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Este documento describe las tradiciones del culto a los muertos en Coatetelco, Morelos, México desde una perspectiva histórica y etnográfica. Explica que el 28 de septiembre se llevan ofrendas de elotes y tamales de elote recién cosechados al panteón como una ofrenda a los antepasados y para agradecer por la cosecha. También describe las costumbres de adornar las tumbas con flores como el pericón amarillo y rezarles a los difuntos durante las visitas al cementerio

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Este documento describe las tradiciones del culto a los muertos en Coatetelco, Morelos, México desde una perspectiva histórica y etnográfica. Explica que el 28 de septiembre se llevan ofrendas de elotes y tamales de elote recién cosechados al panteón como una ofrenda a los antepasados y para agradecer por la cosecha. También describe las costumbres de adornar las tumbas con flores como el pericón amarillo y rezarles a los difuntos durante las visitas al cementerio

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TOMADO DE: Johanna Broda y Catharine Good (coords.

), Historia y vida ceremonial en


las comunidades mesoamericanas: los ritos agrícolas, México, INAH-UNAM, 2004.

CAPÍTULO 7
EL CULTO A LOS MUERTOS EN COATETELCO, MORELOS (UNA
PERSPECTIVA HISTÓRICA Y ETNOGRÁFICA).

Druzo Maldonado Jiménez


División de Posgrado, ENAH

Introducción
Los rituales de la muerte al igual que del nacimiento o de la pubertad se inscriben,
según la clasificación de Víctor Turner, dentro de "los rituales de las crisis vitales", los
cuales marcan un punto importante en el tránsito físico y social del individuo, y "no
conciernen sólo a los individuos en quienes se centran, sino que marcan también cambios
en las relaciones de todas las personas conexas con ellos por vínculo de sangre,
matrimonio, dinero, control político y de muchas otras clases" (1997: 7-8). Cuando una
persona muere, prosigue dicho autor, "todos esos vínculos se rompen, y cuando más
importante la persona mayor el número y el alcance de los vínculos que han de romperse"
(op. cit.: 10).
Nuestro espacio ritual de la muerte se ubica al suroeste del estado de Morelos, el
pueblo de Coatetelco y su laguna, cerca de la antigua ciudad de Xochicalco. Políticamente
forma parte del municipio de Miacatlán. Orográficamente se halla inmerso en la
característica vegetación de selva baja caducifolia, la cual ha sido su hábitat territorial y
ecológico mesoamericano ancestral, así como de producción y reproducción sociocultural.
El pueblo en la actualidad se asienta sobre antiguos vestigios, a 980 msnm., de los cuales
el horizonte tlalhuica representa el último eslabón antes de la invasión española en el siglo
XVI (cfr. Maldonado 1998).
Ahora bien, la historia de Coatetelco, vista en su dimensión de larga duración,
siempre ha estado ligada a la laguna. Este espacio lacustre, en la práctica social es el axis
mundi que interactúa comunitariamente en conexión con mitos y ritos relacionados con el
agua y la fertilidad (cfr. Maldonado 2001a); así conforme a un mito etiológico, la laguna
fue creada con la corona que portaba la diosa Madre Cautlitzin (Moreno Flores, 1886), o
mejor dicho Coatliltzin-Cihuacóatl. (Maldonado 1998) De acuerdo con Moreno Flores,
quién publicó esta “Leyenda” a fines del siglo XIX (1886), hasta el año de 1868 los
ancestros ahogados cuando fue creada la laguna recibían sus ofrendas el día primero de
noviembre, a orillas del vaso lacustre. Al respecto dicho autor nos dice:

“…otra de las creencias que tenían [en] Coatetelco, es que sus antepasados
ahogados cuando se formó la laguna, se reunían el día de finados para recibir las
ofrendas y con este motivo hasta el año de 1868 tenían la costumbre de ponerles
las ofrendas en la orilla de la laguna, bajo unas enramadas. Las ofrendas eran
plátanos, tlaxcales, limas, naranjas y muchas ceras de a real y dos reales; algunos
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ponían grandes cazuelas de mole pipián y muchos tamales, llamados cuanextle. En


la actualidad ponen las ofrendas, pero en sus casas, …” (énfasis añadido).

Es evidente que se trata de un rito de sustrato prehispánico, un antiguo culto a los


muertos relacionado con el agua terrestre. Conforme al fraile franciscano Bernardino de
Sahagún, los que morían ahogados se iban al Tlalocan, "la morada de Tláloc", que

"es el Paraíso Terrenal..., en el cual hay muchos regocijos y refrigerios, sin pena
ninguna. Nunca jamás faltan las mazorcas de maíz verdes, y calabazas y ramitas de
bledos, y axi verde, y xitomates, y frisoles verdes en vaina, y flores, Y allí viven unos
dioses que se dicen tlaloque..." (1989, Tomo I, libro III: 222).

Hoy en día en Coatetelco, el culto de los antepasados comprende ritos familiares (es
decir, privados) y colectivos (públicos) que combinan en su dialéctica reactualización tanto
elementos de sustrato prehispánico mesoamericano como de carácter judeo-cristianos
introducidos por la orden de los franciscanos en la Colonia. El anual culto involucra tres
instituciones sociales integradoras de la identidad comunitaria: las unidades domésticas, la
iglesia y el panteón, instituciones que se interrelacionan con el calendario ritual y con el
trabajo agrícola.
Siguiendo el cómputo cristiano el culto a los muertos comprende un periodo que se
extiende desde el 28 del mes de septiembre, fecha que marca el inicio del culto con un
huentle (ofrenda) de los primeros frutos – elotes y tamales de elotes de la cosecha de
temporal- en el panteón, hasta el 31 de octubre (ofrenda a los muertos niños en la unidad
familiar) y 1 noviembre (ofrenda a los muertos adultos en la unidad familiar) y 2 de
noviembre (fin del culto: “cuando regresan al panteón”), que se vincula con la cosecha del
maíz nuevo.
Septiembre: mes del hambre.
De hecho, septiembre, representa en Coatetelco el mes más crítico en la comunidad ya que

"está bien muerto, no hay nada que comer, no hay nada pues, todavía no viene el
producto de la siembra; ya a fin de mes empieza a haber elotitos y calabazas; y, los
primeros elotes dicen que se les ofrenda a los muertos, pues, porque son los que están
abogando por los que estamos aquí en la tierra. Dicen que están abogando allá en el
cielo, son mediadores, son los que están hablando por nosotros, que ellos están
sufriendo allá para que nosotros podamos seguir viviendo. Pues, por ello se les
ofrendan los primeros elotes" (don Tomás, comunicación personal).

28 de septiembre: La víspera del Día de San Miguel.


En el santoral católico el 28 de septiembre es la víspera del Día de san Miguel, uno de los
siete arcángeles y patrono de las batallas y los difuntos, entre otros atributos (cfr. Sandoval
1997). Esta significativa fecha se correlaciona, en el ciclo agrícola de temporal en Coatetelco,
con
"el tiempo de que ya se dieron las milpas (que se sembraron a fines de junio), de que
ya va a venir la cosecha (en noviembre), y de que ya va haber tamal" y, por
consiguiente, "de que ya se quitó el hambre" (don Juan, et. al., comunicación
personal).
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Y también marca el comienzo del culto a los parientes muertos: una ofrenda de los
primeros frutos del ciclo agrícola de temporal se ofrece y, simbólicamente se inicia una
cotidiana y temporaria comunicación entre el mundo de los muertos y el de los vivos. El 28
de septiembre, "ponen ofrendas a los difuntos en el camposanto por parte de san Miguel" (don
Juan, comunicación personal),

"es un día de visitar a los muertos, se les va dar de comer al panteón. (…) El 28
septiembre es también como una víspera, como una invitación anticipada, que ya va
venir tu día en que Dios te va a dar permiso de regresar a tu casa y comer con tu
familia, pues, te venimos a invitar, te venimos a dar un taco; según, como si estuviera
vivo" (don Felipe, comunicación personal).

La comida-ofrenda, se inicia al mediodía y prosigue hasta las diez de la noche. En las


calles del pueblo, mujeres, hombres y niños cargan rumbo al panteón sus coronas, flores
aromáticas, y chiquihuites llenos con la ofrenda, elotes hervidos y tamales de elote, sin faltar
el abundante adorno floral, las velas o veladoras y el incienso del aromático copal. A los
queridos difuntos, una vez colocada la comida-ofrenda sobre la tumba, se les llama, se les
nombra, según el parentesco familiar (v.g. Mi querido [a] padre [madre]…). Luego de un
cierto tiempo de convivencia familiar y colectiva, en el que simbólicamente se establece
comunicación con el mundo de los muertos, se reparten en el panteón mismo los elotes y
tamales (y, a veces frutas) entre los parientes, amigos y gente conocida que acuden a la
ceremonia pública.
En el panteón, las tumbas, iluminadas con velas e impregnadas del humo que despiden
los sahumadores con copal, son adornadas con coronas colocadas en las cruces, las cuales
lucen múltiples flores de papel (v.g. azul y blanco, rosa, rojo, o de otros colores). La
impresionante iluminación nocturna de la morada de los muertos se confunde con las diversas
flores de la época de lluvia. Sobresale el aromático pericón, yauhtli (Tagetes lucida), la planta
ritual por excelencia de los antepasados. Los llamativos ramos de pericón, es decir flores
amarillas, son colocadas sobre las tumbas de cemento, mientras que en las tumbas de tierra la
planta es sembrada sobre ella, evocando un campo de cultivo y, en algunos casos, junto con
el pericón, en el centro de la tumba, se siembran ramos del arbusto conocido localmente como
tlapaneca, de flor de color blanco. (figs. 1,2) El pericón se corta y trae de los campos del
Cerro Cuentepetzin, antiguo asentamiento del pueblo de Cuentepec (en cercanía con
Xochicalco), y la tlapaneca crece en los patios de las casas en Coatetelco. La proliferación de
ambas está circunscrita al mes de septiembre. Como apunta Dora Sierra, en Coatetelco y
otros pueblos de Morelos, las tumbas se cubren con ramos de pericón “para que el Demonio
no se meta en ellas y perturbe la paz de los difuntos” (2000: 174).

- ¿Por qué se les lleva ofrenda de elotes y de tamales de elote a los muertos el 28 de
septiembre?
- “Es una acción <de gracias> porque se dio la cosecha” (don Tomás, comunicación
personal). En el pueblo,
“es una tradición de nuestros antepasados, por eso se viene haciendo, por eso lo
hacemos. Este día, 28 de septiembre, todos deben tener su nixcomitl llenos de maíz
ya hervidos, debe estar así porque hoy pasa san Miguel a bendecir y se quita el
hambre; por eso, es lo mismo con lo de la amarrada de las cruces (con pericón) en las
100

milpas, en todas las siembras, para quitar el hambre, porque hoy viene san Miguel y
quita el hambre” (don Mateo, comunicación personal).

San Miguel, el que “quita el hambre”, y del cual no existe ninguna imagen en la
iglesia, sólo pasa por el tepetatoso pueblo “a bendecir” los primeros frutos de la milpa de
temporal. El 28 de septiembre, para protegerse de "las barbaridades del diablo", que "ese día
anda suelto" se amarran las cruces de pericón en las puertas y ventanas de las casas de todo el
pueblo, y también en la iglesia y en las cuatro cruces de alrededor del templo; asimismo, en
las huertas de jitomates y en las milpas. Si es una parcela de jitomate sólo se pone una cruz
grande de pericón en medio, si es de milpa se coloca una en cada esquina, o sea cuatro cruces
pequeñas, y si es de cacahuate se debe poner una cruz grande al centro. De acuerdo con

"la platica de los viejos, eso se hace porque decían que ese día venía el diablo a hacer
barbaridades, pasaban ventarrones, y todo eso; como el diablo se espanta con la cruz
para eso, para que no pase ese ventarrón, por eso se amarran en las puertas, en las
siembras más que nada. Para que ahí no pase el diablo, para que se vaya a otro lugar.
El 28 de septiembre pasa el diablo, ese día anda suelto, es según cuando san Miguel
pelea con el diablo; san Miguel que es el mismo Cristo que peleó con el diablo y lo
venció" (don Felipe, comunicación personal).

Paralelamente al ritual colectivo que se celebra en el panteón, el fiscal dispone en el


altar de la iglesia de san Juan Bautista (adornado con una cruz de pericón y otras flores,
principalmente gladiolas) una ofrenda similar a la que se ofrece en el camposanto. La cantidad
de elotes y tamales preparados en la unidad doméstica del fiscal varía: puede consistir de un
plato con seis tamales y otro con seis elotes o, unos diez platos con cinco tamales cada uno y
otro tanto con elotes.
La ofrenda en la iglesia no es para una divinidad en particular sino más bien
representa, comunitariamente, una muestra que se les ofrece a Dios y a los santos y vírgenes
que moran en ella, de los primeros frutos del trabajo agrícola: simbolizando una anticipación
de la cosecha del temporal. Igualmente en los altares de las casas un huentle de elotes es
ofrecido: "primero se agradece a Dios, después ya puede uno comer de la cosecha" (don
Tomás, comunicación personal).
En suma, el culto a los muertos el 28 de septiembre se liga con las etapas finales del
ciclo agrícola de temporal, de las primicias del elote. La ofrenda de los primeros frutos
dedicada a los muertos y que los alimenta con su aroma, es:
A. Como una acción <de gracias> por la cosecha, intercediendo en beneficio del
cultivo durante el ciclo agrícola que está por concluir;
B. Asegurar que "aboguen" por la comunidad en el transcurso del siguiente periodo
del temporal; y,
C. Con la intermediación del Arcángel san Miguel, "que es el mismo Cristo", que
lucha con su espada contra el mal (el dragón [el diablo] y sus asechanzas), se protege a la
comunidad de Coatetelco y se asegura buena cosecha, y se ahuyenta el hambre y la
carestía, redundando en el bienestar colectivo.
101

Octubre: mes de “visita” de los muertos.


En Coatetelco el tiempo dedicado a los parientes difuntos no sólo concierne al día 28 de
septiembre sino que continúa durante todo octubre, mes que representa "un preparativo de la
visita" cuya culminación llega a su término hasta el dos de noviembre. El día primero de
octubre el fiscal, "porque así es la costumbre", conforme al código litúrgico correspondiente
empieza a repicar, las tres campanas de la Iglesia a las ocho de la noche, ya que

"a esa hora vienen los difuntos. Salen del panteón y vienen a todas las casas de los
familiares. Según desde el día primero de octubre vienen los parientes muertos pero
nada más de entrada por salida, todas las noches, por así decirlo: vienen corriendo y se
van" (don Felipe, comunicación personal).

El repique es para avisar a la gente, es un recordatorio de que de que ya viene su


familiar difunto. Así, dependiendo de quién sea el pariente muerto en la casa se presta
particular atención a esta significativa hora mediante el ofrecimiento de la ofrenda:

"ya viene mi papá (mi mamá, etcétera) ya son las ocho; se ven apurados, que un vaso
de agua, que de leche, que un kilo de plátano, que un refresco, que tortillas, que
comida. Por ejemplo, mi mamá hacía dos o seis tacos según como le gustaba (a mi
papá), seis tacos con frijoles o con huevo, con lo que sea; se ponen en la mesa o en
algún lugar especial de la casa, donde no se suban los perros o los gatos. Los alimentos
se ponen a partir del primero de octubre hasta que se van el día dos de noviembre en la
mañana. Pero, así nomás de entrada por salida. No se quedan. Vienen a comer y se
van" (don Felipe, comunicación personal).

Cabe recordar que la torre de la iglesia de san Juan Bautista (1 029 msnm), ubicada al
lado norte de la fachada, alberga tres campanas de bronce: una grande (refundida en el año de
1945) y dos pequeñas (una de 1836 y la otra del año de 1842). Los distintivos repiques de
campana, que se oyen a cuatro kms., a la redonda, son un bien sistematizado y eficaz medio
de comunicación que posee un código común, tanto religioso como civil, entre la población.
Si bien durante el mes de octubre el huentle que "comen y beben" los muertos en la
unidad doméstica puede consistir de alimentos o bebidas preferidas, no ocurre así el 27 y 28
de octubre, fechas correspondientes a la víspera del día de san Simón y al día de su santoral.
En estos dos días la ofrenda debe consistir únicamente de calabaza en dulce (preparada con
piloncillo).
La conexión de san Simón con los "matados" en estos dos días, 27 y 28 de octubre, se
explicaría en razón de que dicho santo simboliza la muerte violenta. El mismo "murió
aserrado en dos mitades" (Sellner 1995: 385). San Simón iconográficamente aparece "con una
sierra; a veces, con una lanza; con un listón", representando la "Comunidad de los santos,
perdón de los pecados" (op. cit., pág. 385). En Coatetelco la muerte violenta se vincula con la
sequía: cuando “no llueve [es] porque la gente se mata” (don Luis, comunicación personal).
El último día del mes, en la noche del 31 de octubre, en un altar doméstico (o
huatapextle) hecho con varas de acahuales que se cuelga en el techo del hogar se pone una
ofrenda familiar "en miniatura" para los difuntos niños; y el 1 de noviembre, otra dedicada a
los difuntos adultos.
102

Octubre 31: ofrenda “en miniatura” para los niños difuntos.


En Coatetelco la ofrenda a los muertos, el 31 de octubre y el primero de noviembre, es de
carácter privado: se dispone en un altar doméstico denominado en náhuatl huatapextle (de
huacquic, cosa seca; y tapechtli, tablado, andamio, cama de tablas, andas de difuntos). El
huatapextle se manufactura con varas del arbusto de acahual blanco (Viguiera
grammatoglossa). Las gruesas varas recién cortadas se amarran con bejucos o mecates. El
tamaño del huatapextle es variable, pero puede llegar a medir hasta dos metros de largo por
uno y medio de ancho. Se cuelga del techo de la casa.
El rito inicia al mediodía. La superficie del huatapextle se cubre con hojas de plátano,
o con papel de estraza; y, se coloca en el centro del altar, de forma rectangular, un vaso con
agua, una veladora encendida y un pan de sal. En la noche se pone en el altar la ofrenda
familiar a los difuntos niños: se compone de mole verde y de tamales blancos en miniatura,
servidos en doce platos pequeños, nuevos; tablillas de chocolate y pan. También incluye
objetos personales del niño. Un florero en cada una de las esquinas del huatapextle
complementan el altar doméstico en su conjunto. La ceremonia termina al día siguiente, al
mediodía, al levantarse el ofrecimiento. (fig. 3)

Noviembre 1: el Día de Muertos.


El día de Muertos, 1 de noviembre, se engrana con la temporada en que está en pleno apogeo
levantar la cosecha de temporal. Este proceso culminante del trabajo agrícola comprende
desde mediados de octubre hasta a mediados de noviembre. El día de Muertos, por otra parte
se relaciona con el uso ritual del maíz nuevo, materia prima con que se elaboran los tamales,
uno de los imprescindibles elementos alimenticios que integran las ofrendas. En la noche, una
ofrenda doméstica consagrada a los parientes muertos, consiste no solamente de mole verde
(elaborado con semillas de calabaza "pipián"), chocolate, pan, etcétera., sino de abundantes
tamales calientes que "no deben ser de maíz viejo, sino de maíz nuevo, deben ser de la
cosecha de temporal; ni de riego porque ya está viejo" (don Felipe, comunicación personal).
(fig. 4)
En el calendario católico el primero de noviembre concierne a la celebración de Todos
Santos. En Coatetelco al mediodía del primero de noviembre se retira del huatapextle la
ofrenda-comida dedicada a los niños, y comienza el ritual para los difuntos adultos colocando
en el centro del altar, un vaso con agua junto con una veladora prendida y un pan de sal. En la
noche, se pone en el huatapextle la ofrenda familiar destinada a los adultos difuntos, que
consiste de:

A. Alimentos.
Mole verde, que se prepara con semillas de calabaza "pipián", servido en doce
platos; tamales de maíz nuevo del temporal, que se envuelven con la misma hoja de la
mazorca; chocolate caliente (que se muele mezclado con cacao y galleta "María") servido
también en doce tazas. Igualmente, se ponen varias piezas de pan "de muerto", y frutas.

B. Objetos personales y utensilios de trabajo.


La ofrenda incluye diversos objetos personales y utensilios de trabajo nuevos (v.g.
si es hombre: zapatos, sombreros, pantalones camisas, machetes, etcétera.; si es mujer:
vestidos, rebozos, delantales, etcétera). Después de levantar la ofrenda, estos objetos y
utensilios son usados por los familiares.
103

C. Adornos florales, ceras y copal.


Un florero en cada una de las esquinas del huatapextle decoran el altar doméstico en
su conjunto, con su copal en el sahumerio de barro que despide un denso humo, y ceras
encendidas.

Conforme algún familiar va poniendo la ofrenda en el huatapextle, va identificando


los alimentos o bebidas y va diciendo los nombres de los parientes difuntos a quién ofrece el
huentle, por ejemplo:
Empiezan con el chocolate:
 Esta taza de chocolate es para mi tío [a], hermano (a), etcétera.

Acaban con el chocolate y continúan con el mole verde:


 Este plato es para mi papá, este otro plato es para mi mamá, este otro plato es para
mi abuelito..., etcétera. Les dan gusto, según la pieza de su preferencia. "Si era borracho [a]
le tienen que poner su botella de alcohol, sus cigarros y sus cerillos".

Luego se siguen con los tamales:


 Este tamal es para mi tío, este otro es para mi papá, este otro es para mi papá
también, y así sucesivamente.

Después viene el pan:


 Este pan es para mi sobrino, este es para mi papá, este para mi abuelito que se
llamaba ..., este es para mi esposa, ..., este pan es para mi tío que murió hace tres meses...” ,
etcétera.

Y, así, hasta que se termina de poner la ofrenda. Según "la creencia del pueblo los
muertos vienen en espíritu, a comer mole verde y tamales de maíz nuevo. Todo lo que no se
acaba porque ponen muchísimo, así como costales de pan, dicen que se los llevan en ayates
para que todo el año estén comiendo. En ese su Día de Muerto, el dos de noviembre, se dice
que algunas personas hasta los ven, y que sueñan con su papá, con su mamá, su tío, en fin, su
familiar; más que nada, la gente sueña que los ve, espiritualmente" (don Felipe, comunicación
personal). Como bien señala Catharine Good, en las ofrendas a los muertos "el incienso, los
sabores fuertes, los vapores, y las flores y velas perfumadas crean un punto de conexión entre
el mundo material y el mundo habitado por los muertos" (1996: 282).
En la noche del día primero de noviembre, en la iglesia hay una misa dedicada a los
muertos e igualmente se llevan abundantes flores al panteón. El día dos en la mañana termina
el culto a los difuntos en la unidad familiar cuando se levanta la ofrenda dispuesta en el
huatapextle, lo cual indica que es tiempo para que los parientes muertos regresen de nuevo al
panteón: empiezan a irse desde muy temprano a su eterna morada.
Asimismo, durante o, al término de la cosecha, "por costumbre" se ofrenda, una
muestra del producto (ya sea de maíz en mazorca, cacahuates, calabazas, jitomate, etcétera)
ante el altar de la unidad doméstica y también en el altar mayor de la Iglesia de san Juan
Bautista. La ofrenda en el altar de la Iglesia: "Ahí se queda como un regalo. Es un
agradecimiento para Dios y los santos. Posteriormente, el fiscal puede repartirlo a la gente, o
puede quedarse con ella" (don Tomás, et. al., comunicación personal).
104

El ciclo agrícola en Coatetelco de origen mesoamericano llega a su fin el 2 de


noviembre. Siguiendo a Johanna Broda (cap. 2, en este volumen), “esta fiesta, en parte
ciertamente de origen europeo, se combinó en México con la celebración de la cosecha.
Los aspectos del culto de la muerte son los más conocidos; sin embargo, ha pasado más
inadvertido el profuso simbolismo agrícola que llena la fiesta. No es casual, según la
cosmovisión indígena, esta íntima asociación entre los muertos y el ciclo agrícola”. Los
muertos y los ancestros “… velaban por el bienestar de su comunidad y prestaban ayuda
para que se desarrollaran exitosamente las actividades productivas. En este sentido, los
mexicas hacían ofrendas a los muertos durante el mes de mayo (Toxcatl), al inicio del año
agrícola; lo hacían nuevamente en agosto y septiembre (Xocotlhuetzi). La llegada de los
muertos en la actual fiesta de San Miguel parece ser un remanente de esta cosmovisión, al
igual que la permanencia de ellos hasta el día de Muertos cuando se celebra la cosecha”.
Finalmente, cabe mencionar que Gary Gossen, vincula el día de Muertos, 1 de
noviembre, con el "principio de la temporada de seca" (apud. López Austin 1994:108), y
Alfredo López Austin lo conecta con la "conclusión de la temporada de aguas" (op. cit: 108);
si bien, esta división de las dos mitades del año son parámetros de temporalidad cíclica, en
nuestro análisis resulta de primordial importancia engranar el tiempo cronológico con el
calendario ritual y el trabajo agrícola, puesto que es esta unión tripartita la que rige la
organización socioeconómica y el ritual agrario en la comunidad de Coatetelco.

APÉNDICE

Morir en Coatetelco
En Coatetelco, cuando sobreviene la muerte biológica, al difunto se le tiende en el suelo, en la
unidad doméstica: por unos momentos estará en contacto con la tierra, sobre la Madre Tierra
que lo ha alimentado en vida; luego, se le tiende en una mesa de madera. Tan pronto como sea
posible los familiares buscan un (a) rezandero (a), que habrá de iniciar en la casa uno de los
tantos rosarios, en memoria del difunto. Si por alguna razón no se le sepulta el mismo día, al
difunto en la noche se le vela con rezos y rosarios deseando el eterno descanso de su alma. A
las veinte y cuatro horas se le entierra en el panteón “de Dolores", que los recibe con un
cordial saludo judeo-cristiano: "Bienvenido, el alma que llega a gozar del descanso eterno". .
Hay dos tipos de muerte: buena y mala muerte. La buena es aquella que ocurre de
manera "natural", causada por una enfermedad o inanición; la mala muerte es la violenta, ya
sea por asesinato (por arma de fuego o algún instrumento metálico, etcétera), o por accidente
(aplastado, ahogado, etcétera). Al muerto se le viste "a semejanza" de algún santo, si es del
sexo masculino; o, a "semejanza" de una Virgen o Santa, si es del sexo femenino: conforme
con la decisión tomada en común acuerdo por los familiares, será la elección de la ropa
mortuoria. También se le amarra un delgado lazo de ixtli (un cordoncito) en la cintura, que
tiene tejido tres mechones en cada uno de los extremos.
Para solventar las necesidades alimenticias del difunto, similares a las de los vivos,
durante el viaje post mortem que habrá de emprender hacia el otro mundo, los familiares le
colocan en el ataúd un pequeño bule lleno con agua bendita, una jicarita que va amarrada al
bule y que usaría para saciar su sed, además abundante pan, comida, o sea, "su itacate como si
uno fuera a salir de viaje... todo esto le sirve para el camino" (don Mateo, comunicación
personal). Así es como lo (la) entierran, con su ropa, si tiene mucha, una o dos mudas, algunos
le ponen lo más viejo otros lo más nuevo, sus zapatos, etcétera. Los lazos parentales y sociales
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de la comunidad se reafirman dialécticamente: "… todas las comadres, tienen la obligación de


llevar pan y ponerlo adentro de la caja, y si no es una habladuría de ellas. Una comadre
cuando se muere el compadre tiene que llevarle su pan, una telera o un bolillo. La obligación
es del compadre o la comadre. Si tiene muchos compadres llevan mucho pan para unos ocho o
veinte días: imagínate los que tienen muchos compadres. Aparte del familiar, algunas
comadres le ponen también chocolate, tortillas, gorditas, como si estuviera vivo" (don Felipe,
comunicación personal).
Cuando se acerca la hora de llevarlo (a) a sepultar se le dedica un último rosario, antes
de que salga de la casa. A punto de salir del hogar del difunto (a), rumbo al panteón, se le hace
una ceremonia de "despedida", un último rezo que "es como un adiós, pero en una forma de
rezo, todo adentro de la casa. Cuando va saliendo el difunto va también la despedida y,
saliendo de la puerta de la casa se acaba la despedida" (don Felipe, comunicación personal).
Concluida la "despedida", el cortejo fúnebre se dirige rumbo al cementerio, el ataúd por
delante, una cruz y sahumadores con copal prendido, ramos de flores, "es puro rezo en todas
las calles hasta que llega al panteón; vienen echando cuetes, y todas las personas portan ceras
encendidas en la mano... para alumbrar el camino del difunto" (don Felipe, comunicación
personal). Ahora bien, "si un familiar quiere que se le haga una misa en la Iglesia vienen a ver
al sacerdote para celebrarla: escucha la misa según, el difunto; y, ya se lo llevan y lo entierran.
Y, también, si la familia quiere que se le haga una misa, el último adiós, va el sacerdote y le
hace una celebración, allá en la casa del difunto antes de enterrarlo" (don Felipe,
comunicación personal).

1. Los ritos funerarios: del novenario al quinto año.


Los ritos funerarios se desarrollan en tres etapas, que termina en un lapso de cinco años: 1. El
novenario; y, 2. El "cabo de año" que se realiza en dos periodos: al año y a los cinco años.

1.1. El Novenario.
A partir del día del entierro se cuentan nueve días, durante los cuales entre las siete y ocho de
la noche se rezan rosarios en la unidad doméstica del pariente muerto, "se hace un altarcito en
la casa, en una mesa o en unas cajas, y ahí ponen ceras, veladoras, flores y un huentlito de
pan, frutas, refrescos, tortillas... y ahí es donde se hace el rosario todas las noches; van muchos
familiares, vecinos y amigos" (don Felipe, comunicación personal).
Al finalizar el novenario, al difunto se le prepara una ofrenda de mole verde con
tamales blancos, o de sal (envueltos con hojas de maíz), frutas, chocolate, pan y flores. Estos
últimos alimentos que tomará el difunto se ponen en el altar de la unidad doméstica, a las seis
de la tarde. Si el difunto es de muerte violenta se dispone una pequeña ofrenda alimenticia
fuera de la casa, en el patio: "según las creencias no está permitido que entre a la casa" (don
Mateo, comunicación personal). A la novena noche "se le llama aquí <se levanta la cruz>, se
dice <va a ser la levantada la cruz> ¿por qué?, porque se levanta la cruz que se pone en el
altarcito de la casa del difunto. Se busca un padrino, luego de que alguien se muere se va a ver
a una persona que le agrade a uno y se le dice: <yo te vengo a ver para que seas padrino de la
cruz de mi papá, de mi mamá, que sé yo>; entonces, él ya está comprometido y será el
padrino y al terminar las nueve noches se hace la levantada, que llamamos levantar la cruz. La
cruz está puesta en medio del altar, se hace un rito diferente a las nueve noches, el rosario es
diferente" (don Felipe, comunicación personal).
- ¿Por qué? "porque lleva uno una charola o una bandeja, con un manto que según fue
106

de Cristo, dos escobas, dos escobitas chiquitas como del tamaño de unos diez
centímetros, una corona de papel y la cruz. Porque ese día que va a ser la levantada, el padrino
va a traer la cruz que está en el altar del difunto y se la lleva para su casa y ya con todos sus
familiares viene con la banda, la música echando cuetes y trae la cruz y la deposita a dónde
estaba, en el altarcito" (don Felipe, comunicación personal).

1. A. El "padrino de cruz".
Con el padrinazgo se fundamenta y reproducen las alianzas parentales y sociales de la
comunidad. Al acaecer la muerte, los familiares del difunto buscan un "padrino de cruz". Al
noveno día, el padrino recoge en la tarde la cruz (de madera o de fierro), mandada hacer por
los parientes del muerto, para que la vista en su unidad doméstica. La vestidura se compone
de un manto, unas coronas y papel picado. Como a las diez de la noche el padrino lleva la cruz
"con su gente" a la casa del difunto: familiares y amigos lo acompañan con flores,
incensarios, cuatro floreros, dos marquesotes (pan hecho con arroz), cuatro ceras y cuatro
veladoras, la corona, el manto y las escobitas.
Los familiares reciben la cruz. Al llegar el padrino con sus invitados son acomodados
al igual que los familiares del "casero", o sea del difunto. Enseguida, la cruz adornada se la
entregan a la rezandera, a la que estuvo haciendo los rosarios durante los nueve días,
"entonces la recibe, la persigna y la besa. Se la pasa primero al familiar del difunto, y así todos
van pasando y hacen lo mismo; ya que termina, ya que la recibieron la devuelven por donde
se fue, ya terminando eso el padrino saluda, aquí tienen la costumbre de preguntar: ¿<de
mano>, o, <de buenas noches>?" (don Felipe, comunicación personal).
Luego se deposita la cruz en el altar y se inicia la levantada, el rosario. Hay dos
rosarios: uno, a las diez de la noche y, el otro, el de la levantada de la cruz, a las doce,
"después cada quién se va para su casa. Al otro día, a las seis de la mañana ya está uno ahí
de nuevo para traer la cruz a la iglesia, de la iglesia se va al panteón. El padrino paga la
misa al difunto, de los nueve días de su fallecimiento. La cruz se deposita frente del altar y
ahí escucha la misa, luego ya se lleva al panteón, se deposita ahí, en la tumba del difunto"
(don Felipe, comunicación personal). Después de que el "padrino" ofrece la misa, dotando al
alma del difunto su derecho a descansar en paz, ya en el panteón quita la cruz que colocó
provisionalmente el día del entierro y la sustituye por la cruz definitiva. Una vez que el
padrino ha cumplido con las obligaciones sociales y rituales correspondientes: "ya después
queda el respeto, como si fuera padrino de otra cosa" (don Mateo, comunicación personal).

1.2. El "cabo de año".


Al año se celebra el "cabo de año", cuyo rito es similar al que se realizó en el novenario. Al
año todavía no se descarga la responsabilidad del "padrino de cruz", "al cumplir el año se
vuelve hacer lo mismo. También se hacen los nueve rosarios. De nuevo se vuelve a traer la
cruz a la iglesia, se le paga misa; igual, como si apenas se hubiera muerto, aquí le llamamos
que es su cumpleaños. El padrino está comprometido hasta cumplir los cinco años. Aquí le
llamamos el padrino de cruz ¿por qué?, porque él lleva la cruz, el carga la cruz desde la casa
hasta el panteón. Otro, no la puede llevar. Lo acompañan sus familiares, amigos, familiares
del difunto" (don Felipe, comunicación personal.).

1.3. El "quinto año".


A los cinco años, se repite el rito del novenario y la ofrenda. Le avisan al "padrino de cruz"
107

con un mes de anticipación. Al cumplir los cinco años, se hace una misa, y se descarga la
responsabilidad del "padrino de cruz". Después de cinco años, los difuntos de muerte violenta
ya pueden entrar a la casa donde le ponen su anual ofrenda junto a la de los otros parientes
muertos (ya sea el 31 de octubre si es infante, o el primero de noviembre si es adulto). Por
compartir elementos rituales análogos con los nahuas de Mixtla, Ver., nos adherimos a la
opinión de Velasco Toro, quién resalta que en torno al duelo de los familiares del difunto, "los
lazos parentales y la cohesión social de la comunidad se ven reforzados, reactualizados
mediante la ceremonia del compadrazgo. El padrino de bautizo es el que consagra al recién
nacido para esta vida; el padrino [de cruz] del difunto es el que lo prepara, despide y ayuda a
descansar en la otra vida. Y, a través de ambos rituales se reproducen las estructuras de alianza
parental y social en la comunidad" (1987: 9).

OBRAS CITADAS

Broda, Johanna
1971 "Las fiestas aztecas de los dioses de la lluvia", Revista Española de Antropología
Americana: 245-327, vol. 6, Madrid.
1991 "Cosmovisión y observación de la naturaleza: el ejemplo del culto de los cerros en
Mesoamérica", en Johanna Broda, Stanislaw Iwaniszewski y Lucrecia Maupomé (eds.),
Arqueoastronomía y Etnoastronomía en Mesoamérica: 641-700, IIH-UNAM, México.
2000 “Ciclos de fiestas y calendario solar mexica”, Arqueología Mexicana: 48-55, Editorial
Raíces, vol. VII, no. 41, México.
------ ¿Culto al maíz o a los santos? La ritualidad agrícola mesoamericana en una perspectiva
histórica, en este volumen.
Good Eshelman, Catharine
1996 "El trabajo de los muertos en la sierra de Guerrero", Estudios de Cultura Náhuatl: 275-
287, UNAM, vol. XXVI, México.
López Austin, Alfredo
1994 El conejo en la cara de la luna. Ensayos sobre mitología de la tradición
mesoamericana, CONACULTA, INI, México.
Maldonado Jiménez, Druzo
1998 Dioses y santuarios: Religiosidad Indígena en Morelos (Época prehispánica, Colonial
y Etnografía actual), tesis de doctorado en Antropología, ENAH, México.
2000 Deidades y espacio ritual en Cuauhnáhuac y Huaxtepec. Tlalhuicas y xochimilcas de
Morelos (siglos XII-XVI), IIA,UNAM, México.
2001a “Territorialidad y espacio ritual en Coatetelco, Morelos”, Cuicuilco, Revista de la
Escuela Nacional de Antropología e Historia: 69-87, Nueva Época, vol. 8, no. 21,
enero-abril, México.
2001b “Cerros y volcanes que se invocan en el culto a los <Aires> en Coatetelco, Morelos”,
en Johanna Broda, Stanislaw Iwaniszewski y Arturo Montero (coords.), La Montaña en
el paisaje ritual: 395-417, CONACULTA, INAH, IIH, UNAM, BUAP, México.
Moreno Flores, Jesús
1886 "Leyenda", Coatetelco, El Cronista de Morelos, 29 de noviembre, Cuernavaca, Mor.,
México. Reeditado en Tamoanchán: 9-10, Centro Regional Morelos, SEP, INAH,
Suplemento dominical de El Regional del Sur, Cuernavaca, Mor., México, 1990, Año
II, Tomo II, Época II, no. 88.
108

Sahagún, fray Bernardino de


1989 Historia general de las cosas de Nueva España, Introducción, paleografía, glosario y
notas de Josefina García Quintana y Alfredo López Austin, CONACULTA, Editorial
Patria, México, 2 vols.
Sandoval, Annette
1997 El directorio de los santos. Guía para reconocer a los santos patronos, Aguilar, México.
Sánchez Herrero, José
1989 “Algunos elementos de la religiosidad cristiana popular andaluza durante la edad
media”, en C. Alvarez Santaló, et al (coords.), La religiosidad popular: 268-307,
Fundación Machado, Anthropos, Editorial del hombre, vol. 18, España.
Sellner, Albert Christian
1995 El calendario perpetuo de los santos, Editorial Hermes, México.
Sierra Carrillo, Dora
2000 El yauhtli o pericón, planta curativa y protectora. Su importancia mágico-religiosa en
el presente y en el pasado, tesis de Doctorado en Historia, Facultad de Filosofía y
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Turner, Victor
1997 La selva de los símbolos, Siglo XXI, México. (3ra. edición; 1ra. edición en español
1980).
Velasco Toro, José
1987 "Creencias y ritual de muerte entre los nahuas de Mixtla, Veracruz", La Palabra y el
Hombre: 3-9, Universidad Veracruzana, Xalapa, Ver., México, Nueva época, abril-
junio, no. 62.
109

CUADRO 1: Coatetelco: ciclo de fiestas del calendario católico y rituales indígenas


(observación de campo, 1997)

TEMPORADA DE
SEQUIA:
Enero  La Virgen de La Candelaria.
22 (Protección de la laguna y la comuinidad)
 22 de enero: traslado en procesión de la Virgen, de la capilla de
Febrero Tetecala a tres “enramadas” y el día 23 a la iglesia de San Juan
1º Bautista.
 25 de enero: huentle (ofrenda) a la Candelaria en la iglesia.
 1º. De febrero: regreso en procesión de la Virgen a Tetecala.
Mayo  La Santa Cruz.
3
TEMPORADA DE
LLUVIA: CICLO
AGRICOLA DE
TEMPORAL.
CULTO AL AGUA Y
A LA FERTILIDAD
VEGETAL.
Junio  El rito agrario del huentle a los “Aires”. (En el territorio
23 ejidal).
(Propiciamiento del buen temporal)
 “Feria tradicional”:
23-29  Huentle (ofrenda) en la víspera del Día del santo patrón San
Juan Bautista, en la iglesia.
23  Fiesta patronal: San Juan Bautista.
 Huentle en la víspera del Día de San Pedro en la iglesia.
24  Día de San Pedro.
28  Misa en la iglesia.
29

Agosto  La Asunción de la Virgen Maria.


13-15 (La fertilidad vegetal).
22  Misa de propiciamiento de la lluvia.
(Fecha variable: v.g. (En la cima del Cerro del Teponasillo).
22 o 23)

CULTO A LOS
110

MUERTOS.
Septiembre  Víspera del Día de San Miguel
28  Ofrenda a los muertos en el panteón
(Ofrenda de los primeros frutos de la milpa: elotes y tamales
de elotes).
Octubre  Mes de “visita” de los parientes muertos a la U. familiar.
31  Día de los muertos niños. (La cosecha)
 Ofrenda en miniatura a los niños difuntos en la U. familiar.
Noviembre  Todos Santos: Día de los muertos adultos.
1º  Ofrenda a los adultos difuntos en la U. familiar.

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