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FRAZER - La Rama Dorada

Este documento describe los principios fundamentales de la magia según el autor Sir James Frazer. Explica que la magia se basa en dos leyes: 1) la ley de semejanza, que establece que lo semejante produce lo semejante, y 2) la ley de contacto o contagio, que establece que las cosas que estuvieron en contacto continúan afectándose mutuamente a distancia. También distingue entre la magia homeopática o imitativa, que usa la ley de semejanza, y la magia contaminante o

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FRAZER - La Rama Dorada

Este documento describe los principios fundamentales de la magia según el autor Sir James Frazer. Explica que la magia se basa en dos leyes: 1) la ley de semejanza, que establece que lo semejante produce lo semejante, y 2) la ley de contacto o contagio, que establece que las cosas que estuvieron en contacto continúan afectándose mutuamente a distancia. También distingue entre la magia homeopática o imitativa, que usa la ley de semejanza, y la magia contaminante o

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Sir JAMES GEORGE FRAZER

LA RAMA DORADA
Magia y religión

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA


MÉXICO MADRID BUENOS AIRES
ÍNDICE GENERAL

AL LECTOR ................................ 9
PREFACIO ................................. 11
I. EL REY DEL BOSQUE ................. 23
1. Diana y Virbio ................................................ 23
2. Artemisa e Hipólito ........................................... 28
3. Recapitulación ................................................... 30

II. REYES SACERDOTALES .................................................. 31

III. MAGIA SIMPATÉTICA..................................................... 33


1. Los principios de la magia ............................ 33
2. Magia homeopática o imitativa........................... 35
3. Magia contaminante .......................................... 63
4. El progreso del mago ...................................... 71
IV. MAGIA Y RELIGIÓN ..................................................... 74

V. EL DOMINIO MÁGICO DEL TIEMPO .............................. 87


1. El mago público .............................................. 87
2. Dominio mágico de la lluvia ............................. 90
3. Dominio mágico del sol ....................................... 107
4. Dominio mágico del viento ................................ 110

VI. REYES MAGOS ............................................................. 113

VII. ENCARNACIÓN HUMANA DE LOS DIOSES ....................... 121

VIII. REYES DEPARTAMENTALES DE LA NATURALEZA ......... 138

IX. EL CULTO DE LOS ÁRBOLES ........................................ 142


1. Espíritus arbóreos ................................................. 142
2. Poder benéfico de los espíritus de los árboles . . . 15,1

X. VESTIGIOS DEL CULTO DEL ÁRBOL EN LA EUROPA


MODERNA ...................................................................... 154
XI. LA INFLUENCIA DE LOS SEXOS EN LA VEGETACIÓN ... 171

XII . EL MATRIMONIO SAGRADO ......................................... 176


1. Diana como diosa de la fertilidad ....................... 176
2. El matrimonio de los dioses .............................. 178
15
LOS PRINCIPIOS DE LA MAGIA 33
solía esperarse de los reyes la lluvia y el sol a su debido tiempo para
conseguir que los sembrados produjeran abundantes cosechas, e .igual-
mente otras muchas cosas. Aunque nos parezca extraña esta esperanza,
está de perfecto acuerdo con los primitivos modos de pensar. El salva|e
concibe con dificultad la distinción entre lo natural y lo sobrenatural,
comúnmente aceptada por los pueblos ya más avanzados. Para él, el
mundo está funcionando en gran parte merced a ciertos agentes sobre-
naturales que son seres personales que actúan por impulsos y motivos
semejantes a los suyos propios, y como él, propensos a modificarlos por
apelaciones a su piedad, a sus deseos y temores. En un mundo así
concebido no ve limitaciones a su poder de influir sobre el curso de los
acontecimientos en beneficio propio. Las oraciones, promesas o amena-
zas a los dioses pueden asegurarle buen tiempo y abundantes cosechas;
y si aconteciera, como muchas veces se ha creído, que un dios llegase
a encarnar en su misma persona, ya no necesitaría apelar a seres más
altos. Él, el propio salvaje, posee en sí mismo todos los poderes nece-
sarios para acrecentar su propio bienestar y el de su prójimo.
Éste es un mecanismo por el que llegamos a alcanzar la idea del
hombre-dios. Pero hay otro. Junto a este concepto de un mundo im-
pregnado de fuerzas espirituales, el hombre salvaje posee otro distinto
y probablemente más antiguo, en el cual pueden llegar a encontrarse
rudimentos de la idea moderna de ley natural, o sea la visión de la natu-
raleza como una serie de acontecimientos que ocurren en orden inva-
riable y sin intervención de agentes personales. El germen de que
hablamos se relaciona con esa "magia simpatetica", como puede llamarse,
que juega un papel importante en la mayoría de los sistemas de supers-
tición. En la sociedad primitiva el rey suele ser hechicero, además de
sacerdote; es más, con frecuencia parece haber obtenido su poderío en
virtud de su supuesta habilidad en la magia, blanca o negra. Por esto,
y con objeto de comprender la evolución de la majestad y del carácter
sagrado que de ordinario investían el cargo a los ojos de los pueblos bár-
baros o salvajes, es esencial familiarizarse con los principios de la magia
y tener alguna idea del ascendiente extraordinario que este antiguo sis-
tema de superstición ha tenido y tiene en la mente Humana en todos los
países y en todos los tiempos. A este fin, consideraremos el tema con
algún detenimiento.
CAPITULO III MAGIA

SIMPATETICA *

1. LOS PRINCIPIOS DE LA MAGIA

Si analizamos los principios del pensamiento sobre los que se funda


la magia, sin duda encontraremos que se resuelven en dos: primero,
1
Simpatética- su traducción exacta sería simpática; por prestarse a confusión,
seguimos el neologismo de la traducción francesa de lady Lilly Frazer.
34 MAGIA SIMPATÉTICA
que lo semejante produce lo semejante, o que los efectos semejan a
sus causas, y segundo, que las cosas que una vez estuvieron en contacto
se actúan recíprocamente a distancia, aun después de haber sido cortado
todo contacto físico. El primer principio puede llamarse ley de seme-
janza y el segundo ley de contacto o contagio. Del primero de estos
principios, el denominado ley de semejanza, el mago deduce que puede
producir el efecto que desee sin más que imitarlo; del segundo principio
deduce que todo lo que haga con un objeto material afectará de igual
modo a la persona con quien este objeto estuvo en contacto, haya o
no formando parte de su propio cuerpo. Los encantamientos fundados
en la ley de semejanza pueden denominarse de magia imitativa u homeo-
pática, y los basados sobre la ley de contacto o contagio podrán llamarse
de magia contaminante o contagiosa.1 Denominar a la primera de estas
dos ramas de la magia con el término de homeopática es quizá preferible
a los términos alternativos de imitativa o mimética, puesto que éstos
sugieren un agente consciente que imita, quedando por ello demasiado
restringido el campo de esta clase de magia. Cuando el mago se dedica
a la práctica de estas leyes, implícitamente cree que ellas regulan las
operaciones de la naturaleza inanimada; en otras palabras, tácitamente
da por seguro que las leyes de semejanza y contagio son de universal
aplicación y no tan sólo limitadas a las acciones humanas. Resumiendo:
la magia es un sistema espurio de leyes naturales así como una guía
errónea de conducta; es una ciencia falsa y un arte abortado. Conside-
rada como un sistema de leyes naturales, es decir, como expresión de
reglas que determinan la consecución de acaecimientos en todo el mun-
do, podemos considerarla como magia teórica; considerada como una
serie de reglas que los humanos cumplirán con objeto de conseguir sus
fines, puede llamarse magia práctica. Mas hemos de recordar al mismo
tiempo que el mago primitivo conoce solamente la magia en su aspecto
práctico; nunca analiza los procesos mentales en los que su práctica está
basada y nunca los refleja sobre los principios abstractos entrañados en
sus acciones. Para él, como para la mayoría de los hombres, la lógica
es implícita, no explícita; razona exactamente como digiere sus alimen-
tos, esto es, ignorando por completo los procesos fisiológicos y mentales
esenciales para una u otra operación: en una palabra, para él la magia
es siempre un arte, nunca una ciencia. El verdadero concepto de cien-
cia está ausente de su mente rudimentaria. Queda para el investigador
filosófico descubrir el camino seguido por el pensamiento que funda-
menta la práctica del mago; desenredar los hilos que en reducido número
forman la embrollada madeja; aislar los principios abstractos de sus apli-
caciones concretas: en suma, discernir la ciencia espuria tras el arte bas-
tardo.
Sí es acertado nuestro análisis de la lógica de los magos, sus dos
grandes principios no serán otra cosa que dos distintas y equivocadas
1
Contagiosa: usaremos "contagiosa" y "contaminante" como sinónimos y en
sentido más amplio que el estricto médico.
MAGIA HOMEOPÁTICA O IMITATIVA 35

aplicaciones de la asociación de ideas. La magia homeopática está fun-


dada en la asociación de ideas por semejanza; la magia contaminante o
contagiosa está fundada en la asociación de ideas por contigüidad. La
magia homeopática cae en el error de suponer que las cosas que se
parecen son la misma cosa; la magia contagiosa comete la equivocación
de presumir que las cosas que estuvieron una vez en contacto siguen
estándolo. Mas en la práctica se combinan frecuentemente las dos ramas,
o, para ser más precisos, mientras que la magia homeopática o imitativa
puede ser practicada sola, encontraremos generalmente que la magia
contaminante o contagiosa va mezclada en su práctica con la homeo-
pática o imitativa. Confrontadas así estas dos clases de magia, puede
haber alguna dificultad en comprenderlas, mas serán rápidamente inte-
ligibles cuando las aclaremos con algunos ejemplos apropiados. Ambas
líneas de pensamiento son de hecho en extremo sencillas, elementales,
y con dificultad podrían ser de otra manera siendo tan familiares en lo
concreto, aunque no ciertamente en lo abstracto, no tan sólo para la
inteligencia ruda del salvaje, sino también para la de la gente ignorante
y estúpida de todas partes. Ambas ramas de la magia, la homeopática y
la contaminante, pueden ser comprendidas cómodamente bajo el nom-
bre general de magia simpatética, puesto que ambas establecen que las
cosas se actúan recíprocamente a distancia mediante una atracción secreta,
una simpatía oculta, cuyo impulso es transmitido de la una a la otra
por intermedio de lo que podemos concebir como una clase de éter
invisible no desemejante al postulado por la ciencia moderna con objeto
parecido, precisamente para explicar cómo las cosas pueden afectarse
entre sí a través de un espacio que parece estar vacío.
Es conveniente poner en forma de cuadro las ramas de la magia,
según las leyes del pensamiento que las animan, en esta forma:

MAGIA SIMPATÉTICA
(Ley de simpatía)

MAGIA HOMEOPÁTICA MAGIA CONTAMINANTE


(Ley de semejanza) (Ley de contacto)

Ahora ilustraremos con ejemplos estas dos ramas de la magia sim-


patética, empezando por la homeopática.

2. MAGIA HOMEOPÁTICA o IMITATIVA

Quizá la aplicación más familiar del postulado "lo semejante produ-


ce lo semejante" es el intento hecho por muchas gentes en todas las
36 MAGIA SIMPATÉTICA

épocas para dañar o destruir a un enemigo, dañando o destruyendo una


imagen suya, por creer que lo que padezca esta imagen será sufrido por
el enemigo y que cuando se destruya su imagen él perecerá. Daremos
aquí unos cuantos ejemplos, de entre muchos, para probar la extensa
difusión alcanzada por esta práctica en el mundo y su notable persisten-
cia a través de las edades. Hace miles de años fue conocida por los
hechiceros de la India antigua, Babilonia y Egipto, así como también
por los de Grecia y Roma; aún hoy día, recurren todavía a ella los
salvajes arteros y perversos de Australia, África y Escocia. Por ejemplo
se nos cuenta que los indios norteamericanos creen que dibujando la
figura de una persona en la arena, arcilla o cenizas, y también conside-
rando cualquier objeto como si fuera su cuerpo, y después clavándolo
con una estaca aguzada o haciéndole cualquier otro daño, infligirán una
lesión correspondiente a la persona representada. Cuando un indio ojeb-
way desea hacer daño a alguien, hace una imagen pequeña de madera de
su enemigo y le clava una aguja en la cabeza o en el corazón, o le dispara
una flecha, creyendo que cuando pincha o agujeran la imagen siente su
enemigo en el mismo instante un dolor terrible en la parte correspon-
diente de su cuerpo, y cuando intenta matarlo resueltamente, quema o
entierra el muñeco, pronunciando mientras lo hace ciertas palabras má-
gicas. Los indios del Perú moldean figuritas de sebo mezclado con grano,
dándoles el mejor parecido posible con las personas que odian o temen,
y después queman las efigies en el sendero por donde las supuestas
víctimas habrán de pasar. Dan a esta operación el nombre de quemar
su alma.
Un maleficio malayo de la misma clase consiste en recoger recortes
de uñas, pelo, pestañas, algo de saliva y otras cosas parecidas de la
futura víctima, suficientes para representar las diversas partes de su per-
sona; después se hace, con todo eso y cera de una colmena abandonada,
una figurita semejante a ella, que se tuesta lentamente sobre una lámpara
durante siete noches mientras se dice:

No es cera esto que estoy socarrando;


es el hígado, el corazón y el bazo de fulano de tal lo que socarro.

Después de transcurrir la séptima noche, se quema del todo la figura; la


víctima morirá. Es evidente que en este maleficio se combinan los prin-
cipios de la magia homeopática y de la contaminante, puesto que el
muñeco está hecho a imagen, en cierto modo, del enemigo, y contiene
materiales que estuvieron en contacto con él, principalmente sus uñas,
pelo y saliva. Otra forma de embrujamiento malayo, que recuerda más
estrechamente la práctica de los ojebway, es hacer, con cera de una
colmena abandonada, una figura de un pie de longitud, que representa
al enemigo muerto; después se pinchan los ojos de la imagen y el
enemigo queda ciego; se hiere el estómago y enferma; se pincha la cabeza
y siente dolor de cabeza; se taladra el pecho y enferma del pecho. Si
MAGIA HOMEOPÁTICA O IMITATIVA 37

se quiere matar al enemigo a toda costa, se atraviesa su imagen de los


pies a la cabeza, se la amortaja como si fuera un cadáver, se reza sobre
ella cual si se estuviera rezando por un muerto y después se la entierra
en medio del sendero por donde el enemigo ha de pasar. Con objeto
de que su sangre no caiga sobre la propia cabeza, se debe decir:

Yo no soy el que está enterrándole:


es Gabriel el que le está enterrando.

De este modo, la culpabilidad del crimen recaerá sobre los hombros del
arcángel Gabriel, que está mucho más capacitado para soportar este peso.
Si la magia homeopática o imitativa, utilizando las figuritas, se ha
practicado a menudo con el rencoroso propósito de arrojar fuera de este
mundo a las gentes aborrecidas, también, aunque más raramente, se ha
empleado con la buena intención de ayudar a entrar en él a otras. Es
decir, se ha usado para facilitar el nacimiento y conseguir la gravidez de
las mujeres estériles. Así, entre los batakos de Sumatra, cuando una
mujer estéril desea llegar a ser madre, hará en madera una figura de
niño y lo colocará en su regazo, creyendo que esto la conducirá al cum-
plimiento de sus deseos. En el archipiélago Babar, cuando una mujer
desea tener una criatura, ruegas a un hombre que sea padre de numerosos
hijos que rece por ella a Upulero, el espíritu del sol. Hacen un muñeco
de algodón rojo, que la mujer sostiene en sus brazos como si estuviera
amamantándolo. Después, el padre prolífico coge una gallina por las
patas y acercándola a la cabeza de la mujer, dice: "Toma esta ave, ¡oh
Upulero!, y consiente que descienda una criatura, te lo ruego y suplico.
Permite que venga una criatura y la recoja en mis manos y en mi regazo".
Dicho esto, pregunta a la mujer: "¿Ha llegado ya la criatura?" Y ella
responde: "Sí, y ya está mamando." Entonces, sostiene el ave sobre la
cabeza del marido y musita algunas palabras. Finalmente, matan al ave
y, junto con un poco de betel, la colocan en el lugar de la casa desti-
nado a los sacrificios domésticos. Terminada la ceremonia, corre por
la aldea la noticia de que la mujer ha dado a luz y las amistades vienen
a la casa para felicitarla. Aquí la simulación del nacimiento de un niño
es simplemente un rito mágico, designado para asegurar por medio de
la imitación o pantomima que realmente nacerá una criatura, y se intenta
ayudar a la eficacia del rito mediante la oración y el sacrificio. Por de-
cirlo así, la magia está mezclada y reforzada en este caso con religión.
Entre algunos de los dayakos de Borneo, cuando una mujer tiene
un parto laborioso, llaman a un brujo, que intenta facilitar el parto por
el modo racional de manipular en el cuerpo de la parturienta y, mien-
tras tanto, otro brujo, fuera del cuarto, se esfuerza en obtener el mismo
fin por medios que nosotros consideramos totalmente irracionales. En
efecto, él pretende ser la parturienta: con una tela enrollada al cuerpo,
sujeta una piedra grande que representa al niño en la matriz y, siguiendo
las instrucciones que le grita su colega desde el lugar de la escena real.
38 MAGIA SIMPATÉTICA

mueve el supuesto bebé sobre su cuerpo imitando exactamente el mo-


vimiento del verdadero, hasta que éste nace.
El mismo principio de simulación que gusta tanto a los niños ha
llevado a otros pueblos al empleo de la simulación del nacimiento como
una forma de adopción y aun como procedimiento de resucitar al que se
supone había muerto. Si una persona simula el alumbramiento de un
hijo, aunque sea un hombre barbudo, sin una sola gota de la sangre de
aquélla en las venas, entonces, según el criterio de la filosofía y la ley
primitivas, el muchacho o el hambre es realmente su propio hijo en
todos sentidos. Así, nos cuenta Diodoro que cuando Zeus persuadió a
su celosa mujer Hera para que prohijase a Hércules, la diosa se metió
en la cama y abrazando al corpulento héroe contra su seno, le empujó
por debajo de su ropa y le dejó caer al suelo, imitando un verdadero par-
to; el historiador añade que en sus tiempos se practicaba por los bárbaros
el mismo medio para adoptar criaturas. En nuestros días se dice que
todavía se usa así entre los turcos de Bosnia y de Bulgaria. Cuando una
mujer desea prohijar a un muchacho, le sacará o empujará por entre
sus ropas: desde entonces será mirado siempre como su verdadero hijo
y heredará todos los bienes de sus padres adoptivos. Entre los bera-
wanos de Sarawak, cuando una mujer desea adoptar a una persona ya
adulta, sea hombre o mujer, se reúne a mucha gente para celebrar una
fiesta. La madre adoptiva, sentada ante el público sobre un asiento alto
con faldones, permite que la persona adoptada se arrastre desde atrás y
entre sus piernas. Tan pronto como aparece por delante de ellas, le
golpean con los capullos perfumados de la palma de areca y le atan
a la mujer. Después madre e hijo o hija adoptivos, así atados juntos,
anadean hasta el fondo de la casa y vuelven otra vez a la vista de los
espectadores. El lazo establecido entre los dos por esta imitación grá-
fica del parto es muy estrecho; una ofensa cometida contra un hijo
adoptivo se reconoce como más grave que la hecha a un hijo verdadero.
En la Grecia antigua, si se había supuesto erróneamente que un hombre
ausente había muerto y se le habían hecho los ritos fúnebres, a su vuelta
era tratado como muerto para la sociedad hasta que hubiera pasado por
la ceremonia de nacer otra vez. Le hacían pasar por la entrepierna de
una mujer y después le lavaban y vestían con mantillas y le entregaban
a una nodriza. Hasta que no se ejecutaba con todo detalle la ceremonia,
no podía relacionarse libremente con la gente. En parecidas circuns-
tancias, en la India antigua, el hombre a quien se había supuesto falle-
cido tenía que pasar la primera noche de su vuelta en una tina llena de
agua grasienta; mientras estaba sentado y con los brazos cruzados, cerra-
dos los puños y sin pronunciar palabra, a semejanza de una criatura en
la 'matriz, se ejecutaban sobre él todos los sacramentos que se acos-
tumbraba hacer sobre una mujer preñada. A la mañana siguiente salía
de la tina y pasaba una vez más por todos los sacramentos que tuvo
en su juventud y especialmente le casaban con una mujer o le volvían a
casar con su propia esposa con la debida solemnidad.
MAGIA HOMEOPÁTICA O IMITATIVA 39
Otro uso benéfico de la magia homeopática es la cura o prevención
de enfermedades. Los antiguos hindúes ejecutaban una complicada cere-
monia, basada en ella, para curar la ictericia. Su tendencia principal
era relegar el color amarillo hacia seres y cosas amarillas, tales como el
sol, a las que propiamente pertenece, y procurar al paciente un saludable
color rojo de una fuente vigorosa y viviente, principalmente un toro
bermejo. Con esta intención, un sacerdote recitaba el siguiente conjuro:
"Hasta el sol subirá tu pesadumbre y tu ictericia; en el color del toro
rojo te envolveremos. Te envolveremos en matices rojos por toda una
larga vida. ¡Que quede esta persona ilesa y libre del color amarillo!
Te envolveremos en todas las formas y todas las fuerzas de las vacas,
cuya deidad es Rohini y que además son rojas (rohinih). Dentro de las
cacatúas, dentro de los tordos pondremos tu amarillez y además en el
pajizo doradillo de inquieta cola pondremos tu amarillez." Mientras pro-
nunciaba estas palabras, el sacerdote, con objeto de infundir el matiz
rosado de la salud en el cetrino paciente, le iba dando a beber agua en
la que había echado pelos de un toro rojo; vertía agua sobre el lomo del
animal y le hacía beber al enfermo de la que escurría; le sentaba sobre
una piel de toro rojo y le ataba con un trozo de ella. Después, con el
designio de mejorar su color expulsando completamente el tinte ama-
rillo, procedía a embadurnarle de pies a cabeza con una papilla hecha
de cúrcuma (una planta amarilla), le tendía en la cama y sujetaba a
los pies de ella, mediante una cuerda amarilla, tres pájaros, a saber,
una cacatúa amarilla, un tordo y un doradillo. Después iba vertiendo
agua sobre el paciente, lavándole el barro amarillo, con lo que era seguro
que la ictericia se marcharía a las aves atadas. Después de hecho esto,
y para dar un remate lozano a su complexión, cogía algunos pelos de
toro rojo, los envolvía en una hoja dorada y los pegaba a la piel del
enfermo. Los antiguos creían que si una persona con ictericia miraba
con atención a una avutarda o chorlito y el ave fijaba su vista en ella,
quedaba curada de la enfermedad. "Tal es la naturaleza —dice Plu-
tarco— y tal el temperamento de esta ave que extrae y recibe la enfer-
medad que sale como una corriente por medio de la vista". Era tan
conocida entre los pajareros la valiosa propiedad de estas aves que cuando
tenían alguna para la venta, la guardaban cuidadosamente cubierta, por
temor de que algún ictérico la mirase y se curase gratis. La virtud del
ave no estaba en el color de su plumaje, sino en sus grandes ojos
dorados que, como es natural, extraían la amarillez de la ictericia. Plinio*
nos cuenta de otra ave, o quizá la misma, a la que los griegos daban el
nombre de "ictericia", porque si una persona ictérica la miraba, su en-
fermedad la dejaba para matar al ave. También menciona una piedra
que suponían curaba la ictericia a causa de que sus matices recuerdan los
de una piel ictérica.
Uno de los grandes méritos de la magia homeopática está en per-
mitir que la curación sea ejecutada en la persona del doctor en vez de
la de su cliente, quien se alivia de todo peligro y molestia mientras ve
40 MAGIA SIMPATÉTICA
al médico retorcerse de dolor. Por ejemplo, los campesinos de Perche,
en Francia, obran bajo la impresión de que los espasmos prolongados del
vómito son efecto de la caída del estomago, por haberse descolgado,
según dicen ellos, y de acuerdo con esto, llaman a un práctico en estas
cuestiones para que devuelva el órgano a su lugar propio. Después de
escuchar los síntomas, el práctico se entrega a las más espantosas con-
vulsiones con el propósito de desenganchar su propio estómago. Ha-
biendo tenido éxito en un esfuerzo, vuelve en seguida a colgar su estó-
mago con otra serie de contorsiones y batimanes mientras el paciente
experimenta el correspondiente alivio; precio, cinco francos. Con seme-
jante método un médico dayako, llamado por un enfermo, se tiende en
el suelo y pretende estar muerto, y, suponiéndolo así, se le trata como
corresponde a un cadáver, envolviéndole en esterillas, sacándole de la
casa y tendiéndole en el suelo. Pasada una hora, los otros curanderos
desenvuelven de sus cubiertas y devuelven la vida al pretendido muerto;
según va recobrándose éste, suponen que se mejora también el enfermo.
En los principios de la magia homeopática se funda la cura de un tumor
prescrita por Marcelo de Burdeos, médico de la corte de Teodosio I, en
su curiosa obra sobre medicina. Dice así: "Tómese una raíz de verbena,
córtese por la mitad y cuélguese una parte alrededor del cuello del pa-
ciente y la otra sobre el fuego de la chimenea. Conforme va secándose
la raíz entre el humo del hogar, va secándose el tumor hasta desaparecer.
Si después el paciente es ingrato para el buen médico, el diestro cono-
cedor puede vengarse muy fácilmente sin más que arrojar la verbena
al agua, pues, a medida que la raíz absorbe otra vez la humedad el
tumor se reproduce". El mismo escritor sapiente recomienda que si se
está molesto por alguna erupción de barrillos, se aceche la caída de una
estrella y en aquel momento preciso en que la estrella corre todavía por
el cielo, se restrieguen rápidamente los granos con la primera tela que
se encuentre a mano. Del mismo modo que las estrellas caen del cielo,
así caerán los barrillos del cuerpo, pero tendrá el paciente mucho cuidado
de no restregarlos con mano desnuda, pues los granos pasarían a ella.
Por otra parte, la magia homeopática y en general la simpatética
juegan una gran parte en las precauciones que el cazador o pescador toma
para asegurar una abundante provisión de alimento. Según la máxima
de que "lo semejante produce lo semejante", él y sus compañeros hacen
muchas cosas imitando deliberadamente aquello que quieren conseguir
y, por el contrario, evitan otras con cuidado por su parecido más o me-
nos imaginario a las que serían desastrosas si se realizasen.
En ningún sitio se lleva la teoría de la magia simpatética más siste-
máticamente a la práctica para la protección del abastecimiento de ali-
mentos que en las inhospitalarias regiones de la Australia central. Allí
las tribus están divididas en un número de clanes totémicos, cada uno
de los cuales se encarga del deber de multiplicar su tótem para el bien-
MAGIA HOMEOPÁTICA O IMITATIVA «
estar de la comunidad, por medio de ceremonias mágicas. La mayoría
de los tótems son animales y plantas comestibles y el resultado general
que creen lograr con esas ceremonias es el de abastecer a la tribu de
alimentos y otras cosas necesarias. Es frecuente que los ritos consistan
en una imitación de los efectos que la gente desea producir; en otros
términos, su magia es homeopática o imitativa. Así, entre los warra-
munga, el cabecilla del tótem cacatúa blanca procura la multiplicación
de las cacatúas blancas teniendo en la mano una figura del ave e imi-
tando sus gritos roncos. Entre los arunta, los hombres del tótem larva
del witchetty1 ejecutan ceremonias para multiplicar la larva que los
demás miembros de la tribu acostumbrar comer. Una de estas cere-
monias es una escena en que se representa al insecto perfecto saliendo
del capullo de la crisálida: forman una larga y estrecha construcción de
ramaje que imita el capullo de la crisálida y dentro de él, sentados, unos
cuantos hombres que tienen por tótem a la larva entonan alusiones al
insecto en los distintos momentos de la metamorfosis. Después van
emergiendo de la estructura acurrucados y, conforme van saliendo, can-
tan al insecto que emerge de su crisálida. Se cree que esto multiplica
el número de larvas. También, con objeto de multiplicar los emúes, que
son un importante artículo comestible, los hombres del tótem del emú
dibujan sobre el suelo la sagrada figura de su tótem, especialmente las
partes del emú que más les gusta comer, como las que abundan en grasa
y los huevos. Los hombres se sientan alrededor del dibujo y cantan.
Después los actores, llevando unos capirotes que representan el cuello
largo y la cabeza pequeña de los emúes, imitan la apariencia del ave
cuando se pone a mover la cabeza en todas direcciones.
Los indios de la Colombia Británica viven principalmente de la
pesca, que abunda en el mar y en sus ríos. Si los peces no llegan en
la debida estación y los indios están hambrientos, un brujo mootka fa-
brica la imagen de un pez nadando y la pone en el agua en la dirección
en que es más frecuente la llegada de los peces. Esta ceremonia, acom-
pañada de una oración para que venga la pesca, conseguirá que llegue
al momento. Los isleños del estrecho de Torres usan modelos de vacas
marinas y de tortugas para atraerlas con el hechizo. Los toradjas de
Célebes central creen que las cosas de la misma clase se atraen mutua-
mente por los espíritus que habitan en ellas o por el éter vital. Debido
a esta creencia, cuelgan en sus casas quijadas de ciervos y jabalíes con
objeto de que los espíritus que animan estos huesos atraigan a sus congé-
neres al sendero del cazador. En la isla de Nías, cuando ha caído un
jabalí en la trampa preparada al efecto, al sacarle de allí le frotan el
lomo con nueve hojas caídas, no arrancadas, creyendo que del mismo
modo que las hojas han caído del árbol, así también caerán en la trampa
otros nueve jabalíes. En las islas de las Indias Orientales, Saparoea,

1
Las larvas del insecto witchetty viven entre las raíces de las acacias y son el
alimento principal del topo marsupial de Australia.
42 MAGIA SIMPATÉTICA
Haroekoe y Noessa Laut, cuando un pescador va a colocar un aparejo
de pesca en el mar, echa una mirada a su alrededor buscando un árbol
cuyos frutos estén muy picoteados por los pájaros y, en viéndolo, corta
una rama fuerte y la convierte en la estaca principal para fijar su aparejo;
él cree que del mismo modo que el árbol atraía muchas aves a su fruta,
así también la rama cortada de ese árbol atraerá mucho pescado a su
trampa.
Las tribus occidentales de la Nueva Guinea Británica emplean la
siguiente hechicería para ayudar al cazador a arponear vacas marinas o
tortugas: colocan en el agujero del mango del arpón donde encaja éste
un escarabajo pequeño de los que se encuentran en los cocoteros. Igual
que el insecto se pega a la piel del hombre, se supone que se afianzará
el arpón en la vaca marina o en la tortuga. Cuando un cazador cambod-
giano comprueba que sus redes no han cogido nada, se desnuda, se aleja
un poco y errabundeando se deja caer en la red como si no la hubiera
visto; dejándose capturar en ella, se pone a gritar: "¡Ay! ¿Qué es esto?
Temo estar cogido". Después es seguro que algo caerá en la red. Una
pantomima de la misma especie ha sido representada y se recuerda entre
los montañeses de Escocia. El Reverendo James MacDonald, ahora pas-
tor protestante de Reay de Caithness, nos cuenta que en su juventud,
cuando iba a pescar con sus compañeros al lago Aliñe y los peces tarda-
ban mucho en picar, acostumbraban fingir la pesca, como sí fuera un
pez, de uno de sus compañeros, al que arrojaban previamente al agua.
Después comenzaban a picar las truchas o los silloch,1 según que la barca
estuviera en aguas dulces o saladas. Antes de ir a tender trampas para
cazar martas, un indio carrier duerme a solas doce noches seguidas ante
una hoguera, con el cuello oprimido por una varita. Esto causará, natu-
ralmente, que la estaca de su trampa caiga también sobre el cuello de
la marta.
Entre los galelareses que viven en un distrito norteño de la
gran isla de Halmahera, al oeste de Nueva Guinea, existe la práctica
de poner en la boca la bala con que se cargará después el fusil. Hacer
esto es prácticamente comerse la caza que será blanco de la bala, y
además así no será posible errar el blanco. Mientras un malayo espera
el resultado de haber cebado la trampa para cocodrilos, tiene la preven-
ción, al comer su "curry", de empezar tragándose tres puñados seguidos
del arroz, porque esto ayuda al cebo a escurrirse por la garganta del
cocodrilo con más facilidad. También tiene buen cuidado de no sacar
ningún hueso de su "curry", pues, como él dice, está claro que enton-
ces la estaca aguzada en que tiene espetado el cebo podría salirse de
modo semejante y el cocodrilo se marcharía con el cebo. Por esto, en
tales circunstancias el cazador prudente, antes de comenzar su comida,
procura que alguna otra persona saque los huesos de su "curry" para

1
Silloch, especie de bacalao de dorso negruzco.
MAGIA HOMEOPÁTICA O IMITATIVA 43
evitar que llegue el momento de tener que escoger entre tragarse los
huesos o que el cocodrilo se escape.
Esta última regla es un ejemplo de las cosas que el cazador debe
evitar para no estropear su buena suerte, fundándose en que "lo seme-
jante produce lo semejante", pues se ha observado que el sistema de
magia simpatética no se compone solamente de preceptos positivos;
comprende también un gran número de preceptos negativos o prohibi-
ciones. Dice no solamente lo que hay que hacer, sino lo que no se debe
hacer. Los preceptos positivos son los encantamientos; los preceptos
negativos son los tabús. En realidad, la doctrina completa del tabú
o, por lo menos, una gran parte de ella, parece ser solamente una aplica-
ción especial de la magia simpatética y sus dos grandes leyes de la seme-
janza y del contacto. Aunque estas leyes ciertamente no sean formula-
das en tales palabras ni aun siquiera concebidas en abstracto por el
salvaje, no obstante, son implícitamente creídas por él como reguladoras
del curso de la naturaleza e independientes de la voluntad humana.
Piensa que si él obra en cierto sentido, se seguirán ciertas consecuencias
inevitables en virtud de una ü otra de esas leyes, y si le parece que estas
consecuencias pudieran ser desagradables o peligrosas, naturalmente
que tendrá el cuidado de evitarlas, dejando de actuar en ese sentido.
En otras palabras, se abstendrá de hacer lo que, de acuerdo con sus
nociones equivocadas de causa y efecto, él cree falsamente que podría
dañarle. En una palabra, se sujeta a un tabú. Así, el tabú es hasta aquí
una aplicación negativa de magia práctica. La magia positiva o hechi-
cería dice: "Haz esto para que acontezca esto otro". La magia negativa
o tabú dice: "No hagas esto para que no suceda esto otro". El propó-
sito de la magia positiva o hechicería es el de producir un acontecimiento
que se desea; el propósito de la magia negativa o tabú es el de evitar el
suceso que se teme. Mas ambas consecuencias, la deseable y la indesea-
ble, se suponen producidas de acuerdo con las leyes de semejanza y de
contacto. Y así como la consecuencia deseada no es en realidad pro-
ducida por la observancia de una ceremonia mágica, tampoco lo es la
temida por la violación de un tabú. Si el supuesto daño se realizara
siempre siguiendo a la violación del tabú, éste no sería sino un precepto
de moral o de sentido común. No es tabú decir: "No pongas la
mano en el fuego"; es un dictado del sentido común, pues el acto prohi-
bido entraña un daño real, no imaginario. Resumiremos que los pre-
ceptos negativos que llamamos tabús son exactamente tan vanos y fútiles
como los preceptos positivos que denominamos hechicería. Las dos
cosas son tan sólo los lados o polos opuestos de un grande y calamitoso
error, una concepción equivocada de la asociación de ideas. En esta gran
falacia, el polo positivo es la hechicería y el negativo el tabú. Dando
el nombre general de magia teórica y práctica a la totalidad del sistema
erróneo, podemos definir el tabú como el aspecto negativo de la magia
práctica. Pongámoslo gráficamente en el siguiente cuadro:
44 MAGIA SIMPATÉTICA

MAGIA

TEÓRICA PRACTICA
(La magia como pseudo ciencia) (La magia como pseudo arte)

! i
MAGIA POSITIVA MAGIA NEGATIVA
O O
HECHICERÍA TABÚ

Hemos hecho estas observaciones sobre el tabú y sus relaciones con


la magia porque vamos a dar algunos ejemplos de tabús observados por
pescadores, cazadores, etc., y deseamos demostrar que tales ejemplos
caen bajo el dictado de la magia simpatética, siendo solamente casos par-
ticulares de esta teoría general. Tenemos, por ejemplo, que entre los
muchachos esquimales está prohibido jugar a las "cunitas de gato", pues
si lo hicieran podría suceder que, siendo ya adultos, se enredasen en
la cuerda del arpón. En este ejemplo el tabú es claramente una apli-
cación de la ley de semejanza, base de la magia homeopática; como los
dedos de la criatura se enredan en la cuerda al jugar a las "cunitas", así
se enredarían en la cuerda del arpón cuando, ya hombre, cazase ballenas.
También entre los huzuls, de las montañas de los Cárpatos, la mujer de
un cazador no hilará mientras su marido come, de lo contrario, la caza
dará muchas vueltas, como el huso, y el cazador no dará en el blanco.
También aquí se muestra claramente el tabú derivado de la ley de
semejanza.
Así también, en la mayoría de los lugares de la Italia antigua
estaba prohibido por la ley que las mujeres fueran hilando según cami-
naban por las carreteras e inclusive que llevaran visibles los husos, pues
tales actos se creían perjudiciales para las mieses. Probablemente la idea
era que las rotaciones del huso harían retorcer las cañas del grano, que
no crecerían erguidas. Del mismo modo, entre los ainos de la isla Sajalín,
una mujer embarazada no debe hilar ni retorcer cuerdas desde dos me-
ses antes del parto, pues si lo hiciera, las entrañas de la criatura se
enredarían de modo semejante a las cuerdas. Razón parecida hace que
en Bilaspore, distrito de Indostán, cuando los hombres principales de
una aldea se reúnen en consejo, nadie dará vueltas al huso,1 pues se
supone que si tal cosa aconteciera, la discusión, a semejanza del huso,
derivaría en un círculo vicioso que nunca podría desenredarse. En al-
gunas de las islas de las Indias Orientales, nadie que llegue a la casa
de un cazador quedará indeciso en la puerta al entrar; si lo hace, de igual

1 El Ghandi acostumbraba, para dar ejemplo a sus compatriotas, hilar cierta


cantidad diaria.

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