de imágenes:'
principios opuestos, «la historia helénica más antigua en la exaltación _., ___. _
dionisíaca
---_ - .. _. se produce para el coro d e
queda escindida [...], en cuatro grandes estadios ar- los sátiros «el fenómeno dramático8primordial: ver:
tísticos~(GdT 4, 60): «de la edad de "acero" con sus se uno transformado a sí mismo delante de sí, y actuar
titanomaquias y su ruda filosofía popular, surgió, bajo uno como si realmente hubiese penetrado en otro
la soberanía del instinto apolíneo de belleza, el m~mdo cuerpo, en otro carácter» (GdT 8, 83). No será inútil,
homérico; esa magnificencia "ingenua" volvió a ser g a r a rastrear
-->
.-
también aquí un aspecto, esencial, del

I
engullida por la invasora corriente de lo dionisíaco, y
frente a este nuevo poder lo apolíneo se eleva a la rí-
gida majestad del arte dórico y de la contemplación b
~ant,iplatonismfide Nietzsche, recordar que la desi-
ntificación, la fusión con otros, la pérdida de con-
tinuidad consigo mismo eran las razones rincipales
- dárica del mundo» (GdT 4, 59-60).
1 Con el predominio de uno u otro impulso se vincu-
lan también, sin una esquematización rígida, las dife-
rentes artes: si la,nIiuíl> es arte dominantemente di^-
n m , la es$tura
"-
- . - y.-.h arquitect,ura son apolíneas,
&

,.. -
.,....M-v
de la condena platónica del arte dramátic . Nieztsche
ve en ellas el origen del drama, valoránd las de ma-
nera opuesta a Platón. Incluso sub aya, e todas estas

'6
páginas, sus aspectos sociales: el coro ditirámbi-
co es un coro de transformados, e los que han que-
.p
-- cbmo también la epopeya.' Ya desde el punto de vista dado olvidados del todo su pasado civil, su posición '

del grado de civilización, ya desde el punto de vista de social: se han convertido en servidores intemporales ' -
.,kla madurez artística, el mundo dórico no es, con de su diqs, que viven fuera de todas las esferas socia- ,
,?todo, la culminación de la grecidad: tal culminación les L...]. Transformado de ese modo, el entusiasta dio-
nisíaco selve a sí mismo como sátiro [ya que la proce-
ática, que se presenta como sión de 1Ós sátkos en su origen se hace en h o n o ~ de
E dy.L- o s impuls- (GdT 4, Dioniso, G. V.] como sátiro ve- también
- -. -- al dios) es
.a--.

sche recoge una idea una nueva .-visión- - - -.. -f u ~ 4 = , +


la cual la tragedia nació del coro trágico (GdT 7, 73), , - .- de su estado
'i
Con esta nueva visión queda completo el drama» la comedia ática nueva, en que sobrevive «la figura
k' GdT 8, 84). La tragedia griega debe, pues, entenderse degenerada de la tragedia» (GdT 11, 102). Eurípides
como «coro dionisíaco que una y ot a vez se descarga
\
en un mundo apolíneo de imágenes) (GdT 8, 84).
transformó el mito trágico en una sucesión de vicisi-
tudes racionalmente encadenadas y comprensibles, de
Aunque se presentó ante todo co* una hipótesis
filológica sobre el nacimiento de la tragedia griega
-y como tal fue discutida, y criticada, por los filólo-
3 impronta sustancialmente realista.
Cabe preguntarse si esta visión del papel de Eurí-
pides en la historia de la tragedia griega resulta histó-
gos (sobre todo Wilamowitz-Moellendorf)-l~la impor- ricamente fundamentada;m pero lo que importa a
tancia de esta propuesta de Nietzsche, aun de acuerdo Nietzsche, más que la comprobación de la responsabi-
con sus propósitos de ningún modo «historiográficos» lidad de Eurípides, es desenmascarar al verdadero
y objetivos, consiste en abrir el camino a una renova- inspirador de este asunto del suicidio de la tragedia.
da relación con el mundo clásico que supone también -$, ___
transforma en sentido realista.yracio-nal
..-
_-__-.... el
Una radical actitud crítica ante el presente. Más en mita trágico para satisfacer,las exigencias de un es-
general, Nietzsqhe sentaba aquí las bases de la .((onto* pectador determinado: ~ócrat&. Es Sócrates quien
logkwcke&rada en la noción de ---..--.,.-
interpretación- que inaugura en la mentalidad gi"ega una visión racional
elaborará en las obras Xe madurez y e n 1oS'fragmen- del mundo y de los avatares humanos, según la cual
, tos del Wille zur Macht. El juego de apolínco y dioni-
k.
síaco, y el ambiguo _
_, , -C.,significado, que la tragedia posee,
de\lib\aciónpor.y+de"lo diSisfaco l9 en la bella ima-
nal justo no le puedg suceder nada malo. ni en este
ni en el otro -..- --..- realismo de la tragedia euri-
+--, mundo.\El
<+LA-

@dea'-es una conseckncia del optimismo teorético


ge6apo.linea;-constituyen elementos decisivos de toda de Sócrates: lo que merece ser representado
la ulterior elaboración del pensamiento de Nietzsche, cenario es la estructura racional de la
y constituyen incluso la base de su posible actualidad ésta no despierta emociones -también
- teórica.
Las consecuencias de las tesis del Nacimiento de
des, con la introducción del prólogo
acción desde el principio, priva a la tragedia de toda
la tragedia para la teoría y la crítica de la cultura «tensión épica» y «atractiva incertidumbre» (GdT 12,
son elaboradas por Nietzsche a partir del problcma 112)-, es preciso que toda la acción se articule en
de cómo y por qué murió la tragedia ática. Ésta, a di- grandes escenas retórico-líricas, capaces de suscitar
ferencia de otros géneros lifer"a~i"os"osa~aiguos, que pere- en el espectador el pathos que de otro modo ya no po-
cieron de muer2e" &%tÜ?altmT tras haberse convertido dría producirse. Y como todo debe proceder según el
en superfluos y sin dejar ningún vacío, murió por ~i~ . esquema racional previsto, se comprende también la
: --,.-.-
c i < ~(GdT 11, 101); el autor de este suicidio de la tra- necesidad del deus ex machina. Lo que se desarrolla
gedia fue E U I , que llevó al <<espectador.. . al es- en el intervalo entre prólogo y epílogo -que son
cenario)), iniciando el proceso que habría de llevar a épicos- es el presente dramático-lírico-; la síntesis -
trágica entre epopeya y lírica, entre música y repre-
18. Las actas de la polémica que siguió a la publicación del senta-C10ÍYn.dela trama, entre ap-olíneo y aionisiZco, ha
Nacimiento de la tragedia se pueden ver en italiano en el volu- desaparecido. Pero no por una dinámica interna de la
men La polemica sull'arte tragica, a cargo y con introd. de *.*.*.-..-
-6

F. Serpa, Florencia, 1972.


19. Para este punto, véase mi 11 soggetto e la maschera. 20. Véase al respecto la nota de G . Colli y M. Montinari al
Nietzsche e il problema della liberazione, Milán, 1983l. final del vol. 111, 1, de su edición de las Obras. , -

26
\
;, forma literaria, sino para corresponder a nuevas .e$ la metafísica, en la moral, en la cultura «cristiana»
gencias espirituales vinculadas con la afirmación del que domina Occidente, las desarrollará Nietzsche en
optimismo teorético de Sócrates, es decir, con el sur- las obras siguientes a su escrito sobre la tragedia:
gimiento de la filosofía clásica griega. aquí, el límite y el peso negativo del socratismo se
Si hay una estructura racional del universo, como dan, además de en el hecho de haber eliminado la po-
Sócrates cree y enseña, entonces lo trágico no tiene sibilidad misma de una visión trágica de la existencia
ya sentido: pero no sólo en el significado más limita- (tanto en el sentido de la presencia del mito y del- :
- do, según el cual en un mundo racionalmente ordena- misterio cuanto en el sentido de una justificación esté-
, ...
l.
,d.--c'z :
:: ::.z-- =
2
do no puede haber inc.ertidumbre, excitación, tensión, tica de- l a existencia;:disti~&,aunquesea oscuramen-
ambigiiédaa. La oposición entre socratismo y trágico
arroja luz también sobre lo que Nietzsche persigue
*y.. *-......%.s.
--.M.-*.

te, ae 'la justificación


- .- -
metafísica),
T--. - - -.
en su insuficiencia
conclusiva que, manife~andosejusto en el momento
verdaderamente con las nociones de apolíneo y dioni- de la crisis final de la metafísica, en Kant y Schopen- '
síaco y sobre lo que considera como característico de hauer (en los que se expresa una verdadera sabiduría
lo que, más tarde, llamará el platonismo de la cultura de tipo dionisíaco: cf. GdT 19, 159), prepara además
europea, que tiene la intención de superar. Las imáge- un posible retorno de la cultura trágica, que Nietz-
nFsSapolíneas de los dioses olímpicos, y luego la tra- sche, al menos en estos años, espera del drama musi-
---gedia ática, son formas de redención de la existencia cal wagneriano. Inaugurada por el racionalismo so-
que no implican la personificación de esencias y es- crático,
,.. - . nacen (como
tructuras metafísicas. También ,éstas
.-.. Nietzsche explicará másv'explícitamente a partir de «... la ciencia, aguijoneada por su vigorosa ilusión, co-
Humano, demasiado humano) de una necesidad de se- rre presurosa e indetenible hasta aquellos límites con-
g%kidaa,'de la exigencia de hacer tolerable de algún tra los cuales se estrella su optimismo, escondido en
modo el caos de la vida, con el iinparable ciclo de na- la esencia de la lógica. Pues la periferia del círculo de
cimiento y muerte; pero según Nietzsche, la seguridad la ciencia tiene infinitos puntos, y mientras aún no es
metafísica buscada en las esencias, en cl ordcn racio- posible prcvcr en modo alguno cómo se podría alguna
nal del universo, es propia de una cultura debilitada vcz mcdir completamente el círculo, el hombre noble
y decadente. Con el ideal de una «justificación estética y dotado tropieza de manera inevitable, ya antes de
de la existencia» (GdT 5, 66) Nietzsche busca, ni más llegar a la mitad de su existencia, con tales puntos
ni menos, una alternativa a la metafísica (que él llama límite de la periferia, donde su mirada queda fija en
socratismo o platonismo), que en todas sus formas ha lo imposible de esclarecer. Cuando aquí ve, para su
buscado siempre la seguridad en estructuras esencia- espanto, que, llegada a estos límites, la lógica se enros-
les, en un «mundo verdadero)) que, contrariamente a ca sobre sí misma y acaba por morderse la cola - e n -
los dioses olímpicos, se convierte de inmediato, en re- tonces irrumpe la nueva forma de conocimiento, el
lación con el mundo de la experiencia, en «imperativo conocimiento trágico, que, aun sólo para ser so-
o reprochen (GdT 3, 55)) y produce así esa depresión portado, necesita del arte como protección y reme-
de la vida en que consiste la decadencia vinculada con dio.» (GdT 15, 128-130.)
el racionalismo socrático(p1atónico)-cristiano.
r;ás implíiaciones .de la noción Ide' decadencia vin- El retorno de la cultura trágica no es, pues, en este .
culada con el racionalismo socrático que se expresa en fragmento, un puro y simple retorno del mito; es más
__ __
. ._.__--
bien el resultado _ ...-luna
de l__l-__extrem&ación$e 1a.necesidad
-
\

hurnanol;,
....,red--
pero que se encuentra ya preparado en la
misma de-racionalidad de la mentalidad científica, $e --cuarta Intempestiva y en los apuntes y cartas de la
-según una «ló&a» que preiudia a la de la «muer- época, se explica, además de con razones psicológicas
te de Dios», de la que Nietzsche hablará en La gaya y personales,21 también con la constatación más gene
ciencia- justamente por su exigencia de certidumbre ral de que, si Nietzsche no ha renunciado en general,
se vuelca en esa especie de escepticismo desesperado al menos explícitamente, al s~ijg-de-unrenacimiento
que es el kantismo, con su continuación en Schopen- de la. cultura trágica (como quiera que la denomine
A - . .

hauer. También aquí, sin embargo, se puede hallar allora), la f o 6 a ' d e t a l renacimiento le parece cada
.
.--.
,..
M .--- *
una ambigüedad y un automalentendido del joven vez .menos vinculable con un fenómeno como la mú-
Nietzsche. El wagnerismo que domina todo su traba- sica wagneriana-y, quizá, con el arte,.en.general; aun-
jo sobre la tragedia hizo que su sentido fundamental que' es probablemente erróneo pensar que pueda en-
se presentara, y fuera, en gran medida, como una pre; tenderse la insuficiencia de tal solución «estética» en
dicación del retorno del mito. Los pasajes sobre la términos que evoquen más o menos remotamente la l

«sabiduría dionisíacan del kantismo, no obstante, idea hegeliana de la «muerte del arte». En otras pa-
como el texto que hemos citado hace un momento, dc- labras, no es necesario que la insuficiencia de la solu-
jan entrever una posible solución distinta cid problc- ción del problema de la decadencia mediante el arte
ma del retorno de lo trágico que no implica nccesaria- se perciba en relación con una posible «provisionali-
mente una remitologización de corte wagneriano y,, dad» del arte (aun cuando Nietzsche se preste a in-
más en general, irracional. Esta solución distinta será terpretaciones de este tipo; cf. «El arte de las obras

13
'

la que Nietzsche buscará a partir de Humano, dema- de arte», en FW 89, 99-100). Nietzsche no piensa, en
siado humano, que conservará algunas de las tesis una palabra, que la renovación de la cultura trágica
fundamentales del escrito sobre la tragedia, aparta- pueda producirse a través de una especie de rescate
das de la fe wagneriana propia de los primeros aiios estético de toda la existencia, que suponga eventual-
de Basilea. mente un final del arte como reino separado. La insu-
La paradójica mezcla de Kant y Wagner cn 1 1 ficiencia de una solución estética del problema de la
clusiones del escrito sobre la tragedia es sólo as as- /
un,On- decadencia será reconocida, en cambio, en Humano,
pecto de la dificultad más general de saber claramen- demasiado humano, como relacionada con una inac-
tualidad histórico-psicológica del arte para el hombre
te qué imaginaba Nietzsche, en concreto, por r e t o p o
-
- . . cultura trágica. Los otros escritos de- estos-
de.- una \ moderno, para quien la libertad del espíritu, y la
años, es decir, esencialmente el inédito Sobre la ver- misma manifestación del impulso dionisíaco, encuen-
dad y-la mentirá en sentido extramoral (en 111, 2, 353- tra ahora su lugar para desplegarse, más que en el
372) -en que Nietzsche hace un intento de teorización
específicamente «filosófica»,y que sin embargo dejará
arte, en la ciencia. U I
inacabado- y las Consideraciones intempestivas, es- 21. Cf. además del ya citado JANZ, Friedrich Nietzsche,
pecialmente la segunda y la tercera; pueden procurar- vols. I y 11, también el reciente estudio de M. MONTINARI, Nietz-
nos algunas indicaciones ulteriores, sin presentar. no sche contro Wagner: estate 1878, en R. Wagner y F. Nietzsche:
obstante, soluciones definitivas al Actas del seminario celebrado en el Goethe Institut de Turín
La histo- los días 10 y 11 de m a n o de 1983, a cargo de E. Fubini, Qua-
ria del alejamiento de Wagner, por otra parte, que derni di ~Musicae realtb, núm. 4, Unicopli, Milán, 1984,
",. .... . *- .
se consuma explícitamente con Haflano
---
----!.-. d e a a d o PP. 73-85. . ..--.-'.'.. '..
1.

i!*c.;,
<z+ -.
' ,,.
..
' .. $1
v t

J'
Mientras tanto, en las o
,<
es (del N c t - $ fluir de las i r n á g ~ ~ ePara
s . edificar la propia hurnani-
I mielttGiii 1 - tragedia's las C ¿..." !nes intempe~ da¿TTaci'ozl; fundada en la capacidad de «mentir e n
! * A
un estilo vinculante para todos» (ibid.), el hombre
tivas y al inédito Sobre la verdad y la mentira), el arte
debe olvidarse «a sí mismo en cuanto sujeto, y pre-
parece destinado a ejercer todo su poder de jus-
cisamente -en cuanto sujeto gtbfirlcam.ente creativo~
-- --.
cióii 'estética de la existencia también - y tal vez
sobre todo- en el marco de una civilización socrática.
f
(id., 365). ero en ninguna parte del escrito sostiene
N i e z s ~ h een base a estas constataciones, la necesi-

e
Uno de los rasgos fascinantes, pero también inquie- dad de restaurar un modo de libre inventiva metafó-
-.. tantes, del escrito Sobre la verdad y a mentira es

4
rica, sin re as canónicas y en definitiva sin sociedad y
' ,
justamente que, en-el plano genético, ietzsche dice
humanidad. Se puede hipotetizar, con razón, que uno
que el lenguaje socialmente establecidp, on sus reglas de los moti os del estado inacabado e inédito en que
y su £uncid; cognoscitiva, nació sólo como crig*a- Nietzsche ejó este ensayo es justamente la incerti-
ción arbjfxaia
-
*^-L
I L
(yGdo, con todo, también, al menos en dumbre y problematicidad de las conclusiones: en
la perspectiva de la Genealogía de la moral, a . f o r m ~ 5
efecto, si por una parte hay buenas razones para re-
de .las
. relaciones
- - .. - --dominido)
de . de cierto sistema de m-e-
- "---- lacionar el escrito Sobre la verdad y la mentira con
táforas
-..--.---- que, inventado libremenfe-.com5-cual&ier el discurso del Nacimiento de la tragedia en lo refe-
. -.-otro sistema de metáforas,. seL_impusoluego como el
rente al renacimiento de una cultura trágica mediante
públicamente válido de describir el mun- la recuperación del elemento dionisíaco que el socra-
..metáfora, indica-
tismo suprimió (y, del mismo modo, mediante la res-
no tienen nada-- tauración de la libre creatividad artística y 'del «domi-
's6cieda2d surge
nio del arte sobre la vida», UeWL, 2, 371), por la otra,
sobreTs
la cristalización de un sistema de metáforas en lengua-
je canónico de la verdad no hace, si bien se mira, más
to y aceptado de señalar metafóricamente las cosas que proseguir la misma tendencia a la «mentira»,a la
(es decir, de mentir). Desde ese momento, los distin- imposición de nombres, imágenes, metáforas sobre la
e tos sistemas metafóricos, tanto pasados como SLI~U-
«realidad» de las cosas, en que consiste el impulso rne-
ros, quedan reducidos al nivel de la «poesía»,o sea a1 tafórico originario. Sería contradictorio, desde el pun-
nivel de mentiras reconocidas como lalcs. Esta des-
to de vista de Nietzsche, condenar la abstracción y la
cripción «genética»,aunque sea ideal, del lenguaje, no fijación del lenguaje conceptual público en reglas en
da lugar, sin embargo, en Nietzsche, a una idcalización nombre de una mayor «fidelidad a lo real» por parte
de la condici-Ón de la libre inventiva metafórica, quc de la libre actividad metafórica. Y no sólo esto: tam-
en el caso de la canonización de un solo sistema de bién el impulso de mentir y de crear ilusiones se halla
metáforas se habría perdido. Por el contrario, sólo a arraigado en la necesidad de conservación, que en es-
través de la construcción de ese «conceptual juego de
tado natural se satisface en la lucha ilimitada entre
dados que se llama por otra parte "verdad w» (UeWL 1, los individuos y sus metáforas privadas; mientras
362), es decir, a través del establecimiento de un or- que el estado social responde a la misma exigencia
den jerárquico de conceptos abstractos, alejados no precisamente mediante la institución de reglas para
sólo de las cosas sino también de las impresiones «mentir» de modo estable. Muchos pasajes del breve
intuitivas inmediatas de los individuos, el hombre se escrito revelan que Nietzsche no subvaioraba en ab-
distingue del animal, absolutamente sumergido en el
soluto el significado emancipador que tuvo para el
hombre el nacimiento de un lenguaje regulado, de un uno para sentir la ciencia, otro para sentir la no cien-
-sistema de metáforas igual para todos. _Es verdad cia; que estén el uno junto al otro, sin confundirse,
separables, aislables: ésta es una exigencia de salud»
que «el intelecto, maestro en fingimientos, es libre y (MaM 1, 251, 179). Es, en términos más explícitos, la
esta al margen de su normal servicio de esclavo)?
sólo cuando «con gusto creativo mezcla las metáforas posición que se encuentra ya delineada en el escrito
y cambia de lugar los confines de la abstracción» Sobre la verdad y la mentira.
(UeWL 2, 370); pero se trata de la alegría del esclavo El renacimiento de la cultura trágica en que pien-
en las saturnales, de una momentánea suspensión de sa Nietzsche en sus escritos de juventud se configura,
las leyes, durante la cual se puede engañar «sin hacer pues, como una «revolución» en que el arte tiene una
daño» (ibid.). función decisiva, que, sin embargo, mientras que no
Volvemos a encontrar aquí, y de modo más com- queda suficientemente determinada en el escrito sobre
plejo porque son mayores las ambiciones filosóficas la tragedia, en las otras obras de los años inme-
sistemáticas de este texto, la misma probleniaticidad diatamente siguientes se precisa como vinculada gene-
de las conclusiones del escrito sobre la tragedia: ralmente a una función critica de la cultura.'Esta posi-
¿cómo se debe pensar el renacimiento de una cultura ción crítica de la cultura frente a la civilización de la
tra'gica? (Es de veras ésta la restauraciGn de la cxis- decadencia socrática no da lugar a la hipótesis de una
tencia griega, donde «el arte domina a la,vicia» (UcWL inversión revolucionaria; procura, en cambio, definirse
2, 371), y que, sin embargo, parecc entrafiar el riesgo, en términos distintos, y precisamente éste. es el senti- l

'l
a la luz del escrito Sobre la verdad y la nzentira, de do de las Consideraciones intempestivas. La noción
una recaída en el estado natural, en que la libcrlad misma de inactualidad en que insiste su títu o indica la
creativa va acompañada de la suprema inseguriclad pmblematicidad de esta relación: el pensa or inactual
de la existencia? ( O bien se confía tal renaciniicnto de que Nietzsche cree ser no trabaja por la fundación in-
10 trágico a una «exaltación» de la ficción dcl artc, en mediata de una cultura distinta en que sus tesis
que -la inteligencia celebra sus saturnales sin hacer podrían llegar a ser «actuales»;más bien trabaja c o n - ..
daño, y por tanto en la condición de seguridad que tra el tiempo, y de esta manera sobre el tiempo, y,
precisamente el sistema de las abstracciones I-ia con- esperemos, a favor de un tiempo venideron (UB TI,
tribuido a crear y mantener? pref., 261). Pero la posibilidad de que un tiempo por
venir modifique verdaderamente la posición del hom-
b) Lo intempestivo. Es más bien esta última la bre cultural ante la sociedad aparece en Nietzsche
dirección en que parece moverse el de como completamente injustificada: tanto la segunda
Nietzsche en los primeros años de Basilea, de manera Intempestiva, como sobre todo ese verdadero mani-
que Humano, demasiado httrnano, que inaugurará el fiesto sobre las relaciones entre sociedad y cultura
segundo y más maduro período de su filosofía (y mar- que constituye la tercera Intempestiva, Schopenhauer
cará el alejamiento de Wagner y Schopenhauer), no como educador, enfocan tales relaciones en términos
representa un cambio tan repentino e imprevisto. de alternativa radical entre Ktiítur y Zivilisation; dos
Humano, demasiado humano hablará de un «doble términos que Nietzsche contrapondrá explícitamente
cerebro» que «una cultura superior debe dar al hom- en sus notas del último período (cf. por ej., 16 [lo],
bre, algo así como dos compartimentos cerebrales, VIII, 3, 275), según la acepción que.tendrán en la KuZ-
turkritik alemana de principios del siglo xx." Tanto
la segunda como la tercera Intempestiva conclu n, no
con el delineamiento de una Zivilisation alternativa a
k fascinación se ha hecho sentir profundamente en el
pensamiento europeo del siglo xx (pensemos tan sólo
en Heidegger y en Walter Benjamin)? y no se trata
la decadente que conocemos y en que nos encontra- de un fenómeno marginal, si bien es cierto que mucha
mos, sino con la apelación a energías de Kultur que, filosofía importante de este siglo se ha construido en
dentro de esta Zivilisation, representen momentos polémica o en cualquier caso con referencia al histo-
«críticos»: tales son tanto las «potencias suprahistó- ricismo, que es el objetivo de la crítica de Nietzsche
ricas» o eternizadoras a las que apela la conclusión en este escrito. La problematicidad del significado de
de la segunda Intempestiva (UB 11, 10, 351 y SS.)cuan- la segunda Intempestiva en el conjunto de la obra
to las figuras del santo, del-artista y del filósofo a las nietzscheana consiste en el hecho de que es difícil ver
que Nietzsche considera, convel mismo espíritu, en en ella un punto de llegada, o una preparación de te-
'f
Schopenhauer como educador. odas estas figuras r e
presentan -juntamente con e arte wagneriano del
que Nietzsche luego acabará por separarse- los úni- J -7
sis sucesivas -por ejemplo, la doctrina del eterno re-
torno de lo igual- a las que sin embargo se la podría
vincular legítimamente. P,arece, en cambio, igualmente
cos modos de un renacimiento de la cultura trágica y tal vez más probable que _Nietzsche en sus obras A

'
en el mundo actual; son al mismo tiempo la concre- siguientes pulverizó progresivamente sus tesis antihis-
ción, pero también el diluirse y el principio de diso- toricistas de lo inactual en la historia, hasta el punto
lución, de la «metafísica de artista» delineada en El de que una de las llamadas notas de la locura (escrita
nacimiento de la tragedia. La segunda y tercera Con- en Turín a principios de enero de 1889) en donde dice,
sideración intempestiva, más que por su contenido entre otras cosas, que es «todos los nombres de la
teórico constructivo^ son importantes, en la produc- historian podría considerarse la lógica conclusión de
ción del primer Nietzsche, especialmente desde dos un itinerario de recuperación precisamente de ese
puntos de vista: por una parte abordan la disolución Historismus que es el objetivo de la polémica del es-
de la juvenil «metafísica de artista» exponiendo su crito de 1874.
única vía de desarrollo en una teoría de la Kultur Aparte de estos desarrollos, que veremos a conti-
coma-critica más que en un proyecto alternativo de- nuación, la segunda Intempestiva se presenta como la
Zivilisatio~,por la otra precisan ulteriormente las ob- primera crítica rigurosa, a finales del siglo XIX, de
jetivos.-deasta.crítica, sentando-las bases para el desa-
rrollo en sentido «desconstructivo» del pensamiento
del Nietzsche maduro.
La segunda Intempestiva, Sobre la utilidad y el
perjuicio' de la historia para la vida (1874))posee una
,- 4 uno de los rasgos dominantes de la cultura de ese si-
glo (junto con el cientificismo positivista, al que Nietz-
sche tiene ya por blanco en El nacimiento de la trage-
dia), el historicismo; no tanto en su forma metafísica
hegeliana cuanto en la forma del historiografismo, ca-
particular fascinación, pese al hecho de que, tanto racterístico de la educación del hombre decimonóni-
y más que otros escritos de Nietzsche, plantea proble-
mas mucho más numerosos que los que resuelve; tal 23. Para Heidegger, piénsese en el 76 de El ser y el tiempo
(1927) [trad. cast., FCE, México, 1951, pp. 423-427 -N. del t . ] . E n
Benjamin, la segunda Intempestiva es citada explícitamente en
22. Representativas de este tipo de pensamiento son las las Tesis de filosofía de la historia (trad. it. en la antología de
Consideraciones de un apolítico de Th. M A N N (1918) (trad. it. Angelus Novus, a cargo de R. Solmj, -~~X$Q-4976~)
de M. Marianelli, Bari, 1967) [hay también trad. castellana]. -1 .
W. BENJAMIN,
[hay trad. cast.]. .,/
.., .e
.--.
-.
-9: ?,.a --,
- .. - ,,<e,'.
a

. ~ '37
\
co Nietzsche parte de la constatación de que un hom-
br , o una_cultura,totalmente .consciente.de la «histo-

"P
rici ad» de sus acciones no tendría ning estímulo ni
capacidad para producir nueva historia. I-Iistórico es,
en efecto, lo que «resulta» de cuanto le ha precedido
!
I
: proceso histórico se mezclan indisolublemente en la
conciencia decimonónica:Un factor determinante de
la imposición de tal actitud espiritual es el enorme
desarrollo del conocimiento positivo de la historia pa-
sada, que se produce justamente en el siglo XIX; al
y está destinado a dejar su lugar a lo que seguirá: así- hombre de este siglo le es dado más material cognos-
pues, un puro y simple punto en una línea, que se in- >" citivo sobre el pagado que el que puede asimilar, di-
:. dividúa Únicamente en relación con los otros puntos; gerir: tal material pesa sobre el estómago y causa esa
esta relación, mientras que lo constituye,. también lo «falta de estilo» en que consiste propiamente la deca-
disuelve.[~uando la coñciencia histó&a-&mina a un dencia. En efecto, si los conocimientos sobre el pasa-
individuob, como en el caso del siglo XIX,a una cultu- do no se asimilan y digieren, interior y exterior ya no
ra, las fuerzas creativas decaen; parece insensato e se corresponden; las formas que el hombre del si-
, inútil dedicarse a construir lo que está destinado a glo XIX impone a sus propias producciones en las di-
p6recer dentro de poco, en el curso incontenible de la versas artes, tomándolas, como de hecho ocurre, de
9 historia. A este estado de imo Nietzsche lo denoind- un pasado considerado como una especie de reperto-
na «enfermedad histórica», rio y guardarropía de disfraces teatrales, no tienen
La enfermedad histórica está vinculgda, por una ninguna relación orgánica, necesaria, con su interiori-
5 los ~desáfro'llos;tarñ6ién en Hegel, dc la visibil dad. El exceso de conciencia y de conocimiento histó-
cristiana del mundo: el memenlo nzori de la religiosi- , rico es causa al mismo tiempo de la incapacidad de
dad medieval' se concentra, en el l~istoriograilsmode- , producir forrnas nuevas y de1 «remedio», aún peor
a

cimonónico, en una difusa conciencia epigonal, cpc no que el mal, para esta incapacidad. Vale decir el eclec-
cree que se pueda dar algo nuevo bajo el sol, y piensa ticismo historicizante.
que todo nace y perece sin que nada pueda haccrse Pero no es sólo el exceso de historiografía 10 que
para detenerlo (UB 11, 8, 324-325); el provjdencia1'ismo ha hecho madurar esta situación: el predominio de la
hegeliano, según Nietzsche, no es otra cosa que la mu- historia en la educación y en la cultura se encuentra
tación de tal epigonalismo en la pretensihn de encon- -. también*en una ---- relación
---- d i r e c a e g t e -funcional con-
trarse no en el final, sino en la culminacih del proce- I.-"la---formagion-.
- de la fueea de trabajo - socgl.
_" .___*
so histórico. É s t además,
~ aparece como un curso
racional de acontecimientos (y aquí tiene su parte tam- «Los hombres deben adaptarse a los objetivos de
bién Sócrates, que puso los cimientos de la posibilidad la época para poder realizarlos cuanto antes; deben
de ver el mundo, y también la historia, como una tota- trabajar en la fabricación de los medios generales an-
lidad racional) y en definitiva, según d i r j Benjamin, tes de estar maduros, incluso para que no se vuelvan
parafraseando a Nietzsche,24 como la «historia de los maduros en absoluto, ya que esto sería un lujo que
vencedores». Epigonalismo con visos de escepticismo arrebataría cierto contingente al "mercado de traba-
.! 1I y pretensión (hegeliana, positivista, evolucionista) de jo" [...]. El joven es obligado con el látigo a lo largo
x~ ( ser (los europeos del siglo XIX) el punto de llegada del de milenios: adolescentes que nada entienden de una
n
guerra, de una acción diplomática, de una política co-
24. Cf. las ya citadas Tesis de filosofía de la historia (te- mercial, son considerados dignos de que se los intro-
sis V I I I ) . duzca en la historia política. Pero así como el joven

38
corre por la historia, así nosotros, los modernos, co- «En tres aspectos le hace falta la historia a quien
rremos por las galerías de arte, así escuchamos los vive: le hace falta en cuanto que es activo y tiene as-
conciertos.» (UB 11, 7, 3 16-317.) piraciones, en cuanto que conserva y venera, en cuan-
to que sufre y tiene necesidad de liberación.» (UB 11,
Junto a esta función de preparación rápida de la
fuerza de trabajo, el historiografismo fomenta tam-
bién una función espectacular, que sirve de estímulo ! En estas tres exigencias se fundan las tres espe-
a la personalidad moderna debilitada por el exceso de cies de historia útiles a la vida; las mismas entrañan
conciencia histórica. también riesgos, que se combaten limitando cada uno
de los tres modos con la intervención de los otros dos.
«[El hambre moderno] se hace preparar continua- Pero junto con estos tres modos no perjudiciales de
mente por sus artistas de la historia la fiesta de una entrarhen relacion hi~torio~ráfica con el pasado (que
exposición universal; se ha convertido en un especta- sientan las bases de lo que será la «recuperación» del
dor itinerante y dispuesto al goce E...]: Aún no ha Historisnzus por parte del Nietzsche posterior, y a la
acabado la guerra cuando ya se convierte ésta en pa- que ya aludimos), lo que puede ayudar a la cultura
pel impreso en cien mil ejemplares y se la presenta -.-. '. a curarse de 'la enfermedad histórica y de la
actual
como novísimo estímulo del paladar extenuado de los decadencia es el recurso a las potencias suprahistóri- ,.
ávidos de historia.» (UB 11, 5, 295-296.)

Nietzsche entrevé de esta forma un rasgo caracte-


rístico de la cultura de masas que se desarrollará en
'1
cas, o eterni doras, del arte y la religión (cf. UB 11,
10; 351.y SS.). El recurso a estas potencias no se desa-
rrolla, con to o, en el escrito de Nietzsche, en una te-
sis teórica articulada; queda como pura apelación, y

t
e siglo xx.
Tales son los prejuicios que el exceso de historio-
g fía produce en una-sociedad;-la vida, e&efecto, tie-
nenecesidad de «olvido», de un h&izonte definido, de
cierto grado de inconsciencia. Esto no quiere de-
lo que resulta claro es que un aspecto decisivo de la
salida de la decadencia es la instauración de una rela-
ción vital con el pasado -anticuario, monumental,
crítico- que contribuya a una verdadera maduración
del individuo, en vez !de a su simple reducción a tra-
cir, sin embargo, que el conocimiento del pasado no bajador en el edificio social o a consumidor de espec-
tenga también una utilidad para la vida: es la utili- táculos. Pero frente a la claridad y perentoriedad de
dad
- aue se manifiesta en las tres
- _ _ & -. formas «~ositiviis» la pars destruens, la parte constructiva del escrito so-
bre la historia no presenta más que u conjunto de

1
e n ~ u NietZscle
e ve articularse el- e a u d 5 'histórico;
-.

la histo?iogrdía monumental, la historiografía anti- exigencias que quedan muy imprecisas.,


y la crítica. Ninguna de estas tres formas, irn- En el sentido de cultura entendida ' sencialmente
subrayarlo, coincide con la actitud dominante como crítica, más que como construcción articulada
en el historicismo decimonónico: efectivamente, nin- de un ideal alternativo de Zivilisntion, habla también
guna busca en el pasado un «curso lógico» de hechos, la tercera Intempestiva, sobre Schopenhnuer como
cuya iluminación sirva para justificar el presente, educador (aparecida a finales de 1874). Según reza su
para educar a la ftierza de trabajo, o para fomentar el título, no se trata de una exposición de la filosofía de
sentimiento del fluir de las cosas humanas Schopenhauer, sino de éste en tanto que pensador, y
(el memento moro. figura ejemplar -diríamos nosotros- de intelectual
de la sociedad de la época de Nietzsche. Schopen- que Nietzsche hace de la figura del filósofo, junto con
hauer es visto ante todo como la antítesis del sabio- la del poeta y la del santo, se expone como búsqueda y
funcionario estatal, del' profesor de universidad que, devoción de la verdad, aun cúando no sea la verdad
pagado por el Estado, no puede sino enseñar una filo- del científico, de quien el filósofo se distingue por la
sofía que no perturbe al Estado. Pero la filosofía, si se capacidad, que Nietzsche ve como una característica
cultiva con seriedad, es necesariamenté crítica de las esencial, de no limitarse a acumular conocimientos
. instituciones, y en cualquier caso produce ciudadanos particulares, sino de poseer, por el contrario, una «in-
que no se someten en modo alguno a los objetivos del tuición del todo», una especie de saber como «sabidu-
Estado; en consecuencia, la única «filosofía» que se ría» que afecta a toda la existencia.
enseña en la universidad es la historia de las opinio- El carácter central de este elemento crítico para el
nes filosóficas del pasado, posiblemente para suscitar renacimiento de una cultura trágica contribuye a dis-
en los estudiantes intolerancia y asco, exorcizando así tanciar el ideal de tal renacimiento del de la belleza
cualquier función educativa que pudiera tener en el dionisíaco-apolínea descrita en la segunda sección del
sentido de crítica de lo existente. La discusión sobre escrito Sobre la verdad y la mentira: la tercera In-
Schopenhauer se extiende de este modo a una visión tempestiva habla explícitamente de una belleza enten-
general Ide la relación entre cultura e instituciones: dida como «apacible cansancio crepuscular», que se
no sólo el Estado, sino también el mundo de la eco- cierne sobre los rasgos de quien ha tenido una «gran
nomía y de la ciencia, considerados como enemigos de iluminación sobre la existencia» (UB 111, 5, 406). Esta
la cultura, con una postura muy afín a la de Jacob belleza, que no es ciertamente la de la vida arrollado-
Burckhardt, a quien Nietzsche había conocido y trata- ra de lo dionisíaco recuperado, no es sin embargo
do personalmente en Basilea, y por quien ciertamente tampoco sólo la de una mirada nostálgica; resultan
fue influido.25 Sin embargo, es fácil ver cómo se vincu- instructivas, a este respecto, las páginas de la tercera
la coherentemente esta postura con las prernisas con- Intempestiva, donde Nietzsche describe d a s tres imá-
tenidas en El nacimiento de la tragedia y cómo reprc- genes del hombre que nuestra época ha erigido una
senta la desembocadura de las exigencias presentes en después de la otra, y de cuya visión los mortales ex-
aquella obra y en la segunda Intempestiva. Más explí- traerán aún durante mucho tiempo el impulso para
citamente que esta última, el escrito sobre Schopcn- una transfiguración de su vida: el hombre de Rous-
hauer acentúa la impresión de que el renacimiento de seau, el hombre de Goethe y por último el hombre de
la cultura trágica es para Nietzsche algo que tiene que Schopenhauer~(UB 111, 4, 393-394). El primero es el
3
ver tanto con un renacimiento del arte (y probablemen- que apela impulsivamente a su propia naturaleza san-
.te también del mlto, de la religión) cuanto con un po- ta para romper los vínculos y cadenas de todo tipo,
tenciamiento de la capacidad critica contra lo existen- y que inspira por tanto las revoluciones; el hombre de
te,
... .
una crítica que, como se ve, aquí en la exaltación Goethe es en cambio el que «odia toda violencia, todo
salto, lo que no osbtante quiere decir toda acción; y
25. Las Reflexiones sobre la historia universal, de J. BURCK- de este modo el liberador del mundo, Fausto, llega a
HARDT fueron publicadas póstumamente por su alumno y sobri-
no Jacob Oeri (1905) [hay trad. cast.]; pero fueron tema de los ser casi solamente uno que viaja por el mundo»
cursos universitarios de Burckhardt en Basilea desde 1868. (UB III, 4, 395); es «el hombre contemplativo al gran
Nietzsche las conocía con seguridad, al menos en esta forma estilo, que no languidece sobre la tierra sólo porque
Friedrich Nietzsche, cit., 11, pp. 63 y 97).
(cf., al respecto, JANZ,
recoge para alimentarse todo lo que de grande y me- mente volviendo a pensar el significado de las ciencias
morable ha habi,do y aún hay en ella» (ibid., 396). Asi y de la historia (ya sea como formas de saber, ya en
como el hombre de Rousseau corre siempre el riesgo sus implicaciones para la organización de la sociedad)
de convertirse en «un catilinaria», el de Goethe está y redefinirá en relación con ellas su propia concepción
siempre a punto de convertirse en un filisteo (ibid., l
de los cometidos de la filosofía.
396). «El hombre de Schopenhauer», en cambio, «asu-
me sobre sí el dolor voluntario de la veracidad»
1
1
1
(ibid.). Es lo que podríamos llamar también el autén-
tico espíritu critico, que se esfuerza por «conocer
todo», como el hombre de Goethe, pero por un amor
I1
heroico de la verdad que lo obliga incluso al propio l
I
sacrificio. I
Como ya ocurría en la conclusión del Nacimiento
de la tragedia y de la segunda Intempestiva, también 1
!
aquí el ideal ((positivo», aunque característicamente f

cargado de aspectos ascético-heroicos, no resulta tan i


sistemáticamente definido. Pero es de destacar que,
junto con la insistencia sobre la contraposición entre
filosofía y toda forrna de institucionalidad, y junto -.
con la polémica contra la ciencia como asunto de es-
pecialistas privados de una visión abarcadora del
mundo, se abra paso, precisamente respecto de la
ciencia, una atención que se desarrollará en Humano, I

demasiado humano: frente a la vacuidad, al dogma- I


tismo, a la oscuridad de la filosofía académica, Nietz-
sche reconoce que «en las ciencias individuales se es
hoy sin duda más lógico, cauto, modesto, genial; en
resumen, se es mucho más filósofo que los llamados fi-

a
lósofos» (UB 111, 8,450). Aún m's en general -aunque
se trata sólo de una alusión- Nietzsche parece reco-
nocer que los adversarios a q ienes la filosofía se en-
frenta y con quienes debe saldar cuentas pendientes
1
1

1
l
1
(la filosofía buena no menos que la ala, tal vez) son
las ciencias naturales y la historia. on todos los 1í-
mites que estos ámbitos del saber pr entan, también
es cierto del pensamiento del mismo Nietzsche que,
en el periodo que se abre con Humano, demasiado
li
i

humano, dicho pensamiento se desarrollará precisa-


!
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44 45
1

Capitulo 2 1

l LA DESCONSTRUCCION DE LA METAFÍSICA
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1. ARTE Y CIENCIA -.. , ,
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EN HUMANO, DEMASIADO HUMANO


1
Ya se ha aludido al hecho de que, sobre todo a par-
l
tir de la publicación del Nietzsche de Heidegger en
1
1961, el estudio de Nietzsche se ha centrado especial-
mente en las obras del último período de su vida y en 1

1
los fragmentos póstumos que, al menos en cierto mo-
1
I mento, pensó reunir en una obra orgánica bajo el tí-
I
tulo de La voluntad de poder. Son éstos los escritos 1
1
I donde se anuncian las grandes tesis ontológicas de
1 Nietzsche, los que Heidegger llama sus Haupttite2.l
i
I
l
Pero cierto alejamiento de la interpretación de Hei-
degger que ha madurado en los últimos años en la
1

Nietzsche-Literatur induce a reconsiderar el problema 1

bajo otra luz; vale decir, en el sentido de reconocer


1
que las tesis filosóficas características de Nietzsche, in-
cluso aquellas en que se centra más la atención hei- l

deggeriana, adquieren su significación, tanto para su l

biografía intelectual como para la imagen que de él


/
nos podamos formar sus lectores, sólo en relación con
el trabajo de «crítica de la cultura» que se lleva a 1

cabo en las obras del que se acostumbra a considerar


i como período «medio» de su producción? Los co-
1

mienzos «filológicos»de la actividad de Nietzsche no


1
1. Cf. M. HEIDEGGER, Nietzsche, cit., vol. 11, pp. 259-260.
2. Sobre la cuestión de la periodización de la obra de
Nietzsche, cf. más adelante el principio de la tercera parte.
funcionarían por lo mismo en él solamente, o sobre rece dominar aún una adhesión total a la metafísica
todo, a nivel de «método» (incluso lo que el Nietzsche de Schopenhauer, y también cierta heterogeneidad de
de los últimos años denomina «filosofar con el marti- posiciones sin resolver.3 Humano, demasiado humano
llo» es un eco de esta educación filológica; no se trata, es el escrito que señala con claridad la transición a la
en efecto, de romper, sino de probar y auscultar, to- nueva fase y, sintomáticamente, el que confirma la
cando los ídolos con el martillo, como un diapasón: ruptura de Nietzsche con Wagner.
GD pref., 28), sino sobre todo a nivel de una estrecha Lo que en aquella obra llamó de inmediato la aten-
conexión entre elaboración de tesis filosóficas y críti- ción de Wagner, y que incluso para el lector de hoy
ca de la cultura. De esta conexión -que probablemen- resulta el elemento inmediatamente nuevo respecto
te puede asumirse como rasgo característico de mu- de los escritos precedentes, es la nueva postura de
cha filosofía contemporánea, y especialmente de la Nietzsche ante el arte. De la misma hay ya anticipa-
línea hermenéutica del pensamiento de nuestro siglo- ciones en los escritos de los primeros años de Basi-
es expresión emblemática la idea de nihilismo; que es lea, como se ha visto: pero se trata de elementos
una de las tesis «metafísicas» del último Nietzsche y marginales, e incluso la tercera Intempestiva piensa
que sin embargo, inseparablemente, es también un la ciencia como uno de los grandes enemigos de la
determinado esquema interpretativo de la historia del verdadera cultura. En Humano, demasiado humano,
pensamiento europeo. El interés peculiar de las obras en cambio, el cuadro parece transformarse radical-
de Nietzsche de los últimos años de Basilea y luego de mente: no más «metafísica de artista», no más la
sus primeros años de vagabundeo 'de «jubilado»-des- esperanza de que el arte sea la fuerza que puede hacer-
de el primer volumen de Humano, demasiado humano nos salir de la decadencia; la noción misma de deca-
hasta los comienzos de Zaratustra- consiste en la dencia se hace problemática, como se vuelve proble-
maduración de tesis ontológicas en relación con la mático el juicio de condena global de la civilización
crítica de la cultura, en una conexión característica y moderna. En Humano, demasiado humano, que en su
cargada de significado filosófico. Por tal motivo, se primera edición lleva una dedicatoria a Voltaire, Nietz-
puede incluso sostener con buenas razones que la do- sche adopta una actitud por lo general «ilustrada»,
minante atención filosófica por los escritos del último aunque al analizarlo' mejor se descubren razones de
Nietzsche es excesiva y supone el riesgo de dejar esca- una diferencia sustancial con la Ilustración, en par-
par el significado más propio de la filosofía nietzschea- ticular por lo que se refiere a la fe en el progreso.
na: ésta vive totalmente en el nexo, que hay que vol- En la determinación de estas nuevas posturas tie-
ver a estudiar constantemente, entre reflexión sobre el nen un peso decisivo los nuevos conocimientos y lectu-
curso de la civilización europea y meditación sobre ras del período de Basilea, y la experiencia ~wagneria-
el ser. El nexo entre filosofía y crítica de la civilización na». Ésta había encontrado su sistemación más eleva-
se encontraba ya claramente presente en las obras da, no exenta de implícitos puntos críticos, en la cuar-
de juventud, como lo demuestra el significzdo que
adquiere en El nacimiento de la tragedia el dualismo 3. Véase cuanto escribe el mismo N I ~ S C HenE el «Ensayo
de dionisiaco y apolíneo. Pero en las obras del segun- de autocritican que constituye el prefacio de la nueva edición,
do período, la filosofía de Nietzsche adquiere una en 1886, del Nacimiento de la tragedia. Cf. también las observa-
consistencia original que falta, o al menos es aún ciones de Colli y Montinari en la nota conclusiva del vol. 111, 2,
de las Obras, en la parte que se refiere al escrito Sobre la ver-
POCO visible, en los escritos juveniles, en los que pa- dad y la mentira, pp. 387-388.

1. 48 49 . ,
4.
I
1 ta Intempestiva, Richard Wagner en Bayreuth (apare- fía natural de Boscovich; después, historias de la
1. cida en 1876). En sus relaciones con Wagner y el
wagnerismo, Nietzsche va descubriendo en el plano
química, tratados de física; además, Die. Natur der
Kometen, de F. Zoellner (aparecido en 1871; Nietzsche
práctico la imposibilidad de realización de un pro- lo lee en 1872))y los escritos de L. Rütimeyer, un pa-
yecto de renacimiento de la cultura trágica que debe- leontólogo neolamarckiano, colega suyo en la univer-
ría basarse en el desarrollo de lo más importante de ~ i ~ d a Relevantes,
d.~ para la orientación que sigue el
la obra wagneriana: la experiencia del Festspielhaus pensamiento nietzscheano a partir de Humano, dema-
de Bayreuth, que Wagner proyecta y realiza (en 1876) siano humano, son también las lecturas que configu-
como lugar de irradiación de su obra, pone a Nietz- ran un interés por el análisis «positivo» del hombre
sche frente a todos los límites de tal empresa de «re- y de la cultura: de las Primitivas culturas de Tylor
volución estética^.^ Pero la experiencia del cwagneris- (una de las obras que inauguran la antropología cul-
mo real», como podríamos llamarla (con todos los tural hacia finales del siglo XIX; publicada en 1871,
componentes, personales y personalísimos, que juegan Nietzsche la lee en 1875) a los grandes moralistas fran-
en Nietzsche), es sólo uno de los aspectos del proceso ceses: Montaigne, La Rochefoucauld, Chamfort, Fon-
de maduración de Nietzsche en los años de Basilea; tenelle y PascalP
junto con ella, mucho más importantes, están las nue- Lo que resulta de todos estos nuevos estímulos a
vas amistades y sus nuevos contactos culturales: por los que Nietzsche se expone se puede leer en las obras
una parte, ante todo, la estrecha amistad con el his- de los años sucesivos, de Humano; demasiado humano
toriador y teólogo Franz Overbeck, el amigo más a Aurora y a La gaya ciencia; pero se puede resumir
constante y fiel de Nietzsche hasta los días de la lo- esquemáticamente como fin de la «metafísica de ar-
cura de Turín (es Overbeck quien va a buscar a Nietz- t i s t a ~ ,problematización del concepto de decadencia,
sche a Turín en enero de 1889, cuando la demencia ya nueva configuración de las relaciones entre arte, cien-
se ha manifestado, para volver a llevarlo a Suiza); el cia, civilización y renuncia al ideal de un renacimien-
conocimiento personal de Jacob Burckhardt, que sin to de la cultura trágica.
duda influye de modo decisivo ya sea en las tesis de El arte tiene, a los ojos del Nietzsche de Humano,
la segunda Intempestiva, ya en el redimencionamiento demasiado humano, el defecto de representar una fase
de las esperanzas que Nietzsche ponía en un renaci- «superada»de la educación de la humanidad, pensada
miento de la cultura trágica. Basilea representa tam- como un proceso de ilustración en el que el papel do-
bien una ocasión para relaciones más intensas, en el minante, en la actualidad, corresponde a la ciencia:
plano de las lecturas, con las ciencias de la natura-
leza: los biógrafos de Nietzsche han documentado el «El arte como nigromante. El arte cumple secun-
vivo interés que manifiesta en este período por la dariamente el deber de conservar e incluso de prestar
lectura de obras científicas: entre 1873 y 1874 pide nuevos colores a concepciones apagadas, desteñidas;
reiteradamente en préstamo a la biblioteca la Filoso-
5. Sobre la necesidad que Nietzsche siente en el período de
4. Cf. el anAlisis de la cuarta Intempestiva, y todas las con- Basilea de formarse una cultura científica, cf., por ejemplo,
sideraciones sobre el significado que tuvo para Nietzsche la ex- JANZ, Friedrich Nietzsche, cit., vol. 11, pp. 43-44. C f . también
periencia del primer Festival de Bayreuth, en JANZ, Friedrich K. SCHLECHTA - A. A NDERS , Nietzsche, Stuttgart, 1962.
Nietzsche, cit., vol. 11, pp. 345 y SS. 6. C f . A NDLER, Nietzsche, cit., vol. 1, pp. lD5=175,Y.,W. D.
WILLIAMS, Nietzsche and the French, Oxford, 1952, 1-- :::

51-
cuando lleva a cabo este deber, establece un vínculo violentas, de la creencia en dioses y divinidades, en
con épocas diferentes y hace que sus espíritus vuel- que la ciencia, como forma de saber, no tenía parti-
van. En realidad, la vida que surge de tal modo es cipación (cf. MaM r, 159, 127). Lo que vuelve intempes-
sólo una vida de fantasma que sale de su tumba, o tivo al arte (y ciertamente Nietzsche piensa también
como el regreso en sueños de muertos queridos; pero en el arte wagneriano) no es tanto la confrontación abs-
al menos por algunos instantes el antiguo sentirnien- tracta con la ciencia, como forma de saber más verda-
to vuelve a despertarse y el corazón late con un ritmo dera y completa, cuanto el cambio de las condiciones
ya olvidado. Ahora bien, por este cometido general del generales de la sociedad, cambio sin duda ligado tam-
arte se debe perdonar al artista el hecho de que no bién a la afirmación de la ciencia, por el que se crea
figure en las primeras filas de la ilustración y de la una situación en que el arte se presenta como un he-
progresiva, viril educación de la humanidad: ha sido cho del pasado. De este cambio de la sociedad forma
durante toda su vida un niño, un jovencito, y se ha parte también aquello de lo que habla una página del
detenido en el punto en que lo ha sorprendido su im- segundo volumen de Humano, demasiado humano, el
pulso artístico; los sentimientos de las primeras eta- aforismo 170 de El viajero y su sombra, sobre «El arte
pas de la vida están, sin embargo, según cree, más en la época del trabajo». Aquí, «lo más general, aque-
cerca de los de las épocas pasadas que de los del siglo llo por lo que se transforma la posición del arte res-
presente. Involuntariamente, su deber se convierte en pecto de la vida» se localiza en el imponerse de una
el de hacer que la humanidad vuelva a su niñez; ésta organización social basada en el trabajo, en la que
es su gloria y su límite.» (MaM 1, 147, 122.) se reserva al arte sólo el «tiempo libren, que resulta
ser, además, el tiempo del cansancio y del esparci- .
A una perspectiva similar se refiere también el afo- miento: de aquí la necesidad, para el arte, de vulga-
rismo precedente, el 146, en el que se imputa al artis- rizarse; también el gran arte, para mantener despierta
1 ta una «moralidad más débil» que la del pensador en la atención del piiblico que le dedica sólo las horas
lo concerniente al conocimiento de la verdad: el ar- nocturnas, debe recurrir a excitaciones, «aturdirnien-
tista, para conservar las condiciones que hagan su arte tos, embriagueces, conmociones, convulsiones lacri-
eficaz, tiene necesidad de mantener viva una interpre- rnógenas» (WS 170, 202-203). Muchos de estos rasgos
taci6n sustancialmente mítica de la existencia, con to- son también los que Nietzsche reprochará a la obra
dos sus corolarios: emotividad, sentido de lo simbó- wagneriana en sus escritos más tardíos.
lico, apertura a lo fantástico; y para él, la continuidad Aunque no significa una gran diferencia por
de tal visión de la vida es «más importante que la de- lo que se refiere a los resultados, es de notar el hecho
dicación científica a la verdad en todas sus formas, de que Nietzsche no toma partido por la ciencia contra
por desnuda que pueda presentarse». Esta actitud el arte por puras y generales razones gnoseológicas (la
regresiva del artista ni siquiera está muy, o exclusi- ciencia conoce, el arte simboliza y fantasea); sino por
vamente, ligada al hecho de que el arte deba necesa- razones de «crítica de la cultura», podría decirse: el
riamente cubrir con «símbolos» la verdad de las co- arte, para influir en los espíritus, necesita un mundo
sas; más bien lo está al hecho de que, para desarrollar que ya no es el nuestro; si quiere mantenerse en nues-
Ia propia acción, el arte necesita cierto mundo, cierta tro mundo, debe recurrir al pasado, recrear artificial-
cultura: las épocas y los mundos en que el arte flore- mente hoy las condiciones que lo hacían actual en
cía del modo más lozano son los de las emociones otras épocas; y estas condiciones no resultan caracte-
52
rizadas tanto en términos de mayor o menor objetivi- sólo «gradual y progresivamente iluminar la historia
dad del conocimiento, cuanto en términos de violen- del nacimiento de dicho mundo como representación;
cia de las emociones, mutabilidad de los estados aní- y elevarnos, al menos por algunos momentos, por en-
micos, impetuosidad e irracionalismo infantil (cf. el cima de todo el proceso» (MaM1, 16,27).
af. 159 de MaM 1, cit.). Así pues, si también la ciencia se mueve en el ám-
Coherentemente con todo esto, tampoco la ciencia bito de la representación, de los errores consolidados
es apreciada por Nietzsche, en Humano, demasiado en la historia de los seres vivos y del hombre, no
humano, en tanto que conocimiento objetivo de la habrá que buscar su diferencia respecto del arte en su
realidad, sino porque, por las actitudes espirituales mayor verdad y objetividad. Ya en Humano, demasia-
que entraña, constituye la base de una civilización do humano, y luego, cada vez con mayor claridad, en
más madura, en definitiva menos violenta y pasional. Aurora y en La gaya ciencia, la ciencia funciona más
En ninguna página de Humano, demasiado humano bien como un modelo y un ideal metódico; como acti-
atribuye Nietzsche a la ciencia la capacidad de pro- vidad capaz de inducir una determinada actitud psi-
porcionar un conocimiento objetivo de las cosas. Así, cológica, que se valora con independencia de los resul-
el aforismo 19 expone los errores y supuestos arbitra- tados estrictamente cognoscitivos. Con toda probabi-
rios en que se fundamenta la posibilidad de numerar lidad, es al hombre de ciencia a quien se debe aplicar
y calcular (y por lo mismo, la estructura matemática lo que Nietzsche escribe en los aforismos 501 y 547 de
de las ciencias de la naturaleza). La validez de las pro- Aurora: que el conocimiento, para nosotros y para las
posiciones científicas no queda, con esto, cuestionada, generaciones futuras, ya no se debe pensar como algo
porque los errores sobre los que se fundan nuestros de lo que dependa el destino del alma que se dedica
cálculos son más o menos constantes; Nictzsche ape- a él; queda así abierto el camino hacia ese gran tra-
la aquí a Rant, a quien interpreta en scntido radical- bajo de colaboración, y de atención a los hechos
mente fenomenístico, reduciendo drásticaincnte las CS- mínimos, a los matices, es decir, a todos esos fenóme-
tructuras trascendentales al «compendio dc una mul- nos, diríamos nosotros, de los que depende el desa-
titud de errores del intelecto». En estos errores se rrollo de las ciencias positivas y especializadas. cl'iQué
basa la representación del mundo que tenemos, y so- importa de mí! ", está escrito en la puerta del pensa-
bre la que trabaja incluso la ciencia: «lo que nosotros dor futuro» (M 547, 258). La creencia en la inmorta-
ahora llamamos el mundo es el resultado dc una can- lidad del alma, propia de épocas pasadas, hacía depen-
tidad de errores y fantasías que han surgido paulati- der la salvación eterna del conocimiento de la verdad
namente en la evolución general de los scres orgáni- de las cosas; pero hoy, cuando tal creencia ha llegado
cos C.. .l. De este mundo de la representación la seve- a su ocaso, el enigma de la realidad no debe resolver- 1

ra ciencia puede en realidad liberamos sólo en peque- se por parte de cada uno de manera apresurada: la
ña medida - y por otra parte no es esto en absoluto humanidad «puede dirigir su mirada a tareas tan gran-
algo deseable- en cuando que no puede quebrantar diosas que a las épocas pasadas les habría parecido
esencialmente el poder de antiquísimos hábitos de la un desatino y un juego con el cielo y el infierno»
sensación»; no puede, pues, conducirnos más allá de (M 501, 239).
la apariencia, a la cosa en sí, que, más bien, piensa Con el mismo horizonte de pensamientos y expec-
Nietzsche en contra de Schopenhauer y de Kant, «es tativas se vincula la última sección de Humano, demn-
digna de una carcajada homérica~.La ciencia puede siado humano (pensamos especialmente ,.-*en _el- $2
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mo 635): aquí resulta claro que Nietzsche no espera 157), si bien en el contexto de este aforismo la justifi-
de la ciencia una imagen del mundo más verdadera, cación explícita de la tesis es más limitada: el arte
sino más bien un modelo de pensamiento no fanático, nos ha habituado entre otras cosas «a obtener placer
atento a los procedimientos, sobrio, «objetivo» sólo en de la existencia, a considerar la vida humana como un
el sentido de que es capaz de juzgar al margen del trozo de naturaleza, sin dejarnos transportar dernasia-
más inmediato apremio de intereses y pasiones: el do, y como objeto de un desarrollo necesario» (ibid.).
modelo de lo que llamará también «espíritu libre*. Estas actitudes vuelven con la necesidad de conoci-
Pero todo esto, precisamente, vuelve un tanto am- miento del hombre científico; en él revive, de forma
biguo el razonamiento sobre el arte como fenómeno más desarrollada, el interés y el placer con que el arte
del pasado, y anima el cuadro «ilustrado» de la gno- durante siglos nos ha enseñado a contemplar la vida
seología de Nietzsche en estas obras. Tal ambigüedad en todas sus manifestaciones. Es el interés y el pla-
se puede rastrear en una serie de temas que aparecen cer que sentimos por el proceso de errores del que
en Humano, demasiado humano y se refuerzan en los nace el mundo de la representación, elevándonos un
escritos siguientes. Se ha visto, en efecto, que arte y instante por encima de él. Esta larga educación a tra-
ciencia no se distinguen porque uno sea un puro jue- vés del arte ha preparado la ciencia y el espíritu libre;
go de la fantasía y la otra frío conocimiento de las co- y por ello debemos sentimos agradecidos al arte.
sas como son, sino porque en la ciencia se produce
una actitud de mayor libertad, equilibrio, sobriedad «Nuestra última gratitud al arte. Si no hubiéramos
del hombre ante el mundo. Todos estos aspectos, sin tolerado las artes ni ideado este tipo de culto de lo
embargo, son también aspectos esenciales de la acti- no verdadero, el conocimiento de la no verdad y men-
tud estética. Por ejemplo: la conclusión del aforis- tira universales que nos proporciona hoy la ciencia
mo 16 de Humano: demasiado humano dice que la -el reconocimiento de la ilusón y del error como
ciencia no puede liberamos del mundo de la represen- condiciones de la existencia cognoscitiva y sensible-
tación, resultado de una larga historia de errores que no sería en absoluto soportable. Las consecuencias
han llegado a ser connaturales al hombre, sino sólo de la honradez serían la náusea y el suicidio. Sin em-
«elevarnos, al menos por algunos momentos, por enci- bargo, nuestra honestidad tiene una fuerza de signo
ma de todo el proceso», haciéndonos comprender que contrario que nos ayuda a eludir tales consecuencias:
la c o s a en sí», con que soñaban Kant y Schopen- el arte entendido como la buena voluntad de la apa-
hauer, es tal vez «digna de una carcajada l.iomérica» riencia. No siempre impedimos a nuestro ojo redon-
(MaM 1, 16, 27). Esta carcajada de quien se eleva du- dear debidamente,.crear formas poéticas definidas: y
rante un instante por encima del proceso de errores entonces no es ya el eterno inacabado lo que transpor-
del que nace el mundo de la representación es la mis- tamos al flujo del devenir; porque pensamos trans-
ma a la que se refiere el aforismo siguiente, el 213: portar una diosa, y nos sentimos orgullosos y como
aquí la risa la provoca el momentáneo placer del ab- niños en este servicio que le rendimos. En cuanto fe-
II surdo que produce el arte, suspendiendo por un mo- i1 nómeno estético, nos es aún soportable la existencia,
mento las férreas leyes de la representación habitual y mediante el arte se nos conceden el ojo, la mano y
del mundo. Sobre esta base se puede comprender la sobre todo la buena conciencia de poder hacer por no-
afirmación de Nietzsche de que «el hombre científico sotros mismos semejante fenómeno. iDebemos, de vez
es la evolución del hombre artístico» (MaM 1, 222, t en cuando, descansar del peso de nosotros mismos,

56 57
volviendo la mirada allá abajo, sobre nosotros, riendo do de la representación, y no sólo el mundo del arte,
y llorando sobre nosotros mismos desde una distan- tiene ahora la «positividad» de las representaciones
cia de artistas: debemos descubrir al héroe y también artísticas de que hablaba El nacimiento de Ea trage-
al juglar que se oculta en nuestra pasión 'de conoci- dia. Paradójicamente, esta generalización de la apa-
miento; debemos, alguna vez, alegrarnos de nuestra lo- riencia ( d a cosa en sí es digna de una carcajada ho-
cura para poder estar contentos de nuestra sabidu- mérica») produce también una alianza entre ciencia y
ría! Y justamente porque en última instancia somos arte: a la ciencia corresponden tanto el conocimiento
graves y serios y más bien pesos que hombres, no metódico del mundo de la representación cuanto el
hay nada que nos haga tanto bien como la gorra del conocimiento del proceso a través del cual este mun-
granujilla: la necesitamos para nosotros mismos do se constituye (y por tanto la conciencia del error);
-todo arte arrogante, vacilante, danzante, burlesco, al arte corresponde la tarea de mantener con vida al
infantil y bienaventurado nos es necesario para no héroe y al juglar que hay en nosotros, ayudando a la
perder esa libertad sobre las cosas que nuestro ideal ciencia a soportar la conciencia del error necesario.
nos exige. Sería para nosotros una recaída dar preci- Esta conciencia del error necesario distingue la con-
samente con nuestra susceptible honestidad en el cepción nietzscheana de la ciencia de la del positivis-
mismo centro de la moral y por amor de exigencias mo: y representa, más aún que los resultados cognos-
más que severas, puestas en este punto en nosotros citivos individuales, el significado de la ciencia para
mismos, volvernos también nosotros monstruos y es- el progreso humano: la ciencia es más madura que el
pantajos de virtud. ¡Debemos estar por encima inclu- arte precisamente porque recoge y desarrolla la he-
so de la moral: y no sólo estarnos ahí arriba empala- rencia del arte mismo. La relación de arte y ciencia,
dos, con la angustiosa rigidez de quien teme a cada como Nietzsche la piensa en Humano, demasiado
momento resbalar y caer, sino, además, flotar y jugar humano y en las obras siguientes del mismo período,
sobre ella! ¿Cómo podríamos, por ello, prescindir del queda bien resumida en la imagen del «doble ce-
arte, e incluso del juglar? ¡Mientras continuéis expe- rebro»:
rimentando de algún modo vergiienza de vosotros mis-
mos, no estaréis entre nosotros!» (FW 107, 115-116.) «Una cultura superior debe dar al hombre un
doble cerebro, algo así como dos cámaras cerebrales,
Reaparece aquí, entre otras cosas, un tema caro al una para sentir la ciencia, otra para sentir la no cien-
Nacimiento de Ea tragedia: el arte como sola fuerza cia; que estén la una junto a la otra, sin confusión,
capaz de hacer soportable la existencia. Pero el signi- separables, aislables: ésta es una exigencia de salud.
ficado es, aquí, profundamente distinto: ya no se tra- En un campo se encuentra la fuente de energía, en el
ta, schopenhauerianamente, de huir del caos de la vo- otro el regulador: con ilusiones, parcialidades y pasio-
luntad, en un mundo de formas definidas y sin em- nes es preciso dar calor; con la ayuda de la ciencia
bargo sustraído a la lucha por la vida, que domina el cognoscitiva hay que evitar las malas y peligrosas con-
mundo de la representación. Se trata, por el contra- secuencias de un exceso de calor.» (MaM 1, 251, 179.)
"rio, de volver tolerable la conciencia de la inelucta-
bilidad del error sobre el que se basan vida y cono- No se trata nunca, ni aquí ni en los textos citados
cimiento, reconociendo que él es la única fuente de la más arriba, de una división de ámbitos, ni de dis-
, belleza y abundancia de la existencia. Todo el mun- - . .., ,.$;-.
,.-.-.
tintos «modos» de aproximación a lo real; ,,.~ie@i&-.~-.
--_ _ -.
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.,
59.:..;
m-
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- I.
58 i
arte son complementarios en la definición de una ac- res?» (MaM I, 1, 15). Es justamente lo que habfan tra-
titud madura del hombre ante el mundo; y si, obser- tado de hacer los filósofos más antiguos, antes del
vados en el plano de la sincronía y de la actualidad, nacimiento de la metafísica, cuando buscaban los ele-
parecen caracterizarse el uno como fuente de energía, mentos simples de las cosas, capaces de explicar su va-
la otra como regulador, su nexo más profundo viene riedad y'multiplicidad por su diferente composición.
dado por su origen común, el que hace que la ciencia La metafísica que después se afirmó en la cultura eu-
sea sólo resultado de una evolución, más madura, ropea ha negado que las cosas puedan derivarse de su
con cuyo impulso se origina también el arte. Y, como contrario; así, ha supuesto, por ejemplo, que los valo-
se verá dentro de poco, el punto de vista estructural res considerados «superiores» no podían más que ve-
tiene para Nietzsche una importancia incomparable- nir de lo alto, de una misteriosa «cosa en sí».
mente menor que el genealógico o genético.
1
«Por el contrario, la filosofía histórica, que no se
puede pensar separada de las ciencias naturales, y es
1 el más reciente de todos los métodos filosóficos, ha
2 . LA AUTOSUPRESIdN DE LA MORAL comprobado en casos particulares (y tal será presu-
miblemente su resultado en todos los casos), que esas
Si bien, como se ha visto, la contraposición entre cosas no son opuestas, sino en la acostumbrada exa-
ciencia y arte no es tampoco en Humano, demasiado
humano tan total y radical como podría parecer a pri-
! geración de la concepción popular o metafísica [...];
según su explicación, no existe, para ser rigurosos, ni
II
mera vista, verdad es que lo que Nietzsche considera un obrar altruista ni una contemplación plenamente
ahora su rnisióntno~es ya el renacimiento de una' cul- desinteresada; ambas cosas son sólo sublimaciones en
tura trágica, fundamentada en el arte y la reanuda- las que el elemento básico se presenta casi volatilizado
ción, en cierto sentido, del mito. De las figuras que y se revela como aún existente sólo a la observación
«Schopenhauer como educador» señalaba como posi- más sutil.» (MaM 1, 1, 15.)
bles «redentoras» de la cultura, el santo y el artis$
pasan decididamente a segundo plano, y permanece La filosofía «histórica» que trabaja con el método
como central la figura del filósofo, que trabaja con un de la «química» es aquel saber que, como dice el afo-
método y un espíritu afines a los del científico. Lo que rismo 16 de Humano, demasiado humano, «ilumina
Nietzsche quiere hacer en Humano, demasiado huma- gradual y progresivamente» la historia del mundo
no, volviendo, en cierto sentido, a la época trágica como representación y nos eleva «por algunos mo-
de los griegos, es construir una «química de las ideas mentos, por encima de todo el proceso)). Aunque s61o
y de los sentimientos» (como reza el título del primer Aurora lleva en su subtítulo una explícita alusión a
los «prejuicios morales», toda la «desconstrucción» 4
aforismo de la obra), devolviendo los problemas filosó-
ficos a la «misma forma interrogativa de hace dos mil
años: ¿cómo puede algo nacer de su contrario, por 7. El término «desconstrucción» ha adquirido un significa-
ejemplo lo racional de lo irracional, lo que siente de do específico en la filosofía y la crítica literaria de hoy: sobre
lo que está muerto, la lógica de la ilogicidad, la con- todo referido a la obra de Derrida (cf. M. FERRARIS, La svolta
testuale, Pavía, 1984); pero se puede legítimamente utilizar, en
templación desinteresada del deseo apasionado, el vi- un sentido más amplio, referido a Nietzsche: no sólo porque
vir para los otros del egoísmo, la verdad de los erro- l
mucho desconstruccionismo contemporáneo se inspira en él,
I
química de Nietzsche en estas obras se refiere a la mo- que actúan y que predican dichas valores; se trata,
ral, entendida en un sentido global como el someti- por el contrario, de errores que pueden incluso profe-
miento de la vida a valores pretendidamente trascen- sarse de buena fe (cf. M 103, 71-72). El mundo de la
dentes, pero que tienen su raíz en la vida misma. Den- moral, bien como sistema de prescripción, bien como I

tro de la moral entendida en este sentido lato entran conjunto de acciones y comportamientos inspirados
, también los errores de la metafísica y de la religión, en valores, bien como visión general del mundo, está
y el arte mismo -como ya se ha visto- aparece en construido sobre «errores». Éstos -no lo olvidemos,
Humano, demasiudo humano profundamente ligado para comprender los resultados del análisis «químico»
a este mundo de la moral que desconstruir. nietzscheano- son justamente los errores que han
I

El uso de la categoría de moral para indicar todas dado riqueza y profundidad al mundo y a la existencia
las formas espirituales «superiores» no es sin embar- del hombre.
go sólo consecuencia de un empleo genérico y amplio El primer y más fundamental error de la moral
del término; en la raíz de todos los prejuicios, inclu- es el creer que puedan existir acciones morales: esto
so los religiosos y metafísicos, se halla para Nietzsche presupone, ante todo, que el sujeto pueda tener un
el problema de la relación «práctica» del hombre con conocimiento exhaustivo de qué es una acción. Inclu-
so Schopenhauer, que también enseñó a ver el mundo
1 el mundo, y en este sentido todo el ámbito de lo es-
piritual tiene que ver con la moral en cuanto práctica. de las representaciones como «velo de Maya», con-
l Esta reducción y unificación, por lo demás, es al inis- junto de apariencias que esconden una irrepresenta- l

mo tiempo un supuesto y un resultado del análisis ble cosa en sí, creía que las acciones podían ser ade-
químico de Humano, demasiado humano y de las obras cuadamente conocidas y juzgadas. Pero lo que vale 1

del mismo período: los análisis que Nietzsche realiza, para el mundo fenoménico, para las cosas externas,
utilizando muy a menudo material diverso, demues- vale también para el mundo íntimo del sujeto. El he-
tran, según él, que la verdad misma no es sino una cho es que el conocimiento intelectual de una acción,
función de sostén y promoción de una determinada e incluso de su valor para nosotros, no basta nunca
forma de vida. El aforismo inicial dc Humano, demn- para llevarla a cabo, como nos muestra inequívoca-
siado humano indica el primer paso y el sentido gene- mente nuestra experiencia. Por tanto, en la acción en-
ral de la reflexión de Nietzsche como crítico de la xno- tran en juego otros factores que no constituyen obje- 1

ral: todo- lo que se presenta como elevado y trasccn- tos posibles de conocimiento.
dente, en una palabra, lo que llamamos valor, no es «Nos hemos tomado así tanto trabajo para apren-
más que el producto, por sublimación, de factores der que las cosas exteriores no son lo que parecen;.
«humanos demasiado humanos». Esto no en el sentido ibien, pues lo mismo ocurre en el mundo interior! ,
de que los valores morales y las acciones que se inspi- Las acciones morales son en realidad "algo más", no
ran en ellos sean mentiras conscientes de los hombres podemos añadir nada más: y todas las acciones nos
son esencialmente ignotas» (M 116, 87-88). Si esta ob-
servación fenomenista arroja una luz dudosa sobre
sino también y sobre todo porque el trabajo que Nietzsche
lleva a cabo en !o referente a la tradición moral-metafísica de todo posible juicio moral, ésta podría sin embargo
Occidente, en su aspecto cgenealógico~antes que «critico»,im- no afectar en general al dominio de la moral en su
plica un análisis de esta tradición que la disuelve en sus ele- conjunto: también la ética religiosa cristiana acepta,
mentos sin destruirla: lo que puede justamente considerarse en principio, la idea de que las acciones no son defi-
uno de los sentidos de la desconstrucción.
nitivamente valorables más que por Dios. Los otros dicción» para refutar este aspecto de la filosofía de
aspectos de la crítica nietzscheana de la moral, que no Nietzsche: tanto el instinto de conservación como la
siempre se dejan coordinar en un conjunto sistemá- búsqueda del placer y la huida del dolor resultan lue-
tico, sino que se acumulan más bien de manera de- go, en los análisis de los fenómenos individuales, tan
sordenada, tocan sin embargo otros puntos clave del formales (casi «trascendentales»)que pueden llenarse
error moral. No sólo una acción no puede valorarse de cualquier contenido específico; de modo que con-
jamás porque no se puede conocer, sino que la posi- servan una incognoscibilidad fundamental. Pero ade-
bilidad misma de valorarla moralmente supone que más, y sobre todo, se trataría también de establecer
se la elija libremente, cosa que justamente no sucede, hasta qué punto la incognoscibilidad de las acciones
o al menos no se puede probar. La negación de la li- para el sujeto que actúa -de lo que se sigue la impo-
bertad de la volición, que reaparece con mucha fre- sibilidad de una elección libre y por tanto el determi-
cuencia en los escritos de este período, se sigue bas- nismo moral- implica también una incognoscibilidad,
tante lógicamente de la negación de la cognoscibilidad por así decir, de segundo grado, que impediría al filó-
de la acción; es la otra cara del mismo fenómeno. Si sofo hablar de moral. Podemos, pues, reconocer que
ni siquiera el que actúa puede tener una conciencia aquí existe un problema para la coherencia de Nietz-
clara de lo que constituye su acción, es obvio que su sche, pero no se debe exagerar su alcance.
elección de la misma nunca será completamente libre; Por otra parte, el deterininismo está lejos de ser
y por otra parte, el que la acción, en sus múltiples fac- el punto de llegada de Nietzsche en su crítica de la
tores, escape al dominio cogiioscitivo del sujeto, es moral. Como resulta cada vez más claro, precisamen-
sólo una consecuencia de que se le escape en defini- te en virtud de las líneas evolutivas de esta crítica,
tiva: en las acciones de un hombre juegan elementos lo que necesita la «ciencia» como Nietzsche la piensa
que se sustraen a su conocimiento porque se encuen- aquí no es liberarse de las cadenas de la apariencia
tran fuera de su control y viceversa (cf., para todo alcanzando un principio último (y por tanto una po-
esto, MaM I, 107, 83-85). sible descripción «verdadera» del mecanismo de las
Lo que descubre a la moral como error es la cfi- acciones), sino más bien colocarse en un punto de vis-
losofía histórica», que reconstruye la historia de los ta capaz de observar el conjunto del proceso en que
sentimientos morales (es el tema de la segunda parte las apariencias se constituyen, se articulan y se desa-
de Humano, demasiado humano, que concluye con el rrollan. Respecto de este programa, la posición de
ya recordado aforismo 107). Esta historia muestra, Nietzsche, por muchas cont?adicciones que pueda en-
según Nietzsche, que el hombre hace todo lo que hace trañar, tiene una coherencia innegable: identificar,
llevado «por el instinto de conservación o, más exac- en la base de la moral, una pulsión como el instinto de
tamente, por la intención de procurarse el placer y conservación o la búsqueda del placer no significa
de evitar el dolor» (MaM 1, 99,76). Se puede observar, señalar la fuente del valor moral en estructuras esta-
con razón, que esta tesis parece violar el principio de bles, no derivadas, propias del ser mismo, esas estruc-
la incognoscibilidad 'de las acciones, ya que aquí pare- turas que han servido siempre a la moral tradicional,
ce sostenerse que hay un móvil, muy cognoscible, de metafísica o religiosa, para justificar sus sistemas de
las acciones, precisamente el instinto de conservación preceptos. Instinto de conservación y búsqueda del
o la búsqueda del placer y la huida del dolor. Sin pIacer son fuerzas plásticas que permiten precisarnen-
embargo, sería difícil hacer hincapié en esta contra- te ver la moral como historia y como proceso. Ante
todo, abren el camino para considerar los mismos va- crificio, al altruismo, es decir, a lo que a Schopen-
lores morales como «derivadosa: lo que es justamente hauer le parecen milagros, «acciones imposibles y
aquello a lo que la «química», nutrida de «filosofía con todo reales??,es posible ante todo en base a una
histórica» (de la conciencia de la multiplicidad de las aautoescisión del hombre» que, para perseguir con
culturas humanas), no puede renunciar. La «ciencia» más ahínco los fines de la autoconservación y el pla-
de Humano, demasiado humano es precisamente el es- cer, los constituye como si fueran objetos autónomos
fuerzo de reconstruir el proceso, los múltiples proce- ante sí.
sos que han llevado al nacimiento y al desarrollo del
mundo moral, con todos sus matices, astucias, articu- «La moral como autoescisión del hombre. El buen
laciones (que Nietzsche encuentra magistralmente autor, el que de veras se compromete con su causa,
analizados por los moralistas franceses), partiendo del quiere que aparezca otro y lo eclipse sosteniendo la
solo instinto de conservación y del impulso de buscar misma causa de modo más claro y resolviendo exhaus-
placer y huir del dolor. En este, y sólo en este sentido, tivamente los problemas contenidos en ella. La mucha-
la ciencia tiene necesidad, también para Nietzsche, de cha que ama desea descubrir, en la infidelidad del
un principio unitario: que no funciona como el fun- amado, la devota fidelidad de su amor. El soldado de-
damento en el cual nos «basamos», es decir, nos tran- sea caer en el campo de batalla por su patria victorio-
quilizamos, porque da razón, con autoridad, de cómo sa: pues en la victoria de su patria triunfan al mismo
son las cosas; por el contrario, funciona como el pun- tiempo sus más altos deseos. La madre da al hijo lo
to de partida del proceso, que sólo a quien parte de que se quita a sí misma, el sueño, la mejor comida, en
él se revela en su multiformidad y en su creciente algunos casos la salud y los bienes. ¿Pero son, todos
riqueza.8 éstos, estados altruistas? ¿Son, estas acciones de la
El devenir del mundo moral a partir del solo prin- moral, milagros, en tanto que son, según la expresión
cipio de placer-conservación se articula a travésXe' de Schopenhauer, "imposibles y con todo reales"? ¿No
mecanismos múltiples, que la escritura afoi-ística de es evidente que en todos estos casos el hombre ama
Nietzsche caraceriza de modo siempre distinto. algo propio, un pensamiento, una aspiración, una cria-
La sublirnación, por medio de la cual, del impulso de tura, más que otra cosa propia, es decir, quge-inde.
conservación y de buscar el placer y huir del dolor se su ser y sacrifica una parte de éste a la otra? {Acaso
puede llegar incluso a la acción heroica, al propio sa- sucede algo esencialmente distinto cuando un testa-
rudo dice: "Prefiero que me maten a ceder un palmo
8. Cf. M 44: uOrigen y significado. ¿Por qub vuelve siempre
a mí este pensamiento y me sonríe con aspectos cada vez más nuestro conocimiento para llegar a las cosas mismas. Con el
variados? El pensamiento de que antaño los pensadores, cuan- pleno conocimiento del origen aumenta la insignificancia del
do estaban en el camino que llevaba al origen de las cosas, origen: mientras que la realidad más próxima, lo que está alre-
siempre creían encontrar algo que al parecer tenía que tener, dedor y dentro de nosotros, comienza poco a poco a mostrar
para cada acción y juicio, un significado inestimable; que la aspectos y bellezas y enigmas y riquezas de significado, cosas
salvacidn humana se s u p i e r a siempre dependiente de un ple- con las que ni siquiera soñaba la humanidad más antigua. En
no conocimiento del origen de las cosas: mientras que noso- un tiempo los pensadores vagaban devorándose de rabia como
tros hoy, por el contrario, cuanto más perseguimos el origen, animales en cautiverio, dedicados siempre a espiar los barrotes
tanto menos participamos de él con nuestros intereses; más de su jaula y listos a saltar sobre ellos para romperlos: y pa-
aún, todas las valoraciones y los "intereses" que hemos puesto recía dichoso aquel que creía ver, a través de una abertura,
en las cosas pierden su sentido cuanto más retrocedemos con algo de lo que había fuera, más allá y en lontananza.,

67
ante este hombre"? En todos estos casos existe la in- visto a su alrededor, o por benevolencia, ya que curn-
clinación hacia algo (deseo, instinto, aspiración); se- plirlas creaba por todas partes alegría y rostros de
cundarla, con todas las consecuencias, no es, en nin- asentimiento, o por vanidad, ya que eran elogiadas.
gú caso, "altruista". En la moral el hombre se trata a Tales acciones, en las que el motivo principal, el de la
sí mismo, no como individuum, sino como dividuum.» utilidad, se ha olvidado, se llaman luego morales: no
(MaM 1, 57, 60-61.) tal vez porque se cumplen por esos otros motivos,
sino porque no se cumplen por utilidad consciente.
Pero este desdoblamiento, que se encuentra tarn- .De qué deriva este -- odio por-la -u.ijidad, que se hace
bién en la raíz del sentimiento religioso? y al que se &ble q~í, *nde todo a-ar loable se separa formal;
pueden hacer remontar incluso todas las complicacio- mente del actuar por amor de lo útg? Evidentemente,
nes ulteriores, que llamaríamos sadomasoquistas, de la sociedad, hogar de toda moral y de todas las ala-
la moral, no es el único mecanismo que Nietzsche en- banzas del actuar moral, ha tenido que luchar denla-
cuentra en la base de la constitución de los valores. siado tiempo y demasiado duramente con lo útil egoís-
Igualmente importante, para la constitución del yo ta y la obstinación del individuo, para no juzgar por
como pluralidad de individuos que, en la moral, se re- último cualquier otro motivo como moralmente supe-
lacionan entre sí como extraños, es la estratificación rior a la utilidad. Así nace la ----- - de que la
--apariencia
de experiencias y hábitos que, antaño útiles al indivi- - .----no se ha _ desarrollado
moral _ - - __
-. de la utilidad; cuando
duo o a la especie en la lucha por la existencia, per- es originariagene- l o - _ l - ~ ~ $ a l$-"ha
, tenido que
dieron su función y sin embargo han permanecido. A

ucho para imponerse y adquirir conside-


También describe Nietzsche, en el escrito,Sobre la ver- rior a todas las' utilidades privadas.»
dad y la mentira, el mecanismo básico del origen del (WS 40, 160-161.)
lenguaje, derivándolo de las metáforas; de este modo,
aquí, el individuo olvida o que algo es sólo una parte Pero, como confirmación de cuanto se decía sobre
de él (categóricamente en el caso del desdoblamiento), el carácter de ningún modo equívoco y reductivo del
o que algunas acciones recomendadas por la moral principio de conservación y búsqueda del placer, se
sólo se exigen para algún objetivo (Kant hablaría aquí deberá recordar que la policromía del mundo moral,
de «imperativos hipotéticos»). que cornprcnde también la religión y la metafísica
-que asimismo constituyen «mundos»de valores que
«La importancia del olvido en el sentimiento mo- se oponen y reaccionan ante el mundo de la experien-
ral. Las mismas acciones que en la sociedad primiti- cia cotidiana-, tiene también otras f~ientes,distintas
va fueron inspiradas en un primer momento por el de la autoescisión del yo y de las estratificaciones de
objetivo de la utilidad común, las llevaron a cabo las imperativos hipotéticos que han olvidado su original
generaciones siguientes por otros nlotivos: por miedo
o por respeto a quienes las exigían o recomendaban, o
-
significado puramente utilitario. Un importante
- aspec-
to del ,principio de conservación y búsqueda del pla-
por costumbre, ya que desde la infancia las habían cer es la necesidad de seguridad, de certeza, que da
lugar a¡ surgimiento de las nociones básicas de la me-
9. Recuérdese que Nietzsche conocía la obra de Feuerbach, tafísica, de las que, por lo demás, como es el caso del
de quien había leído, ya en la época del bachillerato, en Pfort, principio de causalidad, nace también la ciencia. Hu-
La esencia del cristianismo. mano; demasiado humano hace radicar en el senti-
l
\
-
miento del placer y del dolor el surgimiento de dos no-
ciones fundamentales de la metafísica, la idea de sus-
queremos que se nos engañe, no queremos ser induci-
dos al error por nosotros mismos, se presta oído con
tancia y la idea de libertad) éstas son las nociones más desconfianza a las palabras persuasivas de la pasión.
elementales con las que el organismo vivo sistematiza De modo similar, el animal observa los efectos que
sus relaciones con el medio que lo circunda.1° A la mis- tiene en la representación de otros animales, a partir
ma necesidad de seguridad responde el pensamiento de allí aprende a volver la mirada atrás, sobre sí mis-
abstracto y generalizador, y también el esfuerzo de mo, a captarse "objetivamente" [...]» (M 26, 25-26).
contemplar las cosas «objetivamente,. Así como «los A la idea de un saber «objetivo» corresponde tam-
animales aprenden a dominarse y a simular», acomo- bién la pretensión de captar las esencias de cosas y
dando, por ejemplo, su color al del medio ambiente, hechos: la ilusión de aferrarse a esencias y estructu-
«así el individuo se oculta bajo la generalidad del con- ras eternas confiere seguridad porque ofrece una es-
cepto "hombre", o en la sociedad [...]. También el pecie de punto firme sobre el que apoyarse (cf. WS 16,
sentido de la verdad que en el fondo es el sentido de 143-144).
la seguridad lo comparte el hombre con el animal: no En el origen de esa otra forma de error moral
que es la religión se encuentra además no sólo la ne-
10. Al respecto, es oportuno tener presente en su integridad
el largo aforismo 18 de Humano, demasiado humano I : ~ " P r o -
blemas fundamentales de la metafísica". Si algún día se escri- no observamos ningún cambio en elios (como hoy una perso-
be la historia de la génesis del pensamiento, en ella se encon- na muy absorta no nota que alguien pasa por su lado). Para 1

trará también, iluminada por una nueva luz, la siguiente pro. la planta, todas las cosas son habitualmente firmes, eternas,
posición de un excelente lógico: "La ley general originaria del cada cosa es igual a sí misma. Desde el período de los orga-
sujeto cognoscente consiste en la íntima necesidad de conocer nismos inferiores, el hombre ha heredado la creencia de que
cada objeto en sí, en su propia ser, como un objeto idéntico hay cosas iguales (sólo la experiencia de la ciencia más eleva-
a sí mismo, que existe por tanto de por sí y permanece en el da contradice esta proposición). La creencia originaria de todo ,
fondo siempre igual e inmutable, en una palabra, como una ser orgánico es, quizá, desde un principio, la de que todo el
sustancia." También esta ley, que aquí se denomina "origina- resto del mundo es uno e inmóvil. El pensamiento de la cau-
ria", es derivada: un día se enseñará cómo se forma poco a salidad está muy lejos de ese primer peldaño de logicidad:
poco esta tendencia en los organismos inferiores: cómo en un más aún, incluso ahora pensamos en el fondo que todos los
principio los simples ojos de topo de estos organismos ven sentimientos y las acciones son actos de voluntad libre; cuan-
siempre lo mismo y sólo eso; cómo luego, cuando las distintas do se observa a sí mismo, el individuo sintiente considera todo
emociones del placer y el dolor se hacen más observables, so sentimiento, todo cambio, como algo aislado, o sea, incondicio-
distinguen gradualmente diferentes sustancias, aunque cada nado, carente de conexión: afloran en nosotros sin vinculación
una con un atributo, o sea, con una sola relación con un orga- con un antes o un después. Tenemos hambre, pero originaria-
nismo semejante. El primer peldaño del pensamiento lógico es mente no pensamos que el organismo desea ser conservado; ,
el juicio: cuya esencia consiste, según lo establecido por los esa sensación puede hacerse valer sin motivo ni fin, se aísla
mejores lógicos, en la fe. En la base de toda fe se encuentra el y se considera voluntaria. Por tanto :: la creencia en la libertad
sentimiento de lo agradable o de lo doloroso con referencia al de la voluntad es un error originario, de todo ser orgánico, an-
sujeto sintiente. Una nueva, tercera sensación, como resultado tiguo como la época desde la cual existen en éste movimientos
de dos sensaciones individuales precedentes, es el juicio en su de logicidad; la creencia en sustancias incondicionadas y en
forma más baia. Orit-rinariamente. a nosotros. seres orgánicos. cosas iguales es de modo semejante un error originario, no
no nos interesa de cada cosa más que su relación c o i nos& menos antiguo, de todo ser orgánico. Por ello, en tanto que
tros, con referencia al placer y al dolor. Entre los momentos toda metafísica se ha ocupado preferentemente de la sustan-
en que nos volvemos conscientes de esta relación, entre los cia y libertad de la volición, se puede definir como la ciencia
estados del sentir, existen otros de reposo, de no sentir: en- que trata de los errores fundamentales del hombre, s61o que
tonces el mundo y cada cosa carecen de interés para nosotros; como si fuesen verdades fundamentales.>
cesidad de llegar a un punto firme, como las esencias Mientras espectaculariza la vida interior, todo esto
separadas de los hechos, sino a una estabilidad que sea supone también graves consecuencias negativas, que
superior al hombre y que ofrezca así mayores garan- son sin embargo inseparables de los mecanismos mo-
I
tías: arefuerza ante sí una opinión sintiéndola como rales: «cuánta crueldad inútil y bestial tormento han
revelación, borra su carácter hipotético, la sustrae a surgido de las religiones que inventaron el pecado»
la crítica, a la duda incluso, la consagra» (M 62, 47). (M 53, 43).
Y aún más: para una mentalidad primitiva que no En la tarea de desconstrucción de los resultados de
sabe ver los acontecimientos naturales como efecto de la moral, de la metafísica, de la religión, se erosiona
causas precisas, la primera forma de obtener seguri- también ese lugar de posible seguridad que es la inte-
dad consiste en ver todo lo que ocurre como manifes- rioridad: la conciencia es el campo donde luchan dis-
tación de una voluntad, la divina, con la que de alguna tintas «partes» del yo, sin que sea nunca posible de-
fonna nos podemos relacionar (cf. MaM 1, 111, 93-97). cir cuál de estos yoes distintos es el auténtico. Una
Pero si todos estos mecanismos pueden referirse vez socavada la creencia en la inmediatez última y en
ampliamente al instinto de conservación, hay otros la unidad del yo, todo lo que el hombre denomina con l
que parecen más vinculados con la búsqueda del pla- este nombre cae bajo una luz sospechosa. El yo es
cer: éste puede definirse, según Nietzsche, como «el sólo el escenario donde se desarrolla el drama de la i
sentimiento de la propia potencia, de la propia y fuer- vida moral, donde combaten impulsos distintos y
te excitación» (MaM 1, 104, 81). Este segundo móvil opuestos: las luchas en que creemos que maduran
de los procesos de sublimación articula toda una nue- nuestras decisiones morales concluyen cuando «nos
va serie, aún más variada y matizada, de fenómenos decidimos al fin por el motivo más poderoso, según se ¡
morales, en que moral, metafísica, religión, arte, no dice (pero, en realidad, cuando el motivo más podero-
funcionan sólo como instrumentos de seguridad y de so decide por nosotros)» (MaM 1, 107, 83). La presen- I
primera ordenación del mundo, sino que son fuentes cia, en nosotros, de imperativos morales, que desdo- ,
l de placer, bajo el principio general de la espectacula- blan nuestra personalidad, es sólo la huella de diferen-
rización y dramatización de la vida interior. tes estratos de cultura (cf. el ya citado WS 40). La mis-
ma imagen que cada uno tiene de sí ante los ojos
«El medio más común de que el asceta y el santo como criterio y punto de referencia está ampliamente
se sirven para que la vida les sea aún soportable e dominada por los otros: «Casi todos los hombres,
interesante consiste en encontrarse cada tanto en gue- piensen lo que pensaren y digan lo que dijeren de su
rra y en la alternancia de victoria y derrota. A tal iin "egoísmo", a lo largo de su vida no hacen nada por
tienen necesidad de un adversario, y lo encuentran en su ego, sino sólo por el fantasma del ego que acerca de
1 el llamado "enemigo interior" c...].
Explotan su incli- ellos se ha formado en la cabeza de quien les rodea, y
nación a la vanidad, su sed de honores y dominio, y que se ha transmitido a ellos C...]» (M 105, 72-73). Así,
por último sus deseos sensuales para poder conside- la presunta inmediatez y «ultimidad» de la concien-
rar la vida como una continua batalla, y a sí mismos cia, sobre la que se basa en definitiva toda moral,
como un campo de batalla [...l.»(MaM 1, 142, 111; cf. resulta insostenible: también la conciencia está «he-
FW 353, 218-219.) cha», está producida, y por lo tanto no es una instan-
cia última (cf. FW 335, 193-194, donde Nietzsche de-
sarrolla una argumentación que es mucho más com-
pleja, y que resume muchos de los argumentos uti- dos del trabajo comenzado con el análisis químico
lizados contra la «ultimidad» de la conciencia en de Humano, demasiado kurnano-
sentido moral). Autosupresión de la moral significa el proceso por
De todo esto, sin embargo, se deduce que el t r a b - el que se «rechaza la moral C...] por moralidad» (M,
U1_a_. _
. _--__
jo q~ji~~tio--de Nietzsche no alcanza un. resultado con- pref. de 1886, 4, 7). En base al deber de la verdad
f .-
z m----.
e con- el método: éste no conchye con la identi- siempre predicado por la moral metafísica y luego la
ficación de elementos Últimos, de componentes sim- cristiana, las «realidades» en que esta moral creía
ples de las diversas configuraciones de la moral. Ni la -Dios, virtud, verdad, justicia, amor al prójimo-
conciencia, ni el yo, que debería ser el «sujeto» del son finalmente reconocidas como errores insosteni-
impulso de conservación y de la búsqueda del placer, bles. Precisamente porque «somos aún devotos», como
son elementos últimos, inmediatos, simples. La quí- dice el largo aforismo 344 de La gaya ciencia, y justa-
mica se revela más bien como un método que permite mente porque creemos aún en el «valor de la verdad»,
a Nietzsche reconstruir <<históricamente»el devenir «también nosotros, hombres del conocimiento de hoy,
de la moral, de la metafísica y de la religión. Tal re- nosotros, ateos y antimetafísicos, seguimos tomando
construcción se convierte, justamente en virtud de nuestro fuego del incendio declarado por una fe mile-
los resultados del análisis, en el único sentido del naria, la fe cristiana, que fue también la fe de Platón,
análisis mismo. Es éste el sentido del ya citado (véa- para la que Dios es verdad y la verdad es divina C...].
se más arriba, la nota 8) aforismo de Aurora so- Pero, ¿,cómo es posible, si justamente esto resulta cada
bre «Origen y significado»: la química no conduce vez mas increíble, si ya nada se revela como divino,
a elementos primeros; por el contrario, tales elemen- salvo el error, la ceguera, la mentira, si Dios mismo
tos se revelan una y otra vez como ya «compuestos»; se revela como nuestra más larga mentira?» (FW 344,
pero los procedimientos de la composici0n, las trans- 207-208). Con ello, sin embargo, se alcanza justamente
formaciones, la riqueza de colores y matices que cons-
tituyen la vida espiritual de la humanidad -los erro-
-- el punto de la autosupresiónde la moral, que por otra
parte es el mismo proceso de la «muerte de Diosn,
res de la moral, de la metafísica, de la religión, hasta anunciada por primera vez en La gaya ciencia (FW 108,
la espectacularización de la exaltación religiosa-- se 117; 125, 129-130),y que ha sido asesinado por los cre-
comprenden (lo que implica aun una peculiar especie yentes, a causa de su devoción." Autosupresión de la
de espectacularización: el elevarse un momento por moral y muerte de Dios tienen ya todos los rasgos de
encima del proceso) sólo si se aplica el método del ese proceso que, más tarde, en una página del Cre-
análisis químico, remontándose a sus raíces, por pro- púsculo de los ídolos, Nietzsche resumirá exponiendo
blemáticas que sean. La disolución de la idea de fun- - «Cómo el "mundo verdadero" acabó convirtiéndose en
damento, de principio primero, en el mismo proceso una fábula» (éste es el título de uno de los capítulos
que quiere remontarse al mismo, constituye lo que
Nietzsche denomina la autosupresión de la moral. 11. Cf. EW 357, 229: «El ateísmo absoluto, honesto, es una
Éste es el sentido que atribuye a Aurora en el prefa- victoria final y fatigosamente conquistada de la conciencia eu-
cio de la edición de 1586: pero es un sentido que no ropea, por cuanto es el acto más rico en consecuencias de
se añade a la obra desde fuera, en relación con las una bimilenaria educación en la verdad, que en su momento
final prohíbe la mentira de la fe en Dios C...]. Se ve qué fue
nuevas posturas del Nietzsche de los últimos años; propiamente lo que venció al Dios cristiano: la misma mora-
indica, en cambio, de la manera más fiel, los resulta- lidad cristiana [...].,

74
1
I c . . . nuestra posición ante la "certeza" es distinta.
de GD, que reproducimos íntegramente más adelante,
pp. 99-100).
1 Puesto que al hombre se le ha inculcado durante mu-
chísimo tiempo el temor, y toda existencia tolerable
Es un proceso que Nietzsche considera vinculado a
tuvo comienzo con el "sentimiento de seguridad", esto
una especie de lógica interna del discurso moral-me-
sigue influyendo aíin hoy en los pensadores. Pero,
tafísico; pero que tiene también una base «externa»,
apenas retrocede la "peligrosidad" exterior de la exis-
a saber, la transformación de las condiciones de exis-
tencia, nace un placer de la inseguridad, de lo ilimi-
tencia que, precisamente en virtud de la disciplina ins-
tado de las líneas del horizonte. La felicidad de los
taurada por la moral, se modifican para hacer final- 1
l grandes descubridores, en su aspiración a la certeza,
mente inútil la moral y sacar a la luz esta superflui-
l podría transformarse en felicidad de constatar por to-
dad. He aquí por qué, entre otras cosas, el anuncio de l das partes incerteza y temeridad. Del mismo modo, el
la «muerte de Dios» no equivale, pura y simplemente, 1

carácter angustioso de la pasada existencia es la razón


en Nietzsche, a la negación metafísica de su existencia. I por la cual los filósofos subrayan tanto la conserva-
No hay «estructura verdadera» de lo real en que Dios
ción (del ego o de la especie) y la conciben como prin-
no exista, mientras se creía que existía. Existen condi-
ciones de vida cambiadas que vuelven superflua una cipio: mientras que, en realidad, jugamos continua-
mente a la lotería con este principio [...].» (Fragmen-
fábula que ha sido útil y decisiva en otras épocas; es-
tas condiciones posibilitan «fábulas» distintas e, in- to de 1884: 26 [280]; VII, 2, 204.)
cluso, un fabular más explícito y consciente de ser tal
(cf. FW 54, 75-76, sobre el «seguir soñando», aun des-
Aunque la libertad de jugar con las apariencias
todavía se practique en el arte sólo como un momento
pués de haber tomado «conciencia de la apariencia»).
La condición «externa» de la autosupresión de la mo- de fiesta (las «saturnales» de que habla MaM I, 213,
ral es el fin, o al menos la reducción, de la inseguri- cit.), y el «juglar» y el «héroe» vivan en nosotros por
dad de la existencia en el estado social, en el medio obra del artista sólo «junto» con la sa5iduria que en
creado por la división del trabajo y por el desarro- cambio se manifiesta en la ciencia (cf. FW 107, cit.),
llo de la técnica. «Donde la vida social tiene un carác- frente a la seriedad de la existencia nos encontramos
ter menos violento, las decisiones últimas (sobre las hoy en una posición diferente que las generaciones an-
llamadas cuestiones eternas) pierden importancia. teriores gracias precisamente a la mayor seguridad
Piénsese que hoy un hombre tiene raramente que ver que la organización social ha empezado a garantizar-
con ellas» (IV,3, 350). Ahora bien, «la metafísica y la nos, y ello en virtud de la «ciencia» fundada sobre ba-
filosofía son intentos de apoderarse por la fuerza de I ses metafísico-morales; si bien la fe en un progreso
necesario de la humanidad es un dogma metafísico
las zonas más fértiles» (ibid., 352); y, en general, a la
violencia y a la inseguridad está vinculado, como se i inaceptable, la posibilidad del progreso es atestigua a
por nuestra experiencia, y justamente en términos de
ha visto, el surgimiento de la creencia en Dios, en la
. sustancia y en la libertad de la volición, y el mismo mejora de las condiciones exteriores de vida (cf. MaM
1, 24, 33-24). En estas nuevas condiciones de -al me-
imperativo de la verdad (que arraiga en la necesidad i
de defenderse del engaño, y del autoengaiío producido i nos relativa- seguridad, madura la posibilidad de un
por las pasiones, en la lucha por la vida). En un frag- 1 nuevo modo de existir del hombre, que Nietzsche
mento posterior escribirá Nietzsche: bautiza con las expresiones de autosupresión de la mo-
.ral,
-
muerte de Dios, o también, como en las últimas
- - -- - -

líneas de Humano, demasiado humano, la «filosofía cluso a si misma, al iinpulso aún dogmático a la ver-
del amanecer» (MaM 1, 638, 305). dad que la inuevc? Sólo -pero justamente: ¿sólo?-
una humanidad por ver&, cuya característica, virtud y
enfermedad a1 mismo tiempo, será el «sentido históri-
co» (FW 337, 196-197). El contenido de la espirituali-
3. FILOSOFfA DEL AMANECER dad del hombre del porvenir, que Nietzsche prepara
con su filosofía, no es más que toda la historia pasa-
En esta expresión, que sirve de conclusión al afo- da de la humanidad, sentida «como la propia historian
rismo final de Humano, demasiado humano, parece (ibid.). Saber llevar el peso de todo este pasado, sin-
resonar una pura referencia «meteorológica», como tiéndose su heredero, incluso cargado de obligaciones,
máximo una metáfora, una imagen ornamental que pa- «llevar todo esto en la propia alma, lo más antiguo
rece necesario «traducir» en alga más sustancialmente tanto como lo más nuevo, las pérdidas, las esperan-
conceptual. Se puede ciertamente subrayar, como in- zas, las conquistas, las victorias de la humanidad, po-
cluso es legítimo hacer, que esta imagen es la simé- seer, en fin, todo esto en una sola alma y anudarlo en
tricamente opuesta a la hegeliana de la filosofía como un sentimiento único, todo esto debería tener como
«búho de Minerva~,y es verosímil que Nietzsche tu- resultado una felicidad que hasta ahora el hombre no
viera la intención de señalar también esta diferencia. ha conocido jamás: la felicidad de un Dios colmado de
Pero la reducción de la metáfora a su sentido propio poder y de amor, de lágrimas y risa [...ID(Ibid.). Lo
no se logra del todo. Incluso porque, en las obras que para la segunda Intempestiva era sólo enfermedad,
nietzscheanas de este período, y mucho mas aún en peso insoportable del pasado que nos volvía incapaces
las siguientes, las alusiones que se pueden aproximar de crear nueva historia, se convierte aquí en el rasgo
a ésta de tipo ameteorológico» son tan numerosas que característico de la humanidad futura. Se puede pen-
hacen pensar en algo más significativo que una bús- sar que no se trata de una verdadera transformación,
queda de efectos literarios. Se habla por la general de ya que Nietzsche mantiene la exigencia de cargar con
«buen temperamento», de salud, de convalecencia, de toda la historia de la humanidad y sentirla como his-
forma tan constante que el lector extrae de estos tex- toria propia, lo que es un modo de relacionarse con
tos la percepción de un «temple espiritual» más que el pasado distinto del característico de la enfermedad
la idea de un cuerpo teórico que se expresase de histórica, que lleva en sí el peso de un pasado no di-
modo metafórico. Tal impresión corresponde de ma- gerido y asimilado. Pero tal apropiación, aquí, a dife-
nera muy precisa a la realidad de los hechos: la filo- rencia de lo que ocurría en la segunda Intempesti-
sofía del Nietzsche crítico y desmixtificador de la cul- va, no parece ya imposible; y por el contrario, se rea-
tura, como está elaborada en las obras del período liza justamente a través del trabajo «científico» del
medio de su producción, es una filosofía relativamen-
te «vacía» de contenidos teóricos positivos y de verda- nuevo recorrido histórico del camino de los «errores»
deros «resultados» que no sean la instauración de un de la humanidad. Humano, demasiado humano, por lo
determinado «estado de ánimo». ¿Qué es lo que puede demás, siendo la primera y más emblemática realiza-
resultar, en efecto, de una obra de desenmascaramien- ción del programa de una «filosofía histórica», está
to que, como sucede con la autosupresión de la moral totalmente descompuesto en aforismos que, en posi-
y la muerte de Dios, termina desenmascarándose in- ciones «estratégicas» (con el que concluye la obra, ya
citado, recordemos el 292, que pone fin a la quinta en el hipódromo, al término de la recta es necesario ,
parte, y el 34, que cierra la primera; pero también el girar.» (MaM I, 20, 30-31.)
223, al final de la cuarta parte, y el 107, al final de
la segunda), recuerdan el significado liberador de tal
Esta actitud, que se encuentra más allá de la refu-
apropiación de la historia de lahumanidad pasada, que tación y el rechazo, es lo que Nietzsche denomina tam-
es siempre historia de «errores».La liberación no con- bién «buen temperamento*, de que tiene necesidad el
siste, sin embargo, en una refutación de los mismos: nuevo pensamiento: no tiene en sí «nada del tono
la historia del origen y del valor de los sentimientos gruñón y del ensañamiento: las notas fastidiosas ca-
morales, dice un aforismo de La gaya ciencia (FW 346,
racterístcas de los perros y de los hombres envejeci-
210-21 l), no equivale ciertamente a una justificación dos que han permanecido mucho tiempo atados a una
de aquéllos, pero tampoco, inversamente, a una refu-
cadena» (MaM 1, 34, 42).n
tación. El abandono de las supersticiones, el recono- La «contemplación»-porque tal vez se la deba lla-
cimiento de los errores como errores, es sólo una pri- mar así- de la historia de ios errores que han cons-
mera etapa.
tituido la cultura de la humanidad dando riqueza y
profundidad al mundo, no es, con todo, necesariamen-
«Algunos pasos atrás. Se alcanza un nivel cierta-
mente muy elevado de cultura cuando el hombre se li- te una actitud de inmovilidad y pasividad: antes bien,
bera de las ideas y temores supersticiosos y religio- el «espíritu libre» puede alcanzar esta actitud sólo por-
sos, y, por ejemplo, no cree ya en los simpáticos an- que tiene el coraje de la aventura y la incertidumbre
gelitos o en el pecado original, y ha olvidado tambidn (tambidn, no lo olvidemos, posibilitado por las condi-
ciones de vida menos violentas en que nos hallamos),
hablar de la salvación del alma: si se encuentra en
hasta el punto de ocupar a menudo, en la sociedad ac-
este grado de liberación, le queda aún por superar,
tual, una posición marginal, donde se encuentran la
con la máxima tensión de su reflexión, la metafísica.
cxcepcionalidad del genio y la enfermedad (cf. MaM I,
Despt~és,sin embargo, es necesario un movimiento ha-
234-236, 167-170, donde se habla sobre todo del genio).
cia atrás: debe comprender la justificación histórica,
También la definición, por lo demás nada sistemá-
como también la psicológica, de semejantes represen-
taciones, debe reconocer cómo se ha originado de ellas tica, que Nietzsche esboza del espíritu libre no es tal
el mayor progreso de la humanidad y cómo, sin tal que provea de un contenido teórico positivo a la no-
ción de filosofía del amanecer, que sigue siendo, en-
movimiento hacia atrás, nos veríamos privados de los
mejores resultados obtenidos hasta ahora por la hu- tonces, la definición de una actitud, de un clima espi-
manidad. Con respecto a la metafísica filosófica, son ritual, y no una «teoría»filosófica propiamente dicha.
cada vez más numerosos aquellos que veo alcanzar la Todo el significado del discurso nietzscheano parece
meta negativa (que toda metafísica positiva es un
error), pero aún muy pocos quienes dan algunos pa- 12. Cf. también WS 350: «Al hombre se le han puesto mu.
sos atrás; en otras palabras, es preciso mirar por en- chas cadenas, para que olvide a comportarse como un animal;
y a decir verdad se ha vuelto más manso, espiritual, alegre y
cima del último travesafio de la escalera, pero no sensato que todos los animales. Pero ahora sufre aún por el
querer permanecer en él. Los más iluminados sólo hecho de haber llevado tanto tiempo sus cadenas [...l. Sólo
consiguen liberarse de la metafísica y volverse a mi- cuando también se supere la enfermedad de las cadenas, se
rarla con superioridad: mientras también aquí, como alcanzará la primera gran meta: la separación del hombre de
los animales [...l.»

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6.
reducirse al esfuerzo por suscitar en el hombre una lectura heideggeriana) no tienen un sentido muy dife-
actitud distinta, pero no sobre la base de tesis filosó- rente de la crítica de la cultura de Humano, demasia-
ficas específicas, sino sobre la base de una despedida do humano, y representan su prolongación.
de la heredadas del pasado. Precisamente la crítica Esto es particularmente evidente en una de las te-
de los errores de la metafísica ha conducido a Nietz- sis principales de la ontología del último Nietzsche,
sche a desconfiar también de las «visiones del mundo» la del eterno retorno de lo igual, que a diferencia de
globales, de las tesis filosóficas generales: el espí- las otras (voluntad de poder, ultrahombre, nihilismo)
ritu libre es el que vive en la proximidacl, en la super- se anuncia ya en el último de los escritos del segundo
ficie (cf. FW 256, 157; y WS 6, 136-137). Cierta impre- período, en La gaya ciencia. En el aforismo 341 de esta
sión de <(faltade contenidos» doctrinales, en la filoso- obra, el penúltimo del libro cuarto,13la idea del eterno
fía nietzscheana del segundo período, más que en la retorno de lo igual, que más tarde se cargará de sig-
juvenil, en la que, para bien o para mal, Nielzschc tra- nificados múltiples, hasta «metafísicos» en sentido tra-
baja aún sobre bases metafísicas scl~opciiliauerianas, dicional, no tiene un sentido muy distinto del de otros
está, pues, justificada. Pero no se trata sólo, como textos en donde se describe la nueva actitud frente a
también podrían~osesperar, de que en el autor domi- la vida que Nietzsche quiere producir con su crítica
ne una actitud «literaria» (según la idea diltheyana de de la cultura, y que denomina, por lo demás, filosofía
la «filosofía de la vida», que se recordó al principio); del amanecer. Piénsese, por ejemplo, en el ya recor-
ni tampoco de una reducción, muy novecentista y dado aforismo 107 de Humano, demasiado humano, y
«wittgensteiniana», de la filosofía a pura y simple «tc- confróntese10 con el 347 de La gaya ciencia:14 tal vez
rapia» -del lenguaje y de las actitudes humanas-, se vcrá que el eterno retorno es sólo otra formula-
aunque ciertamente este modo de ver la filosofía esiC ción de la aprobación incondicionada de la vida que
muy presente en Nietzsche. Lo que se trata de enten- constituye el espíritu de la filosofía del amanecer.
der, superando notables dificultades interpretativas, Representativo del nexo que, en las obras del se-
es cómo, en conexión con este aparente, e incluso efec- gundo período, vincula la crítica de la cultura con la
tivo, wacioi; de tesis filosóficas, maduran sin embargo elaboración de tesis ontológicas es el «anuncio» de la
también en el Nietzsche de estos escritos posiciones muerte de Dios. Ya se ha apuntado que la «muerte
ontológicas en sentido lato, que no representan, con de Dios», que resume todos los resultados de lo que
todo, un «salto» fuera de su tarea de crítico de la tul:, Nietzsche llama autosupresión de la moral, no es un
tiira, de xfilósofo histórico.. En pocas palabras, hay, enunciado metafísico de la no existencia de Dios; pre-
en el Nietzsche del segundo período, y luego más ex- tende ser tomado literalmente como el anuncio de un
plícitamente en las obras tardías, cierta visión filosó- acontecimiento. Anunciar un acontecimiento, sin em-
fica del ser, una «ontología», que, no obstante, de bargo, no significa «demostrar» nada; ni significa, en
modo peculiar, se define sólo dentro de una determi- rigor, pretender una adhesión (que se podría exigir
nada visión de la historia de la cultura (sin ser, ni en-
los contenidos ni en la forma, una «filosofía de la his- 13. Recuérdese que La gaya ciencia apareció, en la primera
toria» del tipo de la hegeliana.. .). Incluso, por el con- edición de 1882, con sólo cuatro libros (hasta el aforismo 342);
trario, se debe decir que las «tesis» ontológicas que el quinto libro se añadió en la edición de 1887, igual que el
prefacio y el apéndice poético («Cantos del príncipe Vogel-
Nietzsche desarrollará en los escritos del último perío- f reis).
do (aquellas, para entendernos, en que se detuvo la 14. Véase reproducido íntegramente más adelante, p. 101.
sblo sobre la base de una creencia, historicista-metafi- Capitulo 3
sica, en la racionalidad del acontecer). El anuncio, con LA FILOSOFÍA DE ZARATUSTRA
todo, acompañado de la descripción de las circunstan-
cias del acontecimiento anunciado -en este caso, de la
reconstrucción de los errores de la moral y de su auto-
supresión final- no puede por menos de provocar a
su vez otros acontecimientos: es lo que La gaya cien-
cia dice también del pensamiento del eterno retorno:
«Si ese pensamiento se apoderase de ti, tal como eres
ahora, te haría sufrir una metamorfosis [...], pesaría
sobre tu obrar como el peso más grande [...]» (FW 1. AMANECER Y MEDIODIA
341, 202). - , ,
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Las tesis filosóficas del Último ~ i e t z s c h etienen to- La subdivisión de la obra de Nietzsche en tres pe-
das, como nos proponemos demostrar, un status mi- ríodos (obras juveniles; pensamiento genealógico o
tad fáctico, mitad hipotético, que está unido directa- desconstructivo de Humano, demasiado humano a La
mente a la radicalidad de la autosupresión de la moral gaya ciencia; filosofía del eterno retorno, que comien-
que Nietzsche ha descrito en las obras del segun- za con Zaratustra) es sin duda sólo un esquema, y
do período. «Dios ha muerto» es una tesis que no se como tal no hay que sobrevalorarlo; pero de todos mo-
distingue de un enunciado de «crítica de la cultura»; dos está ampliamente aceptado, de forma explícita o
es un tomar nota de tipo «histórico»,que no obstante, implícita, por los intérpretes. Las posibles alternati-
justamente por su radical historicidad, no implica el vas consisten en considerar sustancialmente unitario
reconocimiento de ninguna racionalidad histórica ne- todo el pensamiento de madurez, desde Humano, de-
cesaria. El tomar nota de la muerte de Dios, sin em- masiado~humano hasta los últimos escritos, o en mar-
bargo, produce efectos, consecuencias, metamorfosis; car una ulterior distinción, entre una «filosofía de Za-
éstas, con todo, mantienen el estado de posibilidad, raluslra» y las obras más tardías, dominadas todas
como en el caso de la página de La gaya ciencia sobre por el proyecto, finalmente abandonado, de escribir
el eterno retorno: «qué sucedería si c...]»
(FW 341, una gran obra sistemática, que debía ser (se trata de
cit.). Bajo este aspecto, es justo llamar a la filosofía uno de los títulos que reaparecen con más frecuencia
de Nietzsche pensamiento experimental 15 que se apo- en los planes de Nietzsche en ese período) La volun-
ya totalmente en el «descubrimiento» -pero de he- tad de poder.'
cho, tal vez, sólo en la sospecha- de que la creencia
en la verdad es sólo una creencia: hasta que no «ocu- 1. La subdivisión entre una «filosofía de Zaratustra* y un
rra» algo que valga como argumento en sentido con- pensamiento del último Nietzsche la hace, por ejemplo, M.
MONTINARI en Che cosa ha veramente detto Nietzsche, Roma,
trario, la única vía que queda abierta es la del ex- 1975, que sin embargo no discute explícitamente cuestiones de
perimento de qué ocurriría si... periodización. Por lo que se refiere a La voluntad de poder, la
obra publicada con este título -en 1901 en primera edición (a
cargo de P. Gast y E. y A. Horneffer; editor Naumam; com-
15. En esta dirección, entre las interpretaciones recientes, prendía 483 apuntes) y luego, en segunda edición, en 1906 (a
se mueve sobre todo la lectura de F. MASINI, LO scriba del cargo de Gast y de la hermana de Nietzsche; comprendía
caos. Interpretazione d i Nietzsche, Bolonia, 1978. 1.067 textos; reimpresa con ligeras modificaciones en la edición

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