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Grupo Andino o Pacto Andino

El documento describe el Grupo Andino o Pacto Andino, un tratado comercial firmado en 1969 por Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú para promover la integración económica y social en la región. Explica los objetivos del grupo, como promover el desarrollo inclusivo a través de políticas coordinadas. También describe sus principales organismos como la Secretaría General y el Parlamento Andino, así como algunos hitos en el proceso de integración regional.

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Grupo Andino o Pacto Andino

El documento describe el Grupo Andino o Pacto Andino, un tratado comercial firmado en 1969 por Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú para promover la integración económica y social en la región. Explica los objetivos del grupo, como promover el desarrollo inclusivo a través de políticas coordinadas. También describe sus principales organismos como la Secretaría General y el Parlamento Andino, así como algunos hitos en el proceso de integración regional.

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UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE HONDURAS

INTEGRANTES

• Paulina Ramos Rios-202110080175


• Yesica Iveth Lopez-201820040056
• Pedro E Saravia B-221062021
GRUPO ANDINO • Dina E Ramirez R-202210010038
• Azucena M Martinez-202110060487
Derecho de Integración (3:30pm-6:00pm)
Abg. Keyla Rivera
GRUPO ANDINO EQUIPO-4

Contenido
INTRODUCCIÓN............................................................................................................................. 2
OBJETIVOS ...................................................................................................................................... 3
OBJETIVO GENERAL .................................................................................................................. 3
OBJETIVOS ESPECÍFICOS .......................................................................................................... 3
GRUPO ANDINO O PACTO ANDINO ......................................................................................... 4
MIEMBROS DE LA COMUNIDAD ANDINA ............................................................................. 6
ESTADOS MIEMBROS................................................................................................................... 7
SUS PRINCIPALES ORGANISMOS SON: .................................................................................. 8
ORGANIZACIONES COMUNITARIAS .................................................................................... 10
LA INTEGRACION ANDINA ...................................................................................................... 13
LA COMUNIDAD ANDINA: UN PROCESO SIN IDENTIDAD .............................................. 19
EL FUTURO DE LA INTEGRACION EN LA REGION .......................................................... 24
CONCLUSIONES ........................................................................................................................... 27
RECOMENDACIONES ................................................................................................................. 28
ANEXOS .......................................................................................................................................... 29

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GRUPO ANDINO EQUIPO-4

INTRODUCCIÓN

El presente informe se le hablara de lo que trata el Grupo Andino y ha sido preparado


utilizando la misma estructura temática que la aplicada para el tratamiento de los otros
procesos de integración sudamericanos comprendidos en este informe: la Asociación
Latinoamericana de Integración (ALADI) en el capítulo precedente, y el Mercado Común
del Sur (MERCOSUR), explicaremos quienes conforman el grupo andino y cuando fue
formado

En este informe se refieren a las características institucionales del Grupo Andino y a los
objetivos y mecanismos aplicados en dicho ámbito, para organizar y concretar sus actividades
en materia de transporte. De igual se debe sintetizar los acontecimientos institucionales
ocurridos desde el inicio de este esquema de integración en los años 1966 y 1969, para
plantear los principales aspectos de la reorganización del Grupo Andino a fines de la última
década y para presentar las decisiones más relevantes en el campo del transporte.

En este informe están descriptas las iniciativas encaradas y concretadas más importantes en
la citada materia. Dichas iniciativas se encuentran ordenadas según correspondan al
transporte por agua, al transporte terrestre -carretero o ferroviario-, al transporte multimodal
y al transporte aéreo.

Se presenta los aspectos generales e interinstitucionales de las actividades en transporte en el


Grupo Andino.

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GRUPO ANDINO EQUIPO-4

OBJETIVOS

OBJETIVO GENERAL
• Comprender el tratado comercial que realizó el grupo Andino con el fin de promover
la integración económica entre los países miembros.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS
• Recabar toda la información, así como la historia del grupo Andino a fin de entender
la importancia de su integración con los demás países.

• Comprender como se desarrolló esta relación económica, así como sus beneficios
mutuos.

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GRUPO ANDINO EQUIPO-4

GRUPO ANDINO O PACTO ANDINO


El Pacto Andino es un tratado comercial firmado por varios países de Latinoamérica que
tiene el objetivo de integrar la región y fomentar la cooperación económica y social de los
países miembros. Fue creado en 1969 por cinco países de América del Sur: Bolivia,
Colombia, Chile, Ecuador y Perú. El principal objetivo del Pacto Andino es el de la
cooperación económica y social. Esto a través de compartir políticas coordinadas que
promuevan el desarrollo inclusivo de todos los países miembros. Además de esto, los
principales objetivos son: Promover la integración económica de los países miembros.

La Comunidad Andina (CAN), antes de 1969 conocida como Pacto Andino o Grupo Andino,
es una comunidad política de derecho constituida como organización internacional nacida
para alcanzar un desarrollo integral, equilibrado y autónomo en común de los Estados y los
pueblos andinos. Está compuesta por cuatro Estados andinos y fue establecida con la entrada
en vigor del Acuerdo de Cartagena el 26 de mayo de 1969. El Proceso Andino de Integración
se inició con la suscripción del Acuerdo de Cartagena el 26 de mayo de 1969. Cuenta con
órganos e instituciones que forman parte del Sistema Andino de Integración (SAI). La sede
de la Secretaría General se encuentra en Lima, Perú, y la sede del parlamento Andino en
Bogotá, Colombia. La Comunidad Andina agrupan a casi 109 millones de habitantes,7 en
una superficie de 3.798,000 kilómetros cuadrados, cuyo Producto Interno Bruto nominal se
estima ascendería en el 2018 a 706 903 millones de dólares.

El Emblema de la Comunidad Andina fue adoptado a inicios del Proceso Andino de


Integración. Está compuesto de cinco elementos: Un semicírculo que representa el arco iris,
antiguo símbolo de alianza y paz que entre las poblaciones indígenas de los Andes fue
siempre el signo de la fertilidad. Dos columnas que representan los "andenes", takanas o
terrazas construidas para hacer posible el cultivo de la tierra. Es la representación gráfica del
control vertical de un máximo de pisos ecológicos, propio de las culturas andinas. Un canal
que expresa el justo medio, el centro, la guía. No es la separación sino el puente, la transición,
la mediación, el equilibrio, el espacio de la reciprocidad. También es el camino por donde se
tiene que ir. Es el Qhapaq Ñan o camino que siguen las civilizaciones. Un solo trazo o línea
que representa la armonía, la unidad inseparable de la dualidad y de la diversidad. El color
dorado de la figura tiene como significado el proceso de conocimiento, el amanecer, la acción

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GRUPO ANDINO EQUIPO-4

de iluminar, como el sol. Este emblema "es algo más que una simple figura geométrica de
limpias y elegantes líneas".

Tanto la interpretación de sus creadores como las posteriores, basadas en la cosmovisión


andina, nos muestran que, efectivamente, el símbolo de la CAN es una expresión de la
identidad andina amazónica y su significado está cargado de las múltiples raíces culturales.

Anexo A

La Bandera de la Comunidad Andina se hizo por primera vez en el patio de honor de la sede
de la Secretaría General de la Comunidad Andina. Desde entonces, su uso ha acompañado
los principales actos del proceso andino de integración y las reuniones del Consejo
Presidencial Andino. El color de la bandera es el blanco que representa la paz, la armonía y
la unidad en la diversidad. El emblema de la CAN figura inserto en el lugar central y aporta,
con su color dorado, la fortaleza de los ideales en que se inspira el proceso de integración.

Desde la época precolombina, ha habido intentos de unificar las zonas de la cordillera; el


imperio inca lograría esto, unificando gran parte de la zona andina Sudamericana, hasta su
conquista por los españoles en 1533. Los primeros intentos de una unión andina vendrían
desde las épocas independentistas; Simón Bolívar intentaría la creación de un Estado único
con todas las excolonias españolas, que terminaría con la creación de la Gran Colombia a
partir de la unificación de los firmantes del Congreso de Panamá,89 Venezuela, Ecuador y
Nueva Granada (actuales Colombia y Panamá); el país se disolvió a inicios de los años 1830,
tras la muerte de Bolívar, por las diferencias políticas que existían entre partidarios del
federalismo y el centralismo, así como por las tensiones regionales entre los pueblos que
integraban la república. En 1836, tras el pacto entre el presidente peruano Luis José de
Orbegoso y el presidente boliviano Andrés de Santa Cruz, se crearía la Confederación Perú-
Boliviana, otro intento de unión de naciones andinas, hasta ser disuelta tras su derrota en la
guerra de la confederación en 1839.

Su historia comienza cuando la Comunidad Andina es creada en el año 1969 con el Acuerdo
de Cartagena con Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile.

En 1973 Venezuela se une al Pacto Andino. Y en el año 1976, Augusto Pinochet anuncia el
retiro de Chile del Pacto Andino aduciendo incompatibilidades económicas. Posteriormente
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en el año 1979, son creados, tras la firma de un tratado, el Tribunal Andino de Justicia, el
Parlamento Andino y el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores. Ya para el
año 1983, entra en funcionamiento el Tribunal Andino de Justicia. siendo en el año 1991, los
presidentes de la Comunidad aprueban la política de cielos abiertos e intensifican la
integración subregional. En 1992, Perú suspende temporalmente su membresía debido a su
agresivo programa de liberalización económica. Ya para el año 1993, entra en
funcionamiento la Zona Andina de Libre Comercio entre Bolivia, Colombia, Ecuador y
Venezuela y en el año 1994, se aprueba el Arancel Externo Común.

En 1996 los presidentes de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, el representante personal del
presidente de Venezuela, y el presidente de Panamá, en calidad de observador, reunidos en
la ciudad de Trujillo, adoptaron el Protocolo Modificatorio del Acuerdo de Integración
Subregional Andino (Acuerdo de Cartagena), con el que se crea la Comunidad Andina y el
Sistema Andino de Integración. Para el año 1996 se logra un acuerdo con Perú para la
incorporación gradual de ese país a la Zona Andina de Libre Comercio. En 2005, se
incorporaron los países del Mercosur como miembros asociados, y recíprocamente los países
de la Comunidad Andina se incorporaron al Mercosur en igual calidad. El 19 de abril de
2006, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, anuncia el retiro de Venezuela de la
Comunidad Andina. El argumento de su retiro fueron los TLC suscritos por Perú y Colombia
con los Estados Unidos, considerando a la misma Comunidad como una entidad "muerta".
El 20 de septiembre de 2006, el Consejo Andino de Cancilleres, reunido en Nueva York,
aprueba la reincorporación de Chile a la CAN como miembro asociado. España se une a la
CAN como observador, en octubre del 2011. Y Bolivia el 7 de diciembre de 2012 fue
aceptada por los países del Mercosur para iniciar los protocolos de incorporación para lograr
la plena adhesión a Mercosur en cuestión de 4 años. En 2022, se inicia la eliminación de los
cargos de 'roaming' internacional en la telefonía móvil desde el 1 de enero dentro de la
Comunidad Andina.

MIEMBROS DE LA COMUNIDAD ANDINA


Zonas Económicas Exclusivas de los Estados miembros de la CAN. Considerándolas, la
superficie total del CAN alcanza los 6 573 757 km². Venezuela fue miembro pleno hasta
2006. Chile originalmente fue miembro entre 1969-1976, pero se retiró durante la dictadura

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militar de Augusto Pinochet debido a incompatibilidades entre la política económica liberal


del régimen de ese país y las políticas de integración de la CAN. Chile fue posteriormente
admitido como miembro observador en 2004 y como miembro asociado el 21 de septiembre
de 2006. Esta incorporación se produjo en el marco de la reunión del Consejo Andino de
Cancilleres en Nueva York, con motivo de la Asamblea General de la ONU, al aprobarse una
norma comunitaria (Decisión 645) que le otorgó la condición de país miembro asociado con
los demás países.14 Sin embargo, ello no supone el reingreso de Chile a la CAN.

ESTADOS MIEMBROS
Bandera de Bolivia Estado Plurinacional de Bolivia (1969)

Bandera de Colombia República de Colombia (1969)

Bandera de Ecuador República del Ecuador (1969)

Bandera de Perú República del Perú (1969)

Estados asociados

Bandera de Argentina República Argentina (2005)

Bandera de Brasil República Federativa de Brasil (2005)

Bandera de Paraguay República del Paraguay (2005)

Bandera de Uruguay República Oriental del Uruguay (2005)

Bandera de Chile República de Chile (Estado miembro 1969-1976, observador 2004-2006,15


miembro asociado desde 2006).

Estados observadores.

Bandera de España Reino de España (2011)

Bandera de Marruecos Reino de Marruecos (2020).

Bandera de Turquía República de Turquía (2022).

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Bandera de Venezuela La República Bolivariana de Venezuela ingresó a la CAN en 1973.


Se retiró en 2006 de la Comunidad como protesta a los futuros TLC que firmarían Colombia
y Perú con Estados Unidos.

La Comunidad Andina ocupa aproximadamente la cuarta parte del continente sudamericano


teniendo costas en los dos océanos, el Pacífico y el Atlántico; su ubicación si dividimos el
continente en cuadrantes sería la del primero, es decir en el lado izquierdo superior. La
geografía de la Comunidad Andina es diversificada, con zonas áridas semi áridas,
montañosas, de planicie tropical, subtropical y templado siendo un factor determinante en su
geografía la Cordillera de los Andes. Y su biodiversidad debido a su gran dimensión bañada
por dos océanos y ser parte de la Cuenca del río Amazonas además de estar dominada por
los Andes la diversidad silvestre es muy diversa, los cuatro países de la Comunidad Andina
de Naciones (CAN) tienen el 25 por ciento de la biodiversidad de todo el planeta. Entre la
diversa variedad de flora y fauna en los territorios que comprenden la CAN podemos
encontrar: (ANEXO B,C,D,E) Entre otras especies y faunas.

El clima en la CAN varía según la altitud y la latitud de la zona, pero podríamos decir que es
predominantemente tropical, también posee un clima subtropical en las costas central y sur
del Pacífico, debido en parte a la influencia de la corriente de Humboldt que proviene de los
mares de la Antártida, el clima frío o de montaña generalmente se da a lo largo de la
Cordillera de los Andes y en los altiplanos como en la Meseta del Collao. Su demografía, la
población de la CAN es de 120 258 102 habitantes, estimación aproximada al 2017 según la
ONU. La distribución de la población en la Comunidad Andina es muy desigual. La
concentración de la población se da en las zonas andinas en el caso de Colombia y Bolivia,
y en las zonas costeras en Ecuador y Perú. Las zonas menos pobladas se encuentran en la
región de las selvas. La etnografía población de la Comunidad Andina está conformada por
la mezcla de diversos grupos humanos: amerindios, europeos, africanos, y una mínima parte
de asiáticos.

SUS PRINCIPALES ORGANISMOS SON:


Organizaciones intergubernamentales: Consejo Presidencial Andino (Máxima reunión de los
Jefes de Estado). Creado en 1991.

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El Consejo Presidencial Andino es el máximo órgano del Sistema Andino de Integración y


está conformado por los Jefes de Estado de los países miembros del Acuerdo de Cartagena.
Emite directrices que deben ser ejecutadas por el resto de las instituciones y órganos.
Funciona como órgano intergubernamental orientado a coordinar las diversas voluntades de
cada uno de los Estados miembros. Se reúne de forma ordinaria una vez al año. Son funciones
del Consejo Presidencial definir la política de integración, orientar acciones en asuntos de
interés de la subregión, evaluar el desarrollo de la integración, emitir pronunciamientos y
examinar todas las cuestiones y asuntos relativos a la integración.

Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores, El Consejo Andino de Ministros de


Relaciones Exteriores está conformado por los Ministros de Relaciones Exteriores de cada
uno de los países miembros, por lo que funciona como órgano de tipo intergubernamental o
de coordinación. Tiene competencias en materia de relaciones exteriores, tanto en la
coordinación de las políticas exteriores de cada miembro que afecten a la subregión como en
la propia política exterior de la organización internacional como sujeto de derecho
internacional. Otros órganos como la Comisión de la Comunidad Andina, tienen también
atribuidas competencias en materia de política exterior para sus respectivas áreas. Son
funciones del Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores formular la política
exterior de los países miembros en los asuntos que sean de interés subregional, dar
cumplimiento a las directrices del Consejo en materia exterior, suscribir acuerdos con países
u organizaciones terceras, coordinar la posición conjunta de los países miembros en foros y
negociaciones internacionales y representar a la Comunidad Andina en los asuntos y actos
de interés común.

Comisión de la Comunidad Andina, la Comisión es el órgano más detenidamente regulado


en el Tratado Constitutivo de la Comunidad Andina, el Acuerdo de Cartagena. Está formado
por representante plenipotenciarios nombrados por los gobiernos de cada uno de los países
miembros. Sus funciones están todas relacionadas con el objetivo de libre mercado dentro de
la subregión andina. A diferencia de los órganos anteriores, en la comisión los asuntos se
deciden por mayoría absoluta de sus miembros, y no de unanimidad. Este mecanismo ofrece
una flexibilidad mayor para alcanzar resoluciones importantes sin el bloqueo de alguno de
los miembros. Dado que son solo cuatro los países que forman la Comunidad Andina al

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menos tres de ellos deben estar de acuerdo para sacar una decisión de la Comisión adelante.
La Comisión se reúne tres veces al año y su asistencia está considerada como obligatoria (art.
24 Acuerdo de Cartagena).

ORGANIZACIONES COMUNITARIAS
Sede de la Secretaría General de la CAN (Lima). Sede del Parlamento Andino (Bogotá).
Secretaría General de la CAN: su sede se encuentra en Lima (Perú) y está a cargo de un
secretario general. Fue creada en agosto de 1997 como órgano ejecutivo y técnico. Tiene
mayores atribuciones que la Junta del Acuerdo de Cartagena, que funcionó entre 1969 y
1997. Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina, se ubica en Quito (Ecuador) y es un
órgano jurisdiccional. Fue creado en 1996 y entró en funciones en 1999. Se reformó en el
2001. Parlamento Andino: su sede se sitúa en Bogotá (Colombia) y es el poder legislativo de
la comunidad. Fue creado el 25 de octubre de 1979. Desde abril de 1997, es un organismo
deliberante. El Parlamento Andino está formado por parlamentarios nacionales de cada uno
de los países miembros, de modo que son elegidos de forma indirecta. El Parlamento tiene
funciones de tipo consultivo más que ejecutivas, por lo que tiene un poder limitado dentro de
la Comunidad Andina. CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, Fondo
Latinoamericano de Reservas, Universidad Andina Simón Bolívar, Organismo Andino de
Salud, Instancias de participación de la sociedad civil, Otros organismos dentro del SAI
incluyen: Consejo Consultivo Laboral Andino, Consejo Consultivo Empresarial Andino,
Consejo Consultivo de Pueblos Indígenas, Consejo Consultivo Andino de Autoridades
Municipales.

Su economía se basa en Libre circulación de mercancías, que es uno de los principales logros
de la CAN en el ámbito comercial es la libre circulación de las mercancías de origen andino
en el mercado ampliado. Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú forman en la actualidad una
zona de libre comercio, es decir, un espacio en el que sus productos circulan libremente sin
pagar tributos arancelarios de ningún tipo. Y su Política migratoria es libre tránsito de
personas desde el 2003, los ciudadanos de los cuatro países de la Comunidad Andina pueden
ingresar sin pasaporte a cualquiera de ellos, con la sola presentación de su respectivo
documento de identidad. Pasaporte Andino fue creado por medio de la Decisión 504 en julio
de 2001. La Decisión 504 dispone que su expedición se base en un modelo uniforme que

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contenga características mínimas armonizadas en cuanto a nomenclatura y a elementos de


seguridad. El documento es actualmente expedido por Ecuador, Perú y Bolivia. Colombia sí
llegó a adoptar el pasaporte andino, pero en el pasaporte no aparece la leyenda "Comunidad
Andina", como es en el caso de los pasaportes de Ecuador, Perú y Bolivia. Venezuela también
llegó a expedir el Pasaporte Andino hasta 2006, año en el que se desincorporó de la
Comunidad Andina. Por esto, existen aún ciudadanos venezolanos que poseen un pasaporte
de dicho modelo, los cuales continúan siendo válidos hasta su respectiva fecha de expiración.

Sus objetivos básicos eran impulsar el armónico desarrollo de los países miembros, promover
su industrialización mediante directrices subregionales para la sustitución de importaciones
y lograr la complementación entre ellos mediante la especialización de sus producciones,
mejorando el nivel de vida y desarrollo equilibrado de los habitantes de los Países Miembros
mediante la integración y la cooperación económica y social. Beneficiando promover la
integración económica de los países miembros. Unificar las políticas económicas y
monetarias en el conjunto de países. Promover la libre circulación de bienes y servicios, a
través de la unión aduanera. Es decir, promover la libre circulación de personas entre los
países miembros, Debemos considerar que la acción más importante de la Comunidad
Andina se enfoca en propender el mejoramiento de la calidad de vida de todos los ciudadanos
andinos mediante el desarrollo económico, comercial, social, dentro de los parámetros de
equidad y autonomía de las naciones, no obstante las desventajas es que la CAN no solo
enfrenta la problemática derivada de su institucionalidad, también presenta dificultades de
diferente orden que impiden la realización de sus objetivos, como los enfrentamientos
políticos entre los dirigentes de los países miembros que ocasionan conflicto y tensión en la
zona. La Comunidad Andina (CAN) se encuentra en una situación de crisis, que no es nueva.
Desde los comienzos del proceso de integración se advirtieron fisuras estructurales que no
han permitido crear un arancel externo común, que lleve a constituir una unión aduanera que
conduzca a un Mercado Común Andino, la cosmovisión andina representa una visión de la
realidad construida a través de un lento transcurso socio-histórico entre los pueblos y el
entorno natural, como sustento para su constancia y futuras generaciones, la ventaja
económica que trae para le región andina la variedad de biomas y pisos térmicos, es que les
permite tener una mayor variedad de cultivo. La gran variedad de pisos térmicos, permite a
una región aumentar su producción agrícola, debido a que le permite expandir el comercio
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en el mercado alimenticio. La Comunidad Andina (CAN) es uno de los proyectos de


integración regional más antiguos del mundo, en el contexto de la integración regional
misma, que como tal no se extiende en el pasado más allá de finales de la década de 1940.
Nacida como Pacto Andino en 1969, con la firma del Acuerdo de Cartagena entre Bolivia,
Chile (que se retiraría en 1976), Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela (que formó parte entre
1973 y 2006), aspiraba a “fortalecer la unión de sus pueblos y sentar las bases para avanzar
hacia la formación de una comunidad subregional andina”. El Pacto Andino fue un proceso
que, con altibajos, guio las relaciones de los países de la costa del Pacífico de Sudamérica
desde finales de los años sesenta hasta mediados de los noventa.

El Pacto Andino se reestructuró en 1996, año en el que se constituyó la CAN y el Sistema


Andino de Integración (SAI), que otorgó un nuevo marco jurídico e institucional al
organismo que se proyectó hacia un tipo de integración ampliado, que supere la aproximación
económico comercial con la cual había funcionado hasta el momento. Sin embargo, pareciera
que la restructuración llegó de manera tardía; lo que se constató con una reingeniería en 2013,
que fue “un reflejo de las visiones crecientemente discordantes entre los países miembros
sobre estrategias de desarrollo, modalidades de inserción en la economía global y sobre los
alcances y profundidad deseados del proceso mismo de integración”. Esto demostró que la
CAN era un proyecto en el cual los Estados parte habían adoptado procesos internos
demasiado diversos y donde las comunidades que los conformaban no habían sido vinculadas
de manera suficientemente activa como para sentirse identificadas con el proceso. Esta
afirmación se ha visto confirmada en los diversos sucesos ocurridos a comienzos del siglo
XXI, entre los que figuran la adopción de Tratados de Libre Comercio (TLC) por parte de
Colombia y Perú con Estados Unidos en 2006, lo que rompió con la unión aduanera que se
estaba gestando entre los países andinos y además impulsó al abandono de la CAN por parte
de Venezuela y su subsecuente adhesión al Mercado Común del Sur (Mercosur). Por otro
lado, cabe mencionar que la adhesión de Bolivia a Mercosur, no significó su salida del
proceso de integración andino, sino que planteó un complejo dilema acerca de la doble
pertenencia; a lo que también se sumó una posible salida del organismo de Ecuador,
anunciada por el Presidente Rafael Correa. Todos estos elementos demuestran que la
Comunidad Andina vive un período de inestabilidad prolongada y se enfrenta a un posible
colapso que amenaza con la pérdida de su tan proclamado acervo histórico. En la actualidad,
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GRUPO ANDINO EQUIPO-4

es observable que muchos de los procesos de integración regional a nivel mundial se


enfrentan a crisis sociales y de legitimidad debido a una falta de vinculación con varios
sectores de la sociedad civil, lo que genera amenazas de un retorno a políticas de
aislacionismo nacional, en búsqueda de retomar el control de la toma de decisiones y la
maniobrabilidad del Estado al momento de establecer relaciones con otros países en términos
de independencia y autonomía. En este contexto la CAN no es ninguna excepción, si bien es
cierto que el mismo Acuerdo de Cartagena reconocía como objetivo en su Artículo 129 la
“afirmación de la identidad cultural y de formación de valores ciudadanos para la integración
del área andina”, la actividad en el campo social se empezó a aplicar apenas en los últimos
años. Este factor, sumado a otras variables, como el avance de la globalización, la aceleración
de las comunicaciones e intercambios con nuevos actores estatales y no estatales, los cambios
en las dinámicas de comercio, la transnacionalización de problemas que antes eran cuestiones
únicamente de atención del Estado-nación y la subsecuente incapacidad del “estado
westfaliano” para responder a los mismos, conducen a que las dinámicas de integración,
ajustadas netamente a las condiciones del siglo pasado, se muestren obsoletas y resulte
necesario generar nuevos mecanismos que sean capaces de incluir a las comunidades en los
procesos de integración, para generar un sentido de pertenencia que de impulso a dichos
procesos, es decir la falta de atención a los aspectos sociales especialmente el factor
identitario, dentro del proceso de integración andino, ha generado que los impulsos a este
proyecto se hayan dado solo de manera esporádica y no de manera constante, y cómo esto ha
contribuido a la decadencia a la cual la CAN se enfrenta en la actualidad. Asimismo, con este
análisis se aspira generar consciencia sobre la importancia de la aplicación de políticas
sociales asequibles a las comunidades que forman parte de los procesos de integración
regional y sobre cómo es que la generación de una identidad regional puede significar un
motor fundamental para la consolidación de una integración exitosa y duradera.

LA INTEGRACION ANDINA
La evolución de la integración andina ha sido un proceso de altos y bajos. En algunos
momentos se ha vivenciado un alto interés por parte de los países miembros, mientras que en
otros la indiferencia ha sido la característica principal del proceso. Germánico Salgado,
divide al proceso en cuatro etapas: la primera está enmarcada en el período comprendido
entre 1971 hasta 1975-1976, caracterizada por ser la etapa de formación del Pacto Andino,
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con un claro crecimiento del comercio y las exportaciones intrarregionales. Este período
también incluye a la incorporación de Venezuela como miembro. La segunda etapa abarca el
período de 1976 hasta 1982 y se destaca por una pérdida de dinamismo y por el
cuestionamiento del proceso de integración, destacándose el abandono de Chile –que pujó
por un modelo neoliberal impulsado por la dictadura de Pinochet–. En esta etapa los logros
de la integración son modestos, a pesar de la incorporación del Parlamento Andino y del
Tribunal Andino de Justicia, que fortalecerían la institucionalidad del Pacto Andino. Entre
1983 y1986 se hace mención a la época de la crisis externa, donde hubo una regresión de la
integración y del comercio, pues las exportaciones intrarregionales bajaron de un pico de US
$1.263 millones en 1981 a apenas US $ 621 millones en 1986. En este período también se
evidenció una serie de incumplimientos a los acuerdos, que se volvieron crónicos a través de
los mecanismos de aplazamiento y exención que se convirtieron en una costumbre por parte
de los Estados partes. Adicionalmente, el neoliberalismo influenció en la concepción de la
integración, dando paso al llamado “regionalismo abierto, caracterizado por bajos niveles de
protección externa, que contribuirían a maximizar las ganancias de eficiencia y atenuar los
posibles efectos discriminatorios de la integración para los no socios”. Sin embargo, esto
llegó a dificultar el establecimiento de una unión aduanera.

Finalmente, Salgado incluye un período que enmarca desde 1989 hasta 1998, conocido como
período de reactivación, durante el que hubo un proceso de restructuración, amparado en el
Acta de Trujillo, que impulsó con esperanza, un proceso de ampliación de la capacidad de la
ahora Comunidad Andina, con miras a superar las limitaciones de ser un acuerdo netamente
comercial y reforzar la capacidad supranacional del proceso de integración. Es importante
agregar una quinta etapa –probablemente también una sexta– a las establecidas por Salgado,
con el fin de tratar los sucesos ocurridos desde comienzos del siglo XXI, cuando la
integración fue impulsada desde una perspectiva más suramericana que andina. Las
propuestas de los gobiernos de Brasil y Venezuela condujeron al establecimiento de un nuevo
proceso en el que se buscaba incluir a toda la región sudamericana, y que se consolidó en el
establecimiento de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Sin embargo, este
impulso no se reflejó en la CAN a pesar del esfuerzo que la Secretaría General del organismo
invirtió, pues fue mermado por la firma del TLC de Colombia y Perú, la salida de Venezuela
y la incorporación de Bolivia al Mercosur. La probable sexta etapa podría ser a partir de
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2013, con el intento de reingeniería, que sirve como proceso de reducción de la CAN. Sin
embargo, esta inestabilidad no se trata de una cuestión netamente de la coyuntura actual, sino
de un problema estructural que se asocia a la formación misma de la integración andina.
Cuando se fundó el Pacto Andino la coyuntura política y económica de la época favorecía el
establecimiento de proyectos de integración económica. El ejemplo de las Comunidades
Europeas representaba una fuerte influencia en la estructuración de procesos de integración
a nivel mundial. El spillover effect (efecto derrame), entendido como un proceso en el que la
integración inicia en un sector específico y posteriormente se extiende a otros, se veía como
un camino viable hacia una integración ampliada. Es por ello que la aplicación de la
propuesta de integración por etapas de Viner y de Balassa, se entendieron como recursos
válidos que favorecerían a la búsqueda de comercio entre los Estados parte, con el objetivo
de fomentar el desarrollo de los países de la región andina, que se veían como semejantes en
términos de modelos y niveles de desarrollo, para posteriormente trabajar en otros sectores
como lo político o lo social. Es importante destacar que la visión de desarrollo para aquella
época estaba vinculada netamente al crecimiento económico, lo cual dotó al Grupo Andino
de una agenda que favorecía al comercio y a la industrialización, a través de estrategias como
la sustitución de importaciones y la programación industrial.

Las propuestas que se establecían para este grupo han sido amplias y bastante ambiciosas.
Los países andinos ya se habían enfrentado a la experiencia integracionista de la Asociación
Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), y en consecuencia habían descubierto las
diferentes condiciones que se vivían en América Latina, y las diferentes velocidades y
modelos de desarrollo que existían con los países más desarrollados de la región como Brasil,
México y Argentina (los grandes beneficiados de la ALALC). En este contexto, el Pacto
Andino tuvo la oportunidad de no solo ampliar el comercio intrarregional entre los países
miembros, sino también de fortalecer las capacidades de industrialización y posterior
inserción en el mercado internacional, lo que se lograría a través de los llamados Programas
Sectoriales de Desarrollo Industrial (PSDI). A esto se sumaban condiciones preferenciales
para los países de menor desarrollo relativo, como Bolivia y Ecuador, lo que favorecía a una
distribución equitativa de los beneficios de la integración, que se complementaba en plazos
de liberalización que favorecía a reducir el impacto que podría llegar a tener una
liberalización desmesurada y sin programación. Además, todos estos procesos estaban
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destinados únicamente a los países andinos y dirigidos por la Junta del Acuerdo de Cartagena,
que respondían a los intereses de los países miembros, en favor del cumplimiento de los
objetivos programados.

A pesar de la bien pensada programación de la estructura del Pacto Andino, el proceso se vio
carente de validación ciudadana, volviéndose un proceso de escritorio. Claramente hay que
rescatar que, para la época, se trataba de un ambicioso proyecto que supo demostrar su
validez a través del incremento de comercio intrarregional y de algunos PSDI que
funcionaron de manera efectiva, sin embargo la sociedad civil no fue un actor activo en el
proceso de integración, que fue dirigido principalmente por los Jefes de Estado y Ministerios
de Comercio, con una eventual participación de sector empresarial y ciertos grupos de poder,
que veían en la liberalización arancelaria un espacio para la satisfacción de sus intereses. Es
así que la agenda social de la integración andina solo se estableció a partir de comienzos del
siglo XXI. Es así que una de las falencias principales del proceso estuvo vinculada a la tardía
entrada en acción del Parlamento Andino, cuyo Tratado Constitutivo se suscribió en 1979,
10 años después de la firma del Acuerdo de Cartagena, entrando en vigencia apenas en 1984,
15 años después de comenzado el proceso de integración andino. Es decir que el órgano
deliberativo del Pacto Andino no formó parte activa de su integración en los años más críticos
de su formación. No obstante, en 1996 adquirió nuevas capacidades de acción al volverse el
órgano de Control Político del SAI y el trató de romper su aislacionismo de la población con
la firma del Protocolo Adicional al Tratado Constitutivo sobre Elecciones Directas y
Universales de sus Representantes. Con el Protocolo se buscó que los Parlamentarios
Andinos sean escogidos de manera directa por el pueblo, proceso que también demoró en
aplicarse y del cual Colombia se ha eximido. Se habla entonces de un órgano que durante un
largo período de tiempo permaneció separado de la sociedad civil y del electorado. En
consecuencia, la reacción de la comunidad a la posible eliminación del Parlamento Andino
desde 2013, ha sido escasa o prácticamente nula.

Esta falta de vinculación con la comunidad reafirma el argumento de Germánico Salgado


acerca de que “no existen instrumentos internacionales válidos si las partes no continúan
convencidas de sus finalidades y no están dispuestas a atenerse a sus reglas”; puesto que
aunque se trató de implementar un mecanismo democratizador, que acerque la toma de

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decisión a los ciudadanos andinos al proceso de integración, el proceso ha tardado en


implementarse y ha tenido dificultad en calar en la dinámica entre los Estados nacionales y
el organismo supranacional. Sin embargo, este proceso ha dejado claras enseñanzas no solo
para el proceso de integración andino, sino para la integración de Sudamérica que, en el
marco de UNASUR, ha avanzado hacia la implementación de un Parlamento Suramericano,
que a través de lo trabajado en el Parlamento Andino podría llegar a consolidarse como un
órgano legislador para toda la región. Lo importante en este caso será la capacidad de
incorporar al electorado a la toma de decisiones de una manera más amplia y el aumento de
la capacidad de seguimiento al proceso, además de una apropiada rendición de cuentas.

Tampoco hay que descartar otros avances en términos sociales, que pudieron haber
contribuido en la consolidación de una identidad andina. Sin lugar a dudas destacan las
decisiones que innovaron el concepto de la ciudadanía andina, facilitando la libre movilidad
entre los países miembros a partir del reconocimiento de los documentos de identidad
nacionales como documentos válidos en cualquier país de la CAN, el establecimiento de un
pasaporte andino, y la creación de un mecanismo de cooperación en materia de asistencia y
protección consular y asuntos migratorios. Sin embargo, aunque estas decisiones
contribuyeron a mejorar la movilidad y a facilitar la ayuda a nacionales andinos en el exterior,
muchos de los beneficios que reciben los ciudadanos nacionales en sus Estados siguen
estando limitados para ciudadanos de otros países, reduciendo así el concepto de ciudadanía
andina a un cerrado círculo de dádivas en el campo de la libre circulación pero que gana poco
espacio en el imaginario nacional individual.

Otro de los esfuerzos institucionales para establecer una CAN mucho más inclinada a la
esfera social, fue el establecimiento del Plan Integrado de Desarrollo Social (PIDS), que tiene
como objetivo “encauzar acciones de alcance subregional (actividades, proyectos y
programas) que enriquezcan y complementen las políticas nacionales de superación de la
pobreza y la inequidad social” y que es coordinado por el Consejo Andino de Ministerios de
Desarrollo Social (CADS). No obstante, Francisco Pareja reconoce que el PIDS ha avanzado
con lentitud, además que se ha enfrentado a uno de los problemas más crónicos de todos los
proyectos de la integración andina: la falta de compromiso de los países al momento de
concretar recursos humanos y financieros para ejecutar los proyectos, manteniéndose así una

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“visión exclusivamente nacional de la política social”. Por otro lado algunos de los avances
más importantes en términos de generación de desarrollo social gira en torno a los Convenios
Sociales, entre los que figuran el Convenio de educación Andrés Bello, el de salud Hipólito
Unanue y el socio laboral Simón Rodríguez, siendo el tema de salud el que más ha
prevalecido, a través del establecimiento de un Organismo Andino de Salud (ORAS-
CONHU) que ha trascendido el espacio andino incluyendo a países que están fuera de la
CAN; no obstante, los otros convenios no han tenido la misma solidez.

La problemática en estos temas se vuelve una constante, pues existe una baja vinculación
social con los proyectos y por lo tanto no hay un empuje colectivo ni un avance tangible de
las realidades y de los éxitos que se consolidan en ellos. Por último, vale la pena mencionar
que se han tratado de generar espacios de diálogo y de participación, pero lamentablemente
no han trascendido de la manera esperada. Estos espacios están dirigidos a sectores
específicos de la población como pueblos indígenas, afrodescendientes, jóvenes, mujeres,
emprendedores, entre otros, formándose varios Consejos [Link] problema al que se
enfrentan estaría vinculado a la falta de promoción a nivel estatal de estas iniciativas, al igual
que un financiamiento intangible que impide afrontar los costos de la consolidación de
proyectos sólidos y de largo plazo.

Como se ha visto a lo largo de la presente sección, los esfuerzos en los últimos años de la
integración andina para fortalecer la agenda social, han sido amplios, especialmente desde
las instituciones que conforman la CAN y el SAI. Sin embargo, la limitada vinculación con
la población de los Estados parte a estos proyectos dificulta en gran medida el avance de
cualquier iniciativa, mermando la capacidad de acción y la eficiencia de esta temática. Esto
se puede explicar en el marco de que las agendas sociales se entienden netamente desde la
política local, tratando de responder únicamente al electorado nacional por encima de un
proyecto transnacional, que se alinea a una sociedad civil poco interesada en la consecución
de objetivos andinos, debido a la carencia de una identidad que los ate a las comunidades
más allá de sus fronteras (probablemente las poblaciones fronterizas sean una excepción a
esta regla debido a un notorio esfuerzo en reforzar las relaciones intrafronterizas entre los
países de la CAN). El problema de la falta de consolidación de una identidad andina será

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analizado en el siguiente apartado, tomando como referencia la teoría de la integración


identitaria.

LA COMUNIDAD ANDINA: UN PROCESO SIN IDENTIDAD


En 2008, un informe de la propia Comunidad Andina reconoció que: Ni los beneficios
económicos del comercio andino ni los –aún escasos– esfuerzos de cooperación en el campo
social ni la negociación conjunta de acuerdos internacionales han resultado suficientes para
desarrollar un proceso de integración que permita a las instituciones comunitarias andinas
atender adecuadamente las expectativas de los ciudadanos respecto al desarrollo humano, la
protección del medio ambiente y los efectos derivados del cambio climático, la reducción de
la pobreza y la exclusión social, la redistribución de la riqueza, la seguridad alimentaria así
como la defensa de estos intereses frente a la globalización. Este es sin lugar a duda un
problema significativo para la integración, y es un tema que debe ser tratado con la mayor de
las prioridades por parte de los líderes políticos y partícipes de la integración, puesto que, en
ausencia de una comunidad vinculada a un proceso, no habrá fuerza de apoyo a la integración
y la política se estancará en el espacio nacional. Adicionalmente, el mayor obstáculo no
radica en la falta de proyectos, que como se vio en la sección anterior, han sido notables a
partir de finales del siglo XX, sino que se debe a una ausente vinculación de las sociedades
nacionales al escenario regional dentro de las vías institucionales (a pesar de una fuerte
influencia a nivel interno) y a la falta de comunicación que ha limitado la generación de un
sentimiento de pertenencia a lo “andino”, sin generarse una verdadera identidad. Pero ¿Por
qué resulta tan importante la identidad en los procesos de integración regional?

La identidad en sí misma es un término que se ha utilizado de manera amplia en la discursiva


de la integración, sin embargo, debido a sus orígenes en el campo de la economía, la mayoría
de esfuerzos han estado destinados al área comercial. No obstante, la identidad ha ganado
una relevancia significativa en el estudio de las Ciencias Sociales a partir de la década de
1980, y en el campo de las Relaciones Internacionales a partir del crecimiento de la escuela
constructivista. De la misma manera resulta de considerable importancia fortalecer el debate
acerca de la identidad en los procesos de integración regional, debido a que cumple varios
roles fundamentales que fortalecen la integración regional. La identidad entendida más allá
del concepto reduccionista que la vincula netamente con la cultura, consiste en “un sistema

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de símbolos y de valores que permite afrontar diferentes situaciones cotidianas. Opera como
un filtro que ayuda a decodificarlas”. La identidad es un elemento fundamental en las
relaciones interpersonales que define al individuo, a sus intereses y al tipo de relación que
mantendrá con los otros individuos. La identidad colectiva por otra parte es “un proceso
mediante el cual los actores producen las estructuras cognitivas comunes que les permiten
valorar el ambiente y calcular los costos y beneficios de la acción. Las definiciones que
formulan son, por un lado, el resultado de las interacciones negociadas y de las relaciones de
influencia y, por otro, el fruto del reconocimiento emocional”. En la constitución de los
Estados-nación es fundamental la consolidación de una identidad colectiva nacional que
permita el establecimiento de símbolos y valores, que favorezcan a la formación de normas
comunes que regulen las relaciones entre sus miembros. No obstante, en los procesos de
integración regional, el intento de establecimiento de estos lazos y estructuras ha sido
bastante escaso.

La identidad colectiva genera que el bienestar del “otro” referencial se entienda como un
bienestar general, esto “elimina muchas de las barreras que diferencian a uno del otro
generando un proceso de internalización en el que se empieza a ver al Otro como parte del
mismo grupo, generando la noción de un Nosotros”. A nivel estatal se puede entender que
los beneficios que otro Estado reciba no se verán como un daño para el Estado propio, sino
que, al contrario, debido a un sentimiento de comunidad, dichos beneficios se entenderán
como propios. Este es un proceso que no se ha vivenciado en la integración andina, puesto
que no se ha gestado esa percepción de un nosotros común, por lo que la relación entre los
Estados de la CAN sigue siendo en gran medida competitiva. Sin embargo, es importante
recalcar que se trata de una competencia pacífica con pocas probabilidades de conflicto
violento, denotando un logro efectivo de la integración andina al consolidar a la región como
una zona de paz, a pesar de las diferencias que existieron en el pasado, especialmente entre
Ecuador y Perú. A pesar de los escasos esfuerzos en establecer identidades colectivas
regionales, la identidad asume varios roles significativos al momento de establecer procesos
de integración regional entre los que figuran:

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1. Rol causal de compromiso, en el que se entiende que a mayor identidad colectiva


habrá un mayor compromiso para participar en el proceso, en un marco de confianza
que favorezca a que los Estados cedan más espacios de cooperación;
2. Rol Causal de Homogenización de Intereses, que conduzca a que los Estados aspiren
a objetivos comunes, y que en adición se satisfagan a una mayor cantidad de intereses
de las comunidades que forman parte de los procesos de integración. Adicionalmente,
en ausencia de una identidad colectiva primarán las identidades individuales y en
consecuencia los Estados estarán más interesados en responder a necesidades locales
por encima de lo regional;
3. El tercer rol se da a nivel interno de cada Estado y es el Rol interno nacional, donde
se debe regresar a lo local y definir si existe un claro entendimiento de la propia
identidad nacional, pues en caso de que no haya una definición clara y generalizada
de su propia identidad lo más probable es que el proceso de autodefinición choque
con los valores que se están tratando de transnacionalizar. En consecuencia, las
medidas tomadas para fortalecer el proceso de integración a nivel social no
encontrarán un espacio fértil, en medida de que la formación de una identidad
nacional tiende a construirse en base a la comparación de las identidades vecinales.
Es por esto que resulta tan importante considerar la participación de la sociedad civil
como agentes activos de la integración debido a que su percepción sobre el proceso
le dará validez al mismo, y si su identidad está vinculada a la integración los frutos
de esta serán mucho más notorios.
4. Finalmente, y de manera englobante se tiende a un denominado Rol Facilitador de la
Integración, en la que se entiende que habrán Estados para los cuales la integración
sea mucho más fácil, en la medida de que poseen identidades que fomentan la
integración frente a otros que mantienen modos nacionalistas.

Si se analiza el caso de la integración Andina es perceptible que estos roles están inconclusos,
en gran medida por falta de compromiso, ejemplificado en la serie de excepciones tomadas
por países como Perú y Colombia, suspendiendo sus obligaciones comerciales a través de
salvaguardias u otras medidas proteccionistas. También se han visto intereses difusos en
favor de la prevalencia de los intereses nacionales, donde la firma de acuerdos extra
regionales, que motivaron la salida de Venezuela de la CAN, dan una clara imagen de cómo
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lo nacional prevalece en la agenda política de los países la región. Adicionalmente, se cuenta


con una sociedad civil poco envuelta en el proceso y sujeta a los cambios de agenda política,
donde los colectivos, movimientos y asociaciones se han centrado en la solución de
problemas locales.

Asimismo, existen identidades que perjudican a la consolidación de un ente supranacional


pues se favorece a la soberanía como concepto fundamental, cumpliendo de cierta manera lo
que preocupaba en los primeros años de la integración andina a Ricardo Ffrench-Davis: “la
originalidad del Acuerdo de Cartagena y los éxitos alcanzados corren peligro en la medida
que algunos gobiernos releguen a un lugar secundario la consideración del Pacto Andino, a
causa de problemas coyunturales de sus países”, y aunque esta argumentación se pensó más
en el marco económico-comercial, resultó ser una cruda realidad para las múltiples aristas
que la integración andina fue adoptando.

Dinámicas a las que la construcción de la propia identidad andina es su definición semántica


en el sentido de que lo andino puede resultar limitante al sentido cultural geográfico de la
Cordillera de los Andes y las culturas tradicionales que las habitan. En dicho marco, la
Comunidad Andina se enfrenta a la problemática de que sus Estados miembros tienen una
geografía diversa que trasciende más allá de la cadena montañosa andina, por lo cual el
concepto de andino tiende a ser excluyente de otras regiones, manifestado claramente en el
caso de Ecuador, donde las regiones Costa, Oriente e Insultar mantienen rasgos identitarios
que los diferencian de la región andina de la Sierra. A la vez no se ha conseguido consolidar
esta identidad con otros países que forman parte de la región andina como Venezuela (que se
salió del proceso), y Chile y Argentina (que solo son miembros asociados). No obstante,
también existe la curiosa construcción cultural de lo andino por fuera de la región, para la
población migrante de Perú, Bolivia y Ecuador lo andino es una referencia a la patria y ha
servido como nexo cultural en países ajenos, esta construcción no es totalmente incluyente,
pero es una variable que los líderes de integración deberían tomar en cuenta al momento de
generar una identidad colectiva regional que trascienda las identidades nacionales. La
propuesta de la construcción de una identidad andina se basa en “el principio de no
discriminación por razón de la nacionalidad, que respete la diversidad cultural de los pueblos,
pero que a la vez afiance el sentido de pertenencia no sólo a un Estado andino sino a una

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Comunidad con valores e intereses comunes”. Sin embargo, a nivel nacional existen varios
sectores que tienen un impacto negativo en la consolidación de esta identidad regional. Estos
actores han sido participes activos en la formación de la identidad nacional y juegan un rol
significativo en el establecimiento de las agendas políticas, direccionando el debate hacia
ciertos temas por encima de otros. En este escenario se encuentran los grupos económicos de
poder y los medios de comunicación. Cuando se hace referencia a los grupos económicos de
poder se está hablando de los grupos empresariales nacionales con características
oligopólicas que tienen toda o gran parte del mercado de uno o varios productos y servicios,
y que tienen influencia ya sea política o económica en las redes de toma de decisión del
Estado. Estos grupos han asumido un rol ambivalente en la integración, pues han sido
promotores de la misma al exigir una mayor facilidad para la exportación o el ingreso de
productos útiles para sus cadenas de producción. No obstante, a la vez han sido detractores
del avance de la liberalización de los mercados, al exigir una mayor protección de sectores
que consideran vulnerables. Esto se debe en gran medida a la poca diversificación de la
producción andina que, con una geografía, clima, y recursos similares han desarrollado
sistemas de producción rentistas con poca inversión en industrialización y dependiente en
gran medida de los sectores primarios –a pesar de los esfuerzos de la CAN en reducirlos–.
En esta lucha se han sumado los pequeños y medianos productores que ven en la integración
un riesgo para sus negocios y en consecuencia han clamado por sistemas proteccionistas a
nivel regional.

A estas barreras se ha sumado la falta de vinculación de los medios al proceso de integración.


La región andina carece de un medio regional de comunicación que promueva eficientemente
los avances de su proceso de integración, al contrario, los medios han establecido obstáculos
al promover información nacionalista, dentro de una agenda local que poca atención le presta
a lo transnacional. El camino hacia la construcción ideológica de un “nosotros” andino se ve
truncado por una serie de imaginarios nacionalistas que no reconocen a los otros miembros
del proceso andino dentro del mismo grupo sino como un “otro”, con valores distintos y con
intereses que atentan contra lo propio. No es ajeno al diario vivir encontrar notas acerca de
los problemas que le representan a un país andino el aumento de la producción del país
vecino, o el aumento de la tasa de migración, entre otros análisis en los que el resto de los
países de la CAN y sus ciudadanos no son vistos como ciudadanos andinos como ha
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pretendido la organización. Las dinámicas de estos sectores se suman al aislamiento de la


toma de decisiones a nivel de las élites políticas que, afectadas por los males endémicos de
la política latinoamericana (corrupción, nepotismo, débil institucionalidad, dependencia,
caudillismo y clientelismo), se ven incapaces de vincular a la sociedad civil de manera
positiva en el proceso y de generar una identidad que impulse a la integración andina. En
consecuencia, la formación de una concepción de “nosotros” como Comunidad Andina
impide el fortalecimiento del proceso de integración regional y le ha restado el impulso
necesario para que sea la misma sociedad civil la que impulse a la consecución de objetivos
más ambiciosos y efectivos. La dependencia del proceso de integración andino de la voluntad
política ha significado un avance irregular que, aunque ha tenido importantes efectos en el
fortalecimiento de las relaciones entre sus países miembros –de manera especial en el ámbito
comercial–, ha incapacitado a la integración andina de tomar medidas a mediano y largo
plazo puesto que las agendas de los países cambiaban conforme a los cambios de gobierno
nacionales. Esta falencia es un mal endémico estructural de la política latinoamericana que
ha hecho de las relaciones regionales procesos cíclicos, que se adaptan a los cambios en el
péndulo político nacional, por lo cual en ocasiones ha habido el impulso necesario para
fortalecer la integración y en otras se ha vivido en la indiferencia, debido a un enfoque
nacionalista, o la aspiración de llegar a acuerdos con países por fuera de la región. La ausencia
de una identidad andina consolidada aporta a que este tipo de procesos sede, en el contexto
de que no existe una sociedad civil lo suficientemente activa que impulse a sus líderes a
mantenerse en el camino de la integración.

EL FUTURO DE LA INTEGRACION EN LA REGION


La propuesta de una ciudadanía andina “activa, basada en la participación política y cívica,
que vele por un conjunto de libertades, derechos y garantías, que se sumen y confieran un
valor añadido a las ciudadanías nacionales”, será asequible solo en el marco de la superación
de las barreras que los propios Estados-nacionales imponen. En la actualidad esta posibilidad
parece distante, inclusive se habla del colapso efectivo de la Comunidad Andina ante su
desmantelamiento institucional lo que haría inalcanzable la consolidación de una ciudadanía
andina real. No obstante, los Estados que aún forman parte de este proceso deben ser capaces
de incorporar las lecciones de la integración andina a otros procesos regionales y sobretodo
ser capaces de aprender de los errores pasados especialmente en el campo social. Como se
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ha podido observar a lo largo del presente artículo, la CAN ha sido incapaz de trabajar en el
campo de lo social de una manera eficiente, y aunque queda demostrado que esta falencia no
se ha debido a una carencia de esfuerzos de las instituciones del organismo, es posible anotar
que la incorporación de la agenda social y los campos de participación ciudadana llegaron de
una manera tardía en la historia de la integración andina. Esto puede basarse en el hecho de
que la integración es en sí misma un proceso revolucionario en el campo de las relaciones
internacionales y los procesos de aprendizaje, corrección de errores e incorporación de
temáticas, se han debido hacer sobre la marcha. Sin embargo, esto no justifica la falta de
aplicación eficiente de la retórica discursiva a la que han acudido los líderes políticos al
momento de hablar de integración en la región y la falta de compromiso al momento de
aplicar los pasos necesarios para concretar niveles de integración más sólidos.

La globalización en sí misma parece haber afectado a la concepción de la región como tal, lo


que antes parecía entenderse como una región en sí misma ahora pareciese entenderse como
una subregión dentro de Sudamérica, demostrando así la idea de que “no existen regiones
naturales o dadas”.

Esta misma idea demuestra que existe la posibilidad de que en el futuro la región andina
vuelva a ser una pieza fundamental en la política regional, por lo que descartar su validez de
manera absoluta sería muy significativo. No obstante, la participación de Colombia y Perú
en procesos como la Alianza del Pacífico, la incorporación de Bolivia y Venezuela al
Mercosur, y la incorporación de nuevos mecanismos de cooperación regional como
UNASUR y CELAC, en los que todos los países andinos son miembros, demuestra que
actualmente lo andino ha quedado en un segundo plano. El caso de la Comunidad Andina es
un claro ejemplo de cómo un proceso que no genera su propia identidad, al no vincular a la
sociedad civil, pierde una importante fuente de impulso. Al no haberse integrado a la
comunidad al proyecto de integración andino las identidades nacionales han prevalecido por
encima de una concepción de beneficio colectivo transnacional, es por ello que los costos de
tomar decisiones por fuera de la CAN, como la firma de acuerdos con países fuera de la
región, o la toma de medidas proteccionistas, o incluso la salida del proceso, tienen tan poco
efecto entre la sociedad. Esto explicaría a la vez por qué ha habido tantos proyectos de
integración inconclusos en la región, a pesar de que cada uno haya tenido sus respectivos

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avances. Se entiende entonces que cada proceso contiene su propia identidad, sin cambiar la
identidad de los propios Estados-nación, que una vez superado el impulso inicial del proceso
de integración, vuelven a un ciclo de lucha por los intereses nacionales.

Las promesas discursivas y la firma de tratados no puede ser la única fuente de sustento para
la integración, especialmente en el marco de sociedades donde la participación de la sociedad
civil es cada vez más importante dentro del escenario nacional. Si la democracia es el sistema
de gobierno que los países latinoamericanos procuran defender, esta no debe ser limitada a
las fronteras nacionales, sino que debe transnacionalizarse. Para el cumplimiento efectivo de
este proceso será fundamental que la agenda social se vuelva una cuestión comunitaria, que
no sea un escenario exclusivo del Estado, y sobre todo que se trabaje en la consolidación de
una identidad colectiva regional que motive a las comunidades y a sus líderes a afianzar el
proceso de integración y a renunciar al egoísmo nacional en pos de un bien común.

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CONCLUSIONES

Tras realizar la presente investigación y analizar toda la información obtenida, concluimos


que el Grupo Andino es un tratado de comercio donde varios países de Latinoamérica
firmaron con el objetivo de integrar toda la región y fomentar la cooperación económica y
social de todos los países que eran miembros. Sus principales países precursores fueron
Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú.

Esta integración se basa en la libre circulación de mercancías de origen Andino, su política


migratoria es libre tránsito desde el 2003, pero el mayor obstáculo para el desarrollo de esta
integración no radica en la falta de proyectos, sino que se debe a una ausente vinculación de
las sociedades nacionales al escenario regional dentro de las vías institucionales y a la falta
de comunicación que ha limitado la generación de un sentimiento de pertenencia a lo
“andino”, sin generarse una verdadera identidad.

También que los Estados que aún forman parte de este proceso deben ser capaces de
incorporar las lecciones de la integración andina a otros procesos regionales y sobremodo
ser capaces de aprender de los errores pasados especialmente en el campo social.

Actualmente la propuesta de una ciudadanía andina “activa, es basada en la participación


política y cívica, que vele por un conjunto de libertades, derechos y garantías, que se sumen
y confieran un valor añadido a las ciudadanías nacionales”, será asequible solo en el marco
de la superación de las barreras que los propios Estados nacionales imponen.

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RECOMENDACIONES

• El Pacto Andino se debe reestructurar ya que hace mucho tiempo hace que se
reestructuró en 1996, y 2013 que otorgó un nuevo marco jurídico e institucional al
organismo que se proyectó hacia un tipo de integración ampliado;
• Crear más estrategias de crecimientos económicos entre miembros y de desarrollo,
modalidades de inserción en la economía global.

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ANEXOS

ANEXO A

ANEXO B

ANEXO C

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ANEXO D

ANEXO E

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