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Tanner Reed

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SINOPSIS

«Yo lo vi primero».

«Yo lo tuve primero».

Eso es lo que pienso cada vez que veo a mi amiga besar a su esposo frente a mí.
Cada vez que él le ha sonreído y murmurado cosas en su oído a lo largo de los
años. Conocí a Tanner durante una fiesta universitaria. Me hizo pasar la mejor
noche de mi vida y después me olvidó, pero él no olvidó a Pauline. Lo siguiente
que supe después deducir que estaba viviendo la peor resaca de la historia, es
que había organizado una búsqueda por todo el campus para encontrar a la chica
de cabello dorado y rostro de ángel que había conquistado su macabro corazón,
pero a la que no se había acercado porque estaba demasiado ocupado follando
a alguien más en una habitación de su fraternidad.

A mí.

Una chica dispuesta a pecar lo necesario para tenerlo de regreso.


PRÓLOGO

Austin, Texas.

Cinco años atrás.

Este será el mejor año de mi vida.

Lo sé.

Hay una vibración persistente en mi cuerpo que me lo dice. No, lo grita


constantemente. Este año dará inicio a una nueva etapa en mi vida que podría
ser la mejor. No me quejo de la escuela, no la pasé mal en ella, pero esto es la
universidad. Estoy aquí porque quiero estar aquí. Solo ha pasado una semana
desde que las clases comenzaron y puedo decir que lo que escogí, el programa
de arquitectura, es lo que apasiona. Tomé la decisión correcta al rechazar las
constantes demandas de mi padre para que me fuera por la escuela de negocios.
Amo dibujar. Los edificios. La manera en la que se complementan con el
ambiente que los rodea o destacan dentro de él. Si no logro trabajar para una
constructora, me encantaría también abrir un pequeño negocio de decoración de
interiores. Esa es otra cosa que me gusta.

Hay tantas posibilidades.

A veces hago comparaciones extrañas, pero soy como un pequeño animal de


casa, un perro, que por primera vez sale a dar un paseo fuera de su hogar. En
casa mamá y papá me han mantenido protegida toda la vida, decidiendo incluso
mi comida y mis amistades. Aquí es diferente. Aunque solo estamos a dos horas
y media de distancia en auto, puedo escoger lo que quiero para el desayuno,
usualmente cereal de Oreos, para el almuerzo, usualmente pizza, y para la cena,
usualmente de nuevo pizza.
No hay nadie manteniéndome envuelta en un pañuelo para impedir que me haga
daño. Puedo lastimarme las veces que quiera, disfrutando incluso del dolor que
viene después.

Soy libre.

Soy libre de cometer errores.

─ ¿Savannah? ─pregunta mi compañera, Pauline, asomando su cabeza rubia en


nuestro baño─. ¿Estás lista? No quiero ir tarde. Podemos regresar a la hora que
quieras porque habrá más gente volviendo, pero me da miedo salir y que las
calles estén solas.

Termino de echarme un vistazo al espejo. A diferencia de Pauline, mi cabello


es negro y lacio. Termina a la altura de mi trasero. Mi madre nunca quiso que
lo mantuviera de otra manera. Yo tampoco. Además de mis ojos grises, como
los de mi padre, forma parte de mi atractivo principal. Lo demás es discutible.
Tengo un cuerpo bonito, pero mi cara no es tan linda como la de Pauline. Ella
parece un ángel. Su rostro, enmarcado por un montón de rizos dorados, es
redondeado. Su nariz es pequeña como un botón. Sus ojos son marrones, pero
a la luz lucen anaranjados, absolutamente encantadores. Es como una niña. Es
mucho más baja. Nos hemos llevado bien desde que empezamos a vivir juntas
desde hace un par de semanas, la cuidé cuando empezó a sentirse mal por toda
la pizza que hemos comido y ella me ha enseñado todo lo que hay que saber
sobre las bacterias, sufre de trastorno obsesivo compulsivo con la limpieza, pero
ese tiempo ha sido suficiente para que empezase a sentir envidia de ella.

De su lindo corazón. De las aventuras que ha tenido la oportunidad de vivir con


la Iglesia de su condado, viajando a todas partes con el fin de ayudar a los más
desfavorecidos. Aunque su familia es adinerada, como la mía, tienen un
compromiso importante con Dios que no se limita a hacer donaciones periódicas
a la comunidad, como hacemos los Campbell.

Tampoco puedo pasar por alto la manera en la que luce hoy. A pesar de que está
usando un vestido blanco que termina a la altura de sus rodillas, cubriendo sus
brazos debido a que es manga larga, lo que podría ser considerado una
aberración al lado de los vestidos de otras chicas, como el mío, negro y con tiras
sobre mi escote que apenas cubre mis muslos, se ve bien. No es del tipo que
necesita mostrar piel para llamar la atención. Ella por sí misma lo hace. Irradia
un halo invisible de luz que capta la atención de todos cuando entra en una
habitación. No solo aparenta ser buena, sino que lo es. Me retoco mi labial
rosado frente al espejo antes de darme la vuelta y plantar una sonrisa en ellos.

─Vamos ─digo, ahora no muy segura de mi apariencia.

Quizás debí vestirme como lo hacía en casa. Con una falda de recuadros. Una
camisa blanca bajo un bléiser del mismo material. Un gorro y una bolsa de
diseñador. Quizás debería ser más como Pauline y abrazar al ángel en mí en
lugar de rechazarlo, pero simplemente no puedo ignorar la manera en la que mi
corazón bombea contra mi pecho cuando estoy haciendo algo que no debería
estar haciendo. Que desaprobarían mis padres, quienes me quemarían en una
hoguera de verme actuar así.

Como ir a una fiesta de fraternidad vestida como una puta.

*****

Mi compañera y yo ni siquiera sabemos a qué fiesta iremos. Solamente


seguimos los rumores de los pasillos de nuestro dormitorio, los cuales nos han
traído a la calle en la que todos los desastres suceden. Pauline aprieta mi mano
cuando nos bajamos del taxi y me alcanza. Aunque no quiero que las personas
a nuestro alrededor piensen que somos lesbianas, no la suelto. En su lugar le
dedico una mirada emocionada, reconociendo la misma sensación de adrenalina
en sus ojos que estoy experimentando, y marco nuestro primer paso hacia la
casa más grande, ruidosa y abarrotada de estudiantes que encuentro, casi
saltando.

─ ¿Por qué no empezamos con algo más tranquilo? ─susurra en mi oído cuando
nos obligan a hacer fila, puesto que está tan lleno que se están poniendo
exclusivos, rechazando a algunas personas que intentan entrar sin bebida, como
nosotras, pero algo en mí me dice que nos dejarán pasar─. ¿Quizás dos casas
abajo?

Niego. Vi esa fiesta. Se veía como las reuniones a las que asistía cuando estaba
en la preparatoria, así que no sería nada diferente. La casa frente a mí, en
cambio, luce como una nueva experiencia. Hay parejas besándose estando
sentadas en el borde de las ventanas, lo que podría considerarse peligroso ya
que la construcción tiene dos pisos. Hay luces saliendo por cada rincón expuesto
a pesar de que sigue viéndose oscuro. Desde donde estoy puedo ver incluso a
tipos derramando sus cervezas debido a su grado de embriaguez y a chicas
desnudándose sobre cualquier mueble. Paulina lo ve también, tensándose junto
a mí, pero no dice nada más hasta que el chico en la puerta de entrada nos deja
pasar, aprobación en su mirada dirigida a nosotras.

─ ¡Por un momento pensé que no nos dejarían pasar! ─grita por encima de la
música, Animals de Maroon 5, refugiándose en mi costado─. ¡Ya estamos
adentro, ¿ahora qué hacemos?!

Por el rabillo del ojo noto a un chico en la cima de las escaleras, su pecho
expuesto mientras entabla conversación con otro estudiante. Su cabello negro y
despeinado luce oscuro aún bajo el efecto de las luces de neón colgando del
techo. Está perfectamente constituido. Sus brazos y torso son tan musculosos
que no puedo evitar pensar en él como un deportista. Es alto. Además de su
pantalón oscuro, lleva unos mocasines que creo haber visto en el armario de mi
padre, quién solo usa cosas caras, así que también se ve con clase. Pero a pesar
de los músculos, de su belleza masculina, lo que me atrae a él es lo que irradia
como si fuera un elemento radioactivo de la tabla periódica.

Peligro.

Instantáneamente no puedo evitar sentir curiosidad.


Inclinándome sobre el oído de Pauline, señalo las escaleras.

─ ¡Iré un momento al baño! ¡Espera aquí!

Si su mente fuera un poco más abierta, le diría que voy a ir por mi primera
golosina del año, pero Pauline no es así. Ella no entendería cómo puedo querer
entregarle mi cuerpo a alguien que ni siquiera conozco. Aunque su frente se
arruga, asiente e inclina la cabeza hacia el patio trasero antes de dirigirse a él.
Como si sintiera mis intenciones de dirigirme a él, cuando me doy la vuelta para
subir las escaleras lo descubro mirando en mi dirección con ojos amplios. Mis
mejillas se sonrojan. Tomo un vaso de la bandeja que alguien sostiene y le doy
un largo trago, como si el alcohol instantáneamente me pudiera hacer sentir más
valiente.

─Hola ─susurro, trayendo su atención a mi escote cuando me posiciono frente


a él─. Mi nombre es Savannah.

Él sonríe.

Mi pecho se oprime por cuán perfectos son sus dientes. Mi ropa interior se
humedece cuando le da un sorbo a su cerveza y relame su labio inferior después,
probablemente consciente del hecho de que estoy siguiendo el movimiento de
su lengua. Su amigo suelta una risita que apenas puedo escuchar antes de bajar
las escaleras y dejarnos tan solos como podemos estar en la fiesta.

─Tanner.

Al momento en el que escucho su voz, decido que no solo quiero que sea una
golosina. Quiero que sea una tienda abierta para mí las veinticuatro horas del
día, los siete días de la semana, de la que pueda tomar todo lo que quiera sin
pagar. Poniéndome de puntitas, puesto que a pesar de que soy alta y uso tacones,
él lo es más, junto sus labios con los míos, percibiendo el profundo aroma a
alcohol provenir de él y notando cuán oscuros son sus ojos marrones. No meto
mi lengua en su boca, sino que me deslizo suavemente de regreso al suelo con
el aroma de su colonia descontrolando mi mente. Un poco emocionada con el
brillo intenso con el que empieza a mirarme, deslizo mi mano en la suya y lo
guío por el pasillo repleto de puertas. No sé cuál tomar, así que me ayuda
señalando la que se encuentra al final de este.

Cuando entramos y cierra la puerta tras de sí, ya me estoy quitando la ropa como
si tenerla me impidiera seguir respirando. Es un vestido elástico, así que sacarlo
no es difícil. Para el momento en el que se da la vuelta ya me encuentro
solamente usando un tanga negro de encaje con una cinta y un lazo en la parte
trasera. Giro sobre mí misma. La manera en la que me mira, como si no pudiera
creer lo que está frente a él, me hace sentir extrañamente segura y bonita, pero
es porque presiento que Tanner, sea cual sea su apellido, no mira a todas así.

─Ven aquí ─suelta con voz ronca, aún sin quitarse los pantalones.

Obedezco.

Camino asegurándome de que mi cabello se deslice sobre la suave piel de mis


senos, exagerando un poco el movimiento de mis caderas, y me arrodillo frente
a él. Mientras desabotono su pantalón con mis manos, mi pedicura rosa recién
hecha, lo escucho sisear entre dientes y apoyarse en la pared. Ya que no trae
ropa interior debajo, su pene salta a la vista cuando deslizo la tela de jean por
sus tonificadas piernas. Casi quiero llorar cuando lo veo. Es precioso. Rosado,
redondeado en la punta y lo suficientemente grande como para intimidar o,
mejor dicho, para darme la certeza de que me llenará más de lo necesario.
Tanner me deja hacer lo que quiera con él. Probablemente siente curiosidad
sobre cuáles serán mis movimientos, por lo que se limita a observarme y a
maldecir cuando inhalo su aroma a almizcle antes de meter la punta en mi boca
teniendo cuidado de no lastimarlo con los dientes. De repente todos mis ex
tienen sentido, puesto que me prepararon para este momento.

Para saber cómo complacerlo.

─Dios mío ─jadea él, sus dedos enterrándose en mi cabello─. Eres la jodida
fantasía de un hombre hecha realidad, Savannah.
Para demostrar su punto, lo alojo un poco más profundo en mi garganta. Tanner
suelta un gruñido satisfecho antes de empujarme suavemente hacia atrás y
arrodillarse para tomarme entre sus brazos. No puedo evitar acurrucarme contra
su pecho y patalear, feliz, de camino a la cama. A pesar de que pensé que sería
duro conmigo, incluso brusco, me deposita en ella con suavidad. Se cierne sobre
mí, situándose entre mis muslos, momento que aprovecho para evaluar la
manera en la que quedó su amigo luego de mis intenciones, duro e hinchado,
listo para mí, y me ofrece una sonrisa torcida antes de sumergir su rostro entre
mis piernas. Muchas personas están manteniendo relaciones sexuales aquí, así
que no me avergüenzo de gritar por la manera en la que succiona fuertemente
mi clítoris, haciendo a un lado mi tanga, antes de dejarlo libre de golpe. Tanner
ríe antes de continuar lamiéndome. Aprieto una de las almohadas con fuerza.

─Tanner ─jadeo cuando me hace mojar tan mal, disfrutando de los restos de la
sensación afrodisiaca mientras me da la vuelta y abofetea mi nalga derecha con
fuerza, haciéndome gemir─. No puedo esperar más. Por favor, entra en mí
─lloriqueo.

Él vuelve a reír mientras abre un paquete de condones.

─Solo un segundo, bebé.

Bebé.

Sí, soy su bebé y en estos momentos me muero porque algo de aspecto blanco
y lechoso me alimente. Me inclino hacia adelante y curvo mi espalda,
incitándolo a darse prisa. Él respira con brusquedad entes de tomar la parte
trasera de mi tanga y nuevamente hacerla a un lado. Le gusta tanto. Me alegra.
Tengo un montón de lencería bonita en mi armario para volverlo loco.

─No sabes cuánto me gusta esto. ─Tira del lazo mientras posiciona su miembro
en la entrada de mi vagina. Estoy tan caliente y húmeda. Lo quiero dentro de mí
más de lo que quise un auto cuando cumplí los dieciséis─. No te lo quites nunca.
Intuir que traes algo así bajo la ropa te hará dueña de la mente de cualquier
hombre.
Sonrío, pero la sonrisa se va cuando entra de golpe, haciéndome gritar
nuevamente, y empieza a follarme como intuí que sería en el momento en que
lo vi. Duro. Áspero. Profundo. Tanner se apodera de cada rincón de mi sexo
como si su misión fuera dejar una huella en mi alma, no causarme un orgasmo.
En un determinado momento sus golpes se vuelven aún más salvajes y toma mi
cabello, tirando de él hacia atrás mientras me hace llegar. Antes de que pueda
recuperarme, me da la vuelta y ocasiona que mi cabeza cuelgue del colchón.
Estoy a punto de preguntarle qué sucede cuando lo noto. El espejo frente a mí.
Nuestro reflejo. Ahora no solo puedo sentir, sino que también puedo ver cómo
me posee. Su pálida piel ligeramente alumbrada por las farolas de la calle. Su
gesto de concentración mientras sale y entra de mí con fuerza. La malicia en sus
ojos al presionar su mano sobre mi estómago, manteniéndome en mi lugar a
pesar de que ya no puedo soportar su intensidad, la cual me consume, me hace
estremecer de miedo y excitación, y a la vez me obliga a tener en cuenta la
manera en la que llega a lugares que nadie más, hasta él, había conocido. En
cómo de bien lucimos juntos.

Somos el diablo y una chica buena dispuesta a pecar.

A sacrificarse.

Después de venirse, tres orgasmos para mí en total, se acuesta de la misma


manera junto a mí y nos observa. Me sonríe antes de incorporarse. Una vez
desecha el condón usado, besa suavemente mis labios y se inclina hacia la
mesita de noche junto a la cama. Saca un paquete de cigarrillos de ella. Me
ofrece uno, pero niego. Aunque estoy desesperada por portarme mal, trato de
evitar los vicios que disminuirían directamente mis años de vida.

Me enderezo, intentando evitar la manera en la que mi corazón comienza a


doler, puesto que esto fue solo sexo, y me incorporo para recoger mi ropa e ir
de regreso con Pauline, pero Tanner me toma del codo y me hace aterrizar de
vuelta en la cama. Me empiezo a quejar en voz alta por el impacto, pero el humo
de su cigarrillo, directamente exhalado en mi estómago, me hace mantener la
boca cerrada. El humo y el calor me hacen cosquillas.

Me excitan.
─ ¿A dónde crees que vas? ─pregunta, abriendo nuevamente mis piernas─. No
he terminado contigo, Savannah. ─Tiemblo cuando pasa su lengua por mi
centro, deshaciéndose de mi tanga mojada, exponiéndome y haciéndome
vulnerable─. Esto apenas empieza.

*****

La mañana siguiente a nuestra aventura apenas puedo moverme sin sentir un


fuerte dolor de cabeza. Después del mejor sexo de mi vida, cuyo recuerdo trae
mariposas a mi estómago, encontré a Pauline bebiendo una cerveza con un
grupo de artistas en el jardín. Pasamos una buena noche luego. La banda con la
que hablaba nos invitó a una fiesta al otro lado de la ciudad en la que habían
sido contratados para tocar un par de canciones, así que no solo estuvimos en la
fiesta de fraternidad y estuve en los brazos del chico más hermoso del campus,
sino que también asistimos a un concierto. Si todos mis fines de semana son así,
creo que la universidad será, en definitiva, la mejor época de mi vida.

─ ¿Savannah? ─escucho a Pauline preguntar al otro lado de la habitación, desde


su cama rosa y dulce, como una niña.

La mía, en cambio, está rodeada de velas con aroma a vainilla que no pude
encender ayer. A Pauline le asusta que duerma tan cerca del fuego, pero estoy
acostumbrada a ellas y sé que se apagarán en el momento en el que se consuman.
A pesar de que me envuelvo apretadamente en mis sábanas, contesto.

─ ¿Sí?

─ ¿Qué tal si empezamos el día yendo a Rusty's?

Rusty's es nuestro restaurante favorito para comer, un café en el centro


universitario dónde he declarado que hacen los mejores panqueques de Austin
a pesar de que solo llevo dos semanas aquí. Quiero continuar durmiendo, pero
mi estómago necesita algo con lo que sobrellevar todo el licor, no solo cerveza,
que ingerí anoche. Suelto un sonido aprobatorio y me levanto. Veinte minutos
después, tanto Pauline como yo estamos listas. Ambas llevamos atuendos
deportivos de pantalones cortos junto con sudaderas, zapatillas y gafas de sol
que ocultan nuestras profundas ojeras. Caminamos la una junto a la otra,
quejándonos del ruido, hacia nuestro destino, pero a la mitad de él un chico se
nos acerca sosteniendo un montón de panfletos con la foto de una chica en ellos.
Una chica con el cabello rubio y rizado en medio del público de un concierto,
destacando por su vestido blanco. Todo lo que la rodea allí es oscuro, las
personas, las cosas.

Incluyéndome.

─ ¿Conocen a esta chica? ¿La rubia? ─pregunta él, señalando a Pauline en la


foto─. El presidente de nuestra hermandad nos está volviendo locos buscándola.
Si no la encontramos, no aceptará nuevos miembros este año. Yo aspiraba poder
entrar. Hay un pase directo, sin presentar ninguna prueba, para quién la consiga.

El color desaparece del rostro de Pauline.

─Yo... yo...

─Es ella ─susurro, emocionada, quitándole las gafas─. ¡Es ella!

Quién sea el presidente de la hermandad, es tan romántico.

Ya yo encontré al chico que me gusta, a quién aspiro ver pronto, puesto que
creo que tuvimos más que química, una conexión, por lo que realmente me
alegra que ella también tenga a alguien.

─Maldición ─suelta él cuando la ve, colocando el panfleto junto a su rostro─.


¡Eres tú! ─Nos abraza, saltando─. Vengan. ─Toma nuestras manos─. Vamos
en este mismo instante a la hermandad. No puedo perder esta oportunidad. Mi
futuro está en juego.

Tanto Pauline como yo lo seguimos sin rechistar, dejando atrás nuestros planes
de dirigirnos a Rusty's. Puedo identificar una chispa de emoción en su mirada
marrón. El chico nos habla sobre cómo todos en su fraternidad han estado
trabajando en encontrar a Pauline desde que su presidente vio el post de la banda
en redes sociales y la identificó, dándose cuenta de que era la chica que le había
llamado la atención durante de la fiesta, pero a la que no pudo encontrar después
de terminar con los asuntos de la hermandad. Ambas estamos abrazándonos,
emocionadas, en el recibidor de la casa, ahora hecha un desastre, pero ya siendo
limpiada por sus miembros, de la hermandad en la que estuvimos anoche.
Hermandad Maleeh. Una de las mejores, según nuestro guía, a la que cualquier
chico puede aspirar en Texas.

─Hola ─saluda una voz que reconozco tras nosotras.

Cuando me doy la vuelta, me encuentro con los ojos oscuros de Tanner. Ellos
me notan, pero me descartan rápidamente, pasando de mí como si solo fuera un
elemento más en la habitación en la que está reuniéndose con la chica de sus
sueños, antes de concentrarse completamente en Pauline. Mi compañera de
cuarto suelta una risita nerviosa cuando él toma su mano y la besa.

─Tanner Reed ─responde él con voz ronca─. A tus servicios.

Sin poder soportarlo más, me doy la vuelta.

Pauline es el amor de su vida y claramente yo soy los asuntos de la fraternidad


de los que estaba encargándose. La razón por la que no pudo verla. Aunque
debería advertirle sobre él, decirle lo malvado que es, prefiero ver cómo la toma
y le ilusiona de la misma manera que me tomó y me ilusionó a mí antes de
romperle el corazón con la fealdad del suyo.

*****

Pero muy a mi pesar, eso nunca pasa.

Él la ama.
Capítulo 1
Manejo el despecho lo mejor que puedo.

A diferencia de otras chicas, quiénes probablemente solo se dedicarían a


deshacerse del ardor en su corazón yendo tras otros chicos o comiendo comida
chatarra, cosas que también hago, trabajo en mí. Voy tanto al gimnasio que la
gerente se preocupa, acercándose un día y amenazándome con retirar mi
membrecía si no me controlo. Cuando se dio cuenta de que estaba a punto de
llorar como un niño al que le han quitado su juguete favorito, ese que abraza
por las noches para sentirse mejor, me explicó que lo hacía por mi bien, que
desgastar mis músculos así solo los atrofiaría. También me dijo que su esposo
se divorció de ella hace dos años, por lo que reconoce a una mujer herida
cuando la ve. No juzgué su razonamiento después de eso. Si Tabatha pudo
superar el engaño de un hombre con el que estuvo por media década y la dejó
por haber aumentado diez kilos después de dar a luz a su bebé, yo puedo
arrancar un simple acostón de mi piel.

Sintiéndome estúpida por darle tanta importancia a Tanner, no me quedó más


remedio que disminuir mi itinerario después de aceptar tomar un café con ella
y conocer su historia. Aun así, Tabatha ahora luce como una modelo y yo no,
por lo que deduzco que en su caso no hubo nadie que la detuviera de pasar todo
el día en el gimnasio. Pero no me quejo. Nos hicimos amigas de entrenamiento
y con su experiencia, Tabatha también es entrenadora en el gimnasio de su
segundo esposo, a quien conoció mientras superaba al primero, he empezado
a notar resultados que antes no lograba alcanzar debido a que no sabía hacia
dónde dirigir mi entrenamiento. Mi trasero luce bien. Mi abdomen también se
siente como una roca cuando lo golpeo.

Una roca plana, sin ninguna marcación, pero una roca.


También me vuelvo la mejor de la clase, manteniendo a mis padres felices
debido a que constantemente les envío fotos de mis buenas calificaciones. Su
rencor hacia mí por no estudiar negocios ha desaparecido debido a ello, lo cual
tiene sentido. ¿Por qué tenerme en algo dónde habría sido una más en lugar de
dejarme ir a un sitio donde estoy resultando ser extraordinaria? Mis bocetos
incluso aparecen el periódico de la universidad, llevándose un premio de algún
concurso de dibujo, exactamente junto a las noticias deportivas, por lo que mi
rostro a veces termina impreso al lado del de Tanner, el capitán del equipo de
fútbol americano.

Eso me complace.

Ahora él sabe exactamente lo que ha perdido.

Y para evitar que le queden dudas, otra forma de hacérselo saber es yendo tras
sus amigos. Porque sí. El hecho de que me haya vuelto la mejor no significa
que no termine en los brazos de alguno de ellos, tomando todo el consuelo que
puedo, cuando por cualquier razón, desde una fiesta a una simple reunión por
las tardes, termino viendo, escuchando o sintiendo cómo Pauline y él están
juntos. No solo teniendo sexo. El sexo no me interesa. El sexo fue algo que me
dio a mí. Fue mágico y perfecto. Tan mágico y perfecto que estoy segura de que
ella nunca podrá igualarme sin importar si la quiere o no. Lo que realmente
hace que mi pecho se contraiga con dolor son sus abrazos. La manera en la
que la mira como si su rostro contuviera un hermoso paisaje que no pudiera
evitar admirar. Sus detalles. Tanner no solo la lleva a cenar a los mejores
lugares de Austin y le compra cosas, sino que siempre deja ramos de rosas junto
a nuestra puerta. Le escribe cartas de amor. Obliga a sus chicos a cantar
canciones para ella, armando un espectáculo al estilo Glee solo para hacerla
reír.

Tampoco niego que no tenga ataques de ansiedad dónde no deje de


preguntarme qué es lo que él no vio en mí, pero en ella sí, y termine yendo a la
tienda de comestibles a las dos de la mañana por un kilo de helado de chocolate
para mezclar con galletas y comer mientras veo películas de Netflix que en
cualquier otro momento consideraría estúpidas, pero que justo así me hacen
llorar. Es como si dentro de mi mente, dónde soy perfecta, no hubiera una
respuesta, haciéndome colapsar mientras trabaja sin descanso en buscar una
razón por la que ella sí y yo no.

¿Qué es lo que no le gustó?

¿Qué es lo que le gustó en Pauline?

Si tan solo pudiera tener las respuestas a ello, podría continuar, aunque una
voz dentro de mí me grita constantemente llamándome mentirosa cuando
pienso al respecto. En lugar de continuar, existe la posibilidad de que cambie
debido a él y me exponga a que me lastime de nuevo. Tampoco es como si
pudiera preguntarle. Tanner actuó como si no me conociera desde el momento
en el que Pauline me presentó como su mejor amiga, lo que significa que
abiertamente no le importa el haberse acostado conmigo antes de ir por ella o
que no me recuerda debido a lo ebrio que estaba, quizás ambas. Por mi mente
ha pasado decirle a Pauline la verdad, pero ella luce tan feliz con él que sería
estúpido e innecesario arruinar su felicidad por algo que para Tanner no
significó nada. Tampoco sabría qué decirle si me pregunta por qué he callado
durante tanto tiempo. De una forma u otra terminaría luciendo más patética de
lo que ya me siento.
Mi autoestima está gravemente herido. Lo fortalezco cada vez que me miro en
el espejo y veo los avances del gimnasio, cada vez que veo mis calificaciones,
que un chico me dice palabras bonitas, pero se destruye y convierte nuevamente
en polvo cuando veo a Pauline y él besándose. Por esa razón me siento feliz
cuando el fin de semana que he estado esperando por casi un mes llega.

Tanto Pauline, estudiante de veterinaria, como yo hemos terminado con nuestra


primera ronda de exámenes e iremos a pasar estos dos días en la casa de playa
de mis padres en Corpus Christi, a tres horas en auto de Austin. Tanner no irá,
por lo que no solo se trata de un par de días entre chicas haciendo cosas
divertidas, de regresar a la breve época en la que él no estaba entre nosotras,
sino de quitárselo por un par de días.

No puedo evitar estar emocionada.

Nuevamente soy como ese cachorro que agita su cola sabiendo que está punto
de salir y hacer algo emocionante, no importa si eso es atrapar una mosca con
su lengua o perseguir una ardilla. Para él cualquier cosa es mejor que estar
encerrado, así como también para mí cualquier cosa es mejor que quedarme
en mi dormitorio viendo como Pauline y su novio se aman.

No puedo decir que ellos sean discretos.

Aunque no es como si tuvieran una razón para serlo.

Al menos no Pauline.

─¿Qué tal está este? ─le pregunto a la que casi se ha convertido en mi mejor
amiga, casi destronando a Becca, mi mejor amiga de secundaria que viajó a
California luego de graduarse; lo que las diferencia y hace que Becca continúe
en su puesto es que nunca me acosté con ninguna de sus conquistas y
viceversa─. ¿Te gusta? ─Junto a Tanner, quién está demasiado concentrado
trazando circulitos sobre su piel y viendo un partido de fútbol en nuestro
plasma, Pauline desvía la mirada de su entrepierna para observarme sostener
un bikini negro con joyería en lugar de tiras para mantenerlo en mi cuerpo.
Aunque su desinterés por nuestro viaje me molesta, no puedo evitar estar de
acuerdo con ella. Tanner tiene un buen tamaño ahí abajo y los pantalones
estrechos que usa no hacen mucho por ocultarlo. Eso y una camiseta blanca es
lo único que lleva, a parte de sus zapatillas, y es suficiente para hacerlo lucir
bien. Lo demás lo hacen sus músculos y un par de intensos ojos negros. Ese
cabello oscuro y sedoso tan lindo. Suspiro─. ¿Pauline? ─la llamo cuando no
obtengo más que un vistazo de reojo antes de que su atención regrese a Tanner.

Alzo las cejas.

Sus mejillas se sonrojan con fuerza cuando me mira.

─Yo... yo... ─Se traba─. ¿Qué decías?

Sacudo nuevamente mi bikini.

─¿Te gusta?

Ella arruga la nariz.

─Ya llevas uno negro, creo.


Me cruzo de brazos.

─No, no lo hago.

Afirma, convencida de que sí.

─Sí, yo vi uno negro antes de ese.

Pongo los ojos en blanco.

─Era el mismo, bebé ─interviene Tanner, mirándome con una sonrisa de


disculpa en sus labios, lo cual me sorprende debido a que pensé que ignoraba
todo sobre mí, antes de inclinarse y besar su cabellera rubia─. Solo que estás
demasiado ocupada mirándome como para prestarle atención a tu amiga, lo
cual está mal. Si sigues ignorando a Savannah... ─La manera en la que dice mi
nombre, arrastrando las palabras con su disimulado acento alemán,
mirándome con intensidad, hace que mi cuerpo se sacuda con un
estremecimiento─. Ella empezará a odiarme.

Él no puede haberme olvidado, pienso.

Pauline se sonroja aún más, ocultando su rostro en su pecho mientras ríe con
mortificación y envuelve su camisa en su puño, tirando de ella de una manera
que la arrugará después, lo que Tanner odiará porque es un adicto a la
perfección. Continúo doblando mi ropa y metiéndola dentro de mi maleta en
silencio, pero me extiendo sobre mi cama por un vestido playero que no
pensaba llevar, pero está totalmente arrugado, y me dirijo al baño.
─Voy al baño a quitarle las arrugas a esto ─susurro, dejando caer mi mirada
pesadamente sobre él, Pauline todavía oculta en su torso, probablemente
disfrutando de su masculino aroma.

Ni siquiera he terminado con mi vestido para el momento en el que lo veo en el


umbral de la puerta. Está inclinado con una mano sobre el marco. Me sonríe
casualmente. Sin camisa. Intento que mi mirada no se desvíe a sus músculos
expuestos, pero no puedo evitarlo. Aún peor, no puedo evitar la manera en la
que mis muslos se aprietan de manera involuntaria cuando entra al pequeño
espacio de baldosas y me arrincona contra la pared tras de mí.

Estoy usando shorts de pijama, cortos, y una camisa sin mangas, por lo que
muy bien podría estar desnuda frente a él por la manera en la que todo mi
cuerpo se calienta cuando siento que me echa una rápida mirada de reojo.
Colocando una de sus manos junto a mi cabeza, me tiende su camisa con la
otra, obligándome a olerlo casi de la misma manera que su novia acaba de
hacerlo.

Pero sin ningún trozo de tela interponiéndose.

─No quiero sonar como un cerdo machista, ¿pero podrías arreglar esto? ─La
agita de la misma manera que agité mi bikini unos minutos atrás─. Odio usar
ropa arrugada y mi madre nunca me enseñó a planchar. De alguna manera
quemo todo lo que toco.

Aunque lo más racional que podría hacer en este momento es presionar la parte
caliente de la plancha contra su cara, termino tomando el trozo de tela con
dedos temblorosos, deseando tanto que se vaya como que se quede. Lo odio por
ir tras mi amiga después de tenerme, por arrojarme a la basura de la manera
en la que lo hizo, pero lo odio aún más por la manera en la que ha logrado que
lo que más desee sea ocupar el lugar de alguien más cuando solía sentirme tan
cómoda conmigo misma antes de conocerlo. Me arrepiento tanto de haber ido
a su hermandad.

─Gracias, Savannah. ─Mi cuerpo vuelve a temblar cuando escucho mi nombre.


Es como si se apoderara de él cada vez que lo pronuncia─. ¿Te molestarías si
te pido otro favor? ─Niego─. Bien, se trata de este fin de semana. ─Me tenso─.
No estoy cómodo con que dos chicas tan hermosas estén solas en una casa que
permanece todo el año vacía, ¿por qué no le dices a Pauline que puedo ir con
ustedes? Les daré su privacidad para hacer lo que quieran, pero las cuidaré.
Si me quedo aquí no podré dormir pensando en su seguridad y me irá mal en el
partido del lunes.

Aunque no quiero que vaya, me encuentro a mí misma aceptando.

─Sí.

Tanner se echa hacia atrás con una sonrisa arrogante.

Finalmente puedo respirar.

─Gracias, Savannah ─dice, arrastrando nuevamente las sílabas─. Eres mucho


más racional que mi novia. Adoro a Pauline, pero ambos sabemos lo ingenua
que puede llegar a ser, ¿no?

Trago.

─Sí.
Tanner me guiña el ojo antes de darse la vuelta y regresar al dormitorio. Cierro
la puerta y paso el pestillo apenas se va, deslizándome hacia abajo con su
camisa entre mis manos. Temblando, oculto mi rostro en ella, debatiendo si
Tanner está siendo solo un idiota o si está siendo el mayor de los idiotas. Si
solo está coqueteándome o si está coqueteándome sabiendo lo mucho que me
afecta porque recuerda todo lo que pasó.

*****

Pauline luce mucho más emocionada con nuestro viaje desde que le sugerí que
invitáramos a Tanner. Salimos ese mismo día al anochecer, un viernes, porque
quiero pasar tanto tiempo en la costa como sea posible antes de tener que
regresar el domingo. También porque siempre se me ha hecho más divertido
conducir de noche. No puedo evitar echarle ciertos vistazos de reojo a Tanner
a través del retrovisor mientras sigo las instrucciones del GPS, los cuales no
devuelve. Tanto él como Pauline van detrás, enfrascados el uno con el otro,
haciéndome sentir como si fuera un Uber. Eso me molesta tanto que le subo
todo el volumen a la radio para que se les dificulte hablar entre ellos. Ambos
se callan, probablemente captando mi mal humor, cuando Shadow Preachers
de Zella Day casi hace sangrar nuestros oídos. Afortunadamente ninguno se
atreve a pedirme que le baje. Aunque él sea algo así como una obsesión de la
que no he logrado deshacerme y ella sea mi amiga, los dejaría en la carretera.

El estruendo solo termina cuando llegamos a San Antonio, más o menos a la


mitad de nuestro viaje, y me detengo en una estación de servicio. Para ese
entonces estoy tan molesta como hambrienta. Tras estacionar frente a la
cafetería abierta las veinticuatro horas, me bajo y no puedo evitar cerrar la
puerta de mi Mercedes con un portazo que lamento apenas lo escucho.

Él es el único elemento masculino en el que confío.


Lo acaricio disimuladamente, disculpándome, antes de darme la vuelta y entrar
en el local, importándome muy poco si me siguen o no. Si no lo hacen pueden
morir de hambre hasta que lleguemos. No conseguiré nada para ellos y me
tardaré lo que quiera comiendo. Tampoco me detendré otra vez. En el momento
en el que empiezo a deslizarme en el reservado al fondo del restaurante, todo
mi enojo se desvanece como si nunca hubiera existido. Tanner, sin Pauline, está
sentándose frente a mí.

─¿Pauline? ─pregunto, mi voz ronca.

─Duerme.

─¿Entonces solo la dejaste en el auto?

Él afirma.

─Sí.

Mi garganta se seca, por lo que agua es lo primero que le pido a nuestra mesera
cuando se acerca. Lo segundo es una hamburguesa con doble queso y patatas
fritas, sin tocineta, y una Coca Cola de lata. Cuando termino de hacer mi
pedido descubro que Tanner está mirándome con curiosidad. Mis mejillas se
sonrojan. Tras mirarme un poco más, para mi mortificación y deleite, niega y
pide lo mismo que yo. Mientras esperamos nuestra comida le echo un vistazo,
evaluándolo por primera vez desde que se apareció en el estacionamiento de
nuestro edificio en el campus con una mochila y nos ayudó a guardar nuestro
equipaje. Continúa usando su camisa blanca de esta tarde. La camisa que
arreglé para él. La que olí por quince minutos antes de regresar con él y
Pauline y entregársela doblada con la forma de un cisne, la excusa que le di a
mi tardanza a pesar de que solo me toma medio minuto hacer la figurita. A mi
madre le gusta el origami.
─Esto tiene que ser una maldita broma ─murmura cuando la mesera regresa
con nuestros pedidos y lo primero que hago es meter mis patatas dentro de mi
hamburguesa, lo que él también hace─. ¿Me estás siguiendo o algo, Savannah?

Me congelo, pero no sé si lo hago por la manera en la que entrecierra los ojos


o por lo serio que suena cuando lo pregunta.

─Mmm... no.

Al ver que genuinamente no tengo ni idea de qué habla, la tensión en los


músculos de los hombros de Tanner se va. Tras tomar una honda inspiración,
me mira como si no me hubiera acabado de observar con asco. Supongo que
hubo una acosadora antes de mí. Aunque me definiría a mí misma más como
una víctima que pasó a ser victimaria más que como una acosadora.

─Lo siento. No hay muchas personas a las que les guste comer lo mismo de la
misma manera y de la misma forma.

Esta vez soy yo quién se encoje de hombros.

Inclinándome para darle un mordisco a mi hamburguesa, mis ojos grises en los


suyos, respondo antes de tomar un bocado.

─¿También le echas azúcar a las palomitas?

Tanner hace una mueca de asco.


─No, por supuesto que no.

Tras tragar, me enderezo en mi asiento.

─Yo tampoco. ─Le sonrío, regodeándome internamente cuando se queda


viendo mi boca. Bien. No es el único con lindos dientes. Pasé toda mi primaria
y un par de años de secundaria con ortodoncia y me hago un blanqueamiento
cada tres meses─. ¿También me dirás que te acoso por comer mis palomitas
sin azúcar? ─Arriesgándome un poco más, relamo mis labios antes de llevar la
pajilla de mi Coca Cola a ellos, preguntándome si eso puede traerle un
flashback de la mamada que le hice durante la fiesta─. Porque no hay muchas
personas a las que les guste comer lo mismo de la misma manera y de la misma
forma, ¿no?

Soltando una risa entre dientes, Tanner niega.

─Touché.

Pero ambos, su subconsciente y yo, sabemos que sí las hay.

Él me devoró tan bien como yo a él.


Capítulo 2
Austin, Texas.

Presente.

Me apoyo en la barandilla de la terraza que yo misma diseñé. Sus pisos de


mármol. Los banquillos junto a las columnas al estilo romano en las que estoy
apoyada. Incluso hice un boceto de las flores que pondría sobre estas si yo
viviera aquí. Rosas. Rosas rojas, maduras e intensas. De verse desde el interior
de la construcción se podría apreciar la manera en la que el rojo destacaría justo
en el punto en que la terraza y el paisaje, un centenar de árboles verdes, se
encuentran. Las habitaciones, en cambio, dan con el lago en medio de todas las
hermosas villas de esta zona exclusiva de Travis Country. Tras darle un sorbo
a mi copa de vino, suelto un profundo y pensativo suspiro. Ha pasado un año
desde que ayudé a construir este hogar. Uno y medio desde que me gradué de
la universidad. Aunque ya estaba trabajando en pequeños proyectos de
decoración de interiores, el matrimonio a la que mi obra de arte le pertenece me
dio la oportunidad de desplegar mis alas entre los ricos de Austin.

He tenido un montón de trabajo pesado desde entonces. Aunque muchas veces


me dan la libertad creativa que necesito, muchas otras no y debo pasar por un
montón de intentos fallidos hasta que mi cliente esté satisfecho. No es que me
esté quejando, amo lo que hago, pero a veces me gustaría trabajar en lo que
siempre llamó mi atención. Los edificios. Las obras públicas o privadas en la
ciudad. Nadie te recuerda por haber diseñado una casa a menos que sea bonita
y ocurra un asesinato dentro de ella. Los hoteles, los museos, los centros
comerciales y los empresariales son otro asunto, pero solo hay una constructora
importante en Austin y su CEO, el día que fui a mi entrevista con una de mis
maquetas, un nuevo estadio de béisbol, me dijo que solo tendría que inclinarme
sobre su escritorio si quería el puesto. Era atractivo, habría aceptado tomar una
copa con él si hubiera preguntado, pero llevo años alejándome de tipos así, por
lo que le arrojé mi versión de la nueve sede de los Rangers a la cara antes de
salir, decepcionada conmigo misma por la manera en la que perdí el control,
pero feliz de haber vengado mis sueños.

Podría regresar a Houston con mis padres y encontrar trabajo allí, pero es
demasiado pronto para que me rinda y acepte que mi padre me ayude llamando
a uno de sus amigos. Solo ha pasado un año. Mi ojo arquitectónico también ha
aprendido a trabajar, como si tuviera vida propia, sobre los paisajes de Austin.
No puedo darle la espalda. Si lo hago, algún día necesitaré la inspiración y no
la tendré porque los dioses habrían sentido mi rechazo cuando la tuve. En la
vida de un artista, el momento es aquí y ahora.

Sino, la esencia se esfuma.

─Esta casa es hermosa, ¿no? ─comenta una grave voz junto a mí, recordándome
que no he respondido su pregunta todavía─. Diría que es la zona en la que se
encuentra, pero la verdad es que luciría hermosa en cualquier otro lugar.

Es verdad. La casa, mansión, en realidad, tiene ese tipo de belleza que la haría
lucir hermosa en cualquier sitio donde no haya nieve la mayor parte del año. En
la nieve sería contraproducente debido a su cantidad de accesos. Tampoco
combinaría con su aire cálido, casi Toscano. Desde que empecé a diseñar, tomé
el principio de hacer que las cosas destaquen por sí mismas en lugar de forzarlas
a ser algo más. Si el ambiente alrededor de la casa es cálido, esta debería serlo.
Si es frío, debería ser fría y aun así acogedora.
─Tengo un montón de proyectos ─susurro, negando mientras vuelvo a llevar la
copa de vino a mis labios─. No puedo, Tanner, lo siento. ─Diseñar esta casa
fue el cierre que necesitaba. Me arruinó hacerla tan perfecta, plasmar mi alma
en cada detalle, y luego dársela a Pauline y a él para que vivieran toda su vida
juntos. Desde que les di la llave de la puerta principal mi cuerpo ha estado
entumecido, pero también se me ha hecho más fácil estar alrededor de ellos
cuando tengo que estarlo. Es decir, cuando me invitan a un evento social al que
me veo obligada a ir porque, en especial si es aquí, significa que obtendré
nuevos clientes. Tengo la esperanza de que algún día alguno de ellos vea en mí
más que a alguien que podría hacer una casa bonita, pero nadie pone en las
manos de una chica recién graduada un contrato multimillonario─. Puedo
ayudarte a encontrar a otro arquitecto.

Tanner niega.

Su frente está arrugada con molestia e irritación, mechones de cabello negro


cayendo sobre ella mientras niega, como cada vez que tiene que hacer un
esfuerzo para que lo complazcan, lo cual casi nunca sucede debido a que obtiene
lo que quiere cuando quiere sin ningún tipo de esfuerzo. Se encontraba en sus
últimos años de la escuela de negocios cuando Pauline y él empezaron a salir,
por lo que lleva un tiempo haciéndose cargo de la compañía de importaciones
de su padre, así que ahora no solo es un idiota apuesto, serio y arrogante, sino
que es un idiota apuesto, serio y arrogante con unos cuantos millones de dólares
en el bolsillo. Me gustaría decir que Tanner es solo un niño rico más, pero la
verdad es que volvió la pequeña empresa que heredó algo más grande de lo que
era, por lo que no puedo quitarle el crédito de ello. Si antes, en la universidad,
vestía bien, ahora viste aún mejor. Como un modelo DG o Armani. Sus trajes
siempre son pulcros y hechos a la medida. El azul oscuro que está usando en
estos momentos es mi favorito, no importa si antes solo lo haya usado una vez.
Nunca olvido la tonalidad de sus trajes o el contraste que hacen con su pálida
piel. Este es tan frío que siguiendo mis propios principios arquitectónicos nunca
encajaría con mi vestido rojo de encaje y mangas ceñidas hasta las muñecas,
pero falda suelta y larga, por lo que la manera en la que nos vestimos para este
coctel es un recordatorio visual de que no es para mí.

Solo por si los cinco años que lleva con Pauline, la casa que me hicieron diseñar
y su boda en la playa, la cual consideré patética a pesar de que fui una de las
damas de honor, no fue suficiente.

─No quiero otro, Savannah. Te quiero a ti.

Mi mano se aprieta con fuerza en torno al cristal.

Llevaba tanto tiempo queriendo oír esas palabras y aquí las tengo, pero las
rechazo porque no están dichas de la manera correcta.

Niego.

─No, lo siento, mi agenda está muy apretada.

Su mandíbula se endurece, así que sé que lo he hecho molestar.

Ya mi negativa no solo es una irritación.

─Así que te has vuelto exclusiva.

Me tenso.
Como cada vez que hablo con Tanner, me pregunto si se refiere a algo más. Si
está hablando de la manera en la que tonteaba con todos sus amigos después de
que se involucrara con mi amiga, lo que se acabó una vez se graduó y no hubo
más un recordatorio constante de lo que no me pertenecía, o de mi trabajo.

También está la manera en la que me mira directamente. Es como si no me


notara cuando estamos rodeados de otras personas, pero no pudiera apartar sus
ojos oscuros de mí cuando estamos a solas, pero nunca he sabido si es porque
no hay nada más para ver o porque realmente quiere mirarme. Forzándome a
mí misma a no caer en un hoyo del cual no podré salir después, niego. Mi rostro
debe revelar de alguna manera el conflicto interno que estoy sintiendo, puesto
que Tanner suaviza su tono de voz, aún con ese deje alemán que heredó de su
madre y fortaleció al haber pasado unos años de la secundaria en el extranjero,
y se obliga a sí mismo a relajarse. La tensión desaparece de sus hombros.

─Podría pagarte para que pusieras en pausa todo lo demás ─sugiere─. Pero si
se trata de compromiso hacia tus proyectos, lo respeto. Puedo esperar el tiempo
que sea necesario por ti.

No es justa la manera en la que mi pecho se aprieta.

No lo es.

Aunque en un principio llegué a pensar que me lo merecía por no decirle a


Pauline lo que sucedía, en especial cuando quise que él la lastimara como me
lastimó a mí, llegó un momento en el que fue demasiado. Demasiado que pagar
por mantener un secreto y mis sentimientos bajo llave cuando no es mi culpa
sentirme así.
Tampoco que él se haya sentido así por ella.

─¿Por qué es tan importante para ti que sea yo?

Tanner nuevamente endurece su expresión, lo cual me dice que probablemente


he ido demasiado lejos con mi pregunta o que podría estar pensando que solo
estoy disfrutando verlo ir tras de mí, pero necesito saber la respuesta. Tanner
Reed no ruega, que es prácticamente lo que ha hecho los últimos días para
convencerme de remodelar un ático que compró en la ciudad. Un nuevo lugar
en el que Pauline y él harán el amor frente a la chimenea que me harán diseñar
con esas especificaciones.

─Porque eres la mejor y yo solo quiero lo mejor, Savannah ─responde,


arrastrando las palabras, especialmente mi nombre, de esa forma lenta y
profunda que amo.

Sonrío con ironía.

─Está bien ─suelto antes de darme la vuelta, considerándolo insoportable. No


voy a lucir como una perdedora, terminé con eso cuando vi la sortija de
diamantes en el dedo de Pauline, por lo que le echo un vistazo de reojo antes de
entrar. Una parte de mí dejó de tenerle miedo desde entonces. Sé por qué. No
puedes perder lo que ya perdiste, por lo que podía dejar de actuar de manera
extraña y de esconderme a su alrededor─. Lo pensaré.

Tanner niega, frustrado, pero una pequeña sonrisa está en sus labios finos. Esto
es lo más parecido a un sí que le he dado desde que empezó a ir tras de mí en
cada sitio en el que nos encontramos para que aceptara. Una vez estoy en el
espacio amplio del recibidor, el lugar en el que todos sus amigos y socios de
negocios están reunidos junto a sus esposas, me acerco a la mesa de aperitivos
y tomo una trufa de chocolate blanco.

Otra razón por la que siempre vengo.

─Sabía que te encontraría aquí.

Al instante en el que escucho las palabras siendo susurradas en mi oído, siento


un par de brazos rodeándome y estrechándome contra una superficie dura y
cálida. El hermanastro de Tanner, Malcolm, separa sus labios cuando llevo una
pequeña bola de felicidad a su boca. Río cuando gime exageradamente y se
separa de mí para alejarme de su cuerpo y hacer nuestro característico saludo.
Como si estuviéramos bailando, me hace dar una vuelta sobre mí misma y luego
me arrastra de nuevo a su pecho, haciéndome reír y sonreír como si todavía
tuviera dieciséis.

Aunque son de diferentes madres, Malcolm es producto de una aventura que no


separó un matrimonio, son tan parecidos al señor Reed que la única diferencia
entre ellos es la tonalidad de su cabello. El de Malcolm es café, el de Tanner
negro. También los músculos de Tanner están menos desarrollados que los de
Malcolm, quién continuó con su carrera deportiva después de la universidad, él
obtuvo una beca completa en la universidad de Houston, y está en un equipo de
NFL de primera división. No lo conocí hasta la boda de Pauline y Tanner y
cuando lo vi por primera vez pensé que se trataba del novio. Fue bochornoso.
Un momento que quiero borrar de mi mete y que constantemente bloqueo
debido a que lo besé pensando que era su hermano. Ya que su hogar y su equipo
están en otra ciudad, además del hecho de que pasa gran parte del año viajando,
solo nos hemos visto una decena de veces, pero hablamos un montón de cosas
sin importancia por chat. Somos amigos. Es agradable, cálido y divertido. Más
importante, permite que coloque un pañuelo rojo que tomo de la mesa en su
bolsillo para que estemos a juego.
El traje de Malcolm es negro, lo cual está bien con él. No porque sea oscuro,
sino porque encaja en todas partes. Todos, exceptuando los padres de Tanner,
lo adoran, incluyendo su hermano. Es ese tipo de persona que no pierde la
sonrisa a pesar de haber vivido una vida de mierda. Teniendo un millón de
razones para odiar a Tanner por haber vivido mejor de lo que él lo hizo, no lo
rechazó cuando este lo buscó al cumplir la mayoría de edad.

─Te ves hermosa, Savannah.

Mi nombre saliendo de sus labios no me produce más que cosquillas. Ya que el


acento alemán de Tanner proviene de la educación de su madre, Malcolm carece
de él. Pero todavía es un hombre apuesto que despertaría el deseo en cualquier
mujer, incluyéndome. He visto sus partidos, tanto en vivo como por televisión,
y la manera en la que flexiona su brazo en lo alto para lanzar el balón ha creado
una mancha de humedad en mi ropa interior, pero la situación de mi corazón es
complicada.

No voy a agravarla más involucrándome con él.

Tampoco seré egocéntrica. No es como si quisiera estar conmigo. Compararme


con Pauline por estar con Tanner es muy diferente a compararme a mí misma
con todas las modelos y estrellas que pasan por la cama de Malcolm. Tampoco
es como si pudiera transferir mi obsesión de un hermano a otro. De estar con
Malcolm estoy completamente segura que gran parte de mis sentimientos por él
se desarrollarían en base a lo que siento por su hermano.

─Gracias. ─Ambos caminos hacia el rincón más apartado y silencioso de la


habitación, dónde ambos nos apoyamos en la pared para hablar mientras vemos
a los demás─. Vi el partido de ayer mientras terminaba el plano de una casa. Es
para un jugador retirado de los Dallas, por cierto. ─Pongo los ojos en blanco.
Él ríe, conociendo lo mucho que estoy empezando a sentirme frustrada. Hemos
hablado horas de ello─. Lo hiciste bien.

Los Houston Texans, antiguamente conocidos como los Dallas de Texas,


ganaron, pero me atrevería a decir que solo lo hicieron por Malcolm. Así de
bueno es. Aunque la mayoría de las personas se deslumbran por ello, no puedo
evitar sentir preocupación. Malcolm está justo ahora en un pedestal, pero la
caída desde la altura en la que se encuentra podría arruinarlo, sobre todo cuando,
a diferencia de Tanner, lo único en lo que se enfoca es en el fútbol.

─Gracias ─dice, afirmando─. Con respecto a tu trabajo, Sav, sabes que mi casa
está abierta para ti siempre que desees volver si lo que no quieres es regresar
con papá y mamá. Estoy seguro de que en Houston habrá alguien que apreciará
tu talento y si no es así, bueno, puedes decorar mi casa mientras tanto. ─Ríe
cuando lo golpeo con el hombro, una sonrisa en mis labios─. ¿Qué? De verdad
necesito un cambio. Incluso te dejaría grabar un episodio de tu nuevo programa
para Home and Health.

Lo pellizco, pero él solo ríe más fuerte.

─No es gracioso, Malcolm.

Pero aunque no lo es, también estoy riendo.

─Bien, ¿qué te parece si organizo fiestas en Houston en las que te recomiende


a todos mis amigos en el sector de la construcción?

Ruedo los ojos.


─Estás olvidando el detalle más importante.

Arruga la frente.

─¿Cuál?

─Tú no tienes amigos en el sector de la construcción. ─Me enderezo─. Tienes


dentro de los deportes, dueños de sitios de fiestas y en la industria del
entretenimiento, pero no tienes ningún amigo en el sector de la construcción,
exceptuándome.

Malcolm despega sus ojos de los demás invitados para mirarme, un vaso con
whisky que tomó de una bandeja de camino a dónde nos encontramos en su
mano. Mi copa de vino se quedó, para mi mortificación, en la mesa de
aperitivos, un gesto maleducado.

─No me subestimes, Savannah.

Me congelo.

Su voz de repente ha sonado tan parecida a la de Tanner, tan obstinada y


profunda, que no puedo sostenerle la mirada, desviándola de regreso a los
invitados que nos rodean. Para mi suerte, Pauline escoge ese momento para
arrastrarme lejos de su cuñado, a quién saluda con cariño, y llevarme a la planta
superior de su casa. A las habitaciones. Cuatro, puesto que planean tener tres
bebés con su cabello y los ojos de su esposo. Sinceramente habría sido más fácil
trabajar en esta casa, menos doloroso, si no la hubiera tenido revoloteando a mí
alrededor y dándome detalles que no pedí en el proceso. Con decir cuatro
habitaciones, como Tanner lo hizo, bastaba, pero ella era fan de agregarle sal a
la herida. Cuando llegamos a su cuarto matrimonial, obligándome a sentarme
en la cama en la que fornica todas las noches con él, me sorprende tomando mis
manos y dejando caer un montón de lágrimas que se deslizan hasta caer
dramáticamente sobre su pecho, ensuciando su vestido blanco. A pesar de que
es un tono mucho más claro que el azul, está perfectamente a juego con este.

─Tanner y yo estamos teniendo problemas ─explica, hipando, cuando lo único


que hago es mirarla con una ceja alzada─. Hace un par de días regresó ebrio a
casa a las dos de la mañana. ─Mi frente se arruga, puesto que ese día lo encontré
en un pub dónde nuevamente insistió en que arreglara su ático, pero estaba tan
borracha y la estaba pasando tan bien con mis amigas que no le presté la
atención que usualmente le daría. No lo encontré extraño debido a que él suele
ir a esos lugares con sus socios, aunque normalmente lo hace con Pauline─.
Había marcas de arañazos en su espalda, Savannah. Hice caso omiso de ellas
porque preguntarle significaba que tendría que dejarlo o vivir en la vergüenza
de saber que prefiere estar con alguien más a conmigo, su esposa. Me siento tan
mal. Estábamos tan bien. Todo siempre ha sido un cuento de hadas desde que
lo conocí, ¿por qué cambió de repente? ¿Es posible que alguien deje de amarte
de la noche a la mañana? El hombre con el que me casé nunca me habría
engañado. Si no lo hizo en cinco años, ¿por qué ahora?

Niego, devolviéndole el abrazo cuando sumerge su rostro en mi vestido y lo


mancha con sus lágrimas, lo cual no me importa. Después de cinco años
cargando con ello, a mi pecho no le importa recibir un poco más de dolor, en
especial si proviene de la responsable número dos de él. Pero hay una parte de
mí que no puede evitar recordar lo increíble y ligera que era nuestra amistad
antes de conocer a Tanner, lo increíble y ligera que era y continúa siendo cuando
él no está en el medio, pues Pauline y yo compartíamos las mismas ganas de
quemarnos con el fuego, solo que ella conseguía la manera de lucir limpia
después de mancharse con las cenizas, por lo que también le duele su
sufrimiento. Le quema porque sabe lo que es ser desplazada.

Lo que es ser desplazada por Tanner Reed.


Cuando el ardor se vuelve insoportable, me obligo a mí misma a recordar. A
recordar la cantidad de veces que tuve que ver cómo se besaban y tocaban frente
a mí. Cómo los oí tener sexo junto a mí, en nuestro dormitorio, en más de una
ocasión. Todo el romanticismo que tuve que soportar hasta que llegara el
momento en el que no me molestara más porque ya era inmune a ello.

Porque ya no sentía nada.

Pero, sobre todo, cómo no hubo nadie que me consolara.

─Estoy segura de que hay una explicación coherente para todo ─susurro sobre
su frente luego de presionar un beso sobre ella, lo cual no es mentira. Tanner la
ama. Nunca la heriría. No sin una razón─. Descansa. No puedes bajar así. Te
dejarás en evidencia.

Ella afirma, obedeciéndome y depositando sus rizos dorados sobre su almohada.


Como si tuviera doce, me permite acomodarla y arroparla con su suave edredón
blanco, el cual, no es ninguna sorpresa, también escogí porque no fue capaz de
elegir las sábanas de su propia habitación. Cuando sus párpados se cierran y su
pecho comienza a subir y bajar, salgo de su habitación.

De regreso en la planta inferior descubro que la mayoría de los invitados ya se


han ido. Me dirijo al amplio armario blanco junto a la puerta principal, de
puertas dobles, y tomo mi abrigo de piel de la percha a pesar de la insistencia
del mayordomo de ayudarme. Es viejo hombre es eficiente, pero se tarda mucho
y tengo prisa. Además de encontrar una razón dentro de mi mente por la cual
Tanner le sería infiel a Pauline, debo terminar una maqueta para mañana.
Aunque mi cliente es comprensivo y amable, no me gusta quedar mal aunque
solo se trate de una tonta casa.
Una bonita y tonta casa más.

Para un matrimonio.

Para sus hijos.

Para personas que conocen lo que es el amor.

Hurgando en mi bolso por las llaves de mi Mercedes, un modelo actualizado y


más lujoso del que tenía en la universidad, producto de mi trabajo y no del
dinero de mis padres, me sobresalto cuando nuevamente un cuerpo se sitúa tras
mi espalda y me presiona contra la puerta del piloto, haciendo que arroje mis
llaves.

─¿Qué tengo que hacer para que aceptes remodelar mi ático?

Dejo escapar un suspiro de alivio, puesto que no se trata de un ladrón, y me doy


la vuelta mientras me pregunto cómo no pude reconocer el aroma cítrico de
Tanner. Cuando mi rostro queda frente al suyo me doy cuenta de por qué. Este
se ha visto eclipsado completamente por el alcohol. Sin poder detenerme, apoyo
mi mano en su mejilla llena de pecas a pesar del miedo que me produce ser
rechazada. La máscara de frialdad que usualmente lleva consigo ha
desaparecido con las palabras de Pauline. Ahora hurgo más en su mirada y noto
lo herido que luce.

Su matrimonio está desmoronándose.

─Nada ─respondo─. El lunes estaré en tu oficina.


Tanner inspira profundamente, todavía demasiado cerca, y espira de manera
todavía más brusca antes de alejarse un par de pasos. Sin sentir ningún tipo de
decepción ante el hecho de que no haya aprovechado nuestra cercanía para
acercarse aún más, me agacho y tomo las llaves de mi auto. Ya en él, no veo
hacia atrás cuando me alejo para saber si también está mirando o si soy la única
estúpida que necesita un último vistazo del otro.

Sé que él lo está haciendo.


Capítulo 3
─No puedo creer que Pauline continúe dormida ─se queja Tanner en voz alta
mientras entramos en la casa de mi familia frente a la playa en una zona
habitada al oeste de Corpus Christi, Pauline en sus brazos, mirando cada
elemento en la habitación con sorpresa.

La construcción no es tan amplia como la casa en la que crecí, pero la


decoración hogareña y moderna, orientada a hacerla parecer más grande de
lo que en realidad es, la hace hermosa. Hay obras de arte adornando las
paredes con paisajes del Golfo de México y un sofá central color beige con una
mesa moderna frente a él, sobre la cual se encuentra una bandeja con cactus
artificiales. Un plasma sobre la repisa con libros de la chimenea de gas. La
cocina está equipada con lo último en línea blanca y se ve directamente desde
la entrada, puesto que no hay ningún tipo de división entre esta, la sala y el
recibidor. La pared del fondo está hecha de puertas de cristal con vista hacia
la playa. Soy capaz de escuchar las olas del mar aunque estén cerradas.

La casa es de un solo piso, por lo que se accede a las seis habitaciones que
posee a través de un pasillo junto a la entrada. Ya que Tanner tomó mi lugar
desde San Antonio, convirtiéndose en la primera persona además de mi padre
a la que dejo conducir mi Mercedes, el cansancio es evidente en su mirada. Sin
contestar a su comentario ya que el sueño profundo de Pauline no me
sorprende, es mi compañera de dormitorio, le señalo la habitación en la que él
y ella se quedarán, planeando buscar mi viejo par de audífonos por toda la
casa apenas me quede a solas.

De ninguna manera los escucharé tener sexo bajo mi propio techo.


─Buenas noches ─susurro antes de cerrar la puerta y deslizarme en mi
habitación, la cual consiste en una cama central con dosel rodeada de velas sin
encender en el suelo de madera junto con muebles y un gran, pero razonable,
armario de mimbre oscuro.

Cambio mi ropa, jeans blancos ajustados y un sencillo top gris, por un clásico
pijama de botones de pantalones cortos color negro. Demasiado agotada como
para pensar en Tanner y en la manera en la que mi mente no ha dejado de girar
en torno a la posibilidad de sacar provecho del hecho de que Pauline esté
dormida, tomo un encendedor del primer cajón de mi mesita de noche y
enciendo las velas que me rodean como n círculo antes de acostarme.

Pero, por alguna razón, no consigo dormir.

Me quedo mirando al ventilador encima de mí dando vueltas. Esperando.


Esperando que el sueño me envuelva, reclamándome, pero pasan los minutos y
eso no sucede. Ya que tras cambiarme fui directamente a la cama, no lavé mis
dientes. Tras recordarlo termino cediendo a la excusa de tener que ir al baño
para solventarlo. El único defecto de la casa es que la habitación de mis padres
es la única con un uno propio, por lo que todos los demás deben turnarse para
usar el que se encuentra en el pasillo. Sin darme cuenta de que la puerta ya se
encontraba abierta, la empujo. El sonido del agua de la ducha corriendo me
detiene de continuar avanzando hacia su interior. Me echo hacia atrás antes de
que pueda interrumpir a Tanner, puesto que Pauline nunca se ducha después
de las seis porque eso arruina su cabello. Con la espalda pegada a la pared,
me tenso al escuchar un indiscutible y profundo gemido masculino.
Presiono mis ojos con fuerza entre sí antes de abrirlos y girar la cabeza hacia
el reflejo del espejo sobre el lavado, cayendo en la sucia tentación, el cual se
encuentra frente a la ducha de cristal. Todo su tonificado cuerpo está cubierto
con jabón que el agua arrastra por su piel, pasando por encima de cada línea
curva o recta bien definida hasta que termina corriendo por el desagüe. Ya que
tengo una visión de él completamente desnudo, me doy cuenta de que su rostro
y su pecho no son los únicos sitios dónde tiene pecas. Su espalda también. Está
inclinado y apoyado en la pared que lleva la sofisticada ducha de hidromasaje.
Sus ojos están cerrados como si una gota de shampoo hubiera caído en ellos,
su frente arrugada con concentración, pero su expresión no es de dolor, sino
de placer mientras presiona sus labios entre sí. También percibo algo de
molestia en sus gruñidos. Mientras lo veo deslizar su mano de arriba hacia
abajo sobre su eje, inconscientemente meto la mía en mis pantalones cortos.

Es como si no quisiera sentir placer.

Pero no pudiera evitarlo.

Sé perfectamente cómo se siente.

Encontrando mi propio punto sensible, comienzo a tocarme sin pensar en que


Pauline pudiera salir de su habitación en cualquier momento. En que Tanner
podría simplemente mirar hacia el espejo y notarme. Trazo círculos más fuertes
por encima de mi ropa interior, raspando mi clítoris con el material de algodón,
cuando los movimientos de su muñeca se vuelven más bruscos. Muerdo mi labio
inferior con fuerza, conteniendo un chillido, cuando la manera en la que su
pene ha empezado a hincharse hace que evoque los recuerdos de lo bien que se
siente dentro de mí cuando está a punto de terminar. Cuán brusco se vuelve.
Tomo una honda bocanada de aire cuando termino, un temblor apoderándose
de mis rodillas que me obliga a deslizarme por la pared hasta que me agacho
en el suelo. Mi brazo libre está extendido. Busca aferrarse a algo o a alguien a
quién lastimar para sobrellevar la intensidad de la sensación que recorre mi
cuerpo.

─Savannah ─gruñe─. Maldita sea, ¿qué me haces?

Me tenso.

Retiro la mano del interior de mis pantalones tan rápido como puedo. Mi pecho
se aprieta con pánico al creer que me atrapó mirándolo, pero se aprieta aún
más cuando alzo la cabeza y me doy cuenta de que no lo hizo. Me estremezco
ante lo que encuentro al volver a ver el espejo. Tanner está terminando, el
semen manchando las baldosas frente a él mientras continúa tocándose
deprisa, alargándolo, su cabello cubriendo parte de su frente debido al agua, y
no ha girado ni una vez el rostro en mi dirección. Sin saber cómo sentirme,
puesto que pudo descubrirme en el momento en el que no estaba viendo,
simplemente pude haber oído mal o puede haber otra Savannah en su amplio
historial de conquistas, incluso otras, en plural, me doy la vuelta y me dirijo
gateando a mi habitación a dos puertas de distancia.

Cierro tan suavemente como puedo.

*****

A la mañana siguiente me despierta el característico olor dulzón de los


panqueques. Sabiendo que deben ser más de las nueve de la mañana, puesto
que conseguí dormir a eso de las cuatro, mis ojos se abren con un repetitivo
parpadeo. Bostezo y me inclino hacia adelante para apagar mis velas entes de
levantarme. Mis pies están descalzos de camino a la fuente del aroma. Estamos
frente a la playa. No necesito usar zapatos. Mis labios, toda la felicidad que me
rodea, se tuercen involuntariamente hacia abajo cuando veo a Tanner situado
tras Pauline, quién sostiene una espátula con la que le da vuelta a los
panqueques en la estufa utilizando nada más que un bikini amarillo y un
sombrero de paja.

Alzo mi ceja.

─¿Dónde consiguieron la mezcla?

Hasta dónde sabía, la despensa estaba vacía. Ya que compraron un


apartamento en Miami después de que me fui a la universidad, mis padres
tienen casi un año sin venir a Corpus. Soy la razón por la que no han vendido
esta casa aún. Bueno, la manera en la que cada vez adquiere más valor debido
a la inversión que están haciendo en la ciudad y yo. Lo único que había en mi
cocina hasta anoche eran latas de atún, queso azul y latas de cerveza de mi
cumpleaños. Tanner me sonríe, su pecho desnudo. Está utilizando únicamente
shorts de deporte y zapatillas. Entrecierro los ojos. Empiezo a creer que
siempre busca una excusa para enseñar su perfecto torso y sus perfectos brazos
de atleta.

─Buenos días ─dice Pauline, alejándose de él para alcanzarme y envolver sus


brazos alrededor de mi cuello, alzándose para besar mi mejilla─. Tanner y yo
queríamos agradecerte por invitarnos, este sitio es hermoso, Sav, así que fue a
la tienda mientras corría esta mañana y yo hice los panqueques. ─Tomando mi
mano, me guía al banco frente al mesón de madera en el centro─. Tú solo
disfruta. Conseguimos frutas, también, y mermelada.

Mis cejas se juntan.


Girándome, me enfoco en su novio.

Su novio el que decía mi nombre mientras se corría.

Maldiciéndome, también, pero a mí.

Pero aunque lo hubiera hecho, de lo cual no estoy completamente segura, eso


no significa nada. Puedes estar con una persona y amarla y aun así fantasear
con alguien más. Si eso no fuera posible no se habría acostado conmigo, en
primer lugar, habiendo visto a Pauline, puesto que estaba parada junto a mí
cuando me echó un vistazo desde las escaleras. Tomando en cuenta la manera
en la que siente devoción hacia ella, es imposible que no la haya notado para
ese entonces, pero sí que lo haya hecho y que aun así se hubiera dejado
arrastrar por mí. Una de mis teorías es que fui su despedida antes de
establecerse. Eso o un juego. Sé las cosas que hacen los chicos de fraternidad.
Mi papá fue uno.

Él me advirtió.

No escuché, jugué con fuego y me quemé.

¿Cómo ahora podría buscar consuelo en él sabiendo que lo que me hirió fue lo
mismo que me dijo mil veces que no hiciera? ¿En mamá? Mi madre es prudente
y educada. Estricta sin llegar a perder la suave y característica esencia de ser
una mujer. Siempre me ha exigido lo mejor. ¿Cuán decepcionada se sentiría de
mí? Los tres solíamos tener una relación bastante estrecha antes de que me
fuera a la universidad, razón por la cual opinaban y controlaban cada aspecto
de mi vida, así que sabrían que algo va mal en el momento en el que pensara
en Tanner frente a ellos.

Se preguntarían dónde quedó su segura e inteligente niña.


Así que ni siquiera puedo buscar consuelo en ellos.

─¿Corriste con toda la compra de regreso? ─le pregunto mientras trago el


nudo que se instala en mi garganta.

Tanner se encoje de hombros.

─El entrenador nos la hace pasar peor.

─Son al menos diez kilómetros hacia la tienda más cercana.

Se encoje de hombros, indiferente.

─Tengo buena resistencia.

Aunque sus ojos están fijos en mí mientras lo dice, Pauline se ríe y oculta su
rostro en su pecho. Yo me ahogo en mi propio vómito.

*****

Solíamos tener un yate anclado al muelle del puerto, pero mis padres lo
vendieron para terminar de pagar su nuevo apartamento, así que ya no tenemos
uno. Amo navegar y a Pauline también le gusta, así que nos dirigimos a un sitio
de alquiler cuando estamos listos para tener un día en la playa. Hacemos una
parada en el supermercado durante el trayecto porque si hubiéramos enviado
a Tanner corriendo mientras nos terminábamos de alistar, incluso él, metro
ochenta de músculo, no sería capaz de cargar con todo lo que metimos en el
carrito. Cuatro botellas de vodka. Tres litros de jugo de piña. Leche de coco.
Azúcar. Hielo. Un montón de chucherías e ingredientes para hacer
hamburguesas. Agua potable. Bronceador y bloqueador solar. Aunque él alza
sus cejas ante nuestro entusiasmo, no interviene, limitándose empujar el carrito
mientras metemos cosas en él y a pagar cuando llegamos a la caja. Ruedo los
ojos cuando distraídamente pone un paquete de condones en el lector,
ocultándolo de Pauline y de mí cuando ambas sabemos que folla.

─Amo este lugar ─suelta Pauline cuando llegamos al muelle del embarcadero
de los yates en alquiler, girando sobre sí misma mientras sostiene con una mano
la única bolsa que Tanner le permitió llevar: la del pan de hamburguesas. Él
habría podido con ello también, pero ella insistió en ayudarlo. Yo no.
Únicamente llevo mi teléfono y las llaves de mi auto en el bolsillo trasero de
mis shorts, los cuales esconde mi camisola blanca al menos dos tallas más
grande. Pauline continúa en bikini y sombrero. Tanner usa un polo, bermudas
y gafas─. ¿Cuál es el nuestro?

El encargado señala el yate más pequeño.

─Si el señor Reed está de acuerdo, ese. ─Nos ofrece una mirada de disculpa─.
Lo siento. Hemos tenido un fin de semana bastante concurrido. Todos nuestros
otros yates están ocupados.

Aunque puedo ver una chispa de molestia en los ojos de Tanner, este asiente y
empieza a dirigirse hacia él junto a nuestro chófer y el hombre, dejándonos a
Pauline y a mí atrás. Estamos caminando la una junto a la otra, ella demasiado
absorta en la vista y yo demasiado absorta en la espalda ancha de Tanner,
cuando un silbido desde uno de los botes llama nuestra atención. Un chico
rubio sin camisa nos saluda desde la punta de la proa, una sonrisa adornando
su rostro. Es casi tan apuesto como... como Tanner.
Sin saber por qué, me encuentro sonriéndole de regreso.

Deteniéndome.

─Hey ─lo saludo, lo cual solo lo hace sonreír más.

Él levanta un dedo en mi dirección, pidiéndome que espere, y lo veo


desaparecer por unos segundos antes de volver situándose frente a nosotras.
Su camisa de estampados de palmeras está abierta. Está usando gafas, las
cuales se retira y sostiene en sus manos cuando llega al muelle. Shorts.
Sandalias de cuero de hombre. Pauline, como si hubiéramos retrocedido a la
noche de la fiesta, se sitúa junto a mí y aprieta mi brazo, emocionada.

Sorprendentemente, yo también lo estoy.

─Hola. Me llamo Weston.

Me ofrece su mano. Aunque estoy con Pauline y ella está casi desnuda junto a
mí, sus ojos verdes están enfocado en mí. La estrecho suavemente antes de
regresar mi brazo a mi costado. Repite la misma operación con mi amiga, pero
aun viéndome.

─Savannah.

─Pauline.

Nuevamente me sonríe.
─Estoy aquí con mi madre y su novio, pero ellos se centrarán completamente
el uno en el otro, ignorándome. ─Relame sus labios, los cuales son perfectos.
No tan llenos. No tan finos. Su nariz recta también es bonita y tiene dinero. El
reloj en su muñeca y la cadena con una cruz colgando de su pecho son de oro.
Tampoco pierdo de vista el movimiento nervioso de sus dedos─. Noté que no
estaban solas. ¿Por qué no le dicen a su amigo que compartamos el alquiler
del yate? Mi madre no se enojará y así alguna de ustedes no se sentirá, al igual
que yo, como un estorbo.

Como si Weston lo hubiera invocado, Tanner se acerca.

─¿Hay algún problema?

Pauline, abrazándolo, niega con una sonrisa.

─Ninguno ─responde─. Solo que Weston se enamoró a primera vista de


Savannah y nos ha invitado a compartir el alquiler de su yate, el cual está
mucho mejor que el que nos ofrecen. ─Hace un puchero─. Solo lo
compartiríamos con su madre, su novio y él, ¿podemos? Así no me siento mal
por ignorar a Sav por ti. También tenemos suficientes provisiones y bebidas
para compartir.

Weston se sonroja, pero no niega que le haya gustado.

Tanner me mira.

Su rostro está inexpresivo, así que no tengo ni idea de si la idea le disgusta. Él


simplemente acaricia el cabello de Pauline y me mira demasiado
detalladamente mientras lo hace. No puedo evitar pensar en él como un villano
de caricatura acariciando a su gato, lo único por lo que siente afecto, mientras
planea el fin del mundo.

─¿Estás bien con eso?

Afirmo, mi atención redirigiéndose a Weston.

─Sí.

Aunque puedo ver el atisbo de un tic en la ceja de Tanner, se da la vuelta tras


murmurar que irá a hacer los arreglos con el encargado y a buscar las bolsas
de la comida, las cuales dejó en el yate. Sintiendo mi corazón llenarse de
felicidad, acepto la mano de Weston cuando la extiende hacia mí y lo dejo
ayudarme a subir los escalones del lujoso bote con Pauline revoloteando como
una mariposa detrás mientras yo vuelvo a ser como ese pequeño cachorro
emocionado con el que siempre me comparo, pero que terminará bajo la rueda
de un camión si continúa dirigiéndose a lugares desconocidos y peligrosos.

*****

Esta mañana tras comer, seleccioné el bikini negro de mi maleta. Sería como
cualquier otro bikini negro de no ser por las cadenas de bisutería plateadas y
doradas en los sitios en los que se ata. Ya llevo algunos meses en el gimnasio,
por lo que nunca he estado en mi mejor forma. Tras hablar un poco con Weston,
su madre, una reconocida profesora de modelaje y preparadora de reinas de
belleza, y su novio, un hombre rico cualquiera por encima de los sesenta, me
cambio, dejando mis cosas junto a las de Pauline y Tanner, y paso frente a ellos
de camino a la ducha en la cubierta. Sin pensarlo demasiado, abro el grifo y
dejo que el agua caiga sobre mí. Paso mis manos por mi cabello y me apoyo en
la superficie de metal que sostiene la ducha mientras dejo que el agua me moje.
De fondo, ya que Weston puso música, suena alguna mezcla de Halsey y otros
artistas en la que me concentro.

Una vez estoy completamente empapada, me doy la vuelta, sintiendo tres pares
de ojos puestos en mí. Incluso Pauline, dentro del jacuzzi de espuma con
Tanner, una copa con nuestra mezcla de piña colada en su mano, me mira con
las mejillas sonrojadas.

─Sav... ─murmura ella, negando, pero cualquier cosa que iba a decir pierde
importancia cuando Weston me monta sobre su hombro y me lleva al tobogán
inflable con el que la compañía le pidió disculpas a Tanner, el señor Reed, por
no tener un gigantesco y caro yate para él solo, haciendo que el pánico inunde
mi cuerpo─. ¡Arrójala! ¡Debería estar prohibido verse tan bien!

Pataleo, pero me encuentro riendo mientras me deslizo hacia el agua salada


entre los brazos del chico rubio. No puedo evitar toser, ahogada, cuando asomo
mi cabeza del agua, arruinando mi salida sexy de ella. Lucir como víctima de
ahogamiento no combina precisamente con el movimiento hacia atrás de
cabello.

─¿Estás bien? ─pregunta Weston, alcanzándome y achicando los ojos para que
el sol no lo moleste, obteniendo una afirmación de mi parte─. Eres muy linda,
Savannah. ─Traga, acercándose demasiado─. Me preguntaba si te gustaría
salir más tarde. Divertirnos. Nada serio. Solo estoy de vacaciones en Texas.
Vivo en Nueva York con mi padre. Ya tu amigo me dijo que vives en Austin, así
que no creo que resistiría mantener una relación a distancia con una chica
como tú, aunque me encantaría intentarlo, pero las posibilidades de que eso
salga mal son altas. Soy un hombre y tú eres una mujer, a pesar de... tenemos
necesidades.

Flotando en el agua, parpadeo.


─¿Una chica como yo?

Weston se sonroja.

Él lo hace mucho. Aunque parece dulce mientras lo hace, no puedo evitar


pensar que eso lo hace parecer menos atractivo en el ámbito sexual. No quiero
que un hombre dude o no esté seguro de sí mismo cuando desee que me hagan
cosas sucias.

─Mientras estabas cambiándote, Pauline fue por un trago y su novio se acercó.


Me contó sobre ti para que tú no tuvieras que hacerlo. Sobre tu familia y tu voto
de castidad hasta el matrimonio.

Casi me ahogo nuevamente.

Alzando la vista, puedo ver a Tanner observándonos.

Los vellos de mi nuca se erizan cuando sonríe y suelta una carcajada ante mi
ceño fruncido, lo que hace que Pauline también nos mire y ría, haciéndome
consciente de que solo se trata de una broma. La ira recorre mi cuerpo al
instante, molesta con ellos por arruinar esto. Mi ritmo cardiaco aumenta la
velocidad. De vuelta a Weston, niego y coloco una mano en la parte posterior
de su cabeza, manteniéndome a flote con la otra, acercándolo a mí.

Aunque nuestro beso está lleno de ira, al menos de mi parte, se convierte en


uno de los mejores besos que he experimentado. Weston jadea cuando meto mi
lengua en su boca, dejando de pronto de escuchar las risas de Pauline y Tanner.
Empujándolo hacia la zona de acceso al bote, nos apoyamos en el metal de este,
ocultándonos de cualquiera que esté en él y pueda vernos. Gime en mi oído
cuando meto la mano dentro de su bañador, apretándolo y tocándolo mientras
me dedico a succionar su cuello.

Cuando se estremece contra mí, lamo su labio inferior.

─Tú también eres muy lindo, Weston ─susurro mientras envuelvo mis piernas
alrededor de él, quién no parece saber qué acaba de pasar─. Me gustas, así
que estaría encantada de salir más tarde contigo, sin compromiso y a dónde
quieras... con una condición.

Él traga, tomando aire también, antes de responder con voz ronca.

Parpadea mientras se enfoca en mí.

─¿Cuál? Te daré todo lo que quieras.

Complacida, sonrío y alcanzo las escaleras. Me aseguro de que tenga un


vistazo de mi trasero y de mi entrepierna cuando me monto en ella. Muerdo mi
labio, conteniendo una risita, al escucharlo gemir, entendiendo de repente por
qué me emocioné tanto cuando lo vi. Weston es más lindo que Tanner. Quizás
incluso es más rico que Tanner. Carece de todas las otras cualidades que lo
hacen especial y llaman mi atención, pero ciertamente es competencia para su
ego. Él lo vio antes que yo. Simplemente no pueden estar en una habitación sin
eclipsarse el uno al otro, con lo cual Weston debe estar bien, pero Tanner no
debe soportar, sintiéndome como yo me siento con Pauline.

─Quiero salir a comer con mis amigos también. ─Hago un puchero cuando me
alcanza, ambos de pie en la parte inferior del yate─. ¿Te molesta? No conocen
nada de Corpus Christi y yo soy su guía. Lo de mis padres y el voto de castidad
solo fue una broma.
Sosteniendo mi rostro entre sus manos, sonríe.

─Todo lo que quieras es todo lo que quieras. ─Me besa─. Sí.

Sonrío, satisfecha.

Alguien está por tener una probada de su propia medicina.


Capítulo 4
El lunes por la mañana me levanto más temprano de lo común. A las seis y
media en lugar de a las siete. Después de tomar una ducha caliente, le dedico
media hora a mi cabello ondulándolo en las puntas. Cuando se curva en sutiles
rizos al final de mi espalda delineo mis ojos y los oscurezco con sombra para
que luzcan más grandes. Tomo mi crema favorita de Victoria's Secret y hago
que cada centímetro de mi piel huela a caramelo. De mi reservorio de ropa
interior, no es que le esté dando la oportunidad a Tanner de verme en ella, tomo
una tanga negra y un corpiño a juego. De la sección peligrosa de mi armario,
jalo de su gancho un conjunto de falta ceñida y suéter corto, el cual deja una
porción de mi abdomen superior a la vista, color verde sirena. Tomo un par de
tacones de una sola tira color negro. Junto con mi maletín de cuero, gafas para
el trabajo y una taza de chocolate caliente, estoy lista.

Lista para enfrentar a Tanner Reed.

Conduzco a mi propia oficina en el centro de Austin antes de dirigirme a la


suya. Solo me detengo en ella para presentarle a uno de mis clientes, de los más
exigentes, la maqueta final de su casa. El señor Johnson luce a gusto con ella a
pesar de que su mirada está clavada en mis labios durante toda la conversación.
Dejo escapar un gruñido dentro de mi taza, la cual recargué una vez llegué a la
oficina, cuando me invita a almorzar para agradecer mi esfuerzo. Me niego.
Diseñé una casa de seis habitaciones para él, su esposa y sus futuros hijos. Solo
hay una persona por la que sobrepasaría mis límites morales. Una vez termino
con él, me dirijo caminando a la torre a dos cuadras en la que esta se halla.

Es bonita. Negra y victoriana, con apliques dorados, durante los primeros tres
pisos, pero luego se convierte en puro cristal oscuro y columnas metálicas. La
construcción no está a juego con las que la rodean, pero aun así luce bien. La
seguridad del primer piso me deja acercarme a los elevadores antiguos, del tipo
con rendija en lugar de puertas, tras obtener mi nombre y encontrarlo en una
lista. Presiono el botón número veintitrés cuando entro en él. Durante el ascenso
no puedo evitar sentirme nerviosa a pesar de que pasé todo el fin de semana
planificándome. Decidiendo qué hacer y llegando a la conclusión de que
Pauline pudo haberlo empujado a él, pero yo diseñaré la jaula en la que se
pudrirá en el infierno. Aunque siempre pensé que me alegraría ver cómo su
relación se hacía añicos, la verdad es que eso no hace más que aumentar mi ira
hacia Tanner por no elegirme. Por escogerla y equivocarse, quedando mal ante
todos, puesto que su perfecto matrimonio solo duró un año. Ahora que está en
su punto más vulnerable, lo haré pagar por cada lágrima que derramé por ellos.
No seré su amante. Lo haré desearme hasta que le duela respirar.

Hasta volverlo a hacer elegir entre nosotras.

Solo espero que esta vez tome la decisión correcta.

Si no lo hace, Tanner Reed habrá muerto para mí.

─Buenos días. Vengo a ver al señor Reed ─le digo a su secretaria cuando llego
a su escritorio, odiando la manera en la que su piso, el cual le pertenece, está
decorado: moderno, limpio y simple cuando podría ser mucho más─. Soy
Savannah Campbell.
La mujer rubia asiente.

─Adelante. El señor Reed está esperándola.

Su tono no ha sonado desagradable, por lo que le dedico una pequeña sonrisa


cordial antes de acercarme a la puerta, también de cristal oscuro, que da con su
oficina. Esta se desliza hacia atrás cuando la empujo con cuidado. Una vez del
otro lado, mis ojos inmediatamente van a él. Está sentado tras su escritorio de
ébano usando una camisa negra desabotonada en el cuello y presiona un
cigarrillo contra sus labios, contaminando su oficina sin ventanas abiertas con
el humo que expulsa. Mi frente se arruga.

Él dejó de fumar en el momento en el que Pauline se lo pidió. Antes de


graduarse. Le tomó meses abandonarlo, pero eventualmente lo hizo. Por ella.
Probablemente también está recayendo en el hábito por ella. Suelto un suspiro,
forzando mi cuerpo a moverse, y tomo asiento frente a él, quién se limita a
mantener sus intensos ojos oscuros en mí mientras me acerco.

Los vellos de mi nuca se erizan al ser víctima de su intensa mirada, pero me


obligo a mí misma a que esa sea la única muestra de mi debilidad. Tanner debe
aprender a luchar por lo que quiere si quiere en lo absoluto algo de mí. Basta de
comportarme como un cachorro sediento de amor a su alrededor, agitando la
cola por él.
─Cuando termine con tu ático ─digo, manteniendo mi expresión fría aunque
por dentro me esté derritiendo debido al característico aroma de su loción─,
querrás que remodele este lugar.

Tomando en cuenta que fue un infierno de exigencias cuando construí su casa,


quitándome todo el tiempo libre que tenía y la posibilidad de trabajar en otras
cosas mientras tanto, siendo también el proyecto que más tiempo me ha tomado,
no puedo evitar sentirme decepcionada con los simples cubículos y pisos de
mármol fuera de aquí. Todo se ve en orden y pulcro, pero le falta. Sus clientes
pasan por ahí antes de llegar a su oficina y otro tipo de impresión inicial le daría
a Tanner algún tipo de ventaja.

En lugar de lucir molesto con mi comentario, afirma mientras presiona la punta


de su cigarrillo contra un cenicero y toma otro del paquete sobre la madera
caoba frente a él, inclinándose para darle vida con un encendedor plateado y,
evidentemente, costoso.

─Probablemente. ─Habla con una nube de humo entre nosotros. Cuando el


aroma se cuela en mi nariz, no puedo evitar recordar la manera en la que lo
sopló en mi estómago desnudo hace cinco años. Mi frecuencia cardiaca
aumenta─. Podrás no ser material de esposa sumisa y complaciente, por lo que
sigues sola, pero mátenme si no eres buena en lo que haces.

Sin tener qué decir, sin saber si sentirme ofendida o extra ofendida, me quedo
en silencio y lo contemplo terminar su cigarrillo. La manera en la que línea
inferior de su mandíbula se realza cuando inclina la cabeza hacia atrás para
tomar una calada. Cómo sus labios se humedecen cada vez que lleva el extremo
del palillo a su boca. Cuando empiezo a sentirme ahogada, tanto por el humo
como por su extraña conducta, recuerdo que aún tengo mi chocolate caliente y
tomo un sorbo. Cuando la taza regresa a mis labios y nuevamente mis ojos se
enfocan en él, está de pie y tomando su abrigo azul naval, el cual parece ser su
color favorito aparte del negro, y poniéndoselo con su cigarro aún en la boca.
Viéndolo de pie descubro que lleva mocasines y pantalones negros en la parte
inferior. Trago. Todo sería más sencillo si Tanner fuera feo o si al menos no
fuera consciente de su atractivo, pero lo es y saca todo el provecho que puede
de ello.

─Vamos ─suelta mientras pasa junto a mí─. En lugar de decirte lo que quiero,
prefiero mostrártelo. Así me entenderás mejor.

Lo imito. Se despide brevemente de su secretaria antes de salir. De camino al


ascensor puedo sentir los ojos del personal en nosotros, pero Tanner no les
presta atención. A pesar de la brillante alianza dorada en su dedo anular
izquierdo, él coloca su mano en mi muñeca, no en mi mano, y me guía hasta él
como si no supiera dónde se encuentra. Desgraciadamente las ganas de sentir
su tacto frío, pero a la vez caliente, sobre mí sobrepasan las ganas de empujarlo
lejos. Es la primera vez en cinco años que me toca de alguna manera y se siente
bien.

Se siente como si así es como siempre debió ser.

Lo odio tanto.

─El edificio está en Travis Country. ─Aunque me gustaría preguntarle por qué
compró un ático en la misma zona en la que su casa se encuentra, lo cual no
tiene sentido, lo escucho en silencio, todavía absorta en el ardor que dejó su
mano en mi piel─. ¿Tienes una cita para el almuerzo? Me gustaría hablar
contigo sobre los detalles después de ver el ático, pero entiendo si ya tienes un
compromiso con alguien más ya que tuve que ir tras de ti por semanas para que
aceptaras debido a tu agenda apretada.

Tanner luce irritado al final de la oración. Como si la idea de no llevar a cabo


los planes que planeó sin consultarme y me involucran lo molestara. Nunca lo
admitiré en voz alta, pero siempre me ha gustado la manera en la que se enoja.
Cómo aún de adulto puede actuar como un niño cuando no consigue lo que
quiere y aun así verse caliente debido a que después lo hace todo por lograrlo.
Me enciende, pero a la vez me llena de ganas de hacer cosas como bromear
hasta sacar una sonrisa de sus labios o de hacer algo que consiga molestarlo
todavía más.

Pauline simplemente se asusta y lo complace.

Pero yo puedo ver su deseo de un desafío.

─No tengo ninguna cita pautada para el almuerzo ─respondo, aceptando a


medias─. Pero si no me llevas un sitio bonito, tampoco la tendré contigo. No
como en chiqueros.

La mirada de Tanner brilla con irritación, pero también veo algo de diversión
allí. Aunque no lo admita, le gusta sentirse retado.

─Savannah ─responde cuando las puertas del ascensor se abren en el sótano y


coloca una mano en mi espalda baja, pero sin llegar a tocar mi trasero,
haciéndome estremecer debido a ello, su cercanía y a la manera en la que su voz
profunda y vil me causa cosquillas cuando pega sus labios a mi oído─. Terminé
con los platos de segunda clase cuando salí de la universidad. Después de allí
todo ha sido comida de lujo. Pensé que ya sabías eso.

Separándose de mí, me abre la puerta de su Mercedes deportivo color gris. Entro


mientras proceso el impacto que su mensaje entre líneas ocasiona en mí.
Aunque se supone que estamos hablando de comida, no puedo evitar asociarme
con los platos de segunda clase a los que se refiere y a Pauline con la comida de
lujo.
Pero además de lucir molesta, no puedo evitar que mi curiosidad crezca. Lo que
sea que haya pasado entre ellos ha ocasionado que Tanner ya no se esfuerce por
esconder su verdadero yo.

Él es un imbécil.

Pero es el único imbécil que me hace querer matarlo y besarlo sin parar al
mismo tiempo, desafiando todas las normas de lo que es malo y lo que es bueno
en el proceso.

******

Llegamos a una de las colinas más altas de Travis Country en veinte minutos.
Además del edificio de ladrillo claro y apliques de cristal, solo hay árboles en
torno a él, nada de otras residencias. Tanner ingresa la llave en un
compartimiento especial del ascensor para que el botón del penthouse se
desbloquee. Mientras vamos ascendiendo puedo ver el lago e incluso su casa,
puesto que la pared frontal de este es de vidrio claro. Me doy la vuelta al sentirlo
detenerse, encontrándome con un suelo sin cerámica, paredes blancas y un
amplio, descomunal, en realidad, piso inferior que se conecta con un piso
superior a través de nada. No hay escalera. También la vista es hermosa. Debido
a que nos encontramos en un piso treinta en la cima de una colina, no solo vemos
Travis Country desde aquí, sino el centro de Austin. Incluso puedo ver las torres
en las que ambos tenemos nuestras oficinas.

─Es un lienzo en blanco. ─Se detiene junto a mí, acompañándome a apreciar la


vista─. Hice que demolieran la escalera porque recordé cuánto te molestaba
tener que trabajar acorde a ella. Prefiero que la elijas tú. La cocina. Los baños.
Las divisiones. Nada existe hasta que decidas cómo lucirá. Por ahora es solo un
espacio. ─No tengo que darme la vuelta y ver el lugar para comprobar lo que
dice. Lo vi al entrar─. ¿Lo tomas o lo dejas?
Aún sin verlo, presiono mi mano contra el cristal.

Un lienzo en blanco es el sueño de cualquier decorador.

Eso y un presupuesto ilimitado.

─¿Cuánto dinero puedo gastar?

─Todo lo que quieras ─responde y por alguna razón puedo oír la sonrisa en su
voz después─. Dentro de lo razonable.

Me doy la vuelta para verlo, mi ceja alzada.

En efecto, Tanner está sonriendo. Sabe que después de ver la vista y descubrir
que puedo hacer lo que quiera, dentro de lo razonable y siguiendo sus deseos,
no me negaré. Pero aun así no voy a ponérselo tan fácil. Pauline y él no me lo
pusieron fácil a mí.

─¿Cuánto me pagarás?

Su sonrisa no se desvanece.

─¿Cuánto quieres? ─pregunta─. ¿O qué quieres?


─Quiero un terreno en Travis Country. No tiene por qué ser tan caro. ─Debido
a la forma en la que su frente se arruga, puedo decir que lo he sorprendido y
nuevamente irritado, pero eso es menos de lo que debería cobrarle por todos
estos años de dolor y deseo frustrado─. Solo quiero que esté frente al lago y sea
mayor a setecientos metros cuadrados. Sin construcciones.

Tanner aprieta fuertemente la mandíbula mientras niega.

─Es demasiado, Savannah.

Asiento, de acuerdo y empezando a darme la vuelta para dirigirme al ascensor.


Este penthouse sobrepasa el millón. Probablemente los tres millones. Cientos
de miles son nada para él, pero mucho por mi trabajo. Lo sé y no me importa.
Es mi condición. Si salgo de esto con el corazón roto, al menos habré
conseguido el lugar en el que finalmente construiré una casa para mí. Una casa
tan bonita que Pauline no podrá evitar sentir envidia cada vez que se asome por
alguna de sus ventanas y la vea, por fin sintiéndose de la forma en la que me he
sentido todo este tiempo. O puede que lo venda y desaparezca, pero tendré algo
además de una herida.

─Puedo conseguirte otro arquitecto ─sugiero de camino al ascensor─. Tengo


muchos proyectos, de todas formas.

Pero antes de que vuelva a llegar a él, Tanner toma mi mano y me da la vuelta.
Sus ojos están llenos de ira y una emoción similar al odio, pero más intensa,
mientras me ve. No aparto el rostro. El negociante en él no deja de repetirle que
no soy más que una estafa, pero su ego masculino no le permite renunciar a mí.

─Está bien ─acepta con un gruñido─. Toma tus fotos, anota en tu bloc o lo que
sea. Haz hecho que no quiera estar aquí, todo lo contrario a lo que deberías
lograr a partir de ahora.
Aunque es vacilante debido a sus palabras y al trasfondo que mi mente
encuentra de ellas, no escondo mi sonrisa. Regresando al interior de la casa,
saco mi teléfono y mi bloc para empezar a tomar fotos y medidas del espacio
mientras él solo me observa.

Me aseguro de encorvar mucho mi espalda.

*****

Tanner conduce hacia el club de golf de Austin después de que obtengo todo lo
que necesito de su ático. Al menos del nivel inferior. Para tomar los datos del
superior, el que además se conecta con una zona al aire libre con una terraza y
piscina, necesitábamos una escalera y no tenía la paciencia para esperar al
conserje. Nuevamente no puedo no sentirme rara por la manera en la que toma
mi muñeca, sin que sus dedos se deslicen en los míos, de camino al exclusivo
restaurante italiano en el club. Debería estar feliz con ello, pero no me gusta.

Hay una extraña sensación en mi pecho que no puedo obviar.

─Tanner, basta ─lo detengo cuando me arrastra tras él entre las mesas─. ¿Qué
está mal contigo? Nunca te he dado la confianza para que me tomes así.
─Aunque debería marcharme, tomo asiento frente a él. La tensión en sus
hombros al escucharme desaparece al ver que no me estoy yendo. Recordando
la situación por la que está pasando, el hecho de que volvió a fumar y compró
el penthouse a solo unos minutos de su casa, me fuerzo a suavizar mi tono de
voz─. No somos tan cercanos.

Tanner, sorprendiéndome, afirma.


─Tienes razón. No debí hacerlo. Lo siento ─murmura, su mirada perdiéndose
o escondiéndose en el menú frente a él─. No volverá a pasar. ─Tras unos
segundos de silencio, me mira y genuinamente parece arrepentido. Incluso
interesado en mi respuesta─. ¿Qué quieres de comer?

Sin hojear el menú, me encojo de hombros.

─Lo que sea que pidas tú. Confío en tu buen gusto.

La verdad no lo hago, lo que ambos sabemos.

Sonríe mientras niega, su cabello negro moviéndose debido a ello, pero las
hebras oscuras rápidamente recomponiéndose de manera perfecta, hacia atrás,
cuando deja de hacerlo y se limita a mirarme mientras hace el pedido. Cuando
el mesero se va puedo decir a ciencia cierta que es prácticamente imposible que
Tanner sepa cómo luce, puesto que nunca vio su rostro. Me pregunto si así es
con Pauline. Si se vuelve igual de intenso y agobiador.

Una parte de mí espera que sí.

Otra que no.

─Entonces, ¿cómo quieres que luzca el ático?

Tanner deja el vaso del que bebía agua en la mesa y relame sus labios, algo que
hace muy seguido, al menos frente a mí, antes de contestar. Al ver su lengua
mis muslos se aprietan bajo la mesa.
─Como tú quieras, Savannah, mientras que sea un lugar en el que creas que
pueda sentirme cómodo ─responde con un movimiento de su brazo que hace
que el Rolex clásico en su muñeca se deslice hacia arriba, provocándome un
suspiro debido a que es tan varonil como él: oscuro y dorado, los colores que
notorios a su alrededor junto con el azul─. Confío en tu buen gusto.

Sonrío.

A pesar que lo hizo sonar como una broma tomando mis palabras, sé que lo
hace.
Capítulo 5
Tanner me ignora durante el resto de nuestro paseo en yate, enfocándose en
divertirse con Pauline en el jacuzzi, y no me dirige la palabra hasta después
que regresamos al auto tras contemplar el atardecer en el mar. Weston sostiene
mi mano de camino ahí. Me aparta, empujándome con suavidad, con una
sonrisa torpe en su rostro cuando me inclino para tomar la manija, abriendo
la puerta por mí. No está usando camisa. Nada a excepción de un par de shorts
y zapatos de natación. Es adorable y sexy y aunque alguien más reclama mi
mente, no puedo evitar pensar en lo bien que se verían todo ese músculo
bronceado trabajando para mí.

─¿Te recojo en media hora? ─pregunta inclinándose sobre la ventana, lo que


ocasiona que algo parecido a un gruñido salga de la garganta del novio de
Pauline, quién se inclina para besarla.

Pero una parte de mí me dice que es por Weston.

Decido confiar en esa parte.

─Sí. ─Le sonrío─. ¿Estás seguro de que sabrás cómo llegar?

Él afirma.
─Utilizaré el GPS. ─Me vuelve a ofrecer una cálida curvatura de labios cuando
se aparta─. No te arrepentirás. Lo prometo.

Muerdo mi labio inferior con nerviosismo.

─Espero que no.

Guiñándome un ojo, se da la vuelta y se acerca a la Hummer negra del novio


de su madre. Acelero una vez llega a ella. Estoy tan distraída pensando en West
y en cómo sospecho que nuestra cita molestará a Tanner, especialmente si logro
que él y Pauline vengan con nosotros, que no me molesta estar siendo un Uber
para ellos de nuevo y no me doy cuenta del momento en el que este se sitúa en
el espacio entre los dos asientos delanteros, asomando su cabeza con la frente
arrugada y la mandíbula apretada. No puedo evitarlo. Dejo escapar un suspiro.
Aunque Weston es lindo, la masculinidad de Tanner me atrae tanto.

Cómo una chica podría sentirse segura a su lado gracias a su constitución de


más de un metro ochenta y músculos. Cómo mi mano se sentiría pequeña,
protegida y cálida en la suya. Cómo podría ser dulce conmigo cuando es un
bastardo con todos los demás, pero aun así lo suficientemente exigente dentro
del dormitorio. También está el hecho de que Tanner es inteligente. Lo he visto
estudiar la cantidad de veces suficientes, encorvado sobre el pequeño escritorio
de Pauline mientras esta duerme a su lado, como para saber que realmente se
preocupa por su futuro. Sus compañeros confían en él para tomar decisiones
porque es listo y tiene el carácter para hacer lo que hay que hacerse. Es oscuro
y se enoja con facilidad cuando las cosas no salen como quiere, pero eso es
algo que todos a su alrededor parecen obviar o pasar por alto debido a todas
sus otras perfectas cualidades.

Yo no.

─¿Oí que saldrías con el desconocido, que hasta donde sabemos podría
resultar un psicópata, esta noche, Savannah?

Pauline, asomando la cabeza junto a la suya, responde por mí.

─Sí, Savannah lo hará ─dice, temblando de la emoción, lo que me recuerda a


cuán feliz estuve por ella cuando pensé que el presidente de la fraternidad que
la buscaba para declararle su eterno amor no era Tanner Reed─. Pero no irá
sola, Tanner, ¡tendremos nuestra primera cita doble! Estoy tan feliz. He
querido esto desde que empezamos a salir, pero Sav solo rompe corazones. Nos
arreglaremos juntas hoy y seguramente en un par de años planearemos nuestra
boda con ustedes, juntas también.

Ya que sabe que está sonando tonta, también un poco loca, suelta una risita
mientras lo arrastra de nuevo hacia atrás jalando la tela de su camisa, lo cual
trae un fruncimiento a la frente de su novio porque de verdad odia la ropa
arrugada. Tanner permanece en silencio, pero puedo sentir sus ojos en mí
durante el todo el trayecto a casa. Cuando alzo la mirada hacia el retrovisor,
descubro que esto no es solo producto de mi loca imaginación.
Él me ve como si esperara una explicación.

No le importa que no tenga derecho a pedirla.

******

Ya que Weston es un chico dulce y realmente algo bonito podría salir de aquí,
aparte de mis deseos de hacer sentir celoso a Tanner, decido no lucir tan zorra.
Tomo un vestido de mangas de una sola tira de mi armario, negro y de
estampado de cayenas, y meto mis pies en sandalias oscuras troyanas. Aliso mi
cabello completamente hacia atrás y meto mechones detrás de mis orejas para
que estas sean visibles. Uso aretes sencillos, pero llamativos debido al tamaño
de las piedras negras de fantasía. Ya que no puedo ser del todo una mojigata,
no llevo ropa interior. Me maquillo de la forma más natural que encuentro. Ya
que Weston vendrá por nosotros, solo llevo mi teléfono con mi tarjeta de crédito
escondida entre este y el forro. Abandono mi habitación al escuchar el sonido
de la bocina de la Hummer de su padrastro. Al llegar al recibidor, tanto Tanner
como Pauline parpadean al verme.

─Luces bien ─dice ella, puesto que normalmente soy más atrevida con mi
ropa─. Como si realmente lo quisieras impresionar.

Ella lleva un vestido rosa con mangas del mismo largo que el mío y zapatillas
de deporte. Tanner tiene un par de pantalones caqui, una sencilla camisa
blanca que solo está abrochada en los primeros cuatro botones y mocasines.
Aunque no puedo evitar echarle un vistazo a su pecho pálido y lampiño debajo
de esta, me fuerzo a mí mismo a no detallarlo demasiado y abro la puerta para
ellos, puesto que me tengo que asegurar de cerrar bien después. Una vez me
doy la vuelta, me encuentro con la expresión amable y cariñosa, algo ansiosa,
de Weston. Me siento bien por mi elección de ropa al verlo usando una sencilla
camiseta blanca y pantalones marrones. A pesar de mi promesa implícita de
hacerlo pasar un buen rato, todo en él grita que está teniendo una primera cita
con una chica. Desde el movimiento nervioso de sus manos a la flor, una rosa,
que tomo de una de estas cuando me la ofrece.

Su gesto le hace cosquillas a mi corazón.

Llámenme cliché, pero tengo un gusto culposo con las rosas.

Toda la vida me han gustado debido a que mientras mi padre es un exitoso


corredor inmobiliario, mi madre es dueña de un vivero en Houston. La crianza
de rosas es su especialidad y crecí viéndolas cada vez que la acompañaba al
trabajo, pero empecé a ansiarlas cuando Tanner comenzó a dejar centenares
de ellas frente en nuestra puerta para que estas fueran encontradas por la
mañana al menos una vez a la semana. Todas con cartas y notitas con su letra
dirigidas a Pauline. Notas cursis y ridículas, pero por ello el doble de
especiales viniendo de alguien como él.

─Muchas gracias. ─Olvidando que estamos acompañados, me pongo de


puntitas y presiono mis labios contra los suyos con suavidad, riendo mientras
paso mi mano por encima de ellos para limpiarlos al mancharlos con mi brillo
de labios una vez que me separo con la flor sin espinas en la mano─. ¿Nos
vamos?

Deslizando sus dedos en los míos, Weston asiente, pero se detiene frente a
Tanner y Pauline abrazándose en la acera. Ni siquiera me importa verlos
juntos, pero no es por Weston. Es por la manera en la que Tanner lo mira, como
si apenas pudiera soportar el mismo aire que él, y saber que no soy la única
pasando un mal momento entre nosotros. Su ego está siendo amenazado.
─Amigo, ¿te molestaría conducir? Mi GPS te dirá a dónde ir. Me gustaría
acurrucarme con Savannah, hombre. Tú tendrás a tu chica cerca después de
este fin de semana. ─Presiona sus labios contra la cima de mi cabeza,
mirándome con afecto─. Yo no.

Tanto su discurso como la mirada de Pauline lo obligan a aceptar, pero puedo


ver molestia e ira empezando a burbujear en sus ojos oscuros mientras toma el
juego de llaves y se acerca a la camioneta. No importa cuán amplio sonría, se
me hace absolutamente obvio que está enojado y que el humo está saliendo de
sus orejas. No sé cómo ellos no pueden verlo.

─Sin problemas, hombre.

Sube en la Hummer con los músculos de su espalda en tensión. Oculto mi rostro


en el pecho de Weston una vez entramos, escondiendo mi sonrisa ante lo irónico
y divertido que es esto. Tanner Reed no se siente cómodo siendo el chófer. Me
regodeo de la manera en la que su barbilla se tensa cada vez que la voz
femenina del GPS le da una indicación. Pauline intenta hablar con él, pero por
primera vez desde que están juntos... pasa de ella, limitándose a decirle que
debe concentrarse en el camino o nos perderemos cuando en realidad todo se
trata de seguir una vía.

─Tengo un buen presentimiento sobre esta noche ─susurro en el oído de


Weston antes de dedicarme a hacerle cosquillas con mi nariz en el cuello a lo
largo de todo el trayecto, agradecida con el hecho de que no solo luzca bien,
sino que también huela bien.

No quiero dejar la rosa que trajo para mí en el auto, así que la coloco detrás
de mi oreja cuando llegamos. Eso hace que sus ojos verdes brillen y me arrastre
hacia él para que caminemos extremadamente juntos hacia el interior de Il
Paraiso, un clásico restaurante de comida italiana en el muelle de Corpus que
se caracteriza por tener luces colgando de extremo a extremo y paredes llenas
de recuerdos de los viajes de sus dueños. Tomamos una mesa para cuatro en la
zona al aire libre, por lo que escuchamos tanto las olas de mar como la suave
música en vivo interpretada por una banda cerca de la entrada. Todos pedimos
pasta. Pauline boloñesa. Weston a la marinera. Tanner y yo pasta a la
carbonara. En mi defensa, nuevamente pedí antes que él.

Y no estoy persiguiéndolo.

O acosándolo.

Solo deseándolo.

Indebida e inapropiadamente, sí, pero no lo he perseguido a ningún lado. Él es


quién se atraviesa en mi camino una y otra vez.

*****

La cena transcurre en silencio. Weston se limita a acariciar mi muñeca y mi


muslo de manera sugerente. Tanner y Pauline cuchichean entre ellos. Él se
separa de ella cada dos por tres para ir al baño, atender llamadas o apreciar
la vista al mar desde la barandilla. Si continúa enojado, no ha actuado
conforme a ello. Cuando el postre llega a la mesa, sin embargo, y Weston
empieza a llevar pedacitos de torta de queso con chocolate a mi boca,
movimiento que atrae la atención a su lindo Rolex, Tanner se echa hacia atrás
en su silla y lo mira con una sonrisa condescendiente.

─Y bien, Weston, ¿a qué te dedicas?


Sin mirarlo, puesto que sus ojos están en el movimiento de mis labios y garganta
mientras mastico y trago, Weston le contesta.

─Mi padre trabaja en la bolsa.

Tanner niega.

─No pregunté a qué se dedica tu padre, sino a qué te dedicas tú.

Tras darme un bocado más con una mirada intensa en sus ojos verdes,
finalmente Weston se gira y enfrenta al novio de mi amiga. Pauline me observa
con incomodidad, como pidiéndome que intervenga o que los detenga, pero
niego. Mientras Weston pueda hacer dejar mal a Tanner por sí mismo, ya sea
con su presencia o haciéndolo perder los estribos, estoy pasándola bien.

─Estudio economía en Columbia.

Alcanzo su mano sobre la mesa y le doy un apretón.

─Eso es increíble, West. ─Aparto un mechón de cabello rubio de su frente─.


Inteligente. Dulce. Lindo. Creo que gané la lotería.

Se sonroja.
─No soy tan brillante, Sav, más bien del promedio.

Tanner se cruza de brazos.

─Si eres del promedio, ¿entonces cómo entraste?

Weston se encoje de hombros.

─Mi padre hizo una donación. Cuando vieron mi apellido, entré.

Luciendo satisfecho consigo mismo, Tanner afirma.

─Y conociendo el nivel de exigencia de las escuelas de la Ivy League, ¿tomas


el riesgo de cruzar de estado un fin de semana?

─Pausé mis estudios por un año para tomar unas vacaciones.

Ahora viéndose levemente molesto, Weston mira hacia el interior del


restaurante tras contestar la pregunta de Tanner. Vuelvo a apretar su mano y
lo imito cuando se pone de pie y se dirige al interior para pagar la cuenta e
irnos. Sé que debería estar molesta con el novio de mi amiga por estar actuando
como un patán, pero no puedo evitar sentirme ligeramente decepcionada de
Weston en su lugar. De que su toma de decisiones sea tan infantil o de que no
sea tan inteligente como el capitán del equipo de los Texas Longhorns. A pesar
de que con mis calificaciones y la posición de mis padres pude ir a una de las
ocho universidades de la Ivy, siempre he creído que un título de una universidad
prestigiosa no es lo que hace el éxito, sino lo que haces con las herramientas
que consigues en el camino, por lo que escogí guardar el dinero que ahorraron
para que fuera a alguna de ellas para empezar mi propio negocio una vez
termine la carrera. Algo en mí me dice que Tanner opina igual. Pauline, por
otro lado, no es adicta a pensar sobre su futuro. Solo quiere ser veterinaria y
salvar las razas de animales extraños y exóticos que aún quedan en el planeta.

Siempre he querido decirle que debió haber estudiado biología en su lugar, si


su meta era evitar la extinción, pero no puedo ser tan perra con ella cuando en
secreto me muero por lo que es suyo.

─No se preocupe, señor, su cuenta ya ha sido cancelada ─dice la bonita mujer


rubia tras el mostrador cuando nos acercamos, lo que hace que tanto Weston
como yo miremos hacia Tanner y Pauline.

Tanner levanta su copa de vino, brindando, antes de beber lo que queda en ella
de un trago y levantarse para seguirnos.

Weston bufa.

─Creo que tu amigo es un poco imbécil.

No lo contradigo. En lugar de hablar, opto por deshacerme del escozor en mi


pecho deslizando nuevamente mis dedos en los suyos y mirándolo por debajo
de mis pestañas. Aunque continúa irritado, Weston no deja de mirarme
fijamente, lo que podría ocasionar que me acostumbre a ser el centro de
atención.

─Por suerte para ti, mis amigos no tienen permitido entrar en mi habitación
─susurro justo en el momento en el que Tanner y Pauline se nos unen, por lo
que ambos podrían haberme oído─. Y creo que suena como un buen plan que
nos detengamos en el camino por una botella de champagne y más chocolate,
preferiblemente para untar. No he tenido suficiente del postre aún.
Cuando Pauline suelta una risita al pasar junto a mí, sé que lo hicieron.
Escucharon mi proposición. Weston, quién ya no luce molesto, apresura el paso
hacia la Hummer. Tanner continúa siendo el chófer. Esta vez no puedo evitar
soltar una risita cuando mi cita le pide detenerse en un bodegón abierto las
veinticuatro horas. Si solo fuera un poco más fuerte, el volante estaría roto.

******

No somos los únicos que compramos licor y chocolate. Tanner y Pauline


también lo hacen. Ni siquiera les dirijo una mirada cuando llegamos a casa.
Tomo dos vasos de vidrio de la cocina y arrastro a Weston a mi habitación,
dónde lo primero que hago es quitarme las sandalias. Tras encender las velas
alrededor de mi cama, haciendo que sus ojos verdes brillen todavía más, y dejar
tanto la botella como el chocolate en la cama, me pongo de espaldas a él.
Weston entiende el mensaje y desliza las mangas de mi vestido sobre mis
hombros hacia abajo, lo que ocasiona que este caiga y se arremoline a mis pies.
Toma una honda bocanada de aire al comprobar que no llevo nada debajo.
Dándome la vuelta y poniéndome de puntitas, rodeo su cuello con mis brazos.
Susurro en su oído mientras disfruto la manera en la que mis pezones se
endurecen contra la tela de su camisa. Me excita el hecho de estar desnuda
frente a él, vulnerable, y que aun así sienta que soy quién tiene el poder entre
nosotros, lo cual hace esto completamente diferente a cualquier experiencia
previa.

─Me gustaría que bebiéramos champagne así. Todavía no quiero que te


desvistas. ¿Tienes alguna objeción a ello? ─Él niega. Tomándolo de la mano,
lo llevo a mi cama y hago que se acueste en ella. Renunciando a los vasos, me
siento a horcajadas en su regazo, lo que me permite sentir su erección por
debajo del pantalón, y apunto el pico de la botella hacia su boca─. Abre.
Weston me obedece y traga el chorrito de champagne que dejo caer entre sus
labios. Cada vez que bebe uno lo dejo quitarse una prenda de ropa mientras yo
llevo mis labios al pico y lo imito, apreciando su figura masculina como si fuera
una obra de arte o fuera mi puta de esta noche. Para cuando ambos estamos
completamente desnudos, también estamos algo ebrios. Me río en voz alta
cuando finalmente pierde el control y se abalanza sobre mis labios. Ignoramos
el chocolate para untar en la mesita de noche. Justo en el momento en el que
empiezo a escuchar los familiares gemidos de Pauline, Weston toma un condón
y entra en mí con fuerza. Aunque quisiera, que no quiero, no puedo evitar no
gritar debido a que su pene no es precisamente pequeño y llevo algunas
semanas sin sexo. Estoy mojada, pero todavía duele.

─Creo que estoy perdiendo la cabeza ─gruñe en mi oído cuando rodeo su


cintura con mis piernas, sudor corriendo por su frente─. Me haces perder la
cabeza, Savannah. Eres una chica tan mala. ─Cuando dice eso, finalmente lo
entiendo. El por qué es tan diferente con él. Weston tiene algo que me hace
sentir como si yo fuera quién lo ensuciara, no al revés. No como me sucede con
Tanner─. Mierda, eres tan mala que el novio de tu mejor amiga claramente se
muere por ti. ¿Esa actitud territorial? ¿Su obsesión por hacerme quedar mal?
─Niega mientras golpea más profundamente dentro de mí, sus ojos verdes
viéndose salvajes y molestos, pero tan excitados─. El idiota te quiere, Sav, pero
no te tendrá porque he decidido no dejarte ir. Tendrá que conformarse con ella
aunque lo desgarre por dentro que no seas suya.

Bueno, eso fue sexy.

Tan sexy, exactamente lo que mis oídos querían oír, que me vengo sobre su
pene arqueando la espalda y gimiendo sin control. Weston, a quién he
empujado hacia sus límites desde esta mañana en el yate, alarga mi orgasmo
tanto como puede entes de seguirme y darse la vuelta conmigo sobre su pecho.
Aunque sus ojos se cierran, como si no pudiera resistir mucho tiempo más
despierto, sus dedos trazan circulitos sobre la piel de mi espalda.
─West... ─susurro.

Aunque sus palabras me hicieron acabar, son tan parecidas a la verdad, solo
que esta ocurre desde otro punto de vista, que no puedo evitar sentirme
ahogada y expuesta. Vulnerable. Nadie sabe lo que significa Tanner para mí.
No mis padres. No mis amigos en casa. No Pauline. Ni siquiera el mismísimo
Tanner Reed, aunque tengo la sospecha de que se hace una idea de ello.

─Estaba hablando en serio ─murmura sobre mi cabeza, cortándome y


ocasionando que me incorpore un poco para mirarlo hablar con los ojos
cerrados, viéndose como un ángel enojado y decidido─. Él no te tendrá. Me
aseguraré de ello. A la mierda la distancia, creo que es hora de que pase un
tiempo con mi madre.

Sin saber qué responder, me inclino sobre sus labios. Claramente está ebrio y
confundido por el sexo. Mañana ni siquiera recordará lo que dijo y si lo hace
probablemente sienta vergüenza de ello, obviándolo como yo lo haré. Tras
asegurarme de que duerme, lo retiro de mí y lo cubro con mis sábanas antes de
tomar el chocolate para untar y dirigirme hacia la playa con una de ellas
rodeando mi desnudez. Al igual que los nuestros, los ruidos de Tanner y Pauline
mientras tenían sexo se han detenido. Aun así abro una de las puertas
corredizas de mi habitación para dirigirme a la playa en lugar de pasar por la
casa. No quiero encontrarme con ninguno de ellos en este momento. Además
de estar asustada por lo cerca que Weston, un desconocido, ha llegado a mi
sucio secreto, una parte de mí también se siente aliviada.

Quizás ya no estoy completamente sola.

Me siento en un montículo de piedra frente a la playa y meto mi dedo en el


frasco de Nutella, apreciando el sabor cuando lleno mi boca de ella y trago. Es
de noche y la playa está completamente oscura, pero aun así puedo ver cómo
las olas llegan a la orilla debido a la luz que emite la luna y las farolas
alrededor de la casa.

Tiemblo cuando de repente estas se apagan.

Me pongo rápidamente de pie, lista para correr al interior, pero antes de que
pueda dar un solo paso de regreso a mi habitación soy rodeada por un par de
largos y tonificados brazos. Además del aroma a sal marina, percibo el suyo y
el de Pauline mezclados, por lo que no empiezo a gritar y a correr por mi vida.

El de él a jabón y colonia cítrica, el de ella a vainilla.

─Escúchame bien ─gruñe en mi oído, inclinándose sobre mí y acercándome


con sus manos para que sus labios puedan pegarse aún más a mi sensible piel─.
Amo a Pauline. Quiero un futuro con Pauline. Ella es mi jodido mundo. Tú no
eres nada para mí. ─Me estremezco. Apenas puedo contener el nudo en mi
garganta. A pesar de que no puede verme, su pulgar rápidamente encuentra mi
labio inferior y tira de él hacia abajo. Todavía tengo chocolate en mi boca, por
lo que su dedo se ensucia─. Ni siquiera pienso que seas una buena amiga, así
que encuentra una buena excusa para irte de su habitación apenas regresemos
y deja de perder tu maldita dignidad. Eres hermosa, sí. Eres inteligente, sí. Eres
malditamente creativa, mierda, sí. Todos en el campus te desean, ¿por qué
tienes que ir tras el único que no lo hace? ─A pesar de que está siendo cruel,
no puedo evitar darle la razón. Las lágrimas se empiezan a deslizar por mis
mejillas. Tanner las roza con sus dedos, por lo que a pesar de que no puede
verme, sabe que estoy llorando. Aun así, no modifica el tono de su voz─. Eres
perfecta, Savannah Campbell, pero no eres la chica que quiero para mí. En
realidad, eres todo lo que no quiero y de lo que estoy cansado, así que ni
siquiera te esfuerces en intentar joder mi relación porque, aunque cometa el
error de sucumbir a esta mierda que me lanzas cada vez que estamos cerca,
jamás dejaré a Pauline por ti.
Tras hablar, se desliza lejos de mí y regresa al interior.

A los minutos la luz vuelve.

Deseando que no lo hubiera hecho, pues cuando estaban apagadas,


sumiéndome en la oscuridad, me sentía en casa, permito que el viento deslice
la sábana blanca sobre mis hombros y dejo caer el frasco de chocolate a mis
pies antes de avanzar hacia el agua y buscar consuelo entre las olas. Un
camuflaje para el agua salada que continúa deslizándose por mi rostro.
Capítulo 6
Vivo en un bonito edificio en el centro de Austin. Mi departamento es tipo
estudio. No hay divisiones entre la cocina, la sala y mi habitación. No me quejo.
La decoración del interior es moderna y femenina. Muebles de cuero blanco.
Piso de madera clara. Plantas y adornos por todos lados. Logré instalar una tina
en el baño antes de mudarme. La luz entra por los amplios ventanales cubriendo
todas las paredes, los cuales podrían resultar intimidantes si no tuviera un
sistema de persianas. Mi escritorio se halla de espaldas a ellos para que pueda
disfrutar de la claridad mientras trabajo. No tengo ninguna cita pautada para hoy
en la oficina, por lo que decido pasar el día en casa dibujando. Tras levantarme,
apagar las velas y darme una rápida ducha tibia, entro en una camiseta ancha
que a veces uso para andar en casa. Me preparo el desayuno, un tazón de cereal
de Oreos y leche, con el cabello mojado. Antes de acercarme a mis planos,
enciendo mi estéreo. Mientras organizo mis materiales, tatareo Without Me de
Halsey e inevitablemente mi mente piensa en Tanner Reed.

Me gustaría ser más fuerte para hacer sentir a Halsey orgullosa.

Me gustaría haber podido romper los lazos con Pauline y con él en algún punto
de los pasados cinco años, pero siempre que lo intentaba terminaba en desastre.
Llegó un punto en el que simplemente dejé de hacerlo. También están esos
pensamientos. Sé que me hacen quedar como una amargada envidiosa, pero
nunca he podido parar de oír una voz en mi mente diciéndome que yo lo podría
hacer mejor.

Que nosotros nos podríamos ver mejor.


Que, finalmente, él se dará cuenta.

Después de que se graduó de la universidad, dándome espacio para respirar, lo


que sentía se volvió más que todo platónico. No dejé de vivir y de obtener
nuevas experiencias debido a él, pero mis sentimientos realmente nunca se
adaptaron a nadie más. Se suponía que se mudarían a un rancho en el campo
una vez Pauline saliera, pero al final decidieron quedarse en Austin por los
negocios y socios de Tanner. Yo no los perseguí. En realidad estaba aliviada de
no verlos nunca más. El problema fue que me dijeron que vivirían aquí
demasiado tarde. Para entonces ya yo había invertido todos mis ahorros en
conseguir mi oficina, registrar mi propia empresa de diseño, obtenido los
permisos y tomado un préstamo de mis padres para comprar mi estudio. No
podía simplemente enviarlo todo a la basura por un corazón roto.

Mi carrera es lo único que lo opaca.

Y aunque he tratado de mantener la distancia, Pauline no parece captar el


mensaje, necesitándome constantemente para ayudarla a tomar decisiones.
Preparar su boda. Construir su casa. Elegir sus sábanas. Lo que me gusta de ella
es lo transparente que es, todo lo contrario a mí, deseando a su esposo mientras
diseño su hogar, pero es muy básica e ingenua para su propio bien.

Me pregunto si eso es lo que lo alejó.


Cómo me sentiría de descubrir que ahora no debo sentir envidia de ella, sino de
una cualquiera que arañó su espalda. Si está bien sentirme traicionada por eso.
Hago una mueca mientras termino los detalles de la cocina de su ático. Ya que
quiero aprovechar la claridad que entra en este al máximo, decidí que el piso
sería completamente blanco, de mármol, si es posible, pero los muebles negros,
como él, y caoba. Algo con aire a un club de esgrima de caballeros y una suite
presidencial en un lujoso hotel. Contará con electrodomésticos de alta gama,
pero también quiero poner un par de elementos antiguos en ella. Un horno de
pan. Un extractor de humo de acero inoxidable. Como es un bebedor, un
refrigerador especial para botellas y una extensa copera.

Me siento satisfecha con el resultado.

Masculino, pero a la vez cálido.

Como no poder decidirte entre su brillante sonrisa, la cual te hace pensar que es
demasiado bonita para ser real, y su mirada intensa y arrogante. Incluso
desagradable. Como un chico, un hombre, con un exterior hermoso, pero un
interior que deja ver en su mirada, la cual te advierte que no es tan agradable
como parece. Ya que he avanzado bastante con su proyecto en muy poco
tiempo, lo dejo de lado e intento concentrarme en completar los demás, pero mi
mente instantáneamente vuelve a su ático cuando presiono mi lápiz sobre el
papel. No puedo decirle que no a la inspiración, eso sería sacrilegio, así que
termino con los bocetos del primer piso alrededor de las ocho de la noche,
estableciendo un nuevo record.
Es martes, pero aun así tengo una invitación a la inauguración de un club que
ayudé a decorar. No hice gran cosa en él. Solo me ocupé de la barra y de
encontrar el equilibrio entre ella, los deseos del dueño de hacerla clásica, y el
resto, moderno y tecnológico. Una vez termino de poner todo en orden, le envío
un mensaje a Tanner diciéndole que me gustaría que nos reuniéramos para
revisar lo que llevo y reviso el resto de mi bandeja de entrada. Sonrío al ver un
mensaje perdido de Malcolm avisándome que los Kings tienen partido hoy.
Verlo jugar siempre me hace sentir mejor, a veces un poco caliente, lo que no
sé si es por él o por cómo me hace recordar cómo lucía su hermano en la cancha
porque los dos siempre han jugado en las mismas posiciones.

Con el televisor a todo volumen, espero al menos ver el inicio mientras me


alisto. Sonrío al escuchar a los comentaristas alabar al quarterback del Houston
Texans, la franquicia más joven de la NFL, y su buen pase. Si la temporada
continúa como va, Malcolm patrocinará el primer touchdown durante los cinco
minutos iniciales. Están jugando en la AFC Sur contra los Jacksonville Jaguars.
Por primera vez desde su creación, los Kings podrían ir al Super Bowl. No
termino de cerrar mi vestido hasta que lo veo realizar una anotación de siete
puntos. No soy una chica de fútbol, pero crecí en un país de fútbol y, como si
eso no fuera suficiente, en un estado del fútbol.

No puedo evitar saltar, emocionada por Malcolm.

Tras su jugada, llamo a mi madre y le pido el favor de enviar un gran ramo de


rosas al estadio Reliant. Mis padres deben estar viendo el partido también,
puesto que escucho demasiado ruido de fondo, pero aun así me dice que llamará
a su asistente para que se ocupe de ello sabiendo que son para Malcolm Reed.
Debido al volumen de mi televisor y al que se encuentra del otro lado de la línea,
apenas puedo escucharla, pero ninguna de las dos se aleja de la interferencia
debido a la emoción. Me echo un vistazo rápido en el espejo, comprobando que
no haya manchado mi vestido plateado al maquillarme, antes de darle un último
a Malcolm, deseándole toda la suerte, y tomar mi bolso para salir de casa. Me
paralizo bajo el umbral a ver a Tanner de cuclillas frente a mi puerta, un
cigarrillo en sus labios mientras libera el humo. Está utilizando un abrigo negro
y su característico conjunto de camisa y pantalones de lino oscuros debajo, sus
nudillos rojos. Evidentemente lastimado. Mi frente se arruga. Ya no somos
niños. No puedo imaginar que se haya metido en una pelea o algo. El volumen
con el que escuchaba el partido explica por qué no lo oí llamar a la puerta o
tocar el timbre cuando llegó. Lo que no logro entender es por qué no se fue al
no recibir una respuesta.

¿Pretendía esperar que el partido terminara?

─¿Estás bien?

No se levanta mientras niega.

─¿Te convertiste en una fan antes o después de conocer a mi hermano?


─pregunta con la mirada aún clavada en el suelo, por lo que solamente puedo
obtener un vistazo de su perfil, pero nada de sus ojos debido a que su cabello
negro cae sobre ellos.

Sintiéndome incómoda, me cruzo de brazos sobre el pecho.

Ni siquiera sabía que sabía dónde vivía.

─Tanner, ¿qué haces aquí?

─Me enviaste un mensaje ─contesta con voz ronca mientras se pone de pie,
apoyándose en la pared del pasillo para no caerse. Es entonces que veo su rostro
y me doy cuenta. Está más allá de borracho. Sus ojos enrojecidos. Su tez pálida
aún más pálida. Tampoco paso por alto la manera en la que su ropa está sucia y
arrugada. En conjunto con el aspecto de sus nudillos y la rojez en su pómulo,
probablemente sí estuvo en problemas─. ¿Por qué dejar para mañana lo que
podemos hacer hoy? ─Hipa mientras se acerca─. Quiero ver lo que has hecho
─susurra, arrastrando las palabras mientras se relame los labios y entra en mi
estudio.

Yo retrocedo con la mirada clavada en la suya.

─Estaba a punto de salir.

Tanner arruga la frente al enfocarse en mi atuendo.

Traga, su nuez moviéndose y su mandíbula apretada.

─Ya veo.

─Llamaré a Pauline. ─Su rostro se arruga ante la mención de su esposa, pero


eso no me impide sacar mi teléfono y marcar su número. Cerniéndose sobre mí,
me lo arrebata antes de que responda. Intento tomarlo de regreso, pero solo lo
aleja. Cansada y confundida, vuelvo a cruzar mis brazos y pisoteo con
impaciencia─. Tanner, debes ir a casa, pero no puedes conducir así. Déjame
llamar a Pauline o pedir un taxi para ti, por favor.

─No. ─Eso es lo único que dice al rodearme y dirigirse a uno de los ventanales.
Mis persianas no están abajo, por lo que podemos ver a mis vecinos de
enfrente─. Estás dándole un show gratis a todos los pervertidos de la cuadra
cada vez que te cambias, Sav.

Sav.
Aunque estoy bien con que los demás me digan así, odio ese apodo saliendo de
su boca. Me gusta como dice mi nombre con su acento. Cómo se adueña de
cada sílaba. Savannah saliendo de sus labios me hace estremecer. Sav es solo
Sav.

─Tanner, por favor. ─Coloco una mano en su brazo, tirando de él hacia la


puerta─. Mañana podemos vernos. Tienes que volver a casa y yo tengo un
evento al cual asistir. ─Aunque no me aleja, tampoco se mueve de su lugar─.
No saldré por diversión. Un club al que ayudé a decorar se inaugura hoy. Tengo
responsabilidades.

Lentamente, afirma y se acerca a la puerta tras devolver mi celular. Aliviada, lo


persigo mientras marco el número de una línea de taxis que conozco hasta que
habla de nuevo.

─Espero que tengan jodido buen whisky.

Me detengo abruptamente, todavía sin salir de mi estudio, al escucharlo. Podría


llevarlo, pero en el estado en el que está a penas puede mantenerse en pie. Si
bebe aunque sea una gota más de alcohol, probablemente colapsará en el suelo.

─No. ─Esta vez mi voz es un poco más dura─. Quiero disfrutar de mi noche,
Tanner Reed. No lo haré si tengo que ser tu niñera.

Volviendo dentro, me mira como si fuera a discutir, pero al último momento


cierra la boca y se mete las manos en los bolsillos.
─Bien ─responde, probablemente consciente de su estado─. ¿Cuánto tiempo te
tomará? Te esperaré aquí. ─Niega cuando hago ademán de contradecirlo─. No
vayas por ahí. No pienso volver a casa, no lo haré y no preguntes por qué.

No iba a hacerlo.

Apretando la mandíbula, no me queda más remedio que asentir.

─No te acerques a mi escritorio.

Mi trabajo, todo por lo que me he esforzado, de verdad es más importante para


mí que Tanner Reed, por lo que no miro hacia atrás cuando me doy la vuelta,
todavía sin poder creer que esté dejándolo en mi casa, porque de ninguna
manera me perderé el brillo en los ojos de los clientes cuando vean el diseño de
la barra.

Es lo único diferente a una casa que he hecho en un tiempo.

******

El dueño del club, un hombre apuesto y soltero, me invita varias veces a tomar
una copa a lo largo de la noche, pero no hago más que aceptar un par de tragos
y mantener una rápida charla con él en la que acepto decorar un bar deportivo
en Travis Country que planea abrir este año, antes de levantarme y regresar a
casa. Son alrededor de las dos de la mañana para entonces. Mientras conduzco,
una parte de mí espera que Tanner se haya dado por vencido y esté dormido.
Otra quiere hacer un par de preguntas. Me muero por saber qué lo hizo
arrastrarse al alcohol esta noche. Qué lo hizo meterse en una pelea como un
adolescente con el corazón roto. Qué lo llevo a ir por mí tras Pauline, quién
estoy segura de que no tiene ni idea sobre el ático de tres punto cuatro millones
de dólares que compró para esconderse de ella.
─Dios ─susurro al entrar en mi hogar y ver dos botellas vacías de mi vino
favorito, Van Allen, una importación de Inglaterra bastante exclusiva que solo
puedo obtener a través de mis padres, sobre la encimera de madera de la
cocina─. ¿Tanner?

No hay muchos lugares donde esconderse en mi estudio, por lo que rápidamente


mis ojos van a la luz que sale por debajo de la puerta del baño. Presiono mi
mano en la manija mientras toco, preocupación deslizándose por mi columna
vertebral al escuchar sus arcadas. Debatiéndome entre darle privacidad mientras
arreglo el desastre en la cocina y entrar a echarle una mano, el sonido de un
cuerpo desplomándose contra el suelo toma la decisión por mí. Abro y no puedo
evitar que mi pecho se oprima cuando lo veo acostado sobre las baldosas, nada
cubriendo la parte superior de su cuerpo, mientras se estremece en un triste
llanto silencioso. Me quito los zapatos antes de tomar una toalla, humedecerla
y arrodillarme junto a él mientras la presiono contra su frente, eliminando el
sudor que se encuentra sobre esta.

Aunque no debería, me siento mal por haberlo dejado.

─¿Qué está mal contigo? ─pregunto con suavidad.

Tanner Reed se ve tan roto.

Tan derrotado y débil que ni siquiera le echo un vistazo a su definido abdomen,


limitando mi atención a su rostro de expresión descompuesta y a los moratones
en su pecho que me indican que no es la primera vez que se mete en problemas.
Quiero sacudirlo por eso. Por permitir que lo que sea que está sintiendo lo
destruya cuando yo encontré la manera de vivir con ello. Pero también quiero
consolarlo. Lo quiero tanto que por un momento dudo que sea capaz de llevar a
cabo mi plan, cediendo antes que él lo haga.

─Yo la amaba tanto ─dice mientras muerde su labio inferior hasta hacerlo
sangrar, las lágrimas deslizándose por sus mejillas. Las limpio con la parte seca
de la toalla. Me detengo cuando rodea mi muñeca con sus manos, enviando
calor a través de mi piel. Su respiración es forzada y entrecortada─. Tú lo sabes,
Savannah, más que nadie en el maldito universo. Sabes cuán bueno fui para ella
a pesar de que no es como soy realmente. Cómo la protegí de mí para hacerla
feliz.

Afirmo mientras echo su cabello oscuro hacia atrás, fascinada con la manera en
la que se desliza entre mis dedos como la seda.

─Lo sé ─susurro, respondiendo al ruego en sus ojos y sintiéndome asfixiada


por el hecho de estar obteniendo la cercanía de él que he ansiado por tanto
tiempo, pero en una forma totalmente equivocada─. ¿Qué pasó entre ustedes,
Tanner? ¿Por qué estás así? ¿Por qué te metes en peleas, bebes, vuelves a fumar
y engañas a Pauline?

Quizás fue mi error.

Quizás hice demasiadas preguntas al mismo tiempo.

Tanner separa los labios para responder, pero una arcada vuelve a sacudir su
cuerpo y se incorpora rápidamente para guiar su cabeza al inodoro. Acaricio su
espalda, lo que no parece molestarlo, mientras vomita dos botellas de mi vino
favorito. Me acerco a la bañera cuando parece haber terminado. La dejo llenarse
mientras pongo a trabajar la cafetera para ambos. Tanner continúa en el cuarto
de baño cuando regreso. Me sonrojo cuando una sonrisa arrogante, aún en su
estado, se adueña de sus labios al sentir mis dedos en la hebilla de su cinturón
de cuero.

─Un baño te hará sentir mejor ─me explico─. Sé cuánto odias la suciedad.

Aunque afirma, una mueca se adueña de su boca.

─Espero que no te decepciones después de cinco años.

Esta es la primera vez que lo menciona en voz alta desde entonces.

Mi sonrojo se esparce por el resto de mi cuerpo.

─Lo dudo ─respondo mientras bajo sus pantalones y ropa interior y lo ayudo a
incorporarse, esta vez siéndome más difícil obviar el hecho de que está triste y
vulnerable debido a que no solo me está tocando, sino que todo su cuerpo está
gloriosamente desnudo contra mí. Contengo un sonido ahogado cuando su pene,
el cual me esfuerzo por no ver, roza mi mano. El alivio recorre mi cuerpo
cuando entra en el agua y puedo apartarme. Solo por costumbre, sin pensar
realmente en ello, dejo caer esencias de menta y aloe vera en el agua. También
enciendo algunos inciensos. Soy una fanática de ese pasillo que nadie recorre
en el supermercado─. Estaré en la cocina. Grita si necesitas algo.

Tras obtener un asentimiento de su parte, la parte posterior de su cabeza


presionada contra los azulejos tras él, me cambio rápidamente por un pijama de
pantalones cortos bajo una bata de seda negra y termino de preparar nuestras
dos tazas de chocolate caliente usando un compartimiento especial de mi
cafetera, la cual compré solo por eso. Aunque tengo café en mi despensa, no
soy fanática de él. Tanner Reed sí lo es, pero tengo el presentimiento de que lo
menos que quiere hacer es mantenerse despierto. Me apoyo contra la lavadora,
dónde meto su ropa antes de regresar al baño, para darme una pausa y asimilar
todo este desastre.

Una vez me recupero de ello, tomo las dos tazas hirvientes y regreso al baño,
dónde lo encuentro de la misma manera en la que estaba cuando me fui, con la
cabeza apoyada en la pared tras él y los ojos cerrados, pero con el cabello
empapado.

─¿Estás listo para salir?

Él niega.

─Pasé de estar en el infierno al spa, otro tipo de infierno. ─Ladea la cabeza y


abre los ojos para mirarme, algo más lúcido, pero probablemente aún perdido─.
Gracias.

Sintiendo el rubor nuevamente adueñarse de mi rostro, el cual no sé si es


producto de su cercanía o de la vergüenza que me produce no haberlo echado
de mi casa apenas lo vi, me siento junto a la bañera y le tiendo su taza de
chocolate caliente.

─No te preocupes. ─Aunque su frente se arruga, medio nada hasta estar junto a
mí y acepta la taza de porcelana de un juego que me regalaron mis padres
cuando me mudé─. Te lo cobraré de alguna manera. Todo en la vida se cobra...
─Desciendo mi mirada a mis piernas─. Y se paga. ─Alzando la barbilla para
verlo observarme mientras sopla, decido aligerar su culpa. No está usando su
anillo de casado, por lo que esto no es solo una tonta pelea entre ellos. Tanner
nunca se lo quitaría─. Además, ahora tengo un cupón. Serás la primera persona
a la que llame cuando esté ebria, Tanner Reed.
Me sorprende sonriendo y moviendo la cabeza afirmativamente.

─Suficientemente justo. ─Su mirada se dirige a los inciensos sobre él─. ¿Por
qué siento que estás obsesionada con los aromas?

Suelto una risita tras tomar un trago de chocolate.

─¿Piensas que es raro?

Niega.

─No, es... lindo.

Trago sonoramente.

Tampoco pensé que se habría dado cuenta de ello.

─Gracias, supongo, pero no pensarás eso cuando sepas por qué.

─¿Por qué?

─Porque no puedo oler.

Alza las cejas, su mirada confundida suavizándose tras unos segundos.


─¿Entonces qué sentido tiene gastar un tercio del dinero que ganas en un sentido
que no puedes disfrutar?

─Puedo oler, pero no puedo oler como la demás personas ─me corrijo─. A
menos que se trate de un aroma fuerte o que esté lo suficientemente cerca, no
puedo olerlo. Por eso me gustan los productos aromáticos. Puedo acercar mi
nariz o simplemente hacer que sean demasiado intensos a mí alrededor.

Tanner ríe, exactamente lo que sabía que haría.

Mientras las personas se ríen de chistes, él lo hace de las desgracias ajenas.


Tiene un sentido del humor oscuro, retorcido y sarcástico, pero eso tampoco
significa que se burle de enfermos y de animales muertos . Solo es más difícil
hacerlo reír.

─Todo el tiempo pensé que tenías una vena satánica y por eso dormías rodeada
de velas, soñando como un ángel mientras invocabas al demonio. ─Mi falta de
olfato no es el motivo por el cual lo hago, pero no lo contradigo porque no estoy
dispuesta a compartir esa historia con él─. Esa explicación era más atractiva,
Savannah. Incluso lo habría sido más saber que provienes de una familia gitana
o hippie y odio a los gitanos y a los hippies.

Pongo los ojos en blanco.

─Pauline es algo gitana y hippie.

Es cierto y ambos lo sabemos, por lo que no lo niega. Tampoco se molesta a


pesar de la manera en la que sus ojos se endurecen.

─Sí, bueno, esa fue una señal que pasé por alto.
Se extiende, acercándose más a mí, para tomar la toalla limpia que dejé sobre
la tapa del retrete para él. Tomándolo como una señal, tomo nuestras tazas
vacías y me escabullo a la cocina. Las dejo ahí y me dirijo a mi guardarropa en
busca de algo para Tanner, pero no consigo nada a pesar de que pensé que tenía
la camiseta de un chico que dejó aquí después de una noche loca. Empiezo a
buscar en cada cajón de manera exhaustiva, puesto que estoy segura de haberla
visto esta semana en algún sitio.

Ella estaba aquí.

La conseguí el día que les entregué las llaves de su casa.

Soltando un suspiro, me doy la vuelta, dándome cuenta de que no debí haberme


preocupado por la ropa. Tanner está en mi cama. Boca arriba. Desnudo. Sus
párpados pesados, su expresión atormentada, pero a la vez en calma, y su
respiración suave. Su piel clara, como la de un fantasma, y el edredón blanco
debajo de él están a juego, pero cada línea cincelada de su cuerpo contrasta con
el vello oscuro debajo de su ombligo. Mi respiración se atasca cuando me
enfoco en el hermoso juguete entre sus piernas. Antes de que pueda hacer algo
estúpido, como continuar mirándolo, lo cubro con una manta. Lo que sí no
puedo hacer es evitar acariciar su mejilla mientras duerme.

Aun así, me acurruco en el extremo más alejado de él sabiendo que ya no soy


la persona más demente que conozco.

Lo es Pauline por romper su corazón.


Capítulo 7
Aunque el plan era irnos en la noche, por obvias razones que solo Tanner y yo
sabemos, las cuales no tienen nada que ver con el malestar estomacal que
Pauline y Weston creen que tengo, empacamos nuestras cosas y las guardamos
en la cajuela de mi auto después del desayuno. Weston, quién no se tomó muy
bien la noticia, puesto que arruinó sus planes de otro día de yate, me abraza
por casi un minuto antes de dejarme entrar en mi Mercedes.

─Ten cuidado ─susurra tocando mi nariz─. Llámame al llegar.

Mis labios se curvan cuando presiona los suyos contra los míos.

─Lo haré.

Deslizándome fuera de su agarre, ocupo el asiento piloto, Pauline a mi lado.


Me despido una vez más de West con la mano, dejándolo de pie junto a su
camioneta en la entrada de mi casa, antes de acelerar por el camino rural que
conduce a la carretera. A los segundos me sigue, pero nuestros caminos se
separan cuando tomo la vía que va a San Antonio y él se dirige a Corpus
Christi. Aunque me prometió que nos veríamos de nuevo, no estoy segura sobre
ello. Lo único que quiero hacer en este momento es poner mi vida nuevamente
en orden. Alejarme de las dos personas más cercanas física y emocionalmente
a mí en este momento.
─Creo que a West le gustas mucho, Savannah ─dice Pauline cuando Tanner
decide ignorarnos colocando un par de audífonos en sus orejas─. ¿A ti te
gusta? Parece que la pasaron bien.

Mi agarre se desliza a la parte inferior del volante mientras encuentro las


palabras para responderle. La manera de decirle que nadie me llama la
atención porque estoy enamorada de su novio. Su novio el que ya me ha dejado
claro que no quiere nada de mí y que, de quererlo, nunca la dejaría por eso.

─No estoy buscando nada serio en este momento. Estoy...

─Enfocada en tu carrera. Lo sé. ─Sus ojos marrones se vuelven pequeños


cuando sonríe. Está usando jeans y una blusa naranja. Su encanto es todo sobre
la linda chica de al lado─. Pero West se ve como un buen chico, Savannah, y
aunque él no vaya a ser el amor de tu vida... creo que deberías dejar de lado tu
miedo a abrir tu corazón. ¿Cómo sabes que alguien es el amor de tu vida si no
dejas que conozcan la grandiosa chica que eres? Sav, no solo eres bonita. Eres
muy inteligente y, en el fondo, amable. Creativa. ¿A qué chico no le gustaría
estar con alguien como tú?

A tu novio.

Tomo una honda bocanada de aire, mis dedos apretando el volante con más
fuerza, mientras hago hasta lo imposible por concentrarme en la carretera
frente a nosotros.
─Cuando ves al amor de tu vida... lo sabes, Pauline ─susurro luego de unos
minutos de tenso silencio en el que lo único que escuchamos es el bajo sonido
de la radio─. Haces y aceptas cosas que nunca pensarías que están bien porque
sabes que él lo vale. No importa si esa persona no se sienta de la misma manera.
Es la emoción de poner en riesgo todo lo que eres sin saber cuál será el
resultado. La adrenalina de no saber si pierdes o ganas. ─Lucho por no echarle
un vistazo al retrovisor para saber si nos está oyendo. Me fuerzo a recordar las
palabras de Tanner para no hacerlo─. Cuando sucumba al deseo de ponerme
en esa posición, será porque me resulta imposible ignorar a mi sentido de la
intuición gritándome que vale la pena correr el riesgo. No sé si eso es amor,
quizás no lo sea, pero suena mucho más emocionante para mí que vivir una
vida siguiendo un libreto. No quiero amar a una persona, quiero amar sus
defectos para que esta nunca tenga que cambiar debido a ellos. Quiero que
alguien ame los míos y eso nunca sucederá si me conocen como la Savannah
que describes.

Tras mi respuesta, Pauline se queda en silencio.

Apoya su barbilla en la ventana mientras observa los árboles que dejamos


atrás. Pensando que nuestra conversación ha llegado hasta aquí, me inclino
para subir el volumen de la música, pero su suave voz me detiene. Cuando me
mira, lo hace con confusión y tristeza. Entiendo la primera, pero la segunda no.

─Tienes razón, Savannah ─dice─. Eso no es amor.


Lo acepto.

─Podría no serlo.

Sus labios con forma de corazón forman una sonrisa alentadora.

─Pero si es lo que necesitas para ser feliz, espero que lo consigas. Lo único
malo de ello es que ese tipo de emociones, según mi Iglesia, no duran para
siempre. Mi pastor solía poner las montañas rusas como ejemplo. ─Al pensar
en su Iglesia, la curvatura de sus labios se hace más amplia─. Tienen ascensos
y descensos. El estar de cabeza hace el viaje más emocionante, las cosquillas
en el estómago, las ganas de vomitar, pero eventualmente añorarás ir en línea
recta. Segura. Protegida. ─Se gira para ver a su novio, calidez en sus ojos─.
Amada.

Aunque no estoy de acuerdo al cien por cien con su idea, afirmo.

─Es un buen ejemplo.

Quizás no lo comparto porque no quiero algo que dure para siempre. Quizás
porque quiero algo que a pesar de que no sepa si durará para siempre, sea
digno de ser recordado después de que hayamos terminado.

Un antes y un después para ambos.

*****

El lunes a primera hora falto a una de mis clases para dirigirme a la oficina
administrativa que maneja la distribución de los dormitorios en el campus.
Aguardo mi turno en la modesta y limpia sala de espera junto a otros
estudiantes, alegrándome de no ser la única aquí, puesto que eso podría
significar intercambiar con alguna de las chicas que están presentes. Al
inscribirme adelanté el pago de la habitación por los primeros tres semestres,
por lo que simplemente no puedo mudarme a un departamento fuera del parque
universitario, otra alternativa a la vida de estudiante. Significaría retirar más
dinero de mi fondo o pedirle a mis padres, ambas malas opciones cuando mis
razones son tan tontas. Mi madre no volvería a hablarme si supiera que es por
un chico.

Por suerte para mí, la señora Brown, una mujer de color encargada de la
administración de las viviendas de la Universidad de Austin, no luce en lo
absoluto molesta con mi solicitud de cambio. Extrañaré a Pauline, lo cómoda
que me sentía en mi nuevo hogar, pero no lo haré más de lo que extraño mi paz
mental.

─Si te asigno una nueva compañera hoy, ¿qué tan rápido podrías mudarte?
─pregunta mientras se retira las gafas de los ojos, mirándome con cansancio y
una sonrisa aliviada─. Tengo una plaza libre en otro edificio, con las mismas
comodidades que el tuyo, listo para que te mudes. Las chicas no congeniaron,
así que la que podría ser tu nueva compañera está buscando a alguien.

─Hoy mismo.

Su sonrisa crece mientras me entrega las llaves. Cuando alzo mi mano para
tomarlas, sin embargo, algo de culpa se asoma en sus ojos marrones mientras
las aleja, viéndose forzada a hablar.

─Savannah, debo advertirte que esta chica es problemática.


Mi sonrisa se deshace ante la idea de una persona desordenada y desagradable,
pero la vuelvo a poner en su lugar al recordar por qué me estoy yendo. Pauline
no es desordenada o desagradable, lo cual no significa que convivir con ella
me esté haciendo bien. Supongo que prefiero vivir rodeada de la basura de
alguien más que forzada a ver como besa a Tanner frente a mí. Además, si no
me alejo, nunca lo superaré. Este es un sacrificio necesario.

─Lo sabré manejar, señora Brown ─le prometo mientras tomo las llaves,
dedicándome después a firmar mi solicitud de cambio y a tomar el papel que
me ofrece con la dirección de mi nueva habitación, la cual no es tan buena
como pensé que sería.

Está lejos de Pauline, sí, pero más cerca del campo de fútbol.

*****

─Sav, ¿esto es realmente necesario? ─pregunta Pauline mientras me mira


empacar mis cosas─. ¿Hice algo mal?

Dejo de doblar mi ropa, la cual apilo en una caja, para mirarla. Está usando
su bata de laboratorio sobre un par de pantalones cortos y un suéter marrón.
Llegó hablando de cuán divertida fue la jornada anti garrapatas del campus,
sus palabras muriendo en la punta de su lengua cuando me descubrió haciendo
mudanza.

─No, no se trata de ti. ─Suspiro mientras me dirijo al sitio en el que está.


Cuando me sitúo frente a ella, coloco mis manos en sus hombros─. Se trata de
mí. Necesito espacio. Eres agradable y tu nueva compañera será feliz de
tenerte, pero necesito un lugar que solo sea para mí. ─Esa es mi excusa ante
ella para mi partida─. Aunque no vivamos juntas, seguiremos siendo amigas,
Pauline.

Tristemente, afirma mientras arrastra sus pies hacia mi cama y me ayuda a


terminar de meter mi ropa en una de las tres cajas de cartón sobre esta, lo único
que me falta para irme. Ya todas mis otras cosas, adornos y muebles, están en
la maletera y el asiento trasero de mi auto. Esto es lo único que queda de mí
aquí. Estamos a medio semestre, pero siento como si hubiera vivido una
eternidad entre estas paredes. Mientras me ocupo de un vestido, su voz
nuevamente llena mis oídos.

─¿Es por Tanner, Sav?

Me congelo, la tela deslizándose de mis dedos mientras alzo la mirada para


verla. Mi frente se arruga cuando me recompongo.

─¿Por Tanner? ─Ella afirma─. ¿Qué quieres decir?

Sus mejillas se sonrojan.

─Por todo el tiempo que pasamos juntos aquí. Nunca he llegado a considerar
que pudiera molestarte, pero ahora que lo pienso... Dios, él prácticamente vive
aquí. Se supone que este es nuestro sitio. Yo también estaría molesta de ser tú.
No te he respetado. ─Sus ojos se llenan de lágrimas─. Lo siento, Savannah.
Debí haberme dado cuenta. Por favor, no te vayas. No quiero tener que
compartir mi espacio con una completa extraña. Lo solucionaré. Le diré a
Tanner que no venga tanto y, de todas maneras, está cerca de terminar. Ya no
tendrá por qué estar aquí.

─Pauline... ─susurro─. No hay nada que solucionar. Así no tuvieras novio,


querría estar sola para dibujar. No se trata de ti. Compartir habitación fue un
error. Como artista, ansío espacio. Seguiremos viéndonos. ─La abrazo cuando
se acerca y me rodea con sus brazos, sintiéndome mal por no sentirme tan mal
como debería por esto─. Lo prometo. Eres la única amiga que he tenido que
secretamente no me odia.

Eso es cierto. En la secundaria fui parte de las chicas populares. Las personas
querían estar conmigo por lo que representaba, no por lo que era, y estaba
acostumbrada a los juegos de envidia, apuñalamientos por la espalda y a la
hipocresía. Aún lo estoy. Es lo que soy. Aunque Pauline lo haga ver posible, no
sé cómo una persona puede vivir sin sucumbir a ello. Para mí es tan esencial
como respirar. Si una bonita modelo se toma una fotografía con un nuevo
vestido o bolso que causa revuelo, lo envidias antes de quererlo e ir por ello.
Así es como funciona para mí. No significa que sea una mala persona, pero sé
que tampoco soy la mejor.

No como ella.

Probablemente eso es a lo que se refería Tanner en la playa.

Eso es lo que nos diferencia, la esencia superficial de la que no puedo


deshacerme porque es como soy, además de otras cosas. Pauline, por ejemplo,
me está escogiendo en estos momentos por encima de él, algo que yo no he
hecho hasta ahora. Si me quedo, seguiría siendo mala y egoísta. Para ellos.
Para mí. Lo mejor que puedo hacer por todos en estos momentos es finalmente
escogerla y a mí misma y establecer distancia. Mi ex compañera de dormitorio
separa los labios para replicar, pero el sonido de la puerta abriéndose la
detiene. Debido a su olor, a jabón, detergente de ropa y loción de afeitado, sé
quién es antes de que se posicione entre nosotras, puesto que me encontraba de
espaldas a la puerta. Frunce el ceño hacia mis cajas, actuando como si no
tuviera ni idea de lo que está sucediendo cuando él lo propició.
─¿Estás mudándote?

─Sí ─respondo con los dientes apretados mientras meto mi vestido, la última
prenda, en su lugar.

─¿Necesitas ayuda?

Alzo las cejas.

─No.

─Sí ─responde al mismo tiempo Pauline, dándole una de mis cajas─. Es lo


menos que podemos hacer por ti, Savannah, ya que te echamos. Tanner. ─Lo
mira─. Ayúdala a mudarse, por favor. No quiero que además de tenerse que
mudar por lo mal compañera que he sido, tenga algún accidente por el peso.

Con los ojos en blanco, observo cómo se esconde en el baño para llorar a pesar
de mi explicación. Si hubiera sabido que su reacción sería tan exagerada,
habría hecho esto más rápido para acabar antes de que llegara. Aunque quería
evitarlo, ni siquiera mirarlo, soy forzada a hacerlo cuando toma las tres cajas
que quedan y las apila sobre sus brazos, cargando con ellas como si no
pesaran. Me enfoco en sus ojos oscuros por encima de ellas. Está usando un
sencillo suéter negro sobre una camisa blanca y vaqueros, por lo que no debió
haber tenido entrenamiento el día de hoy.

─No tienes que hacer nada.


Su mandíbula está apretada al momento en el que habla, la línea de su mentón
tan marcada que sería muy fácil para mí dibujarla.

─Es lo menos que podemos hacer ─se burla en voz baja, causando que el enojo
predomine en mí y me dé la vuelta para tomar mi bolso e irme. Me detengo al
escuchar los sollozos de Pauline en el baño, pero salgo de mi antiguo
dormitorio sabiendo que es lo mejor para ambas. Tanner me alcanza cuando
llegamos al ascensor─. No podías hacer esto sin romper su corazón, ¿no?

Pateo la puerta metálica del ascensor antes de verlo, mis manos en los bolsillos
de mi chaqueta de cuero blanco. Por fortuna estoy usando botas con un tacón
no tan alto y grueso. De lo contrario habría dolido. Quiero gritar. De verdad.
Gritar tan alto que después me quede sin voz. Tanner no solo se metió con mi
compañera de dormitorio luego de follarme, creando esta obsesión en mí de
obtenerlo, sino que también me obligó a renunciar a un sitio en el que me sentía
cómoda y feliz antes de que él llegara. No es nadie para criticarme por herir
los sentimientos de Pauline por ello.

No cuando él me obligó.

Al momento en el que sus ojos se cruzan con los míos en medio del pasillo, no
tengo palabras para expresar de manera resumida todo lo que siento hacia él,
hacia este desastre, así que suelto lo primero que se me viene a la mente.

Lo que me hace sentir mejor.

─Vete a la mierda.

Sus labios se entreabren, la sorpresa superando su enojo, al escucharme. Por


un segundo, antes de que su frente arrugada reaparezca, incluso luce divertido.
Ni siquiera espero una respuesta. Entro en el ascensor cuando las puertas
metálicas de este se abren. Tanner me sigue. Descendemos en un silencio tenso.
Por fortuna también caminamos hacia mi auto sin decir una palabra, el cual se
encuentra estacionado frente al edificio. Ya que mi asiento trasero y mi cajuela
están sin espacio, abro la puerta de mi asiento copiloto. Él lo toma como una
invitación, entrando en él en lugar de limitarse a dejar las cajas en su lugar.

Me cruzo de brazos.

─Bájate.

Él niega, su tono nuevamente burlón.

─Si tienes un accidente durante la mudanza, Pauline llorará por dos semanas
seguidas en lugar de una. ─Gira el rostro para mirarme, resentimiento e ira en
su expresión─. Terminemos con esto de una maldita vez, Savannah. Mientras
más rápido arranques la curita de nosotros en tu vida, menos durará el dolor.

─La curita ya ha sido arrancada. Me voy a mudar.

Afirma, mechones de su cabello negro interponiéndose en su frente.

─¿Eso significa que no nos odiarás cada vez que tengas que hacer un nuevo
viaje para subir tus cosas? ─pregunta, a lo que mi resistencia titubea debido a
que ya los odié suficientes veces el día de hoy mientras las bajaba. Su expresión
usualmente dura se suaviza─. Déjame hacer esto por ti, Savannah. De cierta
forma, te mudas por mi culpa. Considéralo mi manera de agradecerte por
actuar de la manera correcta. Después de esto ya no tenemos por qué volver a
vernos, ni tú a Pauline.
Aunque nunca ha admitido en voz alta que estuvimos juntos la noche que
conoció a Pauline, esto es lo más parecido a una aceptación y a una disculpa
por todos los daños ocasionados que he obtenido de su parte. Algo dentro de
mí dice que no se bajará aún si se lo ruego de rodillas, por lo que cierro la
puerta de mi auto con un suspiro derrotado. Lo rodeo y entro en él. Aunque me
muero por hacerlo, no enciendo la radio. Estamos a solo cinco minutos de mi
nuevo hogar junto al campo de fútbol. Tanner aprieta la mandíbula cuando lo
nota, pero no dice nada al respecto. Me sorprende. Esperaba otra acusación
de acoso.

─¿Qué piso es? ─pregunta cuando entramos, ambos con las manos llenas de
tal manera que solo podría tomarnos dos viajes llevarlo todo a mi nuevo lugar,
lo que verdaderamente me alivia.

─El último. El séptimo.

Tras escucharme, se las arregla para inclinarse y pulsar el botón debido a que
yo no puedo por estar llevando una caja con mi nueva Mac y mis materiales de
dibujo. Memoricé la dirección, por lo que me dirijo a la puerta al final del
pasillo, cuyas ventanas seguro dan con la cancha en la que Tanner entrena casi
todos los días, y toco con mi cabeza, prefiriendo una contusión a tenerle que
pedir el favor a mi acompañante. Un chico sin camisa me abre. Su mano está
apoyada en el marco de la puerta, por lo que los vellos oscuros en su axila son
visibles. Es delgado y tiene barba. Sus vaqueros están holgados. Hay tatuajes
cubriendo sus hombros y pecho. Si no conociera a Tanner, sería mi definición
de chico malo.

─Hola, soy Savannah, la nueva compañera de Anahí.

Aunque sus cejas se juntan, se hace a un lado para dejarme pasar. Anahí no
está, pero sus cosas sí. Suelto el aire que mis pulmones habían estado
reteniendo, aliviada. Había temido que la consejera se hubiese equivocado y
me hubiese mandado a dormir con un chico. Además de verse como si el sitio
necesitara una urgente limpieza, no hay nada de lo que esperé encontrar tras
la advertencia de la señora Brown. No un laboratorio de metanfetaminas. No
un estudio de grabación porno.

─Mi nombre es Hans ─dice, ignorando a Tanner como si se tratara de una


mosca y no del capitán del equipo de fútbol, una celebridad en el campus─.
Anahí fue un momento al supermercado. Su cama es esa. ─Señala la que no se
encuentra cerca de la ventana, lo cual es bueno. Amo la luz natural. También
me alegra ver que mi cama no luce como si hubiera sido usada con
anterioridad. Aun así cambiaré sus sábanas. Cuando me doy la vuelta,
topándome con los oscuros ojos de Tanner y los azules de Hans, este último se
encoje de hombros con actitud despreocupada. Tanner, sin embargo, se ve
repentinamente tenso e incómodo─. Si quieres puedo ayudarte a subir tus
cosas.

Afirmo, feliz de no tener que volver a hacer otro viaje con Tanner.

─Sí, por favor. ─Recibir la ayuda de un extraño suena como arrancar la curita
más rápido. Le sonrío─. ¿Podrías esperar a que termine de desempacar esto
primero? Estoy algo cansada para ir por el resto en este momento ─miento,
deseando que alguien tome la indirecta y se marche ahora mismo de mi nueva
habitación.

De mi vida.

Hans se encoje de hombros después de meterse en una camiseta arrugada de


Queens que recoge del suelo.
─Claro, nena, ¿por qué no? ─responde antes de dirigirse a nuestro balcón
techado, dónde planeo poner mi escritorio si a Anahí no le molesta, y encender
un cigarrillo.

Ignorando el picor de molestia que me produce el hecho de que fume dentro de


nuestro dormitorio, lo que está prohibido, me concentro en Tanner. Él ha
dejado mis cosas junto al armario y ya no solo se ve tenso, sino al borde del
colapso.

─Savannah ─dice, inclinándose hacia adelante mientras mueve su brazo hacia


un lado─. Puedo hacer dos malditos viajes para subir tu mierda. No me importa
hacerlo. En serio que no.

Ya que ya no tengo nada que perder, perdí a Pauline y a la habitación que yo


misma había decorado a mi gusto durante semanas, opto por ser sincera. Tan
sincera como no lo he sido desde el día en el que nací, ni siquiera desde Tanner.
Me acerco a la puerta y la abro para él, reacia a sucumbir a las ganas de llorar
por lo mucho que odio estar aquí, con Hans el raro en un dormitorio sucio y
descuidado, pero más por el hecho de que prefiera eso a seguir aguantándolo
tan cerca de mí.

─No, Tanner, ya arranqué la curita.

Y el dolor es rápido, pero intenso.

─Savannah...

Mis ojos se llenan de agua.


─Vete, por favor.

─Mierda. ─Patea la cama de Anahí, lo que capta la atención de Hans. Él no se


involucra, sin embargo, regresando su vista al campo de fútbol─. ¿Qué fue lo
que hice para que terminaras así? ¿Qué maldito mensaje equivocado te envié?

─Ninguno, Tanner, no hiciste nada.

Y es verdad.

Todo lo hice yo.

Yo me ilusioné.

Yo no le dije a Pauline la verdad cuando debí hacerlo.

Yo me obsesioné.

─Sav. ─Su voz ahora es baja y susurrante, casi dulce─. No debí haberte pedido
que te fueras. Vuelve con Pauline. No perteneces a este chiquero. No viviré más
en campus dentro de unos meses. No tendrás que verme. Podrán seguir siendo
amigas... o lo que sea que hayan sido antes de que yo me interpusiera. Ni
siquiera tendrás que tomar tus cosas. Haré la maldita mudanza yo solo. Mierda,
llamaré al equipo para que me ayude y lo tengas todo listo en cinco minutos.
Haré el puto papeleo, pero regresa, por favor.

Niego.
La idea es tentadora, pero no puedo ponerme a mí misma nuevamente en esa
posición. Va más allá de ser masoquista. Ahora que él sabe que lo quiero y
hablamos abiertamente de ello, será mucho peor de lo que era antes estar
cerca. Mordiendo mi labio y tras barrer las lágrimas de mi rostro, le digo algo
que sé que lo hará entrar en razón también.

─Cuando te gradúes y Pauline se quede, ¿terminarás con ella?

Al oír mi pregunta, Tanner despeina su cabello con irritación.

─¿Por qué tienes que hacerlo tan complicado?

─Responde.

Mira el piso, negando antes de enfocarme de nuevo.

─No. No lo haré. La amo.

Abro aún más la puerta para él.

─Entonces vendrás y la visitarás o nos toparemos por ahí y no sabremos cómo


explicarle que no podemos estar en la misma habitación. Ninguno de los tres
merece eso. ─Sus hombros se hunden con derrota al escucharme. Finalmente
me rodea para regresar al pasillo─. Adiós. Gracias por arruinar mi vida,
Tanner Reed.

Sin esperar una respuesta, cierro la puerta de mi nueva habitación. Al darme


la vuelta me encuentro con la expresión anonadada de Hans, sus cejas
desordenadas y oscuras arriba.
─Mierda, ¿cuántas veces se folla con alguien para tener ese tipo de
conversaciones? ─pregunta mientras deja caer las cenizas en el suelo─.
Dímelo para jodidamente parar antes.

Me encojo de hombros.

─A veces solo una vez.

A veces ninguna.

A veces muchas.

A estas alturas, dudo que no me hubiera gustado si lo hubiera visto después,


sino hubiera estado con él en lo absoluto.
Capítulo 8
A la mañana siguiente me levanto y actúo como si la noche anterior no hubiera
sucedido. Como si Tanner Reed no siguiera desnudo en mi cama. Tras echarle
un último vistazo al anuncio de Calvin Klein que parece, boca abajo,
abrazándose a una de mis almohadas, la manta con la que lo cubrí anoche
dejando ver sus entradas y una porción de su trasero, me sumerjo en el interior
de mi armario y le envío un mensaje a la asistente que comparto con otros
arquitectos para cancelar mis compromisos de la mañana, puesto que debo
deshacerme de él antes de salir de casa. Selecciono un conjunto deportivo negro,
un par de zapatillas Nike del mismo color y me dirijo al baño. Me cambio y
aseo, amarrando mi cabello en una apretada coleta en la cima de mi cabeza.
Tomo una botella de agua de limón de la cocina antes de encender algunos
inciensos de canela y sentarme en el centro de la sala, sobre una colchoneta azul,
rodeada de humo mientras hago mi rutina diaria de yoga. Ya que he tenido
mucho trabajo últimamente, tengo casi una semana sin ir al gimnasio y
entrenando desde casa cada vez que puedo. Tenía planeado hacer algo de zumba
hoy, pero yoga es lo que necesito para deshacerme del estrés que todo esto me
ha generado.

Estoy en mi postura de media cobra, aliviando los músculos de mis costados y


muslos, cuando escucho el sonido de pasos acercándose. Sin perder todo mi
trabajo, extiendo una de mis manos para finalmente poder subirle volumen a mi
estéreo.

─Tu ropa está en la secadora ─le digo mientras paso de media cobra a perro
hacia arriba, deshaciendo la flexión de mis brazos.

Tras unos segundos de tensión y relajación en ella, me dejo caer suavemente


hacia abajo, pasando por media cobra hasta llegar a besar el suelo, y flexiono
mis piernas para quedarme un rato doblada sobre mí misma en la postura del
niño, mi abdomen contra mis mulos y mis brazos extendidos hacia arriba.

─¿Qué mierda se supone que haces? ─pregunta Tanner por encima de mí, la
suela de sus zapatos siéndome visible por el rabillo del ojo, por lo que ya debe
haberse vestido.

─Yoga.

─Eso lo sé, Savannah, no soy idiota, ¿pero por qué ahora?

Casi escucho la desesperación y el malhumor en su voz arrogante. Sonrío, pero


debido a que mi cabeza está presionada contra el suelo y mis brazos la ocultan,
no puede verlo.

─El hecho de que no te haya echado a patadas ayer, como debió haber sucedido,
no significa que vaya alterar toda mi vida por ti. ─El amarte no significa que
mi mundo se haya detenido, es lo que realmente me muero por decirle, porque
ha encontrado la manera de seguir girando a pesar del dolor, lo que deberías
hacer tú con Pauline─. Como perdí mi mañana en la oficina, decidí hacer yoga
mientras despertabas y aprovechar que estás aquí para enseñarte lo que llevo
del ático. Si quieres café, puedes servirte en la cocina. También tengo cereal de
oreos e ingredientes para cualquier tipo de sándwich que conozcas. Aspirinas
en la cestita del baño.
Tras hablar y escucharlo dirigirse a la cafetera con un gruñido, me incorporo
mientras inhalo y exhalo con profundidad. Saludo a mis vecinos cuando los
encuentro mirando casualmente hacia mí desde el otro edificio. Estaría asustada
si no fueran una adorable pareja gay que suelo encontrarme en la tienda y que
me piden consejos de decoración. Enrollo mi colchoneta antes de ponerme de
pie sintiéndome más flexible, liviana y poderosa. Consciente y en control de
cada curva y atributo de mi cuerpo. Ese es un efecto favorecedor del yoga que
no muchas instructoras mencionan. La dejo sobre el mueble de cuero blanco en
mi sala antes de dirigirme a la cocina, la cual no luce tan grande con Tanner
encorvado sobre ella sirviéndose café. No lleva puesto su abrigo, el cual no lavé,
sino la camisa negra y pantalones oscuros que traía debajo. No puedo evitar
detenerme junto a la encimera para obtener un vistazo completo. Mi estudio se
caracteriza por ser blanco y estar colmado de luz natural y artificial. Decir que
resalta aquí es un eufemismo. Es como un punto oscuro en un lienzo en blanco.

Ignorando la manera en la que mi cuerpo ruega presionarse contra el suyo, abro


la nevera y saco lo necesario para preparar sándwiches de jamón de pavo y
queso chédar. Tanner finalmente se da la vuelta, sus brazos entrecruzados sobre
su pecho, con una taza de café en la mano cuando pongo los ingredientes en la
encimera y me lavo las manos para prepararlos. Niega cuando alzo la mostaza
para preguntarle si quiere en el suyo. Sintiendo sus ojos oscuros en mí en todo
momento, nos sirvo dos a cada uno junto con jugo de naranja y algunas frutas.
Reviso las noticias en mi tablet mientras como, en lo absoluto esperándolo. Al
darse cuenta de que no seré yo quien empiece la conversación, suspira y se
sienta en el banquillo para quedar frente a mí.

─Sobre lo de anoche... no tenías que hacerlo. Ya estaba jodido cuando llegó tu


mensaje. Ni siquiera sé por qué terminé aquí, pero no tenías que cuidarme o
dejar que me quedara aquí. ─Ahora su mirada está en todas partes menos en
mí─. Me hubiera sentido mejor conmigo mismo si me hubieras llamado un taxi.
Termino de tragar antes de responder.

─Lo intenté.

Él afirma, sus puños apretados.

Supongo que esta es su manera de mostrarse avergonzado.

─Lo sé. Eso lo recuerdo. Lo que no recuerdo es qué pasó cuando llegaste. Sé
que vomite, me di un baño y por alguna razón bebí chocolate caliente, algo que
no he hecho desde que era un adolescente, pero no sé cómo pasó. ─Apoya sus
codos en la mesa y se pasa las palmas por el rostro, jadeando debido al estrés
que esta situación le genera a alguien como él─. ¿Nosotros...?

El deja vú es tan fuerte que niego apenas lo insinúa.

Por lo visto a Tanner no le impresiona la idea de haberme olvidado, puesto que


en teoría ya lo hizo una vez.

─No.

Su pecho desciende con alivio.

─Mierda, Sav, lo siento. ─Realmente está afligido por esto. Lo sé porque su voz
perdió el toque déspota que la caracteriza. Aun así no dejo de fingir estar más
interesada en las noticias. No puedo dejarlo ver lo mucho que su malestar me
importa─. Si pudiera retroceder en el tiempo y...
Si yo pudiera retroceder en el tiempo, no habría ido a su fraternidad. No hubiera
salido esa noche de fiesta. Habría estudiado arquitectura en Columbia para
jamás conocerlo a él o a Pauline. No habría perdido mi virginidad a los trece
con el capitán del equipo de voleibol de mi escuela. No habría roto el florero
favorito de mi madre a los diez años, jugando con mi vecina, lo cual continúa
reprochándome.

Retroceder en el tiempo no es posible.

Si pudiera hacerse, ya lo habría hecho solo para no conocerlo.

─Pero no puedes ─lo corto─. Viniste aquí. Te quedaste aquí. Nada pasó. Trata
de superarlo, Tanner, ya que yo ya lo hice. No somos niños. Tenemos cosas más
importantes en las que pensar. Si realmente te sientes mortificado, no me hagas
perder más el tiempo. Come y prepárate para darme tu opinión de mis bocetos.

Tras hablar, continúo leyendo el portal de BBC y comiendo. Tanner capta el


mensaje. Luego percibo el movimiento de sus manos y la inclinación de su
cuerpo sin tener que alzar la cabeza de mi tablet. Poco después veo cómo su
sándwich es devuelto al plato con un mordisco que posteriormente se convierten
en varios hasta que desaparece, también su compañero. Cuando termino llevo
mi plato hasta el fregadero y lo limpio. Me quito el exceso de agua de las manos
pasándolas por encima de mi pantalón de deporte.

Cuando me aseguro de que están secas, me dirijo a mi escritorio y tomo los


planos que hice para Tanner, sorprendiéndome de hallar todo exactamente como
lo dejé ayer. Ni siquiera le había dirigido una mirada a mi sitio de trabajo por
miedo a que en su estado de ayer hubiera destruido algo, pero no lo hizo.
─Tenía miedo ─le digo levantando una hoja con mis diseños hacia él, girando
levemente el rostro para verlo levantándose y yendo al fregadero con su plato
sucio. También se encarga de poner todo de regreso a su lugar─. Cuando te
dejé, pensé que todo esto estaría hecho un desastre para cuando volviera.

No es hasta se encuentra junto a mí que responde.

─Supongo que incluso estando borracho como una cuba recordé lo mucho que
odias que se acerquen a tus dibujos.

Mis mejillas se sonrojan, los recuerdos viniendo a mi mente.

Una llamada desesperada.

Todos mis bocetos arruinados.

Fue uno de mis más vergonzosos dramas, en este caso justificado, por lo que no
me sorprende que lo haga. Aunque nunca se confirmó, toda la Universidad de
Texas terminó por enterarse de lo que pasó. Incluso mis padres, quienes
vinieron de Houston por ello, y aparecí en el periódico estudiantil, pero no lo
hice sola.

─Tendrías que buscar a alguien más para remodelar tu ático de haberlo hecho,
al igual que tu alma habría tenido que buscar otro cuerpo para vivir porque este
ya estaría muerto. ─Coloco mis diseños, uno encima del otro, sobre un caballete
de madera. El primero es el de la cocina, puesto que sirvió de inspiración para
todos los demás─. ¿Qué te parece? ─le pregunto pasados los segundos de que
se acerca para mirarlos por sí mismo, levantando hoja tras hoja para obtener un
vistazo de los demás elementos del piso inferior: la sala, el comedor y una
habitación de recreación con una mesa de pool y una pantalla de cine.

Tanner se toma su tiempo para contestar. Probablemente el doble de lo que me


tomó a mí hacer la pregunta. Cuando lo hace, sin embargo, la molestia en mis
manos y brazos vale la pena. No es solo su voz, sino su mirada. Genuinamente
le gustó, no, le encantó. No lo culpo. Es uno de mis mejores trabajos. Una fina
línea que equilibra la elegancia, la masculinidad y la calidez.

─Cumple con mis expectativas ─suelta, su tono condescendiente de regreso.


Este no me engaña. Sé que quedó fascinado con mi trabajo─. Incluso las
sobrepasa. ─Contengo el impulso de celebrar, puesto que sé que los cumplidos
no son lo suyo y que si lo dice es porque realmente lo siente así─. ¿Cuándo
crees que puedas empezar a trabajar en ello? El dinero no es un problema.

La emoción crece dentro de mí. Si hay algo que amo tanto como dibujar, crear,
es ver como lo que hice cobra vida ante mis ojos.

─Lo sé, pero tengo algunos compromisos que atender esta semana. Podríamos
empezar la siguiente sin problema alguno. Ya estaría más libre y le podría
dedicar el tiempo que merece. ─Le ofrezco una sonrisa que se debe a mi trabajo,
no a él, la cual se desvanece al recordar las preguntas que tengo que hacerle
para el segundo piso─. Tanner, en lo que respecta a la segunda planta, ¿cuántas
habitaciones quieres que tenga? Quiero hacer espacio para un gimnasio porque
recuerdo que pediste uno en el diseño de tu casa, pero eso le quitaría espacio a
las otras habitaciones. No me dijiste si el edificio cuenta con uno o si...

─Una habitación, para mí, una habitación en blanco, mi oficina y un gimnasio


─responde, cortándome mientras se acerca a uno de mis ventanales como hizo
ayer─. No estoy esperando visitas.
─¿Una habitación en blanco... para qué?

Se encoje de hombros.

─No para que alguien viva ahí. Quizás para un estudio, pero no me he decidido
todavía. Mientras lo hago, déjala en blanco. Lo único que necesito que tenga es
una ventana amplia.

─¿Un ventanal?

Niega.

─No, nada para los jodidos pervertidos.

Pongo los ojos en blanco.

─Es un penthouse, Tanner. Nadie puede verte.

─¿Ni con un telescopio?

─No ─miento, puesto que no tengo ni idea de si pueden, pero pensar que sí es
una exageración.

Él hace un sonido de chasquido con la lengua.


─No me interesa. No quiero una pared de vidrio en esa habitación. Solo una
ventana grande y... quizás una plataforma en el suelo frente a ella. Una
desnivelación de un escalón. Paredes blancas.

Afirmo, tomando mi blog y escribiéndolo.

También trago.

Si solo quiere una habitación, eso significa que no es un lugar para niños. Eso
junto al hecho de que mis bocetos estuvieron inspirados en él, no en una familia,
me confirman la idea que ya tenía de que se trata de un sitio aislado a su
matrimonio. Aun así, no pregunto. En este caso, mi profesionalismo no me lo
permite.

─¿Algún otro deseo?

Lo piensa por un momento, pero eventualmente niega.

─No, solo eso. Todo siguiendo el mismo estilo que llevas.

─Eso es todo. ─Dejo mi blog sobre el escritorio─. Terminamos.

Sus cejas se alzan mientras se extiende para tomar su abrigo en un perchero


cercano a él. En lugar de deslizarse en su interior, lo guinda en su brazo. Hace
calor. Es Austin. Él es la única persona que conozco que los utiliza sin sudar
como un cerdo por ello.
─Acabamos de empezar, Savannah. Estamos lejos de terminar ─dice, sus
palabras revolviendo algo dentro de mí, algo que conozco bien─. Nos vemos el
lunes a primera hora. Si quieres visitar el ático antes, puedes pasar por mi oficina
por una copia de la llave o el conserje te hará el favor. Lo llamaré para decirle.

Aunque se dirige a la salida, no me muevo de mi lugar. Se ve cansado y herido,


pero está lejos de ser el desastre que era ayer cuando abrí mi puerta. Suelto un
suspiro de alivio, liberando el aire que mis pulmones habían estado reteniendo,
antes de tomar mi teléfono y encerrarme en el baño. Aunque se supone que
debería estar del lado de Pauline en esto, no puedo evitar asumir que ella fue
quién lo arruinó a pesar de que existe la posibilidad de que no haya sido así,
pero es que no hay otra explicación para su conducta. Tanner siempre le dio
todo de sí mismo.

Incluso lo que no era.

Como ella dijo, no dejas de amar a una persona de la noche a la mañana. Algo
sucedió. Algo que él no me dirá, pero ella... ella probablemente sí. Sintiéndome
mal por caer en la tentación, marco su número una vez pongo a llenar la tina
para un baño.

─¿Savannah? ─responde casi al instante─. ¿Cómo estás?

─Bien, gracias, ¿tú?

Mientras hablo, me quito la ropa y sumerjo mi pie desnudo en el agua, probando


la temperatura de esta antes de entrar en ella.

─Bien.
A pesar de su respuesta, escucho como sorbe por la nariz.

Suelto un suspiro.

─Lamento no haber respondido las veces que me llamaste. ─La verdad no lo


hago. Quería ir conmigo a comprar lencería y la verdad estoy harta de decirle
lo que debe o no hacer para mantener su matrimonio─. Estaba ocupada, Pauline.
Lo siento.

─Lo entiendo.

Tomo una honda bocanada de aire, apretando los dedos de mis pies y mi iPhone
más fuertemente contra mi oreja, también cerrando con fuerza mis ojos entre sí,
antes de continuar.

─Para compensarte, hoy tengo la tarde libre y quería saber si podíamos ir de


compras. Necesito un conjunto especial para la próxima semana. ─Eso es cierto.
El lunes también me reuniré con el dueño del club al que fui anoche para hablar
de su nuevo bar deportivo─. ¿Me perdonas? ─insisto─. Invito yo.

Aunque se hace rogar en silencio por unos segundos más, cede.

─Sí. Estoy lista a las dos.

─Bien. Paso por ti a esa hora.


Sintiéndome como la peor arpía, cuelgo.

*****

Si soy honesta conmigo misma, a veces ni siquiera sé la razón por la que sigo
siendo amiga de Pauline. Es dulce y amable, como siempre, pero con el pasar
de los años esa dulzura y esa amabilidad se han transformado en un picor por
debajo de mi piel. A excepción de hoy, ya ni siquiera la llamo. Ella es quién me
llama para invitarme a las fiestas que organiza para Tanner, a las cuales tengo
que asistir porque es allí donde conozco a más de la mitad de mis clientes, o
para pedirme ayuda. Nada nunca es sobre nosotras dos. Él siempre tiene que
estar involucrado y no debido a mí. Esta sería la primera vez que saco provecho
de ello.

Cuando son la una y media me visto, tomando un sencillo vestido negro de mi


armario, un par de sandalias de tiras de terciopelo con tacón y un bolso de cuero.
A las dos en punto estoy estacionada frente a su casa en Travis Country. Su
chófer y mayordomo se encuentra lavando su Cadillac en el patio delantera de
esta, por lo que no me bajo de mi auto o llamo a Pauline para avisarle que estoy
aquí. Tampoco lo hago porque el hombre por alguna razón me odia.

Lo supe desde que una vez, cuando trabajaba en terminar la casa, derramó una
bandeja de jugo sobre mis notas. Intencionalmente, puesto que dijo haberse
tropezado con sus cordones cuando su jefe le pidió una explicación, lo cual no
pensó que sucedería, y en ese momento no traía zapatos con ellos. Tanner
amenazó con despedirlo, él también se dio cuenta, pero lo dejó pasar cuando le
dije que tenía copias en la oficina. Desde entonces ha sido reservado al respecto,
pero es más obvio que mi amor por su jefe.

─Justo a tiempo, Sav ─suelta Pauline mientras entra, una sonrisa en su rostro a
pesar de la evidente inflamación alrededor de sus ojos marrones─. He estado
esperando todo el día por ti. Las dos de la tarde no parecían llegar lo
suficientemente rápido.

─Qué dulce.

También le sonrío, pero la sonrisa muere cuando le echo un vistazo al ya estar


en la autopista. Parpadeo. Lleva una sudadera con capucha y un par de vaqueros
azules. Zapatillas. No está, en lo absoluto, vestida como usualmente se ve. Su
estilo no es precisamente el del centro comercial al que solemos ir de compras.
Hay tiendas costosas que afortunadamente puedo disfrutar debido a mi trabajo
y ella debido a Tanner. Pauline es insegura con respecto a la opinión de la gente
rica, puesto que a pesar de que sus padres son adinerados, es una chica de
campo, por lo que usualmente suele esforzarse el doble para encajar en su nuevo
círculo de amistades y conocidos desde que se casó. No entiendo qué hace
vestida así.

Al sentir mis ojos en ella, asciende su mirada a mí.

─Necesito un favor, Savannah.

Escuchar mi nombre completo salir de su boca enciende las alarmas en mi


cabeza. Ella casi nunca lo hace. No a menos de que se trate de un sermón o algo,
pero esta vez no se trata de ello. Tampoco luce como si fuera a pedirme escoger
lencería por ella.

─Sí ─respondo─. Dime.

─No puedo ir al centro comercial contigo. ─Mientras habla, las lágrimas se


deslizan por su rostro─. Necesito ir a esta dirección. ─Saca un papel del bolsillo
delantero de sus pantalones y me lo tiende. Me orillo en la vía y enciendo las
luces intermitentes para leerla. Queda en una zona no tan bonita de Austin─.
Por favor, Savannah, eres la única que puede ayudarme. Necesito ir allá y
Tanner no puede enterarse. Por favor.

─¿Por qué tienes que ir a este lugar?

─Te lo contaré cuando estemos allá ─solloza.

Tras mirarla por un momento, asumiendo que su esposo no está de acuerdo con
esto y él no es una opción, afirmo y pongo mi vehículo en marcha. Pauline luce
genuinamente desesperada. Su mirada se llena de alivio cuando afirmo y coloco
la dirección en el GPS.

******

Mi frente se arruga cuando nos detenemos frente una pequeña clínica junto a
una gasolinera. El estacionamiento está casi vacío, por lo que prácticamente me
estaciono frente a ella. Es rosa y de un solo piso. Adentro solo hay una sala de
espera y una recepcionista tras un mostrador a la cual Pauline le dice su nombre
cuando entramos. El sitio no es tan feo por dentro como por fuera.

─Pauline, ¿ya me dirás que hacemos aquí? ─le pregunto cuando se sienta junto
a mí, siendo nosotras las únicas dos personas a parte de la recepcionista, las
enfermeras y los doctores que se pasean de un lado a otro.

─Solo tomará un par de horas ─dice.

La preocupación me inunda.
─¿Estás enferma?

─No. Solo vine a cambiar mi DIU, pero tomará un par de horas.

Arrugo la frente.

─¿Por qué? Eres la única paciente que veo aquí.

Separa los labios para responder, pero una de las enfermeras se detiene frente a
nosotras. A diferencia de las enfermeras comunes, lleva una bata quirúrgica
sobre su uniforme.

─¿Pauline Reed? ─pregunta, a lo que la rubia asiente poniéndose de pie─.


Venga conmigo, por favor. ─Su frente se arruga al verme de pie─. ¿Su
acompañante entrará con usted?

Ella niega.

─No. ─Me mira─. Savannah, espérame aquí, por favor.

Aunque quiero protestar, Pauline se ve realmente mal, la mirada que me ofrece


la enfermera me hace saber que a menos que ella lo quiera, no soy bienvenida.
Observo mientras se da la vuelta y desaparece con ella en un pasillo de puertas
metálicas. Mi miedo crece cuando un par de mujeres, una joven y alguien que
luce como su madre, se sientan cerca de mí. La mayor de ellas me ve y sonríe
con tristeza mientras abraza a la que supongo que es su hija, puesto que
comparten el mismo cabello rojo y facciones.
─No puedo permitir que esto arruine su vida.

─¿Esto? ─pregunto.

Ella afirma.

─El embrión. ─Besa la cima de la cabeza de la chica─. Tiene tantos sueños que
cumplir. Es una lástima que nadie a parte de nosotras lo entienda. Mi hija no
está preparada para ser madre.

Casi me olvido de respirar.

Retrocedo.

─Yo... ─susurro─. Suerte.

Antes de sucumbir al pánico, me acerco al mostrador. La chica con gafas tras él


me ofrece una sonrisa amigable y cálida.

─¿En qué puedo ayudarte?

─Me gustaría saber si hay algún médico aquí que pudiera ayudarme con mi
control de natalidad. ─Su boca se abre, pero la interrumpo para ser más
específica─. Antes de estar embarazada.

Viéndose confundida, niega.


─No, lo siento, aquí solo trabajamos después de que sucede.

Afirmo. Mientras me doy la vuelta tomo mi teléfono de bolso y lo golpeo varias


veces contra mi palma, debatiéndome si debería o no llamar a Tanner, la única
persona a parte de Pauline a la que le concierne este asunto. ¿Pero el hecho de
que no esté aquí significa que no la apoya? Aún si estuviera en contra, ¿ella lo
obedecería si le dijera que no lo hiciera?

Me hundo en la silla.

¿Esto es lo que los separó?

Debido a mi manera de pensar y a mi personalidad, no estoy en contra del


aborto, pero no sabía que ellos recurrirían a él. No lucían molestos de tener un
bebé cuando me hicieron hacer tres habitaciones en su casa para sus futuros
hijos. Mis manos empiezan a temblar mientras busco su número, me salgo de
contactos y nuevamente lo vuelvo a buscar. Lo que me obliga a llamarlo es el
hecho de no querer más secretos de este tipo en mi vida. Ya el que tengo me
destruye a diario desde hace cinco años. Él responde justo cuando pensé que mi
llamada iría al buzón de voz, el alivio de no traicionar a Pauline deshaciéndose
y el alivio de no cargar con esto sobre mis hombros llegando.

─¿Sí?

─Tanner ─susurro, mi voz sonando tan desesperada como me siento─. Pauline


me pidió que la trajera a una clínica. Yo... yo no sabía qué tipo de clínica era y
no... no sé qué hacer. Esto es algo que ella nunca haría. De verdad no sé qué
hacer. ¿Y si algo malo le sucede? ¿Qué hago? Es mi responsabilidad. Yo la
traje.
Confirmo su conocimiento sobre esto cuando me responde sin preguntarme de
qué demonios estoy hablando.

─Déjala. Es su maldito cuerpo. La opinión de un hombre no importa en esta


mierda ─sisea con lo que reconozco como ira, pero un nivel de ira que jamás
había oído en su voz, una ira asesina que me estremece─. Y no te preocupes
tanto por ella, Savannah, no es como si fuera la primera maldita vez.

Sin decir nada más, cuelga.

Tras guardar mi teléfono de regreso en el bolso, me levanto con piernas


temblorosas, deseando que Pauline al menos me hubiera contado lo que
pretendía hacer cuando llegamos, así podría enviarla al infierno de una vez. No
por ella, sino por arrastrarme a esta posición. Aun así, a lo mucho que estoy
odiándola en estos momentos, me acerco nuevamente a la chica del mostrador.

─Mi amiga me trajo aquí sin decirme qué iba a hacer ─susurro, lo que hace que
su expresión molesta por ser nuevamente interrumpida se desvanezca─. Acabo
de enterarme y necesito acompañarla. Por favor. Ella... no quería decirme, pero
ya lo sé y no puedo dejarla sola. Se alegrará de verme. Lo juro.

Tras dudar por un momento, se levanta y me hace una seña para que la siga por
el mismo pasillo por el que desapareció Pauline hace unos minutos. Me hace
entrar en un traje similar a la enfermera antes de dejarme pasar a la sala en la
que Pauline se encuentra acostada con un cabestrillo ginecológico separando
sus piernas. Sin hacer ningún tipo de preguntas, me siento junto a ella y tomo
su mano, lo que hace que sus ojos cerrados se abran. La culpa me invade, ¿cómo
no pude darme cuenta?

Al verme, Pauline sonríe de la misma manera que lo hizo en el auto.


Desolada. Nerviosa. Asustada.

Poco a poco, también le sonrío.

Y aquí, en este frío cuarto lleno de personal médico, por la hora que dura el
procedimiento, sea cuales sean sus razones para hacerlo, que sé que no son
superficiales porque Pauline se moría por tener hijos, volvemos a ser las chicas
que éramos durante las primeras dos semanas de nuestro primer semestre. No
hay ningún hombre interponiéndose entre nosotras. Solo somos ella y yo.
Capítulo 9
Mi nuevo dormitorio no es tan malo. Después de organizar mis cosas y hacerle
una limpieza, dejó de lucir como el viejo depósito de un cementerio. Anahí
tampoco resultó ser tan mala como pensé que sería. Hans se quedó luego de
que Tanner se fue para presentarnos. Ambos son estudiantes del programa de
biología marina, pero Anahí también es jugadora de voleibol. Con su cabello
rojo, ojos verdes y hermosa figura, es la típica chica mala y superficial
acostumbrada a tener lo que quiera cuando quiera. Es el tipo de persona a la
que estoy acostumbrada y que sé manejar, por lo que empecé nuestra relación
de compañeras de dormitorio regalándole un suéter dorado de lentejuelas que
todavía tenía su etiqueta. Por la sonrisa que eso trajo a su rostro fruncido ante
mi presencia, fue un excelente movimiento.

Nos entendimos al instante.

A cambio de mi presente, no se molestó cuando arrastré mi escritorio al balcón.


Anahí no pasa mucho tiempo en nuestro dormitorio debido a sus clases de
voleibol, por lo que por lo general tengo el silencio y el espacio que necesito
hasta avanzadas horas de la noche. También sale mucho con su novio, casi
como Pauline, quién es miembro del equipo de fútbol americano de la
universidad, por lo que en ocasiones ni siquiera llega. A diferencia de mi
anterior compañera, Anahí nunca lo trae aquí. Sé quién es él, Gordon, debido
a que Tanner nos invitaba y arrastraba a las fiestas del equipo, pero
afortunadamente nunca tonteé con él en ninguna fiesta.

Eso habría sido un poco bastante desagradable y repetitivo.


Mi frente se arruga mientras termino mis bocetos para un nuevo concurso. El
modelo de un nuevo edificio de ciencias para la Universidad de Texas. La
escuela de arquitectura abrió un certamen para elegirlo entre los estudiantes.
He ganado varios tanto de la universidad como de afuera, pero si gano este
sería la entrada perfecta a mi carrera como arquitecto. Me gusta la decoración
de interiores, encajo bien en ella, pero mi verdadero sueño es dejar mi huella
en la historia formando parte de la creación de edificios emblemáticos. Sueño
con que un día una familia vaya en su auto por las calles de una ciudad y el
hijo pequeño presione su mano contra el cristal, sus labios entreabiertos con
asombro, mientras mira mis planos hechos realidad. Él le preguntaría a su
madre por él y ella mencionaría mi nombre, puesto que lo que pasé horas
dibujando, o en ocasiones minutos, dependiendo de la inspiración, resultó
trascendental.

Quizás es narcisista, pero es lo que quiero.

Aunque antes lo hacía, pensando que era superficial y tonto, ahora no me siento
mal al respecto. He pasado mucho tiempo sintiéndome mal por mis deseos y he
descubierto que no tiene sentido hacerlo cuando no estás dispuesta a
cambiarlos. En lo que termino de trazar mi última línea de hoy, mis dedos
temblando debido a que he pasado todo el día haciendo borradores, por fin me
encuentro satisfecha con el resultado. Estamos en el estado del fútbol, mi
universidad es una universidad del fútbol, así que me inspiré en los Longhorns,
el equipo al que veo trabajar todos los días en el campo durante mis pausas.
Dibujé dos torres inclinadas de cristal con la forma de cuernos, conectadas por
un edificio horizontal a la lejanía, pero sobresaliente hacia adelante cuando te
acercas. Es perfecto para dejar una huella y encontré la forma de hacerlo lucir
estéticamente hermoso. Las personas no solo dirían que es impresionante, sino
que se sentirían orgullosos.
Yo me siento orgullosa de él.

Tras observarlo un poco más, deslizo el papel entre mis dedos y lo dejo sobre
mi escritorio lleno de hojas hechas bola y materiales de dibujo. Ahora que
tengo mi idea lista, es el momento de pasar a los planos y de preparar una
maqueta, pero mis manos no pueden permitirse a sí mismas continuar, puesto
que mis dedos arden y tiemblan por el esfuerzo. Tras soltar un suspiro, cedo a
la tentación y me asomo en la ventana de mi dormitorio.

Desde hace media hora he escuchado el revuelo de los estudiantes agrupándose


en el campo de fútbol, pero el partido no ha empezado. Aun así están todos,
menos los jugadores, presentes en el campo. La noticia ha sido bombeada en
mis oídos a lo largo del día, así que sé que se enfrentan a los Houston Cougars,
el equipo de fútbol al que apoyaría de haberme quedado en casa para estudiar.
Al que de no ser por Tanner, la verdad, continuaría apoyando. Mis labios se
curvan en una sonrisa cuando una idea divertida pasa por mi mente. No tengo
ganas de quedarme en casa, pero tampoco tengo ganas de verlo. Si los Cougars
ganan o no, probablemente harán una fiesta o asistirán una diferente a la del
grupo de Tanner. Me gustaría estar ahí. Quizás hacer nuevos amigos con raíces
en mi ciudad natal.

Siempre he ido a los partidos de fútbol de mi universidad vistiendo de naranja,


marrón o blanco y haciendo diferentes combinaciones entre ellos, pero esta vez
tomo un top blanco sin mangas y un pantalón alto y suelto color rojo. Hurgo
entre mis pertenencias hasta encontrar un sombrero de vaquero color sangre
con un adorno dorado y con forma de estrella en el centro. Lo conseguí en un
rodeo en toples en una fiesta. Los tacones están descartados, por lo que tomo
un par de botas marrones y puntiagudas de cuero que son requisito en el
armario de toda chica texana. Una vez estoy vestida, hago mi maquillaje con
puntitos de brillo dorado en mis párpados y alrededor de mis ojos. Convierto
una cadena en un arnés alrededor de mis pechos. Ya que hace frío, me cubro
parcialmente con un abrigo rojo sin abrochar, por lo que mi abdomen continúa
visible. Por último, ondulo las puntas de mi cabello y me limito a tomar mis
llaves y mi celular.

Esta noche, así me consiga a Tanner de frente, la pasaré bien.

*****

Las gradas para los Cougars no están tan llenas. En su mayoría se encuentran
en ella estudiantes que apoyan a los Longhorns, pero no son lo suficientemente
fanáticos como para ver el juego de pie o arrojarse al suelo en lugar de sentarse
con el enemigo. Es un partido amistoso para recaudar fondos para los
orfanatos de Austin, por lo que están vendiendo entradas para acceder al
campo y recibiendo donaciones, pero eso no parece importarle a nadie. La
rivalidad entre los Cougars y los Longhorns sigue ahí.

Son dos son buenos equipos de la primera división de la NCAA, la liga


universitaria del país. Los jugadores ya se encuentran en el campo para el
momento en el que me siento en primera fila con un refresco de lata y un hot
dog con mostaza en la mano. Mientras mastico, mi mirada se dirige al equipo
de blanco y rojo en lugar de al que usualmente miraría: el de uniforme naranja.
A pesar de que estoy yendo en contra del noventa por ciento de los presentes,
siento algunos ojos hambrientos en mí cuando el partido empieza y me levanto
para gritar tan fuerte como mis cuerdas vocales y los músculos de mi garganta
me lo permiten, mi hot dog y mi refresco de uva todavía manteniendo mis manos
ocupadas.

─¡Vamos, Cougars!
Aunque recibo abucheos, me divierto cuando uno de los integrantes del equipo
de fútbol me nota y después de unos segundos de recorrerme con la mirada, me
lanza un beso con su mano enguantada. No puedo evitar soltar una tonta risita
nerviosa tras ello, puesto que ese gesto hace que me convierta en la chica del
equipo contrario. En casi la traidora de mis propios planos.

Se siente bien.

─¿Me ayudas a sostener esto? ─pregunta una chica rubia que baja algunos
escalones hasta detenerse junto a mí con una pancarta, la cual viste un par de
sencillos vaqueros y un suéter de lana rojo, anteojos cubriendo sus ojos─. Mi
mejor amiga no pudo venir y si me escondo tras ella no sería lo mismo para
Marcus. Mi chico necesita verme para concentrarse. ─Aunque no necesitaba
darme un argumento para que lo hiciera, su explicación es tan adorable que
me siento bien por formar parte de un gesto tan lindo en el momento en el que
tomo mi extremo de la pancarta. Me sonríe ampliamente─. Gracias. Me llamo
Abigail y de no ser porque esto es por una buena causa, odiaría estar aquí. Es
completamente injusto que tengan que ser sometidos a tanta presión, pero
supongo que eso es lo que será para ellos una vez sean reclutados por un equipo
fuera de la NCAA y jueguen lejos de casa. ─Se encoje de hombros─. Pero lo
odio mucho. Marcus es sensible a la opinión de los demás. Se debe esforzar el
doble en partidos así. ─Hace una mueca─. Nunca pensé que diría esto, pero
realmente extraño al equipo de animadoras.

Aunque no parece una chica de fútbol, sino más bien una chica de biblioteca,
mis labios genuinamente se curvan hacia arriba, puesto que encuentro
interesante a las personas que desafían las etiquetas. Es como si a pesar de que
prefiriera pasar sus tardes leyendo romances, se haya aprendido a la
perfección cada posición, estrategia y normativa de las ligas de fútbol
americano y estuviera constantemente revisando los portales de noticias
deportivas por él. Al instante me siento identificada con ella. Eso es lo que yo
haría, ya hice, por un tiempo, pero ya no, por la persona que quiero.

─¿Cuál es Marcus? ─le pregunto.

─Es un corredor ─responde mientras suelta un chillido de emoción, ya el


partido ha empezado, gotas de sudor deslizándose por su frente a medida que
corre el reloj.

Siguiendo la dirección de su dedo, visualizo la sección opuesta del campus de


a dónde suele encontrarse Tanner, puesto que él está en la línea ofensiva de su
equipo. Por fortuna estamos más cerca de los Cougars ofensivos que de los
Longhorns ofensivos, por lo que no tengo que verlo en ningún momento.
Identifico a Marcus y asiento hacia Abigail hasta que baja el dedo, él es un
chico alto y más atlético que robusto, pero luego mis ojos se dirigen al mariscal
de campo, al quarterback, de los Cougars. Es el mismo que me lanzó un beso.
Cuando después de unos minutos de jugadas, la mayoría de ellas a favor del
equipo de Austin, por fin el balón llega a sus manos, Abigail y yo volvemos a
levantarnos y armamos un alboroto con las demás novias de los jugadores. El
tipo es casi de la misma contextura de Tanner. También igual de ágil. Antes de
hacer la jugada me apunta con su dedo, dedicándome el pase perfecto. Abby y
yo celebramos cuando el balón llega exitosamente a las manos de Marcus y
este corre con fuerza hacia la línea de marcación, haciendo una anotación que
deja todo el campo en silencio a excepción de 'nosotras. Su primer punto a
favor. Dedicado a mí. Grito mientras la cartulina se dobla entre nosotras.
Todos nos odian en este momento y ese odio me encanta. Acelera mi corazón y
me hace sonreír ampliamente.

─Johnson te tiene en la mira ─comenta Abigail con una risita─. Es un buen


chico. ─Pone los ojos en blanco─. Mujeriego, pero un buen chico. Es dulce con
su madre, así que cuando alguien finalmente conquiste su corazón, será un
buen partido.
No estoy buscando una relación en este momento, no cuando mi corazón aún
es un desastre, pero debido a la emoción no puedo evitar que las comisuras de
mis labios tiemblen mientras asiento. Después de la jugada de Johnson y
Marcus, el partido cambia. Los Cougars emparejan en el marcador con
algunos touchdowns del mariscal de campo, todos nuevamente dedicados a mí.
Casi me desmayo cuando ponen mi cara y la de Abby en la pantalla de
marcación después de que Johnson anota y nuevamente cuando me señala antes
de la siguiente jugada.

Y aunque es un excelente jugador, el cambio en la puntuación del partido no


solo se debe a él. Tanner, por primera vez desde que empezó a jugar para los
Longhorns, ha dejado pasar varios pases y perdido múltiples anotaciones, lo
que tiene a su bancada confundida. Él nunca falla. Nunca se equivoca. Es un
dios del fútbol americano. Aunque una parte de mí está feliz por eso, no puedo
evitar sentirme preocupada por él. No está siendo él mismo esta noche.

El balón prácticamente se desliza de sus dedos.

Me fuerzo a dejar ese sentimiento de lado cuando, tras el medio tiempo,


Johnson me señala nuevamente antes de hacer el touchdown que lleva el
marcador treinta y tres a veintiocho a favor del equipo de Austin. Abby y yo nos
abrazamos esta vez, lo que ocasiona que se derrame el contenido de nuestras
cervezas mientras saltamos y que nos llenemos de ella, pero no importa.

Los Cougars van ganando.

Y ganan.

Aplastante y en contra de todo pronóstico, con todas las personas a su


alrededor odiándolos y abucheándolos, lo hacen.
Y sin poder evitarlo, mis ojos se dirigen a Tanner al otro lado del campo. Él se
quita el casco. Tras arrojarlo sobre el césped, despeina su cabello casi con
desesperación. Pauline lo alcanza y le dice cosas, cubierta con su camisa de
los Longhorns, pero él niega y sigue a sus compañeros hacia los vestuarios.
Abigail corre con la pancarta hasta alcanzar a Marcus en medio del campo y
saltar a sus brazos, él sosteniéndola mientras giran, por lo que a los segundos
de la victoria me encuentro sola. Con las manos metidas en los bolsillos, me
dirijo a la salida que lleva prácticamente a mi edificio, pero es una de las menos
concurridas. Aunque varios chicos de ambos equipos me invitan a continuar
disfrutando de la noche con ellos, me niego cuando me entero de que por alguna
razón ambos equipos planean festejar junto al comité de recaudación de las
donaciones en la fraternidad de Tanner. Ahora que no tengo por qué
soportarlos a él y a Pauline, no lo escogeré voluntariamente. Aunque todavía
duele, la verdad es que soy más feliz siendo libre de ellos. Quiero ir a casa y
dormir.

Mientras camino hacia mi portal, sin embargo, una mano alcanza la mía y me
obliga a darme la vuelta con un estremecimiento. Las personas transitan por la
calle del campus frente a mí, pero ninguno de ellos está prestándonos atención.
Él ya no trae el uniforme del equipo, sino un par de vaqueros oscuros y un
sencillo polo azul, colores que solo hacen que su palidez fantasmal destaque.
Con las llaves en la mano, arrugo la frente cuando extiende su brazo para tocar
mi sombrero con una sonrisa cínica.

─Me alegra que por fin te hayas dado cuenta de lo que somos.

Enemigos.

Tras hacer una mueca, suelto un suspiro mientras me cruzo de brazos. Esto es
incómodo, molesto e innecesario para ambos. Él lo debe saber, pero por alguna
razón está aquí, fastidiándome. Después de nuestra última conversación no
tenía pensado volverle a hablar en la vida, pero aquí está, arruinando mi voto.

─¿Por qué estás aquí, Tanner?

Mi pregunta trae una contracción a su rostro, pero eventualmente sus labios se


curvan hacia arriba de nuevo.

─Hay una fiesta esta noche y Pauline me pidió que te invitara ─responde, su
nuez moviéndose cuando toma una pausa entre sus palabras─. Ya que al
parecer estás ignorándola.

Al igual que él las tiene en los de sus vaqueros, meto mis manos en los bolsillos
de mi abrigo. La noche era fría y acogedora, perfecta para un chocolate
caliente, Netflix y porno, hasta Tanner.

─¿Qué le hizo pensar a Pauline que el que vinieras aquí cambiaría mi opinión
sobre reunirme con ella o ir a la fiesta?

Las palabras salen de mi boca sin que realmente piense en ellas, pero cuando
me escucho a mí misma me doy cuenta de que es una pregunta interesante.
Aunque nos soportábamos a su alrededor, no éramos precisamente amigos.
Nunca podría ser amiga de alguien como él. No cuando lo deseo y estoy segura
de que sería horrible como un amigo, puesto que lo único que puede aportar
son un sentido del humor oscuro, detalles sobre fútbol y cerveza.

No tendría sentido ser su amiga.

Tanner se encoje de hombros mientras se acerca, a lo que retrocedo


sosteniendo las llaves sobre mi pecho como si fuera un crucifijo. Él es el
demonio. Yo soy una chica de Iglesia que ha cometido muchos pecados y debe
exorcizarse, pero el pastor está demasiado ocupado atendiendo el resto de su
rebaño como para atenderme.

Trago cuando sus ojos negros se enfocan en los míos.

─Sabe que soy persuasivo ─responde en voz baja, pero audible, inclinándose
sobre mí mientras relame sus labios. Un destello de una emoción desagradable
pasa por sus ojos antes de que hable, pero desaparece cuando lo hace─. Y
Johnson va a estar ahí.

─¿Él te pidió que vinieras por mí?

Lentamente, Tanner asiente.

─Vio a Pauline ir tras de ti cuando te fuiste, pero ella no te alcanzó, así que me
preguntó por ti. Ambos te quieren en la fiesta, Savannah. Vamos.

─¿Johnson es el mariscal del otro equipo? ─pregunto aunque ya sé la


respuesta, siguiendo una estúpida corazonada.

La mandíbula de Tanner se aprieta.

─No finjas que no sabes quién es ─gruñe─. Porque ustedes dos hicieron un
maldito espectáculo en el campo. Todo el mundo esperaba el momento en el
que el imbécil de Houston se pusiera de rodillas en medio del juego y te pidiera
matrimonio.

Mis labios se curvan lentamente hacia arriba.


Nuevamente, su ego está herido porque perdió.

Lo detesta.

Probablemente también detesta mi ropa a juego con Johnson.

Tanner trata de no mirarme, pero lo hace cuando me cruzo de brazos, trayendo


su atención a mi busto. No llevo sostén. Solo un top y las cadenas doradas
delineando el contorno de mis atributos. Aunque la ame, lo está enloqueciendo
no ver más de mí. Eso me gusta y ambos lo sabemos, pero yo tuve la decencia
de alejarme.

¿Por qué está él aquí entonces?

─Entonces... ¿crees que él esté interesado en mí? ─pregunto.

Traga, sus ojos viajando entre mi cuello y mi escote.

Mis pezones se endurecen al sentir su mirada y al recordar la escena del baño


en la playa. Cómo dijo mi nombre mientras se venía sobre las baldosas y yo me
masturbaba en el pasillo viéndolo. Si me hubiera dejado, lo habríamos pasado
mejor.

Mucho mejor de lo que la pasó con Pauline o yo con West.

─No creo ─responde de manera cortante─. Lo sé.


─Es un buen jugador ─prosigo, mi voz suave.

Tanner afirma, aún bajo el hechizo de mis tetas.

─Sí, es bueno.

─Y te ganó hoy.

Cuando las palabras salen de mi boca, el influjo se rompe. Para entonces mi


espalda se encuentra presionada junto a la pared al lado de las puertas de
cristal de mi edificio. Tanner golpea la palma de su mano sobre el concreto
encima de mi cabeza antes de alejarse con una mueca, su espalda tensa y su
expresión sumamente molesta. Probablemente nadie se lo ha dicho en la vida,
pero podría morir de un infarto antes de lo previsto si no controla su ira.

─No estoy de ánimos para esto, Savannah. ─Se da la vuelta y empieza a


caminar hacia la calle, dónde veo su Ford Raptor negra aparcada en la
entrada. Justo sobre la zona de no estacionar y obstaculizando la rampa de
discapacitados, los cuales he notado que hay muchos debido a la cercanía con
el campus. Pauline no lo acompaña─. Ven si quieres venir. Si no... bueno. ─Me
mira por encima de su hombro─. Váyanse Pauline, Johnson y tú a la mierda.
No me importa.
Capítulo 10
Pauline y yo no hablamos durante el procedimiento. Tampoco lo hacemos
después de que un médico le da las indicaciones de mantenerse en casa, con
alguien cuidando de ella, y algunos suplementos vitamínicos y de hierro.
Entramos en mi auto en silencio. Aunque estoy molesta con ella por arrastrarme
a esta situación tan incómoda sin mi consentimiento y sin previo aviso, puesto
que Pauline necesitaba que alguien estuviera con ella durante el procedimiento
para poder realizárselo, un requisito imprescindible de la clínica en el caso de
presentarse alguna emergencia, la profunda tristeza en sus ojos marrones y las
gruesas lagrimas deslizándose por sus mejillas no me lo permiten, lo que
confirma mi idea de que sus razones para haber hecho esto son realmente serias.
Ella no está aquí, conmigo, justo ahora.

Tras unos segundos en los que ninguna de las dos hace o dice nada,
limitándonos a contemplar los deteriorados edificios del otro lado de la calle,
enciendo el motor y nos pongo en marcha.

*****

No había manera alguna en la que la llevara a mi casa, no cuando el aroma de


su esposo puede continuar en mis sábanas, por lo que me dirijo a un bonito hotel
en el centro de Austin. Dejarla en un sitio en el que esté Tanner suena como una
acción casi inhumana ahora mismo. Su rostro se llena de alivio cuando me ve
entrar en el estacionamiento subterráneo del lugar, por lo que continúo adelante
con mi decisión entregándole mi tarjeta de crédito a la recepcionista. Nos
asignan una bonita suite de paredes tapizadas en flores y cama de sábanas de
seda gris en uno de los niveles superiores. Pauline se dirige al baño a penas
entramos, encerrándose en él, y abre la ducha, por lo que tomo las llaves y
vuelvo a bajar para dirigirme a la boutique que vi al llegar. Tomo un par de
pijamas para ambas, ropa interior, pantuflas y un cambio de ropa para mañana,
orgullosa conmigo misma de recordar su talla. También chocolates, una botella
de vodka y velas aromáticas de vainilla. Un encendedor. Tras pagar me acerco
a la recepción y pido una pizza extra grande, lo único que solíamos comer en la
universidad. Ya en la habitación sus ojos hinchados por el llanto se entrecierran
cuando me sonríe al tenderle su bolsa con ropa. La toma sin que tenga que
insistir.

─Gracias ─susurra a la vez que aprieta la toalla blanca del hotel contra su
cuerpo, muerta del frío, a lo que ajusto la calefacción.

─No hay de qué. ─Mientras Pauline se cambia, rodeo las dos camas
matrimoniales de velas y las enciendo. Una vez la vainilla llena mi nariz, me
siento mejor. Espero que Pauline también. Abro un paquete de chocolates con
galleta dentro y se lo acerco tras llevar una de las bolitas a mi boca─. Vamos.
Te hará sentir mejor.

Ella, sentada en el borde de su colchón, mira hacia sus manos en lugar de a mí.
Bajo la bolsa cuando me doy cuenta de que no la tomará. Sus hombros están a
un segundo de sacudirse. Quiere llorar otra vez. Me siento a su lado y me limito
a contemplar la vista de Austin que ofrece el ventanal de nuestra suite en un
piso treinta, puesto que no tengo nada que decirle ya que nunca he atravesado
una situación similar ni espero hacerlo. Lo que está ante nosotras es
impresionante. Con las cortinas corridas somos capaces de ver el atardecer
desaparecer entre los edificios.
─Ni siquiera sé cómo puedes verme ─dice─. Soy una terrible persona. ─Gira
lentamente su rostro hacia mí─. Merezco ir al infierno por lo que hice,
Savannah, porque no... no me arrepiento.

─Serías una terrible persona si no tuvieras buenas razones para haberlo hecho
─respondo mientras quito un mechón de cabello rubio y empapado de su
frente─. Y sé que las tienes, Pauline.

Su barbilla tiembla.

─Todavía así seguí tomando una decisión que solo le corresponde a Dios
─replica─. Si mis padres alguna vez se enteran, si la gente a la que quiero lo
hace, se decepcionarán de mí. No es así como fui criada. ─Traga
audiblemente─. Pero no podía pasar por lo mismo por lo que ellos pasaron.
Tanner no lo entiende, pero yo sí. No puedo ver como alguien que amo se
desvanece otra vez ante mis ojos. No de nuevo. ─Hace una pausa en la que toma
una honda bocanada de aire─. Tanto mis padres como yo somos portadores del
gen de fibrosis quística, pero mi hermana menor la padece. Ella está muriendo.
Es la razón por la que no nos fuimos a vivir cerca de ellos cuando terminé la
universidad. Por la que al final nos quedamos aquí. No soporto la idea de ver
cada día cómo se va. Ya es lo suficientemente malo cuando los visito. Nunca
he sido buena ocultando el dolor que su enfermedad me produce y eso solo lo
hace peor para ella y para su condición. ─Mi corazón se aprieta con fuerza
dentro de mi pecho. Sabía que Pauline tenía una hermana en casa, que su salud
era delicada, pero no que estuviera muriendo. El que no lo supiera solo es una
evidencia más de que sea lo que seamos ahora, no somos amigas. Pero tampoco
puedo dejarla sola─. Nunca quise contarte porque estaba feliz de haber obtenido
una vida libre de tragedia y drama. Lo siento. ─Niego, restándole importancia
al asunto. Nuevamente respira con profundidad, sus parpados presionándose
con fuerza contra sí mismos, sus pestañas mojadas, antes de continuar─. Tanner
también es portador y ya nos hemos hecho estudios que dicen que las
posibilidades de que nuestro hijo nazca con fibrosis son altas. Desde entonces
estoy en control de la natalidad, acordamos que lo mejor para nosotros es
adoptar, pero esta es la segunda vez que mi método anticonceptivo falla. No
sabes lo horrible que es no poder darle lo que más quieres a la persona que amas.
Oírla rogarte que no lo hagas, que asumirá el reto, pero él no sabe lo que es
realmente el reto. Su corazón se romperá en el momento en el que lo entienda.
Yo no quiero que pase. Si tengo que quedar como la mala para impedirlo, lo
haré. No quiero que ninguno de los dos pase por eso. No puedo ver esto
rompernos.

─Pauline... ─susurro, sin palabras.

Cuando habla otra vez, lo hace entre sollozos.

─No quiero vivir más tiempo que mis hijos, Savannah. No quiero verlos sufrir
y no poder hacer nada por calmar su dolor. No quiero no poder verlos a los ojos
y decirles que todo estará bien cuando ellos saben que no lo estará. No quiero
no poder ayudarlos. No quiero lidiar con ello. Una parte de mí se arrepiente de
habernos sometido al test genético, pero la otra, la mayor parte, está tan
agradecida y aliviada. ─Se estremece violentamente, inclinándose sobre mí y
pidiéndome a gritos un abrazo. La complazco─. ¿Por qué Dios predispone que
las cosas pasen así? ¿Por qué hizo que tuviera que enamorarme de mi mayor
miedo? Eso es cruel.

Suelto un suspiro mientras deslizo mis dedos por su cabello.

Mi corazón duele por Pauline.


Pero, sobre todo, me duele por Tanner.

Porque ahora entiendo qué lo destruyó.

─Quizás para que lo venzas, Pauline ─le respondo. Aunque no rezo todos los
días, hay algo de fe en mí. Creo en el cielo y en el infierno, pero también en que
probablemente iré al último por sentirme como me siento en este momento─.
Quizás él puso esto en tu camino para que pierdas el miedo.

*****

Al día siguiente me despierto en la habitación de hotel con la resaca más grande


jamás registrada por el hombre. Después de que Pauline terminó de
desahogarse, comimos pizza y bebimos vodka hasta desmayarnos, en su caso
contraindicado debido a los acontecimientos. La verdad es que ambas teníamos
el alma en fuego por el mismo motivo, pero Pauline no lo sabía.

No he dejado de pensar en su esposo llorando en mi baño.

En el hecho de que los dos tienen motivos para estar desechos.

En que no es mi asunto.

Pero ambos me involucraron.

Y ahora me doy cuenta de que no he sido la amiga de Pauline durante todos


estos años, ni alguien que solo está enamorada de Tanner, sino un extra en su
relación. Alguien que siempre estuvo ahí para ambos. A la que ninguno de los
dos deja entrar por completo, pero tampoco dejan alejarse. Nunca me
permitieron continuar sin ellos, siempre necesitándome. Necesitándome para
preparar su boda. Necesitándome para crear su hogar. Necesitándome para
comprar las sabanas de su cama. Necesitándome, sobre todo, para guardar sus
oscuros secretos.

No soy la amiga de ninguno, pero por alguna razón me necesitan.

─Pauline ─susurro mientras toco la puerta del baño, ya vestida con un par de
jeans, botas de cuero y un suéter blanco de lana. No estoy de ánimos para nada
más. Del otro lado la escucho susurrar cosas, probablemente a su teléfono, pero
no entiendo ninguna de ellas debido a lo bajo que habla─. ¿Estás lista?

─Solo un minuto.

Tras soltar un suspiro, me doy la vuelta y regreso a asegurarme de que hayamos


tomado todas nuestras pertenecías de la habitación. Aunque mis ojos no están
tan hinchados como los suyos, cuando me veo frente al espejo noto que de igual
manera es evidente que la situación me afectó debido a que ahora sé cómo ella
lo hirió, pero también qué la hirió para llevarla a hacerlo. Mentiría si me dijera
a mí misma que me importa más Pauline de lo que me importa su esposo, pero
aun así no quiero estar triste.

No quiero lamentar una pérdida que no es mía.

Ahora mismo estar con los dos me pondría justo así, por lo que debo
mantenerme alejada de ambos. Renunciar a mi trato con Tanner. Enfrascarme
en mis otros proyectos. Aunque ni la suma de lo que obtendré por completar
todos ellos me dará la mitad de la mitad de lo que necesito para comprar el
terreno que quiero en Travis Country, ahora mismo no soporto la idea de estar
a su lado.
No sin sucumbir a consolarlo.

No sin caer.

─¿Pauline? ─pregunto nuevamente, esta vez con más insistencia, a lo que ella
abre la puerta usando un suéter de lana, como el mío, pero color rosa suave y
vaqueros blancos, los zapatos del día anterior en sus pies─. ¿Estás bien?
¿Tomaste los suplementos?

Ella afirma mientras me rodea para alcanzar la cama y tomar sus cosas. Se ve
cabizbaja, pero todavía capaz de mantenerse en pie. Nuevamente el silencio nos
envuelve mientras dejamos la llave en la recepción y nos acercamos al
restaurant para desayunar. Es cuando ambas hacemos nuestro pedido, un café y
un pastelito para ella y un sándwich de pollo y jugo de naranja para mí, que
finalmente se dirige a mí. No puedo identificar y mucho menos encontrarle
sentido a todas las emociones en su rostro.

Este es un coctel de ellas.

Tristeza. Pérdida. Enojo.

Confusión.

─Necesito otro favor, Savannah. ─Mis cejas se alzan, a lo que sus mejillas se
llenan de color─. Esta vez te diré qué es ─susurra, al menos teniendo la decencia
de verse avergonzada. No me molesta lo que ha hecho, no por mí, sino que me
haya arrastrado allí sin mi consentimiento. Leyendo mis pensamientos en la
expresión de mi rostro, deja escapar un suave suspiro─. Sobre usarte y mentirte
para llevarte a la clínica, por cierto, lo siento. Eras mi única opción. No conozco
a nadie más que no iría directamente a llamar a Tanner a penas se enterase.
─Esta vez son mis mejillas las que se sonrojan, lo cual oculto con mi cabello al
asentir, pero no porque sienta vergüenza de mi decisión, sino por el hecho de a
dónde claramente se encuentran mis lealtades. Estaba asustada. Actué de la
mejor manera que pude en el momento. Si algo le hubiera sucedido a Pauline,
no habría sabido qué hacer─. De verdad lo siento, Savannah. Te hubiera dicho
si no existiera la posibilidad de que me rechazaras y estaba desesperada.

No lo hubiera hecho.

Si hubiera sabido, le habría dicho que no.

Porque habría deducido que eso lo dañaría.

Porque no es un peso que quería sobre mis hombros.

─Te perdono ─murmuro antes del momento en el que nuestro desayuno es


puesto sobre nuestra mesa. Cuando el mesero vuelve a irse, prosigo─. ¿Qué es
ese favor, Pauline?

─Necesito ir a otro lugar ─responde─. A la estación de trenes.

Mis cejas se juntas.

─¿Irás a visitar a tus padres?

Pauline niega.
─Aunque no nos mudamos, Tanner compró un rancho en Lubbock. ─Lubbock
es el nombre del pueblo del que Pauline proviene. Su familia tiene grandes
cultivos de algodón en él. Tanner lo odia debido a lo lejos que se encuentra del
mar y de la frontera, por lo tanto, de su negocio, pero estaba dispuesto a irse ahí
por ella─. Necesito un tiempo para mí. No estoy lista para enfrentarlo. ─Su
mirada se vuelve triste─. ¿Cuento contigo, Sav?

Afirmo.

─Siempre y cuando no sea la única que sepa que estás ahí, sí. No quiero tener
que quedarme callada mientras todos piensan que desapareciste. ─Hago una
mueca mientras ríe─. No es gracioso.

De verdad no lo es.

Al ver la seriedad en mi rostro, asiente.

─Está bien, se lo diré a mis padres aunque pierda la posibilidad de estar sola.
No será un secreto. ─Me sonríe, un gesto triste y agradecido que desaparece en
el interior de su taza de café cuando bebe de ella─. Y de verdad gracias,
Savannah, por todo.

*****

Corremos con la suerte de que un tren está saliendo a San Antonio para cuando
llegamos a la estación, desde dónde luego Pauline puede ir a Lubbock, por lo
que casi a los minutos se va. Permanezco de pie junto a los rieles, viéndolo
marchar, hasta que desaparece de mi vista por completo. Este es mi segundo día
consecutivo de trabajo perdido, pero hay tantos pensamientos y emociones en
mi sistema que se me hace inconcebible la idea de concentrarme en mis planos
o simplemente quedarme en casa a pensar. Paso por ella rápidamente a
cambiarme, tomar un par de shorts de lycra, zapatillas y un top deportivo, para
luego dirigirme trotando al gimnasio. Queda cerca de casa, por lo que en veinte
minutos estoy haciendo mi rutina habitual de ejercicios mientras sigo los
consejos de mi entrenadora. A pesar de sus protestas, continúo entrenando
incluso después de que terminan mis dos horas habituales. Lo hago hasta que
mis músculos duelen tanto que siento que me quemo por dentro al más mínimo
movimiento.

Tabatha se acerca a mí, incorporándose sobre el mostrador de la recepción,


cuando me ve salir, sus ojos verdes preocupados. No me ha visto hacer ejercicio
así desde que estaba en la universidad y se vio en la obligación de detenerme
antes de que muriera en su gimnasio. Ha sido mi entrenadora personal desde
entonces. Su mirada es casi maternal al momento en el que se planta frente a
mí. Su cuerpo delgado y tonificado es mi segunda mayor inspiración. La
primera el cómo se recuperó tras un divorcio injustificado, con un bebé de por
medio y años de noviazgo.

Mientras yo no he podido dejar ir a Tanner.

─¿Todo está bien, cariño?

Afirmo.

─Sí, Tabby, todo está bien. ─Le ofrezco una sonrisa temblorosa, mi frente
goteando sudor─. Nos vemos mañana. No volveré a faltar. Lo prometo. He
tenido unos días difíciles en el trabajo.
A pesar de que no compra mi respuesta, afirma y me da el espacio que necesito
para salir. Está lloviendo afuera, una sorpresiva tormenta húmeda y caliente,
pero estoy tan llena de sudor que no me importa y casi encuentro refrescante el
sentir el agua deslizándose sobre mi piel mientras regreso a mi estudio. Si fuera
buena haciendo más que edificios o planos, dibujaría para desahogarme, pero
no lo soy, por lo que probablemente mis planes para la noche se limitarán a
hacer zapping en el televisor mientras hablo con Malcolm e ingiero las calorías
que perdí.

Estos, sin embargo, se van al desagüe cuando llego a mi puerta y veo a Tanner
inclinado sobre ella. Lleva puesta una sencilla camisa blanca sin abotonar en la
parte superior y pantalones oscuros. No vi su auto estacionado afuera, por lo
que su chófer debió haberlo traído. Deja de mirar fijamente la madera cuando
me escucha llegar, despegando también su dedo del botón de mi timbre. Me
detengo solo a unos pasos de distancia, mis piernas temblando debido a que
todo el esfuerzo que hice me está pasando factura al encontrarme relativamente
en reposo.

─Tanner ─susurro suavemente, viéndolo por primera vez como alguien débil y
como alguien que puede romperse.

Dónde esperaba encontrar ira, sin embargo, solo veo dolor. Sus ojos contienen
toneladas de él mientras se los frota con la mano. El agua gotea en el suelo de
mí, lo que probablemente molestará a los vecinos si no se seca antes de que
pisen el charco que hice, pero su atención está únicamente en mi rostro. No he
recibido ningún tipo de llamada o mensaje de su parte desde ayer, ante lo cual,
en parte, me sentí aliviada. No quería lidiar con esto.

─¿Dónde está mi esposa? Las he estado llamando a ambas.

Pauline no me hizo prometerle que no le diría, así que lo hago.


─En Lubbock. ─Mis manos hacen sonar mis llaves. Aunque mi respuesta
debería sorprenderlo, no se ve como si lo hiciera. Ninguno de los dos dice nada
más, por lo que después de unos segundos me veo forzada a rodearlo para abrir
la puerta─. ¿Té?

Tanner me mira fijamente cuando hago la pregunta. Se ve tentado a aceptar,


pero niega. Una vez dirijo mi atención a otro punto que no sean sus ojos oscuros,
me doy cuenta de lo afectado que realmente luce. No se ve como si hubiera
llorado o pasado la noche ahogando sus penas en alcohol, pero sí como si no
hubiera dormido en días. También está más delgado y encorvado sobre sí
mismo. Sin saber cómo lidiar con la situación, asiento y cierro la puerta casi con
suavidad. No lo forzaré a hablar de un tema que claramente lo destroza, ni lo
obligaré a beber mi té de manzanilla.

Pero tampoco puedo simplemente dejarlo ir.

Luego de permanecer unos segundos con la frente presionada contra la madera


y de haberlo escuchado irse, tomo el pomo y salgo nuevamente al pasillo a pesar
de que mi decisión de no continuar con el proyecto de su ático sigue en pie. El
ascensor se encuentra en uso para cuando lo llamo, por lo que tengo que bajar
las escaleras de prisa para alcanzarlo en la calle, la lluvia cayendo con más
fuerza que antes. No sostiene ningún tipo de sombrilla, por lo que está
mojándose mientras espera que el Cadillac negro se detenga frente a él. Su
frente se arruga con confusión cuando me ve, su mano sosteniendo la puerta del
auto, pero no soy capaz de ver su reacción cuando lo rodeo con mis brazos
debido a que sumerjo rostro en su pecho. Lo estrecho con fuerza, tomando todo
lo que puedo rescatar con mi nariz defectuosa de su aroma a detergente, loción
y colonia. Sorpresivamente, Tanner me devuelve el abrazo después de un
momento de tensión, su cuerpo relajándose contra el mío durante lo que
parecen horas, pero en realidad no son más que unos míseros segundos.

Cuando nos separamos lo único que hacemos es mirarnos. Ninguno de los dos
quiere o tiene algo que decir. Sus irises oscuros ya no intentan ocultar el
purgatorio por el que está atravesando y yo no le oculto los sentimientos que
eso produce en mí. Cuán lastimada estoy debido a él. Cuánto una parte de mí
ha empezado a detestar a Pauline por lo que le hizo a pesar de que no debería
sentirme así. Cuánto me gustaría ceder y ofrecerle más que un abrazo, pero cuán
malo podría ser el significado de eso para mí. Él asiente, un silencioso
agradecimiento, su cabello negro y mojado pegado a su frente, antes de entrar
en el Cadillac e irse, dejándome de pie bajo una inesperada y fuerte tormenta.
Capítulo 11
Tanner me debe haber escuchado caminar tras de él, puesto que no parece en
lo absoluto sorprendido cuando tomo la manija de su puerta y entro en su
camioneta. Es alta. Yo también lo soy, pero aun así tengo que tomarme mi
tiempo para subir. Una vez estoy dentro, con el cinturón abrochado, enciende
el motor con la mandíbula apretada. Algo me dice que a pesar de su insistencia,
no esperaba que viniera. Que tampoco se encuentra feliz por ello.

El ambiente es tenso y silencioso, por lo que enciendo la radio. Mis mejillas se


sonrojan, pero mis labios se curvan ampliamente hacia arriba, al escuchar la
sucia letra de Or Nah en la radio. Le subo el volumen mientras tatareo mirando
por la ventana. Si estuviéramos ya en la fiesta, estaría bailándola en el regazo
de alguien. No necesariamente un chico. Me encanta su suciedad.

─¿A dónde vamos? ─le pregunto con la frente arrugada cuando pasamos el
desvío a su fraternidad, tomando el cruce contrario.

─Por provisiones ─responde por lo bajo, enojado.

Ya acostumbrada a su mal humor, pero en lo absoluto sin dejarme llevar por


él, levanto una ceja cuando nos estacionamos frente al mini market en una
gasolinera y rodea la camioneta para abrir mi puerta cuando ve que no estoy
bajándome de ella. Después de que me obligaran a mudarme, puede ser un
imbécil con Pauline todo lo que quiera. Yo quiero solo palabras amables.
Al menos una vez.

─¿Savannah? ─Tanner luce como si estuviera lidiando con un niño imposible,


lo cual bien podría ser cierto, y como si en cualquier momento pudiera perder
la paciencia─. ¿Te bajas?

Niego.

─Te espero aquí.

─Son las nueve malditas de la noche ─gruñe─. Un psicópata podría venir y


fastidiarte mientras estoy dentro. Por favor, baja.

─No.

─Savannah...

Me cruzo de brazos.
─No. Me quedo aquí.

Tanner suelta un dramático suspiro.

─Bien, pero enciende el aire acondicionado, mantén los vidrios arriba y no


salgas. ─Dice mientras me lanza las llaves, a lo que un cosquilleo de emoción
recorre mi nuca─. Y no hagas nada estúpido, como, por ejemplo, robarte mi
camioneta. Tiene GPS.

No voy a mentir, la idea pasó por mi mente, pero no soy una ladrona. O, al
menos, no lo era hasta que insinuó que podría serlo. Tanner se da la vuelta
para entrar en la tienda. Incorporándome sobre el pisa pies exterior, le grito
por encima de la puerta, lo que hace que tenga que girar el rostro hacia mí de
camino a la tienda.

─¡Quiero un six pack de smirnoffs de manzana verde y chicle!

No espero ninguna respuesta de él. En su lugar me pongo de nuevo sobre mi


asiento y hago lo que me dijo. Ya que no es necesario encender el motor para
que el aire acondicionado funcione, no lo hago de inmediato. Disfruto de un
par de canciones en la radio hasta que lo veo desaparecer en los pasillos del
fondo, puesto que la tienda no es tan grande y está hecha de ventanales de
cristal. Es en ese momento que me traslado a su asiento y el motor cobra vida.
Para el momento en el que Tanner se da cuenta, es demasiado tarde. Ya estoy
retrocediendo y encaminándome hacia la carretera. Lo observo correr hacia el
estacionamiento con una sonrisa permanente en el rostro que luego se
transforma en risa. Nunca me he vengado de él, esto está lejos de ser suficiente
en comparación a lo mal que la he pasado, pero es un buen golpe.

*****

Cuando llego a su fraternidad me estaciono en el césped de la entrada, el único


sitio disponible en el que sé que no chocaré con nadie entrando en él. Las
personas me miran con las cejas arriba cuando me encamino a la casa. Sus
ojos recorren mi cuerpo con enojo y excitación, un eco de los sentimientos de
Tanner al verme. El hecho de que esté apoyando al equipo contrario no
significa que no me vea bien. La atención que recibo aumenta cuando me
deshago de mi abrigo, revelando mi pequeño top blanco y las cadenas, y
empiezo a bailar en el centro de la sala llena de estudiantes con una espumosa
cerveza de barril en la mano.

Looking at me de Sabrina Carpenter suena en el momento en el que alguien


comienza a mecerse contra mí y Tanner entra en la casa con expresión
furibunda, pero controlada, junto a otros chicos del equipo que sostienen bolsas
de papel. Hago un par de movimientos con mis hombros antes de darme la
vuelta. El chico, un miembro de los Longhorns, no se queja cuando coloco mi
sombrero sobre su cabeza. Él incluso se inclina hacia abajo para que lo haga.
Tras morder mi labio por unos segundos, tomo sus mejillas en mis manos y
acerco mis labios a los suyos. Es grande y rubio, como un bebé gigante, por lo
que fácilmente me levanta y me lleva a las escaleras. Suelto una risita contra
sus labios, negando, cuando intenta llevarnos al baño. Señalo la puerta al final
del pasillo. Vi a Tanner desaparecer en el jardín, supongo que con Pauline y el
resto de sus amigos.

─Quiero que sea ahí.

La sonrisa del chico flaquea.

Se desvanece cuando se da cuenta de que hablo en serio.

─Vamos, linda ─dice─. Escoge cualquier habitación, menos esa.

Niego.

─Si no es ahí, entonces no.

Cuando me empiezo a separar de él, su agarre sobre mí vuelve. Suave, pero


firme. Decidido. Sonrío mientras aprieto su trasero en respuesta. Tiene un buen
culo, pero no he tenido sexo en semanas, desde que estuve con Weston en la
playa, y espero que lo de adelante sea muchísimo más impresionante.

Y que lo sepa usar.

─Bueno, que Tanner se vaya a la mierda ─grazna tomándome entre sus brazos,
a lo que rodeo su cuello con mis brazos y suelto una risita mientras atravesamos
el pasillo─. Por cierto, soy Ibor.

Internamente hago una mueca, externamente sonrío.


─Savannah.

Cuando la puerta del cuarto de Tanner se abre, Ibor me deposita sobre mis
propios pies y me hace dar la vuelta para empezar a besarme de manera
hambrienta. Paso el pestillo antes de que nos dirijamos a la cama del presidente
de la fraternidad. Si robar su camioneta no lo fue, esto definitivamente es
bastante similar a la venganza. La idea hace fruncir mis pezones antes de que
Ibor baje mi top y ponga sus grandes manos en ellos, mi espalda contra el
colchón. Me quito el pantalón mientras él baja la parte inferior de su uniforme.
Aunque debería desagradarme que no se hubiera cambiado, en realidad me
excita la idea de ser follada por otro jugador del equipo de Tanner, usando
ropa a favor de su enemigo, en su cama. Es como un múltiple ataque que
mantiene mis sentidos despiertos. Ibor jadea sobre mis labios cuando mete un
par de dedos en mí y me encuentra mojada. Aprieto mis muslos contra su cabeza
cuando desciende sobre mí. Su boca toma mi palpitante clítoris entre sus labios.
Lo obligo a incorporarse cuando los golpes en la puerta empiezan. Incluso la
música ha dejado de sonar. Ibor intenta apartarme para ponerse de pie, pero
niego.

─Sea lo que sea que digas, ya está molesto ─susurro mientras lo empujo hasta
que finalmente se sienta en la cama─. Así que déjame hacer que recibir el enojo
de Tanner Reed valga la pena.

Aunque Ibor luce en conflicto consigo mismo, las dudas se desvanecen cuando
deslizo un condón en su erección y desciendo sobre ella. Sus ojos no abandonan
mis tetas, todavía con las cadenas doradas rodeándolas, mientras me muevo
sobre él de manera rítmica y firme, gemidos suaves y dulces saliendo de mí.

Él está en el cielo.

Yo en el infierno.
Porque lo que me excita no es su pene en mí, sus ojos en mí, sino los sonidos
que provienen del otro lado de la puerta. Los furiosos golpes que esta recibe.
Suelto un grito agudo cuando lo escucho.

─¡Savannah, maldita sea, sal de mi habitación! ─grita antes de taclear,


supongo, su puerta de una manera que hace que la madera se estremezca─.
¡No quiero hacer que todos estos imbéciles te vean desnuda, así que para de
una jodida vez! ─Hace una pausa en la que lo escucho tomar aliento─. ¡Ibor,
estás jodidamente muerto por esto, pero todavía puedes decidir entre una
muerte rápida y piadosa o una muerte lenta y dolorosa!

Ibor se estremece debajo de mí al escucharlo, por lo que me inclino hacia


adelante y lo beso mientras lo aprieto dentro de mí. Jadea mientras el orgasmo
lo golpea. A pesar de que no llegué, me siento satisfecha mientras se separa de
mí. Se levanta y se pone los pantalones, pero separo mis piernas cuando me
echa un vistazo. Captando mi insinuación, deja caer su camisa y se arrodilla
frente en el suelo frente a mí para llevar sus labios a mi centro. Tomo mechones
de su cabello entre mis dedos. Al otro lado de la puerta todo se ha vuelto
silencioso, pero por alguna razón soy capaz de sentir la presencia de Tanner
cerca. Una vez mis muslos se estremecen, Ibor se levanta y me ofrece una
sonrisa suave. Incluso tierna. Es atractivo de una manera ingenua.

─¿Qué tan estúpido me hace ser querer salir contigo después de esto?
─pregunta─. ¿Llevarte a una cita de verdad?

Decido ser sincera.

─Muy estúpido.
A pesar de que la decepción llena sus ojos, su sonrisa no desaparece. Tampoco
su expresión amable y risueña.

─Sí, bueno, no soy el jodido mariscal de campo, pero la defensa es importante.


─Se encoje de hombros. Me siento mal por estar haciendo algo parecido a
romper sus ilusiones mientras toma mis pantalones tras vestirse, al igual que
mis botas, y las deja en la cama de Tanner. Antes de irse se inclina sobre mí y
besa mi frente─. No te preocupes por Tanner. Hablaré con él para que no te
lance mierda. Si algún día quieres salir, entreno en el campo todas las tardes.
De verdad sería agradable ir por un café y dulces.

Afirmo, enternecida.

─Lo tomaré en cuenta.

Entreabre la boca como si fuera a decir otra cosa, pero finalmente decide
mantenerla cerrada y se va. Una vez a solas empiezo a vestirme. Cuando estoy
por salir, sin embargo, Tanner entra por la ventana, lo cual explica por qué los
golpes en la puerta se detuvieron. Sin tener ni idea de cuánto tiempo estuvo ahí
viéndonos, pero teniendo la sospecha de que no acaba de llegar, mantengo mi
barbilla en alto mientras se dirige a mí con paso amenazante. Sus mejillas
incluso están sonrosadas por la ira, sus fosas nasales expandidas y su
mandíbula tan apretada que en cualquier momento podría fracturarse por sí
misma.

─¿Dónde está Pauline? ─pregunto.

Sé que quizás soy una ruin cobarde por tomar la salida fácil, pero Pauline es
lo único que podría ponerme a salvo de su novio.
─No está. No vino. Fue a casa directamente del partido.

─¿Johnson?

Tanner niega.

─Te mentí. Nadie estaba esperándote aquí. Quería hablar. ─Hace una
mueca─. Cuán jodidamente estúpido fui por si quiera pensarlo. Me alegra
haber visto lo que vi. Habría sido un error.

Trago.

Le preguntaría de qué quería hablarme si no pensara que sería inútil. Sea lo


que sea que quería decirme, morirá en su garganta. Permanezco en silencio
mientras continúa acercándose. Mi respiración es acelerada e inestable.
Quiero irme corriendo de aquí, directa a enterrar la cabeza en mi almohada,
pero algo obliga a mis pies a mantenerse en su lugar. Algo más allá de la
sencilla curiosidad. Empiezo a temblar más de lo que lo hice al acabar.

─No solo apareces en mi juego con los colores del enemigo ─sisea─. Seduces
al mariscal del campo del otro equipo, te metes en mi cabeza, la revuelves y me
haces ser el responsable de perder un partido. ─Mi espalda choca contra la
madera de su armario cuando, retrocediendo, llego a ella─. Sino que también
me dejas en medio de la maldita nada, te llevas mi camioneta y te exhibes para
todos en la sala de mi propia casa. ─No perderme en la intensidad de sus ojos
negros resulta demasiado difícil, por lo que agacho la mirada. Tanner me
impide, sin embargo, mantenerla abajo colocando sus dedos en mi mentón y
manteniéndolo arriba. Mi piel quema y hormiguea dónde su mano está
puesta─. Y follas al jodido Ibor, el imbécil más estúpido, en mi cama, dejando
la mezcla de tu aroma y el de él en mis sábanas. Sábanas que tendré que
quemar. Mierda, incluso puede ser cambie mi maldito colchón ─gruñe─. Y
después de todo eso, todavía te preguntas por qué quiero a Pauline, quién saca
lo mejor de mí, en lugar de a alguien como tú, que se siente como tragarse un
torbellino y caer en un agujero negro, pero a pesar de que la respuesta es
jodidamente obvia y ambos los sabemos, continúas viéndome con ojos de siervo
herido, lo que incluso tras todo lo que me hiciste esta noche me hace sentir
como una mierda porque aunque no lo entiendo, me destroza hacerte daño,
Savannah. ─Para el momento en el que termina de hablar, su frente está
presionada contra la mía y las lágrimas, tanto de vergüenza como de dolor, se
deslizan por mis mejillas─. Y ni siquiera sé por qué.

─Tanner... ─susurro.

Él niega.

─Por favor ─ruega─. Dime cómo te lastimé. Dime qué te hice para que pueda
compensarte y pasar página. No creo que pueda soportar por mucho más
tiempo la locura que induces en mí. ─Traga sonoramente─. Intento ser un buen
hombre, Savannah, pero no me lo pones malditamente fácil. Todo lo contrario.

Mi pecho se aprieta.

Aunque debería sentirme bien por la marcada desesperación en cada uno de


sus rasgos, no lo hago. La idea de lastimarlo de alguna manera suena
satisfactoria dentro de mi mente, pero verlo es absolutamente diferente. Me
hace sentir mal y culpable.

─Te acostaste conmigo la noche antes de ir por Pauline ─revelo lo más alto y
fuerte que puedo─. Al día siguiente, al parecer, lo olvidaste. Cuando me
desperté estabas buscándola por todas partes. Yo sabía que era solo sexo, pero
no pude evitar preguntarme todos los días qué tenía ella que yo no. Luego,
cuando vi que eras genuinamente dulce con Pauline, me di cuenta de que no
eras solo un idiota más, comencé a notar cuánto realmente me gustas y me
obsesioné. He intentado deshacerme de ello, pero no puedo. ─Ahora lloro
abiertamente, lo cual no puedo evitar. Ni siquiera pienso en evitar. Es inútil. El
hecho de decir mis sentimientos en voz alta es duro─. He estado con chicos, he
intentado enfocarme en mis estudios, incluso me mudé de habitación, pero
continúas apareciendo. ─Cuando se aleja de mí, retrocediendo mientras luce
confundido, por fin puedo respirar─. Así que entiendo perfectamente a lo que
te refieres cuando dices que saco lo peor de ti porque también sacas lo peor de
mí. Hiciste estragos mi amistad con Pauline, mi autoestima y mi corazón.

Ahora es él quién se ha quedado sin palabras.

─Savannah...

Niego.

─Solo déjame en paz de una vez por todas.

Él se pasa la mano por el cabello mientas se pasea por la habitación. Debería


irme, pero una parte de mí necesita esto.

Un cierre.

─Borracho, a veces hasta drogado, me acuesto con un montón de chicas que


no recuerdo después ─dice finalmente─. Lamento que hayas sido una de ellas
y que no te haya gustado, pero estoy con Pauline y...
No lo dejo terminar. Cruzo su rostro con una bofetada. Sin dedicarle un
segundo más de mi tiempo, me largo de su habitación con lo que queda de mi
corazón deslizándose como agua salada de mis ojos. Por fortuna no me sigue.
Antes de salir de su casa y tomar un taxi me dirijo a la cocina, dónde voy por
un vaso con agua. A pesar de que se desliza por mi garganta, no puedo evitar
que esta se seque cuando veo un six pack de smirnoffs de manzana en la hielera
y una bolsa llena de chicles en la encimera. Aunque vaya directamente a mi
dormitorio a llorar después de salir de aquí, me he ganado el derecho a
embriagarme, por lo que tomo el juego de latas y los chicles y salgo de la
maldita fraternidad.

Cuando paso junto a la camioneta de Tanner, sin embargo, recuerdo que


todavía tengo las llaves en mi bolsillo. Las lanzo el interior de la cabina, reacia
a volver al interior. Afuera y sobre la acera, tecleo en mi teléfono y entro en la
aplicación de Uber, pero un Audi negro se detiene frente a mí, el chico que lo
conduce viéndose familiar. Castaño y robusto. Atractivo debido a su mandíbula
cuadrada, pero solo un idiota del montón. Gordon.

El novio de Anahí.

Sin Anahí.

─ ¿Necesitas un aventón? ─Separo los labios para contestar negativamente,


pero me corta─. Voy a tu edificio, de todas formas.

Está solo, también se ha comportado a mí alrededor cuando estamos con Anahí


y nunca me había cruzado con él antes de mudarme a su dormitorio, por lo que
termino asintiendo.

Cometiendo mi segundo mayor error.


Capítulo 12
No he visitado a mis padres en semanas. Lo he aplazado debido a que cada vez
que me invitan a Houston, tienen una cita medio a ciegas preparada para mí. No
completamente a ciegas debido a que mientras yo no tengo ni idea de cómo
lucirá el hijo de su amigo o amiga con el que intentarán emparejarme, ellos sí
le habrán enseñado fotos, desde que era un bebé hasta la última que subí en
Instagram, y hablado de mí. Mi madre está obsesionada con ser abuela antes de
cumplir los cincuenta y mi padre, aunque no es particularmente machista, quiere
un nieto al cual enseñarle todo lo que sabe sobre el mundo inmobiliario. Aunque
mi carrera está relativamente relacionada con la suya, mi cero interés en los
negocios más allá del diseño ha despertado en él la necesidad de traspasarle
todos sus conocimientos a alguien más. Aunque eso también podría hacerlo con
una nieta, quizás habla de un niño porque también sueña con cumplir con todo
lo que no hizo conmigo mientras crecía, puesto que siempre fui molesta e
irritantemente femenina, como mamá, como jugar con la pelota o llevarlo a
partidos de fútbol americano por todo Texas sin camisa y con palabras de aliento
a su equipo escritas con marcador en su piel como, vergonzosamente, hace
todavía con los vecinos.

A pesar de que normalmente no les prestaría atención a sus solicitudes de un


bebé en la familia, a estas alturas creo que ni siquiera les importaría que fuera
madre soltera, los últimos acontecimientos me obligan a pensar en ello mientras
conduzco a mi ciudad natal, a dónde no pude evitar escapar cuando mi madre
insistió en que fuera durante el fin de semana. No niego que un día quiera ser
llamada mamá por alguien, pero quiero formar mi propio hogar primero. Quiero
casarme, diseñar una casa para mi pareja y para mí, disfrutar nuestra relación
por unos años viajando alrededor del mundo y luego, cuando ya todas mis metas
laborales se cumplan y no solo esté diseñando casas, tener un bebé.

Lo irónico del asunto es que nunca he podido ser capaz de imaginarme


haciéndolo con Tanner. Cuando pienso en mi futuro, solo veo un hombre con
un rostro en blanco. Quizás esto se debe a que lo he visto hacer con alguien más
todo lo que tengo en mente, así que a pesar de que siempre lo que he querido
más allá de lo razonable, el recordatorio constante de que no es mío me ha
obligado a no ver más allá del presente o de mis emociones.

*****

─Por fin ─susurro con un suspiro cuando, después de dos horas y media de
viaje, me estaciono frente al elegante restaurante en el que almorzaré antes de
ir con mis padres.

Son maniáticos con respecto a las comidas y sus horarios, sobre todo mi madre,
quién luce como de treinta a pesar de estar a mediados de los cuarenta, por lo
que no habrá nada cálido y recién hecho para mí cuando llegue a casa debido a
que son más de las doce. Retoco mi maquillaje y me aplico un poco de perfume
antes de bajarme del auto, puesto que después de conducir tanto me veo cansada
y demacrada. Si no tuviera tanta hambre o no le tuviera tanta estima a la persona
esperándome, ya por media hora en la mesa, me habría ido directamente a
dormir a mi vieja habitación de adolescente. Llevo vaqueros oscuros y sandalias
altas con un top suelto, ropa cómoda y ligera en comparación a lo que me gusta
usar, pero eso no impide que Malcolm se levante apenas me vea y me haga girar
sobre mí misma, atrayendo la atención de otros clientes y del personal, apenas
me ve.

─Tanto tiempo sin verte ─murmura estrechándome contra sí, lo cual trae una
mueca de dolor a su rostro debido a que probablemente aplasté alguno de sus
golpes durante el partido. Al ver la mirada de preocupación en mi rostro, puesto
que vi cómo el integrante del equipo contrario lo tacleó en su último partido,
sonríe despreocupadamente─. No sirvió de nada. Ganamos.

Tras hablar se encoje de hombros, lo que trae tensión a sus facciones debido al
movimiento, pero aun así se inclina para sacar mi silla de la mesa como el
caballero que es a pesar de tratarse de uno de los hombres más mujeriego y
codiciado que conozco. El hecho de que las mujeres lo quieran, sin embargo,
no solo se debe a su atractivo, sino a lo dulce y amable que es a pesar de que les
deja en claro a todas ellas que no está buscando una relación. Debo darle el
crédito de ello. No es el idiota habitual.

No como Tanner.

Una vez se sienta frente a mí, al igual que cada vez que lo veo, mi corazón se
aprieta dentro de mi pecho debido a lo parecidos que son a pesar de ser
hermanastros. Las diferencias entre ellos son mínimas. Debido a que Malcolm
pasa mucho tiempo bajo el sol en el campo, su piel está levemente más
bronceada ahora. Sus ojos son más marrones que oscuros, pero en la noche
lucen exactamente iguales a los de Tanner. Su mandíbula también es más
cuadrada que la de él, quién tiene un toque europeo y fino debido a su madre.
Ya que el señor Reed también tiene ascendencia alemana, esto no es tan
relevante al compararlos.

Así que aunque me ocasiona vergüenza recordar cómo nos conocimos, no me


siento del todo culpable por haberlos confundido. Cualquiera que no tuviera
idea de la existencia de Malcolm conociendo a Tanner o al revés lo habría
hecho, sobre todo con un par de copas, o muchas de ellas, encima. Ahora que
los conozco a ambos, sin embargo, es una idea casi ridícula equivocarme de
hermano. Mientras que estar en la misma habitación con Tanner revuelve mi
estómago, todo mi cuerpo se relaja en presencia de Malcolm, empezando por
eso. También se visten diferente. Mientras uno es elegante y oscuro, el jugador
de fútbol es casual sin resultar desaliñado. Fuera de eventos siempre está en
vaqueros y camisetas o camisas unicolores, como ahora que lleva un par de
jeans oscuros y una camiseta gris con cuello en V. A pesar del reloj de lo que
sospecho es oro está en su muñeca, típico accesorio de futbolista, pasa
desapercibido por su ropa y la gorra oscura sobre su cabeza. Si no la tuviera
habría una hilera de desconocidos esperando por un autógrafo.

─¿Cómo estuvo Miami? ─le pregunto, puesto que ahí fue donde lo Kings
jugaron anoche─. ¿Te quedaste en el apartamento?

Ya que sé cuánto odia los hoteles, les pedí a mis padres que le prestaran su
condominio. A pesar de que mi madre normalmente protestaría, mi padre
enloqueció ante la idea de Malcolm Reed, su héroe, quedándose en su casa y
personalmente se encargó de preparar el sitio para recibirlo. Malcolm y yo no
hemos hablado mucho esta semana, tampoco se lo he preguntado a papá, así
que no tengo ni idea de si se quedó ahí, alquiló algo o durmió con el equipo. Mi
mente no ha dejado de girar en torno a lo sucedido con Pauline, algo que
sospecho que Malcolm ni siquiera se imagina. Aunque es evidente que Tanner
lo que quiere, puesto que durante todos estos estos años es lo más parecido que
he visto que tiene cercano a un compañero del mismo sexo, no creo que se lo
haya comentado. Odia verse débil y esta situación lo hace vulnerable.

Como una carie que deja el nervio del diente expuesto.

─Sí, es un sitio bonito, ¿por qué nunca vas? ─responde después de que hace el
pedido, pizza y batidos de chocolate para ambos, puesto que llevo días
diciéndole cuánto quiero comer eso, pero cuán malo sería perder los resultados
de tanto ejercicio estos días.

A pesar de que debería, no cambio mi comida.


Malcolm es mala influencia.

─No me gusta mucho el estilo de Miami. Estéticamente siento que es muy


desorganizado. Me volvería loca intentando dibujar ahí.

Arruga su frente.

─Sav. ─A pesar de su expresión confusa, su voz es suave─. Me refiero a ir allí


para vacacionar, no para que vivas o dibujes ahí. Creo, sinceramente, que
deberías tomarte unas vacaciones. Además de para venir a Houston a verme o
a tus padres, ¿cuándo fue la última vez que saliste a tomaste un tiempo para ti?

Entreabro los labios, buscando la fecha para responder, pero no la consigo.


Incluso la última vez que salí del país, a París, con mis padres, fue antes de
entrar en la universidad. Mi vida solo ha sido arquitectura, diseño, Pauline y
Tanner desde entonces. Tengo algunas compañeras de trabajo con las que en
ocasiones salgo. Voy al menos tres veces al mes al spa y me la paso ejercitando,
pero en ningún momento me he liberado de la tensión por completo. Eso
definitivamente no puede ser bueno para mi salud.

El yoga podría no estar siendo suficiente.

─Fue hace mucho ─contesto, todavía impresionada con ello.

La expresión en el rostro de Malcolm se vuelve cálida.


─Si quieres, puedes unirte a mí cuando verdaderamente empiece la temporada.
Nos divertiremos. Todavía tienes tiempo para terminar con tus proyectos
pendientes antes de que empiece, por lo que te irías de Austin libre de trabajo.
No todo sería fútbol ─añade al recordar que no soy del todo una fanática, puesto
que prácticamente le he hecho seguimiento a la liga por él─. Vamos.

Aunque una parte de mí se muere por aceptar, la otra no quiere someterse a estar
tanto tiempo en su compañía cuando existe el riesgo de que caiga en la tentación
de dañar nuestra amistad. No confío en mí misma cerca de él. Me recuerda
demasiado a Tanner. Como si eso no fuera suficiente, la idea de sumergirme en
sus gentiles brazos y nunca salir de ellos luce demasiado atractiva para mí. Si
me dejo llevar por ella, lo que probablemente pasaría, y Malcolm me rechaza o,
lo que es aún peor, me corresponde, sería un desastre. No nos merecemos tener
que pasar por eso.

─Lo voy a pensar ─respondo después de unos segundos de silencio, lo que trae
una mueca a su rostro. Decido cambiar de tema antes de que empiece a insistir─.
¿Cuándo es el próximo partido? ─Hablar de fútbol siempre lo distrae lo
suficiente como para que no note mis conflictos internos─. Si es aquí, podría ir.

Malcolm afirma.

─Es mañana, pero no estaré jugando. ─Una sombra oscura, malhumorada, se


apodera de su expresión─. Debido al imbécil que me tacleó ayer, el entrenador
ha decidido mantenerme en la banca por un par de partidos debido a que el
fisioterapeuta del equipo determinó que mi hombro había salido levemente
lastimado durante la caída. Es una jodida mierda. Me necesitan.

Afirmo y extiendo mi mano para apretar la suya por encima de la mesa. Sé cuán
importante es el fútbol para Malcolm. No solo es un trabajo o una pasión, lo es
todo. El hecho de que nunca ha hecho uso de su diploma de la escuela de
negocios, con notas no tan buenas como las de Tanner, pero no del todo malas,
lo prueba. Debido al futbol tampoco se ha interesado en buscar una novia o
formar una familia a pesar de que solo es un par de años menor que él, por lo
que está más cerca de los treinta que de los veinte.

─Y por eso es que no pueden arriesgarse a perderte. Sin ti no son nada, así que
debes cuidarte por ti, por tu futuro en el fútbol, a menos que quieras retirarte en
los Kings ahora, y no en el Dallas, y por el equipo. Dos partidos son nada al
lado de la temporada.

A pesar de que su postura es hundida y molesta, sus labios se curvan suavemente


hacia arriba cuando una idea pasa por su mente. Sé lo que es antes de que lo
diga, por lo que suspiro mientras me hecho hacia atrás y cruzo los brazos por
encima de mi pecho. Aunque ir al estadio, abarrotado de gente, no es mi ideal
de diversión, lo haría para que él y papá finalmente se conocieran. También para
apoyar a Malcolm Reed, forzado a mirar cómo su equipo pierde al no estar él
presente, como sé que lo hará.

─Ven conmigo mañana al estadio ─dice, sus ojos esperanzados─. Trae a tus
padres o... no, mejor no, enviaré a alguien por ustedes. Cortesía del equipo. La
experiencia completa y toda la mierda. Quiero agradecerles personalmente el
haberme ayudado. ─Las comisuras de mis labios tiemblan cuando algo parecido
a un puchero hace temblar su labio inferior─. Por favor, Savannah. No me hagas
tener que llamar al señor Campbell personalmente.

Solo para no aceptar de repente, espero a que el mesero deposite nuestras pizzas
antes de responder. Son individuales debido a que a Malcolm y a mí no nos
gustan los mismos ingredientes. Él es el Señor Vegetales y yo la Señora
Charcutera, pero al menos a los dos nos gusta en exceso el orégano y el queso
extra.
─Bien.

Malcolm sonríe mientras mastica, un hilo de queso sobresaliendo de manera


tierna de su boca. Se lo quita con una servilleta tras tragar. Tomo un sorbo de
mi malteada de chocolate, para apaciguar mi estómago vacío, antes de ir por mi
comida.

─Te mantendré entretenida ─promete.

Y a pesar de que odio ir a ver juegos, no lo dudo.

Siempre la paso bien con él.

*****

Mis padres, Larissa y Will Campbell, viven en una bonita y enorme villa en
Harris Country, el equivalente a Travis Country en Houston. Mi padre siempre
alardea de haber comprado la casa por una cuarta parte de su precio, medio
millón en lugar de dos, puesto que de no ser un agente inmobiliario tan bueno,
ahora jefe de su propio negocio, no habría tenido la oportunidad de darle a su
esposa la casa de sus sueños en la mejor zona de la ciudad. Son adorables, a su
manera. Siempre han amado que nuestra familia goce de una buena apariencia,
pero han disfrutado de su pequeño y obsesivo deseo de nadar entre los ricos, a
pesar de que ninguno proviene de un linaje y ambos trabajaron duramente para
tener lo que hoy en día tienen en su retiro, juntos.

Son materialistas y superficiales, pero les encanta.

Y se aman.
─Cariño, ¿qué haces vestida así? ─Mi madre, cuya madre es latina, de dónde
viene mi cabello largo y negro, idéntico al suyo, me abraza apenas me ve llegar,
pero luego se separa de mí para verme con la frente sumamente fruncida. Lleva
puesto un suéter cuello de tortuga blanco y pantalones de lino, viéndose pulcra
e impecable─. Pareces un vagabundo, Savannah, o una stripper. Sabes lo que
opino de las plataformas. Si esa es la vida que estás llevando, al menos ten la
decencia de no traerla a mi casa.

Pongo los ojos en blanco.

─Yo también te extrañé, mamá.

Aunque sus comentarios sobre mi ropa, el estilo que adquirí al ir a la universidad


lejos de su opinión, deberían hacerme enojar, no lo hacen. Estoy acostumbrada
a que todo lo que salga de la línea entre refinado y elegante sea vulgar para ella.
Mi madre, por otro lado, deja eso aparte y me vuelve a abrazar con fuerza.

─Tu padre y yo te queremos y extrañamos mucho. No sabes cuánto deseamos


que te enamores de alguien que viva en Houston para que vuelvas a estar cerca
de nosotros. ─Ladea la cabeza, culpa brillando en sus ojos marrones─. ¿Es por
mi culpa que no te has establecido? Sé que siempre he sido dura contigo con
respecto a lo que significa para mí ser una mujer, que hay cosas a parte de
mantener una familia, pero nunca fue mi intensión que eso significara que
llegaras a los treinta sin abrirle tu corazón a alguien. Puedes ser fuerte y débil
al mismo tiempo, Savannah. Míranos a tu padre y a mí luego de veinticinco
años. El que estuviera con él no significó que dejara de hacer lo que amo.
Aunque la mayoría se sienten intimidados ante una mujer fuerte, hay hombres
a los que no les molesta el éxito, mi pequeña rosa. ─Su mentón empieza a
temblar─. Y si no se trata de eso, sino de que no te gustan los hombres, tu padre
y yo ya lo hemos hablado y mientras no te cierres a la idea de darnos un nieto o
una nieta, te apoyamos. El apellido Campbell no va a morir contigo.
Niego, un peso sobre mi pecho apenas dejándome respirar.

Esta es la segunda razón por la que casi no regreso a casa. Es difícil para mí
esconderle la verdad. Sería mucho más para mí decirle que mi novio se siente
incómodo con mi trabajo a tener que revelarle que he pasado cinco años
enamorada de un imbécil al que no le importo en lo absoluto, quién es además
el novio de su mejor amiga. En su mente es sumamente inaceptable que una
mujer, sobre todo su hija, se arrastre por un hombre. Mi padre no es un
mandilón, pero la trata como su igual y la respeta como tal a pesar de ser quién
trae la mayor parte del dinero a casa.

Ella estaría tan decepcionada de mí.

─Solo estoy demasiado concentrada en mi trabajo ahora mismo. Cuando llegue


al sitio en el que quiero estar, encontraré una pareja. ─Alzo las cejas, mis labios
curvándose hacia arriba─. Aunque en el la universidad experimenté algunas
cosas, no soy lesbiana, mamá. Me gustan los hombres. Mucho. Sin embargo,
me alegra saber que aún me querrían si no soy heterosexual, pero me preocupa
el hecho de que están empezando a verme como una incubadora humana. Tengo
veinticuatro. No quiero bebés.

Mamá se encoje de hombros a pesar de que sus facciones se fruncen con


desagrado ante la información revelada sobre mi vida sexual en la universidad,
su codo encajándose con el mío.

─Bien ─dice─. No tengas hijos, sécate por dentro, pero entonces atente a las
consecuencias, Savannah Campbell.
Detengo nuestro trayecto hacia el jardín, desde dónde papá nos saluda tras la
barbacoa, para verla. Su expresión me asusta.

─¿Qué consecuencias?

─Tu padre y yo podríamos estar considerando adoptar a algún adolescente que,


a diferencia de ti, nos valore. Ya hemos hecho todo lo que las parejas retiradas
hacen y Will está pensando volver a trabajar a tiempo completo de nuevo. Sin
él tendría un montón de tiempo libre. Podría gastarlo formando a alguien. Ya
mis propias flores no me soportan. ─Una sonrisa maliciosa se apodera de sus
labios─. O podría intentar salir embarazada de nuevo.

Conozco a mi madre. Sé que si no buscó un bebé antes, no lo hará ahora.


También que si nombró la palabra adolescente fue porque ya lo ha pensado lo
suficiente como para decirlo. No quiere bebés. No quiere popó. Quiere nietos
porque podría enviarlos de regreso a casa cuando estén siendo demasiado
molestos. Tanto papá como ella quieren compañía, lo cual solo me hace sentir
culpable como hija por no estar ahí para ellos lo suficiente. Sin embargo, volé
fuera del nido al ir a la universidad. Tengo la sospecha de que aún si viviera en
Houston seguirían sintiéndose solos a menos que estuviéramos bajo el mismo
techo, lo que atenta directamente contra mis deseos de formar mi propia carrera
independiente de sus amigos o influencias en la ciudad.

─Por experiencia propia, creo que serías una madre estupenda ─susurro antes
de dirigirme a mi padre, quién me espera con los brazos abiertos. De camino a
él giro el rostro y le ofrezco una sonrisita─. Solo no seas tan estricta sobre su
ropa o te odiará para toda la vida y, ah, tampoco cuestiones su sexualidad.

A pesar de que dudo que tome mi consejo, asiente.


─¿Ella te contó? ─pregunta papá, viéndome por debajo de sus gafas de montura
gruesa cuando me encuentro entre sus brazos, su cabello canoso revuelto.
Afirmo─. ¿Qué opinas? ¿No te incomoda? ─Suspira─. No tener nada que hacer
nos está enloqueciendo. Nos retiramos demasiado pronto. No nos dimos cuenta
de que el problema fue que crecimos demasiado rápido, entonces todo el trabajo
que hicimos en tan poco tiempo se vio como años. No hacer absolutamente nada
es una tortura. ─Sus ojos grises se iluminan como linternas─. A parte, si es un
muchacho podría enseñarle todo lo que sé de fútbol.

Niego.

─Serán excelentes, papá.

Porque es cierto.

No tengo dramas parentales.

Aunque quizás ellos sembraron el instinto competitivo en mí, yo soy la propia


causa de mi pena. Me enseñaron a obsesionarme con ser la mejor, no a
obsesionarme con conseguir a mi contraparte, la cual no me corresponde.

*****

A pesar de que no quiero hijos, no todavía, estar últimamente alrededor de


personas que sí los quieren me hace sentir mal por no desearlos. Enferma. Casi
presionada a embarazarme del primer hombre que encuentre así no quiera y esté
enamorada de Tanner, pero eso es lo que la sociedad hace contigo cuando
terminas la universidad y todavía no te has casado. Instala sobre tu cabeza un
cronometro que titila de vez en cuando recordante que tu reloj biológico
continúa corriendo, por lo que casi salto sobre Malcolm después de que el
autobús de lujo que envió por nosotros a casa nos deja en el estadio y nos
escoltan al palco VIP. Mi emoción de verlo se debe, en gran parte, a que ahora
me siento sumamente identificada con él. Ninguno de los dos quiere o ha
formado una familia todavía. Solo deseamos que nos dejen avanzar en nuestras
vidas como adultos y profesionales.

─Hey ─dice, sonriéndome de manera ladeada cuando rodeo su cuello con mis
brazos─. También estoy feliz de verte.

Llevo una de sus camisas del equipo, una de las tantas que me ha regalado, y un
par de simples jeans. Mis padres visten de manera similar, puesto que no
imaginamos que éramos invitados del palco del equipo. Mi madre debe estar
muriéndose por dentro ahora. A mi padre, sin embargo, estoy segura de que
debe darle igual desentonar alrededor de toda la gente rica del área VIP. El
fútbol es lo único con lo que no es meticuloso o quisquilloso. Larissa casi se
desmaya cuando una de las mujeres la reconoce y la lleva con su grupo, sus
mejillas sonrojadas debido a que todas ellas están perfectamente arregladas y
peinadas. Suelto una risita.

─Hola ─lo saludo antes de apartarme y señalarle a mi padre─. Malcolm, este


es mi padre, Will Campbell. Will, Malcolm Reed.

─Un gusto, señor Campbell ─lo saluda él cuando papá solo se le queda viendo,
sin poder creer que esté frente a su jugador favorito.

Malcolm, acostumbrado a este tipo de reacciones, ríe y lo guía a la ventana del


palco colocando un brazo sobre sus hombros. Me guiña un ojo mientras le habla.
Feliz de haber hecho realidad uno de los sueños de mi padre, me dirijo al otro
extremo del salón, dónde hay menos personas, y me pongo a visualizar el
campo. El partido ya lleva diez minutos de haber empezado. Vamos perdiendo.
Mis ojos se entrecierran con dolor cuando el quarterback suplente deja pasar
una oportunidad con el balón. Tras unos minutos, quizás diez o veinte, Malcolm
se posiciona junto a mí. Al igual que yo, está usando vaqueros y su camisa del
equipo, pero él es una estrella. Podría estar llevando un saco de patatas y aun
así verse bien. Le sonrío amplia y suavemente.

─Me siento feliz de haber venido a Houston este fin de semana. Lo necesitaba.
Aunque dudo que acepte tu propuesta de irme contigo durante la temporada,
tienes razón. Necesito unas vacaciones lejos del trabajo y de Austin. Estoy bajo
mucho estrés.

Malcolm separa sus labios para responder, pero capta un movimiento por el
rabillo del ojo que lo hace girar el rostro hacia la entrada del palco. Su expresión
se queda en blanco, pero luego se llena de tanta ira que inevitablemente me
recuerda a Tanner.

─Mierda ─suelta.

Sin entender su repentino cambio, volteo y lo veo.

Entiendo su reacción.

Tanner, su hermano, está entrando en el palco con una bonita chica morena,
quizás una modelo, guindada de su brazo. Una chica escalofriantemente
parecida a mí. Malcolm, al notarlo, me mira y luego a ella y traga, negando con
vehemencia después.

─Esto no es bueno.
Sabiendo que se refiere solo a que Tanner esté engañado abiertamente a Pauline,
algo que sospecho que le afecta a ambos debido a que ninguno de los dos quiere
ser como su padre, y no a lo que sea que haya entre su hermanastro y yo, puesto
que piensa que superé mi enamoramiento por él tras su boda, niego.

─No, no lo es.

Y aunque no tengo razones para pensar en ello, no puedo evitar sospechar que
este arrebato no se debe del todo a Pauline. No puede ser una coincidencia que
venga aquí, dónde estoy con su hermano, igual a él, con una chica que luce muy
similar a mí. Presiono mi mano contra el cristal cuando siento cómo mi cuerpo
empieza a temblar con ira e impotencia.

Este es exactamente el por qué no lo puedo dejar ir.

A dónde vaya, siempre me persigue.

Sino es él en persona, son sus contradicciones.


Capítulo 13
El viaje de la fraternidad a mi edificio transcurre en silencio. Gordon no dice
ni una sola palabra y yo tampoco, concentrándome en exceso en el peso del six
pack de bebidas alcohólicas en mi regazo. Una vez se estaciona, prácticamente
salto fuera de su auto porque realmente no quiero más problemas. Sin
realmente sonar egocéntrica, las cosas son como son. Los hombres rara vez
son fieles y lo último que necesito es que me mire de la manera equivocada y
tenga que cambiar de habitación de nuevo. Moriré si me apodan como la roba
novios del campus.

─Gracias, Gordon ─suelto escandalosamente rápido.

Luego de cerrar la puerta de su Audi, corro hacia el interior del edificio. Me


siento desgraciada y arrepentida de haber aceptado venir con él, como si
hubiera estado haciendo algo malo sin haberlo hecho, cuando el ascensor no
desciende lo suficientemente rápido y me veo obligada a compartirlo con
Gordon. Sin embargo, el alivio me recorre cuando se dedica a mirar su teléfono
y a teclear en él en lugar de prestarme atención.

Pero el alivio dura hasta que llego a mi habitación.

Tras verme entrar en ella con su novio tras de mí, Anahí se levanta de su cama
con expresión más que enfurecida, todavía llevando su uniforme del equipo de
voleibol. Su mirada es sumamente furibunda. También disgustada y asqueada
cuando se enfoca en mí con las manos puestas sobre sus amplias caderas.
─¿Qué se supone que haces con mi novio?

Miro a Gordon en busca de ayuda, pero este solo se encoje de hombros


mientras continúa viendo la pantalla de su teléfono, una sonrisita satisfecha,
placentera y conocedora en sus labios.

─Intenté decirle que se mantuviera lejos ─dice mientras niega como si no le


creyera─. Pero sabes cómo son, nena. Siempre tan sedientas y necesitadas de
la atención que no tienen.

Al momento en el que las palabras salen de sus labios, empiezo a retroceder


sin poder creérmelo. Esto debe ser una especie de broma de mal gusto. Cuando
Anahí empieza a avanzar hacia mí con expresión asesina, niego con
vehemencia, mis brazos apretando con fuerza el six pack. Gordon está
desquiciado. Nunca le he dirigido ninguna mirada malintencionada desde que
supe de su existencia. Al alzar la vista hacia él, veo que ahora nos mira con
diversión, sus brazos cruzados por encima de su pecho.

─Anahí, él está mintiendo, yo...

Mi intento de defensa se ve interrumpido tanto por ella como por el golpe de


mi espalda contra la puerta. La chica que antes lucía como una simple perra,
ahora se ve como una maniaca. En ese momento es que entiendo el por qué la
mujer de la distribución de los dormitorios me dijo que mi nueva compañera
era problemática.

─¿Querías follarte a mi chico, Savannah?

Trago mientras niego, odiándome por verme nerviosa porque podría pensar
que sí lo quería cuando la verdad es que estoy deshaciéndome por dentro
debido a que aunque no quiero a Gordon, las acusaciones de Anahí no son tan
lejanas a la realidad.

Sí quiero al novio de alguien más.

Solo que no al suyo.

─No ─respondo, pero ni yo misma me lo creo porque mi mente en este momento


está en Tanner y siento como si Pauline fuera la que estuviera frente a mí, no
Anahí, mis mejillas rojas.

Al ver la evidente vergüenza en mi rostro, esta alza la mano para abofetearme,


pero alzo las latas de smirnoff de manzana y estas son lo que su mano golpea,
no a mí. Anahí grita mientras la aprieta contra su pecho. Echándole un vistazo
a Gordon, descubro que está mirándonos sobre la cama de esta con una sonrisa
en los labios, sus brazos cruzados bajo su cabeza. Dejo escapar un chillido
indignado cuando Anahí vuelve a atacarme. Esta vez arroja las bebidas
alcohólicas de mis manos antes de ir por mi cabello. Nunca he peleado con una
chica con un chico, no físicamente, al menos, por lo que no le devuelvo ninguno
de los golpes. Ellos tienen serios y perturbadores problemas.

─Defiéndete ─gruñe ella cuando me lanza sobre mi cama, cayendo sobre mí,
lo cual saca el aire de mis pulmones y me hace jadear. Aunque la verdad es que
debería estar molesta, algo en mí quiere reír. Es decir, si no he hecho esto por
Tanner, mil veces mejor partido que Gordon, ¿cómo es que llegué a esto?
¿Cómo ella puede creer que me guste? Anahí debe ver la burla en mi rostro,
también el shock, por lo que hala mi cabello con más fuerza, seguramente
decepcionada al no hallar ninguna extensión de la cual tirar y lastimarme ─.
¡Defiéndete, zorra roba novios!

─¡No intenté nada con él! ─grito, harta de su espectáculo mientras pongo todo
de mí para empujarla al suelo, lo que hace que Gordon ría y me enderece para
mirarlo con rabia─. ¡Eres un maldito psicópata! ¿Cómo puede gustarte ver a
tu novia volverse loca de esa manera cuando sabes que lo que le dijiste no es
cierto?

Gordon arruga la frente como si acabara de recordar algo, incorporándose al


mismo tiempo que Anahí y caminando hacia mí.

─Cariño, por cierto, olvidé decirte que todo el mundo en la fraternidad vio
cómo Savannah me metió la mano en el pantalón.

Ante sus palabras, no puedo evitar chillar y girarme hacia Anahí.


─Está mintiendo, ¡toda la noche estuve con Ibor y...! ─Aunque mencionar su
nombre podría ser lo equivalente a poner una soga alrededor de mi cuello, lo
hago. Si no he recogido los frutos de lo que sí sembré, no recogeré de lo que
no─. Con Tanner Reed.

Los ojos de Anahí se prenden en fuego.

─¿El novio de Pauline? ─Se inclina, recoge una de las latas del suelo, y se
dirige nuevamente a mí─. ¿Así que Gordon no es el único chico prohibido por
el que vas, sucia y asquerosa golfa?

─Tanner la rechazó, cariño, no duró ni un segundo en su habitación con él


dentro, donde antes había follado con Ibor para sacarse el escozor de que
nunca la mirara teniendo una chica tan bonita con él, pero después intentó
recobrar su dignidad viniéndose conmigo. Él nunca lo arruinaría con su linda
y buena novia por una zorra del campus ─susurra él en su oído,
enloqueciéndola aún más, ante lo que no puedo evitar estremecerme, puesto
que Gordon no estaba mintiendo del todo─. Al igual que yo o cualquier hombre
con razonamiento. ─Sus palabras golpean mi pecho con fuerza─. Te juro que
cuando intentó chupármela de camino aquí, la aparté como a un perro de la
calle.

No puedo controlarlo. Aunque Gordon y su novia no son más que un par de


idiotas con una relación perturbadora, hay tanta verdad en lo que dice que mis
manos empiezan a temblar mientras me doy cuenta de cuán idiota he sido todo
este tiempo esperando algo que no va a pasar. Así Tanner termine con Pauline,
la reputación que la sociedad le pone a una chica que vive y disfruta plenamente
de su sexualidad nunca le permitiría estar conmigo. No soy la perfección que
quiere.

No soy una zorra.


No soy una golfa.

No soy una perra.

Pero no soy lo que él desea para su vida.

─Él está mintiendo ─susurro, siendo esto lo único que puedo decir sin
resquebrajarme─. No lo toqué ni intenté chupársela.

Lo demás, sin embargo, es cierto y ni siquiera yo puedo negarlo. Estaba


follando en su cama bajo el pretexto de que todos follan en las camas de las
habitaciones de las fraternidades para deshacerme del escozor de que lo
hubiera hecho tantas veces con Pauline frente a mí, mientras creían que
dormía, pero sabían en el fondo que no, y luego hablamos y me dijo que no era
más que otra de las chicas con las que se acostaba estando ebrio.

Que lo lamentaba si no me gustaba, pero así eran las cosas.

Anahí debe ver el evidente cambio en mi expresión y oír la sinceridad en mi


voz, pues su ira flaquea por unos segundos, pero eventualmente vuelve a ganar
sobre el resto de sus emociones cuando Gordon se dirige nuevamente a ella,
confirmando mis sospechas. Anahí puede tener problemas de ira, pero él es
quién la hace estallar, manipulando las flamas de su fuego a su antojo.

─Otra de tus compañeras ha intentado separarnos, cariño ─le dice─.


¿Permitirás que nos gane o lucharás, como siempre lo haces, por mí? ─Sus
labios se curvan con suficiencia y arrogancia─. Recuerda cuán buena ha sido
tu vida desde que llegué a ella. Sin mí no eres nada, Anahí. Absolutamente nada.
Esta vez cuando me estremezco, no lo hago por mí, sino por ella. Por la manera
en la que intenta ocultar la disculpa en sus ojos antes de girar la lata de alcohol
sobre mis planos en el escritorio. Fuera de mí, la empujo antes de dirigirme a
las hojas mojadas e intentar salvarlas, lo cual es inútil debido a que la mayoría
de ellas son de papel delgado, el que utilizo para mis borradores. Mi pecho
desciende hacia abajo al comprobar que todos los bosquejos de mi proyecto
para el concurso se han perdido. El inicio de mi futuro porque sé que aunque
lo intente, nada será tan perfecto como lo que ya hice. Un artista no hace dos
veces la misma obra de arte.

Y esta era la obra de arte que me llevaría a cumplir mis sueños como arquitecta,
a que mi talento no estuviese únicamente destinado a decorar o diseñar casas
para millonarios. Con taquicardia en mi pecho, asciendo la vista hacia los
culpables.

Sus sonrisas se deshacen cuando me ven.

─Tienes razón, Anahí, me incliné sobre tu novio y se la chupé en su auto de


camino aquí, pero lo hice porque él me rogó que lo hiciera desde la primera
vez que nos vimos ─le digo al detenerme frente a ellos tras tomar las llaves de
mi Mercedes, mis manos mojadas y llenas de papel. Si ya he pagado el precio
por algo que no hice, entonces que ella pague el creer que sí. Cada vez que me
llame de una manera despectiva, recordará el por qué─. Porque está aburrido
de que seas tan fácilmente manipulable. No sabes cuánto se burla de ti a tus
espaldas. ─Mis labios, el inferior sangrante debido a sus rasguños, hacen una
mueca─. Porque mientras tú lo amas, no eres más que un juguete para Gordon.

Al igual que las palabras de Gordon me dolieron pese a contener una mentira,
las mías también la hieren porque sabe que contiene algo de verdad. Al instante
él le asegura que solo soy una loca despechada, pero ambas sabemos que tengo
la razón. Tras salir de mi habitación, sin poder soportarlos más, camino por
los pasillos con andar tambaleante. El dolor que sentí tras mi conversación con
Tanner es nada al lado de que siento en este momento. Mi crianza me enseñó a
que mi carrera, mis propios logros, siempre van primero. Aunque cometí el
error de poner mis esperanzas en alguien más, mi madre me enseñó desde
pequeña que solo puedes confiar y manejar lo que tú misma haces, al menos
hasta que encuentres la persona correcta para sostenerte.

─Oh, Dios mío, ¿qué te pasó? ─exclama la encargada de la vigilancia de los


dormitorios, una chica con rasgos latinos de más o menos mi edad que también
he visto en el campus, cuando me ve en el estacionamiento─. Eres Savannah
Campbell, ¿no?

Entre tanto ardor, mi frente se arruga con confusión.

─¿Cómo sabes mi nombre?

─Siempre sales en el periódico. También estudio arquitectura, pero estoy más


avanzada que tú ─responde con suavidad, desviándome de mi camino hacia mi
auto para sentarme en una banca. Ya que a duras penas puedo manejarme a
mí misma, la obedezco y me siento─. Me llamo Faith y de verdad necesito saber
qué te sucedió, Savannah. ─Su expresión se vuelve levemente dura y triste
mientras me observa─. Si has sido atacada, necesito llamar a la policía y al
resto de la seguridad del campus.

Me tenso.

─No. Solo peleé con mi compañera por su estúpido novio.


Aunque su frente se arruga con disgusto, sus ojos marrones lucen aliviados.
Probablemente pensó que me habían violado o algo.

─Es gracioso cómo siempre buscamos el culpable en un hombre cuando


también nos lastimamos entre nosotras ─comenta antes de negar con un
suspiro agotado─. Las normativas del campus me obligan que lo notifique, pero
sé cuán estúpidas y decepcionantes pueden terminar viéndose las peleas por un
hombre, a lo cual ninguna mujer debería rebajarse, y considerando que eres
mi heroína... ¿por qué no solo llamas a alguien cerca para que se ocupe de ti,
Sav? ─Empiezo a negar con la cabeza, pero esto solo hace que su aire firme y
adulto vuelva─. Si nadie viene a recogerte, lo notificaré. Lo siento. No te
permitiré irte así como así con ese aspecto. No puedo darte la espalda cuando
claramente has sido herida y podrías hacerte aún más daño si nadie cuida de
ti justo ahora. Si no fuera porque tengo un turno completo, te invitaría a pasar
la noche conmigo y con mi compañera, pero ella no es muy sociable y no creo
que sea de mucha ayuda. También te admira, por cierto. Estudia lo mismo que
nosotras y tiene alguno de tus diseños en su mural de iconos de la arquitectura.
Lo siento si te estoy aterrorizando con esto, pero la verdad es que eres muy
buena. ─Mis labios hacen un mohín involuntario, pero también agradecido
debido a que después de lo que pasó, escuchar sus palabras es como aplicar un
bálsamo a una herida que aun así escuece─. Entonces, ¿necesitas que te preste
mi teléfono para llamar o lo notifico?

Niego.

─Llamaré.

Aunque una parte de mí la odia por obligarme a llamar a la persona que llevo
semanas evitando, otra la ama por ser tan increíble. No puedo evitar que mis
ojos se llenen de lágrimas cuando me doy cuenta de lo sola que estoy en Austin.
Además de Tanner y Pauline, no tengo a nadie más. No de confianza. El resto
son conocidos o ligues con los que he disfrutado en una fiesta. Sacando el
teléfono de uno de los bolsillos de mis pantalones, marco el número de mi ex
compañera de dormitorio. Mi atuendo está arruinado. Mis cadenas se
rompieron y mi sombrero fue arrojado por alguna parte en mi habitación
durante la pelea. Durante el descenso en el ascensor, me di cuenta de que no
solo mi labio sangraba, sino también mi cuello y mi mejilla, y de que mi cabello
es un completo desastre que necesita más que un lavado.

─¿Pauline? ─susurro cuando escucho el sonido de una respiración provenir


del otro lado de la línea─. ¿Podrías venir por mí? Tuve un problema con mi
compañera y su novio. ─Aprieto fuertemente mis ojos entre sí, las lágrimas
deslizándose por sus mejillas─. Peleamos porque Gordon le hizo creer a Anahí
que se la había chupado y arruinó mis planos para el concurso ─sollozo─. Por
favor, ven, yo... sé que no soy la mejor, pero te necesito. ─Pauline no me cuelga,
lo que habría tenido merecido después de cómo le he dado la espalda a pesar
de mi promesa de no hacerlo, sino que sus respiraciones se hacen más audibles
y profundas─. ¿Pauline? ─pregunto, mi corazón latiendo sin control en mi
pecho─. Si no vienes por mí, la vigilante que me encontró le notificará las
autoridades de la universidad y...

─Voy para allá ─me corta Tanner antes de colgar.

Faith alza las cejas cuando termino de hablar.

─¿Y bien? ¿Vienen por ti?

Trago, asintiendo.

A pesar de que hace tan solo un par de horas le dije que se mantuviera alejado
de mí, él vendrá, no Pauline. Contengo las ganas que siento de gritar ante el
hecho de que sea él quien haya respondido y no ella. Es como si estuviera
atrapada en un bucle.
─Creo que sí.

*****

Lo primero que hace Tanner cuando llega en su camioneta y se baja de ella es


cubrirme con mi chaqueta, la cual había dejado atrás. Lo segundo es interrogar
a Faith sobre cómo me encontró. Una vez obtiene todas las respuestas de esta,
me toma en brazos y me lleva él mismo al interior de su Raptor. Estoy tan dolida
y enmudecida por mis planos perdidos que ni siquiera siento mi usual
magnetismo hacia él, limitándome a acurrucarme en su asiento mientras
enciende el motor. A pesar de mi dolor, no puedo evitar girar el rostro en su
dirección cuando toma la manija después de que ella se va. Me mira con sus
profundos e intensos ojos negros antes de bajarse, su expresión escalofriante.

─¿Gordon salió?

Niego.

─Siguen ahí.

Tras asentir en mi dirección, empieza a cerrar su puerta.

─Quédate aquí y no te lleves mi maldita camioneta.

A pesar de que debería seguirlo y detener lo que sea que vaya a hacer, no lo
hago. La verdad es que odio a Gordon más de lo que odio a Tanner y me alegra
intuir que el mariscal de campo de su equipo, también su capitán, está a punto
de darle una lección. Presiono mi frente contra el cristal, disfruto del frío gélido
de su aire acondicionado y le subo el volumen al radio mientras espero. Tanner
sale tres canciones después con la ropa todavía más arrugada, un labio partido
y los ojos inyectados en sangre.

Cuando sus manos envuelven el volante, sus nudillos están rojos.

Al percibir mi mirada, se encoje de hombros mientras arranca.

─Después de lo que le hice, no podrá continuar con la temporada.

Ante su comentario, algo de cordura vuelve a mí.

Lo que hizo puede ocasionar que lo expulsen a solo un par de meses de


graduarse con calificaciones perfectas.

─Tanner...

─Esto es mi culpa, Savannah ─dice─. Así que no digas una mierda. Golpearlo
es lo menos que te debía después de que terminaras con ellos por la manera en
la que te eché de nuestro lado. ─Me mira fijamente─. Lo siento mucho por tus
dibujos.

Aunque me gustaría contradecirlo, no lo hago.

No puedo, pero no porque piense que tenga razón, sino porque no tengo
energías, ni ganas, para convencerlo de lo contrario. Sé que sea lo que sea que
le diga será en vano porque existe algo de verdad en sus palabras, pero yo
también me fui sin luchar.
Y aun así presiento que volveré.

*****

Mientras estoy acostada en mi vieja cama, dónde por fortuna nadie ha dormido
desde que me fui, y Tanner duerme con Pauline frente a mí, quién nos esperaba
despierta, pero aceptó no hacer preguntas hasta la mañana siguiente, ni
siquiera me siento molesta por regresar a la posición de la cual escapé. Ellos
no están en mi mente ahora, puesto que lo único en lo que puedo pensar es en
cómo la arquitectura no es solo lo que amo hacer, sino lo que más me hace
sentir orgullosa de mí. Es por lo que he luchado tanto en casa como aquí.
Contra mis padres y sus planes para mí al querer enviarme a una prestigiosa
escuela de negocios. Contra los alumnos y profesores que aún en pleno siglo
XXI continúan pensando que el hecho de ser una chica de fiesta y vestirte como
una Kardashian significa que estás vacía por dentro.

Contra mí al no poner a Tanner como el centro de mi existencia.

Por lo tanto, no soy buena en mi carrera solo porque la arquitectura sea lo que
más amo. Soy buena porque mi lucha por enseñarle al mundo que puedes
vestirte como quieras, ser como quieras, tener tus demonios y tus problemas y
aun así ser talentosa y exitosa en lo que disfrutas hacer si crees en ti y en lo
que haces me lo obliga. Ese es mi verdadero propósito al momento de obtener
las mejores calificaciones y ganar los mejores concursos y ellos me lo quitaron.

Entonces yo le quité lo más importante a Anahí, el velo con el que cubría los
estragos que es su relación, pero todavía no he ido por Gordon. Es evidente
que ella no es lo más importante para el jugador de fútbol, pero después de
revisar su perfil público en Instagram con un montón de fotos en su Audi antes
de finalmente cerrar los ojos, sé que lo es.
E iré por él.
Capítulo 14
Básicamente, logré aparentar ignorar a Tanner.

Realmente, no lo hice.

Después de que llegara al palco con la chica que se parecía a mí y se exhibiera


sin ningún tipo de pudor con ella, luché enormemente por mantener mis ojos
lejos de ellos y concentrarme en Malcolm y mis padres, quién terminó jugando
en el segundo tiempo para salvar al equipo a pesar de que habían decidido no
sacarlo. Una vez los Kings empezaron a ganar, sobrellevar la situación con mi
padre sentado a mi lado gritando fue más sencillo. Incluso diría que me divertí
cuando Malcolm salió al campo, pero la verdad es que en ningún momento mi
mente se apartó de él.

Eso empeoró cuando los dos hermanos se reunieron al final del partido en el
estacionamiento y discutieron, a lo que no pude hacer caso omiso y me
involucré para arrastrar a Malcolm a la cena que mis padres habían preparado
para salvarlo de un escándalo. Es continuamente acosado por la prensa y sé
cuánto odia que esta filtre información sobre su familia, en especial sobre
Tanner y su madre. Aunque Tanner me vio como si quisiera asesinarme por
meterme, no impidió que nos fuéramos juntos y lo dejáramos atrás con su
Savannah Campbell 2.0. Dejarlo con ella también trajo un sabor agrio a mi boca,
pero la humanidad logró algo importante esa noche cuando hice caso omiso de
ello y continué con lo mío.

El lunes, sin embargo, no me presento a su oficina como le dije que haría, sino
que permanezco en la mía. No voy a trabajar en su ático a menos que me pague
cien millones de dólares por ello y acepte mudarse a Asia mientras lo hago, lo
cual no va a suceder, por lo que me dedico a ignorar sus llamadas mientras
preparo las maquetas de los proyectos que debo entregar en unos días.

Sea lo que sea que esté pasando entre él y Pauline, ya no quiero sacar provecho
de ello, sino mantenerme lo más lejos posible.

Son un desastre, sí, pero son uno al que me arrastrarán.

─Sav, hay un hombre aquí que quiere verte ─dice Isla, mi asistente, asomando
su cabeza en mi oficina tras tocar la puerta de cristal que da acceso a ella. Es
una chica recién graduada en diseño de interiores a la que de vez en cuando le
doy la oportunidad de participar en un proyecto conmigo, al igual que el otro
arquitecto para el que trabaja. Su cabello es corto y marrón y su estatura
adorable. Es voluptuosa─. No tiene una cita, pero insiste en que necesita verte
personalmente. ─Sus mejillas se sonrojan, sus gafas empañándose de manera
graciosa como cada vez que se pone nerviosa─. Es... uhm, atractivo. Lo siento,
pero no puedo echarlo. Me pone nerviosa, ¿podrías hacerlo tú?

Me echo hacia atrás en mi silla, un trozo de cartulina con pegamento en mis


dedos, mientras la miro con las cejas arriba. El nombre de un hombre
acostumbrado a causar ese efecto en las personas viene a mi mente, pero me
permito a mí misma tener la esperanza de que no sea él. Es demasiado pronto
para que ruegue. Tanner Reed es muy orgulloso para aparecer tan pronto.
─¿Cómo se llama?

Sus mejillas se sonrojan todavía más.

─Discúlpame por ser la peor asistente, pero no puedo hablarle.

Pongo los ojos en blanco.

─Isla...

─Tienes que verlo por ti misma ─susurra antes de retroceder torpemente y


tropezar con sus propios pies antes de finalmente recuperar la compostura, lo
que soy capaz de ver debido a que las paredes de mi oficina son de cristal y
permiten que vea tanto hacia su despacho, dónde veo al hombre del cual habla,
y al de Donan, el hombre de cuarenta años con el que comparto el alquiler. A
diferencia de mí, él es feliz decorando y diseñando casas.

Mis labios se curvan hacia arriba cuando llego a Isla, quién realmente se enreda
con su lengua mientras intenta hablarle.
─Mi... mi je... mi jefa... ─tartamudea de forma triste, lo que hace que finalmente
me involucre ofreciéndole mi mano a Ryland, el dueño del club que decoré
recientemente y me prometió venir para que me encargara de su nuevo sport bar
en Travis Country.

─Ryland ─susurro con una sonrisa─. ¿Qué tal todo?

─Bien, ¿y tú? ─responde él mientras aparta su ceño fruncido de Isla y se


desabrocha la chaqueta de su traje azul marino antes de acercarse a mí
sonriendo─. Lamento haber llegado sin avisar.

Su cabello rubio está perfectamente peinado hacia atrás. Su barba está bien
recortada. Como si su rostro de ojos azules no fuera lo suficientemente atractivo
a pesar de su prominente nariz, su metro ochenta de estatura está dotado de
buenos músculos. Isla tiene razón, es atractivo, pero su tono de voz es
demasiado encantador.

─Estoy bien. No te preocupes, no estaba atendiendo a nadie, pero que no se te


haga una costumbre ─le respondo con una sonrisa─. Ven conmigo a mi oficina
y hablemos de tu nuevo negocio.

Ya que la visión del cliente siempre es importante, anoto todo lo que me dice
sobre sus aspiraciones con el local en un blog antes de realmente hablar de su
diseño, para lo cual fijamos una fecha para encontrarnos en Travis Country.
Ahora que he rechazado mi trabajo con Tanner, no me conviene deshacerme de
ningún proyecto, por el que me entusiasmo cuando Ryland me dice que pagará
muy bien si empezamos ahora. Después de que terminamos de hablar de
negocios y salimos de mi oficina, sin embargo, me sorprende echándome un
largo vistazo a pesar de que hoy no fui exactamente creativa con mi vestuario.
Después del fin de semana tan emocionante que tuve, opté por una falda de lápiz
negra, tacones y una sencilla camisa de mangas cortas.

─Sé que puede sonar poco profesional de mi parte, pero me encantaría llevarte
a cenar. ─Me enseña sus dientes al sonreír ampliamente. La verdad es que Isla
sí tenía motivos para quedarse sin palabras. Es como estar de frente a una
estrella del cine o de la televisión─. Mira, la verdad es que no sería yo mismo
si no te lo pidiera ─agrega con una sonrisa ladeada─. Cuando veo a una mujer
hermosa, simplemente no puedo dejarla ir

Aunque normalmente aceptaría, tanto la presión a la que he estado sometida


últimamente como el sonido afligido que Isla suelta desde su escritorio hace que
niegue. Es una buena asistente y no deja de ver directamente hacia Ryland a
hurtadillas de su escritorio a pesar de que acaba de invitarme a salir. Quizás si
me lo hubiera pedido a solas lo consideraría, pero no seré la inconsciente chica
que toma lo que más quiere en sus narices.

Ella es Isla y yo soy Savannah, pero he estado ahí.

Y no es bonito.

─Creo que no ─le respondo con la nariz arrugada─. No junto los negocios con
el placer, pero si tus intenciones son que hablemos de lo que quieres para tu bar,
creo que Isla y yo podríamos ir.

La mencionada luce como si se quisiera morir.

Ryland junta las cejas.

─¿Quién es Isla?
─Mi asistente ─respondo con los ojos en blanco.

─Oh. ─Ryland le sonríe, lo que hace que la tensión se libere de mis hombros,
puesto que no es tan idiota como para admitir abiertamente que no le prestó
atención al bonito cartelito con su nombre junto a ella─. Claro. ¿Puede ser
mañana? ─Su tono de voz se vuelve serio─. Podría pasarlas buscando por aquí
cuando terminen, adelantar la visita al bar y discutiríamos su diseño en la cena.
No es lo que buscaba, pero suena mucho mejor compartir mi noche con dos
mujeres hermosas en lugar que una sola.

─Por supuesto que sí.

Asiente, satisfecho, y se inclina hacia adelante para besar mi mejilla, lo que


acepto por cortesía y porque, bueno, huele bien y sería un poco desagradable de
mi parte si lo empujo.

─Bien, muchas gracias, señorita Campbell. ─Cuando se gira le guiña un ojo a


Isla, quién está tan blanca como la nieve─. Isla.

Una vez abandona nuestro piso, miro a mi asistente.

─Tienes razón. Es bastante atractivo.

Isla respira entrecortadamente varias veces antes de responder.


─Necesito comprar ropa. No puedo ir viéndome... así.

Arrugo la frente.

─¿Así cómo?

─Como yo ─jadea─. Necesito ser otra persona para mañana.

La única persona con la que voy de compras en Austin es con Pauline, lo que
consiste en mí escogiendo su ropa, y al oír a Isla quejarse por algún motivo las
palabras de Malcolm diciéndome que estoy continuamente sometida a
demasiado estrés sin descanso vienen a mi mente. Tras relamer mis labios, le
ordeno vaciar nuestra agenda para el resto de la tarde mientras me disculpo con
Donan por robarle a nuestra asistente por lo que queda del día. Él se lo toma
bien, agitando su mano hacia mí con desdén mientras permanece inclinado
sobre su escritorio y me ordena que cierre la puerta porque interrumpo su
proceso creativo.

*****

Al día siguiente me despierto con un poco de resaca, puesto que Isla y yo


bebimos champagne mientras obteníamos un tour por las mejores tiendas de la
ciudad, cortesía de una de mis clientas, la cual me hizo diseñar para ella y para
su esposo una habitación bastante exótica, y un montón de bolsas de compra a
mi alrededor. De alguna manera logro incorporarme y guardar las nuevas cosas
que obtuve ayer antes de irme al trabajo con un pantalón negro y una camisa
blanca de mangas vaporosas. Al igual que el día anterior, lo primero que me
dice Isla cuando llego es que tengo un montón de llamadas y mensajes de
Tanner.

─Bloqueé su número, pero sigue llamando desde otros ─dice.


Ya acostumbrada a que busque una manera de meterse en mi vida aunque no
exista, me encojo de hombros. Un poco de acoso de Reed no me da miedo. No
diseñaré su ático en lo absoluto.

─Sigue bloqueándolos.

Aunque mi respuesta le causa evidente exasperación, afirma.

─Lo haré.

*****

Ya que terminamos temprano, nos vamos antes y nos reunimos en mi casa para
vestirnos. Isla cubre sus curvas con un vestido rojo que hace que sea difícil de
ignorar ya que se ciñe a ella como una segunda piel. Se ve preciosa y lo hace
aún más cuando me pide ayuda para resaltar sus grandes ojos marrones con un
maquillaje ahumado. Ya que no tengo intenciones de destacar esta noche, entro
en un kimono azul con grabados y estilo asiático y ato mi cabello en un moño
en la parte superior de mi cabeza. Es lindo, pero no sexy. A pesar de que
llevamos toda la mañana hablando de cómo Isla actuará durante la visita al bar
y la cena, sus manos se llenan de sudor y nuevamente se olvida de respirar.

─No puedo, Savannah, yo...

─Solo repítete a ti misma que solo estamos trabajando ─le digo mientras paso
su abrigo por encima de sus hombros─. Nada más.
Mis palabras deben funcionar, puesto que a los segundos parpadea antes de
enderezar sus hombros. Al verla finalmente capaz de pasar por esto, salimos de
mi apartamento y nos dirigimos al lujoso deportivo de dos puertas junto a la
acera.

─Lo siento, sé que no hay mucho espacio detrás, pero no tuve tiempo para
alquilar un auto ─se disculpa Ryland mientras abre la puerta del asiento copiloto
para nosotras─. Lo siento, en serio.

Ya que se supone que estamos aquí en calidad profesional y soy su jefa, Isla se
va atrás y yo delante de camino al sport bar en Travis Country cuyos interiores
voy a diseñar. A diferencia del ático de Tanner, el local ya tiene piso y una
escalera de madera que conduce al segundo piso. Al instante en el que entro,
pienso que una decoración clásica y a la vez retro le quedaría bien. Algo entre
escocés e irlandés. Después de que Isla y yo hayamos tomado las medidas,
volvemos a entrar en su deportivo y nos dirigimos a un reconocido restaurante
de comida asiática de la noche. Todos pedimos arroz thai de mariscos y algunos
rollitos primavera para esperar mientras llega el platillo principal. Me siento
orgullosa de mi asistente cuando es capaz de oír y responderle a Ryland sin
sufrir un paro cardiaco o verse como un pez fuera del agua. A pesar de que su
tono de voz al dirigirse a ella es cortés, también contiene algo de genuino
interés.

Me alegra que al menos una de las dos esté disfrutando.

─¿Savannah? ─pregunta una voz por encima de nosotros, erizando mi piel─.


¿Es por esto que no me contestas?

Sin apartar mi mirada del mantel, respondo.


─No te contesto porque no quiero, Tanner. Tan simple como eso.

Ya que no lo miro, se posiciona junto a mí y me obliga a alzar la vista hacia él


debido a su cercanía. Isla hace un sonido lleno de sorpresa, pues se encuentra
junto a mí y para eso él tiene que posicionarse a su lado. Ryland frunce el ceño
hacia nosotros. Tanner, por su parte, no deja de fulminarme con la mirada con
las manos metidas en el interior de los bolsillos de su pantalón oscuro. A
diferencia de la mayoría de las veces, su camisa es blanca y está tan
desabotonada y arrugada que me cuesta creer que sea suya o que esté
disfrutando de verse así. Arruinado y descuidado.

─Savannah, es muy poco profesional de tu parte dejar de trabajar conmigo por


cualquier cosa que esté sucediendo entre nosotros ─dice lo suficientemente alto
para que los demás escuchen─. Te pagaré mejor de lo que nadie alguna vez te
pagará. Lo sabes.

─Vete ─gruño, mis mejillas rojas con furia debido a que está dejándome mal
frente a mi asistente y un cliente que, por cierto, rechacé debido a que se supone
que no mezclo negocios y placer.

─No ─replica inclinándose hacia mí, sus ojos sumamente oscuros─. Te dejaré
comer, pero estaré esperándote en el estacionamiento. Tengo algo importante
que enseñarte.

No le respondo al oler alcohol en su aliento. Sé que le gusta comer aquí, pero


también que al lado hay un bar bastante concurrido al que suele asistir con sus
socios, lo más parecido a amigos que tiene. Al igual que yo, Tanner es solitario
y solo se enfoca en los negocios. Aunque me odio a mí misma por ello, termino
asintiendo, a lo que se retira, ignorando abiertamente tanto a Isla como a Ryland
como el odioso maleducado que es. Les sonrío una vez nos encontramos
nuevamente a solas y en paz.
─Espero que el arroz thai valga la pena.

Ryland me ofrece una mueca, pero en sus ojos no hay recriminación, sino más
bien curiosidad y un deje de burla.

─Pensé que no mezclabas los negocios con el placer.

Me encojo de hombros.

─Acabas de ver por qué.

No dice nada después de ello, dedicándose únicamente a Isla mientras esta y él


hablan de los pasatiempos, como los videojuegos, que tienen en común.
Afortunadamente nuestra comida llega al cabo de poco. Después de que
terminamos con ella, pasamos de pedir el postre y nos dirigimos al
estacionamiento. Me alegro cuando tanto Ryland como Isla captan que no
regresaré con ellos y ellos mismos se despiden, la primera luciendo aliviada de
no tener que volver a la parte de atrás.

Como prometió, Tanner está esperándome junto a uno de sus autos deportivos
de lujo. Él arroja el cigarrillo que se encontraba fumando y lo aplasta con la
suela de su zapato antes de dirigirse al lado del asiento copiloto, por lo que
asumo que lo que quiere enseñarme no está aquí. Lo detengo de cerrar la puerta.
No sé cuánto ha bebido, pero no pienso averiguarlo en la carretera.

─No ─exclamo─. Yo conduzco o no vamos a ningún lado.


─No estoy ebrio ─dice, pero de todas maneras se baja y me tiende las llaves,
las cuales acepto antes de ocupar su puesto.

El lindo auto ruje con fuerza cuando Tanner entra y acelero para arrancar.
Ajusto el asiento debido a que es algo más alto que yo. Cuando nos encontramos
en la avenida principal, señala el camino a través de las montañas que conducen
a su casa y a su nuevo departamento. Alzo las cejas, pero lo tomo, puesto que
la idea de dejarlo en un sitio en el que pueda dormir e irme en un uber a casa
suena bastante bien si las cosas se ponen intensas.

Me sorprendo cuando me señala una vía contraria a sus propiedades, pero que
conduce directamente hacia el lago en medio de todas las construcciones lujosas
de Travis. Casi en su orilla, me indica que me detenga frente a un terreno vacío
con un cartel de venta tachado enfrente. Sospechando el motivo por el que
estamos aquí, ni siquiera me bajo del auto. A esta hora poco podría ver si lo
hago, puesto que solo vemos lo que las farolas del vehículo nos permiten, y
realmente no creo que soporte estar tan cerca de mi sueño sin caer, por lo que
tanto Tanner como yo nos limitamos a ver hacia al frente aún en el interior de
su BMW. Un terreno como este, si me dejo llevar por el inicio y el final de la
valla, podría costar fácilmente un millón o dos de dólares.

─Debes estar bromeando ─le digo después de un rato.

─No ─responde─. Ya hice el pago. Ya está a tu nombre.

Tras tragar, me giro para observarlo mirándome.

Su voz ni siquiera trastabilló cuando me habló y sé cuánto odia la idea de un


mal negocio porque lo he oído desquitarse con sus empleados al teléfono o en
persona en el tiempo que llevo conociéndolo, pero el ser estafada por un
arquitecto no parece molestarle pese al hecho de que esto va más allá de ser
demasiado a cambio de mi trabajo y ambos lo sabemos, por lo que debe haber
algo más que quiera de mí para que decida gastar su dinero así. A duras penas
escondo el temblor en mi voz cuando me dirijo a él. Si se va a Asia, podría
aceptar trabajar en su ático.

─¿Qué es lo que realmente quieres de mí?

Antes de decidir responder, se inclina sobre mí, lo que me hace extremadamente


consciente del aroma de su colonia y del whisky que había estado consumiendo.
A pesar de que el alcohol fue lo que ocasionó, en parte, todo esto, puesto que
debido a lo ebrio que se encontraba la noche que nos conocimos es que no me
recuerda más que como una de sus conquistas sin nombre, no puedo evitar darle
la razón y creer que en realidad está en sus cabales. Nadie que no se encuentre
en sus cinco sentidos te puede mirar como Tanner Reed me está mirando en este
instante.

─Nada diferente a lo que ya me has dado, Savannah ─responde con voz suave
y baja, pero sumamente profunda─. Todo.

Y antes de que mi mente pueda encontrarle sentido a lo que acaba de decir, junta
los suyos con los míos y me besa. Aunque todo en mí desea que mueva mi boca
contra la suya y lo acepte, me separo de él al momento en el que entran en
contacto. Sintiendo mi pecho arder, me bajo del auto y empiezo a caminar de
un lado a otro sobre el camino de tierra. Respiro profundamente, sin poder creer
lo que acaba de suceder. Lo que está sucediendo. Tanner no tarda en bajarse
también y en acercarse a mí con expresión demasiado serena para la manera en
la que acaba de cruzar una línea bastante peligrosa del lado en el que ahora se
encuentra.

El que engañe a Pauline con otras en una cosa.


El que lo haga conmigo... niego.

Es arder en el fuego.

Quiero que la aleje y que me elija, no que la engañe.

Si ese fuera mi deseo, lo habría cumplido desde hace tiempo.

─Tanner, no podemos ─le digo cuando me presiona contra la puerta del BMW
con su cuerpo, estremeciéndome cuando sitúa su rostro junto al mío, por lo que
su aliento impacta con mi oído y con mi cuello cuando inhala y exhala sobre
él─. Pauline...

─Pauline nos ha hecho suficientemente daño a ambos ─me corta colocando sus
frías manos en mis mejillas, a lo que no puedo evitar alzar la vista para mirarlo
fijamente─. Ella no importa, Savannah, ya no. Le di todo lo bueno de mí y aun
así lo tomó y lo menospreció. No es tan buena e inocente como pensábamos. Te
prometo que permanecerá lejos si aceptas. Me estoy desmoronando y eres la
única persona con la que no me siento como una pieza rota porque continuas
mirándome como si fuera lo mejor que has visto. ─Su nariz juega con la mía,
rozándola y acariciándola─. Te estoy dando lo que todo este tiempo has pedido
a gritos. Tómalo o déjalo ir de una vez por todas.

Mis rodillas flaquean al oírlo, pero Tanner impide que me caiga al sujetarme de
la cintura y nuevamente buscar mis labios. Al no ser rechazado, toma nuestro
beso como un sí y se atreve a invadir mi boca con su lengua. Creyendo en su
promesa de que Pauline ya no será un problema, envuelvo su cintura con mis
piernas cuando me alza para llevarme sobre el capó. Encajo mis dedos en su
cabello mientras continuamos besándonos con absolutamente nadie a parte de
nuestras consciencias como testigos. A pesar de que su sabor y su tacto me
tienen enloqueciendo, al igual que la sensación de su erección contra mi centro,
niego mientras me aparto nuevamente de él, luchando por enviarlo lejos y
bajarme de su auto, dónde terminé puesta como si fuera una adolescente.

─No pasaré por esto otra vez ─le digo a su mirada tanto furibunda como
interrogante─. Si para mañana continúas pensando igual, lo pensaré. No volveré
a ilusionarme contigo, Tanner Reed.

Al oírme, su postura tensa se relaja y su expresión se suaviza.

Asiente.

─Te prometo que así será.

─¿Cómo lo sabes? ─le pregunto mientras ajusto mi ropa antes de dirigirme al


interior del auto, mi corazón latiendo aceleradamente.

Él no responde hasta que está a mi lado, mirando hacia el terreno que compró
para mí mientras respira de manera entrecortada. Aunque su rostro no lo
demuestre, sé que está afectado por lo que hicimos por la manera en la que sus
mejillas lucen rojas.

─Solo lo sé.
Capítulo 15
─¿Estás segura de que estás bien? ─me pregunta Pauline por quinta vez
mientras desayunamos en el que solía ser nuestro sitio favorito para comer
panqueques en Austin luego de que le cuento lo que sucedió, a lo que afirmo,
lo cual hace que me oculte más en la capucha de la sudadera gris que me prestó,
junto con un par de vaqueros, para que me duchara y saliéramos.

─No tienes nada de qué preocuparte ─añado cuando la preocupación no


desaparece de sus ojos─. Lo resolveré.

─Savannah...

Niego mientras hundo mi tenedor en los panqueques.

─Solo déjalo ir, Pauline.

Cuando alzo la mirada con un bocado cerca de mi boca, presiona sus labios
fuertemente entre sí. Tanner está a su lado, pero ni siquiera ha tocado su
desayuno. Su expresión es ausente mientras mira por el ventanal junto al que
nos encontramos sentados. Mi mandíbula se aprieta cuando su novia habla otra
vez.
─No, no lo dejaré ir, Savannah, porque esos imbéciles te hicieron daño, ¿y por
qué? ¿Por qué que te tuviste que mudar a otra habitación si nos iba tan bien
juntas? Me dijiste que se suponía que necesitabas estar sola y lo respeté, ¡pero
te fuiste a vivir con alguien que resultó ser mucho peor que yo! ─dice esto
último incorporándose y aplanando sus manos sobre la mesa, la expresión de
su rostro severamente lastimada. Al darse cuenta de que todos están mirándola,
baja su tono de voz─. Te dije que si Tanner era el problema, no lo dejaría entrar
en nuestra habitación otra vez y no aceptaste, por lo que ahora que veo cómo
has preferido vivir con estas malas personas y no conmigo y si tomo en cuenta
la manera en la que me has ignorado todo este tiempo... ─Niega─. No puedo
evitar pensar que quizás todo no iba tan bien entre nosotras. Realmente te
considero una amiga, ¿tú a mí no? Sé que no soy tan interesante como todas
las demás chicas, que incluso a veces soy un poco tonta, ¿pero qué es lo que es
tan terrible en mí que te hizo terminar con Anahí y su novio? ¿Qué causó que
me mintieras al decirme que deseabas soledad?

Cuando termina de hablar, sus ojos están llenos de lágrimas. No espera que le
responda. Simplemente arroja la servilleta que puso sobre sus piernas a la
mesa, sobre mi comida, y sale huyendo cuando no le contesto apenas termina
de hablar. Tanner hace ademán de levantarse para seguirla, pero niego antes
de perseguirla. Ya que su mochila está en la camioneta de su novio, no llega
muy lejos. La alcanzo en el estacionamiento. Pese a que está usando sandalias
y un vestido floreado de margaritas, anduvo rápido. Sus brazos están cruzados
sobre su pecho con fuerza.

─Pauline, necesitaba espacio ─le digo, pues es lo más parecido a la verdad


que tengo para ofrecerle─. No sé la razón, pero necesitaba espacio. Tal vez
irme no fue la mejor opción o la solución, pero estaba asfixiándome. Lo
necesitaba y lo tomé.
A pesar de que su expresión se suaviza, no lo deja ir tan fácil.

Niega, lo cual hace que sus rizos dorados se agiten.

─Ese es lo problema con las chicas como tú. ─Toma una profunda bocanada
de aire antes de seguir─. Hacen lo que quieran sin tomar en cuenta los
sentimientos de los demás. No sabes cuántas veces me quedé dormida
preguntándome qué es lo que hice mal para que dejaras de hablarme, pero
ahora me doy cuenta de que... fue nada. Lo dejaste de hacer porque te vino en
gana y ya.

Aunque debería sentirme mal por lo que dice, no lo hago.

Me molesta, eso sí, porque si Tanner no hubiera pasado tanto tiempo a nuestro
alrededor, quizás hubiera sido capaz de soportarlo. Quizás no me hubiera
obsesionado. Lo que sucedió, en cambio, fue que Pauline se paseó por meses
frente a una criatura hambrienta con un recipiente de helado en la mano.

Y no me quedó de otra que desearlo.

─Y el problema con las chicas como tú es que todas piensan que el mundo gira
a su alrededor ─le digo, lo que la hace fruncir el ceño─. Como son buenas y
perfectas, todo el mundo quiere lastimarlas y desear vivir sus vidas, pero las
verdad es que no. Preferiría estar muerta a ser inconsciente de lo que sucede
frente a mí. Me atacas por haberme ido, ¿pero no te das cuenta de que la razón
por la que lo hice es obvia? Anoche fui atacada por una pareja de lunáticos,
arruinaron mis dibujos, planos importantes para un concurso vital para mi
carrera, y no has sido capaz de dejar de lado tu molestia ni por un solo día,
Pauline. ─No como yo lo he hecho por tantos de ellos para que fuera feliz─.
Me acusas de ser egoísta, pero tú no eres mejor, sino peor. Por lo menos yo sí
sé lo que sucede frente a mí porque me permito salir de mi propio cuerpo y
ponerme en los zapatos de los demás, algo que tú, samaritana, eres incapaz de
hacer porque estás encerrada en tu pequeña realidad dónde eres cristal y todos
deben cuidarte. ─Al ver sus ojos llenarse de lágrimas, siento la tentación de
parar, pero no lo hago. Ahora que he empezado a decirle lo que de cierta forma
ha estado atascado en mi pecho por tanto tiempo, no puedo detenerme─.
Absorbes a las personas bajo la necesidad de cuidarte y perdonártelo todo
porque eres gentil y amable, inconsciente de lo que les haces. No lo resistí. Por
eso me fui.

Cuando termino de hablar, abro la puerta de la camioneta de Tanner, la cual


este abrió a la distancia, y saco mi mochila de ella. Ninguno de ellos me detiene
mientras me alejo. Debido a que luzco como si fuera a presentar la audición
para el casting de una película zombie, me tomo el día de mis clases. En su
lugar me acerco a la oficina de distribución de dormitorios y acepto
nuevamente volver a vivir con Pauline, el único sitio disponible, puesto que sigo
odiando más a Anahí y a Gordon por encima de lo que los detesto a ellos. Una
vez he hecho todo el papeleo, voy por mis cosas al dormitorio junto al campo
de fútbol.

Mis hombros descienden con alivio cuando confirmo que Anahí no se encuentra
presente, sino en una de sus prácticas de voleibol. Tomo mi ropa del armario y
la meto en una de las cajas que encontré en el depósito del edificio. Una vez
termino con mis prendas, bajo al estacionamiento y lo guardo en mi Mercedes.
De alguna manera consigo mudarme nuevamente en menos de una hora,
dejando por último mi escritorio. Mi pecho desciende con dolor cuando poso
mis ojos en el papel arrugado que ahora son mis planos. Los acaricio con mis
dedos como si tuvieran magia y eso pudiera traerlos de nuevo a la vida, pero
no lo hace. Siguen siendo basura después de haber sido simplemente
maravillosos.

Tragando el nudo en mi garganta, pero no deteniendo las lágrimas que


descienden por mis mejillas, guardo mis materiales de dibujo y me dirijo
nuevamente al estacionamiento, yendo de prisa hacia mi auto repleto por
tercera vez de mis cosas. Ya que nada más cabe dentro, peleo por mantener
arriba el maletero mientras meto mi última caja. Me tenso cuando una mano la
mantiene arriba.

─Hola ─saluda Ibor amigablemente.

Al verlo, mi cuerpo instantáneamente se relaja.

─Hola ─digo tras meterla, una sonrisa en mi cara─. ¿Cómo estás?

Su frente se arruga con preocupación. Está vestido con ropa de deporte, por lo
que supongo que iba camino a entrenar cuando me vio. Aunque una parte de
mí se siente mal por haber sido tan perra con él cuando claramente es un buen
chico, la mayor parte no lo hace. Fui clara. Solo fue un momento de sexo. Sin
embargo, no puedo culparlo por creer que pudo haber nacido algo lindo de
ello.

─Sin ofender, mejor que tú. ─Sus ojos están fijos en mi labio partido─. Iba a
entrenar unas horas extra, pero puedo dejarlo. Arriesgándome a ser rechazado
otra vez, ¿aceptarías un café?

Mis labios instantáneamente hacen un puchero tras oírlo.


Él es tan agradable.

Tan dulce.

¿Por qué simplemente no puedo quererlo?

─No ─respondo, pero a pesar de ello me sostiene entre sus brazos cunando las
lágrimas empiezan a aparecer de nuevo ante el recuerdo de mis planos
arruinados y de que voy a regresar al lugar del que escapé porque me hacía
mal, convirtiéndolo al instante en el mejor chico que alguna vez se haya
cruzado en mi camino. Una vez termino de ser patética, me separo de él y lo
miro con una sonrisa─. Pero puedes ayudarme con mi mudanza mientras nos
preparo algo de comer, si quieres ejercitar un poco.

Ibor me devuelve la sonrisa.

─Creo que eres la mujer que más me ha hecho sentir como un objeto ─dice,
pero de todas maneras asiente y me acompaña a mi viejo hogar─. Por cierto...
─suelta cuando ya estamos en marcha hacia allá, sus dedos bajándole volumen
a la radio─. Aunque soy un chico grande, odio la violencia, pero estoy de
acuerdo con lo que Tanner le hizo a Gordon. No es la primera vez que él y su
novia atacan a una chica del campus. Hizo bien echándolo.

Arrugo mi frente mientras mis dedos aprietan el volante.

─¿Echándolo?

Ibor asiente.
─Sí.

─¿De dónde?

─Del equipo ─responde, mirándome con la frente arrugada─. ¿No lo sabías?


Pensé que él y tú eran, son, cercanos, ¿no?

─¿Por qué lo dices?

La confusión se hace aún más presente en el rostro de Ibor.

─¿No son familia? Eso es lo que nos dijo a todos para que no te molestáramos
después del partido por joder con Johnson. Después de que nos
desconcentraras a todos, en especial a él, todos esos idiotas querían meterse
contigo para fastidiarte.

Aunque me gustaría contradecirlo, no pondré en evidencia al capitán del


equipo delante de él, no cuando eso me haría quedar en evidencia a mí o admitir
cosas en voz alta que no quiero. Tampoco deseo hacer o decir nada que pudiera
dejarlo mal después de que arriesgara su propio pellejo por mí golpeando a
Gordon en un dormitorio del campus o lo echara del equipo. Para que esto
último sucediese, sin embargo, no debía ser muy bueno.

─Sí ─respondo─. Primos lejanos. ─Giro el rostro hacia él con una ceja alzada,
mis labios curvados hacia arriba con diversión─. ¿Entonces esa noche te
acercaste a mí para molestar, Ibor?

Ibor tiene la decencia de sonrojarse.


─Bueno... ─Sonríe traviesamente─. Incluso un buen no puede resistir la
tentación de hacer cosas malas de vez en cuando. No solo eras el blanco más
deseado, sino que eres hermosa y... lista. Te he visto un par de veces en el
periódico. La zona en la que sales está junto a las noticias deportivas, ¿sabes?
─Asiento, puesto que soy muy consciente de eso. Debido a ello Tanner y yo
salimos varias veces casi juntos en él─. Y bueno, a la mierda Tanner. Mis
intenciones no eran del todo malas. Fui un caballero. Inventé a su prima a salir
después, pero ella me rechazó.

Suelto una inesperada risita.

─¿Quieres un consejo?

Ibor asiente.

─Suéltalo, nena.

Nuevamente giro el rostro hacia él para sonreírle con calidez.

─Nunca te fijes en tu acostón de una sola noche. ─Niego, lo que hace que
algunos mechones de mi cabello se atraviesen en mi campo de visión y tenga
que apartarlos─. No termina bien.

*****
Con Ibor ayudándome mientras nos pido pizza y dos malteadas de oreo con
chocolate para almorzar-merendar, puesto que no he comido desde esta
mañana y dejé a medias mi plato para ir tras Pauline, termino con mi mudanza
más rápido de lo que podría haber esperado. A pesar de que odio estar
nuevamente aquí, no puedo evitar admitir que extrañaba el aroma a limpio de
Pauline en lugar del rancio y lleno de sudor de Anahí, puesto que rara vez se
daba una ducha después de regresar de su entrenamiento, por lo que siempre
debía tener un ambientador y un eliminador de olores desagradables en spray
a la mano. Una vez Ibor se va, me acuesto en mi cama y me quedo mirando
fijamente el techo.

Antes de que pueda darme cuenta, me duermo.

*****

Me despierta el sonido de la puerta abriéndose. Tras separar mis párpados y


ladear la cabeza, me encuentro con Pauline caminando de manera insegura y
nerviosa hacia mí. Me incorporo en uno de mis codos para que nos podamos
ver mejor. Ambas nos dijimos cosas horribles más temprano, las dos teníamos
razón, pero no puedo evitar pensar que me excedí. Ella no es como yo. No es
de las que se habitúan a lo malo, sino que huyen de ello.

Así que soy la primera en hablar.

─Lo siento si lo que dije más temprano te lastimó, pero no lo retiro.

Ella se detiene frente a mí. Me mira fijamente por unos segundos antes de
asentir con expresión absolutamente seria, lo que la hace ver como ora
persona. No como un hada silvestre. Me gusta más.
─Yo tampoco lo retiro, pero me disculpo por haberlo dicho en este momento.
Tienes razón. ─Se sienta en mi cama, pero se levanta cuando yo también lo
hago─. No debí haberlo soltado en este momento. Sin importar cuales hayan
sido tus verdaderos motivos para irte de aquí, has sido lastimada y ahora se
trata de ti.

Aunque esta conversación está resultando más agradable de lo que pensé que
sería en un inicio, me acerco a la puerta principal y la abro ante la atenta
mirada de Pauline. Ya que irme sin despedirme sería demasiado cruel, giro el
rostro hacia ella tras abrir la puerta. Le ofrezco la mejor sonrisa que puedo
darle.

─Haré todo lo posible para no hacerte sentir mal si me asfixias.

Aunque no me devuelve la sonrisa, la tensión se desvanece de su rostro. Sus


hombros también descienden hacia abajo con alivio.

─Yo prometo no meterte más a mi novio por los ojos.

Aunque me congelo por unos segundos tras sus palabras, logro asentir y salir
de nuestro dormitorio con prisa. Aunque por algún motivo intuyo que ninguna
de las dos será capaz de cumplir su promesa a la otra, dejo cualquier
pensamiento sobre Tanner y Pauline fuera de mi mente y me concentro en
revisar las historias del Instagram de Gordon, quién es tan estúpido que tiene
su perfil en público a pesar de que nadie lo sigue, ni lo seguirá. Tras ver la más
actual, en la habitación que hasta ayer compartí con Anahí, me dirijo ahí con
toda la intensión de ocasionar un desastre.

Lo que le hizo Tanner no es suficiente para mí.

*****
El campus está repleto de cámaras de vigilancia, por lo que estaciono varias
cuadras antes y me pierdo en un bosque, dónde cambio mi sudadera gris por
otra, antes de dirigirme al dormitorio junto al campo de fútbol en que el equipo
todavía se encuentra entrenando. Ya que el tablero que proporciona
iluminación tanto a sus reflectores como al edificio en el que viví se encuentran
cerca del punto en el que los jugadores se encuentran, me arriesgo a ser
descubierta acercándome a la parte tras los vestuarios en el que está puesto.
Una vez he dejado esta parte de la universidad sin luz, regreso tan rápido como
puedo sin llamar la atención al estacionamiento de los dormitorios. Tras
encontrar el Audi de Gordon, lo rocío con la gasolina de emergencias que suelo
tener en una cantimplora en la cajuela de mi auto y enciendo una cerilla. Antes
de que pueda arrojársela encima, sin embargo, una voz tras de mí me detiene.
Por más culpable que se sienta, la verdad es que este no es su asunto. Gordon
es un imbécil que necesita una lección y ya. En su redes sociales encontré que
el bonito deportivo frente a mí es un premio de una rifa, puesto que con el
salario de sus padres, quiénes son granjeros, nunca habría podido
comprárselo, por lo que lo que está frente a mí es lo que más ama.

No el fútbol, en el que confirmé con Ibor que era malo.

No Anahí.

─No lo hagas ─me dice Tanner, avanzando hacia mí mientras el fuego


desciende hacia abajo en el palillo de madera consumiéndose en mi mano. Está
usando su uniforme de entrenamiento y su rostro, al ser alumbrado por la
cerilla, se ve serio y preocupado. No molesto. No me está mirando de la manera
en la que usualmente lo hace─. Te vieron en el campo. Te buscan por haber
causado un apagón. Esto no es prudente. Si te descubren, podría significar la
pérdida de todo lo que te importa.
─Las cámaras no captarán nada.

─Savannah... ─advierte─. Si lo haces, podrías ser expulsada. Entiendo que


estés molesta, pero esto no soluciona nada. Si quieres darle una lección a
Gordon más allá de lo que le he hecho, haz planos que resulten aún mejores de
los que hiciste y gana ese maldito concurso.

Mis ojos se llenan de lágrimas.

─Ese es el problema. ─Trago─. Nunca podré hacer nada mejor.

Nunca volveré a sentarme en el balcón de la habitación de Anahí y me inspiraré


por días en la manera en la que Tanner ataja y lanza un balón. No hará las
mismas jugadas por mí, ni él ni las personas a las que se enfrentaba en ese
momento. A pesar de que muchos son capaces de hacer lo que propone, mi
talento no funciona de esa manera. Es un instante. Un momento. Una sola
oportunidad que debes aprovechar, en mi caso, para trazar una línea. En el
caso de otros artistas, para escribir o para pintar.

Una obra de arte no nace dos veces.

No importa lo mucho que te esfuerces porque sí.

─Sav... ─Ahora su tono de voz es suplicante. Aunque estoy a unos milímetros


de quemarme los dedos, continúo sin soltar la cerilla. No lo hago incluso
cuando envuelve mi mano con la suya, calentándome aún más que el fuego, y
desciende su rostro para mirarme fijamente. Estoy segura que no la ha tomado
con sus propios dedos porque cualquier movimiento que haga podría significar
su caída al charco de gasolina─. No lo hagas, por favor.
─No es solo un concurso ─susurro─. Es la entrada por la puerta grande al
palacio de mis sueños, ¿por qué te cuesta tanto entenderlo? Si alguien te
hubiera roto el brazo, estarías igual.

─El fútbol no es lo más importante para mí.

─¿No? ─Niega─. Entonces imagina te arrebaten tus perfectas calificaciones,


tu camioneta o el orgullo de tus padres.

Tanner traga, visiblemente afectado y en conflicto.

Está entendiendo, por fin, cuán valioso es esto para mí.

─Sigue sin ser lo suficientemente importante como para que destruya mi vida
cometiendo una estupidez por ello ─responda mientras ejerce presión en mi
muñeca─. Savannah, por favor.

─Tanner, solo piensa en lo más importante para ti ─le digo, ahora


quemándome y extendiendo la mano cuando Tanner se inclina par soplar la
cerilla, lo que lo hace gruñir─. Y en qué harías si te lo quitaran. Piensa en lo
que sea, o en quién sea, que te haga estúpido y compréndeme. No puedo dejar
pasar esto mirando desde lejos como alguien más se venga por mí. Debo
hacerlo yo o no podré dormir en paz nunca más.

─¿Pero yo sí debo mirar cómo te arruinas por mi culpa sin hacer nada?
─pregunta de regreso, sus ojos sumamente sinceros─. Porque si lo hago, seré
quién no podrá dormir en paz nunca más.
─Tanner...

Al sentir literalmente que se queman mis dedos, no puedo evitar soltar la cerilla
en el momento justo en el que la luces vuelven a encenderse y la policía del
campus pasa junto a nosotros en dirección al campo de fútbol. A pesar de que
el fuego ya se había apagado, a veces solo se necesita una chispa para iniciar
un incendio. Uno que se ve reflejado en sus ojos negros.
Capítulo 16
Ninguno de los dos dice nada más hasta que me estaciono frente a su casa.
Cuando hago ademán de bajarme, puesto que tomaré un Uber de regreso a mi
estudio, coloca su mano sobre la mía, que está sobre sus llaves, y niega. Arrugo
la frente y bajo mi brazo en respuesta, deshaciendo nuestro toque antes de que
haga algo estúpido debido a ello, como no apartarlo si se inclina sobre mí.

O aceptar una invitación a su casa.

─Puedes llevarte mi auto.

Aunque estoy tentada de negarme, la verdad es que no tengo ganas de sentarme


en la acera o de verle la cara mientras espero que la persona con la que contacte
en la aplicación venga por mí.

─Te daría las gracias, pero fue por ti que no me fui con...

─¿Con Sklovensko?

Mi mandíbula se aprieta ante la mención del apellido de Ryland.


Aunque me siento idiota por preguntarlo, lo hago.

─¿Son amigos?

Tanner me mira como si fuera estúpida.

─Ninguno de los dos es de tener amigos, Savannah ─responde─. Pero sí, lo


conozco. Es mi socio más reciente. Decidí invertir un poco de mi dinero el bar
deportivo que abrirá aquí y así...

─Así fue como supiste que cenaría conmigo ─completo con él, a lo que asiente
con actitud desvergonzada cuando su comportamiento roza lo acosador─.
Tanner, ¿eso fue antes o después de que fueras a mi apartamento estando ebrio?

Con la mano en la manija de la puerta, alza una ceja hacia mí.

─¿Importa? Negocios son negocios.


Separo los labios para responderle que sí, que sí importa, pero a último
momento los cierro. Así esté en lo correcto al suponer que el plan B de Tanner
para arrastrarme a sus brazos era ser mi segundo jefe en esto, a lo que no podría
negarme por tener un acuerdo ya con Ryland, y ambos lo sepamos, él no lo
admitirá nunca en voz alta, así como tampoco dirá que a lo largo de todos estos
años no he sido la única capaz de no dejarlo ir del todo.

También está él, quién me ha sorprendido lo suficiente hoy al arrastrarse al


restaurante al primer día de abandono de mi parte cuando es la persona más
orgullosa y altiva que conozco.

Y está Pauline.

A quién ni siquiera considero una amiga, pero me necesita.

─No, no importa.

Tras mirarme por un largo momento, Tanner asiente y se baja.

─Buenas noches, Savannah.


No me da oportunidad de contestar. Cierra la puerta y me da la espalda para
entrar a su casa, la cual lo espera con las luces encendidas. Tras verlo
encontrarse con el mayordomo en la entrada y no caer sobre los escalones,
presiono el acelerador y arranco a sabiendas de que no podré dormir durante
toda la noche. No mientras todavía sienta sus labios sobre los míos.

*****

A la mañana siguiente asisto al trabajo con un sencillo vestido blanco con


detalles azules similares a la porcelana holandesa. También tomo el deportivo
de Tanner para dirigirme a él, pues sospecho que en cualquier momento podría
aparecerse en mi sitio de trabajo para reclamarlo. Durante la mañana,
afortunadamente, no hace acto de presencia, pero no canto victoria hasta que
salgo de mi oficina a mediados de las seis y media de la tarde.

Para el momento en el que estoy subiendo por el ascensor de mi edificio, mi


frente se encuentra arrugada porque no puedo creer que Tanner no se haya
aparecido en todo el día. Aunque estoy en su mayoría aliviada de no tener que
lidiar con él o lo que sucedió ayer, a lo que todavía no sé cómo me siento, una
parte de mí se siente molesta por soltar algo como eso y simplemente
desaparecer o arrepentirse después. A pesar de que ya confirmé que el terreno
se encuentra a mi nombre cuando un abogado me trajo el título de propiedad
más temprano, esto último pudo haber sido lo que sucedió, por lo que me alegra
no haber cedido a la tentación de aceptar formar parte de su juego la noche
anterior por mucho que mi cuerpo y mi corazón se moría por hacerlo.
Una vez entro en mi apartamento, me cambio por un pijama de seda y empiezo
a tantear en la cocina para descubrir lo que voy a cenar, incluso encendiendo la
estufa, cuando el timbre suena. Tras tener un presentimiento sobre quién puede
tratarse, voy por una bata para cubrirme antes de mirar por la rendija y presionar
mis labios contra la abertura entre el marco y la madera blanca.

─¿Estás sobrio?

Mis labios se curvan cuando lo escucho gruñir.

─No me hagas desear no estarlo.

Tras bufa, le quito el seguro a la puerta y lo dejo entrar. Debería enviarlo lejos,
pero no puedo. Hay algo que me obliga a asegurarme de que no esté
desmoronándose o, de estarlo, desmoronarme con él. Una vez entra en mi
apartamento con su usual conjunto negro bajo un abrigo oscuro, mis ojos van
directamente a las bolsas con recipiente de comida asiática que lleva. Estaba
por prepararme una ensalada de vegetales, pero no puedo evitar ansiar algo que
ya se encuentra listo para consumir y, por lo poco que puedo hacerlo, huele
increíblemente bien.

─¿Qué es? ─le pregunto tras llevar dos platos a la mesa.

─Arroz thai ─responde mientras me ayuda a servirlo.

Aunque eso fue lo que cené anoche con Ryland e Isla, no protesto cuando me
encuentro frente a un montón de langostinos y vegetales levemente picantes.
Tanner también trajo refresco de uva, por lo que solo abro mi nevera para
servirnos dos copas de cristal con agua y traer hielo. Sé por qué está aquí, por
mi respuesta y en segundo o primer plano por su auto, por lo que no nos hago
perder saliva a ambos preguntándoselo. Ya que no tengo ni idea de lo que pase
por su mente o de lo que lo haya llevado a mí además de las decisiones de
Pauline de deshacerse de sus bebés, dejo que sea él quién inicie la conversación
de la misma manera que lo hice la mañana que despertó aquí.

─No me lo pondrás fácil, ¿verdad? ─dice con expresión irritada cuando


terminamos de comer, mi estómago saciado.

Niego.

─No.

Si quiere tener algo de mí, primero deberá pasar por todo lo que he pasado
durante todos estos años teniendo frente a mí lo que más deseo sin que pueda
reclamarlo. Tras soltar un suspiro, se inclina hacia adelante y toma mi plato para
lavarlo. Me levanto después de que él lo hace, pero no lo ayudo, sino que me
dirijo al sitio junto a la puerta con interruptores. El sistema de iluminación de
mi casa es una de mis mejores adquisiciones. Lo regulo para que la claridad se
opaque lo suficiente para crear el ambiente adecuado y enciendo algunas velas
ya dispuestas alrededor de la casa. Pongo música. Sonrío con satisfacción
cuando una balada rítmica, que también contiene algunos canticos, llena mis
oídos.

Para el momento en el que Tanner se da cuenta que algo extraño está


sucediendo, puesto que no altero la iluminación de la cocina hasta que termina
de limpiar, es demasiado tarde. Estoy pasando mi camisón por encima de mi
cabeza y retrocediendo torpemente al sofá. A pesar de la oscuridad, soy
perfectamente capaz de verlo tragar e intensificar su mirada cuando caigo sobre
él con las piernas levemente separadas. No traigo sostén, solo un tanga blanco
bastante lindo con lazos en las caderas. Aunque he ayudado a Pauline a elegir
su ropa interior algunas veces, nunca le he aconsejado usar nada con lazos.
Dejar que mis conquistas desenvuelvan su regalo es uno de mis trucos, no suyo.
Cuando se acerca al punto de quedar frente a mí mientras el aroma profundo,
suave y oscuro de la vainilla que proviene de los velones y de los inciensos nos
envuelve e intenta inclinarse hacia adelante, niego mientras presiono la planta
de mi pie contra su abdomen, el cual siento contraer por debajo de su camisa y
esto ocasiona que mis dedos se curven con placer. La humedad se concentra
entre mis piernas cuando lo siento crecer y endurecerse por debajo de mi talón,
sus ojos oscuros concentrados en mi camisa. A pesar de que hay varias
interrogantes entre nosotros, empezando por la razón por la cual asistió al
partido con esa chica y qué se supone que tiene pensado hacer con Pauline, si
se divorciará de ella o no, no puedo evitar ceder un poquito ante la idea de verlo
retorcerse por mí como yo lo he hecho por él.

Al menos antes de que tenga que decirle que no.

─Aléjate de mí ─le digo en voz baja, lo que hace que cejas se unan un poco─.
No he aceptado. Solo quiero que me veas darme placer y te des cuenta de que
si por algún milagro para ti digo que sí, te estaré haciendo un favor. Por mucho
que me gustes, nunca te he necesitado para obtener un buen orgasmo. ─Mis
labios se curvan ante lo que ambos sabemos que es verdad─. Ni de ti ni de
ningún hombre, Tanner, solo de mis dedos... ─Deslizo la mano por mi torso,
pellizcando mis pezones y gimiendo en el proceso, antes de pasarla por vientre
y llevarla dentro de mi ropa interior, dónde me acaricio suavemente sin dejar de
mirar sus ojos─. Y de lo porque incluso tú eres capaz de perder tu cordura y tu
orgullo.

Y con eso me refiero a mi vagina.

Tras oírme gemir una vez más cuando meto dos dedos en mi interior a la vez
que froto suavemente mi clítoris, excitada por la manera en la que me mira sin
perder detalle, Tanner se aleja, lo que ocasiona que el vistazo que obtiene de mí
sea aún mejor debido a la nueva apertura de mis piernas, una de ellas fuera del
sofá. Mientras me toco para mí misma, no para él, lo escucho maldecir, pero
tampoco se atreve a acercarse. Es tan masoquista y sádico como yo. Aunque los
dos nos estemos muriendo porque el otro o nosotros mismos cedamos, no lo
hacemos y ese es nuestro encanto. Mi piel desnuda se encuentra en llamas bajo
su atenta mirada. Ya que de quedarse cerca probablemente habría cedido a la
idea de tocarme, se sienta en un sofá de una sola plaza frente a mí para
observarme retorcerme desde primera fila.

Desde dónde estoy veo cuán duro está.

Relamo mis labios mientras imagino su sabor.

─Si no te tuviera el más mínimo respeto, te doblaría sobre tu sofá y te saciaría


hasta que más de mi semen no entrara en ti ─suelta mientras se inclina hacia
adelante con los codos apoyados en sus rodillas, sus manos cubriendo por
momentos su rostro como si no pudiera creer lo que estuviera sucediendo─. No
sabes cuán difícil para mí es hacer lo que me estás pidiendo que haga y solo
mirar.

Recordando la vez que lo oí masturbándose en la ducha mientras maldecía mi


nombre y consciente de que esa no fue la única vez, lo que no le prohibí que
hiciera en este momento, afirmo mientras mi otra mano aprieta uno de mis
pechos y mis muslos se tensan.

─No es nada que no hayas hecho antes ─le devuelvo algo parecido a sus propias
palabras─. Conformarte con ver en lugar de ir por lo que quieres. ─Escondo mi
rostro en un cojín cuando un estremecimiento particularmente fuerte me
asalta─. Cobarde.
Al momento en el que el insulto sale de mis labios como un murmuro agonizante
que sé que oye, muerdo el cojín mientras jadeo, mis ojos cerrados fuertemente
entre sí a la par que un temblor se apodera de mis piernas y uno de los mejores
orgasmos que he tenido me asalta. Para cuando finalmente logro recuperarme,
mi pecho ascendiendo y descendiendo con mis jadeos, Tanner está saliendo de
mi estudio y cerrando fuertemente la puerta tras de sí. No me importa. Mientras
no me asegure de que está haciendo esto porque se ha muerto todo este tiempo
por hacerlo y no porque quiera herir a Pauline, no obtendrá nada más que
dificultades en su camino hacia hacerme caer en sus brazos.

Y, conociéndome, encontraré la manera de disfrutarlo a pesar del dolor que me


ocasiona la idea de poder terminar siendo, inconsciente o conscientemente para
él, una venganza.

*****

Al día siguiente no me sorprendo cuando lo encuentro atemorizando a Isla


cuando llego a mi oficina. Contengo las ganas de echarlo cuando lo veo y noto
las evidentes ojeras bajo sus ojos. Al lado de él, tanto ella como yo lucimos
como auténticas bellezas. Bajando las mangas de mi vestido nude en un gesto
nervioso, inclino la cabeza hacia el pasillo que conduce a mi despacho, el cual
me siento afortunada de que esté hecho de cristal y que esto signifique que no
pueda hacerme nada con todos mirándonos.

─Hablemos.

A pesar de la tensión en la línea de su mandíbula, Tanner afirma y me sigue.


Siento sus ojos en mi trasero hasta que me doy la vuelta tras mi escritorio y lo
miro de frente. Me siento y él hace lo mismo. Ya que si me pongo a esperar que
sea él quién empiece, terminaremos como anoche, cuyo recuerdo hace sonrojar
mis mejillas, o enredándonos más de lo que ya lo estamos. Tras fijar mis ojos
en los suyos y asegurarme de que no me perderé ninguna de sus reacciones a
mis palabras, finalmente le hablo.

─No te devolveré el terreno ─suelto─. Y trabajaré tanto en el ático como en el


bar de Ryland, pero solo si prometes que lo que sea que pase entre nosotros no
volverá a interferir en mi vida profesional. ─Tanner afirma. Antes de que hable,
niego─. Con respecto a eso, no me acostaré contigo ni te mirará como dices que
te miro hasta estar segura de dos cosas. Lo fácil, que Pauline ya no forma parte
de tu vida. Lo difícil... ─Trago el nudo en mi garganta─. Que no estás usándome
para vengarte o desquitarte conmigo. No lo merezco, Tanner, y si ese es el caso,
prefiero que nuestra relación sea solo profesional. También te advierto que me
podría llevar tiempo darme cuenta de estas cosas, por lo que esto no es un sí,
sino un... no lo sé.

─Savannah, creo que me malinterpretaste.

Junto mis cejas y alzo el mentón.

─No, creo que eres tú quién no entiende que no me conformaré con lo primero
que me digas. Necesito verlo por mí misma. No seré la amante. ─Tomo aire tras
soltar lo que me muero por decir. Al ver confusión en su rostro, me fuerzo a mí
misma a recordar todas las razones buenas por las cuales no es un completo
asno y por las que realmente me interesa, suavizando mi voz al también tomar
en cuenta cuán lastimado está─. Tienes que poner en orden tu vida antes de
querer esto conmigo o con cualquier otra, Tanner.

─No ha pasado nada que no pueda controlar.

Hago una mueca.


─¿Mudarte a un ático cerca de la casa en la que vives con tu esposa y seducir y
comprar a su amiga con un caro terreno, también cerca, para que lo decore por
ti es tener el control? Una que usaste como modelo, por cierto, para escoger a
la mujer con la que la perseguirías a otra ciudad y serías infiel. ─No responde,
limitándose a apretar los puños en torno a los reposabrazos de la misma manera
que lo hizo anoche en mi sala mientras me tocaba, lo que hace que junte mis
muslos por debajo de la mesa. Ante su silencio, suelto un chasquido con la
lengua─. Eso pensé.

Su mandíbula se aprieta.

─No has revisado tu teléfono.

─¿Qué tiene que ver eso con el hecho de que te estás haciendo añicos y me
elegiste como la única persona para verlo?

─Mucho ─responde antes de ponerse de pie─. Hazlo y una vez te hayas dado
cuenta de lo que quise decir, haz una reservación a un buen restaurante para que
almorcemos y acordemos cómo accederás a mis cuentas para que puedas
comprar todo lo que necesites para decorar el ático. No pude dormir ni una
mierda por tu culpa anoche, así que me tomaré la mañana, pero me despertaré
para venirte a buscar alrededor de las doce.

Aunque esto último no era necesario que lo dijera, no puedo evitar sonreír
internamente ante ello. Aunque me gusta la idea de que no pueda conciliar el
sueño debido a mí, lo que verdaderamente me agrada es que sea por ello y no
por lo mucho que le dolió el hecho de que Pauline haya abortado dos de sus
bebés. No la juzgo, de verdad respeto su decisión, pero eso no significa que a
Tanner no le haya lastimado o que eso destruyera su matrimonio.
No yo.

Sin darme la oportunidad de responder, se marcha. Veo a Isla esconderse tras


su escritorio, fingiendo recoger algo, cuando pasa frente a ella. Tras soltar un
suspiro agotado, hago lo que dice y reviso mi teléfono. Mi frente se arruga
cuando veo que me envió un archivo esta mañana, pero tenía razón. No había
revisado mi celular hasta ahora. También tengo mensajes sin leer de Malcolm
y de mis padres. Estaba ocupada pensando en él esta mañana.

Una vez abro el archivo de nombre extraño y lo visualizo, no puedo evitar dejar
el teléfono sobre mi escritorio y pasarme las manos por el cabello, sin poder
creer lo que mis ojos acaban de leer.

─Dios ─murmuro levantándome y acercándome al ventanal que da con la calle,


dónde puedo ver a Tanner entrando en el Cadillac que conduce su molesto e
irritante mayordomo.

Como si sintiera mis ojos en él, alza la vista hacia mí y sonríe de manera
amargada, puesto que tenía razón al dar a entender que revisar mi teléfono
habría cambiado un poco mi percepción de esto. Tanner puede ser de todo, pero
no es un mentiroso.

Al menos no conmigo.

Y si me envió el borrador de su divorcio, lo está haciendo.


Capítulo 17
Tanner me empuja hacia él cuando las llamas empiezan su carrera hacia el
auto de Gordon. Estas lo cubren por un momento, lo suficiente para ocasionar
daños, antes de que la policía llegue y uno de los agentes lo apague con un
extintor. Ya que aceleraron hacia nosotros a penas el incendio comenzó, no
pudimos huir. No puedo evitar soltar un jadeo, mi pecho ascendiendo y
descendiendo con fuerza, cuando el par de esposas frías y metálicas se cierran
en torno a mis muñecas. Tanner, en la misma condición que yo, me echa una
mirada de reojo antes de entrar en la patrulla a parte en la que la que se lo
llevan a la comisaría.

─Vinimos a investigar un sabotaje eléctrico, chica ─dice uno de los dos


oficiales encargados de transportarme mientras nos encontramos de camino─.
Pero encontramos esto. ─Niega─. Los jóvenes cada vez están peor. Hacen de
todo por popularidad.

Debido a que todavía estoy en shock, no lo corrijo diciéndole que me estaba


vengando de Gordon por haber arruinado mis planos en lugar de estar
cumpliendo un estúpido reto para obtener likes, pero la verdad es que no solo
se trata de la impresión de que esté en manos de la policía y de que haya
arrastrado a Tanner conmigo, sino a que ya ni siquiera sé bien por qué lo hice.
Viviendo las consecuencias de mis acciones, se siente estúpido e infantil que
haya dañado el auto de Gordon por mis dibujos. Aunque falta solo un par de
días para la entrega del proyecto y es casi imposible que pueda volver a hacer
algo tan bueno en tan poco tiempo, en este momento me doy cuenta de que no
solo se trata de eso.

Me vengué de Gordon por decirme a la cara lo que todo el mundo piensa y


murmura de mí a mis espaldas, además del hecho de ser un imbécil y haber
arruinado la entrada segura a mi futuro ideal. Por recordarme que pese a lo
que él destruyó y al hecho de que todos podrían quererme, no soy lo
suficientemente buena.

Por lastimarme, él emocionalmente.

Su novia físicamente.

─Bueno, tanto tú como tu novio se han portado bien, así que no veo problema
en que te quite las esposas ─comenta a mis espaldas el mismo hombre latino y
viejo que intentó sacarme palabras de camino aquí, a la mesa metálica frente
a la que me encuentro sentada en una silla mientras una molesta y potente luz
en un cuarto oscuro alumbra mi rostro─. ¿Necesitas que te lea tus derechos?
─pregunta al sentarse frente a mí─. ¿Dirás algo?

Niego.

─No diré nada sin un abogado.

La expresión amable y pacífica del hombre se vuelve agria.


─Si es así como quieres jugar. ─Se encoje de hombros. Sus ojos están fijos en
los cortes en mi rostro debido a la pelea─. Pero te advierto que si eres sincera
con nosotros y colaboras, podríamos intentar convencer al dueño del auto de
no presentar cargos... quizás amenazándolo con que tú no lo harás. ─Niego,
puesto que estoy segura de que Gordon lo hará y tampoco quiero decir nada
que pueda afectar a Tanner, quién lo golpeó también. Pudieron arrestarnos
debido a que fuimos atrapados en el acto, uno que a los últimos segundos ni
siquiera estuve segura de querer cometer. El agente Martínez, lo que sé por su
placa, suelta un suspiro y se levanta─. Bien. Tienes derecho a realizar una
llamada, chica.

Tras tomar un sorbo del vaso de papel con agua que tiende hacia mí, me levanto
y lo sigo por la comisaría local hasta que me posiciono frente al teléfono fijo a
la pared que me señala con un dedo. Por la manera en la que todos me miran
y se aglomeran frente a la sala de interrogatorios dónde sospecho que tienen a
Tanner, debemos ser un crimen que ha alterado sus rutinas.

─¿Mamá? ─respondo a la par que mis ojos se topan con la televisión y entiendo
la verdadera razón de por qué me miran.

Gordon, con claras señales de haber sido golpeado por alguien más grande
que él, está dando una entrevista a un noticiero de Austin con su Audi quemado
de fondo. Sin poder soportarlo más, presiono fuertemente mis párpados entre
sí al ver una fotografía mía y otra de Tanner en la pantalla. El canal también
está disponible en Houston, por lo que le digo que lo ponga en lugar de darle
una explicación larga. A pesar de que esperaba un regaño de ella y sé que este
me espera, no puedo evitar amarla y admirarla más de lo que ya lo hago cuando
deja cualquier molestia o decepción que sienta hacia mí de lado para ayudarme
primero.
─Voy para allá, Sav, no hables con nadie.

Afirmo, apretando con fuerza el teléfono contra mi oído, al oírla.

─Gracias.

─Te quiero, mi pequeña rosa, no te preocupes por nada.

Mi barbilla tiembla.

─Y yo a ti, mamá.

Debido a que de hablar más solo la estaría retrasando, cuelgo tras decirle esto.
El agente Martínez se endereza de la posición en la que permanecía inclinado
sobre uno de los cubículos de las empleadas para verme con ambas cejas
canosas alzadas.

─¿Todo bien? ─Asiento─. ¿Todavía indispuesta a hablar?

─SÍ ─respondo.

Él inclina la cabeza hacia la mujer de anteojos con la que se encontraba


hablando, quién le tiende una cesta con mis pertenencias. Mi teléfono y las
llaves de mi auto. Junto las cejas cuando la extiende hacia mí con insistencia.
Dudosa, los tomo.

─¿Qué sucede?

─Hubo una actualización en el caso mientras hacías la llamada ─responde con


ojos entrecerrados con sospecha─. Tu novio pirómano confesó haber sido él.
Puedes irte tranquila a casa.

Debido a la impresión de sus palabras, mi teléfono resbala de mi mano. Lo


recojo del suelo sin detenerme a ver si se rompió. Siento como si mi corazón
estuviese latiendo en mi garganta y no precisamente debido a él, sino a lo que
el agente Martínez acaba de decirme. Niego mientras retrocedo, lo que hace
que el hombre frente a mí me mire con más intensidad. Si Tanner realmente
dijo eso, puede ser expulsado a solo un par de meses de graduarse. Al igual que
para mí mi carrera es importante, para él también lo es. Es como yo. El que
vengamos de hogares bien abastecido no nos hizo flojos, sino todo lo contrario.
Nos animó a buscar la perfección. A penas estoy empezando, así que no puedo
dejar que si quiera exista la posibilidad de que pierda su carrera entera.

No cuando fui yo quién inicio el incendio.

─Él no lo hizo ─admito frente a todos─. Fui yo.

A pesar de que el agente Martínez debería sentirse satisfecho con mi confesión,


una sombra oscura se apodera de su rostro mientras otro agente, uno de los
que se llevó a Tanner, aparece a su lado con una sonrisa que cubre al menos
la mitad de su rostro.

─Ah, el amor ─comenta escondiendo mechones de su cabello rubio y largo tras


sus orejas─. Te obliga a decir lo que sea con tal de mantenerlo. ─Me enseña
sus dientes cuando sonríe. Se ve joven, pero no tanto como para que no pueda
ser mi padre. Su place dice Howard─. Tu compañero ahí adentro tampoco
quiso hablar hasta que le dijimos que habías asumido toda la culpa. ─Mira a
la mujer que tenía mis pertenencias─. Bueno, Clare, creo que estamos ante el
crimen pasional de dos pirómanos. ─Ahora observa a Martínez─. ¿La
encierras tú o la encierro yo, agente?

Martínez toma el juego de esposas en su cinturón con un gruñido.

─Vete a la mierda, Howard. ─Aunque me estén llevando tras las rejas, niego y
avanzo, indicándole que lo seguiré sin problemas. Él suspira con alivio antes
de guiarme a las celdas con la mano suavemente envuelta alrededor de mi
codo─. No tienes ningún record criminal y no luces como alguien que haría
esto por solo hacerlo. ─Su expresión se suaviza cuando ve mi rostro─. Si
quieres hablar de lo que verdaderamente pasó, estoy aquí.

─¡Nada justifica que haya arruinado el auto del hijo de dos pobres granjeros!
─grita Howard, quién parece estar por encima de Martínez, antes de que nos
alejemos lo suficiente de él.

No puedo evitar gruñir, lo que hace reír a Martínez.

─¿Qué si fuera el auto de un abusador?

─Sí, es un idiota.

Aunque Martínez no me parece un mal tipo, la culpa de que estemos aquí por
mí a penas me deja respirar y no estoy de ánimos para sostener una
conversación. Una vez entro en mi celda, por fortuna bien ventilada, y tiene mi
teléfono y mis llaves de regreso, ya que solo me engañó para que dijera la
verdad, nada en lo que no consistiese su trabajo, me siento en la esquina de la
pequeña cama individual que da con la pared. Tras doblar mis piernas, escondo
mi rostro en mis rodillas, pensando ahora más que nunca en lo que Tanner me
ha dicho a gritos siempre y dándole, irremediablemente, la absoluta y completa
razón.

No solo saco su peor lado, sino que también lo vuelvo estúpido.

Y si no, mírenos ahora.

En su posición, también me querría lejos.

*****

─Mierda. No entiendo qué hago aquí ─dice un sujeto de aspecto hippie que
entró en una de las celdas frente a mí unos minutos después de que yo lo hice─.
La marihuana ya es legal en Texas.

Tras escucharlo, ahogo un grito en mi almohada ya que llevo media hora


explicándole que la marihuana medicinal es la única que es legal y él, al no
tener ningún tipo de enfermedad, ha infringido la ley vendiéndola a las afueras
de una fiesta universitaria. A pesar de que no tenía ganas de alzar la mirada
de la oscuridad que la funda me proporciona, lo hago cuando el sonido de
personas entrando hace que lo haga. Contengo mis ruegos de que me permitan
esperar a mi madre en la sala de interrogatorio cuando veo a Howard guiar a
Tanner a la celda a mi lado. A diferencia de mí, él no permanece sumiso
mientras le quitan las esposas. Libera sus brazos con excesiva rapidez de ella
y fulmina con la mirada a Howard mientras lo persigue hacia la salida, pero
este corre y logra cerrar la celda a tiempo.
Tanner golpea los barrotes.

─Están defendiendo a la persona equivocada ─sisea.

─Sí, bueno, eso díselo al chico que puede que en su vida pueda volverse a
comprar un Audi así ─responde Howard─. Puede que salgan de aquí, pero al
ojo público han quedado como los típicos niños ricos y mimados que no saben
lo que es el trabajo.

Aprieto mis puños, pero no replico porque cualquier cosa que diga puede ser
usada en mi contra. Quizás también recordando esto, Tanner decide
mantenerse en silencio y se limita a hacer temblar nuevamente las rejas bajo
las palmas de su mano. Simón, el otro delincuente junto a nosotros, finalmente
se mantiene en silencio tras su llegada. Me levanto y tiemblo cuando el
prisionero junto a mí gira su rostro hacia mi dirección, sus manos todavía
alrededor de los tubos de acero. La dureza en su expresión desaparece por
algunos segundos antes de que en definitiva se vuelva de piedra.

─¿Qué haces aquí? ─pregunta mientras se incorpora y avanza


amenazadoramente hacia mí─. Se supone que te dejarían ir.

Debido a lo seca que está mi garganta, trago varias veces antes de responder
con voz lo suficientemente fuerte y clara.

─Me dijeron que habías asumido la culpa y confesé, al igual que me dijeron
que hicieron contigo. Fue un truco de interrogatorio.

Su rostro se vuelve sombrío cuando llega a los barrotes entre su celda y la mía.
Todavía lleva puesto el uniforme de entrenamiento. A pesar de la situación en
la que nos encontramos, la verdad es que nunca había sido tan consciente de
la electricidad y el magnetismo fluyendo entre nosotros como ahora. Tanner
debe sentirlo cuando también me acerco, puesto que parpadea ligeramente
antes de tragar y responder a mis palabras.

─¿Cómo dejaste que te engañaran? ¿No eres una chica lista?

─¿Al igual que lo hicieron contigo?

Niega.

─Es diferente.

─Claro que lo es ─le digo mientras asiento─. Porque fui yo.

─Savannah, por mi culpa estabas ahí ─gruñe profundamente, sus hombros


temblando─. Por mi culpa fuiste golpeada. Por mi culpa ellos llegaron a ti y...
arruinaron lo que más quieres en este mundo, por más estúpido e infantil que
sea. Todo es mi culpa.

Al ver las claras señales de conflicto en sus ojos, no puedo evitar extender mi
brazo y colocar mi mano en la suya cuando esta se desliza fuera de los barrotes.
Aunque se tensa, no me aleja. A pesar de que es un chico, me sorprendo con lo
suaves que son pese a los callos que el balón ha ocasionado en ella por años.

Es más grande que la mía, pero nuestros dedos encajan.


Perfectamente.

¿Cómo no puede notarlo?

─No lo es.

Es equivocado y absurdo, pero siento profundo abandono cuando separa


nuestras manos y retrocede pasándose la mano por el cabello. Continúa con
nuestra conversación tras sentarse en su cama luciendo genuinamente exhausto
y agobiado con esto.

─Lo que tú digas.

Ya que no suena muy convencido de ello, prosigo.

─Tomo mis propias decisiones, Tanner. Acostarme contigo. Ocultárselo a


Pauline. Irme en lugar de luchar por seguir en el lugar en el que amaba estar.
Incendiar el auto de Gordon ─susurro─. Aunque no niego que me hayas
influenciado, todas fueron mi elección. Lo siento por arrastrarte aquí, pero no
debiste correr tras de mí en el campo ni asumir la culpa del incendio.

Hace una mueca malhumorada.

─Supongo que no somos los mejores tomando decisiones. ─Suelta un profundo


suspiro mientras oculta el rostro entre las palmas de su mano. Tras estar
escondido en ellas por un momento, me mira con una ceja arriba─. ¿Por qué
no solo los rehiciste? ¿Por qué no te conformaste con que lo golpeara? Mierda,
Savannah, no solo lo golpeé. Arruiné su puta vida por ti.
Desciendo la mirada hacia mis manos.

─Esos planos me tomaron semanas. ─Me sonrojo al omitir la parta en el que


lo usé de inspiración para hacerlos─. Se suponía que usaría este último par de
días antes del concurso para hacer la maqueta para la presentación y todo
saldría perfecto. Tomando en cuenta que soy una estudiante de los primeros
semestres con apenas técnica, la verdad es que no voy a ganar nada si hago un
proyecto de la noche a la mañana. El concurso está abierto a otras
universidades. No estoy enfrentándome a los mismos de siempre y necesito
recibir asesoría para solventa varios detalles técnicos porque mi fuerte son los
bocetos. ¿Qué profesor se instalará conmigo dos días seguidos? He estado tras
de ellos por un mes. Este certamen está más allá de mis capacidades y ellos lo
arruinaron para mí cuando empezaba a tener posibilidad.

─Sav... ─susurra─. Lo siento.

Me encojo de hombros, cabizbaja.

─Y Gordon también le hizo creer a Anahí, mi compañera, que se la había


chupado de regreso al dormitorio. Acepté su aventón cuando debería haber
dicho que no. No pasó nada, lo juro, pero ella enloqueció cuando nos vio y me
atacó cuando él le dijo esa mentira. Ella se deja manipular por él. Me da tanta
lástima. ─Aunque no tengo moral para decir algo así, la verdad es que son dos
situaciones completamente diferentes. Tanner me ha hecho desafiar mi moral,
pero no olvidarme de quién soy─. Y luego me llamaron perra callejera, zorra,
puta, entre otros, y Gordon dijo que lo había buscado porque me habías
rechazado. ─Ahora mis ojos están fijos en los suyos─. Que tú nunca dejarías a
Pauline, una buena chica, por una cualquiera del campus. ─Tomo una honda
bocanada de aire antes de continua─. Sí, mis dibujos tuvieron que ver en gran
parte, en su mayoría, con lo que hice, pero cuando él me habló así mi corazón
se rompió y no me di cuenta de que estaba roto hasta que la policía vino y pude
detenerme a pensar en ello porque sentí algo más que dolor. Fueron muchos
motivos por los que todavía, a pesar de lo que le hiciste, quería más.

Tanner permanece en silencio por un momento, mirando hacia el frente, antes


de asentir y recostarse con el cuerpo más relajado en su cama. Deja escapar
un suspiro antes de cerrar los ojos.

─Viéndolo así, me alegra que no me hayas hecho caso. ─Una pequeña sonrisa
se apodera de sus labios─. No arruinar tus planos. No llamarte puta. No
romper tu corazón. Tomaré nota. Por lo que pasó, eres una chica vengativa.
No quiero eso en mi contra.

Nunca.

Al momento en el que ese pensamiento viene a mi mente, me estremezco porque


sé que significa que haga lo que me haga, sé que por alguna razón que
desconozco siempre estaré ahí para él. A pesar de que está equivocado al creer
que no le hice caso, puesto que tenía pensado apagar el fuego, solo que este me
quemó y solté la cerilla, no lo corrijo, puesto que no deseo que sepa la magnitud
del poder que Tanner tiene sobre mí.

*****

A diferencia de él, quién duerme plácidamente a la espera de su abogado como


si esta no fuera la primera vez que pasa por prisión, no consigo que mis ojos se
cierren. Vuelvo a levantarme de mi cama cuando el sonido de la puerta
abriéndose me alerta. Mis labios se curvan cuando veo a mi madre correr hacia
mí con mi padre tras ella. Aunque son la una de la mañana, Larissa Campbell
no se ve como si fuera a ver a su hija a una comisaría, sino como si fuera a un
coctel. En lugar de vestir un pijama, como mi padre, lleva un vestido color
crema y tacones. Su maquillaje es perfecto. Probablemente se arregló mientras
mi padre conducía.

─Mamá ─susurro tras correr hacia los barrotes─. Lo siento.

Algo en la idea de verme de esta manera hace que su autocontrol se rompa y


sus ojos se llenen de lágrimas. No me aparto cuando extiende su mano para
tocar mi labio roto. Tras ella, mi padre maldice. Por el rabillo del ojo veo a
Tanner levantándose y acercándose a nosotros. Los labios de mi mamá hacen
un mohín.

─El que te hizo esto, ¿era el dueño del auto?

─Su novia ─respondo, sorprendiéndola.

─¿Una chica te golpeó por un chico? ─pregunta, decepción en su tono─.


Savannah, tendremos problemas si me dices que perdiste tu dignidad
peleándote por un hombre. No te crie de esa manera.

Mis mejillas se sonrojan, puesto que aunque no peleé con Anahí por Gordon,
no he sido buena con Pauline debido a Tanner y mi madre sufriría un infarto si
supiera que lo quiero sin tenerlo.

─Era mi compañera. Su novio le hizo creer que tuvimos algo. Enloqueció y me


golpeó y arruinaron mis planos para el concurso.

Mi madre, que es consciente de cuán importante era este concurso para mí,
separa los labios para replicar a pesar de la evidente confusión en sus ojos,
pero mi padre se le adelanta. A pesar de lo casi ridículo que se ve en su bata
roja y pijama de pantalón de recuadros, sus pies en pantuflas, no puedo evitar
estremecerme cuando me dedica una expresión mordazmente seria que solo
pone en su usualmente encantador y amable rostro cuando un negocio le sale
mal. Está verdaderamente molesto.

─Si no retiran los cargos de inmediato, los contrademandará hasta por la


manera en la que respiran. ─Tiemblo cuando me toma en brazos a pesar de los
barrotes─. Pagarán el que haya tenido que despertarme para viajar dos horas
y ver a mi niñita tras las rejas.

─Ya no soy una niñita ─sollozo.

Mi corazón está roto.

No se lo puedo decir a mis padres porque los decepcionaría, pero sí puedo


obtener consuelo de ellos de esto y genuinamente se siente como lo que he
necesitado todo este tiempo. Mientras me dejo abrazar por él, no puedo evitar
pensar que quizás debí haberme quedado en Houston. Que nunca debí haberlos
dejado.

Quizás no soy buena siendo independiente.

Ya que en el tiempo que lo he sido, solo he ocasionado estragos.

─Siempre serás mi niñita, Savannah ─dice él mientras besa la cima de mi


cabeza, lo que hace que finalmente sus ojos se pongan en Tanner y se aparte─.
Eres el chico que aparece con ella en las noticias, ¿no es así? El mariscal de
campo de los Longhorns.
Tanner asiente.

─Así es, señor.

Ya que entre ellos está sucediendo una especie de charla de hombre a hombre,
mi madre y yo nos mantenemos aparte.

─¿Tú le diste la idea a Savannah de incendiar el auto?

Tanner niega.

─No, señor.

─¿Sales con ella?

Dejo escapar un gemido que hace que mi madre me mire con una ceja alzada
y evidente sospecha. Curvo los dedos de mis pies.

─No, señor, pero somos cercanos.

Mi padre camina hacia Tanner.

─A Savannah siempre se le ha hecho difícil hacer amigos, pero siempre nos ha


tenido a nosotros. Sin embargo, en Austin no tiene a nadie. Si te deja estar cerca
de ella es porque vales la pena. Ahora, ¿por qué no estabas ahí para ella
cuando la atacaron?
Su pregunta está fuera de lugar. Larissa pone sus manos sobre su brazo para
hacerlo retroceder, puesto que su esposo evidentemente está pagando su rabia
con alguien que no la merece, no en este caso, pero Tanner me sorprende
contestando.

─Lamento no haberlo estado, señor Campbell, pero le aseguro que hice que
Gordon deseara no haber nacido ─responde manteniéndole la mirada─. Si
Savannah no hubiera quemado su Audi, no se atrevería a cruzarse en su camino
nunca más. No solo crió a una hermosa e inteligente chica, sino también un
demonio.

Mi padre se deshace de la tensión en sus hombros.

─Bien ─dice─. Eso explica por qué ninguno de ustedes le ha mencionado a la


policía por qué Savannah incendió el auto de Gordon. ─Afirmo, puesto que eso
significaría que Tanner admitiera haberlo golpeado en terrenos del campus, lo
que también significaría la expulsión. Mi padre suspira─. ¿Tienes abogado?
¿Puede él ponerse de acuerdo con el nuestro? ─Tanner afirma─. Bien ─repite
como si ahora no supiera que decir─. Iré a reunirme con ellos. No se
preocupen. Los sacaré.

─Gracias, señor.

Mi padre hace una mueca.

─No me agradezcas, hijo. Si no fuera porque te encargaste de ese granjero, te


estaría odiando por haber derrotado a los Cougars tantas veces. En defensa de
esos inútiles, solo Johnson es bueno. ─Pongo los ojos en blanco ante su
evidente conocimiento de la NCAA. Mi madre también─. Por cierto, el último
fue un pésimo partido. Estuve a punto de llamar al 911 mientras lo veía.
Parecías estar sufriendo una embolia cerebral mientras jugabas.

Tanner me dedica una mirada.

─No podía concentrarme.

Con el ceño fruncido, mi madre llama mi atención antes de perseguir a mi padre


fuera de la sala de celdas.

─Todavía me debes muchas explicaciones, cariño.

Dejo caer los hombros.

─Lo sé.

Pero, aunque hable con ella, hay cosas que no le puedo decir porque ni siquiera
yo misma las entiendo. Como, por ejemplo, por qué Tanner no deja de verme
por las siguientes horas cuando se supone que debería odiarme por haberlo
puesto aquí.
Capítulo 18
Cuando Tanner regresa a mi oficina, lo hace usando un sencillo polo blanco,
mocasines y vaqueros oscuros. Tengo tanto tiempo sin verlo usando algo que
no sea un traje o ropa deportiva que no puedo evitar recordar nuestra época
universitaria y lo caliente que se veía paseándose por el campus como el dios
del fútbol que era. El día es soleado, por lo que ninguno de los dos usa un abrigo.
Isla no necesita avisarme que está aquí cuando llega. Lo noto con mis propios
ojos, puesto que he estado mirando hacia la entrada desde que dieron las doce,
tomo mis cosas y me dirijo a él antes de que me llame. No hice ninguna
reservación a un restaurante.

─Vamos en mi auto ─le digo mientras bajamos por el ascensor al


estacionamiento subterráneo, lo que no hace más que marearme con el aroma
de su loción para después de afeitar.

A pesar de que hace una mueca, no me contradice al respecto y se monta en el


asiento copiloto de mi Mercedes viéndose fuera de elemento. Ya que todavía
no está divorciado de Pauline y no me arriesgaré a que ninguno de sus conocidos
o de los míos nos reconozca, tomo la carretera hacia San Antonio. Al ver que
nos estamos alejando de Austin, Tanner finalmente se inclina sobre el
reproductor y le baja el volumen a la radio para que lo escuche.

─¿A dónde estamos dirigiéndonos?

─San Antonio ─respondo mientras le echo una rápida mirada, lo que hace que
sea capaz de ver el ceño fruncido en su rostro.
Aprieto el volante con fuerza mientras vuelvo la vista al frente con expresión
tensa. Todo sería más fácil si tan solo fuese feo, pero no. Sus facciones son
hermosas. Masculinas y rudas, pero a la vez angulosas. Con esa cara bonita, que
aunque a veces quiera golpear no niego su atractivo, y su cuerpo habría hecho
una fortuna como modelo, pero si rechazó una carrera deportiva cuando tenía
más posibilidades de entrar a un buen equipo que cualquier estudiante
universitario en Texas, dudo que el mundo del espectáculo sea algo con lo que
sea compatible. Tras procesar mis palabras en silencio por un momento asiente,
mirando también hacia el frente. Por el rabillo del ojo veo cómo sonríe, solo que
hacia abajo. Es una mueca, pero sus ojos oscuros ríen.

─Me secuestraste.

Junto mis cejas entre sí.

─No, no lo hice, solo vamos a comer.

─¿A ciento veinte kilómetros de distancia de Austin?

─Sí, ¿por qué? ¿Tienes hambre? Es solo una hora.


A pesar de que niega, a los minutos de volver a subirle el volumen a la radio,
Fire by fire de Sam Smith sonando, escucho su estómago rugir. Tanner actúa
como si no hubiera pasado, pero yo lo oí. Al recordar que no pudo dormir debido
a mí y que quizás no desayunó con su perfecto ciclo alterado, conduzco con una
mano mientras me extiendo para abrir la guantera. Tanner se tensa, pero se
reserva cualquier comentario sobre mi conducción.

─Toma ─le tiendo mi paquete de mini Oreos de chocolate de emergencia─.


Lamento no haberte preguntado antes de salir.

A pesar de su inicial expresión en blanco, Tanner las toma y las abre tras soltar
un largo suspiro de resignación. Luce como si no pudiera creer lo que está
haciendo mientras lleva una de ellas a su boca y la mastica con la frente
arrugada. Tras tragar, habla.

─Gracias.

A pesar de que quiero reír mientras escucho y veo por el rabillo del ojo al
presidente de Reed Imports C.A, una empresa multimillonaria, comer galletas
en el