Guadalupe "La Chinaca"
Con su escolta de rancheros,
diez fornidos guerrilleros, y en cuaco retozón,
que la rienda mal aplaca,
Guadalupe la chinaca va a buscar a Pantaleón.
Pantaleón es su marido,
el gañán más atrevido con las bestias y en la lid.
Faz trigueña, ojos de moro,
unos músculos de toro y unos ímpetus de Cid.
Cuando mozo fue vaquero,
y en el monte y el potrero la fatiga le templó
para todos los reveses.
Y es terror de los franceses y cien veces lo probó.
Guadalupe esta orgullosa
de su prieto; ser su esposa le parece una ilusión,
y al mirar que en la pelea
Pantaleón no se pandea, grita: ¡viva Pantaleón!
Ella cura los heridos
con remedios aprendidos en el rancho en que nació,
y los venda en los combates
con los rojos paliacates que la pólvora impregnó.
Y en las fértiles llanadas, entre milpas retostadas
de calor, pringan el plan,
amapolas, maravillas, cempaxúchitl amarillas
y azucenas de San Juan.
Guadalupe va de prisa de retorno de la misa,
que en las fiestas de guardar,
nunca faltan las rancheras,
como sus flores y sus ceras, a la iglesia del lugar.
con su gorra galoneaba, su camisa pespunteada,
su gran paño para el sol,
su rebozo de bolita,
y una saya suavecita y unos bajos de charol.
con su faz encantadora, más hermosa que la aurora
que colora la extensión,
con sus labios de carmines,
que parecen colorines, y su cutis de piñón.
se dirige al campamento, donde reina el movimiento
y hay mitote y hay licor,
porque ayer fue bueno el día,
pues cayó en la serranía un convoy del invasor.
¡Qué mañana tan hermosa! ¡Cuánto verde, cuánta rosa
y qué linda la extensión!
Rosa y verde se destaca,
con su escolta, la chinaca, que va a ver a Pantaleón.