Modelo De Programas.
Siguiendo los planteamientos actuales de nuestro sistema educativo, así como la
normativa que lo regula, creemos necesario determinar qué debemos enseñar respecto
a la Orientación, entendiendo que en el currículum deben incluirse una serie de
objetivos que vayan más allá de las materias estrictamente escolares.
Adoptamos el Modelo de Intervención por Programas, porque tal como se prescribe en
el Artículo 13.1 del Decreto 213/1995, la acción orientadora debe adoptar este tipo de
modelo:
"Los Equipos de Orientación Educativa adoptarán como criterios para la
planificación y desarrollo de sus actuaciones la intervención por
programas integrados en los Proyectos de Centro…"
"Los profesores y orientadores y los departamentos de Orientación han
de realizar su tarea en estrecha conexión con el Equipo Interdisciplinar
de sector. De hecho, muchas de las funciones y actividades ahora
encomendadas a la Unidad de Orientación en los centros son funciones y
actividades antes desempeñadas, en otro nivel, por otros equipos de
sector. La introducción formal de programas de orientación, de apoyo
educativo y de intervención psicopedagógica especializada en los
centros, sirve a la finalidad de una mayor cercanía de estos programas a
los propios alumnos." (MEC, 1990, 53).
Borders y Drury (1992, 488) establecen cuatro principios para
fundamentar un programa:
o Independencia: Debe ser un componente integral pero a la vez
independiente del programa educativo total.
o Integración: La Orientación debe estar enmarcada en un programa
comprensivo.
o Evolución: Basándose en el desarrollo humano.
o Equidad: Deben servir equitativamente a todos los estudiantes,
teniendo en cuenta las diferencias de la población a la que va dirigido el
programa.
Para Moreno Castellano y otros (1996), la Orientación conlleva un gran carácter
práctico, que se lleva a cabo interviniendo sobre realidades educativas concretas, por
lo que el Modelo de Programas se constituye como esa forma concreta de intervenir
sobre la realidad.
Este modelo surge como intento de superación del Modelo de Servicios. Numerosos
autores han venido evidenciando algunas de las lagunas que desde la práctica se
hallan bajo un enfoque eminentemente impuesto por y desde la propia Administración.
Con el fin de aclarar ciertas diferencias, y de justificar nuestra elección del Modelo de
Programas como el máximo exponente de la orientación profesional desde una
perspectiva curricular, señalamos algunas de las ventajas de éste, respecto al enfoque
se servicios comentado anteriormente, Bisquerra (1998):
Está pensados para la prevención y el desarrollo.
Permite el cambio de rol del orientador.
Parte de las competencias de los estudiantes, al considerar al individuo como un
elemento activo de su propio proceso.
Estimula el trabajo en equipo tomando como unidad básica de intervención el
aula como grupo clase y promoviendo la participación activa de los sujetos.
Optimizar los recursos.
Actúa sobre el ambiente socio-educativo, tomando en consideración lo social y
lo contextual.
Se desarrolla en función de las necesidades del centro.
Implica a todos los profesionales educativos estableciéndose relaciones con los
agentes de la comunidad.
Prevé la responsabilidad y coordinación de su ejecución y valoración.
Integra las actividades tradicionales de la orientación dentro de las actividades
regulares de los centros, aproximándose a la realidad a través de experiencias y
simulaciones.
Permite la evaluación conjuntamente con las demás actuaciones del centro al
mismo tiempo que promueve la autoevaluación por parte de los sujetos.
Diversos autores, han intentado definir el concepto de programa, de los que a título
informativo, hemos seleccionado algunos:
"Experiencia de aprendizaje planificada, estructurada, diseñada a
satisfacer las necesidades de los estudiantes" (Morril, 1980, 332).
"Plan basado en una teoría, a partir del cual se emprende una acción
hacia una meta."
(Barr et al., 1985, 3).
" Acción planificada encaminada a lograr unos objetivos con lo que se
satisfacen unas necesidades" (Bisquerra, 1990, 18).
"Acciones sistemáticas, cuidadosamente planificadas, orientadas a las
necesidades educativas de los alumnos, padres y profesores insertos en
la realidad de un centro." (Rodríguez Espinar y otros 1993, 233).
Según Rodríguez Espinar (1986), los programas suelen elaborarse en base a dos
criterios:
o El que asume la interrelación con el currículum.
o El que asume el carácter específico de los programas de orientación.
Para poder llevar a cabo intervenciones con el Modelo de Programas, es necesario que
las Instituciones Educativas reúnan unos requisitos mínimos, que para Álvarez
González (1995), se resumen en el siguiente cuadro:
Requisitos básicos para la implantación del Programa en un
Centro Educativo
Adquirir un compromiso por parte del centro y de los
responsables de orientación de potenciar programas para
todos los alumnos.
La Orientación debe verse como una tarea más del centro
escolar.
El personal debe comprometerse a disponer del tiempo suficiente
para llevar a cabo ese programa.
Debe existir en el centro la presencia de un especialista que se
encargue del asesoramiento.
El centro debe dotarse de los recursos humanos y materiales
suficientes.
Crear canales de información dentro y fuera del centro.
Se debe crear un nuevo modelo organizativo de la Orientación
con una explicación de las funciones de los diferentes agentes
implicados en el programa.
Requisitos básicos para la implantación de un Programa en un Centro
Educativo.
Es también necesario, al realizar una Intervención por Programas, localizar las
diferentes áreas que compondrán los contenidos de dicho programa. Cada autor, lleva
a cabo una delimitación diferente, en función de su contexto determinado, pero nos
gustaría resaltar, la clasificación de Rodríguez Espinar (1995), en su Modelo de
Orientación comprensiva bajo un enfoque preventivo en el que localiza tres ámbitos de
intervención:
1. Aprender a ser 2. Aprender a aprender 3. Aprender a trabajar
1.1. Autoconcepto. 2.1. Logro de buenos 3.1. Papel de trabajador.
resultados académicos.
1.2. Relaciones 3.2. Papel de disfrute
interpersonales. 2.2. Estudios formativo del ocio.
postsecundarios.
1.3. Resolución de 3.3. Papel de ciudadano.
Educación permanente.
problemas y toma de
3.4. Papel de consumidor.
decisiones.
1.4. Salud.
1.5. Sexualidad.
Una vez aclarados nuestro motivos por los que creemos el Modelo de Intervención por
Programas, el que mejor se adapta al nuevo concepto de Sistema Educativo en
España, y expuestas sus características más importantes, pasamos a describir cada
una de las fases que deben llevarse a cabo en un plan de actuación. Aunque la
mayoría de los autores difieren a la hora de poner nombre a cada una de las fases a
seguir en el diseño de un programa, los pasos importantes vienen a consistir en las
mismas acciones, por lo que hemos realizado un compendios de diversos autores, con
el fin de tener una visión lo más amplia posible de la situación:
Bisquerra Alzina y Álvarez González (1996):
1. Analizar el contexto para detectar necesidades.
2. Formulación de objetivos.
3. Planificación de actividades.
4. Realización de actividades.
5. Evaluación del programa.
Rodríguez Espinar (1986):
1. Planteamiento del programa.
2. Diseño del programa.
3. Ejecución del programa.
4. Evaluación del programa.
5. Coste del programa.
Álvarez Rojo y Hernández Fernández (1998):
1. Evaluación de necesidades.
2. Diseño del programa.
3. Aplicación del programa.
4. Evaluación del programa.
Morrill (1989):
1. Iniciar el programa.
2. Planificar los objetivos.
3. Presentar y evaluar un programa piloto.
4. Perfeccionamiento del programa.
Si revisamos la literatura sobre la intervención por programas (Rodríguez Espinar y
otros, 1993; Álvarez Rojo, 1994; Álvarez González, 1995; Sobrado Fernández, 1993;
Jiménez Gámez, 1997; etc.), podemos encontrar una serie de condicionantes
asignados para este tipo de actuaciones, que es lo primero que tendríamos que
plantearnos a la hora de diseñar un programa:
¿? El diseño como programación – La evaluación como
valoración.
Qué Naturaleza y alcance del Programa y de la Evaluación:
IDENTIDAD Referentes y tipologías
Por Qué Antecedentes y génesis del Programa y de la Evaluación:
RAZONES Justificación
Para qué Destino y perspectivas de la Acción y de la Evaluación:
OBJETIVOS Metas, finalidades, propósitos
Cómo Estrategias y procedimientos metodológicos para conocer y
actuar:
METODOLOGÍA
Modelos, técnicas, actividades, tareas, instrumentos, datos
Dónde Marco territorial, social y cultural:
ESPACIOS Tipología y contextos
Quiénes Personas que intervienen como agentes o participantes:
AGENTES Profesionales, voluntarios, patrocinadores, evaluadores,
etc
Cuándo Marco temporal:
TEMPORALIDAD Fases secuencias y ritmos cronológicos
Con qué Recursos y equipamientos:
MEDIOS Económicos, materiales, institucionales, documentales, etc
Qué tal Anticipación de consecuencias, valoración y/o adopción de
Decisiones: de la evaluación a la metaevaluación.
VALORACIÓN
Diseño y evaluación de programas. Interrogantes y respuestas clave. Caride
Gómez (1999, 55).
Elegir el Modelo de Orientación por Programas, a nuestro parecer, exige un cambio de
actitud en los orientadores y/o tutores, ya que deja de ser factible esperar la aparición
de los problemas para intentar remediarlos. El nuevo planteamiento impone la
anticipación a los mismos. Así, debemos entender la importancia de llevar a cabo una
evaluación o diagnóstico de necesidades, que nos permitirá sustentar los pronósticos y
escoger y diseñar de manera adecuada las intervenciones más convenientes para cada
ocasión.
El análisis de necesidades y la evaluación del contexto, supone un paso previo e
ineludible en la planificación y ejecución de los programas.
La limitación teórica más importante del concepto de programa para integrarse
plenamente en los procesos educativos es que, en numerosas ocasiones, lleva implícita
la idea de un currículum diferenciado de la orientación en la enseñanza obligatoria, en
tanto en cuanto que se suelen definir y promover desde y por los departamento de
orientación como algo claramente diferenciado de los contenidos académicos.
Los objetivos se van derivando de las necesidades y de aquellas competencias que hay
que desarrollar. Hay que procurar ser lo más claros posibles al formular estos
objetivos, que deben ser el resultado de la reflexión conjunta de todas las personas
que van a llevar a cabo el programa. Éstos pueden ser concretos y operativos, o como
indican Jiménez y Porras (1997), expresados en términos de principios de
procedimientos que son estrategias de acción que definen los fines educativos a la vez
que especifican criterios de actuación. Es entonces cuando los objetivos se centran en
la actividad docente, no en lo que los alumnos deben conseguir.
Al planificar el programa, debemos seleccionar y organizar los servicios y actividades
para conseguir los objetivos. La planificación finalizará con la concreción en soporte
escrito de la secuencia de actividades que se va a llevar a cabo.
La ejecución del programa se refiere a las actuaciones continuadas que pretenden
desarrollar el proceso de puesta en práctica del mismo. Es en este momento cuando se
suelen utilizar otros instrumentos como las entrevistas con los alumnos o con otros
usuarios del programa, las conversaciones con los monitores, atención a problemas
personales, etc... Se debe pretender siempre llegar a la máxima autonomía personal
(autoorientación) de los destinatarios.
Por último, la evaluación de programas de intervención ha sido muy descuidada.
Diversos autores como Bishop y Trembley (1987), sugieren una serie de razones:
o Los profesionales no están familiarizados con las técnicas cualitativas.
o El mito de la subjetividad, por el que afirman que los resultados en la
orientación no pueden ser cuantificados ya que pertenecen al área
afectiva del ser humano.
o Falta de tiempo y recursos materiales y humanos.
La evaluación de programas debe entenderse como algo más que el recuento delas
actividades. Debe estar conceptualizada como un proceso continuo y no como un
hecho aislado y que se limita a la parte final. En opinión de Moreno Castellano y
Delgado Sánchez (1996), la evaluación de programas deben cumplir los siguientes
requisitos:
o Los objetivos han de estar enunciados explícitamente en forma de
competencias.
o Se han de establecer los indicadores de ejecución.
o a de estar prevista desde el inicio.
Podemos ver este proceso de evaluación, como el núcleo central de nuestro programa
que interactúa con todos los demás componentes del mismo. En este sentido, se
manifiestan Moreno Castellano y Delgado Sánchez (1996).
Referencias.
ÁLVAREZ GONZÁLEZ, H. (1995): Orientación Profesional. Barcelona: Cedecs.
BISHOP, J.B. y TREMBLEY, E.L. (1987): "Counseling Centres and Accountability:
Improve Objects, Irresistible Forces". Journal of Counseling and Development, 65,
491-494.
BISQUERRA ALZINA, R. (1998): Modelos de Orientación e Intervención
Psicopedagógica. Barcelona: Praxis.
BISQUERRA, R. (1990): Orientación Psicopedagógica para la Prevención y el
Desarrollo. Barcelona: Boixareu Universitaria-Marcombo.
BORDERS, L. D. y DRURY, S. M. (1992): "Comprensive School Counseling Programs:
Improve, irresistible forces". Journal of Counseling and Development, 65, 491-
494.
MORENO CASTELLANO y otros (1996): En ÁLVAREZ GONZÁLEZ, M. y BISQUERRA
ALZINA, R. (Coords.): Manual de Orientación y Tutoría. Barcelona: Praxis.
MORRIL, Wh. (1980): Program Development. En U. Delworth, G.R. Hanson y
Asociados: Student Services: A Handbook for the Profession. San Francisco:
Jossey-Bass.
PÉREZ ESCODA, N. (1999): Análisis de Necesidades: Aplicaciones en la Cualificación
para el Empleo. En L. SOBRADO FERNÁNDEZ: Orientación e Intervención
Sociolaboral. Barcelona: Estel.
RODRIGUEZ ESPINAR, S. (1986): Proyecto Docente e Investigador. Memoria para
la Cátedra de Orientación Educativa (Inédita). Universidad de Barcelona.
RODRÍGUEZ ESPINAR, S. (Coord..), ÁLVAREZ, M., y otros (1993): Teoría y Práctica
de la Orientación Educativa. Barcelona: PPU.
Ver ejemplo y comparación de modelos
[Link]
como realizar un programa
[Link]