TITULO:
30 AÑOS: ENTRE MOVIMIENTOS INSTITUYENTES Y FANTASMAS DE
RESTAURACION
Autor: Víctor A. Giorgi
Introducción
A 30 años de la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño (CDN) mucho se ha
avanzado en los marcos legales y en la implementación de políticas. A pesar de esto las
condiciones concretas de vida de la infancia y la adolescencia en las Américas parecen estar más
relacionada con los ciclos de la economía y la alternancia de modelos de sociedad implementados
desde los estados que con los procesos de implementación de la Convención.
La rápida ratificación de este nuevo instrumento de Derechos Humanos por la casi totalidad de
los Estados del planeta, mostro un aparente consenso que encubre contradicciones y resistencias,
expresadas en inercias, omisiones e incongruencias con que el mundo adulto recibió este nuevo
posicionamiento de la comunidad internacional sobre lo que hasta ese entonces había sido una
infancia subordinada incondicionalmente a su arbitrariedad.
En la realidad de la región, superar el carácter enunciativo de los derechos consagrados por la
Convención requiere acciones transformadoras en varias dimensiones que interactúan y
configuran situaciones de vulnerabilidad a partir de su intersección y que se relacionan con la
distribución y acumulación del poder; entre ellas la económica, referida a la distribución de la
riqueza; la cultural, o sea, las construcciones psico-simbólicas y subjetivas que inciden en los
vínculos entre niños y adultos en los diferentes ámbitos de la sociedad, y, por último, en la
dimensión política que, en sentido estricto, se refiere a la explicitación, análisis y transformación
de las relaciones de poder en los distintos niveles y espacios sociales.
.
A 30 años de su aprobación los avances concretados se relacionan, en el mejor de los casos con
la accesibilidad y la calidad de los servicios, pero son pocas las evidencias de una verdadera
transformación del lugar otorgado a niños y niñas en el universo simbólico cultural de nuestras
sociedades.
Sin asumir el hecho de que la niñez es un campo de controversia y confrontación política, no es
posible la implementación de la CDN en todo su potencial transformador
El propósito de este artículo es aportar una reflexión desde la experiencia latinoamericana sobre
la participación de niños, niñas y adolescentes en los procesos de promoción y protección de sus
derechos, los avances logrados en estas 3 décadas y las amenazas de regresión expresadas en
diferentes discursos que toman fuerza en la región.
La emergencia de un nuevo sujeto social
La CDN contiene una nueva forma de concebir a la niñez y su relación con el mundo adulto. Junto
con el reconocimiento de los niños o niñas como “sujetos de derecho”, se los pasa a considerar
seres pensantes, capaces de formarse juicios e ideas propias en función de su grado de desarrollo.
La restitución de la palabra a la niñez es vértice de un conjunto de derechos consagrados en la
Convención yla sustancia de laparticipación y de un conjunto de derechos: a la formación de un
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juicio propio, a la libertad de opinión y de expresión, a ser escuchado, a buscar, recibir y difundir
ideas ,a ser informado y a buscar información, a la libertad de asociación y de reunión, a la libertad
de pensamiento y de conciencia, a la consideración de sus puntos de vista en espacios tales como
la familia, la comunidad, la escuela otras instituciones. De este modo no solo se introduce un
nuevo conjunto de derechos sino que se redefinen los tradicionalmente consagrados.
Se transita así de la “Infantia” como “sujetos sin palabra” al reconocimiento de los niños como
“sujetos hábiles de comunicación dialógicamente interrelacionados a través del lenguaje”
(Habermas, 1989 31-2)y , potenciales interlocutores de los adultos. Esto es fundante de unnuevo
paradigma, alternativo al del disciplinamiento (Barran, JP 1989) que hace posible el dialogo
intergeneracional y se expresa en una forma diferente de proteger, cuidar, educar, relacionarse,
una nueva forma de querer que Rita Segato (2016) caracteriza como una “profunda reforma de
los afectos”.
Estas transformaciones, lejos de ser pacificas implican conflicto y en muchos casos situaciones
en que emerge la violencia como intento de restablecer relaciones de autoridad que se sienten
amenazadas: “En la transición de unas configuraciones familiares a otras y en los cambios de
autoridad que ello implica, la violencia se expresa como manifestación de incomprensión, miedo,
e incertidumbre de padres, madres y educadores frente al nuevo estatus jurídico de hijos, hijas y
estudiantes.”. (García, B: 2011; 299).
Todo proceso participativo tiene como base el reconocimiento del otro, en este caso del niño o
niña, como persona con capacidades y potencialidades que serán diferentes según los niveles de
desarrollo alcanzados (Principio de Autonomía Progresiva) pero que están presentes en todos los
seres humanos desde su nacimiento.
La participación y la consideración del niño como miembro activo al interior de la familia y de
sus grupos de pertenencia permite “abrochar” el proceso individual con el social constituyéndose
así en sostén del crecimiento personal del sujeto social (Ferullo, A.G., 2006).
El ejercicio de la participación incluye un proceso en que dialécticamente se suceden momentos,
que interactúan habilitando y potencializando los demás en una dialéctica que va
permanentemente del subjetivo personal a lo colectivo social, que cada niño, niña o adolescente
transita en función. de su historia, su cultura y sus condiciones singulares, fortalece su autoestima
y se reconoce así mismo resinificandoasí su “lugar en el mundo”. Este nuevo lugar permite un
empoderamiento básico. No de acumular “poder sobre”, sino “poder de.. “
Esta subversión de la niñez ante la autoridad incondicional del adulto explica el motivo por el
cual, el Derecho a la participación aparece como uno de los más postergados y resistidos desde el
mundo adulto.
En América Latina es recién en la última década que comenzamos a ver experiencias relevantes
de participación, consultas sobre diferentes aspectos de los servicios y las políticas, Consejos
Consultivos de la autoridades de infancia, eventos instituidos como espacios de expresión,
diversidad de grupos organizados y promovidos tanto desde los Estados como desde la Sociedad
Civil.
Pero este auge de la participación encubre algunos riesgos.
Roger A. Hart (1992) habla de “participación decorativa” para referirse a instancias en que la
participación forma parte de un espectáculo montado desde los adultos, que no da lugar a la
autentica expresión de los puntos de vista, reflexiones y propuestas de niños y niñas. Si bien la
tendencia a denominar participación a estas formas de presencia ha disminuido, en los últimos
años hemos observado una suerte de “participación decorativa de nuevo tipo”. Me refiero a
propuestas en que los adultos se expresan a través de la voz de los niños. Las grandes decisiones
siguen siendo tomadas por los adultos, aun en espacios a los que se convoca a niños, niñas o
adolescentes.
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Colisión de paradigmas
Durante las tres décadas que nos separan de la aprobación de la CDN los paradigmas opuestos de
la situación irregular (Beloff,M 1999), o de disciplinamiento (Barran 1989) por una parte, y el de
la protección integral del niño o niña como sujeto de derechos y de enunciación por otra, han
coexistido en los diferentes espacios de interacción social. Esta convivencia configura una
autentica “colisión de paradigmas” que se expresa en múltiples diferencias al momento de
posicionarse ante la niñez y los temas relativos a su protección.
Cada paradigma se corresponde con una representación social de la niñez, la que a su vez se
corresponde con lugares y responsabilidades asignadas a los adultos en sus diferentes roles;
construcciones que legitiman los modos de ejercer esos roles; y formas de entender y ejercer la
protección y el cuidado.
Esto se expresa en la definición e implementación de las políticas sociales, pero también en las
practicas cotidianas en espacios como la familia, la comunidad y las instituciones. Cada
paradigma tiene su forma de proteger, cuidar, educar y tratar.
El paradigma del disciplinamiento, se asocia históricamente al proceso civilizatorio (Barrón,
1989, p. 390). La figura del niño/a es considerada como la de un “bárbaro etario” al que se debe
civilizar, “corregir” de los malos modales, de las pasiones, del ocio, de la compulsión a la
actividad lúdica”. En analogía con los procesos civilizatorios y evangelizadores el adulto es el
responsable de imponer los valores y comportamientos propios que lo rescataran de la barbarie.
En el paradigma del disciplinamiento el adulto detenta el poder absoluto, impone sus ideas y
puntos de vista en función de una autoridad que emana de su sola condición de adulto. Esto vale
tanto a nivel privado (familia) como a nivel público (instituciones) Su forma de proteger es
controlar, recortar derechos, secuestrar e institucionalizar. En este marco la violencia es una
herramienta legitimada para educar y resolver conflictos con quienes ocupan un lugar subalterno.
Las intervenciones desde el modelo de disciplinamiento no promueven derechos sino que
incrementan la vulnerabilidad. El ejemplo paradigmático es el de los niños y niñas
institucionalizados para recibir una supuesta protección. La institucionalización inhibe el
desarrollo de habilidades sociales, estigmatiza y promueve la discriminación, debilita la
autoestima y desdibuja las singularidades obstaculizando el proceso de consolidación de una
identidad propia. Esto refuerza el modelo de sometimiento ante la autoridad. La situación de
vulnerabilidad a través de estos procesos de intervención deviene en culpa y vergüenza.
Habermas y Rebellato aportan un elemento clave para la comprensión de la importancia del
lenguaje en la comunicación entre pares y con adultos al momento de pensar en susderechos y
lugares asignados en la organización social.En el ser humano el lenguaje es una forma de acción.
Es realizativo y no meramente enunciativo, (Rebellato,JL 1995 pág. 97). La emisión de la palabra
es “un acto de habla” Habermas entiende como “acción comunicativa una interacción
simbólicamente mediada “(Habermas,J 1989pg454).
El sometimiento incondicional a la autoridad adulta genera silencio ante las situaciones de abuso
o mal trato y su correlato es la impunidad de los adultos que los cometen.
En el paradigma de la protección integral el adultodesde sus diferentes roles (padre, madre,
docente, facilitador) acompaña, supervisa, transfiere saberes, dialoga, respeta y garantiza
derechos. Reconoce y respeta el Principio de autonomía progresiva.
No existe lugar para la violencia en tanto se habilita el dialogo entre niños, niñas y adultos basado
en el reconocimiento y el respeto mutuo.
Desde el nuevo paradigma proteger es garantizar derechos, esto implica habilitar para su ejercicio.
El niño o niña es consideradoun sujeto activo que interviene y aporta a revertir situaciones que
amenazan sus derechos. Por tanto se respetan y promueven los derechos a la información, la
opinión, la expresión y la escucha. Se cuida el respeto a sus singularidades en el marco de la
articulación de la diversidad.
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Si reconocemos la participación como un derecho y no como mera alternativa metodológica,
debemos asumir que ella es condición necesaria para que las políticas, planes y programas
relacionados con la niñez puedan considerarse enmarcadas en la perspectiva de derechos. O sea,
debemos tender a que la promoción y protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes
se haga con ellos y no por ellos.
Penetración del nuevo paradigma en la cultura popular y emergencia de discursos
restauradores
Recientemente han tomado fuerza en la región propuestas políticas explícitamenteopuestas a la
agenda de derechos que prometen restituir el orden adulto céntrico y patriarcal.
En este sentido podemos distinguir tres líneas discursivas: la referida a la seguridad donde los
derechos de unos se ven como obstáculo a la protección de los derechos de otros llevando a definir
grupos de personas “sin derecho a tener derechos”; el de la anti solidaridad donde el sufrimiento
es tomado como un problema de quienes lo padecen, al negarse la existencia de determinantes
estructurales la sociedad se des responsabiliza de los problemas, por tanto se niega la necesidad
de la contribución colectiva a su resolución y ciertos discursos religiosos que sacralizanlas formas
tradicionales de relación entre los géneros y las generaciones sin admitir posibilidades de
transformación y plantea explícitamente la restauración del viejo orden adulto céntrico y
patriarcal.
El eco que estas posturas encuentran en importantes sectores de la población. nos hace reflexionar
sobre la debilidad con que el paradigma de la Convención ha penetrado en la región.
La nueva perspectiva sobre la niñez gano espacios y logro hegemonía entre los “niñologos”, o
sea quienes trabajamos con o para la infancia; pero se ha mantenido externa o ajena al “sentido
común”.
El sentido común- en la concepción gramsciana- es la filosofía de las personas comunes y
corrientes, los no filósofos. “Una concepción del mundo absorbida acríticamente por el hombre
medio”, construida con la sedimentación de diferentes creencias y tradiciones que es tomado
como referencia en el ordenamiento de los aspectos cotidianos, en la regulación de las relaciones
humanas, y en las formas de resolver los problemas de la vida tanto en la esfera pública como en
la privada. Si bien es producto del devenir histórico y admite múltiples variantes a través de los
tiempos y las culturas, en una sociedad y en un tiempo determinado se presenta como dogmatico,
cargado de certezas irreductibles que no requieren mayor demostración, sino que es suficiente
con que “siempre ha sido así y seguirá siendo”. (Gramci A citado por Kohan, N., y Bologna, M.
(2005)>. A los ojos del sentido común lo históricamente determinado se presenta como parte del
orden natural de las cosas. De este modo la realidad construida desde la cultura dominante se
confunde con lo posible (de Souza, B 2014) y las transformaciones quedan por fuera de esta
racionalidad.
El proceso de implementación de la CDN en la región no ha sido acompañado del trabajo sobre
la dimensión cultural.
Si bien muchas normas promulgadas en este contexto pueden tomarse como acciones de
transformación cultural en tanto modifican formas ancestrales de resolver situaciones cotidianas
(adopción, prohibición del castigo físico, sanción penal al pago por sexo con personas menores
de edad), estas han quedado circunscriptas al ámbito jurídico no favoreciendo el proceso de
apropiación de esta nueva perspectiva sobre la infancia por parte del conjunto de la sociedad.
Las organizaciones estatales y civiles que asumieron su difusión como parte de su misión, no
tuvieron la fuerza ni las estrategias necesarias para contraponerse a la hegemonía adulto céntrica.
Esta se ha mantenido silenciada en distintos ámbitos pero permaneció agazapada en el imaginario
social. No se ha logrado intervenir con eficiencia en la disputa por presentar una nueva concepción
de las relaciones intergeneracionales como la más válida y convincente.
Retomando aportes de Gramsci, este autor habla de que dentro del “sentido común” que naturaliza
la cultura hegemónica dominante podemos reconocer saberes que él denomina “el buen sentido”.
Se trata de aprendizajes extraídos de las prácticas sociales que representan el germen de un
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cuestionamiento hacia ese “sentido común”. Este buen sentido suele encontrarse en aspectos
relacionados a la crianza y las modalidades que las comunidades tienen para proteger a niños y
niñas ante amenazas externas o ausencia de figuras parentales. Estoscomportamientos coexisten
con prácticas de sometimiento y violencia, pero pueden ser la “llave de entrada” de las nuevas
concepciones en la cultura popular.
Sin embargo las políticas públicas de promoción y protección de derechos de la niñez
implementadas en América Latina en la última década se han basado en acciones externas a las
comunidades. A pesar de un discurso que habla de participación y critica el asistencialismo, en
los hechos existe una brecha entre los servicios y efectores de estas políticas y la población. Esta
utiliza los servicios, accede a ellos en carácter de usuarios, pero estas políticas no promueven la
sinergia entre responsabilidades del Estado y capacidades de las comunidades. No se ha logrado
un verdadero involucramiento de la población en estas políticas. A su vez la razón técnica
predomino manteniendo una actitud desvalorizante o refractaria ante las practicas comunitarias.
La corresponsabilidad familia, comunidad, Estado se ha desdibujado desconociendo el lugar de
las comunidades. Coincidimos en que “solo un Estado que promueva la reconstrucción de los
tejidos comunitariospodrá proteger a la gente en América Latina” (Segato, R 2016)
Reflexión final
A modo de reflexión final comencemos por reafirmar la idea de que, a partir de la Convención la
niñez emerge como un nuevo sujeto social, que debe ser reconocido como interlocutor de los
adultos en los procesos de decisión cualquiera sea su edad y condición. Esto acarrea cambios en
el diagrama de poder que caracteriza a nuestras sociedades. Por tanto implementar la CDN en
toda su riqueza implica asumir que estamos en un terreno político, en tanto redefinición de
relaciones de poder.
A tres décadas de su aprobación la CDN corre el riesgo de convertirse en un documento de
referencia obligado en lo que refiere a la niñez, que se tome lo ya implementado como lo posible
y que sea despojada de su potencial instituyente.
Este potencial para ser desplegado requiere su apropiación por parte de las organizaciones sociales
y muy especialmente por los propios niños, niñas y adolescentes como actores sociales plenos.
Bibliografía
➢ BARRÁN, José Pedro, Historia de la Sensibilidad en el Uruguay. Ediciones de la
Banda Oriental, Montevideo, 1989-1990.
➢ BELOFF, M (1999)- “Modelo de protección integral de los derechos del niño y la
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➢ DE SOUZA SANTOS ,Boaventura (2014) Derechos Humanos, Democracia y
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➢ FERULLO DE PARAJON A (2006) El triángulo de las tres “P”: Psicología,
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➢ HART, ROGER (1997) - Participación Infantil. La teoría y práctica de la participación
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➢ SEGATO R.(2016) La guerra contra las mujeres Edición: Traficantes de Sueños.
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Email: [email protected]